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Tras la puerta.

Mensaje por Old Medie el Jue 13 Mar - 4:50

En los cuatro rincones de la civilización no existía lugar como la Universidad. Emplazada al final, o al comienzo dependiendo del punto de vista, del Gran Camino de Piedra, era la base de la civilización como la conocemos hoy en día.
A ella entraban chicos y chicas deseosos de aprender y rescatar para sí, aunque sea solo un poco del poder y la sabiduría que escurrían sus paredes. Y salían como hombres y mujeres dueños de grandes secretos con los que doblegarían al mundo a su gusto.
Todos los grandes inventos que hoy nos hacen la vida más fácil salieron de allí, así como todos los grandes secretos e información imaginable se guardaban allí.

Era un lugar precioso, con alrededor de mil alumnos pululando entre los patios, camino a alguna clase o descansando en la plaza. Los edificios que la componían eran de tamaños variados, algunos pequeños como posadas modestas y otros tan grandes como castillos. Estaban entre ellos: Admisiones, la Cantina, Horarios, Registros, la Casa de los Maestros, el Auditorio. Y los edificios más grandes: Dependencias, La Principalía, La Clínica, La Factoría, Las Gavias y por último, mi castillo: El Archivo.

Y si El Archivo era el castillo, el maestro Lorren, por supuesto, era el dragón. Y el tesoro, el tesoro estaba marcado con una equis de cuatro placas, y era, para mí lamento, impenetrable.

Lorren fue mi padrino cuando me nombraron Re'lar, hace varios años y hace casi seis bimestres me había ascendido a El'the. Sin duda mis investigaciones y aportes en el Archivo habían servido para esto, es que no hay nadie como yo para encontrar un libro dentro o fuera de sus paredes. Bueno, quizá alguien más: mi amigo Títere, quien en realidad no se llama así, pero si vieran su habitación en Dependencias sabrían porqué tiene ese apodo.
Títere y yo éramos buenos amigos, compartíamos una habitación en Dependencias y ambos trabajábamos como secretarios del Archivo, así que pasábamos mucho tiempo juntos. Nunca nos aburríamos de leer y el Archivo con cada bimestre que pasaba se nos hacía más conocido. Para amenizar el tiempo dentro del gran trozo de piedra, como solía decirle, teníamos una apuesta semanal en donde el que encontrara el libro más interesante ganaría. Así y con el tiempo los pasillos más difíciles y los estantes más apartados nos revelaron secretos increíbles, descubrimos un sin fin de información y cosas, cosas secretas y magia de diversos tipos; hasta de esa que es mejor dejar en paz.

Esta es la historia del último libro que leí, y aunque no comienza en el Archivo no tengan duda de que termina ahí:

—Sabes que es un misterio sin resolver, igual que muchos otros que hay en la Universidad —le comenté a Títere mientras terminábamos nuestros estofados en la Cantina. Manteníamos nuestra conversación habitual, la que últimamente siempre terminaba en lo mismo.

—¿Cómo cual? —me preguntó, levantando su cabeza del plato para mirarme con sus ojos profundos. Sabía ya a donde quería llegar.

—Cómo… ¿Qué hay tras la puerta de Valaritas? —Contesté con una sonrisa.

—Siempre con lo mismo Longuet —Me contestó con un tono casi molesto —. Sabes que no puedo hacer nada con respecto a eso.

—Vamos Títere, sabes que puedes convencer a Lorren para que te muestre que hay tras la puerta, sabes que a ti te lo diría. —Dije con un tono suplicante, mientras él negaba con su cabeza, lo que hizo que endureciera mis palabras —. Si es que no te lo ha dicho ya y te pidió que guardaras el secreto.

—Vamos amigo —me dijo dedicándome su rostro más sincero —sabes que si me lo hubiera dicho ya te lo hubiera contado, esa pregunta te lleva dando vueltas en la cabeza años. No podría guardármelo sabiendo que tú mueres por ello.

—Sí, lo sé amigo. —Contesté resignado —. Olvídalo.

—Claro que no, no lo podré olvidar —me dijo con una sonrisa —. Seguro me lo recordarás mañana, y pasado y pasado y pasado. —dijo risueño.

Eso mejoró mi ánimo, sabía que si no podía hacerlo mi informante al menos podría contar con Títere como amigo.

