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La Ciudad sin Verdad

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La Ciudad sin Verdad

Mensaje por Títere el Lun Mar 17, 2014 3:52 pm

Aquí va mi relato. El final me parece cursi, pero el tema tenía que ser "El Hombre Que Soñaba" y tuve que darle ese giro.

A ver que os parece:

La Ciudad sin Verdad

Nos situamos en la Gran Ciudad, centro del mercado nacional y albergue de numerosas clases sociales, desde los ricos nobles, hasta los pobres mendigos. Nos situamos mas exactamente en la Prisión Central, la más grande de las prisiones del reino. Nos situamos aún más exactamente en una de las celdas exteriores, una de las que albergan a los presos de menor importancia, una de las que albergan a simples camorristas o ladrones. En una de esas celdas está el hombre que presuntamente ha condenado a unos y enriquecido a otros. El hombre debería estar en una de las celdas centrales, en una de las de máxima seguridad, en una de las que albergan poderosos mafiosos y astutos asesinos. El hombre debería estar ahí, pero no está. Debe de ser un error. Tiene que serlo. ¿Por qué quién va a querer liberar al hombre que sabe lo que de verdad ocurrió ese día? ¿Quién va a querer liberarlo en una ciudad donde la verdad lleva enterrada ya siglos? Da lo mismo. Porque al fin y al cabo, ¿a quién le importa la verdad? Situémonos en la celda. Situémonos y observemos al hombre.

