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¿Qué personaje de la saga se ganó tu odio?

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III Concurso de minirrelatos 2018

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III Concurso de minirrelatos 2018 - Página 2 Empty Re: III Concurso de minirrelatos 2018

Mensaje por Szao el Vie Oct 26, 2018 5:20 pm

Probando, probando...
¿Se me escuch...iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii?

III Concurso de minirrelatos 2018 - Página 2 Maxresdefault


-¿Y que os ha parecid...? -una chica de pelo rosa le pone un calcetín en la boca.

Bien, una vez que el público ha tomado asiento y se ha calmado, damos comienzo a la primera ronda del concurso de minirrelatos de, nada más y nada menos, la tercera edición.

Nos complace anunciar que en esta edición, al carecer de mínimo en cuanto a palabras, ha habido mucha participación. Han sido 13 las almas inocentes y cándidas que han manchado de tinta sus plumas para relatarnos muchos mitos protagonizados por personajes femeninos en los pasillos de su locura.

Sin más preámbulos damos paso a sus textos, que han sido colocados en orden alfabético por su título.

Como es mucho texto para un solo post y el editor no deja colocarlos todos juntos, primero pondremos seis y en otro post los siete restantes.


Ad libitum:
Cuando abrió los ojos se dio cuenta. Había pasado un año. Un año y un día.

Pero ella seguía allí. Sobre la cama. Al igual que ese extraño olor a lavanda. Si sabías escuchar podías oir el cristal y el fuego, la ira contenida de todo un edificio, absorvida por su suave perfume.

De todas formas no era eso lo que más le molestaba. Era esa sutil presión, esa impresión de ligero embotamiento, esa liviana pero repetida sensación, que estar allí encerrada, en esa habitación concreta, le producía.

Si hubiera dependido de ella se habría fugado hacía ya tiempo, pero no podía hacerlo, claro. Tenía que esperar el momento preciso. El instante en el que cada cosa estuviera acorde con el resto. Y ese día, era hoy.

Tenía mucho que pensar, mucho que componer, mucho que practicar. Estaba nerviosa y ni su cara de redonda, ni su pelo de semicorchea podían esconderlo. Iba a ser un día entretenido.

Era hora de levantarse. Desde su cama, podía observar todo su mundo e incluso un poco más, si estiraba la cabeza para llegar a la ventana. Buscó en la habitación con la mirada pero no vio gran cosa. Solo los muros de piedra, que sabiendo lo que pasaría hoy, le miraban con envidia. Se acercó a ellas, deslizando los pies con elegancia, para disculparse con una caricia de todas a las que podía llegar sin parecer indecorosa.

Las ventanas también lo sabían, claro, pero eran demasiado orgullosas para reconocer que a pesar de ver más allá que sus compañeras, también deseaban que esa felicidad que le embargaba, recorriera sus fríos cristales.

Cuando la puerta emitió un suave quejido y se abrió, un joven no mucho mayor de lo que ella parecía, le preguntó:

-¿Se puede pasar? Te traigo el desayuno. –se detuvo en la puerta dejando que su melodiosa voz inundara la habitación.-vestía una bata blanca, pero lo hacía con tal gracia que bien podía ser el traje del mayordomo mayor del rey de Vintas.
-Depende- le respondió ella- ¿A qué suena? –preguntó curiosa.
-Um… No estoy seguro…-se acercó el vaso al oído.- ¡Aha! Ya lo escucho. Suena a flautas bajo la nieve y al murmullo de las rosas en la oscuridad.
-Siempre rosas… -murmuró ella.
-Oh, pero no son rosas normales. Estas son del rosal que hay en el Eolio. Han crecido escuchando a los mejores músicos, a las mejores voces…
-¿De verdad? –su cara ilusionada dio confianza al chico, que se acercó a ella.
-Claro –aseguró abriendo la bandeja- tu misma puedes preguntarles.

La joven bajó la mirada hacia su desayuno: Un trozo de bizcocho, un vaso de leche y tres diminutas negras.

Con voz soñadora preguntó:

-¿A qué sonaba tu desayuno?
-¿El mio? –respondió intentando ganar tiempo, era la primera vez que iba más allá en su curiosidad- Al ritmo sosegado pero constante del mar.-improvisó.
-Vaaaya, que suerte de desayuno.

El chico la miró, recordándole con su mirada que tenía algo pendiente aún. Puso los ojos en blanco pero luego cogió, titubeante, la pastilla amarilla. Estaba fría. Dió un corto trago de leche para tragársela. Después cogió las otras dos. Eran un poco más pequeñas y estaban calientes. Le miró de reojo, no le quitaba la vista. Primero una y luego otra fueron deslizándose por su garganta. Al terminar abrió la boca de forma exagerada, sacando la lengua como burlándose del pobre chico, que asintió satisfecho.

-Dejaré esto aquí, pero volveré a recogerlo. –aseguró soltando la bandeja con suavidad sobre la cama.
          -Puede que ya no esté cuando vuelvas. –le advirtió ella. El chico sonrió, justo antes de cerrar la puerta.

            La chica retiró la bandeja, la colocó en el suelo y se tumbó a escuchar las maravillosas notas que le había traído. Poco a poco comenzó a sonar el bullicio de la gente, los taburetes arrastrándose, los vasos chocando, las risas, los gritos. Y el silencio que se creaba cuando el dueño del Eolio subía a presentar al músico que tocaría esa noche. Esta vez eran dos jóvenes. Uno de ellos era el chico que le había traído el desayuno. Vestía también una especie de bata, pero esta era de colores. En sus manos llevaba un largo instrumento de catorce cuerdas. Era la primera vez que lo veía. A su lado una chica de pelo castaño, con una flauta doble.

            El chico se aclaró la voz y tras colocarse un poco, entonó con voz autoritaria:

¡Escuchad!
¡Prestad atención!,
que la historia que comienza, lo hace sin dilación.
No habla de algarabías, ni tampoco de alegrías,
cuenta la triste historia, de una dulce chiquilla,
que acabó en las Gavias, olvidando allí su vida.

            Colocó las manos sobre el instrumento y comenzó a tocar unos lentos pero graves acordes, que contrastaban con la dulce voz de su compañera. Ella tomaba el papel de la protagonista:

De lejos vine y lejos llegué,
sin prisa os lo explicaré.
En un pequeño pueblo nací,
allí fue donde lo descubrí.
Mi madre luthier,
mi padre con voz de miel.
Juntando a dos, salimos tres.
Desde joven aprendí,
que al tocar la flauta, crecía el maíz,
pero que al de enfrente le sangraba la nariz.
Mucho toqué y mucho arreglé,
pero no poco estropeé.
De mi pueblo me echaron,
por bruja o yo que sé.
Decidí, que si quería tocar,
a mi poderes debía controlar,
y que solo había un lugar,
donde me podrían enseñar,
Sin duda ese era, la Universidad.
 
            El chico volvió a cantar y la chica lo acompañó con la flauta tocando una melodía triste pero que cuadraba muy bien con la voz de él. Narró cómo la protagonista había conseguido llegar hasta la Universidad tocando su flauta por los pueblos, esquivando numerosos peligros, y cómo tras despertar el interés de los Maestros fue aceptada. Siguió por el día en el que descubrió un viejo libro de la biblioteca en el que hablaba de una música que podía modelar la realidad.

Al principo la melodía era tranquila y se tornaba alegre cuando cantaba ella, pero poco a poco comenzó a ser más triste. El chico continúo contando cómo pasó meses reuniendo información y leyendo, pensando, componiendo y practicando, hasta que comenzó a controlar los resultados. Y volvió a obrar milagros.

Según contaba sus buenas acciones y cómo ya no sucedía nada malo, la melodía del chico se volvía cada vez mas lenta y pastosa. Hasta el punto de que en el último estribillo era más alegre la triste melodía de la flauta que hacía los estribillos, que las del largo instrumento de madera:

Tanto a la gente ayudó,
Y tantas cosas solucionó,
que por las malas comprendió
el precio de su labor,
Una buena acción
a cambio de su razón,
que finalmente se quebró,
relegándola a un cajón.
 
Así fue, cómo la alegre Euterpe,
dejo de ser intérprete,
por decidir tocar algo,
que le destrozaba la mente.
 
El Eolio guardó silencio.
No sólo dos personas lloraron al terminar, pero sin duda una fue por tocar y la otra por recordar lo que ambos sabían que pronto iba a olvidar.

Caía:
Bajaba el incesante eco de sus tacones en los escalones de la entrada profanada. Solo un ruído de igual culpable los gritos que se hubieron formado acalló:
–¡Pero si es Efi!– del suelo una delicada pero rápida sacudida me despegó. Sus tacones se acercaron.
–No...
–¿Hoy no quieres que me acerque? ¡¿A quién crees que he venido a ver si no?! –Sus dientes un “Con todo lo que he hecho por ella...” mascullaron.
–Señora I'Push,– una tercera voz en escena entró, más grave e inquisitiva, me tranquilizaba, pues mi destino sabía– la estaba buscando. No se preocupe, estará cenando en unos momentos. Pero antes, dígame ¿cayda rompen puente?
–¿Qué cena, qué puente? Zuse, ¿qué está pasando? Eres el director, pon un poco de orden.
–Por lo que veo aún no sabes nada. Elodin ahora cuida de todos.
–¿Ese loco?–¡qué voz tan desagradable! Elodin aquí me trajo, es bueno– ¡Pero si estaba encerrado!, esto es inadmisible...
–Elodin es bueno –la pequeña voz de Efi el alboroto detuvo.– Él le dio un Nombre a...
De repente, la luz se hizo y los ropajes corinto de la maldita fueron lo primero que ví.
–¿Le puso nombre a una piedra?
–Se llama Naatzos.– Al oirlo, se inclinó, como si un enorme peso le acabase de ser encomendado. Mas se irguió fingiendo que nada había pasado.
–Éfira, deja esa piedra. Basta de tonterías. Te vienes conmigo, alguien normal se ocupará de ti.
–¡No! No quiero...
–¿¡No quieres!?¿Soy tu madre y prefieres este antro? ¡Con todo lo que he hecho por ti, niñata desagradecida!
Sus palabras se cortaron por mi vuelo que, aunque antes el suelo que su objetivo alcanzó, aún puedo ver cómo cada uno de los golpes de mi caída se martillean en su semblante. Agachándose alargó su mano e, imitando aquel titánico esfuerzo, me alzó de nuevo sobre su cabeza.
–Inaceptable ¡inaceptable! ¿Otra vez igual? Tú lo has querido. Buscaré a Elodin. Conseguiré que sufras las consecuencias de lo que has hecho. Solo querrás salir de aquí. Este sitio será un Infierno.
–Se acerca peligrosamente a la verdad, pero no la alcanza ¿Caídas rompen puente?
Y, enfadada o confusa, subió un escalón y su peripecia prosiguió.

Otra vez sus tacones resonaban en todo mi cuerpo, pero notaba cada paso más llevadero para mí y más pesado para ella. Como debía ser.
Por el pasillo, directos sin decoro a los aposentos del protector de todos, a punto estuvo de alcanzar la puerta y...
–Elodin no está dentro. Bryshi pregunta que estás haciendo.–Se interpuso un muchacho.
–Lo que me da la gana, quiero hablar con Elodin, lo esperaré dentro si hace falta.
–Nooo... no se puede entrar a las habitaciones. Pone en las normas– Señala a una pared cualquiera. No hay nada– Bueno... lo ponía. Pero no se puede. No quiere que entres.
–Me da igual lo que quieran otros ¿te enteras? A-par-ta...
Le empujó y forcejearon un tanto, pero caí y rodé y rodé. Y ella detuvo su lucha para perseguirme, pues perderme perdería su sentido. Volvíamos a estar como al principio.

Como debía ser, volvimos a la marcha. Era un camino diferente (evitando lo anterior), mas se hacía familiar. Vio a alguien con un odre de agua, y lo quiso, así que sin mediar palabra se lo quitó de las manos y procedió a beberlo todo de golpe ante la atenta y anonadada mirada de su dueño. Sin embargo, en el proceso caí al suelo y volvimos al principio.

Airada, me tomó otra vez y otra vez retomó su búsqueda siguiendo otro recorrido, aún más arriba. Presentía que se acercaba, pero el peso la enfadaba. Entrevió a Elodin, pero desapareció en el laberinto. Me tiró al suelo con un grito que hizo eco. Un eco en armonía con sus patadas y mi sonido mientras rodaba y rodaba.

De nuevo, en su afán por llegar más alto, esta vez evitando las prisas, despacio, subió y quiso hacer una pausa y se sentó en el suelo. Parecía que llevaba dando vueltas una eternidad ¡y qué cómodo le debería resultar el suelo!, tanto que se olvidó de que me tenía en su mano y me soltó y caí y rodé...

Y una vez más, ahora con mayor detenimiento, se dirigió al siguiente piso, para encontrar una sorpresa no del todo agradable.
–I'Push, cuánto tiempo... Ellos me han dicho que ya has robado aquí ¿No te bastó con todo lo que me quitaste a cambio de salvar a mi hija? ¿y para qué? ¿para vestir de rojo y reclamarlo todo como tuyo?
–Todo lo que he hecho ha sido para ese desagradecido engendro de mis carnes, que parece haber decidido poder acompañar a las paredes de esta casa de locos durante el resto de su existencia. Y no me arrastrará con ella, no señor.
–Menuda ilusa, aquí eres la menos cuerda. Tus actos no le hacen ningún favor a Efi, no quiere tus mimos pues manchas su Nombre cada vez que respiras y no expías. Aún no entiendes nada ¿o a caso caídas rompen puente? Vuelve por donde has venido, porque, a menos que también quieras matarme, por aquí no pasarás mientras viva. Tu avaricia te ha cerrado este camino también[...]

–¡La cena ya está lista, señora Push!, por favor, acompáñeme a la próxima planta.
En cualquier otra circunstancia habría dicho que no, que tenía algo más importante que hacer. Pero notaba que quería comer, llevaba en ese sitio desde... ¿cuánto tiempo había pasado? supongo que no importa, llega un punto en el que “tiempo” es una palabras más. Aunque no parecía tener si quiera hambre, imagino que querría ejercitar su boca en otra cosa distinta a decir sandeces y le apetecería rebajar la bilis que sus entrañas rezumaban.
Mas ingrata fue para ella la sorpresa que sopesa y así le pesa, pues en su sopa, las letras de "cenando" se mezclaban y desvelaban la verdad.
Y volvió para huir hacia atrás.

La cordura se le escapaba de las manos cada vez que volvía y cada vez que caía. Pero su promesa era firme y subió buscando hasta encontrar una cara conocida:
–Efi, Efi, maldita niña... ¿Por qué tendría ese arrebato de juventud con tu padre? Por qué tal irresponsabilidad. De por vida me ha tocado cargar con un peso que no quiero y que mancha mi apellido. Oh, sí, de la lujuria es de lo único que me arrepiento.
–Es lo mejor que has hecho, por supuesto. Aquí las cosas van hacia atrás ¡Naatzos!
Y ahora fue ella la que cayó.

Otra vez abajo, consciente y extenuada, al fin vio a quien buscaba:
–¡Maestro Elodin, al fin! Con usted quería yo hablar.
–Ah, ¿sí? –le dedicó una sonrisa infantil– Yo no.
Y el eco de la puerta de la salida al cerrarse retumbó en todo su ser y recuperó los ecos de su pasado y su futuro:
–¿Otra vez igual? Tú lo has querido. Buscaré a Elodin. Conseguiré que sufras las consecuencias de lo que has hecho. Solo querrás salir de aquí. Este sitio será un Infierno.
–Se acerca peligrosamente a la verdad, pero no la alcanza ¿Comprendes ya tu destino?
Y, enfadada o confusa, subió el escalón y su peripecia prosiguió.

Dalcenti:
Era una noche fría, amparada por una presencia gélida y plateada. Nunca habla.

Siempre la observaba después de que se pusiera el sol, embelesada, y se pasaba horas y horas divisando sus cerúleas curvas en el océano. En el enorme itinolito en el que se sentaba para contemplarlas, percibía una cariñosa sensación de seguridad, ella lo abrazaba con ternura y mientras, la dura y dulce piedra le correspondía enseñándole los más bellos secretos de las hadas. Por desgracia, era una piedra muy celosa, y nunca le perdonó que cuando creció, dejara de visitarle en el ocaso.

Incluso esta noche, muchos años más tarde, conseguía vislumbrar, a través de la ventana, una risa salvaje y malévola, transportada por la sutil brisa que soplaba en las últimas hojas de otoño. Sentía una rabia titánica. El sonido del cristal al romperse se entremezcló con los armónicos de su voz laceral y exhausta. Su nombre era Sibina. Ella sí comprendía la forma que adoptaba el mundo cuando observaba, y contenía la verdad; era tan solemne y fiable como el agua que ahora transcurría silenciosamente por el suelo. Sin embargo, el odio recorría cada una de sus acuosas venas, y le entumecía pensar que en algún momento, aquel capricho pétreo hubiere sido una fuente de amor, y también el pozo de la desdicha. Se sentía incapaz de hallar una solución a ese desfortunio. Había pasado bastante tiempo, años incluso, y lo había intentado absolutamente todo. Había hablado con las palabras más agudas y más graves, también con las más sencillas y complicadas, pero ninguna surtía efecto en los oídos de sus oyentes. También había cantado las melodías más dulces, recitado los poemas más apasionantes, e incluso una vez intentó bailar. Hizo todo ello para transmitir su mensaje. Pero, sin importar las ocasiones, había fracasado. No conocía a nadie que quisiera escucharla; era un ruiseñor sin voz, una flor sin pétalos, y se encontraba completamente perdida en un mar de arena maldecido.
Mientras pensaba cómo podría hacerse oír, escuchó unos pasos lejanos, que se iban acercando a ella a medida que recorrían el largo pasillo. Poco después llamaron a la puerta.

— ¡Hola!, ¿Te importa que entre un momento? —preguntó una voz serena y curiosa mientras cruzaba la entrada.[/size]

—Maestro Elodin, pasa, por favor.

Sibina contempló su ansiada oportunidad, nunca había llegado a hablar con el maestro nominador desde que estaba en aquel horrible lugar, pero sabía que quizás él sí pudiera comprenderla. Sin embargo, debía ser extremadamente cautelosa si quería conseguir su objetivo. En el pasado cometió múltiples errores, pero no podía dejar que esta vez ocurriera lo mismo. Estaba decidida a romper la maldición de una vez por todas.

—Pareces estar algo desanimada. ¿Te apetece jugar a un acertijo? —El maestro nominador sonreía descaradamente como un niño travieso, y se sentó en una de las sillas de la estancia—. Te aviso que soy muy bueno.—Está bien —contestó Sibina, un tanto sorprendida ante la inesperada proposición, pero sabía que en realidad no le quedaba más remedio que aceptarla.

«Se cuenta que un hombre que no es un hombre, viendo y no viendo a un pájaro que no es un pájaro, posado en un árbol que no es un árbol, le tira y no le tira una piedra que no es una piedra». —Ahora su sonrisa demostraba una felicidad extática, como si hubiera caído en la trampa que llevaba pensando todo el día. Sibina pensó que probablemente así era.

Sibina debía reflexionar rápidamente la respuesta al enigma, pues si le decepcionaba seguramente no tendría opción a ser escuchada después. Mientras discurría se acordó una vez más del caprichoso itinolito y frunció el ceño. No podía anticipar la respuesta sin más, no funcionaba así. Tendría que pensar por ella misma. Decidió arriesgarse tras deliberar un poco.

—Por una parte, sin duda debe de tratarse de un eunuco, y el árbol.. ¿Podría tratarse de un sauce? —preguntó Sibina, ligeramente nerviosa.

En la aldea en la que vivía había una gran cantidad de árboles y arbustos, flores de cientos de colores y miles de frutos silvestres, por lo que desde siempre había tenido grandes conocimientos de la naturaleza. Sin embargo, había pasado demasiado tiempo. Y a veces dudaba.



—Lo que dices no está mal, pero no está bien—Contestó Elodin burlonamente. —Sigues dormida, aunque tengas un ojo siempre abierto.

Sibina se quedó pálida durante un momento y miró fijamente los ojos verdes del maestro nominador. Se entremezclaron con los suyos durante un momento. Y pudo ver como se fusionaban en un preciado color turquesa.

—Te propondré yo un enigma mucho más interesante para ambos, entonces —enunció Sirina mientras paseaba sus ojos zarcos por el rostro del maestro, con cierto nerviosismo, pero intentando no perder ningún detalle. — ¿Los hombres sabios sobreviven a las noches sin luna?

Los músculos de la cara del maestro Elodin se tensaron ligeramente, y sus ojos comenzaron a mirar frenéticamente y con un nuevo suscitado interés a Sibina. Sin embargo, comenzó a reír y respondió tranquilamente:

—En ese caso, un hombre sabio sabría que puertas debe cruzar.
Elodin hizo un ademán de levantarse de la silla en la que se había acomodado al principio de la conversación. Sibina se preguntó si la pregunta le había molestado, pero decidió que si no proseguía, todos sus esfuerzos no servirían para nada.

