Tres días de Kvothe
Últimos temas
» La II Guerra de la Creación [JUEGO]
por Edeus Hoy a las 9:33 pm

» VI Concurso de Relatos 2018 - Votaciones
por Anaf Hoy a las 7:24 pm

» Confieso que...
por Aloine Hoy a las 6:45 pm

» ¿ Porque nos atrae tanto Crónicas de un asesino de reyes?
por Netalia Hoy a las 4:25 am

» ¿Qué estás escuchando?
por Netalia Hoy a las 4:19 am

» Una familia!
por Netalia Hoy a las 4:14 am

» Juego de preguntas.
por Exez Hoy a las 3:58 am

» Siete palabras para enamorar a...
por Exez Hoy a las 3:10 am

» Titula la novela a partir de la imagen
por Exez Hoy a las 2:44 am

» Duelo de personajes [FINAL]
por Exez Hoy a las 2:12 am

Conectarse

Recuperar mi contraseña

Sondeo

¿Qué personaje de la saga se ganó tu odio?

51% 51% [ 448 ]
19% 19% [ 166 ]
2% 2% [ 14 ]
16% 16% [ 139 ]
5% 5% [ 40 ]
2% 2% [ 17 ]
6% 6% [ 53 ]

Votos Totales : 877

Twitter
Twitter

FIC COMUNITARIO

Página 3 de 4. Precedente  1, 2, 3, 4  Siguiente

Ir abajo

Re: FIC COMUNITARIO

Mensaje por Bast el Sáb Abr 12, 2014 9:33 am

Era mi momento de seguir la historia. El momento de regresar al pasado. Concretamente hasta la lucha contra los Ashura. Al final del bosque de Salsabil se encontraba la líder de los Ashura, Shanoa. Vestía un traje de cuero muy fresco y una armadura de hierro bastante fina, casi parecía que se iba a romper fácilmente, pero según la información de Albus, ese era el mayor problema. Inmediatamente nos pusimos en guardia. Aurae atacó con su espada a la espalda de la mujer, mientras que yo iba a golpearla al estómago. La espada de Aurae salió disparada nada mas tocar la armadura y mi puño crujió al contacto contra el fino metal. Sentí el dolor abundante en mi mano izquierda. La mujer no fue movida del sitio, mientras la espada de Albus se dirigía hacia la pierna de la mujer, que hábilmente esquivó el golpe mientras Gabint intentaba, también sin éxito, golpear a la mujer con sus cartas incendiarias. Era el turno de Alvan, y sin sorpresas también fallo el golpe. Holly preparaba uno de sus hechizos y Berdine preparaba el “Sin Sangre”. Mientras tanto, Berthus murmuraba un vínculo simpático.

-“Es como decía Albus. Su armadura parece frágil pero no lo es, de algún modo no lo es. Si no queremos morir, lo mejor es que los demás se queden atrás. Esto debe ser cosa de Albus y mía”-pensé seriamente mirando a Albus el cual me asintió con un movimiento de cabeza- Muchachos. Esto es cosa mía y de Albus. ¡¡¡Quedaos atrás!!! –ordené con mi voz mas intimidante posible.

-Mei ¿Lo hacemos ya? –preguntó Albus raudo. Simplemente asentí mientras sacaba una espada pequeña desde un bolsillo en mi uniforme de cuero.

-No me gustan las armas, pero deberé usar mi Shitetsu si queremos ganar. Prepara a Benihime.

Me lancé a atacar con la Shitetsu mientras el preparaba su espada para el ataque. Shanoa paró el golpe y le di un rodillazo mandándola hacia atrás mientras Albus le atacaba con la espada por detrás. Shanoa contraatacó con un golpe que hizo retroceder a Albus. Aproveché ese momento para cercenarle la cabeza, pero esquivó el golpe, y me mandó al suelo de una patada.

-Albus, hagámoslo-sonreí ampliamente. No sabría por donde le vendría los golpes.

Salí corriendo hacia la mujer mientras Albus se me cruzaba delante hacia la izquierda, y yo me movía a la derecha, atacando por ambos francos. Albus hacia los riñones y yo hacia la yugular, pero solo chocamos nuestras espadas, ya que Shanoa se echó hacia atrás en el momento justo. Esa mujer era difícil. Tras un rato de combate y varias heridas en nuestros cuerpos conseguí matar a Shanoa, o eso parecía… se puso de pie y se lanzó contra mí a punto de golpearme, bajé la guardia y le di la espalda al enemigo sin comprobar su estado. Lo siguiente pasó como a cámara lenta. Shanoa iba a atravesarme el vientre y Albus se interpuso quedando éste muy malherido y perdiendo sangre a mucha velocidad.

-A-Albus… ¡¡Albus!!-grité desesperada mientras sentía un dolor muy fuerte en el pecho y una ira creciente en mi interior, estaba enfadada pero me contuve de hacer una locura y acabar muerta también-¡¡ Shanoa!!

Me lancé a atacarle, no sé cómo lo hice que del puñetazo que le di se escuchó un crujido, pero no era mi puño, había resquebrajado el hierro de su armadura y le había golpeado haciendo que vomitara sangre. El resto de la pelea fue una paliza para Shanoa. Usando la Benihime de Albus en mi mano izquierda, mi Shitetsu en la boca y no recuerdo en que momento le pedí su espada a Aurae, atacando en un antiguo estilo llamado Santonryu. Finalmente la degollé sin piedad. Inmediatamente corrí a socorrer a Albus, aunque los demás ya estaban en ello.

-¡¡Albus!! ¡¡Resiste!!-grité nada más llegar mientras lagrimas empezaban a descender por mi rostro-¡¡Aguanta!!

-M-Mei… no me queda mucho… quiero hacerte dos regalos antes de que muera.

-¡¡Idiota!! ¡¡¡No vas a morir!!!-bramé mientras las lagrimas seguían descendiendo por mi rostro, internamente sabía que tenía razón e iba a morir.

-Toma… mi collar, quédatelo… tiene unas fotos dentro. Fotos de gente muy especial para mí… también… quiero que… te quedes con mi Benihime… haz lo que quieras con ella… Mei… te…

No pudo acabar la frase, su vida se extinguió antes de completarla. Inmediatamente estallé en llanto y abracé su cuerpo sin vida. Mientras le abrazaba tomé su collar y me lo puse. No sé cuanto tiempo estuve llorando, sólo sé que destruí prácticamente medio claro, dejando la tierra como si estuviera recién labrada.

-¡¡¿De que ha servido todo?!! ¡¡¿De que?!! ¡¡No puedo proteger a las personas que me importan, soy patética!!-nuevamente abracé el cuerpo de Albus, y seguí llorando hasta que quedé dormida sobre su pecho. Había tomado una decisión. En tres días abandonaría el grupo. Aun no sabía los planes maléficos que Draconel me preparaba.

-------------------------

La sala estaba en silencio completamente, nadie decía nada. Simplemente se oía el tic-tac de un reloj mientras unos pasos apresurados se escuchaban de acercarse.

-¡¡Mamá!! ¡¡Mamá!!-la puerta de madera reforzada acabó en el suelo y mostró a una niña de unos siete años, la cual tenía el pomo de la puerta en la mano. Un clon calcado de mí, si no fuera por su cabello rubio. Poseía unos ojos con heterocromía total, siendo su ojo derecho verde esmeralda y su ojo izquierdo era rojo rubí.

-¿Qué sucede, Aiko?-pregunté mientras me acercaba a mi hija. Sin duda habia heredado mi fuerza física y muchas de mis cualidades, asi como tambien de las cualidades de su padre


-¡¡El abuelo Draconel está en el pueblo!!-dijo la niña mientras una sonrisa adornaba su rostro.

-Muy bien. Dile que se acerque por aquí. Creo que debe contar algo.-le sonreí a mi hija mientras desaparecía por la puerta y volví a sentarme-Creedme que su parte será la mejor, ya que cierra completamente la historia acerca de mi pasado-dije mientras la observaba partir e inconscientemente me agarraba el collar-"Estés donde estés, cuida bien de nuestra hija, Albus"-me levante y recoloque el pomo y la puerta en su lugar, para luego volverme a sentar.-Mientras viene Draconel, pueden seguir los relatos.


Los lazos del destino se van forjando y se entrelazan unos con otros. ¿Qué deparará el futuro a aquellos cuyo pasado les hacía vivir por justicia?
avatar
Bast
E'lir Simpatista
E'lir Simpatista


Volver arriba Ir abajo

fic comunitario

Mensaje por Viajera el Sáb Abr 26, 2014 12:15 am

Habíamos perdido a uno. Se diría que formando parte del ejercito ya debería estar acostumbrado, he visto morir a muchos amigos a lo largo de estos años pero esta vez hubo algo diferente. Recuerdo haber puesto mis manos sobre la herida de Albus, intentando como fuese pararle la hemorragia, recuerdo vagamente haberle pedido que aguantase y luego Meiko cayó a mi lado. Vi la cara de Albus y supe que ya no había nada que se pudiese hacer, él también lo entendió. Aparte mis manos de la herida y me levanté. Meiko estaba destrozada. Por muchos años que pasen sé que nunca podré quitar de mi mente ese instante en que sus lágrimas empezaron a caer por sus mejillas, ese momento en que su llanto rompió el terrible silencio que se había impuesto entre nosotros, pasarán años y seguiré recordando hasta la forma en la que nuestros corazones latían. Simplemente es algo que nunca se irá.

Dejamos a Meiko sola, permitiéndole honrar a Albus a su manera. Berthus quiso ayudar a cavar una tumba pero ella se negó. Más tarde la veríamos con las uñas destrozadas y manchadas de tierra. La cara con los surcos de las lágrimas y una mirada fría y distante que se mantendría durante los siguientes días. Tal vez no debería estar contando esto, describir el dolor de otra persona es como invadir su intimidad de la peor de las formas pero sería difícil comprender lo que ocurrió después si no lo explicase. El dolor, en cierta forma, lo cambió todo, incluido a nosotros.

Recuerdo que en aquellos momentos en los que la dejamos sola y nos fuimos al río a limpiarnos la sangre, yo no paraba de darle vueltas y más vueltas a la historia que mi padre me había contado. El poder de las monedas, las muertes, la destrucción… ¿realmente valía la pena? Vi como el agua diluía la sangre de mis manos y la hacía desaparecer lentamente. Me imaginé a decenas de personas tomando la decisión de morir hace siglos para poder otorgarle poder a unos objetos que sólo ansiaban más y más muerte, imaginé todas aquellas guerras y persecuciones para intentar hacerse con ellas, tal y como nosotros estábamos haciendo. Cuando la última gota de sangre se fue de entre mis dedos, supe que no iba a ser uno de ellos. Y me daba igual quien se interpusiese en mi camino.

 Jumpui- murmuró Berthus de repente, arrancándome de mi ensimismamiento- tenemos que ir allí, es donde se encuentra el talento que nos robaron.
 ¿Crees que es el mejor momento?- le preguntó Senzo- después de lo que ha ocurrido…
 Precisamente por lo que ha ocurrido tenemos que ir, cada vez que nos damos la vuelta un nuevo enemigo surge, da igual a cuantos matemos o lo lejos que nos vayamos, seguirán saliendo de todas partes y cada vez tendremos menos fuerzas para enfrentarnos a ellos. Estoy tan harto de esto como vosotros pero ya no podemos pararlo, el juego no se va a detener sólo porque queramos que lo haga así que lo mejor que podemos hacer es seguir jugando. Encontremos esas malditas monedas.
 Estoy de acuerdo

Todos nos giramos hacia la voz rota de Mei. Ella soportó nuestras miradas con los brazos cruzados sobre el pecho y el rostro pálido, sin hacer ni un solo comentario sarcástico o mordaz.

 Mei…
 No, Senzo- ella levantó una mano y le detuvo con una mirada fulminante- no me preguntes como estoy, no quiero que nadie me pregunte absolutamente nada sobre sentimientos o chorradas sobre el dolor. Vamos  a buscar esas monedas, eso es todo de lo que vamos a hablar aquí, ahora y en el futuro. ¿Me habéis entendido?- sus ojos brillaron enfadados ante nuestro silencio- os he hecho una pregunta.
 Tardaremos tres días en llegar a Jumpui si no tenemos ningún contratiempo en el camino- dijo Berthus a modo de respuesta- una vez allí las monedas nos guiarán.
 Bien- el rostro de Mei se oscureció- pero antes vamos a darle a esas monedas lo que tanto quieren...
 ¿Qué quieres decir?- Berthus la miró sin acabar de entender.
 Contratiempos- murmuré con los ojos fijos en la mujer que tenía ante mí.

Ella me miró y durante unos segundos, sólo unos segundos, pude ver esa parte de ella que más controlada tenía. Vi la cara de la Mei consumida por el dolor y por el odio. Pude ver la Mei de la que todas esas historias hablaban.
avatar
Viajera
Estudiante del ala este
Estudiante del ala este


Volver arriba Ir abajo

Re: FIC COMUNITARIO

Mensaje por Old Medie el Lun Mayo 05, 2014 7:14 am

INTERLUDIO


Sven de Berezan reposaba en su silla, cansado. Frente a él: una mesa, una botella recién abierta y un vaso de madera recién servido. Su larga barba rozaba la oscura madera de la mesa de la posada mientras sus ojos trataban de buscar un patrón en las rayas de la taza que ahora tenía en su mano.
Roca de Gaia estaba abarrotada y era su turno de hablar. Miró a los comensales con sus ojos profundos y desapasionados, alzó su vaso con sidra con la mano izquierda y bebió un poco. Bajó el vaso y su mirada sombría se posó en el muñón, al final de su brazo, donde debería ir su mano derecha; pronto tendría que recordar todo eso.
Levantó la mirada y la gente lo observaba con entusiasmo, para ellos esto era una historia más, tan lejana como los viajes de Taborlin el Grande, y tan mágicas como los encuentros de  Felurian. Pero, para Sven aquel relato era una realidad, su memoria, y para él, adentrarse en ella era como meter un cuchillo en su piel y empezar a clavar hasta dar con el hueso y roerlo.
Bajó la mirada y la posó como un cuervo en su muñón. Pronto tendría que hablar de eso.
Sin alzar la vista comenzó su relato.



CAPITULO XXXIII


No me fue difícil congeniar con Lonnrot. Se le notaba que había estado solo mucho tiempo, era un poco arisco y tenía su temperamento, y a veces hablaba en adémico sin notarlo. Por lo demás, conocía el Atur a la perfección, sabía regatear, conocía mucho sobre armas por su estatus, así también de arquitectura, pues había tenido que supervisar muchas construcciones siendo el maestro de una escuela Adem. Gustaba del buen vino y de las conversaciones casuales. Era estricto cuando enseñaba ketan, pero divagaba cuando conversábamos sobre el lethani. En fin, fue un buen maestro y aunque no lo crean, no le culpo por lo que hizo.

El mismo día que decidió hacerme su pupilo, sin perder tiempo, preparamos todo para partir a Junpui. Mientras comprábamos provisiones y ropa para el viaje me contó un poco sobre su cultura, donde vivía y de que trataba ser mercenario Adem, yo tenía ya una noción sobre aquello, pero recibí aquella información de buena gana. Cuando llegamos a la posada donde me hospedaba guardé mis cosas y aparté las que no llevaría. Estaba algo nervioso cuando le mostré mi instrumento a Lonnrot, no le había dicho que era músico profesional.  Pensé por un momento que no me tomaría en serio, pero me explicó la razón de que los Adem se comportaran así frente a una canción: para ellos la música era muy intima, igual de importante que el silencio, así que me pidió mantener mi violín dentro de su estuche de momento, yo lo guardé junto con lo que llevaría, por supuesto, siempre tuve un cariño sentimental por ese objeto y por supuesto no lo iba a dejar.
Camino a la posada en donde él se hospedaba me explicó que el ketan era igual de importante que la música y el silencio, así que debía tomarme el entrenamiento muy en serio, una vez iniciado no habría vuelta atrás. Y también el lethani era muy importante, pero eso o se tenía o no, y debíamos averiguarlo.
Todo era importante para Lonnrot, yo me preocupaba de no estar a la altura, todavía no comenzaba el entrenamiento y ya me sentía abrumado por todo.

Luego de alistar lo que llevaríamos al viaje fuimos al puerto por un boleto de ida a Junpui. Decidió el azar o el destino de los talentos que encontrásemos un barco comerciante que viajaría al alba del siguiente día a Junpui. Nadie osaba viajar de tarde o noche porque aunque solían ser aguas tranquilas cabía la posibilidad de que piratas atacaran. Hablamos con el contramaestre de la embarcación, la mano derecha del capitán, luego de preguntar un rato en el puerto supimos que ellos eran los únicos que aceptaban pasajeros pues se había dado un caso donde un pirata haciéndose pasar de estibador había tomado un barco a Vintas y había ayudado en medio de la noche a que sus compañeros atacaran. El contramaestre, un hombre alto y fuerte, forjado por el mismo mar, no se mostró muy receptivo, en realidad, nos mandó a volar con viento fresco. Fue una suerte que el capitán hubiera llegado en ese momento. Lonnrot habló con él y le ofreció sus servicios de mercenario a cambio de un boleto, incluyendo comida y cama para los dos. El capitán no lo pensó mucho, la verdad Lonnrot maniobró la conversación muy bien. Ambos se dieron la mano. El capitán nos apuntó con su dedo nudoso se sacó la pipa de la boca y dijo claramente: teníamos que estar antes del alba en el puerto, que fuéramos puntuales, que su barco zarparía y no esperaría a nadie.

Después de ver lo del viaje volvimos a la posada en donde me hospedaba, a cenar. La cena fue sencilla, pero la amenizamos con vino. Luego de unas copas subí para mostrarle a Lonnrot mi arma y armadura.
Cuando tuvo frente a él la espada, comenzó a realizar una serie de pruebas para ver su calidad.  La analizó como si el metal hubiera salido recién de su horno y le preocupara si le había dado ya suficientes martillazos. Luego de ver el filo pasó a la empuñadura. La cruz era de buen porte, hecha del mismo material que la espada, pero el metal oscuro no había sido igual de pulido y no reflejaba la luz como la hoja. La parte de la empuñadura estaba cubierta de seda y cuero para darle un buen agarre, y el pomo tenía una bonita piedra verde manchada con una turbia gota negra en el centro, como un ámbar verde que había atrapado un insecto feo y negro, o al menos eso pensaba yo al verla. A Lonnrot le maravilló la espada de extremo a extremo. Era tan antigua como las de él y hasta cabía la posibilidad de que hubiera salido de la mano de sus artesanos. Sin más preámbulos me la lanzó por el mango y apenas y pude cogerla, me dijo que fuéramos al establo de la posada, le mostraría de lo que me valía. Me pidió que le tocase con la espada, aunque fuera la ropa. Aunque di todo de mí, tratar de darle siquiera un roce con la espada fue imposible, y eso que se había tomado la mitad de la botella. Seguro parecía un idiota abanicando frente a él. Lo único que logré fue quedar exhausto luego de veinte minutos. Cuando Lonnrot vio que no podría más me dijo que bajara el arma.
—No usarás la espada por un mes, al menos. No hasta que sepas moverte. —me dijo serio. Parece que le había ofendido al atacar así, o quizá fuera que esperaba más de mí. El viejo me dio unas palmadas en el hombro, me dijo que cuando aprendiera a moverme con el Ketan podría dar una buena pelea.
Nos despedimos y quedamos de vernos al día siguiente en el puerto.


CAPÍTULO XXXIV


Subimos al barco cuando el sol aún no salía. Hacía un frío invernal y la bruma marítima le daba al ambiente una humedad que se mantuvo por todo el viaje y llegué a odiar. Yo me agazapaba en la capa y aunque llevaba un chaleco grueso el calor hacia lo posible por quedarse en tierra firme. Lonnrot me miraba sonriente, él iba sencillo, y aparte de llevar también un chaleco grueso de lana, vestía al igual que el día anterior sus botas viejas y pantalón a la medida con un cinturón de cuero grueso sujetándolo. El chaleco negro hacia destacar su piel blanca y su barba, ahora recortada hasta un largo que podría tildar como normal, apenas y le llegaba bajo el cuello. Se acercó a mirar al mar por la proa junto a mí, en silencio vimos el ondular del mar, me dio un codazo amistoso, y me dijo que no castañeara los dientes o parecería un crío.

Era temprano, sí, pero los alrededores bullían de comerciantes y compradores. La gente en el puerto se movía con la complejidad de los engranajes de un reloj, llenando todos los espacios, subiendo y bajando de los barcos de todo: vasijas, barriles, toneles llenos de quién sabe qué, telas de distintos colores y tamaños, alfombras vínticas y vino ceáldico, mucho pescado, madera para fabricar muebles, y miles de materias primas para los trabajadores de Severen. Mis ojos se perdían entre la muchedumbre cuando las tablas de madera crujieron bajo mis pies, los marineros subieron los últimos cargamentos de cereal en pesados sacos, los subían con ganas y sin demostrar cansancio. El último saco bajó a la bodega y dos comerciantes ceáldicos subieron tras del. Uno llevaba la cuenta de cuánto habían subido e iba anotándolo en su cuadernillo, mientras el otro, que iba ricamente vestido, asentía. Por el frío no pude percatarme hasta que tuve en frente a una dama que también había subido al barco. Era alta e iba vestida con un abrigo grueso de piel que la adornaba como si fuera una osa, la coronaba una capucha y la recorría una piel de zorro. Llevaba el pelo negro asomado, era una señora de eso no cabía duda. Otra mujer más joven y vestida menos elegante, seguro su sirvienta, iba junto a ella. También tenía frío pues no iba bien abrigada. La dama me sonrió cuando cruzamos miradas, me miró de arriba a abajo y luego giró su cabeza hacia los ceáldicos, el hombre que asentía le sonrió al verla, seguro era su marido. Me acerqué a las dos y les saludé, acto seguido me saqué la capa y ante los ojos brillantes de la dama le ofrecí mi capa a la sirvienta. Ella, con su cabello rubio alborotado me miró por dos segundos, pensé que me dejaría con la mano estirada, pero luego de mirar a su señora por un instante me miró sonriente y aceptó el ofrecimiento. Yo le sonreí de vuelta y le pregunté su nombre. La dama caminó hacia su marido y me vio por última vez, sus ojos ya no brillaban. Cuando llegó al lado del hombre llamó a su sirvienta. La chica acudió enseguida, se caló la capa ante los ojos extrañados de su grupo. Me miraba de vez en cuando. Se llamaba Nell.

Faltaban por subir dos hombres de profesión que no pude descifrar por como vestían. Iban elegantes y el más joven de ellos llevaba unas botas negras parecidas a las mías, pero nuevas. Al verlo bajé la vista y vi mis botas de viaje, avanzando a una nueva aventura, se me había olvidado lustrarlas y ya empezaban a pelarse en la punta. Los hombres no se fijaron en mi, de inmediato les llamó la atención Lonnrot, que había dejado su armadura guardada, pero no sus dos espadas que colgaban de su cinturón como cuelgan los muertos en un árbol, a todos les daba miedo verlas, menos a mí.
Al parecer ya estábamos listos para zarpar, los últimos en subir fueron el cocinero y su ayudante que iban cargando ambos un saco de patatas y otro con hortalizas. Tras de ambos subió el contramaestre quien le habló a un mozo, y le hizo unas señas hacía nosotros. El chico vino al grupo y nos dijo que lo acompañásemos.  Bajamos todos a los camarotes en donde guardamos nuestras cosas, eran varias habitaciones, un lugar sencillo pero agradable. Dejé mi macuto guardado en un baúl, sólo había llevado lo necesario para un viaje, incluyendo la espada, lo demás: el macuto de Abenthy, sus libros, mi armadura y el casco lo dejé en la posada. Cerré el baúl, era raro no tener cerca el casco, incluso sentí ganas de ir a buscarlo, pero pude sobreponerme. Ese casco ya no tenía poder sobre mí.
Con mis manos empecé a buscar mi talento hasta dar con el. Yacía en el bolsillo oculto de mi camisa, casi descuidado, como si fuera una moneda. El gram que me había obsequiado Abenthy colgaba de mi cuello, escondido. Mi espada colgaba de mi cinturón, no era necesario llevarla todo el tiempo, pero me daba un aspecto imponente y debía acostumbrarme a su peso. Me solté la coleta que llevaba para que el pelo largo me tapara las frías orejas y subí a cubierta nuevamente para poder ver zarpar el barco.

Cuando llegué arriba estaban todos listos, el capitán miró que todos los marineros estuvieran en su lugar, tomó una bocanada de aire y gritó a todo pulmón.
—: ¡Leven el ancla! ¡Desamarren las cuerdas! ¡Desplieguen todo el velamen! ¡Nos vamos de Severen!

Los marineros reaccionaron como si la orden fuera un latigazo, se movieron en sus puestos y el barco comenzó a alejarse del puerto.
Miré a Severen sin sentir nada en el corazón, ni nostalgia, ni odio hacia aquella ciudad en donde comenzó todo.
Después de un rato, el sol empezó a asomar y aunque ya llevábamos alejados de la costa mucho pude ver como se reflejaba, brillante, en la piedra blanca del tajo su fulgor.


CAPÍTULO XXXV


Ya habían pasado tres días de que zarpamos de Severen y el mar se extendía hacia todos lados inconmensurable, como el sonido de la música, como una canción azul eterna.
Mi entrenamiento con Lonnrot me tenía exhausto, comenzábamos con un calentamiento de dos horas, luego practicábamos el ketan otras dos, después venía la comida, la que por suerte era siempre carne magra y algún acompañamiento, pan de centeno, vino o agua y fruta. Luego volvíamos a repetir el ciclo y al final del día hablábamos sobre el lethani.
Logré aprender los primeros diez movimientos de la danza del ketan el primer día y pensé que sería pan comido, pero los siguientes fueron más y más difíciles, manteniendo posturas complicadas y sosteniéndolas por varios minutos, hasta que Lonnrot estaba complacido con el movimiento. Mientras tanto los marineros limpiaban la cubierta y hacían sus tareas nos observaban en silencio. Creo que vernos les ofrecía seguridad, todos estaban preocupados porque los primeros días del viaje pasaríamos por la zona en donde se habían avistado los piratas.
El cuarto día el capitán, en medio del almuerzo dio la noticia: Ya estábamos fuera de la zona de peligro. Las caras cambiaron entonces y los marineros festejaron con aguardiente, los ceáldicos compartieron su vino, y yo por mi parte tomé sidra.

