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VOTACIÓN - IV Concurso de Relatos 2016

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VOTACIÓN - IV Concurso de Relatos 2016

Mensaje por Old Medie el Lun Abr 04, 2016 5:13 am

AL FIN!!

Hola a todos, en este tópico se celebrarán las votaciones para coronar al cuarto ganador del concurso anual de Relatos de los Tres Días de Kvothe.

Este año han sido, para mi profundo agrado, 7 los participantes que se juegan el honor en este hermoso concurso, 7 soñadores que desean obtener la gloria de ser leídos, 7 prolíficos escritores que se llevarán más que un puesto y un par de aplausos, obtendrán la dicha eterna de quedar plasmados en este pequeño foro, para ser siempre recordados.

*Medie se sube al escenario, la luz baja y el público deja de hablar para verter su atención en el show principal. El Admin abre su estuche y extrae los relatos. Carraspea, y con su mejor voz de Elodin el Grande comienza:*
LA MÚSICA DEL LETHANI:

Y allí estaba su casa, tal y como la recordaba. No había cambiado ni un ápice y me pregunté si por dentro seguiría igual. En principio, no debería tardar en descubrirlo. Alcé el brazo, llamé y esperé.

La puerta se abrió y allí estaba él, alto, fornido, con su pelo rubio pajizo.  En sus ojos de hielo podía leer la sorpresa y sus manos me lo confirmaron. Alegría. Entusiasmo. Felicidad.

-Daethe.

-Kirel –no pude evitar sonreír ante su recibimiento. Alivio.

Expresó contrariedad ante mi alivio y me invitó a entrar. En efecto, los cambios habían sido escasos pero eso no era suficiente para calmar mi preocupación, pues los cambios más importantes eran los imperceptibles al ojo.

-Todo continúa más o menos como la última vez que pasaste por aquí –me confirmó. Rotundidad. Seriedad.

Me acerqué a él. Siempre había sido mi constante entre un mar de amantes pasajeros. Mi amigo, mi confidente. Pronto él sería lo único que me quedase en Adem, aunque eso todavía no lo sabía. Pero habían pasado dos años, dos años de noticias escasas y a base de recuerdos. No dudaba que nuestra amistad siguiese intacta pero tal vez ese fuego, único y especial, que compartíamos, no. Tal vez el tiempo lo había extinguido.

-¿Todo? –intenté expresar con mi pregunta las dudas que me corroían, cerca de él, mirándole a los ojos.

-Todo –repitió, antes de sellar mis labios con los suyos.

Jugueteó con ellos dulcemente, a la vez que posaba sus manos en mis caderas. Noté cómo algo prendía en mi interior y, de repente, mi cuerpo reaccionó solo. Mientras le daba paso a mi boca, mis brazos rodearon su cuello y me apreté contra él, como si la distancia entre los dos fuese insoportable. De hecho, lo era. Era como si cada día separados le hubiera estado deseando intensamente y todo ese deseo saliera ahora a la luz. Tal vez realmente había sido así.

Poco a poco, entre caricias y miradas cómplices, la ropa acabó en el suelo. Cada centímetro de mi piel que no estaba en contacto con la suya me hacía sentir una necesidad acuciante, empezando por mi zona íntima, todavía cubierta. Cuando sus manos apretaron mis glúteos, tomé impulso y salté hacia él, rodeando su torso con brazos y piernas. Aprovechó para llevarme al dormitorio, tambaleante, mientras yo mordisqueaba su cuello, expuesto. Una vez allí, se dirigió a la cama e intentó dejarme en ella con delicadeza pero yo no deshice mi agarre, haciéndonos caer contra el colchón. Volvió a atacar mis labios mientras rodábamos, intercambiando nuestras posiciones. Entre contorsiones, le ayudé a desnudarme por completo y él aprovechó para mimar mis pechos con su lengua. Repasé su cuerpo con mis manos, intentando corresponderle, y llevé una de ellas a su entrepierna que, para mi frustración, continuaba oculta tras una última prenda. Kirel se separó de mí con un gruñido para deshacerse de ella. Para cuando volvió a la cama, yo ya había decidido cuáles serían nuestros siguientes pasos, consumida por la impaciencia.

Se sentó y no tardé en envolverlo con mis piernas, echándole los brazos al cuello, quedando cara a cara. Mientras comenzaba un nuevo beso, intenso, me pegué completamente a él, notando la dureza de su miembro. Complacida por lo que había encontrado, me balanceé ligeramente, dejándome invadida de nuevas sensaciones. Pero esto no duró mucho ya que, presa del deseo, me vi en la necesidad de darle paso hacia mi interior.

Gracias a su altura, nuestros labios quedaron cerca y pudimos continuar besándonos con furia. Comencé a subir y bajar, y sus manos se apostaron en mis glúteos, instándome a que continuara. Y continué, dejándome llevar por el ritmo que marcaba mi cuerpo, acelerando poco a poco  sin realmente pretenderlo. Con un gemido ahogado, terminé nuestro beso, el aumento del ritmo no me permitía continuarlo, no tenía suficiente oxígeno, pero no me separé de su boca. Nuestros alientos se mezclaron mientras proseguía con el vaivén, cada vez más apresurado. Y más. Mis dedos se clavaron en su espalda. Y más. Volví a gemir entre sus labios. Y más. Sentía que tenía el cielo al alcance de los dedos, me lo decía la sensación entre mis piernas. Y entonces, una corriente de placer se extendió por cada fibra de mi ser, dejándome a merced de unos suaves temblores. Jadeé, intentando recuperar el control sobre mí misma. Kirel me sonrió, con una mirada burlona, y aprovechó mi momento de debilidad para cambiar de postura y tener así un mayor protagonismo. Me echó sobre el colchón y se colocó encima, acoplándose por completo a mi   cuerpo mientras yo me estremecía al volverlo a sentir en mi interior. Empezó a moverse lenta e intensamente mientras me torturaba mimando  mi cuello con su boca y me acariciaba el pecho con una delicadeza ardiente. Sobrepasada por las sensaciones, adiviné sus intenciones: quería volverme a ver disfrutando como antes y quería ser él el único artífice de ello.  Cerré los ojos para dejarme llevar por los escalofríos que me asediaban desde distintas partes de mí. Llevé mis manos a sus nalgas, animándole a aumentar el ritmo. Lo hizo. Me mordí los labios. Reconocí las señales, probablemente cumpliría sus expectativas de nuevo. Abrí los ojos y su imagen me hizo arder, su cuerpo perlado de sudor y su mirada repleta deseo. Cada vez más deprisa, se acercó a mi oreja y susurró mi nombre con la voz enronquecida. Entonces, paró de repente y lo sentí entrar otra vez pero con lentitud y determinación. Mi espalda se arqueó como respuesta. Gimió, mientras se derramaba en mi interior, y una ola de placer volvió a recorrer mi columna vertebral. Durante un segundo fuimos uno. Luego, nos precipitamos poco a poco a la realidad.

Una vez saciados, con los cuerpos enredados y la respiración entrecortada, empezamos a conversar. Él me habló de su carpintería, del invierno, de nuestra gente. Yo le hablé del noble para el que trabajaba, de otras ciudades, de la música. Hablamos de qué había sido de su madre, de lo mucho que nos habíamos echado de menos, del combate. Él no era exactamente un mal luchador, pero odiaba hacer daño y sus nobles sentimientos lo entorpecían. Por eso nunca vistió el rojo. Yo, sin embargo, siempre fui mortífera, ágil y silenciosa. Y, aunque nunca fue mi ambición, me convertí en una de las mejores. Dudé, ¿correría eso a favor o en mi contra?

-Y ahora, ¿qué vas a hacer? –me preguntó mientras acariciaba mi espalda desnuda.

Ah, sabía que esa pregunta tenía que llegar pero todavía no me sentía preparada para responderla. No importaba porque nunca lo estaría.

-Quiero dejarlo –mi voz sonó hueca. Noté como su mano paraba en mi zona lumbar, crispada.

-Es por la música, ¿verdad? Quieres volver a Imre, pero esta vez en calidad de artista  –tragué saliva, al parecer seguía siendo un libro abierto para él-. Lo sabía –suspiró, como si yo fuera una muchacha ignorante a la que hay que explicarle una obviedad-. Daethe, siempre te gustó cantar y ya desde niña dominabas aquella flauta que te regaló tu madre. Y bueno, no hay nada incorrecto en hacerlo en el ámbito privado. Se te da de maravilla pero…

-No es suficiente –le interrumpí- nunca lo fue. Sí, siempre me gustó cantar pero sabes que mi interés por la música va más allá de eso. Más allá de dominar un instrumento. Quiero idear canciones, quiero compartirlas con el resto de personas, quiero…

-¿Quieres compartir tus sentimientos a cambio de dinero? –me preguntó mientras se sentaba sobre la cama, atónito. Sus manos se movieron con presteza: estupor, confusión, consternación.

- Tú no puedes entenderlo –repliqué.- Es cómo me hace sentir y cómo hace que se sientan los demás. Eso simplemente no puede ser malo, me lo dice el corazón, me lo dice el Lethani.

Silencio. Fijé mi mirada en el suelo, no quería saber en qué estaba pensando.

-Sabes que tienes un deber para con la escuela, ¿no? –Asentí.

-Pretendía hablar de ello con Shehyn, puedo continuar mandando parte de mis ganancias.

-No lo querrá si lo has ganado así.

Suspiré. Eso era algo que yo ya sabía, pero no pensaba rendirme. Me observó desde su posición, fundiéndome con su mirada de hielo. Sabía que mis deseos le iban a causar rechazo pero sus ojos simplemente buceaban en los míos, como si estuviesen buscando algo.

-Cántame.

La petición me pilló  completamente por sorpresa pero no me hice de rogar.  Inmediatamente recordé una cancioncilla que había tenido en mente mientras volvía a Ademre. Hablaba sobre la nostalgia del lugar de origen y me pareció adecuada. Cogí aire, cerré los ojos y mi voz apareció, potente pero dulce, ligeramente grave. La melodía era sencilla pero yo disfrutaba complicándola, retándome a mí misma,  mostrando así mis capacidades. Canté sobre la añoranza de los lugares que te ven crecer y pensé en el paisaje rocoso de mi ciudad, en las casas en armonía con él. Canté sobre la angustia de necesitar a alguien que está lejos y pensé en él, en su reconfortante presencia. Canté sobre las mieles que esperaban a la vuelta y pensé que ojalá no fuesen arruinadas por una prohibición. E intenté imprimir todo esto en mi voz, para que le llegara de alguna manera a mi atento espectador.  Cuando se extinguió, abrí los ojos lentamente, como salida de un sueño, y percibí su turbación. Sus manos se movieron frenéticamente, mostrándome un torbellino de emociones. Preocupación. Adoración. Tristeza. Profunda admiración. Resignación.

-Vas a irte, con permiso o sin él–susurró, mientras reducía el espacio entre nosotros.- Pero, por favor procura conseguirlo, si te destierran no volveremos a vernos –la amargura cruzó su mirada, mientras me acariciaba suavemente la mejilla- Te voy a echar de menos.

Me quedé pensativa mientras posaba sus labios en mi hombro y los deslizaba lentamente hacia mi mandíbula por las curvas de mi cuello. Entonces, fui consciente otra vez de nuestra desnudez. Cuando llegó a mi boca no pude evitar abalanzarme sobre él.


El día siguiente lo pasamos juntos, abandonando la cama sólo para lo justo y necesario, separándonos lo mínimo posible, como si tuviéramos miedo de que el otro fuese a desaparecer de un momento a otro. Sus besos sabían a la vez a reencuentro y a despedida,  aunque no volvimos a mencionar mis planes de futuro. El tercer día decidí no retrasar más lo inevitable y dejé a Kirel dormido para salir en busca de Shehyn. No tardé en encontrarla, para mi desgracia, pues no tenía pensadas mis palabras. Observaba el árbol de la espada con una serenidad que imponía respeto desde la lejanía. Antes de llegar hasta ella ya había advertido mi presencia.

-Daethe, no te esperaba –me hizo una leve inclinación de cabeza mientras con sus manos me sonreía y mostraba su sorpresa.

-Shehyn –realicé un saludo respetuoso, esperando que no se me notasen los nervios.

Un pesado silencio se aposentó entre nosotras, mientras observábamos al árbol bailar al son del viento.

-Quería consultarte una cosa –añadí mientras gesticulaba seriedad.

-¿De qué se trata? –curiosidad.

-Yo… -intenté mantener la firmeza en mi voz- no me siento capaz de continuar como mercenaria adem.

-Oh –contrariedad- ¿Quieres hacer una pausa para iniciarte en otros caminos de conocimiento?

-No exactamente… -titubeé- mis deseos se alejan de la lucha –agaché la cabeza-. Me gustaría ser música.

Sus ojos grises delataron su incredulidad mientras sus manos se movían, raudas. Estupor. Desconcierto. Decepción. Desaprobación. Pensé en realizar un gesto de disculpa pero deseché la idea. No tenía por qué arrepentirme de mis deseos, debía mantenerme firme si quería conseguir su beneplácito.

-Creo que estás cometiendo un grave error. Tu profesión actual es muy respetable. Te has ganado un nombre. Eres de las mejores.

-Soy consciente de ello –respondí-. He reflexionado mucho.


-Parece que no lo suficiente –la dureza de la réplica me hirió, como un cuchillo afilado-. ¿Qué diría Edithe si todavía estuviese con nosotras?

La mención de mi madre me paralizó. Una imagen me vino a la mente, tan nítida, tan real, que me transportó lejos de Shehyn. Allí estaba ella, joven, bella, con esos rizos dorados que heredé y esos ojos verde intenso que no. Y allí estaba yo, tan niña, con mi mirada de color caramelo cargada de emoción. Me entregaba una pequeña flauta, tallada en madera, que me acompañaría siempre a partir de aquel momento, mientras me aleccionaba. Sólo en casa, decía. Sólo para las personas importantes. La imagen cambió, ambas éramos un poco más mayores. Ella cantaba mientras cocinaba, sin reparar en mi presencia, mientras yo la observaba con admiración. Su voz era tan hermosa… Una parte de mí quería unirse a ella pero la otra temía estropear la belleza de la canción. Sin embargo, la letra era tan sencilla y tentadora que no me pude resistir.  Ella dio un respingo al oírme y se giró, sorprendida, pero instándome a continuar con la mirada. Cuando terminé me sonrió con una ternura que me llegó al alma pero su semblante no tardó en mostrar seriedad. Que no oigan tu voz, decía. Esto es sólo para nosotras, los demás no lo entenderían. El momento se desfiguró, mientras me veía asediada por diferentes recuerdos. Una última imagen se superpuso a todas, la más reciente. Ella estaba tumbada en la cama, desvaída, enferma, esperando la muerte, mientras  yo hacía música para ella, con la flauta, con mi voz. Compadezco a todos los que no pueden escucharte, me susurraba, casi sin fuerzas. Es una pena que tengas que reservarte para la intimidad. Volví a la realidad, con las palabras de mi madre resonando en mi cabeza.

-Lo entendería –seguridad-. Ella me enseñó este camino. Pensar en ella sólo me convence de que estoy haciendo lo correcto.

