Tres días de Kvothe
Últimos temas
» 9 tipos de lector
por Goroth Hoy a las 5:11 am

» ¿Qué estás escuchando?
por Aitas Hoy a las 1:41 am

» La II Guerra de la Creación [JUEGO]
por Szao Ayer a las 11:42 pm

» Duelo de personajes [FINAL]
por Durzo Ayer a las 10:20 pm

» VI Concurso de Relatos 2018 - Votaciones
por Edeus Vie Abr 20, 2018 8:01 am

» Y tú, ¿a qué juegas?
por Anaf Miér Abr 18, 2018 5:24 pm

» 3 cosas sobre mí
por Exez Miér Abr 18, 2018 10:41 am

» El significado de tu nombre.
por Exez Miér Abr 18, 2018 9:17 am

» Bandas sonoras
por Exez Miér Abr 18, 2018 5:27 am

» Viari
por Ricci Mar Abr 17, 2018 6:54 pm

Conectarse

Recuperar mi contraseña

Sondeo

¿Qué personaje de la saga se ganó tu odio?

51% 51% [ 447 ]
19% 19% [ 166 ]
2% 2% [ 14 ]
16% 16% [ 139 ]
5% 5% [ 40 ]
2% 2% [ 17 ]
6% 6% [ 53 ]

Votos Totales : 876

Twitter
Twitter

Iax VS Taborlin

Ir abajo

Iax VS Taborlin

Mensaje por Old Medie el Jue Nov 19, 2015 2:55 pm

Hola,

He decidido compartir el borrador que escribí para el concurso de relatos. Hay algo que no me cuaja en la historia, no sé si lo notarán, por eso terminé escribiendo otro.
Saludos

IAX VS TABORLIN:

Cuando Iax abrió los ojos el mundo despertó.
La había esperado por tres días y tres noches, y al fin su ojo oscuro y cambiante pudo observar la luna colgando del firmamento, llena. La melancolía lo apuñaló como si ella clamara su nombre, allá arriba, nívea y perfecta, su dama estaba completa. ¿Hace cuánto tiempo no la veía? ¿Meses? ¿Años? ¿Siglos? ¿Milenios? Parpadeó unos instantes, trató de no pensar en ello.
Hace tres días había logrado atravesar la puerta que lo había encerrado por tanto tiempo, pero no había sido capaz de cruzar los altos itinolitos. Bajo la luz de la luna las dos filas de piedra lo observaban en círculo, fijamente; y ahora, alguien más lo hacía desde fuera.
Iax no había apartado la vista de la luna. Podía saborear su nombre, jugueteando en su lengua, podía ver como los astros se apagaban a su alrededor, como se opacaban ante su figura.
—Todo comenzó y terminó por ti —le dijo. Puso ambas manos en su pecho y sigió recitando, absorto—. Y ahora me tienes aquí, nuevamente, pisando esta tierra árida, respirando este aire frío. Puedo sentir el silencio, profundo y perpetuo del vacío que dejaron mis hermanos. Soy el último modelador —Cerró los ojos y sintió el calor de luz de luna, igual como lo hizo hace tantos miles de años atrás el día en que la nombró—. Las puertas ahora se abren. Soy libre, y tú estas aquí conmigo —su rostro parecía dolido y melancólico pero su voz era fuerte—. Con eso basta. Por ahora.
Susurró un nombre, casi imperceptible, los itinolitos gruñeron y rugieron, pero terminaron sucumbiendo a su orden. La tierra tembló, los búhos emprendieron el vuelo, las enredaderas de selas se aferraron, firmes, y soportaron el cambio; las piedras se transformaron en algo nuevo.
—Abríos —le dijo a la puerta que había formado—. Llevadme hasta Fata. ¡Cómo añoro ver mi creación! —El aire cambió en el ambiente y a través de las puertas se pudieron ver otras estrellas, otra noche, pero ninguna luna. Iax sonrió—. Tú hoy vendrás conmigo, Ludis —dijo mirando al cielo—. Hoy te quedarás conmigo, será como debió haber sido —La miró fijamente, como se miran las cosas verdaderas, y comenzó a componer su nombre.
—¡No, eso no pasará! —se oyó a su espalda. Una voz potente y llena de poder lo sacó de concentración—. ¡No volverá a pasar! —Iax se volteó, un hombre había cruzado el círculo y su figura se escondía en las sombras de las altas piedras.
—¿Sabes cuántos grandes nominadores hicieron falta para encarcelarme? ¿Qué podría hacer sólo uno? —la voz de Iax era profunda y triste, pero bajo su superficie se atisbaba el poder, alto como el cielo, ancho como el mar. Pero aquello no amilanó al hombre que, con ominosa valentía soltó su cayado y desenvainó su espada de cobre, la que brilló al atrapar la luz de las estrellas en su filo.
—Daré mi vida si es necesario —juró, y salió de las sombras. Era un hombre alto y aguerrido, vestido como si llevara toda su vida viajando por los polvorientos caminos, con barro en las botas, con la capa llena de polvo, con una barba desgreñada—, pero no permitiré que estalle otra guerra, el mundo no lo soportaría. Ninguno de los dos. Si te puedo frenar aquí y ahora mi muerte habrá valido la pena.
Iax fijo toda su atención en aquel hombre y de inmediato supo que no era ninguna amenaza, lo leyó en sus ojos, no había nada en todo su amplio nombre que aquel espadachín pudiera hacer para frenar su cometido, así que, simplemente le pidió a la tierra que sujetara sus pies y al viento que se negara entrar a sus pulmones. El hombre se llevó una mano al cuello, su rostro mutó a una máscara de dolor.
—Un día pensé que no había asesinato que justificara la paz —le dijo Iax al viajero—, ni un amor que justificara la guerra. Pero el tiempo tras las puertas me ha cambiado, y estoy dispuesto a desbaratar el cielo con tal de terminar lo que empecé.
Recitó el nombre de la luna, Ludis, su dama se irguió ante él en toda su magnitud. La tierra tembló. La espada de cobre blandió el aire, Iax se giró, el viajero, con sus manos llenas de anillos, de fuego, de agua, de piedra, de viento, cargó en contra del último modelador. Iax dio avanzó hacia él, su ira era un vendaval, el viajero apuntó el filo de su espada al corazón del modelador, Iax leyó en sus ojos la canción de su nombre, «Taborlin», su voz era una maldición , la espada atravesó las vestiduras y se hincó en la piel solo lo suficiente, un hilillo de sangre brotó de su pecho.
«Taborlin», repitió, su voz era un sonido hondo y cavernoso como el rugir del interior de la tierra. El modelador dijo un nombre y el viajero cayó de espaldas para no levantarse nunca más. El mundo seguía temblando, los itinolitos crujían y se partían como barro a su alrededor.

