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Tales of Temerant

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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Aliethz el Mar Feb 09, 2016 9:28 pm

Aryanne se despertó cuando el sol comenzaba a despuntar en la mañana. Rápida pero silenciosa, Aryanne recogió su saco de dormir, lo guardó dentro de su macuto y entró en el baño poniendo especial atención al silencio que la rodeaba.
El espejo reflejaba un rostro cansado y ojeroso, hacía una semana al menos que no pasaba por una posada en la cual descansar debidamente. Perdida en sus sentimientos
se recogió el pelo en una cola de caballo, sus movimientos eran mecánicos como los de un muñeco roto. Volvió a mirarse fijamente frente al espejo, una inclinada cicatriz plateada atravesada el puente de su nariz acentuando su tosca cara. Sonrió melancólicamente al recordarlo.Ahora se había acostumbrado tanto a ella que le parecía hasta bonita,incluso parecía que guardara su magia bajo aquella herida.

Aryanne descendió desde los cielos y pisó la tierra dura y seca. Se vistió con la armadura y se colocó la espada en el cinto. Ahora ya volvía a sentirse segura. La búsqueda tenía que continuar. Salió por la misma puerta por la que entró cuando Rydell en su inocencia le dejó pasar, porque no era una aprovechada o quizá porque no sentía esa necesidad de dinero en la bolsa, pero poco le habría costado robar alguna que otra cosa de interés.

Nada más salir, un fuerte frío recorrió su cuerpo, sobretodo las manos. Las calles estaban nevadas, los pies se hundían bajo ésta y costaba caminar. No había sido una ventisca normal, eso podía asegurarlo hasta un necio. Como todavía era temprano
no esperaba encontrar al herrero del pueblo, necesitaba hablar con él de negocios, tal vez, llegaría a un acuerdo. Así pues con la mente aun embotada por el sueño se dirigió a la calle principal a buscar una posada donde engullir un buen desayuno. A pesar de no conocer el pueblo no le costó encontrarla. La posada “El Martín Pescador” ya estaba abierta y por un momento pensó en pasarla de largo. Quería conocer un poco antes el lugar donde pensaba quedarse hasta que pasara aquel frío arrollador, no obstante sus manos y su nariz empapadas de escarcha ganaron aquel pulso. Aryanne entró en la posada, todavía estaba vacía, era muy temprano y lo único que se oía eran unas voces que provenían de la cocina. Los posaderos ya estaban preparando el desayuno. Aryanne se sentó en la barra y esperó a que un señor de apariencia no tan joven saliera a darle la bienvenida.

-Buenos días- Saludó jovialmente el posadero. -No es habitual tener clientes tan pronto, o has dormido en la calle o acabas de llegar aquí, ¡Y con el mal tiempo que hace!- Roënt rio con voz ronca y tosió. - Disculpa, disculpa, ¿en qué puedo ayudarte?
Aryanne se sintió un poco abrumada pero enseguida recuperó la compostura.
-Me gustaría tomar un desayuno ni demasiado ligero, ni demasiado pesado, me conformaría con unas tostadas bien calientes acompañadas de mermelada y mantequilla. ¿Podría ser algo así? - Mientras lo preguntaba deseaba que éste no fuera demasiado caro, desperdició un precioso talento la noche anterior.
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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Títere el Miér Feb 10, 2016 8:54 pm

Cuando Alphonse entró al Martin Pescador, como todas las mañanas, encontró una atmósfera extrañamente relajada. No había charlas, ni entrechochar de vasos, ni ruido de gente comiendo. Probablemente se debería a que el local estaba casi vacío, solo había un par de personas desayunando, pero también podría deberse a la mercenaria que estaba tomando unas tostadas con mermelada en la barra. Todos la miraban de reojo, desentonaba en el local, tan limpio y elegante, pues iba ataviado con una armadura de metal, con algunos arañazos, peinada con coleta, y para colmo iba armada. Aunque lo más sorprendente era la cicatriz que surcaba su cara, la daba un aspecto realmente amenazador.
Alphonse se sentó en su mesa de siempre, mientras le hacía una señal a Roënt indicándole que le sirviera lo mismo de todas las mañanas. No dejaba de mirar a la chica. Le intrigaba. Su cara le recordaba algo.
Se rascó la perilla blanca, fruto de la edad. Las arrugas ya empezaban a enmarcar su rostro, y las canas hacía tiempo que habían desplazado al castaño de su pelo. No podía quedarse así, tenía que preguntarla o se moriría de curiosidad.
Se levantó, y mientras caminaba hacia la chica, se acordó:
-Perdona -la dijo. La joven se giró, fijando en él una mirada violeta- Siento interrumpir tu desayuno, pero... ¿Te llamas Arya? ¿De apellido Nerule?


-...el primer borrador lo escribes con el corazón, el segundo, con la mente.-
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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Aliethz el Jue Feb 11, 2016 3:17 am

Aryanne estaba disfrutando de un agradable desayuno, después de las sobras del día anterior nada le había parecido más apetitoso  que aquellas tostadas y es que cuando uno pasa tanto tiempo fuera de su hogar sin nada que poder llevarse a la boca, cualquier cosa, por simple que sea termina siendo de gran gusto. Echaba de menos su casa, pero más la echaba en falta a ella.
Con una tostada en la mano, terminaba de untar la última porción de mantequilla, Roënt había sido muy generoso. Dejó el cuchillo en el plato con intención de terminar su desayuno, no obstante antes de que esto pudiera ocurrir se atragantó.

-Perdona, ¿te llamas Arya? ¿de apellido Nerule?

Hacía muchísimos años que no lla conocía nadie por ese nombre, exactamente desde que salió del orfanato a los seis años. Le pareció irreal, una ilusión, pues prácticamente nadie conocía su verdadero nombre, aunque considerara que ya no era la misma Arya que entonces.

-¿Quién lo pregunta?- Era un hombre de mediana edad quien le había preguntado. Su cabello entrecano le hacía parecer más mayor de lo que era y unos surcos que podían llamarse prácticamente arrugas asomaban ya en su rostro. Debía rozar la cuarentena.
La desconfianza se reflejaba en el rostro de Aryanne aunque poco a poco y lentamente volvía a recobrar su estado imperturbable. Sin apartar la vista de la cara del aparentemente buen señor hizo rápidamente una lista de aquellos que sabían su identidad: el maestro, quien yacía muerto desde hace años, Earthen, a quien buscaba y quien dudaba que fuera pregonando alegremente su nombre, la madre del orfanato, a quien odiaba casi tanto como a sus padres y finalmente, sus padres, dos personas desconocidas y que la abandonaron en las puertas de un monasterio cuando todavía usaba pañales.
¿Quién era aquel hombre que supuestamente la había reconocido?
No quería responder aabiertamente, pero era evidente a los ojos de éste señor que ella si era Arya Nerule.
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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Wardent el Jue Feb 11, 2016 12:54 pm

Apenas se escuchaba un leve murmullo en la planta de abajo al abrir la puerta de la habitación, pero Fergus pudo distinguir el aroma del pan recién horneado subiendo por las escaleras e inundando el pasillo del primer piso de la posada. Conforme iba bajando las escaleras, los sonidos de cafeteras y pucheros junto a las conversaciones en voz baja que salían de la cocina iban tomando forma, pues aún era muy temprano y todos los huéspedes continuaban durmiendo en sus habitaciones.

Tenía unas ojeras considerables, frío y cara de cansado, debido a que esa noche había dormido más bien poco, pero el estómago le pedía algo sólido y caliente de forma incontenible y no le quedó más remedio que bajar a desayunar temprano. En la barra solo estaba el panadero que se tomaba un merecido chocolate caliente luego de dejar su mercancía, ya que había trabajado casi toda la noche sin parar y aún tenía que seguir repartiendo.

- Buenos días. - Saludó Fergus al hombre que soplaba su taza humeante.
- Buenos, mejores que ayer, según parece. Hace frío pero el viento ha cesado bastante. - Contestó amablemente el panadero mientras le miraba de arriba a abajo. - Aunque parece que para ti lo más duro ha sido la noche.
- Desde luego, si todas fueran como ésta envejecería en la mitad de tiempo. - Sonrió costosamente.

El dueño de la posada salió de la cocina al oír hablar y al ver a Fergus su alegre semblante se tornó un poco más serio. Se acercó para atenderle con una actitud excesivamente servil, incluso un poco nerviosa, pero sin darle la menor importancia Fergus le pidió un café bien cargado, unas rebanadas de pan con mantequilla y un par de mandarinas, que eran muy buenas en aquella época del año. Mientras le preparaba el desayuno, los tres empezaron a hablar sobre la fiesta de ese día y el posadero fue relajándose a lo largo de la conversación. Fergus aprovechó para pedir recomendaciones sobre algún comerciante, pues tenía pensado ir al mercado para renovar alguna prenda de ropa que tenía muy gastada y quizás comprar alguna herramienta.

Continuaron con la charla un buen rato y de la cocina empezaban a salir otros olores más elaborados: tarta de manzana, empanada, jamón cocido, habas con tocino... solo con aspirar aquellos aromas salía uno alimentado. La luz del día iba aumentando poco a poco, pero a esa hora se notaba mucho la diferencia y al rato ya no eran necesarias las lámparas para ver perfectamente. Otros huéspedes empezaron a bajar también para desayunar, entre ellos alguno de los compañeros más mayores de Fergus que estaban acostumbrados a madrugar y no estiraban demasiado la noche.

