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De carromatos y sastres [Individual] [Narrativo]

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De carromatos y sastres [Individual] [Narrativo]

Mensaje por Títere el Miér Jun 21, 2017 5:00 pm



   -Una vez un hombre sabio dijo: “mejor malo conocido que bueno por conocer”. ¿Sabes Hans? Ese hombre no era un sabio, era un cobarde y seguro que murió amargado y con una esposa fea en una granja cochambrosa en los campos baldíos de Atur.


 
   -Hans, cuida de tu hermano.
   -Lo haré madre.
   -No dejes que alimente él a los caballos. Ni que lleve las riendas. Simplemente intenta que permanezca sentado en la parte de atrás de la carreta.
   Hans sonrió.
   -No te preocupes, Gregory volverá con los dos brazos en su sitio, te lo prometo.
   -Intenta que también conserve las piernas -dijo su madre, con un deje entre angustiado y divertido en la voz.
   En ese momento llegó Dana.
   -Cabeza y Pétalo ya están ensillados. A Relinchos lo engancharé a la carreta en cuanto Greg y padre vuelvan de la hacienda de los Gramsom. Te he puesto unos panes de pasas escondidos en una cesta entre los tablones, procura que no los encuentren o te quedarás sin ellos -dijo mientras un amago de sonrisa surcaba su cara.
   Hans rió, y la agarró de la cintura.
   -Hermana, no volverá a funcionar. Seguramente sea mentira, y más seguro aún es que ya se lo has dicho a ellos para que se pasen el viaje intentando que me baje de la carreta y me vaya a “investigar el camino”.
   Su hermana también rió.
   -Sigo sin creerme que picaras aquella vez.
   -Los desgraciados sólo me dejaron las pasas -admitió Hans.
   La abrazó y se despidió de ella. Luego volvió junto a su madre, que estaba ultimando los preparativos del viaje.
   -¿Cuando volverá Julie?
   -Pasado Thaw. Faragand no quiere arriesgarse a perder otra carreta cruzando el vado del Meth.
   -Herrero testarudo. Padre y yo ya le advertimos, pero nunca hace caso. Y ahora no podemos ver a nuestra hermana sólo porque él es más terco que una mula de tiro.
   -No empieces otra vez Hans. Faragand es un buen chico y sólo quiere lo mejor para Julie. Él sabe bien que no es necesario arriesgarse a viajar en Thaw cuando a mediados de Equis los caminos ya estarán secos y podrán viajar sin complicaciones. Y tú también lo sabes.
   -Lo sé madre, lo sé.
   Hans la abrazó también, y se despidió con la mano.
   -Los esperaré en la encrucijada. Podemos uncir a Relinchos a la carreta allí, no habrá problema. ¿Está todo preparado Dana? -la chica asintió-. Os veré dentro de tres ciclos. Si todo marcha bien, puede que en dos.
   Y dicho esto, subió a la carreta y fustigó a los caballos.


-...el primer borrador lo escribes con el corazón, el segundo, con la mente.-
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Re: De carromatos y sastres [Individual] [Narrativo]

Mensaje por Títere el Miér Jun 21, 2017 5:01 pm



   -Una vez un hombre sabio dijo: “mejor malo conocido que bueno por conocer”. ¿Sabes Hans? Ese hombre no era un sabio, era un cobarde y seguro que murió amargado y con una esposa fea en una granja cochambrosa en los campos baldíos de Atur.


   Los caminos en Thaw no estaban hechos para el hombre. Y menos para tres hombres, dos yeguas, un caballo y un carro. El barro atrapaba las ruedas de la carreta y hacía que los Boggart tuvieran que poner constantemente tablones de madera bajo éstas. Las bestias sudaban por el esfuerzo de tirar de tal lastre, y los hombres maldecían en cada giro del camino.
   -Por Tehlu -dijo el patriarca en uno de los descansos.- El agua se nos ha adelantado este año, hijos. Normalmente esto suele ser más transitable a principios de Thaw.  
   -Deberíamos haber salido cuando aún había nieve. Prefiero la nieve al barro. Cualquier cosa es mejor que el barro, la verdad.
   -¿Y dejar a tu madre y tus hermanas solas tres ciclos, en pleno invierno? ¿Y pasarnos en la Venta del Manco todo Dearth mendigando un poco de pan hasta que lleguen los mercaderes? No, imposible. Si este año tenemos barro, pues barro tendremos. Ya llegarán los vientos y secarán los caminos.
    -Eso mismo dijiste el año pasado. Y al final los vientos llegaron, sí, pero cuando nosotros ya habíamos regresado.
   El patriarca sonrió y soltó una carcajada.
   -Sí, lo recuerdo -le echó una mirada furtiva al carromato.- Mientras tanto, ¿porqué no te adelantas un poco Hans? Para inspeccionar el camino.
   Hans lo empujó mientras reía, y luego los tres hombres compartieron uno de los panes de pasas de Dana. Después reemprendieron la marcha, mientras el barro les agarraba los tobillos.


