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Duelos Literarios V - Comentarios

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Duelos Literarios V - Comentarios

Mensaje por Glimmer el Sáb Jun 30, 2018 3:20 pm

Solo está permitido publicar comentarios aquí.

Y poco más, los emparejamientos, las rondas y los relatos se publicarán en el tema correspondiente.
¡Que comiencen los Duelos Literarios! (click para el tema con las normas y los relatos).


Última edición por Glimmer el Dom Jul 01, 2018 7:30 pm, editado 1 vez
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Re: Duelos Literarios V - Comentarios

Mensaje por Expo el Sáb Jun 30, 2018 3:22 pm

Emparejamientos de la primera ronda:


Funcionamiento del duelo literario V:

Diez participantes han asumido el rol de su ficha de personaje para la Zona de Rol del foro.

En la 1ª ronda, cada jugador tendrá que escribir un relato en el que cuente un conflicto entre su personaje y el personaje de su adversario con el que se le ha emparejado, desde el punto de vista del propio (1 vs. 1).
Cada relato (de los 10) se juzgará, y la pareja con el mejor relato pasará a la siguiente ronda.
A los 5 ganadores se sumará un jugador "repescado" (el mejor relato de los que no hayan ganado). [6 pasan de ronda]
Límite de palabras: 1000.

En la 2ª ronda se procederá igual que en la primera (1 vs. 1), pero esta vez no habrá repesca. El límite de palabras se estrecha para aumentar la dificultad.
[3 pasan de ronda]
Límite de palabras: 800.

En la 3ª ronda tendrá lugar un "todos contra todos". En el relato pueden suceder alianzas, traiciones, un simple conflicto triple o todo lo que se os ocurra. El límite de palabras se mantiene respecto a la anterior, la dificultad ya la ha aumentado el carácter del "duelo a tres" (1 vs. 1 vs. 1).
Límite de palabras: 800.

Los relatos pueden ser en primera o en tercera persona, pero el foco debe mantenerse en el personaje propio.
Esquema del desarrollo de las rondas, cortesía de Szao:


1ª RONDA

@Expo vs. @Títere
-Judy Nostrow vs. Hans Boggart.

@Feren vs. @Sciacere
-Caleb Ranerus vs. Festus Nordchel.

@Exez vs. @Durzo
-Exez vs. Sarko Attano.

@Anaf vs. @Edeus
-Althooren vs. Aiden Maxwell.

@Netalia vs. @Gwynbelidd
-Ilora vs. Eria Flaminika.


Fecha límite (primera ronda): miércoles 11 de julio. El límite máximo sería el 12 de julio a las 00:00 am (hora española, noche del 11). Aviso que entre los días 9-13 de julio estaré muy ocupado, así que es posible que el comentario se demore. Si enviáis los relatos para el día 6-7, seré más rápido.
Máximo de palabras (primera ronda): 1000 palabras.
Para contar las palabras usaré esta herramienta online (y así nos evitamos problemas de editores de texto y demás): https://wordcounter.net/




INFORMACIÓN ADICIONAL

Obligatorio:
Los relatos se enviarán por mp a los jueces @Glimmer y @Szao.
El mp debe tener el asunto: "DUELO LITERARIO nombredeljugador vs nombredeljugadoradversario" (jugador, no personaje), en el cuerpo del mensaje, antes del relato, deben copiarse y pegarse los datos del emparejamiento que se encuentran justo encima de este párrafo en el orden que han aparecido en el asunto del mp (jugador vs. adversario) y cuyo código facilito en el siguiente spoiler:

Spoiler:

Código:

@Expo vs. @"Títere"
-[url=http://www.tresdiasdekvothe.com/u335rpgsheet]Judy Nostrow[/url] vs. [url=http://www.tresdiasdekvothe.com/u283rpgsheet]Hans Boggart[/url].

@Feren vs. @Sciacere
-[url=http://www.tresdiasdekvothe.com/u297rpgsheet]Caleb Ranerus[/url] vs. [url=http://www.tresdiasdekvothe.com/u350rpgsheet]Festus Nordchel[/url].

@Exez vs. @Durzo
-[url=http://www.tresdiasdekvothe.com/u844rpgsheet]Exez[/url] vs. [url=http://www.tresdiasdekvothe.com/u939rpgsheet]Sarko Attano[/url].

@Anaf vs. @Edeus
-[url=http://www.tresdiasdekvothe.com/u973rpgsheet]Althooren[/url] vs. [url=http://www.tresdiasdekvothe.com/u657rpgsheet]Aiden Maxwell[/url].

@Netalia vs. @Gwynbelidd
-[url=http://www.tresdiasdekvothe.com/u543rpgsheet]Ilora[/url] vs. [url=http://www.tresdiasdekvothe.com/u736rpgsheet]Eria Flaminika[/url].

Al final del mensaje, si se hace referencia a algo ocurrido en un tema de rol anterior o puede tiene alguna relación con el relato, se adjuntarán los enlaces pertinentes.


Dudas que han ido surgiendo resueltas:
(Este apartado puede irse actualizando)

¿Puede situarse el relato en otro punto de la cronología del/los personaje/s distinto al presente?
Sí, pero nunca en un futuro lejano (ya que permitiría confeccionar el personaje con factores a posteriori que no aparecen en la ficha). Debe tenerse en cuenta el estado de las habilidades y conocimientos del personaje en dicho punto de su historia. Debe partirse de puntos o factores del pasado que se reflejen en su ficha o en temas de rol previos al concurso (enlace al cual/los cuales habrá que añadir al final del relato), de no ser así, se sancionará al participante que lo incumpla (esto se hace, de nuevo, para evitar invenciones).

¿Es necesario establecer continuidad argumental entre rondas?
No, pero tampoco está prohibido, es más, si es bien llevado puede tenerse en cuenta como factor positivo.

Rúbrica de puntuación orientativa del juez Glimmer:
Enlace a su publicación en el tema del anuncio de los duelos.

Para empezar diré que los relatos serán evaluados sobre una nota base de 10 puntos y cada apartado se valorará sobre el máximo indicado entre corchetes (seguir leyendo).

A la puntuación base se suman notas extra (aquellos valores con un  "+") que constituyen valores distintivos opcionales y que permiten, en muchos casos, el desempate, premiando así la originalidad y otros factores e incluso permitiendo una remontada por parte de aquellos que flaqueen en los aspectos base. Estos valores extra constituyen un total de 2'5 puntos. Creo que no es necesario decirlo, pero cuidado con las originalidades, forzarlas puede fastidiarte todo el tinglado.
De igual modo, estos puntos extra no tienen por qué  entregarse al máximo (los valores señalizados suponen un máximo). Salvo en los combates a 3, a diferencia de las notas base, se otorgarán en cuantos (0'15, 0'25, 0'3, 0'5).
Aún así, soy humano y hay cosas que se me pueden escapar en mis consideraciones, hay textos que brillan por otros aspectos, a los cuales atiende el apartado de los ilimitados "Factores extra".


DUELO (3'5 pp) +1
Spoiler:
Estamos en unos duelos literarios de personajes. Es muy importante el factor principal de esta característica, de forma que se pondrá atención en (los porcentajes pueden fluctuar):

Sensación de duelo (el clima del relato), es decir, el hecho de que realmente los personajes estén confrontados, del modo que sea (dialéctico, físico, mágico, artístico, bailarín...) quiero que haya hostias (sean del tipo que sean), no una amena conversación de ascensor. Del mismo modo, decir cabe que es un duelo y los contrincantes deben hacer todo lo posible por cumplir su objetivo (que puede o no ser la victoria, ojo), no sería realista que un dragón estándar no escupa fuego ni se lo plantee porque patata (es decir, se evaluará positivamente un "despliegue de medios" consecuente).

Ejecución de los medios. Los medios son los poderes, técnicas, habilidades y "armas" (en sentido literal y figurado, dialécticamente serían zascas o información comprometida del otro o lo que sea) de los que pueda contar cada personaje. Aquí es cuando la imaginación se dispara y un mago que se ha quedado sin maná decide usar su varita para aporrear a La Piñata Oscura, su maléfico rival.

Originalidad en el tipo de duelo: no es lo mismo que un duelo sea el de toda la vida que que os aventuréis a cosas más arriesgadas (como un duelo de baile y otras cosas que dejo a vuestra imaginación).
Originalidad de los medios y su uso:  Este apartado premia, entre otras cosas, las extrañas habilidades que vuestras mentes pensantes consiguen atribuir a personajes pintorescos (p.ej.: una silla con el poder de estar coja y así evitarse que se sienten en ella).

Sensación de Duelo [2 pp]
Ejecucion de poderes, habilidades y "armas" [1'5 pp]
Originalidad en el tipo de duelo: +0'5
Originalidad de los medios y su uso: +0'5.


PERSONAJES (2 pp) +0'5
Spoiler:
Por "roleo" hablamos de cómo se reflejen las características intrínsecas (psicología, apariencia, poder...) de los personajes en el texto. El personaje propio se tendrá en mayor consideración que el ajeno [1'25+0'75], ya que se entiende que, por haberlo elegido, se tiene más soltura. Sin embargo es importante conocer a tu adversario, y hacerlo un rival digno (o indigno, como sea que se requiera, pero el hecho es que no puede dedicarse a ser un saco de boxeo y/o tener la personalidad de una piedra.

Buen roleo [2 pp]
Despuntes en el roleo, buen uso de personajes pintorescos...: +0'5


NARRATIVA (3 pp) +0'75

Causa del Duelo [1 pp]. Original +0'5.
Presentación/introducción (o su ausencia bien llevada) [0'5 pp].
Encadenación de hechos, eventos y acciones (o su ausencia justificada/con función) [0'5].
Desenlace [1 pp].
Exordio/Final más potente: +0'25.