- Vaya, vaya... ¿aún sigues aquí, Fergus? - Preguntó socarronamente el contramaestre Garret.
- Por supuesto, alguien tenía que vigilar la barra hasta que tú volvieras. - Le guiñó un ojo y se dieron un apretón de manos.- Pensaba ir a dar una vuelta por el mercado a comprar algunas cosas dentro de un rato, antes de que haya demasiado ajetreo, si os apetece venir espero tranquilamente a que desayunéis.
- ¿Para qué quieres ir al mercado con tres carcamales que te doblan o triplican la edad, muchacho? - Inquirió Garret.
- No me digas éso, sabéis de sobra que siempre he apreciado vuestra compañía y consejo.
- ¡Jajaja! Pues claro, pero me da en la nariz que tú estás tramando algo...
- Puede... ¿y en tal caso preferirías quedarte con las ganas de saber de qué se trata?
- ¡Por las barbas de Tehlu! - Exaltó mirando a los otros. - Sabes encontrar la fibra de cada uno, ¿eh? - Fergus sonrió ampliamente cuando sus compañeros lo miraron divertidos. - ¡Sea pues! Yo al menos te acompaño.
- Me alegra oírlo, mientras dais cuenta de vuestra gusa voy a por mi macuto. Buen provecho. - Y mirando al panadero, que había acabado su chocolate, añadió: - Que tengas un buen día.
- Igualmente. - Contestó éste.

Fergus subió las escaleras con mucha más energía que al bajar, pues el desayuno le había despejado y calentado la sangre, y se dirigió a su habitación para recoger algunas de sus cosas. Vació su pequeño macuto y seleccionó su ropa más gruesa, aparte de la que llevaba puesta, que básicamente consistía en una camisa blanca de franela y otra de lino sin botones, un jersey de cuello alto marrón oscuro de lana, unos pantalones de pana color crema, dos pares de calcetines de lana gruesos y dos calzones de algodón. Tenía además un gorro de lana y unos guantes no demasiado gruesos de piel con forro de borreguillo que se notaba que ya tenían mucho uso, se vistió ambas cosas; las mejores botas que tenía ya las llevaba puestas y eran bastante buenas a pesar de estar notablemente gastadas. Con el resto de la ropa, que no era mucha pero estaba limpia, hizo un atado y lo metió en el macuto, junto con unos zapatos náuticos. También tenía una raída capa marrón oscuro con capucha, que metió en el macuto por si tenía ocasión de cambiarla por una más nueva. Dejó en la habitación, además de la ropa de abrigo, un trozo de cuerda delgada que siempre llevaba consigo, la pequeña y pulida piedra de afilar, un pedernal, un catalejo viejo que guardaba de recuerdo y alguna otra cosita interesante que tenía. También encontró una pequeña caja de anzuelos y plomos que no recordaba haber bajado del barco, pero allí estaba, así que la metió en el macuto y bajó a reunirse con los demás, cerrando la habitación con llave.

Garret, Johan y Mabi estaban acabando un opíparo desayuno y el panadero se había ido. Se habían juntado bastantes huéspedes en el rato que Fergus estuvo arriba y en la posada empezaba a surgir el bullicio habitual en los días de fiesta. Tan pronto como los cuatro estuvieron listos salieron por la puerta y se dirigieron a la plaza donde los puestos del mercado estaban ya montados y listos para atender a sus clientes, pero a aquella hora aún no había mucha gente por la calle, pues seguía haciendo bastante frío.

- ¿Cómo es que no has esperado por Brath? - Preguntó Mabi.
- Oh, ya vendré después a buscarle, ya sabes que tras una noche de fiesta agradece dormir hasta tarde y como ayer nos acostamos a altas horas calculo que se levantará poco antes de comer.
- Bueno, ¿y qué es éso que quieres hacer? - Inquirió Garret con palpable curiosidad.
- Por lo de pronto voy a vender algo de ropa y luego comprar otra nueva, según me han dicho hay un prestamista en la calle principal y un calderero en la plaza. Además aprovecharé para pasar por un puesto de artículos de caza y por la herrería para ver si encuentro una daga a buen precio y luego curiosear el resto del mercado. - Hizo una pequeña pausa. - Tú te criaste en una zona de montaña, ¿no, Garret? - Preguntó Fergus cambiando de tema mientras andaban.
- Efectivamente, no por aquí cerca desde luego, pero en una zona similar y bastante fría también.
- Supongo que todo en este sitio te tiene que traer muchos recuerdos, a veces me pregunto cómo sería vivir en un sitio así. - Fergus lanzó el comentario con intencionada despreocupación, pues sabía que a Garret le encantaba contar anécdotas, recordar tiempos pasados y si podía añadir algún consejo o lección se crecía dos palmos. - Moverse por la montaña debe de ser muy duro.
- Pues verás, muchacho, como todo es acostumbrarse y al final no es para tanto, cada problema tiene su solución y cada entorno sus peligros. La clave está en conocerlos y conocerse a uno mismo, por ejemplo...

Y así comenzó lo que sería una larga conversación sobre los peligros que se pueden encontrar en la montaña, cuales eran las mejores precauciones y como se debía mover uno por terrenos escarpados, añadiendo algunos consejos, datos curiosos y anécdotas propias para cada pregunta que Fergus oportunamente lanzaba. Mientras tanto, iban ojeando los puestos y comentando sobre lo que allí se vendía: por qué siempre era recomendable llevar un hacha para madera, por qué era mejor un asno que un caballo para terrenos agrestes o por qué una mula era mejor que ambos, por qué era más importante tener un odre de agua que comida... Fergus se fue empapando de todo lo que Garret contaba y los cuatro juntos pasaron unas horas agradables hasta que llegó la mitad de la mañana y se percataron de que había cierta agitación entre la guardia del pueblo y algunos comerciantes locales. Oyeron algunos comentarios y rumores de que algo había pasado con la hija del alcalde, pero el asunto se trataba con bastante secretismo y tampoco querían pecar de entrometidos, así que se conformaron con lo que iban oyendo de casualidad.
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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Títere el Vie Feb 12, 2016 12:39 am

-Oh, lo sabía, tenías que ser tú, eres exacta al retrato que llevaba ella, incluso la cicatriz es la misma -a Alphonse se le congeló un poco la sonrisa al ver como la chica torcía el gesto.- Permíteme presentarme, mi nombre es Alphonse Garedo, encantado.
Alphonse le sonrió a la guerrera, mientras le hacía una seña a Roënt.
-Posadero, sírvanos una taza de su mejor vino especiado.
-Marchando.
-Estoy en la obligación de invitarte, sé que es un poco pronto, pero que menos, brindemos a la salud de las amistades mutuas. Y dime, ¿como está ella? -Arya lo miró sin comprender. Alphonse cogió las dos tazas que le sirvió el posadero y le tendió una a la joven, mientras respondía a su mirada.- Hablo de Earthen.


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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Aliethz el Vie Feb 12, 2016 3:34 am

Aryanne se término el vaso de vino, todavía no sabía muy bien como sacar el tema a coalición sin descubrirse.
-Me encantaría responderte a esa pregunta mi buen amigo- Dejó caer con suavidad una mano sobre el hombro de éste, interpretaba su papel como una segunda piel, era habitual que según donde viajaras y con quien te relacionaras, emplearas unos dotes u otros. Sonrió melancólicamente y entrelazó sus manos como si estuviera nerviosa.
-Que voy a contarte que no sepas, ya sabes, es una trotamundos, no puede estar más de un ciclo en un mismo sitio, a menos que haya un buen motivo para quedarse, como lo es una noche sin luna.
-Sin duda, todo menos una  mujer corriente.
Aquellas siete palabras hicieron que algo dentro de ella ardiera con intensidad. Un sentimiento aletargado por la falta de esperanza, un sentimiento que cobró la misma fuerza que el vendaval de la noche anterior.
-¿Cuándo te enseñó aquel retrato y por qué? No es algo que sacara a la ligera alguien como ella... - Esta vez el rostro de Aryanne se oscureció, advirtiendo a Alphonse que más le valdría ser honesto que mentiroso. La posada se había llenado por completo, difícilmente podías encontrar sitio, la mayoría de los que se hospedaban allí ya estaban desayunando y sólo por eso, la amenaza de Aryanne fue más osada si cabe. Nadie le prestaba atención y suyo era aquel momento.
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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Títere el Sáb Feb 13, 2016 2:05 pm

Alphonse se quedó de piedra, no se esperaba esa respuesta por parte de ella. Él no era un hombre violento, todo lo contrario, y las palabras bruscas de la mercenaria le habían chocado. De repente recordó que ella iba armada, y ataviada con armadura, si ella quisiese podría obligarle a ir a los establos y allí rajarle la garganta sólo para comprobar si llevaba didero en la bolsa. Al fin y al cabo era un completa desconocida.
-Bueno, ve.. verás... el retrato no es que nos lo... enseñara precisamente, se podría decir que... -Alphonse tragó saliva.- Nosotros lo vimos.
-¿Qué? -la chica alzó la voz.
Alphonse miró a ambos lados, asustado.
-Verás, te quiero decir que ella era un poco solitaria, llegó una tarde de otoño buscando refugio, y mi hija y yo la hospedamos en mi casa durante un par de meses. Yo no me relacionaba mucho con ella, pero Annie sí, y una noche se pusieron a hojear unos retratos que llevaba ella en el macuto. Me acerqué, y nos los estuvo enseñando, y ahí es donde vi el tuyo. La pregunte y me dijo que eras una amiga, Arya, y por eso te reconocí al entrar y sabía tu nombre.
-¿Y a qué te referías con "nosotros lo vimos"?
-Bueno, pues... Ella se fue... Así, sin más, a los dos meses, y dejó su macuto en la habitación. Y bueno... Miramos dentro... Y estuvimos viendo sus dibujos, la noche que nos los enseñó fue solo de pasada, la daba como vergüenza... Así que los estuvimos viendo más detenidamente... -Alphonse intentó arreglarlo.- Eran muy bonitos.