Terminamos nuestra cena sin prisas en medio del tranquilo bullicio de las conversaciones y cucharadas en los platos. Salimos bien abrigados a la fría tarde. Dimos un largo rodeo por la Universidad hasta llegar al Patio de las Interrogaciones. Allí nos sentamos en una banca a descansar. Títere me dejó para ir a buscar su libro, hoy era fin de semana y en la noche compararíamos. Yo me quedé para esperar a Devi.
Sentí el débil calor del Sol de Otoño, mientras jugaba con un papel en el que había hecho una pregunta: «¿Sabré pronto lo que hay tras Valaritas?» y lo lancé al viento que arrastraba las hojas muertas de los arces, esperando una respuesta. Mi papel no se decidía y oscilaba entre Sí y No, hasta que por fin el viento lo arrastró hasta Sí. Sonreí como un tonto.

—¿Por qué sonríes? —Me preguntó Devi, quién estaba a unos metros de mí, ni siquiera me había fijado en ella por estar concentrado en el papel.

—Lancé una pregunta, y el patio me contestó que sí. —dije sin borrar mi sonrisa.

—Si la pregunta era si tendré sexo contigo hoy, el patio está muy equivocado. —Me dijo mientras llegaba a mi lado. Me puse de pie y nos besamos como siempre.

—Eso no tengo ni que preguntárselo —le dije componiendo una sonrisa pícara, mordiendo su labio inferior. Ella metió sus manos bajo mi camisa y me las puso en la espalda.

—¡Por Tehlu, tienes las manos frías!

Ambos reímos sin cuidado. Nos tomamos de la mano y caminamos por el patio sin rumbo fijo.

—¿Sabías que antes de llamarse «El Patio de las Interrogaciones» este lugar se llamaba «La Casa del Viento»? —Dijo Devi mientras íbamos andando por las calles que discurrían entre los grises edificios.

—No, no tenía idea.

—Pues, cuando la gente hablaba de otra forma, esto se llamaba Quoyan Hayel, lo que traducido sería Patio de las Interrogaciones, pero la verdad, está mal traducido…

—Espera, esto es muy interesante ¿No lo crees?

—Por supuesto, si me dejaras terminarlo. —Me contestó seria.

—Claro, lo siento, es que, esta información ¿La sacaste de algún libro en el Archivo?
Devi me miró titubeante.

—La verdad es que sí ¿Ya lo habías leído?

—No — sonreí. Rápidamente le expliqué a Devi que con ese libro podría ganar apuesta semanal que tenía con Títere y nos encaminamos al Archivo a buscarlo.

—¿Y hasta ahora no tenías ningún otro libro para apostar? —Me preguntó Devi.

—Sí, uno. Pero apenas he leído un par de hojas, no estoy seguro de el. Trata sobre historias de folclore antiquísimas con todo y dibujos, lo tengo en Dependencias, si quieres te lo mostraré después.

—¿Lorren aun les permite sacar libros del Archivo? —dijo Devi mientras se agazapaba a mi brazo.

—Ya sabes, devolvimos al Archivo los cincuenta y tantos libros que teníamos, pagamos la multa por el atraso, pensábamos que íbamos a tener algún castigo pero ya conoces a la relación de Títere y Lorren, es como su hijo. Nos dejó sacar libros esa misma tarde.

Esa noche luego de comparar nuestros libros ganó por tercera vez Títere. Había traído uno sobre un historiador Vintico que había visitado un lugar llamado el Monte del Túmulo donde aseguraba haber visto como sepultaban guerreros que habían luchado con los Chandrian, los que habían sido enterrados en sus tumbas con sus armas. Para demostrar cómo habían muerto enterraron con ellos una vasija en las que habían dibujado a los asesinos, y dentro de ella pusieron agua bendita de Tehlu. Sus tumbas quedaron sepultadas en su fuerte, en lo alto de una colina y habían dejado un demonio para custodiarlas.
Era información interesante, sobretodo porque ponían a los Chandrian como reales y no como cuentos de niños, además estaba escrito con una letra gótica preciosa. Valió cada uno de los cinco peniques que apostábamos leerlo.

¡Kist y crayle! Debí haberte mostrado mi otro libro, tenía unos dibujos excelentes. —Dije luego de haber cerrado los libros y guardarlos para llevarlos al Archivo mañana en mi turno.

—Guárdalo para la otra semana, quizá puedas romper mi racha —dijo Títere hinchando el pecho.

—Bueno, ¿Al menos me dejarás la pieza para hoy? —le dije con mi mejor tono.

—¿Traerás a Devi? —preguntó Títere poniendo los ojos en blanco.

—Vamos no te pongas así, si hubieras sido más amable con la amiga de Devi hubiéramos podido usar la habitación los cuatro. —le dije dándole unos codazos.

