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El Antiguo (Individual - Narrativo)

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El Antiguo (Individual - Narrativo)

Mensaje por Anaf el Mar Mar 20, 2018 9:34 pm

Una vez más se despertó con un nudo en el pecho y los ojos empapados de lágrimas antiguas. El mismo sueño, el mismo recuerdo noche tras noche......un sueño que sería pesadilla si no aparecieras tú en ella....

- Breena, demonios, ¿por qué tuviste que ser tan perfecta?.... ¿por qué tuviste que corresponder mi amor? Hubiera sido fácil aceptar el más humillante rechazo y vivir una vida tratando de olvidarte en lugar de haber sido feliz contigo mil años y perderte......como te perdí-
-Maldita la guerra, maldita la ambición de los hombres. ¿Por qué si lo tenían todo?..... 

Justamente por eso, porque lo tuvieron todo durante mucho tiempo y necesitaban cambiar ese todo. Ese todo estancado los aburría, ya nada les producía esa adictiva sensación a lo nuevo, esa necesidad de que algo en su día a día deba ser diferente. Maldita existencia donde los más miserables arriesgan sus vidas por una hogaza de pan agusanado mientras los más poderosos pagan fortunas por nuevos sabores traídos de los confines del mundo.... maldita necesidad de experimentar lo nuevo, malditos los que necesitan llenar un vacío del espíritu con satisfacciones del cuerpo y la mente

- Breena, oh Breena, siempre queriendo sanar a otros, quizás por ello te enamoraste de mí, porque estaba roto.....maldito ese día -


Althooren, El Antiguo como lo conocían los pocos que se lo habían cruzado y aquellos que habían escuchado las pocas canciones de taberna y poesías baratas que lo mencionaban – “Vean mortales vean, Althooren y Farandri de mil blancos ni uno erran. Llora la hermosa Breena lágrimas de compasión, sanando a propios y ajenos, la viva imagen del amor...”-

Una vez más despertaba del sueño de su vida. Noche tras noche lo visitaban los vívidos recuerdos de la pérdida de su amada durante Guerra de La Creación. Breena había sido un ser Fata muy poderoso en magia de sanación e igualmente misericordiosa (algunos decían que su poder nacía de allí mismo).

Althooren era jefe de guarnición en una ciudad sin importancia que se había visto obligado a pelear en “la guerra de los ociosos” como la llamaba él. La había amado de inmediato, como todos los que la conocieron, ¿cómo no hacerlo?, el ser más hermoso que había conocido, por fuera y por dentro. Si Felurian encarnaba la sensualidad absoluta, Brenna representaba la belleza en todo sentido. Pero ella le había correspondido a él, y no sabía por qué. Si bien era apuesto, había muchos más hermosos y agradables en el trato que él. Ella había preferido al tosco y melancólico Althooren. La única vez que le preguntó el porqué de su elección, ella respondió “el amor no se explica, se siente”.

Breena murió como había vivido, salvando vidas en la última batalla de esa puñetera guerra. Su batallón ya había sido aniquilado, los heridos de ambos bandos gemían como verracos en la sinfonía más siniestra que se puede llegar a escuchar, ya que el soldado más valiente grita como el más cobarde cuando se ve con las entrañas colgando.

Ella intentó sanarlos, a amigos y enemigos.... eso la mató. Un hijo de puta al que estaba tratando de devolver su indigna vida le clavó su puñal de hierro. Ese día murieron 2 corazones...
El resultado de la guerra lo conocemos todos, la maldita luna se pasea por dos mundos y la gente sigue naciendo, viviendo y muriendo como siempre. Los pobres muriendo por mendrugos y los ricos buscando con desesperación algo para calmar a toda costa esa enfermedad llamada ocio, enfermedad propia de los que viven pocos años, de quienes necesitan justificar su corta existencia.

Pero el mundo Fata ya no era lugar para él, demasiados recuerdos amargos, demasiados lugares con historias felices que terminaban mal. Demasiados seres pagados de sí mismos...y la ilusión de la perfección es la semilla de muchas injusticias.
El mundo de los humanos era imperfecto y ellos lo sabían, así que era más sencillo sentirse cómodo e intentar ayudar a quienes lo merecen para sentirse vivo. Sí, ayudar, ¿quién lo diría? 