   Hans montaba a Relinchos mientras que Gregory y el padre de los muchachos conducían el carromato, fustigando a Cabeza y Pétalo y guiándolos entre las piedras y matojos del camino.
   Se respiraba una atmósfera alegre. A lo lejos podían ver la Venta del Manco, tras casi un ciclo de camino esa era la mejor de las recompensas. El viento había secado los caminos, como había predicho el cabecilla de los Boggart y avanzaban a buen ritmo hacia su destino. Todos los años realizaban aquella travesía, según le habían contado a Hans, los Boggart eran carreteros y lo serían siempre. Después de Thaw, los caminos volvían a ser transitables, y los mercaderes de Ceald se echaban a la calzada con sus mercancías en dirección al sur, al Omethi, a Anilin, y más allá a la lejana Tarbean y sus puertos. Y de allí, al resto de los cuatro rincones de la civilización.
   La Venta del Manco era una antigua hacienda situada a orillas del río Meth, un afluente del Omethi. A lo largo de todo el río transcurría un largo camino que llegaba hasta el Gran Camino de Piedra. Cientos de mercaderes pernoctaban en aquella Venta, cientos de mercaderes que habían tenido que atravesar las escarpadas montañas del sur de Ceald, o rodear el mar interior por sinuosos caminos hasta llegar allí. Ellos llegaban cansados, sus monturas también, y sus carromatos destrozados, tras tropezar con numerosos baches y haber lidiado con el barro que se adhería  a sus ruedas. Los Boggart los reparaban por una pequeña suma, y aceptaban casi cualquier tipo de trueque. Si sólo llevabas semillas de berza, aceptaban las semillas. Si transportabas sal, un pellizco era suficiente. Medio galón de aceite o vino por carromato. la madera nunca la rechazaban pues la que ellos portaban se agotaba pronto, así como clavos y tachuelas de hierro para reforzar las ruedas.
   Era un oficio humilde y agotador, pero tras todo Equis reparando carromatos volvían a casa con una gran suma en iotas, comida, especias y bienes materiales que les ayudaba a pasar el verano, el otoño, y a sobrevivir en invierno. Y luego, vuelta a empezar.
  Hans no se quejaba. Aquello era más de lo que podía desear cualquier hijo de campesinos.


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Re: De carromatos y sastres [Individual] [Narrativo]

Mensaje por Títere el Miér Jun 21, 2017 5:01 pm



   -Una vez un hombre sabio dijo: “mejor malo conocido que bueno por conocer”. ¿Sabes Hans? Ese hombre no era un sabio, era un cobarde y seguro que murió amargado y con una esposa fea en una granja cochambrosa en los campos baldíos de Atur.

