Tres días de Kvothe
Últimos temas
» Hola a todos
por Thétalo Hoy a las 1:46 am

» Duelo de portadas
por Gwynbelidd Hoy a las 12:52 am

» Elige la mejor canción
por Netalia Ayer a las 9:28 pm

» Clue (versión Temerant).
por Edeus Ayer a las 10:06 am

» ¿Qué estás escuchando?
por Rhasent Ayer a las 12:32 am

» II Concursos de minirelatos 2017
por szao Sáb Nov 18, 2017 1:48 pm

» Volar. Me gusta volar.
por AtitRuh Sáb Nov 18, 2017 9:35 am

» Serie sobre El Señor de los Anillos
por szao Vie Nov 17, 2017 11:02 pm

» Ya tenemos fecha de lanzamiento para la edición décimo aniversario de El nombre del viento
por Bluecat Vie Nov 17, 2017 12:24 pm

» Titula la novela a partir de la imagen
por Krismaril Jue Nov 16, 2017 11:22 pm

Conectarse

Recuperar mi contraseña

Sondeo

¿Qué personaje de la saga se ganó tu odio?

 
 
 
 
 
 
 

Ver los resultados

Twitter
Twitter

NADA ES CORRIENTE

Publicar nuevo tema   Responder al tema

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

NADA ES CORRIENTE

Mensaje por Jacktash el Vie Ago 01, 2014 11:52 am

Esta es una historia, ya más bien hecha, que llevo escribiendo un par de semanas. No sé si voy a seguir o no, por lo que este puede que sea el único capítulo. No espero que os lo leáis, ¿o sí? Bueno, espero que os guste, si lo léeis, y si no, pues bueno... se ha quedado buen día, ¿verdad ? Twisted Evil 
I - NADA ES CORRIENTE
Era una noche tranquila. Nada interrumpía el silencio que emanaba del ambiente. No había ni una ráfaga de aire que produjese el suave movimiento de las ramas, chocando unas contra otras. No se oía a ningún pájaro cantar, todos callaban, refugiados en sus nidos, temiendo por lo que iba a pasar. Los animales, encerrados en sus madrigueras, asomaban la cabeza de vez en cuando, observando al hombre que les acompañaba esa noche. La luna brillaba con todas sus fuerzas, dificultando la visión de las estrellas.
El hombre, de rodillas, estaba apoyado en un bastón. A simple vista, no parecía más que un anciano apoyado en un palo. Pero como todo, nada es lo que parece. Ni el hombre era un anciano, cansado del viaje, ni el bastón era solo un palo, que servía de apoyo. Y los animales lo sabían. Nunca habían vivido una noche como ésta, el poder salía de todos los sitios, en forma de espirales. Y, aunque el hombre estuviese callado, no hacía más que hablar.
Hablaba con los dioses.
Conversaba con ellos, les pedía ayuda, y ellos se la otorgaban. De ser un humano corriente, no se habrían tomado la molestia de abandonar su sueño, para oír sus rezos. Pero este hombre no era un humano corriente. Era un mago de la Orden Mágica de Thear, pero tampoco era un mago corriente. Se trataba del señor de la Orden, el mago más poderoso de las tierras del Sur. Era Wain, el Mago. Y el bastón que llevaba era un báculo, pero tampoco era un báculo corriente, era el Báculo de Zard, el más potente de todos los canalizadores. Wain se dirigía a la Cordillera de las Montañas Negras, al Norte. El viaje le había agotado, y lo más importante, su magia se veía bastante dañada, ya que la había usado muchas veces en tan poco tiempo. Por eso estaba recogiendo la energía de la naturaleza.
<< Criado en la ciudad de Sorret, Wain siempre había destacado por sus habilidades. Aprendía más rápido que el resto de los niños, y manejaba la tierra de una manera excepcional. Por esas razones, y muchas otras que no vienen al caso, a Wain le llevaron a la escuela de Thear, para que aprendiese el noble arte de la magia. Al principió desentonó un poco, ya que, acostumbrado a vivir en las lindes de El Bosque de las Hadas, le era raro el ambiente de la escuela, aunque le costó poco acostumbrarse.
No era el más listo de su clase, pero era el que más se esforzaba, y así fue subiendo, de aprendiz a novicio, de novicio a mago de primer grado… y así hasta que llego a ser un mago de séptimo grado, el más alto. Solo consiguieron llegar a este nivel Wain y su compañero de habitación, Inear.
Wain se quedó en la escuela, escrudiñando lo máximo que podía los libros que se encontraban en la biblioteca, estudiando sobre las otras escuelas de magia, a las que quería ir, estudiando sobre las criaturas mágicas del bosque… pero sobre todo estudiaba acerca del Báculo de Zard, un canalizador de magia que poseyó uno de los Dioses, en la época que el mundo estaba repleto de éstos y otras criaturas, ya extintas. Tanto estudio acerca del báculo, le llevó a visitar las bibliotecas de las otras escuelas, fue a la de Naug, en el Oeste, a la de Benect, al Este, y a las ruinas de Tofel, en el Norte. Cada visita le aportó más información. Así llegó a las ruinas de la Primera Escuela, situadas cerca de Sorret, en el bosque. En las ruinas encontró un arcón, cerrado, con una inscripción. Era el lenguaje de los Dioses, y Wain no pudo leerlo, a pesar de sus conocimientos. >>
Cuando ya amanecía, Wain se levantó y prosiguió su camino, tenía pensado llegar a Lak, la última ciudad antes de entrar en el territorio de los Hechiceros Negros, su meta. Tendría que descansar en la ciudad lo suficiente como para poder sobrevivir en la cordillera, repleta de magos renegados de la escuela de Tofel. Aparte, en Lak podía comprar una nueva capa, ya que la que ahora tenía estaba hecha jirones.