Llegó la noche, y en cubierta habían encendido una fogata dentro de un barril. Los ceáldicos  decidieron abrir un par de botellas de coñac y compartirla con los marineros, y con un par me refiero a solo dos. Así que ellos por su lado trajeron el aguardiente de caña que había sobrado en el almuerzo.
Se podía decir que había un ambiente agradable, tomando en cuenta la diferencia de estatus entre todos. Lonnrot se había quedado en nuestro camarote, había pensado subir, pero decidió que sería una buena noche para aceitar las espadas.

Yo estaba encantado entre los marinos, nuestras diferencias se habían ahogado en el mar con los días, hasta parecía uno de ellos, con la barba descuidada, ya que había olvidado llevar una hoja de afeitar, y el tono bronceado que ofrece el océano.
Las estrellas brillaban en el mar, y el barco fluía tranquilo, era una noche hermosa.

Los marineros contaron historias y los barbudos ceáldicos contaron las suyas, apareció un acordeón y para cuando se había acabado el coñac todos sonreíamos de las canciones subidas de tono. Disfruté y canté Calderero Curtidor entre otras. La que más me llamó la atención fue una canción marinera que al son de las pisadas y golpeteos de barril le hacía honor al ron y al compañerismo. El estribillo era pegajoso, tanto como esos sobrecitos de Denner que solía consumir. El capitán fue quien más alto la cantaba, decía algo así:


Y aferrado a la botella
Viendo como sale el sol
Siento como cambia el mundo
Con cada sorbo de ron
Se disuelven los problemas
Y veo con claridad
Lo importante en este mundo es
¡Tu amistad!


Era de madrugada, ya habíamos dejado las botellas vacías, ninguno de nosotros podía mantenerse recto por más de tres segundos. Yo era el único que no estaba borracho, y no por haber tomado poco, simplemente tenía mejor tolerancia al alcohol que los demás.
Apagaron el fuego y todos nos retiramos. Me ofrecí a acompañar a los ceáldicos a sus camarotes solo por la posibilidad de ver a Nell. Los dos hombres, apoyados el uno al otro para no caer, bajaron lentamente pues el barco ahora se les movía el triple, yo iba con una lámpara de aceite por delante para iluminar el pasillo. Estaba por llegar a su puerta cuando fuertes pisadas empezaron a repiquetear en cubierta, luego vinieron gritos de dolor y el sonido apagado de una campana.
Abrí la puerta del camarote de los ceáldicos y grité para despertar a las mujeres. Nell  fue la primera en aparecer de entre las sombras. Con los ojos entrecerrados por la luz apenas y pudo entender lo que sucedía. Le dije que se escondieran todos lo mejor posible, luego de sentir el ruido exterior asintió asustada, tomó al escriba y al comerciante ceáldico y cerró la puerta poniendo el pestillo. Corrí por el pasillo hasta las escaleras sin saber que sucedía arriba, piratas, pensé, sólo puede ser eso.
Fui hasta mi camarote, Lonnrot no estaba, tampoco sus espadas. Subí y llegué hasta la puerta que daba a la cubierta, tomé la perilla y me quedé quieto, de pronto los ruidos cesaron y no quedó más que el sonido de la madera del barco crujiendo en su vaivén. No estaba seguro si girar o no la perilla, me tembló la mano. La perilla comenzó a girar lentamente y yo al otro lado, no sabía si desenfundar la espada o no. Apagué la lámpara y todo se volvió oscuridad, por las redondas ventanas del pasillo sólo entraba la tenue luz de las estrellas. Bajé la escalera y di unos pasos hacia atrás, me apegué a la pared. La puerta se abrió despacio, chirriando sus bisagras, de ella asomó un perfil que no conocía, un hombre de cabello largo con espada en mano entró a medida que la puerta se abría, no podía verme estaba seguro. Abrió toda la puerta y tras él había otras dos figuras.
El primer hombre entró sigiloso, dio unos pasos y comenzó a bajar las escaleras tranquilo. Yo al final de ellas comencé a sacar mi espada, preparándome para lo peor. La saqué lentamente para que no produjera ni un suspiro el cuero y el metal, no llevaba más de un cuarto de la espada afuera cuando gritaron. Los tres entraron corriendo a por mí, la trémula luz que entraba por las ventanas había destellado en mi hoja.
Mi espada salió completamente con tanta fuerza que cortó el aire y produjo ese silbido tan característico. Ambas espadas chocaron, el cabello del hombre se movió como una cortina mientras él giraba sobre sí para deslizar su espada por mi vientre, di un paso hacia atrás y la espada rozó mi camisa sin llegar a cortarla. Antes de que levantara la espada e hiciera otro movimiento hice Barquero en el Muelle dándole un golpe seco en la pierna izquierda, haciéndole perder el equilibrio, mi puño izquierdo cruzó su rostro como un martillo chocando contra su sien. Cayó en seco contra el piso, desmayado. El siguiente hombre saltó por encima al del cabello largo dando un salto que le hizo rozar el techo, lo recibí con Doncella que Baila, sin necesidad de usar la espada, con Prensar Sidra logré desarmarlo y con Sembrar Cebada lo dejé inconsciente.  
El tercer hombre me miró a través de la oscuridad, había bajado su espada. Puso la mano izquierda en la pared y comenzó a subir de espalda, sin dejar de mirarme. Siempre apuntándome, comenzó a gritar a penas llegó a la puerta.
—¡Hey! ¡Aquí! ¡Ayuda!
Pasé por encima de los dos hombres en el estrecho pasillo, el hombre cerró la puerta de un golpe, subí la escalera corriendo, saltando por los escalones. Le di una patada a la puerta y me encontré de frente con más de diez hombres. Subí mi espada y me encontré al menos doce afiladas contrincantes.

El fuego del barril volvía a arder. Las largas sombras proyectadas sobre la cubierta les daban una apariencia tétrica a los piratas. La humedad en el ambiente me dejaba un sabor salobre en la boca y el vaivén del barco no ayudaba con el equilibrio.

—¡Saludos! —dijo uno de ellos, con un gran sombrero de paja sobre la cabeza. Bajó la espada y con voz amable dijo—: no sabíamos que habría un guardián. Si bajas tu espada prometo no haceros daño.

Sabía de antemano que no podrían dañarme sus espadas, no bajé la mía ni un centímetro y hablé con voz fuerte y decidida.
—¡Saludos! ¡Os digo aquí y ahora, bajad vosotros las espadas y prometo no matar a nadie!

Una sonora carcajada que ahogó por un momento el eterno sonido de las olas soltaron todos los piratas al unísono, todos excepto uno. El hombre le habló al tipo del sombrero de paja, pude identificarlo como el tercer hombre, el que había escapado de mí en el pasillo. El tipo del sombrero asintió a lo que le dijo el otro y nuevamente habló.

—¡Vamos hombre! Eres uno contra catorce. No hay manera de que puedas salir de esta victorioso. Hazte un favor, baja la espada no quiero que muera nadie hoy.

Me mantuve quieto, pero mis ojos se movían de un hombre a otro, analizando la situación y cómo salir de ella. Mis manos empezaron a moverse lentamente, la punta de mi espada empezaba a caer. Iba a atacar al de la izquierda con Rueda de Molino, y le volaría los dientes con el pomo de la espada, el siguiente recibiría un corte en el pecho con Doncella que se Peina, el siguiente… No alcancé a pensar cuando un golpe seco me dio en la cabeza. Un dolor terrible me lanzó al piso, cayendo de rodillas. Di un grito de dolor y tiré la espada,  me llevé las manos a la parte de atrás de la cabeza instintivamente. Pude oír las voces de un pirata a mi espalda, seguramente el que había dejado inconsciente en el pasillo. No entendí nada, y producto del golpe comencé a ver nublado.

—…debería haberle roto la cabeza con ese golpe con la espada. Es, joder Murena, es increíble.

El hombre a mi espalda me asió del pelo levantándome, le agarré la mano con fuerza mientras él me giraba, recibí un golpe en el mentón que me lanzó al piso. El tipo era fuerte, muy fuerte. Me había lanzado desde el tajo y había quedado intacto, ni siquiera un dolor en los pies y ahora, ahora un tipo me da un coscorrón y me casi me parte el cráneo, yo también estaba impresionado. Caí sobre mi espada y al fin pude verle el rostro. Era calvo y alto, moreno y barbudo. Tenía un sable en la mano derecha y tenía el torso desnudo. Me miraba entrecerrando los ojos pues la luz del fuego del barril le daba en la cara.

—¿Estás despierto, hijo de mil p*s? Que bueno, porque te voy a devolver cada golpe que me diste. Nadie deja en vergüenza al gran Fortent.

Al verme en el piso los demás hombres me agarraron por los brazos, arrastrándome hasta el mástil.

—Amarren al guardia al palo mayor —dijo el hombre del sombrero de paja envainando su espada —ustedes cinco, vayan a ver qué hay de bueno en los camarotes. Ustedes dos, revisen la bodega, vean si está todo. —Los hombres se desplegaron y sólo quedó el hombre del sombrero de paja y Fortent en mi campo de vista.

Estaba amarrado con una gruesa soga y no podía mover los brazos, sentía cerca el calor del barril, estaba a unos pasos de mí. Fortent se acercó haciendo crujir sus nudillos. Mis ojos de a poco recuperaron su foco. A mi lado estaba el hombre del sombrero, con una mano reposando en el pomo de su espada, la otra sostenía una pipa. Sentí el olor del Denner en medio de la humedad.

Un fuerte golpe en el estomago de la manaza de Fortent apenas y me hizo daño. Miré al barbudo mientras sonreía expectante de mi reacción.
El hombre del sombrero se apoyó en el mástil cuando recibí otro golpe en el estomago.

—¿Quién te contrató, guardia? —me preguntó.
Fortent me miró y en su rostro se podía ver la pregunta que estaba tras sus ojos ¿Por qué este tipo aun no ha vomitado hasta el hígado?

Susurré, casi inaudible.

—Alto Fortent. Nos quiere decir algo.

Volví a susurrar.

—Cuidado Murena, no vaya a vomitarte la cara —dijo el barbudo.

Murena acercó su rostro hasta el mío, esperando a que volviera a susurrar. Eché la cabeza para atrás todo lo que pude y le lancé un golpe seco en la cara. Sentí el crac de su nariz. El sombrero de paja cayó al piso.
La manaza de Fortent como un rayo se dirigió a mi rostro. Moví la cabeza todo lo que pude y su puño hizo estremecer el mástil, sacando pequeñas astillas. Ambos piratas gritaron de dolor.

—¡Te voy a cortar los labios! ¿Me oyes? —dijo Murena mientras miraba a través de la sangre.

—¡Maldito seas! —dijo el grandulón, mientras se cogía la mano herida —Te juro por las olas y la espuma, que te sacaré los ojos con una cuchara.

Traté con todas mis fuerzas escapar del abrazo de la soga, pero no conseguí hacer nada. En mi desesperación por escapar no había notado que mi talento había comenzado a calentarse. Me miré el pecho cuando la luz del talento comenzó a escapar de mi camisa. Miré a Murena, ya había recogido su sombrero y tenía el sable en la mano, listo para clavarlo. Fortent también se había quedado muy quieto, ambos miraban la luz que escapaba de entre la cuerda.

—Desamárralo —dijo Murena, con la voz calmada. —Fortent caminó alrededor del mástil y comenzó a sacar el nudo. Miré Murena, su sangre salía por sobre y bajo la nariz. Sus ojos estaban serenos, miraba el brillo y mi rostro alternadamente.

—¿Qué escondes guardián? ¿Qué es realmente lo que cuidas?

La soga comenzó a soltarse, lo suficiente para que metiera su mano, no lo suficiente para que pudiera sacar las mías. Murena levantó su sable y me lo puso en el cuello.

—Un movimiento en falso y te la clavo ¿Entiendes?
Unos gritos salieron desde la bodega de boca de un pirata que corría asustado hasta cubierta.

—¡Ayuda! ¡Es un Adem! ¡Es un Adem!
Murena no alcanzó a sacar el talento de mi bolsillo. Giró la cabeza para ver que sucedía. Intenté con todas mis fuerzas poder sacar mis brazos, pero aun no era posible. El pirata, un joven, llegó hasta Murena y lo cogió de su chaqueta raída.

—¡Es un Adem, un mercenario! ¡Murena! ¡Dijiste que sería fácil!
Murena le dio un capirotazo al chico, y le dijo que se calmara. Lo cogió por la camisa y ambos se pusieron frente a la puerta. Fortent también se acercó a la puerta, desenfundó su espada.

Lonnrot salió como un caballo níveo desde las sombras de la puerta con ambas espadas. Con una fuerza tremenda, de un golpe hizo añicos la espada del joven pirata, con otro movimiento le dio un rodillazo en el pecho. Sus movimientos, eran todos pasos de ketan, no lograba verlos, pero ahí estaban, era impresionante su velocidad, su perfección.
Se movió como un demonio y desarmó a Murena y lo golpeó en el pecho para sacarle el aire de los pulmones. Le dio un golpe en el pecho a la altura de las costillas a Fortent y mientras se encogía de dolor le sacó un diente con el único movimiento que logré ver: Rayo Lanzado.

Los hombres salieron por la puerta de los camarotes, con Nell en brazos, joyas y el abrigo de la esposa del ceáldico.
Lonnrot enfundó una espada y cogió la otra con las dos manos. Listo, como un lobo a punto de saltar sobre su presa.

Nell gritó, pidiendo ayuda. Yo tenía ya un brazo libre, mi talento caliente y vibrante brillaba en mi pecho como un sol. Los piratas tenían miedo, lo pude ver en sus ojos. Logré soltarme, y rápido corrí hasta donde estaba mi espada, la levanté mientras Fortant escupía su diente. Me puse en guardia. Los cinco piratas soltaron todo lo que traían, incluyendo a Nell quien vino corriendo hacía mi y se puso a mi espalda.

—¿Dónde rayos estabas? —dije enojado a Lonnrot.

—Esperando a que hicieras algo —dijo con su respiración entrecortada, con una sonrisa.

—Se supone que tenía que sacar del barco a veinte piratas desalmados? ¿Esperabas a que los matase a todos?

—No, al menos que fuese necesario. Pero no me preocupé tomando en cuenta tu habilidad —Lonnrot me puso una mano en el hombro. —Esta será una buena manera de demostrar que has aprendido en estos días.

Mi habilidad, claro. Se supone que podría valerme contra un grupo de piratas por el simple hecho de ser a prueba de cortes. Puse mi mano libre en mi talento; sentí entonces como si fuera fuego. Miré la mano de Lonnrot asustado, como si fuera un hierro al rojo y me aparté con miedo. Los piratas lo tomaron como un ataque y se movieron mecánicamente atacando con sus espadas, fue cuando el poder del talento que había sacado de las catacumbas mostró todo su poder.


:18:
avatar
Old Medie
Conocedor del mundo
Conocedor del mundo


Hoja de Personaje
Nombre:
Sexo:
Edad:

Volver arriba Ir abajo

Re: FIC COMUNITARIO

Mensaje por Albertet el Vie Mayo 16, 2014 11:35 am

I

¿Cómo puede ser que algo tan pequeño como una simple moneda de oro pueda tener tanto poder en su interior? Sin duda era magia, magia antigua, como la hubiera llamado el maestro Kilvin. Cuando cogí la moneda de Holly no sentí nada especial, aparte de que la moneda brillaba cuando estaba cerca de los otros talentos. Era demasiado pesada para su tamaño, pero se podía llevar con facilidad. Si la miraba de cerca era capaz de ver unos extraños símbolos de un mundo ya olvidado.


Todo cambió con los Ashura. La guerra que habíamos concluido contra el clan asesino y sus guerreros Zaidan había concluido. Tras la batalla, los cadáveres quedaron esparcidos por todo el monte, la sangre seca debajo de las hojas, los escudos semienterrados entre las raíces de los árboles, las espadas ocultas por la maleza. Pero una parte de los muertos no estaba allí.


La energía vital de los guerreros había sido devorada por las monedas, y aquellos de nosotros que guardábamos uno de los talentos podíamos notar como volvían a nosotros las fuerzas perdidas: Meiko se volvió más fuerte, los movimientos de Senzo se hicieron cada vez más rápidos…y yo también me vi afectado. Cualquier enemigo que me viera moverme podría apreciar que el talento de oro no me hizo ni más fuerte, ni más rápido, ni más resistente. Podría acercarse hacia mí con un espada en la mano, dispuesto a clavarmela en el corazón. Levantaría el arma, sujetaría bien la empuñadura con sus dedos expertos, y con un ágil movimiento el filo recorrería su camino hacia mi pecho…aunque no lograría su objetivo, pues sólo con que yo pronunciara la palabra Aerlevsedi, el verdadero nombre del viento, su espada saldría impulsada hacia arriba por una fuerte corriente de aire, y si el hombre no se apartase a tiempo quizá le golpease también en la cara con una herida posiblemente mortal.


Tenía el don de ver los nombres de las cosas, más nombres cuanto más poder tuviera la moneda que portaba. Gracias a ese poder vi la propia moneda y averigüé muchas cosas de ella. Pude ver su nombre. Mejor dicho una parte de su verdadero nombre, ya que faltaban las otras monedas para que la palabra pudiera ser revelada. En los giros internos de ese nombre había un vacío que se extendía como una línea oscura a lo largo del horizonte. Y uno de los extremos de esa línea apuntaba a Jumpui. Allí estaba uno de los talentos que debíamos encontrar.



II

Unos días después estábamos tomando un buen vaso de vino en una de las posadas cercanas a Severen. Era un viejo edificio que se levantaba encima de un pequeño acantilado. Desde las ventanas se podía oir cómo rompían las olas a pocos metros de las sólidas paredes. La espuma mojaba los muros, y el olor a mar impregnaba el ambiente y se mezclaba con los olores de la cocina y la bebida. En los huecos que se abrían en el tejado y en las rendijas que sobresalían de la antigua chimenea tenían varios nidos las gaviotas. El día era gris por una ligera lluvia que caía sobre el mar dando un aire triste al mar de Centhe.


Meiko se había quedado en su habitación. Desde que murió Albus el extraño humor que la acompañaba había desaparecido, su carácter se había hecho salvaje, y tenía momentos de fuerte melancolía que disimulaba a través de una disciplina de hierro. En esos momentos su cara mostraba tal inexpresividad que bien podría haber pasado por uno de los Adem. Todos sabíamos que en las horas en que rememoraba su dolor era mejor dejarla sola.


Y cuando digo todos me refiero ya a Alván y a mí, porque Senzo también había cambiado mucho desde la batalla con los Ashura. Ahora no pasaba mucho tiempo con nosotros. Le había cogido gusto a desaparecer sin previo aviso y explorar el terreno por su cuenta. En un momento estaba con nosotros revisando los mapas, planificando el viaje, y al siguiente, sin que nos dieramos cuenta, ya había desaparecido. Algo había llamado su atención y había partido a investigar por su cuenta, dispuesto a evitar emboscadas y hacer todo lo posible porque nuestro viaje pasara desapercibido.


Era él quien nos había llevado a este pequeño rincón del mundo, en esa decrépita posada, esperando el barco que nos llevaría a Jumpui. Un barco de piratas. Mejor dicho, de futuros piratas. Los grandes capitanes de Jumpui habían incrementado sus ataques contra los barcos comerciales por alguna razón todavía desconocida. En las últimas semanas el mar se había teñido de rojo con la sangre de marineros de Severen, Tarbean, Jumpui, Yll… Por eso algunos de los nobles, preocupados con el auge de la piratería, y la constante visión de la bandera negra en el horizonte habían comenzado a armar barcos de escolta, cargados de guerreros, incluidos mercenarios de Ademre, que acompañaban a los barcos de carga.


Pero esto no había frenado a los piratas, más bien al contrario. La llegada de más embarcaciones que saquear, unida a la firme voluntad de los piratas de Jumpui, había animado la codicia de muchos marineros, dispuestos a dejar la vida civilizada y convertirse en bucaneros, saqueadores, filibusteros, corsarios, o como les gustaba llamarse a ellos mismos, caballeros de fortuna. Y una buena parte de los aspirantes a piratas se refugiaban en pequeños pueblos, aldeas escondidas en la costa, viejas tabernas encima de un pequeño acantilado, esperando los barcos que llegaban de Jumpui en la noche a recoger hombres para hacerse a la mar.


Y allí estábamos, en uno de esos antros que apestaban a grog, lleno de hombres con la mirada turbia, con los cuchillos acechando debajo de las mesas, a la espera de un barco que nos llevara a Jumpui para hacernos piratas. Era la mejor forma de pasar desapercibidos para aquellos que buscaban las monedas y tenían sus ojos fijos en Severen.


-¿Merece la pena?- Me pregunto Alván, iniciando la conversación. No me dijo nada pero los dos sabíamos que se refería a los talentos.

-Las monedas otorgan un gran poder, pero ese poder no es maligno- contesté, bajando la voz. Nunca se sabe quien podría estar escuchando.

- Ese poder se alimenta con la muerte. ¿No conduce al mal todo aquello que necesita un sacrificio para existir?

- Es posible. Pero las monedas no llevan el mal en su interior. Hace tiempo, según la historia que escuché a nuestros enemigos, protegieron a las ciudades del mal. La traición fue la que destruyó las ciudades, no las monedas.

Alván me miró fijamente. La cicatriz que cubría su cara bajaba su trazo oscuro hasta la boca donde se cruzó con una sonrisa amarga. Era la sonrisa del que ha sobrevivido a muchas batallas y ya no confía en nada ni en nadie.

- Ya me has contado esa historia. Me pregunto si es cierta.

-¿Por qué no iba a serlo?

- Ha pasado mucho tiempo, las historias cambian. Las personas que tienen algo que ocultar deforman las historias para adaptarlas a sus beneficios. Eso lo sé muy bien.

Hubo un momento de silencio en el que ambos pensamos en las posibilidades de esa frase. ¿Me estaba llamando mentiroso, o quizá me estaba avisando de que el barón no había contado la historia real a sus esbirros? ¿O podría ser que la historia hubiera ido cambiando a lo largo del tiempo? Preferí pensar en la última posibilidad.

- Aún así creo que debemos usar las monedas. ¿Y si la historia fuera cierta y el mal fuera erradicado de los Cuatro Rincones? Mira a tu alrededor, el mar se llena de sangre por las manos de los piratas, en Severen hay criaturas ocultas en las alcantarillas, en Tarbean los nobles envían a sus guardias a matar por cualquier capricho. – Paré un momento, sopesando lo que iba a decir-

Tú no viste lo que yo vi en el camino a Vintas, Alván… Aquellos Edena Ruh fueron asesinados en cuestión de segundos… - Y aquí bajé la voz todavía más- sólo quedó el fuego azul y el olor a flores cortadas sobre la montaña de cadáveres.

- ¿Y cuántas personas deben morir para lograr ese propósito, Berthus? ¿Vas a matarlos por un Bien Mayor? ¿Nos hemos convertido en Amyr con las manos manchadas de sangre?

Estábamos nerviosos. No era una conversación fácil. Por delante se abría un camino oscuro que podía llevar a una pelea entre nosotros. Pero por el momento permanecíamos juntos.

- Estoy confuso, Alván. Gracias a las monedas puedo ver los nombres de las cosas, pero no veo el destino. Si supiera cómo va a acabar esta historia, quizá sabría mejor como debemos obrar. Por el momento nuestro deber es seguir buscando las monedas.

- Todos estamos confusos, incluso la mujer de hierro lo está. Hoy lleva todo el día sin hablar- Agradecí que desviara la conversación hacia otro tema.

- ¿Lo sabés, verdad?

- Yo no puedo ver los nombres de las cosas, pero sé sumar dos más dos, y sé lo que significan esos cambios en el carácter, el malestar físico y el deseo de soledad.

-Meiko está embarazada. He visto otro nombre que se entrelazaba con el suyo.

-¿Qué crees que hará? ¿Piensas que se apartará de nosotros pronto?

-No mientras ella crea que puede controlar los síntomas. Si ve que pone en peligro la búsqueda o las propias monedas seguramente se alejará de la lucha hasta tener a su hijo. Aunque no hace falta que te diga que Meiko es impredecible.

-Sí…- hizo una pausa mientras llenaba su copa- igual que nuestro destino, o el de las monedas. Brindemos por el destino, Berthus.

-Por el destino- dije mientras chocábamos nuestras copas y bebíamos un buen trago.

Dejamos de beber, pronto anochecería, y el barco nos llevaría hasta Jumpui con el resto de la futura tripulación. Debíamos preparar el equipaje. En mi interior sentí que la moneda se estaba apagando, y por lo tanto mi comprensión de los nombres era cada vez menor. Sólo esperaba no tener que matar para reactivarla.



Al otro lado de la atestada taberna una hombre escondido entre la multitud nos estaba mirando fijamente, captando cualquier detalle de nuestros movimientos. Su pelo blanco mostraba una aparente vejez tras la cual asomaba el odio profundo. Se llamaba Draconel. No podía oir lo que hablábamos, pero sabía que no podríamos escapar. Que era cuestión de tiempo el destruirnos y robar las monedas de nuestros cadáveres, mientras la sangre formaba coágulos al derramarse fuera de los cuerpos mutilados, y las moscas comenzaban a posarse, listas para el festín.
avatar
Albertet
Héroe de historias de taberna
Héroe de historias de taberna


Volver arriba Ir abajo

Re: FIC COMUNITARIO

Mensaje por Bast el Vie Mayo 16, 2014 8:14 pm

"EL REENCUENTRO PURPURA"

Durante el viaje a Jumpui sentí como mi cuerpo se descomponia. Empecé con bruscos cambios de humor. Pasaba de la tristeza a enfadarme, o de la melancolía a la tristeza o a la alegría, e incluso a ser mi antiguo yo a veces. Era en esos momentos cuando me encerraba y me alejaba del grupo. A veces incluso llegaba a vomitar incluso varias veces en poco tiempo. Me hacía una idea de lo que seguramente tuviera. Esperaba un bebé de Albus. ¿Como sucedió todo? Es fácil de explicar. La noche antes de la pelea con Shanoa. Aproveché que mis compañeros, mis amigos, aquellos que consideraba mi familia; estuvieran dormidos.

FLASHBACK

Fui a darme un baño para quitarme el sudor, Albus observaba desde las sombras, evidentemente yo ya lo sabía. La luna llena iluminaba mi cuerpo. El agua estaba caliente debido al sol de todo el día. Decidí salir.

-Albus, aprovecha y date un baño. El agua esta en su punto.

Albus salió de las sombras y me sonrió.

-Te haré caso.-dijo lanzandose en bomba. Yo decidí no vestirme hasta que la brisa cálida de la noche me secara.

La noche era calurosa, con viento muy cálido procedente del interior. Dicho viento disparaba las temperaturas hasta más de 10° Celsius. Albus salió del agua.

-Esta será la última noche en la que pelearemos por nuestra libertad-me dijo esbozando una leve sonrisa.

