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El caso M

Mensaje por MikeBlue16 el Jue Feb 01, 2018 3:41 pm

Holaaa! Soy nuevo aquí y no sé muy bien cómo va esto, pero quería registrarme viendo el gran fandom que hay aquí de Kvothe. Ninguno de mis amigos lo ha leído, los pocos que leen xd, y me quedé siempre como con ganas de comentarlo con alguien. He mirado un poco este foro, la interfaz y demás, y me parece realmente interesante. Subo esta historia como para presentarme, porque me encanta escribir y me sorprendió que hubiera un apartado dónde subir tus historias. Yo estoy en Wattpad también, bajo el mismo nombre, y esta es una historia que escribí allí, pero sirve también jajaja. Me encanta la fantasía y es lo que principalmente escribo, pero me retaron a esto hace un tiempo y me pareció interesante. Bueno, eso, que subo esta historia como carta de presentación o algo por el estilo xd. Espero que os guste 









Lo único que consolaba al pobre Jack Thomson era la suave brisa bailando sobre su cansado rostro. Eran altas horas de la tarde, el sol se estaba poniendo, dejando apenas unos leves vestigios de lo que antes fue un alegre y soleado día. Jack dejaba que los rayos de la lejana estrella iluminaran su pálida tez. Se encontraba sentado en un viejo banco de madera, en medio de una pequeña plaza. No muy lejos, el ameno sonido de una fuente le mantenía lo más calmado posible. 

Jack era un treintañero alto y delgado, con una larga y oscura melena suelta por debajo de sus hombros, ondeando al son del viento. Unas pequeñas y rectangulares gafas ayudaban a sus oscuros ojos ver con lucidez el mundo que le rodeaba. 

Jack desearía estar solo en ese banco, desearía no haberse topado nunca con él, pero había alguien más. A su derecha, observándolo con una inquisitiva pero a la vez divertida mirada, estaba Charlie. Charlie Reese. Él era todo lo contrario a Jack, tanto física como moralmente. Él era un hombre de estatura media, de pelo corto, castaño, escondido debajo de una vieja y desgastada gorra azul oscuro, de la que no se separaba nunca. Sus ojos eran de un azul cristalino, tan claros que parecían estar llenos de bondad. Nada más lejos de la realidad. El cuarentón de Charlie, de atlética y robusta complexión, era un exconvicto. Pero, tal y como Jack había tenido tiempo de averiguar, no era un exconvicto reformado. Charlie observaba al asustadizo de Jack, expectante, a la espera de una respuesta. Una respuesta falta de elección o voluntad alguna. 

—No funcionará —dijo Jack, en un susurro, mirándose la punta de los pies. 

—¿Cómo dices? —preguntó Charlie, inclinándose hacia él. Su tono dejaba entrever que lo había escuchado perfectamente. 

—No funcionará —repitió Jack, sin atreverse a apartar la mirada de sus zapatos—. No sabemos como le afectará a cada persona, y hay clientes entrando constantemente. Alguien se dará cuenta, y entonces habrá acabado antes de empezar siquiera. 

Charlie guardó silencio uno segundos. Se alejó un tanto de Jack y pegó la espalda contra el respaldo del banco, observando la llamativa fuente. 

—Por eso lo haremos cerca de la hora del cierre, Jack. Depende de ti que funcione, tú harás que todo vaya a la perfección —arrugó el rostro y posó de nuevo su mirada en el abatido hombre—. Sabes lo que le pasará a tu mujer si me fallas, o si intentas ir a la policía. Incluso si vuelvo a la cárcel, en cuanto salga, y ten por seguro que saldré, me aseguraré de que la furcia de tu mujer tenga una muerte digna de una primera página en los periódicos. No sin antes hacerla gritar mi nombre, ya me entiendes. Me la follaría como tú no lo has hecho nunca. Es por eso que harás que todo vaya sobre ruedas, y en cuanto tenga el dinero, no volverás a saber nada de mí. Falla, y nunca olvidarás mi nombre. 

Jack apretó la mandíbula tan fuerte que la presión llego hasta sus oídos. Pero no apartó la mirada de sus zapatos, pues conocía los límites de la paciencia de Charlie. Estaba más cerca que nunca del gran día, y nada podía salir mal, o su mujer lo pagaría caro, y sabía que a él lo dejaría vivir, aunque solo fuera para que no olvidase nunca su nombre. Para no olvidar nunca el rostro del asesino de su mujer. 

Maya era preciosa. A día de hoy, Jack seguía sin entender por qué de entre todos los hombres, lo eligió a él. Aún recordaba el día en el que se conocieron, hace tan solo tres años. Estaba en el Coin du Chignon, una pequeña cafetería a las afueras de la ciudad. De no ser por la lluvia, probablemente nunca hubiera entrado en ese anónimo local. Necesitaba cobijo y los acogedores colores de la cafetería llamaron su atención. Entró con la cabeza agachada y se dirigió a una esquina, al fondo de la estancia. Agarró la humilde carta y empezó a ojear lo que ésta ofrecía. Instantes después, una voz le interrumpió a la vez que miraba el precio de un apetitoso bollo relleno. 

—¿Ha decidido ya qué va a tomar? 

Levantó la vista, inexpresivo, pues todavía no lo tenía claro. Y entonces la vio. Era la chica más preciosa que había visto nunca. Se fijó en su pelo, su larga y lisa melena, de un negro tan intenso como la más oscura noche. También contempló su alegre rostro. Sus pálidas mejillas. Sus carnosos labios, que terminaban en una deslumbrante sonrisa. Pero cuando realmente quedó cautivado es cuanto apreció con detalle sus ojos. Verdes como la más pura esmeralda. Se quedó perdido en ellos, y fue entonces cuando comprendió que debía llevar medio minuto mirándola embobado. Bajó la vista, ruborizado, y la fijó en su carta. Empezó a balbucear, intentando ganar tiempo para decidir qué pedir, pues ya le había soltado un "sí" a su pregunta. La chica sonrió con ternura ante el panorama. 