También deseaba conseguir un compañero para adentrarse en el territorio de los Hechiceros. Pero cualquier compañero no le valía, tenía que ser alguien en quien pudiese confiar, preferiblemente un caballero, y sabía que solo los Caballeros de Lacem se adentrarían en el mundo de los exiliados.
- ¿Qué hace un hombre como vos en el camino de Lak? – un hombre salió de entre unos arbustos que se encontraban en la derecha del camino.
- Mis asuntos no te incumben – Wain echó mano del báculo, no es la primera vez que se enfrenta a bandidos.
- No hay que ponerse así… Me gustaría compartir su camino, señor…
- Talk, Jar Talk.
- Señor Talk, curioso nombre…
- ¿Y el suyo?
- Yo soy Hart, hijo de Herat, señor de la escuela de Lacem y hermano del regente de la ciudad de Kort, al oeste de Lak. A su servicio.
El rostro de Wain se iluminó, un guerrero de Lacem… Esta era su oportunidad, tenía que pedirle que le acompañara.
- Me gustaría proponerle una cosa, aunque antes tengo que sincerarme.
- Adelante.
- No soy Jar Talk, ni nada por el estilo. Me llamo Wain, y soy el señor de la escuela de Thear, en el Sur. Mago de séptimo grado, y necesito su ayuda.
- Lo suponía… aunque nunca habría llegado a pensar que un mago de tan alto nivel errase solo por caminos alejados de la Senda de las Torres. ¿Y para qué necesita Wain, señor de Thear la ayuda de un guerrero de Lacem?
- Necesito un compañero de viaje, voy hasta la Cordillera de las Montañas Negras, a la escuela de Shaw, la de los Hechiceros Oscuros, o los Exiliados, allí espero obtener respuestas para preguntas que han quedado en el aire desde la Época de Kalos, el Dios Oscuro, la primera de todas.
- Siniestra empresa para un mago de la luz.
- Fui el único que la aceptó
- Y yo el único que te acompañará.
- No esperaba menos de un Gran Señor.
Ambos siguieron el camino, a lo lejos ya se veía Lak. Fueron hablando de asuntos sin importancia, lo que hizo que los lazos entre ambos se fortaleciesen, una semana más juntos y serían capaces de dar la vida el uno por el otro.
Formaban una curiosa pareja, un mago del Sur y un guerrero del Norte, no era algo que se viese todos los días. Aunque, claro está, no eran un mago y un guerrero corrientes… Antes de llegar a Lak, Wain ya sabía que Hart había empezado a recibir clases en la escuela de Lacem con cinco años, y desde el momento en el que entró brilló por sus habilidades. Era el mejor espadachín de su clase, el mejor arquero, el más inteligente, y el más humilde. Los demás aspiraban a ir a la guerra, a matar y a ser recordados como héroes, pero lo que Hart quería era proteger a su familia y a su gente. El pueblo en el que fue criado era presa de los bandidos de la zona, que hizo que su familia sufriera pérdidas importantes, como la de Herat, el padre de Hart.
- ¿Y qué preguntas del reinado de Kalos harían que un mago del Sur viajase hasta la Cordillera de las Montañas Negras al Norte de toda civilización?
- Preguntas sobre el origen de los Dioses.
- El origen de Opye está escrito en los libros de las Escuelas, al igual que el de Zard, no veo por qué tendrías que irte a Shaw.
- Porque también busco información sobre los Dioses anteriores, sobre Kalos, sus hijos Sot y Pet, sobre los padres de Zard y de Opye, sobre los creadores de Phyre y sus astros y sobre los padres de los Dioses.
- Demasiada oscuridad y devastación para un mago que se ha criado al lado del Bosque de las Hadas.
- Demasiada curiosidad para un Gran Señor de las cuatro Escuelas, criado en Lacem, lugar de peregrinación para los grandes guerreros de nuestra época y de épocas anteriores.
- Soy diferente.
- ¿Quién te dice que yo no?
- No lo aparentas.
- Si aparentase lo que soy, amigo mío, ahora mismo estarías de camino a Lacem para reunir a los otros tres Grandes Señores para enfrentaros a mí. Y no lo estáis haciendo.
- Porque desconozco tu identidad.
- Mejor para ti y tus allegados.
Wain estaba sereno, como siempre, aquella conversación no le había alterado lo más mínimo, pero el rostro de Hart mostraba más de lo que quería, terror, angustia, pero sobre todo curiosidad. Curiosidad sobre el hombre al que estaba acompañando de camino a la tierra de la magia negra. Sabía que no podía ser un mago corriente, pero tampoco podía ser un Dios, como le había dejado entrever. Aún así se comparaba con ellos. Aunque eso fuera sacrilegio y estuviese penado con la muerte según la ley, Hart no se atrevió a decir nada, quizá porque se había hecho amigo del mago, o quizá porque le inspiraba respeto, a la vez que temor. Puede que en un enfrentamiento ganara el guerrero, pero no se quería arriesgar, al fin y al cabo, mucha gente a lo largo de la historia ha muerto por subestimar a otras, y él no quería ser otro peón en la historia. No quería morir por tan absurda razón.
Cuando se quiso dar cuenta, ya estaba ante el portón de Lak. El portón era de madera, y tenía incrustadas varias piedras preciosas, procedentes de la Cordillera de las Montañas Negras, de una época en la que Phyre vivía en paz y la magia negra no amenazaba con dominar ninguna de las Cuatro Regiones. En el arco del portón rezaba la siguiente frase: “Hocom te Lak, a latum phyr, a latum espo”. No era la lengua común de Phyre, sino una variante que se usaba para la magia, el Arah, un dialecto surgido en la torre de la Orden Mágica de Naug, al Oeste.