-Si. Una vez que seamos libres, cumpliremos nuestros destinos... y aquella promesa que nos hicimos-le dije felizmente esbozando una sonrisa.

-Si, pero no hay que subestimar a Shanoa, un leve descuido y podríamos morir.-me respondió seriamente.

-Lo sé. No quiero imaginar que clase de monstruo será. Es la primera vez que estoy realmente asustada, no por mí, si no por todos...-le contesté mirando la luna.

-¿Cual es este día?  El día de dar rienda suelta a lo que sentimos? Si es así, yo tengo muchos sentimientos a los que dar rienda suelta. Aunque hay uno que quiero decir... desde hace años-me respondió.

-¿Ah si?¿Y cual es?-le pregunte interesada en el tema

-Hay una chica de la que estoy enamorado- sonrió.

En ese momento escaso, senti una opresión en el pecho. Era doloroso. Albus se había enamorado de otra chica. Me estaba aguantando las lágrimas como podía.

-Es una chica increíble, tiene muy buen carácter,  es una persona muy buena, especial para mi, alguien que daría su vida por las personas que quiere. Es una persona muy fuerte, alguien con quien puedes contar en tus peores momentos-con cada palabra que Albus decía, esa opresión en el pecho aumentaba.

Esa chica jamás podría ser yo. No reunía esas características descritas por Albus, pero éste aun no había terminado.

-Y pese a todo lo vivido y pese a su caracter rudo, no aparenta ser más que una simple máscara... y esa chica eres tú, Mei. Eres increíble. El chico que se gane tu corazón, será un afortunado-me dijo con una sonrisa

Ahora sí que había tocado un punto sensible. Mis lágrimas empezaron a salir y abracé a Albus fuertemente.

-Ese chico eres tu-le respondi como podia entre las lágrimas y el llanto.

Albus se sorprendió. No se como o cuando, en que momento empezó a librarse la guerra de besos y caricias, sólo cuando me di cuenta ya le había entregado mi virginidad al hombre que amaba. También hicimos lo que de niño nos fue privado. Jugar como niños en ese lago. Nos lanzabamos agua mientras nos reíamos, jugamos a las encondidas y al final nos dormimos juntos, yo con mi cabeza apoyada en su cuerpo, no sin antes escuchar a un somnoliento Albus felicitarme por mi cumpleaños. Con tantas aventuras incluso lo olvidé

¿Quien me iba a decir que horas mas tarde, ese mismo día, pasaría a ser el cumpleaños más triste de toda mi vida?

FIN DEL FLASHBACK

-"Si realmente estoy embarazada, lo mejor es que me retire del frente y me quede en la retaguardia. Aunque mis cambios de humor sean bruscos, ellos tienen derecho a saberlo. Quizas debería ir a buscarla, pero ella... me aterra, y el bosque donde vive, pero no hay otra opción"-Pensé mientras me echaba mano al vientre y vomitaba.

En tierra me dispuse a hablar con el grupo. Les conté acerca de mi estado.

-Chicos, creo que estoy embarazada.

Las reacciones no eran las que esperaba. Esperaba sorpresa e incluso que me echaran la bronca. Resulta que ya lo sabían.

-Vale, veo que lo sabeis-sonreí un poco nerviosa, pero inmediatamente puse un rostro serio.-Eso no quiere decir que no vaya a seguir con la búsqueda de las monedas. Simplemente en caso de ataque, me quedaría en la retaguardia. Por ello, me gustaría que me acompañarais a ver a alguien.-dije con auténtica cara de pánico y temblando mucho-Pero esa persona es alguien que da mayor miedo que yo cuando era una asesina. Me la encontré una vez. Se donde vive. En un bosque a 700 metros al este.

Señalé a una enorme arboleda cuyos árboles parecían formar una cúpula.

-Ese bosque es el hogar de ella. Su historia no tiene mucho tiempo, pero si que hay varias canciones que hablan de ella... pero yo se la versión original-dije con la voz temblorosa-Seguramente conozcais la versión corta de dicha canción.

Empecé a cantarla.

Cuando te das la vuelta
(¿que rostro encuentras tras de tí?)
Clavas tus garras en la oscuridad
(y desgarras la noche)

La lluvia se convierte en gotas de sangre
y te recorren las mejillas
Si ya no tienes a donde volver

Ven hacia este dedo
Este dedo mio
te llevaré conmigo

Donde las cigarras lloran,
en el bosque prohibido
Ya no hay vuelta atrás

Termine de cantarla y suspire.

-Viene la parte desconocida por todos. Tiene algunas cosas interesantes. Así que escuchad atentamente.

Seguí con la canción.

La gente desaparece poco a poco
(Llamas azules)
en el otro lado de la oscuridad
(El mañana no volverá)

con innumerables personas retorciendose
y se extiende en el espejo
Vamos, atrae a alguien aquí

Hermano, ven aquí
donde yo aplaudo
No importa si te escapas, yo te cogere

La voz que venia
de la senda de los animales
Donde las cigarras lloran
no hay vuelta atrás

Ven hacia este dedo
Este dedo mio
Voy a tomar todos los dedos
desde la distancia

Voy a ir al bosque
donde las cigarras lloran
ya no hay vuelta atrás

Hermano, ven aquí
donde yo aplaudo
No importa si te escapas, yo te cogere

La voz que venia
de la senda de los animales
Donde las cigarras lloran
no hay vuelta atrás

Suspire nuevamente tratando de tranquilizarme.

-La canción tiene razón. Una vez que entremos, NUNCA y repito NUNCA os deis la vuelta, aunque escuchéis algun sonido a vuestras espaldas. Iria yo sola pero le tengo pánico a ella y me interesa la integridad de mi bebé-me justifiqué, para luego enfadarme- Ni se os ocurra bajar la guardia o dejaros engañar por las apariencias-bufé mientras me ponía en marcha seguida por el grupo hacia el bosque.

La entrada estaba recubierta de ramas formando un arco. Apenas veias más allá del arco. Las cigarras cantaban con un tono diferente, similar al llanto de un niño.

-El bosque donde las cigarras lloran ¿Eh?-Escuche de decir a Berthus

-El nombre le viene al pelo-le contestó Alvan.

Simplemente asentí, en vista de que los demás no decian nada.

-Es un bosque muy tenebroso. La persona que venimos a buscar no tiene mi fuerza física, pero sus habilidades radican en sus manos. Son como garras de una bestia salvaje.  También es experta en ataques sorpresas. Su nombre es Shakiko. No os dejéis engañar por su apariencia.-les dije mientras atravesabamos el arco.-Sobretodo porque ya no hay vuelta atrás hasta que ella así lo decida. Como os he dicho no os gireis

Mientras avanzábamos por la senda de los animales, tuve que detenerme varias veces a vomitar. No es que no estuviera acostumbrada a los cadáveres o ver visceras de todo tipo, pero debido a mi estado, esas imágenes me provocaban náuseas. Finalmente llegamos a una zona rodeada de árboles con una pequeña cabaña. La cosa se pondría peligrosa a partir de ahora.

-Shakiko. Se que estás aquí...¡¡Muestrate!!-ordené con mi voz más intimidante posible.

El bosque quedó en silencio, no se escuchaban ni las cigarras. Un enorme vendaval pasaba por la arboleda. El susurro del viento dejo paso a unas risas infantiles provenientes de todas las direcciones, retrocedi instintivamente mientras me ponía en guardia.

-En estos casos es mejor luchar espalda contra espalda-dijo Alvan. Asentí instintivamente mientras nos poniamos en posición.

Las risotadas seguian resonando mientras unas llamas azules se hacian presentes, iluminando todo el bosque

-Tch... otra vez-refunfuñe mientras maldecía internamente.-Aunque lo parezca, no creais que es una Chandrian

El vendaval cesó, mientras las llamas nos rodeaban negandonos la salida. El ambiente era muy pesado, empezaba a agobiar. Finalmente, Shakiko se dejó ver, estaba subida a un árbol. Era una niña de 9 años. Usaba una falda negra con una raya de color rosa en la parte inferior y debajo una maya de encaje. En su parte superior, ella tenia una camisa con botones de manga larga de color rosa pálido, con adornos del mismo color en los hombros y en el cuello. Sobre esto, usaba un corsé oscuro de color azul marino y una cinta roja que llegaba hasta la zona donde comienza la falda. Shakiko usaba unos calcetines blancos que le llegaban hasta la rodilla y zapatos rojos con encaje en la parte superior del pie y en el tobillo. Su cabello era algo largo, de color marrón-anaranjado, con unos ojos grandes de color violeta

-Como os dije... las apariencias engañan-dije poniendome a la defensiva. El grupo tenía cara de confusión, no era para menos.

-Ara. No se os ve muy felices de verme. ¿Acaso ya sabéis cual es vuestro destino?-sonríe muy sadicamente-¿A que sabrán vuestras visceras? Hacia tiempo que no comía carne fresca.

-Tch... -avance hacia el árbol donde ella estaba-Estas siendo muy descortés con tus invitados ¿Lo sabias, Shakiko?

-Ara... Mei-Mei-dijo inocentemente. Sus juegos no funcionaban conmigo y eso la sacaba de quicio.

-Baja aquí. Dejemos los monólogos para despues. Tengo que hablar contigo. Es importante.

De un salto se bajó y en el suelo me miró con ojos interrogantes.

-¿Y bien? ¿De qué quieres hablar?-dejo su lado infantil para tomar seriedad, aunque no tanta como durante su amenaza. Le conté acerca de las monedas o Talentos-Entiendo la historia, pero... ¿Para que has venido a pedirme ayuda? Precisamente, alguien como tu.

-Porque te necesitamos-le respondí seria y sin tapujos-Espero un bebé, por lo tanto no puedo luchar en primera línea del frente así que debo irme a la retaguardia. Por eso vine a buscarte. Eres la que quiero que me sustituya en el frente de batalla.

-¿Qué ganaría yo con ello?-me pregunto sin rodeos.

-Aventuras, una familia y amigos. Además, podrás acabar con ese hombre.

-¡¡Oh!! Me tientas. Aunque prefiero acabar con ese hombre luchando ambas en la línea de frente. Esa es la condición que te propongo.-me miró con ojos severos.

-Acepto.-le contesté mirandola fijamente.

-Entonces si para eso puedes luchar en primera línea del frente, para lo demás también. No me necesitas-me dijo de manera seria-Aunque viendolo de la forma que me lo has puesto... acepto

-Tch...-me frustraba esa niña, incluso al mas experimentado de los sabios se las ingeniaría para engañarles. Las llamas se apagaron una vez que Shakiko pronunció la palabra "Homon". Justo en ese instante, dos individuos entraron al claro. Se trataban de dos hombres, uno bajito y regordete con gafas y bigote, Connor. El otro era alto y parecía un espárrago, Donnell. Los guardaespaldas de Draconel.

-Connor, Donnell-no salia de mi asombro. Ellos dos eran el último obstáculo hacia Draconel.

-No os confieis estaban a mi nivel cuando era Ashura.

Tras el asombro inicial fuimos al ataque, pero antes de que llegáramos, ambos cayeron muertos, obra y cortesía de Shakiko. Tenian unos cortes muy profundos y se le veian las visceras. Vomite nuevamente. Cuando me recuperé y vi que la propia Shakiko se las estaba comiendo, volví a vomitar. Esa era la verdadera Shakiko cuyo rumor se expandió entre la gente. Aquella Shakiko que no deseaba indeseados. Aquella Shakiko que odiaba que se dieran la vuelta... y sobretodo, la aterradora imagen de una niña de 9 años comiendose las visceras de sus enemigos, con su rostro y ropas manchadas de sangre y una sonrisa sadica en su rostro. Esa era la verdadera Shakiko Uminari. La desgarradora de la noche
avatar
Bast
E'lir Simpatista
E'lir Simpatista


Volver arriba Ir abajo

Re: FIC COMUNITARIO

Mensaje por Títere el Dom Mayo 25, 2014 4:00 pm

...Aburrido.
...Muy aburrido.
Y terriblemente hambriento.
Me había levantado temprano para dirigirme a Gringotts, uno de los bancos ceáldicos más seguros de toda Tarbean. Lo habían fundado los hermanos Jake y Alan Gringotts, trescientos veintiocho años atrás cuando su padre, Elemir Gringotts, falleció dejándoles una imponente herencia. Como eran asquerosamente ricos y le tenían mucho aprecio a Tarbean (marcharse de allí no era una opción), decidieron, en vez de confiar su dinero a otros, fundar ellos el banco que alojaría las riquezas de las grandes gentes de la ciudad. Y allí estaba yo, trescientos veintiocho años después, leyendo una y otra vez los grabados de mármol en los que se recopilaba esa información, mientras esperaba mi turno.
Ya era casi la hora de comer, llevaba desde el amanecer en esa interminable cola. Bueno, vale, tal vez exageraba un poco, yo nunca había sido de madrugar. Puede que fuese mediodía cuando llegué al banco. Pero daba igual, el caso es que estaba hambriento, aburrido y mi turno no llegaba. Busqué con la mirada a los guardias. Tal vez ellos tuviesen algo que darme para aplacar el hambre.
Pero los cuatro estaban entretenidos hablando cada uno con un cliente, y no vieron como les hacía señas. Tampoco ví a ningún chico de los recados, y dejar mi puesto de la interminable cola vacío a merced de algún pillo, no era una opción.
En ese momento entraron unos hombres con unas enormes sacas vacías. Ví que uno de ellos llevaba un bocadillo. Una gran hogaza de pan moreno untado con mantequilla y relleno de una deliciosa carne adobada. Estuve tentado de abalanzarme sobre él, pero reprimí mis impulsos.
Noté un pinchazo en los riñones. Me rasqué instintivamente e intente pensar en no pensar en comida. No funcionó. Volví a notar el pinchazo, pero esta vez fue más doloroso, como si me estuviesen clavando una flecha. Me giré molesto y ví a un alto y pálido individuo desaliñado escrutando la muchedumbre que teníamos delante. Miré hacia abajo, para ver que era lo que me estaba clavando en los riñones, pero fuera lo que fuera lo que me estaba pinchando, lo llevaba oculto debajo de un largo gabán negro. Y justo a la altura de la entrepierna. Me le quedé mirando estupefacto.
-Pe... pero... ¿Qué lleva usted ahí?
El me miró como si me viese por primera vez y contestó:
-Una ballesta.
-Ah, bueno -suspiré aliviado.-Pensé que era... a ver.... no pensé que era una ballesta, usted ya me entiende.
El se limitó a mirarme sin interés y volvió a escrutar celosamente la cola que se extendía ante nosotros. Pero como yo me aburría, tenía hambre y me parecía que al señor le interesaba nuestra conversación, seguí hablando:
- ¿Y los guardias le dejan entrar con eso? Creía que estaba prohibido, ya sabe, cuando de pequeño me iba de caza con mi padre y volvíamos con algún corzo o jabalí con el que obsequiar al Conde Wilmormere, siempre nos obligaban a dejarlas en la entrada del palacete. ¿Ha usted no le han dicho nada?
El volvió a mirarme de soslayo.
-No. Mi compañeros estaban entreteniéndoles y no se han dado cuenta. Además, yo la llevaba oculta.
-Ajá -contesté. Vi como se abría el oscuro gabán y sacaba una pequeña ballesta de mano.- Las que utilizábamos en las cacerías eran mucho más grandes y pesadas, medían como el doble que esa y utilizaban unos enormes virotes. Porque claro, como bien sabrá usted, para matar un jabalí hace falta un arma potente y un virote muy afilado. Vaya bestias, recuerdo una vez, cuando yo era solo un muchacho, que me encontré uno paseando solo por el bosque, mientras buscaba setas silvestres. Como corrí en esa ocasión, debería haberme visto. Aunque me ocurrió hace un par de años, mire usted, lo rápido que pasa el tiempo -miré al techo del banco.- Hace tres meses escasos me encontraba en la hacienda de mi padre viviendo a cuerpo de rey, y ahora míreme, he recorrido medio mundo y aquí estoy -mientras hablaba, una aterradora idea se había ido abriendo paso en mi mente. Empecé a hablar mas despacio, mientras miraba fijamente al señor del gabán oscuro.- En Tar... Tarbean si, aquí en la Colina, hablando en la cola de un banco con un señor que lleva una ballesta oculta debajo de un abrigo para que no... le... vean... los guardias... Ah, vale entiendo -miré a mi alrededor nervioso.- Ejeje... Bueno... Cielos, que hambre tengo, un poco más y me desmayaré. Me parece que voy a ir a La Barrica de Roble a comer algo. ¿Le parece que le ceda mi sitio? Bien, gracias, quédeselo, encantado de haberle conocido ¿eh?, bueno venga, ad...
-Lo siento chaval, pero tú no vas a ir a ningún sitio -dijo con gravedad. Me agarró por el cuello y me apuntó a la cabeza con la ballesta.- ¡Todo el mundo al suelo o le vuelo la cabeza al chico, rápido!


-...el primer borrador lo escribes con el corazón, el segundo, con la mente.-
avatar
Títere
Conocedor del mundo
Conocedor del mundo


Hoja de Personaje
Nombre: Hans Boggart
Sexo: Hombre
Edad: 28

Volver arriba Ir abajo

Re: FIC COMUNITARIO

Mensaje por Albertet el Lun Mayo 26, 2014 1:07 pm

Cuando abandonamos el misterioso bosque de Jumpui, volvimos al puerto. Todos permanecíamos en silencio después de lo que acabábamos de presenciar. Miré a mis compañeros mientras cruzabamos las calles. Mis sentimientos hacia ellos eran confusos. Por un lado nacía en mi interior una extraña alegría: con un grupo tan poderoso podríamos encontrar las monedas y superar todos los obstáculos… Pero este pensamiento también me aterraba: con un grupo tan poderoso nadie sabía de lo que éramos capaces de hacer.

Las monedas de Senzo, Meiko y la mía propia brillaban y se calentaban. Las sentía gritar dentro de mi mente. Nos estaban llevando por una sucia y larga callejuela cercana al puerto.

Mientras la ciudad se veía cada vez más sombría y amenazadora podía sentir todas las miradas fijas en nosotros. Una puerta se cerraba en la oscuridad. Ruido de pasos precipitados por las calles laterales. Varias voces dando órdenes en voz baja, después los esbirros asentían entre juramentos. Las armas se desenvainaban cuidadosamente. Cada minuto, en los tejados de las casas se repetía, casi inaudible, la misma conversación:

“son tres hombres y dos mujeres”

“dile que son los que buscamos”

Y con esta compañía nos internamos en las sombras directos al corazón del reino de los piratas. La calle solitaria se fue haciendo más estrecha hasta convertirse en un callejón sin salida. Nos miramos entre nosotros dispuestos a lo que fuera. Delante había una puerta: una sucia taberna donde se oían ruidos de animales. Lentamente uno tras otro cruzamos la puerta…
avatar
Albertet
Héroe de historias de taberna
Héroe de historias de taberna


Volver arriba Ir abajo

Re: FIC COMUNITARIO

Mensaje por Títere el Lun Mayo 26, 2014 3:46 pm

Todo sucedió muy rápido. Los ladrones aparecieron como fantasmas desde todas las esquinas del banco. Los guardias fueron degollados, los empleados atados y a los clientes los encerraron pequeña sala. Resulta que eran muy pocos, la mayoría eran bandidos disfrazados.
No les costó mucho desvalijar el banco, pues la mitad de los atracadores eran campesinos a los que les habían embargado sus tierras y bienes, porque no podían devolver los préstamos procurados por el banco. Y la otra mitad eran empleados despedidos recientemente, víctimas de los recortes de personal.
Así que los bandidos-antesempleadosdelbanco se encargaron de abrir la caja fuerte, ya que conocían su funcionamiento. Y los bandidos-antescampesinoshonrados vigilaron a los clientes, y se encargaron de que no llegasen más guardias. Después guardaron el dinero en enormes sacas y las cargaron en un carromato reforzado con planchas de acero. Y finalmente huyeron de la asquerosa ciudad llevándose a varios guardias por delante. Además, varios empleados ceáldicos del banco, hartos de ver como se corrompía su honrado oficio, huyeron junto con los bandidos, llevándose una pequeña parte del botín. Ellos fueron los causantes de prenderle fuego a media ciudad, para distraer se suponía. Creo que luego volvieron a Ceald... O dilapidaron el dinero en burdeles. El caso es que eso no es relevante para la historia.

Yo contemplé todo eso desde una de las esquinas del banco. Me quedé con Forlong, el hombre de la ballesta, porque necesitaban un rehén. Era un buen tipo. Si no llega a ser por él, me habrían degollado como a los guardias después del atraco, pero como le caí bien, dijo que me guardaría como prisionero. Y como resulta que era el guardián del botín, me pasé unas cuantas semanas viajando con él en un carromato reforzado con planchas de acero, dentro del cual, íbamos nosotros y dos docenas de sacas llenas hasta arriba de relucientes talentos de oro. Me alimentaban y yo a cambio trabajaba como uno más. También tenía un perro. Un cachorro canela de cuatro meses. No tenía nombre, así que un día le dije “¿Cómo te llamas pequeño?” y el dijo “¡Ghuaf!” y desde entonces ese fue su nombre. También desde ese día Forlong empezó a llamarme “infantil” cuando creía que no le escuchaba, pero no le di importancia. Me enseñó a jugar a esquinas, apostándonos el dinero del botín, hasta que acabó siendo todo mío y dejamos de jugar, ya que Forlong dijo que se me había subido a la cabeza. Fueron unas semanas muy divertidas e instructivas. Aprendí muchas cosas...

Hasta que un día les pillaron. Tal cantidad de dinero llamaba la atención. Y aunque nunca nos acercábamos a los poblados y aldeas que encontrábamos por los caminos, no los fue muy difícil seguirnos la pista.
Atacaron aprovechando la oscuridad. Eran piratas. Viajábamos muy cerca de la costa, en dirección este. Ellos amarraron sus barcos en una cala al abrigo de curiosos. Y al caer la noche, desembarcaron veinte veintenas de piratas. No tuvimos ninguna posibilidad.

Yo no dormía. Me había quedado reflexionando sobre el significado de la palabra “enano”. ¿”Vete a dormir enano” tenía connotaciones de cariño o era a modo de insulto? Debía preguntárselo a Forlong por la mañana. Lo que yo no sabía en ese momento es que no iba a poder preguntárselo.
Me levanté y me metí entre la espesura. Mientras me aliviaba me di cuenta de que venía un resplandor desde el campamento. Alguien había encendido una hoguera.
Me acerqué alarmado, el resplandor aumentaba de tamaño. Y entonces escuché los gritos. Corrí en dirección al campamento. Cuando llegué ví a los piratas degollando a mis compañeros. Corrí hacia mi tienda, buscando a Forlong y a Ghuaf.
-¡Chico, aquí! -me gritó Forlong.- Corre, ve por Ghuaf, esta en el furgón.
Asentí y cogí al vuelo las llaves que me lanzó. Me giré y corrí hacia el carromato. Escuche un grito, vi caer a Lonrot a lo lejos. Con una flecha clavada.
Cuando llegué al carromato, casi no podía contener las lagrimas. Abrí la puerta “blindada” con las llaves que me había lanzado Forlong, entré en el carromato y cogí a Ghuaf. Pero antes de salir, dudé. Me giré, abrí una de las sacas y me guardé un puñado de talentos en el bolsillo. En ese momento entró un pirata en el carromato, pero antes de que me diera tiempo a reaccionar, cayó ante mí muerto. Una flecha le atravesaba la garganta. Salí corriendo de allí, con Ghuaf a mi lado. Me alejé del campamento en dirección al bosque. Noté un fuerte impacto en la espalda. Caí de bruces contra el suelo y los talentos de mi bolsillo se desparramaron entre los helechos. Lo que me había dado era una flecha, que, milagrosamente, no se me había clavado. Y entonces ví a uno de los Talentos brillar de forma extraña. Solo me dio tiempo a guardármelo en el bolsillo antes de que llegasen un par de piratas y se nos llevasen a mí y a Ghuaf. De camino al galeón.

Podéis pensar que fue mucha casualidad. Y sí, lo fue. Yo siempre he tenido suerte. Si el Talento no hubiese estado entre los que cogí esa noche, la flecha me habría matado y nunca habríais escuchado mi historia. Pero ocurrió lo que ocurrió. No lo lamento.

Los piratas nos cogieron a Ghuaf y a mí como prisioneros. A él le pensaban vender como perro de pelea y a mí como esclavo, en el mercado de Junpui. Y con respecto al Talento, no lo encontraron. Pensaron que yo me había tropezado con una raíz y que ellos simplemente habían errado el tiro. Gracias a él, soporte fácilmente los latigazos y patadas. Viajé junto con Ghuaf en una estrecha bodega durante semana y media. Al llegar a Junpui, se nos llevaron a cada uno por un lado. A él hacia un asqueroso antro donde le obligarían a pelear a muerte y a mí hacia el mercado de esclavos, que era ilegal. Pero yo siempre he tenido suerte, ya lo he dicho, y por eso, pude escaparme.


Última edición por Títere el Lun Mayo 26, 2014 9:49 pm, editado 1 vez


-...el primer borrador lo escribes con el corazón, el segundo, con la mente.-
avatar
Títere
Conocedor del mundo
Conocedor del mundo


Hoja de Personaje
Nombre: Hans Boggart
Sexo: Hombre
Edad: 28

Volver arriba Ir abajo

Re: FIC COMUNITARIO

Mensaje por Old Medie el Lun Mayo 26, 2014 9:00 pm

Fui como un animal. El instinto fluía en mí como la corriente de un río inagotable. Alcé la espada en un movimiento fluido y cubrí dos golpes; fue como respirar.
Sentí la energía del talento mezclar todo mi ser, lo que soy y lo que fui con Lonnrot. Fue una conexión tan potente que por instantes no me sentí yo, sino él. No sé como explicarlo, luego noté, con el pasar de los días, que la diferencia con Senzo fue que esta vez el talento estaba alimentado por las recientes muertes de los marineros y uno de los piratas.

En ese momento era muy consciente de lo que sucedía y a la vez estaba diluido en la mezcla, me sentí como drogado con algo cien veces más fuerte que el Denner. La energía era tal que había realizado ya tres movimientos de ketan sin siquiera pensarlo, pero si me hubieran hablado no hubiera sabido juntar las letras para formar una palabra.