—Ten mucho cuidado con ella —señaló a la ventana en dirección a la luna —Nos quiere a todos muertos, pues es una de ellos.

Hubo un silencio que duró mil años y un día.

—Me pasaré a explicarle tus temores —contestó Elodin con una última sonrisa traviesa mientras abandonaba la estancia —Y les pediré que te traigan agua decente.

Tras cerrar la puerta, los pasos comenzaron a alejarse. Estaba sola de nuevo. Y lloró mientras contemplaba el inferno en vida.

Delirio:
Los alaridos resonaban por los oscuros y estrechos pasillos de la enorme prisión de mármol. Necesitaba encontrar la salida de aquel laberinto de locura, pero no importaba cuánto lo intentara o cuán rápido corriera; la sombra de la bestia acechaba a la vuelta de la esquina y ella estaba atrapada. Para siempre.

Dibujos:
Todo empezó con un murmullo en su cabeza, como una idea en su mente que no terminaba de perpetrar. «No va a venir», escuchó. No era más que eso. Una simple frase que le rondaba. «No va a venir». Trató de ignorarlo.

Pero poco a poco comenzó a tomar fuerza, insistente, y empezó a repetirse de forma cada vez más constante en su cabeza. «No va a venir, no va a venir». Chirrió en sus oídos, desdoblándose, como si poco a poco se fuese añadiendo más gente. Como un millar de voces hablando al unísono, repitiendo todos la misma frase. «No va a venir, no va a venir, no va a...».

Sintió estremecerse hasta los huesos. Se repetía, lo sentía cada vez más alto. «No va a venir». La joven gritó, y sus manos dejaron caer el lápiz que sostenía para comprimirlas con fuerza contra su cabeza, apretándolas contra ella en un pobre intento por alejar esos desgarradores chillidos de su cabeza.

Era la tercera vez que ocurría esa semana. Frases que se convertían paulatinamente en gritos agonizantes en su cabeza, interrumpiendo su día a día, desquiciándola poco a poco.

No sabía cuánto tiempo más podría aguantarlo.

Ava sollozó, y sin poder sostenerlo más, se levantó del escritorio de un salto y atravesó aquella asfixiante habitación en la que se hallaba encerrada hasta llegar a su cama y hundir su rostro en la almohada.
—Parad, por favor, —suplicó, temblorosa, sintiendo «no va a venir» cómo cada vez se hacía más difícil oír sus propios pensamientos—. P-parad... —Se cubrió con el almohadón, incapaz ya de seguir sosteniendo aquella situación—. Por favor, deteneos... Dejadme.

La puerta se abrió de forma abrupta, y con ella se llevó los gritos. La sala recuperó de nuevo el silencio sepulcral. 
Ava suspiró con alivio y se asomó con lentitud, sintiendo todavía el eco de los gritos resonar en su cabeza. La figura de un joven recién llegado atravesó el umbral con la soltura de aquel que está habituado a hacerlo con asiduidad. Una sonrisa amable adornaba su rostro, sin embargo eso no pareció aliviar a la chica.

—¿Cómo estás hoy, Ava? Te he traído más hojas de papel. —El joven cerró la puerta tras él con suavidad y se dirigió con gracilidad hacia el escritorio del rincón que momentos antes había estado ocupando la chica. Si en algún momento llegó a advertir del estado de la joven, no pareció querer hacérselo ver. 

Por su parte, Ava se incorporó con lentitud y se arrastró hasta el borde, todavía desconcertada. Sentía todo su cuerpo temblar. Y la angustia...
—Siguen chillando —murmuró en apenas un susurro. Dirigió una mirada temerosa hacia el chico, quien ahora se dedicaba a algo tan banal como organizar su escritorio con absoluta tranquilidad, totalmente ajeno a su estado—. Cuando no estás, ellos siempre... ¿Me escuchas? Siguen haciéndolo, ¿sabes? ¡Tienes que decirles que paren! —suplicó, con voz rota, señalando con brusquedad hacia las paredes que los rodeaban—. O podríais... podrías cambiarme de habitación. O sino...

El otro se giró.
—No, Ava.
El chico la observaba ahora con severidad, tratando de mantener la mirada en unos ojos que pese a todo prefirieron rehuir los suyos.
O sino dejarme salir.

Suspiró.
—¿Qué es esto? —cuestionó de pronto, tratando de cambiar de tema. Tomó varios papeles que habían quedado esparcidos en el escritorio sin aparente sentido. Ava apenas les dedicó una mirada de soslayo.

—Mis dibujos.

—Sí, ya. —Empezó a recogerlos—. ¿Pero por qué los sigues arrugando? —Miró uno de los pedazos de uno de ellos y trató de discernir de qué podría haberse tratado esa vez—. Sinceramente, Ava, no sé si eres consciente de que la Universidad va a terminar prohibiéndonos seguir subministrándote papel si cada noche terminas rompiendo cualquier cosa que haces. —La miró, alzando una de las hojas para mostrársela—. Te lo digo en serio.

La joven observó con horror la hoja que puso ante ella.
—Ese no sirve —musitó, apenas sin voz—. Haré otro.

—Es tu hermano, ¿verdad? —preguntó, volviendo a echar un vistazo al dibujo—. ¿Ewan era?

Ava asintió sin pronunciar palabra. Se incorporó con pesar y volvió a dirigirse de nuevo a su escritorio.
—Algún día vendrá —explicó, con un hilillo de voz—. Vendrá. Vendrá y me sacará de aquí —Pronunció estas palabras con contundencia, con una seguridad ciega que, pese a su vocecita, hizo que al chico se le formara un nudo en la garganta. La observó en silencio con tristeza. «La esperanza es lo último que se debe perder». De pronto sonrió, triste, casi irónico.

—...Y sin embargo, sigues sin dibujarle el rostro.

Apenas fue un murmullo, pero lo suficientemente alto como para que la otra le escuchara. La chica se encogió de hombros. 
—No importa que no lo recuerde. —Tomó el lápiz una vez más y empezó a dibujar de nuevo—. Basta con que él me recuerde a mi. Sabe que estoy aquí. —Asintió con fuerza, totalmente convencida de sus palabras. Se volvió a mirarlo, sonriente. Por un momento no pareció más que una chiquilla normal totalmente sana—. Estoy bien —afirmó. Casi se la creyó—. Ya puedes irte.

El chico se removió, incómodo.
—¿Y qué hay de...?

—Adiós.
Se mordió la lengua. 
Sin un suspiro, sin una despedida, sin nada más; dio media vuelta sin pronunciar palabra y se dirigió de nuevo a la puerta. Tras él, Ava volvió a gemir de forma repentina. Pudo escuchar el lápiz caer, pero no le importó. Abrió la puerta y salió de la habitación.

__________________


Fuera le esperaba una de sus compañeras de guardia apoyada contra la pared. Era evidente que trataba de aparentar indiferencia, no obstante fue incapaz de engañarlo. Estaba tan ansiosa como él mismo.
—¿Cómo ha ido esta vez? —cuestionó, incorporándose al verlo y acercándose a él.

—Está teniendo otro ataque —explicó, encogiéndose de hombros con fingida indiferencia, tratando de silenciar el cúmulo de emociones que se habían empezado a arremolinar dentro de él. Carraspeó antes de hablar—. Será... mejor esperar.

La chica se mordió el labio.
—¿Y te ha...?

—Mañana volveré, ¿de acuerdo? —se limitó a contestar—. Cuida de ella hasta entonces.
Sin más que añadir, el chico dio media vuelta y se fue. La joven lo observó marcharse. 
Y se preguntó cuánto más deberían seguir esperando.

Dos en uno:

—Las visitas no están permitidas tras la puesta de sol.

Los individuos apostados en la imponente verja de las Gavias nos observaban, firmes. Intenté no rascarme mi barba postiza y, disimuladamente, comprobé que mi capucha estaba en su sitio.  

—Queríamos ver a Isabella –respondió Adrien, mi acompañante—. Siempre he venido a estas horas, ahora tiene unos hábitos… más bien nocturnos.  

Uno de ellos insistió en ir a comprobarlo pero el otro intercedió:  

—Conozco su caso… Déjalos pasar —comentó con mirada indulgente.

Resistí el impulso de borrar aquella expresión de su rostro de una bofetada. Odiaba inspirar compasión. Me limité rechinar los dientes y seguir a mi compañero.  
Cuando nos adentramos en el edificio, no pude evitar quedarme atrás, admirando la regia decoración de la entrada. La tenue luz de la luna se filtraba por las vidrieras y se reflejaba en el impoluto suelo de mármol. Era precioso… A Jeanie le habría encantado.
Aquel pensamiento me devolvió a la realidad.  

—Oh, Adrien. Hacía días que no te veíamos por aquí —comentó la recepcionista, sonriendo amablemente.  
Sentí cómo mi cuerpo entraba en tensión al oír aquello. ¿No había venido estos últimos días?  

—Sí, bueno… —vaciló él, mientras me miraba de reojo, ligeramente avergonzado—. He estado ocupado últimamente.

—Es normal —respondió, comprensiva—. Hemos tenido que trasladarla debido a los ruidos que hacía al esculpir por las noches. Alteraban a sus vecinos —informó la joven mientras buscaba en sus archivos.  

—¿Cómo? ¿Esculpir?  

—Sí… Al tercer día de tu última visita tuvo una crisis. Al principio nos costó calmarla… —apreté los puños, furiosa—. Pero le proporcionamos un entretenimiento y ahora está mucho más tranquila —sonrió de nuevo, intentando quitarle hierro al asunto—. ¡Aquí está! Ala oeste, tercera planta. Trescientos doce.

Cuando Adrien se volvió a reunir conmigo, le dirigí una mirada heladora.  

—¿Cuánto tiempo llevas sin venir? —siseé.  

Se quedó en silencio, sólo roto por nuestras pisadas cuando él comenzó a caminar y yo le seguí.  

—Tengo una vida, Bells —respondió, suspirando.

Que usase aquel apelativo cariñoso no me apaciguó en absoluto.  

—¡Pero me has mentido! —le acusé—. Estos últimos días, todas las veces que te he preguntado por ella y me decías que estaba bien...

La voz se me quebró de angustia al pensar en mi hermana. Observé a mi acompañante, que subía las escaleras por el lado más cercano a la pared. Los rasgos de su rostro se recortaban sobre la luz que emitían las lámparas. El cansancio se adivinaba en ellos y en sus ojos rendidos se atisbaba un poso de tristeza. La culpabilidad empezó a arraigar en mí.  

—Sólo quería que ambos disfrutáramos del tiempo que nos quedaba —se justificó, con un nudo en la garganta-. Perdona por preferir la compañía de la persona de la que estoy enamorado a la de su hermana, que ha  enloquecido —hizo una pausa y el tono de su voz cambió, haciéndose más íntimo—. Si de verdad hubieses sido tú la que perdió la razón, no habría faltado ni un solo día, Isabella.

El peso de la culpa me hizo bajar la cabeza. Le había pedido demasiado, siempre lo había hecho. Al final, por mucho que cuenten las historias, el amor no es una carta blanca para exigir sacrificios.  
Nunca debí haber aceptado comenzar aquella relación, por muy enamorada que estuviese. Nuestra situación siempre fue precaria. Cuando el dinero escasea, a veces eliges caminos oscuros, de dudosa moralidad, para alcanzar tus sueños. Pagamos un precio alto pero nos iba bien. Sin embargo, cuando Adrien apareció en escena, yo no fui capaz de renunciar a él. Estaba tan ocupada enamorándome, que no vi cómo Jean se resquebrajaba, cómo su personalidad se asfixiaba en la red de mentiras que habíamos tejido. Hasta que fue demasiado tarde.
Sumida en mis pensamientos, apenas fui consciente del par de veces que algún asistente nos interceptaba, extrañándose por nuestra presencia a aquellas horas. Cuando volví en mí, fue porque Adrien anunció que habíamos llegado.  

—Vale —respiré hondo, determinada—. Tú quédate aquí hasta que te llame.  

Fui a abrir la puerta, pero su mano  retuvo la mía.  

—¿Estás segura de esto, Bells? —susurró, sus ojos eran una súplica—. Aquí está bien atendida. La mantienen a salvo y bajo control.

—No —respondí, firme—, la mantienen prisionera. Ella no es un peligro para nadie, sólo está confundida. Tan sólo necesita volver a casa.  

Y entré en la habitación.  
Mi hermana estaba de rodillas frente a la ventana, dándome la espalda. Sus brazos reposaban en el alféizar y, con una de sus manos, sostenía una  figura marmórea de apariencia humana. Tarareando para sí misma, la mecía suavemente al ritmo de una melodía que no reconocí.  

—¿Jean? ¿Jeanie?

Su tarareo cesó, así como el movimiento. Se giró con lentitud. La escasa luz hacía que su cara permaneciese entre las sombras.  

—Ese ya no es mi nombre.

Su voz fría, despojada de toda emoción, hizo que un escalofrío recorriera mi espalda. Nunca me había hablado así. Se hizo una pausa incómoda mientras yo trataba de acercarme a ella, despacio.  

—Jeanie, soy Isabella, tu hermana.  

Mi respuesta pareció molestarla.  

—Arrogante… Tú sola no puedes ser Isabella —su mirada se perdió en el cielo—. Ese nombre ahora designa algo superior, renunciaste a él.  

Apenas nos separaba un metro, pero no quise acercarme más. Verla era como mirarme en un espejo. Siempre habíamos estado tan unidas… dos vidas entrelazadas. Y ahora parecía que nos separaba un abismo.

—¿Entonces tú tampoco eres Isabella? —pregunté.

—Lo seré. Estoy cambiando… -susurró, adelantando una de sus manos para observarla a la luz de la luna.

Tragué saliva, confusa, sin saber cómo continuar.

—He venido a liberarte.  

—¿Estoy encerrada? Creí que era mi nueva habitación. Nuevos aposentos para una nueva Isabella —canturreó.  

Sentí como el agobio trepaba por mi garganta, ahogándome. No me había llegado a plantear que ella no quisiese escapar de allí. Presa de los nervios, decidí cambiar de tema.  

—¿Qué eso? —pregunté, señalando su estatuilla.  

—El nuevo Adrien. El de carne y hueso o ha muerto o ya no quiere a Isabella —comentó, y pude sentir su contrariedad-. Cuando encuentre el nombre de la luna le pediré que le insufle vida. Tendrá la piel blanca y el pelo plateado –fantaseó, acariciando la figura-. Y si no quiere… la obligaré —sonrió amenazadora—, otros lo han hecho antes.  

Una cálida sensación de alivio me inundó el pecho. Adrien era su debilidad, así como fue la mía; se marcharía, siempre que fuese con él. Así que le hice entrar.  

—Oh —se le escapó, mientras intentaba controlar la emoción—.  ¿Es el de verdad o has convencido a la luna? No tiene el pelo plateado.  

—Es el de verdad —confirmé mientras él asentía—. Y ha venido a buscarte.

Su expresión era neutra pero el brillo en sus ojos la delataba.

—¿Y cómo voy a salir de aquí?  

Sonreí.

__________________

Un poco más tarde, dos personas salían de las Gavias. Ninguna de ellas era yo. Desterré mis pensamientos sobre ellos, la angustia, la preocupación, el miedo. Ahora tenía un nuevo reto por delante. Observé con mis nuevos aposentos. Finalmente, la persona correcta ocupaba el lugar que le había sido asignado.  
Pero yo estaba perfectamente cuerda.  
Pienso demostrarlo.


(*Intermedio en el que la gente puede ir a por más palomitas y bebidas*)


Última edición por Szao el Vie Oct 26, 2018 5:25 pm, editado 1 vez
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Hoja de Personaje
Nombre: Anhelope Blackmore
Sexo: Mujer
Edad: 23 (pobre del que se atreva a preguntarle directamente por su edad)

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III Concurso de minirrelatos 2018 - Página 2 Empty Re: III Concurso de minirrelatos 2018

Mensaje por Szao el Vie Oct 26, 2018 5:20 pm

Tras un breve intermedio en el que el público ha podido ir al baño para poder seguir bebiendo, pasamos a mostrar los seis relatos restantes de la primera ronda.


La caída de Floquet:
Lloraba, lloraba en soledad. La emoción se desbordaba, inundaba cada una de sus venas y corría por cada uno de los bellos de su piel, para perderse; para perderse en la nada, para perderse en el todo. Y de repente cayó del cielo, se desplomó como un rayo, como una gota, como un suspiro.

Estaba atrapada en un silencio frío y luego cayó una espiral sin fin; le rodeaba un viento gélido, invernal y sepulcral; un vaho agónico. ¿De quién era? Se preguntó, ¿Suyo? ¿De los otros? No lo sabía, no podía saberlo, y no importaba, aunque quisiera no podría ni reconocerse frente a un espejo, porque ya no era la que fue. Ahora no había nada ahí, no había nada en su corazón, ni siquiera había corazón, solo la misma espiral sin fin en la que caía.

Seguía en su descenso salvaje, a veces el viento le llevaba hacia un lado, a veces lo hacía al contrario. Quería morir, quería que el sufrimiento terminara, pero no podía morir y el sufrimiento nunca acabaría, solo continuaría el ciclo una y otra vez, una y otra vez hasta que el sol se desmoronase en cielo y las estrellas fuesen borradas del firmamento. Quería morir pero la muerte huía de sí. ¿Por qué?, ¿¡Por qué!?, ¿¡POR QUÉ!? ¿Qué había hecho mal? ¿En qué se había equivocado? Nada, le respondía el aullar de la ventisca que le envolvía.

Nada importaba y nada tenía sentido. Nadie hacia algo y todos hacían nada. Era farsa, una mentira estática y perpetua. Pero vio una luz, era roja, como la sangre. La luz parpadeaba, a veces cerca, a veces lejos, a veces se perdía en la infinidad del cielo. El resplandor se acercó de un salto y lo vio, era un reno, una manada de renos; corrían por el cielo, tirando un carro, un trineo. El hombre controlaba a los animales con esfuerzo, gritaba cosas mientras las riendas y el carro celestial se sacudían con violencia; su ropa tenía un aspecto extraño, algo estaba mal, había una mentira oculta tras la mentira. Pero eso no le importaba porque nada importaba, nada tenía sentido, y si nada tenía sentido hasta los hombres podían volar por el cielo con carros tirados por renos.

Pero el animal bufó, ese que brillaba rojo carmesí gritó su nombre, suplicó por su clemencia, por su ayuda. Calló, no tenía palabras para responderle, no tenía aliento que darle, ¿a quién le importaba un reno volador? Se miraron, y su mirada se convirtió en odio e ira, se convirtió en un frío témpano, y en una fuerte ráfaga. El reno cayó de los cielos y con él los otros y el trineo, los animales movían sus patas frenéticamente intentando coger vuelo de nuevo, pero no había nada bajo sus pies, solo un vacío, el vacío de su corazón. En el último segundo vio al hombre saltar del vehículo en picada, también vio como el saco que iba en el trineo salía despedido regando su contenido, niños, niños muertos, mutilados y semicongelados. Algo se quebró dentro de sí.

La tormenta amainó un poco y divisó un tejado, parecía que siempre había estado ahí pero la nieve le había impedido verlo hasta ahora. Y cayó, se precipitó sobre el tejado a gran velocidad, algo la atraía a la estructura. Entró por una grieta, dio vueltas por un gran pasillo y se deslizó bajo una puerta, en la habitación en la que acababa de entrar había un hombre amarrado a la cama donde estaba recostado.

El hombre callaba, solo miraba el techo con unos ojos ausentes, ella, permanecía inmóvil sobre el suelo adoquinado y a pesar que no tenía corazón, a pesar de que era solo una astilla de hielo, sentía algo, algo más angustiante y más profundo que el dolor de haber perdido algo.

—La culpa, la culpa lo corroe todo, incluso al corazón helado —dijo el hombre sin apartar su mirada perdida del techo descolorido—, la culpa lo corroe totodo… la cu…cul…

¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué me he rendido? ¿Por qué estoy aquí? Debo salir de aquí, se dijo. El viento comenzó a golpear las ventanas, el frío comenzó a meterse dentro de los muros pero la habitación seguía cálida.

—Fue..go… —susurró, y las llamas saltaron por las paredes—, no creas que eres la única que sufre Floquet.
—¿Cómo sabes mi nombre? —respondió incrédula Copito.
—Conozco, formo, nombro, yo… yo… nononombro —expresó tartamudeando.


El fuego se apagó lentamente, dejando rastros de hollín por las paredes aunque parecía que ningún combustible se había quemado. Floquet miro de nuevo al hombre, al verlo bien ya no parecía un hombre, sino solo un niño con la mirada perdida, perdida en un mundo distante y diferente. Lo miró y supo que no era su culpa estar encerrado, lejos de todo lo que amaba, era simple casualidad del destino, algo que había ocurrido sin razón ni porqué, algo como lo que le había pasado a su hija. El simple hecho de existir la había condenado.

Floquet comenzó a sentir más y más calor, miró por ultima vez al hombre mientras el hielo que la recubría se fue ablandando, derritiendo y goteando. El frío vacío que sentía dentro de sí se fue llenando de algo, algo ininteligible e intangible pero real, más real que ella misma. Y luego solo quedó una gotita de agua en suelo de una habitación de las gavias.