—Entonces, ¿qué será? —añadió, arqueando una ceja, divertida por la situación, sin dejar de sonreír. 

—Yo... eh... Quisiera un... —dio un sonoro suspiro—. La verdad es que no lo sé 

Levantó la cabeza y sonrió con timidez, intentado controlar sus ruborizadas mejillas. 

—¿Puedo recomendarle el número siete? —continuó la chica, señalando la carta con la mirada. 

Jack se fijó en la carta, agradecido de tener una excusa para apartar la mirada, pues no hacía más que enrojecerse por momentos. Observó el menú número siete. Era un plato de crepes, pero tenía una oferta de dos por uno. 

—Es un plato para dos —murmuró el ingenuo Jack, dirigiendo de nuevo su mirada hacia la camarera. Esta asintió con un divertido gesto, como si fuera más que obvio.  

Entonces Jack lo comprendió, y desvió la mirada de nuevo a la carta, intentando reprimir una amplia sonrisa. Pronto se dio cuenta que no lo había conseguido. 

—Creo que probaré el menú número siete —concluyó con una sincera sonrisa esbozada en su rostro. 

—De acuerdo, señor... 

—Jack —contestó al instante, y pese a su timidez, supo que venía a continuación—. ¿Te gustaría que compartiéramos el menú número siete...? 

—Maya, y sí, Jack. Me gustaría. 

Nunca olvidaría aquel momento, aquel instante en el que se dio cuenta que había conocido a la mujer de su vida. 

El sonido del agua lo sacó de su ensimismamiento, devolviéndolo a la cruda realidad. 

—Haré que funcione —dijo al fin, sin levantar la vista. 

Charlie se levantó y se estiró. A continuación, colocó la mano en el hombro de Jack, y antes de irse por dónde había venido, le dedicó unas últimas palabras. 

—Sé que lo harás Jack, al fin y al cabo, nunca encontrarás otra como ella. Solo hay que mirarte, eres un cobarde. Pero es justo por eso que eres perfecto para este trabajo —concluyó dándole unas palmadas en el hombro, antes de marcharse, llevándose  los últimos rayos de sol a su paso. 

Jack trabajaba en la mayor casa de empeños de la ciudad, un famoso negocio por la zona, dirigido por los Connor, una pareja de ancianos que habían trabajado durante una vida para dar forma a esa empresa. Ahora las cosas les iban más que bien, y las ganancias no hacían más que crecer. Jack trabajaba en la sección de electrónica. Era la parte menos interesante de la tienda, teniendo en cuenta la cantidad de antigüedades y de pintorescos objetos que les llegaban cada semana. Aún así, era un trabajo honrado y por qué no decirlo, bien remunerado. La sinceridad y naturalidad con la que Jack trataba a los clientes le hacían uno de los mejores vendedores de la tienda. Eso le permitía seguir haciendo buenas ventas, y las ventas eran directamente proporcionales con su sueldo, por lo que no podía quejarse. Los Connor, en los dos años que llevaba trabajando para ellos, siempre le habían tratado bien y de forma justa, al igual que hacían con todos sus empleados. Se sentía sumamente culpable por lo que estaba a punto de hacer, pero no tenía más remedio. Había en juego algo que no estaba dispuesto a arriesgar. 

Era bien entrada la noche, cerca de la hora de cierre de la casa de empeños, el Connor's Corner. Jack no había ido a trabajar aquel día, siguiendo al pie de la letra el plan del exconvicto Charlie Reese. Sujetaba una caja llena de latas de cerveza bajo su brazo izquierdo, mientras daba un último suspiro y esbozaba su mejor sonrisa. Entró en la tienda. Analizó con estudiosas, pero disimuladas, miradas la situación. Todavía quedaban al menos una docena de clientes, aquellos que no les importaba rozar la hora límite, pues sabían que no irían a comprar nada de momento. Era miércoles, el día menos ajetreado, y también el día que menos empleados requería. Pese a todo, entre la clientela y sus compañeros de trabajo, debían llegar fácilmente a no menos de treinta personas. La aproximación le inquietó. Contaba con que no habrían más de veinte, pues faltaba menos de cinco minutos para el cierre. Hizo notables esfuerzos por mantener una resplandeciente sonrisa mientras avanzaba hacia el mostrador principal, dónde solía haber siempre uno de los Connor dirigiendo el negocio. La mayoría de empleados estaban concentrados en sus quehaceres, sin percatarse de Jack, pero Richard Connor no tardó en verlo. Sonrió de forma pícara y esperó a que llegara lo bastante cerca como para poder hablar tranquilamente. 
—Me preguntaba por qué no habías venido, pero ahora me hago una idea —murmuró en tono burlón, señalando la caja de cervezas con la mirada. 
Jack agachó la cabeza, fingiendo reprimir una risita, y negó con sutileza. 
—No, no te haces idea, Richard —levantó la mirada, sonriendo como un bobo, sin razón aparente. Pasados unos segundos, cuando la expectación y curiosidad ya se hubieron arraigado en la mente del anciano, Jack prosiguió—. Voy a ser padre. 

Lo dijo con un hilo de voz, como si pronunciarlo en voz alta pudiera hacer que se despertara y descubriera que no había sido más que un simple sueño. Richard mudó al instante la expresión, y abrió los ojos como platos. 

—¿Maya está...? 
Jack asintió enérgicamente, contestando su pregunta. 
—Lo sabemos desde esta mañana. Y ya sabes, con la emoción, las llamadas a familiares... Me olvidé por completo de que hoy trabajaba. 
—Bah —puso una mueca e hizo un característico ademán, descansando el brazo sobre el hombro de Jack—, eso es lo de menos. Pues solo me queda felicitarte. Tener un hijo es algo único, Jack —hizo una pausa y dejó descansar el brazo—. La verdad es que me has dejado anonadado. Ni sabía que lo estuvierais intentando, hijo. 
Jack repitió el gesto anterior, agachando la cabeza avergonzado. 
—No queríamos decir nada antes de estar seguros. Joder, estoy muy emocionado, Richard. Esperaba poder celebrarlo con vosotros un rato, después de cerrar. 

