Tres días de Kvothe
Últimos temas
» 10 libros que tengan...
por Edeus Hoy a las 12:21 pm

» Teléfono Gráfico: Electric Boogaloo
por Edeus Hoy a las 12:18 pm

» Duelo de portadas [ed. II]
por Dalcenti Hoy a las 6:15 am

» El juego de las Gavias
por Dalcenti Hoy a las 6:12 am

» ¿Qué estás escuchando?
por Durzo Mar Oct 16, 2018 12:49 am

» III Concurso de minirrelatos 2018
por Edeus Lun Oct 15, 2018 5:25 pm

» El Club de los Martes
por Edeus Dom Oct 14, 2018 11:09 pm

» Elige tu aventura
por Exez Dom Oct 14, 2018 9:01 pm

» Chaenball
por AtitRuh Sáb Oct 13, 2018 7:03 pm

» La que tiene complejos de Kvothe [...]
por Edeus Sáb Oct 13, 2018 6:04 pm

Conectarse

Recuperar mi contraseña

Sondeo

¿Qué personaje de la saga se ganó tu odio?

51% 51% [ 466 ]
19% 19% [ 172 ]
2% 2% [ 14 ]
16% 16% [ 145 ]
5% 5% [ 42 ]
2% 2% [ 17 ]
6% 6% [ 55 ]

Votos Totales : 911

Twitter
Twitter

Sven y el ladrón Fata (parte 1) (Ref. al Fic comunitario)

Ir abajo

Sven y el ladrón Fata (parte 1) (Ref. al Fic comunitario)

Mensaje por Old Medie el Miér Nov 20, 2013 11:05 pm

PRÓLOGO

Un escape de la realidad

Una hoguera en medio de la noche, un fuego. Gente alrededor compartiendo una comida, el momento preciso para contar una historia.
—Esta noche os compartiré una historia que nunca ha sido contada —dijo con voz ronca el viejo mercenario —es la historia oculta del ladrón de las Rapsodias.
Comió una cucharada de su estofado y la disfrutó lentamente mientras miraba cada expresión en los rostros de los otros soldados, saboreando su expectación.
—Cuéntanos, ¿Acaso sabes quién fue el qué robó la Rapsodia?
—Claro que lo sé, y si se mantienen callados, les contaré la historia completa. Pero antes —dijo cogiendo un trozo de pan y apurando su estofado— tengo que contarles como este ladrón llegó a convertirse en lo que fue. Todo comienza —metió la cuchara un par de veces al plato hasta terminarlo, y luego pasó el trozo de pan para absorber hasta el último resto de comida.

1

La llamada

Todo comienza con un chico.
Un pequeño humano, que a su corta edad ya sabía de lo difícil de la vida. Sus padres se habían separado hace algunos días y eso le había afectado mucho, se sentía agrio por dentro y culpable. Se sentía perdido dentro de sí mismo, como si no encajara en ningún lado. Entonces decidió huir, pues, los niños suelen hacer esas tonterías. Pensó que lejos, sus padres se preocuparían de él y se unirían en su búsqueda, y que eso haría que volvieran. Lo planeó toda la tarde, mientras su madre buscaba un nuevo trabajo. Lo planeó mientras ella estaba ocupada cuidando a su hermano pequeño, lo planeó mucho y poco, divirtiéndose toda la tarde en los detalles e imaginando como terminaría todo.

