Tres días de Kvothe
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El tercer día de Kandrian

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El tercer día de Kandrian

Mensaje por Old Medie el Miér Jul 03, 2013 10:18 pm

Desde la ciudad de Treya caminó sin rumbo fijo Kandrian el aprendiz de arcanista. Pasó por Baedn y terminó su día en un pueblo medio muerto llamado Newarre.

No había terminado la Universidad y sus pocas habilidades de Re'lar lo dejaron vendiendo talismanes de tres peniques bajo el alero de una casa un día lluvioso de invierno.
Entre más se alejaba de la civilización más talismanes vendía, era evidente que la gente entre menos educación tenía más supersticiosa se volvía. Se llenó los bolsillos para cuando cayó la noche, vendió todos sus colgantes, piezas redondas de hierro con simple sigaldría que servía para hacerla brillar al guardar suficiente calor de la persona.

Caída la noche, arrastró por el piso su larga túnica negra, la única pieza de ropa que tenía por el camino principal del pueblo hasta poner sus pies en el porche de la única posada que había.
El viento hacía chirriar el cartel donde rezaba el nombre Roca de Guía, y Kandrian notó de inmediato porqué se llamaba así pues se alzaba por sobre los demás edificios del pueblo como un alto itinolito. Entonces entró y la atmósfera caliente y el olor del estofado atacaron todos sus sentidos.

Una gran chimenea de piedra negra mantenía la sobria taberna con un calor delicioso, después de haber pasado todo el día bajo la lluvia esta sensación golpeó a Kandrian como un beso lujurioso. Embotado alzo la mano y le pidió al posadero un plato de aquel estofado que impregnaba de olor a carne y especias el lugar. Se sentó en la barra y dejó su macuto medio vacío en el piso. El posadero le posó el plato caliente enfrente y Kan comió como si no hubiera probado bocado en tres días.
Embotado por el sabor de su comida y la cerveza que no recordaba haber pedido, se sintió tan a gusto después de tanto tiempo que no pudo reprimir una risa de júbilo.

Feliz y caliente, por un momento tuvo tal placidez y gusto que pudo ver pulular por la sala el siempre cambiante nombre del viento. Lo pudo ver, claro y complejo, como la hermosura de una mujer. Pronunció su nombre casi como un susurro y el vaho de su estofado giro formando figuras de caballos. Pronunció su nombre más fuerte y el viento movió su túnica y tiró los papeles de una mesa cercana.

Lo pronunció fuerte como el llamado de un viejo amigo, y todos en la posada vieron como el viento en remolinos hacía crujir la madera de la barra, avivaba el fuego de la chimenea y volaba el sombrero del más viejo de los campesinos.

Cuando el viento cesó, todos dentro de la posada parecían consternados, los campesinos se miraban entre ellos y hablaban con rostros de miedo, mientras uno rezaba fuerte y claro a Tehlu. El escribano limpiaba la tinta que se había volteado en la mesa y un chico alto de botas negras recogía las hojas con calculada rapidez. Pero, el posadero no estaba asustado, en su rostro no había miedo ni mucho menos. Sus ojos verdes estaban muy abiertos y se posaban en los ojos de Kandrian como si observara a un Amyr salvador.


Aerlevsedi—Dijo lentamente, saboreando la palabra—.Ahora, ahora lo recuerdo.
—¿Viento?, ¿De que estás hablando Reshi?—Dijo el chico de las botas negras con las hojas en la mano.
—¿También conoces el nombre del viento?—Dijo Kandrian, impresionado—. Un posadero, conoce el nombre del viento. Vaya.

Y de pronto miró aquellos ojos, verdes, como si mirara dentro de un bosque por la noche. Y aquel pelo rojo arremolinado, como una llama. Y todo encajó en su cabeza.

—Eres... Eres Kvothe el Sin Sangre—Dijo, y en su voz se mezcló la exaltación y el miedo—.¡Eres Kvothe el Asesino de Reyes!.