—Mamá, he vuelto a casa —Deméter volvió la cabeza al escuchar la voz de su hija, sus lágrimas cayeron de nuevo, pero esta vez no se convirtieron en pequeños copitos de nieve sino en el roció que hizo florecer las plantas. La primavera había comenzado.

Las cenizas del simpatista:
Las paredes son azules. En la habitación hay una cama y paredes azules. Y una puerta. La puerta es grande y pesada; siento el frío del metal al posar mi mano sobre ella. Titanio. No, acero.
Me transporto a la Factoría y noto la brea comiéndome la mano. Duele. Mi respiración se acelera y siento la necesidad de pedir ayuda porque mi mano está ardiendo.
Basta.
Inspiro profundamente y me enfoco en la pared. Mi mano cicatrizó hace meses.
Concéntrate. Paredes azules, una cama y una puerta de acero. Paso mi vista por cada uno de esos elementos. Partes de mí siguen sumergidas en recuerdos, pero los interpreto como tales.
Bien.
¿Hay una mesita? Lo compruebo. Hay una mesita. Espero a que todo mi cerebro acepte la información.
Sobre la mesita hay papeles y una pluma.
Me pregunto cuándo me toca ir a Audiciones. Me pongo nerviosa. No, eso ya no importa.
Relajo la respiración.
Me enfoco en la mesita, busco instintivamente el tintero y encuentro una mancha negra en la pared adyacente.
Yo lo tiré. Eso lo explica.
Me siento en la cama y escucho a mi madre llamarme desde fuera. Quiere que vaya al salón a desayunar.
Oh.
Espero. Inspiro profundamente y me enfoco en la puerta de madera.
Mierda, no.
Necesito una dosis.
Sigo esperando. Debo mantenerme en el presente. Pero tengo hambre. Pero no puedo salir. ¿Por qué no puedo salir?
Primero tengo que vestirme. Bajo mi mano al abdomen y agarro mi camiseta. Asimilo la nueva información y deshecho los pensamientos incorrectos.
La camiseta es blanca. No me suena tener una camiseta así en el armario. Busco el armario. No hay armario.
Estoy en Las Gavias. No puedo salir y no hay armario y tengo ropas de loca porque estoy loca y estoy en Las Gavias. Me esfuerzo en mantener esa relación lógica de ideas. Siento cómo los recuerdos vuelven a convertirse en recuerdos. Bien.
No, no está bien. Tengo miedo y quiero salir. Necesito salir.
Kathia, deja de intentar empujar la pared. Creo que quiero comprobar de qué material está hecha. Si fuera de piedra…
Espero. Yo no sé ningún nombre.
Necesito la puta dosis.
Inspiro profundamente y dejo de agarrarme el pelo. Recuerdo a Mandrag hablándome. Kathia, ¿de qué color son las paredes? Blancas, como mi camiseta. ¿No eran azules? Las paredes de mi habitación son azules.
Mierda.
Pero las paredes son grises. No, son rojas. No. Joder. Están manchadas de rojo, pero no son rojas. Kathia, para. Pero el resto es blanco y todos tienen batas blancas. No es real. Pero manchadas de rojo. Y hay gritos.
Razona, razona.
No puede haber gritos porque estoy sola y por tanto nadie puede gritar.
Ah.
Dejo de gritar pero no dejo de clavarme las uñas.
Para.
Dejo de clavarme las uñas.
Inspiro. La respiración no me calma. Demasiado ruido.
Noto una presión en mi hombro y me aparto. Una mano intentando posarse. ¿Mía? No. Hay otra persona en la habitación. Tengo que sedarla, Mandrag.
Yo no he dicho eso. Dos personas. No he sido yo. Dos personas. Puedo escucharlas y no son yo. Yo y dos personas más. Quiero irme. No sé dónde estoy. Las paredes son demasiado grandes y la habitación demasiado pequeña. Necesito irme. Estoy paralizada. Corre. Dejad de hablar. Huir, necesito huir. Rápido. Tengo que llegar a Audiciones.
¡Callaos!
Me agarran el brazo y grito y araño y salto y muerdo y grito de nuevo y me desmayo.

Silencio.

Mandrag me mira fijamente. Está hablándome, pero el sonido de su voz entrando por mis orejas solo enfatiza el silencio.
—...de analizarlo sin alterar la muestra de forma irreversible. No esperaba menos de ti, igualmente. Estaría decepcionado sí...
La cama en la que me encuentro es más cómoda que la de la otra sala. Me asombra recordarla con tanta claridad. Noto cómo mis pensamientos avanzan lentamente, pero en orden; de uno en uno. Es como si me encontrase en una nube.
—¿Con qué me habéis sedado?
Mandrag me mira inexpresivo. Intentando interpretar su mirada, me percato de que mi mente funciona con más lentitud de la que esperaba.
Entiendo.
—Ya lo sabes.
Tardo en responder.
—Sí.
Mandrag me mira en silencio. La habitación no tiene ventanas, pero una potente lámpara simpática la ilumina por completo desde el techo. La constante luz artificial, con una intensidad perfectamente medida para ofrecer la iluminación óptima, solo hace la sala más claustrofóbica. Me recuerda lo lejos que estoy del exterior.
Me doy cuenta de que por un momento he pensado que estaba fuera. Arrugo la nariz y noto cómo mi cerebro se embota.
—Si te intentas concentrar solo será peor. Es mejor que mantengas la mente lo más despejada posible o volverás a dispersarte.
La seguridad que finge su voz me ofende.
—Dispersarme. Bonita denominación; muy certera. Hablas como si lo hubieras vivido.
—No, pero he pensado mucho en los efectos que puede haber tenido la poción. Tendrías que haber deducido las secuelas. ¿Pensabas que tu cerebro simplemente volvería a la normalidad tras pasarse el efecto?
No pierde el tiempo.
—No se... —Espero a que se ordenen mis pensamientos. Mi boca es más rápida que mi mente ahora mismo—. No se supone que debiera pasarse. Siempre que pudiera tomar la dosis periódicamente, simplemente me mantendría enfocada. No esperaba que durase tan poco.
Silencio.
—Ya veo.
Se levanta de la silla.
—Maestro...
—No. Tres estudiantes de la clínica han muerto por tu imprudencia, y Arwyl aún no ha podido volver a la Universidad. —Apretó los dientes—. ¿Cuántas veces hemos hablamos de esto? La ambición no debe excluir al sentido común.
—Fue un accidente. Yo no quería hacerles nada. Mi mente empezó a fallar y...
—¿Entonces de dónde sale ese orgullo en tu mirada?
Su tono me enfada.
—Ni tres el’the y un maestro juntos superaron mi alar en un momento en el que ya estaba medio ida. —Noto cómo el efecto del sedante comienza a reducirse. Es pronto. Muy pronto—. Tras una dosis podía llegar a partir mi mente en veinte partes sin cansarme. Sentía que podía hacer lo que quisiera con unos cuantos vínculos. Con perdón, Mandrag, el avance que podría suponer mi poción vale mucho más que la vida de tres míseros alumnos. Deberías estar orgulloso.
Jamás he sentido tanto desprecio en la mirada de alguien.
Y, comprendiendo repentinamente la situación en la que me encuentro, por primera vez le tengo miedo.
Mucho miedo.
—Mandrag, sabes que necesito seguir bebiéndolo. El sedante no va a impedir nada. Puedo hacer más, si quieres. —Noto la desesperación en mi voz y me asqueo a mí misma—. Pero tenéis que darme una dosis.
No cambia su expresión.
No.
No pueden hacer eso. Empiezo a dispersarme. Mierda, necesito pensar con claridad. ¿Cuánto tiempo llevo sin...?
—Mandrag, ¿no podéis...? ¿No? Tú no...
No puede ser.
Quiero gritar, pero no tengo fuerzas. Bajo la mirada para esconder mis lágrimas y veo cómo caen sobre las quemaduras cicatrizadas de mi mano muerta.
—Adiós, Kathia.
Mientras escucho los pasos cada vez más lejanos de Mandrag, un par de desconocidos vuelven a llevarme a la habitación de paredes grises.

Ninguno de ellos sabe que moriré allí.

Mentes cerradas:
— El plan es sencillo. Seuz se enfadó cuando le engañé con la comida y me llevé el trozo bueno. Nos quitó a todos nuestra fuente de calor.

Aquella muchacha que respondía al nombre de Mepretea charlaba una vez más con su piedra favorita en la mazmorra que habitaba en Las Gavias. Aquel era un día especial, pues iba a vengarse de la venganza del compañero que actuaba como cabecilla entre los menos locos o, como se llamaban a sí mismos, los más sanos.

— Por lo tanto, Pietri, recuperaré la piedra luminosa y así nos calentaremos los demás. Jeje, soy genial.

La joven se levantó entonces con una sonrisa de oreja a oreja y abrió la puerta de la mazmorra, que dejaban abierta de tres a cinco. Ella sabía que Seuz no estaría en su mazmorra a esa hora, ya que estaría ocupado pegando a los demás semilocos por una razón que ya no recordaba ninguno. Con un poco de suerte, se habría dejado la piedra allí, confiado de que nadie se atrevería a robarla.

Pero se equivocaba; estaba rodeado de locos, al fin y al cabo. Mepretea era conocida por ser la más joven con catorce años y la más excéntrica.

Sin más dilación, Mepretea se adentró en los pasillos y, tras unos pocos minutos deambulando por aquellas instancias, encontró la mazmorra de Seuz, abierta y desprotegida. La mayor vigilancia que podría darle a su celda era la intimidación, cosa que no afectaba a Mepretea en lo más mínimo.

La muchacha sacó su piedra del bolsillo e hizo un ademán de abrazarla. Se dio cuenta, entonces, de que estaba sudando.

— Pietri, cruza los dedos para que no me pase nada.

Se adentró en el lugar en el que dormía su caudillo. Se encontró con una amalgama de trastos viejos y un camastro medio roto, probablemente efecto de los gritos de agonía que se solían escuchar algunas noches.  A pesar de que no había nadie más allí, Mepretea tuvo mucho cuidado al andar, avanzando de puntillas.

No tardó mucho en divisar aquella roca brillante, que iluminaba media sala. La cogió del suelo y salió de allí pitando.

—¡Quema, quema, quema! — Mientras corría por los pasillos no pudo evitar soltar algunos gemidos de dolor.


Seuz no tardó mucho en advertir que aquella piedra había desaparecido, por lo que duplicó el numero de golpes y patadas a los demás locos.  Un día en el que decidió pensar un poco más de lo normal, reparó en que la única que solía faltar en las palizas diarias era Mepretea.  Ató cabos y urdió, entonces, un plan.

La joven escondió la piedra como pudo, en ocasiones invitando a compañeros a que se calentaran con ella, siempre con cuidado para que Seuz no los descubriera. Estaba muy orgullosa de sí misma y sabía que Pietri también lo estaría.

Cuatro días después de recuperar la piedra, Seuz se pasó por su celda sin avisar antes. Mepretea se puso muy nerviosa, algo que Seuz advirtió, confirmando sus sospechas. La conversación se limitó al visitante ordenando a Mepretea que cuidara a una niña, aún más joven que ella, nueva en las Gavias.

También le ordenó vigilar una caja, dejando claro que si la habría, todo lo mágico que había de ese lugar se perdería, trayendo de fuera las peores características, como el hambre, la envidia o el odio. Tras decir eso, le dio la caja y se fue.

Mepretea no pudo evitar enfadarse, no por aquellas órdenes, sino porque lo peor de fuera lo traía él, Seuz. Sin darle demasiadas vueltas, apoyó la caja en el suelo y le explicó la situación a su nueva acompañante, que se llamaba Doranpa.

— Voy a visitar a unos compañeros para que me dejen una cama para ti. Bajo ningún, ningún —sacudía las manos de un lado a otro — concepto abras esa caja. ¿Entendido?

La otra chica, con una mirada vacía y perdida, asintió. Mepretea la dejó allí sola y Doranpa se sentó en el suelo, mirando fijamente a la caja de madera. Al observarla, se dio cuenta de que tenía varios agujeros, probablemente por un uso pasado. Se preguntaba cuántos años tendría, mientras que se acercaba inadvertidamente.

Había pasado diez minutos y Mepretea no había vuelto, por lo que, pensando que tardaría mucho, decidió abrir la caja solamente un poquito, para ver qué había dentro. La curiosidad iba a matarla, no era su culpa.

Doranpa, entonces, se puso de rodillas y agarró la tapa con ambas manos. Tragó la poca saliva que le quedaba y, en un preciso movimiento, la tapa salió volando. Lo que vio le cortó la respiración y Mepretea, que acababa de llegar, se llevó las manos a la cabeza con pánico. Un grito ahogado de la más excéntrica y segunda más joven llamó la atención de la nueva inquilina, que se desmayó.

Poco tardó Seuz en aparecer, culpando a Mepretea de que influenciara a Doranpa para que abriera la caja. Los demás habitantes de aquella ala de las Gavias se acercaron, para descubrir, anonadados, lo que había ocurrido. Seuz clamaba que la poca felicidad de la que disfrutaban allí dentro desaparecería, haciendo que aquel grupo se hundiera en un mar de gritos e insultos hacia las dos mujeres.

De pronto, todos aquellos que habían sido ingresados en aquel edificio por estar locos, de alguna u otra manera, empezaron a notar extraños cambios a su alrededor.

En aquel silencio repentino, Mepretea acudió a la piedra que había recuperado unos días atrás, para darse cuenta de que ya no emitía ni luz ni calor. Era una piedra común y aburrida, casi tanto como Pietri.

Pietri, ¿dónde estaba ella? Buscó en todos los pliegues de su ropa, pero Pietri no aparecía. ¿La había perdido? No entendía nada.

Cuando intentó acusar a la niña de ladrona, se dio cuenta de que Doranpa había desaparecido. Los demás tampoco veían a la causante de aquel disturbio. Buscó la caja y tampoco aparecía visible. Aquello era muy extraño incluso para ella.

Tras unos segundos de confusión, uno del tumulto señaló que Seuz tampoco estaba. Mepretea se dio la vuelta y confirmó lo que los demás decían: el acosador que tenía a todo aquel grupo en jaque había desaparecido, al igual que la niña.

Pasaron unos pocos segundos más hasta que una figura que estaba lejos se acercó. Era un hombre vestido de vigilante, cuyo rostro fue reconocido por muchos de ellos. Sonrientemente, anunció:

— Ya podéis salir. Estáis curados.

Y sin más que añadir, aquel grupo salió por la puerta principal. Sin embargo, aquel día que esperaban con todas sus ganas resultó ser decepcionante, al encontrarse con el frío abrazo del mundo exterior, lleno de mentirosos, ladrones y asesinos, en un océano de violencia y demás desgracias.

Mentiras, manchas y ruido. Y queso:
Todo está bien, hay silencio y está limpio, en orden. No hay ruidos como de costumbre, por lo menos aquí y ahora. Normalmente suelo escuchar golpes intermitentes, esos son con la cabeza; otras son chirridos de uñas arañando cualquier superficie; y otras veces sólo son gritos. Y me ponen nerviosa, todas y cada una de las posibles interferencias con la tranquilidad que debe haber aquí me hacen desear aún más salir, escapar para poder ser otra persona diferente. Pero debo mantener la calma. En las Gavias es difícil pero necesario, el comportamiento extremo de muchos ingresados es muy sencillo de comprender, porque todos tenemos una pequeña chispa de esa locura, y lo único necesario es orden y lógica.

Todo estaba relajado, pero entonces empecé a escuchar un ruido, uno que debía ser apagado, controlado. Caminé por los pasillos tranquilamente, no quería alterar a nadie. Llegué a la celda y me asomé por la pequeña ventanilla de la puerta.

—¿Va todo bien? —pregunté.
—Este sitio, ¡es horrible! Hace que me cosquilleen los dientes.

Tenía la boca destrozada y los dientes estaban esparcidos por el suelo, se los habría arrancado o los habría presionado demasiado fuerte entre ellos.

—¿Cómo conseguimos que no te cosquillen?
—Sácame de aquí. Por favor. Mi madre me necesita.

Me alejé un momento para comprobar los documentos sobre ese hombre, tenía todo registrado y ordenado. Obviamente me estaba mintiendo. Lo ingresamos cuando su madre murió, así que lo sabía de sobra. Mentiras.

—Tu madre murió, Asbern. Recuérdalo y deja de molestar.

Recordarle el suceso hizo que se quedara pálido, mirando un punto fijo y retrocediendo muy lentamente.

Un par de horas más tarde volví a oír algo, esta vez venía de otro sitio. El ruido sonaba sin cesar y de forma completamente aleatoria: uno largo y agudo, otro rápido y grave, otro muy fuerte, como un golpe, un siseo… Me acerqué a la celda correspondiente, dentro había una señora vieja, que estaba completamente desnuda y había hecho sus necesidades por toda la habitación. Todo estaba sucio y apestaba. Manchas.

—¡He sido yo! —la anciana rió, orgullosa y contenta. Luego se giró hacia mí. —¿Te importa? Estoy haciendo palito de pescado, ¡es un estado mental muy delicado!

Dejé que alguien se ocupara, meterme en esas pocilgas no era mi trabajo, yo sólo debía mantener el orden.

Y justo antes de irme, otro ruido. Esta vez sí lo reconocí, era un grito prolongado y agudo, que sólo paraba cuando el emisor tenía que tomar aire. Una vez más llegué a la celda y me asomé. Era un hombre de mediana edad con el pelo arrancado a trozos, se estaba tapando las orejas y chillaba todo lo fuerte que podía, tanto que no me oyó cuando intenté calmarlo, tanto que me dolían los oídos. Ruido.

—¡Por Tehlu! ¡Ya basta! —exclamé.

Perdí la paciencia, entré en la celda y lo agarré por el cuello todo lo fuerte que pude, clavó su mirada en la mía, su garganta despidió un grito ahogado y empezó a bajar las manos.

—¡Eh! —un compañero entró y me apartó del preso.

Salí de la celda y escuché, perfectamente, al loco hablándome mientras me alejaba:

—¡Ven a visitarme otra vez! ¡O te arrancaré los ojos, ja ja ja!

Y por fin escapé de las Gavias, cuando ya estaba en el exterior respiré aire de verdad, abrí mis brazos para recibirlo y reí de alegría. Dejé atrás todo el maldito orden, el hilo regular y dilatable que ataba a aquellos pobres desgraciados a una vida que no les pertenecía. Tenía hambre y fui a casa.

La choza en la que vivía era mucho mejor que las Gavias, el olor a vino y sangre se mezclaba con el del queso. Delicioso queso. Fui a la cocina, me comí toda una cuña y me guardé el cuchillo. Después descansé hasta la noche viendo como una tormenta se acercaba. Caótica y hermosa. Me levanté del sillón y fui a la sala de invitados, allí me esperaban mis amigos.

Creo que uno estaba muerto; los otros dos, llenos de marcas y desnutridos, enganchados a las cadenas como si fueran muñecos, me miraban asustados y desesperados.

—¿Más té, queridos? —no me respondían.
—Mátanos de una vez, no merecemos esto, ¡no te hemos hecho nada! Deja de jugar con nosotros… —me suplicó el más joven.
—Eres demasiado duro contigo mismo, mi querido, dulce, homicidamente loco Lestadt. ¿Qué haría la gente sin ti? ¿Bailar? ¿Cantar? ¿Sonreír? ¿Hacerse viejos?
—Déjanos libres, no diremos nada… —masculló la mujer.

Me giré hacia el último, ya muerto y desfigurado.

—¿Tú tienes algo que decir? —no dijo nada.

Me volví a girar hacia los otros dos.

—La locura es una piedad. Amarga quizá, pero piedad al fin y al cabo. Bien, me he aburrido ya de vosotros. Creo que os dejaré libres.

Sonrieron y saqué el cuchillo, que aún olía a queso.

Era mentira, y hubo manchas y ruidos.

Salgamos corriendo, escondámonos huyendo:
No recordaba aquel lugar tan frío. Se frotó los pies descalzos antes de continuar su recorrido por el laberinto de mármol. Los pasillos llevaban a otros pasillos, las escaleras subían y bajaban a su antojo y las puertas…Tras las puertas era mejor no mirar. Agotada, se sentó en el último escalón conquistado, cerró los ojos e inspiró hondo. Era obvio que, al igual que sus residentes, aquel lugar carecía de sentido…¿Y si no existiera una salida? Sacudió la cabeza: sabía que era posible salir de allí, ya se había hecho antes…¿Ya lo había hecho antes? Una lejana melodía interrumpió sus pensamientos. Tardó unos segundos en comprender que no procedía de su mente. Emocionada, se puso en pie de un salto y empezó a buscar el origen. A cada paso, la música parecía cobrar fuerzas, guiándola, y a la vez provocándole una atracción irrefrenable que le impulsaba a seguir el ritmo en una frenética danza muy acorde con aquel escenario. Entre giro y giro, sus pasos le llevaron a un estrecho pasillo sin puertas que desembocaba en una angosta ventana —no mucho más grande que la rejilla que daba entrada a su hogar—. Estaba abierta, invitando a entrar al frío de la noche, al que acompañaba una voz de trueno. Se encaramó al alfeizar y salió al exterior. El viento la importunaba haciendo ondear su cabello con violencia mientras se afanaba en trepar a lo alto de las cosas, pero también le traía una canción a sus oídos, una que nunca antes había escuchado:

Venid y acercaos,
y del valeroso Lanre escuchad la historia…

Un par de exhalaciones y gruñidos después consiguió su objetivo. Arrodillada sobre las tejas mientras recuperaba el aliento, alzó la vista y descubrió a su misterioso bardo.

