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Tres Caminos - Nuevo proyecto Medievalesco

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Tres Caminos - Nuevo proyecto Medievalesco

Mensaje por Old Medie el Lun Nov 30, 2015 3:56 am

Hola a todos,
Estoy terminando con mis clases y quiero escribir, así que he comenzado con esta idea loca, con una temática dentro de los Cuatro Rincones. Iré subiendo aproximadamente cada 3 días un pequeño trozo de historia, a medida que avance se irá entendiendo, pero quiero, me gustaría oír sus críticas, no necesariamente a lo ExpoX7, pero que al menos me dijesen "aquello está bien, esto está muy repetido, o, que mal que está aquello". Necesito un feedback Smile

Ahí va:

(¡Sí, está vez lo terminaré de escribir!)


Los Tres Caminos

Títeire I
Spoiler:

Títeire era del Edena. O eso solía decirles a todos, por eso sus amigos le apodaron Ruh. Pero, a decir verdad, mantuvo aquella mentira por tanto tiempo que terminó creyéndola hasta él mismo. A decir verdad, a nadie le importaba si era Edena, no era más que otro huérfano de Tarbean, y en el escalafón social, ser lo uno u lo otro, era prácticamente lo mismo.
Pero hay algo de Títeire que era del todo cierto: era un demonio con el laúd.

Era fácil encontrar al Ruh en Tarbean, era tan sencillo como pararse en medio de la calle principal del Puerto, caminar con rumbo al mar por tres calles, doblar en la esquina del Garfio y luego tirar para el oeste por la calle de los pescadores hasta quedar frente a una gran fuente que hace mucho había dejado de escupir agua. Se sentaba justo en la esquina donde se cruzan dos calles importantes, por un lado el mejor prostíbulo del Puerto: Doce Doncellas, y por el otro, la calle con la mejor taberna: El Cazo de Oro. Era un lugar estratégico, por allí pasaban obligadamente todos los marineros que desembarcaban en Tarbean, y luego de haber tenido un buen retozón y una buena comida era imposible que no se sintieran suficientemente generosos como para lanzarle una moneda. Y, si acaso esa combinación no diera resultado, el Ruh conocía todas las canciones marineras habidas en los Cuatro Rincones. O eso solía decirles a todos.
Era una estratagema infalible, siempre lograba abrir hasta las manos más apretadas.

Feiren, su mejor amigo, le acompañaba aquel día en el cruce frente a la fuente, rajando las bolsas de los oyentes, o cualquiera que se le cruzase, con un pequeño cuchillo tan afilado como navaja barbera. Un poco más allá, Alri vigilaba de brazos cruzados que nada les sucediera a sus amigos, era el encargado de avisar si se acercaban los guardias y siempre estaba presto a frenar cualquier una pelea (aunque era mucho mejor comenzándolas). Si hay algo que se pueda decir de Alri es que era mejor hablando con los puños que con la boca.

El sol se posaba vertical sobre la ciudad, un imponente sol de verano. Una película de sudor cubría la frente del Ruh y una gota se iba acumulando en su ceja. Su mano derecha rasgaba con insolencia las cuerdas de tripa que tanto le había costado robar a Feiren mientras su mano izquierda digitaba con la misma insolencia, ambas ofrecían al cruce de la fuente una canción briosa sobre la valía de los buenos capitanes, el ron y las doncellas. La canción terminó con una amplia floritura, al igual que todas las canciones que solía tocar, los metales cayeron en el sombrero de paja junto con pequeños aplausos mientras el Ruh ofrecía su mejor sonrisa. Mecánicamente apretó y estiró los dedos de la mano izquierda y se la pasó por la frente para quitarse el sudor, llevó la otra mano a la taza de greda con agua que yacía en el piso, le dio un buen sorbo aunque estuviera tibia. El gentío se comenzó a dispersar y no notó cuando, de entre las docenas de piernas, un mocoso sucio y desaliñado apareció como una sombra y metió mano dentro del sombrero robando todos los ardides que cupieron en su pequeña garra. El Ruh levantó la cabeza apenas oír el sonido de las monedas pero el ladrón ya se perdía entre los oyentes. No alcanzó a abrir la boca para gritar algún improperio aprendido en las tabernas del muelle cuando, sus amigos, instintivamente lanzaron a correr tras él. Guardó el laúd en aquel atajo de cuero y cuerdas que hacía llamar estuche, lo mejor sería esperar a que volviera sus amigos. Contó los peniques que quedaron, alcanzaba de sobra para una jarra de cerveza de Nelly. Una fría y fuerte cerveza, se dijo, perfecto para el calor del día. Comenzó a dar los pasos hacía la taberna casi sin notarlo, se zamparía la jarra rápidamente y luego diría que otro chico también le había robado esos peniques, a fin de cuentas, Tarbean estaba llena de pequeños ladronzuelos y él tenía que encargarse de su laúd, no podía tener los ojos en todos lados.

