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Jaime vs Kvothe

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Jaime vs Kvothe

Mensaje por Old Medie el Sáb Oct 26, 2013 4:16 am

Para los que sean versados en Juego de Tronos podrán conocer a Jaime Lannister. Para los demás, este tío es un personaje del libro de Martin.

Estos dos escritos son de Martin y Rothfuss, los he sacado de un foro sobre Juego de Tronos (Nido de Cuervos). Los creditos son de estos chicos que lo han traducido de la Pagina Oficial.

A continuación se los dejo, son tres relatos del enfrentamiento de Kvothe vs Lannister. Los dos primeros son diferentes, pero ambos de Martin, el tercero es de Rothfuss.
Debo decirles que el relato de Pat me ha encantado. Ahi van:

1er Relato:
George R. R. Martin escribió:
-Estoy harto -murmuró Jaime-. Cada vez que lucho contra uno de esos inútiles, los cenizos insisten en que no sé magia... y que me falta una mano.

Se miró el muñón, donde la mano había sido substituida por una de oro que valía una fortuna pero era inútil durante los combates. Y sin embargo, había ganado. Todos los combates, y contra oponentes poderosos. Oponentes que, lo admitía a regañadientes, no eran tan inútiles como predicaba. Oponentes que no eran peores que él.

Una bruja joven pero experta...

Una bestia malvada que destruía mentes...

Un dragón guerrero...

Todos derrotados por sus manos.

Su mano.

Escupió en el suelo.

En el campo había un hombre; un hombre que también tendría que haber muerto mucho antes. Parecía uno de ésos que intentaban evitar pelear pero acababan matando a sus enemigos mediante la magia.

Se dice que puede destruirme pronunciando mi nombre.

-¡Saludos, Ser Jaime! -gritó el hombre, haciendo que Jaime se estremeciese. Pero no desapareció al pronunciarse su nombre. Sonrió.

-Saludos, Kvothe.

-Creo que sería injusto limitarme ahora a decir vuestro nombre para terminar con esto. -Se llevó una mano al cinturón y desenvainó una espada. Jaime no se sorprendió al ver que sabía cómo cogerla.

-Decís “ahora”, sin embargo, como si ésa fuese una opción para el futuro... para cuando estéis perdiendo -dijo Jaime, desenvainando su acero valyriano con un gesto grácil.

-Os lo prometo, Ser: no lo prentendo en absoluto. Soy un hombre que valora...

Pero lo que valoraba quedó cortado por una estocada de la espada de Jaime. Kvothe, un espadachín experimentado, la bloqueó fácilmente, pese a que lo habían atacado con la guardia baja.

-¡Idiota! -gruñó Jaime, lanzándose a una serie de golpes para impedir a Kvothe cualquier otra cosa salvo devolverlos.

Y los devolvía. La maestría de Kvothe era evidente, y sus esquives estaban muy cerca de ser contraataques. Sólo la pericia de Jaime en los duelos le daba algo de ventaja... por ahora. Maldijo el hecho de estar luchando con su mano inhábil. No importaba cuánto se entrenase, aún seguía pensando, en vez de limitarse a reaccionar por instinto...

Y entonces uno de los bloqueos de Kvothe se convirtió en un corte a lo largo del bícep de Jaime.

La armadura detuvo la mayor parte del golpe, pero ver que su defensa había sido quebrada cuando llevaban tan poco de combate hizo retroceder a Jaime. Dio un paso atrás, pidió una pausa y se sorprendió, teniendo en cuenta cómo había empezado el combate, cuando Kvote la aceptó.

-Lucháis bien -dijo Kvothe.

-¡Jódete! -gritó Jaime-. No toleraré que me alabe un... un miserable bufón.

Volvió a atacar, y otra vez, y otra. Kvothe bloqueó cada una de sus estocadas y cortes. No parecía interesado en atacar, más allá de detener el ataque.

-No soy un juglar -dijo Kvothe, la voz suave-. Del mismo modo que vos no sois realmente Jaime Lannister.

Jaime volvió a retroceder, y esta vez con miedo en los ojos. Pero, de nuevo, Kvothe había pronunciado su nombre y no había pasado nada.

-No tienes ni idea de quién soy realmente -dijo Jaime-. Y aunque supieses mi verdadero nombre, eso sólo demuestra que no tienes más honor que yo.

