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Epílogo II: Búsqueda

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Epílogo II: Búsqueda

Mensaje por Gwynbelidd el Jue Jun 01, 2017 5:24 am

Ábreme mongolin:
Tenía esto pendiente desde que terminó el juego y quería hacer algo bien hecho así que aquí está (para los que no se enteran leanse la Guerra de la creación 2.0, se que es largo xd pero no puedo hacer más por vosotros).

Siempre que escribo tengo la manía de arreglar más y más cosas, así que lo publico antes de seguir metiendole cosas o quitandoselas, sé que puede que deje cosas sueltas.

Pd: Disculpad si hay muchos errores, en cuanto los vea iré editando, enjoy c:

Las aventuras de los cuatro: Búsqueda

I

La noche tormentosa envolvía todo, la pequeña taberna estaba repleta, meseras corrían de aquí para allá sin dar abasto, afuera llovía como para ahogar hasta a los peces. Los truenos resonaban en el pecho de los marineros que aún se encontraban en el Mar de Centhe, pero ahí, en la pequeña taberna, escondida en una costa de Yll se creaba un mundo totalmente diferente, personas de todas partes compartían tragos y comían desmesuradamente, mientras las canciones y chismes llenaban el ambiente.

Música de taberna:

La mayor parte de ellos eran pescadores, tramperos y marineros de alta mar, con la piel dorada por el sol de toda una vida, pero, si abrías los ojos y mirabas más allá de la nariz encontrarías personas curiosas de todos colores, tamaños y razas. Algunas calladas, como la encapuchada misteriosa sentada en la esquina de la barra. Otros de cabello rubio y vestimenta roja, lo poco que hablaban lo compensaban moviendo las manos de manera efusiva. E incluso, si prestabas aún más atención encontrarías que había un hombre en una de las mesas, portaba un medallón extraño atado a uno de sus brazos cubierto bajo su ropa, sus cabellos eran como el fuego. Quizás en otro lugar habría destacado por su apariencia o labia, pero estaba en Yll, ser pelirrojo allí era tan extraño como tener una barba en Ceald.

—Chicos, me duelen un poco las manos, aún no me acostumbro a esto —dijo señalando el piano que tocaba uno de los músicos— ¿Podría tocar una última canción e irme a descansar?

Las quejas de sus compañeros no tardaron en salir de sus bocas y con justa razón las decían, tres eran ya las veces que en ese ciclo los había abandonado.

—Que sea buena, o serás el último en irte —exclamó el violinista afinando una cuerda después de mucho rato pensativo.

Podría parecer que un músico consagrado tendría siempre un repertorio preparado para cada ocasión, pero en esa parte del mundo las cosas no funcionaban así, las canciones de toda la vida, esas en la que puedes cantar la primera estrofa y luego corren por si solas eran escasas, incluso la más famosa de todas ellas era conocida sólo por los navegantes más intrépidos, y no era de extrañarse porque en esas costas los caldereros apenas y llegaban una vez cada decena de años.

Pero un buen músico conoce a su público, bastaba con cantar algo que celebrara a las olas del mar, la valentía de los capitanes y la hermosura de las sirenas, mientras más detalles diera de esto último más triunfaría su tonada.

—Brandy, you're a fine girl! —entonó acompañando su tonada con una melodía del piano.

Canción del mar:

Toda la estancia aplaudió, no era la mejor canción y ni siquiera la había tocado especialmente bien, pero entre tantos marineros ebrios en una noche de tormenta pocos podrían notar la diferencia, el pelirrojo lo hizo.

El pianista dio las gracias a su público y subió por las escaleras apartándose del bullicio, atravesó el umbral de su cuarto y cerró con candado, se sentó frente la mesa y contempló en silencio algo dentro de un estuche, y luego se puso manos a la obra.

La música en la sala principal siguió un buen rato, pero al final dio paso a cánticos que sólo los marineros conocían, él agudizó el odio y distinguió algunas frases.

"¡You jou jou y una botella de Ron!", "...¿Quien vive en la piña debajo del mar?, ¡Bob esponja! Su cuerpo amarillo absorbe sin mas, ¡Bob esponja!...", "Já já, somos así, ¡ser un pirata me hace feliz! Siempre decido lo que quiero hacer, ¡somos piratas!".

Aprovechando el alboroto que creaban los marineros, la encapuchada terminó su trago de hidromiel y subió por las escaleras en dirección a la única puerta cerrada, esta cedió antes sus manos como si nunca hubiese estado bajo llave.

El bardo ni se volteó cuando ella entró.