Agitó la caja de alcohol con intención, sin perder la sonrisa. 
—¡Ah, ya estoy viejo para muchas cosas! Pero una cosa te digo. El día que no pueda tomarme unas cervezas con mis compadres, ese será el día que habré muerto. 

Siguieron hablando unos minutos, esperando que los clientes ahuecaran el ala. Jack se relajó un tanto al saber que la señora Connor, al tener asuntos que atender, no había venido en todo el día. Lo que iría a hacer era peligroso. Se molestó en tomar las medidas necesarias para que nadie saliera herido, pero no tenía forma de estar seguro. Cuando hubo salido el último cliente, el viejo Richard decidió dejar caer la bomba. 
—¡Escuchad todos! El bueno de Jack, dentro de nueve meses, sabrá lo que son las auténticas ojeras. ¡El cabronazo va a ser padre! 
Todos dejaron sus puestos y se acercaron al mostrador, creyendo haber escuchado mal. Nadie se lo habría imaginado. Las felicitaciones no faltaron, y las bromas ácidas tampoco tardaron en llegar. A medida que iba contestado preguntas, agradeciendo el apoyo y soportando con humor los comentarios de sus compañeros más jocosos, Jack se encargó de ir repartiendo la bebida entre todos los presentes. Pasados unos minutos, en cuanto se hubo asegurado que todos habían tomado unos pocos tragos, y de que le habían visto beber de la lata que él mismo escogió, se excusó para hacer una llamada. Entró disimuladamente en el cuarto de luces, fingiendo tambalearse a causa del alcohol, y esperó. 

Debía apagar los fusibles antes de que la primera persona perdiera la conciencia. Charlie era muy meticuloso, no quería volver a la cárcel bajo ninguna circunstancia. Notó que algunos de sus compañeros ya se estaban empezando a tambalear, pero alguien que no supiera lo que contenían esas latas de cerveza en realidad, tan solo pensaría que el alcohol estaba empezando a hacer efecto. Apagó los fusibles y toda la estancia quedó a oscuras. Las cámaras de vigilancia ya no serían un problema. La alarma mucho menos. Hizo caso omiso ante el murmullo de sus amigos, cada vez más débil. Pasados dos minutos, todos los presentes se habían desmayado. La droga había surgido efecto. Si todo salía bien, todos ellos se despertarían al día siguiente con un tremendo dolor de cabeza y mucha sed. Esperaba que así fuera. 

Le pareció escuchar una voz, pero decidió que sería alguien delirando unos últimos segundos antes de desvanecerse. 

Salió corriendo a la calle. Le hizo la señal a Charlie, que se encontraba en una furgoneta blanca, de cristales oscuros, una manzana calle abajo. Este puso el gran vehículo en marcha, y en cuestión de segundos llegó ante la entrada del Connor's Corner. Aparcó la furgoneta de forma que tapara parte de la entrada. Se bajó con tranquilidad, por si alguien pudiera estar observando la escena desde algún punto de la calle, y entró en la tienda, seguido de Jack. Llevaba una pequeña mochila cargada a la espalda, que una vez dentro de la tienda, se la apartó y empezó a rebuscar en ella frenéticamente. 

—No se ve una mierda —gruñó Charlie, mientras indagaba en el contenido de la mochila, justo después de haberse tropezado con el cuerpo de algún desconocido. 

Sacó dos linternas y le tendió una a Jack, que no dudó en encenderla y alumbrar al exconvicto. No quería poner a prueba su, más que seguro, escasa paciencia. Este empezó a sacar varias bolsas negras, de plástico. Simples bolsas de la basura. 
—Yo voy a por las cajas y las joyas. Tu guarda todo lo que quepa en las bolsas y sea de valor. Elige lo que sepas que valga más dinero. Vamos a ir amontonando las bolsas junto a la entrada, y cuando hayamos acabado las iremos cargando en la furgoneta. Si hay algo especialmente valioso, que haya que cargar entre los dos, nos lo llevaremos al final. ¿Entendido? 
Jack asintió, escondiendo un profundo resentimiento y blasfemando contra aquel delincuente para sus adentros. Pero asintió. Charlie, siguiendo su propio plan, cogió un par de bolsas y fue a por las diferentes cajas, cuyas distintas combinaciones conocía gracias a Jack. Este también agarró una bolsa y empezó a desvalijar el lugar en el que llevaba trabajando honradamente durante más de dos años. 

Todo iba bien, hasta que Charlie la encontró. 

—¿Qué coño significa esto? —gritó entre dientes, agarrando del pelo a una chica. Esta no paraba de forcejear y gritar, por lo que Charlie le colocó su ruda mano en la garganta y apretó con fuerza—. Si sueltas una palabra, te mato —se dirigió hacia su compañero—. ¿Por qué está despierta, Jack? 

Su tono era hostil y sonaba amenazador. Exigía respuestas. La chica era una joven, de no más de diecisiete años. Era rubia, de pelo largo y alisado. Sus llorosos ojos, azules como el mar, estaban brillando por puro terror. Tenía el pelo mojado, y su piel olía a limón. Jack la conocía. Era la nieta de los Connor. Muchas veces, después de sus clases de baile, venía a visitar la tienda de sus abuelos, y en la mayoría de ocasiones aprovechaba para darse una buena ducha. Jack nunca hubiera contado con que ella estuviera allí. 

—No la vi —contestó Jack, intentando sonar calmado, apretando más de la cuenta la linterna en su mano—, debía estar en el baño. Pero no supondrá ningún problema, podemos darle la bebida y será como si no hubiera pasado. 
Jack pretendía sonar convincente, pero sabía las consecuencias de lo que estaba pasando. 

—¡Me ha visto, cabronazo! Sabe que me has ayudado y ahora lo único que tendría que hacer es delatarte y llegarían hasta mí. ¡No puedo dejar que eso pase! 