-Entonces, ¿piensas ocultarte el resto de tu vida tras un biombo mientras tocas para la gente en sus casas?

-No –hice una pausa, ahora venía la parte más complicada. Sentía cómo los nervios volvían a apoderarse de mí-. Pienso en irme, para aprender y perfeccionarme en el mundo que hay más allá de Adem.

Noté crecer la ira en ella.  

-Desprecias tu cultura y abrazas la de los bárbaros –comentó, destilando enfado.

-Eso no es cierto, la aprecio pero soy crítica con ella. Creo que nos consideramos tan por encima de aquellos a los que llamamos bárbaros que no somos capaces de considerar lo que podemos aprender de ellos –solté de sopetón-. Pensamos que nuestro modo de vida no tiene defectos y lo mantenemos, inmutable, sin cambios, cuando sabemos que no hay nada perfecto.

-No, –negación, decepción, seriedad- no eres capaz de ver. Que nosotros no seamos perfectos no significa que tengamos algo que aprender de ellos.

Me rendí ante su respuesta. La edad y experiencia jugaban de su parte. Sin embargo, en medio de mi desesperación, me abandonaron los nervios y vi con claridad qué era lo que tenía que intentar explicarle.

-Percibo el Lethani como música –musité, presa de una sinceridad repentina-. Una música de fondo presente en todas las cosas con pequeñas variantes en cada una –me quedé pensativa, buscando como ejemplarizar lo que acababa de decir-. Te lo mostraré.

Acto seguido saqué de mis ropas la flauta de mi madre. Tenía claro lo que debía hacer. Fijé mi mirada en el Lathantha y comencé a tocar, sumergida en un estado de serenidad y en una vorágine de pensamientos a la vez. La melodía que surgió era pausada y robusta, evocando la grandiosa e imponente figura del árbol, sus raíces y tronco. Las notas no tardaron en tornarse más agudas, describiendo las hojas como cuchillas y el tempo se aligeró recordando al suave vaivén provocado por la brisa.  Pero, de repente, una ráfaga de aire azotó las ramas con fuerza y estas empezaron a bailar con poderío, mientras mis dedos se desplazaban  por el pequeño instrumento, intentando transmitir lo que veía. La melodía cobró una nueva intensidad, llena de contrapuntos, llena de contrastes, evocando la quietud y solemne calma del tronco  y el frenético pero organizado movimiento de sus hojas. El silbido que provocaban al cortar el aire se entretejía con la canción, añadiendo nuevos matices. Mis manos se movían con rapidez pero no temía equivocarme, no en el estado de comprensión en el que me hallaba. Las notas se sucedían en mi mente, cada una poniendo música a cada detalle del árbol. La ráfaga cesó y el movimiento de las hojas fue suavizándose, al igual que el ritmo de mi melodía. Poco a poco volvieron al moderado vaivén del principio, al igual que las notas volvieron a bajar, graves y pausadas. Terminé la canción con el mismo sonido con el que la empecé. Separé el instrumento de mis labios con delicadeza y me giré, ligeramente avergonzada. Pero no esperaba encontrar lo que vi.

Shehyn lloraba. Su rostro se mostraba imperturbable pero las lágrimas rodaban lentamente por sus mejillas.  Y entonces supe que lo había conseguido. Tal vez se me diesen mejor las notas que las palabras.

-Puedes marcharte, tu deuda con la escuela está saldada –me comunicó con solemnidad- Eso sí, debes dejar de vestir el rojo.

Asentí, me embargaba la emoción pero preferí permanecer impasible para no estropear el momento ni con expresiones faciales ni con el movimiento de mis manos.

-Os devolveré las ropas antes de partir.

-No -.Rotundidad. Seriedad. Importancia-. Quédatelas. Por si acaso –hizo una pausa-. Además, te las has ganado.

-Gracias –respondí, sincera. Me incliné ante ella con un respeto reverencial y me fui.


Tardé un ciclo en marcharme, tiempo que dediqué casi exclusivamente a Kirel, a compensarle por el tiempo que pasamos y que íbamos a pasar separados. Partí al amanecer, bajo la atenta mirada de mi amigo, apoyado en el marco de la puerta y de brazos curzados. El sol de un nuevo día iluminaba mis pasos y la felicidad de quien tiene la intención de cumplir sus sueños, mi corazón. Y así, me encaminé hacia Imre, bajo la promesa de volver. Pronto.

*Medie termina con el primer relato. La gente poco a poco sale de la ensoñación. Las luces suben un poco para que las camareras puedan dar un par de vueltas recogiendo vasos y sirviendo tragos. Luego de un par de minutos y cuando todos están ya listos para continuar, el Admin vuelve a carraspear y comienza con el segundo participante:*

CAMINOS ENTRELAZADOS:

Siempre le había gustado observar intensamente el bullicio. Ver a decenas de personas andar en la misma dirección pero a distinto paso. Personas con diferentes historias de vida y diversos problemas, vivencias y pensamientos. Aunque ese precisamente era el problema: parecían distintas pero ella sabía la verdad, no lo eran en absoluto. Tenían un extraño punto en común.
En realidad, veían sin observar. Oían, pero no escuchaban. Hablaban sin sentido. Y eso no era lo más espeluznante. Para ellos, los días se sucedían uno tras otro. Corrían. Y así, día tras día. Y otro. Y otro. Y uno más. Y después nada, solo silencio. Y era triste y a la vez bello. Ella también quería ver sin observar, oír sin escuchar. Todo debía resultar tan sencillo, tan fácil. Pero no, en esos instantes y aún después de todo lo sucedido le seguía resultando perturbador ese deseo, no debía desear algo así para ella, no, para ella no.
Ella observaba y hablaba y escuchaba. La gente, sus rostros y sus gestos, pero también el camino roto, el ajetreo desdeñoso y el sol perezoso. Escuchaba tantas voces hablar a la vez, excitadas, felices o emocionadas. Pero no, eso en todo caso se lo imaginaba. En su cabeza hablaban sobre cosas bellas, jamás de lo terrorífico que se estaba trocando el mundo en esos últimos años.
Y en algunos momentos si se concentraba lo suficiente o tenía el ánimo para ello, olía las intenciones de la lluvia y sentía la tierra viva bajo sus pies e incluso, y esto sólo era en ocasiones muy especiales, comprendía las emociones y los sentimientos de los demás. Y no se basaba en la mera identificación. Descubría los porqués del mundo. Y era maravilloso y extraordinario. Tanto que sólo lo hacía en ocasiones muy especiales, pues también era revelador. Y escalofriante.
Y no obstante, hoy presentía que no era uno de esos, de esos en lo que las personas eran como líneas escritas en su mano. Deshechó el pensamiento.
"No pienses en ello".

Si no le hubiese visto no desearía cosas que no debía. No recordaría. Y eso estaba mal. Él no importaba. En realidad, nunca tendría que haber importado.
"Nunca más".

Respiró profundamente y relajó los hombros. Su cara dejó de reflejar sus sentimientos.
"Jamás".

Unas horas antes había observado sus ojos entre la gente. Esa mirada cristalina, verde y pícara. Prometía aventuras nunca realizadas en una vorágine de deseo con contrapuntos de felicidad y desdicha. Todo a la vez. No le esperaba ver en ese sitio. Bueno, en realidad, no le esperaba ver en ningún sitio.
Afortunadamente había conseguido huir a tiempo aunque caminaba irreflexiva sin prestar atención a las gotas que caían a su alrededor. Sabía que tenía poco tiempo antes de que la encontrase pero no le importaba, ya estaba perdida. Se encontraba muerta en su propia mente.
- ¿Estás bien? – preguntó de repente una voz demasiado conocida, y conocía muy bien esa voz, su voz.

Miró distraída en su dirección y se encontró con su mirada preocupada. Por primera vez en mucho tiempo observó sin observar con las pupilas dilatadas, como si estuviese persiguiendo un sueño olvidado, muy lejos de la realidad lluviosa y de él.
- ¿Estás enferma? - preguntó con un matiz que no conseguía discernir.
- Lo siento - se escuchó en un susurro.
- ¿Qué sientes?
- Siento... no... - Pausa. Respiró y era como si sus pulmones se llenasen después de mucho tiempo sin respirar - puedo... oler la lluvia.

Por fin olía realmente esa deliciosa humedad, en toda su realidad. Ese extraño olor que deja la lluvia en una ciudad cansada y polvorosa, un olor que siempre le había recordado a melancolía, sueños imposibles y polvo del camino. Era uno de sus olores favoritos.
Abrió los ojos y alzó el rostro sintiendo las gotas deslizarse por sus labios. Era como si el cielo llorase. Eran como lágrimas liberadoras. Sabían a libertad, exactamente igual que él. Era un sabor bello y puro. Sonrió.
- No vuelvas a hacer eso otra vez - enfocó por fin la vista hasta ver su cara pensativa.

No le contestó. Miró a su alrededor. Un parque y un banco a las afueras de la ciudad. Intentó hacer memoria. Solo recordaba la lluvia. Era de noche y estaba empapada en uno de sus lugares favoritos. Los árboles se mecían lentamente con el suave viento y las pequeñas flores rojizas dejaban olores dulces que impregnaban el aire. Suspiró satisfecha, nadie había podido ver su debilidad. Se levantó despacio. Los bordes de su conciencia seguían intentando encajar todas las piezas.
- ¿Cómo lo supiste? — preguntó sorprendida por fin.
- Las historias mienten.
- ¿Qué estás haciendo aquí? Creía que estabas en el otro extremo del mundo - lejos de ella, por su propia seguridad.
- He vuelto — dijo sin más — ¿Qué te ha pasado?
Pasaron unos segundos, extraños. Casi sin vida.
- Has vuelto – y no era una pregunta.
- Sí.

No dijo más. El sol salía revelando un nuevo día al mundo.


¿Pero por qué había regresado?
Abrió la puerta despacio en un silencio absoluto para no llamar la atención de los otros huéspedes, sin prisa, como siempre hacía cuando quería captar todo el olor de la habitación, sus matices y detalles, antes de sentarse en la cama cansada. Era el único sitio donde se sentía ella misma. La habitación captaba sus estados de ánimo a la perfección encajando en ella como un traje hecho a medida. Y hoy estaba triste.
Otro habría observado el salón de paredes blancas, abarrotado de muebles perfectamente dispuestos sin una mota de suciedad y quedaría satisfecho. El blanco era un color puro, bueno, intachable. Pero para ella no, la casa le daba la bienvenida y le mecía en un tierno abrazo azulado. No blanco, no. Odiaba el blanco.
Primero permaneció sentada en la cama y observó la estancia con fijeza para después levantarse y caminar hacía el espejo que tenía al lado del armario. Era su ritual para cuando las cosas no funcionaban como debían, para cuando necesitaba huir de sí misma. Era lo más sencillo cuando quería pensar sin ser molestada por otros detalles y hoy sólo necesitaba pensar unos momentos, se repitió, y después podría volver a ser ella.
El problema es que cada día le costaba más.
Hacía dos años que había desaparecido esa sensación de creer que podía conquistar el mundo y cambiarlo a su antojo para que fuese un lugar mejor. Un lugar sin miedo y huidas. Sólo dos años y parecía un mundo. Ahora lo veía de una forma muy distinta, todo había cambiado, ella la primera y su reflejo lo demostraba. Pensó en el último día que se vieron.
Ya llevaba dos años sin verle. Quizás demasiado tiempo para el resto de personas pero en su memoria los recuerdos permanecían como si se tratase de una huella indeleble grabada en su interior. Sus últimas palabras resonaban en su cabeza.
"Nos encontraremos donde se cruzan los caminos".

Su voz evocaba recuerdos pasados que creía olvidados. Suspiró. Sabía lo que significaba su regreso. Observó su reflejo pensativa, un rostro normal con una cabellera rubia y ojos marrones oscuros le devolvió la mirada. Ni siquiera era el rostro con el que había nacido.
Se permitió sonreír abiertamente en la comodidad de su reflejo pues era el único sitio donde podía hacerlo. Sus ojos parecieron iluminarse y el rostro cambió unos instantes.
Movida como por un resorte, se desplazó casi corriendo para buscar en un tablón de madera suelto en la pared. Lo que guardaba dentro era su pequeño secreto. Sólo que era un secreto que a veces no se revelaba ni a sí misma. Abrió deprisa la caja oscura, animada por primera vez en muchos meses. Había sido su regalo. Sacó papel y tinta sin querer prestar atención al resto de objetos. Volvió a sonreír recordando lo último que le había dicho y comenzó a escribir.

*Medie terminó el segundo relato. El público comienza a regresar de su pequeño viaje, las luces no suben, la gente desea seguir escuchando. Medie deja el segundo relato dentro del estuche, saca el tercero y comienza:*


HABÍA UNA VEZ:


Había una vez…
-No empieces así la historia, está muy usado.
La voz de aquella chica le molestaba a la hora de escribir, pero era la única que podría ayudarle.
Antes de que los pájaros aprendieran a cantar…
- No, así no. Los pájaros siempre han sabido cantar.
El chico borró de nuevo lo que había escrito y tras unos instantes en los que pasó pensando, tuvo una idea y se puso a escribirla.
Cuando los animales saboreaban el cielo…
- Extraño, pero puede valer.
- De todos modos -intervino al final el escritor- los lectores siempre olvidan el comienzo.
- Por eso debes hacerlo memorable. Para que estén atentos desde un principio.
La chica sacó de su bolsa un pequeño libro de tapa dura, vieja y con pistas de su color original. Abrió directamente la página que buscaba y empezó a recitar:
Cuando las rosas eran rosas y el viento las calmaba; cuando el hombre sabía vivir y los árboles sabían respirar; empezó la historia de nuestro protagonista; feroz y audaz, pequeño pero matón, con gran valor que precisamente no era del montón.
- Tú tienes un don para escribir, hermana mía.
Su hermana dejó de mirar al libro y rápidamente le miró con desaprobación.
- Nadie nace con ningún don. La creencia de los dones es ridícula.
- Entonces, ¿qué te diferencia de mí?
- Grandes cosas ha de tener un escritor: un gran temple y un gran corazón. Varias cosas ha de usar un escritor: su pluma y su infinita pasión.
- Van Rodeck.
- Exacto, y él tenía razón, así que ponte a ello o no  me vuelvas a dirigirte como mi hermano.
El chico siguió escribiendo durante un rato más. Intentó continuar la historia de un modo original, pero se dio cuenta de que todo estaba ya hecho. Acabó frustrándose y se rindió. No sería el que hiciera la historia definitiva, la que cautivaría a todos.
Volvió al campo, donde podía relajarse y pensar. Le era de utilidad cuando quería escribir.
Aquel  día hacía bastante viento y el árbol bajo el que se posaba se movía lentamente, de un lado a otro. Las ramas producían un sonido relajante y las hojas eran una demostración del viento que azotaba aquel lugar.
Decidió sentarse, al fin. Se posó sobre el único árbol en aquella explanada y se dejó llevar por el viento.
Su cuerpo seguía bajo el árbol, pero su mente se movía con el viento, como en un baile en el que ambos acompañantes se complementaban como uno solo.
Era capaz de ver un libro muy grueso que jamás había visto. Daba igual qué soñara que siempre acababa viendo la portada de aquel libro.
Notó su flequillo de nuevo y se acarició su cabello rubio. De pronto, unas cuantas preguntas golpearon su mente con el martillo de la duda:
¿Qué debo escribir?
¿Cómo puedo hacerlo?
¿Qué conseguiré?