– te lo debo Breena, fuiste el ser más maravilloso que conocí y moriste con la felicidad en tus ojos. Dame tiempo para sanar amor, dame tiempo para querer a otros, dame tiempo para volver a quererme a mí mismo –
Y así comienza el viaje de Althooren por el mundo de los humanos......
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Re: El Antiguo (Individual - Narrativo)

Mensaje por Anaf el Miér Mar 21, 2018 10:53 pm

La taberna estaba repleta. Una parte de su mente lo aguijoneaba con preguntas tales como ¿por qué mierda no me habré quedado en las montañas?, ¿no te das cuenta que entre humanos no encontrarás sino problemas?  La tentación de huir del ruido siempre era grande.
Pero se lo había prometido, buscaría el bien que no pudo hacer en otra vida... intentaría hacer el bien que hizo Breena. Era una forma de mantenerla viva en su interior.

Ni bien entró en “La Bota Embarrada” notó todo el peso de las miradas sobre él. Su porte lo hacía resaltar sobre el resto de los concurrentes al igual que sus armas. Su magnífico mandoble de acero gris con joyas engarzadas, tan liviano como una espada corta y un filo eterno, su fina daga con mango de oro, y Farandri, oh sí ese arco quitaba el aliento. Enorme, hecho de una antiquísima madera lo recorrían mil y un diseños labrados meticulosamente por el mejor artesano de Fata. Era una obra de arte además de un arma mortífera. Se cantaban canciones sobre él.
 Su chaqueta negra de cuero hacía resaltar su blanca piel y sus ojos color esmeralda. Completaban el atuendo unas altas y finas botas en impecable estado, y sus armas de filo colgaban de un cinturón rojo con hebillas de oro.

Ignorando las miradas buscó un rincón solitario en el fondo donde pudiera observar sin ser observado. Adivinando su intención, una atractiva camarera lo guió con su mirada al final de la barra.

-Lo siento guapo, pero no quedan mesas, si buscas tranquilidad este lugar es lo único que te puedo ofrecer-


No estaba mal, a su lado había un borracho desmayado sobre el mesón que seguramente no lo molestaría en lo más mínimo.

-  Está perfecto, gracias. Por favor tráeme una botella del aguardiente más añejo que tengas -
 
La chica lo miró con una expresión que él ya esperaba. Estaba claro que el único aguardiente que tendrían en ese antro era el que bebían los borrachos que deseaban dar el golpe de gracia a sus hígados, y que seguro el dueño del lugar usaba para encender el fuego de la estufa cuando la leña estaba húmeda. Además probablemente la muchacha esperaba que un caballero de tal aspecto por lo menos pidiera una jarra de vino Víntico, algo que claramente no tendrían allí.
 
-  Ya te traigo tu rasca pechos corazón, a propósito soy Bettia, a tu servicio -
 
La muchacha no estaba mal, de mediana estatura, cabello rubio hasta la cintura, rellenita y bastante atractiva. Seguramente debía soportar el acoso de la mitad de los asistentes, y digo la mitad porque el resto estaba muy borracho para mantener la cabeza erguida y los ojos abiertos.
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Re: El Antiguo (Individual - Narrativo)

Mensaje por Anaf el Jue Mar 22, 2018 10:46 pm

Las tabernas situadas cerca de los pueblos normalmente eran punto de reunión para aquellos que sin importar la hora, huían de la monotonía del hogar, de sus abnegadas esposas que trabajaban de sol a sol pero no satisfacían su lujuria y de las responsabilidades que conlleva la paternidad. No pocos dejaban en casa una esposa llorosa, a veces golpeada y unos hijos con lo mínimo para llevarse a la barriga. Pero que no le falte a papi su buen caldo claro. Aunque asumo que esas familias seguro preferían pasar un poco de hambre que aguantar al jefe de hogar de mal humor por la falta de alcohol.
 
Bettia volvió con la botella y un vaso de cerámica que claramente había conocido mejores tiempos, y seguro le había cortado la boca a más de alguno con las muescas que tenía en el borde.
 
-  Aquí tienes, ¿cómo dijiste que te llamabas?, nunca te hemos visto por aquí, seguro te recordaría –
 
Hasta ahora se habían dado todos los clichés que él podía esperarse, los hombres eran demasiado predecibles. Lo que realmente se preguntaba era cuánto demoraría en producirse la pelea.
En el local no había ni música ni putas, seguramente el dueño no podía permitirse pagar un artista fijo y claramente a Bettia solamente se le podía pedir bebida o comida. Si se desenvolvía de manera provocativa se debía sólo a sus intenciones de obtener una mejor propina.
 