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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Aliethz el Sáb Feb 13, 2016 3:46 pm

Sí, por supuesto que los retratos eran bonitos, es más eran de una belleza inexplicable, cada uno contenía una parte de Earthen, una especie de magia intachable tras aquellos maravillosos trazos que cautivaban hasta a los más desgraciados.
-¿Se dejó su macuto?- Aryanne estaba desconcertada, Earthen era de las que huía, sí, pero con cabeza, no con una mano delante y otra detrás. Aryanne intentaba atar cabos con los pocos datos que tenía pero todo esfuerzo era inútil. ¿Tan difícil era que la hubiera llevado con ella? Antes de que acabar en un bucle patético y carente de sentido recobró las formas para consigo misma. Ahora mismo no podía pensar correctamente en nada, todo se veía influenciado por la intensidad de sus emociones y sabía que aquello podría pasarle graves facturas.
Alphonse se mantuvo callado, esperando el momento adecuado para continuar hablando, no obstante parecía que éste no llegaba por si mismo. Se arriesgó, la mercenaria aunque de aspecto temible también sería cauta, no empezaría una pelea dentro de la posada o al menos no parecía de esas que buscaban problemas allá a donde iban.
-Había pensado que podría darte su macuto, nosotros no lo necesitamos y si más de un retrato es tuyo... Te juro por la buena de mi hija que ni ella ni yo hemos cogido nada de la bolsa, a parte de los retratos también habían cinco talentos, plumas, holas y colores con base de tinta. Mi Annie se llevaba muy bien con ella, sintió mucho su desaparición.
-No me interesa lo que tu hija haya sentido - replicó Aryanne con cierta condescendencia- ahora puedes llevarme a tu casa porque si ese macuto no salió de allí... -
Alphonse estaba un poco reticente frente a esa petición, una cosa era darle el macuto y otra muy diferente llevar una mujer armada a su hogar.
Aryanne leyó la desconfianza en su rostro, era un hombre humilde, sincero y sin malas intenciones, así como la mayoría lo es en un pueblo pequeño, se dedican a arar el campo, llevar comida caliente a sus mujeres y enseñar a los hijos que la vida no es tan dura como ellos creían.Tehlu los vigilaba y los protegía desde el cielo... No eran más que cuentos y leyendas para hacer del ignorante un sabio entendedor. Se relajó al entender que sólo temía a sus propios demonios.
-Alphonse, reconozco que suena extraño viniendo de alguien ajeno pero sé por experiencia que en los pueblos pequeños todos os conocéis, llegué esta pasada noche y Rydell tuvo la bondad o necedad, a tu criterio, de acogerme... No soy una ladrona, ni tampoco una aprovechada.- El rostro de Aryanne intentaba expresar confianza, necesitaba ese macuto a cualquier costa y necesitaba que fuera en aquella habitación. Earthen hacía muchas cosas a la ligera, pero no cosas como esas.

Aryanne pagó su desayuno pero no el vino especiado, a la copa, invitó Alphonse. Cabe destacar que Aryanne contenía la emoción, finalmente, parecía que las prisas de Earthen se dejaban un cabo sin atar.
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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Sin Sangre el Dom Feb 14, 2016 12:25 am

Siendo ya de día, Rydell abrió los ojos y oteó a su alrededor vislumbrando un vacío en el lugar que anteriormente se encontraba la invitada durmiendo. Aryanne se había marchado sin despedirse y eso se le antojó bastante grosero al chico, pero tras unos minutos decidió que quizás no quisiera ocasionarle problemas o despertarlo, así que se levantó pesadamente de su cama y echó un vistazo al pequeño hueco en el cual residía Traspié. Justo al asomarse unos pequeños ojos le devolvieron la mirada; Traspié estaba royendo una bellota con nerviosismo.

Al salir de la habitación, Rydell vió a Tobías enfrente de la hoguera tostando dos hogazas de pan.

- Buenos días chico, ¿qué tal la noche? Ayer pasó una tormenta de nieve por aquí, espero que te hayas abrigado bien y no hiciera mucho frío
- La verdad es que no he pasado demasiado frío, supongo que el estofado de anoche ayudó un poco - dijo con una sonrisa abierta Rydell - ¿Qué tal tú? - terminó.
- Ya no soy lo que era chico. Las noches son más frías para mis viejos huesos, y una hora de trabajo pesa como dos.- dijo con tono suave- Podremos escapar de muchas cosas, pero el tiempo pasa para todos y por todos. Pero bueno, esto que te cuento no es nuevo. - dijo mientras untaba abundante mantequilla en el pan y retiraba el cántaro de leche ya caliente de las brasas. - Acércate a la mesa chico.

Tobías y Rydell conversaron un rato mientras se deleitaban con aquel desayuno.

- Como ya sabes hoy son las fiestas del pueblo, así que como todos los años voy a examinar el ganado y comprar algunas cosas. Una vez le des de comer a las vacas quiero que vayas al pueblo y compres un hacha en el puesto de aperos, con cinco iotas tendrás suficiente, toma - Tob le tendió las cinco monedas a Rydell - seguramente se la puedas sacar algo más barata, quédate con la vuelta y pasa un buen día chico.

En el establo las vacas mugían mientras Rydell, ayudado de una horquilla, separaba trozos de heno para alimentar a las vacas. Al acabar se le calló el pequeño objeto punzante que tenía atado al muslo izquierdo. La daga, con una hoja de apenas veinte centímetros se veía quebradiza y bastante fina a causa de un arduo uso durante años. El chico se levantó la ajustada camisa y descubrió una cicatriz del tamaño de un palmo que cruzaba parte del torso. Definitivamente, si hubiera llegado a tener a mano un objeto punzante como aquel podría haber evitado aquella herida que tantos dolores y quebraderos de cabeza le llegó a provocar en su día.

Dos años atrás, en un cruce de caminos, un asaltante con el rostro cubierto y navaja en mano le sorprendió y forzó para que soltara todo lo que llevaba. Tras unos segundos de bloqueo al darle el macuto, el ladrón, comprobando que no llevaba absolutamente nada de valor, tiró a suelo la bolsa con fuerza desparramando una manta y un odre vacío, además le clavó con furia el afilado cuchillo en las costillas y salió corriendo en la dirección opuesta por la que llegó. Rydell solo recordaba como caía desmayado y despertaba horas después tumbado en el mismo sitio. Luchó varios días por sobrevivir en la dureza del bosque, ya que el poblado más cercano estaba a más de veinte kilómetros.

Ahora todo aquello no eran más que crudos recuerdos de una travesía dura por distintos rincones del continente.

El joven volvió a echar un vistazo a su daga, que fácilmente podía tener más de diez años. Se la robó a un mercader en Hallowfell hacía varios meses pero parecía que pedía a gritos una jubilación, así que se le ocurrió que era buen momento de comprar una nueva.


El ambiente que se respiraba en el pueblo era claramente festivo, las calles estaban decoradas con decenas de puestos de vendedores y señoras que gritaban ofreciendo sus productos a todo el que pasaba, un olor a canela y pan recién horneado plagaba las calles y un pequeño grupo de juglares deambulaban de un lado a otro tocando la flautas, laúdes y tambores.
Aún era temprano para comer nada, así que decidió que lo mejor sería ir directo al puesto de aperos, en la plaza del pueblo como le había indicado el viejo Tobías.

Varias herramientas estaban expuestas frente al hombre de semblante aburrido, que miró a Rydell una vez este se posicionó justo enfrente suya.
-¿Qué buscas chico? - dijo con un tono monótono
-Me gustaría que me vendieses un hacha, no es necesario que sea la mejor que tengas.
Acto seguido, el hombre pasó la mano por varios mangos de madera que tenía a su derecha y sacó un hacha de tamaño considerable y con la cabeza de un metal reluciente e intacto.
- Tengo ésta magnífica pieza a solo un talento y tres iotas, como podrás ver, su filo es tan afilado que hará todo el trabajo a lo hora de cortar un...
-Solo necesito un hacha que cumpla su función, nada recién salido de la forja- cortó Rydell al vendedor.- ese hacha de ahí me servirá- dijo mientras señalaba una fea herramienta medio oxidada que estaba detrás de todas las demás.
-Bueno... te la puedo dejar a cinco iotas y tres drabines si quieres...- replicó el hombre
-Me deshago por ti de ella a cambio de cuatro iotas justas- dijo con un deje de desdén el chico
-Cuatro iotas y seis drabines.
-Cuatro iotas justas para deshacerte de esa fea herramienta, ¿lo tomas o lo dejas?- respondió con una sonrisa burlona.
El mercader miró el hacha, y seguidamente miró a los ojos a Rydell. Tras tres instantes respondió con un fácilmente legible amago de decepción.
-Hecho.- confirmó mientras tendía la mano para cerrar el trato.

Cargando con el peso de la nueva herramienta, Rydell  deambuló unos minutos por la plaza mirando en todas direcciones. Preguntó a una anciana donde podría encontrar un lugar en el que adquirir una daga o algo similar, así que la afable mujer le señaló con la mano hacia la otra parte de la plaza, y le explicó que Kevin Jod podría facilitarle una. Antes de que Rydell se fuera, la señora le advirtió que algunos de los productos que vendía eran de muy buena calidad, pero Jod era un codicioso mercader y astuto embustero que intentaría colarle cualquier trasto de mala calidad a un precio inflado si no andaba con ojo.
Conociendo de antemano a lo que se enfrentaba, Rydell se marchó muy agradecido y así se lo expresó a la vetusta mujer.

-¡Los mejores productos de montañés de toda la comarca señoras y señores! ¡Aprecien la calidad de mis herramientas, vengan, échenle un vistazo y disfruten de la beldad de estos mis productos! ¡El mejor acero de Ramston en mis navajas y dagas! ¡Las flechas más puntiagudas y equilibradas del mercado! Acérquese señora, ¿que le parece esta daga del mejor acero de Ramston como regalo para su marido?

