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Teme al frío

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Teme al frío

Mensaje por Viajera el Jue Ene 23, 2014 1:44 pm

Holaaa :)bueno, hace ya bastantes meses escribí un fic llamado "Visita a la posada Roca de Guía" donde presenté a un personaje de mi invención, Viajera, ese iba a ser el único fic que iba a escribir sobre ella pero gracias a los comentarios que recibí en esa historia me he animado a contar un poco más sobre ella y sobre las experiencias que compartió con Kvothe y Bast en su pasado. Gracias a todas esas personas que comentaron y que me dieron su apoyo para seguir escribiendo sobre ella nace "Teme al frío", una historia de cuatro o cinco partes que espero de verdad que os guste y que os entretenga un ratito. No es del todo necesario leer "Visita a la posada Roca de Guía" para entender este fic, intentaré que todo quede lo más claro posible si en algún momento tengo que recurrir a las cosas contadas en el otro fic. Esta historia está ambientada en algún momento del pasado de Kvothe que transcurre entre "El temor de un hombre sabio" y "Las puertas de piedra", dos años antes de que nuestro posadero se decida a contarle su historia a Cronista. A aquellos que escriben y/o siguen el fic comunitario que se está escribiendo en este foro sólo deciros que tengo una sorpresita preparada para vosotros en esta historia.
Dejo ya de ser una pesada con tanta información y sólo daros las gracias por leer y sobre todo gracias a todos aquellos que han comentado mis escritos en este foro, sin vosotros Viajera nunca habría tenido más pasado del que ya habéis leído.



Prólogo
Nueve meses antes...

La espalda de Kvothe golpeó bruscamente la puerta y por un momento pudo jurar que había sentido la madera astillarse bajo su piel. Apretó los dientes intentando contener un gemido de dolor y se preguntó cómo diablos había podido ella cogerle por sorpresa. Todo su interior maldijo en respuesta, sabía perfectamente  cómo había ocurrido, sólo él pudo haber sido lo bastante idiota como para subestimarla cuando se escabulló de la posada. Tendría que haberse dado cuenta que una persona con una reputación como esa no se iba sin más, no dejando  rumores en el aire.  Antes de que pudiera hacer cualquier movimiento, ella le puso un brazo sobre el cuello y presionó con más fuerza de la necesaria. Sus ojos, casi tan verdes como los de él, le miraban con tal intensidad que Kvothe llegó a pensar que podría matarle sólo con ellos.

   -¿Quién te envía?- gruñó ella entre dientes- dime su nombre

Kvothe intentó contestar pero sólo le salió un jadeo. La mujer entornó aún más los ojos y la presión sobre su cuello aumentó. El pie de Kvothe se movió ligeramente cerca de los tobillos de ella, intentando encontrar la postura adecuada para apartarla, pero la necesidad de respirar estaba eclipsando todos sus sentidos y su pie se deslizó unos milímetros más allá. Casi derrotado sintió como los bordes de su campo visual empezaban a volverse borrosos.

Una sombra se movió detrás de la mujer y la golpeó tirándola al suelo. Kvothe sintió como el aire regresaba de golpe a sus pulmones y jadeó intentando controlar los fuertes latidos de su corazón que parecía querer salírsele del pecho. Se apoyó sobre sus rodillas y sintió un sudor frío bajándole por la espalda. Bast no perdió el tiempo y se abalanzó sobre la mujer sujetándola por el cuello y obligándola a levantarse. Ella forcejeó intentado liberarse pero solo consiguió que él apretase su agarre. En un intento desesperado inclinó la cabeza y le mordió la mano con tanta fuerza como fue capaz, Bast gritó y ella volvió a caer al suelo bruscamente en medio de los dos. Sin perder tiempo rebuscó entre los pliegues de su falda y sacó dos cuchillos. Se levantó con rapidez y girando sobre sí misma apuntó a cada uno de los hombres con uno de los puñales. Durante unos instantes se quedaron los tres en esa misma posición. Ella mirándoles alternativamente, tratando de no perder de vista a ninguno de los dos, mientras su pecho subía y bajaba en una respiración agitada. Un grueso mechón de pelo negro se había caído sobre sus ojos y Kvothe pudo observar como la mano que sostenía el puñal que le apuntaba empezaba a temblar.

