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IV Concurso de Minirrelatos 2019

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Mensaje por Manoliyo el Vie Sep 20, 2019 9:02 pm

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Mensaje por Janisgoth el Dom Sep 22, 2019 2:00 pm

(NOTA INFORMATIVA: si no estás siguiendo el juego de la manco, este post no te interesa. Puedes pasar de él.)




-Mi carroooo me lo robaaaaron estandooo en una cuevaaaaaa...sin dine…¡Mierda! El dinero es un prohibición.


Janis se rebanaba los sesos, poniéndose en la piel de los participantes cuando de repente oye una voz de ultratumba.


-Jaaaaniiiiiis jjjjjffffttt


-¿Pere?- Mira de un lado a otro de la habitación pero no ve a nadie.


-Jaaaaaniiiiiis jjjffftt


-Joder, qué mal rollo. Peeereeee, ¿dónde estáaaaaas? Sal de donde estés, no me acojones más.


-Jaaaaniiiiiis, ayúdaaameeee. No jjjffft encuentro jffft jffft camino.


-Muévete, Pere, que pierdes la cobertura- dice mirando al techo porque...¿a dónde mirar sino?


-Japuta, ¡ven aquí!


-Anda, mira, eso sí que se ha oído bien.


-Jaaaaniiiiiisss


-¡Que no! ¡Que yo ahí no vuelvo! Ay, qué sueño de repente...
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Mensaje por Glimmer el Lun Sep 23, 2019 3:49 pm

Yo no escribo pero se me ocurren cosis:

Requisito: en el relato deben aparecer 3 palabras y/o frases de idiomas (conocidos o no) de la saga. La idea es insertar cualquier elemento que esté aquí en cursiva (a excepción de las palabras en inglés xD): http://www.tresdiasdekvothe.com/t952-te-rhintae-diccionario-y-lenguas

Ubicación: El relato debe ocurrir en un lugar en el que Kvothe no haya estado aún en la saga pero se haya mencionado.

Prohibición: no se pueden usar adverbios de duda.


Última edición por Glimmer el Mar Sep 24, 2019 4:46 pm, editado 6 veces (Razón : Expo no para de romper las pelotas x5'999999999999999)
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Mensaje por Lici el Lun Sep 23, 2019 10:00 pm

@Glimmer escribió:Yo no escribo pero se me ocurren cosis:

Requisito: en el relato deben aparecer 3 palabras y/o frases de idiomas (conocidos o no) de la saga. La idea es insertar cualquier elemento que esté aquí en cursiva (a excepción de las palabras en inglés xD): http://www.tresdiasdekvothe.com/t952-te-rhintae-diccionario-y-lenguas

Ubicación: El relato debe ocurrir en un lugar en el que Kvothe no haya estado aún en la saga pero se haya mencionado.

Prohibición: No pueden aparecer nombres propios (motes sí, pero os reto a ir a lo hardcore).

Y en esta nueva edición de minis... ¡OS TENÉIS QUE RELEER LOS DOS TOCHACOS DE LIBRO PARA PODER ESCRIBIR ALGO QUE SE AJUSTE! Enhorabuena a los participantes
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Mensaje por Durzo el Lun Sep 23, 2019 10:11 pm

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Mensaje por Glimmer el Mar Sep 24, 2019 12:21 am

@Lici escribió:
Y en esta nueva edición de minis... ¡OS TENÉIS QUE RELEER LOS DOS TOCHACOS DE LIBRO PARA PODER ESCRIBIR ALGO QUE SE AJUSTE! Enhorabuena a los participantes

Por mencionado también se entendería que salga en el mapa
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Mensaje por Sciacere el Mar Sep 24, 2019 4:19 pm

¿ Aún puedo anotarme ?
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Mensaje por Janisgoth el Mar Sep 24, 2019 4:30 pm

@Sciacere escribió:¿ Aún puedo anotarme ?

Hola Scia, sí, puedes participar. Sólo tienes que enviarme tu relato por mp aquí al foro. Tienes hasta el domingo 29 de septiembre incluido. 

Las condiciones las tienes en la página anterior en este misto tema.

¡Espero tu relato!
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IV Concurso de Minirrelatos 2019 - Página 2 Empty Re: IV Concurso de Minirrelatos 2019

Mensaje por Expo el Vie Sep 27, 2019 2:00 pm

¿Cómo van esos relatos, gente? Ojitos
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IV Concurso de Minirrelatos 2019 - Página 2 Empty Re: IV Concurso de Minirrelatos 2019

Mensaje por Janisgoth el Vie Sep 27, 2019 2:09 pm

Tengo dos en mi poder Ojitos
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IV Concurso de Minirrelatos 2019 - Página 2 Empty Re: IV Concurso de Minirrelatos 2019

Mensaje por Netalia el Lun Sep 30, 2019 1:37 pm

Aaaah, ya llegan, ya llegan. Me pregunto cuántos habrá...


"Conoces a una muchacha tímida y sencilla. Si le dices que es hermosa, ella pensará que eres simpático pero no te creerá. [...] Existe una manera mejor de hacerlo. Le demuestras que es hermosa. Conviertes tus ojos en espejos, tus manos en plegarias cuando la acaricias. Es difícil, muy difícil, pero cuando ella se convence de que le dices la verdad... de pronto la historia que ella se cuenta a sí misma cambia. Se transforma. Ya no la ven hermosa. Es hermosa, y la ven "
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Mensaje por Janisgoth el Lun Sep 30, 2019 2:56 pm

Llevaba un par de horas sentada en esa cueva y el aburrimiento empezaba a hacer mella en ella. Había salido demasiado tarde y había oscurecido demasiado pronto. Esa cueva era el único refugio que había podido encontrar, ya que la posada más cercana se hallaba a un par de horas andando.


Se apretujó un poco más en su capa para resguardarse del frío. Cerró los ojos y descansó la cabeza contra la piedra. Echaba de menos una buena chimenea, con un gran fuego rojo, amarillo y naranja. El hermoso sonido del crepitar, el chasquido de los troncos al dilatarse y romperse. El calor que emana, sentirlo en la cara sonrojando sus mejillas.
Pero lo que sentía eran sus pies fríos y húmedos, dentro de unas botas demasiado viejas y desgastadas para aguantar la humedad de aquel charco situado en la entrada de la cueva y donde había ido a meter sus pies.


Decidió levantarse y adentrarse un poco más en la cueva y buscar algunas ramas con las que hacer un pequeño fuego al que acercar sus empapados calcetines, pues necesitaba dejar de sentirse tan incómoda. Los pies mojados la hacían ponerse de mal humor.


La cueva era oscura, de techos altos, paredes frías, desprovista de vida animal. Lástima, lo que daría por un conejo asado....o una ardilla. No era momento para remilgos.


Fue dando pequeños pasos, asegurando la pisada por si se tropezaba; sólo faltaba que cayese dándose le cabeza y muriendo de esa forma tan estúpida. Y todo por una ardilla asada...o medio cruda.


Sintió un dolor punzante en la espinilla y empezó a maldecir como un marinero al que niegan un permiso en último momento, dando saltitos pierna en alto como un flamenco.
Poco a poco el dolor remitió y sus ojos se acostumbraron a la oscuridad dejándole ver un carro tapado parcialmente con una lona que había visto tiempos mejores. Parecía como si un ladrón lo hubiese escondido en las profundidades de la cueva y no hubiese vuelto nunca a por él. ¿Habría muerto, dejando los frutos de su saqueo allí?


Se acercó, mordiéndose el labio, preguntándose qué podría esconder la tela raída pues un pequeño bulto mostraba que algo había estado esperando a que lo encontrasen. Sabía que ese rasgo de su personalidad le traería problemas más de una vez a lo largo de su vida. Su madre siempre le decía que la curiosidad acabaría con ella, pero su padre siempre la animaba a seguir su instinto.
Alargó un mano dudosa hacia el tejido, no por miedo a lo que iba a descubrir sino por la cantidad de polvo y mugre que acumulaba. Armándose de valor descubrió el botín.
Una nube de polvo la cegó y la hizo toser y estornudar.
Moviendo su mano delante de su cara para espantar las pequeñas y malvadas partículas, vislumbró una pequeña montaña de libros mal apelotonados. Cogió uno y leyó el título. Lo dejó, cogió otro y lo examinó. Este llamó su atención. Era verde oscuro, con grabados dorados y las letras parecían relucir.


Empezó a pensar qué podía hacer: ¿Leer esos libros para paliar el aburrimiento o quemarlos y entrar en calor? Pero ya sabéis que la curiosidad era más fuerte que su sentido común. Apretó en su mano el libro; se titulaba "Relatos cortos de Temerant" y empezó a leer.