—Esa Mola, era muy fría. —dijo, mirando el techo, recordando seguramente su mala cita.

—Ella dijo que tú eras muy distante.

—Sabes que me cuesta un poco socializar —dijo sin apartar la vista del techo —si no fuera porque compartimos la habitación creo que nunca te hubiera hablado.

—Lo sé Títere, además —dije cogiendo un títere del mueble, una Mola en miniatura, con todo y su ropa de la Clínica —muy pocos comprenden tu arte. La mayoría lo encuentra raro. —Al decir eso Títere bajó la vista y me clavó los ojos.

—¿Tú lo encuentras raro? —me dijo con un tono triste, como cuando un niño te pregunta algo y solo puedes responder una cosa.

—Claro que no amigo, a mí me gusta. Además si no fuera porque vendes uno o dos al mes no podríamos ir a tomar un trago al Eolio en Abatida.

—Si no me hicieras venderlos —dijo sonriendo —tendríamos títeres hasta metidos en el… —Unos golpes en la puerta interrumpieron a Títere. Era Devi.

Mi amigo nos dejó para ir a pasear al Archivo, iría al subterráneo, a una pequeña habitación escondida que Lorren le dio para usar y dormir si es que alguna vez llegaba a necesitarlo. Estaba claro que el maestro le tenía un gran aprecio si le ofrecía eso. Estaba claro que el buen Títere era su El'the favorito. Él sólo se quedaba allí cuando tenía que estudiar y en ocasiones como esta, la tenía amueblada sobriamente y por supuesto llena de libros y títeres, seguramente se quedaría toda la noche despierto, descubriendo secretos. Yo por mi parte pasaría una gran noche con Devi en la habitación, como solíamos hacer la primera semana de cada Bimestre.

La mañana siguiente desperté con un dulce cansancio. Ella ya estaba despierta y acariciaba mi cabello negro.
—¿Recuerdas ese libro que mencionaste ayer, el del folclore? —Asentí con la cabeza mientras me estiraba mis músculos.

—¿Dónde está? —me dijo ella mientras miraba el desorden.

—Bajo aquel títere, el de Mola. —Devi arqueó una ceja al verlo. Salió de la cama rápida esquivando el frío. Cogió el libro que estaba hasta arriba de una pila de libros bajo el títere y me lo mostró.

—Estos títeres son un poco espeluznantes… ¿Es este? —me preguntó moviendo el libro de cuero. Yo sólo la miré, me había robado el aliento, desnuda frente a mí. Mis ojos se perdían en su cuerpo. Ella lo notó e hizo un ruidito impropio de una dama.

—Hombres…

Se acercó a mí, lenta como melaza, moviéndose como gata en celo. Se subió hasta quedar sobre mí con una pierna en cada lado y me puso el libro frente a la cara tocándome la nariz.

—¿Ahora lo ves? ¿Este es el libro? —dijo riendo, la abracé con cariño.

—Sí lo es, ahora aléjalo de mi cara que me aplastas la nariz.

Devi se sentó a mi lado tapándose la mitad del cuerpo con las sábanas, abrió el libro y se puso a ojearlo. Yo por mi parte metía mi cara en su
cuello y se lo besaba.

—Guau. Estos dibujos están muy bien hechos. —Me comentó mientras sus ojos veloces recorrían el escrito.

—Sí, sí, son buenos. Lo leeremos en un rato más. —dije abrazándola por la cintura.

—Espera ¿Lo habías leído? —Dijo alejándose hasta la orilla de mi cama.

—¿Qué? —dije viendo como se alejaba de mí.

—Que si habías notado que hablan sobre los Chandrian. Estos dibujos son de ellos.

—La verdad es que no. —dije sorprendido. No solíamos encontrar información sobre cuentos en El Archivo. Nos acercamos y vimos los dibujos, eran de una gran calidad, los colores que habían usado para pintar debían ser de Aure, así como la tinta para escribirlo, todos exhibían gran detalle, en total eran siete.
Le dimos una pequeña ojeada general, las hojas estaban amarillentas por el tiempo, y la letra era pulcra y legible, el libro se encontraba en muy buen estado, pese a que seguramente tenía ya un par de décadas. Luego de leerlo de tapa a tapa resultó ser una colección de historias sobre el clan y de los personajes por separado, a partir de eso había una descripción detallada de cada uno, con ilustraciones y notas al pie de la hoja. Al final de cada descripción estaban anotados sus nombres y decía claramente que no debían ser leídos en voz alta.
En la última hoja rezaba «Ivare EnimEuge» Y bajo ella el nombre «Lorren»
Devi y yo estábamos estupefactos, nos miramos con los ojos muy abiertos y dijimos al unísono —: ¿¡Fue escrito por Lorren!?


