Tres días de Kvothe
Últimos temas
» II Concursos de minirelatos 2017
por Sciacere Hoy a las 2:07 pm

» Hola a todos
por Thétalo Hoy a las 1:46 am

» Duelo de portadas
por Gwynbelidd Hoy a las 12:52 am

» Elige la mejor canción
por Netalia Ayer a las 9:28 pm

» Clue (versión Temerant).
por Edeus Ayer a las 10:06 am

» ¿Qué estás escuchando?
por Rhasent Ayer a las 12:32 am

» Volar. Me gusta volar.
por AtitRuh Sáb Nov 18, 2017 9:35 am

» Serie sobre El Señor de los Anillos
por szao Vie Nov 17, 2017 11:02 pm

» Ya tenemos fecha de lanzamiento para la edición décimo aniversario de El nombre del viento
por Bluecat Vie Nov 17, 2017 12:24 pm

» Titula la novela a partir de la imagen
por Krismaril Jue Nov 16, 2017 11:22 pm

Conectarse

Recuperar mi contraseña

Sondeo

¿Qué personaje de la saga se ganó tu odio?

 
 
 
 
 
 
 

Ver los resultados

Twitter
Twitter

Memorias de un Mundo Caído - Revolución

Publicar nuevo tema   Responder al tema

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Memorias de un Mundo Caído - Revolución

Mensaje por Expo el Sáb Ago 23, 2014 7:40 pm

Hora de mi primer aporte real al foro.

Esto es un retazo de una inmensa historia que, sinceramente, aún no tengo claro cómo escribir. Concretamente, éste es el prólogo (provisional, al menos) de la misma, situado en un evento importante del pasado a modo de presentación al mundo en el que se desarrolla la historia.
Debido a su naturaleza, debo incluir mucha información en poco espacio, que se tenga una idea general de la situación y sobretodo que, aunque no se vea mucho de ellos, se comprenda a los personajes y por lo que están pasando. Ese es, pues, mi objetivo principal.

¿Por qué os digo todo esto? Porque siendo sincero, mi intención no es tanto mostrar el prólogo de mi historia (que perfectamente podría no ser así; lo mismo digo del título, por cierto) como pediros vuestra opinión sobre el mismo y apreciar los consejos que podáis darme; lo agradecería muchísimo. Podéis ser quisquillosos y duros, odio que alguien me diga cosas como "está muy bien" mientras en su cabeza se guarda las críticas negativas. Lo que yo quiero es mejorar como escritor.

La lectura está escrita de forma que sea disfrutable aunque no se lea nada más de la historia, así que no os preocupéis por eso. ¡Espero que os guste y espero aún más que me digáis qué es lo que no os ha gustado!

PD: También agradecería saber qué pensáis del título (Memorias de un Mundo Caído). Sí pega mucho con mi historia, de eso estoy seguro, pero no sé si no resulta demasiado... pretencioso.


Revolución

En los dos últimos siglos se han realizado numerosos avances en el camino hacia la comprensión de nuestro mundo. Fue en el 247 A.O cuando Sela, a sus setenta y dos años, publicó “Las dos realidades” después de una vida entera de investigación y arduo trabajo. La división teórica que se realizó entonces entre el mundo material y el anímico produjo, en los años consiguientes, numerosas hipótesis sobre el ánima en general, y la llamada “esencia” en particular. Fueron ratificadas según pasaba el tiempo, sobretodo gracias al Centro de Investigación de Libertas, quizá la asociación que más supo aprovecharse de los trabajos de Sela. Se explicó el sistema que regía la herencia de los poderes espirituales y su naturaleza, y lo que hacía no menos de una década se consideraba una extraña e inexplicable cualidad de los Athos, pasó a ser el objeto de investigación de todos los científicos de las sociedades modernas. El mundo cambió por completo; los nuevos descubrimientos dieron paso a tecnologías asombrosas que aprovechaban la esencia como nunca antes se había visto. Aquella fue llamada la era del ánima.
La última gran era de nuestra especie; lo que daría por haberla vivido.