Sin expectativas:

SIN EXPECTATIVAS
 
Y acabó en una cueva. Tiempo atrás, esa misma idea no habría conseguido nada más que provocarle indiferencia, pero esta vez tenía algo que hacer. Tras años observando a los mercaderes con sus frutas y artefactos que era incapaz de entender, decidió que él (o ella, ni lo recuerdo ni es relevante) tenía derecho a unirse a aquel fascinante gremio.
El problema era, evidentemente, que no era propietario (o propietaria, no creo que sea necesario repetirlo más veces) ni de la mercancía que deseaba vender ni de un medio para transportarla. Su plan era simple: aparecer por la noche y robar el primer carro que encontrara.
Unas pocas horas después, satisfecha (o satisfecho, que no es cuestión de inclinarse hacia una de las partes) con su aparente éxito, se escondió en una gruta a unos minutos de la ciudad libre de Tinuë, ya que el camino estaba bien.
En cualquier caso, y como un adolescente con pocas expectativas de futuro, una vez se hizo el silencio y comenzó a razonar, se encontró con que había perpetrado un patético robo y sin ningún objetivo lógico. ¿Lo devolvería? Sería castigado. ¿Lo escondería? Lo acabarían pillando. ¿Huiría? No conocía nada más que esa región.
Estaba apurada (o mismamente apurado, no hay ninguna diferencia en el género). Pasaron los segundos, los minutos, las horas. El sol comenzaba a despedirse, dejando un firmamento más oscuro, alicaído e inseguro. Demasiadas cuestiones y muy pocas soluciones.
Afortunadamente, y de pronto, una roca del tamaño de su cabeza cayó del techo de la cueva, aplastando su cráneo. Murió en el acto, en la salvación de no tener que asumir las consecuencias de sus actos.
—¿No es una moraleja un tanto regular?
—Calla y sigue cavando
.

Dos hombres y un carro sin destino:

DOS HOMBRES Y UN CARRO SIN DESTINO

ACTO I

Jesse azuzaba a las dos mulas para avanzar más deprisa. Quería llegar lo antes posible a Oakholt. No deseaba encontrarse con ningún viandante desconocido y mucho menos toparse con alguna cara que lo reconociera. Con la tensión acumulada durante esa semana, cualquier saludo le parecía una acusación inquisidora sobre las acciones ilegales que estaba llevando a cabo. Él solo estaba intentando mantenerse a flote en un territorio afectado desde hacía bastante tiempo por las guerras de poder.
La llovizna que había dado la bienvenida al amanecer había mitigado la sequedad de la tierra. Las ruedas del carro iban abriendo un surco en el barro que cubría el camino. Las dos líneas paralelas del eje delantero eran desdibujadas por las del eje trasero, que eran más profundas por el peso de la mercancía transportada. De los seis toneles del cargamento, tres portaban manzanas y dos contenían algo más valioso: resina de denner. Para disimular estos últimos, había colocado estratégicamente los toneles de las manzanas en la primera línea. Uno lo había dejado al descubierto, para que se viera bien la fruta; el otro tenía la tapa mal encajada, lo que permitía ver algún tono amarillo y verdoso del interior. El resto estaban perfectamente cubiertos.
El muchacho volvió a tirar de las riendas para aumentar la velocidad de los dos animales. Luego, pasó las dos correas a su siniestra y extrajo una manzana del bolsillo de su chaqueta de lana con su mano libre. Se la había quedado cuando recogió el resto en una de las tierras cercanas a su escondite. La frotó brevemente sobre la manga contraria antes de darle un mordisco. El aumento de las piedras en la calzada incrementó los botes del carro y consecuentemente el golpeteo de los toneles. Mientras masticaba acompasando los mordiscos a los saltitos que daba sobre su asiento, Jess siguió sumido en sus preocupaciones. Todo iba según el plan trazado. Ningún alma se había cruzado por su ruta salvo un escurridizo conejo y un lento zorro al que estuvo a punto de atropellar. Sin embargo, tenía memorizada la cantinela que debía decir si se encontraba con alguien que osara dirigirle la palabra: “Buenos días. Vengo de recoger las manzanas en la tierra de mi tía Jenny. ¿Le apetece probar una?”. Quién iba a recordar que la tía Jenny murió hacía más de once años en la más absoluta miseria. Tan solo había legado al pequeño Jesse su viejo carro de madera de pino, al que ahora el chico había descubierto su mejor uso.
Un quejido seco le cortó el hilo de pensamientos del pasado. El primer eje se había roto.
—¡Mierda! ¡Joder! No debería haber tomado esta ruta. —Maldijo entre dientes. El viejo Walter tenía razón. Ese camino era el menos transitado por alguna razón, y justo acababa de descubrir la causa de aquella escasez de circulación.
Se bajó de un saltó y echó la vista atrás. Había una enorme piedra tres metros atrás. Al pasar sobre ella el eje había recibido toda la tensión del bote y la madera seca de pino no había podido amortiguarlo. Se había partido a la mitad.
Carecía de herramientas para arreglarlo y sin hacerlo no podría seguir. Era mucho peso para que aquellas dos mulas pudieran continuar tirando con un solo eje, se reventarían antes de llevar medio camino. No le quedaba más remedio que regresar a la cueva. No tenía ganas de volver a aguantar los gritos del viejo y mucho menos que le recriminara que había tenido la razón desde el inicio, pero no le quedaba de otra.
Se acercó a los animales y los guio hacia una de las orillas de la calzada. Los toneles seguían dispuestos como al principio, mostrando solo el contenido de los que llevaban las manzanas. Miró alternativamente la mercancía y el horizonte de su nueva dirección. Estaba a quince minutos en carro, lo que traducido a pie no alargaría la distancia a más de media hora a pie.
—No creo que nadie vaya a pasar justo por aquí en ese tiempo. Además, ¡quién querría robar unas simples manzanas!


ACTO II

Cuarenta minutos después Jesse alcanzó la boca de la cueva. En la zona baja escarpada de las Seis Hermanas había muchas como aquella. Solían estar habitadas por osos y animales un tanto más grandes, como los draccus. Para alejarlos de la resina los dos hombres habían cavado varias trampas alrededor de la entrada y cubierto con hojas secas. Así, solo alguien bípedo tenía espacio suficiente para desenvolverse al entrar y salir.
Al mismo tiempo que Jess se introducía en el oscuro agujero, anunció en voz alta su llegada. Si además del disgusto acaecido le daba también un susto al viejo Walter, podría recibir algún golpe por accidente de barras de hierro voladoras, y ese día ya había tenido bastantes problemas como para sumar a la lista los hematomas físicos.
—¡Walter! ¡Soy yo! ¡Jesse! No te lo vas a creer. Se ha roto el ejjjjj...
Una barra de hierro salió disparada por el aire directa a su cabeza. La esquivó sin dificultad, pero no previó la segunda.
—¡Maldito imbécil! ¡¿Qué has hecho ahorafff...?! —Tuvo un ataque de tos—. No creo que te haya dado tiempo a regresar tan rápido del pueblo.
—Se ha partido el eje.
Walter gruñó. Estaba guardando la resina de denner en los toneles vacíos apelotonados en la pared derecha.
—¿Y el carro? Cofff, coffff... ¿Dónde cofffjones lo has dejado? —El viejo Walter intentó acompasar su respiración para contener la tos.
—A un lado del camino. Verás, fui por el camino de Trent porque es de día y tiene menos circulación. Y resulta que...
Una nueva barra se dirigió a la cabeza de Jess.
—¡Pero serás gilipollassssfffff! ¡COFFF! —Tras el nuevo ataque escupió una flema roja al suelo—. ¿A qué velocidad ibas? Te dije que con la lluvia que cayó anoche era mejor el camino principal. ¿No pusiste las manzanas como te dije?
—Sí, sí. Cojo las herramientas y voy corriendo.
Jesse se dirigió al fondo de la cueva, rebuscó entre algunas cajas de madera y halló lo que buscaba. Ya se iba cuando la voz del viejo lo sorprendió.
—¿No te olvidas de nada?
—¿Eh? ¿De qué? —Miró su alrededor confuso.
—De esto, gilipollas.
Una nueva barra de hierro sobrevoló el techo de la cueva.
—Tendrás que sustituir con algo el eje roto, digo yo.
—Ah, es verdad.
Jesse se agachó rápidamente a recoger una de las barras lanzadas y se esfumó zumbando antes de que una nueva fuera lanzada contra su cogote.


ACTO III

Cincuenta minutos después Jesse alcanzó el lugar donde había estado el carro. No había rastro material de él. Observó los surcos en el barro que cubría el camino. Seguían paralelos en dirección al pueblo: o se lo habían robado o aquellas dos mulas no eran familia directa de los burros.
—Ay, mi querida Jenny. Tu mejor herencia no fue el carro, sino esas jodidas mulas.

