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La Universidad

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La Universidad

Mensaje por Maestro de los Carromatos el Lun Oct 02, 2017 7:01 pm

En este tema podréis rolear sin compromiso cualquier historia que transcurra en la Universidad, sin tener que crear y finalizar un rol completo.

Serán posts individuales sujetos a las normas y recompensas de los roles grupales, podéis rolear entre vosotros, realizar tiradas de dados o simplemente contar cómo es el día a día de vuestro personaje allí en la Universidad.

Iremos revisando los nuevos post que hayáis escrito y os otorgaremos la experiencia correspondiente.

Un saludo
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Re: La Universidad

Mensaje por Expo el Miér Feb 07, 2018 9:10 pm

—Lo siento, no estás en la lista.
¡Claro que no estoy en la lista! No soy estudiante. Aún. —La chica tras el mostrador se echó hacia atrás, sorprendida.
—Habla más bajo, por favor. Aunque no estés dentro... —me susurró, acercándose de nuevo a mi cara.
Suspiré.
Perdón. En todo caso, ¿por qué no puedo entrar? Solo quiero estudiar un poco.
Su gesto me irritó. Detrás de aquella amabilidad y preocupación había cierta condescendencia.
—Solo los alumnos pueden entrar aquí.
¿Entonces cómo se supone que voy a...?
—Se supone que ya sabes lo necesario para hacerte alumna. —Un hombre apareció detrás de mí, interrumpiéndonos. Se dirigió hacia la chica—. No pierdas el tiempo, Iris. Mírala, parece haber salido de una fiesta de vagabundos.
¿Perdona?
Ni siquiera se dignó a girar la cabeza. La tal Iris me miró con incomodidad. Supongo que estaba de acuerdo, aunque no tuviera los cojones de decirlo en voz alta.
He estudiado para venir aquí. Mucho —aclaré—. Pero pensé que podría hacer uso del Archivo incluso aunque aún no haya podido presentarme a audiciones.
Me parecía absurdo que no dejasen entrar a cualquiera en ese lugar, pero supongo que así funcionan las cosas. El hombre que acababa de llegar se aguantó la risa.
—Quedan dos ciclos para audiciones, así que no tendrás que esperar mucho, pero me temo que no puedo hacer nada por ti ahora —dijo Iris, con la sonrisa que le dedicarías a un niño pequeño cuando se equivoca.

Ahora tenía varios problemas a los que enfrentarme.

Primero, necesitaba un lugar para dormir. Se me pasó por la cabeza pagarme algún alojamiento barato por los alrededores de la Universidad, pero la descarté inmediatamente. Los ocho talentos que logré hace unos días fueron una bendición, pero aun así no tenía tanto dinero como para malgastarlo en caprichos como esos; Aiden, mi antiguo maestro, me contó que la primera vez que pasó por audiciones estaba tan nervioso que no paró de equivocarse y le pusieron una matrícula de 12 talentos y medio. Normalmente rondaba la mitad de eso, lo cual seguía pareciéndome una cantidad de dinero estúpidamente desproporcionada, pero no sabía cuánto tardaría en poder conseguir dinero por mi cuenta, el riesgo era demasiado alto, y pensaba aprovechar al máximo cada penique que Gordon y yo habíamos logrado recolectar todo este tiempo.
No tardé más que unas horas en encontrar un pequeño callejón bastante cubierto con unas cajas tiradas, lo cual fue una verdadera suerte en un lugar tan amplio y limpio como aquel. Era mejor que nada, y me serviría durante los días siguientes. Me dio cierto apuro dejar mi lanza allí, pero no era buena idea andar con ella por la Universidad. Lo comprobé de primera mano.

Segundo, comida. Tras encontrar mi bonito callejón, decidí dedicar las horas de día que quedaban en investigar la pequeña ciudad formada alrededor de la Universidad, pero hasta las tabernas menos pijas que logré encontrar no escatimaban demasiado al poner los precios. Al menos, me sorprendió la aparente decencia de los dos prostítulos que pude encontrar. Sabía que no era inteligente guiarse por las apariencias, pero me apunte ese dato. Por si acaso.
Aquella noche, cansada de buscar, decidí darme el capricho de comer algo caliente en la taberna más humilde de la zona. Pensaría mejor en cómo arreglar este asunto mañana.

Tercero y último, libros. El estudio. Mi entrada a la Universidad.
En mis viajes con Gordon, pudimos lograr varios libros de diversas y generalmente poco legales maneras. Unos cuantos se perdieron, y otros aún los llevaba conmigo, adecuadamente escondidos ahora en el callejón que realmente confiaba en que nadie se pusiese a investigar. Por suerte, no parecía muy probable.
El caso es que eso me permitió no dormirme en los laureles. Con el poco apoyo bibliográfico que tenía, me esforcé en no olvidar todo lo que aprendí con Aiden antes de que mi padre lo matase.
Pero yo nunca fui una alumna brillante, y por mucho esfuerzo que hubiera hecho, seguía sin tener el nivel que logré adquirir en mi adolescencia. Personalmente, no confiaba especialmente en mis capacidades ni en mis conocimientos, y tenía muchas esperanzas puestas en poder aprovechar mi estancia allí antes de las audiciones.