La chica estaba llorando, desconsolada, observando el cuerpo inerte de su abuelo pocos metros más allá. No tenía ni la menor idea de si estaba vivo o no, y tenía miedo de lo que podría pasar si abría la boca. 

—Puedo convencerla de que no diga nada —se dirigió a ella, y decidió que fingir que no la conocía era lo más prudente que podría hacer—. Nadie está herido, solo están dormidos. Todos se despertarán mañana sin saber muy bien qué ha pasado. Solo queremos el dinero, nadie tiene por qué sufrir ningún daño. Tú no dirás nada, ¿verdad? 

La chica agitó enérgicamente la cabeza, en un sollozo. 

Charlie acercó un mechón del pelo de la chica a su rostro, e inspiró profundamente. Empezó a bajar la mano por su espalda, llegando hasta su cintura. 

—Huele muy bien, y es tan guapa —paseó sus labios por la oreja de la joven, que estaba a punto de entrar en estado de shock—. ¿No lo crees, Jack? Es una joven preciosa. 

Jack empezaba a asustarse de verdad. Comprendía lo que estaba pasando, y si dejaba que algo así pasase, no se lo perdonaría nunca. 

—No hay tiempo para esto. Tenemos que cargar con todo lo que podamos y largarnos. Es a lo que hemos venido. 
Estuvo apunto de soltar su nombre, pero se dio cuenta a tiempo de que eso sería una imprudencia, pues solo empeoraría las cosas. Lo único que faltaba era que la chica también conociera la identidad del exconvicto, entonces sí que se complicaría el asunto. Si es que no era lo bastante complicado ya. Lo más probable era que ni siquiera fuera su verdadero nombre, pero no quería tentar a la suerte. 

—Nadie nos molestará, tú puedes encargarte de eso, ¿verdad? —soltó con un atisbo de deseo en su voz, sin apartar la mirada de la joven—. Tiene una piel tan suave y delicada... 

Jack empezó a sentir un fuerte nudo en el estómago y un escalofrío recorrió su espalda. Aquello estaba pasando, realmente estaba pasando, y Jack se sentía contrariado. Si osaba plantar cara al exconvicto, su mujer lo pagaría caro, pero tampoco podía dejar que abusara de esa forma de la pobre muchacha. Inspiró hondo, pues sentía que le faltaba el aire, y consciente de cada uno de sus indecisos pasos, se acercó a Charlie. 

—Hay que darse prisa. Yo me encargaré de que la chica no suponga ningún problema, pero no tenemos tiempo que perder. Venga, vamos a... 
Hizo amague de ponerle una mano en el hombro, pero Jack la agarró de forma brusca, sin gentileza alguna, y le penetró con la mirada. 

—Cuidado, Jack. No quisiera tener que cargar yo solo con dos cuerpos —hizo una breve pausa, dejando que Jack asimilara aquellas palabras y su significado—. Sigue llenando las bolsas, mientras yo me encargo de la chica. Y no se te ocurra... 

La chica vio una oportunidad, y cegada por la adrenalina, la aprovechó. Se zafó con un brusco movimiento del agarre de Charlie e inició su carrera hacia la libertad, al grito de: « ¡Ayuda! ». 

Pasó por el lado de Jack, que estaba demasiado consternado para actuar, e incluso si se hubiera encontrado en pleno uso de sus facultades motoras, no habría hecho nada. Pero Charlie tenía los reflejos de un lince, cultivados a base de bien en Chirona. Apenas hubo superado a Jack, el exconvicto alcanzó su dorada melena, frenando su huida. La joven escapó un sonoro grito, sintiendo el terrible desgarre en cada fibra de su piel. Pero Charlie no lo dejó allí. Tiró con brusquedad de ella hasta dejarla en el suelo. 

—¡Muévete un centímetro y te rompo el cuello, jodida zorra! —gritó mientras empezaba a desabrocharse el cinturón de sus vaqueros. 
No lo pensó. Si lo hubiera pensado, nunca habría llegado a hacerlo. Si se hubiera detenido a pensarlo, nunca lo hubiera detenido, y Charlie la habría violado y matado. Pero no lo pensó. 

Jack, a toda la velocidad a la que pudo recurrir en aquel limitado espacio, embistió su cuerpo contra el de Charlie, a la altura de su cintura, tirándolo contra el duro suelo. Ambos cayeron sobre el cuerpo de un empleado, y el desconcierto inicial le permitió a Jack levantarse antes que el exconvicto. Se enderezó, y mientras Charlie se incorporaba y se recuperaba de su sorpresa, le asestó un golpe con la suela del zapato, a la altura de la cabeza. Y otro. Pero al tercero, Charlie ya había memorizado el movimiento, y le agarró la pierna en el aire, para luego tirar de ella y hacerle perder el equilibrio. Jack se precipitó contra el duro pavimento, y en el instante en el que su cabeza chocó contra el suelo, vio por el rabillo del ojo a la chica salir corriendo de la tienda. Se permitió un instante de vacilación, dejando que el alivio lo inundara. La chica estaba a salvo. 

El primer puñetazo de Charlie lo devolvió a la realidad. Este se había colocado sobre él, inmovilizándolo con el pese de su cuerpo, asistiendo golpes contundentes al, ya tocado, rostro de Jack. La primera caricia le rompió las gafas, cuya parte metálica se hundió en el puente de su nariz, causándole un arañazo que no tardó en dejar entrever un hilo de sangre. Pero Charlie no se detuvo allí. Siguió, puñetazo tras puñetazo, hasta que tuvo consciencia de sus propios nudillos. Y hasta que escuchó la lejana sirena de la policía. 

—¿Que coño has hecho, Jack? —gritó, agarrándole por el cuello de la camisa—. ¡Esa zorra no pudo haber llamado a la pasma tan pronto! 

Jack dejó entrever sus ensangrentados dientes, esbozando una débil sonrisa. 