La noche era fría en otoño, y la luna llena asomaba en su cielo. El chico se había mantenido despierto, observándola, hasta que todos en su hogar se hubieron dormido. Entonces, a eso de la medianoche, se salió por la ventana de su pieza. Caminó por las calles de Imre hasta llegar al gran puente de piedra. Pasó por sobre el río Omethi mirando de vez en cuando hacía abajo. Escupió, pensando que le daría buena suerte.
Al llegar al otro lado caminó un rato hasta que simplemente se cansó, hacía frío y aparte de la capa sólo llevaba ropa sencilla. Se arrebujó en su capa y se metió al costado del camino pensando hacer un fuego. En su pequeño macuto llevaba una barra de pan, dos manzanas y un cuchillo. De pronto pensó que ni siquiera llevaba piedra y pedernal. Se sentó en el pasto fresco cerca de un itinolito a pensar en su descuido, viendo la posibilidad de regresar por las cosas que le faltaban. El crío estaba en un aprieto, sin un fuego, sin abrigo y el frío empezaba a calar. Se puso de pie y caminó hasta la seguridad de la gran piedra, apoyó su espalda y disfrutó del calor que aun guardaba el itinolito de la luz solar. En su cálido relajamiento tardó en notar el sonido cercano. Pisadas, alguien acercándose, alguien que corría. Se puso de pie, pensando, que sin apenas llevar una hora de escapada ya iban a encontrarlo. Decidió que lo mejor sería ponérselas un poco difícil, así que caminó alrededor del itinolito hasta quedar en su sombra. El itinolito que ahora le servía de escondite en realidad era un arco, con dos piedras paralelas y una cruzándolas por encima como una gran puerta. Una atmósfera tibia le lamía la espalda, giró la cabeza y vio el bosque un poco más iluminado que lo normal. Dio un par de pasos más hacía donde el bosque parecía más claro mientras aguzaba el oído en busca de la dirección de las pisadas. Entonces las sintió de nuevo,  sin saber de dónde provenían, un nerviosismo más cercano al pánico le envolvió y sin saber que más hacer corrió como liebre atravesando el arco de piedra hacía su destino.
Unas voces, gritos, y más pisadas sonaban en todas direcciones. El chico corría sin rumbo fijo, escapando asustado de quienes querían encontrarlo. Corrió a través del pasto, evitando arboles y piedras, pisaba ramas, gimoteaba y pensaba en lo mal que había hecho en escapar. Las pisadas iban tras él, lo sabía. Lo encontrarían y su madre le daría una paliza por haber escapado. Corrió hasta cansarse, hasta sentir el corazón latir fuerte en su pecho, hasta que las sienes le dolieron, entonces vio frente a él a una figura acercarse, pero muy tarde.
Ambos chocaron y podríamos decir que a ambos les dolió, cayeron al piso estrepitosamente. La persona que iba tras la figura se detuvo en seco al verlo en el piso.
—¡¿Señor?! ¡Levántese, nos van a atrapar! —susurró una voz de hombre.
—¡Hierro y bilis! He chocado contra alguien —dijo aquella imagen, que en realidad era un hombre alto y de pelo negro y largo —¿Pero qué…? —dijo mientras observaba al chico tirado en el piso. —es un niño.
—Un niño humano Señor —dijo el otro observando la escena —Interesante, he oído de ellos. Dicen que sus manos dan buena suerte.
—¿Cómo es eso, Farran? —dijo el hombre mientras se ponía de pie rápidamente, mirando hacía lo lejos, viendo si le seguían.
—Pues, Señor,  los soldados que se encuentran humanos, en especial niños, suelen cortarles las manos, disecarlas y colgárselas como amuletos —levantó al niño, que estaba inconsciente, lo zamarreó un poco para despertarlo  —dicen, que si…
No alcanzó a terminar la frase y tras ellos empezaron a sonar trompetas de cuerno lejanas y ladridos de perros. Ambos hombres se pusieron alerta y empezaron a correr nuevamente, el hombre que había levantado al chico aun lo tenía en las manos.
—¡Tira ese bulto Farran! ¡Nos cogerán! —gritó el hombre de pelo largo, pero ya era tarde, los perros alcanzaron a ambos hombres gruñendo y ladrando.
Ambos pararon en seco, sabían demasiado bien que los perros de caza se lanzan al menor movimiento. Levantaron sus manos y esperaron a que llegaran los cazadores.
—¿Qué haremos Señor?
—Calla Farran, estoy pensando.
—¿Dónde estoy? —dijo de pronto el niño, sobándose la cabeza con ambas manos.
—Estas en graves problemas crío —dijo Farran —quédate quieto, a los perros no le gustan los movimientos bruscos.