-  Mi nombre no tiene importancia, mañana ya no lo recordarías, gracias de todas formas por interesarte –
 
La moneda de plata que Althooren depositó en su mano mientras decía estas palabras seguro ayudó a que la chica no alcanzara a ofenderse.
 
-  Cualquiera diría que estás comprando tranquilidad y silencio. No te preocupes, no te molestaré a menos que te vea hacerme alguna seña....aunque con esa botella tienes para un buen rato. Te estaré observando, y trata de no mantenerle la vista al grupo de aquella mesa, son unos imbéciles además de peligrosos-
 
-  Gracias por la advertencia, prometo no iniciar ninguna pelea-
 
-  No sé por qué, pero me cuesta creerte. Si bien no eres un truhan, tus armas y tu mirada son las de alguien que ha visto la acción de primera mano-
 
Mientras ella se alejaba para atender los reclamos de otras mesas, por el rabillo del ojo percibió la mirada de uno de los patanes que ocupaban la que le había señalado la camarera. Claramente un guardia de caravanas sin trabajo y ex soldado, la peor combinación. Lo dedujo por la espada corta que seguro pertenecía a algún ejército regular y el raído uniforme que a esta altura, entre lo sucio y lo gastado era imposible de identificar. Un desertor buscapleitos, hablando de clichés.......
Destapó la botella de aguardiente y se sirvió un trago. En realidad no había desarrollado el gusto por ninguna de las bebidas que disfrutaban los humanos pero al menos esta le hacía sentir calor en el pecho. Se mandó un trago y el líquido aún no había abandonado su garganta cuando ya se estaba sirviendo el segundo.
-  Al menos me han dejado disfrutar media botella-
 
En ese momento una sombra se proyectó sobre él.
 
-  Vaya vaya, quién diría que un señorito como tú no enfermaría al primer vaso. ¿Sabes algo?, aquí no nos gusta que los forasteros se quieran follar a nuestras mujeres, y hemos visto como te insinuabas a la pobre e inocente Bettia a quien todos queremos y cuidamos mucho. Si hasta le has dado una moneda de plata para que se te abra de piernas-
 
Ni la peor canción de taberna podía ser tan predecible, los actos del bruto parecían parte del libreto de un autor sin imaginación alguna.
El Mercenario le sacaba al menos una cabeza, estaba armado y tanto las cicatrices de su rostro como su nariz rota mal acomodada indicaban que se le daba pelear.
Los compañeros de su mesa, tan malcarados como él, observaba atentos el desarrollo de la escena.
 
-  Veo que vas bien armado niño rico, pero me pregunto si puedes levantar ese espadón sin dañarte la espalda. Esa arma es para hombres de verdad que le den uso en lugar de llevarla como adorno. ¿Y ese arco?, Wow.....toda una obra maestra, pero me pregunto si serías capaz de tensarlo lo suficiente como para disparar al menos a un par de metros de distancia.
 
El hombre intentó poner su mano sobre Farandri pero con una impresionante rapidez Althooren lo tomó de la muñeca con una fuerza que el otro no se esperaba. Sus ojos bien abiertos tradujeron la sorpresa de encontrarse con un agarre tan poderoso.
El Antiguo alcanzó a correr el rostro para evitar el puñetazo que intentó propinarle el mercenario.
 
-  Creo que deberíamos continuar esta conversación afuera, no es justo que destrocemos este lugar por una ridícula rencilla.
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Re: El Antiguo (Individual - Narrativo)

Mensaje por Anaf el Vie Mar 23, 2018 9:04 pm

-  Te gustan las palabras delicadas caballerito, pronto de tu boca no saldrá más que sangre y dientes. Sígueme, arreglemos esto en la parte de atrás. Si armamos alboroto en la puerta, Krom nos rajará el cuello mientras dormimos por ahuyentar a sus clientes.
 
Una mirada a la barra me permitió identificar a Krom, el tabernero. Por el oscuro color de su piel claramente era Ceáldimo, tan alto como ancho y con la clásica barba tupida de su pueblo, la cual llegaba al pecho. Por la rapidez con la que modulaba y lo poco que abría la boca al hacerlo, claramente le hablaba a Bettia en Siaru y ella asentía mientras dirigía una mirada preocupada hacia nosotros.
Los amigos del maton se levantaron de su mesa. 
 
-  Veo que tus colegas nos piensan acompañar y están todos armados, pensé que me querías dar una lección en forma personal.
 
-  Ellos solamente vienen para asegurarse de que no utilices tus armas cuando te veas tragando polvo.
 