- Por fin hemos llegado.
- Wain, espera, antes de nada debo decirte algo importante.
El mago miró a Hart, sopesando si debía acceder a escucharle o darse media vuelta y adentrarse en la ciudad.
- ¿Qué pasa? ¿Es sobre la conversación de antes?
Hart estaba a punto de decir que sí, que le había asustado, que se quería dar media vuelta. Pero no lo hizo, siguió con lo que le iba a decir.
- No soy el Gran Señor de Lacem. Por no ser, ya no soy ni caballero. Me echaron de la escuela del Norte por estudiar magia – la nostalgia pesaba en los ojos de Hart, le había dolido mucho que le echaran de la escuela, más aún que le echase su mejor amigo.
- Hart, hijo de Herat. ¿Crees acaso que permitiría a cualquiera acompañarme? No. Y si he accedido a que fueses tú mi acompañante en esta aventura es porque he visto en tu interior la fuerza de voluntad de la que mucha gente carece. Darías la vida por un campesino que no conocieses, solo por preservar tu honor. Quizá no seas uno de los Grandes Señores, pero en tu corazón late la sangre de uno de ellos. Conocí a Herat cuando fui a la torre de Tofel en busca de información, y no he visto a nadie con más coraje y arrojo que él. Hasta hoy. Hart. Eres el único que puede acompañarme.
- ¿Conociste a mi padre?
- Sí, era un gran hombre, y veo que eres hijo de tu padre.
- Wain, ten por seguro que no habrá un Mago Oscuro capaz de detener mi acero en todo Shaw.
El mago sonrió, y siguió su camino. Hart, en cambio, se quedó en la puerta, observándola. Pero no era el gran portón de madera con piedras preciosas incrustadas lo que ocupaba sus pensamientos, sino lo que le acababa de decir Wain. No era un Gran Señor, eso es verdad, pero tampoco era un guerrero corriente.
<< Se había criado en la Escuela de Lacem, hasta la temprana edad de 18 años, cuando le expulsaron de ella, por un altercado con su amigo de la infancia, el que ahora es el Gran Señor. Calamin, de la ciudad portuaria de Húma. Calamin siempre había estado por debajo de Hart, tanto en la teoría como en la práctica. No había duelo en el que ganase el joven de Húma, ya que Hart luchaba con tal arrojo que cualquier Gran Señor lo habría querido en su ejército. El joven soñaba con ejercer el puesto de general, pero sus sueños se vieron apagados cuando una noche, después de cenar, Calamin retó a Hart a un duelo, públicamente, delante del Gran Señor y del general. Hart aceptó la propuesta inmediatamente, ya que un rechazo al duelo le habría brindado a Calamin la oportunidad de adelantarle en la práctica, ya que se vería humillado por el joven de la costa. Esa media noche, en presencia de toda la escuela, en el patio principal, a la luz de la luna llena, que alteraría la oscuridad con la que pretendía tener ventaja Calamin.
El duelo empezó cuando tenía que empezar, y al principio Calamin tenía bastante ventaja, ya que Hart hacía todo lo posible por no herir a su compañero, sabía que era mejor, y no hacía más que defenderse, pero llegó un momento en el que no tuvo otra opción, y atestó un golpe al hombro derecho de su contrincante, inutilizando su brazo. Tras esta acción, Hart se relajo, sabía que Calamin no iba a atacar más, estaba en desventaja, pero no fue así, por lo que Hart no tuvo otra opción que continuar luchando, evitando las estocadas de su oponente. Así estuvieron largo tiempo, hasta que, ya exhausto por las fuerzas gastadas, Calamin atestó un último golpe, directo al corazón de su contrario, pero Hart, que hasta ahora se había mantenido defendiendo, estaba bastante más descansado y esquivó el golpe, lanzando un certero tajo al brazo izquierdo de su oponente, que cayó al suelo como si hubiese cortado una rama. Lo que antes eran vítores por parte de los espectadores, se convirtieron en murmullos y miradas. Hart había mutilado a un compañero suyo, cuando solo debería haber marcado y todos sabían el castigo para esta falta. La expulsión. Desde esa noche, Hart ha esta andando por Phyre, buscando refugio y comida por donde pasaba. Se había acercado a las otras tres escuelas, en busca de un sitio caliente donde vivir, pero habían llegado las noticias de su expulsión y no le querían admitir. Así estuvo vagando, de ciudad en ciudad, hasta llegar a Kort, donde era regente su hermano. Éste le dio una casa, donde estuvo viviendo durante tres años. De allí partió a Lak, en busca de alguien con quien compartir una aventura. Le daba igual la finalidad de la aventura, necesitaba sentirse vivo. >>
Aquí, en la ciudad de Lak, al Noreste de Phyre, empieza una aventura que alterará el ritmo de vida de Wain y de Hart y, por supuesto, que alterará a los Dioses, haciéndoles llevar a cabo cualquier cosa, por peligrosa que sea.
Aquí empiezan los infortunios de un mago, un guerrero y dos dioses, que se habrán de enfrentar a las fuerzas oscuras, que, poco a poco, se van haciendo un hueco en la historia, como lo hace la oscuridad en el día.
Cualquiera diría que es imposible, pero, en los protagonistas de esta historia, nada es corriente.
avatar
Jacktash
Conocedor del mundo
Conocedor del mundo