Había una vez:

Había una vez


Había una vez un niño que vivía en una cueva. Pero no era un lugubre hueco en ninguna parte. El niño se sentía orgulloso de ella pues era un sitio mágico.
Un mago bondadoso, orgulloso y fiero a la vez, la había encantado con sus palabras y la cueva podía dar todo lo que se pudiese imaginar y desear. Pero tal había sido su imprudencia, que con el dichoso hechizo creó una última cosa más: los deseos de la propia cueva. Y ella deseaba ser libre, sin estar atada a los deseos viles de los hombres. Quería respirar, pues sus inmoviles músculos no podían encontrar la paz en un sitio tan oscuro. Necesitaba amar, pues no conocía otro sentimiento que el anhelo de lo que no se tiene.
Mil y un años habían pasado y la cueva había cumplido todos los deseos excepto los suyos. El niño sabía pero no le importaba. Caprichoso e ignorante, quería mil y una cosas: rocambolescas, extrañas, divertidas algunas veces, trocandose oscuras en otras. No obstante, su corazón siempre deseaba más. Subiéndose en el altar de la cueva, ordenaba cada día con voz desafiante y sollozaba cada noche por la quemazón que habitaba en su corazón, abrasando.
"Busca la razón de tu corazón". Susurraba la cueva.
Deseos, mil historias surcaban las paredes, pintadas de esperanza y sueños infantiles.
"Busca la razón de tu corazón".
Quería ser ladrón. Mil y un artículos robados habitaron esos días en la cueva. Collares y pulseras. Carros robados a doncellas. Hasta curiosas piezas doradas.
Nada le satisfacía, el niño buscaba y buscaba sin fin. No obstante, una idea empezó a colarse, sería quien quisiera ser, el protagonista de una gran historia.
"Quiero ser un personaje tan grande que no se olvide jamás". Gritó. Pero cada deseo conlleva un sacrificio.
La cueva, artera, supo al instante lo que tenía que hacer.
"Serás el hombre más buscado del mundo, todos te adoraran".
Esa misma noche el niño abandonó feliz la suave calidez de su hogar. Y la cueva descansó.
Tiempo habría de pasar hasta que singulares personajes se volviesen a encontrar, pero el niño convertido en hombre regresó.
"Cueva vil y traicionera, hiciste tus deseos con mala intención, ahora todos quieren seguirme. ¡Hago milagros! Pero sigo sin ser feliz, soy un fraude y nadie lo sabe."
"Te dije que buscases la razón de tu corazón pero ¿dónde está el mío, malvado hombrecillo? Nunca lo he..."


El abuelo observó a su nieto con los ojos entrecerrados.
—Por favor, abuelo, sigue con la historia, que le sucede al niño y la cueva.
—Caleb, estás durmiendote, seguiremos mañana.

Eloíse:

ELOÍSE


Eloíse adoraba el sabor de aquellos labios. Atraparlos con los suyos era tan placentero que sentía cómo el deseo recorría su cuerpo. Se separó de ellos con un profundo suspiro y miró el rostro de la persona por la que acababa de tirar su vida por la borda. Tampoco era una vida a la que ella le tuviese mucho aprecio, a pesar de las comodidades.
Tiago tenía el pelo alborotado y sus ojos chispeaban. Una cicatriz adornaba su ceja y su nariz estaba ligeramente torcida, fruto de una antigua pelea. Aquel joven huérfano quería escapar de su destino con más fiereza que ella, contra el que llevaba luchando desde que otra familia se hizo cargo de él. No era la compañía más recomendable para Eloise, pero eso, en vez de disuadirla, la atrajo hasta él.

–¿Qué miras? –preguntó él, con el ceño fruncido y una sonrisa, formando un gesto irresistible.

–A ti –respondió, sacándole la lengua–. Estás más guapo que nunca. En este carro robado, escondidos en una cueva preciosa, camino a la libertad.

Él desvió la vista hacia el rugoso techo que los cubría. Aquel sitio había sido todo un descubrimiento, con un acceso semioculto desde el acantilado y otro que daba al mar, suficientemente grande para una embarcación.

–Camino a la libertad –repitió, saboreando sus palabras.

Eloíse rió y Tiago la besó con el ímpetu de quien siente que la vida por fin le sonríe. A su espalda, el fondo del carro, se hallaba su billete hasta Junpui, una pila enorme de lujosas telas. Se habían tendido en una de ellas mientras esperaban, uno sobre otro, intentando extinguir el espacio que los separaba. Los besos se tornaron más agresivos y ella se rindió ante el deseo de que la devorase. Como si le hubiese leído el pensamiento, él paseó los labios hasta su cuello, donde aprovechó para morder con suavidad. La joven se estremeció como respuesta, escapándosele un hilillo de voz. Y Tiago siguió trazando un camino con su boca, siendo el pecho su siguiente destino. Ya estaba desabotonándole la blusa cuando Eloíse le detuvo.

–No tardarán mucho. No quiero que nos sorprendan en esta tesitura.

Él fue a replicar pero el eco de unas voces le acalló. Habían llegado.

...

–Así que vosotros sois los tortolitos –comentó la capitana, con un deje de burla.

Su boca se curvaba en una sonrisa maliciosa. Eloíse decidió que aquella mujer no le gustaba, a pesar de que no podía evitar admirar la autoridad que emanaba de su figura. Sus hombres los habían rodeado en silencio.

–¿Sabéis? Se rumorea que la hija de Ronen, el hombre más poderoso del sur de Atur, ha desaparecido. Y vosotros tenéis un carro con su símbolo, lleno de su mercancía. Qué casualidad, ¿no?

La tensión atenazó el estómago de la joven. ¿Cómo podía saberlo? Acababa de suceder esa misma mañana. La mujer chasqueó los dedos y la tripulación se abalanzó sobre ellos. Eloíse vio cómo su amado se debatía, entre golpes y patadas.

–Venga, Tiago, deja el teatro –murmuró la capitana, su sonrisa ahora era cruel.

–¿Qué insinúas? –respondió él, con la mirada nublada por la ira. Seguía intentando deshacerse del agarre.

–Que la has vendido –dijo con tranquilidad, mientras posaba los ojos en la aludida.

Eloíse se había olvidado de respirar.

–¿¡Cómo te atreves?! –y forcejeó con más fuerza.

Parecía decidido a escapar y abalanzarse sobre su acusadora. Ella hizo un gesto y sus hombres lo liberaron. Y Tiago se quedó ahí, temblando de furia, con los ojos inyectados en rabia.

–¡TENÍAMOS UN TRATO, IRIA! ¡ELLA NO IBA A ENTERARSE!

Eloíse sintió que las piernas le fallaban y los hombres la dejaron caer. El peso de la traición se instaló en su pecho, impidiendo que el aire entrase en sus pulmones. Inspiró con fuerza, pensando que se ahogaba. Se sintió morir. Con la visión desenfocada, fue vagamente consciente de que él se acercaba a ella. De que le sostenía el rostro mientras intentaba justificarse. Que no sólo necesitaba un transporte, sino recursos para empezar una nueva vida. Robar más a su padre no era factible sin que les descubrieran, pero pedir un rescate era tan sencillo… Cierto que ella tendría que volver a aquella casa que era como una cárcel; cierto que eso haría que sus padres endurecieran su control, habiendo demostrado ser incapaz de cuidar de sí misma. Sin embargo, en algún momento, la situación se relajaría y podría escapar otra vez, e ir a Junpui en su busca, donde él estaría instalado, esperando por ella.

Aquella pretensión inflamó un odio desconocido en sus entrañas. De él sacó fuerzas para recomponerse, trocito a trocito. Había mil maneras distintas de salir adelante, pero él había elegido la que implicaba hacerla vivir una mentira y pasar un infierno. Con la dolorosa certeza de que Tiago no la quería, se preguntó si alguna vez lo había hecho, o si todo lo que había visto en ella habían sido posibles negocios.

–Por favor, perdóname.

La bofetada resonó por toda la cueva. Él se llevó la mano a la mejilla, confuso, mientras que los hombres empezaban a jalearlos, en círculo. Iria observó la escena con un brillo extraño en los ojos.

Eloíse se incorporó, rota por dentro y, aun así, más fuerte y decidida que nunca. Tiago la imitó, sin saber qué esperar. Cuando la vio coger la espada de uno de sus captores, su mirada se oscureció. Un murmullo recorrió el lugar.

–No quiero hacerte daño –aseguró él, mientras se hacía con otra.

Aquello sólo la enfureció más. ¿Por qué luchaba? No tenía ninguna oportunidad contra ella, debería saberlo. Llevaba años entregándose en cuerpo y alma a aquellas clases a escondidas. Sus filos apenas entrechocaron dos veces antes de que le atizase en la testa con el canto y cayese de rodillas. Los vítores embotaron su cabeza. Cortó la tela de su camisa mientras la posibilidad de matarlo cruzaba por su mente.

–Ya me has hecho daño –hundió la hoja en su piel, trazando una “E” roja–. No permitiré que lo olvides.

Tiago la observó con una expresión indescifrable, aguantando el dolor con los labios apretados. Aquellos labios que tanto le gustaba besar. El silencio se instaló en la cueva y Eloíse fue vagamente consciente de que ella era la causante.

–Subidle al barco, yo me encargo de ella –ordenó la capitana, con aquella voz grave pero hermosa. Obedecieron sin rechistar–. ¿Ahora qué, muchacha?

–¿Tengo elección?

–No, todavía no. Sería imposible convencer a mis hombres de renunciar a tu rescate, por mucho respeto que les hayas infundido. Lo siento –y su disculpa parecía sincera–. Pero…

–¿Por qué me lo has revelado? –la interrumpió.