— ¡Kvothe! — su voz era una llamada que buscaba cobijo.
[justify]
…Y a su esposa Lyra, cuya llamada dicen
 algunos que atendió…

— ¿Kvothe? — su voz era una pregunta llena de indecisión. Era él, pero parecía otra persona. Sus ojos miraban sin ver, las palabras salían de su boca, pero no era él quien las pronunciaba. La luna iluminaba un rostro inexpresivo donde lo único que parecía tener vida era el pelo de fuego que el viento alborotaba en torno a él.

…Traspasando las puertas de la muerte
para pronunciar su nombre con renacido
aliento.

Repitió el último verso una y otra vez, una y otra vez…en un inquietante crescendo y con la cadencia propia de quien entona un conjuro. A cada repetición, el verso se iba acortando, la velocidad aumentando…Hasta que solo se hizo eco de dos palabras: «SU NOMBRE».

KVOTHE — su voz era una orden disfrazada de súplica. El interpelado se detuvo en seco, fijó su vista en ella y pareció reconocerla. El trance había quedado atrás.

— Auri… — su voz era un susurrro, un susurro impregnado de miedo— Ya vienen.

Títere se quedó dormido:
La noche había tendido su negro manto sobre Temerant. Allí, en las Gavias, todos dormían, excepto un intrépido y nervioso aventurero nombrado Títere, que en esos momentos correteaba por los pasillos en dirección a la habitación de...

-Dal, Dal, Dal –dijo Tit, entrando apresuradamente en el cuarto de la aludida y despertándola con unas palmadas.
-Tit, Tit, Tit –respondió Dal automáticamente, mientras se despertaba y miraba a su alrededor, intentando ubicarse. Luego dijo, con voz pastosa- ¿Sabes qué soñé? Estaba estudiando en la Artefactoría y me volvía loca y luego me encerraban en las Gavias.
-Eso fue exactamente lo que ocurrió.
-¿De veras?
-De veras. Empezaste a gritar y a quemar cosas... -respondió Tit, asintiendo con la cabeza.- Bueno, no importa. ¡Dal, Dal!
-¡Tit, Tit!
-¡Dal, mañana es el Concurso de Miniobras de Teatro!
-¡Repámpanos! Lo había olvidado.
-Yo también. Pero me he acordado ahora, y por eso he venido a despertarte. Todavía nos queda tiempo suficiente antes de que el sol asome, he escrito un guión, lo podemos ensayar rápidamente.
-¿Estás seguro?
-Como que me llamo Títere.
-Pero –respondió dubitativa la muchacha, mientras le echaba un rápido vistazo al oscuro exterior que se asomaba desde la ventana.- Tengo sueño.
Títere se sentó en el camastro, negando con la cabeza.
-Me decepcionas Dal. ¡Dormir es para cuerdos!
-¡Eso es cierto!
Como si fuera un soldado respondiendo al toque de corneta, Dalcenti saltó del camastro con el camisón ondeando tras ella.
-¡Adelante Tit! Tenemos una obra que ensayar, ¡despierta a todos los del Ala Número 7!

Y así, armados con cucharas y cacerolas que previamente robaron de la cocina, Dalcenti y Tit recorrieron todo el Ala Número 7, aquella que alojaba a los chiflados y locos que no eran ni poderosos ni peligrosos, los que simplemente tenían manías raras, como quemar cosas o atar hilos en las extremidades de la gente...


-¿Pero qué es este jaleooo? –dijo una aturullada Perelin asomándose desde la puerta de su habitación.
-¡Todos al comedor, rápido! –ordenó Dalcenti.- ¡Tenemos una obra que ensayar!
-Que no griteeees –respondió esta.

La comitiva prosiguió su marcha, incansable, hasta llegar a la sala previamente mencionada. Allí, nuestro coprotagonista de sexo no varón (por si acaso) Títere y Dalcenti, nuestra femenina estrella, procedieron a repartir los diálogos correspondientes a cada personaje. Organizaron grupos para que se encargaran de los decorados y maquillaje, mientras ellos ensayaban subidos a una mesa de madera.
La oscuridad de la noche dio paso a la claridad del alba, señal inequívoca de que había llegado el nuevo día, y con este, el esperado Concurso de Miniobras de Teatro...


-¡Señoras, señores y Expo! ¡Les presentamooooos... Las Aventuras de Domitilia y Domitilio, dos amantes hermanos que...!
-¡DAL!
-¿Qué ocurre?
-¡Pero no desveles que son hermanos! ¡Ese era el giro final!
-Oh, repámpanos... ¡Las Aventuras de Domitilia y Domitilio, dos completos desconocidos sin presuntamente ningún vínculo familiaaar!

Las luces se atenúan. El público aplaude. Nat y Pere entran en escena. Nat lleva un vestido, Pere un bigote.
-Oh, vaya, qué hermosa dama –dice Pere, con un sobreactuado acento modegano.
-No diga eso, joven señor –responde Nat.- Me va a hacer sonrojar.
El telón se cierra, ocultando a los actores. Se escucha como arrastran parte del decorado, y la tela roja vuelve a abrirse, dejando ver un escritorio de madera tras el cual está sentado Expo, con una gran barba y un monóculo. Enfrente suya está Perelin, sollozando.
-¡Te prohíbo que veas a esa joven campesina!
-¡Pero padre!
-¡Ni padre ni padro! ¡Que no!
De nuevo cambia la escena, y esta vez aparece Perelin subida a un carromato, rumbo a algún destino desconocido.
Un enorme murciélago negro les sigue, diciendo:
-A.
Nos encontramos ahora en un lúgubre internado. Pere llora en un rincón, mientras Edeus intenta consolarla.
-Nunca más volveré a ver a la bella Natalia Osorio, mi padre, el malvado financiero Expo de Murga, me ha mandado a este internado para que no pueda acercarme a ella.
-No te preocupes, Perelin de Murga, aquí estarás bien. Mira, tengo joyas...
Ahora vemos a una aturullada Nat cabalgando encima de una vaca rumbo al internado.
(Entre bastidores)
-¿Pero porqué Lici va vestida de vaca? –susurra Títere.- ¡Dijimos que tenía que ser un caballo negro!
-No me mires a mí –responde Dalcenti.- La he dicho que...
-A.
-Durzo, fuera de aquí. Y quítate ya el disfraz de murciélago, ahora tienes que hacer de nube.
(Volvemos al escenario)
-¡Oh, Natalia Osorio, amor mío! –exclama una sorprendida Perelin, mientras ayuda a Nat a entrar por la ventana.- ¿Cómo me has encontrado?
-¡Eso no importa! ¡Casémonos!
Glimmer entra al escenario, vestido de cura, y pronuncia unas palabras en Atur.
-¡Pronuntio nunc autem et uxor viro!
-¿Qué ha dicho? –susurra Pere.
-Que nos hemos casao –responde Nat.- ¡Bésame!
El telón se cierra ocultando a los jóvenes amantes. Aparecen ellos de nuevo, Pere bebe scutten junto a una chimenea mientras Nat cose sentada en un sillón. Dalcenti, vestida como si fuera una niña pequeña, corretea por el escenario.
-Domitilia, hija mía, ven aquí. Te vas a hacer daño.
-Pam, pam, paz –responde la niña, golpeando la tarima con las manos.
La escena cambia de nuevo, y vemos a un moribundo Expo postrado en un camastro, mientras sostiene una carta entre las manos.
-Lle... llevadle esta carta a mi hijo Perelin de Murga. Es mi última voluntad.
Y se muere.
Volvemos de nuevo a la escena familiar. La niña ya está crecida y ensaya movimientos ninjas en el salón, mientras Nat bebe chocolate Víntico y Pere lee la carta.
-¡Por las barbas de Tehlu! Mi padre, el famoso y malvado financiero Expo de Murga, ha fallecido, revelándome en este carta un oscuro secreto.
-Oh, oh –exclama Nat.- Cuéntame, dime cuál es ese oscuro secreto.
-¡Tu madre, la sensual y alegre campesina Janis Osorio, tuvo una noche de pasión con mi padre, el financiero Expo de Murga, de la que tú eres fruto!
-¡Omaigad!
-¡Somos hermanos!
Dalcenti se lleva las manos a la cabeza, al descubrir el oscuro secreto de sus padres.
-¡Entonces yo soy un pecado!
Perelin asiente.
-Tehlu nos castigará por esto.
-¿Qué haremos ahora? –solloza Nat.
-Sólo se me ocurre una solución. Encerremos a la niña tras una pared de piedra, para que muera allí.
-Me parece genial.
Dal, horrorizada, intenta escapar, pero sus padres la atrapan y la encierran tras una pared de piedra.
La muchacha está tendida en el suelo, en la oscuridad.
-Ser o no ser, esa es la cuestión –declama.- ¿Qué es más noble para el alma sufrir los golpes y las flechas de la injusta fortuna o tomar las armas contra un mar de adversidades y oponiéndose a ella, encontrar el fin? Morir, dormir... nada más...
Dalcenti muere, convirtiéndose en un fantasma, y atormentando así a la humanidad por los siglos de los siglos.
Las luces se atenúan.
Se cierra el telón.
El público aplaude.
Y Títere se queda dormido.

Toc, toc:
Érase una vez un país o algo así.
Muy interesado en conquistar a otro.
Odisea, que se llamaba a nuestra protagonista,
Sepan todos que era inteligente. Y una chica.
Ingenió, pues, lo de hacer con madera un gigante potro,
Darlo como ofrenda de paz a los otros,
Obviamente con un ejército metido en su orto.

Entraron en la ciudad como un regalo.
Necios fueron al aceptarlo.
Gratis nada es, cuando descargues porno habrás de recordarlo.
Así que poco más puedo decir.
Ñu empieza por eñe y
Aunque esto no deba estar en verso
Da pa pasar el rato, y quizá reir
Oh, y lo soñó Resines. En un loquero.


*Cuando termina de leer en voz alta los relatos, Expo le da una servilleta que pone "gracias por su visita"*

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Mensaje por Oretrauk el Vie Oct 26, 2018 5:33 pm

¡¡¡¡¡¡¡EMOSIDO!!!!!!!
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Mensaje por Glimmer el Vie Oct 26, 2018 5:34 pm

EMOSIDO
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Mensaje por Aitas el Vie Oct 26, 2018 6:08 pm

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Mensaje por Feren el Vie Oct 26, 2018 6:20 pm

Emosido bendecido


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Mensaje por Expo el Vie Oct 26, 2018 11:17 pm

Debido al elevado número de participantes, en vez de dar 3 puntos a un relato, 2 puntos a otro y 1 a un tercero, se podrán también dar 5 puntos y 4 puntos a otros dos relatos.

Iría de la siguiente forma:

Mejor relato: 5 puntos.
Segundo mejor: 4 puntos
Tercero mejor: 3 puntos
Cuarto mejor: 2 puntos
Quinto mejor: 1 punto

-----------------------

Os recuerdo que las votaciones respecto a si reducir a la mitad o no los puntos acumulados en la 1º ronda de cara a la 2º sigue en activo, si bien los participantes del concurso ya no pueden votar.
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Mensaje por Durzo el Vie Oct 26, 2018 11:43 pm

EMO FUCKING SIDO
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Mensaje por Edeus el Sáb Oct 27, 2018 4:23 pm

Contrario a lo que suelo hacer, he decidido aprovechar que los relatos son cortitos para ir mirándomelos uno a uno y releerlos las veces que haga falta. Ya tengo el primero (ojo que hay spoilers, OBVIAMENTE).


Ad libitum

Lo primero que hice fue buscar el significado del título: ‘como guste’, según la señora Wikipedia. Pero dado el gusto musical que parece indicar el relato, tanto por el rumbo que toma como por algunas expresiones (‘pelo semicorchea’, ‘tres negras’, ‘¿a qué suena?’), quizá podría pensar que el título también toma ese camino, dejando ese ‘ab libitum’ como la posibilidad de improvisar de alguna manera (Rha es el músico aquí. Si fuera algo de eso sería él quien tendría la última palabra, en cualquier caso xD). En cuanto al significado respecto al relato, pues no he logrado verlo, más allá de esta relación con la música.

En cuanto a la historia, tal y como la he entendido se presenta una jovencita loca residente de las Gavias capaz de modelar la música a su antojo, que de hecho ha terminado así por utilizar demasiado este poder. Y tras meterse tres pastillas cuando parece que empieza a alucinar o recordar, trasladándose al Eolio para escuchar una canción que trata sobre su propia historia y el cómo acabó allí. La mención a Euterpe, musa de la música, parece dejar claro que el mito elegido es el de ella. Ella aparece, además, representada como la jovencita que toca en el Eolio mientras toca la flauta doble (instrumento inventado por la musa).

A rasgos generales, con lo que me he quedado ha sido con la anticipación de ese final desde el buen inicio de la novela. Euterpe sabe que será el último día, y termina siéndolo, porque lo volverá a olvidar todo de nuevo una vez vuelva a perder el sentido (o la cordura, o la memoria, o todo) tras utilizar su poder (claro, que esto es lo que he sacado yo. Si el autor tiene algo que añadir espero que lo haga).

Me ha gustado el relato en el sentido de haberlo encontrado tan bien ligado. No solo está genial escrito, sino que las referencias musicales están por todas partes, y aunque la musa no tenga un mito propio en sí (eh… Google me dice que no, que no tiene), ha sabido aprovechar muy bien lo que le ofrece la saga. Como contras quizá me he quedado con las ganas de saber algo más sobre el chico que la atiende, por qué lo elige a él para representar su canción; y quizá que las rimas de las canciones no me han terminado de convencer xD Pero en parte diría que es precisamente porque la parte de prosa está muy bien escrita y el contraste se hace mayor. 

Por no querer acabar con la nota grave, concluir que el conjunto es uno de los que más me han gustado en cuanto a estilo de escritura, y ha sido un gusto leerlo. Hay tramas que tienen algo más de fuerza, pero con una segunda releída veo que esta termina quedando redonda.


Última edición por Edeus el Dom Oct 28, 2018 2:01 am, editado 1 vez


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Mensaje por Rhasent el Sáb Oct 27, 2018 5:59 pm

COMENTARIOS DE LOS RELATOS POR RHASENT


 
En primer lugar, estoy gratamente sorprendido de la participación tan alta que ha tenido este concurso. Me alegra mucho que se animen a escribir, ya que al final resulta muy divertido leerlos a todos. Algunos comentarios son más extensos que otros, ya que depende del relato, y de mis ganas de comentar. Espero que nadie se tome a mal mis comentarios pues están hechos siempre con intención de ayudar.
 
Toctoc.

Ha sido entretenido de leer, me ha conseguido sacar una sonrisa, y creo que era la intención que el autor tenía con este texto, así que en ese sentido pues… objetivo cumplido. No tengo mucho más que decir. Es el mito de la guerra de Troya.
 

Delirio.
 
Al final sí que se ha terminado haciendo un microrrelato. No me molesta especialmente, pero me gustaría hacer el apunte de que pienso que a la hora de puntuar es muy distinto evaluar un microrrelato a la hora de compararlo con un minirrelato. Son ciertamente diferentes, y por tanto, me parece una tarea más complicada. En este caso, creo que la historia está basada en el mito del laberinto de Minos, aunque no haya demasiada información, creo que eso lo veo claro. Como microrelato no está mal, sin embargo me hubiera gustado un poquito más, que nos aportara más calidad literaria, pues simplemente explica el mito resumidamente en 52 palabras. No hubiera pasado nada por escribir un poquito más… Así habría más cosas de la que hablar y el nivel del microrrelato hubiera subido mucho. Los microrrelatos también tienen 200-250 palabras.. se podría haber conseguido algo muy bueno de aquí, pero te has quedado a medias. Una pena.

 Escondámonos huyendo.

Voy a ser sincero, no me ha gustado. El relato comienza con Auri encerrada en un laberinto (Gavias) y, guiada por la música de Kvothe consigue huir y acudir a su encuentro. Sin embargo, parece que Kvothe ha invocado a los Chandrian con su música y les perseguirán por cantar esas canciones. No me ha gustado porque me ha resultado bastante aburrido, y sinceramente no entiendo por qué ocurren las cosas. ¿Qué hace Auri en las Gavias? Esto no tiene mucho sentido en un principio y da la sensación de que simplemente está ahí por conveniencia argumental, para que se ajuste al mito. Quizás es debido a que son personajes conocidos de la saga,  y por eso tengo esa sensación. En cualquier caso y obviando eso, me gusta mucho el uso de la canción de Lyra y Lanre en el relato, ya que le aporta mucha intriga y misterio. Sin embargo, no termino de ver la relación que tiene el principio del laberinto con la escena del tejado entre ambos. ¿Empezar con Auri en un laberinto era solamente para que se ajustara a las normas? Supongo que ahí debe de estar la clave que no me deja comprender el bien la idea y el mito que hay detrás.
La ortografía es muy buena y eso se agradece, además, las puntuaciones de los diálogos no están mal aunque haya alguna cosilla mínima. Siempre se agradece leer cuando el texto no tiene muchos errores así.
Por otro lado, tengo la sensación de que se me ha hecho extremadamente corto, y por eso me ha dejado un poquito frío. Esto no quiere decir que para que me guste tendría que ser el doble de largo. No. A lo que me refiero es que podría haber desarrollado más las ideas, por ejemplo, la del laberinto. Auri es un personaje que se presta mucho al diálogo interno y se podría haber explorado mucho más en ese camino, o introduciendo, quizás, elementos de la canción mientras Auri va recorriendo el laberinto, por dar un ejemplo. A este relato le falta desarrollo, pues no me ha parecido muy entretenido.
 

AD LIBITUM.

¡Menuda sorpresa cuando he visto que el título del primer relato era un término musical! Significa “a voluntad”, en música el compositor lo escribe en la partitura para indicar que se da libertad al músico sobre la interpretación de ese fragmento. No está regido a ninguna norma, por lo que es tu momento de brillar.
En cuanto a ortografía, en general no está mal, aunque una cosa me clavó un puñal en el corazón. “absorver” ¡¡¿¿ACASO NUNCA HAS JUGADO CON UN POKEMON TIPO PLANTA?!! 
Además, los diálogos están mal puntuados. La raya (—) no es lo mismo que el guión (-), esta se utiliza al principio del diálogo para marcar la intervención de nuestro personaje. Sí está bien que no hayas dejado espacio entre la raya y la primera letra y has intentado marcar los comentarios del narrador (Aunque con guión). Pero otra cosa más, si el personaje sigue hablando después del inciso del narrador, lo cerramos con otra raya que irá pegada al texto del narrador. Veamos:
"—Um… No estoy seguro…—se acercó el vaso al oído—.  ¡Aha! Ya lo escucho. Suena a flautas bajo la nieve y al murmullo de las rosas en la oscuridad."
¿A que queda mucho mejor? Parecen tonterías, pero resulta muy importante debido a que el lector agradecerá mucho leer con raya, resulta mucho más cómodo, pues estamos acostumbrados a ella desde siempre, y le otorgará a tu relato una sensación más profesional. Es posible que incluso se pueda ver repercutido en el resultado final de otorgarte más o menos puntos. Todo cuenta.
 
El argumento de la historia me gusta mucho, me ha sorprendido mucho y en general, fluye muy bien. Es reforzado por la canción que introduce en la segunda parte del relato, un cambio muy positivo que le aporta un cambio a la narración y la hace mucho más entretenida. Me gusta bastante la transición que ocurre a la mitad del  relato, entrelazada por el juego tan típico que suele hacer Auri sobre la comida, transportada al mundo musical, funciona muy bien, resulta muy agradable de leer.  Como aclaración, la flauta doble que mencionan, se trata de un aulos, es una flauta de doble lengüeta  muy típica de la época Griega. Por si acaso teníamos alguna duda, en la propia canción nos revelan el nombre de Euterpe. Pienso que ha sido una buena idea y la has ejecutado muy bien. Cuando vuelves a leer el  principio, este cobra mucho más sentido una vez entiendes la historia. Me ha gustado mucho.
En cuanto al estilo, solo  voy a comentar dos cositas que más me han llamado la atención.
“Si sabías escuchar podías oir el cristal y el fuego,” 
Me gustaría citar esta parte porque en el momento de leerlo no he podido evitar pensar en los epílogos del libro. No estoy seguro de si decir esto justo aquí me termina de cuajar, yo no lo hubiera utilizado a menos que tuviera bastante descripción delante o detrás, para que tuviera algo más de dirección. Da la sensación de que se intenta copiar el estilo de la saga, y eso no me gusta.
 