Hoja de Personaje
Nombre:
Sexo:
Edad:

Volver arriba Ir abajo

Re: NADA ES CORRIENTE

Mensaje por Títere el Miér Ago 27, 2014 3:27 pm

Venga, aquí va mi crítica: (Aviso: Es destructiva, no constructiva Very Happy)

Primero: Vaya lío con los nombres. Deberías especificar algo más sobre lo que mencionas (como la ciudad portuaria) para asociarlo. Ahora mismo ya no sé si Sorret era la ciudad del bosque, si Lak era de un lago, o si Talos existe o me lo he imaginado.

¿Te has estado leyendo Memorias de Idhún últimamente? No por tu forma de escribir, sino por la geografía, el mundo me lo imagino muy parecido. Y si quieres que te diga la verdad, necesitaría un mapa para enterarme en que lugar está situado cada punto.

(Ahora llega el golpe a la yugular) Y respecto a la historia... Es muy breve para decidir si me ha gustado o no, pero de momento, no hay nada que enganche. No hay nada que te impulse a seguir leyendo, pues tal y como pinta, parece que nuestros dos personajes derrotarán al final a la oscuridad tras muchas batallas y todo volverá a ser bonito y con arco-iris. Necesita un buen argumento, algo de intriga, aparte del típico luz-oscuridad, bien-mal.

Continúalo, lo leeré, pero debo decirte que si no hay algún giro de guión, algo que le de emoción... Bueno... se quedará en la estantería acumulando polvo.


-...el primer borrador lo escribes con el corazón, el segundo, con la mente.-
avatar
Títere
Conocedor del mundo
Conocedor del mundo


