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Tales of Temerant

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Tales of Temerant

Mensaje por Títere el Miér Dic 23, 2015 1:31 am


          Aquella tormenta fue sin duda alguna la mayor y mas fuerte que había vivido Edurne en sus dieciséis inviernos.
     La nieve cubrió las casas y los caminos, los viajeros se extraviaron, los animales se escondieron en sus madrigueras, y el Río Grande se heló.
      En cuestión de horas, todo estaba cubierto por un manto blanco.
      Pero lo peor no fue eso. Al fin y al cabo, estaban al norte de Ceald, mas allá de las montañas, y por allí eran normales las nieves.
      Lo peor fue el viento.
      Empezó a soplar nada más caer el sol. Y no paró en toda la noche.
      Arrancó varios cobertizos, y muchos arboles cayeron bajo su fuerza. La mayoría estaban secos, pero más de uno estuvo a punto de aplastar a alguien. Casi no se podía salir de las casas.
      El hijo de los Bogart, Willem, salió corriendo de la casa para ir a buscar a su perro, al que había dejado atado una estaca junto al prado. El viento soplaba de tal manera que lo lanzó contra el carro, y le rompió un brazo. Sus hermanos tuvieron que salir a socorrerle, y al final encontraron al pobre animal acurrucado debajo del chozo para ganado. Al parecer arrancó la estaca y salió corriendo nada más empezar el vendaval.
      Edurne y su familia no corrieron tanto peligro. Se quedaron apiñados alrededor del fuego, hasta que una ráfaga de viento se coló por el tiro de la chimenea y lo apagó. Después de eso, se fueron a dormir, o al menos, a intentarlo. La joven no conseguía conciliar el sueño, pues mañana sería el Solsticio de invierno, y eso significaba fiestas.
      Todos los años acudían un sinfín de trovadores y músicos, junto con miles de pequeños puestos de artesanías, dulces, y bisutería traída de más allá del mar. A Edurne le encantaban las Fiestas del Solsticio de Invierno, Desde que tenía uso de memoria, no se había perdido ni una,
      La tormenta iba a aguar un poco las cosas. Muchos de los mercaderes no encontrarían el pueblo, y seguramente más de un puesto de artesanía saldría volando por los aires. En ese momento, lo mas probable era que los juglares y los trovadores estuvieses emborrachándose para olvidarse del viento y la nieve.
      Pero no pasaba nada.
      A la mañana siguiente saldría el sol, Edurne lo sabía, y la nieve se derretiría, los viajeros encontrarían de nuevo el camino, los animales saldrían de sus madrigueras, el Río Grande se deshelaría, los mercaderes exhibirían sus mercancías, los hombres del pueblo ayudarían a reparar los puestos de artesanía que hubiesen volado por los aires, y las mujeres les prepararían sopa de perejil y espárragos a los trovadores para quitarles la resaca, y entonces su padre, con su cargo de alcalde, daría comienzo a las fiestas, y esas fiestas serían sin duda las mejores, porque ese año Edurne era oficialmente la Reina de las Fiestas del Solsticio de Invierno. Y todo el mundo bebería y comería a su salud, y ella estaría esplendida con su nuevo vestido.

      Y con ese último pensamiento, se quedó dormida.


Última edición por Títere el Lun Ene 18, 2016 5:53 pm, editado 2 veces


-...el primer borrador lo escribes con el corazón, el segundo, con la mente.-
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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Aliethz el Miér Dic 23, 2015 2:21 pm

Apenas quedaban un par de kilómetros para alcanzar el pueblo cuando súbitamente la tormenta de nieve empeoró. La visión de Aryanne mermó a causa del viento, el cual había conseguido levantar hasta algunas de las más robustas ramas caídas en el suelo. Estaba calada hasta los huesos, el frío se había apoderado de sus extremidades y sentía sobre su espalda un dolor profundo que no avecinaba nada bueno para sus pulmones. Además de eso, la armadura le proporcionaba un peso adicional nada cómodo de sobrellevar. Sopesó la posibilidad de parar  y guardar al menos la pechera en el macuto, pero ésta también la protegía del frío, además que no las tenía todas consigo para hacerlo con suficiente agilidad. No, mejor seguiría hasta encontrar cobijo en alguna posada en el pueblo. Imaginar el calor de la chimenea a sus pies, la cálida sensación de un estofado caliente junto a un buen vaso de agua ardiente... Y de postre un buen pedazo de tarta de manzana, aunque desconocía si era época de manzanas.
    Aryanne siguió caminando con cierta gracia y agilidad, aquella visión de la posada fue el impulso necesario que necesitaba para recobrar un poco de fuerzas. Un pie detrás de otro mientras con uno de sus brazos cubría vagamente su campo de visión evitando así que la nieve entrara sobre sus ojos. Estaba acostumbrada a viajar pero hacerlo bajo una tormenta y con la condición adicional del viento era bastante molesto y trabajoso. Sabía que al norte de Ceald el temporal iba a ser más precario pero cierto es que le tomó por sorpresa tal tempestad.
   Finalmente Aryanne alcanzó el pueblo. Las casas estaban totalmente nevadas, la madera crujía con el viento, las ventanas estaban inquietas, las puertas amenazaban con abrirse, no había mucha luz en las calles por lo que encontrar una posada donde resguardarse parecía complicado.      
    La joven de cabello negro optó por llamar a la primera puerta que tuvo más cerca, con la esperanza de ser acogida por buenas personas.
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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Sin Sangre el Miér Dic 23, 2015 6:45 pm

La noche discurría agitada por lo fuertes vientos que asolaban con fiereza el terreno. Se podía escuchar el fuerte vendaval a través de las ventanas de aquella pequeña edificación construida de piedra, y apreciar el salvaje frío instaurado en el bello paisaje teñido de blanco.
Rydell había llegado allí pocos días antes y rápidamente demostró al dueño de aquella granja su pericia y conocimiento en las labores del campo. En aquel momento se encontraba releyendo antiguas entradas de  su preciado diario, que junto a una curiosa piedra imán, eran quizás sus pertenencias más preciadas. Aquella en particular la escribió hacía medio año, cuando aún se encontraba en un bosque entre Imre y Tarbean, y le evocó cierta alegría. Quien diría que algo tan pequeño podría hacer tanta compañía.
"Persiguiendo a un joven cervatillo, me adentré en el bosque y tropezé con una rama de gran grosor cayendo de bruces.  Justo delante de mis narices me encontré con un pequeño animal de color blanco y con manchas negras alrededor del cuerpo..."
Esa entrada era su favorita, ya que aquel hurón se encariñó con él desde el primer momento. Lo había nombrado Traspié, en honor a la caída que tuvo que sufrir para conocerle y en aquel momento se encontraba jugueteando con él escondiendole un trocito de carne seca.
Se encontraba en una habitación cálida pero austera, perteneciente a uno de los hijos del viejo Tobías, un hombre viudo y algo serio, curtido por las largas jornadas de trabajo en el campo. Su mujer había fallecido de Polio hacía ya muchos años y su hijo se fue de casa sin dar muchas explicaciones.

Minutos después, la puerta sonó y Rydell se preguntó quien demonios cometía la imprudencia de andar de visitas con el temporal que hacía y a aquellas horas. Como el viejo Tob estaba medio sordo y hacía rato que dormía, Rydell se dirigió a la puerta y se encontró a una chica que temblaba severamente.
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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Aliethz el Jue Dic 24, 2015 3:25 am

    La fortuna estaba del lado de la joven Aryanne. La puerta se abrió de par en par y sin pedir permiso se coló bajo aquel techo de madera.
      Inspeccionó bajo el claro color de sus ojos violetas aquella entrada. Se abría directamente a una especie de comedor, era obvio que no se trataba de ninguna posada regentada por alguna mujer, sobretodo por el hecho de que parecía que hacía muchísimos años que una mano femenina no había pasado por allí. Era una sala austera que terminaba en una humilde cocina. Una mesa en medio, lo justo para que un par de personas comieran juntas si era necesario. Todo era de carácter antiguo, incluso podía decirse que era viejo, pero tampoco lo suficiente como para que dejara de ser útil.
      Aryanne buscó una chimenea que no encontró. Cansada de mirar lo que le rodeaba se acordó de aquel chico que le abrió la puerta y que por supuesto estaba esperando por ella.

- Disculpe que le moleste caballero, la tormenta me ha cogido totalmente desprevenida y he terminado calada hasta los huesos. Le estaría muy agradecida si pudiera resguardarme de la tormenta.- Solicitó Aryanne con la mayor educación que conocía. Dado que se encontraba en un territorio nuevo para ella, temía haber sido demasiado directa o quizá maleducada, pero la ropa empezaba a secarse y estaba totalmente congelada. Sólo quería entrar en calor y secar su armadura después de haber comido algo que le calentara el cuerpo.
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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Old Medie el Jue Dic 24, 2015 4:55 am

Todo seguía estando igual. El camino hacia Fwerral seguía siendo un tramo de tierra hollado por el tránsito de los innumerables carros llenos de cereales, tirados por los caballos de generaciones de viajeros de espalda encorvada. El valle en donde se encontraba el pueblo, entre las montañas, seguía siendo tan blanco en invierno como las barbas del viejo Ausyer, quien en una ocasión le pagó con manzanas el haber arreglado la valla de su granja. Los árboles del camino seguían igual de altos y añosos, con sus ramas vacías apuntando en todas direcciones. Y el viento, el viento seguía igual de inclemente ahí arriba, con su soplo funesto traía las tormentas más lejanas hasta el pueblo. Fue ese mismo viento quien le jugó una mala pasada.
Hjalmar nunca pensó que las nubes negras avanzarían por el oeste tan rápido, y de un momento a otro, la mortecina tarde se convirtió en noche cerrada, el frío lo envolvió como el abrazo de un muerto y aquel ejército implacable y blanco lo cubrió todo.
«Qué idiota he sido.» pensó mientras la nieve cubría su improvisado refugió compuesto por una roca lisa y alta, y su capa de viaje.
La tormenta duró horas, la ventisca terminó por desgarrar su capa y encabritar a su montura. Estaba a tan solo un par de horas del pueblo, pero era imposible avanzar en la oscuridad, no pudo hacer más que agazaparse con su caballo contra la gran piedra y esperar a que pasara la tormenta.
La nieve le llegaba a las rodillas, el viento aullaba entre las rama y tironeaba de su capa. «Todo sigue igual.» Recordó aquella tormenta, cuando Ardee no era más que una niña de pecho, la granja de sus padres era golpeada con violencia por la tormenta más fuerte que había visto Fwerral, varios árboles cayeron, incluido aquel nogal que estaba en el patio, recordó el crujir de la madera y como tembló la tierra, el sudor frío que le corrió por la espalda cuando vio como la mano de Dios sacaba de cuajo el árbol y lo lanzaba a pasos de su casa. Una sonrisa asomó al recordar a sus padres y su hermana pequeña. Aquella tormenta pasaría, al igual que todas las que vio mientras vivía ahí.