—¿Por qué lo has tenido que joder todo, Jack? —gritó sacudiéndole de la camisa. Acto seguido, se levantó con brusquedad, se secó el frío sudor y calculó cuanto tiempo tendría para salir de allí, dándose cuenta de que no se llevaría prácticamente nada—. Le daré recuerdos a tu mujer, cabronazo. 

Dicho esto, agarró la única bolsa que habían hecho hasta entonces, la correspondiente al dinero de las cajas, y corrió hacia la furgoneta. 

—¡No! —gritó Jack, escapando un sonoro sollozo, al escuchar el motor de la furgoneta ponerse en marcha. 

Conocía lo suficiente a aquel desequilibrado sujeto como para imaginarse lo que haría a continuación. Tomaría una carretera secundaria, despistaría a los curiosos que atendieron ante la llamada de socorro de la chica, probablemente cambiaría el vehículo, pues a esas alturas la matrícula de la furgoneta debería estar resonando en la radio de todas las patrullas de la ciudad, y finalmente, iría a su casa. Iría a por su mujer. Pese a arriesgarse a ser perseguido, pese a la imprudencia de semejante acto, él lo haría. Le haría algo horrible a su mujer. Jack sintió las lágrimas recorrer su mejilla, fruto de la desesperación e impotencia que experimentaba, al imaginarse siquiera que Maya pudiera sufrir cualquier clase de daño. No le podía pasar nada, no a ella. Maya merecía todo el bien que este caótico mundo pudiera darle, merecía una vida llena y feliz, y sobre todo, merecía la verdad. ¿Por qué no confío en ella para contarle esto? Tendría que haber encontrado otra forma, una salida, cualquier cosa que evitara lo que ahora iría a pasar. Si ella sufriera el más mínimo daño, una parte de Jack moriría aquel día, y nada podría repararlo. Con aquel torbellino de pensamientos y emociones, sacó fuerzas de dónde no las había y se enderezó. 

La policía estaba prácticamente a la vuelta de la esquina y alrededor de la entrada se había formado un amplio grupo de personas, alertadas por Grace, la muchacha, pero reacias a entrar y comprobar qué estaba pasando. Sería imposible salir por allí, y ya había perdido demasiado tiempo. Jack sabía que llegaría la policía, no estaba seguro, pero era una posibilidad. Al apagar los fusibles, la alarma queda desactivada, y si no se comunica a la compañía el por qué, esta podría decidir avisar a las autoridades. Era un sistema innovador y eficaz que los  Connor no tardaron ni dudaron en contratar en cuanto salió al mercado. Jack había decidido dejar a la suerte aquello, pues prefería ser condenado junto a aquel desgraciado y asegurarse de que se pudriera de por vida entre cuatro paredes a dejar que nada malo le pasase a Maya. Jack sacudió la cabeza, en un arduo intento de despejar su mente. Debía llegar a casa lo antes posible, tenía que llegar antes que él. ¿Pero cómo? En cuestión de segundos la policía estaría allí, señalándole a él como principal sospechoso. Debía encontrar una forma de salir sin ser visto. Y había una forma. Pero Jack no conseguía concentrarse. Le temblaban las piernas, horrorizado por cada segundo que perdía, sintiendo el duro peso de la incertidumbre atenuar su espíritu. Maya... Aquel pensamiento, cuál letanía contra el miedo, le despertó. Cabían varias posibilidades, variantes que, sometidas a su razón, atravesaban su mente y le proporcionaban un punto de partida. Una esperanza a la que aferrarse. Tiempo. No tenía tiempo. 
Escudriñó la estancia con una mirada, y localizó su objetivo. Fue corriendo junto al cuerpo del señor Connor y empezó a rebuscar entre su ropa. Halló las llaves justo dónde esperaba, en el bolsillo interior de su chaqueta. Se levantó de un salto y cruzó a grandes zancadas las distintas secciones de la tienda, girando automáticamente a izquierda y derecha, hasta dar con lo que estaba buscando. La puerta que daba al garaje. Tras perder unos valiosos segundos en dar con la llave, entró y cerró la puerta detrás de él, por instinto más que por otra cosa. El señor Connor era un amante de los clásicos, no por nada conducía un Cadillac del 77. Jack, sin vacilar otro instante, puso en marcha el vehículo y dejó atrás el Connor's Corner, pisando a fondo. 

El Cadillac rugía por las tranquilas calles de la ciudad, ignorando semáforos y señales, y ajeno a límite alguno. A medida que se acercaba a casa, una creciente rabia se iba apoderando de Jack. Esto era su culpa. Había dejado que fuera demasiado lejos, había sucumbido a las demandas de un psicópata, le había permitido meterse en su cabeza y hacerle creer que no había otra salida. Jack había aceptado traicionar y poner en peligro personas que no hicieron más que bien por él, sintiendo que era la única opción si quería dejar a Maya fuera de todo eso. Pero se equivocaba. Desde el momento en que aquel deplorable personaje puso sus ojos en Maya, ella estaba dentro. Y al ver lo que hizo o quiso hacer con Grace, Jack tuvo claro que su mujer nunca había estado realmente a salvo. Nunca se liberarían de él. Y aquello ponía enfermo a Jack. ¿Como puede alguien trastocar así los más profundos sentimientos de una persona? Siempre hay un salida, y ahora Jack lo tenía claro. Charlie no volvería a la cárcel. 

Frenó en seco al llegar a su calle, y siguió a una velocidad más discreta la corta distancia que le quedaba por recorrer. Bajó del coche, con el pulso acelerado y un leve temblor en sus manos. Subió las escaleras del porche de un salto y se paró frente a la puerta. No había sido forzada, la puerta estaba intacta. ¿Era posible que, después de todo, Charlie se hubiera contentado con el dinero de las cajas y decidiera largarse antes de que fuera demasiado tarde? Jack sacó las llaves de su bolsillo, y tras inspirar profundamente, abrió la puerta. 