APARTADO TÉCNICO(1'5 pp) +0'25

Narración, recursos estilísticos, etc. [1'5 pp]. Original +0'25.
Fallos gramaticales (ortográficos, sintácticos u ortotipográficos) imperdonables (constatados) o recurrentes (que no cumplan alguna función estilística) restan 0'25.


OTROS
Factores extra: epicidad (si procede), personajes carismáticos, diálogos potentes, ambientación original, impiedad del narrador/destino, perlitas en cualquier apartado base ... +0'25 x ∞.

Por mera comodidad para la gente.

Parece que Judy y Hans tendrán una pequeña revancha, Tit. Esta vez sin dados.


Última edición por Expo el Dom Jul 01, 2018 9:03 pm, editado 1 vez
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Re: Duelos Literarios V - Comentarios

Mensaje por Sciacere el Dom Jul 01, 2018 12:18 am

WoW !! Tit vs Expo .Final adelantada .
Fery <3
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Re: Duelos Literarios V - Comentarios

Mensaje por Durzo el Dom Jul 01, 2018 1:05 am

Aprendeos la combinación de Davy Jones.

PORQUE OS VOY A HUNDIR BOOOOM.

En realidad no. Traeré la vaselina.
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Re: Duelos Literarios V - Comentarios

Mensaje por Netalia el Dom Jul 01, 2018 7:51 pm

Confieso que me gustan mucho los emparejamientos que han salido Feliz 2

Todos me gustan pero tengo una curiosidad especial por el de @Durzo y @Exez

@Gwynbelidd te estoy vigilando Otros 3


"Conoces a una muchacha tímida y sencilla. Si le dices que es hermosa, ella pensará que eres simpático pero no te creerá. [...] Existe una manera mejor de hacerlo. Le demuestras que es hermosa. Conviertes tus ojos en espejos, tus manos en plegarias cuando la acaricias. Es difícil, muy difícil, pero cuando ella se convence de que le dices la verdad... de pronto la historia que ella se cuenta a sí misma cambia. Se transforma. Ya no la ven hermosa. Es hermosa, y la ven "
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Re: Duelos Literarios V - Comentarios

Mensaje por Gwynbelidd el Lun Jul 02, 2018 6:15 pm

@Netalia escribió:@Gwynbelidd te estoy vigilando Otros 3
Amor 8 Feliz 7


グウィン。夢見る人狼。 :21:
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Re: Duelos Literarios V - Comentarios

Mensaje por Durzo el Lun Jul 02, 2018 11:29 pm

@Glimmer @Szao

¿Preferencias en el programa donde escriba? ¿Alguna letra o tamaño o polladas que deba (debamos) tener en cuenta? ¿Un chupito? ¿UN JAMÓN?

Quiero aclaraciones claras claramente aclaradas.
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Re: Duelos Literarios V - Comentarios

Mensaje por Szao el Lun Jul 02, 2018 11:52 pm

@Durzo escribió:@Glimmer @Szao

¿Preferencias en el programa donde escriba? ¿Alguna letra o tamaño o polladas que deba (debamos) tener en cuenta? ¿Un chupito? ¿UN JAMÓN?

Quiero aclaraciones claras claramente aclaradas.

A mi me lo puedes enviar como quieras (aunque si lo quieres saber, para leer me gusta Calibri 11, inter 1'15), pero ten cuidado con el otro juez. Tengo entendido que es muy tiquismiquis... Por cierto, doy un punto extra por cada ronda de chupito.OtrosP 4
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Re: Duelos Literarios V - Comentarios

Mensaje por Glimmer el Mar Jul 03, 2018 1:13 am

@Durzo escribió:@Glimmer @Szao

¿Preferencias en el programa donde escriba? ¿Alguna letra o tamaño o polladas que deba (debamos) tener en cuenta? ¿Un chupito? ¿UN JAMÓN?

Quiero aclaraciones claras claramente aclaradas.

Podéis enviar los relatos en pdf, txt, o como mensaje de texto en el propio mp .Tipografía normalita (times new roman , verdana ,calibri ...(times new roman mejor)), a menos que os suméis a vanguardias posmodernistas y la tipografía condicione la interpretación o alguna pollada así xD . Comic sans quita puntos . Tamaño que ronde el 12. Interlineado no muy grande (1'15 está estupefantastico). 
Y anís se agradece  Feliz 4
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Re: Duelos Literarios V - Comentarios

Mensaje por Expo el Dom Jul 08, 2018 8:38 pm

Duelo enviado.

¡Venga gente que cada vez queda menos!
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Re: Duelos Literarios V - Comentarios

Mensaje por Sciacere el Lun Jul 09, 2018 5:33 pm

Duelo enviado, que corra la sangre
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Re: Duelos Literarios V - Comentarios

Mensaje por Anaf el Lun Jul 09, 2018 8:32 pm

Texto enviado!!
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Re: Duelos Literarios V - Comentarios

Mensaje por Szao el Mar Jul 10, 2018 10:39 am


Ya han empezado a correr las botellas de anís del Mono clandestinamente.
Cuando el otro juez esté borracho me haré con el control...

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Re: Duelos Literarios V - Comentarios

Mensaje por Durzo el Mar Jul 10, 2018 11:58 am

Las próximas 3 rondas las pago yo.
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Re: Duelos Literarios V - Comentarios

Mensaje por Anaf el Mar Jul 10, 2018 9:01 pm

@glimmer y @szao. Como le comenté a Szao en la CB, tuve un problema con el interlineado y me quedaron algunos párrafos separados. Si lo consideran necesario ya lo corrijo y envío de nuevo.
Gracias!!!!
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Re: Duelos Literarios V - Comentarios

Mensaje por Glimmer el Sáb Jul 14, 2018 4:34 pm

[Repost de aquí (por Szao)]


Expo (Judy Nostrow):

—Entonces, le empujé y cayó de bruces contra el barro. ¡Seguro que le costó una fortuna limpiar sus ropitas nuevas después del remojón!
Media taberna rugió en carcajadas ante la historia de aquel señor. Era noche de Prendido, y unos cuantos jóvenes corrían de un lado para otro sirviendo bebidas a los impacientes clientes que poblaban todas las mesas del lugar. En el centro se encontraba una mayor al resto, en la que un montón de hombres se aglutinaron y empezaron a, como diría mi madre, medirse las pollas.
Era como si ninguno hubiera salido de casa más que para ir a la Universidad.
—¿Y ya está? —Pregunté, alzando la voz lo justo para que todos la escuchasen. O eso esperaba; la verdad es que había bebido demasiado como para tenerlo claro.
—Sí, ya está —respondió el que había contado la última chorrada—. ¿Pasa algo?
—Pasa que todos sois unos niños de papá que no tienen ni puta idea de lo que es vivir. —Di un largo sorbo a mi vaso.
—¿Y tú sí? ¿Tienes algo mejor? —Dijo, claramente ofendido. Me miró de arriba a abajo—. Oh, ya veo. ¿Nos vas a contar cómo un apuesto señoritingo te llevó a su cama y, de pronto, se puso violento y te hizo esa bonita cicatriz en la cara? Venga, te escuchamos. Seguro que fue horrible…
Volvieron las carcajadas.
Por supuesto que no era eso lo que iba a contarles. Rebuscando en mi memoria, recordé a un carretero al que había robado hacía no mucho. Eso serviría. Con unos cuantos retoques, por supuesto…
—¿Quieres que te haga una a ti? Sale gratis —dije, y proseguí antes de que nadie pudiera responderme—. Voy a contaros cómo salvé a una pobre chica raptada mientras vosotros lloriqueabais a vuestros padres por dinero. ¡Camarero, más cerveza!

Me libraré rápido de los preliminares; estoy segura de que vosotros nunca les habéis hecho demasiado caso, igualmente. Esta era la situación: En plena noche, vagaba por el bosque en busca de un lugar aceptable donde acostarme. En el camino encontré una escena horrenda; un fornido hombre golpeaba contra el suelo a una muchacha amordazada. Cerca de ellos había un carromato, que, presupuse, era de aquel criminal. Me fijé también en que tenía un hacha en la espalda; por desgracia parecía preparado ante posibles problemas.
Pero por aquel entonces yo llevaba una lanza conmigo, así que no lo pensé un solo momento. Me coloqué sigilosamente detrás del carromato, y cuando escuché unos pasos acercándose, ¡corrí todo lo rápido que pude hacia él y le ataqué con mi lanza!
—¡¿Acaba de saltar a la mesa?!
—Oye, chica, ¡baja de ahí!
—¡Ja, ja, ja! ¡No les hagas caso y continúa!

Hice demasiado ruido, o quizá fui demasiado lenta. El hombre paró el mástil con su mano derecha y, antes de que pudiera reaccionar, me pegó un puñetazo en toda la cara. Pero estaba preparada; presioné con toda la fuerza que pude mi pie contra el suelo y evité caer.
Se sorprendió. Su primer error.
Recuperé el control sobre mi lanza aprovechando el instante de vacilación. Aun así, reaccionó rápido y saltó hacia atrás antes de que pudiera rozarle. Debería haber continuado con una estocada, pero necesitaba recuperar la compostura.
Cuando alcé la mirada, el hombre se encontraba a suficiente distancia de mí como para no poder ser tocado por mi lanza, con el hacha en su mano izquierda y apuntándome a la cara con una ballesta que parecía haber salido de ninguna parte. ¿Quizá la tenía escondida bajo el carromato en el lugar hacia el que había saltado…?
Ya no importaba.
—Dame una razón para que no te mate ahora mismo —me dijo.
Tensé todos mis músculos. Mi mente funcionaba a toda velocidad.
No esperó demasiado a mi respuesta.
En el instante en el que la flecha se disparó, todo comenzó a moverse a cámara lenta, y por un momento pude ver claramente su trayectoria. No podía perder ni una décima de segundo.
Me abalancé hacia delante, agachándome lo suficiente como para poder impulsarme con la mayor fuerza posible. Estaba apretando la lanza con tanta presión que me sorprende no haber roto el mástil.
Sentí un pulso recorriendo todo mi cuerpo y explotando en mis piernas.
Como esperaba, la flecha rozó mi pelo y se clavó en la tierra, pero eso fue solo el principio. En aquel instante él ya estaba girando el brazo izquierdo, dispuesto a lanzarme el hacha.
Todo ocurrió en una fracción de segundo.
Mi lanza atravesó su pecho, y su arma golpeó el suelo.
Tardé varios segundos en comprender lo que acababa de ocurrir. Durante la estocada, la lanza rozó sus manos, provocando que soltase el hacha justo antes de lanzarla, y permitiéndome avanzar imparable hacia su corazón.
El río de sangre que brotó de la herida se dejaba entrever a través de sus ropas.
Le miré al rostro.
Había muerto.