Las estrellas refulgían en el cielo, la luna se asomaba entre las nubes, la tormenta había pasado pero el frío se quedó pegado a su cuerpo. La nieve derretida se había colado por los hoyos recientes de su capa y le habían mojado hasta la piel. Su montura avanzaba lenta, con sus cascos blancos.
«Todo ha cambiado.» Su humor había empeorado después de la tormenta, estaba mojado y tiritando. «¿Cómo lo habrá pasado mi hermana?» Cuando llegase a la granja, compartiría una jarra de sidra con su padre mientras su madre ponía en la mesa un caldo caliente de puerros y cebolla, hablarían de aquella tumbacarretas y de cosas sin importancia. «Pero mis padres ya no están.» Era por eso que se encontraba camino a Fwerral, un asesinato a un par de leguas de su casa, sus padres muertos a un costado del camino, el carro y el caballo con que transportaban el trigo desaparecidos. «Los mataron por un atajo de trigo, eso es lo que les valió la vida de mis padres.» Ya nada sería igual en el mundo, pero nadie parecía notarlo. El sol seguía saliendo, las olas seguían rompiendo en la costa y el invierno seguía trayendo las tormentas más implacables que podía recordar. «Pero para mí, desde ese día he viajado envuelto en frío. Y el sol que se posa sobre mi cabeza se ha oscurecido. Todo ha cambiado para mí. ¿Y para mi hermana?»

Las estrellas iluminaban la calle pricipal de Fwerral, el pueblo estaba bañado del azul de las estrellas y desde algunas ventanas podía verse una que otra luz de vela. Ya había pasado lo peor, ahora solo tenía que atravesar el pueblo hasta llegar a la granja de sus padres, y encontrarse por fin con Ardee.


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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Wardent el Jue Dic 24, 2015 10:49 am

Se palpaba el ambiente festivo en el interior de la posada. En los pueblos donde se celebra una fiesta anual tan grande como el Solsticio de invierno no es extraño que la víspera sea casi tan alegre como la propia fiesta. Mucha gente había llegado al pueblo para la ocasión y al estallar la tormenta todos se habían puesto a resguardo, lo que hacía de las posadas auténticos hervideros de gente que comía, bebía y cantaba para olvidar las inclemencias del exterior.

Entre esta gente se encontraban Fergus y sus compañeros de tripulación, pues todos los años traían un importante cargamento de provisiones al pueblo para avastecer a las posadas y cada año se alojaban en una durante las fiestas como parte del pago. Traían vituallas de los cuatro rincones: vino víntico, vino de frutas de Aven, café de Lenatt, hidromiel, distintas cervezas, tinto de Feloran, buen aguardiente, chocolate, quesos de diferentes lugares... Por este motivo, tras más de dos largos meses de viajes recogiendo carga por diferentes puertos del mundo y medio ciclo para descargar el barco, acompañar a los carros hasta el pueblo y repartir las mercancías, el capitán siempre permitía a la tripulación descansar un ciclo durante las fiestas antes de rearmar el barco.

A Fergus le encantaba la fiesta y así como en el barco mantenía una actitud formal y se tomaba en serio su trabajo, cuando se trataba de beber y bailar también ponía todo su empeño. El último año y medio había sido duro para él, pues había dejado de ser el grumete y ya era un marinero como todos los demás, con lo que sus tareas eran mucho más pesadas. Ese cambio no le había gustado mucho y estaba dispuesto a compensarlo pasando unas fiestas de desenfreno que le ayudaran a evadirse de la crudeza de sus tareas habituales.

Viendo toda aquella gente rebosando diversión se sintió agradecido de poder compartirla y, quizás debido a que su quinta copa de vino estaba a punto de vaciarse tan rápido como las anteriores, tomó forma en el fondo de su cabeza una imperceptible idea: podría acostumbrarse a vivir en tierra. Antes de darse cuenta de que esa idea había nacido, llegó uno de sus compañeros con otra copa de vino e hizo volver a Fergus de su ensimismamiento para apurar el sorbito que le quedaba y brindar con la copa nueva como hacían en todas las rondas.

Pronto sería hora de cenar y luego pasarían a licores más fuertes, con suerte más tarde mientras bailaran y cantaran alguna chica tendría ganas de conocer los secretos del mar y él estaría encantado de enseñárselos en la habitación que tenía apenas dos tramos de escaleras más arriba.

Fuera, el frío y el viento causaban estragos, la calle estaba desierta y helada; pero allí dentro el calor de la gente, el fuego y la bebida hacía olvidar el infierno que se había desatado a escasos metros tras la gruesa pared de la posada. La noche prometía.


Última edición por Wardent el Miér Dic 30, 2015 9:13 am, editado 4 veces
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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Sin Sangre el Jue Dic 24, 2015 11:14 am

Nada más abrir la pesada puerta de madera, la figura entró con presteza a la estancia y se dispuso a observar la habitación. Un caldero yacía frío sobre un fuego extinto apenas un par de horas atrás. La sopa de patatas sobrante, con escasos trozos de conejo y rodajas de zanahoria, aún olía suficientemente bien como para abrirle el apetito a cualquiera. Rydell se había apoyado en la pared mientras el pequeño Traspié le olisqueaba las botas a la nueva invitada. Sin formular palabra, y tras la breve declaración de la chica, Rydell se adelantó con presteza a encender el fuego para calentar la estancia y ya la comida de paso. Ofreció asiento a la chica y le acercó una manta oscura.
La chica se sentó con una expresión destrozada y se frotó las manos al fuego con la esperanza de recobrar la sensibilidad que preocupada, había perdido minutos atrás. Cuando levantó la cabeza, vió al chico apoyado a unos metros en la pared, mirándola fijamente con una expresión curiosa.
Rydell, sosteniendo la mirada, esgrimió una leve sonrisa y comenzó -Me preguntaba que podrías estar haciendo aquí-
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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Aliethz el Jue Dic 24, 2015 1:47 pm

Aryanne se sentó para recuperarse del frío que todavía vacilaba sobre su cuerpo. Mientras se calentaban las sobras en la cazuela decidió que lo mejor sería quitarse la armadura, como ya estaba acostumbrada no le pesaba tanto, pero quería quitarse aquella ropa tan mojada e incómoda.        
        - No es muy educado preguntar por las intenciones directas de un desconocido, aunque aprecio tu curiosidad. - Arya se quedó en ropa interior sin pudor alguno y sacó de su macuto una camisola negra totalmente seca. - Esto empieza a estar mucho mejor...- Su tez clara se reflejaba bajo las brasas de aquel ardiente fuego.
Aryanne tomó asiento, esta vez de verdad, no pensaba moverse hasta haber sorbido la última gota del delicioso estofado que su estómago tanto pedía.
     El chico no era muy robusto, pero tampoco parecía muy enclenque, en lo que había tardado en ponerse cómoda la cena esperaba sobre la mesa.
            - Los caminos no me han tratado muy bien desde ayer, así que como respuesta a tu favor - Aryanne señaló la comida y el fuego- te daré un talento. Si nada me lo impide por la mañana partiré a primera hora, no necesito una cama, en mi macuto tengo todo lo que necesito.-
    Aryanne, que era una mujer de pocas palabras se sentía exhausta. Odiaba dar explicaciones, sí, aunque no hubiera respondido a la pregunta de aquel chico tan joven, había hablado demasiado para su gusto.
      -Agradezco tu hospitalidad... chico, sino habría tenido que buscar refugio bajo la tormenta. - Aryanne era una persona muy seca, pero tampoco le gustaba tratar mal a quién le hacía un favor.
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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Sciacere el Jue Dic 24, 2015 4:07 pm

El capitán Wargen se lo preguntó por quinta vez, pero esta vez mirándole sus ojos de viejo lobo.
- ¿En realidad nos vas a dejar, Festus?
- No me llames así, War- le respondió el viejo de barba espumosa- sabes que no me gusta. Y sí, me voy. Despídeme de los chicos.
Wargen asintió mirando al cielo.
- Parece que viene una tormenta, y el clima es muy frío por aquí ¿llevas todo lo necesario?
Arbolviejo sacudió el macuto que colgaba de su hombro, y movió una mano hasta dar con el frío tacto de su hacha.
- Tengo todo lo necesario
Antes de que Wargen dijera algo más Arbolviejo dio un giro y saltó del barco. Los tablones del viejo muelle traquetearon bajo sus botas, se enderezó y se cubrió la cabeza calva con la capucha de su capa gris. Sacó su vieja pipa de barco y extrajo unas hiervas secas de un saquito que tenía guardado en la capa.
- Si algún día regresas y no estoy aquí- le oyó gritar a Wargen desde el barco- tú serás el capitán del Madera Negra.
El viejo lo miró por encima del hombro, con la pipa humeando en su boca. Entonces, pasó algo muy extraño, algo que Wargen jamás había soñado ver. Arbolviejo le sonrió.

Una hora más tarde Festus caminaba en dirección a Fwerral, el lugar estaba exactamente a cinco kilómetros del desolado muelle. Para él eso no suponía problema alguno, pues sus viejos pies eran fuertes como raíces, y estaban adaptados a todo tipo de terrenos, eran unos pies hechos para andar, unos pies entrenados por los bosques de la lejana Junpui, su antiguo hogar.
Hubiese sido fácil llegar, si estuviese caminando durante una agradable tarde de verano. Pero la tormenta había empezado, y era invierno.
La noche estaba comenzando a caer, y la desesperación abrazó al viejo. Llevaba horas dando vueltas, y ya la nieve le daba por encima de los tobillos, el frío quemaba la piel, y devoraba cualquier cosa que pudiese respirar. Arbolviejo tenía la barba blanca llena de escarcha, y el viento le pegaba en la cara como mismo le pega un hombre vil a una ramera. Pegó la espalda a un árbol mientras respiraba entrecortadamente, casi que asfixiándose. Tal vez Arbolviejo tuviese un cuerpo fuerte, pero hay cosas que el tiempo no perdona. Sus viejos pulmones no podían con todo aquello.
De repente una feroz ventisca batió, y la capucha se le escurrió hacia atrás, dejando su calva redonda y perfecta al descubierto. El frío le penetró la piel de la cabeza, y fue como un cuchillo afilado. Toda la frialdad de este mundo se le metió en el cuerpo, como si se hubiese tragado un enorme pedazo de hielo. Cayó al suelo y tosió durante varios segundos mientras su cuerpo daba escalofriantes sacudidas. Finalmente, después de casi un minuto, pudo respirar, y estaba tendido en el suelo. Volvió a respirar honda y trabajosamente, y se incorporó, volviendo a cubrirse con la capucha.
Entendió que debía buscar cobijo, o moriría bajo la nieve. Vió una luz lejana justo cuando se disponía a continuar su camino. Un pequeño destello que se escurría entre los arbustos y se ocultaba, lejano, en la pesada noche.
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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Old Medie el Dom Dic 27, 2015 5:17 pm