—Si buscas el baño es la otra puerta —mencionó sin dejar de arreglar lo que estaba en la mesa. Olía a madera de Roah y estaño fundido.

—Te buscaba a ti en realidad —la voz le pareció terriblemente familiar—, la canción ha estado magnífica, no sabía que tocabas el piano.

—Para nada, he comido mas errores que un niño de diez años tocando con los pies. Lo mío son las cuerdas como puedes ver —levanto una de sus manos y la volteó mostrándole su palma, enseñando las yemas y los pequeños cayos en ellas.

—Ah... es una lastima que tu laúd ya no funcione, ¿verdad? Gwyn.

Él tardó medio segundo en tomar el estilete del cajón y darse la vuelta, saltando a la vez hacía su adversaria, ella, dio un paso hacía adelante y antes de que los pies de Gwyn tocaran el suelo, ya lo tenía inmovilizado en el suelo con la cara pegada a las tablas de pino y el brazo retorcido en la espalda.

—Suelta el fierro —siseo.

Obedeció sin esperar a que le repitieran la orden.

—No sabía que eras tú —su voz sonaba más a disculpa que a otra cosa.

—¿Quien más voy a ser idiota? —la diosa puso cara de pocos amigos.

—Pensé que estabas muerta...

—Pues a la próxima no pienses, ni siquiera leíste el libro ¿verdad?

—¿Que libro? —el bardo no tenía idea de lo que hablaba.

—El que metí en tu bolso —dijo entornando los ojos. Soltó al bardo y busco el códice en la habitación— ...aquí está, veamos... no lo abriste ni una vez.

—Ah... eso... lo usaba para sostener la pata de la me... —el bardo recibió un coscorrón que lo clavó de nuevo en suelo.

Edeus se desabrocho la capa y la colocó en la percha detrás de la puerta, debajo del manto negro deslumbraba un vestido con gran calidad de detalles, era oscuro como la noche y elegante como las estrellas, perfecto para ella.

Oscuro como la noche:

Él la contempló en silencio, y volvió a lo suyo, ella tomó una silla y se sentó frente a la ventana.

—Y... ¿por qué me buscas?

—Tengo una misión para ti.

—¿Qué te hace pensar voy a aceptarla? los días en que trabajaba por contratos siendo un simple peón en tus juegos y guerras terminaron.

—Pensaré que honrarías tus promesas, como hombre que eres.

—¿Y que pasa con las mujeres?

—Ellas también cumplen sus promesas, pero no se jactan sobre ello —Edeus abrió la ventana y contemplo el mar embravecido— ustedes sois como gallinas, ponéis un huevo y duráis tres días cacareando por ello.

—Si esa es tu forma de convencerme está funcionando.

—¿Recuerdas a Dalcenti? —Edeus se quitó uno de sus guantes y sacó la mano por la ventana, el agua siguió cayendo, era helada, familiar.

—La recuerdo, la última vez que la vi estaba ayudándola a encontrar a Cujo, duramos varios ciclos en ello pero fue imposible, estaba en un plano superior.

—Y por eso estoy aquí, vamos a sacarlo de allí.

—Escucho tu plan —el bardo dejó lo que hacia y se volteo finalmente hacia la diosa.

La noche avanzó y la tormenta no aflojo ni un centímetro. Dentro de la habitación la diosa estaba relajada escuchando música en un aparato pequeño, la cama halaba de ella invitándola a unirse a otro dios griego.

—Me gustan las canciones que tienes aquí, habrías tenido éxito si te hubieses dedicado a la música más allá de este país olvidado.

—Puede que tengas razón —acompañó sus palabras con un movimiento de su mano, ella casi pudo ver que decía Acuerdo parcial casi—. Terminé, ¿cuando saldremos?

—Mañana cuando salga el sol. Deberías dormir un poco, luego no habrá tiempo para nada.

—Lo sé, pero estas en mi cama.

—No entiendo el problema, si es que hay alguno —su cara afirmaba sus palabras.

—Aquí no está del todo bien visto que dos personas compartan una cama si no se gustan.

—Que costumbre más absurda, como la mayoría de vuestras costumbres, pesaba que eras diferente Gwyn, un hombre de mundo —resoplo.

Él se quedó sentado en el borde de la cama sin decir nada.

—Vuestra visión sobre el sexo es bastante ilógica, algunos de vosotros os cerráis completamente, y perpetuáis creencias y tradiciones ridículas, otros hacéis todo lo contrario, viviendo para eso como si no hubiera un mañana —la diosa frunció el ceño—, incluso nos metéis a nosotros en vuestros asuntos, rebajándonos de una manera denigrante al nivel de simple seres movidos por el deseo.