—Os estaréis preguntando qué ocurrió con la chica…
En aquel momento, uno de los hombres de la mesa golpeó con fuerza su vaso contra ella y se levantó para irse.
—¿No te quedas a escuchar cómo sigue? —Dijo el muchacho que tenía al lado.
—Ya he escuchado demasiadas tonterías. —Carraspeó—. Digamos que no quiero problemas.
Joder.
Me percaté nada más escucharle. Hasta el momento no me había fijado en él, pero ahora que estaba de pie…
Joder, joder, joder. Esto era lo último que esperaba.
Era él.
Inconscientemente, di un paso hacia atrás.

Son muchos los factores que contribuyeron al final de la noche.
Si no hubiera saltado encima de la mesa, extasiada por mi propia historia, habría tenido un lugar donde posar el pie. Si me hubiera fijado mejor en mi compañía, igual habría decidido contar una historia diferente, o me habría largado de allí directamente. Si hubiera bebido un poco menos, seguramente habría sido capaz de mantener el equilibrio.
En realidad, nada de eso importa ahora.

Lo último que recuerdo de aquella noche es la imagen del suelo acercándose a toda velocidad hacia mi cara.
Títere (Hans Boggart):

Aquella posada era la típica taberna de escritor de relatos novel. Había borrachos jugando esquinas, el hogar ardía con llamas rápidas y había un buen montón de sillas distribuidas por toda la estancia, esperando a ser astilladas en cualquier espalda.
En definitiva, el lugar perfecto para una matanza no intencionada.
(-Vale, pues Hans entra y pide un Tinto de Roosevelt.)
Hans entró, y pidió un Tinto de Roosevelt. Cruzó la estancia con paso firme y seguro, desafiante, mientras las llamas refulgían en el acero que portaba a la espalda.
Atrás habían quedado ya esos roles de caminos y carretas. Ahora la experiencia corría por sus venas, literalmente. El nivel doce ya no era una novedad, las acciones legendarias se las merendaba con patatas. Era el mejor, y lo sabía.
(-¿Has terminado ya de fliparte, Tit?
-Sí.
-Vale, pues ahora Judy dice…)
-¿Tinto de Roosevelt? -preguntó, arqueando una ceja.- Tenía entendido que eso es lo que beben las señoritas en las cortes de Atur.
Hans se acodó en la barra. Conocía a esa muchacha, estaba seguro.
-Y de hecho así es. Pero me gusta su sabor afrutado –dijo mientras paladeaba su copa.- ¿Algún problema? Parece que estés buscando una excusa fácil con la que provocar un conflicto.
-Es exactamente lo que estoy haciendo.
-Vale pues te mato –dijo Hans, mientras desenfundaba y partía a Judy por la mitad de una estocada.
(-¿Pero qué haces?
-Matar a Judy.
-No puedes, habíamos dicho que con dados.
-Expo tiene razón Tit, tienes que tirar los dados.
-Vale, pero lo hago porque lo dice Nat, no porque lo diga Expo.)
-¿Algún problema?
Judy sonrió, desafiante, mientras se encogía de hombros. Luego agarró su lanza, que amenazaba con caerse al suelo, y la volvió a colocar.
Hans entrecerró los ojos. Ahora se acordaba. Aquella muchacha le había desplumado mucho tiempo atrás, en su primer viaje a Imre, y ahora estaba sentada justo a su lado. Sonrío, imaginando cuales serían sus palabras después de la venganza.
-¿Qué es eso tan gracioso que me estoy perdiendo? –dijo Judy, sacándolo de sus cavilaciones.
Hans la miró sorprendido, y se dio cuenta de que llevaba un rato sonriendo como un loco.
-Nada que te incumba –farfulló enfurruñado.
Ella insistió.
-Seguramente sea algún tipo de anécdota, ¿me equivoco? Hay algunas historias que son dignas de recordar –dijo enigmáticamente.- Mira, déjame invitarte a esta ronda… -deslizó una moneda sobre la barra.- …por los viejos tiempos –terminó Judy, guiñándole el ojo.
Hans no salía de su asombro. Así que ella también se acordaba, y la muy
(-Esa boca Tit.
-Lo siento.)
Y la muy mala persona encima se estaba riendo en su cara. Le hervía la sangre. Furioso, fue a coger la moneda, y esta se deslizó de nuevo por la barra, lejos de su alcance.
Judy soltó una carcajada.
-¡Vaya cara que has puesto!
A Hans esa situación le parecía de todo menos divertida. Así que aquella paleta, después de haberle desplumado, había tenido tiempo de aprender simpatía. Bien, pues le iba a enseñar lo que era hacer un vínculo. Él también había pasado unos cuantos años en la Universidad.
Puso una iota sobre la barra con un golpe. Luego partió su mente en dos, murmuró un vínculo, y deslizó de nuevo la moneda hacia él.
Esta vez fueron los ojos de Judy los que se abrieron como platos.
-Inesperado –dijo.
La moneda se deslizó de nuevo hacia ella, volvió con Hans, se detuvo en el medio.
Judy cerró los ojos, y creó un vínculo más.
El taburete de Hans se movió inesperadamente. Ella aprovechó ese momento de distracción para llevar la iota hasta su mano. Victoriosa, levantó el puño.
-¡Yey!
Hans la miró enfurecido. Ni simpatía ni mierdas, aquello lo iba a resolver a la vieja usanza. Pegó una patada al taburete de Judy, tumbándolo y provocando que ella cayera tras él. La chica rodó ágilmente sobre su espalda, y de alguna manera se las ingenió para atrapar su lanza en medio de la voltereta.
-¡Te voy a enseñar modales, maldita paleta de pueblo! –gritó. Luego desenfundó el acero que portaba a su espalda, y lanzó una fuerte estocada descendente contra la cabeza de la muchacha.
Esta lo detuvo con la lanza. Luego fintó a la izquierda, para inmediatamente intentar pinchar a Hans desde el flanco contrario.
Ambas armas se mordieron de nuevo.
Las chispas volaban por los aires y los aceros lo cortaban. Las sillas empezaron a cumplir su cometido.
La lanza de Judy se trabó en una de las mesas. Hans atacó y la muchacha tuvo que saltar hacia atrás para esquivar el tajo, pero rápidamente se recompuso. Con dos pasos rápidos, se acercó a Hans y con un giro le pateó la muñeca. El pie dio de lleno en el blanco, y el acero salió volando, tintineando por toda la estancia.
Hans tampoco perdió el tiempo. De un puñetazo tumbó a la chica, que intentó revolverse, pero él era más fuerte y la aprisionó contra el suelo de madera, echándose encima.
Busco con la mirada, y encontró la botella de Tinto de Roosevelt junto a ellos, rota, inerte, mandándole un mensaje.
Hans agarró la botella. Con todo el jaleo no había pensado en aquellas palabras de venganza. No tenía un buen final para aquella historia.
Así que dijo lo primero que se le pasó por la cabeza.
-Los patos ni corren ni vuelan. Sólo saltan.
Con fuerza, apuñaló a Judy en el pecho con la botella rota, una vez por cada talento que esta le había robado. La sangre manaba a borbotones, mientras Judy boqueaba y le miraba desconcertada, sin poder creer lo que estaba sucediendo.
Finalmente, clavó con fuerza el arma improvisada en el pecho de la joven mientras la giraba a un lado, desgarrando. Triunfante, Hans levantó la botella, con el corazón de la joven clavado en los cristales, rojo, palpitante, chorreando sangre…
(-No puedes hacer eso.
-Sí, porque lo estoy haciendo.
-Me refiero a que… En fin, déjalo, has ganado.
-Claro. Porque soy el mejor.)




Feren (Caleb Ranerus):

Sí, chaval, me encontré al pirata del que te hablaron hace tiempo. Festus se llamaba. Un buen tipo, aunque un poco temperamental si le tocas según qué temas. De todos modos, me alegro de haberle conocido y de haber podido tomar unas copas con él.

El encuentro pasó hace año y medio en un pueblo costero en el este del Mar de Centhe. Yo volvía de Vintas de un trabajo que salió bastante mal, pero esa historia la escucharás otro día. Entré en la taberna con la esperanza de descansar y preparar mi viaje hacia poniente y Festus se encontraba ahí.

Me senté en la barra con la intención de tomar una bebida fría. Te prometo que no quería verme envuelto en otra pelea. Me giré al escuchar los berridos que expulsaba el pirata, para encontrarme con una discusión entre un hombre al que se le podría llamar viejo y dos jóvenes, probablemente de aquel pueblo. Si te seo sincero, no recuerdo el origen o el tema de aquella disputa. Lo único que alcanzo a recordar es que me metí en medio para para intentar calmar el ambiente.