Cahir estaba dibujando con un carboncillo en la pared de la celda. Llevaba preso 14 días, le habían cambiado de celda ya una vez y en esos instantes se aburría monumentalmente.
Escuchó una voz que le llamaba. Miró alrededor y advirtió que era su compañero de celda, que abrió la boca y dijo:
–¿En qué piensas Parlanchín? –a continuación hizo crujir los nudillos
y sonrió enseñando todos y cada uno de sus negros dientes.
El mote de su compañero era Nudillos. A él le habían puesto Parlanchín, dado lo “mucho” que hablaba.
–No te preocupes Parlanchín, no hace falta que me respondas –volvió a hacer crujir los nudillos. –A lo que venía, dame un trozo de carboncillo, voy a demostrarle a ese idiota de Brincos que sé cómo se escribe imbécil –Cahir le lanzó un trozo que Nudillos atrapó al vuelo. Se agachó y empezó a escribir en el suelo: H, i, M, V... – Y después de escribirla le voy a dejar... –E, z, i, L–. ¡Así! –Exclamó triunfante mientras señalaba la palabra escrita en el suelo: HiMVEziL.
Cahir dejó de prestarles atención e intentó recordar como había llegado hasta allí. Básicamente recordaba que le arrestaron el día del Desfile Real en el que marchaban el Rey, la Reina y el Príncipe.
Ese día, Cahir estaba tranquilamente en la herrería arreglando una ballesta cuando se escuchó un griterío y unos segundos después irrumpieron en su local media docena de guardias armados con alabardas. Le quitaron la ballesta con un golpe y le tiraron al suelo. Después vió como la destrozaban y por último una bota de soldado que le dejó inconsciente de una patada. Despertó aturdido en una oscura y húmeda celda. Consiguió averiguar que era mediodía y que habían asesinado al Rey. Después averiguó que él era el que presuntamente había matado al Rey. Horas después le dieron de comer, agua y un pan que podría servir fácilmente de mangual.
A continuación empezó una aburrida semana de tediosas horas en los juicios alegando que no, que él no era culpable, que no, que no tenía motivos de peso para haber matado (asesinado según el juez) al Rey, que no, que él no podía haberle matado con una ballesta que estaba rota y otros argumentos a los que nadie hizo caso. Al final le enviaron a otra celda, (la misma en la que estaba en esos momentos), que era menos oscura y húmeda y por lo menos tenía luz. La celda era cuadrada, con una ventana en la parte superior y una destartalada cama a cada lado.
La campana de la comida empezó a sonar. Cahir y Nudillos se acercaron a los gruesos barrotes metálicos de la celda. Una pareja de guardias pasó repartiendo la comida: un puré de color rojo que bien podía ser carne picada o pisto penitenciario. Cahir decidió que podía perderse esta comida a cambio de saber qué historia habían contado al pueblo para justificar el asesinato del Rey.
Se encaramó a la ventana y llamó por señas al joven mendigo de la calle de enfrente.
– Quería saber si estarías dispuesto a contarme cómo mataron al Rey, chaval –preguntó Cahir.
– ¿Otra vez? Ya te lo dije hace unos días, no pienso perder mi tiempo en hablar contigo cuando podría estar ganando unos peniques.
– Como si por estar ahí sentado la gente te diese algo de dinero. Te he estado observando y lo más que te llevas cada día es un par de patadas. –El mendigo le miró con odio–. Mira, estoy dispuesto a compartir este plato de comida contigo –Cahir levantó el plato para que lo viera–, pero a cambio me cuentas la historia.
El mendigo lo pensó el mismo tiempo que dura un parpadeo, asintió y a continuación se sentó en el suelo delante de la ventana. Alargó las manos hacia el plato que Cahir sostenía por encima de su cabeza. Éste se lo tendió. El mendigo empezó a devorar la comida tan rápido que a Cahir le pareció que se volatilizaba. Terminó, dejó el plato a un lado y se acomodó como pudo en el duro suelo de piedra.
– Bueno, a ver si recuerdo... –empezó el mendigo–. Pues a ver, resulta que hace tres años, cuando nuestro Príncipe, que por cierto, mañana se corona Rey, dado que asesinaron a su padre con una ballesta mientras... bueno, esa parte viene después. Primero el Príncipe fue a ver a un herrero llamado Caliz, no, no era Caliz, era Clair, no espera...
– ¿No sería Cahir? –Le ayudó el mismísimo Cahir.
– Si eso, se llamaba Cahir. Pues eso, nuestro Príncipe fue a ver a un herrero llamado Cahir y le ordenó que forjase una espada digna de un heredero al trono. El Príncipe quería una espada de cobre, como el mismísimo Tarbolín el Grande. Pero Cahir el herrero no era tan bueno en la forja como decían y forjó una espada de cobre tan mala que no resistió el primer envite. El herrero se excusó diciendo que sólo los que estaban destinados a dejar su huella en la historia como Tarbolín podían empuñar una espada de cobre...
Cahir se acordaba de eso. Se acordó de cómo había fantaseado pensando que le haría la mejor espada del reino al Príncipe y cómo se le había caído el alma a los pies cuando el Príncipe le pidió la dichosa espada de cobre. Le advirtió que no era buena idea, pero el Príncipe no le hizo caso. Cuando la espada se quebró, exactamente le dijo al Príncipe que “alguien tan estúpido como para pedir una espada de cobre merecía que la espada se rompiera”, aunque lo dijo con palabras más educadas. Cahir dejó de cavilar y continuó escuchando al mendigo.
– ...El Príncipe ante tales palabras le cerró la herrería y le obligó a marcharse del pueblo. Cahir juró que se vengaría ante tal agravio y tres años después, armado con una ballesta, se apostó en una ventana y aprovechando la algarabía que el Desfile Real estaba causando, apuntó al Rey, que desfilaba montado en el Carro Real y le disparó. La ballesta era tan potente que le atravesó la cabeza y se clavo en el hombro del carretero. Después de eso...
– ...el Príncipe se convirtió en Rey, ejecutó al malvado Cahir y a sus cómplices, se casó con la Princesa y vivieron felices y comieron perdices, ¿verdad? –Finalizó Cahir con un deje amargo.
Se levantó (no se acordaba de cuándo se había sentado) y se tumbó en la cama, mientras reflexionaba sobre la historia. Si se veía desde un punto de vista político, el plan era perfecto. El Príncipe se coronaba Rey, eliminaba a los principales competidores que podían desbancarle del trono tachándoles de cómplices y por último el pueblo se quedaba tranquilo porque “el malo” está muerto. Lo raro era que él, el malvado Cahir seguía vivo. Después de acusarle de matar al rey le dejaban abandonado en una celda. Cahir se volvió a acercar a la ventana y llamó al mendigo que ya se alejaba.
– ¡Eh! ¡Chaval! Sí, te lo digo a ti. Ven un momento –el mendigo se acercó a la ventana–. Has dicho que el herrero Cahir mató al rey ¿no? –el mendigo asintió– Y ¿Cahir consiguió huir o le arrestaron?
– No, le cogieron. Además, ayer mismo le colgaron en medio de la plaza junto con sus cómplices. Me parece que el cadáver sigue allí.
Cahir se quedó helado.
– Gracias. Nada, sólo era eso. –se despidió Cahir.
Después se tumbó de nuevo en la cama. Habían ejecutado a Cahir. Pero él era Cahir. Y estaba vivo. ¿Qué estaba pasando? El rey estaba muerto eso seguro. Pero él estaba vivo, y de eso estaba más seguro aún.
Y mientras pensaba todo eso, se quedó dormido.