Tras reflexionar, decidí que solo había una manera lógica de solventar este último problema. Necesitaba ayuda.

Supongo que era hora de socializar un poco.
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Re: La Universidad

Mensaje por Durzo el Dom Feb 18, 2018 6:04 pm

Habían asignaturas muy interesantes en la Universidad: la sigaldría me llamaba mucho la atención y me esforzaba por mejorar con mis proyectos en la Factoría, y algún día le daría una oportunidad a la Clínica. Y qué decir del Archivo, un templo al conocimiento dentro de la propia Universidad. Cuando alcancé el rango de Re'lar, entrar en Estanterías fue un soplo de aire fresco después de vagabundear por Volúmenes. Pero mi asignatura favorita, y por ende la que mejor se me daba, era la simpatía. Me había ganado buena reputación en la clase y le caía bien al maestro. Pero no todo es de color de rosa. Había un chaval, Lenard, al que no le gustaba nada. Era un noble del montón que se creía más que nadie, mis favoritos. Me había cogido manía, y más que eso, por demostrar que era mejor que él en dicha asignatura. Y obviamente la tomaba conmigo por no tener un apellido conocido. Siempre nos lanzábamos pullas dentro o fuera de clase, más o menos discretas. Casi era como un ritual, salía de clase y él me paraba para dedicarme unas obscenas y sonoras palabras, para que todos lo oyeran. Me estaba cansando de él, me moría de ganas de darle un puñetazo o algo, pero me jugaba la expulsión y tenía que pensar qué hacer.

Así que, gracias a un compañero, me colé en su habitación de Dependencias, justo al lado de la mía, escogiendo un buen momento para que nadie me viera. Mi plan era poner un pequeño cuenco de agua por encima de su cama, y verterlo desde mi habitación con simpatía para que pareciera que se había meado. Fácil, inofensivo y discreto.

Cuando ya era bien entrada la noche y todos dormían me dispuse a llevar a cabo mi broma. Usando un cuenco prácticamente igual que el que estaba encima de la cama de Lenard, murmuré el vínculo e incliné el cuenco, cada vez más, hasta ponerlo boca abajo. Ahora solo hacía falta esperar.

Y funcionó, al día siguiente todos lo señalaban, hablaban de él y se reían al verlo pasar. En una ocasión cruzamos miradas, sonreí y le señalé la entrepierna. No había que ser muy inteligente para averiguar quién fue, pero no había pruebas. Confiaba en el chico que me había ayudado a entrar, vendí mi cuenco a un comerciante, me lavé las manos y no conté nada a nadie. Aunque solo era cuestión de tiempo que Lenard se vengase de mí, pero estoy acostumbrado a esas cosas. Y de todas formas el tema se olvidó al cabo de los días.

Estaba comiendo en la Cantina cuando Arlie, el muchacho que me había ayudado con lo de Lenard, se acercó a mi mesa.

-Oye, Sarko... -me dijo, un poco cortado.
-¡Hombre Arl! ¿Necesitas algo? -dije antes de tragarme un trozo de patata.
-Pues... Estoy preocupado con el tema de Lenard, si nos pillan no me gustaría llevarme una multa.
-Tranquilo -hice un ademán quitándole importancia-, dudo mucho que nos pillen, y si lo hacen diré que fui yo solo.
-¿Y si te preguntan cómo entraste?
-Ya me las apañaré, cojones -lo dije de una forma más brusca de la deseada-. Tú no te preocupes que el peso caerá en mí, ¿vale? -sonreí para que se tranquilizara-. De todas formas puedo seguir contando contigo, ¿no?
Arlie se estremeció un poco.
-Depende del favor, no quiero problemas.
Se despidió y se fue. Me daba algo de pena, era buen chico, pero tan inocente que hasta un ciego podría aprovecharse de él. Y eso que yo no era mala persona.

Cuando terminé la comida crucé el puente para dar un paseo, lo hacía bastante. Me llamó la atención un señor mayor, bien vestido y borracho que estaba atosigando a una chica que tenía toda la pinta de poder ocuparse ella sola, pero su aspecto me preocupó, se la veía desnutrida y sucia, habría pensado que era una vagabunda de no ser por la apariencia dura que portaba. Así que decidí quedarme cerca por si tenía que intervenir. Con este tipo de cosas nunca se sabe...


Última edición por Durzo el Miér Jun 20, 2018 11:05 pm, editado 1 vez
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Re: La Universidad

Mensaje por Maestro de los Carromatos el Mar Feb 27, 2018 12:36 pm

-El usuario @Expo ha recibido 40 puntos de experiencia y 1 punto de Suerte.

-El usuario @Durzo ha recibido 40 puntos de experiencia y 1 punto de Suerte.

No os olvidéis de canjear vuestra experiencia en el tema Gastar Experiencia.