–Nunca tuve intención de seguirle el juego, destesto a los traidores –admitió Iria, su mente perdida entre recuerdos–.
Además, era más divertido. ¿Hubieses preferido no saberlo?

–No –su voz sonó firme y sintió establecerse entre ellas una extraña camadería.

–Podrías unirte a nosotros después de entregarte –su ofrecimiento parecía sincero–. Agradecería otra mujer a bordo. Serías libre de hacer lo que te plazca, sólo castigamos la deslealtad.

Eloíse esbozó una sonrisa rota, recordando cierta información sobre el negocio de su padre. Tal vez pudiese acordar un ingreso más temprano.

Your name:

Your name



   El crepitar del fuego en la hoguera caldeaba el ambiente. Sus inexpresivos ojos se perdían entre las chispas juguetonas que saltaban de los troncos. Tal vez, si hubiera estado más consciente de sí mismo, se habría dado cuenta que su brazo ardía en llamas, desprendiendo, así un olor a carne quemada, él no estaba allí, estaba en otra parte, en un lugar recóndito de su alma, alejado y escondido.
¿Cuánto tiempo llevaba recorriendo los caminos en busca de señales? Fuego azul, madera podrida, hierro oxidado… Hacía un tiempo creía haberlo encontrado pero cuando llegó al lugar de los hechos ya no estaba allí, en su lugar tan solo había una espada y un gran rastro de sangre. Ninguno de ellos era inmortal y mucho menos él. Metió la mano carbonizada dentro del zurrón, simplemente para comprobar que no lo había perdido.
Salió de sus pensamientos al escuchar unas fuertes pisadas. Fuera de la cueva hacía mucho frío, además diluviaba, nadie en su sano juicio se aventuraría a transitar los caminos; a menos, claro, que estuviera dispuesto a perder todo aquello que le acompañaba.
Un hombre encapuchado se acercó con cautela a la hoguera, inspeccionando de pies a cabeza al joven de cabello negro.

-Unos bandidos me han robado el carro y no tengo provisiones, ¿Podría compartir su fuego, buen amigo? – La capucha era de color verde, no obstante, aquella faz era incomprensible. Únicamente se veían sombras que vislumbraban levemente el varonil rostro que se escondía entre más de una cicatriz.
El joven de cabello negro no se molestó demasiado en contestar, a fin de cuentas, ya sabía que aquel hombre tampoco iba a esperar su respuesta.

-Deberías ocultarte mejor – añadió nada más sentarse el nuevo integrante. – Esas pezuñas que tienes por pies se sostendrían mejor bajo unos zapatos bien mullidos.
Y qué decir de tus piernas, hasta un ser humano corriente de cualquier rincón de mala muerte sabría que eres un extranjero.

-Cuando quiera tu opinión te lo haré saber. – El chico jugaba con dos anillos de acebo, uno se lo había quitado de la mano, el otro, lo llevaba siempre en el bolsillo.

- Hay una leyenda que dice que aquel que mantenga los anillos de acebo juntos superará cualquier adversidad. Es muy popular entre las chicas más jóvenes, sobre todo aquellas que están en edad de casamiento.

-Si eso es así, las mujeres no son más que niñas ingenuas. – El rencor subía a través de la garganta del pelinegro. Era evidente que las palabras se le amargaban en el gaznate. – Lo último que busco es esconderme, todo lo contrario. Sueño cada día con encontrarlo para así poder dar fin a este absurdo ciclo.
El joven misterioso se despojó  de la prenda que lo cubría buscando un contacto directo entre los ojos de ambos. El fauno pegó un salto y desenvainó la espada poniéndose a la defensiva.

-Nunca me habrías encontrado, dame las gracias por haber venido a buscarte. – Una sonrisa desquiciada se asomó en los labios de Kvothe. – Pagarás por lo que me hiciste, Bast. Yo confíe en ti. Y me traicionaste. Bast no podía creer aquello que veían sus ojos. Kvothe, Reshi, aquel que había derrotado a Lord Haliax y le había usurpado el puesto, después de más de cinco años, allí estaba, dispuesto a enfrentarse a él. Era hora de acabar aquella guerra que habían empezado.
Kvothe no esperó a que Bast atacase, se lanzó sin más armas que sus propias manos laceradas sobre el cuello del fata.

-Ojalá pudiera decirte que me arrepiento Reshi pero hice lo correcto, ¡No me dejaste otra opción! – Los poderes de ambos chocaron creando una gran fuente de energía, la integridad de la cueva comenzaba a peligrar. – Tenías que volver a ser tú mismo y esa… era la única forma.
-¿La única forma, Bast? – Los ojos de Kvothe eran verde esmeralda, brilla
ban como la propia luz de las luciérnagas. – Mira en qué me has convertido! Soy aquello que juré destruir… y todo porque la mataste! – Kvothe formuló el nombre del viento dándole forma de espada la cual fue capaz de infligir un corte a lo largo del ojo derecho de Bast.

-Te equivocas Reshi, esto te lo has hecho tú… - Bast estaba quieto, apretándose la herida del ojo, venía borroso, pero estaba lo suficientemente lúcido como para entender la locura de Kvothe. – No me importaba el precio a pagar, aunque fuera nuestra amistad, aunque fuera… - Bast dio un gran salto hacia atrás cuando sintió el viento sobre él, ¿Cómo se lucha contra algo que no es palpable? Por muchas veces que parase con su espada, la de Kvothe era doblemente rápida y mucho más precisa.

   Las pezuñas de Bast se quedaron ancladas en el techo mientras ganaba tiempo intentando modelar un muro, no obstante no importaba lo que hiciese, Kvothe le echaba por tierra todos sus intentos por defenderse. Entonces se le ocurrió, modeló la imagen de Denna a partir de la luz del fuego e imitó su voz. Tal como se imaginaba, Kvothe se congeló al instante, más que por su presencia, por el sencillo hecho de escuchar “mi dulce Kvothe”. Con una agilidad y una precisión que distaba de ser la propia se abalanzó contra él con todo su dolor y le atravesó el corazón con un puñal que tenía reservado bajo la ropa.
   Kvothe intentó contraatacar pero lo único que era capaz de ver era aquella imagen de Denna. La sangre brotaba de sus labios y de su cuerpo, el cual lentamente dejaba de sentir. Bast se acostó a su lado, las lágrimas amenazaban con brotar de sus ojos.

-Reshi… - se acercó a susurrarle en el oído – Ahora me perteneces – Sacó una cajita del zurrón y la abrió. Dentro había diversos frasquitos de los cuales emanaba luz propia. Eran los nombres más pesados de todo Temerant. – Nunca habría hecho nada que pudiera hacerte daño, ahora ya es tarde, pero… - Hizo una breve pausa, una pausa que pareció eterna. - no fui yo. - sollozó. - Yo no la maté. – Dijo, excusándose, con un hilillo de voz. Las lágrimas de Bast empaparon el rostro, ahora sí, del pelirrojo Kvothe.
 
Había recuperado su aspecto normal, ya no era un Chandrian.
El hielo de sus ojos se clavó como en la inerte expresión de su antiguo amigo, y, casi como si fuese empujado por el mismísimo viento, besó dulcemente sus labios.

Todavía quedaban seis Chandrian por encontrar, seis Chandrian de los que vengarse. La guerra aún no había terminado.

Saicere y Cesura:

Afuera soplaba el impasible viento, pero ahí, dentro de paredes de piedra tallada hace décadas, se mantenía el agradable calor. La cueva aunque estaba adornada con pinturas en las paredes era en su mayoría austera, una cama y una mesa de madera era lo más elegante en ella. En el fondo de la estancia había un yunque oscuro y un horno con brazas apenas visibles.

—Perdón por hacerte venir. Deberías estar entrenado, y no atendiendo a una moribunda —dijo la chica esquelética desde la cama con una voz pastosa.

—No importa —contesto el chico mientras cortaba unas zanahorias sobre la mesa.

La chica se intentó levantar de la cama y casi se cayó por el esfuerzo.

—¿¡Qué haces!? —le gritó el hermano con una sorpresivo nerviosismo, corrió a ayudarla antes que su cabeza se golpeara con el suelo. Ella lo miró con unos profundos ojos azules antes de dejar que la sentara nuevamente su cama.

—Quería asegurarme que esos tontos del sur no te hubiesen quitado el alma —dijo sintiéndose mareada y recostándose nuevamente.

—Podías haberme preguntado, estúpida —contestó moviendo la mano con un gesto extraño.

—Pero no habría sido divertido —dijo sonriéndole al techo.

El hermano volvió a cortar las zanahorias, luego las echó en una cazuela y la puso sobre el horno. Se hizo de nuevo el silencio entre los dos, lo único que se escuchaba era el crepitar de las llamas y las gotas golpeando contra la casa excavada en la montaña.

—Cuando muera —dijo de pronto como recordando algo importante—. Quiero que vayas a Kalah…

—No vas morir —contesto tajante haciendo un nuevo gesto.

—Quiero que vayas a Kalah y entregues la espada —dijo ignorándolo—. Di, que siento mucho no haberla podido terminar.