—¿Maya, cariño? —preguntó nada más entrar, casi gritando—. ¿Maya? 
Irrumpió al salón, pero no había señales de ella. 

—¿Maya? —susurró con un hilo de voz, reflejando la desesperación que crecía hacia sus adentros. Estaba al borde de las lágrimas. 

Anduvo, cegado por la ansiedad, hasta la cocina. Un reflejo. Distinguió, por el rabillo del ojo, un cambio. Lo detectó al instante. Una nota de más en la nevera. Se acercó tembloroso, sintiendo el peso de cada milésima de segundo, hasta la nota. La arrancó en un brusco movimiento y la leyó mentalmente. 

« ¡Hola, Jack! Supongo que habrás sido lo suficientemente listo como para salir de allí a tiempo. En cualquier caso, Maya y yo hemos ido a dar un paseo. Está viva y su virtud intacta, de momento. Te espero en nuestro sitio especial. Será mejor que no tardes. Nada de polis, nada de trucos baratos. Te explicaré allí las nuevas condiciones. 

Pd: Si por algún casual no te llega la nota o no te presentas esta noche, esperarás a que me ponga nuevamente en contacto contigo. Eso sí, para aquel entonces me habré hartado de follarme a Maya. 

Un cordial saludo, Charlie. » 

Jack arrugó la nota en su puño. Charlie no volvería a la cárcel. 

*** 

Aquel viejo banco estaba especialmente frío esa noche. Charlie empezaba a impacientarse, casi convencido de que el idiota de Jack se habría dejado coger. En ese caso, debería largarse de la ciudad cuanto antes. Su nombre no era un problema. Charlie Reese no era más que otro de sus numerosos alias, pero estaba convencido de que Jack sería capaz de facilitar una detallada descripción de sus rasgos. Y con la tecnología de hoy en día, y todo ese rollo del retrato robot o el reconocimiento facial, tendría bastante complicado seguir operando. Pero, por otra parte, Jack no se atrevería a delatarle. Sabía de sobra lo que Charlie sería capaz de hacerle a su mujer si se iba de la lengua. Casi deseaba que Jack no apareciera aquella noche en concreto. Apenas había tenido la oportunidad de observar bien a Maya. Le encantaría tener una noche solo para ellos. Sí... Él la haría gritar. 

Levantó la vista por casualidad, para distraerse un rato más, observando la curiosa fuente. Pero lo que vio al levantar la vista, no fue más ni menos que a Jack, que se acercaba con una calculada lentitud. 

A Charlie se le hizo raro verle así. Sin sus gafas, con el rostro marcado con moratones y sangre seca, con el pelo revuelto y un rostro sombrío. Sí, definitivamente su expresión era lo que más le llamaba la atención a Jack. Era la de un lobo, que tras haberse retirado para lamer sus heridas, volvía más fuerte y sabio. Charlie siguió mirando al frente, hacia algún punto detrás de él, como si su llegada no tuviera más trascendencia. Jack se sentó junto a él, recordando todas las veces que habían tenido que reunirse en aquel banco. 

—Pensaba que no vendrías, Jack —dijo él, con el ceño fruncido y una media sonrisa, sin apartar la vista del frente. 

—¿Dónde está Maya? —soltó con un tono que hizo que Charlie buscase su mirada. Era una voz fría y cortante, una voz que no parecía admitir cualquier tipo de respuesta. Esa no era la voz del Jack que él conocía. 

—Me has jodido tanto, Jack... —murmuró Charlie, negando lentamente con la cabeza—. Sabías que habrían consecuencias si no cooperabas, y aún así, decidiste joderme. ¿Qué debería hacer contigo, Jack? Aún mejor, ¿qué debería hacer con esa zorrita gritona que andas buscando? 

Charlie se ajustó la gorra, y se mantuvo expectante, con una fría sonrisa reflejada en su rostro, ante la respuesta de Jack. Este, si le inquietaron sus palabras, no dio ninguna señal de ello. Por el contrario, inspiró lentamente, sin perder el contacto visual con el exconvicto. 

—Solo quiero saber una cosa, y entonces haré lo que sea que me pidas. Me da igual lo que sea. Pero necesito saber una cosa, una sola cosa —dijo con total serenidad, y tras una calculada pausa—: ¿Dónde esta Maya? 

Charlie frunció el ceño, algo contrariado. No era así como esperaba que fuera a reaccionar Jack ante su actual situación. Esperaba ver a través de su desesperación, poder contar las arrugas de su rostro fruto de la angustia, mientras suplicaba y luchaba contra el terror que debería estar apoderándose de él por momentos. Pero no esperaba aquello. Era, en cierta medida, decepcionante. 

—¿Qué gracia tendría si te lo dijera? ¿Y para qué necesitas saber justo eso, para poder avisar a la pasma? Me temo que no, Jack. 
Este apretó la mandíbula, frustrado, pero decidido a no perder los estribos y, de esa forma, echarlo todo a perder. 

—Dime dónde está y que está bien, y haré que abandones esta ciudad como un hombre rico. ¿Sabes lo que es esto?—murmuró, sacudiendo una llaves entre sus dedos—. Todas las llaves de los Connor. Me hice con ellas antes de huir de la tienda. La policía apenas debe estar identificando los cuerpos, y todo el alboroto se centrará en esa zona. Con esto puedo entrar en su casa, que dudo que puedas ubicar a tiempo, y entrar sin llamar la atención. No es la primera vez que voy. Podría reunir una pequeña fortuna mucho antes de que la policía pueda reorganizarse. No sabes todo lo que hay en esa casa. Pero cuanto más tarde, más peligra ese plan. Por eso te lo vuelvo a preguntar: ¿Dónde está Maya? 

La atención de Charlie fue en aumento a medida que escuchaba las palabras de aquel escuálido y magullado vendedor de aparatos electrónicos. Debía reconocer que su plan superaba con creces sus expectativas. Si el bueno de Jack estaba en lo cierto y tenía éxito, podría abandonar esa misma noche la ciudad con los bolsillos llenos. Y en el peor de los casos, la policía atraparía al pobre desgraciado, que trataría de asumir toda la culpa con tal de mantener a salvo a su mujer. Y en el caso de que fracasara, tendría su noche con Maya. Charlie ganaría de todas formas. 