Reish estaba sentado en la Plaza de la Penitenciaría, enfrente de los calabozos. No hacía mucho, había estado hablando con un preso a cambio de un plato de comida. Ahora descansaba a la sombra de un soportal, escondido entre unas sacas seguro de que nadie le molestaría. Con la barriga llena y al estar sentado en la parte de la plaza que quedaba en sombra no tardó en quedarse dormido, cosa que en las feroces calles de la ciudad era sinónimo de problemas. Y en efecto, al rato de estar dormido, Reish se despertó bruscamente. Una mano le impedía gritar mientras que otra le presionaba los brazos sobre la espalda. Le llevaron en volandas hasta una oscura calleja y allí le tiraron al suelo.
– Ni se te ocurra hablar chaval o te corto la lengua. –Dijo un individuo alto con una barba rala y ropas de sirviente. El reflejo del sol en el metal le confirmó a Reish que el individuo iba armado–. Bien, así me gusta chaval. Has llegado como caído del cielo ¿sabías? Yo estaba ya preparado para cruzar y de repente vas tú, un pobre mendigo, cruzas la calle y te pones a hablar con un pobre preso. La coartada perfecta para engañar a los guardias. Bien, bien... – Reish se había quedado quieto al principio, pero ahora, ante la perorata del hombre no sabía que pensar–. Bueno chaval, ahora vas a terminar lo que has empezado...

Cahir corría entre la selva a gran velocidad. Algo le perseguía. Cahir siguió corriendo y una rama le abofeteó en la cara. Cayó hacia atrás cuan largo era y otra rama le abofeteo el rostro...
... y despertó. Nudillos le estaba dando bofetones en la cara. Se apartó y le miró enfurecido.
– ¡Pero, ¿qué haces?! –Preguntó un furioso Cahir.
– Despertarte –sonrió–. Pero a mi manera. Bueno, el andrajoso ese quiere verte –dijo Nudillos mientras señalaba a la ventana, donde estaba acuclillado el mendigo.
Cahir se levantó y se dirigió hacia la ventana. Miró al mendigo que tenía cara de aterrado y en la mano, oculta por la manga de su raída túnica, llevaba una nota muy manoseada.
– ¿Qué quieres? –Le dijo Cahir.
– To... toma, cójela –le dijo el mendigo mientras le tendía torpemente la nota.
Cahir cogió la nota, entretanto, el mendigo se marchó apresuradamente mientras miraba a ambos lado de la calle.
Se sentó en la destartalada cama y desplegó la nota. Estaba escrita con letra prieta y en algunas partes la tinta se había corrido. Rezaba:
«Hola Cahir...»
– ¡Parlanchín! Que te estoy hablando –le dijo Nudillos–. Te digo que si les preparamos alguna sorpresa a los guardias, que ya están en el final del pasillo. ¡Ah, no, sólo viene uno esta vez! Bueno, que dices.
– No, si quieres mañana –dijo Cahir mientras volvía a centrar su atención en la nota.
«Hola Cahir. Si no quieres pudrirte en esa celda eternamente tendrás
que seguir las instrucciones al pie de la letra:
Espera hasta que lleguen los guardias. Si ves que son dos los guardias que van recogiendo platos se cancela el plan, si es uno todo marcha bien. Cuando pase el guardia recogiendo los platos, dáselos y el te entregara las llaves de la celda. Sal de la celda y ves en la dirección del guardia. Síguele y  llegarás hasta una puerta. Ábrela.
Cahir terminó de leer. Se giró hacia Nudillos y le dijo:
– Creo que la sorpresa te la vas a llevar tú.

Dalet caminaba por el largo pasillo de piedra en el que estaban ubicadas las celdas. Ese día estaba nervioso. Había conseguido librarse de su compañero a cambio de una botella de vino. Pero por entregarle las llaves de la celda a un preso le habían pagado una gran cantidad de dinero, suficiente para comprar muchas botellas de vino. Dalet continuó caminando por el pasillo mientras recogía los platos que los presos le entregaban.
Llegó hasta la celda que le habían indicado. En ella estaba un preso alto, con el pelo negro como ala de cuervo y vestido con una desgastada túnica de lino. Su compañero era alto y fornido, tenía la nariz rota y una gran cicatriz en el brazo izquierdo. Vestía con unos pantalones de gruesa tela y un chaleco de cuero. Tenía pinta de camorrista. Y a esa bestia le voy a dar las llaves, pensó, mejor se las doy a su compañero y que se las apañen. Y así lo hizo. Después siguió caminando intentando alejarse lo más deprisa del lugar.