Y es que cuando era solo un niño, decidió que en el futuro, desde el lejano Ademre hasta los remotos campos de Yll, todas las personas acabarían oyendo sobre él. Decidió que iba a ser un brillante y famoso escritor.
Pero aún se preguntaba qué elementos eran los importantes para una historia. Aún estaba en una fase muy temprana en su gran proyecto.
¿Cuál era la clave para escribir un gran libro?
Bueno, en aquel momento el muchacho pensaba que el gran secreto para el éxito de una novela radicaba en la forma de escribirlo. Quizás con una brillante prosa y un rico vocabulario se podía hacer que el lector se tragara cualquier estupidez, que le sonaría brillante.
Las grandes historias ya estaban inventadas. Los héroes-caballeros de brillante armadura- ya habían acabado sus hazañas. Los más aterradores dragones ya habían sido derrotados. Los grandes reinos ya habían caído.
¿Qué podría hacer él que no hubiera pasado?
Lo que le distinguía de su hermana era la visión. El problema de aquel chico era que no había conseguido todavía ver las palabras con un significado profundo. Aún no veía que las grandes historias en realidad eran diferentes entre sí. Aún veía todo como un niño.
Tras pasar unos infructuosos minutos en medio del viento, volvió a su habitación, donde pasaría un par de horas más intentado escribir.
Cuando los animales saboreaban el cielo y las flores besaban la luz, la historia de nuestro, el protagonista, comenzó. Antes de que los grandes héroes realizaran sus hazañas y las grandes leyendas fueran contadas.
¿Qué mejor historia que el nacimiento de las historias?
Nuestro joven protagonista al fin vislumbró en su infantil mente lo que acabaría convirtiéndose en una gran historia. No hubo testigos para ver el nacimiento de uno de los mayores escritores de toda la historia de Temerant.

Había una vez un escritor tan grande que podía crear una historia que según quién la leyera tendría un significado u otro. Una historia que en realidad no era nada.
En cualquier caso, no es el éxito de este escritor lo que cuenta, sino el simbolismo de sus hazañas. Cómo había conseguido enfrentarse a un problema dándole una vuelta al modo de verlo. Pues aquel escritor sería el primero de una revolución al modo de ver las cosas, desde las más ridículas hasta las más importantes. Por todo el mundo.


*El Admin queda en silencio, las luces se mantienen bajas. Las conversaciones comienzan entre el público, ya empiezan a haber favoritos. Todos desean seguir escuchando, aún faltan un par de relatos. Cuando el silencio regresa a la sala Medie sabe que debe continuar. Da un sorbo al vaso de piedra que reposa junto al estuche y comienza a leer el siguiente relato:*

HERRERO:

El humo entrando en mis ojos, las llamas altas como mar ardiente devorando todo, iluminan la noche tanto que parece pleno día. El calor es abrasante, potente, amilana nuestra fuerza y nos asusta. Pero a mí no, el calor es parte de mi, el fuego es herramienta en mis manos, el fuego es mío. Desde niño he tenido una fragua junto a mí, el fuego es una herramienta en mi mano, me ayuda a darle forma al hierro. Soy herrero, pero hoy no, hoy soy soldado, defiendo a mi ciudad del fiero enemigo.
Atacaron por sorpresa e incendiaron todo lo incendiable, avanzaron implacables con la certeza de una flecha. Yo marcho junto a los míos a la batalla, marcho con mi espada larga, con mi casco bruñido, con mi capa ondeante y mis pasos firmes. El hierro y yo ahora somos uno, soy un plateado ángel de la muerte y mi espada hierve por la sangre del enemigo.

La contienda es desigual, nos sobrepasan tres a uno. Ellos avanzan, voraces, y en sus armaduras se reflejan las danzantes lenguas de fuego.
Nosotros tenemos el orgullo henchido y la pasión de un joven enamorado pues nuestra ciudad es hermosa, tenemos algo por lo que dar hasta nuestro último aliento, Myr Tariniel, mi preciosa ciudad, hoy moriré por ti.
Avanzamos a las puertas del norte, la única entrada y salida. Todo es rojo en la noche y en vez de frío siento el calor potente en mi cara, las llamas están a varios metros pero el calor es abrazador. El enemigo se esparce por toda mi ciudad y no somos suficientes para repelerlos, entran en oleadas metálicas abarcando todo y quemando todo a su paso. Malditos, malditos todos. Tan solo entrar en mi ciudad con sus estandartes de guerra es suficiente para que me hierba la sangre, que maten e incendien mi ciudad es suficiente para querer abrirlos como nueces. Malditos gusanos en capullo de hierro, los abriré a cada uno.
Llegamos junto a mi gente a las puertas, y muestro enemigo son olas y olas de hierro incesante, chocamos contra la marea y todo se vuelve rojo, rojo sangre. El fuego está por todos lados y obedece a los nominadores, salta como conejos brillantes de una casa a otra, abarcando todo.
Mi espada encuentra su primera víctima, un desgraciado armado hasta los dientes, está cubierto de hierro por todos lados, pero soy un guerrero del metal y conozco una armadura perfectamente, mi espada entra y sale de los recovecos y brota sangre por donde ha pasado. Corro, brillante e incesante, y frente a mi aparece una y otra vez el guerrero enemigo de rostro desconocido, malditos, malditos todos, los mato con precisión y voracidad pero siempre hay otro, por cada uno que asesino aparecen otros dos.
Mi espada esta roja y en mi cinturón tañen mi hacha y mi maza cuando con mis movimientos chocan, hacen ruido para que las recuerde, también tienen sed. La puerta está en control por breves minutos, el enemigo se encuentra a ralla y le dan caza a los que dentro de la ciudad provocan incendios y van desperdigados de un lado a otro. Pero la calma es poca y las paredes rugen de dolor y pena, no pueden resistir. A mi izquierda y derecha, las largas y anchas paredes de mi ciudad oscilan como mi capa, como si un viento las meciera como sabanas, los nominadores llaman a la piedra y la piedra cae.
Dos boquetes grandes como la noche, anchos como el mar, dejan entrar tantos caballeros que parece que toda la población del mundo estuviera entrando a mi ciudad.
Malditos, malditos todos, mi gente se repliega y mi larga espada está cansada, ofrezco mi hacha a los que entran a mi espacio por la izquierda y sostengo mi larga espada con mi derecha haciendo de escudo, las espadas largas se deben usar con dos manos, están hechas para eso, pero soy más herrero que soldado y conozco el hierro, y mi espada me obedece y se mueve precisa. Soy letal, el hierro es mío, mi hacha es una extensión de mi mano, se mueve rápida y hace silbar el viento. Mi espada me defiende como diez hombres y todos los que me atacan caen como el trigo maduro, soy fuerte y joven, y defiendo con honor a mi cuidad.

El fuego es voraz, mi ciudad se incendia por todas partes. La puerta del norte ya no protege, está abierta de par en par y todos entran. «¿Dónde está Selitos?» escucho preguntar a mis compañeros. Mi gente está perdiendo la esperanza, han caído tantos a mi alrededor que siento que todo Tariniel ha muerto. Nos sobrepasan por mucho.

He perdido mi espada, la clavé hondo en el pecho de alguien, tanto que traspasé su pechera y su débil metal. Uso mi hacha y mi maza, una en cada mano provocan tanto daño como el fuego a mí alrededor. El calor es tal que me hace sudar, estoy prácticamente solo frente a más de cien guerreros y las puertas abiertas hacen entrar a todavía más. Lucho como nunca en mi vida, estoy herido en el pecho y en una pierna, la adrenalina me hace perder el dolor y solo veo rojo y odio. Selitos no está, Myr Tariniel cae.

El fuego consume mi ciudad, el enemigo es como herrumbre. Malditos, malditos todos. Estoy cansado y mis armas me pesan, mi armadura presiona en mi pecho y me hace difícil respirar, todo el hierro en mí presiona por encontrar el suelo. Y mis enemigos llegan en olas, como hordas, una tras otra y ahora estoy solo. Bajo mis brazos cansados, pasan a mi lado, ya no soy una amenaza, pasan a mi lado y me ignoran, ya no soy más que un herrero cansado. Hago un último esfuerzo, no caeré sin pelear. Acató como el hierro, mordiendo con mi maza, arrasando con mi hacha. Mis enemigos caen, pero ahora estoy solo y ellos son mil, me hieren y me rompen, mi maza se ha perdido y con mis dos manos abanico mi hacha buscando la tierna piel de mi enemigo. No lo consigo.
Myr Tariniel cae, se incendia como una cascara seca, Selitos ¿Dónde estás?

Todo es negro y hollín, el aire es denso y escuece. El enemigo entra y destruye, son herrumbre. Mi aliento es entrecortado, estoy de rodillas y mi sangre se mezcla con el hierro, ¿y mi hacha donde está? Me quito el casco y miro al cielo, pilares de humo suben y se pierden en la oscuridad.

Mi sangre se derrama, se une al fuego, al metal. Cierro mis ojos, me apago, me enfrío.
Myr Tariniel cae conmigo, soy el último. Malditos, malditos todos.

*Ya tan solo quedan tres relatos dentro del estuche. Medie toma otro sorbo de su vaso. El público está concentrado, esperando al que sigue, desean seguir consumiendo aquellos escritos, como si se tratara de denner:*


HISTORIA DE UNA MALA HISTORIA:

Creció y se educó en el centro de la civilización.
Allí, en el sitio en el que todos los caminos confluían y el conocimiento manaba de las fuentes.
Y también allí, donde el peligro acechaba tras cada esquina, y el odio, y el miedo y la ira se escondían en lo más profundo del corazón de los hombres.
Ella tenía una mente aventajada. Podía escuchar lo que los labios no se atrevían a decir, y podía pronunciar lo que las palabras no lograban describir. Y pudo ver también cómo la arrogancia de uno, y de unos, causaría guerra, hambre, muerte, destrucción y separación.
Ella intentó impedir eso. Pero los oídos de los hombres aún no habían aprendido a escuchar, y sólo recibió desprecio.
El uno y los unos supieron que ella sabía. Y aprovechando la noche sin luna la encadenaron con grilletes de cobre, y cubrieron su cuello con collares de hueso, y depositaron en sus bolsillos llaves rotas y corazones de manzanas podridos.
La obligaron a andar por un camino roto, y sus pies se cubrieron de ampollas y los grilletes que cubrían sus muñecas la causaron quemaduras.
El uno y los unos la dejaron allí, en el lugar en el que ya no llegaba ningún camino. Ella parecía derrotada,  y ella los engañó, pues su cuerpo sangraba y se quejaba, mientras que su mente aún seguía lúcida y despierta.
Cuando ellos se fueron, ella hizo lo mismo. Echó a andar hasta llegar más lejos que el lugar más lejano de la civilización.
El frío llegó, pero ella no se cubrió con trapos y pieles. Siguió caminando, y conoció un lugar que no había sido dibujado en mapas, y que no sería dibujado.
Allí se sentó con las piernas cruzadas, y encendió un único fuego. La madera ardió, y las llamas la quemaron durante tanto tiempo que se secó, y se quebró, y se murió.
La madera ardió y se convirtió en cristal. Se volvió brillante, y le devolvió a ella su imagen, y le devolvió su nombre, y también se lo arrebató y le regaló otro.

Vio en aquellas llamas adonde debía dirigirse.
Ascendió y descendió, rodeada de valles.
Los ríos la acompañaban, y las águilas chillaban en el cielo.
Arboles milenarios la cubrían con sus ramas, y alejaban de ella el frío de las noches.
Rió viendo a los ciervos.
Inocentes.
Tras los valles se encontraban las montañas.
Anduvo entre senderos escarpados, y trepó por paredes verticales.
Sin aliento, llegó a la cima de la más alta montaña de la más alta cordillera de la más alta de las tierras.

Y allí, ella, que ya no era ella, ahora era otra, pues otro nombre la envolvía, y así debía ser, encontró tres nombres.
Pronunció el primero, y un anillo del color de la miel caliente envolvió uno de sus dedos.
Los grilletes que apresaban sus muñecas cayeron al suelo.
Pronunció el segundo, y un anillo que estaba ahí y no podías mirar, pero sí podías ver, cubrió uno de sus dedos.
El nombre la llevó por entre ríos, valles y montañas, la hizo jugar con las águilas y ella pudo cantar con los pájaros, y luego ella, que ya no era ella, ahora era otra, pues otro nombre la envolvía, y así debía ser, pronunció el tercer nombre.
Y un anillo pesado como un corazón mentiroso, y firme como los senos de una mujer joven, envolvió uno de sus dedos.
Y ella preguntó, y ella llamó, y el uno y los unos se encontraron con ella, e intentaron derrotarla, y ella vio que el uno y los unos ya habían causado la guerra, el hambre, la muerte, la separación y la destrucción, y su corazón se apenó por los hombres, pues ella se lo había advertido y ellos no la hicieron caso, así que ella miró al uno y los unos y remendó todo el daño que habían causado, y pronunció el tercer nombre y cubrió sus cuerpos y encerró sus mentes tras una puerta en la que dejó su nombre, para contenerlos y obligarlos a permanecer allí hasta que la piedra se quebrara o alguien la abriera, y en esa puerta ella dejó el nombre que la había regalado el cristal forjado en el fuego, y ella perdió su nombre, y quedó vacía y hueca como un cascarón, y los hombres la vieron morir, apenados, pues ella los había salvado, y ella les enseñó a ver y escuchar, y ellos construyeron alrededor de su tumba el centro de la civilización, y los caminos volvieron a confluir allí y el conocimiento volvió a manar de las fuentes.
Y a ella ya no se la conoció más por su nombre, sino que se la llamó por el nombre regalado por el cristal forjado, y su nombre se talló en la puerta de piedra, y la puerta se rodeó de libros, y más tarde entre los libros danzó una vela, y con esa danza comenzó una historia.