Hoja de Personaje
Nombre: Hans Boggart
Sexo: Hombre
Edad: 28

Volver arriba Ir abajo

Re: NADA ES CORRIENTE

Mensaje por Jacktash el Jue Sep 18, 2014 5:17 pm

II - Advertencias
La habitación era pequeña, apenas cabían dos personas sin la cama. En una esquina había una mesa de madera, para dejar cosas, y encima de la mesa había una vela. No había ventanas en la habitación, por lo que había que mantener la vela encendida, aún a riesgo de quemar algo. Wain dejó el Báculo apoyado en la mesa y todo lo demás encima de ésta. Se quitó la túnica y la tiró a la cama.
Semidesnudo, se sentó y apoyó los codos en los muslos. En ese momento se le marcaron las cicatrices de la espalda. No tenía el cuerpo que habría cabido esperar de un mago, habituado al estudio y estar sentado leyendo manuscritos antiguos de hechizos. Tenía el cuerpo de un guerrero, aunque no de un guerrero normal, estaba lleno de cicatrices, no de torturas, sino de peleas, y no las típicas peleas de taberna, por una mujer o una copa de vino. Eran marcas de guerra. Marcas de un general del ejército de una de las cuatro Escuelas que iba en primera fila, dispuesto a darlo todo por sus compañeros.
LATION
En la habitación de al lado se estaba asentando Lation. Había dejado su cinto colgando de la mesa, con la espada enfundada. Se tumbó en la capa, resoplando, estaba cansado del viaje, había llegado a Lak después de muchos meses de camino desde las tierras del Oeste. Lation viajó a la Escuela de Tugal, a ver a su Maestro, Aman, necesitaba entrar en una escuela, necesitaba sentirse útil otra vez, pero Aman, que ya había oído del duelo que había ocurrido en la Escuela de Lacem, el duelo en el que había salido victorioso el mismo que ahora le pedía asilo. El Maestro pensó que quizá le convendría integrar a Lation en sus filas, pero si le habían echado de una de las Escuelas no se merecía entrar en otra, por lo que le dio una negativa, y el joven guerrero tuvo que arreglárselas para vivir. Así fue como llegó hasta el Camino de Lak, donde ya sabemos lo que ocurrió.
- Lation, - la voz de Wain sonaba detrás de la puerta - voy a bajar a Lak, necesito comprar algo para el camino, ¿te gustaría acompañarme?
- Dame un rato, ahora bajo - dicho esto, el guerrero comenzó a vestirse.
WAIN
Wain empezó a bajar las escaleras para acceder a la parte inferior de la posada en la que estaban alojados, El Grajo Verde, famosa por su gran vino de Lupa, una tierra al este, cerca del lago Po. A mitad de escaleras tuvo que apartarse para dejar paso a un mercenario canoso que portaba una cimitarra, igual de grande que el bastón del mago y tan ancha como el mago. Cuando pasó junto a él, el mercenario le sonrió, no era una sonrisa de burla, ni de aprecio, parecía la sonrisa de alguien que sabía lo que le iba a pasar al otro.
- Ten cuidado, mago - mientras pronunciaba estas palabras, la cara del mercenario se convirtió en una orquesta de cicatrices, este hombre sabía lo que era el peligro.
- Nunca bajo la guardia, señor… - Wain le dirigió su mirada más penetrante, aún con sus poderes no era capaz de descubrir la identidad del hombre.
- Metus.
- Señor Metus, encantado de conocerle, y gracias por la advertencia, la tendré en cuenta.
Tras esta breve conversación, Wain prosiguió su camino, pensando en lo que le había dicho aquel mercenario. Por cómo iba vestido parecía un guerrero del Sur, llevaba la capa negra, con el dibujo de la Escuela del Sur propio de los guerreros más experimentados, pero, por cómo la llevaba, ladeada, se sabía que le habían expulsado de la Escuela, por lo que se había hecho mercenario.
El mago no sabía qué era lo que buscaba ese hombre, Metus, pero algo le decía que tenía que ver con él y su misión. Cuando bajase Lation hablaría con él.
LATION
Wain le había pedido que le acompañara al pueblo, y Lation se estaba vistiendo cuando aporrearon a su puerta.
- Wain, ahora bajo, no seas impaciente, no es normal en los magos…