La tormenta había cesado, las nubes siguieron su camino por el este y el cielo quedó despejado, había tantas estrellas como copos de nieve caídos y bañaban al pueblo con su luz plateada. El viento era la única compañía de Hjalmar a través de la calle principal del pueblo, hacía restallar su capa y a veces, hasta amenazaba con tirarlo de su montura.
Atravesó la plaza al trote mientras el viento borraba su rastro a su espalda. Pasó por fuera de la gran posada del padre de Jezal, su antiguo amigo, la luz amarilla escapaba por sus ventanas junto con el estridente sonido de una fiesta. «El preludio de la fiesta de Solsticio de Invierno. Lo había olvidado, el pueblo estará lleno de gente estos días.» El letrero de la posada chirriaba al son del viento, su vaulder piafó y Hjalmar le acarició el cuello. Detuvo su montura y sopesó la idea de una comida caliente, ropa seca y una cama mullida. «El dinero que tengo apenas me alcanzaría para pagar una comida, ni digamos para una cama.» Su montura se acercó al abrevadero de caballos fuera de la posada pero el agua estaba congelada.
—¿Tienes sed Alfar? —le preguntó mientras acariciaba sus crines—. Mejor sigamos, no falta mucho para llegar a casa.
Se puso en marcha lentamente no sin antes echar una última ojeada a la posada, alguien lo observaba desde la ventana.
Se preguntó si quizá su hermana estuviera en aquella fiesta, ya no tenía siete años como la última vez que la vio. «A sus veintiuno debe ser ya toda una mujer. Puede que hasta esté casada, aunque no mencionó nada de eso en su carta.» Atravesó la mitad restante de Fwerral al trote, ensimismado. Si su hermana estaba casada todo sería mucho más simple. No sería necesario llevarla a la ciudad, ni tener que vender la granja, podría cederle toda la granja a ella, a él no le interesaba en lo absoluto, al menos así lo hizo ver durante los catorce años que ni se acercó a aquel extensión de tierra.

Pero ahí estaba de nuevo. Su antiguo hogar, la granja donde creció estaba a las afueras del pueblo, a los pies de una colina tan baja que apenas era una ondulación del terreno. La valla que la limitaba con las granjas a su alrededor estaba podrida y reventada por el frío y la humedad. Atravesó los árboles de la entrada, que se mecían al son del fuerte viento y quedó frente a frente con la casa, en medio del lugar. Estaba bañada por nieve, luz de estrellas y frío. Parecía abandonada, al igual que el molino de viento, hecho de piedra gris, que giraba sus aspas con la terrible determinación de quien no tiene otra alternativa que seguir adelante. Así se sentía Hjalmar, quería irse de allí, no tener que verle la cara a aquella desconocida, no quería compartir la pena de la muerte de sus padres con ella, ni tener que llevarla a la ciudad, no quería hacerse cargo de nada. Pero era su hermana, no podía dejarla sola allí, a la merced de aquel pueblo de mierda en donde habitaban asesinos. En el fondo no la quería perder. No tenía otra alternativa.

Se dirigió hasta el establo. Para su sorpresa no había ningún animal. «¿Habrán vendido los cerdos? No quiero pensar que mis padres estaban tan mal de dinero como para tener que hacerlo.» La paja estaba congelada crujía bajos los pasos de los cascos de su vaulder. El hombre se bajó de su montura, lo desensilló y secó con una manta de montar que estaba colgada de un gancho. Lo cepilló de manera metódica, le frotó los cascos para que entrasen en calor y lo acompañó mientras comía avena. Él por su parte comió unos trozos de manzana seca que tenía en sus alforjas y observó con detenimiento el lugar. Recordaba muy bien las herramientas de su padre, colgadas en la pared, los sacos de semillas y los barriles en donde guardaba la sidra y la harina que hacía en el molino. «Si sigue cobrando los tres peniques por uso del molino dudo que le estén pobres, es uno de los cuatro molinos del pueblo, el único que hay al norte de la ciudad.»

Cuando su montura estuvo lista, ya no tuvo más excusas y se vio obligado a entrar a la casa. Tapó con la manta a Alfar y lo dejó con agua y avena, cerró el establo y subió al porche por la pequeña escalera. Desde la ventana se veían dos luces en el suelo. «Al menos está.» Golpeó la puerta y esperó. Volvió a golpear luego de unos segundos, lo más seguro es que estuviese durmiendo, «¿con alguien?» Golpeó más fuerte.
—¿Ardee?
Nadie contestó, sólo el viento implacable, que le murmuraba y seguía tironeando de él para llevarlo a las estancias de los draugar de las montañas.
—¡¿Quién rayos busca a esta hora?!
—Soy Hjalmar
Silencio. La puerta se abrió unos centímetros, los suficientes para dejar espacio para que la flecha se asomara, y tras de ella, el ojo oscuro de una mujer.
—Hjal… Eres tú.
La ballesta bajó, la puerta se abrió del todo y Hjalmar contempló a su hermana.
—Ardee... —sonrió bajó su tupida barba castaña. Se quedó mudo un segundo para luego articular—: Has crecido tanto.
—Los niños tienden a crecer —le abrió la puerta del todo y le dejó entrar. Él cerró la puerta tras de sí, y por fin, después de lo que le pareció una eternidad, el viento cesó.
—Lo que quiero decir —le dijo a su hermana mientras se quitaba la capucha—, es que estás hecha ya toda una mujer.
Ardee bajó la mirada, algo turbada, se cubrió con la gruesa manta que llevaba encima, escondiendo la ballesta. Al bajar la cabeza una cascada de cabello castaño cubrió su rostro. «¿Es tímida o le molestó mi comentario?»
—Ven —le dijo a su hermano, y se acercó a uno de los dos braseros que tenía en la estancia principal—. Debes tener frío. Hjalmar se sacó los guantes y puso sus manos al calor del carbón. Estuvieron en silencio un rato, él no sabía qué decir, tenían mucho de qué hablar pero no sabía por donde comenzar. Ella levantó la vista, estaba seria, pero sonrió al verlo sonreír—. Que gusto tenerte aquí. Ha pasado mucho tiempo. ¿Cómo va todo en el ejército? Padre me dijo que te habían ascendido a general.
—No, que va. Padre gusta de exagerar las cosas —contestó Hjalmar, distraído mientras el calor se extendía por sus manos hasta su pecho. Era una sensación exquisita.
Gustaba —recalcó su hermana. Lo miraba con sus ojos negros, tenía unos bonitos labios. Hjalmar se quedó en silencio un momento, Ardee tenía un mentón suave y sus cabello enmarañado le daba un toque algo salvaje. «Es muy bonita —bajó la vista al brasero y frunció el ceño—. Mierda, pero en qué estoy pensando —Se rascó la barba y la miró de reojo—. Me pregunto si no estará casada, o si ya se habrá comprometido. Seguro que sí.» Su hermana carraspeó—. Hjal. ¿Estás bien?
—Sí —trató de continuar con el hilo de la conversación—. Gustaba —dijo asintiendo—. Tienes razón. Esto es muy raro para mi. Lo siento. Aún siento que están vivos, que están durmiendo en su habitación.
—Sé a qué te refieres —dijo su hermana, con una tristeza palpable—. Yo aún espero que regresen, que todo no es más que un mal sueño. Sentiré el relincho del viejo Wyk y veré por la ventana a mis padres llegar con el trigo que fueron a comprar.
Hjalmar recordó la carta que recibió de Ardee y como en tres escuetas líneas le contaba que sus padres habían muerto. Se quedó en silencio nuevamente, vacío y furioso.
—Pero —dijo casi con rabia— ¿Por qué tuvieron que ir a comprar al otro lado del pueblo?
Su hermana lo miró apenada, pero él no pudo saber si era por él.
—Las primeras heladas llegaron antes, perdimos casi la mitad de la cosecha y mi padre vio una buena oportunidad en comprar parte del trigo de los Cartson y venderlo como harina, al menos podría recuperar algo de dinero y podríamos comprar provisiones para pasar el invierno. Era eso o vender una parte de la pequeña piara.
—¿Aún quedan cerdos? —preguntó sorprendido.
—Sí. Los entré a la casa por el frío. Están atrás, durmiendo junto a un tercer brasero.
Hjalmar asintió. Se desabrochó la capa y la colgó cerca del brasero para que se secara. Ya no tenía frío, pero aún tenía la ropa húmeda. Se sacó las capas de ropa que le había dado el ejército, una gruesa casaca de cuero y lana sin mangas, la sobrevesta y el jubón acolchado sin decir nada.
—Por Tehlu —dijo por fin—. Si tan solo hubiera vendido parte de la piara en vez de ir a comprar trigo.
Ardee soltó una pequeña risa forzada.
—Si no se hubieran adelantado las heladas habríamos tenido suficiente trigo. Si hubieran elegido al joven Vaes en vez de a Wyk. Si se hubieran ido cuando despuntaba el alba en vez de después de almuerzo —Ardee fue hasta la mesa y dejó la ballesta ahí, le puso el seguro. Le dio un trago a una taza de greda y la dejó boca abajo—. Me iré a la cama. Estoy usando la habitación de mis padres. En la cocina hay sopa, puedes calentarla en un cazo sobre el brasero. También hay sidra y vino especiado, están donde siempre los dejaba padre. Que duermas bien —le dedico una sonrisa cansina y se perdió en la oscuridad del pasillo, dejando a Hjalmar solo con sus pensamientos.
«Si no me hubiera ido nunca, yo hubiera acompañado a padre a comprar ese trigo y quizá esos asesinos lo hubieran pensado dos veces antes de atacar. O bien, nos hubieran matado a los dos, pero al menos madre estaría viva y hubiera podido salir adelante con Ardee.»
Hjalmar se acercó a la silla mecedora de su madre y se sentó. Acarició la gastada madera de los brazos y trató de dormir. Pero sólo lo logró luego de llorar en silencio por un lapso de tiempo que le pareció infinito.


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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Feren el Lun Dic 28, 2015 3:17 pm

Entró en aquella taberna de mala muerte donde le habían citado. Iba encapuchado, con prendas oscuras. No pasaría desapercibido, pero con aquellas pintas dudaba de que alguien ajeno fuera a molestarle. Se dirigió a la barra y pidió scutten, para luego sentarse en una mesa apartada de una esquina donde nadie podía inmiscuirse en sus asuntos y esperó.
Diez minutos después, allí estaba el hombre que le había llamado para negocios. El hombre no conocía su verdadera identidad pero le daba lo mismo. Con que pagara le era suficiente. Apareció vestido como uno más, sin llamar nada de nada la atención. Pidió scutten también y se sentó sin hacer preguntas.
-Así que aquí te tenemos. El famoso Cerberus- se lo decía mientras alternaba la bebida y el habla y con una sonrisa.
Cerberus puso ambas manos sobre la mesa cuidadosamente.
-Ve al grano.
-Tranquilo, tranquilo, tenemos toda la noche. Es más, dadas las circustancias diría que tenemos aún algunos días-dio otro sorbo.
Justo en ese momento, una banda empezó a tocar una canción de festival, haciendo que la mayoría de los presentes se levantara y empezará a bailar al ritmo de la canción.
El hombre sentado con él giró la mirada en dirección al gentío y sonrió de nuevo.
-Ah... Noche de Primavera, amo esa canción.
-¿Qué quieres que haga?
-¿Es que no he contactado con el Cerberus correcto?-le lanzó una mirada incisiva.- Obviamente quiero que mates. Para eso te he llamado.
-¿Y la paga?
-Quince marcos más lo que encuentres. Veinte si lo completas.
Por una vez en toda la conversación, Cerberus cambió un poco la expresión al oír esa cantidad de dinero.
-Sin embargo, y como acto de buena fe, te daré estos dos marcos de mi propio bolsillo. Pero yo no te voy a dar más detalles. Aquí hay demasiada gente. Busca a un encapuchado en los puertos mañana hacia esta hora.