Iax caminó hacia Fata, con Ludis a su lado, sus pisadas eran de huracán.


:18:
avatar
Old Medie
Conocedor del mundo
Conocedor del mundo


Hoja de Personaje
Nombre:
Sexo:
Edad:

Volver arriba Ir abajo

Re: Iax VS Taborlin

Mensaje por Aliethz el Jue Nov 19, 2015 4:06 pm

Impresionante. En todos los sentidos, escribes muy bien, utilizas hermosas palabras y sabes mantener el vilo al lector.
La historia me ha fascinado y porque no decirlo me he quedado con ganas de más, la muerte de Taborlin me ha sabido muy mal pero no tanto como la tristeza que me ha expresado Iax.
Muy buen relato.
avatar
Aliethz
Leyenda
Leyenda


Hoja de Personaje
Nombre:
Sexo:
Edad:

Volver arriba Ir abajo

Re: Iax VS Taborlin

Mensaje por Sciacere el Jue Nov 19, 2015 7:02 pm

El bueno de Medie es por mucho el escritor más versado de este foro, después le siguen algunos mortales como Títere, Dinnaeh, Al, y algunos otros...
Tu escrito me lo llevo Medie, para mi rincón de cosas amadas.
avatar
Sciacere
Conocedor del mundo
Conocedor del mundo


Volver arriba Ir abajo

Re: Iax VS Taborlin

Mensaje por Títere el Jue Nov 19, 2015 9:30 pm

Mmm, sinceramente no me ha gustado mucho, le pasa lo que tu dices, tiene un nosequé que no me acaba de gustar, esta bien escrito pero no engancha. La verdad es que me gustó mas este:
Spoiler:
La luna estaba en su cenit, había llegado el momento. Felurian miraba con tristeza a Kvothe, sabía que tenía que dejarlo ir, sino su canción nunca sería oída. El pelirrojo la besó por última vez y comenzó a caminar. Algunos cuentan que se volvió a mirarla antes que los árboles escondieran para siempre su figura y el claro de la laguna, pero yo no creo que Kvothe haya tenido la fuerza para poder dar otro paso si se hubiera volteado. Lo único seguro es que siguió caminando hasta cruzar la puerta que separa nuestro mundo del de ellos. Fue así como pasó tres largos años en Fata, los que fueron solo tres días en Temeria. Y fue así como Kvothe usó magia, música e inteligencia para salvar de morir en los brazos de Felurian, dio con su punto débil: su vanidad. Y gracias a eso logró conseguir su shaed, la vela y aquel conocimiento tan extenso sobre las artes amatorias.