El hombre lo dejó en el piso, el niño abrió los ojos lentamente, tratando de absorber todo a su alrededor, parecía que aun no se hubiera oscurecido del todo, y el cielo mantenía ese tono violáceo que pone antes de caer la noche. Miró a través de las copas de los arboles las miles de estrellas que empezaban a iluminar. No reconoció ninguna.
Con algo de temor bajó la mirada y observó a los dos hombres. El primero llevaba un escudo redondo atado a la espalda, espada al cinto y una daga en el cinturón, cota de brillante plata, casco y capa, era un soldado definitivamente, nunca había visto uno pero cientos de cuentos los describen así. El segundo tenía la capucha puesta y apenas se notaba su perfil, fuera de la capucha caían cabellos negros, lisos y largos. Todo en el hombre era negro, su capa, botas, armadura. No llevaba escudo sino dos espadas, las que asomaban por sobre sus hombros. También llevaba una daga en el cinturón, y el mango de un puñal asomaba de su bota derecha. Era un asesino bien armado.
—Por… por favor, no… no me, hagáis da…ño —logró articular apenas el crío.
—No deberías temernos a nosotros —dijo el de cabello largo apuntando con el mentón hacía más allá del chico.
El niño se giro y vio sendos perros de cacería observándole, enormes y fieros, frente al niño parecían monstruos del tamaño de un caballo, con colmillos grandes como cuchillos carniceros y ojos rojos inyectados de sangre. El grito de miedo que dio el crío fue épico.
Los perros se limitaron a mirar curiosos ante aquel chillido, al parecer nunca habían oído gritar a un humano. Cuando terminó de gritar el crío tenía la garganta adolorida y seca. Miró de nuevo a los perros esta vez con menos miedo,  sin saber qué hacer ante aquellas presencias. Los perros se amontonaron, los tres a su alrededor, y olisquearon de arriba abajo, uno se detuvo en su macuto y empezó a mover la cola, con su gran pata empezó a rasguñar sin fuerza tratando de decirle algo, miraba de lado al chico y gemía. El niño metió la mano al macuto y sacó su barra de pan y lo partió en tres partes, los perros movían la cola y se movían nerviosos de alegría. El chico les entregó un trozo de pan a cada uno y los perros lo engulleron rápido, saboreándose con la lengua, sacándola y ladrando. El niño sonrió ante aquella respuesta, de pronto tuvo valentía como para sobarles la cabeza y el lomo, mientras lo hacía los perros de pronto alzaron las orejas y se pusieron firmes, el niño también se puso en alerta, giró la cabeza buscando a los dos hombres, pero ya se habían ido, aprovecharon el descuido de los perros para escapar.
El niño miró en todas direcciones buscando a los hombres, para que pudieran ayudarlo a volver al camino, los perros empezaron a ladrar y pegar sus narices al piso, entonces un sonido, el cuerno sonó fuerte retumbando en su pecho. El crío asustado subió a un árbol para encontrar seguridad, subió todo lo que pudo y se escondió entre las frondosas hojas amarillas y verdes. Seguido al sonido del cuerno se oyeron también cascos de caballo, galopando fuerte y directo a él. Los perros ladraban.
En lo que te demoras respirar tres veces el ruido de los cascos llegó hasta bajo el árbol donde estaba escondido el niño.
—¡Mirlo, Opalo, Brisna! —gritó uno de los soldados a caballo —¿Acaso los perdieron? —los perros metían la cola entre las piernas y gemían, sabían que a su amo no le gustaba que perdieran la presa.  —¡Que me arrojen hierro! —dijo —¡No le dejes a los animales el trabajo de los hombres!
Con la fusta golpeó la cabeza de los perros, los que gimieron de dolor.
—Vamos pulgosos, encuentren el olor —dijo el soldado, miró a sus compañeros de armas, otros cinco hombres a caballo. —si no encontramos a los ladrones, me colgarán de las pelotas, y si lo hacen me encargaré de que a ustedes también. Así que nos separaremos y los buscaremos. Dos cabalgarán Hacía el Día, dos Hacía la Noche, yo y tú —dijo apuntando a un soldado —seguiremos en Crepúsculo buscando, separaremos a los perros, que cada uno se vaya con un grupo ¿Entendido?
—¡Entendido! —gritaron al unísono los soldados. Ordenaron a un perro que les siguiera, espolearon a sus caballos y salieron del lugar.
El chico miró toda la escena desde la altura, estaba petrificado del miedo, y decidió que sería mejor quedarse arriba del árbol hasta que acabara la noche.