“…ni su pelo de semicorchea podían esconderlo.” 
Utilizar elementos musicales literariamente puede ser bastante peligroso si no hace bien, pues puedes provocar un efecto completamente contrario al deseado. Sin embargo, aquí funciona muy bien y nos introduce un poco la historia a tratar, un elemento que aporta bastante al relato, y es digno de destacar. Bien.
 
 “y tres diminutas negras. “ 
Al principio me extrañó porque no entendí que se refería a las pastillas, ya que no le vi demasiada relación. Lo destaco porque me sorprendió que lo usaras aquí.
Este relato está muy bien unido, de principio a fin, es muy correcto y sinceramente me transmite una sensación muy estética. Es de mis favoritos de todo el concurso.

Dos en uno.


El título del relato es bastante revelador, y a medida que avanzas en la historia cobra sentido, anticipando ligeramente el final. Al principio tenía algo de miedo según leía, pues vi bastantes nombres así de primeras, y me imaginaba tener que encontrarme con veinte nombres a la vez y tener que releer, pero resultan fáciles de identificar y son el eje clave del relato. El lío de nombres que usan junto con las apariencias con las que juegan resulta en una divertida amalgama. La historia me ha gustado, supongo que está sacada de un mito griego, pero es un símil a la historia de los Crouch en el libro “Harry Potter y el Cáliz de fuego”, en el que la madre (La esposa del ministro de magia), a través de la poción multijugos se hace pasa por su hijo para que este pueda escapar de Azcabán.
Creo que has desarrollado bien la idea y está escrita de forma que se hace muy entretenida, no hay nada que sobresalga sin tener sentido. Es una idea simple pero buena, y por eso funciona bien. Sin embargo tengo la sensación de que le falta cierto toque, quizás el uso de recursos estilísticos le hubiera aportado bastante más intriga o calidad al relato.
 La sensación que deja el final es un poco “meh”, debido a que ya te anticipas el final del relato mientras vas leyendo, pues resulta bastante obvio, y si el objetivo era el de hacer que la hermana cambiase lugares con la loca, pues termina resultando en algo que el lector ya se espera y el “giro” argumental del final resulta un poco insípido, ya que no aporta nada nuevo. A esto, si le unes que le falta esa fuerza narrativa en el final, esa sensación se ve reforzada. Y es una pena, porque el relato no está mal, pero creo que quizás te has intentado aferrar tanto a transmitir el mito de forma verídica, que ha perdido cierta calidad por el camino. Me hubiera gustado que el final me sorprendiera, pero no lo hace, y es el fallo más importante que tiene, tenías todo preparado para conseguir algo interesante que dejara al lector con la boca abierta, y quizás se ha desinflado el final.
La ortografía perfecta, se hace muy ligero de leer, y se agradece mucho.
 

Dibujos.

Tiene una ortografía perfecta, se agradece mucho y resulta muy versátil de leer.
Me gusta mucho el principio del relato, ese “no va a venir” atormentando la cabeza del protagonista, repitiéndose en bucle en su cabeza, revelando que se ha vuelto completamente loca. Pero lo más interesante de este relato es la llave que nos revela el propio título, la protagonista está obsesionada con dibujar a su hermano, al que no recuerda, pero espera que venga a rescatarla. Pero hay algo más allá. El chico que la mantiene encerrada, así como su compañera, esperan algo muy importante de ella. El chico entiendo que es su hermano, pero ella no puede recordar su cara por algún motivo. Por ello se esfuerza por dibujarlo una y otra vez.
 No resulta complicado de leer, es entretenido y se me ha hecho un poco corto. Está muy bien escrito, los diálogos me resultan naturales y que funcionan muy bien en ese contexto. Eso creo que es un punto muy importante del relato, pues su base está en estos diálogos, y eso es algo que se ha conseguido muy bien. No veo nada en el relato que no me guste, la verdad.
 No sé cuál es el mito, pero creo que se debe más a mi falta de información que a que no se haya realizado bien y no pudiera entenderse el mito que hay detrás, porque la historia parece estar bastante clara. Es un relato conciso que tiene claro lo que quiere decir y no se complica con una sintaxis endemoniada como otros que he visto. No es necesario, y este es un ejemplo de que con estructuras, cronología y narración simple se puede conseguir un relato de muy buen nivel.
El giro del hermano en este caso sí está bien conseguido, tiene exactamente lo que le faltaba a “Dos en uno”. ¿Ves lo que te quería decir? No deja entrever tanto lo que va a ocurrir, y sin embargo te da suficientes pistas, además de que el giro está bien conseguido y funciona con naturalidad.

Títere se quedó dormido.
 
Me he reído un buen rato con este relato. Sinceramente ha sido una brisa de aire fresco que me ha encantado. Estoy contento de que lo hayas hecho porque al fin y al cabo sacrificas tu participación en el concurso para sacarnos a todos una sonrisa, y eso se agradece mucho. Sin embargo me apena que no quisieras intentar hacer un mito de forma seria, estoy seguro de que podrías haber hecho algo bastante interesante. En cualquier caso, te daría mis dieses si te hubieras molestado en puntuar los diálogos correctamente. ¿Alguien sabe si realmente hay un mito dentro del relato? Creo que algo he oído...
 
Caía.

Soy de los que piensa que hay que caer bien o mal, pero nunca dejar indiferente. Y este es un buen ejemplo. Si este relato te deja indiferente no creo que haya nada en el concurso que te vaya hacer sentir algo.
Seguramente este sea el relato más polémico del concurso, así que yo voy a dejar mi opinión.
En primer lugar, durante la primera lectura me estrellé tras leer el primer párrafo de diálogos. No solo destacaba la curiosa forma de narrar que tiene, si no que me había pasado algo muy interesante: no había entendido nada de lo que había leído. En esa primera lectura, resalta un gran contraste en el relato; los diálogos, están mal puntuados. Si tratas de hacer un texto que destaque por su complicada estructura lingüística, ¿No merece que lo cuides en ese sentido?
Sobre el contenido que trata el texto, es decir, la historia argumental. Este es el problema principal al que me enfrento como lector. En una primera lectura no parece tener mucho sentido, es complicado intentar asociar una dirección a las acciones que ocurren en el relato. Esto es producido por el estilo tan característico que tiene el autor. El estilo me impide comprender a primera lectura (y a segunda y tercera), de qué va la propia historia. A menos que el lector se pare a analizar en profundidad qué está ocurriendo, resulta imposible entender algo. Las estructuras de las oraciones cambiadas continuamente y con una sintaxis compleja, transmiten una extraña sensación, parece como si el propio autor no quisiera que entendiéramos lo que está escrito. Normalmente encuentro alguna oración de esa manera para darle énfasis a la narración, pero en este caso, ocurre de una forma demasiado frecuente. ¿El estilo del autor es así realmente? ¿Lo está llevando al extremo por algún motivo que puede estar relacionado con la historia? Parece estilo por el estilo, sin tener un objetivo claro. Esto no lo entiendo. ¿Acaso el estilo no tiene como objetivo enriquecer el texto literario? ¿Qué función se le otorga al estilo en este caso?  ¿Entorpecer la narración? Me gustaría una aclaración.
 
De aquí me gustaría resaltar el uso continuo de anagramas. Seguramente os habréis dado cuenta de que hay muchas cosas que no parecen cuadrar:
“No se preocupe, estará cenando en unos momentos.” 
Si os fijáis, está en cursiva, creo que quiere decir “condena”, porque es lo único que cuadra con el mito del relato. Se nos revela después que era efectivamente un anagrama:
 “Más ingrata fue para ella la sorpresa que sopesa y así le pesa, pues en su sopa, las letras de "cenando" se mezclaban y desvelaban la verdad.”
“cayda rompen puente” 
Otro anagrama, pero no tengo ni idea de qué significa.
 “Zuse” 
Supongo que te refieres a Zeus, el dios del Rayo.
“ Naatzos”
 
Algo querrá decir… ni idea.
 
Quizás todo esto sea muy divertido… pero a un lector medio no le apetece tirarse dos horas para entender el relato. Igualmente, desde la perspectiva de alguien que quiere descifrar el misterio sí que me parece muy entretenido escribir un relato así, pues ya Expo nos hizo algo parecido en el último concurso del foro y, aunque él siga pensando que no, acertó de lleno. En este sentido me gustaría apuntar que es un relato para hacer que el espectador se pase quizás demasiado tiempo descifrando el mensaje, para después proceder a comprender la historia y la reflexión que tiene detrás. No me parece mal, pero pienso que es innecesaria la parte de los anagramas. ¿Para qué complicarse tanto? Se puede hacer lo mismo sin tener que recurrir a ellos. Hay momentos en el que la complejidad absoluta hace que se pierda la estética literaria.
Tengo la sensación de que además de que la forma de escribir sea bastante compleja, el mensaje que hay detrás también lo es. Y esto puede resultar en un problema. El barroco se caracteriza por tener formas complejas pero siempre con un mensaje muy claro. Por ello aunque parezca rebuscado, al final siempre se comprende y destaca mucho estéticamente. Pongamos un ejemplo de un poema de Góngora.
“A los celos”


“Oh niebla del estado más sereno,

Furia infernal, serpiente mal nacida!

¡Oh ponzoñosa víbora escondida

De verde prado en oloroso seno!”…

 
Pero cuando tanto el mensaje como las formas de escribir este mensaje son tan herméticas, creo que puede resultar en el rechazo del lector, que, al no entender nada, no puede concebir las ideas principales. Y puede resultar muy confuso. Normalmente este suele ser el problema al que se enfrentan las vanguardias, que a menos que vengan con una explicación, es muy complicado. En este caso el autor se ha  debido de dar cuenta y nos ha dado pistas para que hallemos la solución:
“Más ingrata fue para ella la sorpresa que sopesa y así le pesa, pues en su sopa, las letras de "cenando" se mezclaban y desvelaban la verdad.”
Por otro lado, y en cuanto el tiempo en la narración, la cronología del relato parece estar alterada, se encuentra entremezclada, produciendo un flujo irregular del tiempo en el relato. Da la sensación de que se avanza y se vuelve al principio de una manera constante, se avanza y se retrocede. ¿Es esta la sensación que quiere crear el autor? Eso creo, y si es así está muy bien conseguido.
 El tempo en sí mismo de la narración (El ritmo narrativo) es ágil vivo y dinámico, los diálogos se ven entrelanzados por las distintas acciones, apenas hay descripciones y eso consigue llevar el relato al mundo terrenal, pues de otra manera hubiera sido imposible la compresión del mismo.
El texto parece estar ambientado en algún lugar que no está demasiado claro, pues no parece las Gavias. Mi primera idea era el inframundo, aunque está claro que tiene que ser el primer lugar.
 
 
 
Sobre el estilo usado, además de lo comentario anteriormente  me gustaría resaltar un par de cosas:
 
“Bajaba el incesante eco de sus tacones en los escalones de la entrada profanada. “ 
Es la primera oración del texto, creo que podrías haberte contenido un poquito, pues, ten en cuenta que el lector al principio no sabe a lo que se enfrenta, y deberías empezar siempre el relato de forma que pueda atraer al lector, si escribes algo muy complejo desde el principio, vas a conseguir que se asuste. Tienes tiempo después para subir progresivamente el nivel y que el lector no se pierda, porque es lo que está ocurriendo en el primer párrafo. Yo hubiera puesto algo como:
“Bajaba el incesante eco de sus tacones por los escalones de la entrada” 
Es más simple, pero como primera oración del relato hubiera funcionado mucho mejor.
“Solo un ruído de igual culpable los gritos que se hubieron formado acalló:” 
Y con esto terminaste de ahuyentar a cualquier lector medio.
“De repente, la luz se hizo y los ropajes corinto de la maldita fueron lo primero que ví.” 
 Supongo que el utilizar la ciudad griega de “Corinto” como adjetivo será otra pista más para desvelar el texto.. Pero no me parece que funcione muy bien así, tendrías que haber intentado adjetivarlo o ponerlo de otra manera. En cuanto a  lo de la luz se hizo no creo que quede muy bien, simplemente no funciona, como lector me da impresión,  de que parece puesto simplemente porque al autor le parecía que quedaría acorde al relato y ya está.
Por cierto, lo de “sopesa y así le pesa, en su sopa” Esa aliteración me parece que está un poco forzada, no me cuadra para nada, no me gusta.
Hay más ejemplos pero no voy a citarlos todos, veo cosas que no me gustan, siento como si el estilo estuviera forzado, porque las cosas no cuajan, solamente para que estén al servicio subordinado de la complejidad argumental, y narrativa que tiene el relato. (Siento ponerme tan pesado con el estilo)
 
 
Por último, creo que se trata ni más ni menos que del mito de Sísifo. Creo que lo llegó a mencionar @Edeus como una idea. El mito:
“Sísifo, dentro de la mitología griega, como Prometeo, hizo enfadar a los dioses por su extraordinaria astucia. Como castigo, fue condenado a perder la vista y a empujar perpetuamente un peñasco gigante montaña arriba hasta la cima, sólo para que volviese a caer rodando hasta el valle, desde donde debía recogerlo y empujarlo nuevamente hasta la cumbre y así indefinidamente.”
Sin duda se trata de nuestro relato, por eso cae continuamente. La cosa es que creo que el autor ha ido más allá, y se ha basado en el ensayo filosófico de Camus para hacer el relato, y no solamente limitándose al propio mito de Sísifo, pues denota cierta sensación existencialista al leerlo, pues mientras leía tenía la sensación de que me recordaba en cierta manera a “El extranjero” de Albert Camus. De ahí las Gavias,  y por ello son llevados a la locura existencial. ¿Merece la vida la pena ser vivida? La filosofía del absurdo.
Creo que no lo has hecho mal, pero ese estilo tan característico pone demasiados obstáculos al texto, no es agradable de leer, me ha impedido de disfrutar la lectura. Seguramente hay quien pueda pensar que esto es debido a que mi nivel resulta demasiado bajo como para poder disfrutar un texto así en la primera lectura comprendiendo todos los elementos… quizás, aunque  debo decir que me parece bastante complicado que un lector medio pueda entender este relato, ya no digamos en una primera lectura. De esta manera, con la dificultad del relato no me voy a meter, pero si te diré que debería haber sido más progresiva.
Como conclusión y para aclarar, que nadie piense que no me ha gustado nada de nada. Al contrario, sí que me han gustado bastantes cosas, tiene mucho trabajo detrás y es una muy buena idea, pero he visto bastantes cosas interesantes que comentar porque creo que el autor ha cometido unos fallos que arruinan una idea ganadora.
 
 

Dalcenti:
 
En cuanto a la ortografía de este relato, me ha gustado, todo está en su sitio. ¡Y los diálogos están bien puntuados!
Después de investigar un buen rato creo que he dado con el mito que está detrás de este relato. Se trata del mito de una profetisa, Cassandra.
Creo que está muy acertado, pues nos explica cómo el Itinolito (metáfora del dios Apolo, supongo que debe relacionarse con que los itinolitos le abren la puerta al mundo Fata) le concede poderes proféticos a la protagonista cuando era un niña a cambio de relaciones sexuales. Después la niña crece y deja de visitar el itinolito pues no quiere seguir siendo abusada, y este, celoso, la castiga haciendo que nadie pudiera creer jamás nada de lo que dice, a pesar de sus poderes proféticos. Creo que a través de sus poderes puede observar como la luna, es en realidad Dalcenti, una de los Chandrian. ¡Tras buscar un poco he visto que las descripciones se ajustan!
 
“Era una noche fría, amparada por una presencia gélida y plateada. Nunca habla.
“Dalcenti, gris, nunca habla”
Así, intenta avisar a Elodin en el relato, para que tenga cuidado. Esta es mi interpretación, creo haber dado en el clavo. Creo que eso está bien conseguido, aunque al principio puede ser ligeramente confuso al entremezclar ambos mitos sobre los Chandrian y el de Cassandra. Yo me hubiera centrado en ser fiel solamente a uno para que no haya lugar a confusiones, pues al principio pensaba que solamente trataba sobre los Chandrian. Pero me ha gustado bastante y creo que está guay. 
Los diálogos con el maestro Elodin me gustan, pero quizás podrían haber sido un poco más naturales por parte de la chica, quizás. La parte de los acertijos es un acierto total, hace que despierte el interés del lector con las cosas macabras de Elodin que siempre nos han hecho sonreír en los libros.
En cuanto al estilo, me parece que se puede leer amenamente y que los recursos estilísticos de la primera mitad del relato consiguen que la primera lectura sea muy grata. Por dar un ejemplo:
“..era un ruiseñor sin voz, una flor sin pétalos, y se encontraba completamente perdida en un mar de arena maldecido.
En conclusión, el relato me ha gustado, no tiene estructuras demasiado complejas a nivel sintáctico, o narrativo, más allá de esa información que se obvia sobre el personaje y te toca deducir como lector. Creo que es un muy buen relato.
 
 

Mentiras, manchas y ruido. Y queso.
 
Comencemos con este relato. En primer lugar, la ortografía está genial, y los diálogos están puntuados correctamente. Puede parecer una tontería, pero es que es algo muy importante, la impresión estética que se lleva el lector si las cosas están en su sitio es vital, y más en un concurso.
No tengo claro qué mito es este, pero me recuerda un montón a los dos relatos finales del concurso de duelos de @Edeus, en el que el final se torna de una forma macabra inesperadamente. ¿Es este tu relato,  @Edeus?
 
En cuanto a la historia, me ha gustado como has llevado los tres elementos que recoges en las Gavias para después explotarlos en la casa de ¿la/el protagonista? Sinceramente no tengo muy claro el género, pues hay muy pocas cosas que la identifiquen como un chica y realmente podrían ser géneros totalmente intercambiables. Por otro lado te has ido de las Gavias en el final del relato. ¡Es una de las restricciones!
Sin duda el final el lector no se lo espera, y no ha estado mal, pero el diálogo final  me parece sacado de una película de Hollywood.
“—La locura es una piedad. Amarga quizá, pero piedad al fin y al cabo. Bien, me he aburrido ya de vosotros. Creo que os dejaré libres.
 
Creo que, si nos encontramos en la escena final, podría haber mucho más dramatismo, que es lo que le falta. Va a asesinar a sus víctimas, debería poder transmitir terror, pero los diálogos se comen la escena. Aquí necesito un par de descripciones sobre los personajes atrapados/ acciones que incrementen este dramatismo, es el gran fallo que veo aquí. Aunque no vayas a representar la carnicería directamente, porque vas a usar el recurso que da cierto giro final,  “Era mentira, y hubo manchas y ruidos.”, creo que podrías haber añadido algo más previamente, aunque ese toque final sí que ha estado muy bien y me ha gustado mucho, ya que funciona muy bien. Solo lo digo como ideas para mejorar.
Por todo ello el relato aunque tiene cosas buenas, no me ha terminado de convencer, le falta ese margen de mejora que podría haber resultado en un relato fantástico. Quizás si hubieras cuidado un poco más el estilo, o le hubieras añadido algunos elementos al final...
 

Mentes cerradas.
 
Pasemos con este otro.  La ortografía es correcta, pero te recuerdo que, a la hora de puntuar los diálogos, no se pone espacio entre la raya del principio y la primera letra.
Parece ser… el mito de Pandora, pero parece que ha desarrollado una idea propia dentro de las Gavias usando el mito como una herramienta para llevarla a cabo. Creo que ha estado bastante bien, es un mito muy conocido, pero lo que has hecho yo no me lo esperaba para nada, y eso me ha gustado bastante. Así que creo que has sido bastante original en ese sentido, deja al lector con una sensación muy diferente a la esperada mientras iba leyendo el relato y eso es muy bueno.
La verdad es que creo que el relato tiene bastante fuerza narrativa, ya no solamente el argumento está bien construido, si no que has sabido llevarlo desde el principio. Es un estilo completamente distinto al de otros como “ad libitum”, pero no por ello es algo malo. Aunque esto voy a destacártelo:
“…iba  a vengarse de la venganza “No ha quedado bien, no hace falta explicar por qué.
 
Me da la sensación de que te da miedo hacer oraciones de forma muy seguidas, revisando la estructura de tu relato, usas continuamente punto y aparte. Los párrafos no tienen nunca más de dos líneas ¿Por qué? No entiendo esto.
Supongo que los nombres deben de significar algo en la propia historia, aunque he de decir que al principio puede llegar a resultar ligeramente lioso la cantidad tan grande que se introduce.
No es un mal relato, su principal fuerza está en la línea argumental, aunque quizás me faltase un poco más de continuidad en la narración, transmite la sensación de que va a cuentagotas.
 
Seguramente me estoy dejando mil cositas sobre este relato,  pero ahora mismo no me sale nada. Cuando me acuerde edito el post.
Me faltan dos comentarios, que los haré en cuanto pueda, y repartiré los puntos finalmente.
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Mensaje por Rhasent el Dom Oct 28, 2018 12:12 am

Las cenizas del simpatista.