-Puede que sea así, pero mientras hablamos me doy cuenta de que es necesario que seáis erradicado de este mundo. -Kvothe miró alrededor, hacia el lugar desconocido que lo rodeaba.- De cualquier mundo -se corrigió-. Adiós... Matarreyes.

Kvothe miró a Jaime... y lo siguió mirando. Lo contempló con desagrado... luego hizo lo propio con la empuñadura del cuchillo que sobresalía de su pecho. Volvió a levantar la cabeza para mirar a Jaime, y vio la espada valyriana en el suelo, tirada a un lado para poder lanzar el cuchillo.

-Pero... acabo de decir... tu nombre verdadero...

Jaime se acercó a Kvothe.

-Si piensas en mí únicamente como el Matarreyes, es que no me conoces en absoluto.

Agachándose, cogió la empuñadura del cuchillo y lo sacó de un tirón. Un gorgoteo ahogado brotó de Kvothe, pero ningúna otra palabra.

-Pero seguro que a partir de ahora me conocerán también como el Matakvothe.

2do Relato:
George R.R. Martin escribió:
Los tres Lannister cabalgaban juntos a lo largo del camino del bosque.

-A ver si lo entiendo -dijo Jaime, aún incrédulo-. He derrotado a una bruja, a un dios loco y a un dragón. Así que ahora me emparejan contra un posadero. -No le gustaba ni una pizca cómo sonaba eso. Matar a posaderos pueblerinos no era el mejor camino hacia la gloria. Tenía que tratarse de una trampa, seguro que había gato encerrado.- ¿Y qué hizo el muchacho para que lo quieran matar? ¿Mearse en la cerveza de alguien?

Tyrion gruñó.

-No te quejes demasiado, hermano. Ya has matado a posaderos antes.

Jaime casi lo había olvidado. No le gustaba que se lo recordasen.

-Sólo a ése. -Las cosas que hago por amor-. Nuestra querida hermana insistió.

-¿Acaso tengo yo la culpa de todo? -Los ojos verdes de Cersei llamearon-. El hombre se lo merecía. El servicio era horrible.

-Kvothe es mucho más que un posadero, de hecho -dijo Tyrion mansamente-. O era. También canta. Toca el laúd.

-Posadero y trobador. Vaya mierda. ¿Se sabrá “El oso y la donzella”?

Tyrion se rió.

-Puede. Es un chico educado. Fue a una escuela famosa.

Jaime gruñó.

-¿No será otro alumno de ese colegio, Pedowarts?, los Siete se apiaden de mí...

-No, no de Hogwarts -dijo el enano-. Este colegio se parece más a nuestra Ciudadela, la verdad. Sabes, hermano, no te dolería leer un libro o dos de vez en cuando.

-Para eso te tengo -dijo Jaime-. ¿Qué más sabes de ese tal Kvothe?

-Sabe brujería. Se dice que conoce el nombre del viento.

-Mejor que no se llame Mariah -dijo Jaime sombrío.

Tyrion se rió entre dientes.

-No, eso es de otro cuento.

-Entonces mejor que no luchemos al aire libre, ¿verdad? -dijo Jaime-. Eso le pondrá un poco más difícil lo de llamar al viento. ¿Sabe usar una espada?

-A su manera -dijo su hermano.

Lo que también me describe a mí, pensó abatido. Tras muchas horas de ejercicio había conseguido ser hábil con la mano izquiera, pero nunca sería lo mismo que con la derecha que los Titiriteros Sangrientos se habían llevado. La mano de oro atada al final del muñón era prácticamente inútil. Aún le sorprendía haber sobrevivido a los tres primeros combates.

No tardaron mucho en llegar al pueblo. Un lugar deprimente, decidió Jaime tras una rápida mirada alrededor. Los habitantes también parecían bastante deprimentes. Miraban a los tres Lannister como si nunca antes hubiesen visto a un noble. Tal vez nunca lo habían hecho.

La posada de Kvothe se llamaba Wayfarer. La sala común estaba atestada cuando entró con sus hermanos. Más pueblerinos se apilaban en cada hueco disponible. ¿Habrán venido a ver morir a su posadero?, se preguntó. Es una forma rápida de arreglar las cuentas.

Una sola mirada de Cersei bastó para apartar a los vecinos de su camino. Los tres Lannister se sentaron en una mesa cerca de la puerta, ignorando las miradas. Jaime buscó a su oponente. No fue difícil de encontrar. Estaba atrás, con las barriles de vino, hablando concentrado mientras su compañero escrbía sobre un pergamino.