Iba pensando en acordes, en la y en re, en que debería comprar un poco de cera para su laúd y en que algún día tocaría en El Eolio, cuando vio venir caminando hacia él una muchacha. Era de su altura, quizá de su misma edad, con ojos almendrados y cabello trenzado del color de su laúd cuando recién se lo había regalado su madre. La chica lo miró, le dio una mordida a su manzana y fue imposible no mirar sus labios rojos y sus dientes perfectos sacarle un trozo a aquella jugosa manzana verde. El Ruh salivó sin saber si era por querer probarla a ella o a la fruta. Se detuvo para poder prolongar el instante pero la chica caminaba rápido y pronto pasó a su lado, lo miró y le regaló una sonrisa que él no supo descifrar. Se aferró al estuche y volteó para poder seguir observando. Sin el embrujo de aquel rostro pudo notar también sus piernas tostadas y bien torneadas, sus brazos, y su mano libre acariciando el viento. Su vestido no era nuevo, en realidad estaba remendado visiblemente en dos o tres partes, y las sandalias estaban claramente viejas. Era pobre, no cabía duda, pero de seguro no era huérfana. Él conocía a todas las huérfanas de la zona.
Seguía mirando su trenza ondeante mientras se perdía entre la multitud, la gente pasaba y lo empujaba, casi no alcanzó a notar cuando ella volteó la cabeza y clavó sus ojos de nuevo en él, y de pronto, se perdió entre los peatones. Como si hubiera sido un sueño, despertó. Se apartó hasta el portal de una casa y consideró sus opciones: seguirla o ir por una cerveza. Y como cerveza siempre habría donde Nelly, comenzó a correr tras la chica.

Sciaicere I

Feiren I

Siaicere II, Feiren II


Última edición por Medieval el Miér Dic 02, 2015 2:20 pm, editado 4 veces


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Re: Tres Caminos - Nuevo proyecto Medievalesco

Mensaje por Foxen el Lun Nov 30, 2015 7:04 am

Uhhh Titeire, me parece que hoy mojas, a ver si le pides consejo en las artes amatorias al noble Scyazereh o te pasas a escuchar alguna historia que no conozcas de Foxthen en la taberna por un penique de hierro o una canción xDDD

¿Puedo comentar en el mismo tema a medida que desarrolles la historia? ¿Me espero a que la acabes? Espero que le des profundidad a ese romance y no sepamos que están hechos el uno para el otro solo por una mirada o porque la acosen y la sigan xDD Es pronto para juzgar la historia, voy a esperar, confio en tu prosa. Me pregunto cómo se llamará esa hermosa joven ... bueno, no.

Spoiler:
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Re: Tres Caminos - Nuevo proyecto Medievalesco

Mensaje por Old Medie el Lun Nov 30, 2015 7:25 am

Preferiría que fueses opinando a medida que avanza, las partes serán cortas o medianas aún función de lo que le toca vivir a cada personaje, así que al principio la historia avanzara lento por lo que tendrías que esperar mucho tiempo para dar una opinión.