—Esto es increíble ¡mira este dibujo! —Ya llevaba un par de horas conversando con Títere en su habitación oculta, el se había demostrado lo suficientemente escéptico respecto al tema. —Escucha esto:

El proceso de descomposición de un cuerpo depende de la cantidad de oxido que acumula con el tiempo. Diciendo esto, podemos aplicarlo a una de las grandes características de los Chandrian: La descomposición del metal y la madera.

Los Chandrian realizan de alguna manera un proceso de refracción de oxido. Lo que hace que todo a su alrededor se pudra a una gran velocidad mientras ellos están presentes, lo que actúa también en beneficio para ellos, el oxido que desprenden de sus cuerpos los libera de la vejez.

Es por eso que el cobre es importante. El cobre...


—Vaya Longuet, esto es interesante, debiste guardarlo para el final de la semana. —Me interrumpió Títere. —Quizá me hubieras ganado.

—¡Claro que te hubiera ganado! Es que no has visto la mejor parte. —avancé las paginas hasta llegar hasta la última y puse mi dedo índice bajo el nombre del maestro.

—¿Está escrito por Lorren? —preguntó incrédulo Títere.

—¡Exacto! —dije sin ocultar mi exaltación.

—Títere cogió el libro y lo ojeó ahora más interesado que antes.

«Ivare EnimEuge » —dijo Títere —¿Sabes qué significa? —sabía témico, pero aún me costaba un poco traducirlo.

—¿Por el gran bien? —pregunté titubeante.

«Por el bien mayor» —Dijo solemne —. El lema de los Amyr. —dijo mirándome serio. El mismo pensamiento se cruzó por nuestras cabezas, pero Títere lo dijo primero.

—Lorren, al parecer tiene aficiones muy raras. Si no fuera el hombre estoico que es, creo que hubiera escrito este libro casi como un pasatiempo o algo así, pero estoy seguro que lo hizo con bastante seriedad. Casi, casi puedo estar seguro de que Lorren cree que los Chandrian existen.

—Y que deje ese lema ahí, quizá seguía la doctrina de los Amyr. —dije mirándole seriamente, tratando de figurarme todo.

—Longuet —dijo mirándome a los ojos —No debes conversar esto con nadie, por la imagen de Lorren debes devolver este libro a su estante y olvidar lo leído. —Dijo con la misma seriedad del Maestro. Cerró el libro y me lo ofreció.

—¿Estás loco? Hace cinco minutos creí toda mi vida que los Chandrian eran cuentos de viejas, ahora imagina, si le llevamos este libro a Lorren y hablamos con él ¿Quizá que más pueda contarnos sobre esto? ¿Y si resulta ser una colección? Quizá lo tenía perdido o lo dejó ahí para que alguien lo leyese. —Dije sin poder creer lo que me decía.

—No le haremos esto al profesor, devuelve ese libro. Si alguien sabe que escribe tonterías ¿Dónde quedará su imagen? —Dijo poniéndose de pie.

—Hay que ir y hablar con él, devolvérselo —Dije decidido — Si no se lo entregamos nosotros alguien más lo encontrará y quizá no tenga tus mismas intenciones nobles ¿No lo crees?

—Un hombre serio y formado te revelará que escribió sobre hadas. No estaré ahí para ver eso. Aunque se lo entregues, él sabrá qué piensas de él.

—Él cree en ellos, sino no lo hubiera escrito.

—Lo único que harás será dejarlo en ridículo al demostrar que cree en ellos. Luego de eso y como tu tutor dudo que tengas futuro en la Universidad. —dijo mirándome seriamente —No quiero que Lorren se encapriche contigo, nunca le has dado motivos, no se los des ahora que
estas tan cerca del Florín.

Eso me hizo reflexionar unos segundos.

—Pensaré en tu consejo. —dije poniéndome también de pie. Tomé el libro, acariciando su cuero, y me marché en silencio.

Volví a mi turno pensando en lo que había dicho Títere. Sin duda alguna Lorren no me diría nada respecto a su libro, es más, si era así de viejo seguramente lo habría escrito cuando niño, cuando aún creía en hadas, antes de caer sepultado en los libros y el Archivo. Esto que tenía en las manos no era más que el recuerdo de un hombre de cuando era niño. Nada más.