Aquel día no se diferenció en demasía de cualquier otro. Quizá, en busca de particularidades, alguno nombraría el cielo, bastante poblado de nubes grisáceas, en contraste con el intenso azul que lo inundó los días anteriores, haciendo énfasis en el significado del clima y en lo que aquello aconteció. Serían banas exageraciones, pues ni tan nublado estaba el cielo ese día como muchos recalcan, ni tan visible y radiante se mostró el sol en los que lo precedieron. Otros, con una memoria más capaz y un notable interés por el mundo y sus continuos infortunios, algo poco común actualmente, hablarían de que justo ese fue el día en el que se eligió al nuevo presidente en Hope, probablemente dirigiendo la conversación después a sospechas lógicamente insostenibles y teorías, a cada cual más imaginativa, culpándole directa o indirectamente de lo sucedido. Sería mentir negar todo acto de Hope similar a lo que ellos predican, pues la relación entre ambos países siempre ha sido tensa y su historia conjunta es un gozo para todo amante del conflicto; aun así, ninguna hipótesis en este caso particular se sustenta, y los revolucionarios que comenzaron la masacre, cuya duración fue de unas pocas horas y su repercusión aún provoca temblores en todo el mundo, tenían razones de sobra para hacer lo que hicieron sin que ninguna persona exterior a Libertas necesitase realizar un solo movimiento.
  Era, pues, un día como cualquier otro para cualquiera que no formase parte del grupo más selecto de los revolucionarios, formado por la familia del autoproclamado emperador Rodram Lortrec y unos pocos que, por diversas circunstancias, acabaron liderando junto con aquel hombre a todos los que buscaban terminar con los Blancos. Ni siquiera la gran mayoría de los barrios bajos perteneciente, aunque fuera solo de boquilla, a la revolución, sabía que aquel sería el momento de la verdad, pues desde hacía ya meses simplemente esperaban cada día a la señal. Sin embargo, aquella mañana el grupo líder de la revolución se encontraba tan tenso como emocionado, tan ansioso como aterrado. Sabían lo que iban a hacer; sabían que mucha sangre iba a ser derramada, y que solo una pequeña parte de ella realmente lo merecería. Sabían que los muertos se contarían por decenas de miles, y que la inmensa mayoría formarían parte de sus aliados. Aun así, no dudaron un momento en dar la señal y partir hacia la zona de los Blancos, los cuales, con mayor estrés cada día, pues no podían hacer nada para evitar que aquel susurro entre las sombras se convirtiese tarde o temprano en un intenso grito de furia, acabaron esperando con locura que por fin el momento llegase. La revolución comenzó, pues, poco antes del mediodía de aquel día particularmente nublado en el que en la otra parte del continente el popular político Richard Steiner fuera proclamado presidente, su movimiento decisivo. Así la sombra obtuvo forma, y el susurro fue sustituido por decenas de miles de humildes ciudadanos exigiendo sangre.
Pocos minutos bastaron para que el campo de batalla fuera tal; casi toda la zona de los Blancos, cuyos cuidados y ostentosamente decorados edificios de piedra, sus numerosas fuentes gigantes y sus impecables calles contrastaban con las fábricas, los simples, pequeños edificios y la basura de los caminos que a su alrededor se avistaban, mostraba ya numerosos cadáveres, decenas de hogares hechos ruinas y cientos de batallas individuales o grupales que se fundían en lo que fácilmente podía llamarse guerra.
  Mientras el grupo principal, liderado por Rodram, el cual galopaba en un caballo hecho de esencia de ánima que brillaba dejando una estela azul a su paso, se acercaba más y más al Castillo Central, casi a las afueras del campo de batalla unos niños completamente vestidos de blanco que en ese día se dirigían de excursión a los barrios bajos, en una actividad extraescolar centrada en hacerles conscientes de cómo allí vivían, eran completamente masacrados por uno de los guerreros revolucionarios.
  -¡Basta, por favor! Ellos no te han hecho nad… -la daga que portaba el esquelético hombre atravesó el cuello de la joven profesora, que calló junto a sus alumnos, sin vida. Intentando ignorar el estruendo que resonaba en todas direcciones, dirigió su mirada hacia el último niño que quedaba vivo. Se podían apreciar las lágrimas buscando salir de los ojos del asesino, y el esfuerzo en su tez al reprimirlas.
  El niño, con el pelo rojizo que caracterizaba a los poseedores del poder del fuego y un gran corte en la mejilla, se colocó en la posición de batalla que su padre tantas veces le había mostrado. No sobrepasaba por mucho los diez años, y su oponente era tres veces mayor a él, pero su inusual estatura y una buena alimentación, en contraste con él, cuyo cuerpo y facciones le daban una apariencia moribunda, le hacía físicamente superior. El hombre tragó saliva.