La sopa comenzó a borbotear en el horno llenando la estancia de un olor agradable: cebollas, papas y un par de zanahorias.

—¿Y no hay nadie más que la pueda formar?

—Solo arruinarían las técnicas de padre, deberías saberlo Chael.

—Sí… nunca conocí mucho a nuestro padre. Nunca logramos comprendernos bien —dijo haciendo un tercer gesto con ambas manos. Ella casi lo reconoció, tristeza… o quizás algo más, ¿melancolía?

—Por eso te fuiste, ¿no? —preguntó volteándose para verlo completamente.

—Sí, y no. Sentía que aquí en las montañas no había nada para mí. Y cuando regresaste porque enfermaste supe que era la única oportunidad que tendría.

—Entiendo. Supongo que yo habría hecho lo mismo…
La sopa termino de cocinarse y él la sacó del horno y la puso sobre la mesa para que se enfriara antes de servir un poco en cuenco. Luego la ayudo a levantarse de la cama. Y fue a buscar una toalla para secarle el sudor antes de acercarse con la comida.

—No estoy tan débil como para no poder comer por mí misma —le dijo en cuanto acercó la primera cucharada, como si fuese una niña pequeña. Pero comió de igual manera.

—Y sin embargo comes.

—Es mi deber. El primer deber —dijo como si fuese muy obvio.

—En el sur hay diferentes escuelas, pero ninguna es deber —él esperó notar alguna sorpresa de ella pero su hermana solo se limitó a comer la siguiente cucharada.

—Algún dia llegará el momento en que el deber esté en todos los Adem.

—Padre decía lo mismo —dijo dándole la siguiente cucharada.

—El deber hace que seamos fuertes cuando no lo somos, hace que podamos seguir el Lethani. Pero es un arma, de doble filo.

—Cada escuela dice lo mismo. Al final no hay una sola forma de seguir el Lethani.

—No, no la hay —dijo comiendo la última cucharada— porque hay diferentes personas y cada una tiene diferentes deberes. Algunos tienen el deber con su familia otros con su pueblo y otros solo consigo mismo. Por eso hay que aprender sobre el deber, porque puede llevar a la gente a la paz, o a una espiral de muerte y dolor.

—Ojalá padre lo hubiese dicho así alguna vez —le dijo insinuando una sonrisa.

—Era muchas cosas, pero ser padre no era lo suyo. Solo sabía formar y forjar.

—Y ahora sus secretos se perderán contigo —comentó recogiendo las cosas de la mesa.

—Siempre puedes aprender, era lo que él quería.

—Ya es tarde.

—Nunca —dijo con voz temblorosa mientras ponía un pie en el suelo—. Nunca es tarde —se irguió y casi se cayó por el esfuerzo. Pero no lo hizo, permaneció parada como una afilada espada.

Él no fue capaz decir nada.

Pasaron los días, y fue aprendiendo el arte de forjar. Golpear el metal al rojo vivo, calentar y volver a golpear. Aplanar, torcer y estirar. Sentir el fuego y luego el agua y aceite. Tenía talento, era hijo de su padre.

Ella le enseñaba lo mejor que podía, apenas y podía caminar mucho menos sostener un martillo o trabajar con fuego, pero sus consejos eran los mejores y sus ideas insuperables.

—¿Por qué lo haces? ¿Por qué me enseñas con tanto esfuerzo? —preguntó un día.

—Es mi deber —se limitó a responder.

Y finalmente llegó el día. Ella busco en un arcón oscuro y sacó un trozo de acero, tenía forma de espada pero solo era eso, una sobra, una silueta de lo que podía y no era.

—¿La sientes verdad? —preguntó dejando que él sintiera el particular metal—. Sientes ese fuego dentro de ella.

—Sí —respondió con un gesto, incredulidad— es extraño.

—Es porque es una espada extraña. Hierro de meteorito, níquel, estaño, carbón, todo junto. Unido de una única forma. Si lo logras no se corroerá, ni se gastará, pasaran mil años y seguirá igual —hizo una pausa para sentarse, se veía más pálida de lo normal—. Pero es un trabajó sumamente difícil, siete días y siete noches debes trabajar, debes darle tu corazón y más, pero solo si ella quiere se dejará formar, para ser algo aún más grande.

—¿Cómo conseguiste esto? Debió de haber costado una fortuna.

—No la compré —susurró sintiéndose débil de repente— robé un carro de un mercader.

Él la miró intentando discernir si lo que decía era en serio o una broma

—El deber puede ser peligroso —se recostó en la cama, se sentía exhausta— puede guiarte o destruirte. Puede darle sentido a tu vida, o puede quitártela.

—¿Hermana? —dijo dándose cuenta de que se le acababa el tiempo con ella.

—Se me acaban las palabras —dijo tomándole la mano—. Nunca tuve la vida que quise enfermé antes de ser una guerrera, pero pese a todo me hizo feliz haber estado contigo al final.

—A mí también me hizo muy feliz —dijo intentando contener las lágrimas.

—No lo olvides, algún día el deber estará en cada corazón. Pero debes enseñarle el orden correcto: Primero cuida de ti, luego de tu familia y luego de tu pueblo.

—Lo haré.

—Sí, lo sé —y apretó su mano.

Saicere se llamó la parte de la espada que formó Chael, y Cesura se llamó la parte que hizo su hermana.

Ay ho, Ay ho, su hora ya llegó:

Ay ho, Ay ho, su hora ya llegó

Bron abrió la puerta con el ímpetu propio de quien se cree dueño del mundo. La luz no tardó en entrar a la estancia, antes completamente a oscuras, e iluminar la figura atada al poste. Todo el resto de la estancia estaba completamente vacía.
—Anda, el jefe en persona… ¿a qué se debe este honor? —Las cuerdas casi no permitían moverse a Kurt, pero levantó la cabeza para mostrar una gran sonrisa socarrona. Aunque había pasado tres horas sin más compañía que el silencio, la quietud y la oscuridad, eso no parecía haber debilitado su espíritu un ápice.
Bron le miraba fijamente. Estaba claramente enfadado, pero su rostro permanecía seco y duro. Sabía que había practicado ese gesto durante horas en el espejo.
—Velton.
Me acerqué a Kurt y le pegué un puñetazo en la cara.
—Otro.
Otro.
—Eh, cuidado, que tengo que poder hablar. Creo.
Otro. Escupió sangre.
Bron se acercó más a nosotros y alzó su mano, indicándome que parase.
—¿Debo tomar eso como una confesión?
—Más bien como una inteligente deducción.
—¿Y qué más te dice tu inteligencia sobre la situación actual?
—Que iríamos más rápido si me dijeses lo que ocurre en vez de seguir con estas gilipolleces.
Otro. Bron ya era incapaz de esconder la irritación en su rostro.
—Estás robándome minerales y vendiéndoselos a mis compradores potenciales. Nada escapa a mi conocimiento, ladrón. ¿A quién te crees que estás desafiando?
—A un pésimo intimidador que probablemente haya recibido un soplo de dudosa fiabilidad y que no tenía ni zorra idea de lo que estaba sucediendo hasta que alguien abrió la boca para ver si sacaba tajada. —Kurt ensanchó su sonrisa, mostrando sus dientes ensangrentados—. Por suerte, soy educado, y ahora que has tenido la amabilidad de informarme de las razones por las que me has ofrecido esta esplendorosa suite, te confirmo las sospechas que tan penosamente has intentado hacer parecer que ya tenías confirmadas.
Bron arrugó la nariz y apretó los dientes. Le debía resultar extraño ver un preso con una actitud así. Igualmente, mi trabajo no cambiaba. Quedarme callado, moverme detrás de él y hacer cuanto se me ordenase.
—Sucia rata de m…
—Espera, espera; no he terminado. Verás, me aburren tus rodeos, así que permíteme acelerar esto. No tienes ni puta idea de cómo estoy sacando minerales de aquí sin que nadie lo descubra. Temes que otros puedan seguir haciéndolo, así que quieres que te explique todo en detalle. ¿Me equivoco?
—Y si no lo haces, sufrirás una horrenda tortura el tiempo que sea necesario.
—Sigues sin hacerlo bien, jefe, ¡pero esa es la eficiencia comunicativa que buscaba! Vale, te comento…