Luego de haber bloqueado las dos primeras espadas con Doncella se Peina, con Atrapar la Lluvia así el brazo del primer pirata a mi derecha y se lo rompí como si se tratase de una rama seca, hice otros dos movimientos, perfectos y calculados, con los que golpee la cadera y la parte interna de las costillas al segundo pirata, derribándole, aproveché ese instante para enterrar mi espada por su espalda, la hoja entró y salió rápida, pasando entre sus costillas, destruyendo su pulmón derecho. Hice crujir la nariz del tercero golpeándole con la palma y le corte la parte interna del muslo para sacarlo de combate. El cuarto respondió con burdos intentos de cortarme el cuello mientras aún cargaba una cajita bajo el brazo, los esquivé todos, hice una finta y luego Rayos había Arriba para enterrarle la espada en el vientre. Recogí el pequeño cofre con joyas que cargaba  y lo lancé con suma precisión a la cara de Fortent, el grandulón cayó de espaldas inconsciente. Le hice un corte en el pecho al quinto quien retrocedió dando un grito y abanicando la espada tratando de cortarme, pero yo estaba ya a metros de él yendo por el siguiente, terminó de retroceder y cayó por la borda aparatosamente. El sexto pirata junto con los otros dos que aun me daban batalla cayeron con tres estoques certeros. Los maté con Quince Lobos y Garza que Cae, movimientos que aún no había aprendido ni como se llamaban, pero hice como si los supiera de toda la vida.
Cuando el ultimo cayó al piso escupiendo sangre me giré con la espada, salpicando gotas rojas al piso, pero Murena y el otro pirata que quedaba en pie habían escapado.

Lonnrot que hasta el momento había permanecido inmóvil, vio como pasaban a su lado y se lanzaban al mar. El viejo parecía invadido por una calma total, con los ojos bien abiertos y la mirada perdida. Al pasar los piratas pestañeó, me miró como si no me conociera, luego vio el piso iluminado por las grandes llamas del barril que danzaban sin control, se giro al oír a los piratas lanzarse al agua. Envainó su espada, cogió un sable del piso y se acercó a popa por donde habían saltado. Llegué a su lado corriendo y observamos las siluetas de los dos piratas sobre el plateado mar, nadar contra corriente hacia su barco, a unos treinta metros de distancia. Lonnrot, pese a su edad, pese a la lejanía y pese a la oscuridad de la noche agarró el sable por la punta y lo lanzó igual que una cuchilla, la espada cruzó el aire en una curva ascendente, girando como las aspas de un molino y fue a caer justo en la espalda de uno de los dos piratas. El hombre dio un grito que quedó ahogado por el sonido del mar, se hundió por un momento para luego quedar flotando boca abajo con medio sable sobresaliendo de su espalda. El otro pirata siguió nadando hasta llegar a su barco, su sombrero de paja se había quedado flotando para cuando alcanzó su barca, era Murena.

Lonnrot me miró, seguía sin entender nada, miró sus manos y se tocó la cara como si temiera tener otras facciones, me miró fijamente y me pareció que pensábamos lo mismo: ¿Me estoy mirando a un espejo?

— ¿Qué es lo que me pasa Sven? Pánico. Incertidumbre.
—Es el poder del talento —dije señalando en mi pecho el talento que  brillaba dorado a través de mi ropa—. Cuando hay muertes cerca brilla y su poder se activa como si se alimentara de ellas. La muerte es el precio a pagar por su habilidad. Tristeza. Pesar. Su fuerza está más allá de mi comprensión y no cabe duda de que somos parte de ella en este momento.
Atención. Total seriedad. No sé por cuanto tiempo permaneceremos así, la última vez que me sucedió fue por unas horas.
Lonnrot hizo una pausa, me miraba inexpresivo, era la primera vez que actuaba como todo un Adem. Con su mano izquierda hacia el signo de  Confusión. Pasó el silencio, asimiló mis palabras y pareció entender. Nos quedamos en callados mirando el barco, la sangre y los destrozos. El bamboleo del barco sin timón nos sacó de nuestros pensamientos.  Lonnrot me miró a las manos y dijo
—: ¿Estas hablando adémico?
—No Lonnrot —dije de inmediato, pero luego pensé un instante—. ¿Tú estas hablando Atur?

Nos quedamos callados un segundo, ninguno de los dos tenía la seguridad de estar hablando su idioma.

— ¿Qué haremos con los que aún viven? —pregunté tratando de poner atención en mis palabras ¿Estaba hablando adémico? No conocía ni una letra y al parecer sí.

—Seriedad. Mataron a la mitad de nuestra tripulación, y quizá a alguno de los pasajeros, creo que deberíamos lanzarlos al mar y que ella decida. Ira. Repugnancia.

Miré al rededor, Nell estaba aun escondida tras el palo mayor y todos los piratas estaban fuera de combate, excepto por el joven pirata que estaba acurrucado en una esquina del barco, había dejado la espada tirada y sollozaba como un crío mientras nos miraba a lo lejos.
Lonnrot desamarró la soga con que me habían atado y amarró las manos de todos los piratas que aún respiraban, incluyendo el que había dejado inconsciente en el pasillo, el que había matado en la bodega y al joven pirata que lloraba en la esquina del barco, levantó sin mucho esfuerzo a Fortent y lo lanzó. Por el peso, todos los demás le siguieron hasta el mar, despertando y gritando, maldiciendo su suerte y a nosotros.

Luego de ver a los piratas alejarse tras el barco mientras avanzaba por las frías aguas bajé con Nell a su camarote evitando a toda costa tocarla.
Bajo la cubierta el escenario también era terrible. Habían matado al comerciante ceáldico y dejaron mal herido al escribano, la mujer lloraba en la oscuridad a su esposo tendido sobre una alfombra, ahora roja, pues había absorbido toda su sangre. El escribano tenía una herida que discurría desde el pecho hasta el hombro. Lloraba sentado en el piso, cerca de la mesa revuelta y entre la madera astillada de unas sillas rotas, había perdido poca sangre gracias a que él mismo había aplicado presión sobre la herida con su mano y se había aplicado un torniquete, sobreviviría sin duda. Al ver a Nell el escribano se puso de pie y vino a abrazarla.

Contamos los muertos, entre ellos el cocinero, su ayudante, el ceáldico, el contramaestre, dos ayudantes de proa, el vigia, un marinero al que le vi  una sola vez limpiando la cubierta. La noche no fue agradable. Los marinos que restaban, aunque ya no estaban borrachos se tambaleaban un poco y aguantaban las lágrimas como podían. Envolvieron sus muertos y los dejaron en la bodega a un costado de los sacos y barriles.
Yo me alejé de todos, temía tocar a alguien, además, apenas vi al capitán hablé con él para contarle lo ocurrido, no me entendió nada, de verdad hablaba en adémico.
Bajé a mi camarote con una salchicha y un mendrugo de pan que saqué de la cocina. No tenia hambre en lo absoluto, pero sabía que tenía que comer. Me senté en la cama, pensando en lo que había sucedido mientras mordía la salchicha espaciada con sal marina.
Por el talento conocía todos los movimientos del ketan, conocía el lethani. Conocía el Lathanta. Hasta sabía el Aitas de la espada de Lonnrot. Al recordar todas esas cosas comenzaron a llegar recuerdos del pasado de Lonnrot, su vida. De un momento a otro me vi sumido en un llanto profundo, recordé su vida en Ademre, su pasado. Lloré por lo que había tenido que pasar, sentí el dolor como mío.
También recordé cosas que no debería saber, historias y leyendas, recordé la historia de Los Siete. Eran reales. Como no, si tenían implicancia con los talentos.
Sentí miedo por mí y por el poder de las monedas, aún no comprendía que estaba jugando con fuego, pero me quedó muy claro, Lonnrot era el vivo ejemplo de que los talentos traen ruinas y dolor.

Para serenarme me puse de pie, y comencé a realizar el ketan, eso siempre me había calmado, a mí o a Lonnrot, no estaba seguro. Para cuándo terminé aún no sentía el cansancio de la pelea ni del ejercicio, sólo al poner la cabeza en la almohada sentí cuanto me pesaban los ojos.

Al día siguiente, Lonnrot y yo tuvimos que ayudar a mantener el rumbo del barco porque sólo habían tres marineros en condiciones de ayudar, los otros estaban en cama con heridas o aún en shock. Nell les ayudó a todos como pudo.
Guardamos las armas y mi chaleco salpicado de sangre en el camarote. También guardé el talento que aún brillaba dentro de mi bolsillo. No era un lugar muy seguro, pero evitaba que la luz se viera.



XXXV


Para cuándo Junpui se avistaba en el horizonte ya podía hablar Atur sin ningún problema, así también adémico, la noche me ayudó a separar mi mente de la de Lonnrot, ya sabía quien era yo y quien era él. Aún podía hacer todos lo movimientos del ketan como si los hubiera aprendido tres veces. No sabía cuando duraría esto, pero trataba de recordarlos cada cinco minutos con la esperanza de no olvidarles nunca.

Me bajé del barco cansado, con los pies fríos y las manos entumecidas. Era entrada la tarde cuando llegamos a uno de los tantos puertos comerciales de Junpui. Cargando mi espada, mi estuche y mi macuto di unos pasos en tierra firme, feliz de poder tocarla. Lonnrot a mi lado se había mejorado y comentaba seriamente como había estado mi lucha el día anterior, ahora que conocía el ketan debía aplicarlo de la mejor manera -cuando matas a uno, matas a muchos- me había por la mañana, todavía le daba vueltas a esa frase. El capitán bajó después de nosotros, nos pidió que no nos fuéramos enseguida, que tendríamos que hablar con algunos guardias de Junpui por lo que nos había pasado.

En el puerto nos estaban esperando varios ceáldicos con rostros preocupados, hablaron con el capitán y otro marino. Uno de los ceáldicos fue a buscar a los guardias y otros dos subieron al barco corriendo.
Para cuando pasó media hora ya se había contado toda la historia. Los piratas, el intento de saqueo, la muerte del comerciante y los demás marineros. El capitán maldijo una y otra vez la ruta que tomó, pero todos decían que era imposible recorrer las aguas tranquilamente hoy en día, que tres de cinco barcos era atacado. Le agradecieron por haber contratado al mercenario y él reconoció que si no hubiera sido por Lonnrot hubiéramos muerto todos. Por supuesto nadie más que los piratas había visto como yo fui el que había acabado con todos y no Lonnrot, pero él era el mercenario y yo el violinista, así que me remití a hacer mi papel y aplaudí junto con los ceáldicos, el capitán, Nell y todos los que hasta ese momento se habían volcado a escuchar la historia, que para ese momento era prácticamente todo el puerto a Lonnrot, un mercenario Adem que no valía por tres sino por catorce. El ruido fue atronador.
Después de eso una mujer ceáldica, familiar del difunto se acercó a nosotros y recompensó a Lonnrot con diez talentos por haber salvado a su cuñada y su sobrino de los piratas.

La tarde había caído y decidimos pasar la noche cerca del puerto, pues gracias a nuestra notoriedad conseguimos habitaciones a buen precio. Comimos siempre interrumpidos por algún marino que nos pedía que le contásemos como Lonnrot había matado a esos malditos piratas. Hubo muchos Hurra! y bebidas gratis, al parecer todos en Junpui odiaban a los piratas, pues el comercio había bajado terriblemente y los barcos preferían rodear la isla antes de hacer una parada en ella para comerciar.
Nos fuimos a dormir temprano agradecidos de tener una cama que no se meciera como cuna. Os juro que descanse el triple esa noche, realizar ketan sin haberlo hecho en toda tu vida me dejo una infinidad de músculos que ni siquiera sabia que tenia, doloridos.


La mañana siguiente lo primero que hice fue sacar el rastreador de Estas, todo el viaje era por ella. La aguja ahora apuntaba hacia el norte, hacia allá iría entonces. Lo segundo fue realizar el ketan, lo hice lento como  se debe hacer, tardando al rededor de media hora. No tuve ningún fallo.
Bajé a desayunar, Lonnrot me esperaba. Nos sentamos alejados de la entrada, cerca de la chimenea que combatía el día frío con un agradable fuego. Un hombre de barba nos sirvió, sonriente.
—Les di ración extra —dijo mientras ponía en la mesa los platos —. ¡Hurra! —dijo en voz baja mientras se alejaba.
Comimos tranquilamente.
— ¿Aún hablas el adémico? —dijo Lonnrot mientras hacia el signo Duda con su mano.
— Sí —contesté. Afirmación.
—Esta pequeña fama nos ha hecho mal. Anoche salí a conocer el lugar. Total seriedad. Exclamación. Sven, la isla está infestada de piratas. Averigüé que tienen todo un pueblo donde se reúnen, unos pocos salen de allí y vienen a espiar las rutas y lo que se comercia. Luego vuelven a su pueblo a vender esa información al mejor postor. Si la noticia de nuestro arribo llega a oídos del pirata que sobrevivió, que seguramente debe estar allá ahora, tendremos un montón de piratas sedientos de venganza para la tarde. Debemos salir cuanto antes de esta isla, y es primordial que salgamos de esta posada ahora mismo.

Miraba la mano de Lonnrot mientras él hablaba. Lo miré a los ojos y asentí con la cabeza.
Terminamos de comer y salimos de la posada cuanto antes.
Fuera, el sol invernal había salido ya hace una hora y gracias a la cercanía del mar una brisa fresca calaba hasta los huesos, así que me puse el chaleco negro a pesar de la sangre, a la luz del día la sangre parecía una mancha de comida, así que no le di importancia. Caminamos por el puerto para comprar una nueva capa, pues había regalado la mía a Nell. Lonnrot se había calado la suya y trataba de esconder su pálida piel, pero más de alguna persona le reconocía. Debía ser el único Adem en toda la isla.

Al cabo de unos minutos salimos de una tienda, me había comprado una capa negra, parecida a la anterior.
Nos pusimos de nuevo en marcha hacia el norte.
— ¿Cómo averiguaste todo eso sobre los piratas? —pregunté para llenar el silencio.
—Ayer salí a la peor taberna que me recomendaron. Luego de pelear con dos tipos, otro se acercó, me ofreció un poco de vino y hablamos. Me preguntó que andaba buscando en la isla, yo le respondí: dinero. Mentí. Le conté que me habían cortado por haber matado y sido desalmado.
Él tipo, entonces me ofreció trabajo del peor de todos. Necesitan gente para salir a alta mar en dos días. Como mercenario Adem pedí el veinticinco por ciento del botín, él se lo pensó un momento y aceptó. Fue entones cuando me contó sobre el pueblo. Le llaman El Laberinto, supongo que no debe ser un lugar bien diseñado. Allí me pidió que lo buscara en una taberna al norte de aquí.
— ¿Al norte?
—Sí, cruzando el bosque, al otro lado de la isla.
Seguimos avanzando en silencio, dejando atrás el puerto, el barrio comercial y el pequeño barrio industrial en donde se extraían metales para hacer acero y arcilla para hacer cerámica, al pie de la única montaña que se alzaba solitaria en el centro de Junpui.  También se extraía madera del bosque cercano que discurría en sus faldas a lo largo de todo el lugar, el bosque prácticamente dividía la isla. Caminamos hasta el barrio residencial llegando así al final de la ciudad.
La aguja seguía apuntando al norte para cuando llegamos a un bosque aun más frondoso que el anterior, estaba lleno de letreros pegados en los troncos de los primeros árboles, todos rezaban distintas advertencias, todas decían que el bosque tenía animales peligrosos, que no pasaran.
La señal del rastreador apuntaba hacia el bosque. O bien Estas estaba allí o al otro lado, en El Laberinto.

—Estas puede estar allá, en ese pueblo o sus alrededores —Miré a Lonnrot, sabía que era mucho pedir, iríamos directo al peligro.
El viejo Adem me miró, serio como un padre que esta a punto de sermonear a su hijo.
—Sé lo que ella significa para ti. Lo vi  y sentí. Creo que hasta también siento algo por ella.
Me quedé con los ojos muy abiertos. Su rostro cambio entonces y rió con una risa limpia y profunda que venía del mismo lugar que el lethani
—Es broma. Bien iremos, pero debemos ser discretos o todo terminará en un baño de sangre. Y si bien nos podemos defender, no sé cómo será pelear contra un ejército de piratas.

Asentí contento—. Sabía que podía contar contigo. Sumo respeto.

Rodeamos el bosque por una media hora hasta encontrar un pequeño sendero entre unos árboles. El hombre que le había ofrecido trabajo de pirata a Lonnrot le había dado las indicaciones: Desde la plaza de Tabaqueros encontrarás un sendero en el Bosque de las Cigarras. Síguelo, siempre en silencio, pues existe en el corazón del bosque una bestia que ningún pirata ha podido nunca vencer. Sólo avanza y nunca mires atrás dice la canción del bosque, si te giras no saldrás jamás.

INTERLIDIO


Las copas de los árboles se cerraban sobre nosotros y los rayos del sol se colaban entre ellas. El piso estaba limpio, se notaba que siempre lo recorrían. Quedamos de andar rápido y en silencio, pero no pudimos, sabíamos que el motivo de tanta canción y leyenda era para que la gente de Junpui no cruzara el sendero y encontrase el pueblo pirata, pero más que nada fue porque, después de avanzar hasta la mitad del camino comenzaron a cantar las cigarras. Al principio no le préstamos atención, pero luego de un rato comenzó a exasperarnos. Al final terminamos conversando de cualquier cosa, sólo para silenciar el cantar de los bichos.

Bromeamos con nuestros buenos recuerdos para no hablar de nuestras penas. Hablamos de Berezan y sobre los viajes de Lonnrot cuando era mercenario de un rey. También de cuando se hizo maestro de escuela y de cuando toqué por primera vez en Modeg, cuando me gané el caramillo de plata en El Eolio en la Mancomunidad. Cuando Lonnrot había conocido a su mujer. Fue un momento feliz, hasta que sentimos el aroma en el aire.



XXXVI

Lo primero que pensamos fue que era un animal muerto. Cuando el olor se hizo más fuerte nos salimos del sendero hasta llegar a un pequeño claro en donde habían pilas y pilas de huesos. Era una gran mezcla en donde podían notarse las osamentas de animales, roedores y personas.
Había una jauría de perros alimentándose de un cuerpo al margen de la pila, devoraban como bestias. Había otro cuerpo un poco más alejado, se podía notar que le habían abierto el pecho y devorado todas las vísceras.

Avanzamos en silencio, pisamos de tal manera que no nos oyeron.
Luego de dejar esa imagen dantesca detrás nuestra visión de donde nos dirigíamos cambió bastante. Seguramente habían sido asaltados por piratas, ni siquiera se habían tomado la molestia de dejar los cuerpos escondidos. Pero esa pila de huesos, era extraña, no supimos darle una explicación. Quizá de verdad había una bestia.
Llegamos al final del sendero, caminando siempre en silencio, siempre cautos de algún peligro. Cuando salimos del bosque encontramos el pueblo, escondido tras la montaña, cuidado por la pared montañosa por el sur y por el norte el mar.

Avanzamos como parte de ellos, sin destacar. Habían muchos que tenían espadas al cinto, muchos con cuchillos, dagas, estoques, hachas, ballestas. Prácticamente todos tenían un arma.
La mayoría de las casas era de madera, estructuras endebles y de bajo costo. Pocas casas, muchas posadas, muchos prostíbulos, muchas tabernas. Los carteles colgaban por todas las calles y tenían nombres raros y exóticos: La Lobería, Las Astas del Macho Cabrío, El Caramillo de fierro, Las Novatas, Roca de Gula, Las Náyades, La Buena Blanca, La Mancebía del Rey Pirata, y un largo etcétera.
Para cuando llegamos al puerto a pesar de lo que creíamos, encontramos las mejores posadas, prostíbulos y tabernas. El puerto hervía de gente, mujeres hermosas y una cantidad considerable de hombres, piratas todos, supuse. Cerca de la costa había un local ostentoso donde colgaba un letrero tallado en madera que rezaba: La Flor del Mar, y sobre las letras una flor en forma de vulva. El maldito rastreador apuntaba dentro de aquel lugar. Me dio un vuelco el corazón y por primera vez desde que dejé ir a Estas esperé no encontrarla.

— ¿Es aquí? —dijo Lonnrot, mientras evitaba verme a la cara.
—Es aquí —dije, con el corazón en la boca.
Entramos. Al otro lado de la puerta había un ambiente tranquilo, una barra y varios clientes conversando con chicas hermosas y de poca ropa. No alcanzamos a dar tres pasos cuando una mujer apareció. Nos ofreció beber algo en la barra y esperar a la Madame quien nos presentaría a las chicas. Me observó con ojos llenos de gracia y su sonrisa la acompañó desde que nos abordó hasta que nos dejó sentados en la barra.
Miré el trasteador. ahora se movía de vez en cuando, pero nunca muy lejos del norte.
La dama que servía copas en la barra nos ofreció variados licores, la mayoría refinados, vino, agua ardiente, ron, tequila. Probé el último, pues no lo conocía, —Quizá un poco de alcohol me calmará los nervios —pensé.

No quisiera aburrirlos con la descripción de las hermosas pelirrojas que me mostró la Madame, la mujer que regentaba el lugar. Todas eran a su manera exóticas y cautivantes, con el pelo corto o largo, piernas adornadas con mallas de diferentes diseños y colores, diferentes tamaños de busto, cintura, caderas, en fin. Eran todas hermosas como flores en un campo, pero ninguna era Estas.
Cuando salimos del local encontramos una atmósfera cargada, muchos hombres nos miraban con el rostro duro, cargado de odio. Pero no le di importancia, me había sentido terriblemente culpable si Estas hubiera caído en un prostíbulo, pues yo tuve la posibilidad de ayudarla. Rodeamos el lupanar por la calle principal y llegamos a la taberna que estaba justamente tras el local que visitamos. Estas estaba ahí, casi podía oler su aroma a madera vieja, a arce y álamo.


Última edición por Medieval--- el Lun Mayo 26, 2014 9:07 pm, editado 1 vez


:18:
avatar
Old Medie
Conocedor del mundo
Conocedor del mundo


Hoja de Personaje
Nombre:
Sexo:
Edad:

Volver arriba Ir abajo

Re: FIC COMUNITARIO

Mensaje por Old Medie el Lun Mayo 26, 2014 9:02 pm

XXXVII


Entramos en la taberna, el cartel chirriaba al vaivén de la brisa marina y dentro el ambiente era turbio como el mar en una tormenta. Una gran chimenea de piedra ocupaba el centro de la pared izquierda, estaba cargado con grandes maderos que daban al ambiente un calor exquisito. Las mesas estaban bien dispuestas y suficientemente separadas para que los hombres pudieran discutir sus asuntos sin espías. El lugar era grande, y estaba adornado con cuadros de grandes barcos: enormes buques, un bergantín de anchas velas cuadradas, una bombarda abriendo el mar como una espada y un galeón disparando sus cañones.
Al fondo del lugar había un escenario en donde un grupo tocaba una canción que no había oído nunca. Para cuando llegamos a la barra el estribillo llegó y toda la taberna lo cantó como un himno:

Estamos locos de atar,
somos trovadores que en tu ciudad
damos pinceladas de color
a tu gris realidad.

Somos mitad caballeros,
mitad bohemios y embusteros,
no somos lo que un padre quiere
para su hijita bebé.

El ambiente era alegre, sin duda alguna. Pedí sidra, Lonnrot un vaso del mejor vino que hubiera y nos quedamos en silencio en la barra, observando a todas las camareras del local. Saqué el rastreador, pero hubo algo que me llamó más la atención en ese momento, dejando el rastreador a mitad de mi bolsillo. El talento que tenía escondido en la camisa comenzó a calentarse, tibio como un beso en mi pecho me hizo levantar la cabeza y girarla en todas direcciones. ¡Alguien dentro de la taberna tenía otro talento!

—¡Así que viniste hombre! —dijo un tipo colocándole la mano en el hombro a Lonnrot —. Pensé que no vendrías ¿Ya comiste algo? Ven te invito a mi mesa.
Lonnrot miró al tipo, y lo saludo. Me presentó como su compañero de armas, Sven. El tipo se llamaba Ríon. Era el hombre que había invitado al pueblo a Lonnrot la noche anterior. Nos hicimos algunas señas, lo mejor sería seguir la corriente para no llamar la atención y después de encontrar a Estas escapar.

—No había notado que estaba en la taberna que me mencionaste —dijo Lonnrot mientras caminábamos a una mesa en el segundo piso.
—Es la taberna más grande del pueblo y por lo tanto la mejor, es imposible no encontrarla. El Caldero de la Abundancia, solo los mejores piratas se pueden dar el lujo de entrar acá, sirven jabalí y carne magra de ternera, también unos pasteles exquisitos y del licor que se te ocurra tienen ¿Los Adem pueden comer carne? Te invitaré un plato a ti y a tu amigo.
Llegamos al segundo piso y pasamos de largo al tercero, el lugar me recordaba vagamente al Eolio.
En el tercer piso habían pocas mesas, estaba bien iluminado por grandes ventanas, suficientes para que pasara un cuerpo completo a través de ellas. Al otro lado del vidrio se podían ver un par de techos antes de llegar al mar, las velas recogidas de los barcos y el cielo azul coronado por el brillante sol, que entraba a mares por la estancia.

En la mesa del medio, la más grande, habían por lo menos ocho hombres, todos piratas. El que estaba en la cabecera tenía un sombrero negro de corsario que escondía un cabello rojo que discurría, largo, por su cabeza hasta llegar a su cara uniéndose a una barba bien recortada. Nos vio llegar y sentarnos en la mesa del lado, cuando cruzamos las miradas me dio una punzada el corazón. Sus ojos eran profundos. Mi talento calentaba mi pecho, me advertía.
Traté de verlo sin que me notara, llevaba varios anillos, algunos de oro, pero me extrañaron los que tenía en la izquierda: uno de piedra, otro de madera oscura como Roah, y otro de blanco hueso. Cogió un tenedor y pinchó su carne, pude ver que era el único que ostentaba un cáliz de oro, los demás hombres usaban vasos normales. Cuando se lo llevó a la boca nuestras miradas se juntaron, de pronto caí en cuenta que llevaba mirándole demasiado tiempo. Giré la cabeza para poner atención a lo que hablaban en mi mesa. Ríon le contaba como sería el trabajo que harían. Traté de poner algo de atención, pero no pude evitar mirar a uno de los hombres de la mesa del pirata de barba pelirroja levantarse y venir a nuestra mesa.

—Saludos Ríon, a nuestro capitán le gustaría que les presentaras a tus mercenarios.
Ríon miró con mala cara al hombre que miraba por encima de nuestros hombros.
—Vamos hombre, déjame reclutar aunque sea a una buena persona, sabes a tu capitán le sobran los buenos piratas.
—Ríon, vete a otro pueblo, hay varios ¡Joder! ¿Por qué te gusta dar pena acá? Vengan camaradas, no es de buena educación dejar esperando al capitán.
Ríon se tapó la cara para que sus maldiciones quedaran ahogadas. Yo y Lonnrot nos miramos, él no lo sabía todavía pero los talentos se habían vuelto a unir.