  -¿Por qué justo me tenía que encontrar con unos malditos críos? –Dijo, haciendo chirriar sus amarillentos dientes. Tensó su brazo y corrió velozmente hacia él, con su daga delante brillando en luz grisácea. El niño esquivó el tajo que se dirigía hacia su cuello agachándose, e intentó palmear la muñeca de su oponente sin éxito, pues éste saltó hacia atrás y respondió con un codazo con el brazo que tenía libre, tirando al pequeño al suelo. Acto seguido levantó la daga y ésta comenzó a emanar esencia de forma que su hoja parecía crecer en un brillo gris y a hacerse más y más irregular. En dos segundos parecía que la hoja había desaparecido, y en su lugar se observaba un cúmulo de esencia que se recogía en el aire en forma de espada sin llegar a crearla del todo.
  En ese pequeño espacio de tiempo, el niño consiguió incorporarse, y justo cuando el ataque se dirigía desde arriba hacia él, palmeó el mismo con sus dos manos y volatilizó toda la esencia que salía de la daga.
  Su madre era quien le había enseñado ese movimiento; un impulso de esencia momentáneo ofensivo dirigido justo a la palma de las manos. No servía de nada al defenderse contra técnicas que golpeaban durante varios segundos, pero su eficacia cuando no se daba ese caso era indudable. Respecto a su capacidad destructiva, usarlo con intención dañina también era bastante óptimo, pero se requería poder tocar al enemigo con toda la palma de la mano. Él nunca lo había conseguido al pelear con nadie con un mínimo de experiencia en batalla.
  Justo cuando el hombre iba a lanzar otro tajo, sin permitir a su contrincante responder al movimiento, una bomba explotó a menos de un metro de su espalda. En un veloz razonamiento, el niño decidió que era más inteligente saltar hacia atrás y alejarse de él que aprovechar para lanzar un golpe. Su mirada, por un momento, se topó con el gélido rostro de una de sus compañeras de clase; reprimió las lágrimas y se centró en aquel moribundo hombre. Más allá de su familia, jamás nadie le había importado lo más mínimo, pero aun así resultaba terriblemente doloroso moverse entre todos esos cadáveres. Sintió ganas de vomitar; no se había percatado de cuál era realmente la situación en la que se encontraba hasta que dispuso de esos breves instantes que aquella explosión le había proporcionado. Deseó no haber dedicado un solo segundo a pensar en algo diferente a su oponente, en parte por lo horroroso de la escena y en parte porque, como sus padres le habían dejado claro en tantas ocasiones, era pecado en el campo de batalla. Aun así, tuvo suerte, pues el incidente no le permitió poseer el suficiente tiempo como para, además, percatarse de que posiblemente iba a morir asesinado antes o después.
  -¡Dedan, huye! ¡Ahora!
  El momento en el que escuchó aquel sonido fue, quizá, el más feliz de su vida. No duró ni un segundo, ni siquiera una décima de segundo, pero fue suficiente para centrarle de nuevo, justo cuando tocó el suelo después de saltar hacia atrás.
  Detrás de su amenazador contrincante su madre, la cual, supuso, había lanzado la bomba, gritaba con voz ronca. Tenía el brazo izquierdo colgando, con múltiples cortes y completamente cubierto de sangre, así como su boca y parte del tronco mostraban heridas aparentemente graves. No paraba de emanar sangre; moriría dentro de poco.
  Dedan, haciendo gala de una capacidad asombrosa de autocontrol, reprimió el instinto de correr hacia ella y no articuló una sola palabra; ni siquiera se dignó a mirarla por más de un segundo y despedirse. Simplemente se dio la vuelta y corrió, directo al límite del campo de batalla; hacia los barrios bajos. Nunca desobedecía a su madre, y no lo haría ahora; toda la instrucción que había recibido en pos de controlarse a si mismo y mantenerse sereno se concentró en ese instante, y solo dejó atrás el grito de dolor que se permitió exhalar.
  Mientras tanto, el hombre, no hizo más movimiento que girar para encontrarse cara a cara con la madre de aquel niño. Su rostro, sin dejar atrás una expresión de asco y molestia, dejaba entrever cierto alivio; sin duda se encontraba agradecido de poder dejar escapar a su objetivo por una razón suficientemente significativa como para no tener remordimientos después por sus actos compasivos. No podía permitirse ese tipo de sentimientos con ningún Blanco si buscaba poder volver a dirigir la palabra a su superior, pero la cosa cambiaba si simplemente uno hubiera huido a causa de una madre actuando de cebo. Matarla a ella, por otra parte, era mucho más fácil, sobretodo cuando su rostro mostraba la actitud valerosa de alguien que está dispuesto a morir.