-  ¿Y quién me garantizará que no se use un arma en mi contra cuando no puedas levantarte?
 
-  JA, si eso llegara a suceder habría que matarte porque serias un demonio, nunca he perdido una pelea.
 
Cuando llegaron al patio,  Althooren vio con sorpresa que se había reunido al menos una veintena de personas, todos hombres de trabajo que veían una oportunidad de ganar unas iotas apostando por su campeón. No pudo ahogar una carcajada al comprender que debían de haber armado todo ese despliegue  en el tiempo que le llevó entrar en  la taberna y tomarse su segundo trago.
 
-  Aprovecha de reírte ahora ya que dentro de poco te dará vergüenza mostrar una boca sin dientes. Las reglas de esto son sencillas, nos golpeamos hasta quedar inconscientes o que uno de los dos se rinda. Si se te ocurre usar algún arma todos los aquí presentes te machacarán hasta la muerte y nos repartiremos tus pertenencias. Puedes dejarlas en custodia con Lavern, es el alcalde del pueblo así que puedes confiar en él.
 
En ese momento Lavern se sobresaltó y dejó caer algunas de las monedas con las que estaba apostando. Menudo alcalde tenían.
 
-  No será necesario, mi equipo está bien asegurado y no se me caerá nada mientras peleo.
 
-  Pues yo que tú me andaría lo más liviano posible para intentar escapar de mis puños.
 
El bruto se alejó unos 5 pasos, se quitó la camisa que llevaba puesta y se la dio al alguien del círculo de personas que se había formado alrededor de ellos. Al darse vuelta, El Antiguo se dio cuenta de que el sujeto se dedicaba a esto. No debía de pesar menos de ciento cincuenta kilos pero no tenía un solo gramo de grasa. Era el campeón del pueblo.
Althooren se paró en lo que sería el centro de la zona de combate y esperó con los brazos a los costados.
Se empezaban a oír los gritos de aliento de la gente. - “! Dale una buena lección Mald!”, “!Desordénale un poco la cara para que parezca un hombre!”, “!No lo liquides enseguida Mald!” -
 
-  Ponte en guardia niño lindo que esto ya empieza.
 
-  Estoy listo mastodonte, cuando quieras.
 
La despreocupada respuesta de Althooren no le cayó nada bien a su contrincante, quien le lanzó un golpe de puño cargado más de rabia que de técnica. Esperando este movimiento, el Fata evitó el impacto moviendo apenas la cabeza hacia la izquierda a la vez que pasaba su brazo derecho por debajo del pecho de su rival y lo tomaba por debajo de la axila contraria para luego girar bruscamente la cadera. El desequilibrio por fallar el golpe y su gran peso le jugaron en contra a Mald, ya que la fuerza de la caída fue brutal, dejándolo totalmente sin aire ni reacción alguna.
Del público se escuchó un -UUUUH- que traducía la incredulidad de lo atestiguado, y un solitario y desenfrenado – SÍÍÍÍÍÍ– Al menos alguien se llevaría unas cuantas monedas para su casa.
Con la rodilla en el pecho del gigante y haciendo palanca en su brazo derecho,  Althooren le dijo:
 
-  Si te mueves te rompo el brazo. Espero que hayas aprendido la lección.
 
Mald lanzó un escupitajo al lado de una de sus impecables botas al tiempo que decía:
 
-  ¿Y qué lección sería esa?, ¿Qué las apariencias engañan?, ¿Qué no debo meterme con los que parecen más débiles?, anda, larga ya tu sermón hijo de puta.
 
-  En realidad no lo sé, esperaba que me lo dijeras tú.
 
Hombres...el viaje por su mundo había empezado tal como lo esperaba pero tenía esperanza de que en algún momento lo sorprendieran, de que alguno se saliera del molde. Althooren recogió la botella de aguardiente que había dejado en el piso antes de la pelea, le quitó el corcho con los dientes, bebió un largo trago y empezó a caminar, tenía que encontrar un buen lugar para acampar y armar un fuego decente ya que la madrugada prometía ser muy fría.
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Re: El Antiguo (Individual - Narrativo)

Mensaje por Maestro de los Carromatos el Sáb Mar 24, 2018 10:38 am

Rol finalizado, enhorabuena

-El usuario @Anaf ha recibido 280 puntos de experiencia y 4 puntos de Suerte.

No olvidéis canjear vuestra experiencia en el tema Gastar Experiencia.

Un saludo
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Re: El Antiguo (Individual - Narrativo)

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