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El Fantasma de Castella

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El Fantasma de Castella

Mensaje por Moteth el Dom Dic 22, 2013 3:57 pm

Buenas, esto me lo he encontrado en un montón de papeles que tenía, y he pensado que estaría bien continuarlo aquí. Así que esta va a ser una historia conjunta, yo subo el capítulo y el título del siguiente, y vais dando ideas que plasmaré en el siguiente capítulo, a ver como queda...


1.- CASTELLA

Era 21 de julio. No me creía que por fin iba a disfrutar de la compañía de mis amigos del pueblo saboreando un helado de limón que compraríamos en el bar. No me creía que iba a estar otro verano con Alejandro, Victoria y Carla, tres personas con las que contaría en cualquier momento, aún viviendo cada uno tan distante del otro, Alejandro vivía en Málaga, Victoria vivía en Barcelona y Carla vivía en Oia, un pueblo de Pontevedra, y yo vivía en la capital, en mi querida Madrid. Nos veíamos tres meses al año, en verano. Nos conocemos desde hace cinco años, desde que empezamos a hablarnos en el pueblo. A partir de ese momento, hemos hecho de todo, desde buscar tesoros en las tierras cercanas a Castella, un pueblo de Castilla y León, hasta echar carreras con las bicis que traíamos de casa. Incluso un verano tuve un lío con Victoria, no fue nada del otro mundo pero me gustó, a ver, es decir, puf… que lío, no es que me guste como para salir, pero debo admitir que está buena, es más, Juan y yo hemos hablado más de una vez de ella, es morena, bajita, tiene los ojos marrones, es preciosa, de pequeños, cuando jugábamos a casarnos, yo siempre quería casarme con ella, simulando nuestra boda de mayores… ¡qué tiempos! Victoria parecía una chica del montón, hasta que te fijabas bien en ella, entonces podías contemplar uno de esos cuerpos que pintaban los artistas en el Renacimiento, perfecto, maravilloso, con un brillo diferente del que tienen las demás chicas, cualquier chica te puede engatusar con sus “encantos femeninos”, pero ella no, más bien era su figura, no por lo que caracteriza a las mujeres, que todos sabemos qué es… sino por la perfección de sus curvas, por su cara, por su mirada, su mira penetraba en los rincones ocultos de tu corazón, cuando la veo, imagino a las musas y las diosas de las que se hablan en los relatos mitológicos, cuando la veo imagino a Afrodita, bueno, no, cuando imagino a Afrodita la veo a ella, la diosa del Amor, y eso es lo que me impulsa a escribir de ella , antes he dicho que no me gustaba como para ser novios, pues os he mentido, lo siento, la quiero, demasiado, la amo, sé que puede sonar fuerte para un chaval de 14 años, pero es lo que pienso, o lo que dicta mi corazón.
Bueno, que me desvío del tema, era 21 de Julio, íbamos al pueblo, eran siete horas de viaje, así que, encendí mi móvil y miré la hora, las 09:00, me puse los cascos, puse el libro que me estaba leyendo en ese momento, La Marca de Atenea, en mis piernas y me preparé para leer, iba a ser un viaje largo y tenía que hacer algo para no aburrirme. Me preguntó mi padre si estaba listo para salir de viaje y le contesté que sí, que podíamos salir en cuanto quisieran. El viaje no os lo voy a contar porque si fue demasiado tedioso para mi, creo que no voy a poder escribirlo sin resultar aburrido y pesado, no pasó nada especial para mencionar, así que procederé a contar lo que ocurrió en el primer día de nuestra estancia en Castella. Justo cuando estaba escuchando Thrift Shop, vi el cartel ese blanco en el que pone Castella, así que paré la canción, quite los cascos, me los metí en el bolsillo del North Face negro que me había comprado unos días antes y guardé el libro que me estaba leyendo en ese momento en la mochila, preparado para, en cuanto lleguemos a nuestra casa, bajar, ir corriendo a mi habitación (con la maleta), dejarlo todo colocado en la cama, ir a la cocina, prepararme el típico bocadillo de tortilla, coger la botella de Coca Cola, un vaso, comérmelo y llamar a Alex y Carla, que estaban en el pueblo para dar una vuelta, para mi descontento, Victoria no llegaba hasta una semana más tarde. Quedé con ellos en el