El silencio de hizo en Roca de Gaia, un silencio respetuoso que aparecía después de cada historia para ayudar a digerirla.
—¡Wow! Estuvo excelente —dijo Coën rompiendo el silencio, había estado pendiente de principio a fin, aferrado a la mesa y con los ojos bien abiertos. Ghuaf que, bajo la mesa roía un hueso sobrante de la cena, ladró al oír el entusiasmo en la voz del chico.
—No estoy muy seguro de que haya obtenido la vela de Felurian —dijo Berthus, le dio un sorbo a su cerveza y continuó—. Tengo entendido que la vela, la moneda y la llave la obtuvo de la misma persona: el pequeño duendecillo lunar.
—Así me la contaron a mí —Sven se encogió de hombros, vació de un trago su jarra de cerveza y se sirvió un poco más—. Ya sabes cómo varían las historias del Asesino de Reyes. Por eso prefiero las de Taborlin el Grande, esas siempre son inmutables, puedes estar seguro de cómo terminará, siempre triunfante, nunca te decepciona. Qué ganas tengo de oír una historia de él —miró con una sonrisa a Berthus al otro lado de la mesa. A Coën se le iluminó el rostro, últimamente estaba ávido de historias.
—¡Berthus te toca ahora contar una! —dijo el chico, tirando de su túnica.
—Ya les he contado todas las historias de Taborlin que conozco, algunas dos veces —caviló un instante—. Aunque sé de una —hizo una pausa que logró atraer la atención de sus compañeros—. Una rara historia, quizá no quieran oírla—Sven y Coën lo miraron inquisitivamente, Berthus carraspeó para aclarar su garganta y usando su mejor voz de cuentista comenzó.

—: Con paso firme recorría el camino de la montaña Taborlin el Grande, era invierno y una fina lluvia empapaba su capa de ningún color. Había tenido que recorrer un largo camino, pues, le había prometido encontrar la flor que cura todas las enfermedades a una viuda, para salvar a su hijo enfermo. El camino estaba embarrado y roto, pero Taborlin se ayudaba de un cayado que le había regalado un calderero por haber compartido su cena la noche anterior, y avanzaba tranquilo y feliz de recibir el beso de la lluvia y el abrazo del viento. Había recorrido mucho y casi se encontraba en el borde del mundo, todos saben que aquellas flores sólo crecen en un lugar muy inhóspito y terriblemente difícil de acceder, pero Taborlin había hecho una promesa, y él nunca faltaba a su palabra. Pero el camino roto era traicionero, y en una roca el cayado quedó atrapado, y al tratar de liberarlo se partió en dos, pero eso no desalentó a Taborlin que siguió su camino hasta que la noche llegó.
La lluvia cesó y las nubes quedaron abajo, dando paso a una luna completamente llena, Taborlin el Grande agradeció su luz y compañía, el camino roto era arduo y el lodo le dificultaba el caminar pero con sólo mirar la luna su caminar se hizo más ameno. Pronto se cansó y notó que tenía frío y hambre, pero para Tarbolin aquellas eran cosas que podía solucionar rápidamente. Buscó un lugar seguro y seco bajo las copas de los pinos y abrió su macuto para levantar su campamento, pero tarde notó que su macuto se había rasgado en el fondo y todas sus cosas habían caído, una por una, por el camino roto y el lodo se las había tragado. Aquello lo molesto mucho, pero no lo desalentó, simplemente continuó su largo caminar por el camino roto.
Miles de estrellas cuajaron la noche, y con cada paso Taborlin podía ver como la luna crecía un poco más. Avanzó tanto que llegó un momento que parecía que casi podía tocarla, se veía enorme, tanto que los astros se apagaban a su alrededor, avergonzados de no poder competir con ella.
Entonces el camino se terminó.
Taborlin miró el final del camino y no había más que una gran casona en medio de la nada. Aquello era tan inesperado como insólito, Taborlin pensó que se había equivocado, quizá el camino roto le hubiera jugado otra mala pasada, pero como no parecía haber ningún otro lugar donde ir, decidió entrar por la primera ventana abierta que encontró.
Una vez dentro, se impresionó con el tamaño del lugar, las paredes eran anchas y pulcras y los techos eran altos como una catedral. Cruzó una puerta y comenzó a llamar al morador. Quería pedirle un poco de fuego, un poco de comida y pedirle perdón por haber entrado por la ventana. Pronto descubrió que la casa era enorme, una mansión, y que no era para nada un sitio común. Por algunas ventadas se asomaba el sol, por otras trinaban los pájaros y era primavera, abrió una puerta que llevaba al mar y salió por una ventana que, lejos de dejarlo salir, lo adentró mucho más. Por más que se esforzaba, sólo encontraba salones vacíos, cocinas sin un mendrugo de pan y ventanas que lo asomaban a lugares a donde no quería ir.
Por primera vez no servía de nada que conociera los nombres de todas las cosas.
Entonces, en el silencio vacío e insolente de la mansión, oyó un sonido parecido al canto un sauce llorón. Nunca había oído algo igual, corrió tras él, subió por escaleras y pasillos, bajó por puertas y paredes, hasta que al fin encontró su origen. Sentado en medio de un gran salón de baile, un hombre hacía sonar una flauta de piedra. La música era triste y salía de lo profundo del hombre, Taborlin se quedó en el rellano de la puerta oyendo, hasta que la música terminó.
—Hola, ¿Eres el dueño de este lugar? —dijo con voz amable.
—Hola, soy el dueño, este es mi hogar —le contestó el hombre.
Taborlin observó aquella persona, y supo de inmediato que no era una persona normal, se había planteado pedirle fuego y comida, pero sintió de pronto que ya había pasado suficiente tiempo allí.
—¿Me podrías decir cómo salir de tu hogar?
—La mayoría de las puertas están abiertas, la mayoría de las ventanas dan fuera de aquí, incluso, si quieres puedes bajar a los techos o subir a los sótanos, todos tienen salida.
—Pero —dijo Taborlin—, lo que yo deseo es salir por el lugar donde entré. No me gustaría volver a comenzar mi camino en un lugar extraño.
—¿Y cómo era el lugar de dónde vienes? —le preguntó el hombre, mientras jugaba con la flauta en su mano.
—Allí era de noche, y el frío invernal calaba hasta los huesos, y la luna, la luna era enorme como nunca la había visto y estaba tan cerca de mí que casi podía rozarla.
Aquello llamó la atención del hombre, se puso de pie lentamente como si estuviera muy cansado y miró a Taborlin como si recién hubiera notado que era un extraño en su hogar.
—Así que, ¿Deseas ir a ver la luna? —le dijo, y en su voz había algo que a Taborlin no le pareció del todo seguro.
—Así es —se limitó a contestar.
—Está bien, te llevaré entonces.
El hombre comenzó a caminar, y Taborlin lo siguió por el camino intrincado de la mansión. Recorrieron pasillos con vista a mil lugares, pasaron por habitaciones a las que le faltaban varias paredes, subieron por una escalera en espiral larga como una vida, hasta que por fin, luego de subir hasta la más alta torre, llegaron hasta un balcón desde donde la luna se podía apreciar en toda su ancha magnitud.
—Es hermosa, ¿Cierto? —dijo el hombre, con cierto orgullo.
—Lo es —admitió Taborlin, asomado en el borde del balcón. Absorto ante la hermosura de la luna.
El hombre le puso una mano en la espalda y lo empujó, Taborlin trató de aferrarse pero sólo encontró aire frío, y cayó del balcón, de la torre, de la mansión, de la montaña.