La verdad es que este relato me ha dejado sin palabras. ¡Está muy muy muy bien! El narrador es el eje clave que tiene este relato, y nos ha demostrado a los lectores la importancia de saber dominar el uso de la primera persona. Qué fuerza se le puede otorgar a un relato usando la primera persona así. Me gusta.
He de decir que este relato me recuerda mucho al estilo de escritura de @Exez. De hecho las Gavias es el sitio perfecto para explotar sus ideas.    
La ortografía está perfecta, y en cuanto a la puntuación de los diálogos es correcta, aunque no indicas de quien es cada oración. Esto no lo digo como un error, sino como una simple observación, que llama la atención. Realmente al ser una conversación entre ambas personas, y entrelazando los pensamientos del personaje no termina de hacer falta, y le aporta mucha viveza y agilidad al texto.
En cualquier caso, comencemos describiendo un poco la estructura del relato. La primera mitad se trata del diálogo interno que tiene lugar en la cabeza de nuestra loca. La segunda parte, nos deja entrever el motivo de su estancia en las Gavias, de cómo su obsesión la había llevado a las puertas de la locura. La primera parte está muy bien narrada, realmente parece que estamos dentro de la cabeza del personaje. Aunque algunas veces debo decir que el uso de oraciones diferentes continuamente me molesta ligeramente, a pesar de que la intención es justamente esa, reflejar la ansiedad del personaje en un gran agobio persistente, pienso que ese efecto también es posible conseguirlo sin recurrir a esa herramienta todo el rato. Igualmente me gusta y funciona en el relato, así que bien. 
Los diálogos son relevantes, reflejan información vital para comprender la historia y así comprobamos que estamos en un diálogo constante durante toda la historia, entre la primera parte del relato en el monólogo interno, y ahora este diálogo con Mandrag.
Me hubiera gustado sin embargo, alguna descripción mínima, pues apenas hay lo justo para reflejar los pensamientos del personaje y ya, quizás algo podrías haber incluido en ese sentido.
Si alguien recuerda el relato de  @Exez de la segunda ronda de los duelos, le dijimos que tenía cosas muy buenas sobre el uso de la primera persona, pero que la historia y los demás elementos se quedaban flojos. Aquí esos elementos están solucionados, y con todo, forma un excelente conjunto que funciona muy bien. Me ha gustado mucho. Se llevará puntos seguro.

PD: ¿Nadie va a comentar nada? Sois unos sosos. 

Por lo visto ahora ya tengo personaje forero imaginario.:

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Mensaje por Expo el Dom Oct 28, 2018 1:23 pm

A las 23:00 (hora española, GMT+1) del Jueves 1 de noviembre se finalizará el periodo de votación de la primera ronda y se dará inicio a la segunda.
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Mensaje por Szao el Dom Oct 28, 2018 2:00 pm

Me han dicho que ponga los mitos que se tratan en los minirrelatos en una sopa de letras, así que ahí va.

Espero que os guste más que a Mafalda. xD

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Mensaje por Szao el Lun Oct 29, 2018 4:58 pm

Bueno, supongo que tengo permiso para hacer doble post.

A continuación os pongo qué mitos aparecen tratados en cada relato según me han notificado los propios autores en los mp recibidos. Advierto que los indicaré con mis propias palabras, para que no podáis sacar info de los textos que me han puesto algunos como explicación.

Ad libitum:
Creo que este relato es uno de los que mejor trabajan el mito al tomar solo como referencia un personaje, no historia mitología completa. Aquí aparece la musa de la música, mejor conocida como Euterpe. La relación en el relato es simple: la chica no es la Musa pero sí es la "musa" del muchacho que toca la tiorba.
Por cierto, no sé si manera consciente, el autor ha propiciado otro juego de derivados, ya que la palabra música deriva de las Musas. xD  

Caía:
Resulta que Sísifo era un chivato a quien cazaron dos veces con las manos en la masa. A la segunda, por si volvía a escapar le encargaron un trabajillo eterno en el Hades: debía subir a lo alto de una colina una roca enorme; cuando el hombre todo sudoroso conseguía llegar arriba la piedra se caía rodando y vuelta a empezar.

También sale por ahí el Purgatorio que tan bien describió Dante acompañado de Virgilio. Era un lugar muy entretenido.

Dalcenti:
Paris es famoso por liarse con la mujer de otro y liarla parda. Su hermano, Héctor, pasó a ser reconocido por su derrota con Aquiles. Lo que pocos saben es que estos dos tenían una hermana llamada Casandra. Este relato toma su mito como protagonista.
Apolo se enamoró de ella y le dio el poder de la clarividencia. Sin embargo, cuando fue a que le dieran algo a cambio... ejem... ejem... Casandra se negó. El dios en lugar de quitarle el poder lo que hizo fue hacer que nadie la creyera y la tomasen por loca.
Qué mejor lugar que las Gavias para un personaje así, ¿no os parece?

Delirio:
Hace muchos, muchos años, los atenienses estaban obligados a entregar 7 muchachas y 7 muchachos al rey de Creta. Algo así como lo de enviar tributos en los Juegos del Hambre.
A estos muchachillos los metían en un laberinto gigante en Creta, donde vivía un tal Asterión, más conocido por otro nombre: el Minotauro. Eran su dieta; al parecer le iba más la carne que los yogures griegos.
Fue Teseo, hijo de Egeo, quien se ofreció voluntario para ir y matar a la bestia. Lo hizo con ayuda de Ariadna, que le entregó un hilo. Luego el tío le devolvió el favor abandonándola en una playa, pero esa ya es otra historia diferente.
En este relato parece que se quiere reflejar más la locura de estar encerrado y no poder salir.

Dibujos:
Diez años duró la guerra de Troya. Y otros diez años hasta que el listillo de Ulises consiguió llegar a Ítaca.
¿Qué hizo su mujer en este tiempo? Pues la pobre, que debía de tener una paciencia infinita, tejía un tapiz en su telar. Sus dotes de costura no tendrían mayor relevancia en este mito a no ser porque por la noche se veía obligada a destejer lo realizado en el día. Tenía a muchos pretendientes esperando obtener su mano cuando la tela estuviera terminada. Estos cansinos no debían de saber lo que era un no por respuesta. #Noesno
Encima tuvo que aguantar un engaño de su marido. Resulta que cuando este arribó a las costas de la isla se disfrazó de mendigo para ver si la otra lo reconocía.

Dos en uno:
Si yo ahora me pongo a lanzar rosas a todos los autores de estos relatos para que sigan escribiendo tan bien como ya lo hacen, seguramente su ánimo se venga un poco arriba. Crearía lo que se conoce por efecto Pigmalión. Y este es precisamente el mito que sale en este relato.
Era un escultor que harto de que le dieran calabazas esculpió a su propia mujer idea. Se enamoró de ella, un poco como en la película Her pero con un ordenador, y, al final, la diosa del amor, Afrodita, no tuvo más remedio que apiadarse de este pobre loco e insuflarle vida. Así fue como Galatea se transformó en humana.

La caída de Floquet:
Es una verdad universalmente reconocida que en el Olimpo había un lío de faldas terrible. El tal Zeus tuvo una hija con su hermana Deméter. Y los dos eran hermanos de Hades, quién se enamoró de esa muchacha, que si habéis seguido correctamente la línea de sangre os habréis dado cuenta que era su sobrina.
Este era otro que no debía de entender los no por respuesta. Secuestró a la chica y se la llevó al Inframundo. Luego ella tuvo un síndrome de Estocolmo terrible, pero vayamos al grano.
Deméter, que estaba muy apegada a su hija, la buscó incansablemente. En esa época no había policía y ninguno de los otros dioses olímpicos le quiso ayudar.
Se dedicó a vagar por ahí buscándola ella sola. Y como estaba muy triste y era la diosa de los cultivos, pues los campos por donde pasaba se marchitaban. Empezaron a morir de hambre muchos humanos y Zeus, que ya veía que la situación se estaba poniendo muy negra, se vio obligado a intervenir.
Por cosa de una granada al final se repartieron a la muchacha y así fue cómo nacieron las estaciones.

Las cenizas del simpatista:
¿Recordáis el laberinto del relato de más arriba? Esa obra fue diseñada y construida por un tal Dédalo. Este señor había empujado por el tejado a su sobrino, por lo que por esa época residía en fuga y captura con su hijo Ícaro en Creta.
Minos, que era el rey del lugar, los dejó encerrados dentro una vez hubieron terminado la construcción. Todo para asegurarse de que no hubiera filtraciones sobre dónde estaba la salida en aquel lío de pasillos.
Para escapar, Dédalo construyó unas alas con cera.
Mira que advirtió a su hijo de no volar muy cerca del sol, pero ya sabéis cómo son a veces los niños...
La cera se derritió por el calor y kata-pum! (Katá es hacia abajo en griego, un buen truco para aprenderos la preposición y el sentido de las catáforas xD)

Mentes cerradas:
Dicen que siempre hay un hermano listo y otro algo más tonto. El listo de esta familia era Prometeo, que preveía todo siempre. Era muy "pro". En cambio, su hermano Epimeteo, tenía algo de retraso y lo veía siempre "epi".
La cosa es que el listo, el Prometeo, se la lió dos veces a los dioses, una con el reparto en los sacrificios y la otra con robar el fuego del Olimpo para dárselo a los humanos.
El Zeus, que era un cabrón cuando no se encaprichaba de ninguna mujer, se vengo de todos, del titán y de los humanos. Al primero lo encadenó en el Caúcaso donde una águila le devoraba el hígado. Menudo paté haría porque al pobre se le regeneraba todas las noches para el almuerzo del pájaro del día siguiente.
A los humanos nos envío a Pandora, otro de los trabajillos del cojo de Hefesto. A esta le entregaron una caja con los males y los bienes y le advirtieron de no abrirla... Pero la curiosidad mató al gato. xD
La caja se abrió y al cerrarla, no anduvieron muy listos, y solo consiguieron dejar dentro la Esperanza. Por eso dicen que es lo último que se pierde.

Mentiras, manchas y ruido. Y queso:
Hay un videojuego muy chachi al parecer que se llama Elder Scrolls. En él aparece un tal Sheogorath, que es el dios de la locura y la aleatoriedad. Como veis, esto encaja muy bien en las Gavias.
Pero resulta que este tío no es lo que aparenta, porque según cuentan por aquí su verdadera forma es Jyggalag, que es el dios del orden y la lógica.
Al parecer se transforma en ese al final de cada era. Es como si al final del todo le volviera un poquito de cordura al tío, ¿no creéis?
Quien haya jugado encontrará en este relato varias referencias al personaje, como el queso y la tormenta.

Salgamos corriendo, escondámonos huyendo:
El autor de este relato no se ha ido tan lejos para buscar mitos y se ha quedado en la historia de Lanre y Lyra. Sin embargo, si le echáis imaginación en su lectura, tal vez se pueda dar entre líneas algunos guiños a mitos grecolatinos, como el laberinto del que ya hemos hablado o el mito de Orfeo y Eurídice.

Títere se quedó dormido:
ZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZ

El autor de este relato se ha ido por lo patrio porque es español y muy español.
Ha tomado como referencia una leyenda conocida por el fantasma de Linares. ¡Atención al lío que hay en esta historia!

ZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZ

Resulta que hay un hombre y una mujer que se enamoran pero... ¡Son medio hermanos por parte de padre! Ellos no lo saben y cuando el padre les confiesa el secreto estos ya se habían casado.
Para no vivir en pecado piden una bula al papa y este dice que se la da pero nada de sexo.
Ya me diréis que hacían por las noches si en esa época no había televisión...
De ahí nació Raimundita. Los malditos la asesinaron para que no se descubriera que no se habían saltado la castidad recetada por la iglesia.
La pobre Raimundita vaga ahora por ahí junto con Casper.

¡Ah! Se me olvidaba. Y...

ZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZ

¡¡Títere, despierta!!

Toc, toc:
Las malas lenguas dicen que esta organización no existe, que solo es cosa del imaginario colectivo pero he aquí la prueba. ¡El mito del EMOSIDO es real y ataca de nuevo!


Última edición por Szao el Mar Oct 30, 2018 1:00 am, editado 2 veces
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III Concurso de minirrelatos 2018 - Página 2 Empty Re: III Concurso de minirrelatos 2018

Mensaje por Janisgoth el Lun Oct 29, 2018 10:50 pm

Leídos los relatos y recuperado mi calcetín, procedo a dar mi opinión de cada uno. Van a ser opiniones breves, aviso.
No van a ser tan extensas ni tan detalladas como las de Rhasent o Edeus. Pero supongo que los participantes agradecerán que diga algo de cada uno, por breve que sea.

Decir también que sólo he adivinado uno de los mitos y porque era súper obvio (qué desastre soy) pero no tengo más tiempo para analizar y quiero escribir esto antes de que se me pase el plazo.


Ad Libitum

Me han gustado los dos personajes. El personaje femenino me ha recordado muchísimo a Auri y me han dado ganas de saber más sobre su historia.


Caía

Se me ha hecho difícil de leer y he detestado a la protagonista. El sonido de sus tacones me repiqueteaban en el cerebro cada vez y me han dado ganas de usar mi calcetín cada vez que abría la boca. 

Dalcenti

Este relato me ha parecido triste y bonito a la vez. La forma de escribirlo me ha parecido  romántica y oscura. Me ha gustado mucho mucho. Las descripciones están perfectas, ni muy largas ni demasiado cortas. Y ha sabido transmitirme muy bien los sentimientos de los personajes.

Delirio

Me ha transmitido agonía en pocas palabras y por eso me ha gustado. Además me ha hecho querer saber qué estaba pasando y por qué. Corto e interesante.

Dibujos

Mi mini relato favorito. Me ha gustado todo: la historia, cómo ha transmitido sentimientos, los personajes, cómo está escrito...¡todo! Me ha enganchado desde el primer momento. 


Dos en uno

Con este relato tengo sentimientos contradictorios. Me gusta la historia mucho, pero han habido partes en las que las descripciones de los sentimientos no han sabido transmitirme ese amor entre los personajes. El final también me ha gustado con el cambio a lo "El hombre de la máscara de hierro".

La caída de Floquet

Me ha pasado un poco como con Caída (casualidad que los nombres sean parecidos). Me ha parecido muy denso de leer, no me ha enganchado demasiado y ha sido un poco paranoia. No es que esté mal escrito ni nada, simplemente es gusto personal.

Las cenizas del simpatista

Este sí ha sabido transmitirme la locura del personaje, el sentirse perdido, ir recordando poco a poco. Me ha enganchado. La agonía de necesitar un poco más de poción, esa dependencia, las ganas de ser la mejor y creer firmemente que lo que hace es lo correcto...un villano (villana en este caso) en toda regla. Me encanta el personaje.

Mentes cerradas

Este es el único mito que he reconocido. La historia me gusta mucho cómo está escrita y el mito de Pandora me encanta. El personaje principal me ha gustado con ese punto de locura e inocencia a la vez en un lugar tan  tremendo como las Gavias. 

Mentiras, manchas y ruido. Y queso

Genial este relato con una villana como protagonista, cruel con los pacientes y con ese final espectacular y sangriento. Una chiflada que debería estar encerrada y campa libre haciendo maldades. Creo que es un relato súper original y el final me ha encantado.

Salgamos huyendo, escondámonos huyendo

Me ha parecido un poco monótono. Lo que más me ha gustado ha sido la frase final. Es curioso porque al leerla ha sido como un despertar. ¿Quién viene? ¿Qué va a pasar? Se ha cortado el relato en lo mejor.

Títere se quedó dormido

El relato más divertido sin duda. Me he reído muchísimo con todas las situaciones que se describen. El "conocer" a los personajes (los cameos) ha hecho que fuese muy entretenido y que me diesen ganas de seguir leyendo. Cuando he terminado de leerlo tenía una sonrisa en mi rostro. Absolutamente genial.


Toc Toc 

EMOSIDO

Al principio me he quedado WTF? hasta que me he fijado bien y visto el troleo padre. En fin, que me he reído.

Pues esas son mis opiniones. Espero que nadie se ofenda. Repito que no soy ninguna experta en analizar relatos ni mucho menos. Simplemente he dado mi opinión personal, igual que puedo decir que no me gustan los guisantes.

Y aquí van mis votos:

1 punto para TÍTERE SE QUEDÓ DORMIDO
2 puntos para LAS CENIZAS DEL SIMPATISTA
3 puntos para MENTIRAS, MANCHAS Y RUIDO. Y QUESO
4 puntos para DALCENTI
5 puntos para DIBUJOS
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Mensaje por Aloine el Mar Oct 30, 2018 12:23 am

Bueno, paso por aquí para dejar mis votos (ya que casi nadie a votado aún).
Desde ya me disculpo por la falta de críticas pero es que no se me dan bien esas cosas y siento que no tengo nada que añadir (Rhasent ya los destrozo a todos (?)

Votos:

5 puntos: Las cenizas del simpatista
4 puntos: Dibujos
3 puntos: Títere se quedo dormido
2 puntos: Dalcenti
1 puntos: Ad Libitum
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Mensaje por Szao el Mar Oct 30, 2018 1:01 am

He añadido la explicación del mito que faltaba.
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Mensaje por Edeus el Mar Oct 30, 2018 1:44 am

Siigoooooo.

Dalcenti


En cuanto al mito tengo claro que debe referirse a Casandra, la profetisa troyana condenada a no ser creída (y Szao me lo ha confirmado doblemente). Sin embargo poco más sé de ella, y a primeras llegué a creer que podría referirse en realidad a otro mito que incluyese acertijos (tipo Edipo o así). Pero en realidad esa no es más que la base, y desde ahí es donde aprovecha este hecho para aplicarlo a la saga. Todo el inicio del relato sirve como introducción para dejarnos claro la desesperación de la protagonista al no ser creída, y es en la conversación con Elodin donde esperamos que esa maldición se rompa mágicamente para salvar al maestro de su destino. Lo creemos precisamente porque es Elodin de quien se trata, una persona fuera de lo común con quien posiblemente Sibina podría finalmente ser creída. Sin embargo, el final termina siendo tan desesperante como acertado, y vemos que realmente la reacción de Elodin no podría haber sido otra. 

Esto es algo que me ha gustado especialmente, porque se ha arriesgado a ir con un personaje de la saga y le ha salido genial. Elodin vuelve a mostrar esa seguridad en sí mismo a la que estamos habituados, pero esta vez (y por primera vez) estamos por encima de él. Ya no es él quien nos oculta algo, sino nosotros. Tenemos la información, conocemos el futuro que le aguarda. Es un recurso que funciona muy bien. Es algo que da al relato un toque de originalidad. Por algo los mitos donde aparece un oráculo molan tanto.

Diría que por tooodo esto es mi relato favorito por ahora. Es lo que ha dicho Janis, tiene un estilo que se hace fácil de leer, y no es dificil engancharse. La trama queda muy bien ligada, es llamativa, y el remate del final (que diría que es en lo que más me estoy fijando en los relatos) para mí es perfecto, porque consigue mantener un interés incluso anticipando el final. Quizá el principio se me ha hecho algo más pesado, pero es algo que ayuda a entender el mito. 

En fin, que para mi no se podría haber aprovechado mejor este mito. Mis dieces.


Última edición por Edeus el Mar Oct 30, 2018 10:48 am, editado 1 vez


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Mensaje por Edeus el Mar Oct 30, 2018 10:46 am

Dobleposteo para subir dos más cortitos. 
Creo que más adelante borraré todos los post y los juntaré en uno solo. Así no me quedan tan desperdigados Pregunta 3


Delirio

No sé si por su longitud logrará destacar entre tanto relato largo, pero en realidad ha conseguido muy bien lo que se pedía en esta ronda. La comparación del minotauro como la locura que te persigue y no te dejará escapar está muy bien lograda. Podría haber sido más largo, pero no estoy segura que de ese modo hubiese conseguido el mismo impacto. Ah, y el título lo ha clavado.

Aún así, por su longitud me va a ser difícil compararlo con el resto (minirrelato y microrrelato. Ambos tienen su propio mérito, pero no son lo mismo. Me costará valorar). Quizá una vez acabe con todos lo tenga más claro.


Salgamos corriendo, escondámonos huyendo

Sé que los relatos protagonizados por personajes de la saga tienden a no ser los favoritos, pero qué quieres que te diga, a mi me gustan. Es cortito y sencillo, pero con un final potente. Si nos ceñimos a la saga no podría haber hecho una elección mejor: mito, locura y chica. Auri y los Chandrian (bueno, Lanre. Pero eso). El primer párrafo me parece bastante tocho, y se habría agradecido algún espacio, por ahí. Pero fuera de eso se hace agradable de leer. De hecho me pasa un poco como en Dalcenti: el mostrarnos un personaje de la saga desde una perspectiva distinta (sin alejarse necesariamente de su propio caracter. Como fans que somos ya sabemos bien cómo actúan).

El mito no está oculto ni nada: tenemos la historia de Lanre (algo que también estaba permitido), pero la mención al laberinto dudo que haya sido al azar, sino más como un pequeño cameo. Podría habérsele sacado algo más de jugo con el tema del minotauro, pero dudo que haga falta. No es necesario hacerlo destacar porque en realidad no es ese el mito, y al final el relato podría avanzar perfectamente sin él. Lo que importa de verdad es la desesperación de Auri por encontrar a Kvothe (de hecho su nombre son las únicas palabras que menciona en todo el tiempo), y el alivio que siente al dar con él al fin. Pero lo que debería ser un happy ending termina por no serlo, porque cuando lo encuentra lo hace para enterarse de algo horrible.