Se levantó de su asiento y le hizo un saludo muy amistoso.
-No la cagues- le dijo antes de marcharse.
El hombre que se hacía llamar Cerberus, en medio de música y baile, rodeado de gente tarareando la melodía y bebiendo sin parar, se quedó pensativo. ¿Qué encargo podría valer tanto? Pronto lo sabría.


Última edición por Feren el Lun Dic 28, 2015 8:13 pm, editado 1 vez


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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Sciacere el Lun Dic 28, 2015 5:28 pm

Arbolviejo finalmente llegó a la luz.
Todo el camino albergó la esperanza de que fuera una posada y que pronto sentiría el calor de la chimenea y el aroma de un buen estofado. Pero la realidad le rompió la ilusión como si de un objeto se tratase. La luz provenía de un puente de piedra, pequeño y solitario. Una hoguera bajo el puente ardía con timidez, y junto a la hoguera, un hombre yacía envuelto en mantas.
El viejo se acercó cauteloso, acercó las manos al fuego y sintió como si el alma le volviese al cuerpo. Se sentó junto al hombre envuelto en mantas cuando la sangre recuperó su temperatura normal, y lo miró.
Muerto. Un hilillo de sangre asomaba bajo las mantas, y Arbolviejo giró el cuerpo. La daga aún descansaba, impasible, en su pecho. Bandidos, pensó el viejo frotándose la barba nívea. Buscó dentro del que fuera el macuto del cadáver; encontró dos manzanas verdes, un mapa de los alrededores y una botellita de licor de frutas. No había dinero, pero Festus encontró justo lo que necesitaba. Un mapa, y bebida dulce.
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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Sin Sangre el Lun Dic 28, 2015 5:55 pm

-Nadie debería vagar por las calles con el temporal que hace- dijo con convicción el chico mientras agarraba el talento instintivamente

Por unos segundos, y tras ver la espada que colgaba del cinto de la chica, Rydell recapacitó al escuchar sus propias palabras. Dejar entrar a una completa desconocida, con ropas no precisamente de andar por casa, a altas horas de la noche, en una residencia que no era suya, y para colmo armada. Se había dejado llevar un poco, pero la inocencia y las ganas de ayudar sumadas a la curiosidad fueron más fuertes que la prudencia y la capacidad de raciocinio frío. En una cadena de rápidos pensamientos, su conclusión fue que ya no había vuelta atrás, y cruzaría los dedos por no haberla cagado completamente. De todas maneras la chica no presentaba una gran amenaza, ya que parecía que estaba rozando el límite del cansancio. Además, le había dado un talento.

-Deberías descansar un poco una vez te acabes la comida, parece que te vayas a caer de un momento a otro- soltó el chico, y seguidamente la miró algo tenso. -Puedes quedarte en mi habitación que está justo ahí, la cama no es nada del otro mundo, pero seguro que es más cómoda que lo que sea que lleves en tu macuto. De todas maneras no pretendía dormir mucho, y tú pareces que podrías pasarte el resto del ciclo durmiendo.

En realidad Rydell sí que tenía sueño, pero sabía que no podría dormir con un extraño inquilino dentro de aquellas paredes por culpa de la tensión que le produciría.
-Creo que aún no conoces mi nombre.- recordó el chico - Me llamo Rydell, ¿cuál es tu nombre?
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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Aliethz el Lun Dic 28, 2015 6:45 pm

Rydell parecía lo suficientemente tenso como para que su nerviosismo saliera a borbotones por los poros de su piel. No parecía un chico muy avispado, pero si lo suficiente como para agarrar con los ojos cerrados el talento que Aryanne le había ofrecido anteriormente. Tal vez Aryanne debería haberlo pensado tres veces antes de dar tanto dinero, posiblemente hubiera olvidado que no hace mucho le robaron su pequeña bolsita con todos sus ahorros, ahora sólo contaba con siete iotas, tres drabines y menos un talento, lo cual la dejaba en una posición bastante interesante.

- Tienes razón Rydell, nadie debería viajar con tal temporal, es un completo suicidio y por eso agradezco que hayas abierto esa puerta y me hayas servido tan delicioso estofado. Puedes llamarme Aryanne. - Los ojos de Aryanne se clavaron sobre Rydell intentando ver más allá de lo que éstos le ofrecían. Como muchas otras veces fracasó, no consiguió ver más que a un muchacho intentado ayudar a un desconocido. Muy halagador por su parte.

- Respecto a lo del dormitorio voy a tener que declinar tu oferta, el dormitorio es tuyo o eso creo... - Se levantó de la mesa y con total confianza ella  misma se encargó de recoger la mesa y limpiar los platos.- Vamos, deja de mirarme así, no soy ningún monstruo, ni tampoco Felurian, no voy a embaucarte para que me des todo tu dinero, tampoco me interesan tus propiedades, sólo soy una mujer que busca algo que ha perdido, puedes descansar tranquilo, si alguien entrara y quisiera robar yo sería la primera en desenvainar la espada a tu favor, si te portas bien dejaré que la toques antes de que me vaya.-  Aryanne se  deshizo la coleta, con el cabello sobre sus hombros parecía recobrar un poco su aspecto femenino, la cicatriz que adornaba su rostro le impedía ser la frágil y delicada mujer que todos creían que era.
- ¿No tenéis granero aquí? Podría dormir allí y así evitarías tener problemas con tus parientes.-
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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Sin Sangre el Mar Dic 29, 2015 1:40 am

Rydell suspiró con un gesto más tranquilo, y destensó un poco los músculos, que segundos antes notaba agarrotados y en capacidad de saltar y reaccionar en cualquier momento.
El pequeño Traspié se subió por el torso de Rydell hasta alcanzar el hombro, y seguidamente, trepó hasta la coronilla de la cabeza, todo ello sin parar de olisquear el aire.
—Maldita rata sucia... sabes que odio que te me subas a la cabeza— replicó el chico ante el juguetón Traspié, a la vez que dirigía sus brazos a la cabeza en un intento de atraparlo.

Parecía que lo iba a atrapar, pero el blanco hurón moteado era listo, y endemoniadamente rápido. Recorrió dos veces el cuerpo de Rydell de arriba a abajo, y finalmente se recostó en el hombro. Recuperando la sonrisa que le caracterizaba, el pelo quedó totalmente alborotado, y Rydell se paso la mano por el flequillo arrastrándolo hacia atrás, peinando así la rubia y corta cabellera que seguía el estándar de moda del lugar, y le hacía parecerse a un jóven noble, con porte caballeresco pero con matices que mostraban aún el paso de chico a adulto.

—Perdona que insista, pero te ruego que te alojes en mi habitación por esta noche.— declaró Rydell, ésta vez de forma sincera— Si el viejo Tob se entera que una dama en apuros ha dormido en el granero y yo en mi propia cama, colgará mi cuerpo en pleno proceso de Rigor Mortis como espantapájaros humano en la próxima siembra.

Él sabía que aquella no era precisamente una dama en apuros, ni siquiera lo aparentaba. De hecho lo más seguro la chica fuese diez veces más competente que él en combate, diez veces más ágil que él y diez veces mas inteligente que él. Y diez veces más que él en muchas cosas más. De todas maneras había sido sincero, el viejo Tobías era granjero, pero un perfecto caballero con las damas, criado y educado a la antigua usanza.

Él mismo prefería evitar llamarse un caballero, ya que veía ambos géneros en igualdad de condiciones. Ambos sexos eran capaces de ser igual de repugnantes y malévolos, y eso lo había experimentado en carne propia.

Hacía pocos años había sido engañado por una mujer, que decía necesitar ayuda, que se le habia roto la rueda del carro. Al llegar a la supuesta zona en la que se encontraba el carro la mujer se giró, y sacó una larga daga del muslo mientras un hombre le agarraba por la espalda.
La mujer lo registró, y al ver el poco dinero que llevaba encima, le hizo varios cortes de forma macabra, mientras el hombre lo tumbaba y golpeaba.
Rydell no recordaba cuánto tiempo estuvo tumbado malherido, solo recordaba que se mantuvo sobreviviendo a duras penas las semanas siguientes.

Tras recordar amargamente el pasado, la cara de Aryanne quedó reflejada en los ojos marrones de Rydell, que en aquel momento, más que dos ojos, parecían dos profundos  abismos conectados a una oscura noche en Fata.
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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Aliethz el Mar Dic 29, 2015 3:12 am

Aryanne se acercó con naturalidad a Rydell, el chico podía pensar que tenía intenciones más oscuras, no obstante el único movimiento que hizo fue el de acercar la mano al pequeño hurón que yacía sobre el hombro de Rydell. Aryanne tenía cierta maña con los animales, aunque no llevara compañía consigo misma pues los consideraba más un estorbo que una ayuda, cuando había sido más joven si que había criado ciertos animales. Acarició con el dedo índice la cabeza del pequeño hurón, éste con gran curiosidad olfateó la mano de Aryanne. El hurón era muy sociable, sin darse cuenta ya estaba revoloteando sobre los hombros de Aryanne, quien sacó de su macuto una pequeña caja ovalada de la cual cogió un pequeño trozo de membrillo.
- Es un encanto.- Le dijo a Rydell mientras le tendía el dulce al hurón. Éste lo cogió y en un pis pas ya estaba comiéndoselo sobre la cabeza de su dueño. - Además, tiene un color precioso.-  

Aryanne cogió su macuto, su armadura y la ropa que todavía estaba húmeda. - En ese caso, esta dama en apuros aceptará tu proposición indecente y puestos a pedir, necesitaría un lugar donde mi armadura pueda secarse, de la ropa ya me encargo yo... Y dado que no estoy en una posada no debería demandar nada más pero considero que con ese talento que te has ganado podrías prepararme un baño de agua caliente.- Después de la cena la perspectiva de Aryanne había cambiado parcialmente. Antes la perspectiva de un buen baño le era indiferente, pero ahora, con el cuerpo caliente y el estómago lleno la sola idea de quitarse el sudor y el olor de encima le habrían una nueva puerta para un mejor descanso.
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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Wardent el Mar Dic 29, 2015 10:33 am

Cuando Fergus y sus compañeros del Reminiscence acabaron de cenar ya era cerca de medianoche. Habían esperado pacientemente, ronda tras ronda, a que cenara la mayoría de la gente para conseguir una mesa de la que no los levantasen con prisas. Mientras les servían los licores para aderezar la noche, varios de los más viciosillos pidieron barajas para apostar unos cobres y otros sacaron sus pipas.