Sentado en el mesón con la puerta del maestro a mi espalda sopesé mucho tiempo mientras atendía a los alumnos si ir a dejárselo o no, si le devolvía su recuerdo de la niñez quizá me premiaría o algo. Quizá me diría al menos que hay en Valaritas.

Ya en la tarde cuando debíamos cambiar turnos guarde el libro en el mesón y decidí probar suerte.
Toqué su puerta y asome la cabeza preguntando si estaba ocupado, el Maestro, como siempre, estaba sentado en su escritorio escribiendo, negó con un leve movimiento de cabeza. Pasé.

—El'the Longuet, ¿A qué debo tu visita? —dijo luego de bajar su pluma y levantar la vista del cuaderno en que solía escribir.

—Hola Maestro. Quisiera saber su opinión respecto a una nueva investigación que haré.
Lorren dejó su pluma en el tintero. —Toma asiento. —dijo apuntando la silla frente a su escritorio y luego cruzó las manos.

—Sé Maestro que sonará raro, por lo mismo quisiera saber su opinión. —Callé por un instante tratando de parecer dubitativo, pero Lorren sólo me miraba sin mostrar ni pizca de curiosidad.

—Mi nueva investigación será sobre los Chandrian.
Lorren, como siempre, se mantuvo inmóvil, pero de verdad pareció que el tema le importaba pues dijo:

—Prosigue.

—Maestro, quisiera revelar si los Chandrian de verdad existieron. —Dije tratando de imprimir en mi voz toda la seriedad posible.
El Maestro Lorren no dijo nada, y no hizo ni el más leve movimiento, salvo un mínimo levantamiento de ceja. Si lo conocen tanto tiempo como yo saben que eso significa, estaba impresionado.

“Todos los cuentos tienen profundas raíces en la realidad” oí una vez. Espero encontrar estas raíces.

—Aprecio tu intención por el saber, pero te ahorraré la pérdida de tiempo: Nada se sabe de los Chandrian, porque no hay nada que saber. No son más que fábulas que inventaron los campesinos para explicar el por qué de las cosas que no comprendían.

—Yo también pensaba eso Maestro, pero encontré algo que, puede que haga cambiar de opinión a más de uno. —Lorren sopesó unos segundos la información, siempre manteniendo su estoicismo.

—¿A qué se refiere El’the Longuet, con algo?

—Un libro, un libro que explica detalladamente a Los Siete. —dije esperanzado en que Lorren dijese algo, pero aparte de que sus cejas se juntaran por un segundo, no hubo otra señal.

—El’the Longuet, los Chandrian no existen. Y como tu tutor te prohíbo que pierdas el tiempo haciendo cualquier investigación sobre ellos. —su tono, siempre tranquilo subió un par de decimas, las suficientes para que su voz se tornara autoritaria y su rostro se coloreó lo suficiente como para parecer alguien totalmente diferente. Sin decir nada asentí con la cabeza y así como vino, su rostro perdió toda expresión y volvió a ser el de siempre. Tomó su pluma del tintero, la golpeó un par de veces en la orilla para botar el exceso y continuó escribiendo, como si nada hubiera pasado.
Me puse de pie y tomé nota mental: no volver a hablar del tema. Me di la vuelta y me fui de su despacho. Cerré la puerta tras de mí y pensé. Había negado la existencia de su libro, y aun más, la existencia de los Chandrian.

Me fui a la clase que tenía a la hora siguiente: Alquimia Avanzada con el Maestro Mandrag, la única que compartía con Devi.
Le comenté lo que había pasado en su despacho, y como él había negado el libro. Devi, a quien no le gustaba que hablásemos mucho en clase sólo se limitó a oír y soltar unas pocas palabras y le impresionó el comportamiento de Lorren tanto como a mí. Cuando salimos de la clase nos sentamos sobre el pasto en una de las plazas, frente a la Casa de los Maestros.
Tenía el libro entre las manos, pensando en por qué Lorren me prohibiría hacer una investigación sobre lo que él investigó, y por qué me negaría algo en persona de lo que creería en secreto.

—¿Tú los crees reales? —Me preguntó Devi, mientras con un trapo limpiaba sus pequeñas manos.
Lo pensé un momento, aunque había sólo una respuesta—: No. ¿Por qué lo preguntas? —dije extrañado.

—Creo que le estás dando muchas vueltas al asunto. Si Lorren no quiere reconocerlo ve y muéstrale el libro.