Con esto, he de decir que en una primera lectura se me hizo bastante neutro. Sin embargo ese final le da una vuelta que no me esperaba, y esto es algo que (creo que ya he mencionado) valoro un montón. Me encantan las historias con finales inesperados y fuertes, y este es uno.


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Mensaje por Netalia el Mar Oct 30, 2018 2:24 pm

Bueno, pues va siendo hora de hacer los comentarios. Voy a seguir el orden que me dicte el corazoncito según cómo de sencillo se me haga hablar de un relato (vamos, que los cortitos van a ir primero xD). 

Antes de empezar, quiero explicar un poquito cómo es mi criterio. Aparte de cuánto me guste la idea y cómo esté desarrollada y escrita, también le doy importancia a dos factores: 

-Coherencia con el mundo de Temerant: Lo considero clave y, tras leerlos todos, me parece que muchos lo han descuidado en demasía. No pido que repaséis los libros palabra por palabra para determinar si esto o aquello puede ocurrir, pero hay cosas que claramente no podrían pasar en el mundo sobre el que he leído. Y, no sé, es la condición perpetua en los concursos de relatos de este foro, el requerimiento que nunca cambia. En mi opinión, es incluso más importante que las tres condiciones de la ronda. 

-Integración del mito: hay relatos que hacen referencias muy tenues, otros que simplemente meten escenas con referencias más exactas y otros cuyas raíces están en la leyenda, es casi lo mismo pero contado de otra manera. Una pena que estos últimos son los que suelen tener problemas de ambientación en Temerant. Creo recordar que solo hay uno o dos en los que me ha parecido que la historia original y el mito están perfectamente entrelazados. 

En fin, perdonadme por el rollo, ya empiezo: 


Toc toc 

Chicos, ya que ibais a hacer la broma podríais haberos molestado en seguir las normas, leñe. Eso para el concurso de poesía que aquí en verso no se puede. Una pena, porque tiene mito, está ubicado en las Gavias y todo. De hecho, le da mil vueltas a algunos en cuestión de ambientación en Temerant xD. 
Es gracioso y tal, pero para mí no entra dentro del concurso (vamos, que no se debería permitir votarle por lo del verso, si no, para qué tenemos normas xD). 


Delirio 

Se puede atisbar una buena escritura y una historia que podría ser interesante pero se queda solo en eso en un atisbo. Y es que para mí, esto no es un microrrelato sino un pedacito de algo que podría ser mucho más. Porque en los micros, cada palabra es imprescindible y está pulida al máximo, es esa palabra porque no puede ser ninguna otra. Sin embargo, podríamos sustituir este parrafito por "Ella estaba loca y encerrada para siempre". Ea. Y es lo mismo pero sin florituras. La clave en un micro es contar mucho con poco, aquí me parece que ocurre al revés. Pero vamos, es algo normal al empezar a escribir microrrelatos, son muy complicados. A mí se me dan fatal pero es una manera rápida de practicar la escritura y activar la imaginación. 

Además, como ya se ha dicho, los micros no tienen por qué ser tan cortos. Creo que con una alguna frasecilla que diese alguna pista sobre la causa de su locura o su pasado o algo así habría mejorado mucho, porque ya das algo en que pensar. 

Eso sí, el mito está todo lo integrado posible (debido a la reducción del relato) y la ubicación pues sí, podría ser las Gavias. 


Títere se quedó flipi

Lo único que puedo decir ante esto es equisdé. Reconozco que me ha sacado una sonrisa y me ha hecho ilusión que mi personaje tuviese un papel protagonista en la obra (<3). Sin embargo, este no me parece el lugar adecuado para el relato, la verdad, y considerar votarlo para mí es desmerecer a la gente que se lo ha currado. Aun así, agradezco enormemente a Tit  al autor o autora que lo haya escrito para nosotros. 

Ah, y si había alguna duda sobre su autoría, laísmo detected: "La he dicho que..." (uf, y encima con el verbo decir, para mí, el laísmo más imperdonable). 

(Obviamente no tiene coherencia en el mundo de Temerant pero es algo que, tal y como está planteado el relato, no tiene sentido pedirle xD)

...

Bueno, luego sigo, pausa para comer!


"Conoces a una muchacha tímida y sencilla. Si le dices que es hermosa, ella pensará que eres simpático pero no te creerá. [...] Existe una manera mejor de hacerlo. Le demuestras que es hermosa. Conviertes tus ojos en espejos, tus manos en plegarias cuando la acaricias. Es difícil, muy difícil, pero cuando ella se convence de que le dices la verdad... de pronto la historia que ella se cuenta a sí misma cambia. Se transforma. Ya no la ven hermosa. Es hermosa, y la ven "
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Mensaje por Exez el Mar Oct 30, 2018 2:34 pm

Hola. Vengo a votar y esas cosas.

5 puntos: Dalcenti.
4 puntos: Las cenizas del simpatista.
3 puntos: Delirio.
2 puntos: Salgamos corriendo, escondámonos huyendo.
1 punto: Dibujos.

El porqué de mi puntuación (primera parte):
Escribí sobre las Gavias anteriormente, en Duelos Literarios V; y por eso mismo conozco de primera mano que es un tema complejo de tratar. Bastante complejo.

Las limitaciones son ahora distintas, y el contexto también es diferente. Sabiendo esto, recurriré exclusivamente a mi visión propia sobre las Gavias originales. Y sobre lo que entendí de ellas. Y sobre lo que he entendido de los relatos.

Dalcenti:
Dalcenti es un relato que me ha dejado pensando un buen rato. Mucho rato. Tanto para bien, como para mal. Sobretodo porque me ha ofrecido una lectura que me obliga a escribir todo esto ahora.

El contexto de esta primera ronda es el de un personaje femenino como protagonista, que debe transcurrir en las Gavias, y que debe relacionarse a un mito.
Pero veo que este relato es capaz de ofrecer mucho más de lo que parece. Siendo capaz de transportarme mucho más lejos de lo que otros relatos han sido capaz.

El símil entre uno de los Chandrian y la Luna misma me ha parecido algo sorprendente. No me lo había planteado tan exhaustivamente hasta este momento, y tiene más sentido del que me apetece explicar.

La palabra sibilino o sibilina es un adjetivo que otorga el significado de que algo es misterioso. De que es algo que encierra un secreto importante. De que es algo que puede tener varios significados ocultos. También significa algo relacionado con la sibila que, a su vez, es un nombre femenino. Con el significado de una mujer a la que, los antiguos griegos y romanos, atribuían la facultad de predecir el futuro.
Sibina es el nombre de la que parece ser nuestra protagonista.

¿Pero quién es realmente nuestra protagonista? Sibina es, cuanto menos, sibilina.

Aparentemente puede ser una mujer encerrada en un ala de las Gavias. Una mujer que guarda un secreto muy importante para el mundo entero, o para ella misma. Aunque ella sea su propio mundo, en esencia.
Pudo haber estado enamorada y sufrir posteriormente un desengaño. O una traición. O pudo haberla cometido ella misma. Puede seguir todavía enamorada, sin ser correspondida; pues nunca pudo hacerse oír. Sin importar las ocasiones, siempre había fracasado.
También pudo haber sido víctima de una o múltiples violaciones a lo largo de su vida. Pudo haber sido también una poderosa nominadora, o conocedora. Pudo incluso haber estado en Fata.
Pudo haber sido todo eso, antes de ser encerrada en el manicomio de la Universidad.

Puede, incluso, que sus sentimientos no vayan dirigidos hacia un ser humano tal y como los conocemos. Puede que tan solo sea una loca. O puede ser mucho más.

Es visitada por el maestro Elodin, alguien quien según dice, sí podría comprenderla. Dispuesta a romper con esa maldición que la atormentaba. ¿Pero cuál puede ser, esa maldición?

Sibina, la Luna, Dalcenti y Elodin son los personajes que aparecen en este relato. Unos más que otros.

Sibina y Elodin:
¿Puede Elodin ser el foco de su amor?

«Siempre la observaba después que se pusiera el Sol, embelesada, y se pasaban horas y horas divisando sus cerúleas curvas en el océano. En el enorme itinolito que se sentaba para contemplarlas, percibía una cariñosa sensación de seguridad, ella lo abrazaba con ternura y mientras, la dura y dulce piedra le correspondía enseñándole los dulces secretos de las hadas. Por desgracia, era una piedra muy celosa, y nunca le perdonó que cuando creció, dejara de visitarle en el ocaso».

Si Elodin fuera capaz de comprenderla, quizá sentiría él lo mismo que ella sintió. Y, aunque no sea correspondida, ella se desharía de ese peso. Pero teme conocer la respuesta. Por eso no lo hace. Y sufre.
Si fuera Elodin quien orbita en su cabeza, puede que su tormento y su maldición no sea fruto de no haber podido expresar sus sentimientos. Simplemente, de no ser correspondida. Pues tras tantos fallidos intentos por querer ser amada por Elodin, él no la ama. No como ella quiere que la ame. No como solía hacerlo antes. Quizá no lo hizo nunca.

Nunca había llegado a hablar con el maestro desde que entró a las Gavias. Pero pudo haberlo hecho fuera. Quizá Sibina sea una lejana amante. Quizá sea una antigua alumna obsesionada. Capaz de hacer lo imposible para estar junto a él. Capaz de ingresar en las Gavias.

Capaz de preguntarle a un hombre sabio si un hombre sabio sobrevive a las noches sin Luna; pues él es, para ella, su Luna.

Sibina y Dalcenti:
«Era una noche fría, amparada por una presencia gélida y plateada. Nunca habla». 

Sosteniendo parte de la teoría de Ceniza, uno de los siete implacables, siendo el mismísimo Maese Fresno el mecenas de Denna. Maltratada, golpeada y sacudida, por su bastón o su férula. Maldita de por vida, con aparente amnesia crónica a partir de cierto punto de su existencia. Percibiendo una cariñosa sensación de seguridad, pues cuando creció él la mantenía provista de todo lo que necesitaba para mantenerse viva. Mientras le correspondía enseñándole los más bellos secretos.

«En el enorme itinolito en el que se sentaba a contemplar, percibía una cariñosa sensación de seguridad. Ella lo abrazaba con ternura, mientras la dura y dulce piedra le correspondía enseñándole los más bellos secretos de las hadas. Por desgracia, era una piedra muy celosa, y nunca le perdonó que cuando creció, dejara de visitarle en el ocaso.
Incluso muchos años más tarde, conseguía vislumbrar, a través de la ventana, una risa salvaje y malévola, transportada por la sutil brisa que soplaba en las últimas hojas en otoño. Sentía una rabia titánica. El sonido del cristal al romperse se entremezcló con los armónicos de su voz laceral y exhausta. Su nombre era Sibina.
Había pasado mucho tiempo, años incluso, y lo había intentado absolutamente todo. Había hablado con las palabras más agudas y más graves, también con las más sencillas y complicadas, pero ninguna surtía efecto en los oídos de sus oyentes. Era un ruiseñor sin voz, una flor sin pétalos, y se encontraba completamente perdida en un mar de arena maldecido.
Poco después llamaron a la puerta. Sibina contempló su ansiada oportunidad. Sabía que quizás él sí pudiera comprenderla. Debía ser extremadamente cautelosa. En el pasado cometió múltiples errores. Estaba decidida a romper la maldición».

Si Férule, la férula hecha ceniza podía golpear a Denna con un bastón, Dalcenti de color gris que no habla, podría hacerlo con una piedra.

Desde este punto de vista, puedo interpretar dos cosas más: Sibina la sibilina encierra un secreto tras una cortina. Maldita, por uno de los Siete. Asolada y desolada. Acude al gran maestro Nominador para que vea su nombre. Para salvarla. Para salvarlos a todos. 

«Ten mucho cuidado con ella. Nos quiere a todos muertos. Es una de ellos». 
«Hubo un silencio que duró mil años y un día».
«Y lloró mientras contemplaba el infierno en vida».

Dalcenti y la Luna:
Dalcenti, gris, nunca habla.

Férule era la forma en la que Alaxel nombraba a Ceniza, para someterlo ante su yugo de sombra.

«Conseguía vislumbrar, a través de la ventana, una risa salvaje y malévola, transportada por la sutil brisa que soplaba en las últimas hojas en otoño. Sentía una rabia titánica».
«Su nombre era Sibina». 

Mi segunda conclusión leyendo desde esta perspectiva el relato, Sibina es Dalcenti. Oráculo, criatura sempiterna, conocedora y silenciada. No puede morir. No puede hablar. Pues nadie debe conocer el futuro. Casi nadie.

¿Y si Sibina es Dalcenti, qué pinta la Luna?

«Sibina se preguntó si la pregunta le había molestado». 
«Ten mucho cuidado con ella. Nos quiere a todos muertos. Es una de ellos». 

Según esta perspectiva, y tomando en cuenta estas ideas y otras más, Haliax es la Luna.
O más bien, forma parte de la Luna.
El lado oscuro de la Luna.

Elodin y Dalcenti:
Elodin, misterioso, sibilino y errante. Nominador que marchó a buscar el viento y regresó posteriormente para que lo internasen en las Gavias. El maestro y estudiante más joven, antiguo Rector, y observador, conocedor, y modelador de las cosas.

La Luna, satélite a quien tantas canciones, leyendas, deseos y lágrimas han dedicado tantos. Errante, aventurera y perpetua. Causante de corazones desmembrados y maestra de sus artes propias.

Desde este enfoque, Elodin es Elodin, la Luna es Dalcenti, pero también es Felurian. Y Sibina es Felurian.
Y los itinolitos son itinolitos.

La Luna y Elodin:
Incluso Sibina puede ser Auri, antes de convertirse en Auri.

Acertijos:
«Se cuenta que un hombre que no es un hombre, viendo y no viendo un pájaro que no es un pájaro, posado en un árbol que no es un árbol, le tira y no le tira una piedra que no es una piedra». 
«Por una parte, sin duda debe tratarse de un eunuco, y el árbol... ¿Podría tratarse de un sauce?».
«Lo que dices no está mal, pero no está bien. Sigues dormida aunque tengas un ojo siempre abierto».
«Los hombres sabios sobreviven a las noches sin Luna?».
«Un hombre sabio sabría qué puertas debe cruzar».

Sibina y Elodin:
Desde la perspectiva de obsesión, pasión e histeria, interpreto el acertijo de Elodin como que el hombre que no es un hombre, quizá porque sea mucho más que un hombre, o mucho menos que un hombre, es él. Viendo y no viendo a un pájaro que no es un pájaro. Que es ella. Pues era un ruiseñor sin voz. Un ave en una gavia, con las alas mutiladas. Posado en un árbol que no es un árbol.
En ningún momento se menciona que Sibina se mueva, más allá de que una vez trató de bailar. El árbol que no es un árbol podría ser un camastro. O una silla de ruedas. ¿Madera de sauce?

El eunuco podría ser él, pues considera que no es capaz de satisfacer su deseo. O su ausencia de apetito sexual. E incluso ella, considerando una posible tetraplegia. E incluso quien pudo haber llegado a abusar de ella, referenciando al eunuco y al sauce.

Sobrevivir a las noches sin Luna puede significar algo parecido. Ausencia de relaciones. O al exceso de ellas.
Y qué puertas cruzar, también. Sobre si mantenerlas con una alumna, o paciente. O una hija.
O tener otras amantes que pudieran satisfacerle a él, mostrándole ausencia total de necesidad y deseo hacia Sibina. O imposibilidad de habla y de movimiento. O todo a la vez. O quizá nada.

Veo muchos símiles con el caso de Sigmund Freud, Breuer, y Anna O.
Aplicados a Temerant y a las Gavias.

Sibina y Dalcenti:
Se cuenta que Dalcenti, el hombre que no es un hombre, pues es un rhinta, viendo y no viendo a un pájaro que no es un pájaro, que es Sibina, posado en un árbol que no es un árbol, pues es la Luna, o incluso una rama del Cthaeh, le tira y no le tira una piedra que no es una piedra. Que es penitencia y sufrimiento, por atreverse a traicionarlo.

«Sibina se quedó pálida durante un momento y miró fijamente los ojos verdes del maestro nominador. Se entremezclaron con los suyos durante un momento. Y pudo ver como se fusionaron en un preciado color turquesa». 

E, incluso, Elodin podría ser el hombre que no es un hombre, viendo a un pájaro que no es un pájaro, que es Dalcenti, posado en un árbol que no es un árbol, pues es la Luna, le tira y no le tira una piedra que no es una piedra. Que es el amago de haberle hecho creer que no la entendía. Aplicable también hacia Sibina. Condenándola a costa de obtener esa información.

El eunuco podría ser Dalcenti, siendo quizá uno de los tantos motivos por los que no habla. También Sibina, formando eso parte de su condena.

Chandrian:
O puede ser otra cosa completamente diferente.

Por todos estos motivos y por algunos más, se lleva mis 5 puntos.
Exez
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Mensaje por Netalia el Mar Oct 30, 2018 7:27 pm

Bueno, continuemos. 

Salgamos corriendo y tal 

El autor o autora de este relato es muy valiente al escoger dos personajes de la saga tan importantes y característicos como Auri y Kvothe. Y, a pesar de que la idea me mole mucho y el final impacte, la caracterización se me queda un poco a medias, especialmente en el caso del pelirrojo (¿qué hace que esté tan desmadejado? ¿Por qué está cantando esa canción?). Con respecto a ella, me da la impresión de que se la presenta un poco más loca de lo que realmente está y no se responde a la pregunta de qué hace en las Gavias. 

Finalmente, en relación a la integración del mito, está correcto pero hubiese preferido una historia entrelazada con él. Aquí simplemente se menciona. Eso sí, he de decir que la narración me parece impecable, bonita pero sin excesos.  

PD: Un punto a su favor es que la canción es la empezaron a componer los padres de Kvothe, palabra por palabra. Aquí hay una clara preocupación y esfuerzo porque todo encaje, aunque luego algunos detalles nos puedan rechinar. 


Mentes cerradas

Confieso que el aire cómico e informal que envuelve a este relato me agrada y va acorde con su protagonista. Sin embargo, este es uno de los casos en los que creo que el autor ha querido ser tan fiel al mito que se ha olvidado de que estamos en Temerant. Principalmente, me chirrían estas tres cosas: 

  • El comportamiento abusivo de Seuz: A ver, no estamos en una cárcel americana. Y, aunque algunos de los que estén en las Gavias puedan moverse con un poco más de libertad, ¿creéis que no controlan sus interacciones? ¿Que uno se puede comportar como un caudillo y no le van a decir nada? ¿Que puede ser un violento con los demás y no le van a reducir y encerrar en su habitación? Anda ya. 
  • La edad de Mepetrea y Doranpa: Las Gavias es una especie de manicomio para gente que ha estudiado en la Universidad. Kvothe entra diciendo que tiene 15 años y los maestros flipan. Vaya, pues a Mepetrea con 14 le ha dado tiempo a entrar, estudiar y volverse tarumba. Y ya ni hablemos de Doranpa, que se dice en el relato que tiene menos edad xD. 
  • El final: Y esto me da mucha rabia, porque me encanta cómo termina y el mensaje que esconde pero simplemente no tiene cabida en este universo a no ser que se justificase muy bien. ¿Bajo qué circunstancias liberarían a todas las personas de las Gavias? Tendría que ser algo que obligase a la Universidad a cerrar para siempre y dejar de existir. 

En fin, que es una pena porque el mito está bien integrado, incluso tiene el bonito detalle que los nombres de los personajes son los de este pero con las letras cambiadas de orden. Y la narración es como un soplo de aire fresco, fluida y divertida. Sin embargo, en mi opinión, la ambientación tiene demasiadas contradicciones. 


Mentiras y X cosas más

Lo que más me gusta de este relato es el recurso literario (de cuyo nombre no me acuerdo) de "sembrar" las palabras "mentiras", "manchas" y "ruido" para luego reunirlas al final. Sin embargo, vuelvo a encontrar muchas incoherencias en este relato, detalles que no tienen cabida en las Gavias que se nos han descrito en los libros. 

En realidad, sólo hay un evento que me parece que rompe por completo la ambientación: el hecho de que intente ahogar a uno de los "pacientes" y no haya consecuencias. Entran, los separan y ea, pa' casa. Nadie se preocupa, es de lo más normal que a una cuidadora le dé un pronto e intente asesinar a uno de los locos. No es para nada preocupante ni indica que ella también está de la olla. Great. 

Pensando en ello, se me ocurren dos alternativas para solucionar esta falta de verosimilitud: 

  • Eliminar esa escena y que la protagonista sea igual de sádica pero que lo lleve por dentro. Que actúe todo el rato con una amabilidad fingida. 
  • Mantener la escena del intento de asesinato pero que luego se revele que en realidad es una de las personas locas allí encerrada que cree ser cuidadora. Que le permiten hacer el paripé para que esté más cómoda pero la vigilan de cerca.