Un saludo
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Re: La Universidad

Mensaje por Expo el Dom Jul 01, 2018 4:57 pm

—¿Perdón? Creo que no la he escuchado bien, señorita.
Oh, permite que lo repita, entonces. —Le miré con la mayor cara de asco que fui capaz de expresar—. Aparta tu seboso culo de mi vista.
—Vamos, por favor. Será una velada maravillosa. —Me volvió a mirar de arriba a abajo, con aquella condescendencia típica de la gente bien vestida—. Te llevaré a un restaurante donde probarás la mejor comida de tu vida. Y cuando te limpies en mi bañera y te pongas un hermoso vestido, todos podrán ver la bella figura que escondes.
Aquel gilipollas hizo el ademán de agarrarme del brazo, pero me aparté bruscamente.
Parece que aún no he sido suficientemente clara...
El tío arrugó la nariz y se acercó más a mí. Le apestaba el aliento a alcohol.
—¿Eres consciente de la situación? Por favor, con esas pintas seguramente nadie se te haya acercado en años. Te estoy haciendo un favor. Ven conmigo un rato.
¡Apártate!
—¡Quién te crees para hablarme así!
Joder, esto era lo último que necesitaba. Bueno, con suerte tumbar a este repipi me ayudaría a hacer algún amigo por aquí... la verdad es que en ese punto no tenía gana alguna de pensar en las posibles consecuencias.
¡Aquí estás, cielo!
Otro hombre apareció corriendo hacia nosotros. Joven. Posiblemente un estudiante.
¿Qué coño era eso de "cielo"?
Llevo buscándote un buen rato.
—¿Y tú eres...? —El señor parecía haberse calmado. Decidí quedarme callada.
Creo que no nos conocemos. —Hablaba con tono jovial, pero se apreciaba cierta dureza en su voz—. Mi nombre es Sarko Attano.
Pasó su mirada de uno a otro con actitud inocente. Aunque no había nada de inocente ni en su mirada ni en su sonrisa. Debo admitir que desprendía carisma.
¿Tiene algún asunto que tratar con mi pareja, señor?
—Oh, nada, tranquilo. Buenas tardes—. Dio la vuelta y se fue, andando torpemente.
¿Qué ha sido eso? —Pregunté, girándome hacia el joven. No entendía exactamente qué acababa de ocurrir ahí.
Esta es la manera más rápida de librarse de esta gente. —Bajó su mirada—. He visto cómo te estabas colocando. Esto es mejor que darle un puñetazo a Bosco, créeme. Te habría dado problemas.
Lo dudo.
No esa clase de problema. —Ensanchó su sonrisa.
En retrospectiva, supongo que no le faltaba razón. Mi primera reacción fue rehuir, pero el punto de todo esto era intentar hacer algún aliado, ¿no? No tenía sentido volver a escabullirme a la primera ocasión en la que me asaltaba algún gilipollas. Decidí apostar por Sarko. Como mínimo, si solo quería ligar, lo haría de forma mucho más agradable que el anterior.

Lo volveré a repetir; ese cabronazo desprendía carisma.
Y entonces el muy idiota intentó tirar de la manta que tenía bajo los pies. Obviamente solo hizo el ridículo.
Y te llevaste el dinero.
Y me lleve el dinero. Aunque fue bastante decepcionante; yo quería una buena pelea y él parecía ser capaz de dármela, pero no parecía querer problemas.
Bueno, la mayoría de la gente no suele tener por costumbre arriesgar la vida.
La mayoría de la gente es un aburrimiento, Sarko.
Habían pasado varias horas desde nuestro encuentro. Se percató rápidamente de que no conocía muy bien la Universidad, por lo que hizo de guía mientras me contaba anécdotas y, de forma sutil, hacía diversas preguntas escondidas en sus explicaciones y sus historias. Al principio fui cauta, pero mentir no es mi estilo, y no tardé en darme cuenta de que Sarko era de los que no se rendían cuando querían saber algo; rompió con cierta facilidad la fachada de chica borde con pasado misterioso. Para cuando me invitó a un trago en la taberna, en mi habitual insensatez, estaba ya más que dispuesta a pasar un buen rato y contarle mis desventuras; al menos en parte. Sarko claramente no había tenido una vida fácil, y era obvio que no era de los que se alterarían por un par de acciones no muy legales. Además, quizá fuese todo parte de un engaño del que no había sabido escapar, pero mi situación era desesperada, y había algo agradable en aquella sonrisa lobuna.

Al final del día, accedió a ayudarme con mi estudio en los días siguientes, y yo esquivé hábilmente la pregunta sobre dónde me hospedaba. No hubo nada en su actitud que indicase que esperaba un final diferente para aquella noche, pero personalmente no se me ocurría ninguna razón más para justificar su actitud, por lo que supuse que simplemente quería seguir tanteando el terreno. Quizá detrás de esa fachada de seguridad hubiese un chaval tímido atraído por la chica que casi le pega una hostia al hijo de un duque. No lo sabía, y personalmente no me importaba demasiado; desde mi punto de vista las cosas no podían haber salido mejor.

La apuesta estaba hecha, y solo quedaba confiar en su ayuda para sobrevivir a Admisiones.
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Re: La Universidad

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