- Me parece, señor, que se ha equivocado de persona - mientras la voz que sonaba tras la puerta pronunciaba estas palabras, una pierna, del grosor de un buen tocón de madera, destrozó la puerta, abriéndole paso a un hombre, que era el doble que el guerrero. El hombre portaba una espada y dos dagas, éstas últimas escondidas tras una capa, negra como la noche.
Lation no se acobardó, ni pegó un grito, a una velocidad alarmante cogió su espada y, manteniendo siempre el contacto visual, se armó con ella, retando a duelo a su invitado.
El hombre que había irrumpido en las habitaciones del guerrero rió. No era una risa que intimidara, sino la misma risa inocente que ocupaba los momentos más felices de los niños. Soltó la espada, que golpeó el suelo provocando un sonido estridente, que sobresaltó a Lation.
- No tengo la más mínima intención de pelear contigo, guerrero de Lacem, no quiero matarte, solo…
- ¿Matarme? - le interrumpió el orgulloso guerrero - No creo que lo lograras, no soy un Gran Señor, pero alcancé el nivel de uno con apenas cuatro años de entrenamiento. Me batí en duelo con el segundo mejor guerrero de mi Escuela y le gané. No creo que un simple mercenario como tú pueda matarme.
- Lo siento, Lation, - el guerrero se sorprendió, sabía su nombre… - no soy un mercenario cualquiera, soy Metus, mercenario de los Hechiceros Oscuros, y, ni tú ni el mago, Wain, va a conseguir aplacarme. Tengo una misión y voy a cumplirla, da igual lo que se me ponga por delante.
- Un placer conocerte, Metus - dicho esto, Lation apartó al mercenario, y salió por la puerta, envainando su espada, para reunirse con Wain, tenía que hablar con él.
Aun sorprendido, el guerrero no abandonó su postura, caminó erguido, se movía ligero, a pesar de la espada y la armadura, no había ningún rastro de pesadez en su cuerpo, se movía cual pez en el agua, fluía a través del aire como fluye un río por las montañas, a veces rápido, a veces pausado, pero siempre con un paso firme, rígido, sin importar la distancia o el cansancio. Le sorprendió que Metus le hubiera dejado salir, así que se fue con la espada envainada, pero la mano en la empuñadura lista para salir.
- Esto sólo es una advertencia Lation, hijo de Herat. No creas que no iré a por ti y a por el mago, lo que pretendéis hacer está fuera de las normas de las Ocho Escuelas.
Lation no se paró, ni se sobresaltó con el comentario del hombre, sino que se preguntó qué tenía en mente Wain. Se preguntó qué quería hacer el mago para que los ocho Grandes Señores de las ocho Escuelas enviaran a un mercenario tan sanguinario como lo era Metus, a lo mejor Wain no era quién decía ser, a lo mejor el mago ocultaba algo, a lo mejor… Las dudas hacían que Lation se planteara si seguir o no a Wain hasta Shaw.
WAIN
- Lation, tenemos que hablar.
- Eso mismo pensaba yo… Wain, quiero que me…
- Ya has visto a Metus, ¿no? - preguntó con un deje de tristeza.
- Sí, me ha amenazado, y me ha dicho que la aventura que llevamos a cabo…
- ...está totalmente prohibida por los ocho Grandes Señores, yo solo soy el aprendiz del Gran Señor de Thear, temía que no aceptaras la empresa que te ofrecía. Es verdad que viajo representando a mi Señor, Caenion, pero no soy más que eso, un simple representante. Debí ser yo el Gran Señor de la Escuela del Sur, pero Caenion contaba con el favor de los otros tres Grandes Señores, aunque dudo que los del Este y el Oeste lo hayan apoyado siguiendo sus deseos, algo me dice que usó la magia de Shaw para engatusarles. Con la Escuela del Norte no me cabe duda, Aranion, hermano de Caenion le apoyaría hasta la muerte, quieren que su familia, los Nion, gobiernen las cuatro Escuelas para obtener el poder suficiente y conseguir entrar en Shaw ilesos.
Lation miraba al mago como un niño mira a los actores en una representación teatral, estaba atento a cada movimiento que hacía Wain, a cada cosa que decía, bebía de su historia, y Wain lo agradeció, eso le aseguraba que el guerrero le acompañaría.