Fergus y su mejor amigo Brath se acercaron con sus vasos a un grupo de tres músicos que habían empezado un juego con la gente, apostando cervezas a cambio de canciones. Al mismo tiempo también jugaban entre ellos, cuando alguno se equivocaba aunque fuese solo una nota tenía que acabarse la jarra de un toque. Muchas veces la gente ni siquiera se daba cuenta de algún fallo, pero los otros dos músicos lo ponían de manifiesto con burlas exageradas y bromas para diversión de todo el mundo. A pesar de todo lo que habían bebido ya, los tres eran portentosos y era rara la vez que desconocían una canción o alguno fallaba al tocarla. Se notaba que habían hecho eso mismo centenares de veces.

Llevaban un rato al lado del corrillo de gente que rodeaba a los músicos riendo y cantando, un poco más allá había gente que también reía y bailaba incluso entre las mesas, cuando Fergus se fijó en una camarera que se había quedado plantada con la bandeja llena en la mano mirando por una ventana. Tendría diez o quince años más que él pero le pareció hermosa y, lejos de sentirse intimidado, se acercó a ella al tiempo que Brath erguía una ceja.

- Hola, ¿se te ha perdido algo ahí fuera? - Dijo sobresaltándola levemente.
- Ehh... no, en realidad no. Solo he visto a alguien que parecía que iba a entrar y se me hacía familiar, pero se marcha y no he podido verle la cara.

Fergus se asomó entonces y miró hacia fuera pero solo consiguió atisbar una alta figura que se alejaba difuminándose en la oscuridad de la calle.

- Seguramente no sabe que tú estás aquí.

La camarera se sonrojó un poco, lo miró con los ojos entrecerrados y una ligerísima sonrisa se dejaba adivinar en su cara, mientras sus pies se giraban para apuntar más en dirección a Fergus. En ese instante, un hombre se levantó un par de mesas más allá y con voz pastosa vociferó:

- ¡Vamos nena! ¡Manda a ese crío a la mierda y tráenos las cervezas que estamos secos! ¿O tengo que quitártelo yo de encima?

Muchas veces éso era todo lo que bastaba para empezar una pelea en un bar, pero los compañeros de Fergus estaban hacia el otro lado y no oyeron el improperio. Fergus simplemente decidió ignoralo, siempre evitaba empezar una pelea y más si se trataba de un borracho.

- Será mejor que acabes de llenar las cubas, cuando rebosen yo aún seguiré en pie, por si te interesa saberlo.

El hombre grosero cogió su jarra y se la lanzó a Fergus con más saña que puntería y a pesar de que no le daría, Fergus aprovechó para acercarse ágilmente a la camarera con ademán de protegerla. La jarra acabó mojando a un grupo de siete curtidos campesinos que estaba medio metro más allá y golpeando a uno de ellos en un hombro. Todo el grupo se giró buscando al culpable que ya se había sentado y trataba de disimular hablando con sus tres igualmente corpulentos amigos. Fergus entonces lo señaló y dijo en voz alta para que él también pudiera oírlo:

- Ha sido él, fijáos, es el único que no tiene jarra.

El grupo de campesinos se dirigía hacia el agresor mientras Fergus le dedicaba una amplia sonrisa y una mirada severa que decía "me las vas a pagar sin que tenga que mover un dedo".

- Quizás te busque cuando acabe de recoger, si todavía no has pescado nada, marinero. - Dijo la camarera.
- Quizás no siga pescando solo por la posibilidad de que eso sea cierto.

Se separaron alargando el cruce de miradas más de lo necesario y Fergus volvió junto a Brath, mientras se empezaban a oír los primeros golpes y gritos propios de una pelea de bar.

- Veo que has mejorado mucho. Esta vez ni siquiera me has mirado para consultar mi opinión. - Dijo Brath pasándole un brazo sobre los hombros con orgullo casi paternal.
- He tenido un buen maestro y algún día el polluelo tiene que atreverse a volar solo. - Contestó Fergus al tiempo que levantaba el vaso para brindar.
-  Y con la chica también lo has hecho muy bien... - Añadió Brath y brindó con él.

Ambos rieron a carcajada limpia y empezaron a bailar al son de la giga que en ese momento acompañaba la pelea, la cual ya se dirigía hacia la puerta y terminaría fuera.


Última edición por Wardent el Jue Dic 31, 2015 11:24 am, editado 2 veces
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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Dinnaeh el Mar Dic 29, 2015 6:15 pm

Una. Dos. Tres. Más sacudidas.

Que puto sueño tengo, joder.

Bostezó.

-¿Ya?

-Sí

Becc se levantó de la cama y comenzó a vestirse.

-¿El Prendido que viene a la misma hora de siempre? -le preguntó mirándole las tetas.

-Tú pagas, tú mandas.

Terminó de vestirse, recogió el dinero de la mesilla y abrió la puerta dispuesta a salir.

-¡Joder!

-¿Qué pasa? -asomó la cabeza- ¡Menuda tormenta!

Becc se cagó en todo.

-No vamos a poder movernos de aquí hasta que pase la tormenta. -declaró molesta.

-Pero mi mujer me esp...

-Estamos lejos del pueblo, y con esta tormenta morirías por el camino antes de llegar, pero tú mismo. -le contestó con indiferencia mientras cerraba la puerta y se sentaba en una silla. Se sirvió vino.

-Pues si vamos a estar un rato más aquí... -la miró intencionadamente.

-¿Te puedes volver a empalmar tan rápido? -le preguntó ella riendo despectivamente.

Se puso rojo.

-Sírveme de ese rabón y cállate. -espetó él mientras se subía los pantalones.

-Como guste el señor -respondió con sarcasmo-. Aquí tiene. -él se sentó frente a ella y le dio un trago a su copa-. Por hablar de algo -empezó ella cansinamente- ¿cómo te hiciste esa cicatriz que tienes en la mano? Me mata la curiosidad. -preguntó.

-Cuando era niño, en un intento de librar a un amigo de un par de latigazos puse la mano, -se rió de sí mismo- no conseguí nada, aparte de la cicatriz -levantó la mano, enseñándola- yo me gané unos azotes y mi amigo no se libró de los latigazos. Toda una proeza.

-Las cicatrices son sexis. -declaró-. Invéntate una historia mejor para esa -la señaló-, y quedarás como todo un macho: una emboscada en un callejón, tres hombres y lo único que consiguieron fue rajarte la mano, o una amante resentida que entró en tu casa dispuesta a cortarte la polla y tu mano lo impidió... Cosas así, incluso puedes ir cambiando la historia de vez en cuando -se encogió de hombros.

-Yo soy un hombre honrado, no me gusta mentir -contestó él cuadrando los hombros y golpeando la copa contra la mesa.

-Bueno, bueno, -se levantó y corrió la cortina, mirando por la ventana- aún nos queda un rato y yo quiero más pasta, ¿cómo te ves?

-Perfectamente -se sirvió otra copa, se la tomó de golpe y se desabrochó el cinturón.

Un hombre honrado, sí, y aquí está, follando con una puta sin que su mujer sepa nada, manda cojones.

Mejor para mí, en realidad, más dinero.
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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Sciacere el Mar Dic 29, 2015 11:16 pm

Festus se largó rápidamente del solitario puente. La tormenta había aligerado un poco, y aprovechó la pequeña suerte de clima y el mapa encontrado para llegar rápidamente a Fwerral. Un kilómetro antes de llegar dió con un lugar poblado por dos granjas, un establo y una pequeña taberna. Sin pensarlo dos veces entró en la taberna, en busca de comida caliente.
Abrió la puerta de madera con algo de parsimonia, quizás lo hizo porque era un viejo prudente y porque sabía que en algunos lugares los forasteros no son bienvenidos; pero realmente fue porque tenía los dedos y manos engarrotados producto de la helada tormenta.
El lugar estaba bien caliente y en la chimenea un caldero de hierro humeaba, lo cual hizo que se relamiera los labios. Oteó el bar, habían solamente tres lugareños bebiendo, y cuando repararon en el viejo pusieron caras de pocos amigos. También estaba el posadero, y una mujer mayor para servir los pedidos.
Se acercó a la barra y deslizó cuatro iotas por la lustrada madera.
Necesito un buen plato de eso que se está cocinando ahí- le dijo al posadero, señalando con la barbilla hacia el caldero.
- ¿Solo eso?- le preguntó.
- Sí, solo eso.
El posadero miró las monedas sobre la mesa
- Pues entonces te sobran dos con cinco.
- No- le dijo mirándolo con sus ojos de lobo- Verás, solo estoy aquí porque mi cuerpo necesita comida caliente. No quiero problemas, si esos tres intentan comenzar alguna riña, quiero que uses tu prerrogativa, y aplaques cualquier cosa que pueda suceder. Si cuando me marche no ha sucedido nada, pues me llevo mi dos con cinco.
El tabernero asintió, y Arbolviejo se sentó dejando una mesa por medio entre él y los lugareños, pero no sin antes darse de cuenta de que ya uno de ellos le clavaba la mirada en la espalda.
La mujer llegó con un enorme cuenco humeante, rebosante de legumbres, patatas, hortalizas, y carne de pato. Arbolviejo dejó que el vaho se colara por las ventanas de su nariz mientras cerraba los ojos. No se apuró en comer, se dió su tiempo para saborear cada cucharada, como si de una vieja amante se tratase.
Cuando estaba casi terminando sintió el inconfundible sonido de una jarra de cerveza estampándose contra la madera de una mesa.
-Eh, vejete- le dijo uno de los lugareños con un tono de voz subido- ¿ De donde vienes los hombres viven tanto?- los otros dos rompieron en carcajadas bulliciosas y forzadas que desentonaban completamente con el silencioso lugar.
Arbolviejo cerró los ojos con la paciencia de alguien que sabe lo que está por suceder. Los volvió a abrir y miró al tabernero.
-Mart, deja al hombre en paz, no quiero problemas aquí- le dijo el tabernero con expresión seria.
Mart se levantó de la mesa y casi se cae de la silla, obviamente estaba ebrio.
-Venga Gulp, solo quiero animar un poco este lugar- dijo Mart mientras caminaba hacia Festus.
Abarcó el espacio que los separaba rápidamente y se sentó justo al frente del viejo calvo. El hacha de Arbolviejo estaba sobre la mesa y Mart miró el arma.
-Esa hacha es muy bonita, creo que la necesito para cortar la leña este invierno. Te la compro, por un drabín de hierro.
Festus ni se inmutó, no movió ni un solo músculo de su cuerpo. Tenía la mirada clavada en Mart.
-No está en venta- los labios de Festus se movieron como si no formaran parte de su rostro, como si fuesen alguna ingeniería mecánica añadida a su curtida cara.
Mart soltó un bufido burlón.
-Anciano, alguien como tú no necesita un hacha como esa, de hecho, alguien como tú no necesita más nada en esta vida, salvo esperar el dulce beso de la madre muerte- la expresión de Mart había cambiado, ahora tenía un tono amenazante- por tu propio bien, dámela, anciano.
El viejo seguía mirándolo, esperando la intervención del posadero que nunca llegó.
Arbolviejo se levantó velozmente de la mesa, y Mart ni siquiera se dió cuenta cuando se llevó el hacha a la mano, mucho menos cuando se la puso al cuello. Los otros dos lugareños se levantaron también, haciendo caer las sillas.
-¿Acaso crees que vas a comer carne blanda conmigo?- Festus estaba inclinado sobre la mesa, parecía mucho más alto de lo que era, y mucho más intimidante. Tenía su rostro a escasos centímetros del de Mart- ¿Acaso crees que soy un bocado fácil? Porque si es así deberías saber que se te romperán los dientes antes de que des tu primera mordida, perro- esto último lo dijo enseñándole los dientes. Y pudo ver el temor llenar por completo las pupilas de Mart.
-¡Basta ya!- dijo finalmente la voz del posadero- Mart, márchate ahora mismo y llévate a los tuyos. Si no lo haces iré Fwerral, y diré a Antony quién le robo el grano y la cebada. También pasaré por donde Argus y le comentaré quien desvirgo a su hija aquella noche, y también haré otras cosas que te obligarán a marcharte de este lugar, para siempre.
El viejo apartó el hacha del cuello de Mart y este se marchó estrepitosamente con sus amigotes. Arbolviejo se volvió a sentar, paciente y silencioso, como el invierno que llegaba. Se terminó el estofado y se dirigió hacia la barra.
Estiró una mano junto a la cara del posadero.
-Dame mis dos con cinco.
-Pero…
-Dámelas- volvió a decir.
Finalmente el posadero entendió, y le dió su dinero. Arbolviejo lo tomó apartando la mirada, indiferente. Y se largó rumbo a Fwerral.
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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Sin Sangre el Miér Dic 30, 2015 9:23 am

