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Entre árboles y musgo [Grupal] [Azar]

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Entre árboles y musgo [Grupal] [Azar]

Mensaje por Exez el Jue Ago 16, 2018 5:24 am

Eso no era lo que contaban las leyendas, vaya mierda. Esperaba algo más que incinerados campamentos ahí dentro. Las historias que de crío escuchaba sobre ese lugar eran opacadas por la cruda realidad. Campamentos de bandidos saqueados por otros bandidos. Aquel era el quinto que encontraba desde que me separé del camino, pero mi plan era seguir en línea recta.

Los anteriores habían sido calcinados, destripados, con sus tiendas arrasadas y sus pocos bienes robados. Este era distinto. El hollín cubría el paisaje, junto a montones de ceniza y de grandes ramas color azabache, esparcidas por el extenso hueco del bosque. Quizá «claro» no sería la palabra más adecuada para describirlo.

Lo crucé por el centro, jugando a mover con los pies la marabunta inerte del suelo. Pateé lo que parecía ser una cacerola cubierta de fango y hiedra chamuscada, y se escapó dando erráticos tumbos. La miré con el ceño fruncido unos segundos hasta que se detuvo. Luego levanté la vista; hallando un ennegrecido y solitario tocón que me observaba, contemplativo, a escasos metros. Me acerqué sin dejar de tensar las cejas y me posé sobre su lomo, rebuscando dentro de mi bolsa, sacando la cajetilla donde escondía mis pitillos y pegando un largo trago de agua caliente.

Atajar por el Eld, qué genial idea, farfullé mentalmente. Escupí el papel sobrante mientras le prendía fuego a la punta, y atrapándolo con los labios volví a encenderlo. Inhalé, y exhalé. Divisando el ébano estropicio a mi alrededor. Decorándolo con mi humo.
No quería acampar ahí. Prefería dormir en las tripas de un gorrión disecado antes que pasar la noche en aquel lugar. Me daba mala espina. Mala espina de verdad.

Joder, debí haberle hecho caso a esa vieja de los cojones. Sus tetas estaban caídas y su cerveza sabía a meado de burra, pero decía la verdad. Tendría que haber bordeado por el sur, por los pequeños reinos. Pero no. Cuatro bocadillos de lo que sea, dos botellas de agua y el licor más barato que tengas, para emborracharme, fueron mis palabras.

Estaba furioso. Estampé el cigarrillo contra mi asiento, crepitó y la llama se consumió. Me levanté, y maldiciendo el carbonizado cuerpo de Dios, pisoteé el tocón con todas mis fuerzas. Pero mi pié se hundió en él, y pegué un bote hacia atrás, con la mirada postrada sobre aquello; observando algo que se me quedaría grabado.
Supongo que palidecí de golpe porque me chispeaban la cara y las manos. Una gélida corriente sacudió mi columna y los grumos de pan de mi estómago treparon por mi garganta, mezclándose con el inmenso hedor, cada vez más intenso, que desprendía ese ser.
Se despedazaba lentamente por la presión. Caía dentro de sí mismo, como amasijos de carne putrefactos, sonando al impactar en su interior. Parecía barro. Dentro suyo dejaba entrever una oscura y gruesa telaraña en el centro. No. No era una telaraña. Era él. Aferrándose a lo que alguna vez fue. Y vomité.

No recuerdo cuánto rato estuve así, tan solo que se me hizo eterno.
Me alejé de ese lugar lo más rápido que pude, dando tumbos, desorientado; como un animal herido. Sucumbiendo ante esa creciente pestilencia que jamás logré olvidar. Huyendo hacia el bosque. Hacia cualquier lugar. Apoyándome sobre mis rodillas para vomitar nuevamente. Levantándome otra vez, alejándome.
Al menos yo todavía podía hacerlo.


Última edición por Exez el Miér Nov 07, 2018 4:33 am, editado 2 veces
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Re: Entre árboles y musgo [Grupal] [Azar]

Mensaje por Durzo el Jue Ago 16, 2018 8:46 pm

—¡Maestro Elodin! ¡Maestro! —voceé mientras iba corriendo hacia él por el Puente de Piedra— Menos mal que le encuentro —dije, jadeando, cuando por fin dejé de correr.
 