La mujer dio un paso inconsciente hacia atrás y un tintineo apenas audible sonó bajo su falda rompiendo el silencio. La mirada de Kvothe cayó hacia los pies de ella y parpadeó con incredulidad. Volvió a mirar el rostro encendido de la mujer que se encontraba ante él bajo una nueva luz y comprendió el error que había cometido. Levantó lentamente las manos, intentando mostrarse inofensivo. Ella se sobresaltó y apretó con fuerza los puñales, haciendo que sus nudillos se pusiesen blancos por la presión.

   -No vamos a hacerte daño- prometió Kvothe tratando de controlar el tono de su voz. Le hizo un gesto a Bast para que retrocediese y volvió a posar sus ojos en ella- Te juro por todo lo que puedo jurar que no hemos venido a ponerte en peligro…- ella enarcó una ceja sin creerle- …te doy mi palabra de Edena Ruh.

Tal y como sospechaba aquello fue suficiente. Un destello de curiosidad apareció en los ojos de la mujer, quien inclinó la cabeza para examinarle. Su mirada descendió lentamente desde el rostro de Kvothe hasta sus ropas y luego de vuelta a su cara.  Los ojos verdes de ambos volvieron a encontrarse y se sostuvieron las miradas durante varios minutos en los que ni siquiera Bast se atrevió a hacer un solo movimiento. Finalmente, Viajera bajó los puñales.

   -¿Cómo lo habéis descubierto?


Última edición por Viajera el Sáb Mar 08, 2014 1:35 pm, editado 1 vez
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Re: Teme al frío

Mensaje por Albertet el Jue Ene 23, 2014 10:47 pm

Me encanta que esa historia continúe. El encuentro en la Roca de Guía me gustó mucho y ahora toca contar cómo se conocieron Kvothe y la contadora de historias. Ya he dicho otras veces que, mientras no se publican Las Puertas de Piedra, esta sección nos alivia las ganas de volver al mundo de Kvothe.

También espero el guiño al fic.  Very Happy 
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Re: Teme al frío

Mensaje por Re'lar Goofitillo el Sáb Feb 15, 2014 1:24 pm

Dios, me has dejado superintrigada. Estoy deseando leer la segunda parte. Me encanta como narras la historia, de verdad pienso que lo haces incluso mejor que el propio Patrick. Sigue así!!! yo seguiré leyendo cuando pueda, que ahora mismo tengo muchísimos exámenes. Muchísimas gracias y no dejes de escribir!!  Razz 
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Re: Teme al frío

Mensaje por trikyzgz el Sáb Feb 15, 2014 11:11 pm

Dices que no es necesario leer "Visita a la posada Roca de Guia" ahi discrepo, para cualquier amante de los libros de Pat y que visite este foro, deveria ser obligatorio.

Son una maravilla de historias cortas, que consiguen saciar la necesidad que tenemos muchos de conocer mas del mundo de Kvothe.

Has conseguido crear un personaje en el entorno de Kvothe, que encaja a la perfección y a la vez es distinto de todos los personajes.

Por lo poco que mi limitado cerebro a podido captar, viajera es un mujer fuert como Devi, a la vez que trotamudos como Denna y compasiva como Auri, Pat no tiene un personaje asi en su novela y si lo hubiera creado, seria uno de los mejores.

Enorabuena.


PD: Yo que soy un necio sin imaginación, me gustaria pedir a alguno de nuestros destacados escritores noveles, que crearan una historia sobre un persona. Un Calderero pero no uno cualquiera, si no ese calderero cas inmortal que ayuda a Trebolin el grande, que es engañado por Ayax y que vende por una moneda de plata una de cobre y una de bronce, objetos magicos a la gente porque sabe leer lo que les va a pasar y que necesitaran.