Rydell se había parado a unos diez metros del puesto escuchando como negociaba Kevin, el bajo y regordito hombre de incipiente calvicie y de como trataba a sus clientes con la esperanza de conocer algún punto flaco y evitar ser engañado de buenas a primeras. Había visto como le vendía un cuchillo de desollar de supuesto acero de Ramston por cinco iotas a una mujer, pero mientras esta se marchaba maravillada Kevin se frotaba las manos riéndose entre dientes. Era bastante obvio que le acababa de colar una hoja de calidad pésima a precio de oro. Tras un rato, Rydell se levantó y se dirigió hacia el puesto con decisión. Ya tenía un plan en mente.
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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Títere el Lun Feb 15, 2016 8:06 pm

Alphonse guió a la mercenaria hasta su casa, aunque a regañadientes, pues no había encontrado una manera educada de negarse. Era una construcción antigua, de piedra y madera, con las paredes encaladas, y con postigos y puertas de madera de roble. Estaba situada en la calle principal del pueblo, Alphonse, al igual que su padre y su abuelo, era un hombre adinerado, y había heredado esa y otras propiedades más cuando este falleció.
-Esta es -dijo cuando llegaron.- No están ni mi Annie ni Edgar, nuestro mayordomo, aunque ya sea como de la familia,  así que no es necesario que te descalces. A Edgar no le gustan las visitas, y aún menos cuando vienen con las botas manchadas de barro. Odia tener que ir limpiando las pisadas.
Alphonse la condujo a través del recibidor, subieron unas escaleras y recorrieron un amplio pasillo con los retratos de sus antepasados hasta llegar a las habitaciones.
-Esta de aquí es donde duerme Annie, esa es la mía, y aquella fue donde se alojó Earthen durante una temporada. Es la que tiene mejor iluminación, mi señora esposa la utilizaba como salón de lectura, a ella la encantaban los libros, y luego Earthen la estuvo utilizando para pintar. Gracias a Tehlu, no dejó ninguna mancha en la alfombra ni en las paredes, era muy pulcra. Sino Edgar la habría echado el primer día.
Alphonse abrió la puerta y dejó que Arya entrase en la habitación.
-Está todo como lo dejó, no hemos tocado nada, excepto sus retratos. Ah, y mi Annie llegará en un rato, ha bajado a la feria, si te interesa hablar con ella espérala, pues en realidad ella era la que pasaba más tiempo con Earthen y con otra chica más, eran las tres muy amigas. O eso me decía Annie.
Alphonse descorrió las cortinas, para que entrase la luz, y la chica pudiera bien la estancia. Luego se marchó a su despacho, sin dejar de echar un ojo a la mercenaria, pero dejándola curiosear en paz.


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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Aliethz el Mar Feb 16, 2016 5:01 pm

Aryanne se asombró ante aquel caserón. Era bastante grande, tenía varias habitaciones, más de las estrictamente necesarias. Reconocía bajo aquellas paredes la buena de mano de una mujer que tiene buen gusto por el decoro. Los muebles eran antiguos pero estaban bien cuidados, las cortinas de seda a juego con las paredes y por supuesto, no podían faltar las grandes arañas como lámparas adornando el techo. Era preciosa y también lujosa. Aryanne entendía perfectamente que Earthen hubiera acabado viviendo con ellos, Earthen necesitaba un lugar cálido y ostentoso donde pasear su elocuencia y elegancia.
Alphonse abrió las cortinas rojas y se retiró de la habitación.
Aryanne se sentó en el dosel de la cama y contempló el lienzo inacabado que yacía sobre el caballete. Se imaginó a Earhten allí de pie, regalándole al lienzo suaves y perfectos trazos. Sus dorados rizos hacían juego con el gris de sus ojos y parecía que el lienzo y el pincel estuvieran a sus órdenes.
La habitación era muy coqueta y elegante. Las estanterías estaban a rebosar de libros y junto a la cama había un sillón azulado y una mesa de te, la combinación perfecta para un devoto lector. Contempló algunos de los títulos, todos eran de tapa dura y papel del bueno, lo último en lo que ahorrarse unos peniques sin duda. Aquel cuarto era perfecto en todos los sentidos y cuanto más miraba más veía a Earthen en él. Se levantó y abrió los cajones que habían en la mesita de noche. Los dos primeros estaban vacíos pero en el último había un relicario de plata. Por respeto no dejó tal cual estaba. También se preguntaba como es que Alphonse acogió a una desconocida, tal vez debería hablar con Annie, desde luego que lo haría.
Restando una camisola, el armario también estaba vacío. Aryanne olió la ropa con la esperanza de encontrar su fragancia, no obstante sólo encontró lavanda y flores de selas. Cuando creyó que su curiosidad estaba lo suficientemente saciada cogió el macuto del suelo sacando las cosas que habían en él y dejándolas sobre la mesa.
Alphonse no le había mentido, estaban los cinco talentos, las plumas, tres botes de tinta, hojas de papel y una carpeta. Cogió el dinero y se lo guardó, ahora ya no hacía falta hablar con el herrero, aunque tal vez lo haría igualmente. Se sentó en el sillón con la carpeta en las manos. La luz natural incidía directamente sobre ella, ahora entendía porque era tan cómodo ese lugar para leer. Abrió la carpeta y miró cada dibujo con detenimiento. Cada dibujo escondía secretos que no querían ser contados, sellaban palabras y desprendían olores. Eran maravillosos: paisajes, animales, situaciones, personas... se quedó mirando su propio retrato y una sonrisa afloró de sus labios.

"Vamos, deja que te dibuje, sólo entonces comprenderás que no sabes ver lo suficiente"
"Ya te he dicho que no, además, para que quieres un dibujo si estoy siempre contigo, no tiene sentido"
"¿Y qué haré el día en que me marche?
Aryanne le sonrió con cierta ironía enmarcada en su rostro y se acercó para susurrrale al oído.
"No puedes irte, ahora conozco los surcos de tu nombre, ahora me perteneces" -


Aryanne siempre se había reído de las leyendas, los cuentos y la magia. Sus conocimientos no pasaban del arte de forjar y de conocimientos genéricos en otras materias pero después con ella aprendió nuevas cosas, nuevos secretos... fue entonces cuando se dio cuenta que Earthen era una completa desconocida. Fue entonces cuando comprendió que en todo cuento simpre había algo de verdad, por pequeña que fuera. La gracilidad con la que Earthen se movía, esa elegancia innata... Instintivamente se llevó la mano al pendiente plateado que llevaba en la oreja izquierda, a veces quemaba, pero desconocía el porqué, tampoco sabía porque no podía quitárselo, desde que Earthen se lo puso éste formó a pasar parte de si misma. Extrañamente no le importaba, al contrario, la hacía sentirse importante.
La casa era lo suficientemente grande como para oir los gritos o quizá fuera que Annie tenía una voz dulce y melodiosa a la que gustaba de viajar, el caso es que las palabras de Annie llegaron claras como el agua a sus oídos. Había ido a saludar a su padre quien además le dijo que tenían una invitada a la que más valía tratar bien. Annie rió libre de preocupaciones y entró cual vendaval en la habitación donde estaba Aryanne.
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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Títere el Jue Feb 18, 2016 12:13 pm

Annie abrazó a su padre, y consiguió mantener la sonrisa a duras penas cuando este le comunicó que tenían una invitada, y más cuando la dijo en que habitación estaba.
-Peínate esos pelos -dijo Alphonse con cariño.- Y ves a saludar. La educación es lo primero.
Annie asintió y se dirigió al baño a arreglarse. Su pelo caía liso y negro como siempre, solo se había movido un poco por el viento, nada importante. A pesar de sus diecisiete inviernos, su padre la seguía tratando como si fuera una niña. Odiaba eso.
Después se arregló el vestido y sonrió, con unos dientes de un blanco demasiado perfecto.
-Bien Annie, vamos a saludar a la invitada -se dijo.
Cruzó el pasillo y la vió, plantada delante del caballete, contemplando los retratos.
Annie apretó los puños, clavándose las uñas en las palmas de las manos.
Entró suavemente, sonriendo como ella sabía, y dirigiéndose hacia la invitada.
Esta se giró, y la saludó.
-Hola. Soy Aryanne, tu debes ser Annie, ¿cierto? Encantada, tenéis una casa muy bonita.
-Gracias. Mucho gusto.
Annie caminaba lentamente, con pasos medidos y cuidadosos. Cerró lentamente una de las puertas, para luego hacer lo mismo con la siguiente. Una vez echó el cerrojo, borró la sonrisa de su cara y volvió a mirar a su invitada.
-Ya se quien eres, Arya Nerule. Y ahora mismo vas a explicarme que haces en mi casa, y más concretamente en esta habitación, metiendo tus sucias narices donde no te llaman. ¿Me has entendido, zorra?