Llevábamos largo rato andando por aquel laberinto de cuevas. Como siempre tenía que mantenerme cerca de Bron, muy rara vez me había adentrado en la mina. Ese era el trabajo de los mineros y de los supervisores de área. Bron, aunque la mina fuera suya, era bastante ajeno a todo lo que ocurría dentro.
Nos dirigíamos a unas vías antiguas que hacía décadas que no se utilizaban. Al menos, oficialmente. Kurt llevaba meses usándolas para sacar kilos y kilos de minerales fuera de la mina sin pasar por los controles.
—Eh, Blaine, ¿cómo se encuentra tu hija? —Preguntó Kurt.
—Silencio —ordenó Bron, intentando otorgarle a su voz un peso autoritario que parecía ser completamente inútil. Agarré las manos atadas de Kurt con algo más de fuerza y aceleré el paso—. Cuanto menos tiempo pasemos aquí, mejor. Este lugar da asco.
El tal Blaine, que picaba piedra a nuestra derecha, no hizo más que mirarnos en silencio durante unos pocos segundos.
Minutos después, llegamos a nuestro destino.
—Aquí es.
Nos encontrábamos en un largo pasillo de piedra por el que pasaban unas vías. Kurt, con la cabeza, señaló una abertura en la pared por la que se podía avanzar. No había luces instaladas allí, pero la lámpara simpática que llevaba Bron iluminaba lo suficiente el lugar. Al principio el terreno era irregular, lleno de piedras que cubrían todo, pero tras varios minutos andando llegamos a un suelo más firme y liso. El estrecho camino se abrió, como si saliésemos de una cueva, para dar paso a una amplísima zona abierta, llena de puentes de piedra suspendidos en el aire sobre lo que parecía ser un hoyo gigante de muchísima profundidad, que conectaban con otros caminos como el que habíamos dejado atrás. Si mirabas hacia abajo, solo veías oscuridad.
Y allí estaban. Vías antiguas que aparecían en medio de la nada, pero que avanzaban hasta quién sabía dónde por los puentes, y un carro sobre ellas.
—Esto no tiene sentido… —balbuceó Bron.
—Las vías salen de la montaña. Creo que hace mucho tiempo esto debía usarse para sacar de aquí los carros llenos de minerales de esta zona de la mina, pero que dejó de usarse por, bueno… —Pisó con fuerza en el extremo del acantilado y parte de la piedra se rompió, cayendo al vacío—. Asuntos de seguridad. Debieron cortar la conexión con las vías principales y abandonar todo esto. Hay que andar con cuidado, pero por lo demás es perfectamente funcional.
—No puedes haber traído el carro por ti mismo, no sin vías y sin levantar sospechas.
—Por supuesto que no. Me ayudaron.
—¿Quiénes?
—Sigo atado.
—Y lo seguirás hasta que sepa todos los nombres. Ese es el trato.
—Solo digo que estaría más dispuesto a hablar si…
Esta vez fue Bron el que pegó el puñetazo.
—Escúchame, cacho mierda. Estoy harto de ti. Podría sacarte todos los nombres a mordiscos usando todo el tiempo que me diese la gana y luego matarte sin que un solo mierdecilla se atreviese a dudar de que ha sido un accidente en las minas. La única razón por la que he accedido a soltarte es mi amabilidad, así que deja de tocarme los cojones. ¿Quién te ha ayudado?
Kurt movió la mandíbula de un lado a otro. Seguía manteniendo su actitud despreocupada, pero claramente le dolía mucho.
—Vale, vale. La verdad es que somos unos cuantos.  Sigrid, el supervisor de mi área, está metido en el ajo, como supongo que te imaginabas. Luego están Peter y Teccam, que trabajan conmigo y al final se iban a enterar sí o sí, además de que me venía bien su ayuda. Ya sabes, para cuadrar los horarios e ir pudiendo hacer todo bien. Además… bueno, más rápido; la verdad es que está en el ajo casi toda el área de Sigrid.
—Um… —Bron se atusó la barba—. Lo que me imaginaba. Un área de trabajo entera. ¿Cómo se me puede tener tan poco respeto en MI mina? Que te quede claro, todos vais a pagar por lo que habéis hecho. Velton, tírale.
—Jo, ni una pequeña promesa cumples. —Kurt suspiró y Bron le lanzó una mirada asesina—. Ah, espera, espera, antes de que me lances a la muerte y todo eso. Casi se me olvida hablarte del otro miembro del equipo.
Eso fue lo último que escuchó Bron antes de que le empujase al abismo. Segundos después, se escuchó un golpe seco.
—Y eso es lo que pasa cuando se anda por aquí sin cuidado —sentenció Kurt.




Votaciones:

Os recuerdo el funcionamiento: repartir 5,4,3, 2 y 1 punto a vuestros relatos favoritos. Pasarán a al segunda ronda 4 relatos. No es imprescindible hacer una crítica elaborada para votar, pero recordad que los comentarios siempre se agradecen ya que ayudan a mejorar. 

Tenéis una semana para ello, hasta el lunes 7 de octubre a las 23h

Autores, intentad mantener el anonimato. Ya sabéis que tenéis permitido votaros a vosotros mismos.




Por favor, los votos en negrita para no dejarme ninguno.
Janisgoth
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Guíler
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IV Concurso de Minirrelatos 2019 - Página 2 Empty Re: IV Concurso de Minirrelatos 2019

Mensaje por Expo el Mar Oct 01, 2019 8:55 pm

Creo que por esta vez paso de las críticas como tal, pero comentaré mis impresiones de cada relato.

Sin expectativas: Muy simpático. Creo que el famoso dicho "menos es más" le viene que ni pintado a este relato, que en unos pocos parrafetes y sin mayor ambición consigue ser muy entretenido en todo momento y dejarte con una sonrisa. Tampoco hace nada especialmente resaltable, pero qué queréis que os diga, a mí me ha hecho gracia.

Dos hombres y un carro sin destino: Ni chicha ni limoná, la verdad. Bien escrito, pero sin alardes. Diálogos simpáticos, pero tampoco especialmente carismáticos ni tan resultones como el texto de Sin expectativas, por ejemplo. Historia suficientemente interesante como para leerla hasta el final sin aburrirte, pero tampoco entreteniéndote especialmente. El final se me queda muy soso; no es que quede muy abierto o no sea realmente un final y se sienta cortado, pero tampoco da esa sensación de cierre y satisfacción que debería tener cualquier final.
No me ha parecido un mal relato, pero tampoco hay nada en él que haga que me haga decir que es bueno.

Había una vez: No pillo este relato, sinceramente. La historia me intriga, pero el mayor sentimiento que me produce es ese, intriga. Quiero saber "hacia dónde va". Está escrito de forma bonita y lo estaba leyendo por interés, pero no tanto porque lo que estuviera leyendo fuese especialmente entretenido per se sino por interés de qué ocurriría con la historia y cuál sería el punto del relato. El texto parece esforzarse mucho en crear ese sentimiento misterioso y está narrado en forma de cuento infantil, como si todo fuese a llevar a una lección moral al final o una metáfora curiosa.

Pero, de pronto, se corta. Y ya. No hay final, la historia no "va a nada", no consigo encontrarle un sentido al argumento. Lo he releído y sigo sin entender cuál es "el punto" de lo que me están contando, qué es lo que no estoy entendiendo.

En cualquier caso, el final se ha sentido como una patada en los cojones, como si el relato se riese de mí o algo así. No sé en qué medida es culpa mía, por no entender bien qué quería contar el autor.

Eloíse: Muy muy guay. La historia es interesante y, a diferencia de la mayoría de los relatos de la ronda, va pasando por diferentes etapas y controlando bien el ritmo para que en todo momento interese seguirla y nunca canse ni aburra. La historia es de las más interesantes y de las que más chicha tienen, y la protagonista es a mi ver el personaje mejor construido de la ronda (seguida muy de cerca del dúo protagonista de Saicere y Cesura, eso sí). Personalmente, dentro de lo bueno que es el minirrelato, tampoco me llega a encantar, porque no deja de ser bastante convencional y no va "más allá" en ningún aspecto, pero eso tampoco es algo malo que decir como tal, igualmente.

Your name: El primer relato de la lista al que considero que le falla la escritura. Las erratas son relativamente comunes y sufre bastante a la hora de narrar de forma clara; por ejemplo, para haber únicamente dos personajes en escena, la verdad es que no me ha resultado nada cómodo saber bien quién estaba hablando en cada momento. El diálogo es un tanto farragoso de seguir, y la batalla también resulta un poco confusa.

Igualmente, la trama me parece de las más interesantes. Como especulación futura la verdad es que me gusta mucho la manera en que está pensado todo, y usar personajes de la saga (sobre todo los importantes) siempre es muy arriesgado, pero personalmente considero que aquí están bastante bien usados, que los detalles funcionan bien y no hay nada que me haya dejado mosca en algún sentido. También deja dudas sobre exactamente cómo han sido los acontecimientos en el pasado (que es el futuro de los libros), pero da suficientes pistas como para que se pueda jugar bien a imaginarse qué ha ocurrido para llegar a esa situación. Eso sí, me parece que la manera de introducir el carro robado es bastante tramposa; cumple la regla, sí, pero no va muy acorde con el espíritu de un relato con condiciones porque en vez de utilizarlo para algo en la historia simplemente aparece por cumplir y ya. Para mí eso le resta algunos puntos.

En todo caso, muy guay la idea e historia, la verdad, aunque, como he dicho, creo que sufre mucho por la escritura, que podría mejorar.