  Se permitió dirigirle unas pocas palabras.
  -Nos encontramos muy cerca de la frontera; tu hijo muy probablemente consiga salir vivo de aquí –volvió a cargar esencia en su daga de la misma forma que antes-. Si es listo, se quitará esas ropas que con tanto orgullo mostráis y usará sus obvias capacidades para hacerse una vida como cazador o guerrero.
La mujer le lanzó una mirada de desprecio sincero y brutal, pero su atención se mantenía fija en la dirección a la que había huido Dedan.
  -¿A qué c* estás jugando? ¿Me dices esas gilipolleces después de asesinar a toda una p* clase de niños de menos de quince años? –Amplificó su voz-. ¿Te estás riendo de mí, asqueroso asesino?
  No pudo soportar aquellas palabras. Ante todo, él quería cumplir con sus promesas y las ordenes que su superior le había encomendado. Tenía que proteger la zona que le habían indicado y asesinar a todo el que quisiese huir, fueran cuales fueran los colores con los que vistiera. Después de cumplir su cometido y una vez finalizado el ataque, todos dejarían de pasar hambre y los Blancos dejarían de mostrar sus riquezas a los pobres que luchaban por sobrevivir en las peores calles de los barrios bajos. Simple. Él no era nadie malvado, solo quería que todo mejorase; ni siquiera hacía esto solo por él, buscaba la felicidad de todos los que sufrían diariamente la pobreza, la felicidad de las futuras generaciones que aún no habían nacido. Era una empresa noble; ellos eran los buenos. ¿Tan difícil era comprenderlo?
  Por ello, al escuchar las falaces acusaciones de aquella persona, cubierta de un brillante blanco, bien alimentada y que, como bien él sabía, disfrutaba de caprichos con los que ni se atrevía a soñar, no pudo más que explotar de ira.
  -¿Asesino? ¡Yo acabo de matar a diecisiete niñatos presuntuosos que se convertirían en felices ricachones gordos, mirándonos desde arriba y riéndose de nuestra desgracia! –Ni siquiera tuvo que pensar la cifra; en el fondo sabía que se le quedaría clavada en la memoria para siempre, junto con todo lo que hiciese aquel día. Siete niños, diez niñas, una joven profesora… lo apartó de su mente con la suficiente rapidez como para no permitir que se aferrase a ella. No se fijó en cómo se colocaba ella, con rostro impasible-. ¡Vosotros dejáis que miles de personas lo hagan a unos pasos de donde vivís, cuando el dinero que os gastáis en un día nos serviría a nosotros para sobrevivir dur…!
  Sintió una fuerte presión en su estómago antes de morir en un instante de brutal dolor.
  Aun encontrándose ella bastante herida por una batalla anterior, su velocidad no era comparable a la de su oponente. Mientras él hablaba, corrió a toda velocidad hacia su persona y, antes de que pudiese reaccionar, colocó la palma de la mano que podía utilizar en la tripa de su oponente. Un chorro de sangre envolviendo su estómago salió disparado desde su espalda, cayendo finalmente el hombre al suelo, junto con sus recientes víctimas.
  Los gritos de furia y agonía aún se escuchaban en todas direcciones, junto con el choque del acero y el sonido del viento unido a un intenso chisporroteo que caracterizaba la esencia, cada vez más intensamente. Entretanto, aquella mujer dirigió su mirada hacia el horizonte, en dirección a donde su hija había partido.
  Aun así, no dedicó su último pensamiento hacia ella.
  Pocos minutos después, se volvió cadáver mientras andaba, cada vez más lentamente, en busca de su marido, en pos de decirle lo que había ocurrido con Dedan. Pensaba, mientras se hacía más obvio por cada segundo que no lograría nada, en aquel hombre. Pensó en el mundo que se encontraba bajo ella.
Siempre fue partícipe de la igualdad; donaba parte de su dinero a las ayudas que se realizaban para mejorar la vida de los habitantes de los barrios bajos, llevaba a su hijo a una escuela donde le enseñarían a no creerse superior y le inculcarían, como ella, los valores necesarios para intentar ayudar a esas personas. Incluso cambiaba sus ropajes blancos por unos negros el Día del Pobre.
  La frontera que se caracterizaba por una elevación de cinco metros respecto al suelo, formando una plataforma gigante donde habitaban los Blancos, como los llamaban abajo debido a la costumbre, ya antigua, de vestir siempre de ese color por razones que a pocos importan directamente, pero en el fondo disponen una de las bases de aquella sociedad, se encontraba a exactamente setecientos cincuenta y tres metros de la puerta de su casa.
 Envuelta en un sonido casi inhumano, escupiendo y tosiendo sangre mientras prácticamente bufaba, murió riéndose de ella misma; de su estupidez e hipocresía.