- Entonces, ¿para qué vamos a Shaw?
- Vamos a pedir ayuda a Blak, Gran Señor de la Escuela Oscura, general de los Ejércitos Oscuros, adulador del Dios Kalos, el mago más poderoso y el guerrero más letal de Phyre, que porta el Báculo de Zard, arma que nos ayudará en la guerra que se avecina.
- ¿¡ESTÁS LOCO!? ¡NOS MATARÁ ANTES DE LLEGAR A SU TORRE!
Los gritos de Lation llamaron la atención de toda la posada y parte de la gente que estaba en la calle, así que Wain cogió el Báculo y le golpeó en la cabeza, dejándolo inconsciente, para que así se callara de una vez.
Ese mismo día, más tarde, Wain y Lation se encontraban caminando por la ciudad de Lak, es cierto que Lation ya se había calmado un poco, y que había entrado en razón, pero en Wain todavía quedaba algo de resquemor por el grito que había pegado el guerrero horas antes en la posada, poniendo en peligro la misión que llevaba preparando años el mago.
- Siento el espectáculo, Wain - le había dicho ya varias veces el guerrero.
Pero Wain siempre respondía lo mismo, impasible.
- No digas algo si no lo sientes, cállate, será mejor recibido un silencio penitente a palabras falsas de perdón.
- Wain, yo solo…
- No, Lation, solo nada. Actuaste sin pensar, poniendo en peligro la misión. Cualquier mercenario o guerrero que estuviera allí ya sabe que nos traemos algo entre manos, incluso el posadero, y no dudes que harán todo lo posible por saberlo. Y en cuanto lo sepan, no creas que vendrán a ofrecernos ayudas, qué va. Se lo dirán a sus más allegados, y éstos a su familia, de tal forma que en un solo día el trabajo de años puede desmoronarse simplemente porque el gran Lation, hijo de Herat, guerrero de Lacem, no pensó al actuar en una posada llena de gente - estas últimas palabras las pronunció poniendo énfasis en cada una de ellas, no estaba enfadado, ni mucho menos, ya aprendió en su momento que no sirve para nada, estaba intentando que Lation entendiera la gravedad de sus actos, para que así no lo volviera a hacer.
Cuando Wain terminó la reprimendo siguió andando, y por el camino se paró en un herbolario para coger hierbas curativas para más adelante. El nombre del herbolario era tan curioso como su propietaria, ‘Las Cuatro Torres’. Wain entró, esperando encontrar a un viejo mago, ya retirado en Lak que hubiese encontrado una manera de usar sus dones para el bien ajeno, pero, para su desgracia, la persona que regentaba el local era una vieja campesina, ataviada con harapos, que parecía que había ido cogiendo por donde pasaba y un colgante, hecho con hojas de río y adornado con piedras oscuras, que tenían diferentes marcas. El mago pensó que era algún regalo de la familia.
- Muy buenas, señor, aquí está Retta para servirle, bienvenido a las Cuatro Torres - mientras decía esto hizo un gesto elocuente, mostrando todo el local a su nuevo cliente -, le serviremos en lo que podamos. ¿Quiere enamorar a una joven? Los mejores filtros de amor de Phyre están aquí. ¿Tiene un duelo? Con este ungüento puedo hacerle invencible.
Así, estuvo un rato enumerando sus posesiones, diciendo para lo que servían, cómo se aplicaban y, lo más importante, cuánto costaban.
Al final, tras un rato, el mago perdió la paciencia y le preguntó acerca de las hierbas curativas.
- ¿Hierbas? Tengo la mejor Hojarroja del Norte y el mejor Musgonegro de todo Phyre, comparable con el del bosque del Sur. Y todo por un módico precio.
- Bien, dame una bolsa con Hojarroja - Wain sacó una caja -, y mete aquí suficiente Musgonegro para medio año de viaje, por terrenos angostos.
- ¿Medio año? Perdóneme mago, pero usted mejor que nadie sabrá que una caja tan pequeña no aguantará ni tres días en Shaw. Necesita más de una caja.
- ¿A Shaw? Perdóneme vieja mujer, pero solo un loco entraría en el territorio de los Hechiceros Negros, los Dioses auguran un negro futuro para quien lo hace.