Cahir recibió las llaves de un enjuto guardia con pinta de cobarde. No les habrá costado sobornarle, pensó. Se giró hacía Nudillos que estaba boquiabierto y le dijo:
– No tengo ni idea de quién es el quiere ayudarme, pero no voy a ser yo el que se quede esperando a que lleguen más guardias.
– ¡Ja! Yo tampoco.
Cahir abrió la puerta y les dijo a los demás presos:
– Espero que ninguno de vosotros...
– ¡Muy bien nenazas, ya sabéis lo que les hacemos aquí a los chivatos! Espero no tener que volver aquí a darle su merecido a nadie –le interrumpió Nudillos.
– Gracias Nudillos, has expresado justo lo que quería decir. ¿Nos vamos?
– Andando.
Siguieron el camino por donde se había ido el guardia. Al final, el pasillo doblaba hacia la izquierda. Al doblar el recodo vieron que en esa parte ya no había celdas, las paredes eran de fría piedra. El guardia estaba al final del pasillo y volvió a desaparecer al doblar una esquina. Le siguieron y al doblar ellos la esquina vieron que el guardia ya no estaba. Pero al final del pasillo había una puerta, tal como indicaba la nota.
Aceleraron el paso.
Llegaron hasta la puerta, Nudillos la abrió.
Se escucho el zumbido de una flecha.

– Marten no vuelve.
– Espera un poco, puede que llegue ahora.
– ¿Y si no llega?
– Llegará.
Estaban esperando en un bosquecillo de encinas y coscojas situado al lado de la Prisión Central. Iban montados en caballos y tenían dos más escondidos entre los árboles. Escucharon el sonido de pisadas sobre las hojas secas. Estaba anocheciendo, pero pudieron distinguir a las figuras que se acercaban. Una era Marten.  La otra era alta, con el pelo negro como ala de cuervo y vestía una gastada túnica de lino. Supusieron que era Cahir. Las dos figuras llevaban otra más grande sobre los hombros. Cuando llegaron hasta donde estaban ellos, soltaron sobre las hojas al que estaban remolcando. Tenía una flecha clavada en el torso y un corte en el costado. El corte estaba vendado pero aún así sangraba mucho.
– Hola Cahir.
– ¿Quién eres?
– Soy Baal, éste es Fergund y ése es Marten. Hemos venido a ayudarte por orden de nuestro señor.
Fergund, que estaba subido a caballo al lado de Baal desmontó y empezó a atender a la figura que estaba tendida en el suelo. Cahir se sentó en el suelo.
– ¿Qué ha pasado? –preguntó Baal.
– Dímelo tú. Nudillos y yo estábamos siguiendo al guardia tal como indicabais en la nota y al llegar a la puerta, la abrimos y...
...Nudillos cayó hacia atrás con una flecha clavada en el torso. Cahir echó un rápido vistazo a la sala. Había una mesa en el centro. Alrededor de ella había tres guardias, cuatro si se contaba al guardia que les había entregado las llaves, que estaba sentado en una silla con la nariz rota y un ojo morado. Uno de los guardias llevaba un arco y ya estaba cargando otra flecha. Otro estaba junto al de la nariz rota y el otro se dirigió a Cahir mientras desenvainaba.
Cahir había sido educado en el arte de la lucha pero no estaba tan loco como para enfrentarse a un guardia armado con una espada mientras él estaba indefenso. Al parecer Nudillos sí. Se levantó con un rugido y embistió al guardia que iba hacia Cahir. El arquero que ya había sacado una flecha del carcaj, apuntó hacía Cahir, tensó la cuerda y en el preciso momento que iba a disparar, el guardia que les había entregado las llaves le pegó una patada a la mesa que estaba situada en medio de la sala, la cual chocó contra el guardia arquero y le hizo errar el tiro. El otro guardia, el que estaba al lado del guardia con el ojo morado, desenvainó y con un movimiento rápido clavo la espada en el pecho del guardia sentado. Y así murió Dalet. Pero Cahir nunca supo como se llamaba el guardia que le había dado las llaves y después le había salvado la vida al provocar que errase el tiro el guardia arquero.
Tras la muerte de Dalet, Cahir no perdió el tiempo. Saltó por encima de una silla que habían derribado en la refriega y se dirigió hacia el arquero. Éste, al ver que Cahir se dirigía hacia él, empezó a desenvainar pero Cahir llegó antes, le propinó un puñetazo y le arrebató la espada. Dió un giro y se enfrentó al guardia que había acabado con la vida de Dalet. Empezaron a intercambiar estocadas. Mientras Nudillos forcejeaba con uno de los guardias y Cahir intercambiaba estocadas con el otro, el arquero volvió a cargar el arco, pero mientras llevaba la mano hacia el carcaj contempló atónito como la fina hoja de una daga le atravesaba el pecho. Mientras el arquero caía muerto, Nudillos recibió un corte en el costado, pero consiguió mantenerse en pie y empujar a su contrincante contra la pared. El guardia se golpeó la cabeza al caer y perdió el conocimiento. El último guardia, al ver a sus compañeros caídos, dejó de combatir contra Cahir y huyó por la puerta por la que habían entrado Cahir y Nudillos.
Nudillos cayó contra la pared sujetándose el costado herido. El hombre que había abatido al arquero se agachó junto a él, rasgó la camisa de uno de los guardias y le vendó rápidamente el costado. Después dijo:
– Esa flecha no la voy a arrancar por ahora, mejor dejarla para que no sigas sangrando.
Después se levantó y se dirigió hacia Cahir.
– Me llamo Marten. Tu debes ser Cahir.
– Si, soy yo. Supongo que sabrás salir de aquí ¿no?
– Si.
– Pues entonces ayúdame a coger a Nudillos y salgamos de aquí.