El tiempo pasó, interminable en la mente del niño, apretando su macuto, acurrucado en el árbol, pensando por qué tuvo que hacer ese viaje, la culpa lo tensaba y le pesaba como una piedra sobre los hombros. Escuchó todo lo que hablaron los caballeros, y ahora temía de lo que podría pasar.

—Pss… ¡Hey! ¡Chico! —dijo Farran a los pies del árbol. —¡baja! Ya se fueron.
Avanzaron los segundos y en la copa del árbol no se movía ni una hoja.
—Sé que estás allí. No te haremos daño, solo queremos agradecerte lo que has hecho.
—Niño, mi nombre es Feltar y él es Farran. Somos de Berezan. ¿Cuál es tu nombre?
—Sven —susurró el niño, calculando las palabras de los hombres.
—¿De dónde eres chico?
—De, soy de Imre, de la Mancomunidad.
—Estás un poco lejos de casa, chico. ¿Sabes en donde estás?
—Estoy al otro lado del río, cerca de la Universidad.
—Acá no hay ninguna Universidad, tampoco está Imre, ni el río de que hablas. Estas en Fata.
—¿En Fata? —dijo el niño, miró las hojas del árbol, eran extrañas, nunca había visto una, y las estrellas que se dejaban entrever en el cielo, eran muy diferentes a las que veía en las noches por su ventana. Bajó poco a poco por el tronco del árbol hasta llegar al suelo, miró a los dos hombres, aun le inspiraban miedo, pero pensar estar en Fata lo desconcertó —Si esto es Fata, entonces ¿Ustedes son Faen?
—Este chico es un genio.  —carraspeó Farran.
—Sí, lo somos —dijo Feltar — nos has salvado la vida al hacer esa treta con los perros de caza. Esos perros nos mordían los talones y era imposible engañarlos pues no siguen la vista, sino el olor y el ruido. Seguro que eres un pequeño pícaro o algo así, ¿A qué edad empiezan a entrenar para guerreros los humanos?
—Pues, la verdad señor faen, yo no…
—Anda Feltar, es sólo un niño, ya le diste las gracias, vayámonos.
—No Farran —dijo el hombre —Nos ha salvado la vida, y debemos pagárselo. Niño, soy Feltar, el ladrón de los cantos prohibidos. El guerrero más grande de Berezan y Farran mi escudero. Te debemos  la vida. Pídeme lo que quieras y te lo daré  —dijo el faen alzando las manos, haciendo una diatriba.
—¿Quieres volver a tu casa? —dijo Farran —Seguro que eso es lo que más desea, vamos, conozco una puerta hacía allá.
—¿Cualquier cosa? —preguntó Sven —y su rostro se iluminó.
—Cualquier cosa —dijo Feltar.  —con una sonrisa.
—Entonces quiero que unas de nuevo a mis padres. —respondió rápidamente el niño.
Los dos faen se quedaron mirando al chico y luego entre ellos.
—Creo que la has cagado Feltar —susurró Farran —yo que tú lo dejo acá.
Feltar guardó silencio, mientras sus manos aun permanecían en el aire. Las bajó a los costados y en sus ojos podías ver su desconcierto. Farran lo miraba preocupado a él y al chico. Feltar se cruzo de brazos y dijo:
—Creo que puedo darte eso, pero no será fácil. Te daré una canción, una canción de poder. Pero necesitaré tiempo para componerla.
—¿Cuánto tiempo? —preguntó Sven.
—Sí, Feltar ¿Cuánto tiempo? —dijo Farran.
—Dame un ciclo, once días. Y te daré la canción.
—Está bien —dijo el pequeño Sven —once días.
—¡Que me claven a la rueda, Feltar! —dijo Farran —No nos quedaremos con este niño, hay que devolverlo.
—Es mi palabra Farran, no faltaré a mi palabra —dijo el hombre de cabellos negros, en su voz resonaba la autoridad —vamos escudero, debemos seguir con el plan. —dijo, y se puso a caminar.
—¿Y cuál es el plan? —preguntó Sven, siguiéndole el paso.
—Iremos Hacía la Noche, allá nos servirán nuestros shaeds y podremos mantenernos ocultos de nuestros cazadores, una vez que se apacigüen las aguas, volveré Hacía el Día y le cantaré a Fafner ¡y despertará!