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Teme al frío

Mensaje por Viajera el Mar Feb 18, 2014 7:59 pm

Perdón, perdón, perdón y mil veces perdón por la tardanza. No puedo echarle la culpa a nadie más que a mí misma por dejar pasar tanto tiempo sin escribir nada, tenéis permiso para odiarme por no darme la gana de ponerme delante del ordenador. Muchísimas gracias por vuestra paciencia y sobre todo por vuestros comentarios, me alegra ver que Viajera aún despierta vuestra curiosidad :)Gracias a todos los que habéis comentado la entrada anterior y a Medieval que comentó en mi otro fic. Albertet, en la próxima entrada tendremos el primer guiño al fic comunitario y esa no será la única mención, prometido ;)a Re´lar Goofitillo y a Trikyzgz gracias también por vuestros comentarios y cumplidos (ya me gustaría ser algún día la mitad de buena que Rothfuss) y espero estar a la altura de vuestras expectativas. Os dejo con la lectura Wink

PRIMER CAPÍTULO
NUEVE MESES DESPUÉS

Las posadas aún tardarían varios meses en sentir el vacío que provocaría la guerra, varios meses en ser testigos de cómo los clientes dejaban de ir, de cantar, de contar historias…aún faltaba mucho tiempo para que tanto hombres como mujeres se viesen forzados a dejar las mesas vacías  y, sobre todo, faltaba aún mucho tiempo para que los forasteros dejasen de ser casi invisibles a los ojos de los que allí estaban. Antes de la guerra era muy fácil pasar desapercibido. Sólo tenías que sentarte en una mesa recogida en una esquina y no hablar, dejar que pasasen los minutos y observar como poco a poco todos se olvidaban de que estabas allí. Y con suerte, alguna noticia procedente de la ciudad llegaría aquella noche a los pueblos y todo el mundo estaría demasiado entretenido inventando detalles que no se habían contado como para darse cuenta de los dos hombres que se encontraban sentados en esa mesa que pocos miraban.

Kvothe desvió, por vigésima vez en lo que iba de noche, la mirada hacia la puerta, esperando, o más bien rezando, porque ella apareciese de una vez. Llevaban más de tres horas allí sentados, viendo a gente ir y venir, escuchando variadas y fantasiosas versiones de lo sucedido en Tarbean y cuanto más tiempo pasaba más desesperante se volvía la situación. A su lado, Bast bebía distraídamente de su jarra de vino mientras miraba a una de las camareras, su aire aburrido contrastaba con la inquietud cada vez mayor que se reflejaba en los dedos de su acompañante, que tamborileaban sin descanso sobre la mesa. Finalmente, Kvothe cerró los dedos en un puño y suspiró.

-¿Crees que algún día aprenderá a ser puntual?- murmuró- porque juro que a veces pienso que lo hace sólo por fastidiar….
-Es que lo hace sólo por fastidiar- Bast le dio un trago largo a su bebida- y técnicamente no le dijiste una hora exacta a la que debíamos encontrarnos.

Kvothe bufó e hizo una mueca que dejaba bien claro qué podía hacer Bast con su comentario. Obligándose así mismo a no mirar hacia la puerta otra vez, dejó que sus ojos se posasen sobre el pequeño grupo de aldeanos que hablaban animadamente con el posadero. Éste se reía ante las anécdotas del día y les contaba lo poco que sabía sobre las noticias recientes. Se preguntó cómo sería la vida de un posadero, siempre estancado en el mismo lugar, viendo como la gente venía y se marchaba y nunca poder ver más allá de los que otros le contaban. Debía ser frustrante no poder moverse hacia todos aquellos lugares que apenas estaban a unos días de camino de la puerta de la posada, oír tanto y ver tan poco. Sacudió un poco la cabeza con una sonrisa; desde luego, él no estaría hecho para aquella vida.

Un ligero olor a bosque y lluvia le envolvió de pronto. Apartó bruscamente la mirada y la puso sobre la hermosa mujer encapuchada que acababa de ocupar la silla que se encontraba junto a él. Sólo podía ver su sonrisa pero sabía perfectamente quien era ella.

-Veo que sigues apoyando la afirmación de que lo bueno se hace de esperar.
-Bien sabes que son mis pasos los que marcan mi tiempo, no las horas, Kvothe- Viajera se retiró un poco la capucha de la cara, sus ojos brillaban felices por verlos de nuevo- hace años que las horas, los minutos y los segundos perdieron significado para mí.
-Pero no para el resto del mundo.