Tú me conoces bien, y sabes que suelo mirar hacia otro lado antes situaciones como estas, pero entonces rompí aquella norma. Me escudaría bajo la escusa del alcohol, pero ni siquiera me había acabado mi primera copa para entonces. Seguramente la motivación de haber salido con vida de mi anterior trabajo fue la que actuó intentado solucionar las hostilidades mediante el habla.

Festus se lo tomó personalmente, y tras lanzarme un improperio que no alcancé a entender, me lanzó un puñetazo que me derribó al suelo. No entiendo por qué siempre mis conversaciones de bar acaban así.

Algo en mi razonamiento cambió y a partir de ese momento lo único que deseaba era darle una paliza a ese viejo pirata. Todo empezó como suele empezar para mí: levantándome del suelo con una sonrisa. Por primera vez en mi vida, mi adversario me lanzó otra de vuelta y se preparó ante el asalto que estaba por venir.

Quise devolverle el puñetazo con el que me había arremetido sin razón alguna, pero con una rapidez impactante para su edad, bloqueó mi brazo con el suyo mientras que con el izquierdo fue hacia mi estómago. Conseguí librarme de su brazo y esquivé su brazo izquierdo como pude.

El frenesí que nos inundaba a ambos como… olvídalo, no soy un poeta. El frenesí que se había apoderado de nuestros movimientos consiguió que nos enzarzáramos en un duelo donde todo estaba permitido, desde puñetazos en lugares deshonrosos hasta usar cualquier utensilio que viéramos como arma. Por supuesto, ninguno de los dos quiso desenvainar sus verdaderas armas. Pude observar un hacha de una sola hoja atado en su cintura y agradecí la naturaleza de nuestra pelea.

Tras unos segundos en los que intentábamos acertar algún puñetazo contra el otro, Festus me agarró del pecho y me lanzó por los aires hacia la barra. Mi espalda fue la peor parada del impacto y tras unos instantes en los que intentaba recuperarme, Festus me volvió a agarrar y esta vez me lanzó al suelo.

Comprendí que no podría vencerle solo con potencia física. Él era más fuerte y más alto que yo. Además, él tendría muchos más años de experiencia que yo, por lo que nuestro duelo podría ser, probablemente, uno de los más arriesgados y complicados que he tenido en toda mi vida.

Finalmente, lo que decidí hacer fue usar mi velocidad a mi favor. No podría contrarrestar todos sus ataques pero esquivarlos sería otra cosa muy diferente. Festus volvió a agarrarme y me puso de pie. Confió en que yo no sería ninguna amenaza, cosa que tenía sentido tras todos los ataques que había recibido. Con lo que él no contaba era que yo contaba con diez años de trayectoria en el negocio, por lo que mi cuerpo se había acostumbrado a recibir palizas similares.

Observé cómo se preparaba para lanzarme un puñetazo final. Miraba hacia el público que se había congregado para ver nuestra primigenia discusión y sonreía. Poco a poco se fue acercando hacia mí y justo cuando lanzó su poderoso brazo derecho, lo esquivé y me aparté un par de metros. Se ve que mi movimiento lo sorprendió, ya que, al no encontrar cuerpo alguno, perdió el equilibrio y se precipitó contra los mismos tablones de madera que habían recibido mi cuerpo una y otra vez.

Aproveché la oportunidad que se me abrió, y aún en movimiento, cogí un taburete de madera de la barra, y con la velocidad que ya tenía, golpeé su cabeza que hizo cayera como si fuera un objeto inanimado. El taburete se partió en varios cachos, como podrás imaginar.

Me atreví a celebrar mi victoria durante unos instantes, pero una mano agarrándome mi brazo izquierdo me sacó de mi fantasía y me devolvió a la realidad: Festus, con la cabeza ensangrentada, me sonreía satisfecho. Me invitó a sentarme en un taburete y me invitó a una copa. Entonces fue cuando tuve la oportunidad de conocerlo.

Siempre recordaré lo primero que dijo al palparse la sangre de su cabeza:

         —     Eres un hijo de puta muy duro, que sean dos.
Sciacere (Festus Nordchel):

Festus había salido a tomar aire. Se sentó de un tirón sobre las tablas de madera, y apoyó su vieja espalda sobre una de las vigas que sostenía la entrada de la taberna, estaba bien ebrio. Dentro, la machedumbre y el griterío de la tripulación creaban una amalgama embriagante que holía a vino, a humo, y a putas.


El viejo sacó una pipa tallada por el mismo, la llenó con una hierbas que siempre compraba en los mejores mercados, les prendió fuego, y chupo de la boquilla con fuerzas para luego liberar una gran bocanada de humo. Cerró los ojos, y se dejó navegar por sus recuerdos.

Habían pasado cinco años desde que se había unido a la tripulación, y era hermano de armas y de sal de los peores piratas de esa época. No se puede decir que se sintiera orgulloso de la forma en que había logrado la fama y la fortuna, pero si que se sentía muy satisfecho. Tuvo que esperar cincuenta años para sentirse cómodo en algún lugar, pero finalmente lo encontró. Su única preocupación eran los cazarrecompensas, mientras más afamado, mayor recompensa por tu cabeza. Trescientos marcos por su cuello, para ser exactos. De hecho, hacía unos ciclos atrás había desaparecido Tuk el manco, y anteriormentente fueron Rudd el rojo y la chica Taiga. No había duda, alguien estaba desempeñando su oficio con mucho tino


Festus se puso en pie, chupó de la boquilla nuevamente y consumió por completo lo que quedaba de las hierbas– ¡Malditos cazarrecompensas!– masculló, soltando un escupitajo que voló bien lejos.
Dentro de la taberna la música no paraba, y se podía escuchar al capitán Tom riendo en tres kilómetros a la redonda, era hora de volver al festín.


Cuando se volvió hacia la puerta percibió una sombra caer del techo a sus espaladas, y antes de girarse lo halaron por los pies cayendo de bruces sobre las tablas. Provocó un ruido estruendoso, pero no más alto que las carcajadas de Tom. Arbolviejo intentó rodar, pero su agresor le propinó un puntapie tal en la mandíbula que lo mandó al limbo.

Luego de soñar con peces despertó. Unas sogas anudadas a unas argollas de hierro empotradas en la pared lo ataban por las muñecas.

Estaba cautivo en una especie de vieja y pequeña cabaña, y el sonido de las alimañas fuera le permitieron inducir que se encontraba en lo profundo de un bosque. Justo a unos pocos pasos frente a él estaba su captor, sentado junto a una mesa afilando una espada. Un hombre bastante joven. Arbolviejo reparó en que lo había despojado de sus armas y de sus ropas, exceptuando sus calzones.

 Le dolía todo, la extremidades, la espalda, y hasta el culo.
– ¡Maldita sea muchacho! ¡¿No se te habrá ocurrido violarme, no?!– Le espetó Festus, iracundo.
El hombre lo miró asqueado
– Aún no he perdido mi buen gusto, señor.
Arbolviejo se relajó un poco
– Bueno, ya esa es una buena noticia.

El hombre no hizo caso al comentario y siguió en su labor. Mientras, Festus se dedicó a estudiar su entorno evaluando sus posibilidades. No pareciese que tuviera muchas opciones.

Luego de varios vistazos calculó el largo de las sogas que lo sostenían, y notó además, una daga que asomaba con timidez bajo la camisa entreabierta del hombre. Tendría que recurrir primeramente a la provocación.

– Hey mocoso– le dijo el viejo calvo– ya se que tu madre te abandonó de niño seguramente para irse con algún pirata, mientras tu padre se follaba a las putas del pueblo– el hombre pausó inmediatamente su labor al escuchar aquello y se puso en pie– y también sé que la paga por mi cabeza es suficiente para que te costees todas las mujeres que quieras, al fin y al cabo, eres bien feo. Pero yo podría ayudarte, puedo darte mucho más de lo que andas buscando.

Se miraron fijamente, había picado el muy imbécil. El hombre caminó en su dirección hasta quedar a un solo paso. Su captor era más bajo, eso ayudaría.

El cazarrecompensas lo miró, circunspecto.
– La paga no está mal, es cierto. Pero no hago esto por dinero, lo hago porque me place deshacer a este mundo de cabrones como tú. Y por cierto, mi madre se encuetra feliz en su hogar, bien alejada de toda escoria posible.
Arbolviejo le mostró su hermosa sonrisa de pirata como respuesta.
– Estoy seguro de eso, buen hombre.

El cazarrecompensas se dió media vuelta para volver a la mesa, y justo entonces el pirata pegó un salto felino hacia arriba, las cuerdas lo tiraron hacia atrás, pero fue suficiente para rodear el cuello de su captor con sus fuertes piernas. Ambos cayeron al suelo, mientras Arbolviejo lo acercaba estragulándolo, el hombre intentó liberarse con sus manos, pero las piernas del viejo eran como un abrazo de serpiente en su cuello.

Cuando estuvieron lo suficientemente cerca el forcejeo se volvió cruento, el chico lanzaba puñetazos violentos hacia atrás pegándole fuertemente en el rostro, mientras Festus intentaba hacerse con la daga oculta de su camisa. Por un momento el cazarrecompensas paró de aventar sus puños hacia atrás, y extrajo una daga de su bota con mucho esfuerzo.

Hubo un grito de dolor estridente, y la sangre manchó el suelo; le había clavado el filo en la pantorilla. El viejo tuvo que liberar a su presa que rodó tosiendo como un enfermo.

Después de varios segundos el muchacho se recompuso, y se puso en pie solo para reparar en que el viejo pirata se hallaba libre de sus ataduras.

Arbolviejo lo esperó con soberana calma.