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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Aliethz el Jue Feb 18, 2016 4:37 pm

Aryanne se quedó de piedra ante el cambio de conducta de la pequeña Annie, pequeña porque primero era bajita y segundo porque estaba muy delgada, de hecho no parecía que su peso fuera muy salubre. Los pómulos se le marcaban, por dedos tenía huesos prácticamente y además el cabello negro y liso que le caía suelto sobre los hombros hacía que se viera todavía aun más pálida.
Aryanne endureció la mirada, nadie la tachaba de zorra y mucho menos lo haría una niña a la que lleva por lo menos diez años de diferencia.
-Ese carácter tan amargo te va a traer más de un problema, tu padre debe quererte demasiado sino tiene ojos para verlo.- Annie sonrió cínicamente con la mirada perdida, Aryanne veía algo extraño en ella, pero no sabría decir el qué. Sus ojos parecían huecos y vaciós, como si se hubieran olvidado de mirar, como unas perlas gastadas de tanto pulir.
-Mi padre no es más que otro necio, a él le gustaba su niñita dulce e inocente, pues que así sea, de esa manera puedo conseguir todo lo que se me antoje.- Las palabras de Annie estaban cubiertas de veneno. Se acercó a Aryanne apartándola del caballete.
-No tienes ningún derecho a estar aquí Arya Nerule, no eres más que leña podrida que nuncá podrá arder.
Instintivamente Aryanne se llevó la mano al cinto, por una vez, desde hace mucho tiempo tenía ganas de desenfundar su espada y darle una lección a aquella mocosa.
-Sí lo haces quemarás tus puentes, cualquier cosa que hagas contra mí se volverá contra tuya. -
Aryanne suspiró pero no cedió. - Lo último que haría sería decirte cuales son mis intenciones. ¿Y tú? ¿Qué clase de relación tenías con Earthen? ¿Qué hacías con su macuto? También hay otra chica, ¿Quién es y dónde está?
-Estúpido padre, lo único que sabe es parlotear y pavonearse, más le valdría tener el pico cerrado.
Annie acarició el lienzo con suavidad, las manos temblaban a su antojo cerrando los puños como piedras.
-Sólo tienes que decirme donde ha ido- pidió Aryanne- entonces me iré y no volverás a saber de mí. Evitémonos problemas y lleguemos a un mutuo acuerdo.
Aryanne se cruzó de brazos esperando una respuesta. Aparentaba estar relajada pero en realidad dentro de su postura podías entre ver una de alerta. Estaría dispuesta a todo con tal de defenderse y sino, se la llevaría lejos de allí, Annie no sería un impedimento en su camino. La exprimiría al máximo pero antes quemaría todos los puentes.
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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Wardent el Jue Feb 18, 2016 6:59 pm

Fergus había conseguido varias de las cosas que se había propuesto en su recorrido por el mercado, mientras charlaba con sus tres compañeros de puesto en puesto. Había negociado con el calderero una capa gruesa y larga de un gris muy claro con capucha y una manta que le costaron siete drablines, dando como parte del pago su gastada capa y la caja de anzuelos. También había cambiado, en un puesto de telas y pieles cercano, su atado de ropa y sus zapatos por unos pantalones de cuero basto sin teñir, una parka de piel de beorí y una pañueleta grande de algodón para el cuello, pagando cuatro iotas y dos drablines por la diferencia, pero consiguiendo que le regalaran un pequeño botecito de grasa de caballo para cuidar las prendas. Luego habían visitado al herrero y el puesto de caza de Kevin Jod en busca de una daga, aunque solo este último las vendía y Fergus la compró sin conseguir regatear lo más mínimo la iota y siete drablines que le pedía por ella, cantidad que pagó sin miramientos pues sin duda por la calidad era lo que valía. Sin embargo, sí que consiguió regatearle dos drablines en unas cómodas botas altas de cuero que le dejó en cuatro iotas justas, probablemente por haberle comprado la daga primero. En total había gastado algo más de un talento, que no era mucho para lo que había conseguido aunque para ello tuviera que deshacerse de bastantes de sus pertenencias.

Brath se levantó antes de lo que Fergus suponía y cuando bajó a tomar un tentempié se encontró con Norton, el padre de Fergus, que ya había desayunado y charlaba con unos viejos conocidos del lugar. Norton era algo mayor que él y llevaba muchos años en la tripulación, por lo que había alcanzado una buena posición y era la mano derecha de Garret. Hombre formal y decidido, esperaba el ascenso de Garret a segundo de a bordo para postularse a ocupar su lugar como contramaestre, pero sabía que aquello aún podía tardar algunos años en ocurrir y que Mabi también sería un candidato al puesto. Cuando vió bajar a Brath le saludó mientras seguía hablando y, educadamente, puso fin a la conversación lo antes posible para dirigirse a éste, quien estaba pidiendo algo de comer.

- Buenos días Brath, ¿sabes si Fergus ya se ha levantado?
- Buenos días, pues lo cierto es que no sé nada de él desde ayer que nos acostamos tarde, aunque subía acompañado así que supongo que aún tardó un rato en cerrar el ojo. He llamado en su habitación ahora antes de bajar pero no contesta y la puerta está cerrada, quizás siga durmiendo.
- Tenía pensado acercarme al mercado con él para comprarle algún regalo, ya sabes que falta poco más de un mes para su cumpleaños y si no me equivoco nos pillará embarcados. Hasta ahora siempre le compraba alguna sorpresa, pero desde hace tiempo se me ha metido en la cabeza la idea de regalarle algo que de verdad quiera, algo que elija él.
- Me parece una idea muy oportuna, este mercado es el mejor que encontraremos hasta que llegue la primavera y vayamos a Tarbean. ¿Quieres que vaya a despert...
- El muchacho ya se ha ido. - Intervino secamente el dueño de la posada, que estaba sirviendo a Brath un gran trozo de bizcocho que olía a naranja. - Salió a primera hora con el señor Garret y dos compañeros vuestros.
- ¡Vaya! Eso sí que no me lo esperaba. - Dijo Norton a Brath, incapaz de contener su sorpresa.
- Si te ves capaz de esperar, cuando acabe te acompaño a buscarlo. - Respondió éste antes de pegarle un bocado al bizcocho.
- Me parece perfecto. Acaba tranquilo, no hay prisa. - Sentenció Norton con serenidad, pero en cierto modo mentía, la curiosidad por saber qué pudo mover a su hijo tan temprano le carcomía por dentro. Brath también estaba intrigado pero bastante menos, ya que últimamente Fergus se había vuelto más impredecible que de costumbre y lo atribuía a su innata curiosidad, que había ido en aumento y sin duda ya superaba a la de su padre.

Una vez Brath terminó su desayuno, en un corto ratito que al padre de Fergus le pareció una eternidad, ambos se enfundaron en sus abrigos y salieron en busca del grupo. Encontraron a mucha gente que se dirigía al mercado, con lo que llegaron a la conclusión de que iba a ser difícil dar con ellos. Si así era, siempre tendrían la opción de volver a la posada a la hora de comer y allí seguro se encontrarían pero tendría que dejar para la tarde el regalo de Fergus, cosa que no era del gusto de Norton, pues los mejores géneros siempre se agotaban primero y, aunque aumentaban las posibilidades de regatear, no era lo que quería. Mas no tardaron en dar con ellos, ambos sabían del gusto de Fergus por las herramientas de todo tipo y no llevaban mucho rato buscando cuando los encontraron cerca del puesto de Kevin Jod, donde un rato antes había comprado la daga.

- ¡Fergus! - Saludó Norton cuando estaban a un par de metros.
- ¡Padre! ¡Brath! No esperaba que os levantáseis tan temprano.
- Mira quién fue a hablar... - Repuso Brath con sorna.
- Bueno, me desperté a primera hora con el cuerpo pidiendo comida más que otra cosa y desayunando me encontré con Garret, Johan y Mabi, que accedieron a acompañarme a hacer unas compras mientras pasaba el rato antes de ir a buscaros. - Atajó Fergus zanjando el tema.
- Pues yo he venido a buscarte porque quería venir contigo al mercado para comprarte algo para tu cumpleaños, solo que esta vez estoy decidido a que lo eligas tú.
- Padre, no es necesario, de verdad.
- Y no lo hago por necesidad, sino por gusto. ¿Has visto ya algo que te gustaría comprar?
- Muchas cosas. - Intervino Garret soltando una gran carcajada. - Si por él fuera se llevaría todo el mercado. - Añadió, seguido por las risas de todos.
- No sé, ya he comprado lo que tenía planeado.
- El chico ha estado un buen rato mirando un espléndido bracamarte en el puesto del herrero, antes de comprar la daga. - Intervino Mabi, que aprovechaba cualquier ocasión para mostrar sus virtudes de gran observador.
- No se te escapa detalle, ¿eh? - Norton sonrió al tiempo que Fergus se sonrojaba. - Pues bien, tienes mi agradecimiento, vamos a ver esa pieza.

El bracamarte seguía en la tienda tan reluciente como antes. Norton lo sopesó e hizo un par de movimientos para comprobar el equilibrio, sin duda era un arma bien diseñada. Seguidamente se la dió a su hijo y le pidió que la probara él.

- Creo que te va bien, si ésta es el arma que deseas, tuya es. - Tras el asentimiento risueño de Fergus, Norton pagó el talento, cuatro iotas y cuatro drablines que costaba el bracamarte sin regatear, ya que se trataba de un regalo y no le parecía apropiado.
- No encuentro palabras para agradecértelo, con ésto me sentiré mucho más seguro.
- Espero que jamás tengas que estrenarlo. - Le dijo su padre agarrándole el hombro y mirándole con cariño a los ojos. - Aunque todos sabemos que en este mundo es improbable que éso ocurra.
- Lo único que puedo prometerte es que lo utilizaré lo mejor que sepa.

Se dirigían a un puesto de quesos cuando un grupo de guardias pasaron con paso apurado por delante de ellos.

- ¿Ya empiezan los alborotos? - Brath lanzó la pregunta la aire sin esperar respuesta, como un pensamiento en voz alta. - Aún es temprano para éso.
- Por lo poco que hemos oído, ha pasado algo con la hija del alcalde y son muy cautelosos con la información, pero por lo agitados que están los guardias y algunos de los lugareños debe haber pasado algo grave. - Contestó Garret en tono misterioso y no muy alto para que no lo oyera el resto de la gente.
- Podríamos acercarnos a una taberna y quizás nos enteremos de algo más. - Continuó Johan, que era el más callado del grupo, pero cuando hablaba nunca era a la ligera y sus palabras eran escogidas con certera puntería. Todos lo miraron con una cara mezcla de interrogación y sospecha al no distinguir si la intención era informarse o beber. La pícara sonrisa de Johan desveló el misterio y afablemente todos coincidieron en que era una buena idea.
- En la esquina donde la calle principal se une con la plaza hay una que sirve cerveza negra de malta y tiene mucha afluencia porque está muy bien situada. Parece un buen sitio para enterarse de rumores, aunque debemos ser discretos al escuchar. - Indicó Norton. - Sugiero empezar por ahí.