Viajera agitó la mano restándole importancia y se inclinó para besar a Bast en la mejilla. El fata la envolvió en un fuerte abrazo impidiendo que rompiese el beso y ambos se rieron. Pasaron un par de minutos antes de que él la dejase ir.

-Seis meses de silencio… sinceramente no esperaba volver a tener noticias vuestras, al menos no por vosotros- Viajera suspiró- ya pensaba que tendría que ir yo en vuestra busca.
-Las cosas se complicaron un poco…bastante más bien.
-Eso había oído, os he estado siguiendo de cerca, han estado circulando muchas historias últimamente y empieza a ser difícil  distinguir cuales son ciertas y cuáles son sólo invenciones de la gente.
-A nosotros también nos está empezando a costar- comentó Bast haciendo una seña a la camarera para que le trajese otra jarra de vino. La joven asintió y se ruborizó cuando él le guiñó un ojo- te has perdido muchas cosas estos meses, algunas divertidas.

Viajera se tapó un poco más con la capucha cuando la camarera volvió para dejar el vino y aguardó el silencio hasta que se marchó.

-¿Has estado en Tarbean?- el rostro de Kvothe se ensombreció al hacer la pregunta y sus dedos se retorcieron inconscientemente.
-Si- la mujer bajó los ojos, su voz había bajado hasta convertirse en un susurro- vine directamente desde allí- la impaciencia de Kvothe empezaba a palparse por toda la posada y Viajera sabía que no podría aguantar más tiempo sin saberlo- … fueron ellos…
-¡Lo sabía!

El resto de la clientela se sobresaltó ante el grito del forastero y se quedaron mirando para la mesa de la esquina estupefactos.

-Sabía que habían sido ellos- susurró Kvothe con un destello de furia en los ojos- era demasiado evidente, de todas las ciudades en las que podría haber ocurrido algo así, sucedió allí.
-Fue un incendio terrible- la voz de Viajera estaba a punto de quebrarse-  la mayor parte de la ciudad está teñida de negro y lo que no ha quedado destruido poco le falta. La fuerza del fuego fue tal que, aun a pesar de que llegué cuatro días después de que lo apagasen y de que había llovido dos veces desde entonces, mi pelo terminó oliendo a humo como si hubiese estado en medio de las mismas llamas. No hay forma de describir aquello…
-¿Qué dijo la gente?
-Nada, por eso supe que habían sido…- Viajera dudó- ellos. Todo con el que hablé insistía en que había sido un accidente y si intentaba hacer más preguntas se ponían nerviosos y escapaban de mí. La misma historia una y otra vez en bocas distintas, no cambiaba ni una palabra. Lo único que saqué en claro fue el lugar donde se originó el incendio…y fue el escondrijo que tenías durante aquellos años que viviste allí. No necesité saber más, me puse en marcha al momento.

Kvothe suspiró y hundió la mano en sus cabellos. Bast y Viajera aguardaron mientras él ponía en orden el caos en el que se había convertido su cabeza.

-Han quemado todo Tarbean para mandarme un mensaje- murmuró entre dientes- han abandonado los límites, ya no les importa hacer las cosas a plena luz del día ni llamar la atención de todo el mundo.
-Han hecho algo más que quemar la ciudad- comentó Viajera- la han marcado, por mucho que la gente diga que ha sido un desafortunado accidente los caminantes somos gente muy supersticiosa. Ningún comerciante, calderero o contador de historias volverá a esa ciudad…me consta que ni siquiera los traficantes de denner quieren saber nada de Tarbean, la ciudad no sobrevivirá mucho tiempo si los caminantes no van a ella, en menos de dos años será una ciudad fantasma.  
-Entonces ya está todo perdido para ellos…
-No todo- Viajera esbozó una sonrisa que no le llegó a los ojos- mi nombre es lo bastante fuerte en los caminos para que varias visitas mía a la ciudad cambien un poco el modo de verla para los demás caminantes. Las gentes de Tarbean pueden contar con mi presencia una vez al mes y con todo lo que les pueda ofrecer durante ese tiempo, si yo voy estoy segura que tarde o temprano alguien más irá.
-Pero…- Kvothe la miró confuso- tu odias Tarbean, solo te hizo falta estar allí una vez para saber que siempre ibas a detestar esa ciudad.