Ah! La chica se llama Foxena. :LoL:


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Re: Tres Caminos - Nuevo proyecto Medievalesco

Mensaje por Sciacere el Lun Nov 30, 2015 2:23 pm

Jajajaja me has matado con lo de Foxena, Medie. La historia mola, y creo que has alimentado muchísimo el orgullo del bueno de Títere. Pinta para largo la historia ? O aún no lo sabes ?
Creo que la chica debería llamarse Dinaehhla, quien mas sino ?
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Re: Tres Caminos - Nuevo proyecto Medievalesco

Mensaje por Títere el Lun Nov 30, 2015 3:14 pm

Titeire? En serio? Titerei queda mejor Sigh
(Y por cierto, creo que tienes un trauma con los huérfanos y Tarbean, siempre aparecen en todas tus historias xDD)


Bien, me gusta, sobre todo que se repita mi nombre casi en cada frase, eso es lo que mas me gusta Laughing
Y Foxena, no me esperes despierta, llegaré tarde. Jajaja, joder, imaginaos a Foxen desnudo y con pechos...


En serio, esta bien, no tengo ningún fallo que remarcar.


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Re: Tres Caminos - Nuevo proyecto Medievalesco

Mensaje por Dinnaeh el Lun Nov 30, 2015 7:08 pm

Jajajaja como mola!!! Me gusta, quiero leer más... Y.... Como de llama esa chica?? *Dinn pestañea repetidas veces y pone su mejor sonrisa*

Ahora es cuando pone a Ali y yo lloro en un rincón... xDDDDD

PDT: apoyo lo de que tienes un trauma jajajajjaja
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Re: Tres Caminos - Nuevo proyecto Medievalesco

Mensaje por Aliethz el Mar Dic 01, 2015 12:39 am

Tranquila Din, no tengo pensado destronarte, sigues siendo la reina de este lugar.
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Re: Tres Caminos - Nuevo proyecto Medievalesco

Mensaje por Aleu el Mar Dic 01, 2015 1:46 am

@Títere escribió:Y Foxena, no me esperes despierta, llegaré tarde. Jajaja, joder, imaginaos a Foxen desnudo y con pechos...
O-O Esta es una imagen muy perturbadora jajaja
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Re: Tres Caminos - Nuevo proyecto Medievalesco

Mensaje por Aliethz el Mar Dic 01, 2015 2:17 am

@Aleu escribió:
@Títere escribió:Y Foxena, no me esperes despierta, llegaré tarde. Jajaja, joder, imaginaos a Foxen desnudo y con pechos...
O-O Esta es una imagen muy perturbadora jajaja

Memorable.
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Re: Tres Caminos - Nuevo proyecto Medievalesco

Mensaje por Títere el Mar Dic 01, 2015 6:42 pm

@Aliethz escribió:
@Aleu escribió:
@Títere escribió:Y Foxena, no me esperes despierta, llegaré tarde. Jajaja, joder, imaginaos a Foxen desnudo y con pechos...
O-O Esta es una imagen muy perturbadora jajaja

Memorable.

Me... mo... rable???? Shocked (Títere se aleja lentamente)

@Aliethz escribió:Tranquila Din, no tengo pensado destronarte, sigues siendo la reina de este lugar.

Nunca lo fué.


(Títere sale corriendo)


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Re: Tres Caminos - Nuevo proyecto Medievalesco

Mensaje por Old Medie el Mar Dic 01, 2015 10:11 pm

Siaicere I

Spoiler:

Sciaicere estaba apresado sobre los adoquines calentados al sol, podía sentir como le quemaban la piel desnuda de su pecho y cara. La rodilla de su captor en su espalda le impedía respirar y las bocanadas entrecortadas que daban se mezclaban con sus gritos de dolor y miedo, y para más remate el niño que tenía sobre él le doblaba un brazo con fuerza. Aunque le había lanzado las monedas a la cara cuando vio que no podría escapar, aquel muchacho había seguido persiguiéndole, riendo y gritando que le rompería la cara. Huyó por callejuelas, giró recodos y llegó a la parte trasera de las posadas del muelle, la callejuela era estrecha y estaba llena de obstáculos, hedionda a pescado podrido, con cajas apiladas por ahí y allá, redes rotas y desperdicios de las posadas que lanzaban por sus puertas traseras. El sudor le corría por todo el cuerpo, le dolía la garganta al respirar, pero se había obligado a huir, ya lo habían cogido otras veces robando y sabía lo que le esperaba.
Lo cogieron en una vuelta mal dada y fue lanzado contra una pared, luego de recibir unos buenos puñetazos se zafó de la pelea y escapó por apenas un segundo hasta, luego de haber pisado algo caliente, pútrido y pegajoso, resbaló y cayó sobre los duros adoquines. Los golpes llegaron de inmediato. Lanzó sus puños contra el rostro sucio de su captor pero el otro niño era más curtido en peleas. Fue levantado y lanzado contra un montón de basura y luego, al intentar ponerse en huida, su captor lo tiró de espalda junto a una puerta y le dobló el brazo con fuerza.
—¿Te gusta robar? —le gruñó—. Veamos como robas con un brazo menos — dijo el niño, con cierto júbilo en la voz. Le agarró el pelo con una mano y con la otra comenzó a torcer el brazo del pequeño ratero. Sciai comenzó a chillar y retorcerse como un pez fuera del agua, tratando de evitar que le zafaran los huesos.
—¡Déjalo Alriaisen! —Oyó a lo lejos, ¡Alguien venía en su ayuda!, un parpadeo de esperanza brilló en su interior, pero se apagó casi al instante, en Tarbean nadie te ayuda, no a menos que pagues el precio—. ¡Suéltalo! —Bufó la voz, al menos era la voz de otro niño y no de un guardia. Pero su captor no cedía y seguía aplacando con fuerza su flacucho brazo—. ¡No es  más que un niño!
—No te hagas pasar por adulto —replicó el chico sobre él, sin aflojar—. Recién cumpliste los catorce hace un ciclo —Sciaicere había dejado de gritar y movía su brazo libre tratando de asir cualquier cosa que pudiera servir de arma, estaba claro que la ayuda tendría que dársela él mismo, cerca de él había un barril podrido y una de sus tablas estaba a centímetros de sus dedos.
—Suéltalo —Repitió el otro muchacho desde algún punto, a su espalda, esta vez con determinación.
—¡No me gusta que nos roben! —Gritó con sorna Alriaisen, Sciai sintió unas gotitas de saliva en su nuca y el odio que transmitía aquella voz—. ¡Entre huérfanos no nos robamos! —sintió como le rechinaban los dientes, la rodilla le aplastó más y ya apenas podía respirar, el dolor llegó como un aguijonazo desgarrador, su brazo se torció con ira.
—¡Noooo! —se pudo oír gritar. El brazo llegó al punto donde debería sonar aquel crac tan horroroso, pero el sonido quedó silenciado por otro mucho mayor, más potente y peor, una gran explosión que tronó dentro del edificio a su costado. Fue como un trueno que ensordeció todo el bullicio de la ciudad por unos largos segundos. Vibró en su pecho e hizo llover trozos de ladrillos de adobe viejo, rojas tejas y tanto polvo como si hace décadas hubieran hecho la última limpieza en el lugar, y seguramente había sido así.


Última edición por Medieval el Miér Dic 02, 2015 2:22 pm, editado 4 veces


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Re: Tres Caminos - Nuevo proyecto Medievalesco

Mensaje por Foxen el Mar Dic 01, 2015 10:18 pm

Más !!


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Re: Tres Caminos - Nuevo proyecto Medievalesco

Mensaje por Sciacere el Miér Dic 02, 2015 5:08 am

El bueno de Scia un ratero. Me gusta. Yo de niño robaba ciruelas, mamoncillos y guayabas de los patios más surtidos.
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Re: Tres Caminos - Nuevo proyecto Medievalesco