Él callaba, no había nada que decir, ni disculpa que dar, cualquier cosa que dijera sólo empeoraría todo.

—Si te hace sentir mejor me gustas, como los versos que escribes, pero nada más.

—Esas son 7 palabras —dijo sonriendo.

—Sí, al escritor le tomo lo suyo encontrarlas.

La noche avanzó aún más, mientras los dos seres compartían el calor bajo la sábana, sería una historia ideal si todo hubiese seguido como si nada, o incluso si las palabras de la diosa fueran ignoradas y ocurriera algo más, pero esta no era una historia ideal por lo tanto deben saber que el bardo no pegó un ojo en toda la noche, su compañera roncaba como 10 tractores descompuestos y 5 vacas agonizando.

II

Edeus tarareaba una canción, los caballos sobre los que iban cantaban:

El sol está brillando en el cielo,
No hay una nube a la vista,
Ha dejado de llover,
Todo el mundo está en una obra de teatro,
Y no lo sabes pero es un hermoso día nuevo.


—Eso no rima mucho —los caballos dejaron de cantar y lo miraron feo.

—Déjalos —Edeus acarició un poco a su yegua—, tú no trajiste tu laúd así que ni tienes ningún derecho a opinar.

—Dijiste que no lo trajera, porque tenía que escribir una historia decente sin tonterías literarias. Por lo menos podrías poner un spoiler con la canción original ¿sabes?

—Deja que los demás se maten un poco la cabeza —dijo moviendo la mano quitándole importancia—. Llegamos.

Una iglesia estaba frente a ellos, la fachada principal subía y subía, quizás había una campana en lo más alto, la típica rueda de Tehlu tampoco estaba, había sido cambiada por uno de sus ángeles.

Iglesia:


Boreas los esperaba nada mas entrar a la edificación, Gwyn casi no lo reconocía con su túnica gris y corte de sacerdote. Caminaron un poco hasta entrar en una habitación llena de velas, Dalcenti estaba en ella.

—Bien, es hora de comenzar, ¿todos entienden el plan? —preguntó la diosa.

Todos asintieron.

—Deberíamos explicarlo para que los que leen se enteren —sugirió Bor.

—Supongo que tienes razón —dijo la diosa suspirando—. Iremos al "infierno" o lo que ustedes consideran como eso.

—Podrías explicar algo más...

—No tenemos tiempo, sólo podremos ir mientras el sol está en su cenit y luego tendremos 3 horas para regresar o nos quedaremos allí, para siempre.

—Suena a argumentó barato de película —dijo Bor riéndose.

—Tú chiton sacerdote, sentaos al rededor del círculo y tomaos de las manos.

Todos se sentaron al rededor un círculo con inscripciones ininteligibles rodeado de velas azules.

Circulo satánico:

—Dal, coloca la canción para las buenas vibras —ordenó Edeus.

En el camino hacia la iglesia Edeus había explicado con detalle el funcionamiento de algunas cosas de carácter místico para los humanos. Explicó que la realidad como la vemos no es más que una ilusión "un sueño dentro de un sueño", la verdadera realidad estaba hecha por capas, solapas una encima de otras con dimensiones en su interior, los dioses no eran más que seres que había aprendido a mover estas solapas y usarlas a su favor, así como lo hacían los humanos con sus artes simpáticas y nominativas pero a mayor escala.

Había explicado también que el mundo estaba lleno de seres, tantos que taparían el sol si no vivieran en esas solapas como rezaba en el libro del camino, ellos se agrupaban al rededor de las personas y se alejaban de los itinolitos e iglesias, también podían ser alejados con tonadas, esto último era lo que intentaban, con esos seres lejos acceder a sitios ocultos era pan comido.

¡Fuera Demonios!:

—¡Ahora! ¡el encantamiento!, "Essen Sie nicht meine Gurke oder Büste!". está en alemán

Y mientras gritaban todo tembló, las velas se apagaron y el círculo adquirió las llamas disipadas, una llamarada salió despida quemandole las cejas a todos. Cuando dejaron de recitar las místicas palabras la inmensa llama se estabilizó y partió a la mitad abriendo el portal.

Todos se pusieron de pié, prepararon sus armas, y entraron a lo desconocido...

Ellos esperaban fuego, gritos y lava. Lo que encontraron fue un bosque con praderas a lo lejos, viendo un poco más se dieron cuentan de que estaban  en una meseta rodeada por montañas impenetrables.