Todos asintieron y se encaminaron lentamente hacia la taberna charlando, aunque no se olvidaron de parar en el puesto de quesos, ni en el de embutidos, ni en el de especias... tomándose su tiempo en degustar y abastecerse de algunos productos de cara al invierno, que se presentaba más frío y crudo de lo habitual.
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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Feren el Vie Feb 19, 2016 9:36 pm

El fuego se acercaba. Unas voces, unas voces oscuras le rodeaban. Le acusaban, le insultaban, le rogaban...
-Eres débil.
-Podías haberme salvado.
-Ya no eres mi hijo.
-¡Ly!
El niño corría hacia la última voz mientras intentaba no quemarse. Aquel edificio estaba en llamas, podía oír los gritos desesperados de gente con menos suerte que él.
-¡Estoy aquí!- la voz le rogaba y gritaba. Una voz femenina, joven.
-¡Royse!
El aire estaba cargado de humo y sangre.
Cerberus se despertó de repente en medio de un bosque. Estaba tumbado y podía ver que era de noche. Los búhos le miraban con curiosidad. Recuerdos que creía enterrados volvían a atormentarle.
Otra vez volvería a soñarlo. Cada noche, en cada instante. Recordaría el olor de la sangre. Recordaría el olor del humo.
Recordaría el olor de la desdicha.
La desdicha le acompañaría por siempre. La muerte era su redención. La muerte era su herramienta, su arma. Él era el que daba la bienvenida al infierno y esperaba poder seguirles algún día. Quizás ya no recordaría nada.


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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Dinnaeh el Dom Feb 21, 2016 10:48 pm

Se incorporó lentamente, apoyándose en el armario. Tenía un poco de sangre en la mano, se debía haber clavado algunos cristales. Becc se tocó la cara con la yema de los dedos, allí donde estaba empezando a formarse un moretón, y suprimió un gemido de dolor.

-Maldito cerdo -dijo entre dientes.- No eres más que una bola de grasa impot…

Arnold giró bruscamente la cabeza, pero antes de que dijese o hiciese nada se escuchó un grito desde fuera.

-Cámbiate -le dijo-. Te has manchado de vino.

Por tu culpa, maldito hijo de puta.

Arnold abrió la puerta y salió fuera.

Becc se dedicó a quitarse las medias mojadas y coger ropa del armario, pendiente de lo que pasaba fuera.

-¡Mike! -escuchó gritar a Arnold- ¡¿Qué coño haces?!

-¡Señor! ¡Mi caballo se ha roto una pata al cruzar el Puente del Sauce! ¡Josn y Tobías se han quedado allí reparándolo y cuidando las monturas! ¡Tengo también raquetas para usted! ¡Rápido, debemos ir al pueblo! Josn vendrá cuando se derrita la nieve a buscar a Janet.

Tan considerado por su parte que se me mojan las bragas, pensó con sarcasmo, lástima, y yo que pensaba que me iban a dejar aquí tirada.

Becc barajó entre ponerse un corsé, una falda y otras medias, pero lo desechó y le cogió ropa a Arnold, con el frío que hacía moriría congelada de camino al pueblo.

-¡¿Qué mierda dices, Mike?! ¡¿Qué ha pasado?!

Verás tú, se mofó internamente.

-Señor… -escuchó cómo Mike se tiraba al suelo y respiraba entrecortadamente- Señor… Es su hija… Edurne… No, no está… No la encontramos por ninguna parte. La puerta de las cocinas está forzada, como la de su habitación. Todas las sábanas están revueltas. Lo siento señor. Edurne ha desaparecido.

Se habrá escapado con el primero que le haya tocado las tetas, la muy zorra.

-¿¡CÓMO?! ¿CÓMO HABÉIS PERMITIDO QUE PASARA ESTO? ¡OS TENGO DICHO QUE LA VIGILÉIS!

-Señor... -Mike habló en tono tan bajo que apenas lo escuchó. Se acercó más a la puerta-. Nosotros... no... no sabíamos nada...

-¡Cállate ya, imbécil y colócame las malditas raquetas!

Becc rió abiertamente, seguro que estaba poniendo su cara de cerdo rollizo, inchando los cañones de la nariz y cerrando sus pequeños ojos acuosos.

-¡Janet, Josn vendrá después a por ti! -le gritó Mike asomando la cabeza y cerrando después la puerta.

-Pues bien. -dijo al silencio mientras se sentaba en la mesa-. Qué hambre.

Después de un par de horas en las que Becc se dedicó a pasear intranquilamente por la habitación y a beber vino sonó la puerta.

-¿H-hola? ¿Puedo pasar? -se escuchó decir desde el otro lado.

Becc abrió la puerta.

-Ya era hora, tengo un hambre. -se quejó.

El chico la miró con ojos como platos.

-Por Telhu, ¿te encuentras bien? -le preguntó fijándose en las heridas de sus manos y en el moretón de la cara.

-Perfectamente, ¿podemos irnos? -pidió de manera cortante.

-Em, si, si. -Josn se apartó y dejó que ella pasase primero-. La nieve ya se ha derretido, así que no nos va a costar nada llegar al pueblo.

-Genial.

Tardaron menos de 20 minutos en volver a Fwerral, Josn la acompañó hasta Passiflora, aunque ésta le negó varias veces la necesidad de hacerlo, "déjala sana y salva en el burdel" le había dicho Arnold y así él iba a cumplir.

Atando cabos el muy cabrón, que se iba a pensar que le iba a seguir chupando la polla después de que la hubiera pegado. Ella ya había dejado eso atrás: eso de putas baratas. Ella era de Passiflora.

Josn se despidió y ella entró en el local, eran las 10 de la mañana y estaba vacío. Las demás estarían aún durmiendo.

Becc subió a su habitación y se cambió de ropa. Iría a desayunar a alguna taberna y después volvería a su habitación hasta que llegara algún cliente. Hoy no tenía ganas de salir.
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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Títere el Lun Feb 22, 2016 11:45 am

Annie miró a Arya, sonriendo cinicamente.
-¿La estás buscando, verdad? -rió.- No la vas a encontrar. No, no lo harás, al menos que ella quiera que la encuentres. Y créeme, ella no quiere, hace mucho que se olvidó de ti, Arya Nerule.
La niña pudo ver una fugaz expresión de dolor en el rostro de la mercenaria. Pese a su apariencia fuerte e invencible, era vulnerable, y Annie pensaba seguir usando esa vulnerabilidad.
-En realidad yo tampoco sé donde está. No sé si está muerta, o si está viviendo a cuerpo de rey con algún noble de la zona. Pero sé más que tú. Desconozco a donde se marchó. Pero conozco a alguien que sí lo sabe.
-¿A donde quieres llegar?
-Amenazarte no te va a servir de nada. Sabes que no puedes hacerme daño, aquí, en mi propia casa, sin tener que ir ante la Ley del Hierro por ello. Así que me ayudarás. Tengo problemas, y no tengo a nadie que me ayude a solucionarlos.
Annie se acercó a las ventanas pensativa.
-Yo voy a responder tus preguntas. Y tú luego me ayudarás. Sea lo que sea que tengas que hacer. ¿Entendido? -se giró hacia la mercenaria.- Cuida tus palabras. Si te niegas, saldrás de esta casa, y no volverás a saber de tu querida Earthen.


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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Aliethz el Lun Feb 22, 2016 4:31 pm

Aryanne estudió en silencio sus posibilidades. Sin duda Annie no dejaba muchas vías de camino libres, pero era lo máximo que podía obtener de ella. No sería más que un trueque, ella obtendría a Earthen y Annie... A saber en que turbios asuntos estaría metida, olía a podrido y sabía que pidiera lo que pidiera no sería fácil. Acabaría manchada hasta el cuello.
-De acuerdo, te ayudaré en la medida que me sea posible pero no pienso obedecer a ciegas tus órdenes. Tu puedes pedirme lo que quieras y yo lo haré de la manera que me mejor me convenga. Nuestra necesidad es mutua a fin de cuentas.
Antes que nada, deja de llamarme Arya, mi nombre es Aryanne que lo oigan todos bien alto y bien claro. No me gusta andarme por las ramas, asique acabemos cuanto antes con esta escena sin sentido.
Aryanne se sentó en la butaca con la carpeta de Earthen en la mano. Su pendiente en la oreja quemaba pero esta vez la turbación fue real. Un sentimiento desconocido se asentó sobre ella y cayó cual losa sobre sus hombros.
-¿Te dijo Earthen cuales eran sus principales intenciones?
Annie puso los ojos en blanco y suspiró. La misma mierda de siempre. ¿Acaso esa mujer era la madre de Earthen? No, por supuesto que no. Esa maldita mujer sólo quería a Earthen como un objeto al que pulir, al que pasear y por su culpa Earthen vivía triste y melancólica. Nunca deberían haberse conocido. Al menos eso fue lo que pensó cuando Earthen habló de Arya. Que se joda la muy zorra pensaba Annie, no pensaba llamarla por otro nombre.
- No eres nadie para imponer condiciones Arya Nerule - Annie rió sarcásticamente - lo único que me contó es que huía de algo o de alguien, tenía cuentas pendientes por resolver y luego...luego hablaba de volver a su lugar favorito. Tal vez deberías esperarla allí, aunque es cierto - sonrió nuevamente con malicia - cada día que pasaba se olvidaba más de ti, incluso se fue sin tus dibujos... No hay prueba más real.
Aryanne escondió su rostro bajo un flequillo inexistente, costumbre que tenía de cuando era una niña y se metían con ella.
-No merece la pena que siembres sal en mí - Aryanne se mostró dura y entera. Confiaba en Earthen después de todo, al menos antes en ella que en una desconocida.
- Ahora sólo dime quien sabe donde está y después escucharé tus intenciones.
La mirada de Aryanne era estricta y severa, no daba lugar a dudas. Los giros del destino se  entrecruzaban con aquella muchacha de dientes relucientes y una sonrisa que estaba hecha para mentir y manipular.
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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Títere el Lun Feb 22, 2016 9:07 pm