En un punto más cercano al Castillo Central, en el tejado plano (uno de los pocos, en medio de decenas de puntas) de un edificio, tres soldados armados intentaban matar a una joven mujer, cercana a los treinta, vestida con unos vaqueros y una chaqueta sobre una camisa grisácea que probablemente fuera blanca anteriormente. Su cara afilada y cuerpo delgado estaban lleno de magulladuras, cortes y quemaduras, siendo la mayoría heridas bastante antiguas.
  La rodeaban formando un triángulo casi equilátero, disparándola con fusiles mientras ella se mantenía quieta. Al tocar su cuerpo, las balas desaparecían dejando tras de si unas chispas de color morado que se fundían con su pelo, negro como el azabache.
  -¿Esta es la tecnología superior con la que se suponía que nos aplastaríais? –Giró su cabeza y miró en dirección al soldado con la blanca armadura que se encontraba a su derecha, al mismo tiempo que sus ojos comenzaron a brillar-. Patético.
  De pronto, como las balas, la superficie en la que él pisaba desapareció, haciéndole caer abajo mientras miles de chispas moradas le rodeaban.
  Sin perder el tiempo, mientras su compañero gritaba instintivamente el nombre del que caía, como si eso fuera de alguna utilidad, la única mujer del trío sacó una hoja de unos treinta centímetros de la manga de su armadura, y saltó hacia su enemigo.
  Ella esquivó el tajo casi sin mirarla y le propinó un puñetazo en la entrepierna que precedió a un grito, girando automáticamente ciento ochenta grados al mismo tiempo que elevaba su pierna izquierda, concentrando la esencia en su pie y destrozando parte de la armadura y las costillas del último soldado, el cual había acometido contra ella junto con su compañera. Justo después, la zona en la que el golpe había impactado se volatilizó como lo demás, y el soldado cayó muerto.
  No fue lo suficientemente rápida como para evitar el siguiente ataque, llevado a cabo por la soldado, en el cual le acertó con un tajo directo en la espalda. El campo defensivo formado por una pequeña pared de esencia que cubría su cuerpo evitó que la hoja atravesase su piel, pero la desequilibró y permitió a su oponente lanzarle un segundo tajo en dirección contraria, esta vez concentrando en él su esencia. La hoja atravesó levemente su piel.
  Aprovechando su posición, la revolucionaria saltó hacia delante y giró en el aire antes de ser dañada por un tercer corte. Su oponente la siguió antes de caer debido a la desaparición de otra de las zonas del techo, y le lanzó un tajo aéreo que su contrincante paró con una mano antes de caer al suelo. No se soltaron.
  -Solo sois una panda de hipócritas –Dijo la soldado.
  La revolucionaría le dedicó una sonrisa de desprecio.
  -¿Perdona?
  La esencia concentrada tanto en la palma de su mano como en la hoja que agarraba aumentaba a cada segundo.
  -Empezáis a matarnos a todos, proclamando justicia y hablándonos de desdichados muriendo de hambre o durmiendo en las calles, como si no fueran una absurda minoría.
  La sonrisa de desprecio dejó atrás su tono irónico. El rostro de la revolucionaria pasó a mostrar un odio puro, edificado lentamente desde hacía ya mucho. Su palma empezó a sangrar.