Última edición por Medieval el Lun Abr 04, 2016 6:36 am, editado 2 veces


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Re: VOTACIÓN - IV Concurso de Relatos 2016

Mensaje por Old Medie el Lun Abr 04, 2016 5:15 am

*El silencio se hace, ya tan solo quedan dos relatos. El post principal a quedado corto y se hace necesario un segundo. Tanto el público como el Admin están nerviosos, todos los participantes tienen chances, todos tocan su música con amor, con brío y soltura. Medie se siente orgulloso de ellos. Sus pulmones se llenan de aire, está listo para continuar:*

DESCONOCIDO:

Quizá una persona sólo necesita la excusa perfecta para hablar de sí mismo. Quizá más de uno se ha sentido totalmente desolado en algún momento. Quizá sea un buen momento para detenerse a pensar, para detenerse a olvidar, para detenerse a sobrevivir…
Se hacía llamar Ariel. Nunca le había faltado de nada o al menos no sentía el derecho de poder quejarse. Era hijo de una familia de nobles bien acomodados. Había recibido una buena enseñanza y era el más educado de los caballeros.
Sonrisas, adulaciones, galantería, falsas promesas, traiciones, todo aquello que  podías encontrar en las grandes fiestas que sus padres se empeñaban en celebrar, celebraciones a las cuales prefería no asistir, pero como todos nosotros, obligado a ello era.
Ariel sonreía pero cada día era una flor más seca, se dice que si no las riegas adecuadamente acaban por marchitarse y morir. Eso justamente es lo que estaba sucediendo a la pequeña alma que lo hacía ser lo que era. Ariel siempre había sido un muchacho muy soñador, desde pequeño escuchaba las historias de Táborlin el Grande y deseaba repetir sus hazañas. Su costurera le cosía capas con un montón de bolsillos donde siempre guardaba una moneda, una llave y una vela. Sus amuletos. Es más, aún ahora a sus recién veintitrés años cumplidos, siempre procuraba llevar dichos objetos dentro de un bolsillo secreto que había cosido a todas sus camisas.
Ariel estaba asomado en el balcón, apoyado sobre la recargada barandilla dorada. Contemplaba más allá de los caminos buscando el suyo propio. Aquel no era su lugar, estaba convencido que el universo se había equivocado dejándolo en aquellas tierras fértiles llenas de belleza exuberante, que sólo llenan el más vacío de los corazones. La luna estaba llena, brillaba con la luz propia de una gema, atrayéndolo irremediablemente. Las noches resplandecientes como aquella siempre llenaban de vida sus ambiciones. Ser el hijo primogénito de una de las grandes casas de Vintas no era tarea fácil y menos cuando te encontrabas justo por debajo del Maer Alveron en la línea de sucesión. En realidad a Ariel le traían sin cuidado esas cosas pero nunca había tenido la fuerza o la fortaleza para plantar cara a sus padres. A fin de cuentas era hijo único y el miedo a la decepción de éstos era tan real y tangible como el mismo fuego que arrasa con un bosque entero. Pero su tiempo se estaba acabando, lo sentía en sus venas, en sus limpios y castos ojos azules. Ariel saltó la barandilla y descendió por la pared apoyándose sobre unas hendiduras hechas sobre los ladrillos. Lo hacía cada noche, cuando la Luna yacía en su máximo esplendor, entonces huía a un pequeño estanque de aguas cristalinas donde se imaginaba luchando con bastón en mano contra los Chandrian. Le encantaban los cuentos infantiles, soñaba en hacerlos realidad, pero sabía que era una realidad ficticia, inexistente, carente de sentido. Muchas veces se dormía enrollado con su maravillosa capa. Entonces era un chico, como tú y como yo, rebosante y lleno de vida.
La deslumbrante luz de la gran estrella lo acogió en el claro. Su sonrisa era real, sus ojos brillaban al ver tan maravilloso paisaje. El reflejo del agua se asemejaba a pequeños cristalitos, pequeños diamantes que lucían el mejor de sus ropajes. Los árboles expresaban una sabiduría antigua tras aquellas frondosas y lúcidas copas verdes, los frutos estaban incluso más dulces que la mermelada procesada... por desgracia no podía seguir “perdiendo más su tiempo”, sus nobles y envidiables tareas eran su razón de ser.
No obstante, algo cambió aquella mañana de Abatida, sus padres habían aceptado acoger a un conocido arcanista llamado Rouss a petición del Maer Alveron, quien lo recibiría en su palacio en los próximos días.
-¿Entonces es cierto que ustedes pueden hacer magia?
-La magia no existe, eso no son más que cuentos baratos para niños, cuentos para entretener, para divertir, para soñar.
-He escuchado que en la Universidad se estudian cosas prohibidas, cosas que aquí, en Vintas es imposible aprender.
-Es cierto que aquí sois un poco temerosos de las “artes oscuras”, pero también sois los primeros en recurrir a un arcanista cuando estáis desesperados, un claro ejemplo soy yo mismo, pero esa es otra historia. No estoy orgulloso de mi trabajo pero sí estoy lo suficientemente acomodado como para no cambiarlo. -
Rouss desapareció detrás de las puertas dejando a  Ariel absorto en sus pensamientos. Él tampoco había hecho nada para cambiar su aburrida y monótona vida, sin darse cuenta acabaría como aquel anciano, dedicando su tiempo en algo que no le aportaría nada, es más, que aborrecía, porque una de las cosas que más odiaba era haber nacido noble, aventajado, privilegiado.
Hasta ahora los conocimientos en los que Ariel estaba versado no eran más que sencillas matemáticas, economía, política, álgebra, lingüística y por supuesto como comportarse en sociedad, el protocolo. La llegada del anciano canoso de cejas pobladas supuso un cambio en su educación. Pasaban muchas noches en vela, pues el tiempo escaseaba. Rouss se esmeraba en la nueva enseñanza de su pupilo, ya había olvidado la última vez que un alumno le postulaba una teoría o simplemente trataba de hacerse más listo que él. Rousseau redescubrió con Ariel a un viejo amigo que por mucho que trates de olvidar cuando lo encuentras golpea todavía con más fuerza. Ariel también ponía de su parte. Cabe decir que a lo largo de todas las materias no le faltó entusiasmo ni ganas de aprender, aunque por ejemplo la alquimia se le resistía bastante. A pesar de que Rouss viajaba bastante a la casa del Maer, siempre tenía sus aposentos disponibles en la casa de los Faen. Gracias a este nuevo entretenimiento, Ariel conseguía sobrellevar su vida como noble, era presentado en grandes fiestas, reconocido, su nombre viajaba de boca en boca, y no sólo por su línea sucesoria. Ariel se convertía poco a poco en un hombre atractivo, maduro y sensato. Su pelo negro azabache brillaba y contrastaba con su tez pálida, haciéndolo aún más exótico… Por desgracia, o por suerte, quien sabe, no prestaba la suficiente atención a las muchachas, quienes terminaban cansándose de esperar y buscaban otras víctimas de las que abusar. Porque eso eran lo que hacían las mujeres, fueran jóvenes o maduras, su único objetivo era obtener una buena posición: peinados escandalosos, polvos bonitos y joyas caras.
El tiempo pasaba y poco a poco Ariel ya controlaba los principios básicos de la simpatía. Fortalecía su alar con sencillos trucos y con el paso de los meses su maestro le comenzó a llamar E’lir, cuyo significado le denegaba. Ariel nunca presionó a Rouss con respecto a su educación, siempre había sido un chico paciente, o quizá simplemente no tenía el coraje suficiente para quejarse, como bien le pasaba desde que tenía uso de razón. Tras varios años de tutela, finalmente conoció el arte de la nominación. A pesar de todos los conocimientos que ya tenía no pudo evitar sorprenderse cuando su maestro echó abajo una pared de argamasa, la cual quedó prácticamente reducida a polvo.
Si creía que entender la simpatía había sido difícil, lo que Ariel se encontró al intentar entender la nominación fue verdadero caos. Según las palabras de Rouss lo que tenían que hacer era despertar su mente dormida, conocedora inconsciente del nombre de las cosas. Se suponía que si eras capaz de entender la naturaleza del objeto en cuestión, tendrías poder sobre él cuando lo llamaras por su nombre. Era lo más parecido a un cuento que podía experimentar y aquello le hacía sentir eufórico.
Lamentablemente, todo lo bueno se acaba, de la misma manera que cuando ocurren muchas cosas malas terminan ocurriendo buenas. La vida de Rouss terminó por extinguirse a causa de un mal interior de etiología desconocida ya que en Vintas no se realizaban disecciones de cadáveres humanos.
Ariel derramó más lágrimas por la muerte de Rouss que por la de su padre, quien murió pocos meses después. Obviamente su educación se paró en seco, además, ahora tenía nuevas tareas que afrontar, entre ellas ser el nuevo cabeza de familia, que implicaba la búsqueda de una prometida para asegurar su futura descendencia. Ariel no se consideraba preparado para tal responsabilidad, es más, no quería dicho compromiso, por las noches se escapaba al estanque e intentaba descubrir el nombre de la piedra. Siempre llevaba una en el bolsillo, la tocaba cuando se sentía perdido, cuando creía que la presión no podía ser más extrema, a pesar de ser el cabeza de familia, no podía evitar sentir cierto respeto por su madre, en realidad era ella quien mandaba sobre su vida y sobre él, como hijo no tenía derecho a negarse.
Finalmente, tras mucha insistencia por parte de ésta, contrajo matrimonio con una joven de cabello escarlata, las pecas asomaban tímidas sobre su nariz y tenía unos hermosos ojos verdes dignos de envidiar. La muchacha era dulce, de carácter sumiso, probablemente lo último que deseaba era aquella estúpida unión, pero como borregos ambos seguían al rebaño.
-Quiero hacer una locura Riethe.- La joven se estaba cepillando el cabello pero prestó atención a las palabras de su esposo.
-Si quieres puedes venirte conmigo… -sacó un saquito de uno de los bolsillos y vertió su contenido sobre la cama; era una moneda, una llave y una vela. - Me han acompañado desde que tengo uso de razón, son mis amuletos y esté donde esté me protegerán. Me voy a ir Riethe, me he cansado de este teatro barato, como siga aquí mucho más tiempo terminaré por consumirme, un viejo amigo me enseñó que debo perseguir mis sueños…
-¿Tus sueños? Ariel... ya somos adultos, deja los cuentos de hadas para los niños y pon los pies en la tierra.- La joven se levantó y cogió las manos de Ariel, apretandolas con fuerza. - ¿Vas a dejarme sola?
Ariel leyó el temor en los ojos de su amiga, sí, porque después de compartir tanta desdicha lo mejor que podían hacer era eso, conocerse.
-Ya he pasado demasiado tiempo aparentando ser lo que no soy, o lo hago ahora o moriré siendo un ingrato infeliz. Tengo conocimientos y sino de últimas podría ir a la Universidad a continuar con mi aprendizaje. ¿No te das cuenta? Necesitamos encontrar nuestro camino. Me lo dices todas las noches, ojalá pudieras elegir tu el tuyo, muchas veces se nos juzga y no tenemos derecho a quejarnos por el sencillo hecho de haber nacido afortunados entre sábanas de seda. Pues ya me he cansado de agachar la cabeza ante todos, primero soy un hombre con deseos, como cualquier otro y si para ello tengo que renunciar a mi linaje lo haré.
-Estás loco.
-Todos estamos cuerdos hasta que se demuestra lo contrario.
Aquella fue la última conversación que Ariel tuvo con Riethe y Riethe nunca delató los motivos que llevaron a Ariel a desaparecer.
Ariel se había dejado preparado un pequeño macuto con ropa cómoda y comida en el estanque. Allí empezaron sus sueños, con Táborlin el Grande y allí morirían. Presentó sus respetos a Rouss, el cual yacía bajo el itinolito que cubría la entrada al claro y sobre el cual habían crecido unas hermosas flores, coincidencia o no, era perfecto. Incluso después de la muerte todavía podía haber vida.
No sabía exactamente dónde acabaría o dónde empezaría. Lo más fácil sería acudir a la Universidad, allí podía seguir sus estudios, después de las enseñanzas que tomó junto a Rouss nada le gustaría más que ser él quien enseñara a otras personas.
A pesar de sus nobles orígenes Ariel no tuvo ningún inconveniente en dormir en posadas o en hostales de clase media. Tenía dinero, incluso tal vez para derrocharlo, pero siempre había sido muy agarrado y no le gustaba gastar de más si podía evitarlo. Evitaba viajar solo o mal acompañado, era más difícil que te atacaran por el camino. Conoció a personas interesantes y a otras un tanto peculiares pero de todas intentó extraer lo mejor de ellas. Siempre había algo que aprender decía.
No vamos a entrar en detalles innecesarios, digamos que tras superar algunos pequeños obstáculos finalmente Ariel se encontró de bruces contra su mayor deseo o al menos eso era lo que él creía.
LLegó a la ciudad de Imre a media mañana, no sabía hasta qué hora uno podía pasar por Admisiones, es más ni siquiera sabía si podría hacerlo, no se hizo de rogar y se fue directo a la principalía donde lo mandaron al auditorio en el cual le informaron con desgana que el bimestre acabaría dentro de dos ciclos, que volviera entonces. Desilusionado, cruzó el río que lo llevó nuevamente hasta Imre para buscar una posada decente donde terminar de pasar los dos ciclos.
Hasta la fecha no había tenido problemas en ocultar su verdadera identidad, es más, pensaba que en esa parte del mundo se habían olvidado de él. A lo largo de su viaje, había escuchado que una de las primeras casas había perdido a su primogénito, el rumor más extendido era que se había fugado con su amante de procedencia humilde, el cuento más típico de todos. Ariel se había dejado crecer el cabello, si lo peinaba de la forma adecuada su rostro no se podía ver detrás de su largo flequillo, era molesto pero muy útil. Aprendió a convivir con ello como también aprendió a llevar ropas no tan elegantes y más corrientes. Ciertamente se sentía muy cómodo al no presentar fidelidades a nadie. Por primera vez en toda su vida era libre.
Por una vez pensó que lo mejor que podía hacer durante la espera sería dedicarse al arte de conquistar mujeres, utilizando su labia y sus mejores dotes para el cortejo, Ariel pocas veces salía del dormitorio. Cuando lo hacía era para cambiar de mujer y lo mejor de todo es que nunca tuvo que pagar por alguna, ellas solas bailaban a sus pies. Entre copas y mujeres pasaron los dos ciclos cuya consecuencia más grave fue el declive de su saquito de dinero.
Finalmente Ariel ya se encontraba en el Auditorio frente a los siete maestros, incluído el rector, llamado Hemme.
Los maestros eran personas cultas que sabían que sucedía en los cuatro rincones de la civilización. Ni su modesto vestuario, ni su corte de pelo salvaje lo libraron del exagerado precio que le impusieron a su matrícula. Parecía que dijeran: “Este no es tu lugar chico, vuelve a tu pequeña burbuja llena de almohadones de donde has salido, caprichoso”. A lo mejor la Universidad también era uno de esos lugares elitistas que no estaban hechos para él.  Pero Ariel no se rindió, había puesto sus expectativas en un lugar que no le correspondía, su maestro le quiso avisar una vez pero nunca lo escuchó. El dinero que llevaba en su bolsa comenzaba a escasear, la última noche que pasó en Imre meditó sobre que podía hacer. Nunca había trabajado, no conocía a nadie y lo último que quería hacer era utilizar sus falsos contactos porque demostraría que había perdido. ¿Qué le quedaba por hacer? Realmente lo último que había esperado era aquella matrícula… tres marcos de oro por un niño caprichoso que quería aprender a jugar con las artes oscuras. Aquella noche tuvo pesadillas que prefirió ignorar.
Sabía que su lugar no estaba en Imre, nada se le había perdido allí, excepto las mujeres a las cuales ya había conocido casi a la perfección, así que decidió probar suerte en Tarbean, no era un lugar mucho mejor, pero era lo más cercano que le quedaba y porqué no decirlo estaba empezando a cansarse de tanto viaje. Tarbean estaba dividida en dos zonas sociales; por un lado estaba la Ribera donde uno no podía fiarse ni de su sombra, la economía estaba prácticamente por los suelos y los sin techo rebosaban como las ratas en las alcantarillas. Por otro lado destacaba, majestuosa y limpia la zona de la Colina, donde no faltaba trabajo ni educación siempre y cuando tuvieras con que pagar. Evitaban la zona de la Ribera por obvias razones. Ariel optó por acomodarse en la Colina, todavía le quedaba una buena presencia y un poco de dinero para poder intentar sobrevivir y labrarse allí una nueva reputación.Gracias a su don de gentes y a su buena educación ante todo, consiguió ser el aprendiz de un fisiólogo. La biología y la patología eran quizá la materias que menos dominaba (dejando de lado la nominación), no porque se le diera mal memorizar sino porque eran las que menos había trabajado, sin embargo, fue muy gratificante descubrir lo maravilloso que era cuidar y sanar la vida de una persona. Ahora ya no se hacía llamar Ariel si no Liare y se convertiría en un experto fisiólogo. Pasó muchos años aprendiendo cómo sanar heridas, quemaduras, realizar amputaciones, como tratar enfermedades venéreas y otras de aspectos más severos, incluso aprendió a extirpar algunos tipos de tumores. Podría decir que su vida en la Colina era ideal: no le faltaba dinero, tenía casa propia, no la más lujosa de todas pero era su casa, y tenía el conocimiento necesario para que otras personas vivieran mejor. A veces aún soñaba con aquella piedra en el bolsillo, la añoraba como a un viejo amigo.
Sin embargo el gozo  de Ariel no duró mucho. Fue un día mientras paseaba con una joven en los límites de la Colina, allí entre los callejones se encontraba un niño pequeño, tumbado sobre el asfalto, estaba desnutrido, lleno de hematomas y contaba con más de un arañazo infectado. Sin pensarlo, dejó a la joven que acompañaba y acogió al chiquillo en su casa, la idea no fue la más sensata, desde luego.
El niño sanó en cuestión de un par de días, la fiebre había remitido, las heridas ya no supuraban y volvía a tener la energía envidiable de los críos. El niño se llevó más comida de la necesaria, más ropa de la que necesitaba y dinero que encontró tirado sobre la mesita de luz.
Ariel no pudo conciliar el sueño el día que aquel niño desapareció sin avisar.
Se le levantó bien temprano y con sus antiguos ropajes de viaje ya gastados por el tiempo echó un vistazo por las calles de la Ribera. Los adoquines olían a heces, a orina y  a podrido, lo último que uno podría desear sería dar un paseo por aquel lugar, sobretodo si te metías por las callejuelas escabrosas que todo el mundo en su sano juicio evitaba. Se sentía observado. No llevaba dinero, lo mejor que podía pasarle sería que lo atracaran y lo peor que lo mataran en un deje vengativo.
Esa fue su primera incursión en la zona baja pero no lo la última, cada día iba, buscaba personas que pudieran necesitar de sus cuidados y les dejaba medicamentos, mantas y comida. Con el tiempo cambió su lujoso hogar por uno más humilde y libre de piojos situado en la plaza central. Lo convirtió en una especie de hospital, allí podía ir cualquiera que estuviera herido, hambriento o simplemente muy necesitado.  
Lejos de las parafernalias, lejos de los lujos, lejos de las falsas promesas, lejos de la magia de Táborlin el Grande, lejos de la nobleza, lejos de la Universidad... a sus cuarenta años  Ariel había encontrado su verdadero camino. El joven Ariel que soñaba con ser un héroe de cuentos ya no existía, en su lugar se había convertido en un héroe callejero para aquellas personas enfermas, sin techo, que pasaban hambre o que no tuvieran ningún lugar a donde ir: ancianos, niños, adolescentes, hombres o mujeres a todos los recibía por igual. Ariel lavaba y desinfectaba sus heridas, las cauterizaba y las vendaba. Los trataba con amor, como si ellos fueran verdaderamente importantes, los hacía sentir especiales  y los cuidaba como si fueran sus propios hijos. El mundo ya era lo suficientemente doloroso, si podías hacer algo por mejorarlo, por pequeño que fuera debías hacerlo. Pero Ariel lo hacía sobretodo por ellos, para regalarles una nuevo día, una nueva vida, un poco más fácil y un poco más llevadera, porque vidas solo había una y todo el mundo tenía derecho a vivir dignamente la suya. Porque todo el mundo tenía derecho a ser feliz.