-¿Quién es el escriba? -preguntó.

-Su cronista -dijo Tyrion.

Jaime frunció el ceño.

-¿Le está escribiendo algún hechizo o encantamiento para protegerlo?

-Creo que no. Sólo la historia de su vida.

La risa de Cersei llenó la posada.

-Oh, qué encantador. Un posadero con un biógrafo. “Capítulo Cinco: de cómo aprendí a fregar vasos.”

Entonces apareció el joven con una botella de vino y tres vasos.

-Nuestro mejor vino -anunció-. Con los respetos de la casa.

Jaime no tenía sed. Ni le gustaba en demasía el aspecto del sirviente. Se puso de pie.

-Ya tendremos tiempo para beber cuando hayamos terminado. -Atravesó la habitación.

El posadero interrumpió lo que estaba diciendo.

-Ser Jaime. Llegáis pronto. Bebed algo, estaré con vos enseguida. Aún no he terminado...

-Sí que habéis terminado. -Jaime sacó Llanto de Viudas de su vaina y lanzó una estocada hacia el cuello del pelirrojo con un único movimiento grácil. Eso podría haber sido el final, pero el escriba se asustó tanto que levantó la mano, lo que le costó media pluma y dos dedos... pero dio a Kvothe el medio latido que necesitaba para esquivar la estocada. Jaime pateó la mesa mientras el posadero se mantenía en pie a duras penas, pero Kvothe se enderezó hábilmente. Un instante después tenía su propia espada en las manos.

Jaime gruñó.

-Bien -dijo-. Acero contra acero. Mi música favorita.

Entonces las espadas cantaron. Atrás y adelante por la posada lucharon. Jaime dirigía la ofensiva al principio, intentando acabar con aquello deprisa, pero a Kvothe no le faltaba habilidad y su espada devolvía cada estocada, respondiendo a cada golpe con otro. Las tornas cambiaron de repente cuando el trobador pelirrojo pasó a la ofensiva, haciendo retroceder a Jaime.. Un corte casi se le llevó la nariz. Tyrion y yo pareceríamos gemelos, pensó mientras seguía danzando.

Kvothe era bueno, eso tenía que admitirlo. Probablemente tan bueno como Jaime cuando luchaba con la diestra. Pero mientras Jaime se había seguido entrenando con Ilyn Payne, el posadero había pasado el tiempo sirviendo cervezas y lavando platos y sirviendo cuencos de estofado, y al cabo de un rato eso se notó. Y la espada de Kvothe no era digna de quien la bandía. Un arma decente, sin duda, pero Llanto de Viudas era de acero valyriano, forjada con aliento de dragones y templada con hechizos, y cada vez que las dos hojas chocaban, saltaba una astilla de la espada de Kvothe.

Hasta que al final, el posadero se encontró sosteniendo media espada.

Fue entonces cuando el joven sirviente trató de interferir, pero Tyrion se había situado sigilosamente a su espalda con una daga, y así zanjó la situación.

Así que Jaime acabó con Kvothe. Una finta hacia el corazón, que la hoja quebrada intentó detener, se convirtió en una cuchillada letal en la garganta.

El escriba estaba acurrucado en una esquina, sosteniéndose la mano ensangrentada.

-Cada cuento necesita un final, cronista -le dijo Jaime mientras limpiaba la sangre de Llanto de Viudas-. Aquí tienes el tuyo. -Se giró y sonrió a los pueblerinos.- Esta ronda la paga Roca Casterly, amigos.

Cersei dejó una pila de dragones de oro sobre la mesa, para cubrir el precio de todo el vino y la cerveza.

-Un Lannister siempre paga sus deudas -anunció mientras empezaban la larga cabalgata de regreso al hogar.
Y el tercero:

Patrick Rothfuss escribió:
Era media mañana de un soleado día de otoño cuando Jaime Lannister abrió la puerta de la Posada del Camino de Piedra. El lugar estaba extrañamente tranquilo, así que Jaime asomó la cabeza por la puerta, con la mano apoyada levemente sobre la empuñadura de la espada.

La sala común estaba vacía salvo por por un joven de piel oscura apoyado sobre la barra.

-¿Puedo ayudarte?

Jaime entró.

-Estoy buscando al posadero. Tenemos... asuntos que atender.

El joven se puso derecho.

-Ha salido un momento. ¿Eres Jaime?