La mujer se encogió de hombros.

-Yo voy ahí donde me necesitan y no pienso abandonar una ciudad que ya lo ha perdido todo. Además- entornó los ojos maliciosamente- no me perdería meterme en el territorio de Skarpi  por nada en el mundo.

Las escandalosas carcajadas de los aldeanos ahogaron el comentario de Kvothe, la voz del posadero se hizo oír por encima de todas las demás.

-Como se suele decir, los hombres sabios temen tres cosas: la tormenta en el mar, la noche sin luna y la ira de un hombre apacible.
-¡Qué se lo digan al herrero de tu historia, que de haberlo sabido no se habría camelado a la jovencita en el granero del padre!- exclamó uno de los clientes provocando una nueva tanda de risas.

Viajera se rió también y negó con la cabeza.

-Más bien temen cuatro cosas- comentó más para sí misma que para los demás.
-¿Cómo dices?- Kvothe la miró con curiosidad ante aquellas palabras.
-Es algo que mi padre solía decir. “Los hombres sabios temen tres cosas: La tormenta en el mar, la noche sin luna y la ira de un hombre apacible. Pero los hombres que saben demasiado también le temen al frío porque saben lo que se esconde detrás de él y saben que es imposible escapar una vez te ha alcanzado”- sus ojos se fueron tiñendo de nostalgia a medida que pronunciaba las palabras. Se quedó unos segundos callada, perdida entre sus recuerdos- era raro el día que no lo decía- comentó en voz queda- recuerdo que no fui capaz de comprender a que se refería hasta los catorce años, cuando tuve que empezar a caminar.
-Tú padre era un hombre muy inteligente, princesa- señaló  Bast acariciándole la mano- nosotros tenemos un dicho similar sobre el frío, pero nunca supe de donde provenía.
-Nuestros mundos se parecen más de los que pensamos- La mujer sonrió y se levantó de la silla cuidando de no arrugarse el vestido- y yo me temo que debo hacer un par de recados antes de continuar mi camino, volveré en breve así que más os vale no marcharos- le señaló con el dedo como advertencia- u os buscaré allí donde estéis, tenéis muchas cosas que contarme.

La mujer se despidió con un beso en el aire y se escabulló hacia la puerta, cuidando de que ninguno de los clientes de la posada la reconociese y le pidiese alguna historia o nueva sobre los demás pueblos. Una vez fuera, echó la capucha para atrás y alzó la cabeza hacia el cielo. Sonrió al ver todas aquellas estrellas que salpicaban la oscuridad y cerró un momento los ojos para oler el rocío que ya empezaba a acumularse. Sólo necesitaba pasar unos segundos así y podía empezar a sentir como la brisa y la naturaleza relajaban sus músculos, amaba esa sensación. Entreabrió los ojos y suspiró. El vaho condensado se formó ante sus ojos y ella abrió los ojos del todo. Volvió a suspirar y se quedó mirando, extrañada, como el vapor de su aliento desaparecía poco a poco. Estaban en plena primavera.

Sobrecogida sintió como poco a poco la temperatura iba disminuyendo a su alrededor de una manera apenas perceptible y sintió algo moverse a su espalda. El vació en su estómago se fue haciendo cada vez mayor al darse cuenta de que esa bajada de temperatura no era cosa de su imaginación. Observó de reojo una sombra pasando rápidamente a su lado. Empezó a girarse sabiendo perfectamente lo que encontraría a su espalda. Apenas tuvo tiempo de darse la vuelta del todo cuando él se abalanzó sobre ella y la empujó contra la pared de la posada tapándole la boca con la mano. Los ojos de Viajera se abrieron aterrados al ver aquella mirada negra sin pupila que parecía absorber la poca luz que los rodeaba. Su piel, blanca como el mismo invierno, parecía hacerle competencia al frío y Viajera sintió todos sus músculos congelarse bajo él. Ceniza.