*Ya todo termina, Medie se siente satisfecho. La gente ha sido transportada a lugares en los que nunca ha estado, y se sienten maravillados al ver aquellos sitios. Ya tan solo queda un relato, el estuche de Medie parece pálido y enfermo sin aquellas hojas amarillas. El Admin toma entre sus manos el último relato, más temprano que tarde todo debe terminar:*

UN REGALO PARA UN ERRANTE:

Caminando junto a las sombras de la tarde se encontraba Auberón, el dueño del Sendero de los Viajeros. Un hombre de pies incansables, hombros anchos y mirada hambrienta. Por capa no llevaba más que el viento, por amigo no tenía más que su cayado.

Recorriendo solitario su pequeño reino, el fata desterrado a vagar por los Cuatro Rincones, deseaba que se escondiera luego el sol, pues ya estaba hastiado de aquel brillo topacio y de aquel calor infernal. Su terco asno lo seguía muy de cerca, con ojos cansinos, deseando un buen cepillado y una buena porción de avena. El calderero silbaba a medida que caía la noche llenando el camino de la música insondable que salía de sus labios, la luna estaba comenzando a aparecer y un centenar de tímidas estrellas la acompañaban, y Aube las ignoraba deliberadamente.

Siempre que llegaba la noche y se encontraba solo, el fata cambiaba de forma y bajo la plateada luz de la luna se lamentaba, dejaba que las estrellas giraran sobre su cabeza y que las lágrimas rodaran por su cara, sin nunca encontrar consuelo a su pesar, lejos de su patria, muriendo sin morir.
Pero aquella noche que abría su capa negra, lo dejó frente a un círculo de carromatos, grandes animales de madera tatuados con mil colores, todos alrededor de una enorme piedra. La nostalgia tensó el pecho del cansado Auberón, y recorrió por fuera y amparado por la noche el campamento de los Ruh. Pero quiso el destino que detuviera su andar, frente a él un hombre de capa gris con sonrisa amplia salió de las sombras de los árboles al margen del camino.
—Saludos calderero —dijo con voz amable—. ¿Dónde vas con tanta prisa? Estamos algo lejos del próximo pueblo.
—No deseo importunar, eso es todo —contestó Auberón sin detenerse, las noches lo ponían triste y prefería pasarlas solo.
—Vamos, Los del Edena nunca nos dejamos importunar, todos son bienvenidos a nuestro fuego.
—Gracias, pero no… —Aube siguió avanzando y le dio la espalda a su interlocutor.
—Está bien —dijo resignado el Ruh—. Que tengas buen viaje.

Y eso habría sido todo, solo un instante que olvidaría al igual que otros incontables instantes desde que lo despojaron de su cargo y lo desterraron, si no hubiera oído aquella voz.

Su paso se detuvo y se petrificó como una roca, una voz como una luna llena, como una espada de luz atravesó las tinieblas de su cuerpo. Giró su cabeza hacia el círculo, una mujer, una voz fina como hilos de plata cantaba.
Su corazón que por cientos de años no había sido más que un puñado de hojas secas, volvía a latir con fuerza.

Él, que estaba acostumbrado a ofrecer maravillas a cambio de un penique de hierro, un penique de cobre y un penique de plata, ahora recibía un regalo, uno maravilloso y desconocido. Regresó y guardia Ruh volvió a sonreír.
—Veo que has cambiado de opinión.
—Un buen fuego le hará bien a mis huesos.

Pasaron por entre los carromatos y el Ruh le pidió a unos niños que recibieran a su asno, Auberón los ayudó a bajar los fardos y le entregó un poco de avena al pobre animal,  el Ruh se volvió a calar su capa y regresó a su puesto mientras dejaba al anciano pasar.
Cuando Auberón entró al campamento improvisado y caótico, una punzada de melancolía lo recorrió, hacía mucho tiempo que se encontraba en el camino y ver tanta gente reunida hasta le parecía raro, hasta le hacía recordar otros días.
Los Ruh lo recibieron alegres y como es la tradición ellos ofrecieron vino y él pidió agua, y como conocía a los humanos y sus tradiciones, siguió con el baile de formalidades y pronto tuvo en sus manos una jarra de vino y un sitio alrededor del fuego.

Las llamas ardían dentro de un círculo de piedras, a los pies del alto itinolito, los Ruh que eran muchos se movían de un sitio a otro, riendo, hablando, remendando, limpiando y cocinando. Auberón se entretuvo viéndoles, buscando a la dueña de aquella voz. Una parte de él le decía que sería hermosa, la otra, que no se hiciera ilusiones. Casi no oyó que le hablaban.
—Bienvenido calderero, pronto cenaremos. Has llegado a tiempo para oír un poco de música —un hombre, que estaba sentado en una rústica silla al otro lado del fuego, sonreía con confianza y aplomo. Ciertamente parecía quien llevaba la batuta en aquel rimbombante sitio, entrecano y sabio, con un bonito laúd de corte en su regazo. La mujer que estaba de pie a su lado posaba su mano con delicadeza sobre su hombro, ambos tenían los mismos ojos verdes—. ¿Hay algún tema que te gustaría oír?
—Me gustaría oír lo que estaban tocando hace un instante, antes de que llegara.
—Tienes buen gusto calderero, por cierto, ¿cuál es tu nombre?
Auberón se tardó un instante en contestar.
—Huor.
El hombre del laúd le sonrió con complicidad, como si supiera que mentía
—Yo soy Talesín, y ella mi hija Gwyn.
Y dicho eso, puso los dedos sobre las cuerdas y comenzó a tocar.

La música comenzó a transportar a Auberón lejos del círculo de luz, lejos del bosque y del camino, de su vasto camino. Lo alejó. Como una mano empuja un vilano de cardo, pero cuando la voz comenzó a cantar fue como si de pronto estuviera de vuelta en Fata, con su gente. Veía claro a su esposa, a su hija y a su hogar. Sentía dentro de él fluir el canto como sangre espesa y caliente, lo hacía recordar las incontables estrellas, los anchos árboles y la oscuridad de su tierra.
Por unos largos minutos fue feliz, y las lágrimas corrieron por su cara ante aquella imagen tan clara, hasta que la canción acabó.
De pronto todo se fue resquebrajando, los recuerdos y los sitios, hasta que estuvo de vuelta. Y el silencio colgó del campamento por largos segundos.
—Ha sido una hermosa canción —se atrevió decir Auberón para romperlo.
—Mi hija canta muy bien —respondió Talesín—, cubre bien las notas que yo pierdo.
Auberón miró a la dama de ojos verdes, en su cabello negro se reflejaba el fuego y su boca era una flor roja en medio de la nieve que era su piel.
—Cantas con la voz de fuego y plata de una fata —le dijo, y alzó su jarra por ella.
—Ciertamente mi hija tiene algo de fata, pero es primera vez que alguien lo menciona —dijo el hombre, y volvió a dedicarle una sonrisa cómplice a Auberón.
La gente que estaba alrededor del fuego comenzó a desperezarse de la canción, los platos de comida comenzaron a recorrer el campamento y pronto el olor del estofado de vacuno en salazón impregnó la noche. Las risas volvieron y las canciones alegres, algunos después de comer practicaron algunos papeles para sus actuaciones y otros se fueron a dormir. Los niños comenzaron a correr y los platos comenzaron a retirarse.

Luego de comer, el calderero fue a buscar sus fardos y los dejó junto al fuego, cuando los abrió cientos de objetos brillaron a la luz del fuego, la gente se acercó como atraída por una canción, el calderero sonrió al verlos. Le dio una barra de mantequilla al cocinero a cambio de su comida, una botella de aguardiente de chocolate a Talesín por su canción, un broche que encerraba una amatista a Gwyn y tres juguetes de madera a los niños que se encargaron de su asno.

Cuando todos se fueron a dormir y los guardias comenzaron sus rondas, el Ruh del laúd y el calderero se quedaron en torno al fuego avivando las llamas con pequeñas ramitas, compartiendo el licor.
—Yo también quisiera entregarte algo —dijo Talesín. Se levantó lentamente, fue hasta su carromato y volvió con un estuche muy gastado—. La he guardado desde que mi mujer… Ella solía tocarla.
Lo abrió y dentro reposaba una flauta oscura. Auberón la observó con ojos asombrados.
—Yo no puedo recibir eso —fue lo único que dijo.
—Sé que ella te ayudará en tu largo camino. Es difícil viajar solo. Yo al menos tengo a mi hija y mi troupe, tú en cambio…
Aube la tomó entre sus manos, era pesada, e impregnaba de limón el ambiente.
—Una flauta hecha de roah cuesta mucho dinero.
—Y son terriblemente difíciles de tocar. Pero tú no la venderás, y yo no puedo tocarla, Huon.
Auberón sonrió al oír aquel tonto nombre, se llevó la flauta a la boca y comenzó a tocar.

La música que sonó aquella noche hizo bailar a los árboles, despertó a las aves y las envió a volar, la noche se despejó y la luna vibró como una campana luego de tañer. Los Edena que dormían en sus carromatos se desplazaron de sus sueños a lugares nostálgicos, hasta el fuego mismo quedó opacado y los guardias y Talesín, quienes prestaban sus oídos a aquella música, se les partió el corazón.
Cuando terminó de sonar aquella flauta, Auberón se sentía mucho mejor, como si hubiera quitado el oxido a sus engranajes y todo en su interior volviera a moverse, como si toda la pena la hubiera transformado en música y la hubiera expulsado por aquella flauta tan especial.
—Hace mucho tiempo que no oía esa canción —dijo Talesín y las lágrimas corrían por su rostro.

Cuando Auberón se fue a dormir se sentía algo embriagado por el licor, pero sobretodo por su encuentro, por su liberación. Ya no tenía tanta pena, o al menos eso sentía.
Antes de dormir vio el cielo, y recordó todas las constelaciones. Las estrellas de Temerant son muy diferentes a las de Fata, pero él, en su mente colocó en su sitio todos los astros con una sonrisa.

Y todo termina. Las luces sube poco a poco, y la oscuridad que amparó a los relatos se disipa para que comiencen los votos.


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Re: VOTACIÓN - IV Concurso de Relatos 2016

Mensaje por Títere el Lun Abr 04, 2016 12:28 pm

Eran siete, como siete eran los envueltos en sombras.

Sciaphus lleva la llama azul.
Skulddurcus es esclavo del hierro.
Ferenle frío y de ojo oscuro.
Perenea solo vive en la muchedumbre.
Netalcenti, gris, nunca habla Rolling Eyes
La pálida Aliethzta trae buena suerte.
El último es el señor de los siete:
Odiado. Perdido. Insomne. Cuerdo.
Mediexel lleva el yugo de la sombra.