XXXVIII


Me puse de pie mecánicamente, era imposible evadir el destino de los talentos. Mi moneda me calentaba el pecho sin hacerme daño, casi podía sentirla queriendo salir disparada.
Lonnrot se puso a mi lado y nos quedamos mirando los dos al capitán.

—Saludos mercenarios ¿Así que buscan fortuna? ¿Por qué buscarla entonces donde no abunda? ¿Cuanto les ofreció la rata de Ríon? Yo podría triplicar eso.
—Nos ofreció el veinticinco por ciento de todo ¿Podrías triplicar eso? ¿Podrías darnos el setenta y cinco? —dijo Lonnrot en un Atur perfecto.
Todos los hombres de la mesa se quedaron en silencio, hasta que el capitán comenzó a reír de buena gana, todos le siguieron.
—Dudo que Ríon les haya ofrecido eso, es un tacaño de los peores. Pero fue un buen intento. Ahora bien, les daré el quince por ciento para que se lo repartan como quieran. Es un buen precio tomando en cuenta que soy el mejor pirata que hay en todos los mares. Si juntan ese quince por ciento podrán comprarse en un mes una taberna como esta.
—O irte con las mejores quince p*s del Flor del Mar —interrumpió el que estaba a su izquierda, riendo de su broma.
— ¿Quieres negociar Adem? Aprecio un hombre que sepa regatear —dijo el capitán pirata —. Conozco a los suyos muy bien, sé que gustan del dinero. Eres viejo y supongo que si llegaste aquí fue porque te cortaron, pues los Adem no suelen caer tan bajo —El rostro de Lonnrot, permaneció ajeno a cualquier expresión, pero noté como chispeaban sus ojos ante aquel comentario —. Haremos lo siguiente. Quien está a mi derecha es Korkud, mi contramaestre y mejor hombre. Si logras vencerle te quedarás con su paga, el veintitrés por ciento del botín ¿Qué te parece?
Korkud, el hombre a su derecha era un ceáldico, de tez oscura y pelo negro, su barba era un tupido conjunto de trenzas, mugre y manchas de sangre seca. Era por decirlo de una manera sencilla, un animal, espalda y brazos enormes, y unas manazas en las que el tenedor y cuchillo parecían de juguete. Miró a su capitán molesto, dispuesto a decirle algo, pero calló. Se puso de pie, era alto, más que Lonnrot. Pasó por el lado de la mesa hasta quedar a un metro de nosotros.
— ¿Qué te hace pensar que pelearé? —dijo Lonnrot.
—Si no peleas te matará. Así de simple —dijo con una sonrisa blanca el Capitán.
—¿Defenderás tu vida viejo guerrero? —dijo con una voz grave Korkud. Me recordó vagamente a Fortent. El ceáldico sacó su espada, pude notar que era una arma bien hecha, de buen acero y gran filo. Seguramente le costaría un poco más de un minuto romperla a Lonnrot.


—Será mejor que encontremos a Estas y nos vayamos luego de aquí —dijo Lonnrot en su lengua, en voz baja para que sólo yo escuchara —. No tengo la intención de lastimar a este hombre, mucho menos de que se nos venga encima todo el local.

—Adelante Adem, demuéstrame que sabes luchar y te pagaré bien —dijo el Capitán.
—¡Bah! Este viejo no sabe luchar —dijo Korkud colocando los pies en posición. Lonnrot se percató de la advertencia y se puso en guardia.
El ceáldico se lanzó sobre él pisando fuerte el piso de madera, haciendo crujir el tercer piso. Lonnrot esquivó el primer estoque, el segundo, golpeó con Prensar Sidra y luego Hierro que Trepa. El tipo aguantó bien ambos golpes. Siguió entonces tratando de clavar la espada en Lonnrot, moviéndose rápido para su tamaño, Lonnrot esquivaba muy bien y ataca en todos los puntos débiles que dejaba Korkud. Golpeó su hígado, la boca del estomago y le dejó un brazo inmóvil golpeándole en el nervio con Rueda de Molino. La pelea no duró más de dos minutos, hicieron mucho ruido, pero no tiraron ni una silla. Todo acabó cuando, con Oso Dormido, Lonnrot le asió el brazo al ceáldico, obligando tirar su espada. Le dobló el brazo hasta que el hombre gritó que cesara.

—Anda romperlo, tienes mi aprobación —dijo el Capitán —. Ese es mi brazo, y si no es fuerte no me sirve.
—¡No Señor! ¡Por Favor! —gritó Korkud.
—Acá no hay lugar para los débiles Korkud. Así es el negocio. Adelante Adem ¡Hazlo!
Todos nos quedamos quietos, el grito del Capitán calló hasta la música de abajo. Lonnrot aun asía el brazo de Korkud, yo los miraba con los ojos muy abiertos, expectante. El ambiente estaba cargado, los hombres que acompañaban al Capitán se habían puesto de pie y miraban desde su lugar. Ríon tras de mí se había pegado a la pared, esperando oír el sonido del hueso al salirse de su lugar.
El silencio artificial se rompió bajo la voz de Lonnrot —. No lo haré —dijo y le soltó el brazo al ceáldico.
—Gracias, gracias —dijo Korkud mientras se abrazaba el brazo contra el cuerpo, quedó con una rodilla y un pie en el piso, apoyándose pobremente.
—Que decepción —dijo el Capitán —. Pensé que tenías un aire pirata, pero me equivoqué —Hizo el signo Adem de Pesar con su mano izquierda.
Lonnrot miró su mano y luego la cara del Capitán, estaba tan impresionado como yo. El Capitán entonces movió la cabeza, haciendo un gesto para nada Adem, Korkud fue el único que lo entendió, cogió su espada con la mano buena y como una roca surgió del piso hacía la espalda de Lonnrot. No alcancé a gritar, mi voz no tuvo tiempo de pasar por mi garganta cuando Lonnrot notó el peso de Korkud en las tablas de madera del piso, desplazándose hacía él. Giró a tiempo como todo un maestro Adem, con el mismo movimiento su mano sacó su espada y se clavó en el pecho de Korkud, matándole enseguida.

El ceáldico cayó al piso de un sopetón. Haciendo crujir la madera. Se pudo oír el sonido por toda la taberna, todos estaban en silencio. Lonnrot movió la espada rápido para botar la sangre de su espada. Sacó un paño de entre sus ropas y la limpió.

—Hermosa espada Señor... ¿Cuál es su nombre? —dijo por fin el Capitán.
—¿Qué sabrá usted de espadas? Sucio corsario —Lonnrot envainó su espada y guardó su paño reseco de otras manchas de sangre.
—Por supuesto que sé de espadas —dijo el Capitán. Se puso de pie y mostró la empuñadura de la suya bajo su chaqueta —. Aprecio vuestra arte así como vuestra sed de sangre —dijo sonriente.
—¿Sed de sangre? ¿De qué está hablando? —contestó Lonnrot dejando su mano en la empuñadura de su espada.
—Los Adem son los mejores mercenarios que hayan podido existir. —dijo con aire resuelto, mirando a sus gente que seguía de pie. —Esto se debe por supuesto a su sed por matar, es tan parte de ellos como su silencio. —Los hombres que estaban junto a él asintieron en silencio mirando significativamente a Lonnrot.
La voz de Lonnrot sonó dura y se esparció por toda la taberna. —Los Adem somos mercenarios, es verdad, pero no confunda nuestro deber para defender la vida con la añoranza de quitarla. Somos guerreros, sí, pero luchamos por motivos nobles, no como ustedes que buscan dinero por el día y se lo gastan en p*s y ron por la noche.

El capitán sonreía mientras Lonnrot hablaba, mostrando sus blancos dientes tras su barba pelirroja. Apenas Lonnrot cerró la boca el pirata le contestó
—: Vosotros sois asesinos, de eso no cabe duda. Póngale el apellido que quiera, seguirá siendo lo mismo. No por nada las mejores espadas forjadas fueron hechas por los Adem. —Todos los ojos en el local se clavaron en las espadas del viejo Adem. Lonnrot lo notó, en su cara había una seriedad profunda y aunque todos esperaban a que contestara, calló.
El silencio comenzó a esparcirse como humo, el capitán y yo esperábamos a que Lonnrot le dijera algo, pero sólo se limitó a mirar al capitán con sus ojos grises. El capitán tomó su copa de oro y bebió hasta vaciarla, la dejó en la mesa de un golpe rompiendo el silencio.

—Al final tú y yo no somos tan distintos —dijo apuntando al Adem, con una sonrisa en el rostro —ambos matamos por dinero. Eso nunca podrás lo podrás negar.

El talento comenzó a absorber la energía de la muerte de Korkud y comenzó a brillar bajó mi camisa y mi chaleco. Todos los piratas en el tercer piso miraron como comenzó a fulgurar bajo mis ropas. Fue mi sorpresa entonces cuando miré el pecho del Capitán de la barba pelirroja, de entre sus ropas también brillaba un talento.

¡Amouen! Ahí está el Doblón de Oro. Honestamente pensé que lo tendría el Adem. ¡Atención a todos! —gritó —. ¡Le daré un real de oro a quien me traiga esa moneda que brilla en su pecho!
—¿Quién mierda eres? —Pregunté, noté que tenía la boca seca. Mi mano izquierda apretaba el talento contra mi pecho y mi mano derecha buscaba mi espada.
—Me puedes decir Capitán —dijo con una sonrisa —. No le digo mi nombre a nadie, ya me advirtieron sobre ustedes. Si consiguieras atrapar aunque solo fuera un poco de mi nombre, tendrías algún poder sobre mí.

Saqué mi espada de su funda, dispuesto a matar, Lonnrot a mi lado también desenvainó.
Estábamos en el tercer piso de la taberna más grande y más llena de piratas de todo el pueblo de piratas que había en Junpui, Estas estaba en esa taberna, pero no podía encontrarla ¿Y si me ponía a gritar su nombre, me oiría? Los piratas dieron un paso adelante, nosotros uno hacia atrás ¿Qué hacer? ¿Qué hacer?
De pronto se oyeron pisadas en la escalera.

—Hermano ¿Me podrías decir por qué hay tanto alboroto arriba?


:18:
avatar
Old Medie
Conocedor del mundo
Conocedor del mundo


Hoja de Personaje
Nombre:
Sexo:
Edad:

Volver arriba Ir abajo

Re: FIC COMUNITARIO

Mensaje por Títere el Mar Mayo 27, 2014 4:20 pm

-Te doy tres iotas -dijo el orondo comerciante que estaba intentando comprarme.
-¡Tres iotas! Vamos señor, este es un producto de calidad, resiste perfectamente los latigazos y reacciona muy bien ante las patadas. Usted podrá pegarle todo lo que quiera y el magnífico chico no se romperá.
-Vale, vale, todo eso está muy bien, pero ¿y los brazos? Mire que escuchimizao está de haber pasado tanta hambre. Seguro estoy de que no podrá ni levantar un simple saco de arena.
Mientras transcurría toda la conversación, el pirata que estaba intentando venderme no paraba de zarandearme de un lado a otro. Pero yo estaba cansado y hambriento, y no me quedaban fuerzas para intentar escaparme.
Me habían bajado del galeón con una soga atada al cuello, como si fuese un perro. Habíamos ido directamente al mercado, en el que inmediatamente se habían puesto a pujar por mí. Al rato, vi pasar a un par de piratas transportando varios perros en una jaula. Ahí no estaba Ghuaf. Pero luego llegaron un par más, arrastrando al pobre Ghuaf tras de sí. Intenté grabarme a fuego cual era el callejón por el que se habían internado.
Y volví a tener suerte. El orondo y grasiento comerciante me compró por tres iotas y dos libras de mantequilla que casualmente llevaba en el bolsillo. Cuando ya nos alejábamos del mercado en dirección a su casa, llegaron los guardias. Era una redada.
Así que saqué fuerzas de flaqueza y de un fuerte tirón, conseguí que al gordo se le cayese la cuerda que me habían atado al cuello. Y corrí en dirección al mercado.
El gordo solo pudo dejarme escapar, prefirió perder las tres iotas a meterse de cabeza en la boca del lobo. Yo mientras corría entre guardias y piratas, que se habían enzarzado en una cruenta lucha. Pero la soga se me enganchó en un poste de madera, con lo que estuve a punto de ahogarme. Busqué deseperadamente un cuchillo. Ví una astilla tirada en el suelo cerca de mí. La cogí e intenté deshacer el nudo que me ahogaba. Tras un rato que me pareció una eternidad, conseguí liberarme y volví a correr, esta vez hacia el callejón por el que se habían llevado a Ghuaf. Llegué hasta el final. Vi una sucia taberna desde la que llegaban ladridos de perros. Entré. Allí, en el centro de una sucia arena, rodeada de exaltados piratas, estaba Ghuaf. Y tres enormes perros de pelea. Sin pensarlo siquiera, me lanzé de cabeza a la arena.


-...el primer borrador lo escribes con el corazón, el segundo, con la mente.-
avatar
Títere
Conocedor del mundo
Conocedor del mundo


Hoja de Personaje
Nombre: Hans Boggart
Sexo: Hombre
Edad: 28

Volver arriba Ir abajo

Re: FIC COMUNITARIO

Mensaje por Albertet el Miér Mayo 28, 2014 1:47 pm



Lo primero que sentí al abrir la puerta es que al menos una de las monedas se encontraba en aquella taberna. Lo mismo sintieron mis compañeros, los talentos comenzaron a brillar y calentarse. Les pedí que los mantuvieran bien escondidos.

En el interior el ambiente estaba muy cargado de olores, entre los que destacaba la suciedad y el ron. Las ventanas cubiertas de polvo dejaban pasar poca luz creando rincones oscuros. Era imposible saber desde dentro el tamaño real del edificio. Demasiado grande para estar entre calles tan estrechas.

Hacia poco tiempo que había comenzado la sangrienta búsqueda de las monedas, pero Alván y Meiko tenían mucha más experiencia en los combates que yo, por lo que veían aquella guarida de una forma distinta, podría decir que profesional.

Meiko se acercó al grupo y dijo: - Esto no es una taberna… es un cuartel general. Todo está dispuesto para preparar ataques…y rechazarlos.

- Tienes razón- dijo Alván bajando la voz- mira los cientos de ventanucos ocultos en la parte superior, listos para meter ballestas. Además la poca luz esconde pasillos que, me jugaría mi cicatriz, a que llevan a salas de guardia. Hay que tener mucho cuidado.  Ojo con posibles trampas.

- ¿Nos han estado siguiendo, verdad? Les pregunté.

- Por Tehlu – dijo Alván- tengo la corazonada de que un maldito ejército va detrás de nosotros. Este es un sitio perfecto para una emboscada.

¿Y cuando empieza la acción? – dijo una voz debajo de nosotros. Era Shakiko. Sus ojos brillaban como si fuera la misma Encanis en persona. Sonrió. Su sonrisa era la de la propia muerte.

Se hizo el silencio y una voz al fondo gritó: ¡Ya!  

Al instante oímos de nuevo gruñidos de animales. Los malditos se divertían organizando peleas de perros. Decenas de corpulentos piratas rodeaban un espacio al fondo donde los perros se mataban entre sí, en mitad de ladridos y mordiscos. Los gritos llenaban el local.

Junto a la pelea otro grupo importante de piratas controlaba las apuestas.

- Dos iotas para Mordedor- dijo uno que tenía la cara llena de cicatrices.

- Esto no va así, Pete el Largo- dijo el que controlaba las apuestas. Para Mordedor la apuesta mínima es un sueldo de plata.

- No tengo sueldos de plata, maldito perro Ruh,  lo único que me dieron del botín fueron iotas de cobre. Y eso sí que puedo dartelo.

- Aceptaré tus sucias monedas de la Mancomunidad si apuestas diez iotas.

- Sabes que soy amigo de Capitán. Tendrán que ser cuatro iotas.

- ¡qué tiene que ver eso con el jodido precio de la mantequilla! ¿Me has visto cara de calderero? ¿Quieres darme drabines de hierro? Seis iotas y vete de aquí.- Y apuntó la apuesta en un pergamino manchado de tinta.


Al momento la puerta se abrió detrás de nosotros. Un chico de entre catorce y dieciséis años apareció en la puerta, abriendola de un fuerte golpe. Atravesó corriendo la entrada y se metió a empujones entre la multitud de piratas, hacia la arena, directo a donde venía el ladrido de los perros.

Mi mente dormida debía estar despertando porque un pensamiento llegó de lo más profundo de mí. Se abrió paso a través de las capas de mi cerebro hasta llegar a mi parte consciente. Cuando lo entendí abrí mucho los ojos. Me volví súbitamente y les dije a mis compañeros:

- Ese chico… ¡tiene una de las monedas!…
avatar
Albertet
Héroe de historias de taberna
Héroe de historias de taberna


Volver arriba Ir abajo

Re: FIC COMUNITARIO

Mensaje por Títere el Miér Mayo 28, 2014 4:17 pm

Ahí estaba yo. A mí lado Ghuaf. Delante, tres enormes mastines de enormes colmillo. Y rodeándonos, una multitud de mugrientos piratas sedientos de sangre.
- ¡Bien hecho chico, pelea!
- ¡Vamos Mordedor! ¡Dególlales!
- ¡Ocho iotas por que Khuark se carga al chaval!
Un enorme mastín se abalanzó sobre Ghuaf, echando espuma por la boca. Me lanzé en su dirección, con la intención de placarle. Sentí como algo me agarraba de la pierna, miré y ví a un mastín mordiéndome con saña. Pero gracias al poder del talento, salí ileso. Le pegué una patada en el hocico, con lo que conseguí liberarme. Ghuaf había conseguido esquivar al mastín. El gran perro era demasiado lento, pero solo era cuestión de tiempo que alguno de los mastines consiguiera morderle.
El tercero de los mastines se lanzó a mi yugular. Y acertó. Al instante se escuchó una gran algarabía, en la que se mezclaban los gritos de jubilo de los piratas que habían apostado en mi contra, los chillidos aterrados de las camareras y la ovación del público restante, sediento de espectáculo. Le pegué un fuerte puñetazo en la cara y le arañe el ojo. Luego le pateé, hasta que me soltó. Al instante se hizo el silencio. Estaba ileso. Y volvieron los gritos. Algunos vociferaban “¡Tongo!” y otros gritaban de la emoción. Les estaba ofreciendo un sublime espectáculo.
Me planté delante de Ghuaf, protegiéndole. Repelía los ataques de los asombrados mastines, que no sabían como reaccionar ante aquel extraño fenómeno. Uno de los piratas que había apostado en mi contra, me lanzó un cuchillo dirigido a mi pierna, que rebotó y se quedó tirado en la arena. Yo lo cogí y le saqué el dedo. Acuchillé a uno de los mastines, que retrocedió gimiendo. Me tenían miedo, pues ahora ellos no podían herirme, y yo sí.
En ese instante, miré a mi alrededor. Una cutre empalizada de poco más de medio metro definía la arena. No me costaría mucho saltarla, pero dudaba de que alguno de los piratas me ayudase a sacar a Ghuaf. Pero alguien me tendió una mano. Yo la cogí sin dudar y agarré a Ghuaf con la otra. Nos izaron a los dos. Los piratas se quedaron estupefactos. Pronto la sorpresa daría paso a la ira, había que salir de ahí.
-¿Qué haces Berthus? -dijo una voz.
-Ayudar al chaval -respondió mi inesperado salvador.- Venga, salgamos de aquí.
En ese momento, comenzó la ira.


-...el primer borrador lo escribes con el corazón, el segundo, con la mente.-
avatar
Títere
Conocedor del mundo
Conocedor del mundo


Hoja de Personaje
Nombre: Hans Boggart
Sexo: Hombre
Edad: 28

Volver arriba Ir abajo

Re: FIC COMUNITARIO

Mensaje por Old Medie el Miér Mayo 28, 2014 4:59 pm

Estábamos rodeados, con la espalda pegada a la ventana y con los piratas tapando la escalera. Todos habían sacado sus espadas, hasta Ríon.
Estaba preparándome para atacar, sin hablar, ya había acordado con Lonnrot que me encargaría de los de la derecha y él los de la izquierda. Me preparaba para acuchillar al que me tapaba el paso y poder así quedar frente a frente con El Capitán cuando la oí.

—Hermano ¿Me podrías decir por qué hay tanto alboroto arriba?

Esa voz, sólo podía ser de ella. Su cabeza coronada por su cabello rojo enmarañado asomó por las escaleras hacia el tercer piso ¡Era Estas!
Nuestras miradas no alcanzaron a juntarse pues un pirata se puso entre nosotros.

—Cariño, baja por favor —dijo El Capitán —. Estoy un tanto ocupado —No pude verla, pero debió haber visto lo que sucedía y luego bajó.

Si hacía cualquier movimiento, por pequeño que fuera, sería como accionar una ballesta: todos los piratas se lanzarían encima, agitando sus espadas con la esperanza de que su punta terminara por atravesarnos. No lo pensé mucho, lo sé, pero a mi favor podría decir que había soñado con encontrar a Estas por mucho tiempo, pedirle disculpas luego de que haya decidido ir por los talentos en vez de ayudarla a escapar. Además había sufrido mucho pensando en que había muerto. Tenerla en ese momento a unos pasos, si dejaba que se fuera quizá no volvería a verla.
Sin más hable.

—: Estas, soy Sven —dije cuando ella iba bajando las escaleras. Varios piratas mudaron su rostro de asesinos a confundidos. La hermana del Capitán me conocía.
— ¿Sven? —Estas subió los tres escalones que había bajado y caminó hacía nosotros. Le puso su mano en el hombro al pirata que nos separaba, él tipo se corrió sin más, entonces la vi después de tanto tiempo. Sonreí como un idiota luego de ver su hermoso rostro. Ella estaba estupefacta.

— ¿Ustedes se conocen? —preguntó El Capitán —. Hermana, ¿Conoces a este hombre?
—Sí, lo conozco —dijo Estas y en su voz no había ningún matiz, lo dijo fría y desapasionada. Mi sonrisa se borró al instante.
— Vine a buscarte —le dije, como si no pareciera obvio. Alcé la mano izquierda y la metí lentamente en mis bolsillos de la chaqueta. Las espadas de los piratas se volvieron a poner en posiciones mientras sacaba la mano de mi chaqueta. Saqué el rastreador y se lo ofrecí a Estas —. Te seguí hasta aquí.
— ¿Por qué? —preguntó, y su voz se mezcló con una pena que llevaba guardada quizá cuanto tiempo.
—Porque me di cuenta que debí haber escogido el otro camino. Debí haber ido contigo.

Estas tomó el rastreador y vio como la aguja, por mucho que lo moviera, siempre apuntaba hacía ella. Suspiró y se tragó la pena y las lagrimas que se le habían agolpado en los ojos. Me miró duramente y apretó el rastreador entre sus manos.

—Ahora es muy tarde —dijo con voz dura —. Es tarde. Si me hubieras ayudado quizá ahora mi amiga estaría conmigo, y no bajo tres metros de tierra, con doce flechas atravesando su cuerpo.
—Lo siento mucho —fue todo lo que atiné a decir —. No vi claramente, pero ahora sí.
—No, no lo haces, no debiste haber venido. Entiéndelo, ya es muy tarde —El silencio nos envolvió. Nadie dijo una palabra, no hacía falta que contarles como me sentía, era cosa de ver mi rostro destrozado.

Estas tiró al piso el rastreador y fue al lado de su hermano. Los piratas sonrieron y Lonnrot se pegó a mi derecha levantando la espada, me dijo en adémico que reaccionara, que me preparara.
Pude ver como Estas llegaba al lado de su hermano, él acarició su cabello con aire despreocupado mientras ella se ponía a su lado.

— ¿Qué harás con ellos? —preguntó Estas.
—Pensaba matarlos —contestó El Capitán.
—No. No los mates —dijo ella, pero no sonó como una petición sino como una orden. Varios piratas que aun sostenían sus espadas frente a nosotros miraron con los ojos entrecerrados a Estas. El Capitán iba a decir algo, pero la frase se quedó a mitad de camino cuando los piratas lo miraron.
—Lo siento Cariño, pero él y yo tenemos asuntos pendientes —dijo mientras tocaba su brillante talento con su dedo, señalándolo.
—Ese es el talento que te mencioné, el que estaba en el palacio del Maer en Severen. Te lo ha traído, perdónale la vida.
El Capitán miró a su hermana por un segundo, luego la soltó y dio un paso adelante. Los piratas volvieron a subir sus espadas, apuntándonos.
—Lo siento hermana, pero no me hice el más grande pirata de todo el Centhe perdonando vidas —Puso la mano sobre su talento mientras aun brillaba, entonces su moneda mostró su poder.

Aunque hasta entonces había visto el funcionamiento de los talentos, no dejaba de impresionarme cada vez que veía el poder de uno nuevo. El tiempo avanzó lento, pude notarlo. Estas le dijo— ¡No lo hagas! —Mientras él sonreía sin quitar la vista de mis ojos. Los piratas se apartaron, dejando más espacio del que él necesitaba para pasar. Estábamos a una distancia de unos cuatro metros, pero pude ver bien la magia del talento. Su mano, la mano que sostenía la moneda comenzó a trasparentarse, hasta que se perdió por completo, pude ver entonces su pecho hacer lo mismo, su piel, luego sus músculos y por último su ropa, todo se iba haciendo invisible. Fue una imagen terrorífica y no pude hacer nada más que observarla, estaba en impresionado, fue como un golpe. El talento consumió al Capitán, no de manera uniforme, sino que parte por parte, lo último en desaparecer de mi vista fueron sus botas negras y su sombrero. Para cuando desapareció del todo los piratas ya habían bajado sus espadas, estaba claro a quien me iba a enfrentar ahora, aunque no lo viera.

Cerré los ojos y me preparé.




:18:
avatar
Old Medie
Conocedor del mundo
Conocedor del mundo


Hoja de Personaje
Nombre:
Sexo:
Edad:

Volver arriba Ir abajo

Re: FIC COMUNITARIO

Mensaje por Bast el Miér Mayo 28, 2014 6:06 pm

El cuartel general de los piratas empezó a revolucionarse en cuanto Berthus agarró la mano del chico. Todos los piratas se lanzaron sobre nosotros. Estabamos rodeados y no me dio tiempo a quedarme en la retaguardia. Esa seria mi última vez en el frente, al menos, hasta que mi bebé naciera. Agarré a uno de los piratas y le golpee mandandolo contra la pared, la cual se rompió.

-"Mierda... tengo que aprender a controlar mi fuerza nuevamente"-Pensé mientras golpeaba a otros piratas.