—No lo sé, esperaba otra respuesta de su parte. No esperaba que lo negara sino que se mostrara preocupado y luego agradecido de que lo encontrara. —Abrí el libro —al parecer el asunto no tenía importancia alguna para Lorren—me dirigí hasta el último dibujo, un hombre con una capucha en la cara, de la cual salía un negro denso como bruma. Bajó el retrato decía —:Haliax.

—¿Qué haces? Se supone que no debes nombrarlos.

— Da igual —dije —no son reales. Además ¿Qué sucedería si los nombro?

—Según el libro ellos pueden oír sus nombres— Devi tomó el libro, buscó una página y puso su dedo sobre una línea —: Donde sea que estén, te oirán.

—¿Tú los crees reales? —pregunté risueño, Devi sólo se limitó a mirarme. Borré mi sonrisa. —¿En serio? Devi te creía más sensata.

—Lo que sucede es que tú no has tomado nunca una clase con Elodin —me contestó bien sería.

—Haliax, Haliax, Haliax. —Devi me miró como si estuviera loco —¿Ves? No pasa nada. —Le dije levantando los hombros. Devi me puso el libro en el regazo y siguió limpiándose las manos.

—No debiste hacer eso.

—Da igual. Pero puedes ir a tocar hierro por si acaso. —Guardé el libro en mi chaqueta, saqué una brizna de pasto y empecé a trenzarla mientras Devi me miraba de reojo, al parecer estaba algo molesta. Pasó no menos de un minuto y levantó la cabeza, le seguí la mirada para ver qué pasaba. Era Elodin, me miraba fijamente.

—¡Hey tú! —me dijo con tono molesto, apuntándome con su dedo. —¿Qué mierda estás haciendo?
Me puse de pie sin saber de qué hablaba. Le mostré mis manos, una limpia y la otra con la brizna a medio trenzar. —Nada Maestro ¿Por qué la pregunta?
Elodin me miró seriamente, con unos ojos que me recordaban a los de Títere. Me miró como si tratara de ver que había tras de mí. Era de lo más extraño. Típico de Elodin.

—¿Sucede algo Maestro Elodin? —Elodin sin decir nada me agarró del hombro por la camisa y me hizo caminar hacía la orilla de la calle, me tiró con algo de fuerza y aunque yo hubiera sido capaz de soltarme preferí seguir su juego. Recorrimos el pasto hasta quedar a la orilla del camino, se acercó a mí y puso su dedo índice sobre mi pecho

—Cualquiera que te viese, Longuet, pensaría que eres un hombre sensato. Con tu barba poblada y espalda ancha, cualquiera pensaría que eres un hombre responsable.

—No entiendo —dije.

—Exacto. —Dijo, haciendo gestos efusivos mientras hablaba —No entiendes. Ahora me dirás ¿De dónde sacaste su nombre?

—¿Perdón? —dije, luego de que me hubiera hecho hacer ese pequeño ridículo frente a los alumnos de la plaza había olvidado lo que hablaba con Devi.

—Has pronunciado su nombre, cuatro veces. ¿De dónde lo sacaste? —Entonces lo comprendí.

—Apenas los dije para que Devi oyera ¿Cómo ha podido usted escucharlos? —pregunté extrañado.

—Contesta mi pregunta. —No tengo un temperamento alto, pero Elodin sabía sacar de quicio a cualquiera.

—Yo también quiero respuestas. Le diré, pero primero me dirá usted por qué es tan importante el asunto.

Elodin se cruzó de brazos y me mantuvo la mirada por unos instantes. —Está bien —dijo —. Es importante porque los nombres son importantes. No debes jugar con ellos.

—Con ¿Ellos? —dije, haciendo énfasis en ellos.

—Los nombres, no debes jugar con los nombres. Si los llamas, no será agradable.

—¿Así que usted cree en ellos? —le pregunté.

—¿De dónde sacaste su nombre?

—De un libro.
Elodin abrió mucho los ojos. —¿Dónde tienes ese libro?

—Lejos de aquí ¿Por qué?

—No entiendes lo que sucede, alguien tan ignorante no debió haberse topado con ese libro.

—Entonces hágame entender —le dije —quiero saber, quiero la verdad sobre ellos. —dije con toda la convicción que fui capaz.
Elodin escudriño mi mirada por un segundo. Asintió con la cabeza.

—Ven al Archivo hoy a medianoche. Te esperaré frente a Valaritas, lleva el libro.

—Está bien Maestro, gracias —dije.
Di la conversación por terminada y caminé de nuevo hacía Devi que me miraba

—¡Llévalo o te arrepentirás! —Me dijo con tono mordaz cuando le hube dado la espalda, lo miré, con su camisa vieja, pantalones manchados de pasto, su pelo enmarañado y con una cuerda por cinturón; su amenaza era irrisoria. Asentí con la cabeza y me fui.