Aún no he leído los relatos, simplemente les he echado un ojo rápidamente, pero debo decir que al menos los primeros párrafos me han gustado Enrollado
También quiero recalcar la labor de nuestro Admin Medie, me ha hecho transportarme al Eolio Reverencia
Me alegro de que al fin los hayas colgado Very Happy Quiero pedir disculpas en nombre del que ha hecho que se retrase todo esto, me ha dicho que se le complicó un poco el proceso de escritura, no diré su nombre, solo diré que es uno de los mayores cabrones de este foro.
Ah, y como no, este año hemos batido récord de audiencia, 7 relatos, casi el doble que los anteriores Shocked Las votaciones van a estar reñidas, ya he ido preparando el Kit de Sobornos©️, he estado investigando y muchos están dispuestos a cambiar el voto si se les paga con fotos Twisted Evil Pero no fotos cualquieras, no, me refiero a... "fotos" Twisted Evil Twisted Evil Twisted Evil

Los iré leyendo tranquilamente y escribiré buenas críticas.
Aunque mejor dejémoslo en "críticas", el acusado ya decidirá si es buena o no Very Happy

Eso es todo, me despido lanzando al aire un par de preguntas:
¿Donde votamos?
¿Cuanto es el plazo?


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Re: VOTACIÓN - IV Concurso de Relatos 2016

Mensaje por Old Medie el Lun Abr 04, 2016 4:02 pm

Estimado Tít. Que bueno que te haya gustado.
El plazo, hasta ahora, es indefinido. Lo cerraré seguramente el próximo lunes, siempre y cuando ya hayan votado todos los que solemos comentar en el foro y estamos de alguna manera enyuntados al concurso (sí, quiero que al menos los participantes voten). Cerrará cuando nadie más me pida una extensión de tiempo para poder elaborar un post con sus críticas.

Y, por supuesto, debes votar acá, en este mismo post. Lo ideal sería que puedan ejercer una crítica (no es necesario que escriban tanto, solo quiero notar que se dieron el tiempo de leer y decir qué les parece cada relato) y al final dentro de un spoiler poner por quién han votado.


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Re: VOTACIÓN - IV Concurso de Relatos 2016

Mensaje por Títere el Lun Abr 04, 2016 5:52 pm

Ahhhh, me gusta, me gusta, muy buena idea, sólo la veo un fallo: ¿Está permitido votarse a sí mismo? En el caso de que sea sí, lo lógico será que el que lo haya escrito vote por el suyo, pues en teoría lo que escribes te suele gustar más que lo que escriben los demás, que para eso es tuyo y eso hará que sea fácil dilucidar de quién es quién.
Y la gente rata (como Títere) a la que le cae mal otra gente (Feren) al saber que el relato es de esa persona (Feren), pues el susodicho rata (Títere) no votará por ese relato (el de Feren) aunque sea el mejor.

He dicho sargento


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Re: VOTACIÓN - IV Concurso de Relatos 2016

Mensaje por Old Medie el Lun Abr 04, 2016 7:57 pm

Claro. Podría ser que todos votemos por nuestro propio relato. No hay ninguna regla que lo impida.
Y creo que ninguno de nosotros seamos ratas, siento que todos tenemos suficiente altura de mira como para votar por quien consideremos el mejor relato, incluso si este termina siendo el nuestro.



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Re: VOTACIÓN - IV Concurso de Relatos 2016

Mensaje por Sin Sangre el Lun Abr 04, 2016 9:06 pm

Voto por Herrero y votaría otra vez por él si tuviese dos votos. No me han desagradado los demás relatos, en especial me gustó bastante Historia de una mala historia, pero Herrero me ha llegado un pelín más. La representación de la caída de Myr Tariniel me ha encantado, y la furia Berserker que muestra el protagonista es brutal.

Ahora solo nos queda preguntar...
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Re: VOTACIÓN - IV Concurso de Relatos 2016

Mensaje por Feren el Lun Abr 04, 2016 10:24 pm

Tras estar pensando un buen rato he llegado a la conclusión de que "Un Regalo Para un Errante" es el mejor, desde mi punto de vista, claro, subjetivamente hablando. Si tuviera que hablar de más relatos, diría que "Desconocido" y "La Música del Lethani" mantienen el nivel.
Igualmente, todos los relatos me han llamado la atención de una forma u otra y creo que no me equivoco al decir que este es el año en el que hay más nivel.


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Re: VOTACIÓN - IV Concurso de Relatos 2016

Mensaje por Aliethz el Mar Abr 05, 2016 1:43 am

Acabo de terminar todos los relatos y que decir, chicos, sois unos excelentes escritores, todos me han gustado y ninguno me ha disgustado, pero reconozco que ha habido un relato que me ha hecho sentir por encima del resto. Mi voto está destinado para "Un regalo para un errante", al principio me ha parecido un poco cliché al encontrarse con los Edema Ruh, pero después de todo, todas las historias aquí escritas tienen algo " cliché", con respecto al mundo de los cuatro rincones, no se vaya a ofender aquí nadie.
Para mi gusto todos están muy bien escritos y narrados, unos más que otros, porque hay cada uno cargado de metáforas (Caminos entrelazados e Historia de una mala historia), que vamos, para mi hacer eso es impresionante y lo admiro.

Música del Lethani: Me ha gustado, tiene una escena muy candente y nada vulgar, lo cual es algo que valoro mucho. Otra cosa que también me parece que ha calcado bastante es esa sensación de estar en Ademre y también me parece complicadísimo, asique creo que cabe mencionarlo. Muy buen trabajo también reflejando los sentimientos que reflejan la música. Quizá lo que menos me haya gustado de este relato sea su final, demasiado idílico, demasiado bonito, pero sin duda, tenemos que hacer como la protagonista y no abandonar nuestros sueños.

Caminos entrelazados:
Este relato me ha desconcertado bastante. Por un lado ha habido un momento en el que no sabía si era real o no, si era producto de su imaginación aquella persona y se refería a algo más profundo, como su subconsciente o su otra mitad y representaba ese reencuentro. La verdad que no me importaría quedarme con esta interpretación porque la chispa del final de ponerse a escribir implicaría que algo ha cambiado. Las metáforas y la visión del mundo de la protagonista han sido una delicia.

Había una vez:
Quizá de todos este haya sido el más flojo, literariamente hablando, sin ese uso excesivo de metáforas, es un relato más directo, que se va menos por las ramas, más sencillo. Aun así nos deja unas cuestiones intesantes acerca de como hacer ese gran libro que a todos nos gustaría escribir.

(Ya me estoy empezando a cansar ...)

Herrero:
Nos narra la historia de la caída de Myr Tariniel, sinceramente este relato no me termina de convencer, lo encuentro un poco repetitivo entre tanto hierro y tanto fuego, como que intenta alargar el momento del final porque no se le ocurre que más añadir. Aun así considero muy complejo el relato a la hora de narrar ese tipo de escenas, es muy difícil hacerlo y creo que a pesar de que se haga tan reiterativo ya es un logro acabarlo y que quede bien, a pesar del ritmo tan rápido que lleva, que también me ha agobiado un poco. Pero vamos, impresionante el resultado. Restando este tipo de acusaciones, excelente.

Historia de una mala historia:
Este relato lo había cogido con muchas ganas, al principio creía que estaría entre mis candidatos favoritos, pero resulta que ha mitad de la historia ha perdido fuerza y cuando he ido a ver los nombres para dar mi punto punto de vista resulta que ya no recordaba de que iba el relato ni cual era su finalidad, también se que estaba cargado de metáforas y quizá sea éste el motivo principal por el cual no haya sido capaz de captar la esencia de esta historia. Aún así releyendo, considero que está muy bien escrita y que tiene su parte mágica, mucha, de hecho.

Desconocido:
En líneas generales en un relato bastante sencillo, no se va por las ramas, es muy directo y considero que está a la altura con el resto de relatos. Quizá la historia también es muy precipitada y da pocos detalles, como que todo sucede muy rápido pero a la vez lento y tedioso.

Un regalo para un errante:
Me ha gustado todo. Esa forma de narrar, esa manera en la que se expresa el protagonista, esa melancolía y luego un final donde ya se siente mejor consigo y con sus sentimientos, como aceptando esa pérdida real. Esa escena de los Edena Ruh también es muy nostálgica, aunque no sé porque la parte en la que canta la hija, me ha recordado a la escena de Kvothe en el Eolio.

En fin, estoy exhausta, 50 minutos escribiendo la biblia en verso.

Editado el nombre del ganador del voto, había cambiado una palabra del título y no me había dado cuenta. Mis más sinceras disculpas ya que este tipo de post no deberían ser editados.


Última edición por Aliethz el Vie Abr 08, 2016 11:26 pm, editado 1 vez
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Re: VOTACIÓN - IV Concurso de Relatos 2016

Mensaje por Títere el Mar Abr 05, 2016 2:28 pm

Título del Relato: La Música del Lethani

Opinión: El relato comienza bien. Empezar con una escena de cama es una apuesta segura, porque sabes que el lector va a querer leerlo. Es una muy buena idea, y además el autor la ha llevado ha cabo perfectamente. Es como dice Ali, erótico pero sin caer en lo vulgar. Aunque mi opinión personal es que no le pega a este relato esa escena tan explícita. El universo de Ademre está muy bien construido, es igual (o casi) que en los libros de Pat, y el que de repente salga eso, cuando en los libros lo máximo que explicaba era el nombre de las posiciones, choca un poco. Además, yo tenía la imagen mental de que los Adem practicaban sexo como si fuera un deporte, sí, que era como ejercicio, y me pasa igual que antes, esa escena romántica no acaba de encajarme.
Me ha gustado mucho volver a leer el lenguaje de signos de los Adem, es una de mis partes preferidas del relato, y también está muy bien como expresa el recelo hacia los bárbaros, vuelvo a repetirme, es igual (o casi) que en los libros de Pat.
Me da que el autor se ha releído más de una vez los capítulos de Kvothe y su estancia en Ademre, y que le ha echado muchas horas a este relato. Enhorabuena.

A favor: Lo bien que está escrito el lenguaje de signos de los Adem, lo bien que se plasma su cultura, y la idea, eso de que un Adem quiera ser músico me ha parecido muy original.

En contra: La escena de cama demasiado explícita (sí, sé que tampoco es taaan explícita, pero ya lo he dicho antes, Pat solo mencionaba posturas y de repente sale esto) (y sí, sé también que esto no se trata de copiar a Pat, pero que queréis que os diga, no me ha gustado) (y vale, sí me ha gustado porque leer sexo a todo el mundo le gusta, pero me ha parecido que no pegaba con los Adem), tampoco me gusta que quiera ir a Imre. Siempre (y me refiero a todos) hacemos igual, usamos las dos o tres ciudades que ha creado Pat, Severen, Imre, Tarbean... Joder, Temerant es grandísimo, estoy seguro que al igual que aquí, Viena es la ciudad de la música pero hay muchos otros sitios con buena música, allí será igual, Imre es como el centro, pero habrá mas sitios.
Pero vamos, es que soy un poco tiquismiquis, no le des importancia autor de la obra.
Y esto último lo pongo "en contra" porque para mí es como un fallo, pero también es una nimiedad: Que el instrumento que toque sea una flauta me ha parecido como básico, y que la descripción de cómo toca sea tan compleja... No sé, no me imagino una flauta pudiendo imitar tantos sonidos... Yo habría puesto un piano.

En resumen: Como verás, los fallos que le he sacado son todo tonterías, no hay ninguno gordo, así que si el relato fuera mío estaría orgulloso, es casi perfecto. Me ha gustado  Smile

Presunto Autor:
El siguiente Spoiler contiene solo elucubraciones del autor, no tiene nada que ver con la realidad ni asociados:
¿Aliethz? No sé, me ha recordado a "Kvothe fem x Devi fem". Pensaba decir Perelin, pero me he dado cuenta de que no he leído nada tuyo. Eso sí, apostaría mi mano derecha a que el autor es una mujer. (He dicho "apostaría", no vaya a ser luego un tío y queráis cortarme la mano)


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Re: VOTACIÓN - IV Concurso de Relatos 2016

Mensaje por Títere el Mar Abr 05, 2016 2:49 pm

Título del Relato: Caminos Entrelazados

Opinión: ¿Auri? ¿Romance? ¿Una chica autista? Buff, la verdad es que ahora mismo estoy hecho un lío. ¿Me ha gustado? La verdad es que no lo sé. Ha empezado muy bien. Me ha gustado eso de "Ella observaba y hablaba y escuchaba", y "Ella también quería ver sin observar, oír sin escuchar", es muy bueno. Sinceramente, el relato empezaba muy bien, pero... Yo creo que ha empezado demasiado bien, me he emocionado leyéndolo y creía que iba a ser la historia de una chica como Auri, y que iba a descubrir nombres, y que haría cosas, y habría truenos, y, no sé, explosiones... Y luego ha sido una historia de amor. La verdad es que me ha decepcionado, el problema creo que ha sido que, poniendo por ejemplo a Denna y Kvothe, llevas 800 páginas leyéndolos, y te mimetizas con ellos, y te importa lo que les pase, y que se peleen, y que se reconcilien... Pero aquí, de verdad, aunque sea duro, no me importa lo que le pase a la protagonista. Sencillamente porque es como que la acabo de conocer, he leído solo tres párrafos suyos y me da igual si tenía un novio que se fue y ahora a vuelto. Y luego no he entendido muy bien los diálogos, de repente se hablan así sin más, y hablan de cosas que yo desconozco, y es como cuando te unes a una conversación y hay dos hablando de sus cosas y te dejan de lado, pues he sentido eso, el relato me ha hecho bullying.

A favor: El principio. Los primeros cinco párrafos me han gustado mucho.

En contra: El final. Es como que va decayendo, y se pone de repente muy sentimental y profundo. Y a mí sinceramente no me gustan ese tipo de relatos.

En resumen: Creo que le ha faltado emoción. Me ha dejado indiferente.

Presunto Autor:
El siguiente Spoiler contiene solo elucubraciones del autor, no tiene nada que ver con la realidad ni asociados:
Diría que es Netalia, pero lo digo por conjeturar, el estilo del relato no me ha recordado a nadie, así que hablo por hablar.


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Re: VOTACIÓN - IV Concurso de Relatos 2016

Mensaje por Xania el Miér Abr 06, 2016 12:11 pm

Acabo de terminar de leer los relatos... no he querido leerlos todos seguidos ni el mismo día, he preferido espaciados para no aturullar a mi pequeño cerebro jajaja, no ahora en serio, prefería darme margen para asimilar uno antes de leer el siguiente y así no mezclarlos.

Lo primero mi enhorabuena a todos los autores, todos los relatos son maravillosos, bien escritos y son interesantes. Felicidades.

LA MÚSICA DEL LETHANI: me ha encantado, la historia es preciosa, te envuelve y te mete dentro. Ademre está muy bien plasmado y también sus relaciones sociales. Me encanta como ha descrito la pasión de la música, lo que hace sentir y la confusión de emociones entre lo que deseas y lo que se supone que es "correcto". Está muy bien escrito y la escena de sexo no cae en lo vulgar sino que es bastante sugerente. No tengo mucho negativo que decir excepto que realmente no me imagino a ningún adem aceptando la música de esa manera y mucho menos permitiendo que otro adem vaya prostituyéndose por las tabernas de imre de esa forma y deshonrando todo lo que son... pero para eso es ficción ¿no?