Confieso que este plotwist me hubiese gustado más, aunque el final del relato es bastante sorpresivo. El momento en el que se gira hacia el muerto me gusta mucho pero coincido con Rha en que me falta un poco más de descripción en el final, hacer hincapié en lo mal que lo están pasando sus víctimas o dar pistas sobre cómo las atrapó. El último diálogo tal vez esté un pelín forzado. Sin embargo, yo te agradezco que cierres el relato con "Era mentira, y hubo manchas y ruidos" y no des detalles escabrosos xD. 

En cuanto al mito, no sé, por lo que ha contado Szao tampoco me parece muy presente, excepto por las referencias al queso y a la tormenta. Y esto por lo que ha dicho ella, porque como no conozco el videojuego pues xD. Por último, la escritura es correcta y fluida. 

...

Pausa para hacer caca y luego vuelvo.


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III Concurso de minirrelatos 2018 - Página 2 Empty Re: III Concurso de minirrelatos 2018

Mensaje por Einyel el Mar Oct 30, 2018 8:20 pm

Yo voy a ser breve porque no he tenido tiempo de leer todos los relatos, pero quiero dejar un pequeño comentario de los que más me han gustado de momento (aclaro que no los voy leyendo en orden).

Dibujos
Me gusta la idea del relato y me gusta lo que ha hecho el/la autor/a con ella. Ha introducido el mito de forma muy sutil y a la vez sin perder la esencia del mismo.
Un detalle que me ha gustado mucho es el guiño al mito de la caja de Pandora, donde se explica el origen de la frase «La esperanza es lo último que se debe perder». Si la memoria no me falla, se supone que al quedar únicamente esta emoción en la caja de Pandora, el ser humano estaría destinado a sufrir todo tipo de males, pero siempre conservar la esperanza…Y este es desde luego el talón de Aquiles de los dos protagonistas: la esperanza que ambos se obstinan en no perder es lo que les está destrozando.

Dos en uno
Lectura fácil, final con giro, hay misterio…A mí me ha gustado. Además trata el tema del doble/doppelgänger por el que siempre he sentido debilidad. En el tema de las referencias, añado a las ya citadas por Janis y Rhasent, El truco final de Christopher Nolan, porque en algunos detalles me ha traído a la mente esta película (que a su vez estaba basada en una novela, creo recordar...*se va a añadir la novela a su lista de Goodreads*).
Einyel
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III Concurso de minirrelatos 2018 - Página 2 Empty Re: III Concurso de minirrelatos 2018

Mensaje por Netalia el Miér Oct 31, 2018 2:22 am

Una vez solucionados los problemas de evacuación y tras cenar, continuemos con los comentarios...

Ad libitum 

Este es un relato dulce, cuya protagonista padece una locura infantil, similar a la de Auri. Personalmente, me gusta ese punto musical que tiene y los juegos de palabras relacionados. La escritura está muy cuidada, a pesar de algún errorcillo puntual ("absorvida" y algunas tildes y comas desviadas), y es poética, lo que contribuye a dar ese aire de dulzura. Sin embargo, a veces me da la impresión que hay demasiados párrafos cortitos y que algunos se podrían integrar en otros. 

Con respecto a la historia,he de decir que al principio la manera de actuar me recuerda demasiado a la de Auri y se siente un poco copia. No obstante, esa sensación disminuye a medida que avanza el relato. Me gusta la manera en la que la música está integrada en la historia: las descripciones con notas musicales, la sinestesia, la originalidad de inventar una canción... Ah! Y algo que no entiendo muy bien es por qué se menciona lo del intento de fuga cuando al final no parece tener relevancia alguna.  

En relación a la coherencia con el mundo, no hay mucho de lo que me pueda quejar. La magia de la que hablan se ha mencionado en los libros, aunque en la historia se da a entender que era algo que ella hacía de pequeña sin controlarlo (y esto sí me chirría un poco pero bueno, ser posible es). 

Por último, la integración del mito es correcta pero no me convence del todo ya que en realidad el autor no ha escogido un mito sino una figura mitológica. 



Dos en uno

Este relato está correcto, sin más. La escritura en general es sencilla, a excepción de algunos párrafos descriptivos más elaborados. Tampoco se le puede pedir mucha floritura a una primera persona.

Es curioso porque, a pesar de ser una historia que de base parece tener mucha chicha (¡estamos hablando de dos gemelas en la Universidad que se hacen pasar por la misma persona, lol!) al final queda un pelín insulsa. No sé detectar por qué, pero no llega a transmitir del todo. Tal vez hubiese hecho falta un poco más de tensión al principio o un poco más de misterio. En general, me ha dado la impresión de qu era una historia que necesitaba más espacio para estar bien desarrollada. 

Con respecto a la ambientación, creo que está bastante conseguida. El mito también está bien integrado en la historia aunque un pelín forzado en mi opinión. Es sólo que prefiero que este sirva más de esqueleto, de hilo de conducción a que aparezca referenciado en una escena 


Dibujos

Para mí, este relato es un ejemplo de un equilibrio perfecto entre la integración del mito y la ambientación en Temerant. El mito se reinterpreta pero es el esqueleto de la historia, una mujer que dibuja (en vez de tejer) y por las noches los arruga y los deja inconclusos (en vez de destejer) mientras  espera la llegada de alguien alguien (en este caso su hermano en vez de su marido). Nada que ver con Mentes cerradas (en el que plasmar de forma casi exacta el mito hace que se lleve por delante la coherencia con el mundo) ni con Dos en uno o Salgamos corriendo (en el que hay solo una escena o un detalle que hace referencia al mito pero la ambientación es más fiel). 

La verdad es que no hay ninguna pega que le pueda sacar a este relato. La escritura está cuidada y es bonita sin llegar a estar tan recargada como me puede resultar a veces la de Ad libitum o Dalcenti. La historia es preciosa, transmite mucho y tiene un giro final inesperado. Mis dieses.


"Conoces a una muchacha tímida y sencilla. Si le dices que es hermosa, ella pensará que eres simpático pero no te creerá. [...] Existe una manera mejor de hacerlo. Le demuestras que es hermosa. Conviertes tus ojos en espejos, tus manos en plegarias cuando la acaricias. Es difícil, muy difícil, pero cuando ella se convence de que le dices la verdad... de pronto la historia que ella se cuenta a sí misma cambia. Se transforma. Ya no la ven hermosa. Es hermosa, y la ven "
Netalia
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Aprendiz de Felurian
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Hoja de Personaje
Nombre: Ilora
Sexo: Mujer
Edad: 20

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Mensaje por Expo el Miér Oct 31, 2018 12:27 pm

Salgamos corriendo, escondámonos huyendo:

Este es, sin duda alguna, el relato que menos me ha gustado del concurso (sin meter aquí ni a Toc Toc, ni a Delirio, ni a Tit, dos por ser bromas y el otro por ser un microrrelato y, por tanto, incomparable al resto desde el mismo ángulo).

El relato se divide en dos partes; primero, la segunda escapada de Auri de Las Gavias (sabemos seguro que es la segunda y no la primera, aunque Auri dude, porque Kvothe la conoce, entre otras cosas), y segundo, la canción de Kvothe y su declaración final.

No tengo problema con la primera parte a nivel literario. Está bien escrita y narrada; el autor ha sabido narrar rápidamente la escapada sin concretar movimientos y espacio recorrido, de forma muy estética y literaria y sin perder el tiempo. Es un inicio fuerte. Los detalles que hacen ver que la protagonista está algo ida de la cabeza (sin necesidad de presentarla como totalmente loca) están inteligentemente metidos y se mezclan bien en la narración.
Cuando escucha la música y se prosigue la huída, todo sigue siendo muy estético de leer y sentimos las sensaciones de Auri a través de un buen uso de los adjetivos y blablabla. Que está bien escrito, vaya; dejémonos de pijadas.

A nivel argumental hay poco que decir, pues no se concreta nada de la huída (sabemos que ha huído, y ya, lo cual no es malo). Lo interesante es la música, pues se nos mete curiosidad en el cuerpo y acabamos esta parte intrigados por qué será esa música que Auri está escuchando, gracias a la narración. Ahora el relato debe responder a la pregunta de qué está pasando y concretamente qué es esa música que ha tomado el protagonismo.

Mi único problema aquí es que no me convence lo de "Auri escapa de Las Gavias por segunda vez". No es algo muy resaltable (se puede aceptar; han debido atraparla y ha vuelto a escaparse), pero despierta muchas preguntas que claramente el relato no tiene interés en responder, y eso al menos a mí me causa cierta insatisfacción. Con personajes desconocidos aceptas "un punto de entrada" y no necesitas más que el que sea plausible que ese personaje esté en la situación en la que está para aceptarlo y ver qué ocurre desde ahí, pero en este caso, con un personaje conocido del cual sabemos su situación en los libros, hacer una historia donde le haya ocurrido algo importante a ese personaje sin que sepamos cómo, ni qué ha supuesto, ni nada, en la cual eso no sea importante y se deje de lado ocasiona inevitablemente cierta molestia, creo yo.

Por otro lado, los trocitos de confusión "locuresca" que se le notan a Auri en el párrafo, como he dicho, están bien metidos, pero una vez pienso en que esta chica es Auri, no puedo evitar pensar en que simplemente no siento que le peguen demasiado, pero tampoco resaltaré este asunto como algo a considerar. Quizá es meramente sensación mía.

Los problemas reales vienen en la segunda parte del relato.

Literariamente tampoco tengo nada malo que decir. Quiere ser misterioso hasta la revelación final y lo consigue, y quiere ir mostrando la desesperación de Auri según nota a Kvothe lejano y cómo quiere recuperarle y lo consigue. Todo guay.

Argumentalmente esto no se sostiene por ningún lado. Según entiendo yo veo dos opciones: Una, Kvothe se ha enterado de alguna forma de que los Chandrian vienen, y por alguna razón le ha dado por tocar la canción de sus padres en plan creepy en el tejado para darle ambiente al asunto. Dos, Kvothe está invocando a los Chandrian para que vengan a él.
El giro final es justamente saber que los Chandrian vienen; en medio es simplemente Kvothe tocando la canción medio poseido y Auri gritándole para que le haga caso.

Primero, comentaré los puntos que son equivalentes para ambos casos. ¿Qué tiene que ver esto con el principio? La canción, esa canción concreta, no tiene relación con Auri ni el hecho de que Kvothe la elija podría tener algo que ver con Las Gavias y ayudarla a salir. No se me ocurre otra opción diferente a que la música fuese como cualquier otro sonido que Auri pudiese escuchar de fuera, y simplemente al lograr salir descubriese su procedencia.

En cambio, el relato, tras la huída, se centra totalmente en Kvothe tocando y la revelación final. Si no hay nada que enlace la música con que Auri estuviese en Las Gavias y con que saliese, ¡esa primera parte (que es un gran primer párrafo de forma independiente) es puro relleno! La historia podría haber empezado con Auri encontrándose a Kvothe en el tejado y sería exactamente lo mismo. No hay ningún punto de unión real entre ambas narrativas; en la práctica, aquí no hay un minirrelato, hay dos unidos malamente con superglue, y ambos se quedan muy cortos (el segundo, de hecho, no cumple los requerimientos).

Si hay algo que no he conseguido ver, que hable quien lo vea, o el autor cuando pueda.

Esto que acabo de decir creo que es importantísimo; al final el relato se centra en la canción y en la revelación de que vienen los Chandrian, y por tanto, por mucho que funcione independientemente, el primer párrafo pierde absolutamente todo valor en la historia. Todo lo bueno que dije antes sobre él queda totalmente oscurecido por el hecho de ser paja (la cual no puedes permitirte en un minirrelato).

Por lo demás... primera opción; los Chandrian vienen, Kvothe se ha enterado, y toca la canción porque sí. ¿Por qué toca la canción? ¿Por qué está tan ensimismado en ella? El miedo, los recuerdos de antaño, pueden causar ciertas emociones a Kvothe, pero este extraño "trance" no me llega a pegar sin una mísera explicación. ¿Cómo se ha enterado de que vienen los Chandrian?
No es que esto no se sostenga, es que estaba derrumbado desde el principio.

Segunda opción; Kvothe invoca a los Chandrian con la canción. Vale; al menos ahí hay una razón que justifica que esté tocando eso.
O no, porque lo que ha tocado es el principio de la canción de sus padres; la parte que él escuchó. Luego para, por culpa de Auri, antes de que esa canción pueda tener NADA que los Chandrian escuchen. No hay un solo nombre real allí, y simplemente toca eso una vez (pero vamos, aunque lo tocase 2000 veces). Si los ha invocado, no ha sido en ese momento, por lo que volveríamos a preguntarnos el por qué de la escena. Si pensaba continuar la canción, entonces aún no vienen porque Auri ha impedido que los "llame", y la manera de escribir la última frase (que es la revelación final) sería extrañísima y por tanto totalmente antidramática. Además, si está invocándolos debe haber alguna razón, de la cual no hay ninguna pista, pero que seguramente haría mucho menos posible justificar que Kvothe esté en ese extraño "trance" y con tanto miedo y yo que sé, tan raro sin explicación alguna.

Yo conozco a Kvothe. Sé quien es. Sé parte relevante de su vida. Sé su relación con Auri. Sé muchas cosas que no permiten que alguien escriba una escena tan extraña de pronto y yo pueda comérmela con patatas.
Si estos fueran completos desconocidos, simplemente me parecería misterio mal hecho (pues al final te deja totalmente insatisfecho y no responde preguntas cuyas respuestas son necesarias para que el final funcione), pero siendo Auri, y sobre todo siendo Kvothe, no veo para nada esto. No creo que estés narrando algo posible y con sentido, y si lo estás haciendo, sin duda no has hecho esfuerzo alguno en intentar convencer al lector de ello.

Esto no es un "ambiente misterioso", en el que no se revela información innecesaria y simplemente hay preguntas sin respuesta que ayudan al ambiente del relato, porque tú sabes que están ahí, pero simplemente no es importante que las conozcas ni el relato lo necesita. Esto es un sinsentido que espero con muchas ganas que resuelva el autor cuando se revele quien es, porque igual soy yo que no entiendo nada y aquí hay una historia con sentido detrás.

Lo que sé es que no puedo disfrutar algo en lo que no creo que tenga sentido alguno lo que está ocurriendo y en el que los personajes hacen cosas que siento aleatorias dentro de la historia. Todos dicen que les gusta la elección de la canción, porque mola ver a Kvothe tocando eso, pero veo imposible siquiera pensar en si queda bien o no y si es una elección interesante o no sin antes tener una mínima pista de a qué viene.

No veo a Kvothe, no veo a Auri, y no veo nada en este relato. Lo siento.

Dibujos:
Dividamos este relato también; esta vez en tres partes. La primera, la introducción al estado mental de la protagonista, antes de que su hermano entre en la habitación. La segunda, la conversación con su hermano, en la que se nos aclara toda la situación. La tercera, el desenlace, con su esperado (e inesperado) giro final.

Empezamos el relato con la protagonista narrando un ataque desde el principio. Esto es una buena elección porque ayuda a transmitir cercanía y empatía, puesto que vemos el proceso y el autor aprovecha muy bien la narración para meternos adecuadamente en su cabeza. No realiza florituras ni se mete en experimentos literarios; simplemente sabe llevar el tempo y quiero resaltar cómo el lenguaje, aunque literario y estético (bonico de leer, para que nos entendamos), siempre se mantiene en tierra. No intenta transmitir misterio, ni resulta exótico, ni hay nada extraño. Todo lo que leemos está ahí para que entendamos bien cómo poco a poco los murmullos se convierten en voces y las voces en chillidos, y lo que eso hace sentir a la protagonista. Las florituras son escasas (desnaturalizarían el relato, y aquí se busca cercanía) y la hipérbole es el recurso clave, aumentando la sensación de que todo se está yendo del control de la protagonista.

En resumen; este inicio hace un trabajo magnífico haciendo que nos interesemos por la protagonista.
Quisiera recalcar el detalle de "sus manos dejaron caer el lápiz que sostenía"; en el momento de leerlo nos recuerda que "está ocupando un espacio" (en el momento justo en el que quizá empezábamos a estar demasiado atentos a su cabeza y podíamos olvidar que hay un escenario y que se realizan acciones; este tipo de interacciones de un protagonista con el entorno en medio de un monólogo interno son siempre un acierto porque mantenernos en el monólogo acaba teniendo el efecto opuesto de "alejarnos" de la situación y empezar a leer como si alguien te estuviese contando sus movidas, ajenas a ti). De cara al relato completo refuerza la coherencia de todo al encajar con el hecho de que después veamos que pasa su tiempo dibujando. Por no hablar de que también es un refuerzo directo al "Pudo escuchar el lápiz caer" del final, pero me estoy adelantando. En cualquier caso, es una de esas frases que hace que sientas que cada oración del relato tiene en cuenta a todas las demás, y eso siempre es bueno.

La segunda parte es una búsqueda de información. Para cuando empieza (para cuando alguien abre la puerta), los lectores ya estamos interesados en la protagonista y queremos saber qué ocurre en esta historia. El autor plantea este nudo, creo, como una secuencia de diálogos en la que el lector debe ir tomando los datos y poco a poco entendiendo todo el panorama.

Al inicio, su presencia hace que los chillidos paren. Hay cercanía entre ellos; Ava dice "Cuando no estás, ellos siempre... ¿Me escuchas? Siguen haciéndolo, ¿sabes?", de lo cual no solo captamos el mensaje directo, sino que sabemos que esto lleva tiempo sucediendo y que él suele venir a verla. Esta no es la primera vez que él la visita.

Se enfatiza esa sensación con las peticiones de Ava. En una conversación totalmente natural, ya sabes que las visitas del chico posiblemente sean habituales, y que ya le ha tenido que decir, probablemente varias veces, que no pueden sacarla de ahí. Con el suspiro se vuelve a enfatizar que él ya está acostumbrado a esto, y nos queda perfectamente claro.

Me gusta cómo a partir de aquí se consigue la sensación de que ella es una paciente y él el psicólogo; de que está allí para la sesión habitual, transmitiéndole cercanía, pero con ese aire de que sabe qué está haciendo y por qué y de que está buscando alguna reacción o algo en especifico por parte de Ava. Esta sensación es muy importante para que el giro final sea tan bueno y, además, permite crear una conversación natural en la que igualmente él está claramente diciendo lo adecuado para que los lectores nos enteremos de todo.

Sigue la escena y nos enteramos de que está intentando dibujar a su hermano, pero no recuerda su cara y constantemente deshecha y repite los dibujos. También está esperándole, porque sabe que aunque ella no se acuerde de él, él sí de ella (otro punto que hace que el giro final funcione genial, al hacer la situación aún más irónica en el sentido dramático). Se va dejando ver que lo que Ava dice y sus reacciones no distan de lo normal, y que él espera que suceda otra cosa; al final de la escena es cuando notamos que esto tiene mucho de personal para él (se presenta su molestia de una forma que da esa sensación), llamando nuestra atención y curiosidad.

Nótese cómo el final vuelve a reforzar por completo la idea de que esto se ha repetido mil veces, ahora que ya hemos visto la escena completa. Cuando lees "Pudo escuchar el lápiz caer, pero no le importó." sabes automáticamente (y diciéndotelo de forma elegante, sutil, pero clarísima) que está teniendo un ataque, y el no le importó, gracias a todo lo anterior, no da sensación de que le da más igual, sino de todo lo contrario; de que está tan acostumbrado a que eso sea así que ya no hay nada que hacer. Se puede entender de fondo que hubo un tiempo anterior en el que habría vuelto dentro a consolarla, preocupado. En el que se hubiera esforzado más por lograr de ella lo que sea que quiera lograr. Pero ya ha pasado demasiado tiempo y entra a esa habitación resignado. Y lo sentimos y lo sabemos.
No sabemos realmente por qué, pero esa frase se siente dramática y triste. Chapó.

Pero claro, aún nos queda saber por qué. La tercera parte. La gran revelación.
El primer intercambio de frases entre el chico y su compañera termina con ese "Será... mejor esperar." que pone totalmente la atención del lector en el misterio de qué sabe él que nosotros dos. A qué está esperando.
Con el "¿Y te ha...?" se realiza la revelación, pero no de golpe, sino con una pregunta que pone en marcha una bombillita en tu cabeza que se enciende como se encienden las luces de la cocina; de forma intermitente inicialmente hasta que pocos segundos después queda todo iluminado. Ocurre en lo que tardas en leer las últimas tres frases y entender finalmente todo, porque ese pequeño tiempo que el autor ha ganado al no poner "reconocido" lo has usado sin querer no solo para darte cuenta de que él era su hermano, sino para al mismo tiempo comprender todas las implicaciones que eso tiene, todo el sentido y la nueva perspectiva que le da a la escena anterior, y cómo el drama que ya sentías que estaba ahí se desvela por completo. Puede parecer un detalle insignificante, pero creo que, aunque siguiera siendo un gran final sin ello, esta forma de escribir la revelación aumenta mucho más el impacto de lo que parece, justamente no escribiéndolo de forma impactante.

Así se escribe un final y así se escribe un pedazo minirrelato.
Expo
Expo
El último Ciridae
El último Ciridae


Hoja de Personaje
Nombre: Judy Nostrow
Sexo: Mujer
Edad: 25

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