El silencio se hizo en Roca de Gaia, y ésta vez Coën no supo si se había terminado la historia. Miró a Sven, que con su jarra en la mano, miraba al fuego de la chimenea con aires de haber entendido, miró a Berthus que tenía la vista pegada al techo de la posada. El silencio se extendió y Coën no pudo soportarlo más.
—¿Y así termina?
Berthus miró al chico y afirmó con la cabeza.
—Ya te dije que era una historia rara.
—Pero, ¿Y qué pasa con Taborlin el Grande?
—Ya sabes —dijo Sven y comenzó a recitar—: Táborlin se precipitó, pero no perdió la esperanza. Porque conocía el nombre del viento, y el viento le obedeció…
—Pero, ¿Y qué ocurrió con el hombre de la flauta?
—Él se quedó en su mansión, con la luna, luego le sucede algo, pero eso es otra historia —contestó Berthus.
—¿Y Taborlin logra encontrar la flor?
—Eso también es otra historia. Quizá te la cuente mañana.
—Pero mañana hay que partir a Tarbean, a salvar a Senzo de que lo cuelgue aquel barón por haber violado a su hija.
Berthus sonrió, tomó un largo sorbo de cerveza y dijo.
—: Mientras estemos juntos, alrededor de una hoguera y haya luna, habrán historias.


-...el primer borrador lo escribes con el corazón, el segundo, con la mente.-
avatar
Títere
Conocedor del mundo
Conocedor del mundo


Hoja de Personaje
Nombre: Hans Boggart
Sexo: Hombre
Edad: 28

Volver arriba Ir abajo

Re: Iax VS Taborlin

Mensaje por Old Medie el Sáb Nov 21, 2015 1:27 am

Gracias por los comentarios chicos. Me he propuesto comenzar con una historia, hasta el momento tengo solo el atisbo de una idea.

Hey Tít, hace tiempo que no leía esa historia, hoy me ha gustado más que la última :pride:


:18:
avatar
Old Medie
Conocedor del mundo
Conocedor del mundo


Hoja de Personaje
Nombre:
Sexo:
Edad:

Volver arriba Ir abajo

Re: Iax VS Taborlin

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.