Rydell señaló a la chica una pequeña habitación rectangular que tenia una bañera mediana en el centro
—Tendrás que esperar un poco a que caliente el agua.
Acto seguido el chico se movió hasta una caldera llena de agua y empezó a calentarla. Se acercó a la armadura y la colocó a una distancia relativamente corta del fuego, mientras examinaba la curiosa prenda. Aquello, junto a la espada debería costar más de lo que él se había gastado en toda su corta vida.

Con un sonoro bostezo, Rydell se dirigió a Aryanne.
—Ah, y por favor, no hagas mucho ruido, el viejo Tob está dormido y es medio sordo, pero preferiría que no tuviera que despertarse para encontrarse a una chica desnuda a estas horas de la noche —dijo Rydell empezando a sonreír a medida que acababa de hablar— aunque supongo que no le molestaría mucho.

El chico con el hurón en las rodillas y sentado junto al fuego le mostró su mejor sonrisa a Arianne mientras se levantaba e intentaba mover la caldera.

—Échame una mano anda, que esto pesa un quintal
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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Sciacere el Miér Dic 30, 2015 5:52 pm

Finalmente llegó a Fwerral, la tormenta había cesado un poco y faltaban pocas horas para el amanecer. Arbolviejo se quitó la capucha y pasó su mano por su calva perfecta, una vieja costumbre. En el pueblo todo estaba en calma a esas alturas de la noche, las posadas seguramente estarían cerradas y él necesitaba algún lugar donde tirarse un rato. Caminó por una entrecalle con varias casas a los lados, después llegó a una pequeña plaza donde algunos hombres ebrios cantaban canciones alegres y desentonadas. Y en el fondo de la plaza había un establo, justo lo que necesitaba, un lugar donde dormir. Evadió a los borrachos mientras caminaba; a pesar de que parecían inofensivos Arbolviejo pasó entre algunos carromatos y tiendas para no ser visto, ya había tenido suficiente con lo sucedido en aquella pequeña taberna en las afueras del pueblo.
Se coló por la puerta trasera del establo, dentro, todo era calma y silencio. Y Festus se sintió muy agusto, a veces, los animales son la mejor compañía para dormir. Cuando se llega a cierta edad muchas cosas cambian. Arbolviejo encontró varios sacos de arpillera rellenos de heno y paja. Improvisó una cama con ellos en un rincón lo suficientemente oscuro como para que el sol no lo despertara en la mañana. Se acostó mirando hacia el techo, sus ojos color ámbar parecían valiosas joyas, su barba blanca le daba un aspecto de viejo erudito, y su rostro curtido de cicatrices y arrugas le daba un aspecto temible. Cuando cayó en el dulce manto del sueño su respiración cambió, se hizo más pausada. Si alguien lo hubiese visto diría que es un hombre de paz y que nada lo perturba, pero en realidad, nada más lejos de la realidad.
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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Aliethz el Miér Dic 30, 2015 6:31 pm

Aryanne se recogió el cabello para que no le molestara mientras movían la caldera. Era un poco pesada pero entre los dos consiguieron ponerla en su lugar sin esforzarse demasiado, Rydell tenía más fuerza de la que aparentaba para ser un muchacho tan delgado.
   - Descuida, no me gusta llamar la atención, aunque esta noche haya tenido que hacer una excepción, el único que sabrá que he pasado por esta humilde casa serás tu. - La habitación era un poco estrecha pero contaba con una bañera en el centro, un espejo con marco de madera sobre una antigua pila y una estanteria con un par de toallas pulcramente dobladas. La bañera no era muy grande, pero tampoco era pequeña, realmente le sobraría espacio sino se hubiera encaprichado con darse un buen baño. Aryanne sacó de una de sus bolsas un jabón que olía a moras y una muda de ropa limpia para cambiarse.
    -Espero que mañana haga un buen día, a propósito aunque haya aceptado dormir en tu habitación no significa que vaya a hacerlo en tu cama, puedes dormir tu en ella y puedes adelantarte también. No te preocupes lo dejaré todo tal cual estaba, el viejo Tob ni cuenta se dará.- Desconfiado, finalmente Rydell desapareció cerrando la puerta al salir. Aryanne suspiró más tranquila y se relajó los hombros con un breve masaje, sin pensarlo dos veces entró en la bañera con la camisola puesta. El agua templada terminó de relajarle los músculos y mientras se aseaba se permitió vagar por los recónditos lugares de su memoria. Cada día le costaba más recordar su rostro, perdía pequeños detalles que estaba segura que antes sí podía evocar... el color de sus ojos era una de las pocas cosas que permanecían inalteradas. Dejó escapar una fuerte bocanada de aire, cogió la ropa con desgana y se vistió. Como si fuera un ritual comprobó rápidamente lo dañado que estaba su cuerpo, hizo unos rápidos estiramientos y dejó aquella habitación tal y como se la había enseñado Rydell. Encendió una vela y sigilosamente se dirigió a la habitación de éste cerrando la puerta de la misma manera. No sabía si él estaba o no durmiendo, asique con cierta rapidez desenfundó su saco de dormir, apagó la vela y se acostó buscando un descanso no tan merecido.
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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Feren el Miér Dic 30, 2015 10:53 pm

Había pasado casi un día entero desde que había hablado con ese hombre tan extraño en la taberna. Cruzó todo el pueblo, aun con signos de la tormenta aunque mucho más débil mientras evitaba al gentío. Hacía nada que se había puesto el sol y pese a la reciente tormenta y el frío se veía a mucha gente por las calles de aquel pueblo. Cerberus iba vestido exactamente igual que el anterior día, aunque esta vez sí que le sería útil de verdad.
Al llegar al puerto empezó a buscar a un hombre que coincidiera con el cuadro que le había presentado el anterior día. Buscó por todos los rincones del puerto (a los que podía acceder) y tras media hora de búsqueda infructuosa, decidió quedarse en un rincón apartado y sacar su ocarina.
Aquella ocarina había estado con él ya veinte años, desde que tuviera que aprender a valerse por sí mismo. Era el objeto personal que más apreciaba.
Era una ocarina de madera, pequeña y con inscripciones difíciles de identificar a simple vista. Para la edad que tenía estaba en unas bastantes buenas condiciones.

De pronto una melodía débil y triste apareció de la nada. Era una canción que había aprendido hacía ya unos años y junto a su parte vocal se contaba una historia sobre un lobo que perdía a su manada. Se dice que surgió en Atur muchos años atrás y que fue cambiando de versión según el lugar. Él solía tocarla cuando se sentía muy seguro, para volver a la realidad de nuevo.
-¿Eres tú Cerberus?- una voz rompió la canción brúscamente. Cerberus asintió sin dejar de mirar al suelo. Guardó la ocarina y al mirar al hombre vió a un encapuchado de prendas similares a las suyas. Este tenía una espada en su mano, desenvainada.
Para cuando llegó el primer golpe, Cerberus ya estaba detrás del hombre encapuchado, pero aún desarmado. Se agachó rápidamente para agarrar la pierna izquierda del encapuchado y tirarla hacia arriba. El hombre, al ser todo tan rápido, perdió el equilibrio y cayó al suelo. Cerberus desenfundó una daga y apoyó fuertemente su pie izquierdo en su espalda, para que no pudiera levantarse.
-No me gusta que me tiendan trampas. Nunca funcionan -eso todo lo dijo con un tono neutro, sin alterarse.

Antes de decir nada más, oyó unos aplausos que venían de atrás. Giró rápidamente la cabeza y encontró al hombre de la taberna con una sonrisa de lado a lado que andaba hacia él poco a poco.
-Bien, bien. No me esperaba menos del Cerberus que todo el mundo oye hablar.
-Tú- hizo más fuerza en la espalda del hombre y se pudo oír unos leves gemidos de dolor.
-Antes de nada, deja al pobre hombre. Era un enviado mío- agitó las manos como excusándose- para ver si eras apto para este "trabajo".
No era la primera vez que le hacían eso. Y por como iban los tiempos, no sería la última. Cerberus expresó lévemente su molestia.
-No entiendo porqué siempre hacéis eso. Algún día acabaré muerto.
-¡Ah, entonces sabremos que no vales para el trabajo!- el hombre se le acercó y le puso el brazo rodéandole los hombros por detrás.
-Insisto- dijo Cerberus al arrebatarle una daga de la mano libre- no sé si queréis matarme o contratarme.
-De momento contratarte, mi joven amigo- Cerberus sospechó que era sarcasmo, pero lo dejó ir- tengo maravillosos planes para ti, hazme el favor de acompañarme. Hay un antro cerca que no te hacen preguntas ni ponen el oído.

Y así fue cómo empezó el contrato de su vida. Un contrato que le llevaría a muchos lugares y uno que le haría más humano, aunque fuera por el camino incorrecto. Un contrato que por una vez valía su peso en oro, y con intereses.


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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Sin Sangre el Dom Ene 03, 2016 12:02 am

Bajo la ténebre luz que atravesaba las pequeñas ventanas de aquella edificación, Traspié se encontraba en su lugar habitual desde que Rydell y él llegaron a aquella casa. Bajo la cama y entre varias mantas, su amo creó una pequeña madriguera artificial del tamaño de un puño, y eso a Traspié parecía encantarle.