Una vez dicho esto, Feltar estiró la mano ofreciéndosela al niño, el pequeño la cogió como muestra de acuerdo. Luego Feltar miró a Farran significativamente, y el escudero se acercó al chico. Ambos apretaron sus manos.
—Bonitas manos Sven de Imre—dijo Farran con voz y sonrisa maligna.
—Ya déjalo, Farran, nada de amuletos.
Una vez sellado el acuerdo partieron los tres camino Hacía la Noche.
—Caminemos rápido —dijo Farran —no quiero que el Rey Remmen me pille en sus dominios.
2

Hacía la Noche

Anduvieron los tres, el ladrón, el escudero y el niño por los intrincados caminos que llevan de Crepúsculo a Hacía la Noche. Escondidos de los soldados y evitando las vías principales consiguieron avanzar varios kilómetros hacía su primer destino. El pequeño Sven se maravillaba con cada paso que daba, probando las exquisitas flores y mirado el precioso paisaje. Recorrieron los vastos bosques del Crepúsculo con sus mil colores, rodearon el gran lago completo y rebosante de peces brillantes y subieron seis de las siete colinas del verde más verde que hayan podido imaginar antes de que el cielo se tornara completamente negro. Hicieron un pequeño fuego y comieron frutas y carne que traían los ladrones en su primer descanso. Sven no podía caer dormido, aunque tenía suficiente cansancio para dormir como piedra, porque el mundo que se abría ante él se lo impedía, Farran que ya estaba cómodo y envuelto en su capa, lo miraba tranquilamente, pensando cómo podría deshacerse de él sin molestar demasiado a su Señor, y Feltar leía el libro robado, el gran libro era grueso y de tapa dura como roble. En sus páginas estaban impresos los cantos prohibidos de Fata, los cuales sólo tienen acceso los Skaldos. Leía y leía buscando un canto para despertar a Fafner. Sven los miró a ambos, luego el cielo negro plagado de estrellas, cada una más brillante que la anterior, miró los árboles que lo cubrían y al pequeño cuervo que aprovechaba el calor del fuego antes de caer dormido.
Sven despertó, aun era de noche. Abrió totalmente los ojos, Farran y Feltar estaban arreglando y guardando sus cosas, del fuego ya apenas quedaban rastros rojos. Se levantó pensando cuanto había dormido, la perpetua noche no ayudaba con el cálculo. Cuando terminaron de guardar volvieron a tedioso camino, esta vez shaedeados. Feltar arregló su shaed viejo para Sven, lo encogió para que no rozara el piso y le dio una forma agradable para el chico.
A medida que avanzaban por la penumbra el niño podía notar la densa noche apoderarse del lugar casi por completo, miró el cielo y las estrellas se veían menos brillantes. No quería decirlo, pero el miedo a la oscuridad le tensaba el pecho, estiró la mano y se asió al shaed de Farran, para no perderse en la oscuridad, claro.
—Esta noche no me gusta nada —dijo Sven.
—Debería chico, acá la muerte es ama y señora —contestó, riendo Farran.
—Ya deja de meter miedo al niño, Farran —le lanzó molesto a su escudero Feltar.
Las siluetas de los tres apenas eran perceptibles, Feltar apoyó su mano en el hombro de Sven infligiéndole la valentía suficiente para poder seguir. Caminaron así entonces por la oscuridad y allí se quedaron en su segundo descanso, encendieron un pequeño fuego en el interior de un árbol muerto, tratando de esconder su fulgor todo lo posible, colocando un shaed tapando la entrada del árbol. Desde fuera y si hubiera habido luz, hubieran podido ver como el humo salía de lo alto del árbol, como una chimenea. Y también aquel cuervo, igual de negro, posado en una rama cercana.
Terminaron su segundo descanso, y ya era hora de avanzar. Sin la sublime gracia de Farran, su escudero y guía nunca hubieran podido seguir el sendero adecuado, anduvieron los tres juntos por la densa negrura, y ya el cielo era oscuridad total. Sven preguntó a donde se habían ido las estrellas, pero su pregunta fue lapidada con un siseado Shh.
Los ecos de las pisadas de los hombres se perdían en la eternidad cuando chocaron con algo. Farran encendió una débil luz y frente a ellos se reveló una puerta que, se alzaba tan alta que parecía llegar hasta las estrellas ausentes. Una puerta tallada en un árbol, uno tan grande que la luz se perdía sin encontrar sus costados. Sven puso una mano en la puerta, la madera era tibia y agradable.
—¿Y ahora? ¿Cómo se abre la puerta? —preguntó Farran.
—No lo sé, se supone que habría un portero, yo no tengo llaves —contestó Feltar, algo irritado por la falta de perillas, goznes y cerraduras.
—Pues hasta donde veo, no hay nadie.
—Que enorme ¿Para qué necesitan una puerta tan alta?—preguntó Sven.
—Ya sabes, así somos los Fata. Esta es una sencilla exposición de nuestra exuberancia y vanidad —Le contestó Farran.
—Esto me molesta demasiado. Farran has algo.
—Señor, lo haría pero, nunca he estado aquí, ni siquiera le conozco la punta de la nariz a Egguk. Si tan solo usted hubiese hablado mejor con ella ¿Está seguro que no le entregó una llave o algo?
—Por supuesto que ¡no! ¡Sino ya estaríamos dentro! —gritó Feltar, contrariado.  Luego Farran contestó y los dos hombres terminaron enfrascados en una pequeña pelea. Sven en cambio observaba el maravilloso e intrincado nudo que estaba tallado en el árbol, ajeno a la discusión. Entonces distinguió entre los nudos el tallado de un ave. Pasó la mano por sobre el dibujo sintiendo su textura rugosa y el detalle de las plumas, presionó con sus yemas la cabeza del pájaro tratando de guardar toda la información, estaba forjando una historia en su pequeña cabeza y debía guardar todo detalle del viaje. Entonces crujió la madera bajo su mano. Asustado la alejó temiendo haber roto aquella obra de arte. Ferran y Feltar callaron al oír el crujido y los tres vieron como el pájaro se salía de la puerta hasta caer al piso, dejando un hueco en la puerta que se perdía en lo profundo, dejando un espacio negro que la luz no llegaba a cruzar. Los tres en silencio vieron el trozo de madera caído. Antes de que cualquier formulara otra frase, en la imperturbabilidad de la noche un tenue aleteo rompió la calma. El cuervo apareció en los bordes de la luz proyectada y avanzó hacía los hombres. Se posó en el espacio faltante y mirando curioso entró.
Los hombres se miraron, Sven se agachó y recogió el tallado, que era nada más que un cuervo.
Sven iba a poner de nuevo la pieza en su lugar cuando una separación empezó a descubrirse en la puerta, la línea se hizo notable y la puerta se separó en dos, y luego se abrió. Los hombres sin esperar más pasaron apenas el espacio entre las puertas se lo permitió.