Primero esquivó la espada y le propinó un rodillazo en la entrepierna haciéndolo soltar el arma. Lo tomó por el cuello con sus manos férreas, y le agujereó el abdomen varias veces. Luego le estampó el rostro contra la pared, y le enterró la daga en el centro del cráneo.

El cazarrecompensas cayó boca arriba en el piso, desfigurado.
– Mierda muchacho, ahora si eres bien feo.




Exez (Exez:

Estaba perdido.
El roñoso mapa que me vendió ese calderero de tres al cuarto se me había empapado de sudor. Si antes debía romperme el coco para descifrar sus decrépitos dibujos, ahora era algo completamente ininteligible.
No me topé con nadie en días. Perdí la noción del tiempo. Y los caminos ni siquiera estaban señalizados.

Dejé mi bolsa en el suelo, me senté y la abrí para comprobar por enésima vez que no me quedaban cigarrillos.
Anochecía de nuevo. El frío se acentuaba. Me encontraba hambriento, sediento y harto.
Destapé mi cantimplora y un par de gotas calientes cayeron sobre mi seca lengua, deseando aliviar la comezón de mi paladar.

Si pretendía pasar la noche justo ahí, probablemente terminaría muerto. Si no me degollaba yo mismo primero.
O seguía el sendero o me comía mi propia mierda, pensé. Mientras mis ojos maldecían todo lo que divisaban y petaba con una navaja las bufollas de mis pies.

Solo se me ocurría una cosa: denner.
Lo llevaba encima para revenderlo. Aplazar la desesperación ajena a cambio de un saco bien cargado de monedas.
Pero no me veía en condiciones de seguir andando mucho más sin abrir definitivamente las puertas de la locura. Por lo menos, el denner me deshinibiría lo suficiente como para no estar sufriendo como un perro apaleado, pensé.
Lo consumí en Severen. No era un adicto, pero sabía cómo funcionaba. Si lo administraba bien podría continuar sin que me pegase el bajón. Con suerte llegaría a alguna posada antes de que me diera el infarto.
Joder. No sé en qué coño estaba pensando.

Y me metí el primer chute. Hacía demasiado tiempo que algo no me producía esa sensación. Era como si mi cuerpo cayese en un oscuro lago infinito y mi mente se calmase por completo. Mis brazos flotaban. Mis piernas flotaban. La mejor sensación que he sentido jamás, susurré. Nunca pude estar tan equivocado.

Y corrí, lleno de energía, con la bolsa a mis espaldas.

Percibía toda la sangre de mis venas zarandeándome el cuerpo. Hacia arriba y hacia abajo. Mi corazón bombeaba de una forma muy graciosa, hacía: Pum. Pum. Pum.
No sé durante cuánto rato estuve así. Paré unas cuatro o cinco veces, hasta que una caseta con letreros apareció mágicamente delante de mis narices.

Entré y me abalancé sobre la barra. No había demasiada gente.

– El whisky más barato que tengas! -grité-.

Aporreé esa fría madera con la palma de la mano, hasta que alguien me agarró del brazo. Interrumpiéndome.

– Oye amigo, no son horas para estar voceando.

Era un chaval algo más alto que yo. Desgreñado, con una cicatriz que le recorría la nariz y una sonrisa del mismo tamaño justo debajo. Parecía que se estuviera burlando de mí.

– ¿Te estás riendo de mí? –le espeté–.
– No, no –respondió rápidamente, mientras me quitaba sus zarpas de encima–. Es tarde y la gente por aquí intenta dormir. ¿Por qué no tratas de calmarte un poco? Me llamo Sarko –mencionó–. Toma, bebe un poco de esto.

Me acercó su media jarra de cerveza. No dejaba de sonrerír. Me cago en la puta, me estaba poniendo muy nervioso.
Me encontraba completamente deshidratado, y ese malnacido se mofaba delante de mis narices.
Me negué a aceptar su sucia limosna. Le aparté la jarra de un manotazo y me dirigí hacia los lavabos, mientras le repetía a la posadera que me pusiera el whisky más barato que tuvieran.

El subidón del último chute de denner cesaba. Quería más. Necesitaba más. Pero no me quedaba.
Me acerqué al grifo y bebí todo lo que mi cuerpo soportó antes de mirarme al espejo.
Estaba demacrado. Parecía un esqueleto con las cuencas de los ojos vacías.
Mis negras ojeras contrastaban con mis nuevos dientes marfil.

No tenía cojones de soportar el bajón todavía. Sabía que, en el momento en el que lo hiciera, todo mi cuerpo sufriría las consecuencias del viaje; necesitaba estar completamente borracho para asimilar eso.

Salí del baño y pegué un portazo.
Me acerqué de nuevo a la barra. El local estaba ahora completamente vacío, a excepción de la posadera y el chaval risueño.

– ¡Dónde está mi whisky! –grité de nuevo–.

En realidad, no podía controlarme. El bajón se aproximaba y eso me exasperaba.
La joven me trajo una botella y, tras pegarle un largo trago, el chico volvió a acercarse.

– ¿Has tenido un mal día? –murmuró, con un deje de desprecio en su voz y una medialuna bajo la cicatriz–.

Me colocó la mano en el hombro, otra vez. Y posé mi botella encima del tablón de fresno.
Deseaba quitarle esa cara de hiena. Maldito crío, cállate.
Y le asesté un puñetazo en la boca.

Lo tumbé al suelo. Me rajé los nudillos al chocar contra sus colmillos. Sangraba, pero no me dolía. Todavía, al menos.
La posadera dió un chillido sordo y el jóven llamado Sarko se levantó de nuevo. Con el labio partido.
Le arranqué la sonrisa, por fin.

– Puto yonki de los cojones –replicó, mientras escupía la sangre de su boca y se arremangaba–.

Subí mi rodilla, basculé el peso, y pateé el taburete de mi izquierda con la planta del pié. Proyectándoselo encima.
Le golpeó el pecho, desestabilizándolo, pero acto seguido el chico se quitó un zapato a toda velocidad y lo clavó al suelo; utilizando la pata del mismo asiento que le lancé.
Mi pié crujió, y se quedó postrado justo allí. No sabía qué carajos hizo. Parecía vudú.
Y grité. El efecto del denner estaba desapareciendo y, junto a ello, mi asimilación al dolor.

Joder. Yo solo quería emborracharme para no palmarla ahí mismo.

Agarré de nuevo la botella, le dí el trago más largo que pude, y se la arrojé a la cabeza. Mientras con la otra mano me apretaba el corazón.
Mierda. Me ardía. Estuve a punto de arrancármelo con los dedos, palpando las venas hinchadas de su alrededor. Puto yonki de los cojones. No estás lo suficientemente bebido.

Y me desplomé.
Durzo (Sarko Attano):

Llovía. No me importaba mucho porque me encontraba en un interior. Estaba seguro de que era tarde, pero algo me impedía pensar con claridad. No sabía cuánto tiempo llevaba allí, ni que me había provocado esa sensación de resaca. Había bastante gente, aunque no lo parecía. En vez del típico barullo que suele estar presente en tales reuniones, reinaba el orden y nadie chillaba.


-Yo no digo que no sea divertido o interesante… Pero tal vez haya formas mucho más pacíficas de resolverlo. Al fin y al cabo no es tan importante –dijo un señor grande y gordo.


¿De qué hablaba? No recordaba absolutamente nada. ¿Por qué estaba allí?


Me tomé un momento para mirar bien alrededor. Resulta que todos los allí presentes habían formado un círculo. En medio del corro estábamos sentados, en dos butacas altas, un chico con el pelo recogido y yo. No pude reconocerlo.


Había un olor fuerte, dulce.


-No seas aguafiestas, Morgan –le respondió una mujer al hombre que había hablado anteriormente-, la noche estaba siendo aburrida hasta que ha llegado este sabelotodo, deja que se recompongan.


Supongo que se refería a nosotros. Volvía a mirar la estancia en la que nos hallábamos. Una especie de neblina nos abrazaba. Era un antro asqueroso, y, aparte de los que nos rodeaban, había gente tumbada en el suelo, adormilada. Me di cuenta de que el establecimiento estaba lleno de frascos que parecían contener un polvillo en su interior. Ojeé el suelo. Y me asusté. Había más de 5 de esos frascos, vacíos, y pude leer, con gran esfuerzo, que tenían pegado un papel en el que ponía “denner”. ¿Había consumido?


Interrumpí la charla levantando la mano.


-¿Qué está pasando?


Tras un segundo de silencio, todos estallaron en carcajadas. Los únicos que no nos reíamos éramos los dos que estábamos en el centro. El ruido me mareó.


-Ni siquiera saben dónde están –dijo alguien mientras se limpiaba una lágrima.


El tipo más acicalado se levantó de detrás de la barra, se abrió paso entre el gentío y se acercó a mí. Parecía el dueño. Dejando su cara a la altura de la mía me dijo:


-Hace unas horas vosotros también reíais, ¿qué ha pasado? –sonrió sin mostrar los dientes.


Mi homólogo se levantó y me tiró de mi asiento de un puñetazo en la mejilla.


-Todo esto es culpa tuya –me escupió.


-¿De qué cojones estás hablando?


-Hagamos memoria fuera.


Me arrastró hasta la calle, la lluvia me ayudó a despejarme un poco. El dueño del cuchitril y los que nos rodeaban también salieron, parecía que estaban esperando ese momento toda la noche.


Levanté la cabeza y reconocí dónde estábamos. Severen. Bajo Severen. Claro que había denner, y claro que a nadie le importaba lo más mínimo.


La escena era terrible, ahora veía más claro y la imagen me daba incluso miedo. La gente de dentro, ahora el público, sonreían fríamente, mostrando los dientes blancos por haber consumido. En sus ojos hundidos sólo se veía la locura. En medio de todos ellos estaba el dueño, al que le faltaban varios dientes, era delgado y tenía la cara chupada. Toda esta gran familia, con la casa fea y destrozada detrás de ellos, formaba un marco de lo más tétrico.