Saicere y Cesura: Mi idea e historia favoritas de la ronda, sin ninguna duda. El planteamiento es genial y lo que se cuenta es muy bonito, además de que me encanta esa forma de darle sentido a la "dicotomía nombril" que tiene la espada de Kvothe. Le he cogido rápidamente cariño al personaje de la hermana, y el tema del "deber" es algo interesante sobre lo que hacer virar los diálogos (también me parece bien metido el carro aquí, porque aunque parezca anecdótico encaja bastante bien con el tema).
En cualquier caso, para que quede claro lo que me ha gustado, debo decir que me daré el capricho de considerar que esta es la historia real de la creación de la espada.

Por desgracia, creo que el relato sufre también bastante por la manera en que está escrito. Creo que los diálogos podrían fluir un poco mejor (se sienten a veces un poco atropellados, no sé, no es tanto por el contenido en si sino simplemente por cómo se escribe y narra todo; me parece mejorable) y al relato le falta controlar un poco mejor el ritmo para ser menos "plano" narrativamente, porque aunque la historia me haya gustado, diría que le falta un poco más de movimiento, y eso aunque no lo parezca depende más de cómo se cuente algo que de lo que se cuenta. El mayor problema, igualmente, está en la absurdísima cantidad de comas faltantes de las que sufre este relato, a un nivel que, sinceramente, no comprendo cómo hay ciertas cosas que ha podido escribir el autor sin que le quedasen muy mal ("Nunca tuve la vida que quise enfermé antes de ser una guerrera"). Es algo constante y personalmente me ha molestado bastante al leer el relato, porque yo al menos leo las cosas tal cual están escritas y esas pausas si no aparecen no las hago, así que me parece muy importante puntuar correctamente.

Ay ho, ay ho, su hora ya llegó: Ni chicha ni limoná 2.0. Opino de este relato algo similar a lo que he escrito sobre Dos hombres y un carro sin destino, la verdad (incluso comparten el título referencial, aunque eso es algo que me agrada de ambos). Personalmente me parece un poco mejor escrito y los diálogos me funcionan un poco mejor, así como el final, pero tampoco nada de eso me parece especialmente elogiable. Por otro lado, tiene un problema mayor a la hora de mantener el interés, porque el final acaba siendo bastante predecible y no da mucho con lo que jugar. Muy meh para mí.

REPARTO DE PUNTOS BY EXPO:

1 punto: Your Name
2 puntos: Ay ho, Ay ho, su hora ya llegó
3 puntos: Sin expectativas
4 puntos: Saicere y Cesura
5 puntos: Eloíse
Expo
Expo
El último Ciridae
El último Ciridae


Hoja de Personaje
Nombre: Judy Nostrow
Sexo: Mujer
Edad: 25

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IV Concurso de Minirrelatos 2019 - Página 2 Empty Re: IV Concurso de Minirrelatos 2019

Mensaje por Einyel el Miér Oct 02, 2019 2:19 pm

He empezado a leer por el último relato y es el único que he leído de momento, así que como no sé cuánto tardaré en ponerme con el siguiente, voy dejando mis impresiones por aquí:

Ay ho, Ay ho, su hora ya llegó:
Buena idea lo de situarlo en una mina para cumplir todos los requisitos de golpe. Me ha parecido original y bien planteado.
Quizás peca de caer en algún que otro “lugar común”, como al principio en la escena de la tortura (tengo la sensación de haber leído/visto escenas similares en multitud de ocasiones) y con la revelación del final, que tal vez es un poco previsible y se podría haber camuflado un poco mejor que ese iba a ser el desenlace o haber hecho creer al lector que iba a ser así para después darle otro giro y sorprender.
¿Velton es un guiño a mudito? Jeje Me ha gustado que lo narres desde el punto de vista de Velton, pero me parece que no lo acabas de aprovechar del todo. De hecho, creo que es precisamente esa elección la que te estropea un poco la sorpresa del final, porque al menos a mí se me hace raro que Velton como narrador se muestre tan neutro.

Bonus:
No entiendo muy bien por qué la chica simpática que lleva el concurso no ha enviado su relato para que forme parte del concurso  Ojitos …Aún así, me ha gustado mucho esa introducción para ponerte en el mood de leer el resto de relatos, así que le dejo un comentario en gif:

IV Concurso de Minirrelatos 2019 - Página 2 Tumblr_om0xetstDH1ublox3o1_500

Jo, aún no puedo leer la mayoría de los comentarios de Expo...
Einyel
Einyel
Re'lar Secretario
Re'lar Secretario


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IV Concurso de Minirrelatos 2019 - Página 2 Empty Re: IV Concurso de Minirrelatos 2019

Mensaje por Janisgoth el Miér Oct 02, 2019 4:39 pm

@Einyel escribió:
Bonus:
No entiendo muy bien por qué la chica simpática que lleva el concurso no ha enviado su relato para que forme parte del concurso  Ojitos …Aún así, me ha gustado mucho esa introducción para ponerte en el mood de leer el resto de relatos, así que le dejo un comentario en gif:

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Ay, gracias Einyel!!! Me alegra mucho que te haya gustado.

No he participado porque no estaba planeado escribir nada. Fui a poner los relatos y no se me ocurría nada, así que me puse en la piel de nuestros queridos participantes y salió lo que salió.  Feliz 2

Muchas gracias por el comentario en gif, siempre había querido uno tuyo. Jajajajajajaa
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Mensaje por Netalia el Miér Oct 02, 2019 5:36 pm

Amonoh a comentah

Sin expectativas


He de decir que ha ganado con la relectura porque la primera me dejó un poco meh. Está bien escrito y los comentarios sobre el género me han hecho mucha gracia, tienen gancho. La historieta es simple pero está narrada con mucho arte. El problema, para mí, es el final, que no consigue saberme a nada, ni hacerme gracia. Y me refiero principalmente a esto:
Sin expectativas escribió: Afortunadamente, y de pronto, una roca del tamaño de su cabeza cayó del techo de la cueva, aplastando su cráneo. Murió en el acto, en la salvación de no tener que asumir las consecuencias de sus actos.

Creo que la idea de que muera sí que tiene un punto chistoso pero no ha conseguido ese efecto en mí. Tal vez el problema viene de antes, porque sea necesario narrar un poquito más sobre la ansiedad que experimenta la protagonista el/la protagonista al robar el carro o tal vez sea la narración de la muerte en sí, que queda demasiado plana y seria.

También creo que el último diálogo necesita un poco más de chicha, algún gesto por parte del interlocutor o alguna pistilla de lo que realmente están haciendo (que supongo que son presos, tal vez por robar y por eso es una moraleja para ellos (?))


"Conoces a una muchacha tímida y sencilla. Si le dices que es hermosa, ella pensará que eres simpático pero no te creerá. [...] Existe una manera mejor de hacerlo. Le demuestras que es hermosa. Conviertes tus ojos en espejos, tus manos en plegarias cuando la acaricias. Es difícil, muy difícil, pero cuando ella se convence de que le dices la verdad... de pronto la historia que ella se cuenta a sí misma cambia. Se transforma. Ya no la ven hermosa. Es hermosa, y la ven "
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Mensaje por Perelin el Jue Oct 03, 2019 11:30 am

No sé si me voy a poder pasar en condiciones para comentar así que dejaré impresiones generales y si puedo comento en profundidad.

Sin expectativas: lo que más me gusta es el final, me ha parecido original la forma de describir todo pero no coincido con mis compañeros, los paréntesis de genero un poco meh, en mi caso con uno me valía, el resto podían haber sido de otras cosas. 

Dos hombres y un carro sin destino: me ha resultado un pelín espeso, a pesar de la fluidez con que está escrito. Aunque creo que lo que más me falla es la trama, no veo que vaya realmente a contar nada.

Había una vez: la historia es bonita, con un lenguaje típico de cuento y en mi caso eso siempre me gusta pero el final es bastante abrupto, te deja con cara de tolai.

Eloise: bien narrado, con un lenguaje bonito. No puedo decir muchos peros de este relato, la verdad. Quizá que en sí la historia me llama menos que otras.

Saicere y Cesura: mi favorita sin duda, me ha parecido sencilla en concepto pero con mucha profundidad en lo que contaba, el único problema que le veo es que me parece una historia de concurso de relatos grande, se me queda corta para un mini, me gustaría leer mucho más.

Your name: coincido un poco con Expo, la historia es original pero hay partes que están descritas de forma un poco atropellada. El mayor pero que le veo, es que si describes a los personajes de una novela, te tienes que mimetizar mucho con el mundo en el que se localizan, y en este caso durante la lucha, había cosas que me sacaban de ese mundo.

Ay ho, ay ho, su hora ya llegó: me han gustado los guiños al título y una buena forma de entrar en los requisitos pero la trama también se me queda corta.

Votaciones:

5 puntos: Saicere y Cesura
4 puntos: Eloise
3 puntos: Había una vez
2 puntos: Your name
1 punto: Ay ho, ay ho, su hora ya llegó
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Mensaje por Einyel el Jue Oct 03, 2019 1:17 pm

@Janisgoth escribió:Muchas gracias por el comentario en gif, siempre había querido uno tuyo. Jajajajajajaa

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Bueno, pues sigo hacia arriba...