Jaime frunció algo el ceño mientras miraba al joven de arriba a abajo.

-Lo soy. ¿Y tú eres?

-Bast -dijo el joven con una sonrisa burlona-. Dijo que me ocupase de ti si aparecías antes. No creo que tarde más de una hora o dos. ¿Puedo traerte algo de beber?

Jaime se acercó hasta un taburete de la barra y se sentó.

-No creo que tengáis ni un solo vino decente en este lugar en el culo del mundo.

-¿Qué entiendes por decente? -preguntó Bast.

Jaime sacudió la mano en un gesto desdeñoso.

-¿Por qué no traes tu mejor botella? Ya te diré yo si es algo que valga la pena beber.

Bast parecía ofendido mientras bajaba las escaleras hacia el sótano, pero volvió un momento después con una botella polvorienta.

-Algo de vuestra mejor estantería, espero -dijo Jaime.

-Algo de debajo de las estanterías -dijo Bast orgullosamente-. No sé cómo llaman a los vinos por estos lares, pero creo que si guardas una botella, es porque es de las buenas.

Bast cogió un sacacorchos y abrió la botella con un gesto grácil. Luego cogió una copa de vino alta, vertió un chorro de tinto oscuro en su interior y la sostuvo en alto con una sonrisa halagadora.

Jaime no hizo ningún movimiento para cogerla.

-Bébete la mitad.

Bast bajó la mirada hacia la copa, luego la levantó de nuevo, la sonrisa borrándose de su rostro.

-Dice mucho de un hombre el que pida una cosa como ésa.

Jaime le enseñó los dientes con un sonrisa afilada, carente de alegría.

-Dice mucho de ti -dijo con aires de suficiencia- que no te lo quieras beber.

Bast olisqueó el vino, cogió el vaso y tomó un sorbo largo del vino tinto. Luego levantó las cejas e hizo un ruido de aprobación mientras cogía la botella por el cuello.

-No sé por qué escondió esta botella -dijo, sirvindo más en la copa-. Es delicioso.

-Ah, bueno -Jaime se encogió de hombros-. Ya sabes lo que dicen. Mejor seguro que amargo -alargó la mano.

Bast se acercó la copa al pecho con mirada gélida.

-Ésta es mi bebida, ahora. -Dio otro sorbo del vino.- Los clientes groseros se marchan sedientos. Por mí como si te bebes tus propios meados.

-No he venido aquí por ti -dijo Jaime mientras su expresión se oscurecía-, pero para matarte tampoco tendría que alejarme mucho.

Se miraron el uno al otro sobre la barra durante un rato. Tras un momento, Bast dejó bruscamente la botella sobre la barra.

-Bien -dijo, arrastrándola hacia adelante-. No voy a insultarte ofreciéndote un vaso o una copa. También podría haberlo envenenado... Tendrás que beber de la botella... -Bast se sonrió-, como un cretino iletrado.

Jaime cogió la botella.

-Muchacho -dijo-, si te hace sentir valiente enseñarme los dientes, adelante. Pero no toleraré más que eso. -Bebió un trago directamente de la botella, hizo una pausa y dio otro, más despacio, cerciorándose de algo. Pareció sorprendido.- Vaya, está bueno, ¿verdad?

Bast asintió y dio otro sorbo.

-¿Dijo cuándo volvería?

Bast se miraba los pies.

-Un par de horas -dijo con un tono de voz extraño-. No te esperaba hasta la noche.

-No te pongas tan triste, chaval -dijo Jaime-. Mira la parte positiva. En un par de horas yo seguiré mi camino y tú serás el amo de esta bonita posada.

Bast levantó la cabeza con una mirada suplicante.

-Supongo que no podría convencerte para que lo dejases.

Jaime soltó una risotada y dio otro trago.

-Por el amor de dios, chaval, ¿por qué demonios iba a hacer eso?

-¿Decencia? -dijo Bast.

Algo en la escena le pareció divertido al hombre de pelo dorado y estalló en una risa nacida de lo más hondo que duró casi un minuto entero. Tras eso la risa se fue apagando mientras se limpiaba las lágrimas de los ojos. -Acabas de ganarte una propina, muchacho. -Sacudió la cabeza incrédulo y dio otro trago.

-Es sólo que... -empezó Bast.