-Preciosa…- murmuró el Chandrian a su oído mientras le acariciaba el pómulo con un dedo- parece que el muchacho sólo se rodea de lo mejor…

Viajera intentó retorcerse para escapar pero él la chistó para que se mantuviese quieta. La mujer cerró los ojos rendida y sintió su corazón latir con fuerza contra su pecho. Las palabras que ella misma había pronunciado hacía pocos minutos resonar en su cabeza. No se puede escapar una vez te ha alcanzado. Un instante después, simplemente, ya no estaban allí.
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Re: Teme al frío

Mensaje por Old Medie el Miér Feb 19, 2014 5:48 am

Gracias por compartir a Viajera con nosotros, la historia se acaba de poner interesante, no broma, se acaba de poner un poco más interesante xD


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Re: Teme al frío

Mensaje por trikyzgz el Miér Feb 19, 2014 10:12 am

Como te vamos a echar la bronca por tardar en escribir, no ves que somos seguidores de Pat y el nos ha acostumbrado a esperar una eternidad.

Por cierto la historia esta muy interesante

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Re: Teme al frío

Mensaje por trikyzgz el Vie Mar 07, 2014 11:25 am

Jo se nos a perdido viajera, espero que no la tengan los chandrian pero llevamos tiempo sin noticias de ella

Es una digna alumna de Pat, tanto por como escribe y por lo que hace sufrir a los lectores  partirse 

trikyzgz
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Teme al frío

Mensaje por Viajera el Sáb Mar 08, 2014 1:34 pm

Me temo que los Chandrian no han tenido nada que ver xd lamentablemente me abstraigo muy fácilmente y puedo tardar bastante en ponerme a escribir, vais a terminar odiándome xd pero  prometo que las próximas partes tardarán menos en llegar. Espero que os guste este capítulo y muchas gracias por los comentarios y por supuesto por seguir leyendo  Very Happy 


Capítulo dos

Viajera no se fiaba de esos dos hombres. Podría haber bajado las armas pero todavía se mantenía alerta y observando fijamente al pelirrojo, quien seguía con las manos medio levantadas en señal de rendición. Casi sonrió para sí. ¿De verdad se pensaba que alguien como ella atacaría al primero que lanzase una necia acusación en su contra? No podía creer en serio que era tan estúpida. Viajera  había reconocido aquellos rasgos desde el mismo momento en el que habían entrado en la posada, no lo había dudado ni un mísero segundo. Ella no era una cuentista cualquiera, era una de las mejores, y eso significaba que sabía perfectamente quien era Kvothe, Kvothe  el Sin Sangre, el acusado ante la Ley de Hierro, el amante de Felurian… el mismo Kvothe que tenía pocos minutos para convencerla de que valía la pena dejarle ir…

Un último grito y el dolor cesó de repente. Viajera sintió como todo su cuerpo se desplomaba sobre el suelo, ligeramente tembloroso y sintiendo los resquicios de la tortura aún latiendo  por su interior. Él se movió lentamente a su alrededor, dejando que sus pasos resonasen por toda la estancia. No se detuvo en ningún momento, observando y disfrutando de cómo ella luchaba por incorporarse con toda la dignidad de la que era capaz. Viajera sólo alcanzó a quedarse apoyada sobre sus antebrazos, mirando fijamente más allá del suelo y sintiendo como se le desenfocaba la vista cada pocos segundos. Una gota de sudor recorrió su frente y cayó sobre una de sus manos. Agotada, cerró los ojos e hizo un último esfuerzo para incorporarse un poco más, apenas fue capaz de elevarse antes de volver a caer. Él se detuvo ante ella, que se negó a levantar la cabeza, no quería darle a ese ser el placer de verla mordiéndose la lengua para no caer en la tentación de suplicar. Prefería morir siete veces a rebajarse ante cualquiera de ellos.

Unos dedos gélidos le apartaron cuidadosamente el flequillo de la frente, apretó los labios con fuerza, asqueada por su contacto.

  -Todo podría terminarse en poco tiempo- le susurró él al oído- sólo tienes que mostrarte un poco más…colaboradora.