—Vaya, Jack. Tengo que reconocer que me has sorprendido —trató de tirar un poco más de su paciencia, pero al ver que Jack permanecía impasible, añadió—: Tu mujer está bien. Mira por encima del hombro. El Renault negro, de ventanas oscuras. Está en el maletero. Debe de quedarle aire aún, probablemente. ¿Dónde coño crees que podría estar? ¿En unos grandes almacenes en Taiwán? Me he pasado por tu casa hace menos de una hora, jodido cabronazo. 

—Eso es todo lo que quería saber —murmuró Jack, con una sonrisa autocomplaciente esbozada en su rostro. 

—Ya, lo que tú digas. Ahora hazme rico. 

—¿Por qué me elegiste a mí? Hace tiempo que me lo pregunto. Hay docenas de empleados en el Connor's Corner, pero tú me elegiste a mí. ¿Fue por alguna razón particular o no fue más que pura casualidad? 
Charlie arrugó el rostro, haciendo una característica mueca fruto de su desconcierto. 

—¿Y a ti qué coño te importa? No pierdas más el tiempo, y tráeme la pasta de esos viejos. Te he dicho dónde está la furcia de tu mujer, ahora cumple tu parte o la ahogaré en su propia sangre antes del alba. 

—Eso no pasará, Charlie. 

El rostro de este se endureció de golpe, tensando cada músculo de su cara. 

—¿Estás jugando conmigo, Jack? ¡Porque te aseguro que como no te largues en este instante a por mi botín, te haré un collar con los intestinos de tu preciosa Maya! Jodido cabrón, ¿de verdad crees que tu...—antes de formular otra amenaza, escuchó un lejano pero familiar sonido. Las campanadas del infierno. 

La sirena de la policía. 

Charlie se levantó sobresaltado, girando en el lugar para tratar de averiguar por dónde vendrían. No, no era posible. ¡Ese escuálido pedazo de...! 

—¡Eres un jodido idiota! —mientras gritaba, se giró bruscamente y agarró a Jack del cuello, presionando con ansias—. ¿De verdad crees que voy a volver a...? 

Un gemido. Charlie ahogó sus gritos en un sollozo. Desconcertado. Sin entender o sin atreverse a comprender qué estaba pasando. Abrió los ojos de par en par, y los fijó en Jack. No podía apartar la vista, no quería mirar hacia otro lado. Tarde o temprano, el instinto pudo contra sus deseos, y bajó la vista lentamente, con una gélida y sofocante expresión. Jack retorció el cuchillo, a tiempo para que su víctima viera un denso cúmulo de sangre brotar de su abdomen. Charlie no daba crédito. Sentía la vida extinguirse de él, y lamentaba tanto haber dejado que ocurriera de esa forma... Haber subestimado al bueno de Jack. 

Este retiró el arma en un brusco movimiento, dejando vía libre al baño de sangre que saldría de Charlie. El exconvicto cayó de rodillas, con las manos temblando, tratando de cubrir desesperadamente su herida. Jack se alzó ante él, mientras los coches patrulla aparcaban con bruscos frenazos a pocos metros de Jack y el moribundo Charlie. 

—No, Charlie —murmuró Jack—, no volverás a la cárcel. 

Dicho esto, levantó la manos y las cruzó a la altura de la nuca, dejándose caer de rodillas. 

El sonido del agua, el griterío de los testigos, el mundanal ruido de su alrededor, las vociferantes órdenes de los agente que le apuntaban con sus armas... Todo daba vueltas en la cabeza de Jack. Acababa de matar a un hombre... 

Sintió como unos brazos le levantaban con brusquedad, para luego esposarle y escupirle sus cargos y sus derechos. Mientras le llevaban hacia el coche patrulla, un único pensamiento le hizo mantener la cordura. 

—Mi mujer —dijo, tan alto como pudo—, mi mujer. La tiene secuestrada en el maletero del Renault. El Renault negro. ¡Sacad a mi mujer de allí! 

—¿Que dice? —contestó con voz ronca uno de los agentes que le estaban conduciendo hacia su coche. 

Jack miró detrás suya, dónde Charlie le había señalado el coche. Sintió un vacío desgarrador. El peso del cielo sobre su lomo. 

—N-nno... está... —balbuceó, parándose en el lugar—, e-el coche... no está... 

—Camina, nos lo contarás todo en comisaría —gruñó otro de los agentes. 

—No, no, no, no. No lo entendéis. No, no. Me ha mentido. Ese no era el coche. ¡Tenéis que revisar el área! Mi mujer tiene que... 

Uno de los agentes lo empujó, forzándolo a entrar en el coche, y antes de que Jack saliera de su ensimismamiento, el policía  tomó el asiento del copiloto y arrancaron. Jack rompió a llorar, incapaz de expresarse, ahogado por la angustia y el terror. Maya... 

—¿De qué crees que está hablando? —murmuró el conductor. 

—Es difícil saberlo, creo que está en estado de shock. Él mismo ha llamado para decir que cometería un asesinato. No está bien de la cabeza. Debería haber un psiquiatra presente durante el interrogatorio. Sea lo que sea, lo averiguaremos —contestó el otro policía, mientras Jack se veía arrastrado hacia el vacío de su propia mente.
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Re: El caso M

Mensaje por Expo el Vie Feb 02, 2018 12:23 am

¡Oh, esto ha sido una sorpresa!

La verdad es que la historia me ha gustado bastante; no soy especial amigo de los antagonistas Malos Malosos TM, pero para un relato corto con la trama que has planeado funciona bastante bien todo, en todo momento quieres saber qué va a ocurrir a continuación, el desarrollo del protagonista es lógico y se empatiza con él y el final funciona muy bien como giro y además es muy coherente (si lo piensas, es hasta lo esperable).