Paró y se quedó mirándome con las manos en la espalda. Aunque su posición denotaba altivez, casi me echo a reír cuando levantó la barbilla de forma exagerada para mirarme llevando los ojos hacia abajo, cosa difícil, ya que los míos le quedaban algo por encima de su cabeza. Llevaba buscándole semanas, la última vez que lo vi iba borracho, él o yo, o ambos. A mí me parecía un loco con mucha suerte, pero me habían contado tantas historias sobre él que lo mínimo que sentía era curiosidad, pura curiosidad. No puedo afirmar que lo conociera, jamás había dado una clase con él, pero era porque nunca venía. En todo el tiempo que llevaba en la Universidad, apenas había compartido una docena de palabras con el maestro Elodin, y, obviamente, no eran muy satisfactorias. ¿No elegía las frases correctas? ¿No iba al grano? ¿Hacía demasiadas preguntas? Ahora sólo tenía un objetivo, necesitaba algo que me inspirara, que me motivase, ¿quién mejor que el maestro loco con suerte para eso?, me preguntaba. Iba a decirme algo, pero levanté la mano para que me dejase hablar a mí. 
 
—No le voy a robar mucho tiempo, no se preocupe —a veces le trataba de usted, a veces no—. Sólo quiero que me de un consejo, en general, nada en concreto. Algo. Lo que sea.
 
La espera se hizo eterna, mis expectativas eran que me mandara a la mierda, que no me respondiera o que se descojonara en mi cara, pero no lo hizo. Estuvo un buen rato pensando, manteniendo la misma pose todo el rato, pero con los ojos entrecerrados. Yo tampoco me moví, y así estuvimos unos veinte minutos. La gente pasaba y se reía al vernos allí; un par de personas me saludaron, yo sólo les respondía con una mirada o un levísimo gesto con la cabeza. 

De repente Elodin sonrió, y, clavándome el dedo índice en el pecho, me dijo:
 
—Ve a perseguir el viento.
 
Esas cinco palabras me inundaron, me golpearon el pecho como si alguien me hubiera soplado fuego directamente a los pulmones. Mientras se iba, como si no hubiera pasado nada, notaba como mi cara y mi mente se iluminaban como si tuviera el sol en mis narices. 

Salí de Imre ese mismo día, con todo lo que me hacía falta para un viaje. Quería ir lo más lejos posible, así que me uní al primer carromato que vi pasar. La madre era la más mayor, fuerte y fibrosa, una mujer dura y curtida; el padre, robusto y barbudo; un hijo clavado a él y una hija de mi edad, muy habladora; conmigo éramos cinco integrantes. Por muy simpáticos que parecieran, tampoco me lo dejaron muy barato. Cabrones sacacuartos. Y yo no dejaba de sonreír.

Cuando habíamos pasado Atur, seis bandidos nos tendieron una emboscada. Las flechas alcanzaron al padre y ambos hijos. Me sorprendió lo bien que peleaban todos, la familia se defendió muy bien, quitándonos de encima a cuatro de los asaltantes, pero los heridos fueron muriendo poco a poco. Ahora quedaban dos, era un grupo pequeño para hacer una emboscada, estarían desesperados. Sólo quedábamos vivos la madre y yo. Ella tenía un cuchillo carnicero, yo mi espada.

—¡Alto! —grité con más convicción de la que esperaba, el cansancio se apoderaba de mí, no estaba en condiciones de seguir luchando— Vengo de la Universidad, podéis iros ahora, o quedaros, pero os romperé todos los huesos y después bailaré sobre vuestros cuerpos inertes pero conscientes. 

Se me quedaron mirando, paralizados.

tirada de dados:
Rasgo principal: habilidad (nivel 4). Rasgo secundario: labia (nivel 5) Suerte: +4

Acción compleja: 12

Acción superada.

Los bandidos soltaron las mazas que empuñaban y echaron a correr despavoridos. No pude evitar que una medialuna asomara en mi rostro. Me giré para ayudar a la madre, pero lo único que llegué a ver fue como se cortaba su propio cuello delante de sus familiares muertos. La locura debió consumirla. Aprovechando que no se quejarían, recuperé mi dinero y algo más

Seguí la dirección que llevábamos y me adentré en el Eld, quedaba muy de cerca de ahí, no tenía miedo, estaba confiado y perseguía el viento.