Una frondosa frontera:

—Pongámonos en marcha tenemos 3 horas —dijo Dal, se notaba la ansiedad en su voz, si no estuvieran en un lugar tan peligroso seguro habría salido corriendo.

Edeus después de unos momentos caminando les entregó unos medallones a cada uno, tenían formas curiosas y estaban fríos como el granizo.

—Actuaremos con sigilo, aquí no tengo más poderes que ustedes, la "magia" no funciona en estas tierras y los carceleros que hay aquí podrían matarnos de un golpe, esto —sostuvo el medallón— es un escudo sinaptico de proporción elemental, en atur significa que y si os hieren mortalmente evita que vuestras esencias escapen de sus cuerpos y se queden atrapadas aquí.

—¿Quien los hizo? —preguntó el que era bardo.

—Nessi *Chan chan chaaan*

—¿Se supone que tenemos que reírnos? —dijo el que era sacerdote.

—Si sipini qi tinimis qi riirnis —le imitó— , no les volveré a decir nada.

—Cállense —les especto Dal— ¿escuchan eso?

Detrás de los arbustos habían dos figuras hablando.

Shmebulock, shmem shmem, shmebulock.

¿Shmen? Shemebülock.

Al segundo se le notaba un fino acento.

—¿Que están diciendo? —preguntó Gwyn surrando.

—No lo sé, Edeus saca el pokedex.

Sin decir una palabra la diosa sacó la pequeña máquina y apuntó a los seres.

¿Quien es ese pokemon?:

...Shmebulock, se cree que este pokemon azota a sus súbditos con el palito ese...

—¿Alguna forma de vencerlos?

Edeus callaba.

—Sí, lo mejor será evitarlos. Miren ahí hay un Castillo, ¿ven las letras que tiene en la entrada? —dijo Dal señalándolas.

"Cujito no está aquí" rezaba el letrero.

Los cuatro valientes se apresuraron a uno de los laterales del castillo refugiados por el bosque, la entrada principal estaba bloqueada por Shmebulocks, pero el castillo estaba algo derruido y entre sus paredes había sitios donde cabría una persona, Dal, Edeus y Gwyn desenfundaron sus armas y entraron por una abertura, Bor también entró pero sin armas en las manos o pies.

Revisaron todo con mucho sigilo, permaneciendo en la sombras pero no encontraron nada.

—Nos dividiremos, Dal y Gywn a la torre, Edeus y yo bajaremos, tenemos 40 minutos más —dijo Bor mirando su reloj—, es la única edificación cercana asi que debe estar ahí, y si no tampoco tenemos más tiempo.

Los dos primeros subieron la inclinada torre, no parecía haber rastros de vida pero tenían sus armas listas, Dal dos hachas y Gwyn un par de dagas.

Cuando ya estaban por llegar a lo más alto aparecieron dos Smebulocks cargando un par de bandejas con platillos.

Dal dio una pirueta, sus hachas silbaron mientras ella se movía como un tornado, dos golpes, uno detrás del otro, sus cabezas volaron.

—¡Corre! —grito, desde abajo se escuchaban los pasos de decenas de carceleros.

Al llegar arriba descubrieron una larga mesa llena de manjares dignos de un rey, y sentado en un montón de cojines un ser rechoncho con alas rodeado de súbditos alimentándolo, Cujito.

Lo que pasó después es difícil de contar  o imaginar, se armó una batalla colosal mientras Dal corría a abrazar a su compañero tumbando y pelando con todos a su alrededor.

El reencuentro por DaVinci:

Ella lo sostenía, le hacía mimos y muecas, lo abrazaba y le daba besos, no tenía ojos para nadie más, él no cabía en si de felicidad, intercambiaron muchas palabras hasta que Gwyn llegó a molestarlos.

—Tenemos que irnos, ahora, aquí hay una cuerda que llega hasta abajo.

Dal saco una de sus hachas y puso el mango sobre la cuerda, dio un salto y decendió a una velocidad impresionante con Cujo en su hombro, Gwyn hizo lo mismo pero con su cinturón, a mitad de camino sus pantalones se cayeron y muchos Shmebulocks se rieron de él mientras terminaba de bajar.

En el patio estaban sus otros dos compañeros rodeados de narizones con palos.

—Parece que sólo saldremos de aquí peleando.

SHMEBÜLOCK —gritaron arrojándose hacia ellos.

Edeus saco su doblespada, un estoque que defiende y ataca a la vez. Ella se movió como una esgrimista, como una bailarina, como el agua misma, una vuelta, un paso, izquierda defiende, derecha ataca, cabeza vuela, golpe, patada, tajo, estocada en el pecho.