No me parece especialmente original ni nada así (la historia, como tal, se ha contado mil veces), pero creo que lo has llevado todo muy correctamente. Mis felicitaciones.

Mi mayor pega es que al principio te pasas un poco con la exposición. Es complicado, porque es importante que recibamos toda esa información sobre Jack antes de que empiece la historia propiamente dicha, pero sí es cierto que se nota mucho que al principio estás dándole una libretita al lector con todo lo que tiene que saber antes de que empiecen a suceder cosas.

Respecto a esto, creo que lo que más resalta son un par de soliloquios de Charlie que al menos a mí me resultan poco naturales y que están ahí únicamente para explicar la situación. Por ejemplo, al principio, en vez de hacerle explicar todo lo de su mujer (que también lo utilizas para que veamos que es un cabronazo, lo cual está bien), yo creo que sería mejor que en la conversación se diesen estas cosas por hecho y se insinuase mediante los pensamientos de Jack. En todo caso, es una mera opinión, y tampoco es un problema resaltable (no creo que lleves mal el principio en verdad, y te preocupas de escribirlo siempre como una escena donde se van resaltando las relaciones entre los personajes, etc).

También, quitando unos muy eventuales problemillas de signos de puntuación (tienes unas cuantas comas aquí y allí que resultan algo extrañas y unas pocas que directamente creo que son gramaticalmente incorrectas), debo decir que escribes bastante bien y con soltura; me asombra lo amena, reitero, que se me ha hecho la lectura.

¡Espero que participes en el concurso de relatos del foro!
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Re: El caso M

Mensaje por MikeBlue16 el Vie Feb 02, 2018 3:05 pm

@Expo escribió:¡Oh, esto ha sido una sorpresa!

La verdad es que la historia me ha gustado bastante; no soy especial amigo de los antagonistas Malos Malosos TM, pero para un relato corto con la trama que has planeado funciona bastante bien todo, en todo momento quieres saber qué va a ocurrir a continuación, el desarrollo del protagonista es lógico y se empatiza con él y el final funciona muy bien como giro y además es muy coherente (si lo piensas, es hasta lo esperable).

No me parece especialmente original ni nada así (la historia, como tal, se ha contado mil veces), pero creo que lo has llevado todo muy correctamente. Mis felicitaciones.

Mi mayor pega es que al principio te pasas un poco con la exposición. Es complicado, porque es importante que recibamos toda esa información sobre Jack antes de que empiece la historia propiamente dicha, pero sí es cierto que se nota mucho que al principio estás dándole una libretita al lector con todo lo que tiene que saber antes de que empiecen a suceder cosas.

Respecto a esto, creo que lo que más resalta son un par de soliloquios de Charlie que al menos a mí me resultan poco naturales y que están ahí únicamente para explicar la situación. Por ejemplo, al principio, en vez de hacerle explicar todo lo de su mujer (que también lo utilizas para que veamos que es un cabronazo, lo cual está bien), yo creo que sería mejor que en la conversación se diesen estas cosas por hecho y se insinuase mediante los pensamientos de Jack. En todo caso, es una mera opinión, y tampoco es un problema resaltable (no creo que lleves mal el principio en verdad, y te preocupas de escribirlo siempre como una escena donde se van resaltando las relaciones entre los personajes, etc).

También, quitando unos muy eventuales problemillas de signos de puntuación (tienes unas cuantas comas aquí y allí que resultan algo extrañas y unas pocas que directamente creo que son gramaticalmente incorrectas), debo decir que escribes bastante bien y con soltura; me asombra lo amena, reitero, que se me ha hecho la lectura.

¡Espero que participes en el concurso de relatos del foro!






Holaaa expo!! Muchas gracias por tomarte el tiempo de leerlo y por tu atento análisis, lo agradezco de verdad Smile. Este era un reto que me propusieron en wattpad, en el que me daban el principio y el final y yo tenía que hacer una trama que cuadrase y tal, por lo que en la trama no tuve total libertad xd. Y lo de las comas sí que es algo mío, abuso un poco de ellas a veces jajaja. Perp en serio, gracias por haberlo leído y por tus consejos. Un saludo Smile

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Re: El caso M

Mensaje por Rhasent el Dom Feb 04, 2018 4:22 pm

Hola!

Realmente me ha gustado mucho la historia. Está muy bien narrada, y se me ha hecho bastante amena. 
Creo que los diálogos están bastante bien conseguidos, y no excesivamente forzados.
De hecho, me gusta mucho porque me resulta muy cómoda de leer, no existe un trasfondo que me haga pensar en mucho más allá de lo que se narra, no hay que intuir nada. 

Quizás la historia sea un poco "tópico", pero eso no me parece relevante si se tienen en cuenta los demás factores.
Mis más sinceras felicitaciones, y espero ver más relatos tuyos pronto.
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Re: El caso M

Mensaje por MikeBlue16 el Dom Feb 04, 2018 6:39 pm

@Rhasent escribió:Hola!

Realmente me ha gustado mucho la historia. Está muy bien narrada, y se me ha hecho bastante amena. 
Creo que los diálogos están bastante bien conseguidos, y no excesivamente forzados.
De hecho, me gusta mucho porque me resulta muy cómoda de leer, no existe un trasfondo que me haga pensar en mucho más allá de lo que se narra, no hay que intuir nada. 

Quizás la historia sea un poco "tópico", pero eso no me parece relevante si se tienen en cuenta los demás factores.
Mis más sinceras felicitaciones, y espero ver más relatos tuyos pronto.



Holaa Rhasent!! Muchas gracias por leerla, me alegra que te haya gustado. Lo del tópico sí, tienes razón, no es original en ese sentido, pero ese era el tema del reto xd. Y sí, me gustaría subir alguna cosa más. Tengo otras dos historias cortas y una "corta" pero que es bastante más larga como para ponerla aquí. Aunque sí, me gustaría publicar algo más aquí. Un saludo Smile)
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Re: El caso M

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