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Derecho a Maldecir

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Derecho a Maldecir

Mensaje por M. Dimas el Vie Sep 01, 2017 2:49 am

El avión había aterrizado hacía apenas unos minutos y esperaba disfrutar un poco más de la vista lluviosa y mi café, pero haciendo gala de la fama que tienen los alemanes, ella se presentó ante mí con aires resolutos a fin de que la llevara ante él. Dejé cinco dólares y un café por terminar en la mesa y me dirigí junto a ella al coche.

No serían ni las cuatro de la tarde cuando aparqué en el parking del restaurante y bajando, la acompañé dentro. Era una mujer sosa, incluso para ser alemana. No había abierto la boca en todo el viaje, ni si quiera un suspiro, pero había que decir que era muy educada. Si hubiera que definirla en una palabra, sin duda sería formal.
    Pase, Don Corleone le espera — dijo el portero apenas hubiéramos entrado en el bar. — Deje que tome su chaqueta.
Deshaciéndose de su abrigo, caminó entre las mesas y las sillas vacías hasta llegar a la única que estaba ocupada. El Padrino allí la esperaba.
    Hacía tiempo que no la veía, Doña Ángela — saludó al tiempo que se levantaba.
    Pasaron muchas cosas, Don Corleone.
    Gino, si no te importa, quisiera charlar un poco con nuestra invitada, ¿Podrías pedirnos unos cafés? — me dijo él.
    Si no le importa, prefiero un té.
    Por supuesto, Señora. Padrino.
Fui a la barra, mientras les veía hablar sobre Dios sabe qué. Después de pedir no me alejé gran cosa, me senté en una mesa cercana a la barra, en una esquina intentado escuchar un poco y leer los labios de la alemana. Me picaba la curiosidad.
El camarero me sirvió a mí también un café y me abandoné a mi curiosidad y al humo de un café bien hecho.
    Vayamos al grano, Don Corleone. Vengo a proponerle un buen trato — conseguí entender.
    Quiero saber de qué se trata, si se arriesga usted misma a venir hasta aquí. Pero eso no significa que vaya a aceptar — repuso el Padrino, que al estar más cerca escuchaba mejor.
    Quiero que su familia nos apoye a mí y a mi partido en las próximas elecciones nacionales. Quiero tomar la cancillería y su apoyo sería crucial.
    ¿Y qué ganamos nosotros con eso?
    Una ruta de acceso a Alemania por el norte de Bremen y contactos en la cancillería alemana.
    No es mal trato, cierto. Pero ¿de qué tipo de apoyo estamos hablando?
No pude escuchar nada más, un grupo armado entró en el restaurante y apuntando al Padrino y a su invitada, al igual que a todos los trabajadores, se identificó.
    ¡Policía! No se muevan.
Creo que no era un buen momento para que esos cabritos con ametralladoras entraran, pero considerándolo de forma más tranquila, ya tenían lo que necesitaban; ¿para qué esperar?
    Ángela Merkel, se le acusa de un delito de Alta Traición a Alemania.
—   ¡Pero ustedes no tienen jurisdicción sobre este asunto, esto es Estados Unidos! — dijo fuera de sí, notándosele una vena muy marcada en la frente.
    Por supuesto, esto es una operación conjunta con el cuerpo policial alemán. Y la Corte Penal Internacional quiere hacerle varias preguntas sobre ciertas desapariciones que ha habido en su tierra natal.
» Señor Corleone, usted tampoco se libra. Está acusado entablar un trato con un alto cargo de la política extranjera a fin de obtener beneficios ilícitos…
    Es ahí donde usted se equivoca, agente. Yo iba a rechazar el asunto justo cuando ustedes interrumpieron en el bar — dijo con una calma tan exagerada que el policía pensó durante un segundo que se le estaba ofreciendo para que le arrestara.
Una vez volvió en sí, el agente descubrió que por haber querido atrapar a Merkel, había desperdiciado una maravillosa oportunidad de atrapar al gran león de la criminalidad organizada de Estados Unidos, El Padrino. Y a toda la familia Corleone.
Cuando realmente tomó conciencia de lo que había hecho, supo que sería despedido sin ningún honor y con una gran culpa sobre sus hombros… Había sido tan grande lo de Merkel que por un momento olvidó a Corleone.
Se llevaban ya a Doña Merkel arrestada cuando se me ocurrió una idea.
Cogí su abrigo y entregándoselo a ella, para tapar las esposas, le dije algo que solo ella pudo escuchar.
    Tschüss, Ma'am — con un marcado acento alemán.

Y con los ojos tan abiertos como si se le fueran a escapar de las cuencas, se fue, mirando hacia atrás. Maldiciendo mí estampa sin saber mi nombre.

___________________________________________________________
Esto es un relato que se me ocurrió tras la fallida incursión por el trono de los Duelos Literarios. He intentado mantener el mismo formato corrigiendo lo que creo que fue el error determinante. ¿Puedes echarle un vistazo y decirme los puntos fuertes y débiles (sobre todo los débiles) de este relato, @Expo? (Obviamente, quien quiera comentar es libre de hacerlo, solo quise que el Juez anterior viera el nuevo relato).
Gracias por leerme. A todos.
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Re: Derecho a Maldecir

Mensaje por Acrol el Vie Sep 15, 2017 10:27 pm

Muy buen relato, la verdad es que se necesita darle vueltas y leerlo un par de veces para comprender el qué del relato, que la verdad es muy… vaya esque no hay palabras, porque no calza con lo criminal y tiene cierto toque humorístico…

Vaya que me enredo, muy bueno (y polémico si te lo tomas en serio) Felicidades, sigue mejorando o sigue escribiendo sobre esto mismo, para no perder la trama y contar con información anterior.

Sugerencia:Haz una precuela o secuela que nos indique qué tiene que ver el Sr Corleone en lo ilícito.
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Re: Derecho a Maldecir

Mensaje por M. Dimas el Lun Sep 18, 2017 12:27 pm

@Acrol, lo que pretendía con este relato es dar otro enfoque al que presentamos un compañero y yo para la anterior edición del concurso de Duelos Literarios. En el que había que enfrentar a Ángela Merkel con Vito Corleone, y determinar un ganador. Mi personaje, Vito Corleone, debía (aunque no era necesario) ganar de alguna forma a Merkel durante el relato, de no más de 1000 palabras o algo por el estilo. No se trata de ninguna serie de relatos.
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Re: Derecho a Maldecir

Mensaje por Acrol el Lun Sep 18, 2017 4:49 pm

Pero no sería malo intentar algo no? Probar y cambiar… la monotonía del lugar.
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