La casa llevaba tranquila varias horas desde que Aryanne se fue a dormir, y Rydell se encontraba agitado con sudores en la cama. En la pesadilla veía como una figura de pelo ceniciento destripaba a su familia mientras su granja ardía hasta los cimientos. Esa pesadilla era ya común en sus noches, y se repetía al menos dos o tres veces a la semana, aunque últimamente se repetía muchísimas veces más, con ligeras diferencias cada vez. En una su madre lloraba mientras la figura decapitaba a su padre y reía de forma macabra. Otra vez veía a su padre que le miraba fijamente y decía con firmeza; ''No hay tiempo'', cuando seguidamente una espada le atravesaba el pecho de forma brutal y descarnada. En otra se veía él mismo atravesando la granja mientras observaba los cadáveres desgarrados de su familia clavados a la pared y mientras un cuervo picoteaba y le arrancaba los ojos a su difunta madre. La peor de todas había sido la que entraba en la granja completamente vacía y al abrir el granero un anciano sin globos oculares se acercaba a él lentamente y decía 'Perdiste tu oportunidad', mientras le dirigía la sonrisa más macabra que una persona pudiera imaginarse.

Sus párpados de abrieron de repente y se fijaron en el oscuro techo de madera. Rydell se incorporó al borde de la cama y se limpió el sudor frío que recorría su frente. Mientras, a unos metros de él dormía profundamente Aryanne sin hacer el más mínimo ruido. Con mucho cuidado para no despertar a la chica, abrió el pequeño arcón donde se encontraban sus escasas pertenencias y sacó la pequeña piedra imán. Con la curiosa pieza en mano, salió del cuarto y se sentó en una vieja silla apoyada cerca de la ventana.

La piedra imán la había conseguido varios años atrás cuando un agradecido calderero se la ofreció a cambio de la ayuda que éste le brindó al salvar a la burra que viajaba con el hombre. El descuidado animal se había envenenado al ingerir algo que el calderero desconocía, pero Rydell lo supo de inmediato. Rododendro. Cuando vivía en la granja un par de yeguas fallecieron hasta que se dieron cuenta de la causa de la muerte. Los animales padecían de fuertes vómitos, frecuentes mareos junto a una desorientación leve, desequilibrio y problemas respiratorios. Junto a los establos se encontraba aquella dichosa planta y los animales habían consumido ya una cantidad considerable. Para cuando supieron la causa fue demasiado tarde. El remedio más fácil para la intoxicación de rododendro ees el uso moderado de la atropina, que podía ser extraída de la belladona. La ingesta moderada y muy controlada al día de hojas de belladona o polvo concentrado de ella en poca cantidad podía contrarrestar la acción del veneno. Irónico que uno de los venenos más usados en la historia sirva como medicina, pero la naturaleza funciona así y el conocimiento de las plantas permitía curar diversos males y envenenamientos. Tras preguntarle al calderero si disponía de belladona, afirmó que tenía un botecito de plantas diversas entre la que se encontraba la belladona.
Rydell permaneció con el calderero varios días mientras veía como la burrita iba sanando poco a poco con la ingesta en cantidad correcta de belladona. Al despedirse, el agradecido calderero le ofreció aquella curiosa piedra que atraía metales y afirmaba que era tremendamente valiosa. Él no sabía si el calderero le estaba tomando el pelo, pero aún así se despidió relativamente contento, pues los días que había pasado junto a aquel mercader presente en los cuentos había comido decentemente, y no había tenido que pasar el hambre que solía acompañarle la mayoría del tiempo.

Una vez más y con la mirada perdida, podía verse como el chico se perdía en sus recuerdos.

Tras mirar por la ventana, el fuerte vendaval que aún asolaba aquellas tierras, el joven chico se dirigió de nuevo a su habitación. Últimamente las cosas le iban bastante mejor y hacía tiempo que no pasaba hambre. Su habilidad para negociar había mejorado aquellos meses y parecía que la suerte le acompañaba, eso era innegable, aunque seguía siendo un pobre desgraciado que no tenía donde caerse muerto en caso de verdadera necesidad. Tobías era buen hombre, pero aún no lo conocía suficiente, y el trato que había hecho con él solo duraría algunos meses. Al menos le esperaban algunos meses de estabilidad. Con paso lento, Rydell volvió a su cama y se arrebujó en varias mantas con intención de dormir el resto de la noche.
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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Títere el Mar Feb 09, 2016 1:03 am


Arnold Hemingway, alcalde de Fwerral, despertó en una mullida cama, junto a una mujer que no era su mujer, y apestando a vino y sudor.
Se incorporó rascándose la espalda y bostezando, mientras miraba de reojo a la chimenea. Las brasas aún seguían candentes, y aunque Arnold no llevase ropa puesta, se encontraba bastante cómodo. La casa era una construcción antigua, de vigas de madera vieja y paredes de piedra sólida. El frío que acechaba en el exterior no tenía por donde colarse, y la leña que ardía en la enorme estufa ayudaba a mantenerlo a raya.
Era un lugar cálido y acogedor que Arnold usaba desde hacía dos años como lugar de encuentro con Janet, una concubina pelirroja que trabajaba en La Perla de Oro. Era una chica bonita, de grandes senos y piel de porcelana. Sus hombres le hablaron de ella, y a la semana ya se había convertido en su favorita y con diferencia. La joven tenía lengua de acero y manos de oro, sabía cómo moverse y tenía carácter.
Todo lo contrario a su mujer, cuya única virtud era estar siempre de mal humor y obcecarse en hacerle la contra en el ayuntamiento. Arnold supo desde el principio que admitirla en el Cónclave era un gran error, pero ese idiota de Rellie logró convencerle. Menudo estúpido.
Mientras se rascaba el trasero, llegó hasta su ropa. Estuvo a un tris de ponérsela, pero recordó que no tenía nada que hacer hasta el Pregón de Mediodía, así que soltó las polainas mientras miraba con lujuria a la chica. Pero antes de agarrarla por un tobillo y voltearla, para que estuviese en una posición más favorable, recordó con el mal humor que se levantaba Janet si la despertaban, así que en vez de eso se acercó a la ventana del dormitorio y la abrió, para que la luz hiciese levantarse a la chica.
Desde su privilegiada ubicación en la falda de la montaña, pudo contemplar todo el valle. La nieve lo había cubierto todo, desde casas hasta caminos, pasando por campos y bosques de abetos. Arnold no era muy sensiblero con respecto a esas cosas, pero podría decir que era una vista preciosa. Todo era blanco, y ayudaba a olvidar por unos momentos todos los líos y pleitos que se cocían en el Ayuntamiento, todas las discusiones con su mujer, todas las tiranteces con la Junta de Mercaderes, y toda la indiferencia con la que le trataba su hija Edurne. La joven no llevaba muy bien todas las habladurías sobre la infidelidad de su padre que correteaban por ahí, y el que pasase más de la mitad de las noches durmiendo fuera no ayudaba a desmentir ese hecho. Por eso Arnold había movido algunos hilos, y había conseguido que ese año la nombrasen Reina de las Fiestas, además de dejar de visitar a Janet durante semana y media. Durante esos días, pudo ver a su hija dar vueltas por la casa eligiendo el vestido que se iba a poner, e incluso había recibido un abrazo de su parte. Su mujer, Melissa, tocó el piano una noche, y los tres se reunieron junto al fuego para cantar viejas canciones que recordaban tiempos grandes.
Pero el día antes de la tormenta se cruzó de nuevo con Janet en la plaza, y una sola mirada de esta bastó para que esa misma noche ya volviese a dormir en la pequeña casa del bosque.
Su mujer había vuelto a hacerle la contra en las reuniones del Cónclave, y Edurne guardaba silencio de nuevo cada vez que le veía.
Arnold fue hacia la mesilla y se sirvió vino. Como odiaba esa vida. Al principio las cosas fueron bien, pero poco a poco y sin darse cuenta se había granjeado el desprecio de todos. Solo le quedaba Janet, la única que no le mentía, y sus hombres, doce aguerridos mercenarios que no hablaban de él a sus espaldas. O eso intentaba pensar Arnold.
Se vistió. Ya no estaba de humor.
Miró la taza de barro cocido, y la volvió a llenar. Después se acercó de nuevo a la ventana.
El Río Grande se había helado. El frío de la noche anterior no habían sido imaginaciones suyas. Ni tampoco el viento. El cercado que rodeaba la pequeña cabaña se había caído, al igual que un enorme abeto que decoraba la entrada. El árbol había estado a punto de aplastar el establo en el que guardaba a los caballos. O de caer contra una pared y dejarlos escapar. No sabía que era peor, el sólo pensar en volver andando hasta Fwerral, con ese viento cortante y esa capa de nieve que le cubría hasta la cintura le daba escalofríos.
Una voz interrumpió sus pensamientos. Era Janet, que ya estaba despierta.
-Mmm, que bien huele -dijo.- ¿Eso que tomas es café?
Arnold la miró, y luego miró su taza.
-No. Es vino.
-¿No hay café? -preguntó con tono zalamero.- ¿Ni chocolate?
-No, no hay ni café ni chocolate -Arnold volvió a mirar a la ventana. Pensándolo bien, sí que le apetecía una buena taza de chocolate caliente. Tendría que decirle a Mike que trajera.
-Una pena… -la chica se estiró en la cama como si fuera un gato.
Arnold la ignoró. Se concentró en los puestos que ya empezaban a montar en la plaza. Desde allí se veían minúsculos, eran como pequeñas flores de colores.
-¿Te vas? -le dijo ella. Él se giró para mirarla.- Tienes la ropa puesta. Eso es raro -señaló.
Arnold se miró a sí mismo, y luego la miró a ella, que estaba desnuda como un recién nacido. La verdad es que si era raro. No solía vestirse.
-No. No, no me voy... Tenía un poco de frío.
-Ah -la chica se incorporó para desperezarse.
-Tu también deberías vestirte. Te resfriaras.
-No me apetece -Janet se acercó hasta él.- Y qué pasa, ¿ahora eres mi madre?
Arnold no respondió.
La joven le agarró por la espalda, acercándose a su oído.
-¿Porque no vienes y te tumbas un rato?
Arnold la ignoró.
La chica resopló y se sentó en la cama, mientras se calzaba las medias.
-¿Ya te sientes de nuevo culpable por lo tu mujer? ¿Que espera, que porque ella se pase media vida enferma tu tengas que pasarte media vida de celibato?
-Calla.
-¿O es que te molesta que te llamen infiel? Eso es una gilipollez, en este pueblo no hay ni un solo santo, ni siquiera el padre Miguel. Lo que les pasa es que les das envidia, todos quieren acostarse conmigo, pero como no tienen dinero suficiente tienen que conformarse con las sucias rameras de La Espita, que a la mínima te cortaran el cuello si ven que tu bolsa abulta más de lo normal -Janet terminó de vestirse, y se levantó para servirse una copa de vino.- Son todas unas guarras -la chica la llenó hasta el borde y volvió a sentarse en la cama.- Por cierto, el otro día Veronicca me dijo que vió a una mujer encapuchada entrar en la casa de Matalobos por la noche. Iba acompañada de Jacqueline, la chica que tenéis vosotros para haceros las coladas. A lo mejor era tu mujer -pegó un sorbo a la copa de vino, mientras le miraba de reojo.- Muchas dicen que se está tirando a Matalobos.
Arnold se giró, y de dos zancadas llegó hasta la cama. De un manotazo, tiró a Janet al suelo, que cayó con un grito, mientras la copa se hacía añicos derramando el vino por la estancia.
-Nadie habla así de mi mujer. Y menos una guarra como tú -Arnold sospechaba que Melissa y Rellie “Matalobos”, su competencia directa en el Cónclave, se veían por la noche, pero escuchar a Janet decirlo de esa manera le había dolido. Podía soportar hasta un punto que le llamasen a él infiel, pero escuchar eso sobre Melissa ya era demasiado. Al fin y al cabo era su esposa.
Janet se incorporó lentamente, apoyándose en el armario. Tenía un poco de sangre en la mano, se debía haber clavado algunos cristales. Y un feo moretón empezaba a formarse en su mejilla. Lo luciría durante un tiempo.
-Maldito cerdo… -dijo entre dientes.- No eres más que un gordo impo…
Arnold iba a mandarla callar, pero escuchó un grito proveniente desde fuera.
-Cámbiate -la dijo.- Te has manchado de vino.
Abrió la puerta y salió al exterior. Allí estaba Mike, un viejo soldado con voz ronca y pelo plateado. Iba andando hacia ellos, con unas raquetas de madera en los pies para no hundirse en la nieve.
Debía haberse hecho todo el camino desde Fwerral andando. A ese paso, seguramente habría salido antes del amanecer.
-¡Mike! -gritó.- ¡¿Qué coño haces?!
-¡Señor! ¡Mi caballo se ha roto una pata al cruzar el Puente del Sauce! ¡Josn y Tobías se han quedado allí reparándolo y cuidando las monturas! ¡Tengo también raquetas para usted! ¡Rápido, debemos ir al pueblo! Josn vendrá cuando se derrita la nieve a buscar a Janet.
-¡¿Qué mierda dices Mike?! ¡¿Qué ha pasado?!
-Señor… -Mike terminó de recorrer el trayecto que quedaba hasta el viejo porche de madera. Se tiró al suelo mientras recuperaba el aliento, y le tendió unas raquetas de nieve.- Señor… Es su hija… Edurne… No, no está… No la encontramos por ninguna parte. La puerta de las cocinas está forzada, como la de su habitación. Todas las sábanas están revueltas. Lo siento señor. Edurne ha desaparecido.