– Y eso es lo que ha pasado. Supongo que el plan sería encontrarnos con Marten sin que unos guardias nos atacasen ¿no? –Dijo Cahir.
– Sí, el plan salió mal –confirmó Marten– No sé porqué estaban esos guardias ahí. Debe ser que alguien descubrió nuestros planes. O que simplemente tuvimos mala suerte.
– Da igual, lo importante es que estamos fuera –dijo Cahir–. Por cierto ¿cómo es que ayer ejecutaron a Cahir y yo sigo vivo?
Esta vez, Baal respondió a su pregunta.
– Conseguimos, sobornando a unos y amenazando a otros que te intercambiasen de celda con Julko Atrapadedos. Por eso no estás muerto, porque es como si tú ahora mismo fueras Julko Atrapadedos.
– Entonces, ¿es a Julko a quién colgaron?
– Sí. Digamos que es un daño colateral
– ¿Y para qué me queréis? Porque supongo que no me habréis liberado por bondad.
– Buena pregunta. Te necesitamos porque nuestro señor tiene un sueño. Quiere unificar todos los pueblos y acabar con el Gran Reino para que todo se rija por una unión democrática. Para eso te necesitamos, para que mañana en el acto de coronación, salgas y les digas a todos la verdad, que el rey murió por la ambición de su propio hijo y no por un loco psicópata.
– Entonces, al Rey le mató su hijo.
– Técnicamente fue un asesino contratado por el Príncipe y por Garod, nuestro señor. Pero después de eso el Príncipe traicionó a nuestro señor, porque el pacto era destruir la Casa Real y convertirlo en un Senado, pero al final, el ambicioso Príncipe le dijo a nuestro señor que se va a coronar Rey, porque piensa conquistar más territorios y convertir su reino en el mas grande que hubo nunca. Por eso necesitamos que el día de la coronación les digas a todos la verdad.
– La verdad sería decir que murió por la ambición de su hijo y la de Garod, tu señor.
Baal torció el gesto.
– Entonces di una media verdad. O miente. Pero si lo haces asegúrate de que el Príncipe quede humillado –hizo una pausa–.  Pero no te preocupes, no estarás solo. Tenemos más gente de nuestro lado, gente que te conoce y sabe que el que está colgado en la horca no eres tú. Después de eso, cuando la gente empiece a alterarse y estalle el caos, los soldados de nuestro señor irrumpirán en la plaza y derrocarán al Príncipe. Después, tú nos ayudaras a hablar con el pueblo y a convencerles de...
– No.
– ¿Perdona?
– Que no. No pienso hacerlo. Porque yo también tengo un sueño. Es irme de esta ciudad infesta y abrir una herrería en el lugar más tranquilo que pueda encontrar. Así que déjame en paz. Vete. Gracias por haberme sacado de la cárcel, pero yo no voy a ayudar a tu señor. Sobre todo porque me parece que eso me va a costar la vida.
– Entonces no nos ayudaras.
– No.
– Bien. También esa respuesta te va a costar la vida.
Súbitamente Fergund que estaba atendiendo a Nudillos, le arrancó la flecha clavada en el torso, hizo aparecer un arco de debajo de la capa y apuntó a Cahir. Nudillos empezó a desangrarse.
Se escucharon cascos de caballo.
– No vas a cambiar de idea ¿verdad? –Le preguntó Baal a Cahir.
– No.
–Tú has decidido.
Antes de que Fergund pudiese soltar la cuerda Nudillos le pegó una patada. Los cascos se acercaron. Unos hombres montados en caballos aparecieron y empezaron a disparar flechas.
– Maldición, los guardias –gritó Baal–. ¡Corred, a los caballos!
Fergund, Baal y Marten huyeron montados a caballo dejando a Cahir y a Nudillos solos.
– Vete Cahir. Yo me estoy muriendo. Vete lejos de esta infesta ciudad y abre una herrería. Hazlo. O te daré una paliza –y Nudillos, murió sonriendo.
Cahir se levantó y se ocultó en el bosquecillo. Cuando los jinetes vieron que Nudillos estaba muerto empezaron a galopar en la dirección en la que habían huido Baal y sus compañeros. Cuando se hubieron ido Cahir empezó a caminar, empezó a alejarse de esa infesta ciudad. Como Nudillos le había dicho.