Ella guardó silencio, soportando como aquellos dedos se enredaban entre los mechones de su cabello, como lo olía, soportó su cercanía tratando de no moverse, aunque todo su interior chillase por alejarse lo máximo posible de él. Tomó aire con fuerza cuando la obligó a levantar la cabeza de un tirón y la miró a los ojos.

  -Dime querida, ¿te portarás como una buena chica?

Viajera le escupió. Se miraron fijamente el uno al otro durante unos pocos minutos; él, totalmente impasible, sin ningún sentimiento en su mirada, ella, con el más profundo desprecio. La bofetada resonó por toda la sala, echándole la cabeza hacia un lado. Viajera sintió la mejilla arder por el dolor.

  -Tomaré eso como un no- murmuró Ceniza limpiándose la cara- pero no puedo decir que lo lamente.

Apenas un segundo después, Viajera volvió a gritar.





  -¡CÓMO LE TOQUE UN SOLO PELO LE ARRANCARÉ EL CORAZÓN!

Bast estaba fuera de sí, había destrozado todo cuanto había caído en sus manos y si alguien no le detenía pronto, su violencia podría llevarle a cometer una imprudencia. Su furia era tal que el azul marino de sus ojos había teñido hasta la zona blanca de los mismos, las aletas de su nariz se hinchaban y deshinchaban al ritmo de su respiración  mientras apretaba los puños con tanta fuerza que Kvothe pudo distinguir una gota de sangre resbalando por entre sus dedos.

Se suponía que debía pararle, decirle que todo iría, bien pero no podía. La desazón pesaba sobre su estómago, obligándole a permanecer sentado y con los ojos puestos en aquella nota que tantas veces había leído. Un simple trozo de papel que un chaval le había entregado hacía casi un día. “Sé de una jovencita que ha estado haciendo preguntas que no hay que hacer…” Prácticamente la misma frase que había escuchado hacía tantos años, la frase que le había estado persiguiendo todo ese tiempo y ahora volvía a tenerla delante. Sólo que esta vez era mucho peor. Él la tenía, la tenía en su poder desde hacía más de un día, sólo Tehlu sabía lo que le estaba haciendo y probablemente estaría apartando la mirada horrorizado. Los recuerdos de la noche en la que su troupe murió volvieron a él, imagen por imagen, una vez más revivió todo lo que había visto aquella noche y sintió sus ojos arder. Sólo de pensar que Viajera… Sacudió la cabeza con fuerza para apartar esos pensamientos. Se levantó de la silla y dio una vuelta por la habitación. La ansiedad dentro de él fue creciendo a medida que no podía evitar ver ante sus ojos imágenes de ella siendo torturada por ese monstruo. Un gruñido nació del fondo de su garganta y estalló por toda la habitación, dándole un puñetazo a la pared.

  -¿Dónde está?- gruñó Bast, el tono azul de sus ojos se había oscurecido aún más- ¿Dónde puedo encontrar a esa basura?
  -No lo sé- Kvothe le miró fijamente, con tantas ganas de venganza como él.
  -¡Pues descúbrelo! Descúbrelo y déjame a solas con él.

Kvothe no le contestó. Volvió hacia la mesa y una vez más leyó la nota, prestando atención a cada una de las palabras, buscando cualquier pista que le pudiese llevar hasta ellos. “Se de una jovencita que ha estado haciendo preguntas que no se deben hacer, si la encuentras a lo mejor hasta te dejo enterrarla” ¿Cómo? ¿Cómo podía encontrarla? Si al menos pudiese… se cambiaría por ella sin dudarlo ni un instante, era a él a quien buscaba, pero fue a por ella.  Leyó una vez más las notas pero las palabras empezaban a juntarse y mezclarse ante sus ojos.

  -¿Señor?- una voz temblorosa le llamó desde la puerta. Se giró y vio a la hija del posadero, parada en el umbral pero sin entrar en la habitación. Observaba nerviosa los destrozos que los rodeaban- mi hermano acaba de llegar, dice que ha entregado su nota, están de camino.

Bast se giró hacia él, interrogándole con la mirada, por suerte había conseguido controlar su transformación y sus ojos habían vuelto a la normalidad.