    Aquella era una de esas noches en las que la Venta del Manco estaba extrañamente vacía. Sastre, el dueño del lugar, invitó a los Boggart a una botella de scutten junto al fuego, junto con unos cuencos de estofado. Era un viejo amigo de la familia, y siempre que tenía tiempo se acercaba a hablar con ellos. 
    -Hay guerra en Atur -dijo de improviso en uno de los silencios que acompañaban a la comida.
    El patriarca de los Boggart lo miró en silencio. No le gustaba hablar de guerra, al contrario que Sastre. En realidad no le gustaba hablar de nada que pudiera amenazar con tambalear la precaria paz que se vivía en aquellos parajes de los Cuatro Rincones.
    -No es nada grave -aclaró el dueño de la Venta mientras rehuía la mirada de su amigo.- Dos nobles enemistados desde hace generaciones vuelven a batallar por aumentar unos pies sus fronteras. 
    Hans escuchaba atento la conversación, mientras tomaba el estofado. Estaba ansioso por participar, pero sabía que su padre odiaba aquellas charlas, y no quería contribuir a su posterior enfado.
    -¿A donde quieres llegar? Suéltalo de una vez.
    Sastre soltó el estofado y les miró serio.
    -Quiero llegar a que estos dos nobles están armando y abasteciendo sus tropas. La mayor cantidad de armas y provisiones provienen del noroeste, de Ceald, algunas incluso de los lejanos puertos atures de más allá de las montañas. La ruta más segura es esta, seguir el cauce del Meth hasta llegar a Anilin, de ahí al este por el Camino de Piedra, y luego al norte hasta llegar a las tierras de estos dos noblecillos enemistados. Pero es un rodeo de varios ciclos que muchos querrán evitar, y probarán suerte por los senderos que cruzan la frontera más al nor....
    -No pienso ir más al norte -sentenció el patriarca.
    Sastre golpeó la mesa con un puño.
    -Siempre estás igual, Andrew. ¡Cada vez que intento ayudaros me respondes lo mismo: Tú nunca piensas ir más al norte! Tú nunca piensas probar suerte en Anilin. Tú nunca piensas en...
    -¡Y pensando así es como he mantenido a mi familia durante años, maldita sea! ¿Qué sabrás tú, un sastre manco exiliado de Atur que se las da de experto en rutas de comercio? -Sastre lo miró con rabia, y sus labios dibujaron una fina línea.- Me voy a dormir -dijo soltando el cuenco de estofado.- Mañana nos espera una larga jornada de trabajo -dijo mientras subía las escaleras que llevaban a las habitaciones.
    Gregory dejó el estofado y lo acompañó. Hans se quedó contemplando el fuego, pensativo.
    Sastre exhaló un suspiró.
    -¿Tú que opinas Hans?
    El aludido se encogió de hombros.
    -Me parece peligroso ir más al norte por un puñado de iotas.
    Sastre asintió. Los dos hombres contemplaron las llamas en silencio.
    -¿Sabes la cantidad de talentos que mueve una guerra como esa Hans? No os estoy hablando de ganar unas iotas para pasar el invierno. Os hablo de varias decenas de talentos de plata, suficientes para comprar otro carro, dos caballos e incluso aquél viejo molino del que tanto habla tu padre.
    Hans lo miró sorprendido. Nunca se había planteado la posibilidad de hacer otra cosa que no fuera arreglar carromatos en la Venta del Manco en invierno, y cultivar coles y berzas en verano. Nunca había pensado en la posibilidad de ganar suficiente dinero como para poder comprar un molino.
    -Los caminos en el norte son peligrosos.
    -¿Has estado allí?
    -No -Hans titubeó.- pero es lo que dicen todos. Hay lobos y bandidos. Además, tampoco nos va tan mal arreglando carromatos aquí.
    Sastre pegó un largo y pausado trago a su jarra de Scutten.
    -Una vez un hombre sabio dijo: “mejor malo conocido que bueno por conocer” -Hans asintió, conocía ese dicho.- ¿Sabes Hans? Ese hombre no era un sabio, era un cobarde -sentenció mientras dejaba la jarra en el suelo y se acercaba al joven.- ...y seguro que murió amargado y con una esposa fea en una granja cochambrosa en los campos baldíos de Atur. Hazme caso Hans. Id al norte. Hasta las montañas, y luego a la frontera. Ganaréis más dinero en dos ciclos del que habéis ganado en dos años.
    Hans no sabía qué decir. Una parte de él deseaba dejar el tedioso trabajo de arreglar carretas en la Venta del Manco, pero otra parte de él le decía que era responsable de llevar comida a casa para su madre y sus tres hermanas, y que no podía arriesgarse.
    -Padre no querrá.
    Sastre levantó un poco la voz.
    -Pues olvídate de “padre”. Yo te dejaré un carromato. Viaja al sur, hasta el Gran Camino de Piedra y sigue hasta una lejana ciudad llamada Tarbean. Allí encontrarás mercenarios que te seguirán hasta el fin del mundo por menos de un talento de plata. Luego vuelve aquí, remonta el Meth y ve hasta las montañas del norte. Los mercenarios te protegerán de los bandidos, y tú podrás centrarte en arreglar los cientos de carromatos que cruzaran por esos senderos rumbo a Atur. Y volverás nadando en plata.
 
 
    Al ciclo siguiente Hans se lo dijo a su padre. Quería ir al norte, a la guerra. Confiaba en las palabras de Sastre.
    El patriarca se enfadó. Luego se quejó. Luego intentó que cambiara de idea.
    Pero al final se resignó. Y lo dejó marchar.
    Hans se quedó en la Venta del Manco junto con su padre y su hermano hasta que dejaron de transitar los mercaderes. Luego ellos volvieron al oeste, a casa.
    Y a él, Sastre le dio un carromato, una bolsa con diez talentos que según él era “una buena inversión” y una ballesta.
    Hans hizo un atado con sus pocas posesiones, otro con provisiones para el viaje, y luego unció a Relinchos a la carreta.
    Y puso rumbo al sur, a la lejana Tarbean, dispuesto a encontrar mercenarios que le acompañaran a la guerra que se estaba librando en el norte.
    Era Caitelyn. Los caminos estaban secos y la hierba y las flores comenzaban a despuntar entre las rocas y los arbustos. Era una buena época para viajar. 
    Nunca imaginó que no volvería a ver aquellas tierras hasta muchos, muchos años después. Pero daba igual. Tenía dinero, un carromato, y lo más importante:
    Él era Hans Boggart.


(Hard Sun, Eddie Veder)
The Tales of Hans” Primer Acto



Temerant:

Si has llegado hasta aquí, muchas gracias por leer Very Happy

(Rol finalizado)


Última edición por Títere el Miér Jun 21, 2017 5:16 pm, editado 1 vez


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Re: De carromatos y sastres [Individual] [Narrativo]

Mensaje por Maestro de los Carromatos el Miér Jun 21, 2017 5:11 pm

Rol finalizado, enhorabuena

-El usuario @Títere ha recibido 260 puntos de experiencia y 3 puntos de Suerte.

No os olvidéis de canjear vuestra experiencia en el tema Gastar Experiencia.

Un saludo
Maestro de los Carromatos
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Re: De carromatos y sastres [Individual] [Narrativo]

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