Annie rió. Era una risa diferente. No era la risa dulce e inocente de un niño, ni la vieja risa gastada de un anciano lobo de mar. No era la risa fuerte de los mercenarios, ni la risa delicada de las damas de la corte. Era un risa dura, la risa de alguien que se obliga a reír. Cortante. No expresaba felicidad. Quería causar daño con ella.
-Arya Nerule, trato hecho, yo te diré quién es la persona que sabe donde está, y tu cumplirás -hizo énfasis en esa palabra.- mis intenciones.
Annie se acercó lentamente a Arya, con pasos lentos y medidos. Cerca, pero no lo suficiente como para que la mercenaria la alcanzase en caso de ponerse violenta.
-Earthen nos enseñó a pintar. A ella y a mi. Pero ella tenía un talento innato, como Earthen, y pronto me dejaron de lado para concentrarse en admirar sus bellos retratos -la última frase la pronunció con asco.- Las dos venían aquí, y se sentaban y charlaban, la mayoría de tardes pintaban. Pero yo no. A mi nunca se me han dado bien los pinceles. Por eso me dieron de lado.
Annie miró a la mercenaria a los ojos, mientras sonreía.
-Ella se llama Edurne. Es un invierno menor que yo. Vive en la plaza, cerca del ayuntamiento. Esta tarde la coronaran como Reina de las Fiestas. Allí podrás verla, y hablar con ella. Aunque quien sabe -guardó silencio,- a lo mejor no.
Annie rió, y volvió a la ventana.
-Ahora pasemos a lo importante. Estas son mis intenciones: Vas a bajar al sótano, y le vas a pedir a Edgar que te de el fardo que guardo en el baúl. Está envuelto con lino, y cerrado con correas de cuero. Es pequeño, del tamaño de un bebé recién nacido. Lo reconocerás. Luego, irás a la Espita, está en los callejones, yendo hacia el Río Grande, y preguntarás por Robert. Diles que vas de parte de Annastasia. Haz lo que ellos digan, y luego serás libre. No vuelvas por aquí, ni te acerques a mi padre si lo ves desayunando en la posada. Resuelve los asuntos que tengas en el pueblo, habla con la niña esa si quieres, y lárgate.
Annie se dirigió a la salida y abrió la puerta.
-Eso es todo, adiós.


Última edición por Títere el Miér Feb 24, 2016 12:37 pm, editado 1 vez


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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Feren el Mar Feb 23, 2016 9:01 pm

El pueblo empezaba a moverse de nuevo. La actividad comenzaba a fluir por aquel asentamiento. Las personas iban y venían. Cada vez había más ansia. Cada vez había más velocidad. Pensamientos, acciones, consecuencias... Y los hombres y mujeres no paraban, porque siempre volvían al lugar del dónde venían. Venían, iban, se movían. Uno, dos, uno, dos, uno, dos.

El hombre entró por la posada.
-Roguer te manda saludos.
A pesar de que se podía cuestionar lo que acababa de hacer, ya era parte de su rutina, por lo que no se le cambió en absoluto el semblante. El hombre anciano caía al suelo, arrastrando la copa consigo, haciendo que esta se precipitara contra el suelo, rompiéndose en mil pedazos. Dos líquidos se extendían por el suelo en una especie de danza. Formaban dos caminos, uno carmesí y otro de un color que se confundía con el suelo de madera.
El cuerpo cayó abruptamente, y con el ruído del impacto todo el mundo cayó.
Antes de que Cerberus se pudiera marchar, Arbolviejo, en sus últimos instantes pudo ver los ojos de aquel hombre perdido, que se escondían en la capucha oscura que creía que podría salvarle.
Festus Nordchel, alias Arbolviejo. Un hombre que había visto mucho. Y era extraño que no viera venir aquel final. Seguramente lo dejó venir, para acabar en el pacífico letargo que se considera muerte.
Pues en aquel sufrimiento llamado vida sólo había mal, y Cerberus era parte de ello.


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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Aliethz el Miér Feb 24, 2016 12:28 am

Annie desapareció cerrando la puerta tras de sí. Aryanne no sabía qué pensar de aquella pobre muchacha. ¿Sería verdad que la dejaban de lado o simplemente se excluía ella sola? Realmente le traía sin cuidado, pero la veía tan perdida que casi le daba lástima, casi. Ahora ya tenía un nombre y un lugar por donde continuar su búsqueda. Edurne. Aryanne se preguntaba qué tipo de persona sería ella, para que Earthen tomara tanta confianza, seguro que sería una chica de alta cuna, era evidente que sólo se codeaba con los de su mismo estatus. Por desgracia, aquella ansiedad debía esperar pues tal y como había pactado con la pequeña Annie, antes tendría que ir a buscar a Edgar, su mayordomo, y pedirle el fardo para llevarlo a la Espita.
Aryanne se colgó los macutos al hombro, quizá llamaría demasiado la atención, por no decir que aquello pesaba lo suficiente como para querer dejarlo en una habitación sino era estrictamente necesario, pero con la presencia de Annie en aquella casa ni se le ocurriría hacer tal cosa, acabaría “perdiendo” la mayoría de sus pertenencias. Echó una última ojeada a la habitación, buscando la esencia de Earthen en ella, pero después de la visita de Annie todo se esfumó como la ceniza al viento.
¿Dónde encontraría a Edgar? ¿Debería ir directamente a buscar el sótano? Alphonse le había dicho que no estaba en casa pero tal vez, ya había llegado. Ojalá fuera así, cuanto antes acabara con aquella tontería antes se vería con Edurne. No veía el momento para hacerlo.
El caserón era muy grande pero no le costó encontrar el sótano, estaba al final del pasillo donde unas escaleras se asomaban hacia la parte inferior del suelo.  Lo que había imaginado como un trastero descuidado era una pulcra habitación, con suelo enmoquetado y paredes decoradas con papel. La luz era tenue, sobre un escritorio yacían libros, papeles y plumas y delante de éste había un hombre de aspecto impoluto con un bigote grisáceo perfectamente peinado.
-Disculpe, no quería molestar. ¿Es usted Edgar?
A pesar de ser el mayordomo, Edgar vestía con prendas de alta calidad, tenía una pequeña calva incipiente que empezaba a cobrarse las cuentas y un porte recto y formal que imponía hasta cierto respeto.
-¿Con quién tengo el gusto de hablar si es que puede saberse?
-Soy Aryanne, una amiga de Annie - abogó por la mentira mientras pensaba qué diantre podía decirle a aquel señor para que le diera el dichoso fardo- me ha dicho que usted podía devolverme el fardo que le presté el otro día.
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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Títere el Miér Feb 24, 2016 12:34 am

-¿El del baúl? -dijo Edgar.
-Sí, ese.
Edgar abrió el arcón con una llave de plata, y sacó un pequeño fardo blanco atado con correas de cuero.
-Pesa, ¿quiere que la ayude a llevarlo?
-No, no es necesario.
-Entendido, tome.
Edgar le tendió el fardo a Aryanne y vio como esta desaparecía por las escaleras en dirección al exterior.


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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Aliethz el Miér Feb 24, 2016 2:20 pm

Aryanne cogió el fardo y efectivamente comprobó que pesaba más de lo que debería hacerlo un fardo normal. Era poco habitual, por no hablar de aquellas correas de cuero que lo terminaban de envolver, cada vez se volvía todo más sospechoso.  No iba a negarlo sentía cierta curiosidad por el contendido pero también intuía que era mejor apartarse de aquellas intenciones. Aryanne se despidió de Edgar con la educación adecuada y salió de aquella casa para no volver, tal como le había dicho Annie y no porque ésta se lo mandara sino porque sentía que cuanto más lejos de ella estuviera en menos problemas se vería involucrada.
La calle principal ya estaba muy concurrida a esas horas, se fijó en la posición del sol calculándolo. Era media mañana, el mercado estaba a rebosar y los niños jugaban y cantaban en la calle. El sol había calentado la nieve y el paseo estaba prácticamente despejado, de nuevo el ambiente festivo se olía en el ambiente, como un pan con mantequilla caliente.
Aryanne disfrutó un poco del olor de la comida, del sonido que producía la gente al encontrarse, al saludarse... aunque si te parabas a ver bien te podrías dar cuenta que el ritmo con el que hablaban no era común. En ellos había agitacion, preocupación hasta ansiedad, pero lo ignoró ella ya tenía sus propios problemas.
Aryanne le había preguntado a Edgar donde podía encontrar la Espita, éste la miró de mala manera y le recomendó que evitara ese tipo de lugares, no obstante también le dijo que encontraría el local en los callejones que confluían detrás de la plaza principal. Caminó hasta la plaza, la gente seguía igual de alterada o más, parecía que alguien había desaparecido. No le dio más importancia y se metió en el primer callejón. Aunque era de día, la iluminación era escasa, el hedor se extendía a través de las alcantarillas, orina, alcohol y sudor se entremezclaban como un imperfecto perfume. Sin duda no era la mejor zona de Fwerral. Tras girar en la segunda callejuela se encontró de bruces con la Espita.  En la puerta había un par de mujeres tonteando con unos hombres descaradamente, sus vestidos también lo eran, probablemente ni bragas llevaran. Aryanne los ignoró como mejor supo, puso la cara más neutral que conocía de si misma, tomó aliento y entró. En la sala principal no había mucha gente, un grupo de tres personas intercambiado bolsas, otro par de meretrices en la esquina esperando por un mejor bocado y luego en la barra había un joven de dientes relucientes.
-Disculpa, estoy buscando a Robert, ¿lo has visto por aquí?
-¿Robert? Vaya, hacía días que no recibía visitas, no obstante no te va a salir gratis, son 3 iotas.
Aryanne se tragó las agrias palabras y dejó el dinero sobre la mesa. No tenía ganas de perderlo pero quería largarse de allí lo antes posible.
El camarero cogió el dinero y le mostró su blanca sonrisa. - Acompáñame.
De mala gana y sin que se notara Aryanne siguió al chico hasta una habitación apartada al final del pasillo. Tocó dos veces la puerta y entró. Había muy poca luz, se podría decir que estaban prácticamente a oscuras, sólo un tenue rayo de luz iluminaba a Robert. Estaba sentado en una silla, tenía la cara de llena de cicatrices y la ropa un tanto ajada. Su presencia imponía casi tanto como la del alguacil, incluso tal vez más. Parecía un mercenario de poca monta.
-Hola- Aryanne le tendió el fardo- es de parte de Annie. -
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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Títere el Miér Feb 24, 2016 4:24 pm