-¿Y bien? ¿Me cuentas qué pasa? –le pregunté al chico.


-Te lo explicaré después de darte una paliza.


El chaval no quería hablar, estaba realmente enfadado.


Con este peculiar escenario, lluvia incluida, comenzó el combate. Se lanzó hacia mí de una sola zancada, era bastante alto, inmovilizó mi brazo derecho, me cogió de la camisa y me tiró al suelo muy fácilmente. Todo esto en menos de 3 segundos. El golpe y el agua me ayudaron a espabilarme del todo. Rodé hacia atrás y me levanté todo lo rápido que pude, ahora sí estaba preparado.


Dio otra zancada grande hacia mí, pero le recibí con un pisotón en el pie que quedó más cerca, esto le pilló desprevenido y le hizo tambalearse un poco, lo que me sirvió para inclinarme hacia delante y darle un codazo en el mentón. Se restregó con la parte externa de la muñeca donde había recibido el golpe y volvió a acercarse, esta vez con las manos más altas.


-Vamos –le dije sonriendo.


Ni se inmutó. Por la postura imaginé un golpe alto o una patada fuerte, pero no el puntapié en la espinilla que casi me hace hincar una rodilla en el barro que empezaba a coger un tono carmesí. Esta vez sí fue a golpearme en la cara, pero estaba preparado. Atrapé su mano usando las dos mías, le trabé los pies con las piernas y nos fuimos los dos al suelo.


Él era más fuerte que yo, así que tomó la ventaja rápidamente. Tras forcejear un rato, parecía que iba a acabar conmigo de un golpe, pero de repente el dueño se interpuso entre nosotros y nos separó.


-¡Un momento! Hagamos esto más interesante.


Nos dio un puñal a cada uno.


-Podéis continuar.


Ahora todos sonreían aún más.


-Te vas a enterar –susurró.


Yo no tenía ni idea de dagas, lo mío eran las espadas. Me desarmó en un santiamén, me tiró al suelo y, con un movimiento excesivamente brusco, me sacó el hombro.


Chillé muy fuerte.


-¡Coooooñooo!


Recuerdo un golpe en la sien y quedar inconsciente.


Desperté en una casa, toda de madera. Estaba tumbado en el suelo, sobre una manta. El chaval que me había dado una paliza estaba de espaldas.


-Me llamo Exez. No te muevas mucho.


-Estoy bien. Soy Sarko, ¿me explicas qué ha pasado?


- Estaba relajándome. Llegaste borracho diciendo que te habían mandado de la Universidad para hacer una “revisión alquímica”. Me liaste para tomar denner contigo. Nos pasamos y había que pagar, pero no teníamos nada. No hay que meterse con esa gente, ¿sabes?


-Vaya, lo siento. Y gracias por ayudarme. ¿Te debo algo?


-Lo hago sin ánimo de lucro.


Se acercó y me puso un pañuelo en la boca. Cuando desperté ya estaba solo.




Anaf (Althooren):

Como suponía, su primer encuentro con los humanos había terminado en pelea. Esa necesidad compulsiva autoafirmarse como macho alfa del grupo era uno de los tantos mecanismos mentales  que esclavizaba esa raza. Una vez decidido el más fuerte, todos debían aceptar su lugar en la manada y mantener el Statu Quo. Del más poderoso al más débil, y el que no lo respetaba sufría las consecuencias.

Ya había aprendido que las imperfecciones compelían al hombre a experimentar, y la experiencia les permitía crecer. Algo que un ser milenario como él con su rigidez mental envidiaba ya que la misma significaba estancamiento. Su raza lo sabía, se habían vuelto seres desapasionados, demasiado dignos como para ser víctimas de los impulsos, excepto Felurian claro está.

Sus cavilaciones eran musicalizadas por los sonidos de un  denso y antiguo bosque. Era una gélida noche donde el viento mecía las ramas de frondosos fresnos, y los cacofónicos duelos entre búhos y grillos generaban una atmósfera que invitaba a la mente a divagar a su antojo.

Echó un leño al fuego, lo suficientemente grande como para que aguantara toda la noche, y se acostó al resguardo de la tupida vegetación.

Lo escuchó  apenas comenzó a hurgar entre sus cosas. De manera muy hábil, pero  no lo suficiente para el fino sentido fata. En realidad ya lo había descubierto cuando espiaba desde los arbustos, seguramente esperando que se arropara en su capa y alcanzara una respiración regular para poder aproximarse.

¿Se te perdió algo amigo?
El sorprendido joven se arrojó como un rayo hacia Althooren intentando golpearlo con un palo, pero los reflejos del fata fueron mejores. Utilizando su mayor fuerza inmovilizó sin esfuerzo al intruso, y acercando la boca a su oído le susurró con una espeluznante tranquilidad.

La curiosidad por tus actos, y una irrompible promesa son lo que impiden que te mate en este mismo instante.
Los ojos del joven chispearon encendidos por una rabia que no era nueva para ellos.

No necesito tu piedad hijo de perra.
Althooren empezó a sentir un súbito calor que surgía del interior de su cuerpo, cada vez más acuciante, al punto de sudar profusamente bajo el rocío de una fría noche invernal.
Notó la lucha interna del muchacho en el tenso rictus de su rostro intentando mantener una concentración que se le escapaba en todo momento.
SLAP! – El cachetazo tomó por sorpresa al joven quien cayó sobre su costado, tomándose el rostro con su mano derecha. Le dirigió al fata una mirada mezcla de estupefacción y odio.

Por más promesas hechas, mi paciencia tiene límites. La próxima vez te quiebro el cuello y te dejo como carroña para las alimañas. Acomódate junto al fuego, tengo comida y vino.

No necesito nada de ti
El muchacho se acomodó frente a la hoguera con la mirada fija y sin decir palabra alguna, entre avergonzado y demasiado orgulloso como para agradecer el desenlace de la situación.
Althooren le alcanzó los restos de una pata de liebre y un vaso con vino especiado, ideal para las noches al raso.

Creí decirte que no quiero nada, y no esperes que agradezca que perdonaras mi vida.

Seguro ahora me dirás que no vale nada y bla bla bla me soltarás el discurso del niño no querido y maltratado por la vida. Lo he visto en cientos de rostros.

¿Qué mierda sabes de mí?, no parece que la vida te trate mal. Ropajes de buena confección y valiosas armas no parecen las pertenencias de un pobre diablo.

Así que las posesiones son muestras de éxito, dinero y poder equivalen a felicidad. Tú tampoco pareces pobre. Tu ropa estará sucia y descuidada pero es de calidad, y no la robaste porque está hecha a medida. Además me atacaste usando Simpatía, efectiva si la sabes manejar. Y eso es algo que se enseña en la Universidad.

Aiden, mi nombre es Aiden. Y sí, mi familia es rica y poderosa, pero no feliz      precisamente.

Y obviamente tú tampoco, de otra forma estarías en tu mansión durmiendo sobre un mullido colchón de plumas.

Unos bandidos me robaron todo y ya no aguantaba el hambre. No soy un ladrón.

Y si a ti te robaron, pues entonces lo justo es que robes a otro ¿no?, es la ley de la vida. Siempre ha sido así ¿o me equivoco?, constantemente peleando por lo tuyo.

Nunca hubo un “lo mío”, en casa éramos muchos niños para el mismo trompo. A mis hermanos mayores les tocaba enorgullecer a la familia mientras que yo era un estorbo, un niño problema al que era mejor esconder. Por eso me internaron en la universidad.  No valemos nada para nadie sino para nosotros mismos.

Tienes demasiados años por delante como para desperdiciar la vida condicionado por lo que no lograste ser para otros.
Se acercó al muchacho y puso la mano derecha sobre su cabeza, concentrándose y utilizando su magnetismo fata para hacerlo caer en profundo un sopor. “Un espacio entre mundos” como le escuchó decir una vez a Felurian. Proyectó en la mente de Aiden las imágenes de la guerra. Hombres abiertos en canal desde la garganta al ombligo intentando devolver sus tripas al interior del estómago. Mancos que buscaban entre los cuerpos de sus amigos la mano recién cercenada para volver a ponérsela. Mujeres siendo violadas mientras la sangre abandonaba su cuerpo por heridas de puñal. Pero lo peor era la matanza de niños, seres carentes de maldad que morían sin comprender por qué merecían ese indigno final. Esas miradas de inocente perplejidad te helaban el alma. La guerra, inspiradora de las más grandes obras era en realidad la sinfonía más macabra.

Cuando Althooren hizo volver en sí al joven, este lloraba de forma desconsolada, como purgándose de una carga insoportable. Aiden se levantó, secó sus lágrimas con la manga y luego de emitir un casi inaudible “gracias”, se perdió entre los árboles con rumbo desconocido.
Edeus (Aiden Maxwell):

Miedo



«¿Tienes miedo?».

El hombre –¿hombre? No parecía un hombre– soltó un suspiro paciente y contenido, y alzó la vista hacia el pequeño que lo observaba. La roca en la que se mantenía sujeto tembló bajo sus manos, y una gota de sudor corrió por su rostro para caer precipicio abajo.

«¿Por qué debería tenerlo?», murmuró finalmente.

Un joven Aiden soltó una carcajada, ligera, infantil y vacía.
«Porque estás a punto de morirte, tonto». El hombre, ese al que años más tarde conocería como el Antiguo, negó con la cabeza solemnemente.

«Te equivocas. No es a la muerte a lo que temo». Una sonrisa perezosa se asomó por la comisura de los labios del pequeño ante la respuesta.