Aquí termina La Ciudad Sin Verdad. Cahir tenía un sueño y para conseguirlo tuvo que ver morir a un compañero. El Príncipe tenía un sueño y para tenerlo tuvo que acabar con su padre. Garod tenía un sueño y por eso inició una guerra civil entre el Príncipe y él. Espero que tu sueño no sea tan costoso de realizar.

Cahir caminaba por el bosque. Había pasado ya un día desde la muerte de Nudillos. El acto de coronación estaba empezando, Cahir se había dado cuenta por la cantidad de trompetas que sonaban. Cahir dejó de andar. Dio la vuelta y dijo:
– Maldita conciencia. Bien, iré al acto de coronación y les diré a todos la verdad, ni medias verdades ni una mentira. Porque aunque a nadie de esa maldita ciudad le importe la verdad, al menos, a mí si.

FIN


Última edición por Títere el Miér Mar 19, 2014 3:59 pm, editado 1 vez


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Re: La Ciudad sin Verdad

Mensaje por Old Medie el Lun Mar 17, 2014 4:18 pm

Hahaha, un magistral relato, a tú manera. Me gustó ese realce de nombres que has hecho, no se me olvidará ninguno por mucho tiempo. Espero escribas más, me gusta ver nacer escritores.

Sólo por el guiño de Taborlin podríamos situar la historia en los Cuatro Rincones de la Civilización, lo que me lleva a pensar que podríamos poner tu relato en los Borradores de Cronista, pero bueno, eso es tinta de otro color.


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Re: La Ciudad sin Verdad

Mensaje por Títere el Mar Mar 18, 2014 4:08 pm

Gracias, lo único es que algún fallo debe tener, ruego que me lo resaltes. (Si alguien mas lee el relato ya sabe, quiero fallos y pegas)

Por cierto, ¿A qué realce de nombres te refieres?

El guiño de Táborlin fue porque tenía reciente ENDV y como eso de Nominar se me da pal culo, puse ese y fin de la historia. No está ambientado en ningún mundo, es decir, yo lo escribí sin plantearme que hubiese algo más allá de la ciudad.


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Re: La Ciudad sin Verdad

Mensaje por lethani el Miér Mar 19, 2014 2:53 pm

Buen trabajo, títere. No es el típico relato sobre el universo de Kvothe en el que salen los principales personajes ni magia y aún así no se hace aburrido. Buena narración, has conseguido que no me pierda, y eso es un reto para mí, jajaja.

El realce supongo que lo dirá porque dejas marcado quién es cada uno en lo que hace en cada momento, no dejas una acción suelta... ¿puede ser?