-¿Annie? ¿Quién es Annie? -preguntó Robert.- Y más importante aún... ¿Quién eres tú?
-Oh, perdón -dijo la mercenaria.- Annastasia. Vengo de parte de Annastasia. Me ha dicho que te lo entregue -le respondió señalando el fardo.- Y respecto a quién soy yo -Arya optó nuevamente por mentir.- Soy Rayla, una amiga de Anni... Annastasia.
Robert la miró fijamente a los ojos, mientras afilaba la pequeña daga que llevaba siempre en la mano.
-¿Ella te ha dicho que me traigas esto?
-Sí.
Robert asintió, y cogió el fardo. Lo dejó sobre la mesa, y cortó con la cuchilla las correas de cuero que lo envolvían. Separó los trapos de lino y fue sacando una a una las pequeñas bolsas de tela que había dentro.
-Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis... -Robert empezó a contar mientras las señalaba.- ...treinta y una, treinta y dos, y treinta y tres.
Robert silbó, y miró a Arya con una sonrisa.
-Vaya, Anna se ha lucido. Cuando la veas dila que nuestra deuda está saldada. No queda ya nada pendiente entre nosotros dos.
-Lo haré -mintió de nuevo Arya, no pensaba hacerlo.
Robert la volvió a sonreír. Las cicatrices y la blanca sonrisa le daban el aspecto de un maníaco, pero no parecía darse cuenta. Cogió uno de los saquitos de tela y lo desató, para después verter su contenido sobre la mesa.
Varias docenas de perlas redondas, como caramelos, se desparramaron sobre la madera. Tenían un color ámbar, y la luz tenue les arrancaba pequeños destellos dorados.
Denner.
Ese hombre y Annie estaban traficando con resina de denner. Y ella ahora también.
Robert cogió uno, y comenzó a masticarlo.
-Oh sí, dile a Annastasia que la quiero. Es la mejor.
El hombre sonreía como un poseso, mientras masticaba y masticaba la pequeña perla de denner.
-¿Quieres una?
Arya se quedó muda durante unos instantes, y luego negó con la cabeza.
Robert se encogió de hombros, y comenzó a silbar alegremente. Uno a uno, fue desatando los saquitos, y vertiendo las perlas sobre la mesa. Había cientos de ellas. Debían costar una fortuna.
Cuando Robert llevaba ya nueve sacos desatados, la sonrisa se le borró de la cara. Cogió un saquito, y lo sopesó en la mano, mientras fruncía el ceño. Después lo desató y lo vertió.
Y unas piedras se desparramaron sobre la mesa. Eran pequeñas, de las que se encuentran en los ríos, del mismo tamaño que las perlas de denner. Pero obviamente, no eran resina de denner.
Robert dejó de silbar.
Abrió otro saquito. Y otro más. Y otro.
De los veinticuatro sacos que quedaban, ninguno de ellos llevaba denner. Solo piedras. De río. Minúsculas.
-Maldita... ¡Zorra! -Robert empujó la mesa, tirando a Arya contra la pared y desparramando las perlas y las piedras por el suelo de la habitación.- ¡Me las pagará! ¡Annastasia no saldrá con vida de esta! ¡La rajaré el cuello! -dos hombres entraron en la estancia, alarmados. Iban armados con garrotes de madera.- Pero antes... Te lo rajaré a ti, Rayla -sentenció, mientras la miraba como un poseso.- ¡Cogedla!
Los dos hombres armados con garrotes agarraron a Arya por los brazos y la obligaron a bajar la cabeza, mientras Robert abría un armario que tenía en un rincón de la habitación.
Y por el rabillo del ojo Arya pudo ver como refulgía el acero que este portaba en la mano.
-Rayla, este es Axel. Axel, esta es Rayla -dijo Robert, mientras levantaba el hacha, dispuesto a decapitarla.- Dila hola.


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Re: Tales of Temerant

Mensaje por Aliethz el Miér Feb 24, 2016 5:42 pm

Como una necia, Aryanne se había quedado contemplando a Robert mientras habría los saquitos. En cuanto empezó a ver como las perlas se cambiaban por piedras de río debía haber huido, pero no lo hizo y allí estaba. Sometida y arrodillada por los fuertes brazos de dos hombres y con una maltrecha hacha apunto de caer sobre su cuello. Por suerte la destreza en el combate le precedía y antes de que Axel cayera sobre su cabeza pudo librarse del agarre de uno de los hombres. Todavía arrodillada y con la fuerza de un solo brazo cogió al hombre que tenía a su derecha y lo tiró sobre Robert, a su vez se levantó y asestó una patada en la entrepierna del otro hombre. Ya solo quedaba Robert en pie, quien había esquivado al chico anteriormente. ¿Que podía hacer para enfrentarse a un armario como él? Incluso con la resina que había ingerido estaba con todos los sentidos puestos. Aryanne reculó hacia atrás esquivando otro golpe, Robert lo repitió tantas veces como un loco desquiciado, sin duda la ira y la rabia serían su perdición. Aun así, Aryanne no pudo esquivar un golpe que le vino por el flanco derecho inferior, por suerte la armadura paró el golpe, pero aun así el dolor era intenso. Herido su orgullo al haber sido golpeada se dignó finalmente a desenfundar a Areath, quizá no era el mejor nombre pero le encajaba como un guante y eso la hacía todavía las maravillosa.
-Conoce tu a Areath, una de las más temibles, la malnacida. El error de la vida.
En aquella oscuridad el filo violáceo de la espada refulgía como una hoguera en pleno bosque, era una espada ligera pero tenía un buen porte, además su filo nunca se gastaba. Parecía una espada hecha de magia.
Aryanne cargó contra Robert con destreza, arremetía por la derecha, por la izquierda, pero Robert conseguía parar todos sus golpes, aun así poco a poco la resistencia de éste iba mermando y ella lo notaba. Cada vez el hacha ascendía menos y sus golpes eran más lentos y torpes. En un último golpe desesperado Robert dejó caer toda su fuerza provocando que tanto Areath como Axel acabaran en el suelo. Robert cayó sobre éste preso de su propia fuerza y Aryanne dio un salto hacía atrás para recobrar su espada. En menos menos tiempo del que creía posible, el filo violeta ya estaba sobre el cuello de Robert. Nadie la amenazaba y salía impune de ello, aunque tampoco era partidaria de matar a nadie, si lo hacia le ahorraría un quebradero de cabeza a Annie. Aquella chiquilla le acababa de tender una trampa, no merecía compasión. Dibujó sobre el cuello de Robert una hermosa filigrana. El color carmesí goteaba y fluía danzando con la gravedad.
-Esta es una advertencia, no me busques y no me metáis en vuestros asuntos, si lo haces la próxima vez te mataré. Lo juro por mi nombre y por mi espada. Lo juro por el viento en movimiento.
Robert lo sabía. Sabía que "Rayla" no mentía. Lo leía en sus ojos, aquellos ojos que parecían poseídos por el mismísimo Encanis.
-De acuerdo, no pondré una mano sobre ti.
Aryanne enfundó a Areath y dio media vuelta para marcharse. Pero como todos sabemos no hay nadie más loco que alguien que consume Denner, así pues, quizá por ésto o quizá porque el orgullo de Robert estaba herido, se levantó y agarró a Aryanne del cuello por la espalda. Intentó rompérselo pero ella fue más rápida o el demasiado obvio. Robert no se dio cuenta, los movimientos de Aryanne fueron rápidos y precisos, Areath ya estaba clavada al costado de su abdomen. Robert cayó al suelo sujetándose la profunda herida que no dejaba de sangrar.
-Todos los hombres sois iguales. Por eso morís tan fácilmente. - Robert no pudo hablar pues Aryanne le ensartó la espada sobre el corazón, regalándole la promesa que se había llevado el viento.
Los chicos que antes habían aparecido hacía rato que se habían esfumado, tal vez habrían ido a buscar refuerzo o tal vez habían huido bajo una corazonada de sensatez. Ella tendría que hacer lo mismo. Enfundó el arma y salió a grandes zancadas. Tenía la armadura manchada de sangre pero sería lo último que allí llamaría la atención.
Una vez fuera de la Espita salió corriendo hacia la plaza, allí fue directa a el Poney Pisador, era el hostal más cercano que tenía, allí podría ponerse ropa cómoda y después salir a dar un paseo. Tenia ganas de cambiar de aires, desde que había despertado no había hecho otra cosa que meterse en problemas.
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