CAMINOS ENTRELAZADOS: Está muy bien escrito, la prosa es buena y el estilo muy bonito, el principio te mete de lleno en una historia que parece maravillosa y según lo lees sientes deseos de saber más... pero el punto negativo es precisamente eso, te deja con deseos de saber más. no explica nada, principio abierto y final abierto, es como leer el trozo de enmedio de un libro buenisimo sin saber muy bien de qué va y sin saber cómo acaba o que va a pasar o porque los personajes son así o hacen eso... básicamente es como la sensación que se te queda al terminar de leer lo que va de las crónicas, necesito respuestas del pasado y del futuro solo que con el inconveniente de que se supone que Pat acabará su trilogía y nos dará esas respuestas y esto es un relato así tal cual que no explica nada. Como curiosidad diré que todo el relato he imaginado que Auri se encontraba con Kvothe y que de la que este se alejaba era Denna... como si fuese después de la trilogía...

Súplica: ¡cuéntanos más! continúa el relato, explica cosas, acabalo! aunque no sea en el concurso estaría muy bien que lo continuaras... ¡seas quien seas!

HABÍA UNA VEZ: Reconozco que aunque la prosa es buena y directa cosa que está muy bien, el relato no me ha gustado mucho, digamos que me ha dejado un poco fría... está bien escrito y el argumento no es malo pero quizá esperaba algo más... no sé.

HERRERO: Me gusta el argumento, las metáforas y la historia pero hay algo que no sé qué es que me tira para atrás... he tenido que leerlo dos veces porque no conseguía meterme en el relato a pesar de estar escrito con pasión no conseguía que me transmitiese esa pasión... no sé, a lo mejor es cosa mía, en realidad el relato es muy bueno y también el argumento y la ambientación, está bien escrito... a simple vista no puedo decir nada negativo pero en cambio no he conseguido "sentirme" dentro de la batalla...

HISTORIA DE UNA MALA HISTORIA: me gusta el relato, el argumento, me ha hecho sentir y entrar e imaginar... la historia es preciosa llena de metáforas maravillosas y a diferencia de Ali a mí me ha calado hondo y recordaba perfectamente la historia. En cambio no me termina de convencer la forma en la que está escrito, es decir, la prosa es buena pero se abusa demasiado del ella y ellos (demasiadas veces seguidas) por lo que me atascaba un poco al leerla...  También le cambiaría el título, no le hace justicia… pero eso es una tontería…

DESCONOCIDO: Buen relato, la prosa más sencilla que el resto (que no es malo) y directo. Me ha encantado, la búsqueda de los deseos, salir de los límites establecidos, labrarte tu propio camino… y un final bonito y enternecedor, con una preciosa moraleja, a veces para ser feliz solo necesitas ser tú y hacer felices a los que te rodean… me recuerda a la frase “no intentes cambiar el mundo, cámbiate a  ti y tu mundo cambiará”. Como parte mala que el prota se llame Ariel me rechina… no dejaba de pensar en la princesa Ariel y todo el relato pensaba que al final cambiaría su naturaleza y se haría tía… jajaja.

UN REGALO PARA UN ERRANTE: Muy bien escrito, al principio también he pensado que era un tópico sobre el encuentro con los Ruh pero al final he acabado metiéndome de cabeza en la historia y la he disfrutado mucho. Digna de estar dentro de los libros de Pat como relato que se cuenta  a la luz de la hoguera en alguna escena nocturna… muy lograda.

Y ahora mi veredicto...

VOTO:
mmm... me lo habéis puesto muy difícil!!! dudo entre "La Música del Lethani", "Desconocido" y "Un regalo para un errante"... y el ganador (de mi voto) es............(redoble de tambores)............. LA MÚSICA DEL LETHANI  cheers  cheers  cheers  chinchin  chinchin  flores  flores  flores  choca esos 5  

De nuevo felicidades a todos y muchas gracias por regalarnos estas joyas para nuestro gusto y disfrute... espero que nadie se tome a mal mis críticas (ya sé que aquí somos todos muy civilizados) por supuesto son meras opiniones totalmente inexpertas.
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Re: VOTACIÓN - IV Concurso de Relatos 2016

Mensaje por Títere el Miér Abr 06, 2016 9:06 pm

Título del Relato: Había una vez

Opinión: Para empezar, el relato tiene un estilo más flojillo que los dos anteriores. Es más plano, carente de emociones y de metáforas, y el estilo de escritura me ha parecido un poco (bastante) más básico. Pero me ha gustado. Sí, no sé porqué, pero me ha gustado. A lo mejor se debe a que es una historia sencilla, con un estilo sencillo, y con ambiciones sencillas. Aunque narre el nacimiento de una leyenda, no es muy enrevesado. Y aunque sea corto, he conseguido ponerme durante un rato en la piel del protagonista. Lo más probable es que se deba a que me ha recordado a una de esas tardes de atasco artístico en el que no se te ocurre ni una palabra y me ha recordado a mí. Y claro, que un relato hable de mí es lo que más me gusta del mundo, porque como habréis notado me encanta hablar de mí, yo soy así, yo, yo, mi.
Así que no voy a comentar nada más, me ha gustado y punto, y, aunque me arriesgue mucho, creó que acabaré dándole mi voto, a no ser que las cuatro historias que quedan me impresionen aún más.

A favor: Que narre las "aventuras" de un escritor.

En contra: La hermana. Me ha parecido demasiado seca, el autor la llama "chica", pero esa actitud me ha recordado a una vieja.

En resumen: Sorprendentemente, me ha gustado mucho.

Presunto Autor:
El siguiente Spoiler contiene solo elucubraciones del autor, no tiene nada que ver con la realidad ni asociados:
¿Me ha parecido entreverte ahí, Feren?


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Re: VOTACIÓN - IV Concurso de Relatos 2016

Mensaje por Títere el Vie Abr 08, 2016 11:12 am

Título del Relato: Herrero

Opinión: Antes de nada, esto es un mensaje para ti, autor de esta obra. No te conozco, no sé quién eres, no tengo nada contra ti... Pero macho, en cuanto conozca tu nombre, te aseguro que no voy a volver a hacerte enfadar xD Vaya furia...
Vale, el relato está muy bien escrito. Narra una batalla de las mejores maneras que he leído hasta ahora, me ha recordado un poco a Posteguillo, cuando luchaban los romanos contra los cartaginenses. Pero yo creo que ha sido todo demasiado violento, sí, ya sé que en la guerra no es que la cosa sea relajada precisamente, pero es que han sido 1122 palabras impregnadas de furia y de muerte y de violencia que no dejan ni un respiro, y es como que agobia. Si fuese un lector beta, en vez de estar haciéndolo en el concurso, te sugeriría que hubieras metido un par de párrafos de él recordando su vida, su cuidad, su herrería, para que el lector descanse un poco. Pero es que buff, ha sido mucho, parecía El Hobbit, sí, ya sabéis de qué hablo, de la batalla esta del final que dura como hora y media y acabas hartándote. Demasiado sería la palabra, me ha empachado un poco.

A favor: El título me encanta, me parece que le pega muy bien al relato y eso de que el prota sea herrero y por eso sepa pelear bien, y por donde clavar la espada y eso me ha gustado mucho.

En contra: Demasiada violencia sin dejar un respiro para el lector. También hay un par de faltas de ortografía que rompen el relato un poco:

Herrero escribió:Todo es rojo en la noche y en vez de frío siento el calor potente en mi cara, las llamas están a varios metros pero el calor es abrazador.

Herrero escribió:La puerta está en control por breves minutos, el enemigo se encuentra a ralla y le dan caza a los que dentro de la ciudad provocan incendios y van desperdigados de un lado a otro.

Además, lo de "Malditos, malditos todos" no me ha gustado nada, y lo repites muchísimo.
Y luego va el relato y termina de esa manera -.-

En resumen: Creo que le ha faltado nivel.

Presunto Autor:
El siguiente Spoiler contiene solo elucubraciones del autor, no tiene nada que ver con la realidad ni asociados:
Estoy entre Wardent y Sin Sangre, pero no se porqué me decanto más por Sin. Sí, sé que a ninguno de los dos los incluí en el poema, pero me parece que está escrito por un hombre, y de Scia no es, en los suyos siempre salen mujeres bellas, Medieval tampoco, no he leído su prosa ahí, Skulduggery... Nah, me quedo con Sin Sangre.


-...el primer borrador lo escribes con el corazón, el segundo, con la mente.-
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Re: VOTACIÓN - IV Concurso de Relatos 2016

Mensaje por Sin Sangre el Vie Abr 08, 2016 9:05 pm

Bueno, es cierto que hay alguna que otra falta de ortografía que es obvio que eran sin querer y no deberían ser tomadas en cuenta.
A mi el ritmo del relato me ha parecido correcto, que el frenesí esté presente creo que nos sitúa en la piel de ese guerrero similar a un Berserker, y la reiteración "Malditos, malditos todos" me parece una buena jugaba para hacer hincapié en el feroz y brutal odio que el protagonista siente al defender su querida ciudad. El final entra dentro de lo esperado, ya conocemos todos la historia de la caída de la gran Myr Tariniel, no sé como esperábamos que este acabase pero me sigue pareciendo correcto.
Parece ser que no todos han leído Herrero con los mismos ojos que yo, es comprensible supongo.

Para el que no se haya enterado. Yo no he participado en el concurso.
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Re: VOTACIÓN - IV Concurso de Relatos 2016

Mensaje por Old Medie el Vie Abr 08, 2016 10:34 pm

La Música del Silencio Lethani (  Razz  ): ¡Qué osadía comenzar un relato de esta manera! Fue muy interesante leer este relato, si bien he leído uno que otro relato erótico (Grushenka para quienes le interese), leerlo desde el punto de vista de una mujer es algo interesante. Ahora bien, el relato me ha gustado y engancha de un principio, pero me choca lo de la música. Los Adem son (según lo que yo logré entender) personas que se toman la música como el sexo; esto no quiere decir que todos los Adem músicos sean prostitutos, sino que, la música se toma como algo muy intimo y solo se efectúa dentro de círculos familiares. Si un mercenario se volviera músico no creo que Shehyn se molestara de aquella manera, ya que ella es lo más cercano a un lama o alguien con mucha sabiduría.

Caminos entrelazados: ¡Denna, oh Denna! Mi personaje femenino favorito, tan oculta como la luna nueva, tan extraña como La Música del Silencio. Si este relato habla de Denna... Hubiera apostado mi buena mano derecha, hasta que leí el último párrafo y junto con él tu reflejo. Ahora no sé qué pensar. Solo tengo la noción de que leí un extraño relato de un pequeño trozo de vida de una mujer del cual ni siquiera las conversaciones me han dejado entrever algo. Está cargado de metáforas que, dentro del contexto, me hacen pensar en magia, en Taborlín el Grande. Pero solo me quedo más confundido que al principio cuando trato de darle alguna vuelta al relato. Cabe decir que es un relato interesante, y que da que pensar.

Había una vez...: Debo ser honesto, fue un relato algo flojo. Pero siento que el escritor tras él siente de verdad estas cosas que le suceden al protagonista, al igual que todos los que solemos escribir alguna vez nos hemos sentido. Por ese lado me gusta, es honesto y real. Me gusta la sencillez con la que fue abordado.

Herrero: Feroz. Brioso. Eso es lo que puedo decir de este relato. Está hecho de una manera muy tosca, como si se hubiera escrito de un tirón y se hubiera mandado sin siquiera haber revisado la ortografía.
Me gusta, porque tiene pasión y cumple con su objetivo: ver esta carnicería a través de los ojos de un herrero. Por eso no me molesta la sobreexplotación del hierro, el fuego y el odio, ya que estamos hablado de un joven metalurgo y no de un poeta instruido, un soldado o un cronista. Y tampoco puedo decir nada de la frase 'malditos, malditos todos', siento que fue puesta ahí en momentos precisos y que me molestara sería como si me chirriaran los silencios triples o la redundancia de la luna en los libros de Pat.
En conclusión, un buen relato, algo mal escrito, pero un buen relato. De esos que se leen de un golpe, como el tequila. Y dejan el mismo sabor de boca.

Historia de una mala historia: Oh, pero qué gusto me ha dado leer este relato. Es del tipo que me gusta, con épicismo puro y duro. Sí, joder, el sobre uso de el laísmo termina de alguna manera hastiando, pero lo bueno está ahí, en el fondo del escrito. Me gusta leer estas cosas, que te devuelve a aquel mundo que sigue inconcluso (Thanks Pat!).

Desconocido: Al leer este relato, en un principio esperaba encontrar algo mágico, quizá por culpa del que había terminado de leer recién, pero debo decir que no me ha decepcionado. En primer lugar cumple con ser original, no veo ningún huérfano descalzo que termina viviendo en un palacio, sino un gran hombre que nace en un palacio y termina viviendo mejor que antes. Su mensaje es transversal, la felicidad no está en lo material, la vida tiene sentido cuando tú se la das. Me gustó, bien escrito, conciso y fácil de leer.

Un regalo para un Errante: Me es difícil opinar de este relato. Me gusta su ritmo, relajado, que se lee de paso en paso, casi como contrapunto de Herrero. Está cargado de muchas metáforas, varias memorables, además, claro, también mucha magia de los libros. Así también siento que deja muchas cosas inconclusas, que solo es una pasada en la vida de los protagonistas, una mirada justo en medio de su historia, ni muy al principio ni muy al final, aún así deja claro su propósito, el tipo comienza triste y termina contento, o al menos menos triste que al principio, y eso es bueno.

Mi veredicto:

Spoiler:
Me costó, todos tenían méritos distintos para obtener mi voto, pero debo decir que siempre he decantado por lo épico:
Historia de una mala historia
Vaya mierda de título, nada que ver con el relato, pero no puedo juzgar un libro por su tapa.


Última edición por Medieval el Mar Abr 12, 2016 2:49 am, editado 3 veces


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Re: VOTACIÓN - IV Concurso de Relatos 2016

Mensaje por Aliethz el Vie Abr 08, 2016 11:33 pm

Medi, no me odies por tiquismiquis pero el relato se llama "La música del Lethani".
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Re: VOTACIÓN - IV Concurso de Relatos 2016

Mensaje por Old Medie el Sáb Abr 09, 2016 2:31 am

Pero si yo estoy hablando del libro de Auri Shocked


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Re: VOTACIÓN - IV Concurso de Relatos 2016

Mensaje por Aliethz el Sáb Abr 09, 2016 2:50 am

No entiendo nada.
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Re: VOTACIÓN - IV Concurso de Relatos 2016

Mensaje por Aleu el Sáb Abr 09, 2016 5:55 am

La música del lethani:
Indudablemente me gustó el nombre de la historia. Ofrecía mucha expectativa. Cuando vi el nombre de Kirel me imaginé que sería un relato sobre los Amyr, o algo por el estilo. Por eso, al comienzo del relato me desconcertó un poco porque no sabía dónde ubicarme en el mundo de Temerat. No me gustan los comienzos con sexo, prefiero una descripción más íntima del espacio, o de la persona (sus pensamientos, por ejemplo) para introducirme a la historia. Por otro lado, me parece acertado lo de la música, si bien los Adem son gente pragmática que rechaza el mundo fuera de ellos, así que me pareció interesante ver un punto de vista en el que uno de ellos difería de ese decreto.