¿Pegas?... no sé... en la parte de la huida alguna cosa no me ha quedado clara, pero los detalles de como salen tampoco son relevantes. Quizas tenía que haberlo leído más detenidamente. Dejo para otro una pega más elavorada (Esperemos a la borde del foro... muahaha!)
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Re: La Ciudad sin Verdad

Mensaje por Dinnaeh el Miér Mar 19, 2014 3:36 pm

Ya lo leí. Luego te lo comento, que ahora voy a comer.
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Re: La Ciudad sin Verdad

Mensaje por Títere el Miér Mar 19, 2014 3:41 pm

Ahora vas a comer  Shocked Yo comí hace dos horas...

La parte de la huída la dejé inconclusa por dos sencillas razones:

1- El límite del concurso eran 15 páginas. De hecho, hay partes recortadas.

2- Me parecía un coñazo, así que ni lo escribí.

Y con respecto a la magia, a mí no me gusta imaginarme mundos fantásticos en los que hay magos, enanos, elfos, orcos y malvados Nigromantes que quieren dominar la tierra. Yo he cogido nuestro mundo y he pasado toda esa corrupción a una epoca medieval. Tampoco me he complicado la vida. Aunque he añadido sus propias leyendas, como la de Táborlin...


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Re: La Ciudad sin Verdad

Mensaje por Albertet el Jue Mar 20, 2014 11:43 pm

Acabo de encontrar el relato y me ha gustado bastante. Buenísimos los nombres de los presos y toda la trama de la intriga política a partir de un crimen.


Sólo una sugerencia...igual el cuento tiene más fuerza en la actualidad que ambientado en la Edad Media.
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Re: La Ciudad sin Verdad

Mensaje por Títere el Vie Mar 21, 2014 3:13 pm

El cuento tiene muchos matices actuales que he pasado a la edad Media. Está basado en un hecho muy famoso que ocurrió hace unos 50 años. Si lo ubicaba en estos tiempos, quedaba muy evidente, por eso todo ocurre en la Edad Media.
También cuenta el hecho de que me gusta narrar luchas caballerescas.


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Re: La Ciudad sin Verdad

Mensaje por Old Medie el Vie Mar 21, 2014 3:23 pm

@Títere escribió:El cuento tiene muchos matices actuales que he pasado a la edad Media. Está basado en un hecho muy famoso que ocurrió hace unos 50 años. Si lo ubicaba en estos tiempos, quedaba muy evidente, por eso todo ocurre en la Edad Media.
También cuenta el hecho de que me gusta narrar luchas caballerescas.

Ese hecho famoso que sucedió por allá en los 60' ¿Será algo sobre los reyes de España?


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Re: La Ciudad sin Verdad

Mensaje por Títere el Vie Mar 21, 2014 3:24 pm

No, queda mucho mas lejos. Allá en la nación que usa muchas cosas.

¿Lo pillas?


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Re: La Ciudad sin Verdad

Mensaje por Old Medie el Vie Mar 21, 2014 3:34 pm

@Títere escribió:No, queda mucho mas lejos. Allá en la nación que usa muchas cosas.

¿Lo pillas?

Que usa muchas cosas, ¿Será EEUU?


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Re: La Ciudad sin Verdad

Mensaje por Dinnaeh el Vie Mar 21, 2014 6:23 pm

Está bien. La historia no es mala y me ha encantado el personaje de Nudillos.
¿Qué está mal? Pues no sé. Yo nunca he probado a escribir este tipo de historias, por lo que no se qué tipo de dificultad conllevan. Nunca me enfrentado ante lo que es describir una pelea, y es, en parte, por que no sabría cómo hacerlo, aunque tampoco lo he intentado.
Cada uno tiene una forma de narrar y contar las cosas, esa es la gracia. Y cuanto más escribas y más leas, tu propia técnica se mejora, te llegas a superar a ti mismo.
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Re: La Ciudad sin Verdad

Mensaje por Títere el Sáb Mar 22, 2014 3:17 pm

Madre mía  Shocked , Dinnaeh en persona no ha destripado el relato, y no solo eso, ha dicho que "no es mala" y que le ha "encantado el personaje de Nudillos".

Jajaja, estaba de coña, gracias por la crítica, al final voy a ser yo el que le encuentra mas pegas al relato  Neutral 

Y sí, me refería a Estados Unidos... (Aquí viene Sherlock Medie a analizar el caso Twisted Evil )


-...el primer borrador lo escribes con el corazón, el segundo, con la mente.-
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