  -Gracias, Ana- Kvothe intentó esbozar una sonrisa que sólo la puso más nerviosa- puedes irte, dile a tu hermano que se tome una copa, yo le invito.

La joven asintió y salió casi corriendo de allí. Kvothe se giró y volvió a estudiar la nota, no podía dejar de mirarla. Podía sentir la tensión de Bast prácticamente rozándole el cuerpo, su curiosidad, su preocupación, pero sobre todo, su esperanza de que por fin tuviesen una pista. Sólo que no tenían ninguna pista.

  -Reshi, ¿a qué hombre ha encontrado ese chico? ¿Cómo puede ayudarnos?
  -No puede- murmuró Kvothe cerrando los ojos con cansancio- sólo puede esperar, igual que nosotros…
  -¿Quién es?

Kvothe suspiró.

  -Alván.

Sintió la respiración de Bast acelerándose tras oír ese nombre.

  -¿Por qué le has llamado?- le preguntó entre dientes, aún más enfadado que antes.
  -Tiene derecho a saberlo.
  -Sabes perfectamente lo que piensa de nosotros- Bast apretó los puños- Nos odia.
  -No nos odia- Kvothe sacudió la cabeza, estaba harto de aquella absurda rivalidad- y tú sabes que no podemos ocultarle lo que ha sucedido.
  -¿Y qué puede hacer él? ¿Para que estar aquí si no puede hacer nada?
  -¡Es el prometido de Viajera! Y eso debería ser suficiente.

El joven le lanzó una mirada furiosa y se cruzó de brazos.

  -Tal vez lo sea para ti- murmuró- pero no para mí, puede que no nos odie pero nunca le hemos gustado, ¿acaso crees que no nos echará la culpa de esto? ¿Cómo vamos a ayudarla si ni siquiera podemos estar cómodos en la misma habitación?
  -Él la quiere más que a nada, Bast, lo sabes, lo has visto en su forma de mirarla. Yo también lo he visto y no puedo dejar que la pierda y que nunca deje de sentir que no estuvo ahí, que pudo hacer algo por salvarla pero no lo hizo…

La voz de Kvothe fue perdiendo fuerza a medida que decía esas palabras. Se quedó callado y su mirada cayó lentamente sobre la nota de Ceniza. Volvió a repetir las palabras que le había dicho a Bast en voz baja.

  -Nunca deje de sentir que no estuvo allí- musitó- ya lo tengo- se giró hacia el otro con los ojos desorbitados- se adonde la va a llevar.
  -¿Qué?
  -Esta noche, va a llevarla justo esta noche- Kvothe estaba frenético. Hundió las manos en su pelo- y sé a dónde.
  -Iré contigo- Bast dio un paso hacia él.
  -¡No! Tú tienes que quedarte aquí, Alván llegará en cualquier momento y tienes que estar aquí- prácticamente corrió hacia la puerta- voy a traerla de vuelta, Bast, te lo juro pero quédate…haz que el médico venga, oblígale si es necesario y…-tomó aire- y si mañana no he vuelto, vete lo más lejos que puedas.
  -¡Reshi!

Bast intentó agarrarle del brazo pero él salió corriendo de la habitación, golpeando la puerta a su paso.




El frío seguía dentro de ella, era lo único que podía seguir sintiendo pero ya no le molestaba. Al principio había sido insoportable, un dolor como ningún otro que hubiera experimentado, pero poco a poco su cuerpo se fue adormeciendo y ahora ni siquiera le dolía, ya no le dolía nada. Distinguió una sombra a través de sus párpados cerrados y un instante después unos brazos la elevaron del suelo. Su cabeza cayó hacia atrás, lacia, sin fuerza.

  -Ha llegado el momento, hermosa- le susurró él


“¿Por qué debería confiar en ti?” le había preguntado Viajera aquella noche, hacía nueve meses, en la que Kvothe había ido en su busca. Una sonrisa discreta se dibujaba en su rostro y podría jurar que empezaba a disfrutar de aquella conversación. No buscaba una respuesta a su pregunta pero aún así, Kvothe se la dio.
“Porque hay caminos que no tienes por qué recorrer sola”
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Viajera
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Re: Teme al frío

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