«Mientes», concluyó, de forma contundente. El hombre lo observó interrogante, y el pequeño le devolvió la mirada desde lo alto, clavando sobre él unos ojos vacíos que, de nuevo, volvían a no mostrar más que una absoluta apatía ante la escena que tenía ante él. «Si de verdad no tienes miedo de morir, —ladeó la cabeza— ¿entonces por qué no te sueltas?».


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Aiden corrió a trompicones por los tejados de Imre, sorteando las chimeneas y desperfectos a la par que trataba de mantener un equilibrio imposible para el que ciertamente no estaba preparado. La lluvia engullía las casas y edificios a su alrededor, edificios que en una situación ideal podrían haberle ofrecido una fuente de luz con la que guiarse en esa noche. Para más inri, las tejas de arcilla se habían convertido en una superficie sucia y resbaladiza que no hacía más que dificultar su huida. 

Y de pronto, soltó una corta carcajada al aire. 
La escena le resultaba tan ridículamente cliché que no se habría esperado otra cosa de ese hombre. Trató de pensar en alguna manera de perder de vista a su perseguidor, y recordó cómo el poco armamento que solía llevar había quedado tirado en el rincón de su habitación en la posada, sucio y ensangrentado, junto con las monedas robadas que su improvisada marcha le había obligado a abandonar.

Sin embargo, la euforia del momento llegó rápida a su fin. En apenas unas milésimas de segundo, sus pies, antes firmes sobre la endeble superficie, la abandonaron, y sintió como si toda la sangre fuese drenada de su cuerpo. Por un momento, durante su caída, lo único que fue capaz de oír fue el sonido de su propia sangre bombeando en sus oídos, acelerada, estridente.

El dolor no tardó en llegar, y entendió rápidamente que no había resbalado. Una flecha lo había desequilibrado, y ahora se hallaba atorada en algún lugar de su pierna izquierda.

El Antiguo no se hizo de esperar, apareciendo ante él como una aparición, como la sombra de la muerte que llegaba para llevárselo a lo más oscuro del mundo. Deteniéndose frente a él, observándolo desde lo alto del tejado y clavando en él sus ojos fríos y vacíos, finalmente, habló.

—Aiden Maxwell, miserable ladrón y, me atrevería decir, asesino. —El hombre que era más que un hombre desenvainó su espada—. Sé lo que has estado haciendo, joven sin valor. Las desdichas que tus acciones deliberadas han causado en gente inocente no te hacen merecedor de otro destino más que el del descanso eterno.

El chico sonrió.
—¿De verdad crees que voy a dejarme atrapar por alguien como tú?

El Antiguo hizo caso omiso a las palabras desesperadas del joven, acercando su espada al cuello del chico.
—¿Te importa morir, Maxwell? ¿Crees que estás preparado para ello? —Se acercó a él. En ese momento fue consciente de que siquiera en una posición tan cercana era capaz de verle el rostro. Ante sus ojos, nada más que una gran sombra negra y amenazante—. ¿Sientes ahora lo que es el verdadero miedo?

«¿Es esto lo que se siente al estar a punto de morir?». Las tejas temblaron bajo sus manos, y sintió cómo su corazón se detuvo por unos instantes. El sudor frío se mezcló con las gotas de lluvia, nublando su vista e impidiéndole la visión. «¿De verdad tengo miedo?».

—¿Es que no lo sabes ya? —Aiden sonrió, maníaco. —Yo no soy como tú. —Y con una voz suave, casi en un suspiro, añadió—. Yo no le temo a la muerte.

Y entonces, se soltó.
Y la oscuridad lo engulló por completo.




Netalia (Ilora):

Deoch me sonrió cuando pagué la iota que costaba la entrada.

‒¿Hoy no traes compañía?

Negué con la cabeza mientras esbozaba una sonrisa tímida. Solía visitar a menudo el Eolio pero pocas veces iba sola.  Nunca había comentado con nadie mi intención de ganar el caramillo por miedo a parecer pretenciosa, así que cuando reunía un poco de valor no quería ir acompañada. Una pena que nunca fuese suficiente. Ni siquiera había llegado a pisar el escenario.
Me retiré a una de las mesas más apartadas, discreta, con un vaso de sidra entre las manos. Desde allí me dediqué a observar cómo el local se iba llenando poco a poco, intentando ignorar los nervios, sin resultado. Miraba sin ver, con la atención puesta en el latido de mi corazón y en el sudor de mis manos. Hasta que la música comenzó.

La primera fue una violinista consagrada. Alta como una torre y con una postura desafiante, interpretó una canción que nunca había escuchado antes con una maestría desalentadora. Tras ella, un joven candidato de nariz aguileña interpretó una conmovedora versión a capella de “El último día de Taetn”. A pesar del poderío de su voz, no consiguió el caramillo. Las actuaciones se fueron sucediendo y, con cada una, mi determinación flaqueaba un poco más. Sostenía mi tercer vaso de sidra. Observé su fondo, creyendo ver mi renuncia escrita en él. Una vez más.  

‒¿No te vas a presentar como candidata para obtener el caramillo?

Alcé la vista, la voz no me resultaba conocida. Una joven de cabellos dorados y expresión risueña estaba plantada frente a mí, mirándome con curiosidad. No recordaba haberla visto nunca antes y no parecía ser alguien fácil de olvidar.

‒Perdona, ¿nos conocemos?

‒Llevas toda la noche aferrada a tu lira –continuó, ignorando mi pregunta‒. ¿No te atreves?

‒No –resoplé, molesta, desviando la mirada hacia el suelo.

‒Es una pena, creo que tendrías posibilidades –comentó, como de pasada.

¿Era ese destello en sus ojos amabilidad o diversión? ¿Estaba jugando conmigo? ¿Cómo iba a creer aquello si nunca me había escuchado? Ella pareció leer mis pensamientos:

‒Confieso que te he espiado cuando practicabas en aquel callejón, antes de entrar. Tengo buen oído. Sentía curiosidad por saber de dónde venía aquella voz tan dulce.  

Me ruboricé. Así que era eso. Volví a dirigir la mirada al suelo, sin saber qué decir, mientras ella tomaba asiento a mi lado. Tal vez en otras circunstancias le hubiese pedido que se marchase, pero había algo cautivador en su personalidad.
 
‒Disculpa mis modales. Me llaman Cantarella –dijo, mientras me ofrecía su mano para estrechármela‒ y este de aquí es mi bebé –añadió, señalando a su laúd‒. También hemos venido a por el caramillo.

‒Lorie, encantada –respondí, ligeramente más animada.

Y así entablamos una cordial y agradable conversación sobre música, sin que ella cejase en su empeño de convencerme.

‒¿Y qué canción piensas tocar? ‒le pregunté, curiosa.

‒Tintatatornin.

‒¿¡Tintatatornin!? –exclamé, intentando no escupir mi bebida.

‒Uy, por lo que veo tu escepticismo no sólo te afecta a ti –comentó, con una sonrisa pícara‒. ¿Has visto, pequeño? –le preguntó a su instrumento‒. Lorie no tiene fe en nosotros.

‒No es eso, no es eso –respondí, poniéndome nerviosa, no quería ser descortés‒. Es sólo que es una canción endiabladamente difícil. Muy pocos son capaces de tocarla y, además, me preocupa que con solo cinco cuerdas no puedas captar todos los matices.

‒¿Si consigo el caramillo me prometes intentarlo tú también esta noche?

La pregunta me pilló por sorpresa y sentí cómo una mueca de terror se dibujaba en mi cara.

‒Bueno, vale, no me mires así –dijo con una carcajada-. La próxima noche.

La observé con los ojos entrecerrados, evaluando su propuesta.

‒¿Y si no lo consigues, qué gano yo? –contraataqué.

Se quedó pensativa un momento.

-¡Clases! –exclamó, como si la idea le hiciese mucha gracia-. ¡Clases para tocar el laúd! Confieso que creo que la lira no es el acompañamiento más digno para tu voz.

Refunfuñé, aquella lira era más que un instrumento para mí. Sin embargo, acabé aceptando.

‒Genial –respondió, observándome con una sonrisa lobuna.

Y, en lo que me pareció menos de un suspiro, ya estaba en el escenario, afinando su laúd.
El timbre de su instrumento fue la primera sorpresa. Me recordaba al vino de fresas, dulce pero robusto. Contuve el aliento mientras mi nueva amiga se disponía a empezar.

Los primeros acordes inundaron la sala, suaves y seguros. Sus dedos se movían con una delicadeza conmovedora a pesar de la rapidez. La melodía comenzó a fluir, transportándonos a todos a una historia de amor. Aunque la canción no tenía letra, podía sentir en mi pecho cómo mi corazón respondía a ella. Las notas se sucedían una tras otra a una velocidad vertiginosa pero precisas, cada una en su lugar, sin una mínima disonancia. Sentí un escalofrío, el vello erizado. Aquella perfección era abrumadora. Y, en el centro de todas las miradas, Cantarella, sin aparentar esfuerzo, con los ojos brillando de cariño y ternura, como si estuviera acariciando a un amante. Alguna clase de magia flotaba en el ambiente, emanando de ella. Cuando los últimos acordes se desvanecieron en el aire, no pude evitar suspirar.

El aplauso fue atronador. Ella me buscó con la mirada, triunfante. Ninguna de las dos teníamos dudas sobre su victoria.
Cuando recibió el caramillo, la ovación casi hizo temblar al edificio.
Gwynbelidd (Eria Flaminika):

Llovía. Las gotas caían sobre los tejados de las casas, caían también por las calles plagadas de barro; volaban y rodaban, tropezaban y cantaban llenando la noche con su sonido constante. Pero no había nadie disfrutando del concierto, nadie tarareando sus notas. Todos, estaban en sus camas; durmiendo, soñando, anhelando otros mundos distintos al suyos, todos menos Eria. Ella contemplaba el bombardeo de las pequeñas bolitas de agua a través de una ventana empañada, su cara parecía el retrato de un fósil petrificado, lo único que se movía era su mano para asir el vaso con la bebida.