  -Hablas como si aquí no fuerais unos pocos cientos de Ambrose Anso los que vivís como reyes.
  La soldado aumentó su fuerza, y avanzó un paso haciendo retroceder uno a su contrincante. Ambas comenzaron a sudar.
  -¿Acaso importa? Al menos nosotros no mentimos. La mayoría de vosotros, revolucionarios –usó un tono burlesco al decir la última palabra, no sois más que personas viviendo sin mayor problema, e incluso con diversos caprichos que podéis permitiros. Ebrios de envidia, no lucháis por justicia, si no porque deseáis estar en nuestro lugar; poseer más y más. Para esconderlo, no hacéis más que cubríos de falsos discursos y heroicidad fingida. ¡Ahí reside el verdadero patetismo!
  La hoja se quebró y se rompió en pedazos bajo la fuerza de la revolucionaria.
  -Lorena Lortrec.
  El rostro de la soldado se estremeció.
  -¿Qué?
  Con un rápido movimiento, agarró la revolucionaria el cuello de la soldado y la elevó en el aire.
  -Ese es mi nombre –sonrió; era una sonrisa sombría y maléfica-. Parece que has usado todo lo que tenías intentando atacarme antes. ¿Esto es lo único de lo que son capaces los soldados de la reina? –La escupió en un ojo.
  Tardó unos segundos en responder, mientras intentaba zafarse sin éxito.
  -Él no tiene hijos.
  Lorena entrecerró los ojos y aumentó la presión que ejercía sobre su cuello.
  -¡Joder, tengo dos hijos, no he hecho ningún mal a nadie, hija de p*! –Gritó la soldado.
  Ella le respondió con algo similar a un gruñido, rechinando los dientes.
  -¿Dos hijos, eh? Aún recuerdo a los dos hijos de mi señor, me trataban como una muñeca y se divertían destrozando mi cara cada día. Su padre les decía que tuviesen cuidado y no se excediesen, porque si no me moriría demasiado pronto y tendría que buscarse a otra –rió amargamente-. Una vez mi sangre manchó el vestido blanco de la niña, y después de pegarme una paliza mi señor le pegó otra a ella por mancharlo. Fue una escena curiosa.
  -¿Y qué se supone que tiene que ver eso conmigo? –Su voz salía entrecortada; comenzaba a perder la respiración, y con ella, la calma que caracteriza a un soldado.
  La revolucionaria la ignoró. Su voz sonaba extraña, como si, más que dirigirse a aquella mujer, hablase para ella misma.
  -Cuando se cansaron de mí, me tiraron abajo. Allí la familia de mi padre me recogió.
  Aumentó aún más la presión.
  -La esclavitud y ese tipo de actos nunca han sido admitidos en Libertas. ¿Estás haciendo todo esto por rencor a alguien a quien ahorcaríamos? –Sus fuerzas no le permitían ya hablar de otra forma que no fuera en susurros-. Ten compasión, ¿acaso quieres justicia? ¡Lo que haces no tiene nada que ver con la justicia! Ni yo ni nadie merecemos esto, más que la familia que te maltrató –gritó todo lo que pudo en la siguiente frase, aunque sin muy buenos resultados-. ¡Solo eres una p* demente!
  Ambas callaron durante unos segundos.
  -En ningún momento he buscado algo tan absurdo como la justicia –declaró finalmente, con una voz cortante como el mejor acero, preguntándose a su vez qué era exactamente lo que buscaba.