- Los “Dioses” - dijo la anciana con cierta burla - no os han importado nunca, Wain de Thear. ¿Creíais que no iba a reconocer a un mago de séptimo grado porque se haya puesto unos harapos viejos y un sombrero en la cabeza? - preguntó al ver la cara, atónita, de su cliente - En cuanto le vi pasar por la puerta de Lak, armado con el Báculo de Opyrd, o como lo llama la gente, mal dicho, el Báculo del Sur, supe que un gran mago acababa de llegar a mi humilde ciudad. Y solo sé de uno tan rematadamente loco como para adentrarse en las montañas. Wain Krost, mi sobrino.
- Me ha debido confundir con otro, amable señora, no tengo ninguna tía con Retta de nombre.
- Porque no me llamo Retta, nadie de aquí sabe mi nombre, y nadie lo sabrá. Es la única lección que aprendí de tu abuelo, hijo, no des tu nombre a nadie, así nadie te reclamará nada. Soy tu tía Naya Krost, hermana de tu padre, el grandioso campesino Worax.
- ¿Naya? ¡Oh! Ven aquí a que te de un abrazo, vieja loca, podrías haberte ahorrado toda la parafernalia de los ungüentos y demás, no los necesitaba.
- ¿Seguro? Nunca sabrás cuando…
- …los necesitaré. Allá donde voy, Naya, no necesito ningún bebedizo que me haga célibe o invencible.
- Con que vas a Shaw… Dime qué se te ha perdido en ese rincón olvidado del mundo.
- Necesito consejo.
- No hallarás más que un combate con cualquier hechicero negro.
- No voy a por cualquiera, mi intención es hablar con Blak, adulador de Kalos.
- Wain, hijo mío, si quieres suicidarte lo mejor es que te tires por un acantilado.
- Tía, encontraré en el Gran Señor del Norte las respuestas a mis preguntas. A cualquier precio - enfatizó cada palabra, dando por sentado que no iba a cambiar de opinión. La firmeza con lo que lo dijo le sorprendió hasta al mago.
- Y no seré yo quien te retenga, bueno, tengo cosas que hacer, así que lo mejor es que te vayas, necesito concentración.
- Adiós, un placer haberte visto, Naya. Que la suerte ayude siempre a los Krost.
Así se despidió Wain y salió de la tienda, con la Hojarroja y el Musgonegro, aún sorprendido por el encuentro con su tía, no esperaba a nadie de mi familia tan lejos del ambiente cálido del Sur. Aquí el frío calaba hasta los huesos, impidiendo los movimientos bruscos, cosa que su padre hubiese odiado, ya que no podría dedicarse a sus trabajos de labranza, y estaría bebiendo y maldiciendo continuamente, como lo hizo su abuelo, Karos Krost.
Wain vio a Lation hablando con una joven pelirroja, de senos prominentes y curvas pronunciadas. Al encontrarse con esa escena, el mago se dio media vuelta y volvió a la posada, ya hablaría con su amigo, su compañero necesitaba algo de compañía antes de entrar en Shaw, donde, muy probablemente, no pueda estar con una chica.
Antes de tumbarse en la cama, Wain miró al Este evaluando las montañas que en los próximos días se convertirían en sus enemigos. Lo que no sabía era que, desde la más alta torre, desde la más alta montaña, había dos ojos buscando algo de gran valor en los otros cuatro territorios, Blak, el mago, estaba buscando el Báculo de Opyr.
Pero lo tenía Wain.

avatar
Jacktash
Conocedor del mundo
Conocedor del mundo


Hoja de Personaje
Nombre:
Sexo:
Edad:

Volver arriba Ir abajo

Re: NADA ES CORRIENTE

Mensaje por Jacktash el Jue Sep 18, 2014 5:18 pm

Aviso, esta historia se ha quedado estancada por motivos personales, al igual que la otra que tengo en el blog.

Para los que queráis saber los motivos...

... no me sentía bien escribiendo estas historias. Lo he probado y ya sé que lo fantástico no es lo mío, y ahora estoy pensando en una nueva historia, que supongo que subiré al foro. No sé de qué va a ir, y el género... pues lo tengo más bien pensado.
avatar
Jacktash
Conocedor del mundo
Conocedor del mundo


Hoja de Personaje
Nombre:
Sexo:
Edad:

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


Publicar nuevo tema   Responder al tema
 
Permisos de este foro:
Puedes responder a temas en este foro.