Y el posadero rugió el nombre del viento, levantando una tempestad en la Roca de Guía. Las sillas y mesas se volaron disparadas por las ventanas. Las botellas reventaron a su espalda y una espada colgada en lo alto quedó clavada en el techo. Las ventanas que no se rompieron por el vendaval se abrieron de par en par y el viento escapó por todos lados. Kandrian y los demás quedaron tirados en el piso con los oídos dañados.

El posadero ya no era más, Kvothe le había reemplazado. Unos ojos bestialmente verdes miraban con vista renovada y tocaban lo más profundo de lo que observaba. Todos le miraban con una mezcla de respeto y temor. El chico de las botas negras corrió al encuentro de Kvothe y le apuntó al segundo piso. Kandrian, medio sordo solo miraba, desconcertado aquellos ojos, aquel hombre.
Kvothe subió con el chico por la escalera y el hechizo de Kvothe se rompió. Kandrian logró recordar en donde se encontraba, miro al rededor y pudo ver lo que el viento había hecho. Los campesinos estaban muertos, había un cuerpo colgando por la ventana y los demás estaban esparcidos entre las astillas y maderas. El escribano seguramente había salido disparado fuera de la posada pues por más que miró Kandrian entre los restos no le encontró. Se sentó en el piso de la posada y el sabor de la sangre le llegó al paladar. Notó sus manos llenas de astillas y un profundo dolor. Tenía una larga pata de silla clavada en el pecho.

Era de noche. En los restos de la posada Roca de Guía reinaba el silencio, un silencio triple.
El silencio más obvio era la calma hueca de la posada destruida, con sus botellas rotas, su piso ensangrentado y mesas y sillas astilladas. El segundo silencio era difícil de reconocer, estaba escondido en el charco de sangre de un medio arcanista muerto, en sus ojos que habían visto demasiado.
El tercer silencio, el que envolvía a los otros dos, era el más grande y se estaba empezando a diluir. Se deshilachaba en el arcón abierto que estaba en el segundo piso de la posada, se estaba escondiendo en el tablero de madera vacío que rezaba «Delirio».
Estaba derruyéndose en la capa negra que ondeaba en la oscuridad, en las botas que pisaban fuerte camino a la civilización, estaba en aquel hombre que había encontrado el nombre que hacía tanto había olvidado y se estaba deshaciendo en su boca mientras cantaba al son de su laúd.





estaba pensando en participar en el próximo concurso de relatos con este, pero luego pensé que sería bueno escribir el segundo y primer día y postearlos al revés a lo Memento :B


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Re: El tercer día de Kandrian

Mensaje por Admin el Miér Jul 03, 2013 11:18 pm

Vaya, está bien, pero me sabe mal por el pobre Kandrian. Shocked 
¿No has sido algo violento?


*Sólo los locos y los sacerdotes no le temen a nada. Y yo nunca me he llevado muy bien con Dios.*
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Re: El tercer día de Kandrian

Mensaje por Old Medie el Jue Jul 04, 2013 12:00 am

Kvothe escribió:Vaya, está bien, pero me sabe mal por el pobre Kandrian. Shocked 
¿No has sido algo violento?

El mundo es violento pequeñin. Sólo hablo por el mundo, nada más.


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Re: El tercer día de Kandrian

Mensaje por Albertet el Jue Jul 04, 2013 8:55 pm

Medieval escribió:Y el posadero rugió el nombre del viento, levantando una tempestad en la Roca de Guía

Grande, muy grande. Ojalá Kvothe despierte así.
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Re: El tercer día de Kandrian

Mensaje por Valgreen el Sáb Jul 06, 2013 2:49 pm

Brutal, me ha encantado.
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Re: El tercer día de Kandrian

Mensaje por Kandrian el Dom Jul 07, 2013 12:59 am

Que loquillo ese Kandrian, se merecía la muerte :X.

Exelente relato Medie, ojalá decidas escribir el primer y segundo día Very Happy
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Re: El tercer día de Kandrian

Mensaje por Fenna el Miér Ago 07, 2013 12:48 pm

Una historia bonita, argumento interesante, final trágico por Kandrian pero hermoso por kvothe, alguna falta de ortografía (vigila esas tíldes Razz )
Sinceramente, me ha gustado bastante y he podido envolverme en la historia... felicidades, sigue asi.
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Re: El tercer día de Kandrian

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