Aunque supongo que, al fin y al cabo, Elodin sí me mandó a la mierda.


Última edición por Durzo el Jue Ago 16, 2018 8:55 pm, editado 1 vez
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Re: Entre árboles y musgo [Grupal] [Azar]

Mensaje por Maestro de los Carromatos el Jue Ago 16, 2018 8:46 pm

El miembro 'Durzo' ha efectuado la acción siguiente: Tirar los dados


#1 'Acción compleja' :


--------------------------------

#2 'Nivel 4 rasgo princi' :


--------------------------------

#3 'Nivel 5 rasgo secund' :


--------------------------------

#4 'Gastar 4 de suerte' :
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Re: Entre árboles y musgo [Grupal] [Azar]

Mensaje por Feren el Lun Ago 20, 2018 9:20 pm

Después del tercer fracaso en Vintas, me di cuenta de que aquella tierra no era amiga mía. Por tercera vez me veía obligado a escapar y por tercera vez me encontraba corriendo de rincón en rincón.

La soledad se me hacía extraña, casi alienígena. Unos meses atrás me había acompañado un joven que se convirtió en mi amigo, asistiéndome en un trabajo muy importante, aunque esa sea una historia muy diferente.

Como si del destino se tratase, me encontraba en las puertas del gran bosque llamado el Eld. No era mi primera vez en aquel reino forestal, pero la experiencia previa no contaba para nada en aquel rincón. No tenía un destino claro en mente, por lo que me adentré sin saber por dónde saldría.

Justo antes de adentrarme en la espesura que me rodearía durante días o semanas, suspiré con cansancio, maldiciéndome por mi falta de planificación. Sin más dilación, decidí dar un paso hacia delante e invadir aquel bosque conocido desde Ademre hasta la Mancomunidad.

Cuando llevaba unas horas de camino, el olor a putrefacción y quemado me sacó de mis pensamientos y me puso en guardia. La senda que seguía se iba haciendo cada vez más estrecha mientras que el olor se volvía más presente.

Me escondí detrás del árbol con el tronco más grueso que encontré al darme cuenta de lo que estaba observando desde las sombras: un campamento calcinado y saqueado, probablemente por bandidos, muy comunes en aquellas tierras. Dos hombres, probablemente desvalijadores, se dedicaban a registrar cadáveres en busca de dinero, joyas o cualquier propiedad con valor. No me sorprendía ver aquel panorama, pero registré la escena en busca de compañeros.

Tras pasar unos segundos, me di por vencido al no encontrar a nadie más y decidí acercarme.

— ¡Buen día, caballeros! — los saludé con toda la cortesía y buenos modales que pude reunir. Ellos no respondieron de la misma manera. Uno de ellos me registró con incredulidad y se quedó mirando a mi espada, aún encintada.
— ¿Quién eres? El botín es nuestro. — El segundo, a la vez que su colega me intentaba intimidar, sacó una navaja oxidada que no podría cortar ni el aire. Yo, con toda la buena intención del mundo, seguí con mi cortesía forzada.
— Decidme dónde podría encontrar el camino real y no os molestaré en vuestra ardua tarea.

Los dos saqueadores se miraron embobados y supe que mi intento de diplomacia había salido extremadamente mal cuando el de la navaja decidió arremeter con ella. Francamente no sé qué me esperaba de gente de esa calaña.

De cualquier manera, esquivé la navaja e inmovilicé al hombre agarrando su muñeca con la mano izquierda y estrujándole el cuello con el brazo derecho. Antes de que su amigo pudiera intentar nada, le rompí la muñeca y lo lancé a la hierba quemada con toda la fuerza que pude reunir.