parque a las 16:30, así que tenía diez minutos para ducharme y cambiarme de ropa. Me duché en cinco minutos, y luego me vestí, me puse unos vaqueros, una camiseta blanca, una camisa de Levis, busqué en la mochila mis Onitsuka negras y cogí el North Face, salí a la calle, hacía viento así que me abroché la cremallera y me puse los cascos, encendí el móvil, elegí una canción y me puse a andar, y a lo lejos vi a una pareja de adolescentes que no conocía, estaban abrazándose, uno se parecía a Alejandro así que eché a correr y cuanto más me acercaba, más se parecía a él, pero, ¿quién era esa chica? Entonces me pareció que era ella, no, no era posible, ¿ellos?, bueno, ahora que lo pienso, puede que sí. Era Carla. Sí, lo que oís, Carla y Alex liándose, no me lo creo ni yo… Así que les dejé en su intimidad… jeje. Así que me fui, volví a mi casa y cogí la bici para dar una vuelta, ir hasta la casa abandonada en el lago, más allá del Robledal, está a media hora en bici a un ritmo movidito, hay que subir por la cuesta de los azulejos y cruzando la carretera se llega a unos campos de cultivo, al fondo se veía un bosque, el Robledal, y más allá del bosque había una laguna, y en la orilla había una casa destruida por la Guerra Civil, la llamábamos la Casa Abandonada. Así que fui hasta allí. Llegué en 25 minutos, ya que este año me había apuntado a un gimnasio, ya que por fin había cumplido los 16 años, aparte de a Kick Boxing, algo que quería hacer desde hace unos años. También, me habían regalado una moto, por aprobar el examen, pero eso es otra historia.
Bueno, llegando ya a la casa, empecé a oír a alguien gritar algo parecido a “Socorro”, y me asusté, no es que yo brillara por mi valentía… siempre había tenido miedo a las cosas que consideraba paranormales, las sombras con formas, las voces que no sabía de dónde venían y cosas así. Empecé a mirar a los lados, pero no vi a nadie, una parte de mí, la mayor parte, me imploraba volver al pueblo, pero había una ínfima parte que me pedía ir a la casa, estuve cavilando un rato, no iba a morir, por una voz al menos, otra cosa es si hay alguien… pero seguí, tenía 16 años, hacía Kick Boxing, y había estado entrenando un año en el gimnasio de mi ciudad, pocas cosas podían conmigo… Sobre todo con mi música, así que me puse música, Ocer y Rade, Sneik, Nasta, el típico rap, me puse la de Distinto, de Ocer y Rade, la que más me gusta, y entré a la casa, seguían nuestros grafitis en las paredes, busqué el mío, ahí estaba, en esa esquina, Herif, había probado a hacer un par de pintadas por la capital, en el retiro, y…bueno, me vio la poli y tuve que salir corriendo, casi me caigo…
Volví a oír la voz, esta vez parecía que estaba cerca de mí, detrás de mí, noté algo en la nuca, una especie de suspiro, como me agarraban, unos susurros, las manos eran gélidas, como el suspiro, y me fui dando la vuelta poco a poco, lentamente, y entonces pasó algo increíble, no lo olvidaría nunca... me giré y noté algo en la cara, como esa persona se acercaba a mí y… me besaba, entonces supe quien era, era ella, la joven de mi vida… Victoria, pero no podía ser, aún faltaba una semana para que llegase, pero no me preocupé de eso en ese momento, disfruté del cálido beso que me dio, como si me transportase al cielo. Entonces se alejó poco a poco, y entonces la contemplé, era preciosa, parecía un ángel. Nos miramos, ella se sonrojó y se giró, me dio la espalda, entonces la oí llorar y se me cambió el gesto completamente, me acerqué a ella y la pregunté que qué la pasaba, y entonces abrió la boca, y dos palabras surgieron de su boca cual rosa en primavera:
- Te quiero.
Me volvió a abrazar.
- Te he echado mucho de menos, he estado esperando este día durante todo el año.
- Yo también, te quiero, siempre te he querido.
Fue, y todavía lo es, el mejor día de mi vida, por fin la chica a la que amaba me había dicho lo que sentía, esperaba este día, me daba igual que fuese un no, bueno, la verdad es que no, un no me hubiese destrozado la vida, un no me hubiese provocado irritación en los ojos de tanto llorar, un no hubiese significado la crucifixión de mi alma.
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