Volví con Devi, quien, por extraño que parezca entendió el comportamiento de Elodin. Como no quería seguir escuchando retos la dejé para ir a mi habitación. Le comenté lo que había sucedido a Títere, él se puso, como esperé, de mi lado, aunque sus ojos me decían lo contrario. Le pedí que me acompañara a Valaritas en la noche. Aceptó.


Dentro del Archivo no había nadie, las puertas se habían cerrado, nosotros gracias a nuestro teníamos llaves así que Títere espero escondido en las sombras, tras un estante mientas yo esperaba a Elodin, con una rojiza lámpara simpática colgando de mi mano y el libro bajo el brazo.
Saqué mi reloj. Simpático, marcaban la medianoche. Levante la vista y puntual Elodin apareció al amparo de mi luz.

—¿Ese es el libro?

—Si, este es.

—Déjame verlo. —Estiró su mano. Se lo entregué.
Elodin movió la boca y de su mano izquierda salió una luz blanca y limpia, más fuerte que la mía. Con el libro en la derecha se puso a leer tranquilo.

Hice la única pregunta que podía hacerse —: ¿Son reales?

—Lo son. —dijo solemne, con una voz que debió haber llegado hasta el último rincón del Archivo.

Sonreí sin proponérmelo —Conozco la simpatía, la alquimia, cosas que te hacen abrir la mente a una realidad distinta a la de cualquier otra persona común, pero ¿Los Chandrian? —Apoyé mi espalda en la puerta de las cuatro placas —¿Espera a que crea en ellos? Tendrá que convencerme, y de paso también a otro. Solté una carcajada. —Lea la última hoja, el libro está escrito por el Maestro Lorren.

—Ya lo sabía. —dijo y mi sonrisa, sin querer, se borró.

Se acercó a mi, me puso su mano brillante en el hombro y pronunció una palabra, una que pasó a través de mis oídos como un susurro inteligible y llegó a mi cerebro con el peso de una orden. Su luz me encandiló, mis brazos flaquearon, mi lámpara cayó al piso junto conmigo, quede de rodillas mientras trataba de hablar, pero no lograba abrir siquiera la boca, como si por decisión propia hubiera decidido callar.

Elodin se alejó, y tras él apareció otra figura de túnica negra, alto como una roca de guía. Era Lorren. Movió la boca pero sus palabras legaron a mis oídos segundos después.

—¿Por qué lo has hecho? —Lorren miraba a Elodin con el rostro turbado.

—Sabía mucho.

—Es mi pupilo, yo debo decidir eso.

—Si no hubiera sido por ti no hubiera tenido que hacerlo. —Levantó su mano izquierda y le entregó el libro. Lorren por primera vez abrió los ojos impresionado.

—Un libro se salvó de tu purga. —Dijo Elodin molesto. —Déjalo con los demás, antes de que alguien lo vuelva a leer.

—¿Sabes si alguien más lo leyó?

—Él —dijo y dirigió la luz de su mano hacia los estantes donde se escondía Títere.

—¿Hijo? —Dijo Lorren, con la voz quebrada.

—Acércate —dijo Elodin.

Lorren caminó hacia él. No podía girar la cabeza, así que sólo vi a Títere cuando entró a mi campo de visión junto con Lorren.

—A él no le harás nada. —Dijo con una voz potente Lorren, mientras mantenía a Títere bajo su brazo . —Yo me encargaré. No permitiré que vuelvas a hacer esto con algún alumno. —Dijo mientras me miraba.

—Hay otro, una mujer. Devi. No sabe mucho, pero sabe lo suficiente —dijo Elodin.

—La conozco, es pupila de Elxa Dal.

—Hay que hacer algo con ella.

—Le informaré a Dal, él deberá tomar una decisión con respecto a ella.

—Esta bien, pero sea lo que sea, no la quiero en la Universidad.

—Ya no eres el Rector. No puedes tomar esa decisión. —Elodin miró significativamente a Lorren, dejando en claro que su voluntad se cumpliría. Lorren le mantuvo la mirada, y luego la bajó. —Guardaré el libro. —dijo luego, para rellenar el silencio. Avanzó hacía mi y paso a mí lado. Títere se quedó conmigo y me susurraba 'lo siento mucho' mientras caían tibias lágrimas de su rostro. Entonces oí el sonido metálico, sentí la leve brisa en mi nuca y el sonido de la piedra al moverse inundo el Archivo. Valaritas se habría tras de mi y mi rostro estaba condenado a mirar hacía el lado opuesto. Lloré internamente, no por lo que iba a suceder, no por temor al loco de Elodin, sino por que había descubierto la verdad de Valaritas.