Última edición por Medieval--- el Jue Dic 05, 2013 7:14 am, editado 3 veces


:18:
avatar
Old Medie
Conocedor del mundo
Conocedor del mundo


Hoja de Personaje
Nombre:
Sexo:
Edad:

Volver arriba Ir abajo

Re: Sven y el ladrón Fata (parte 1) (Ref. al Fic comunitario)

Mensaje por Albertet el Jue Nov 21, 2013 12:53 pm

Cuando Sven despertó el guerrero Fata todavía estaba ahí. XD

Espero que no tardes tanto como Rothfuss en continuar la historia de Auri...
Lo de antes lo he puesto por un cuento famoso que es así.
avatar
Albertet
Héroe de historias de taberna
Héroe de historias de taberna


Volver arriba Ir abajo

Re: Sven y el ladrón Fata (parte 1) (Ref. al Fic comunitario)

Mensaje por Old Medie el Jue Nov 21, 2013 1:51 pm

@Albertet escribió:Cuando Sven despertó el guerrero Fata todavía estaba ahí. XD  

Espero que no tardes tanto como Rothfuss en continuar la historia de Auri...
Lo de antes lo he puesto por un cuento famoso que es así.
El dinosaurio, lo sé. Me has sacado una carcajada xD


:18:
avatar
Old Medie
Conocedor del mundo
Conocedor del mundo


Hoja de Personaje
Nombre:
Sexo:
Edad:

Volver arriba Ir abajo

Re: Sven y el ladrón Fata (parte 1) (Ref. al Fic comunitario)

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.