Caminos entrelazados:
Son muy emotivos los primeros párrafos. Me gustan las metáforas, y cuando se usan en descripciones me gustan todavía más. Así que las primeras letras lograron captar mucho mi atención. Lo que diría de ellos es que has hecho mucho uso de la para “Y” en esos párrafos. Los diálogos me han parecido un poco distantes, tal vez esa sea la intensión al desvincular al personaje de su entorno. Con respecto al final… perdí parte de la noción. Si bien utilizas palabras que remiten a un mundo interno, aun así no logré mantenerme allí. El blanco me ocasiona ruido, mucho ruido, y en eso se convirtieron las ultimas frases.

Había una vez:
Pues a mí me parece muy trillado comenzar el inicio con Había una vez… Por eso me ha gustado, además de ser el primer relato, dentro del concurso, que me hizo reír con las primeras líneas. Tiene una estructura bastante simple, la de la historia, pero ha conseguido mantenerme en las líneas. No divagué en ningún momento y hasta me pareció que, quizás, así estaban algunos en el proceso de escribir el relato para el concurso. Los diálogos han sido muy puntuales, lo que me dejaba un poco a la deriva al no saber cómo asimilar concretamente los sentimientos de los personajes, yo soy más de diálogos con descripciones sensoriales.

Herrero:
Wow, se nota la ferocidad del personaje en cada una de sus palabras. No le tenía miedo al fuego porque el fuego era parte de él, y ahora vivía sus usos y abusos. Es un relato muy crujulento (porque me hace pensar en huesos rotos xD), y sin embargo, la emotividad del personaje era muy palpable; la lealtad, la nobleza, el fuego, Myr Tariniel… Ha logrado encantarme. "Malditos gusanos en capullo de hierro, los abriré a cada uno", me quedó con esa frase, definitivamente. Aunque has repetido muchas veces eso de malditos, con una o dos veces creo que era suficiente, lo mismo con el elemento fuego y la pregunta sobre Selitos. Con esa si la entiendo un poco mejor, era obvio que se hiciese esa pregunta en un momento tan violento.

Historia de una mala historia:
De alguna manera me recordó a Auri. Quizás sea por la escritura tan subjetiva que se usa para mostrar los diferentes escenarios. A mi parecer tiene mucha azúcar, pero me gusta. No es solo ruido, no son frases que me entrar por un oído y me salen por otro. Hay frases que se quedaron, y muchas de ellas me hicieron sonreír. Sólo diría lo del final, el uso excesivo de “Ella” hace que sea muy redundante. Supongo que es difícil no caer en eso cuando no se da el nombre del personaje.

Desconocido:
Ha sido la historia más completa de todos los relatos, me refiero a un inicio aceptable y un final aceptable. A veces me parecía puro ruido, pero otras veces estaba bien. Había frases que valían la pena y sugerían un poco ese ambiente sensible que me llama la atención. De alguna manera me ha hecho pensar en la frase "Derecho, hacía adelante, no se puede ir muy lejos". Quizás es por la forma en que el personaje se desenvuelve y al final tuerce su camino directo, y se va por un camino ¿roto? (en el buen sentido)

Un regalo para un errante:
Por un momento pensé que sería una versión de la historia que cuenta Kvothe sobre el secreto del agua y del vino (no recuerdo el nombre de la historia). Pero se ha distado un poco de lo que creía. Me gustó la nostalgia y la melancolía del personaje al principio y de cómo esos sentimientos se manifestaba en una canción, liberándolo de las cadenas de su tristeza. Una flauta que extirpa un sentimiento interno es mejor que una flauta que solo tiene aire.
"Su corazón que por cientos de años no había sido más que un puñado de hojas secas, volvía a latir con fuerza" esa frase me llegó al alma.

Mi veredicto:
Spoiler:
La historia que más me ha gustado es Herrero. Tiene algunos fallos en la narración, sin embargo, es excelente. La emotividad del personaje es algo que me ha calado muy hondo.

=)
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Re: VOTACIÓN - IV Concurso de Relatos 2016

Mensaje por Kandrian el Dom Abr 10, 2016 2:04 am

La música del lethani: Linda amistad.

Caminos entrelazados: Kilgrave.

Había una vez: un árbol y Newton humanista.

Herrero: Cuchillo de palo. Éste ya lo había leído ah.

Historia de una mala historia: No sé si era Jesús o Zaratustra.

Desconocido: La sirenita gay.

Un regalo para un errante: Hay que ser modestos, aunque ni tanto tampoco.

Voto por Historia de una mala historia, no porque sea la más mala por el hecho de ser la mala de una mala, sino porque es más bíblica (k).



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Re: VOTACIÓN - IV Concurso de Relatos 2016

Mensaje por Dinnaeh el Dom Abr 10, 2016 3:16 pm

La música del Lethani

-Presentación formal: correcta. No he encontrado ningún fallo ortográfico o gramatical.
-Prosa: me ha gustado mucho la forma de narrar, no me ha parecido nada forzada y no me ha costado leerla. Me gusta. Very Happy
-Historia: siempre hay alguien diferente dentro de una comunidad, que piensa diferente y que actúa diferente, y que piensa que hay cosas que cambiar. Me ha gustado mucho la idea de un adem a la que le guste la música, qué original. No me ha gustado la escena de sexo, pero como ha dicho Ricitos es una buena apuesta, y es algo que ninguno había introducido todavía, así que bravo, ¡viva apostar por cosas nuevas y diferentes!  bravo El final es idílico, pero por qué no. La música es poderosa y puede cambiar a las personas, puede haber cambiado a Shehyn también.
-Título: muy guay.
-Conclusión: me ha dejado buen sabor de boca, he acabado con un "joder, está muy guay". Quizá el final me haya parecido demasiado bueno, pero mejor, ojalá sea feliz allá en Imre y felicidades por haber conseguido cumplir su sueño.

Caminos entrelazados

-Presentación formal: igualmente correcta.
-Prosa: la prosa es buena, tiene un punto incluso de especial. De bonita. Pero, y esto me ha trastocado bastante y de forma negativa: los diálogos. Quizá el último me he enterado más, pero el autor nos los ha utilizado bien, para mí solo me han servido para confundirme.
-Historia: es como dijo Xania, parece parte de una historia, y eso mola. Me ha gustado mucho el principio y el final. Lo malo han sido los saltos de algunos párrafos a otro de... ¿lugar? ¿tiempo? Ni puta idea, pero me cortaban el ritmo, me sacaban el "hechizo". A mi sí me gustan las historias profundas, que hablan de sentimientos.  enamorado
-Título: me hubiera gustado más "Dónde se cruzan los caminos".
-Conclusión: los diálogos, los saltos en la continuidad de la historia... No sé, es que la historia es bonita, me gusta la prosa, y el estilo, y ambiente que teje el relato. Pero esas dos cosas, ay.

Había una vez

-Presentación formal: bueeeeno. Como dato, y autor apúntatelo: el guión de diálogo va inmediatamente pegado a la palabra.
-Prosa: un poco forzada. Se puede leer, pero no la leo muy a gusto.
-Historia: la idea es muy guay, una historia que hable de cómo contar buenas historias. Yeah.
-Título: me gusta.
-Conclusión: la prosa.. aish. Para mí lo ha matado todo, jo. No me ha parecido que llevara bien la historia, que podría haber sido muy guay. A ver, que la estoy pintando como muy mala, y no es así. Solo que a mi me chirría, y esto es un gusto personal: si la forma de escribir no me gusta, en mayor o menor medida: lo jode todo.
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Re: VOTACIÓN - IV Concurso de Relatos 2016

Mensaje por Netalia el Lun Abr 11, 2016 2:00 am

Bueno, pues ha llegado la hora de votar. Antes que nada, gracias Medieval por organizarlo y por postearlo de una manera tan original Reverencia

Voy a empezar por el final para variar:

Un regalo para un errante: La prosa de este relato es genial, tan dulce, tan adecuada, tan suave. A lo mejor hubiese cambiado alguna expresión, añadido alguna que otra coma o preposición pero en conjunto queda perfecta. Ha sido una delicia leerlo. Me gusta la idea de fata exiliado pero me ha costado encajarla con la de calderero, supongo que porque me los imagino a todos rechonchetes y un poco entrados en edad y la imagen que tengo de este colectivo me chirría al verse mezclada con lo fata. Ha estado muy bien llevado pero no me ha emocionado tanto como querría o esperaba. Le ha faltado un poquito para llegarme del todo, aunque no sabría identificar el qué, y me ha dado rabia. Tal vez porque el final no me ha tenido suficiente fuerza, aunque es muy bonito. Al principio me resultó extraño que el Ruh le regalase una flauta que significaba tanto para él a alguien que conocía de una noche pero he hecho mis propias teorías y supongo que en la cabeza del autor estará todo claro. Hazme una señal!!!! Me gustaría hablar contigo sobre las conclusiones extraídas, cuando quieras revelarte claro xD  
Frases o expresiones favoritas: "una voz fina como hilos de plata" o "la luna vibró como una campana luego de tañer". Hay algunas más que me han llamado la atención pero estas son las mejores a mi parecer.

Desconocido: Un relato largo pero sencillo, con una prosa menos depurada que el anterior. Una historia bonita, que se me ha agarrado al corazón y me ha hecho identificarme con el protagonista de una manera que me resultaba impensable. Por poner una pega al principio, el cambio del tercer párrafo al cuarto me ha parecido muy brusco, estabas hablando en general y de repente (pum!) una escena. Una tontería, nada que un "Aquel día" o "Un buen día" o algo por el estilo no pueda arreglar.  Reconozco que cuando entró el arcanista en escena (que por cierto, me ha hecho gracia que lo llamaras Rousseau como el filósofo o, ¿es que sólo era Rouss y un Rousseau se le ha colado al corrector?) temí un cliché, otro alumno superdotado como Kvothe, pero afortunadamente no ocurrió.  Me gusta la manera de cortar las narraciones con diálogos así, de repente, hace la lectura amena y poco rimbombante. Me gusta que el protagonista no tenga ningún don especial, que sea una persona relativamente normal, que no logre algunas cosas y otras le cuesten pero que, al final, resulte ser un héroe. Y me he enamorado del final, mucho mucho. En mi opinión el relato empieza bien, decae un poco en el medio de la historia y recupera al terminar.
Frases o expresiones favoritas: "Incluso después de la muerte todavía podía haber vida" "Por primera vez en toda su vida era libre." "Porque todo el mundo tenía derecho a ser feliz" Son frases normales, pero el mensaje las hace muy especiales.

Historia de una mala historia: Empieza muy bien. Me gustan los tintes poéticos en la prosa, me gusta la protagonista y me gusta cómo va desarrollándose la historia. Sin embargo, me chirría un poco "el uno y los unos". Sé que probablemente lo has hecho así adrede para resaltar que es uno y sus seguidores pero creo que podías haberlo hecho de muchas otras maneras que habrían encajado mejor. El momento en el que la madera se convierte en cristal me ha encantado, perfecto, pero a partir de ahí vienen unas frases que no entiendo muy bien por qué están separadas por punto y aparte. Y ahora viene cuando pronuncia los tres nombres, te ha quedado bonito y has sabido  darle epicidad. Me gusta lo de "ella, que ya no era ella, ahora era otra, pues otro nombre la envolvía, y así debía ser" pero creo que es demasiado largo para repetirlo tal cual más adelante. Creo que posteriormente habría quedado mejor reducido a "ella, que ya no era ella" porque te recuerda a la frase entera y se entiende sin tener que construir una oración hipercompleja. Y, ya que hablamos de oraciones hipercomplejas, el penúltimo párrafo es una de esas. Nueve líneas de oración. Nueve, madre mía. Y, no queda del todo mal, pero hace que la mente se te vaya un poco por las ramas. Creo que nos podías haber dado algún respiro con un punto y no hubiera perdido la esencia. El final me gusta, aunque también hubiese puesto un puntillo por ahí. Creo haber interpretado bien la historia y sacado su jugo pero no me voy a arriesgar a ponerlo por aquí por si meto la mata. Te lo diré por privado si te interesa :3. Ah, casi se me olvida, me ha parecido muy gracioso descubrir que eres laísta xD. Te pongo los ejemplos: "los grilletes que cubrían sus muñecas la causaron quemaduras" y "y ellos no la hicieron caso".
Frases o expresiones favoritas: "pesado como un corazón mentiroso" este símil me ha enamorado tanto que todas las otras que había elegido para poner aquí palidecen en comparación.

Herrero: De este relato hay cosas que me gustan mucho y otras que no me gustan nada. Tiene frases que me echan para atrás y otras que me parecen muy atractivas. Pero lo que tiene y que no te voy a perdonar son faltas de ortografía xD Te puedo perdonar algunas tildes (para los que me llaman grammarnazi, que sepáis que me he portado) pero cambiar una b por una v y ese tipo de cosillas no xD ("es suficiente para que me hierba la sangre"). Para mí esto es como estar comiendo algo rico y encontrar un pelo largo y negro en mi plato. Pero bueno, dejando las faltas aparte, tengo que reconocerte el mérito de escribir sobre una guerra porque narrar una batalla siempre ha tenido su miga. Yo no sería capaz, la verdad. Sin embargo, la narración al principio me ha resultado un poco caótica, y no caótica tipo están luchando y hay caos sino que la estructura está un poco desorganizada. Sobre todo hacia el principio, alternando oraciones en primera persona plural y primera singular. Después ya me he ubicado un poco mejor y me ha gustado aunque para mi gusto algunas palabras son demasiado recurrentes. Eso sí, tienes algunas oraciones muy potentes, que llegan muchísimo.
Frases o expresiones favoritas: "soy un plateado ángel de la muerte" "han caído tantos a mi alrededor que siento que todo Tariniel ha muerto" "solo veo rojo y odio" "Selitos ¿Dónde estás?" (esa llamada capta muy bien la desesperación del momento)

Había una vez: Esta historia me parece muy tierna, aunque un poco light. Me he sentido ligeramente identificada tanto con el protagonista como con la hermana. La prosa es sencilla y el mensaje, bonito. Y me encanta lo de escribir historias con distinto significado según el lector pero no sé, en mi opinión al relato le falta algo, tal vez un poquito de profundidad.
Frases o expresiones favoritas: "No, así no. Los pájaros siempre han sabido cantar."  "Aún veía todo como un niño."  

Y los dos últimos y mi veredicto final lo dejo para mañana porque tengo sueño y llevo días intentando escribir este mensaje xD


"Conoces a una muchacha tímida y sencilla. Si le dices que es hermosa, ella pensará que eres simpático pero no te creerá. [...] Existe una manera mejor de hacerlo. Le demuestras que es hermosa. Conviertes tus ojos en espejos, tus manos en plegarias cuando la acaricias. Es difícil, muy difícil, pero cuando ella se convence de que le dices la verdad... de pronto la historia que ella se cuenta a sí misma cambia. Se transforma. Ya no la ven hermosa. Es hermosa, y la ven "
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Re: VOTACIÓN - IV Concurso de Relatos 2016

Mensaje por Sciacere el Lun Abr 11, 2016 2:34 pm

¿ Todavía se puede votar ?
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Re: VOTACIÓN - IV Concurso de Relatos 2016

Mensaje por Títere el Lun Abr 11, 2016 3:11 pm

No, el plazo se ha cerrado, en todo caso Medieval me ha dicho que te dejamos un par de días para que puedas votar por el mío, pero por el mío, no por los demás, por el mío.



xD Claro que puedes votar.


-...el primer borrador lo escribes con el corazón, el segundo, con la mente.-
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