-Mira, chaval. -Jaime se apoyó en la barra-. Veo que eres un charlatán. Probablemente lo aprendiste de él. He oído que tiene un pico de oro. Que convenció al dios-león para que le dejase marchar durante un combate. -Miró a Bast con ojos duros como piedras-. Pero eso no le va a servir de nada conmigo.

Jaime dio otro trago de la botella antes de seguir.

-Verás, he hecho un par de preguntas por ahí. Tu querido Kvothe tiene toda una reputación. Listo, rápido. Un demonio con la espada. Fuerte como un oso. Puede convocar al fuego y al relámpago. -Jaime sacudió la cabeza-. Pero creo que todo eso no son más que historias. Y lo que no son sólo historias, lo perdió hace mucho. -Miró alrededor, a la posada vacía.- No se escondería en un sitio como éste si aun tuviese una pizca de poder.

Bast parecía abatido, pero no dijo nada.

-Le daré una oportunidad para que se rinda -dijo Jaime magnánimamente-. Como agradecimiento por esta excelente botella de vino. -Dio un último trago y empujó la botella sobre la barra.- Ya es suficiente. No quiero que se me suba a la cabeza.

-Puede que te sorprenda -dijo Bast.

-¿Con qué? -dijo Jaime, riéndose otra vez-. Creo que esa espada está oxidada, y ya no le queda magia, por lo que dicen. El pico de oro no le va a servir conmigo. Ya ni siquiera toca música. ¿Qué le queda?

-Tengo que enseñarte algo -dijo Bast-. Ven aquí, tras la barra.

Jaime le dio la espalda, luego frunció el ceño, mirándose los pies.

-Da igual -dijo Bast, dando la vuelta a la barra-. Ya vengo yo.

-¿Por qué no puedo mover las piernas? -dijo Jaime, la voz baja e incrédula.

-Sethora -dijo Bast llanamante-. Suele empezar por las piernas. Probablemente aún puedas mover los brazos. Pero mejor que tengas cuidado o... -Jaime intentó girarse y se cayó desmadejadamente al suelo-. O eso. Te pasará eso.

Jaime se retorció, poniéndose de lado. Moviendo las manos lentamente consiguió sacar un cuchillo largo del cinturón y lanzárselo a Bast cuando salía de detrás de la barra. Pero el tiro le salió mal y se hundió en uno de las patas de una mesa.

Bast se acercó a donde yacía Jaime, caminando grácilmente como un bailarín. Se mantuvo lejos del alcance de sus manos durante los estertores finales, esperando hasta que notó que la respiración del hombre alto se volvía irregular y laboriosa.

-Estaba en el vino -Bast se acercó más y le apartó el pelo dorado de los ojos-. No puedo creer que llegases a beber tanto, debes de tener la constitución de un buey.

-Pero tú... -los labios de Jaime formaron las palabras aunque él ya no tuviese aliento suficiente para pronunciarlas.

-¿Crees que no me envenenaría por él? -preguntó Bast-. Entonces no sabes nada de él.

La mirada de Bast se encontró con la de ojos vidriosos de Jaime.

-Tienes razón. Ya no es lo que era. Lo ha perdido todo. No le queda magia, ni música, ni alegría. Ni esperanza. ¿Sabes lo que aún tiene? -Bast se acercó, la voz baja y despiadada-. ¡A mí! -Prácticamente escupió la palabra con ojos salvajes. -¡Me tiene a mí!

El joven permaneció de pie, cogió un puñado del pelo dorado del otro hombre y arrastró su cuerpo inerte por el suelo.


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Re: Jaime vs Kvothe

Mensaje por funs_athal el Sáb Oct 26, 2013 10:51 am

Y eso que es? un duelo de narraciones? Razz 
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Re: Jaime vs Kvothe

Mensaje por Old Medie el Sáb Oct 26, 2013 12:29 pm

No de narraciones, sino de personajes literarios. Un personaje de Juego de Tronos y otro de ENDV. Ambos puestos a pelear de mano de sus autores.


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Re: Jaime vs Kvothe

Mensaje por Alraisen el Sáb Oct 26, 2013 1:50 pm

Es una especie de concurso de personajes de literatura fantástica que se enfrentan entre sí, y lo escribe uno de los dos escritores. Kvothe llegó bastante lejos el año pasado, sin o recuerdo mal.
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Re: Jaime vs Kvothe

Mensaje por Albertet el Lun Oct 28, 2013 8:46 am

Me ha gustado mucho más este cuento de Rothfuss que el de "How old Holly..."
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Re: Jaime vs Kvothe

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