Mensaje por Old Medie el Miér Dic 02, 2015 5:13 am

Feiren I

Spoiler:
Una nube de polvo, de un olor tan fétido como cabía de esperar, se levantó como una cortina gris que subió hasta cubrir el sol perpendicular y dejar la callejuela bajo la penumbra. La lluvia de escombros repiqueteó contra los adoquines con fuerza y Feiren solo atinó a cubrirse la cabeza ante los súbitos golpes de mampostería, ladrillos y madera contra el piso. Oyó un grito lejano y descubrió que era él, el polvo le entró por los ojos, la nariz y la boca, tosió y tosió como un viejo enfermo, la garganta le ardió y los ojos le escocieron.
Trató de llamar a Alriaisen, pero no podía pronunciar palabra. Se tapó la boca y se cubrió entre unas cajas contra la pared de enfrente a la posada. Un pitido persistente se le clavó en los oídos y los demás sonidos le llegaban como a través de algodón: el ladrar de un perro, un llanto, un grito como de mujer. Un calor insoportable lo abrazó de pronto y el miedo le atizó el cuerpo. Abrió los ojos todo lo que se pudo permitir y vio salir por la puerta abierta del edificio que estaba a su lado, ahora destruido, lenguas de fuego, y una figura que, dando pasos renqueantes, salía a la callejuela. Envuelto con una capa basta de viaje, bastante alto, con fuego en los hombros y la espalda.
Los ojos de Feiren eran dos rendijas, pero el polvo se colaba y le escocía. El miedo le aguijoneó ante aquellas llamas cercanas pero se obligó a buscar a su amigo y con pasos inseguros se dirigió a la dirección en donde debía estar. A un metro de él, la figura se dejó caer contra la pared y las cajas, el fuego subía por su capucha y con una mano cansina golpeó la tela hasta apagarla, pasó cerca de la persona, rezando para que no se fijase en él, buscó con los pies y las manos a Alriaisen justo en el lugar donde debía estar él y el ratero, pero sólo estaba Alri, tirado de espalda y cubierto de tanto polvo que parecía llevar una eternidad allí tirado. No había rastro del ladrón. El polvo se estaba disipando.
Se refregó los ojos por enésima vez, se puso de rodillas ante su amigo y comenzó a limpiarle el polvo de la cara con sus manos polvorientas. Cuando llegó al pelo notó algo pegajoso, tibio.
—Oh… —Se llevó la mano a centímetros de sus lastimados ojos, estaban llenas de polvo y mugre, y sobre ello se podía apreciar el rojo de la sangre. Trago saliva y le dolió su garganta lastimada. No cabía duda, era sangre. La mano de Feiren comenzó a temblar—. Alri— dijo y lo zamarreó. No hubo respuesta—. ¡Alri! —al gritar tomó una bocanada de polvo que lo hizo volver a toser. Tosía y tosía mientras colocaba una mano en la cabeza de su amigo. Estaba blanda e hinchada bajo el cuero cabelludo y la sangre se le escapaba por algún lado—. ¡Alriiiiii!


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Re: Tres Caminos - Nuevo proyecto Medievalesco

Mensaje por Old Medie el Miér Dic 02, 2015 5:15 am

@Sciacere escribió:El bueno de Scia un ratero. Me gusta. Yo de niño robaba ciruelas, mamoncillos y guayabas de los patios más surtidos.

Yo solía robar manzanas, y ya que estamos en eso, también robé una vez dinero de una iglesia Shocked


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Re: Tres Caminos - Nuevo proyecto Medievalesco

Mensaje por Old Medie el Miér Dic 02, 2015 2:19 pm

Sciaicere II

Spoiler:

La nube gris disminuyó en la callejuela, a través de la puerta de la posada se podía oír el rugir y sentir el calor del fuego. Sciaicere se escabulló como una lagartija reptando por el suelo con un brazo colgando a su costado, le palpitaba con golpes dolor, la articulación se le hinchó como un tomate, rojo y morado. Pasó al lado de lo que parecía ser un hombre, yacía sentado con la espalda pegada a la pared, lleno de sangre y volutas de humo en su capa.
—Hey… n-niño… —articuló aquella figura, lentamente, como si le doliera hablar, respiraba entre dientes. Siaicere le oyó, dio un respingo y se movió todo lo rápido que pudo hasta perderse entre la basura—. ¡Niño!

Feiren II

Spoiler:

Feiren se volteó hacía el sonido. Lloraba como un crío mientras un moco negro caía junto a unas lágrimas negras por su rostro lleno de tierra. Tenía una mano puesta en la cabeza de Alri tratando de evitar que la sangre saliera pero ya había una mancha del ancho de una zancada en torno a la cabeza de su amigo. Aquella voz, aquel hombre, quizá pudiera ayudarlo, quizá Alriaisen aún pueda salvarse, o eso quería pensar Fei. Sacó la mano bajo la cabeza y notó lo mucho que le temblaba, a decir verdad, le temblaba todo el cuerpo.
Se acercó hasta el hombre pasando al lado de la puerta abierta, notó la incandescencia del fuego y se tapó la cara con la mano roja.
El tipo moribundo giró la cabeza y lo vio de arriba abajo.
—Hola —estaba tiznado de negro, cubierto del fino polvillo mugriento y pestilente que aún caía, y su rostro era una maraña de cejas y barba, todo lleno de sangre. Estiró su mano envuelta en un guante de cuero chamuscado. Feiren entornó los ojos y vio un libro en su mano—. Hazme… un favor, ¿Sí?... Necesito que lleves esto, a la Universidad, ¿Entiendes? Debes entregárselo al Maestro Artífice —tosió por unos segundos y carraspeó—.  A Kilvin. Dile que sus guilers fueron… no. Dile, dile que ellos quieren abrir la puerta.
Sin entender nada, Feiren estiró la mano para coger el libro. Tenía la tapa muy dura y pesaba mucho para ser un libro.
—Lo siento —graznó. Vio al hombre moribundo y se preguntó si estaba presenciando su última voluntad. Esas cosas uno siempre tiene que prometer que las va a cumplir, aunque no sea así. Se sorbió la nariz y se la limpió con el dorso de la mano libre—. No creo que pueda llegar hasta allá, de verdad lo siento, no creo que pueda... está muy lejos y yo... yo nunca he salido de aquí.
—Debes hacerlo... ya es tarde para mí —fue la respuesta de aquel barbudo moribundo con una mueca de dolor, pero eso estaba claro para cualquiera que lo mirase. Su semblante se volvió sombrío al ver la mancha negra se extendía por el suelo. Suspiró—. Tienen mi sangre —se revisó dentro de la guerrera y sacó una pesada bolsa de tíntineante dinero—. Necesitarás esto —La mente de Feiren volvió un poco en sí luego de oír aquel sonido tan familiar—. Te servirá para llegar a la Universidad —El niño estiró las manos en un gesto tan natural que recordaba a una madre al tomar a su hijo. El hombre en el último momento apartó la bolsa—. ¿Prometes que harás llegar la caja?
—Sí —fue una respuesta automática, pero el hombre no tenía de otra. Le puso la bolsa a su alcance y el niño la cogió.
—Ahora vete. Corre. Consigue el mejor caballo y llega a la Universidad antes de que acabe el día. Allá… —se interrumpió luego de doblarse levemente por el costado— ¡Ahhrg!.. Allá te darán el doble de lo que hay en la bolsa. No, el triple. Pero debes entregarla antes del anochecer.

El fuego comenzó a lamer la puerta haciendo crujir la madera y su lengua brillante salió por la posada, el calor le había perlado la frente de sudor a Feiren. Miró por última vez a Alri y una punzada de culpa lo recorrió. ¿Lo iba a dejar ahí? Estaba claro que estaba muerto. Y que no podría cargar con él mucho tramo. Y ahora que tenía las manos ocupadas con una gran bolsa de dinero... se preguntó qué habría hecho Alriaisen en su lugar: Seguramente se habría llevado el dinero y hubiera dejado su cuerpo ahí tirado el muy cabrón. Pero aun así era su amigo.
Se prometió en silencio que volvería por su cuerpo para darle entierro y salió corriendo.


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Re: Tres Caminos - Nuevo proyecto Medievalesco

Mensaje por Sciacere el Miér Dic 02, 2015 6:42 pm

Más, cabrón. Más.
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Re: Tres Caminos - Nuevo proyecto Medievalesco

Mensaje por Old Medie el Miér Dic 02, 2015 10:01 pm

Sciaicere III
Spoiler:

Sciaicere estaba cubierto hasta la cabeza de basura, redes de pesca, cajas rotas y desperdicios de la posada. Desde su escondite agazapado junto a un barril de lluvia, vio cómo aquel niño que se supone lo iba a defender del que le rompió el brazo recibía un libro rojo del hombre bajo la capa chamuscada. Ambos hablaban bajo, pero sus oídos estaban adaptados para oír hasta los tintineos de las monedas más pequeñas. En niño titubeó unos segundos, miró al tal Alriaisen y luego se lanzó por la callejuela y se perdió en una esquina. Sciai soltó un suspiro, ya no había nadie que le persiguiera, era momento de huir.
Se arrastró lentamente para no llamar la atención del hombre, pero un sonido de botas lo obligó a agazaparse nuevamente, el corazón comenzó a dar tumbos dentro de su pecho, no había nada que le temiera más que a los guardias. Cerró los ojos, como si con eso pudiera evitar que le viesen. Estoy… ¡estoy jodido!
Abrió los ojos, unas figuras aparecieron en el callejón, no eran guardias. En sus rostros se dibujó una sonrisa cuando llegaron al frente del malherido. Eran dos hombres, uno corpulento, de hombros anchos y alto, tenía la barba y color de piel inconfundibles de los cealdicos, el otro era casi un anciano, de cabello gris, piel clara y con mancha. Su sonrisa arrugada le produjo un escalofrío a Sciai. Ambos vestían como viajeros, con capas largas y bastas para la lluvia y el sol, botas curtidas, ropas ligeras de verano y cinturones de los que colgaban espadas y dagas.
—Nunca pensé qué nos causaría tantos problemas —dijo el tipo arrugado.
El hombre de la capa chamuscada pronunció unas palabras y movió los brazos, se supone que debía suceder algo, o eso le pareció a Sciaicere, pero el cealdico lo asió por la capa, lo alzó y lo estampó en contra de la pared.
—No somos tan idiotas como para no usar un gramm —farfulló el cealdico. Se arrodilló junto al hombre y lo miró con unos dientes blancos.
— ¿Dónde está la caja? —preguntó el del cabello gris. El cealdico comenzó a registrar las ropas del hombre.
—Está dentro de la posada… me la quitó uno de los... ¡Aaaah!… —el cealdico sacó la mano de entre las ropas del hombre manchada de sangre, pero la volvió a meter—… suyos… T-t-tratando de conseguirla… inicié el, el incendio.
Al anciano no pareció gustarle esa respuesta.
— ¿Dice la verdad?
—No tiene la caja consigo.
—Registra el interior de la posada —El cealdico soltó al moribundo y miró incrédulo a su acompañante, le sostuvo la mirada un segundo y miró hacia dentro de la puerta. Dijo algo que Sciai no alcanzó a oír, se arrebujó en su capa y avanzó con paso lento pero seguro a la puerta en llamas y se perdió en el interior.

El viejo se miró las botas, la sangre del moribundo formaba una charca bajo él, el anciano se rascó la barba rala.
—Debiste aceptar el dinero —le dijo al hombre—. Con una pequeña fortuna hubieras podido ir a cualquier ciudad y forjar una bonita familia e iniciar algún negocio.
—La… Universidad es mi, mi familia. Ser un, un g-guiler… es…
El viejo se cruzó de brazos esperando una respuesta, pero al parecer no la iba a recibir. Se volteó hacia la puerta y se quedó esperando a que saliera su compañero.

Sciai estaba petrificado de miedo. Sin haberse dado cuenta se había asomado un poco de su escondite para poder ver mejor que sucedía.
— ¡¿Y tú que mierda haces aquí?! —le gritó el anciano. A Sciaicere se le aflojó el esfínter, sintió como la entrepierna se le entibiaba, la mandíbula se le cayó.
— ¿Acaso pensaste que serían los únicos en buscar las piedras?
Otra voz, otra persona a su espalda, Sciai no lo podía ver sin tener que girarse, pero prefirió seguir petrificado, el meado le seguía corriendo por las piernas.
El anciano metió mano a su espada, pero antes de que llegase a desenvainar, una palabra se oyó tenue y discreta en el callejón, Sciaicere la oyó muy bien, y a la vez no la oyó para nada, o eso sintió él; aquella voz de metal recorrió el aire y llegó hasta el hombre de cabello gris y lo encendió como si fuera un cabo de cera vieja, Sciai nunca había visto arder algo de aquella manera. Las llamas abrazaron al hombre, lenguas de fuego altas, brillantes y hermosas. Los gritos del anciano sonaban como aullidos de un animal infortunado, Sciaicere no pudo quitarle los ojos de encima, miró la escena como una polilla mira la luz de una hoguera, fue algo único, hipnótico. Pero pronto volvieron sus pies a la tierra cuando le llegó el olor a carne quemada, un olor que sólo se sentía tras las posadas y tabernas, y en las calles en las fiestas del solsticio de verano, se le abrió el apetito, se saboreó y salivó como un perro hambriento, y la verdad no estaba muy lejana a eso, pero luego de que su mente entendiera de dónde provenía aquel olor le vino una desazón tremenda y un asco que lo obligó a vomitar lo que no tenía en el estómago, hizo arcadas y escupió no más que un poco de saliva amarillenta sobre sus sucias ropas.
De un segundo a otro el cuerpo se carbonizó y colapsó bajo su peso, desparramando ceniza negra como un tocón quemado.