Fwerral:
Calle Principal:

Escribano:
Gaël Galoway, el escribano del pueblo, es un hombre serio y de piel cenicienta. Su local es una pequeña casa ubicada entre dos tabernas, donde se encarga de transcribir los testamentos de las gentes del pueblo y redactar y leer cartas para los ignorantes. A parte de eso, es un apasionado de la cartografía, y vende mapas a carboncillo o a tinta de Fwerral o de cualquier pueblo que esté en la región. Y hace unos estupendos retratos.

Mapa dibujado con carboncillo - Una iota y dos drabines.
Mapa dibujado con tinta - Tres iotas.
Tinta - Una iota y nueve drabines.
Pluma - Tres iotas y dos drabines.
Papel - Tres drabines.
Retrato - Cuatro iotas.
Posada "El Martín Pescador":
La posada El Martín Pescador es la más afamada de toda Fwerral. Desde todas partes del mundo acuden gentes para pobrar su estupendo asado de pato con piñones, y los mercaderes y los mas adinerados de dudan en hacer noche ahí. Disponen de varias habitaciones individuales, otras tantas dobles, y tres estupendas suites con salón, baño, habitación, y una sirvienta a tu disposición.

Cuenco de estofado - Ocho drabines.
Tabla de quesos - Una iota y cuatro drabines.
Crema de espárragos - Seis drabines.
Asado de pato con piñones - Tres iotas y dos drabines.
Taza de chocolate caliente - Una iota.

Habitación individual - Tres iotas.
Habitación doble - Siete iotas.
Suite - Tres talentos y cuatro iotas.
Passiflora:
El Passiflora es un local que sólo abre por las noches, sólo deja entrar a los adultos, y sólo si van bien vestidos. Allí las copas cuestan tres veces más de lo normal, pero hay música y partidas de cartas en todos los rincones. Además, puedes acercarte a una de las chicas y pedirla que te acompañe a una habitación. Lo hará de buen grado, y cuando termine contigo no podrás ni tenerte en pie.

Habitación con acompañante - Dos talentos.
Habitación con dos acompañantes - Tres talentos y cuatro iotas.
Habitación más baño - Dos talentos y cinco iotas.
Prestamista:
Hansen Igretel es el prestamista del pueblo. Ofrece préstamos a cualquiera a unos interéses razonables, y además vende y empeña todo tipo de artículos. Puedes pedirle lo que quieras, en menos de medio día lo tendrá disponible. Y dicen las malas lenguas que si sabes hablar bien, puede venderte incluso objetos que no vean con buenos ojos los jueces de Atur.

Objeto - ???
Casa de baños:
La casa de baños de Fwerral es un edificio grande con paredes blancas y ventanas de cristales azules. Pueden entrar hombres mujeres y niños, sean de la clase que sean. Mientras tengas dinero, ellos te darán una tina con agua caliente, una pastilla de jabón y una toalla.

Baño con agua fría - Dos drabines
Baño con agua caliente - Seis drabines
Sauna - Una iota y dos drabines
Pastilla de jabón - Tres drabines

Plaza:

Calderero:
Es calderero, es curtidor.

Navaja de afeitar - Una iota y ocho drabines.
Cuchillo - Ocho drabines.
Cuerda - Una iota y seis drabines.
Cuerda trenzada - Cuatro iotas y ocho drabines.
Manta - Seis drabines.
Capa - Ocho drabines.
Cuerno - Cuatro iotas.
Macuto - Una iota y cinco drabines.
Botas - Dos iotas.
Laúd - Dos talentos y tres iotas.
Cuerdas de laúd - Seis drabines.
Puesto de manzanas asadas:
La vieja Grenda vende manzanas asadas desde que era un chiquilla. Y si no lo sabes, se encargará de que lo sepas.

Manzana asada - Tres drabines
Puesto de aperos:
En este peculiar puesto venden todo lo necesario para vivir del campo.

Hacha para madera - Cuatro iotas.
Caña de pescar - Tres iotas y dos drabines.
Azada - Una iota y dos drabines.
Pico - Dos iotas y ocho drabines.
Corral de caballos:
Todos los años, en la fiesta del Solsticio, montan el corral, en el que todo el mundo puede vender y comprar distintos tipos de bestias

Caballo de tiro - Siete talentos.
Burro - Cuatro talentos.  
Yegua castaña - Trece talentos.
Yegua pinta - Dieciséis talentos.
Caballo negro - Veintiún talentos.

Saco de forraje - Cuatro drabines.
Saco de grano - Ocho drabines.
Kevin Jod:
¿Te gusta la caza? Habla con Kevin Jod.

Daga - Una iota y siete drabines.
Arco de caza - Un talento y dos iotas.
Arco largo - Tres talentos y tres iotas.
Botas - Cuatro iotas y dos drabines.
Pantalon - Dos iotas y ocho drabines.
Flecha - Dos drabines.
Herrero:
En realidad Marcus no es herrero, solo mercader. Pero vende buenas espadas.

Espada corta a una mano - Siete iotas.
Escramasajón corto - Nueve iotas.
Bracamarte - Un talento, cuatro iotas y cuatro drabines.
Escramasajón largo - Un talento y cinco iotas.
Espada bastarda - Un talento y seis iotas.
Espada larga del este - Un talento y nueve iotas.
Espada mano y media - Dos talentos y tres iotas.
Sable - Dos talentos y seis iotas.
Espada mano y media pesada - Dos talentos y seis iotas.
Espada mercenario - Dos talentos, nueve iotas y nueve drabines.
Sable a dos manos - Tres talentos y tres iotas.
Espadón - Tres talentos y cuatro iotas.
Claymore - Tres talentos y seis iotas.
Espada montante - Cuatro talentos y ocho drabines.
Espada ceáldica - Ocho talentos.
Curtidor:
Él no es calderero, pero sí curtidor.

Peto cuero - Seis talentos.
Odre - Cuatro drabines.
Pellejo - Dos iotas.
Riñonera - Ocho drabines.
Alforjas - Tres talentos y dos iotas.
Pantalones de cuero - Tres iotas y seis drabines.
Hostal "El Poney Pisador":
El Gordo Dunstey es el dueño de este local. Sirve cerveza fría, comida barata, y habitaciones sin pulgas. El local carece de lujos, pero es lo mejor que podrás encontrar por esos precios. Y si te gustan las buenas historias, siéntate junto a la chimenea. Todos las noches llega algún viajero dispuesto a contar sus hazañas.
Además, por solo cinco drabines, sirve unos desayunos excelentes: Un plato de huevos calientes, una loncha de jamón, pan blando recién hecho, mucha miel, mucha mantequilla, y un vaso de leche recién ordeñada. Eso sí, te costará encontrar donde sentarte.

Desayuno - Cinco drabines.

Habitación individual - Una iota.
Habitación doble - Dos iotas y ocho drabines.

Callejones:

Taberna "La Arisca Aulaga":
La Arisca Aulaga es una buena taberna, un poco sucia, pero acogedora. Todas las tardes se llena de campesinos que van allí a por su ración de guiso, y por las noches se llena de borrachos y viajeros que amenizan la velada con sus gritos, canciones, y alguna que otra buena pelea.
Aunque más te vale tener bien a mano tu bolsa. Será acogedora, pero al fin y al cabo es una taberna.

Pan moreno - Un drabín.
Cuenco de estofado - Seis drabines.
Guiso de cordero - Cuatro drabines.
Manzanas rojas - Dos drabines.
Hogaza - Tres drabines.
Queso curado - Ocho drabines.
Salchichón - Seis drabines.
Bota de vino - Una iota y dos drabines.
Ración de tarta de manzana - Cuatro drabines.
La Espita:
En La Espita puede entrar quien quiera, tenga la edad que tenga, y vaya como vaya vestido. Por un módico precio, las chicas que trabajan allí te harán un trabajito, pero no esperes mucho, tendrás suerte si las escuchas articular algo que no sea un bostezo. Pero mira el lado bueno, al menos se duchan después de cada cliente.
Si sabes con quién hablar podrás apostar en las peleas de perros, conseguir un poco de resina a cambio de una buena cantidad de dinero, o contratar un matón. Si buscas lo peor de la civilización, sin duda lo encontrarás en La Espita.

Sala Común - Dos iotas.
Habitación individual - Seis iotas.
Habitación con bañera - Ocho iotas.


-...el primer borrador lo escribes con el corazón, el segundo, con la mente.-
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Hoja de Personaje
Nombre: Hans Boggart
Sexo: Hombre
Edad: 28

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