Saicere y Cesura:
Me parece una historia bonita sobre el origen de Saicere/Cesura, es una idea original. Lo de la cueva como hogar/lugar de trabajo también encaja bien (me recuerda a Memorias de Idhún, donde el gigante que forjaba espadas vivía en una cueva en las montañas, si mal no recuerdo).

Es una lástima que una buena idea como esta se vea perjudicada a la hora de ejecutarla. Creo que al texto le ha faltado trabajo y coincido bastante con los aspectos a mejorar que ha señalado Expo. Creo que con un poco más de atención se habrían evitado muchas de las erratas que tiene el texto, que a veces dificultan su comprensión (aunque admito que lo de poner “sobra” en lugar de “sombra” me ha sacado una sonrisa, xD).

A nivel de historia, a mí personalmente me habría gustado un poco más de profundidad a la hora de construir la relación fraternal, que al final se me queda todo como un poco plano. Pero entiendo que quizás por temas de espacio el autor no ha podido desarrollarla a su gusto.
Spoiler:

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Mensaje por Netalia el Jue Oct 03, 2019 8:09 pm

De momento me voy a limitar a comentar los más cortitos:

Había una vez


La verdad es que me estaba encantando la historia, estaba súper inmersa, esperando la moraleja y disfrutando de la narración (que es bonita y dulce, sin caer en complejidades) hasta que, de repente, PUM. Al carajo, desaparesió.  

Para mí el problema no es que el final sea abrupto, es que no está justificado en la historia. Entiendo que si esta acaba así es por alguna razón misteriosa y desconocida del autor, vale, pero es que tiene que tener sentido en el propio mini. Se corta en medio de un diálogo, que es donde más molesta y sin ninguna causa, nadie le interrumpe. Supongo que lo de los ojos entrecerrados se refiere a que el niño se está quedando dormido, pero tampoco queda claro. Se podía haber decorado un poquito más: que el nieto hablase entre bostezos, alguna línea que contase lo adorable que le parece que se esté quedando dormido... Eso hubiese hecho más fácil de digerir el corte.


"Conoces a una muchacha tímida y sencilla. Si le dices que es hermosa, ella pensará que eres simpático pero no te creerá. [...] Existe una manera mejor de hacerlo. Le demuestras que es hermosa. Conviertes tus ojos en espejos, tus manos en plegarias cuando la acaricias. Es difícil, muy difícil, pero cuando ella se convence de que le dices la verdad... de pronto la historia que ella se cuenta a sí misma cambia. Se transforma. Ya no la ven hermosa. Es hermosa, y la ven "
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Mensaje por Janisgoth el Vie Oct 04, 2019 5:04 pm

Os recuerdo que tenéis hasta el lunes 7 a las 23h para votar. Venga, quién se anima??
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Mensaje por Durzo el Sáb Oct 05, 2019 1:41 pm

5 puntos: Ay ho, ay ho, su hora ya llegó. Creo que es el que mejor escrito está de todos; aparte de eso, va muy acorde con mi gusto. Crudo y claro, bien hecho.

4 puntos: Saicere y Cesura. Me gusta mucho cuando se toma lore de los libros y se aplica tan bien a este tipo de historias. Le veo mucho sentido y, obviamente, al haber leído los libros, gana mucho fondo. 

Los dos de arriba han sido mis favoritos con diferencia, de aquí para abajo, me ha costado bastante más decidirme.

3 puntos: Había una vez. Repito lo del primero, sin fallos muy bestias al escribir. Me gusta el estilo cuentil que tiene, y lo que cuenta en sí me ha parecido muy bonito.

puntos: Eloíse. También escrito muy bien. No es mi tipo de historia, pero sé reconocer algo cuando está bien. Aunque me ha parecido todo muy apresurado.

1 punto: Dos hombres y un carro sin destino.
Se lee bien y puede llegar a ser entretenido, pero la verdad es que ha sido más por descarte. Algo es algo.
 
Sin expectativas simplemente se me ha quedado corto, sé que son "minis", pero joder xD. Tal vez no lo he entendido.

Your name directamente no me ha gustado. Supongo que será por gustos, pero ese fanfic anime con giro extraño al final tergiversando la historia... Uf, no es lo mío en absoluto.
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Mensaje por Aliethz el Sáb Oct 05, 2019 5:11 pm

5 puntos: Había una vez: Es la que más me ha gustado, principalmente porque me encantan los cuentos y las leyendas y simplemente por eso me ha ganado todos los puntos. He saboreado cada palabra, cada letra, cada punto y cada coma. Respecto al final, es cierto que se corta pero... No es el único cuento que no narra un final.

4 puntos: Saicere y Cesura. Me ha gustado mucho la historia, me ha parecido muy bonita y me ha metido en el universo de Pat.

3 puntos: Eloíse: En si la historia no me ha gustado ni me ha dejado de gustar pero considero que está por encima del nivel de los que quedan.

2 puntos: Your name: Que le voy a hacer, soy una fanática del BastxKvothe. Eso si, recomendaría al autor/autora que no narrase una escena de batalla sino sabe defenderse adecuadamente en ese ámbito.

1 punto: Sin expectativas: Simplemente me ha gustado su final.

En realidad el último punto no sabía a quien repartirlo porque entre los 3 que me quedaban por dar el voto estaban más o menos a la par.
El de dos hombres me ha gustado su estructura pero la historia en sí no me ha gustado mucho ni me ha llamado la atención.

En cuanto al de ay ho, ay ho, su hora ya llegó se me ha hecho un pelín lento pero con un buen final.
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Mensaje por HarveyMiller el Sáb Oct 05, 2019 7:06 pm

Sin expectativas. No lo pillo, quizás es que me falta alguna referencia cultural, o algo. Aunque bien escrito y llega directo, es gracioso el momento final.

Dos hombres y un carro sin destino. Aparte de Breaking Bad, no le veo demasiada cosa que sacarle. Es decir, intenta hacer gracia pero no lo consigue tan bien como el anterior, y tarda más en hacerlo.

Había una vez. Mi gustar. El que mejor consigue su objetivo hasta el momento. Quizás un poco corto el diálogo final, pero me resulta interesante que haya quedado bastante "de cuento".

Eloíse. 1. ¿Quién ha elegido esos nombres? Pintan menos que un cani en el Louvre. 2. Por lo demás, me ha gustado mucho. Bien desarrolladas tanto trama como personalidades.

Your name. Slash con Bast-Kvothe. Eso es bueno, tiene su punto. Pero tiene tanto errores gramaticales como de ritmo, así como un clarísimo OoC en tanto Bast como Kvothe. Se ha arriesgado, y no le ha salido del todo bien.

Saicere-Cesura. La parte narrativa está muy bien, así como a nivel argumental. Sin embargo, los diálogos fallan un poco (por ejemplo, "Perdón por hacerte venir, deberías estar entrenando..." habría quedado mejor). Seguramente un poco de pulido le podría servir. A nivel argumental creo que es el mejor tratado, aunque en nivel de "pulido" Eloíse le gana. Me decanto por este, sin embargo.

Ay ho, Ay ho, su hora ya llegó. No me ha parecido ni muy bueno, ni muy malo. Me parece que está en un punto intermedio. Lo pondré por ahí.


Ranking:
5. Saicere-Cesura.
4. Eloíse.
3. Había una vez.
2. Sin expectativas.
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Mensaje por Netalia el Dom Oct 06, 2019 2:53 pm

Voy a hacer un recuento porque me hace ilusión:

Abran bajo su propia responsabilidad:
Sin expectativas: 3 + 2 + 1= 6

Dos hombres y un carro sin destino: 1

Había una vez: 3 + 3 + 3 + 5 = 14

Eloíse: 5 + 4 + 2 + 4 + 3 = 18

Your name: 1 + 2 + 2 = 5

Saicere y Cesura: 4 + 5 + 4 + 5 +4 = 22

Ay ho, ay ho, su hora ya llegó: 2 + 1 + 5 + 1 = 9


Interesting porque las valoraciones de algunos de los relatos son súper dispares. Parece que ya se ve relativamente claro los que van a pasar, pero todavía queda mucha gente por votar (espero xD).

TODO PUEDE CAMBIAR

PD: yo terminaré hoy de comentar y votaré con un poco de suerte.


"Conoces a una muchacha tímida y sencilla. Si le dices que es hermosa, ella pensará que eres simpático pero no te creerá. [...] Existe una manera mejor de hacerlo. Le demuestras que es hermosa. Conviertes tus ojos en espejos, tus manos en plegarias cuando la acaricias. Es difícil, muy difícil, pero cuando ella se convence de que le dices la verdad... de pronto la historia que ella se cuenta a sí misma cambia. Se transforma. Ya no la ven hermosa. Es hermosa, y la ven "
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Mensaje por Feren el Dom Oct 06, 2019 5:26 pm

En esencia, suscribo lo dicho por Expo.

Reparto de puntitos:


1 punto: Your Name
2 puntos: Ay ho, Ay ho, su hora ya llegó
3 puntos: Sin expectativas
4 puntos: Saicere y Cesura
5 puntos: Eloíse

(Sí, soy tan cutre que incluso le copio el formato)


Spoiler:
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