Dal tenía una sonrisa sádica en su cara, se lanzo contra la multitud gritado insultos y lanzando sus hachas. Brazos, piernas, sombreros, todo volaba, si Edeus era el agua ella era el relámpago, muerte y destrucción centelleante.

Bor se agachó, metió una mano bajo su túnica gris por la parte de atrás y sacó un bastón inmenso de un lugar muy oscuro.

¡Vientos, obedezcan a mi llamado! —bramo, y los vientos lo obedecieron.

—¿No que la magia no servía? —dijo Gwyn aferrandose a algo mientras el viento se llevaba a los Shmebulocks como muñecas de trapo.

—Esto no es magia —dijo Bor con una sonrisa— ¡es fe!

Cuando el viento se calmó, no quedaba oposición ni tiempo, se tomaron de las manos y recitaron el encantamiento, pero antes de que el portal fuera abierto y la historia terminara, un enemigo más se alzó desde la nada.

¿Quien osa perturbar mi reino? —media ocho metros de alto y cuatro de ancho, una maza era su arma y el fuego lo acompañaba— ¡Que el fuego te purifique!

Una llamarada salió de su martillo, los cuatro valientes volaron por los aires, sus medallones se volvieron ceniza, pero pese a todo siguieron vivos.

El ser de fuego levantó su mano llameante y los Shmebulocks se alzaron, rodeándolos, ¿que hacer? ¿que milagro los salvará? Sin laúd, sin magia y sin fuerzas.

—Chicos... —dijo Dal mientras se levantaba con mucho esfuerzo— gracias por ayudarme a llegar hasta aquí. Es una tontería que todos muramos por mis deseos.

—¿Que dices? Somos amigos, hasta el final —dijo Bor con los pedazos de su bastón en las manos.

—Está es mi lucha. Corran.

No era una peticion, sino una orden. Dal saltó y Cujo creció de tamaño desmesuradamente adoptando su forma de Cujo-Dragon, el terror de las lechugas. Edeus le arrojó una de las máscaras de un Shmebulock, ella la tomó y se la colocó sobre sus desconocidas faciones, parecía un jinete, un jinete del Ragnarok.

El bardo saco su pequeño aparato de canciones y se lo dio.

—Suerte Dal.

—¿Cuando aprenderás bardo? la suerte no tiene nada que ver —si no tuviese máscara Gwyn juraría que vio una sonrisa en su rostro, pero la tenía.

Cujo corrió y voló esquivando las bolas de fuego del ser elemental, los compañeros corrieron al bosque mientras Dal rebanaba cuellos.

Y mientras el portal se abría y cada uno escapaba cual ratilla, Gwyn volteó, vio una llamarada de dragón y la canción de un dios.

Canticos de dioses:

Fín.

Para Dalci.


Última edición por Gwynbelidd el Vie Jun 09, 2017 8:52 am, editado 5 veces (Razón : Errores everywhere x4 creo que ya quedo)
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Re: Epílogo II: Búsqueda

Mensaje por Knessa el Jue Jun 01, 2017 4:15 pm

Gwyn! Se me hizo muy divertido y no se me hizo tan largo (no todo xD) Se me hizo un poco raro eso de "pero sin armas en las manos o pies" no sé que quisiste decir con armas en los pies xD
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Re: Epílogo II: Búsqueda

Mensaje por Dalcenti el Jue Jun 01, 2017 8:40 pm

Lo que me he reído con esto xD

Aunque nos dejaran en el infierno cabrones (cosa que promete una segunda, tercera y mil partes más) me encantó todo xD, en especial los caballos mirándote mal. 

Y el círculo satánico es el mejor, las canciones al punto. En resúmen, lo disfruté en cada leída (tres veces y contando). 

Gracias Win Very Happy
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Re: Epílogo II: Búsqueda

Mensaje por Edeus el Sáb Jun 03, 2017 11:42 am

@Knessa escribió:Se me hizo un poco raro eso de "pero sin armas en las manos o pies" no sé que quisiste decir con armas en los pies xD

Respuesta:


Las uñas de Janis


¡Qué largo chulo! Y ese círculo xDD Sí que he echado en falta más gente, pero la verdad es que ha estado muy guay. Vamos, que de aquí sale una continuación fijo. Y luego vas y no te apuntas a los duelos Neutral

PD: No has puesto el link. Solo aviso xD
PD2: En el segundo párrafo pone 'habrir los ojos'. Está mal. Se dice "habrir los hojos".
PD3: La la land
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