Realmente me gustaba ser carnada ppr una vez en mi vida. Berthus y Alvan tampoco se veían en demasiados problemas. La duda era Shakiko. Mire hacia su posición. Se veía serena, quizás demasiado. Volvi a centrarme en los piratas que se me acercaban, posicionandome de manera que protegiera mi vientre. Fue entonces cuando un escalofrío me recorrió la médula espinal. Mi cara se desencajó y empecé a sudar frío. Unos gritos a nuestro alrededor indicaba que la carnicería de Shakiko había comenzado.

-"Esta niña es una monstruo. Nadie la tiene en consideración por ser una niña y lo usa a su favor. Es como dicen los rumores"-pensé algo aterrada.

El show de Shakiko acababa de comenzar
avatar
Bast
E'lir Simpatista
E'lir Simpatista


Volver arriba Ir abajo

Re: FIC COMUNITARIO

Mensaje por Albertet el Jue Mayo 29, 2014 12:30 pm

Es difícil decir el momento exacto en el que comienza una pelea. Un gesto rápido, alguien grita, un empujón, un cuchillo que sale de la nada, y en un momento estás envuelto en un mar de puñetazos, empujones, espadas que se desenvainan, machetes que cortan. Todo sucede muy deprisa.

Un instante después de sacar al chico del talento de la arena con los perros, empezó el ataque. He de decir que la primera embestida no la afrontamos mal. La muchedumbre nos empujó a un lado de la sala a Alván, al chico y a mí. Alván derribó a dos piratas, hiriendolos en el costado y en la pierna, el chico le rajó la cara a un tercero que se nos echaba encima. Un puñal oculto de Alván lanzado con precisión salió de su mano y fue a clavarse en la oreja de otro pirata, sujetandosela contra la pared. Aquel bruto seguía maldiciendo, pero estaba fuera de combate. Uno de los perros mordió a otro pirata que venía hacia nosotros en la mano, haciendole gritar de dolor.

Pero yo no soy guerrero, y a mí el combate no se me estaba dando tan bien. Si, podía parar las estocadas mortales con la espada que me dio el calderero, podía esquivar los puñetazos dirigidos a mi cara. Pero otros acertaban. Una espada me hizo un profundo corte en el brazo, un puñal estuvo a punto de amputarme un dedo.

-¡Alván -grité– tienes que matar a uno!. ¡Sólo así podrán funcionar las monedas!.

-Yo no mato sin necesidad, Berthus- respondió, mientras paraba una cuchillada y devolvía una estocada a su atacante, que cayó herido al suelo.

Me incliné hacia el herido. Levanté mi espada, dispuesto a matar…

- ¡Por el bien mayor!- grité

Pero no hizo falta que me convirtiese en uno de los Ciridae. Antes de bajar el arma mi talento comenzó a brillar con fuerza, absorbiendo la energía de un montón de piratas muertos.

En otro extremo de la sala, Shakiko había entrado en acción.

Y gracias a ella yo estaba preparado para actuar.
avatar
Albertet
Héroe de historias de taberna
Héroe de historias de taberna


Volver arriba Ir abajo

Re: FIC COMUNITARIO

Mensaje por Albertet el Vie Mayo 30, 2014 6:54 pm

Llamé al fuego. Gracias al talento el nombre vino a mis labios como el de un recuerdo agradable que había sido olvidado. Mis manos se iluminaron con un haz de llamas cada una. Arrojé el ardiente proyectil a la cara del pirata más cercano. La visión de sus ojos ardiendo y el olor a sangre y pelo quemado era repugnante, pero para mí era un espectáculo.

Las llamas prendieron al siguiente pirata que se abalanzó sobre Alván y al chico. Pero le dije al fuego apágate y el fuego se apagó. Los supersticiosos piratas se apartaron aterrados.

De pronto, la puerta por la que habíamos entrado fue derribada y entraron por ella docenas de guerreros, vestidos con la insignia del Capitán. Bajo sus camisas llevaban ferreas armaduras y portaban espadas de acero. Les seguían arqueros y ballesteros armados hasta los dientes. Y entonces supimos que todo un ejército estaba entrando dentro del edificio. Eran los guardias de élite de los piratas de Jumpui, aliados con los esbirros de Draconel. Sus órdenes eran no hacer prisioneros.

Me aparté de mis compañeros hacia una esquina de la sala cerca de las escaleras que llevaban a los otros pisos. Si quería que la nominación surtiese efecto no podía arriesgarme a hacerles daño. El fuego anterior casi había tocado a Alván y al chico. Desde ese punto veía la sala repleta de enemigos, y no solo eso, también oía ruido de lucha en los niveles superiores. Inspiré profundamente y me centré en los dos que venían hacia mí. Necesitaba la máxima concentración.

Ví claramente el nombre de ambos. Supe que uno de ellos había nacido en Vintas. Sus padres le golpeaban constantemente, tan fuerte que había tenido que huir a los doce años para mendigar en las calles de Severen. Con veinte años se hizo a la mar. Con veinticinco tuvo un hijo, que mataron los piratas. Su única opción de sobrevivir fue unirse a los corsarios y ganarse su confianza. Pensaba dejarlo dentro de unos años, cuando hubiera conseguido el suficiente dinero para regresar a Severen sin tener que vivir en las calles.

El otro era uno de los soldados del barón Anso. Harto de las humillaciones que el noble tenía hacia sus guardias había desertado de sus tierras y se había hecho pirata. En ese mundo feroz y sanguinario se sentía libre, y a la vez podía satisfacer sus deseos más crueles. Le gustaba torturar a sus prisioneros hasta que revelaban donde estaban todos sus bienes y después los mataba. Además traicionó a sus compañeros en varias ocasiones y lo volvería a hacer. Le gustaba esta vida y aspiraba a ser el hombre de confianza de Capitán.

Es difícil matar a alguien cuando se conoce su verdadero nombre. Toda su vida, desde su nacimiento hasta su muerte permanece en cada uno de sus sonidos; sus ilusiones, sus deseos, sus recuerdos, se hacen tuyos. Tienes el poder de destruirlos totalmente con una sola palabra: deshaces sus sílabas, cortas sus letras, dejas caer sus giros internos y la persona muere. Su sangre se llena de su nombre y abandona el cuerpo por el orificio más cercano. Puede ser la nariz, los ojos, el ombligo, la boca, cualquier herida es suficiente para llenar el charco de sangre que se forma bajo sus pies.

Yo no quería hacerlo, pero venían a matarme. Los soldados inundaban la taberna como si un mar de enemigos se colase por las puertas. Todavía quedaban muchos fuera del local y algunos eran arcanistas...

¡Por el bien mayor! - grité.

Dije sus nombres.

Y los dos piratas cayeron al suelo como si en ningún momento hubieran estado vivos.
avatar
Albertet
Héroe de historias de taberna
Héroe de historias de taberna


Volver arriba Ir abajo

Re: FIC COMUNITARIO

Mensaje por Old Medie el Sáb Mayo 31, 2014 10:16 pm

Pude oír la hoja desenvainarse, el cálido cuero contra el metal de la espada. Las botas dar un paso rápido y seguro, el peso del cuerpo balancearse de una pierna a otra. El silbar de la espada cortando el viento, directo a mi cuello.
Levanté la espada y detuve el golpe, pude sentir la fuerza del Capitán tras de ella y como soltó el aire de golpe al darse cuenta que podía verlo. Moví mi espada para separarla de la contraria, puse un pie en frente para no perder el equilibrio y apunté hacia pecho. La espada avanzó certera, lista para atravesar al Capitán. Pero no fue así.
La voz del Capitán retumbó en mi como una roca, pude oírlo hablar, pude escucharlo decir 'viento'. Me lanzó hacía atrás con la potencia de un fuelle. Salí disparado hacía atrás junto con Lonnrot, él pasó a través de la ventana, haciendo estallar el vidrio reforzado que la componía. Yo choqué contra la pared de madera del local, con la suerte de dar justo en uno de los pilares principales, sino hubiera atravesado la pared.

Tras de mí pude oír como crujía el pilar, luego el techo y luego toda la posada. Caí como un muñeco de trapo, pero sin dolor alguno. Abrí los ojos, pude ver las astillas de la pared y los grandes trozos de vidrio esparcidos en el piso. Oí el grito de Estas, ahogado entre el sonido de fondo del primer piso, comenzó a entrar mucha gente al local, pero no subían. Comenzaron a llamar al Capitán, en el sótano de la posada se había armado una gran pelea.

Una mano invisible me giró y quedé mirando hacia la escalera, donde estaba Estas y los piratas. El Capitán apareció entonces, como una ilusión frente a mis ojos. El verlo aparecer y desaparecer me recordó vagamente una historia de Tarbolin el Grande y su capa de ningún color, una historia en que con su capa podía volverse invisible a los ojos de los monstruos que lo atacaron.

—Con un demonio, de nuevo tendré que cambiar de local las peleas de perros. Detengan a quienes sean los que alborotan, no me interesan si los matan. Y que nadie ose robar un penique de dinero de las apuestas —dijo El Capitán.

Sus piratas bajaron, saliendo de mi campo de vista.

— ¿Lo has matado? —preguntó Estas.
— ¿Por qué te incumbe pequeña? Seguramente debe tener la espalda destrozada, las costillas rotas y los pulmones y el corazón astillados de huesos —dijo El Capitán, con sorna. A Estas se le agolparon las lagrimas en los ojos.
—Baja, vete de aquí ¿No oyes como está abajo? Ve al Jinete Oscuro, zarparemos luego en la noche.
—Henry, ya te dije que no me iría contigo. Menos a saquear en tu barco, dejaré esta isla cuanto antes, fue un error venir aquí.
—Haz lo que quieras hermana —dijo El Capitán.

Estas bajó las escaleras y la perdí de vista.
—Ya verá esa niña —dijo para sí el corsario.

Traté de mover mis manos sin que el Capitán se diese cuenta, era un excelente momento para coger mi espada y cortar su cuello. El pelirrojo se sacó el sombrero y se agachó, comenzó a revisar mis ropas y encontró mi talento. No pude hacer otra cosa sino asirla para evitar que me robara.

—Maldito, así que aun estás vivo —dijo El Capitán mientras levantaba su puño para golpearme con sus anillos. Fue entonces cuando volví a sentir el fuego y el poder del talento. Volvió el mismo sentimiento que con Lonnrot, un oleaje de fuego que te golpea con una fuerza arcana. El Capitán también lo sintió.

—¡¿Que has hecho?! —gritó El Capitán mientras daba pasos hacía atrás, con miedo.
Me puse de pie, fue un terrible error lo que había hecho, se había vuelto invulnerable igual que yo. Me llevé la mano al pecho, él tenía mi talento.

—Devuélveme mi talento —dije, con una convicción ferrea y un odio fuerte como la piedra.
El Capitán comenzó a respirar agitado, no dejaba de mirarme con sus ojos asesinos. Se agarró la cabeza, como si un fuerte dolor lo consumiera.
— ¡¿Cómo te has metido dentro de mi mente?! ¡Sal de mi mente! —gritó.
Estaba confundido, pensaba que mis recuerdos eran un ataque. Era preciso actuar cuanto antes. Empuñe mi espada, la del guardián de las catacumbas. Con ella podría cortar su cuello.

Me lancé hacía él mientras aun estaba confundido. Nuestras espadas chocaron, logró defenderse, pero era imposible que me ganase. Yo tenía la maestría de un Adem.
En menos de un minuto lo tenía en el piso y desarmado. Me miraba con odio, y yo también, parte de su odio ahora era mío gracias a los talentos.

Comencé a sentir el olor del humo, para ese momento abajo se podía sentir pelear a una centena de personas.
El Capitán me miraba fijamente desde el piso. Volvió a llamar el viento, pero está vez pude escucharlo fuerte y claro.

—: Aerlevsedi.
Aerlevsedi —repetí. Y frené el tornado que estaba a punto de salir de su boca. El Capitán quedó sin habla, con los ojos muy abiertos.
—Esa fue tu última palabra Morgan —dije. Levanté la espada listo para clavarla.
—¡Alto! —gritó una voz desde la escalera. Era un hombre, sostenía a Estas y le había puesto un cuchillo en el cuello —. Suelta la espada.
Me quedé muy quieto, bajé la espada y la tiré al piso.
—Draconel. Que gusto verte —dijo El Capitán mientras se ponía de pie.
—Aléjate un poco, lento. Así —dijo Draconel mientras me hacía retroceder de la única espada que podría cortar el cuello del Capitán Morgan.
—Abajo está el grupo que te mencioné. A él no lo había visto nunca, pero está claro que sigue lo mismo que ellos. Mátalo cuanto antes.
—¡No! —gritó Estas —. No lo hagas.
—¡Cállate! —gritó Draconel y la zamarreó.
—¡Hey! Cálmate, es mi hermana —dijo El Capitán. Me miró mientras se acercaba a su espada, había caído bajo una mesa. Antes de agacharse a recogerla decidió no hacerlo —. Sabes, acabo de notar que por mucho que intente cortarte con mi espada no lo lograré. Es más, también me di cuenta que es lo que hace que no te pueda matar —El Capitán se quedó callado un momento, pensando. Draconel aun sostenía a Estas.
—Hay que bajar Capitán —dijo Draconel.
—Dame un momento —le contestó él. Se acercó a mi, con las manos limpias. Me puso una mano en el hombro y me dijo —: No morirás hoy, pero te aseguro que será pronto. Antes de que te amarre a una roca y te lance al fondo del Centhe me harás ese mismo tatuaje que tienes —dijo señalándome el pecho, bajo el corazón —. Quiero antes que entiendas, que cualquier intento de arrancar será castigado con la muerte de Estas. Sé lo que ella significa para ti, y tú sabes que a mi no me interesa que sea mi hermana, sabes que la degollaré frente a ti. Lo sabes. Ahora vamos, conocerás mi barco. El Jinete Oscuro.
—Ya lo conozco —le dije. El rió.
—Es verdad —dijo —. Te encantarán las jaulas que tiene. No son cómodas, pero te acostumbrarás con el tiempo.


:18:
avatar
Old Medie
Conocedor del mundo
Conocedor del mundo


Hoja de Personaje
Nombre:
Sexo:
Edad:

Volver arriba Ir abajo

Re: FIC COMUNITARIO

Mensaje por Títere el Jue Jun 05, 2014 3:21 pm

Estaba aterrado. El hombre que me había sacado de la arena se había vuelto loco. Un montón de soldados habían estrado en el local. Una niña extraña devoraba a sus víctimas a un ritmo aterrador. Había fuego, gritos, sangre, espadas y humo.
Así que huí.
Agarré a Ghuaf, y me lancé en dirección a la puerta. Escuché como decían, “Coge al chico”, pero me perdí entre la multitud de soldados. Me derribaron de una patada. Ví como una espada descendía sobre mí. Pero rebotó en mi piel como si fuese de acero. Me incorporé y seguí corriendo.
Notaba como intentaban abatirme, pero no conseguían dañarme. Pero debía tener cuidado, pues Ghuaf no era invulnerable, podría resultar herido.
En ese momento un soldado cayó muerto delante mía, cortándome el paso. En el momento en el que saltaba por encima suya para huir de aquél infierno, ví como mí Talento brillaba con un resplandor rojizo. Pero no tenía tiempo para pararme a investigar. Alcancé la puerta, en ese momento no había nadie cortándome el paso, podría salir sin problemas. Pero un pirata con una lanza apareció en dirección a la pelea. Me vió, y yo ví como la sujetaba con ambas manos, dispuesto a clavármela. No paré, me lancé en su dirección. Me quedé clavado en el sitio, con la lanza atravesando mi estómago. No le había dado a Ghuaf por los pelos. Pero mi prodigiosa moneda había dejado de funcionar. Me moría.
“Qué poco duele la muerte”, pensé. El pirata sacó la lanza de mi estómago, sorprendido. No sangraba. No me moría. Me había atravesado como si fuese mantequilla, pero yo seguía en pie sin un rasguño.
Él se agarró el estómago, con la sorpresa pintada en el rostro. Cayó de rodillas mientras se desangraba. Murió.
Y yo salí del local, y me perdí entre las casas y callejones.


-...el primer borrador lo escribes con el corazón, el segundo, con la mente.-
avatar
Títere
Conocedor del mundo
Conocedor del mundo


Hoja de Personaje
Nombre: Hans Boggart
Sexo: Hombre
Edad: 28

Volver arriba Ir abajo

Re: FIC COMUNITARIO

Mensaje por Albertet el Miér Jun 11, 2014 9:32 pm

I

El poder- dije a mi auditorio en la posada Roca de Gaia- es un sentimiento extraño.   Hay personas que están acostumbradas a mandar, saben que cualquier orden suya será obedecida, tienen a su alrededor aduladores que se pelean entre sí por estar lo más cerca posible de quien tiene el poder. Ellos piensan que imponen respeto a los demás, cuando saben en su interior, que la palabra respeto quiere decir miedo. Miedo a la soledad de estar lejos del poder.

Hay personas que disponen de la vida de los hombres como si fueran objetos que cambian de sitio, como dibujos en la arena que ellos pueden escribir y borrar… Para estas personas la palabra mandar quiere decir matar.

Pero las personas más peligrosas son aquellas que nunca han tenido poder. Cuando por alguna razón adquieren un dominio temporal sobre los demás, su delirio crece dentro de su mente y se hace tan grande que para poder soportarlo necesitan demostrar continuamente su poder. Para estas personas el poder significa destrucción… y acaba devorandolas a ellas mismas junto con aquellos que tienen más cerca.

Esto me sucedió a mí aquel día en que el poder del talento me hizo descubrir la fuerza de los nombres. De Berthus el estudiante y Berthus el vendedor de denner había pasado a ser Berthus el Arcano que conoce el nombre de todas las cosas, Berthus el Grande, Berthus el nominador y el modelador… no sabía que pronto sería Berthus el loco.

Llamé al rayo, y su poder salió de mis manos. Una fuerte descarga de electricidad atravesó uno de los pasillos ocultos de la taberna y mató a varios piratas con un fuerte estruendo.

Todos los ruidos cesaron. Incluso Meiko y Alván se volvieron a mirarme. Shakiko asomó la cabeza detrás de su montaña de cadáveres. Yo reía y les miraba con satisfacción.

De pronto,  de la escalera que daba al piso superior del edificio bajó una horda de piratas que se desplegó por la habitación, sumandose a la lucha. Cada uno blandía dos espadas y varias armas suplementarias que los hacían mortíferos. Eran la guardia de élite del Capitán. Volvían a acorralarnos pero no por mucho tiempo.

Dos ballesteros me apuntaron desde una abertura en el piso superior. Rápidamente pronuncié el nombre del hierro, y las saetas metálicas de sus ballestas se dispararon hacia mí para detenerse en el aire y, sin detener su movimiento, dar la vuelta clavandose en la frente de aquellos que las habían disparado.

Yo reía de forma histérica, atrapado por el delirio. ¡Por el bien mayor!

Los guerreros que aparecieron en lo alto de la escalera no llevaban armas. Eran arcanistas. Uno de ellos preparaba un vínculo simpático mientras el otro me lanzó una botella de ron directamente hacia mí.

El primer arcanista vinculó el calor de su cuerpo con el ron que se movía dentro de la botella. La reacción exotérmica del líquido y la concentración de su mente hizo que estallara en llamas una vez hubo pronunciado el vínculo simpático. El segundo arcanista pronunció el nombre del fuego aumentando el poder del ataque y convirtiendo la bola ardiente en un auténtico muro de llamas.

Sólo el talento actuando a plena potencia y alimentado por las inútiles muertes de aquel día pudo salvarme en esa situación. Mi mente pronunció rápidamente el nombre del agua formando un enorme disparado a presión desde mis ojos. Esta gigantesca lágrima hizo una ola y engulló el muro de fuego dando lugar a una espesa niebla.

Sonreí. Dije sus nombres y esperé a ver como su corazón dejaba de latir. Sus inútiles vidas no significaban nada para mí, eran meros alimentos para el poder del talento. Pero no pasó nada.

¿Cómo no me había dado cuenta? Si ambos eran arcanistas quería decir que tenían un gram que les protegía de la nominación. Cualquiera de mis ataques directos no daría resultado alguno…

Mientras pensaba esto volví a llamar al rayo y electrocuté a cinco piratas que se acercaban a mi posición. – Cómo osáis acercaros a Berthus- grité a los cadáveres. – Merecíais la muerte-  Pero volvamos a los arcanistas que ya preparaban un nuevo vínculo simpático. Ahora sabía lo que debía hacer.

Dije con mi poderosa voz el nombre de la madera. Ràpidamente la barandilla que protegía la escalera se partió en dos y cayó sobre los gruesos escalones. Dos piernas talladas aparecieron de cada uno de los trozos, que fue creciendo y engordando hasta convertirse en una figura humana. A los engendros les crecieron varios brazos a una orden mía. Ahora se erguían hasta medir dos metros.

A mi orden las estatuas de madera vivientes se lanzaron hacia los arcanistas que desorientados por mi primera creación como modelador vacilaron. El miedo cerró su mente y sólo pudieron huir mientras aquellos monstruos les perseguían.

Que huyeran. Ya acabaría más tarde con ellos. Pero más piratas se unían a la lucha y todos fueron cayendo en las manos de nuestro letal grupo. Mi delirio creció. Era capaz de acabar en un instante con todos los piratas de la taberna, con todos los piratas de la isla. O mejor aún, era capaz de acabar con todo el mal en el mundo gracias al poder de los talentos. Eso pensaba yo y no sabía entonces que mis fantasías eran tan inútiles como intentar robar la luna.

Decidí subir al piso superior y perseguir a los arcanistas. Las muertes que causaba Hachiko me daban nuevas energías para matar. Atravesé pasillos, maté enemigos con sólo nombrarlos, olvidé la búsqueda de los talentos, me olvidé hasta de mí mismo y sólo pensaba en acabar con aquellos dos que se habían atrevido a desafiarme y seguían con vida. Más de doscientos piratas murieron aquel día.


II


Descubrí a los piratas arcanistas. Tras una complicada búsqueda subí a los últimos pisos, dejé atrás las habitaciones y ascendí por las escaleras hasta una plataforma de madera, por encima de los tejados.  El sol de la tarde caía sobre las calles de la ciudad pirata, finalizando el día en la isla de Jumpui. Los barcos se balanceaban suavemente en el horizonte dentro del puerto.

Allí estaban, sudorosos, tras haber vencido a mis criaturas de madera, mirandome fijamente, sabiendo que no podrían escapar, pues aunque eran poderosos, yo tenía el talento de inmenso poder. No dejaba de vigilar sus movimientos. Sabía que el primero de los dos que abriese los labios para pronunciar una palabra sería el primero en morir.

Pero yo,  Berthus el Arcano conocía los nombres de todas las cosas, y por encima de todas ellas el primero que había aprendido y sobre el que tenía más poder: Aerlevsdi.

Un enorme tornado que no tenía fin, pues era tan grande como mi delirio, bajó de las nubes y oscureció el cielo. Los pájaros fueron atrapados por una inmensa ráfaga de aire que rompió cristales y arrancó árboles, trayendo consigo la lluvia y el rayo. Los arcanistas no tenían nada que hacer y fueron derribados por el poder de la tormenta.

El sol ya no se veía, sólo la tremenda columna de aire que partía de mí y se elevaba hacia el cielo. Parecía que se hubiera hecho de noche en unos segundos, pero era una noche sin estrellas.

Esa columna de viento llegó hasta más allá del cielo dónde vigilan los verdaderos Amyr. Y atrajo la atención de Tehlu de rostro severo. Y atrajo la atención de Sélitos y los Ciridae. Y atrajo la atención de los Siete, enyuntados a las sombras. Y atrajo la atención de los Cantantes y de los Sithe. Y atrajo la atención del Ctaeh, atrapado en lo más profundo del reino Fata.

Y atrajo la atención del omnipotente Aleph.. que leyó en mi mente… y pronunció mi nombre…

Y así caí inconsciente, con mi mente rota,  en mitad de aquel tejado de Jumpui, a merced de los piratas que quedaban vivos.

En lo alto la tormenta cesó y el sol se puso, dando paso a las estrellas.
avatar
Albertet
Héroe de historias de taberna
Héroe de historias de taberna


Volver arriba Ir abajo

Re: FIC COMUNITARIO

Mensaje por Old Medie el Mar Jul 22, 2014 10:31 pm

La oscuridad. El crujir de la madera húmeda, el invernal viento recorriendo la celda, el hambre que como un perro me mordía las entrañas... la oscuridad.

El vaivén del barco me había molestado los primeros días, perdía el equilibrio constantemente, pero terminé acostumbrándome a él.
El frío del mar en los días de invierno era terrible, y sin abrigo ni fuego se adhirió a mi como una mierda a la bota. Las primeras noches me castañeteaban los dientes y me temblaban las piernas, y con el pasar de los días las manos se me amorataron y no importaba si me arropaba con aquella sucia manta o no, siempre tenía los pies fríos como piedras.

Y el hambre, la jodida hambre que sentí desde que zarpó el Jinete Oscuro. Me obligaron a sobrevivir a base de pan duro y sobras dependiendo del día, y un poco de agua sucia o rancia. Mientras, cada noche desde arriba llegaban aromas exquisitos a ganso asado, cerdo al jugo o pato aderezado, fruta y vino, aguardiente y queso maduro, sopas y caldos. Llegué a un punto donde no sabía si los aromas eran reales o mi mente en su búsqueda desesperada traía recuerdos de cenas pasadas.
Pero lo peor de todo era la oscuridad. Me lanzaron al Olvido, una celda escondida en lo más recóndito del barco, no era más que un pequeño cuadrado frío y húmedo, sin lecho, sin siquiera un balde. Todo lo que había era un poco de paja en una esquina y madera negra y mohosa por todas partes. Una vez se cerraba la puerta, la oscuridad te envolvía como si estuviera en el fondo del mar. Cerrar los ojos o mantenerlos abiertos era lo mismo. El carcelero entraba de cuando en cuando con una bandeja de madera con algo de comida, iluminado con solo una vela. Siempre sentía cierto agrado ver la luz, pero me dañaba la vista, me obligaba a girar la cabeza, y debía conformarme con mirar las tenues sombras en las paredes.

Hablaba en voz alta sólo por la necesidad de oír una voz. Me reprendía por no haber luchado mejor, por no haber hecho algún movimiento inteligente que me hubiera ayudado a salir de ahí.
En la negrura veía el rostro de Estas enmarcado por sus rizos rojos pidiendo ayuda en la torre de Caudicus, si la hubiera elegido a ella en vez de los talentos aquella noche, todo sería muy distinto ahora.
Comencé a tener pesadillas, venían a mi como moscas a la muerte. Veía el rostro de Estas convertirse en el del Capitán, sus rizos se caían como carne podrida de su rostro y poco a poco le crecía una turbia barba como tentáculos salpicados de sangre, de pronto la miraba a los ojos y era él. En la frente le brillaban los talentos, seis formando un circulo y el septimo en el centro, brillaban como soles. Su barba era espuma roja y su boca salía viento y piedras. «Esas monedas solo traerán pesar» me decía con la voz de Caudicus. «Los talentos están malditos, eres su marioneta, te usaron para unirse» me decía con la voz de Lonnrot.
Cuando despertaba sus palabras eran ecos que oía sin cesar.