El segundo asalto llegaría en breves cuando el restante sacara su garrote y corriera hacia mí, motivado por un creciente pánico. Entonces fue el momento en el que decidí blandir mi confiable espada para bloquear su intento de romperme el cráneo. Lo paré a medio camino entre su cabeza y la mía. Él no esperaba que fuera tan veloz, y supe al instante que en esa zona del Eld no había mercenarios rojos. Si los hubiera, aquellos bufones estarían muertos.
Sabiendo que no les sacaría nada coherente a ninguno de los dos, acabé rápido. Habiendo agarrado la espada únicamente con la derecha, aproveché mi extremidad libre para darle un puñetazo en la cara, rompiéndole la nariz y tirándolo al suelo. Envainé mi espada y me dirigí hacia mi malafortunado adversario, que lloraba y sangraba a partes iguales.  Me agaché y lo cogí de su viejo camisón, comenzando a arrearle una lluvia de puñetazos hasta que dejó de responder.

Una manera muy típica de comenzar una aventura en el Eld.

Registré lo que quedaba del campamento para encontrarme con una historia que ya había escuchado antes.

Una familia noble decide viajar hacia el norte. Para ello deben pasar por el Eld, por lo que contratan a unos pocos mercenarios para salvaguardar sus pertenencias y sus propias vidas de bandidos, saqueadores y demás escoria del bosque. Los mercenarios, sin saberlo los nobles, son conocidos de los bandidos que acechan más allá de los árboles, por lo que, en secreto, pactan una emboscada y roban y asesinan a la familia.

No era la primera vez que lo veía, mas me había acostumbrado. El Eld es el Eld, y allí te puede pasar de todo. Estás avisado.


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Re: Entre árboles y musgo [Grupal] [Azar]

Mensaje por Maestro de los Carromatos el Mar Ago 21, 2018 8:17 pm

@Maestro de los Carromatos escribió:El miembro 'Durzo' ha efectuado la acción siguiente: Tirar los dados

<hr>#1 'Acción compleja' :


--------------------------------

#2 'Nivel 4 rasgo princi' :


--------------------------------

#3 'Nivel 5 rasgo secund' :


--------------------------------

#4 'Gastar 4 de suerte' :

El miembro @Durzo ha gastado los siguientes puntos de suerte: 4
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Re: Entre árboles y musgo [Grupal] [Azar]

Mensaje por Edeus el Mar Ago 28, 2018 7:35 pm

Aiden rebuscó entre los ropajes del cadáver con avidez, tratando de dar con cualquier objeto valioso con el que poder sacar algo de provecho en mitad de aquel asqueroso lodazal. El morral ya vacío de ese pobre diablo parecía confirmar que no se había tratado más que de una muerte simple y carente de gloria, debida seguramente a un desafortunado encuentro con alguna panda de indeseables. ¿Y él? Bueno, él no era más que el suertudo que había dado con él para terminar de arrancarle las pocas pertenencias que hubiesen pasado por alto sus atacantes.
 
Se dedicó a volver todos sus bolsillos del revés, hurgando en ellos, buscando segundas capas de ropa y trasteando con las pocas pertenencias que los bandidos no se habían molestado en llevarse. Sin embargo, apenas un par de minutos después entendió finalmente que sus saqueadores no habían dejado nada. Con un gruñido, se levantó y se limpió las manos en su propia camisa, asqueado. Ni los zapatos le habían dejado. Ni un solo penique escondido, siquiera. En una situación extrema como la suya, tan justo de dinero y sin apenas pertenencias, cualquier oportunidad que se le presentase de conseguir algo era altamente bienvenida, y descubrir que el pobre hombre ya había sido totalmente desvalijado era un verdadero chasco.
 
Volvió una vez más al trozo de tela que había dejado sobre la superficie embarrada junto al cadáver y observó lo poco que había sacado. Pedazos de comida rancia, botellas vacías, algunos cordeles y algo de cera era lo único que quedaba de él. Hizo una mueca al entender de qué clase de persona se trataba, y sin embargo no lo dudó ni un segundo, y como un carroñero llevándose los últimos pedazos de lo que quedaba de víctima, tomó cualquier objeto que pudiese servirle en un futuro y se los guardó para él. No es que le emocionase, pero dudaba que un simple puñal como el que llevaba le fuese a ser de gran ayuda en el caso en el que la situación se complicase.
 