Las puertas se cerraron a mi espalda. Títere se puso de pie y caminó al lado de Lorren. Elodin entonces vino por mi, me puso de nuevo una mano en el hombro y me puse de pie involuntariamente.

—¿Qué hará con él? —Preguntó Títere, sollozando.

—Las Gavias. —contestó Elodin. Me miró con sus ojos profundos.

—Te quedarás allí hasta que olvides. —Me dijo. Acerco su cara a la mía y volvió a susurrar, esta vez lo entendí. Duerme.
Mis ojos se cerraron, le escucharon y obedecieron, como si fueran suyos. Una calma me precedió luego de eso, luego no sentí ni el piso, ni mi ropa, ni siquiera sentí que siguiera en el Archivo. Estaba en otro lado, estaba tras la puerta, estaba tras Valaritas.


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Re: Tras la puerta.

Mensaje por Kandrian el Jue 13 Mar - 4:55

WOOOOOOOOW Medie, este relato sí que captó mi atención, está buenísimo y no te lo digo exagerando; me encanta esto que hiciste de crearle tu propio racconto a la historia (?), y la trama, la trama me encantó ( no es por nada pero, lo hubieras puesto en el concurso de relato y te llevas mi voto xD)

Ahora solo falta preguntarse, ¿cuándo será el día en que llegue Medieval con un adelantillo de su libro?


Última edición por Kandrian el Sáb 15 Mar - 21:40, editado 2 veces
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Re: Tras la puerta.

Mensaje por Old Medie el Jue 13 Mar - 4:58



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Re: Tras la puerta.

Mensaje por Albertet el Jue 13 Mar - 10:38

Medieval, cada día te superas. Sumo respeto. Seriedad. Es el relato que más me ha gustado de todo el foro, junto con El último bastión.


Dos cosas:

1. Menos mal que Longuet sólo ha dicho el nombre de Haliax, que si llega a decir el auténtico nombre del Chandrian, Alaxel, Elodin se lo carga directamente.  magos 

2. Longuet ha cumplido la fantasía sexual de todo lector masculino de Rothfuss: acostarse con Devi. Sólo por tener esa suerte ya se merece cualquier cosa que Elodin le haga, y le estará bien merecido.
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tras la puerta

Mensaje por Viajera el Jue 13 Mar - 12:13

Impresionante, ni mil palabras lo podrían explicar mejor lo que pienso de este relato.
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Re: Tras la puerta.

Mensaje por Old Medie el Jue 13 Mar - 13:57

Gracias chicos, me halagan. Este relato ha estado un mes o dos conmigo, le costaba cuajar. Había pensado en darle un nombre a Títere para que luego con las pistas de las marionetas su apodo saliese solo. Pero no quedó. También había pensado que Longuet fuera amigo de Will (si leyeron bien sabrán por qué), pero tampoco cuajó.
También había pensado en que llamara a Alaxel en vez de Haliax y que el Chandrian viniera a la U, o que fuese él quien le hablase para coromper su mente. Pero ya saben.


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Re: Tras la puerta.

Mensaje por Skulduggery el Lun 24 Mar - 23:59

Le he echado un vistazo y me lo leeré,te, cuando tenga un poco más de tiempo, detenidamente y te daré un par de motivos para odiarme.
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Re: Tras la puerta.

Mensaje por Skulduggery el Sáb 5 Abr - 0:17

Vaya,vaya,vaya... Creo que no te voy a poder decir demasiadas cosas malas. Qué contrariedad.

Es una historia predecible pero potente. Has escogido un tema que nos interesa a todos y le has dado el final que todos esperábamos (Al menos yo, siempre he pensado que detrás de Valaritas estaría un gran almacén de libros sobre los Chandrian) y además has metido cabos sueltos del libro como la expulsión de Devi y ese tipo de cosas, además de un maravilloso uso para las Gavias. Y bueno, que decir del regalito imaginativo que nos has dejado con Devi y Longuet  Twisted Evil 

En conclusión: me gusta, aunque creo que deberías revisarla para limar un poco algunas cosas. Lo mismo ha sido cosa mía pero a veces perdía el hilo, que ojo lo más probable es que haya sido cosa mía que ando muy disperso últimamente xD

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Re: Tras la puerta.

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