Así estuve, por casi un mes aproximadamente, sin luz no podía marcar las paredes pero cada vez que entraba el carcelero yo contaba un día. Lo sentí como toda una vida; el peor castigo que me han dado después de aquel día en que perdí la mano y si sobreviví fue porque el tatuaje de las runas me aferró con su magia a este lado de la puerta, aunque me gusta pensar que fue mi convicción o mi sed de venganza, pero no. La verdad es que mi mente aquellos días era como un pozo negro del que salían pensamientos negros, a veces pensaba como Lonnrot, a veces como el Capitán, a veces como yo y aveces como una mezcla de los tres. El hambre me hacia delirar, no sabía si era de noche o día, sin botas, sin camisa, sin más abrigo que mis pantalones. El moho creció lentamente por mi ropa y si no morí resfriado fue por que era inmune a las enfermedades, pero el frío, el frío era algo muy diferente. Nunca llegue a apreciar realmente un fuego después de haber pasado por eso.


CAPITULO ????


Aquella mañana me había mordido las uñas para cortarlas, las tenía larguísimas como las garras de un animal. Hablaba conmigo sobre los movimientos discordantes del violín de troupe. Ellos solían darle un toque Ruh que bordeaba la disonancia y siempre me había cautivado como tenía cierta armonía. Movía mis manos, mientras tocaba mi violín de aire y humo. En la oscuridad recordaba aquel violín que había visto una vez en Modeg, era de una madera negra con vetas grises, nadie sabía a ciencia cierta que madera era. En el palacio donde lo había visto, el conde bromeaba y hablaba medio en serio sobre su origen: «Está hecho de madera de barcos hundidos» había dicho. Lo tocó para nosotros, sonaba como si Tehlu me hubiera dado un abrazo fraterno, como el beso de una madre. No me dejó tocarlo.
Movía mis manos, tocaba aquel violín y su sonido me partía el corazón.
Oí las llaves en la puerta, su sonido metálico me sacó del trance. La pesada puerta de robre chapada en acero se abrió y la luz deshizo el Huargo Negro nuevamente en humo. Entraron dos figuras.

—Que Encanis se lleve mi alma ¿Que hizo este desgraciado para que lo tengan así? —preguntó el de la lámpara, tenia un acento ceáldico.

—Intentó matar al Capitán —dijo la otra figura, por su voz anciana noté que era el carcelero. Una risa agria salió de lo más profundo del ceáldico.

—He recorrido todos los mares con El Capitán y nunca lo vi mantener prisioneros a sus enemigos. Te debe querer para algo bueno —El ceáldico sonrió mostrando una hilera de dientes amarillos.

—Vamos, te traje para que lo sacaras, no para que te burles —dijo el carcelero—, muévete.

El pecho se me inflamó de esperanzas, me iban a sacar de esa asquerosa celda, incluso, tenia una chance de huir. Pensé en quitarle la espada al ceáldico y rebanarlo con ella, al viejo lo hubiera puesto en la celda y tirado la llave al mar, lo pensé en lo que se tarda dar un respiro, y lo hubiera hecho, pero el hambre y el frío me habían reducido. Si bien por fuera me veía fuerte y no había perdido ni un gramo de mi peso gracias al talento, por dentro estaba famélico y débil, como un niño abandonado en el bosque.

El de la lámpara me levantó sin esfuerzo, como si no pesara nada.
—Ponte de pie —dijo, y trate de hacerlo pero caí sobre mis rodillas—. ¡Ponte de pie! —gritó y me levantó sujetándome de mi largo cabello. Sentí el dolor y trate de gritar, pero tenía la garganta seca. Mis piernas entumecidas trataron de sostener mi peso, pero estaban muy débiles. Ni siquiera recordaba cuando fue la última vez que me había mantenido de pie.

—Anda, cógelo del brazo, yo del otro. Este no se va a poner de pie ni aunque su vida dependiera de ello —dijo el anciano.

—Maldito atajo de gusanos. Si hubiera querido arrastrar sacos me hubiera quedado en la cocina, al menos el olor allá no es tan asqueroso —dijo cerca de mi cara, a tiempo que me sujetaban por los brazos y me arrastraban fuera del Olvido.

—Joder, apestas más que Peep —dijo el gordo mientras me arrastraban. El otro rió—, si Peep no se cayera al mar de vez en cuando, nunca se bañaría.

Me sacaron de la diminuta, húmeda y lóbrega celda. Subimos varias escaleras de peldaños torcidos y de madera podrida hasta que la luz de las lamparas en las paredes pasó de ser una o dos antorchas a docenas. Cerraba los ojos y los abría lentamente para poder ver a donde iba, pero su luz me encandilaba, sólo sabía que me alejaba de aquel maldito lugar.

—Déjalo aquí —Oí junto con el chirrido de los goznes de una celda.

— ¿Por qué no está puesta la cerradura? —preguntó el ceáldico, su voz salía de su ancha barriga y sonaba como barítono. Abrí los ojos tratando de acostumbrarlos a la luz.

—No tiene, en parte porque no hace falta, y en parte porque se me perdieron las llaves —dijo el viejo a tiempo que se rascaba la barba descuidada—. Pasa. No te preocupes por ese, es el arcanista roto —Me arrastraron hasta dentro de la nueva celda, en una habitación mucho más iluminada y seca.

— El idiota que se lanzó del techo.

—Sí, mató a dos guardias cuando cayó sobre ellos. El Capitán dice que fue él quien comenzó todo en el sótano, pero no creo. Es cosa de mirar sus ojos de cordero degollado, para mi que es un tonto que pasaron por arcanista porque el real se les escapó, pobre.

—Aún así deberías mantener esta celda cerrada. ¿A que clase de carcelero idiota se le pierden las llaves? —dijo con aire resuelto el hombre, apagó la lámpara y el delgado hilillo negro del humo apestó la habitación.

—Una llave es pequeña, se puede perder en cualquier lado. En cambio un niño... ¿A quién se le pierde un niño? —el viejo soltó unas buenas carcajadas. Aún no podía ver del todo pero podía oler a alguien más aparte de los dos piratas. También se escuchaba el mar, y entraba el blanco sol invernal por mi derecha.

—Cuando encuentre ese mocoso... Esta vez le cortaré los talones para que no escape, me pagarán menos por un cojo pero disfrutaré ver su sangre ente mis dedos.

—Acéptalo, se escapó hace semanas, se debió lanzar al mar. Nadie puede llevar tanto tiempo escondido en el Jinete Oscuro.

Me dejaron caer en el piso, no estaba tan frío como el de la otra celda y lo agradecí enormemente, trate de sentarme, con las manos esposadas me fue difícil. Me pegué a la pared y me quede quieto.

—No subestimes el tamaño de un buque. Además, si se me escapó es porque tus cerrojos están igual de viejos que tú.

Abrí los ojos para recibir por primera vez en mucho tiempo el sol en el rostro. Fue delicioso. Los dos piratas continuaron su conversación fuera de la celda. La habitación donde me habían dejado era amplia y estaba seguramente unos dos pisos bajo cubierta, el sonido del mar era fuerte y el sol entraba por varias ventanas redondas dispuestas en corredera.

Me trajeron el primer jarro de agua limpia que había probado en mucho tiempo. Tomé apresurado y el agua escurrió por mi barba sucia. También alimentaron al hombre postrado que comía instintivamente. El viejo pirata que se encargaba de las celdas solía hablarle, pero el hombre le contestaba frases inconexas como si creyera estar en otro lugar y momento. Aun así el viejo me dijo que era el mejor conversador del barco, escuchaba todas sus historias marinas sin queja alguna.
Cuando la noche llegó cené sobras de pollo y patatas a medio quemar. Me comí todo como si hubiera sido ambrosía. El hombre me miró un par de veces sin entender que hacia ahí.

—Con dinero todo se arregla, yo tenía mucho de eso. Pero las sanguijuelas de la Universidad me lo arrebataron todo —me dijo en un tono como si mantuviéramos una conservación en un café—. Pero ese idiota que me vendía el Denner no apareció más, y tengo que apañarme con lo que me queda, ¿Dónde esta? ¡¿Dónde esta mi bolsa?!

El pirata se sentó desde fuera de la celda y serenó al hombre contando una historia mientras vaciaba una botella de vino, sus cejas de espuma subían y bajaban mientras nos contaba como encerraban al ladrón de la luna tras las Puertas de Piedra, y como la nívea dama no volvería a ser nunca más la misma. El hombre se durmió al cabo se un rato, aunque con los ojos abiertos al parecer.

—Iré a ver como el sol se ahoga en el mar —dijo el viejo al ponerse de pie, luego de terminar su historia—. Siempre me han gustado los atardeceres, ¿Te dejo el vino?

—Sí, gracias —dije.

—Tu puedes verlo desde la ventana. Disfrútalo —Se acercó hasta los barrotes y me tendió la botella. Le di un largo sorbo, el pirata me miraba con tristeza—. El Capitán está impresionado luego de que le fuera la noticia de que seguías vivo. Dijo que en cuanto llegáramos a la costa te mataría.

Tragué el vino que saboreaba y miré al pirata mientras salía de la habitación.
— ¿Y cuando llegaremos a la costa? —pregunté pálido.

—Mañana.


CAPITULO ????


La noche acudió como siempre pero por primera vez en mucho tiempo pude verla a través de la ventana redonda de la celda. El atardecer había teñido el firmamento de un rojo sangre mientras las estrellas aparecían por miles en el cielo invernal. Lamenté no poder ver la luna que aquella noche se había ausentado, y me entristecí pensando que nunca más iba a volver a verla.
Me habían esposado las manos. Estaba débil. Era imposible escapar del buque sin tener que pelear, y aunque la celda no estaba cerrada seguía encerrado en ese barco gigante, con mar en todas direcciones. Aquella noche hubiera sido mi última... Si no hubiera sido por ese niño.

CAPITULO ????

No había podido dormir, sabía que tenía poco tiempo y a la vez sabía que no podía hacer nada.
Estaba sentado en el piso de la celda a un costado del camastro y con una gruesa manta de lana, apoyando la espalda contra los gruesos tablones del buque. Le había ofrecido el resto del vino al hombre que reposaba en el camastro como un muerto en vida, pero no hizo amago de moverse. Una vela en la mesilla del carcelero era lo único que impedía que la noche nos devorara con su faz. El viejo pirata se había ido a cenar junto con el resto de la tripulación. Estábamos solos. Cerré los ojos para poder dormir.

Había logrado dormitar por algunos minutos, pero unos susurros me habían sacado del sueño.

—Hey, soy yo. Ven hay que salir de aquí. Hoy es el día... Vamos levántate... Vamos, ponte de pie.

Abrí los ojos. Era un niño de unos catorce años, tenía la piel blanca salpicada de mugre y unos rizos rubios arrancaban de su capucha negra.

—Oye, niño ¿Qué haces? —pregunté con voz tranquila. Al oírme el chico se sobresaltó asustado, estaba apoyado en el camastro tratando de levantar al hombre. Se puso en posición de combate y me apuntó con un cuchillo de mesa que había afilado rústicamente hasta convertirlo en un puñal.

—¡Quédate en donde estas! —susurró con fiereza—. Si te mueves te apuñalaré tanto que hasta los piratas sentirán náuseas al verte.

— Calma niño. No te haré nada —dije sacando las manos de la manta, le mostré las esposas pero pareció no importarle que no pudiera mover las manos libremente, seguía siendo una amenaza para él—. Baja el cuchillo, por Tehlu te podrías hacer daño.

— ¿Hacerme daño? Se usar muy bien el puñal. Si osas moverte te lo demostraré. ¡No te nuevas!

—Calma, sólo me estaba acomodando.

—He matado a muchos hombres, no tengo problemas en matar a otro.

—Esta bien, te creo, te creo. Bajaré lentamente las manos. No me voy a mover, no te preocupes —El chico, sin perderme de vista comenzó a hablarle nuevamente al hombre postrado pero éste aunque estaba despierto no se levantaba.

—No se levantará, niño, ha perdido la cabeza.

—Cállate, nadie te ha pedido la opinión... ¿A qué te refieres con perder la cabeza?

—A que su mente se ha echado a volar. No se va a levantar de ahí, no es bueno para seguir instrucciones, además ¿A dónde pretendes llevarlo?

—A tierra —dijo decidido.

— ¿Cómo? —pregunté unos segundos después, ocultando mi completo interés.

—Eso no es asunto tuyo.

El chico siguió tratando unos minutos. Comenzó a preocuparse, miraba a la puerta, en cualquier momento terminaría la hora de la cena. Al fin decidió que lo mejor sería echarse el hombre al hombro y arrastrarlo como un saco.

— ¿Estas seguro de que podrás salir sin que nadie te vea? —pregunté. El chico continuó tratando de alzar al hombre, sin éxito—. Escucha, yo puedo cargar a tu padre fuera del barco, sólo te pido que me saques de aquí también. En tierra no te molestaré más —Mientras hablaba me puse de pie lentamente.

— ¡Quédate donde estas! —Bramó el chico, tenía tomado con los dos brazos al hombre y no podía sacar su cuchillo de la capa.

—Mírate, si no te ayudo los atraparán. Te quedarás encerrado junto con tu padre para siempre.

—Yo no me quedaré encerrado. Ninguna celda puede conmigo. Además, el no es mi padre. Él... Él me salvó la vida.

Callamos por un momento, el chico estaba decidido a devolver la mano a quien le salvó la vida. Un gesto muy noble para un crió.

— ¿Eres el chico que se le escapó al gordo ceáldico?

—Sí, dos veces —su rostro se estaba colocando rojo por el esfuerzo.

—Escúchame, yo no soy pirata. Mi nombre es Sven de Berezán. Soy solo un músico que se metió en el lugar equivocado. No te haré daño, sólo quiero escapar igual que tú. Ayúdame a salir y yo te ayudaré a cargar a este tipo.

El chico se lo pensó un momento, sabía que no iba a poder escapar solo. Me miró por unos segundos y meneo la cabeza en afirmación.
—Esta bien. Pero a la menor vacilación te apuñalo.

Asentí. Me levanté trabajosamente sin hacerle notar que apenas me podía el cuerpo. Hice toda la fuerza posible, tomé al hombre y crucé su brazo a través de mi cuello y lo alcé. No se sentía tan pesado, al parecer la comida y el vino me habían ayudado a recuperar fuerzas. Un tibio calor me recorrió el cuerpo luego de que me hubiera puesto de pie. Me pregunté cuanto duraría.

Salimos a un pasillo, luego otro, una puerta y luego un largo corredor. El chico iba a la cabeza, abría las puertas cerradas con unos alambres y se movía como una rata por el buque. Cada vez que avanzábamos me sentía un poco más fuerte, las energías volvían a mi cuerpo «¿Qué es lo que me pasa?» pensé. Pasaron unos minutos que me parecieron eternos hasta llegar a cubierta.

El barco no avanzaba, estaba quieto como un muerto bajo la noche. Y el mar estaba tan calmo que parecía una laguna perpetua, las estrellas se reflejaban en sus aguas como un espejo y apenas iluminaban la cubierta del buque, hacían que la madera tomara un tono plateado y que los huesos dibujados en las velas negras cobraran vida.

— ¿Ahora qué? —pregunté al chico. Estar cerca de él me había hecho recuperar las fuerzas, algo tenía él que me hizo despertar del sueño aletargado que me había dado en las celdas.

—Hay una pequeña barcaza con la que van a tierra por provisiones o a pescar. Esta delante —el chico apuntó a popa y se quedó pegado a la puerta que acabábamos de cruzar, escuchando el silencio de las estrellas y el mar, bajó la mano y retrocedió.

—Vamos —dije apremiante.

—No —susurró.

— ¿Por qué? —susurré también, molesto—. Estamos tan cerca.

—Algo esta mal. Miró hacia el palo mayor. Luego a la oscuridad de la segunda salida a cubierta—. Nos tardamos demasiado. Ellos están aquí.


CAPITULO ????



La sangre se me heló. Solté sin querer al hombre que cargaba pero extrañamente apoyó los pies en el suelo y se quedó de pie a mi lado. Lo miré, seguía teniendo los ojos muy abiertos, pero algo había cambiado en ellos.

—Así que algunos prisioneros pensaban escapar —dijo una voz desde la penumbra.

El fuego comenzó a arder en una antorcha de madera, luego se encendió otra y otra hasta que la cubierta se iluminó por completo.
Ahí estaba Murena, el pirata que había logrado escapar cuando atacaron la barca comerciante en la que viajaba a Junpui. El Capitán Morgan no se veía por ningún lado, tampoco Estas. Apreté los puños y traté de recordar el ketan, pero no pude, los recuerdos de Lonnrot se difuminaban en mi mente como sueños luego de despertar. Sin el poder de los talentos no podía recordar.
Junto a Murena habían demasiados piratas para mi gusto, hombres de mar y tierra con la muerte brillante en la ojos. Sus sables, dagas y cuchillas pendían de sus cinturones listas para practicar su justicia. Comenzaron a rodear la cubierta para que no saltáramos al mar. La única espada que podría matarme era la mía, y la portaba el Capitán, así que no temí. Di un paso adelante, Murena sonrió, varios piratas desenvainaron sus espadas.

—Corre chico. Sal de aquí. Los detendré —dije. El niño envuelto en trajes negros me miró de reojo, siguió a mi lado sin mover un músculo. Pensé que estaba muerto de miedo pero me contestó.

—: No podrás detenerlos ni un segundo. Te matarán en lo que te tardas en dar un suspiro. Corre tú con él, a mi no pueden hacerme daño alguno.

— ¿De qué hablas mocoso? —dije extrañado.

El chico metió su mano dentro de su capa y sacó un talento de oro. Lo apretó fuerte y me miró molesto.
—Anda, ¿Sigues aquí? Vete.

No lo podía creer. Ver un talento en su mano fue como ver a un Ciridae con espada en mano, listo para imponer justicia. La esperanza  destelló en mi pecho como un fuego, podríamos escapar.

—Yo sé... lo que hay... que hacer.
La voz provino de mi espalda, me asuste por un instante, era el hombre, tenia un momento de lucidez. Aquella frase estaba llena de tanta seguridad que tuve que poner atención.

— ¿De qué se trata? —dije mientras los piratas desenfundaban sus espadas.

—Dame... el cuchillo —estiró la mano temblorosa hacia el chico.

El niño lo miró debatiéndose internamente. Los piratas hablaban entre ellos y soltaban risas, uno de ellos pateó sin querer una botella de ron mientras se acercaba a nosotros y el fuerte olor del licor emanó como un fantasma. Las espadas destellaban como plata oscura y podía oírlos apostar quien tomaría la muerte de cada uno de nosotros.
El chico le entregó el cuchillo al hombre medio loco, el lo sopesó por un momento en su mano como si quisiera averiguar su peso y cuantas trazas de cobre y estaño se necesitaron para hacer ese pequeño cuchillo de bronce. Lo apuñó con fuerza y me miró con unos ojos desprovistos de toda cordura.

—Apenas la suelte coges la espada, necesito que le cortes la cabeza ¿Me oyes? debes cortársela.

Abrí la boca para decir algo pero él levantó la mano con la que agarraba el cuchillo, soltó unas palabras como si conjurara a un demonio y se clavó el pequeño cuchillo con forma de puñal en la mano. Di un paso atrás asustado y automáticamente un gritó a mi espalda me hizo girar la cabeza. Él pirata que estaba más próximo a mí soltó su espada mientras se apretaba la mano contra el pecho, tenía un orificio en la palma que le atravesaba la mano derecha y hacía brotar su sangre a chorros.
Puse un pie firme en la cubierta y me lancé por su espada, la tomé con mis dedos que ahora eran fuertes y levanté la espada, el pirata que se sujetaba la mano retrocedió asustado pero no alcanzó a esquivar el corte de su propia espada. Cercené su cabeza con todas mis fuerzas, corté los músculos y la traquea. Su cuello se abrió hacía atrás y su cabeza quedó colgando de la poca piel que no alcancé a cortar. El cuerpo cayó hacía mí y su sangre me manchó el pecho descubierto y los pantalones. Su sangre estaba caliente como vino especiado y puesto en el fuego de una chimenea. Los pies se me calentaron después de tanto tiempo.

Los piratas estallaron en gritos de insultos y batalla mientras recibía los primeros espadazos, la luz del talento brillaba en las manos del chico y el hombre que lo sostenían a la vez.
Apuñalé al siguiente hombre pero no oí su grito de dolor, de su voz salió un sonido que no era humano. Era el Huargo Negro que salió hecho humo de su boca, su música era afilada como sus colmillos de humo, tibia como su pelaje de humo y destructiva como lo fui yo aquella noche en que recuperé mis fuerzas y maté a cinco hombres en menos de un minuto.

La campana de cubierta comenzó a sonar y un fuego alto, amarillo y rojo subió a mas de tres metros tomando a varios hombres. De las puertas comenzaron a salir piratas en todas direcciones, con sus espadas y sus rostros torcidos de miedo y rabia. Miré a todos lados buscando a Estas o a Morgan. Apreté la espada mientras miraba la escena, el fuego le había dado un color más vivido a todo y su calor me recordó que estaba vivo.


:18:
avatar
Old Medie
Conocedor del mundo
Conocedor del mundo


Hoja de Personaje
Nombre:
Sexo:
Edad:

Volver arriba Ir abajo

Re: FIC COMUNITARIO

Mensaje por Albertet el Mar Ago 12, 2014 5:36 pm



Oscuridad. Mi mente estaba rota en pedazos. Las letras que formaron un día mi verdadero nombre estaban borradas de mi cabeza. Oía cosas pero no las entendía, veía rostros, pero no los reconocía como humanos, sentí que alguien me subía a un barco pirata, pero no sabía lo que era un barco pirata. ¿cómo iba pues a defenderme?

No sé cuanto tiempo estuve en ese naufragio de mis pensamientos. Tener un pensamiento coherente era como intentar robar la luna. Pero seres que no conocía me alimentaban y me mantenían con vida. Si hubiera estado más cerca de la Universidad quizá esos seres me hubieran llevado a las Gavias, una cárcel para arcanistas que se han vuelto locos. Porque eso estaba yo, loco y sin ningún remedio humano a mi alcance.

Gracias a ti, Cöen, que apareciste a tiempo. Estando en la cubierta del barco, rodeado de decenas y decenas de piratas listos para matarnos, en el barco más grande que nunca haya visto, me pusiste tan cerca el talento que casi lo podía tocar. Quizá fue sin querer, pero con ello nos salvaste la vida a todos. El talento permitió juntar los pedazos de mi mente, y con ello el conocimiento de dónde estábamos.

Sven, Cöen y yo nos encontrábamos en un grave peligro. Rodeados por los piratas y de entre nosotros, sólo Cöen estaba armado. Hice un rápido truco de simpatía y con eso conseguí apuñalar la mano de uno de los más próximos.

- Coge la espada- Le dije a Sven, al que veía sucio y delgado pero fuerte. – Necesito que le cortes la cabeza... debes cortársela-

Cuando el pirata soltó el arma gritando de dolor, Sven la cogió y se preparó para el combate. Su primer movimiento fue cortarle la cabeza a aquel corsario, tal como yo le había dicho. Saqué el calor de su sangre derramándose por el suelo y lo utilicé para hacer un vínculo simpático que envolvió a otros piratas en llamas.

Un momento después un perro, saliendo de algún escondite del barco, se sumó a nuestro equipo y se lanzó hacia nuestros. Y eso me creó un problema.

El problema vino porque Coën, que en ese momento saltó al ataque, alejó su mano de mí, y con ello sentí que me desconectaba del talento. Una cara de horror se compuso en mi rostro.

Veréis, soy buen arcanista, incluso podría decir que no soy mal nominador. Con el talento en mi poder puedo pelear contra cientos de hombres sin siquiera pestañear, los mejores trucos salen de lo más profundo de mi mente. Sin el talento... si me concentro podría acabar con cinco o seis enemigos a la vez. Eso parecerá mucho, pero no eran cinco o seis los que me rodeaban, una embestida de decenas de piratas nos separó violentamente, lanzando a Cöen y a Sven hacia el palo mayor, adonde se alzaba la fortaleza del capitán, y a mí hacia el lado contrario, cerca de la puerta que daba a las bodegas.

Llamé al viento. La fuerza de un pequeño vendaval empujó a varios piratas por la borda y me dio un respiro. Pude correr rápidamente esquivando barriles y tablones de la cubierta. Tenía que alcanzar el trinquete y trepar a las velas. Sólo allí un arcanista podría concentrarse en los enemigos más próximos.

Pero no llegué allí. Un puñetazo salido de no se sabe dónde me golpeó en un ojo, que se hinchó con dolor. Con un vínculo simpático de calor prendí fuego a su ropa y lo mandé huyendo dejando un desagradable olor a carne quemada.

Pero ahora en mi hoja de daños tenía que sumar al dolor del ojo la tiritona del simpatista. Con las últimas fuerzas que me quedaban derribé a tres corpulentos piratas que venían detrás de mí y entré en la oscura bodega, atrancando la puerta.


...

Allí se me echaron encima.

La mano de un pirata me agarró por el pecho y sacó un pequeño puñal, listo a clavármelo en el cuello. Tres piratas más me sujetaban y uno de ellos me apretó las manos con tanta fuerza que pensaba que me la iba a romper.

En ese mismo momento el pirata encendió una luz, me miró fijamente, sonrió y dijo:

-Ha, Ha, Ha, Berhus... ¡eres tú!

-¿Porthus?- dije confundido.

-¿No me reconoces? ahora ya no llevo ropas de estudiante... Compañeros, soltadle-

Los demás hicieron caso a su orden, pese a que deseaban verme muerto.

-Entonces tú eres, ¿Aramis? Le dije a otro pirata, que llevaba un espadón enorme.

-Claro que sí, amigo- dijo riendo y dándome una palmada en la espalda.

-Porthus, Berthus y Aramis, los peores arcanistas que nunca verás. ha, ha, ha.

-Amigos- les dijo Aramis a los piratas- es Berthus- nuestro compañero de la Universidad. El que trae la mejor mierda de los cuatro jodidos rincones...

Asombrado de mi buena suerte saqué un pequeño saco de denner.

-Y todavía la tengo- levanté la bolsa y todos rieron

-¿qué hacéis aquí?