—Supongo que tú ya no lo necesitarás, ¿verdad? —le preguntó con sorna al hombre allí inerte, observándolo de reojo en lo que terminaba la tarea. Pese al morbo que le hubiese dado robarle a alguno, observó, la ausencia de florín le dio a entender que no se trataba de ningún arcanista. Finalmente, cuando estuvo listo para retomar el viaje, se volvió de nuevo a mirarlo. Con mucho cuidado, dirigió a su hombro la punta del pie, y con toda la fuerza que pudo centrar en ese punto, lo empujó de él hasta tumbarlo boca abajo. Seguidamente estampó el talón de sus botas contra su nuca y  hundió con él por completo su cara contra el barro, clavándola contra él en un repentino e injustificado odio, como si tuviese alguna clase de reyerta con el desconocido que yacía allí sin vida. Finalmente, se apartó para observar el resultado, conforme—. No es por ti —añadió como de pasada, como si de verdad pudiese oírle. Se recolocó bien el macuto sobre el hombro, sin dejar de mirarlo—. Es que no me caen especialmente bien los estudiantes.
 
Y entonces sí, finalmente retomó la marcha, dejando atrás al hombre y centrando ahora toda su atención en el camino que continuaba frente a él.
 
La presencia de un cadáver tan visible en mitad del bosque, pensó de pasada, era algo que no podía pasar por alto. Desde luego que no se trataba de un simple robo. La humedad de sus ropajes indicaba que llevaría allí al menos un par de días, cuando se dio la tormenta que terminó dejando el bosque como una asquerosa ciénaga. Entendió que quizá no era un simple muerto más. Se trataba una señal de advertencia, una preparada, dejada a plena vista para todos aquellos que pensaran en adentrarse en el Eld como él. No obstante, a Aiden eso poco pareció importarle. Decidió, de hecho, tomárselo como un regalo.
 
Sonrió. Bonita forma de empezar su trayecto.
Se encogió de hombros y continuó su camino en dirección a Modeg. Con un poco suerte quizá el próximo llevaría algo más valioso.


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Re: Entre árboles y musgo [Grupal] [Azar]

Mensaje por Títere el Vie Oct 05, 2018 3:51 pm

Entre árboles y musgo [grupal][azar]
Hans Boggart (996600)

Hans siempre se había considerado un tipo sensato. Alguien tranquilo, que calibraba todas las posibilidades y tomaba sus decisiones en consecuencia. No le gustaba meterse en problemas.
Pero últimamente, había descubierto que se le daba tremendamente bien.

Desde que abandonó la Venta del Manco, no había pasado un sólo ciclo tranquilo. Cuando parecía que la cosa no podía ir a peor, Hans encontraba la manera de hundirse aún más. Se había vuelto todo un experto. En definitiva, le habían robado todo el dinero prestado por Sastre allá por Lannis, provocando que tuviera que trabajar de carromatero en Imre, subiendo a las montañas para luego ir a Tarbean. Unos ciclos de trabajo allí y de malas compañías desembocaron en un nuevo viaje por el Gran Camino de Piedra. Hubo denner, apuestas, noches en vela haciendo guardia con la ballesta, huidas y un par de encontronazos con la Ley del Hierro, que terminaron en una agradable visita a Atur.

Después de nuevo una huida, más noches en vela, una traición, dos robos, y tres cuerpos colgando de una soga. Y ahora se encontraba allí, en el Eld, perdido, sólo, y con un carromato al que le faltaba media rueda.

Relinchos relinchó, indicándole que tenía hambre. Él también, así que dejó de lamentarse y se puso manos a la obra. Lo primero fue esconder sus posesiones, el bosque era inmenso, y él se orientaba bien, así que pudo encontrar un barranco apropiado y volver de nuevo a la carreta averiada en menos de lo que se tarda en cocer unas lentejas.

Lo siguiente fue el carromato. Desmontó la rueda partida, y lo dejó apartado del sendero, tapado por unos enebros. Lo cubrió todo con ramas y comprobó que no era visible a menos que quisieras verlo. Luego memorizó bien dónde se encontraba, cogió a Relinchos, y regresó por el sendero por el que había venido. Escupió al pasar de nuevo por las desafortunadas rocas que le habían destrozado la carreta, y pateó a una de ellas. Con cuidado, tampoco quería acabar cojo.