Unos pasos a su espalda, Sciai volvió a esconderse, desde su escondite pudo ver como avanzaba hacia las cenizas la nueva figura, pasó por sobre ellas y llegó al muerto hombre de la capa chamuscada. Lo revisó unos segundos y se puso de pie.
— ¿Has visto todo lo que sucedió aquí?
Era una voz de mujer, y una mujer era lo que bajo la capucha negra, lo miraba. Sciai se encogió entre las redes y la basura, esta vez sí le hablaban a él. Se volvió a mear encima cuando vio venir a la mujer hacia él. Cuando estaba a unos pocos pasos saltó como un conejo y se escabulló como pudo por la basura en un acto instintivo.
—No temas —le dijo ella con voz amable, pero él sabía que las voces amables eran las peores, porque escondían muchas intenciones tras ellas—. No te haré daño, solo quiero saber lo que pasó.
Sciai corrió como una liebre, se tropezó con un madero negro y cayó de bruces, se echó a llorar. Se arrastró como pudo por entre la destrozada mampostería, con su destrozado brazo tras él. La mujer era alta y de un par de cortos pasos llegó hasta donde estaba. Ya no tenía escapatoria así que comenzó a barbotear como un crío.
—Lo siento, lo siento, yo no quise ver nada, no vi nada. No me queme por favor, no he visto nada —levantó ambos brazos para cubrirse y dio un pequeño grito, se le había olvidado que tenía el brazo roto.
—Hmm. Déjame ver eso —La mujer le cogió el brazo y Sciai gritó de miedo y dolor—. Tienes bastante hinchado, pero estoy segura de que no tienes nada roto. Le agarró entre sus largos miembros el brazo, una mano por arriba del codo y otra por abajo—. Aguanta, esto te dolerá mucho —le movió el brazo como si quisiera volver a rompérselo, Sciaicere gritó y golpeó con su brazo bueno en el hombro a la mujer, gritó y lloró mientras los mocos y las lágrimas le corrían por la cara—. Ya. ¡Calmado! —lo soltó—. Te he vuelto a poner el hueso en su lugar. Cielos, me has golpeado —la miró irritada mientras se sobaba el hombro—. No podrás hacer fuerzas por un tiempo, pero eres joven y sanarás pronto.
La mujer sonrió, era una sonrisa sincera, o eso le pareció a Sciai, pero no conocía mucho de sonrisas. Le pareció que era una mujer bonita, su cabello del color de las tablas viejas del muelle y ojos negros como pozos profundos le hicieron recordar a esas actrices que llegaban en los carromatos y actuaban en la plaza del mercado, su piel estaba tostada por el sol y pequeñas pecas habían atacado su nariz y bajo sus ojos. No supo decir qué fue lo que sucedió en aquel instante, pero una paz lo llenó y dejó de llorar.
—¿Qué sucedió? —le preguntó la mujer con una voz que pasó a través de sus oídos y llegó hasta algún punto dentro de él.
—Me parece que algo estalló dentro de aquel edificio.
—Sí, eso me parece a mí también…  Y, dime, ¿Sabes qué ocurrió con aquel hombre que está ahí. Y no me digas que te parece que ha muerto, quiero saber qué habló con el otro, si había más hombres tras él, y lo más importante, si viste una caja.
—Cajas, aquí está lleno de cajas, llenas de basura de las posadas, a veces se pueden comer. A veces como aquí cuando tengo mucha hambre.
—No me refiero a estas cajas —la mujer dio un suspiro—, es una caja pequeña —estiró sus manos enguantadas para mostrarle al chico—. Como del tamaño de un libro.
—Un libro —los ojos de Sciaicere se iluminaron—. Aquel hombre de ahí le entregó un libro a un niño. Le dijo que, que lo debía llevar a la Universidad, le dijo algo sobre…
— ¿Un libro? —Murmuró la mujer—. ¿De qué color era?
—Rojo.


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