-Todavía estamos estudiando, pero la matrícula es carísima. Ahora Hemme es rector.

-¿en serio?

-Sí, ese cabrón está subiendo la matrícula a propósito, para echar a indeseables sin un duro como nosotros. Por eso en los meses de verano, venimos a Jumpui, a sacar dinero en la piratería.

-¿y os sacáis suficiente al mes?

-Es un buen trabajo, hasta que viene gente como tú y tus amigos de ahí arriba- dijo un pirata que no conocía, y me miró amenazadoramente.

-Calma hermano- dijo Porthus- si Berthus está aquí es por algún buen alijo

-Por supuesto- dije yo, inventando sobre la marcha- en una de estas islas hay enterrado todo el denner que había en Trebon, antes de que aquel monstruo destruyese toda la instalación. El guardián era listo, y se olió que habría problemas. Así que lo guardó todo lejos de la Mancomunidad. Y sólo yo sé dónde se encuentra.

-Lo sabía- dijo Aramís- sabía que si el Capitán te buscaba tenía que ser por un tesoro escondido.

-Si me ayudáis a escapar todos podemos ser muy ricos. Nadaremos en talentos y controlaremos todo el denner de la Mancomunidad.

-Podemos sacarte de aquí. Hay en una bodega un bote de para emergencias. Cuando capturen a tus amigos los liberaremos sin que nos vean y partiremos con vosotros.

-Confiad en él, dijo Porthus al resto de piratas...con Berthus ganaremos más dinero que con el Capitán, ha ha ha.

Cuando todos estuvimos de acuerdo con el plan, y hubimos compartido unas rayas de denner por los viejos tiempos, nos dirigimos a una salida que había en otra parte de la cubierta, más alejada de la lucha.

Ahora tengo que hacer planes rápidamente- pensé- Sólo con la ayuda de estos arcanistas piratas podré dirigirme al cuarto del Capitán sin que me vean y robar los talentos mientras está distraido con la batalla.

Asomé la cabeza por la escotilla mirando una parte vacía de la cubierta. Al fondo se oían los ruidos de la lucha. Eché una mirada hacia el mar y vi dos barcos más que se acercaban al nuestro. Tenían la bandera negra izada por lo que deduje que eran piratas que se acercaban a ver qué estaba ocurriendo en nuestro barco. Más enemigos.

...

De pronto una sombra cayó sobre nosotros. Cortó de un solo tajo las cabezas de Porthus y Aramis, y un instante después apuñaló a los otros dos piratas. El quinto salió huyendo.

Una niña de nueve años acababa de romperme todos los planes.
avatar
Albertet
Héroe de historias de taberna
Héroe de historias de taberna


Volver arriba Ir abajo

Re: FIC COMUNITARIO

Mensaje por Old Medie el Mar Ago 12, 2014 8:30 pm

A mi espalda el palo mayor y a mi lado Coën, los dos salpicados de sangre coagulada, bajo nuestros pies la cubierta del Jinete Oscuro llena de cuerpos, tripas y espadas tiradas, sobre nosotros las estrellas plateadas de aquella noche sin luna. El fuego que había comenzado con dos piratas estaba devorando barriles y tablas que habían saltado por todos lados cuando una fuerte ráfaga de aire lanzó por la borda a varios corsarios. Berthus se había perdido de vista.
    Sentía la venganza y la muerte correr por mis venas. Los piratas no tenían honor, se me lanzaron de tres o cuatro buscando atravesar mi pecho desnudo, esquivé y detuve pero más de alguno me pinchó el cuerpo, sin éxito, la runa tatuada en mi pecho me salvaba la vida una y otra vez, y Coën que tenía mi talento en su mano ni siquiera necesitaba apuñalar a alguien con su pequeño cuchillo, el poder del talento hacia que cada golpe que recibía repercutiera en su atacante, recibió un tajo en el estomago que cortó todos los pliegues de ropas que usaba para protegerse del frío pero quien terminó con las tripas fuera fue el pirata; cada puñalada, cada corte, cada golpe que recibía el talento lo devolvía, y la mayoría eran golpes letales. Fue en ese entonces que Coën se ganó el apodo de Coën el Reflectante, aunque el prefería Coën Puñal de Sombras que se ganó porque pensaban que su puñal era el que hizo esos cortes sin que lo pudieran ver, apodos que disfrutó hasta el día que murió.
La adrenalina me corría y los piratas caían como trigo maduro cuando de la noche las velas negras asomaron por estribor, los piratas reconocieron los barcos enseguida y gritaron saludos, una balandra con todas sus velas negras izadas se movía a toda velocidad un poco más atrás y del otro barco que ya estaba a nuestro lado comenzaron a lanzar los ganchos para el abordaje. Pronto subieron varios hombres, con espadas onduladas y dagas largas. Los hombres miraron la escena y luego a nosotros, subían uno tras otro hasta que subió a cubierta su capitán.

Kandrian de la Nuez era un hombre corpulento y bajito pero de temer, su barba era espesa y verde oscura, la adornaba con anillos de oro y pequeños huesos. Le decían de la Nuez porque el primer barco que usó para piratear era una barcaza tan penosa que la llamaban cascaron de nuez, aun así logró una gran hazaña y a partir de aquello usó ese apodo con orgullo. En su cabeza llevaba un gran sombrero de corsario con una calavera de huesos dorados, y en cada brazo una alfanje con sus puntas curvas y empuñaduras de marfil.
—¡Por todos los krakens! Al parecer llegamos justo a tiempo —dijo con su vozarrón—. ¿Esto es un motín? ¿Dónde están los demás? Espero que aun no hayan matado al Capitán del Jinete, sería una pena.
—Nadie puede matar al Capitán, Kandrian ¿Vienes a probar suerte con nosotros, saqueador? —dijo Murena, él único pirata que no nos apuntaba con la espada en ese momento.
—Ya sabes, nunca me pierdo un saqueo —juntó sus espadas delante de su pecho y las clavó con fuerza a la cubierta. Me miró y sonrió a través del musgo que parecía tener por barba—, además Morgan me debe una, y me parece el momento indicado para devolvérsela.
—Sucio pirata, no creas que no podremos contigo —gritó uno de los piratas que nos rodeaba.
—Mucha cháchara y pocas muertes —contestó el capitán Kandrian, miró por estribor y habló a sus hombres —. ¡Sujeten sus culos señores!

Miré a estribor a tiempo que decía eso y vi como la balandra sin bajar la velocidad chocaba de frente contra el buque. Tenía la proa de bronce con forma de pez espada y se clavó como uno al Jinete Oscuro, todos saltamos como marionetas lanzadas por los hilos. Las tablas crujieron y se despedazaron, algunos hombres cayeron por la borda, sujeté a Coën y él me sujetó también y nos salvamos de caer por poco.
    Los hombres de la balandra saltaron al buque, más piratas que como tábanos rodeaban el Jinete Oscuro por algo que robar.
El primero en subir nos miró a todos con aire señorial, su espada curva reflejaba el fuego incontrolable que se alimentaba con todo lo que se cruzaba en su camino.
—¡Senzo! —gritó desde el otro lado del barco Berthus, juntó a él una niña comenzó a buscar victimas. Los piratas comenzaron a llenar la cubierta nuevamente, y así como aparecían morían. Los hombres de Kandrian comenzaron a luchar con los hombres del Jinete Oscuro, y los hombres de Senzo, junto con varios que no parecían piratas en lo absoluto se enfrascaron en una pelea triple.
Quedé a unos pocos metros de Kandrian, él se había mantenido en su lugar después del choque gracias a sus espadas bien clavadas. Las sacó de la madera sin mucho esfuerzo. El buque entero crujió y el agua que tragaba ahí donde la balandra se había clavado sonaba como una tormenta en el mar.
—Los hombres sabios temen a la noche sin luna —dijo de la Nuez sin mirar a nadie en particular, sonreía ante la expectativa de la gran pelea que se formaba al rededor nuestro —, que bueno que yo soy un zafio y pirata.

Recogí del piso una espada ensangrentada y ayudé a Coën a ponerse de pie, la puerta de la popa se abrió y de dentro salió el Capitán, recordaba perfectamente aquella barba roja y aquellos ojos de demonio. De su cinturón colgaba mi espada, la suya y una tercera. Y a su lado estaba Estas de Tonne, con sus largos rizos cayendo en cascadas rojas que brillaban con el fuego.

—Este momento es perfecto para escapar —dijo Coën a mi lado, casi se me había olvidado que estaba ahí, casi había olvidado donde estaba yo. Todos peleaban contra todos. Miré al Capitán, él tenía mis talentos, no había ningún lugar al que escapar, aquella cubierta era en donde debía estar.
—Dame mi talento —le dije a Coën.


:18:
avatar
Old Medie
Conocedor del mundo
Conocedor del mundo


Hoja de Personaje
Nombre:
Sexo:
Edad:

Volver arriba Ir abajo

Re: FIC COMUNITARIO

Mensaje por Títere el Mar Ago 12, 2014 10:01 pm

-Coën, dame mi talento –me dijo Sven.
Se hizo el silencio. Yo dudaba. Los piratas dejaron de atacarnos, sabían que esa pelea era de su capitán.
-Con que ahí esta el último de los Talentos... –murmuró el Capitán. A continuación, sonrió y le puso la espada en la garganta a la pelirroja.- Dámelo. O muere.
Sven apretó los dientes. Al parecer le importaba esa chica.
-Coën –cogió aire.- Dame. Mi. Talento –volvió a decir.- No se atreverá a matarla. Es su hermana.
-¿De verdad quieres probar suerte?
En ese momento tomé una importante decisión: No quería contemplar como continuaba eso.
Así que le lancé el Talento a Sven y salí corriendo en dirección a las bodegas, donde los piratas no podrían atacarme en grupo. Sin mi talento, yo no valía ni como uno.
Además, se me había ocurrido la idea más estúpida que había tenido nunca.

Y como no, me encontré con el gordo ceáldimo.
-Mira, mira, un ratoncito que correteaba por el barco... –dijo con una asquerosa voz melosa.- ¿Qué buscabas ratoncito?
-Mierda –dije. El sonrió. Me dieron ganas de pegarle un puñetazo, pero medía el doble que yo y llevaba dos intimidantes cimitarras.- Al parecer ya la he encontrado.
Eso le enfadó un poquito. O mucho. El caso es que se le hinchó la vena del cuello.
-¡Vas a ver, miserable criajo!
Se lanzó contra mí con las espadas en alto. Esquivé un tajo, y luego otro. Ghuaf se lanzó gruñendo a su cuello. Yo aproveché para clavarle mi puñal en el estómago.
El problema fue que tenía tanta grasa que no corté ningún órgano vital.
Eso le enfureció aún más, alejó a Ghuaf de una patada y me lanzó una terrible estocada. Un barril se hizo añicos. Amagué, y el perdió pie. Y en ese instante, le miré a los ojos, y utilicé mi mejor golpe.
Patada en los cojones.
Cayó de rodillas, y yo le clavé el cuchillo con fuerza en el cuello. Me había equivocado, contra un pirata gordo si que podía.
Me alejé, pero antes de irme, le volví a dar en sus partes.

Y llegué a mi destino, en el que había tres piratas. Estaban desprevenidos, así que a uno le lancé el cuchillo, el cual le dio en la espalda. Al segundo le corté el estómago con una de las cimitarras del gordo, y el tercero lo abatí con la ayuda de Ghuaf.
Mi récord, tres piratas. No paraba de superarme.
Y entonces cogí pedernal y pólvora. La distribuí creando una fina línea, que supuse que sería suficiente para que me diera tiempo alejarme. Pobre Santa Bárbara, pronto sería historia.

Tres minutos después corría como un diablo por el Jinete Oscuro, intentando alejarme lo máximo posible de la proa. Pronto llegaría a donde estaba el cadáver del gordo ceáldimo, y después de eso, la cubierta.
Pero al doblar la esquina, me encontré con una visión horrenda.
Una niña pequeña se estaba comiendo las entrañas del obeso pirata,
Grité y lancé un tajo en automático.
La acerté en el ojo, pero muy superficialmente.
Al parecer no la hizo mucha gracia.
La chispa llega a su destino.
¡Bo...
...
...um!


-...el primer borrador lo escribes con el corazón, el segundo, con la mente.-
avatar
Títere
Conocedor del mundo
Conocedor del mundo


Hoja de Personaje
Nombre: Hans Boggart
Sexo: Hombre
Edad: 28

Volver arriba Ir abajo

Re: FIC COMUNITARIO

Mensaje por Old Medie el Miér Ago 13, 2014 5:37 am

Coën me lanzó el talento y lo cogí al vuelo. Sentí su peso, su textura, era la moneda que comenzó en el lugar donde terminaría todo.
Coën corrió para salvaguardarse de la pelea, por un costado Senzo peleaba con furia y tesón, junto a él Berthus con su mano vendada y Alván, Gabint, Holly, Aurae, Sac y Berdine, todos. Habían robado la balandra y se habían lanzado a salvarnos, siguieron nuestro rastro gracias a Kandrian y atacaron al Jinete Oscuro cuando no había luna y la noche engullía a sus barcos. Ahora el Jinete Oscuro se hundía gracias al boquete que había destrozado el estribor y el agua se colaba por todas las habitaciones interiores y el buque comenzaba a ladearse
    Apreté mi mano y avancé hacia Morgan, El Capitán aun sostenía a Estas por el cuello amenazando con la espada. Yo estaba descalzo y sin camisa, con una espada que no era mía y con hambre y sed, pero mi talento me daba fuerzas. Avancé decidido entre la pelea, Kandrian me abría camino lanzando cortes con sus alfanjes, Morgan estaba a unos metros, el fuego iluminaba todo y su calor me abrigaba, avancé unos pasos y Morgan apretó el filo contra el cuello de su hermana, me detuve en seco, no podía creerlo capaz. Un hilo de sangre corrió por su cuello y se perdió en su blusa blanca, apreté los dientes y tiré la espada al piso.
—Ahora lanza el doblón de oro —dijo el Capitán, bajó su espada y soltó a su hermana.
Apenas la soltó Estas le dio un codazo con todas sus fuerzas en la boca del estomago, Morgan se dobló por la cintura mientras Estas le sacaba mi espada de su funda. La lanzó con fuerzas, di un saltó y la cogí triunfante. Sonreí como un poseso, con mi talento y la espada del guardián tenía una oportunidad. Morgan desenfundó sus otras dos espadas y antes de poder hacer pestañear le clavó una en el vientre a su hermana.

INTERLUDIO

El silencio en Roca de Gaia fue profundo como el mar de Centhe. Sven apenas había dado unos sorbos al vaso de sidra que le sirvieron mientras hablaba. Sus amigos lo miraban con profunda tristeza. Bajó la mirada por un momento para ver su vaso de madera pero su vista se desvió al muñón. Berthus le puso una mano en el hombro rompiendo el silencio.
—¿Estás bien? —preguntó con un susurró, evitando que la audiencia lo oyera.
—Sí —contestó automáticamente, levantó su vaso y dio un largo sorbo —Nunca lo había contado, supongo que me hará bien.
—¿Y Estas de Tonne sobrevivió? —preguntó un chico joven de entre el público, al parecer no le gustaban los silencios.
—No hay ningún talento que devuelva de la muerte, tampoco uno que sane —dijo Sven —, pero no nos adelantemos. Le dio otro sorbo al vaso y miró a Berthus con una sonrisa —. Estaré bien.
Berthus volvió a su asiento.

CAPITULO ????

La espada salió roja de su vientre y ella se deslomó como si la espada hubiera sorbido toda su vida. Corrí a ella sin preocuparme del Capitán, Kandrian me cubrió la espalda.
—Los leones siempre pagamos nuestras deudas, Lobo —le gritó mientras sus espadas chocaban.
—Sólo tú, enano osabas llamarme así. Vamos serás mi entrada y el chico el plato de fondo.

Me tiré a su lado y busqué su herida, la tapé con mis manos sucias y le saqué los mechones que le cubrían la cara.
—Estas ¿Me oyes? ¡Quédate a este lado de la puerta! —dije mirando sus ojos entrecerrados. Sus labios rojos me sonrieron.
—Aquí estoy Sven —dijo—, pero no sé si por mucho tiempo —se llevó la mano a la herida y e hizo una mueca de dolor. Mi mano tapaba el estoque pero la sangre se arrancaba de su cuerpo, como si quisiera liberarse de ella.
—Estarás bien, te salvarás te lo aseg... —no alcancé a terminar la frase cuando una explosión me levantó unos palmos de la cubierta y me depositó nuevamente en ella.
Sonó como un trueno lejano, como si el mar hubiera rugido. Los grandes tablones saltaron en todas direcciones y el fuego estalló por todos lados, cubrí el cuerpo de Estas con el mío y me llené de tablas y astillas. Las llamas se levantaron por todo lo que quedaba de la proa y las velas. El fuego subió por el palo mayor y la noche se hizo día sobre nosotros. El buque, tan imponente, se hundía en el mar como una cascara de nuez.
    Miré a Estas, abría mucho los ojos, asustada por todo lo que sucedía a su alrededor.
—¿Estas, Estas? Quédate conmigo —Saqué mi talento, siempre me había protegido pero nunca me había sanado de una herida, pero debía intentarlo. Besé la moneda y luego la frente sudada de Estas, le coloqué el talento entre los dedos mientras ella trataba de detener la hemorragia.
—El juego se acabó —oí tras de mí. Giré la cabeza y vi la espada de Morgan. Kandrian de la Nuez a su espalda yacía entre los muchos cuerpos, una tabla se había clavado entre su hombro derecho y su pecho y aullaba de dolor. Miré a Morgan a los ojos, con solo un corte certero de su espada y él hubiera estado muerto gracias a mi talento.
—Anda hazlo —dije.
—Agarra la espada —dijo—, no te haré esto fácil. Destruiste mi buque y me lo pagarás —Mi espada estaba tirada por algún lugar entre los cuerpos, y las tablas, el buque se inclinaba cada vez más y Estas moría. Otra explosión más pequeña ocurrió y el fuego se alzó una vez más. El palo mayor sobre nosotros ardía y caían jirones de vela ardiente. Estiré mi mano y recibí un trozo de tela, el fuego me envolvió el brazo y me quemó el vello, mi piel resistente sintió el calor pero nada más.
—¡Que mierda haces! —gritó con asco Morgan al ver mi brazo envuelto en la vela ardiente.

Corrí hacia El Capitán y lo golpee con la mano desnuda, con todas mis fuerzas en el rostro, un golpe de cantina sin la gracia del ketan, lo pilló por sorpresa. Me lanzó unos cortes y estoques que esquivé. Le lancé otro puñetazo en el estomago y luego uno en la barbilla, la espada de Morgan cayó diagonal sobre mi pero no tuvo efecto, entonces lo agarré con todas mis fuerzas y lo lancé junto conmigo al fuego en un abrazo que esperaba que lo calcinara.
Pero no ocurrió así; el fuego cogió sus ropas y su cabello y barba al igual que a mi, pero uno de los talentos, el que traspasó las habilidades de Lonnrot conmigo hizo lo mismo con Morgan y yo. Pensaba que moriría, que sus pulmones se quemaran al respirar y que su piel se carbonizaría pero resistió al igual que yo.
—Que extraño es esto —dijo mientras ardía todo. El cinturón de cuero que sostenían sus espadas se desprendió y cayó, y sus ropas ardieron hasta que su pecho quedo expuestos y los pude ver, los seis talentos restantes colgaban engarzados en una cadena de hierro en su cuello.
    Morgan se soltó de mi abrazo y nos golpeamos, ambos sabiendo que no lograríamos nada. Salí del fuego y el sudor de mi cuerpo se evaporaba, mis pantalones mugrosos se quemaron al instante y me encontré desnudo en la cubierta que se hundía. Berthus llegó a mi lado, y Senzo y los demás. Morgan, también estaba desnudo y calvo. De frente su cadena mostraba tres talentos y a su espalda pendían los otros tres.
—Yo sé como solucionar esto —dijo Senzo blandiendo su espada curva, con sus runas gravadas podría atravesar la piel del Capitán sin problemas.
—Sólo debo hacer un par de vínculos —dijo Berthus.
—Debemos ayudarla —dijo Berdine, a mi espalda, estaba de rodillas junto a Estas. Holly se arrodilló también y comenzó a rezar.
—Debemos usar una táctica —dijo Alván.

Kandrian se sacó el tablón clavado en su hombro y la sangre salió como un surtidor de su cuerpo.
—Yo arreglaré esto —dijo. Se levantó apoyado con en una de sus alfanjes.

—Nunca podrán contra el poder de los talentos —dijo sonriente Morgan. Compuso el nombre del viento tan rápido que ninguno pudo hacer algún movimiento.
El viento levantó el mar y las velas, el fuego se alzó con fuerza y varios de nosotros quedaron envueltos en torbellinos de fuego y agua. Las espadas danzaron en cubierta y los cuerpos de los piratas cayeron por la borda. El barco de Kandrian aun agarrado por los ganchos se meció con rabia y la balandra quedó atrapada por un torbellino de agua que hizo girar su casco de punta de espada.
A mí me levantó de cubierta y me lanzó nuevamente al fuego, caí sobre las brasas de tablas y hombres. Mi barba y cabello se habían ido y dentro de las llamas no hizo más que ver el nombre escondido del fuego. Podía jugar el mismo juego. Berthus logró contrarrestar el viento de Morgan y logró salvar a varios mientras otros cayeron por la borda. Miré a Estas que gracias a Berdine no había sufrido más daños. Miré a Morgan, ya sabía que tenía que hacer.
El buque se ladeó por estribor y todos nos deslizamos hacia el mar.
—¡Debemos salir del buque! —gritó alguien. El buque se ladeó más y más hasta que era imposible mantenerse de pie. Las espadas cayeron al mar junto con los cuerpos y todo. Usando los ganchos varios llegaron al barco de Kandrian, incluso Estas, salvada por Senzo. Morgan se quedó en su buque, sosteniéndose de la parte que aun no se hundía. Oí los gritos de todo el grupo llamándome al barco, pero me quedé ahí de pie sobre las últimas tablas del Jinete Oscuro. Morgan estaba frente a mi, era hora de terminar con todo.

Corrí hasta él, sin espada, sin armas, completamente desnudo.
—¡Los talentos! ¡Nunca podrán vencerme! —gritó Morgan.
Llamó nuevamente al viento pero agarré la cadena de talentos en su cuello por sus eslabones para no salir disparado por la tormenta que salía de su boca, el viento me alzó como una bandera ondeante. Lo miré fijamente y llamé al fuego, lo nombré con la ira que me envolvía, con la potencia que contenía mi rabia, era mi fuego, era yo el que estaba siendo llamado, era mi propio nombre, el giro más interno y recóndito de mí. El fuego acudió pero Morgan no se envolvió en llamas, no, el fuego que lo destruyó nació desde su interior, nombré al fuego como los antiguos nominadores que hacían estallar a sus victimas, lo llamaban combustión espontanea humana, o eso me dijo un arcanista una vez. Morgan seguía bramando el viento pero una luz potente nació de su pecho, de su garganta nació un fuego potente como un sol. En un segundo el cuerpo del Capitán ardió como una estrella, como una vida, como toda la energía de un terremoto o una tormenta. Fue como si le hubiera caído un rayo y lo hubiera extinguido de la faz de la tierra.

Caí a las tablas que se mecían en el mar, en la noche sin luna. El hierro se había derretido y vaporizado y los talentos se habían hundido sobre una tabla como si fuera de mantequilla, estaban al rojo vivo. De Morgan no quedó más que una mancha negra, ni siquiera cenizas. Miré mi mano, me había sostenido de la cadena y eso me salvó de morir, de ella no quedaban más que un par de falanges negras sostenidas por huesos negros y carbonizados. Había perdido piel, músculo, tendones, había perdido mi mano derecha. Toqué aquellas falanges y se despedazaron al tacto y de pronto mi extremidad era más corta. No sentí dolor alguno. En realidad sentía una paz, calmo al igual que el mar, flotando con el resto del buque.
Saqué de la tabla los talentos: la fuerza de Meiko, la agilidad de Senzo, el poder de ver los nombres de Berthus, el traspaso de poderes que obtuve en las tumbas de Severen, la invisibilidad de Henry Morgan y la fortaleza de mi talento; aun desconocía el poder del último.


Me lanzaron una cuerda y me subieron a la fragata de Kandrian. Subí a la cubierta del Caleuche desnudo como llegué al mundo, me envolvieron en una manta gruesa de lana y me felicitaron. Sus rostros estaban sucios y heridos, cansados y golpeados pero sonrientes. Les devolví la sonrisa, Holly y Berdine me miraron con pena.
    Estas estaba en el camarote del capitán, envuelta en rojas compresas y rojas sabanas. Tenía sus ojos cerrados y su cabello recogido en una coleta. Le acaricié la mejilla con la única mano que me quedaba, al tacto ella abrió débilmente los ojos.
—Te pondrás bien —le dije, pero ambos sabíamos que mentía.
—Déjame... —dijo con dificultad, intenté hacerla callar para que guardara las energías pero continuó hablando acompasada y tranquila— morir en tus brazos... y así... un instante tal vez podré ser feliz.
La rodeé con mis brazos levantándola un poco de la cama y la abracé con ternura mientras que sentía como goteaba la sangre de su espalda por mi brazo.
—Por primera vez soy libre —me dijo al oído. Comencé a llorar como un idiota. Quería decirle que la amaba pero un nudo en la garganta me impedía hablar —. La vida se ríe de mí, ahora toca mi fin aunque quiera vivir —Quería decirle que viviría, pero no quise gastar tiempo en mentiras.
—Te amo —le dije mientras la miraba fijamente a sus ojos, el verde en ellos se apagaba.
—También te amo —dijo—. Siempre estaré junto a ti.




El sol apareció por el este, indolente y preciso. Iluminó el Caleuche con sus brazos dorados y nos mostró la bahía donde teníamos que atracar. En la playa no había nada, solo piedras y fina arena gris. La fragata no pudo avanzar más y con un pequeño barco llegamos hasta la orilla. Kandrian había sobrevivido, con una espada al rojo se quemó la herida para para la hemorragia y logró tripular su barco hasta las Puertas de Piedra. Dejó a nuestro pequeño grupo en la arena y nos apuntó con sus dedos nudosos hacia el sendero.

—Si siguen aquel sendero pedregoso los llevará directo a Las Puertas de Piedra.


:18:
avatar
Old Medie
Conocedor del mundo
Conocedor del mundo


Hoja de Personaje
Nombre:
Sexo:
Edad:

Volver arriba Ir abajo

Re: FIC COMUNITARIO

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Página 3 de 4. Precedente  1, 2, 3, 4  Siguiente

Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.