Su idea en esos momentos era encontrar un lugar en el que pasar la noche. Al día siguiente, tendría tiempo suficiente como para arreglar el carromato, y proseguir la marcha de regreso al Gran Camino de Piedra, que se había visto relegada a segundo plano tras tener que huir de Atur. El Eld había sido un buen lugar para esconderse, cierto, pues había conseguido perder a los guardias. Pero él también se había perdido, y encima ahora no tenía una carreta con la que poder transportar la mercancía.

Hans suspiró, y miro a su alrededor. Las vistas eran preciosas, árboles y riscos a donde quiera que miraras. Era una pena que en esos momentos admirar el paisaje no fuera una de sus prioridades. Reanudó la marcha en dirección a una caseta derruida que había encontrado en su viaje de ida, cerca de allí.

Habría estado bien tener un mapa.


-...el primer borrador lo escribes con el corazón, el segundo, con la mente.-
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Re: Entre árboles y musgo [Grupal] [Azar]

Mensaje por Feren el Mar Nov 06, 2018 9:54 pm

Unas horas después, cuando el sol decidió que era momento de emprender la marcha del mundo humano, me encontraba caminando, sin saber aún bien hacia dónde. Me estaba comenzando a cansar, por lo que me urgía encontrar un lugar donde pasar la noche, a salvo de las bestias y los animales salvajes.

A la vez de la oscuridad, que se cernía paulatinamente sobre aquel mundo, el frío se iba convertiendo en otro problema que me preocupaba más y más. No moriría de ello, pero pasar la noche a la interperie sería extramadamente desagradable.

Decidí, entonces, marchar a mayor velocidad, con la esperanza de encontrar un lugar apropiado para recostarme e intentar dormir. No tendría que esperar mucho tiempo más, pues en cuestión de minutos, divisé una luz que provenía de una hoguera. Me mantuve cauto, ya que aquella hoguera podría ser de gente honesta o de bandidos. Probablemente lo segundo.

Me acerqué con cautela, sin intentar llamar la atención de quienesquieran que estuviesen allí. Mayor fue mi sorpresa cuando, asomado entre los grandes arbustos que encontré por aquella zona, divisé a un solo hombre sentado a un lado de un pequeño fuego improvisado, muy cerca de una caseta abandonada. Supuse que aquel lugar era improvisado y no su hogar, por lo que decidí acercarme.

—  Buenas noches, amigo —comencé. —¿Podría sentarme yo también?

Aquel hombre me lanzó una mirada que no supe interpretar, por lo que, sin haber recibido negativa alguna, me acerqué aun más. El individuo no lo tomó demasiado bien, por lo que se levantó de golpe y se me encaró, intentando adivinar mis intenciones.

—  No busco problemas. Vete —me ordenó. Intenté convencerle:
—  Y no tengo intención de traerlos. Simplemente me quiero sentar cerca del fuego.

Me costó comprender que aquel hombre no buscaba precisamente compañía. Aquello quedó confirmado cuando se volteó para recoger un objeto que no pude discernir entre la oscuridad. Lo único que supe era que era algo pesado, ya que le llevó un par de segundos alzarlo.

Llevé mi mano derecha al cinto temiendo lo peor, pero sin querer recurrir a la violencia. Era demasiado tarde y estaba demasiado cansado. Mis sospechas se hicieron realidad: aquel viajero me apuntó con una herramienta de madera y, alumbrado por el apacible fuego de la hoguera, descubrí que era una ballesta.

Alarmado, intenté calmarlo.

—  No hagamos nada de lo que nos podamos arrepentir, amigo. No vengo con intención de luchar. —Seguramente, mi voz cada vez más alterada no ayudó mucho para calmar los animos.

TIRADA DE DADOS:
Tirada de dados. Rasgo principal: Habilidad (nivel 3). Rasgo secundario: Labia (nivel 5).


Última edición por Feren el Mar Nov 06, 2018 10:33 pm, editado 3 veces


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Re: Entre árboles y musgo [Grupal] [Azar]

Mensaje por Feren el Mar Nov 06, 2018 10:22 pm

El miembro 'Feren' ha efectuado la acción siguiente: Tirar los dados

<hr>#1 'Nivel 3 rasgo princi' :


--------------------------------

#2 'Nivel 5 rasgo secund' :


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Re: Entre árboles y musgo [Grupal] [Azar]

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