En el fondo de la posada se escuchaba el sonido de unas cuerdas siendo acariciadas, las armonías formaban una amalgama junto a dos voces suaves y profundas.[/justify]

Ella yacía a la sombra de la ola,
Con una sonrisa brillante y caprichosa.
Sus ojos color esmeralda brillaban en la farola,
Chocando con un mar de coronado en gloria.


La noche seguía avanzando, el fuego de la chimenea crepitaba menos que antes, y también eran menos las bebidas que se servían. El concierto de la naturaleza parecía se apagaba poco a poco, pero solo era una ilusión. Las gotitas de lluvia cedieron su puesto a las ranas y grillos, al maullido de un gato y al ulular lejano del búho. Entre los sonidos que poblaban esa noche húmeda unos pasos constantes desentonaban con la armonía, las botas ligeras que tocaban el barro oscuro rompían con el equilibrio, la armonía, la magia. Para mala suerte de Eria Flaminika, también conocida como Cantarella, el sonido no parecía alejase sino al contrario, aumentaba en intensidad y fuerza a pesar de solo ser una rozar.

Una joven cubierta con una capa verde oscuro atravesó la puerta, los que todavía estaban escuchando al dueto tocar apenas se percataron de la presencia de la chica. Esta nada más entrar miró de un lado a otro a otro como buscando a algo, caminó con soltura y gracia pese a estar prácticamente empapada. Eria se sumió de nuevo en la contemplación de la pequeña gotas que quedaban, intentó rellenar de nuevo su vaso pero descubrió que la botella estaba vacía, sin nada más que hacer acarició la pluma de guacamayo que se encontraba en sombrero mientras se perdía en ensoñaciones.

–¿Es usted la Señora Flaminika? –dijo la joven interrumpiendo el divagar de la bardo– Disculpe que la interrumpa pero…

–Alto –la detuvo la nombrada–. No soporto que me digan “Señora Flaminika”, preferiría que me llamaras Cantarella –explicó apartando la vista de la ventana para encontrarse con la joven morena.

–Está bien… Señora Cantarella. Como dije, disculpe que la interrumpa. He viajado desde muy lejos siguiendo sus pasos. Y sé que suena muy apresurado viniendo de una persona que no conoce en absoluto, pero quisiera ser su aprendiz.

–Y, ¿Quién te dijo que quiero un aprendiz? –inquirió.

–En la Universidad…

–Ah, ya comprendo. Lo siento querida… ¿Cómo dijiste que te llamas?

–Soy Ilora.

–Lo siento querida Ilora pero estuve en la Universidad hace mucho tiempo, y no fue precisamente para aprender lo que enseñaban en la mayoría de las clases. Así que seguramente no hay nada que puedas aprender de mí.

–No estoy aquí para que me enseñen las cosas que enseñan en la Universidad –replicó–, estoy aquí por la música.

–Mmm –el rostro de la bardo que se había mostrado amable se endureció–. No estoy interesada en enseñar sobre eso.

–Por favor –le pidió–, reconsidérelo. Viajé desde muy lejos solo por esta oportunidad. Cuando estaba en la Universidad los suyos eran los rumores más grandes, decían que su música podía alegrar el corazón de cualquiera, y hasta el más fuerte de los hombres se doblegaba ante su voz. Por eso estoy aquí.
Cantarella estuvo en silencio analizado lo que había dicho la joven, en sus ojos se veía la convicción de un corazón decidido, y en su cara se veían las marcas del camino, tenía la capa empapada y seguro se estaba congelando, pero no había titubeado un momento. “Pero yo tampoco puedo torcer el brazo tan fácil, ¿quién sería si cediera ante cualquier señorita?” pensó.

–Te enseñaré todo lo que sé –levantó su mano y saco un dedo–, pero debes tocar una canción, y debe ser tuya. Si es mejor que la mia tocaré serás mi aprendiz.

Y así pasó; la joven Ilora tocó una canción propia, se notaba que era de ella porque tenía pedazos sin pulir y las notas no encajaban del todo, pese a eso corregía durante la marcha y su melodiosa voz acompañada del arpa hizo que al final no quedase tan mal.

Luego fue el turno de Cantarella. Sacó su laúd de cinco cuerdas, lo afinó con calma y sin apuro, luego tocó un acorde oscuro como un pozo profundo que se perdió en el bosque.
Al ver el fuego quemando su cielo casi lloró
El solitario monte casi lloró, al ver a su gente lomo al sol.


Sus manos se movían bailoteando por los trastes y su voz iba detrás en una carrera lenta. El fuego de la chimenea estaba por apagarse.
Y la tierra reseca está soñando con cambiar
Y los cabritos que te quedan están buscando su corral.
Y el viejo pescador corre a su encuentro,
Pero antes de que pueda llegar se queda sin aliento.


Las manos de Eria dejaron de danzar por las cinco cuerdas y su voz se fue perdiendo hasta quedar extinta como el fuego de la chimenea. No hubo aplausos ni ovaciones, solo un asentimiento de cabeza de los dos músicos que habían estado antes tocando.

–Creo que perdí –dijo Ilora con mirada triste–, todo mi esfuerzo fue para nada.

–Ciertamente perdiste. Perdiste al entrar por esa puerta. Es cierto que llegaste hasta aquí con tu propia fuerza, pero si esperas triunfar en este mundo tienes que ser una persona extraordinaria. Y aún más que eso.

–Tienes razón.

–No pongas esa cara, no todo está perdido. Te enseñaré una o dos cosas, de bardo a música.
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Re: Duelos Literarios V - Comentarios

Mensaje por Szao el Sáb Jul 14, 2018 6:51 pm

*Nueve horas más tarde, Szao despertó al lado de una farola con un fuerte dolor de cabeza. Maldijo en voz alta su dipsomanía y al serbio que la noche anterior la había invitado a siete rondas para celebrar algo sobre una repesca. Aun estaba palpándose la cabeza cuando un fuerte olor a madera quemada la hizo espabilarse súbitamente. Se giró, buscando a su alrededor el foco, y lo vio. Había un enorme espacio vacío donde antes había estado la taberna en la que se celebró la fiesta*

-¡Estúpido Glimm! No ha salvado ni una puta botella.

*Se incorporó ayudándose del poste de la farola y se dirigió al tablón de anuncios del pueblo*




*Después de colocar el cartel, se dirige a la plaza, donde ya el otro juez tenía todo dispuesto para el concurso*


Anónimo 1:
Espero no incomodar mucho a sus señorías, de todas formas tengo una botella del mejor aniz del trópico y un video de Tom Hardy haciendo Streptease, para compensar.

Anónimo 2:
Aquí van unos regalos Very Happy Por ser la mejor jueza del mundo mundial Wink Wink Wink


Anónimo 3:
Luego t envío una foto mía en calzones para ir comprando tu dulce corazón ???? No se que podría enviarle a Glimm

Anónimo 4:
"Para los jueces más guapos y listos del universo hasta el infinito y más allá."

(Se trata de la dedicatoria de un libro libro super chuli en el que aparecen todos vuestros relatos. Tiene la encuadernación en piel)
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Re: Duelos Literarios V - Comentarios

Mensaje por Edeus el Sáb Jul 14, 2018 10:52 pm

Si uno de ellos es nosotros mismo vale que concursemos? xDD Creo que se dos de ellos. Me falta uno.


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Re: Duelos Literarios V - Comentarios

Mensaje por Sciacere el Sáb Jul 14, 2018 10:56 pm

El segundo podría ser de Títere ?
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Re: Duelos Literarios V - Comentarios

Mensaje por Szao el Dom Jul 15, 2018 1:39 am

@Edeus escribió:Si uno de ellos es nosotros mismo vale que concursemos? xDD Creo que se dos de ellos. Me falta uno.
Claro que se puede. A ver cuántos consigues acertar. Risa 3
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Re: Duelos Literarios V - Comentarios

Mensaje por Rhasent el Dom Jul 15, 2018 10:49 am

1:
Solo Expo usaría "señorías" Feliz 1

2:
Eso podría ser de Tit.

3:
Toda la pinta de ser de Scia!
4:
Eso es de Edeus!
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Re: Duelos Literarios V - Comentarios

Mensaje por Edeus el Dom Jul 15, 2018 10:59 am

@Rhasent escribió:
1:
Solo Expo usaría "señorías" Feliz 1

2:
Eso podría ser de Tit.

3:
Toda la pinta de ser de Scia!
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Re: Duelos Literarios V - Comentarios

Mensaje por Szao el Dom Jul 15, 2018 11:10 am

@Edeus escribió:
@Rhasent escribió:
1:
Solo Expo usaría "señorías" Feliz 1

2:
Eso podría ser de Tit.

3:
Toda la pinta de ser de Scia!
4:
Eso es de Edeus!
Idem Smile
Os habéis quedado a uno de conseguir el tanga rosa y la chapela.

Con 3 aciertos solo os podéis llevar una botella de anís vacía cada uno.
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Re: Duelos Literarios V - Comentarios

Mensaje por Edeus el Dom Jul 15, 2018 11:12 am

Pueees o ha fallado el 1 o el 3. Voy a cambiar a Expo por Durzo.


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Re: Duelos Literarios V - Comentarios

Mensaje por Szao el Dom Jul 15, 2018 11:15 am

@Edeus escribió:Pueees o ha fallado el 1 o el 3. Voy a cambiar a Expo por Durzo.
Sigue teniendo la botella, señorita. xD




Edit:
En realidad, no acertáis porque hay una pequeña trampa... Risa 3
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