Última edición por ExpoX7 el Mar Sep 30, 2014 9:04 pm, editado 2 veces
avatar
Expo
El último Ciridae
El último Ciridae


Hoja de Personaje
Nombre: Judy Nostrow
Sexo: Mujer
Edad: 25

Volver arriba Ir abajo

Re: Memorias de un Mundo Caído - Revolución

Mensaje por Jacktash el Dom Ago 24, 2014 10:25 pm

CRÍTICA DE JACKTASH, HIJO DE...

Gran relato, ¿escribes poesía? Si no es el caso, deberías, pues hay partes en tu prosa que merecen ser contadas en verso, 'tan tenso como emocionado, tan ansioso como aterrado', para que luego digas.

La revolución... Gran tema para una novela, puede usarse cienes de veces pero siempre quedará esa chispa de rebeldía ante un superior lo que hará que cada ejemplo sea distinto, haciendo de la revolución un nuevo género literario.

Gran personaje, Dedan. Valiente, sí, pero no estúpido, y obediente.

¿No buscan la justicia? Quizá la venganza sea una buena opción, pero yo me inclino ante la justicia, mis principios difieren de los tuyos, nos llevaremos bien.

Cuando me lo lea más a fondo ampliaré mi crítica, ofreciendo más puntos de vista. Ahora mismo estoy muy cansado, a ver cuando puedo...
avatar
Jacktash
Conocedor del mundo
Conocedor del mundo


Hoja de Personaje
Nombre:
Sexo:
Edad:

Volver arriba Ir abajo

Re: Memorias de un Mundo Caído - Revolución

Mensaje por Títere el Miér Ago 27, 2014 3:47 pm

Ey Expo, está muy bien, me ha sorprendido Shocked

Aunque me parece muy irrisorio que en medio de una guerra los contrincantes se dediquen a sermonearse entre ellos. Y hay dos escenas de esas.

Cuando estás en el campo de batalla (nunca he estado, hablo por hablar), no creo que lo que más te apetezca sea hablar sobre política e ideales, sino arrancarle el pescuezo al contrario.

Lo siento, pero tenía que llegar la parte mala: Si estoy en una librería y hojeando un libro leo eso, no lo compraría. La verdad es que está muy bien, pero le falta algo, algún punto... Es soso, por así decirlo.

Y demasiadas palabrotas. No lo digo porque me haga daño a la vista, sino porque les hace parecer niños pequeños fumando para creerse mayores.


-...el primer borrador lo escribes con el corazón, el segundo, con la mente.-
avatar
Títere
Conocedor del mundo
Conocedor del mundo


Hoja de Personaje
Nombre: Hans Boggart
Sexo: Hombre
Edad: 28

Volver arriba Ir abajo

Re: Memorias de un Mundo Caído - Revolución

Mensaje por Expo el Miér Ago 27, 2014 4:33 pm

@Títere escribió:Ey Expo, está muy bien, me ha sorprendido Shocked

Aunque me parece muy irrisorio que en medio de una guerra los contrincantes se dediquen a sermonearse entre ellos. Y hay dos escenas de esas.

Cuando estás en el campo de batalla (nunca he estado, hablo por hablar), no creo que lo que más te apetezca sea hablar sobre política e ideales, sino arrancarle el pescuezo al contrario.

Lo siento, pero tenía que llegar la parte mala: Si estoy en una librería y hojeando un libro leo eso, no lo compraría. La verdad es que está muy bien, pero le falta algo, algún punto... Es soso, por así decirlo.

Y demasiadas palabrotas. No lo digo porque me haga daño a la vista, sino porque les hace parecer niños pequeños fumando para creerse mayores.

Arreglaré lo de las conversaciones algo forzadas que hay en medio del campo de batalla; la verdad es que tienes razón.
En la primera escena creo que pondré mucho de lo que expresan los personajes como pensamientos, para que así no sea tan antinatural; sobre la segunda escena, ya tiene a su oponente totalmente dominado y todo lo que dice ya digo que más bien se lo está diciendo a si misma, como recordándose por qué estaba allí, así que no lo veo tan raro. Igualmente, intentaré cambiarlo para dar esa información sin que quede antinatural.
(lo tacho porque creo que estas cosas es mejor que se queden como están e intentar mejorar en futuros escritos; así luego puedes mirar hacia atrás y comparar)

Lo de las palabrotas también; quería hacer que fuese más realista (después de todo los personajes están en una situación de gran presión, así que es más habitual que aparezcan improperios), pero es cierto que igual me he pasado un poco.

Y lo otro, pues no sé, supongo que simplemente necesitaré mejorar más como escritor, después de todo tampoco soy muy bueno ahora mismo.

Gracias por la crítica, ^^
avatar
Expo
El último Ciridae
El último Ciridae


Hoja de Personaje
Nombre: Judy Nostrow
Sexo: Mujer
Edad: 25

Volver arriba Ir abajo

Re: Memorias de un Mundo Caído - Revolución

Mensaje por Khaleb el Mar Nov 04, 2014 3:11 am

Amigo tienes que seguir con la novela...

Sé que es un poco tarde para responder pero creo que tienes la "obligación" de seguirlo.

Me gustaría saber la razón del porque no lo continuaste, si no es mucho pedir Expo.
avatar
Khaleb
Estudiante del ala este
Estudiante del ala este


Volver arriba Ir abajo

Re: Memorias de un Mundo Caído - Revolución

Mensaje por Expo el Mar Nov 04, 2014 7:27 am

Bueno, como dije, es solo un prólogo provisional para una historia que aún no se bien cómo escribir. No tenía pensado seguirlo hasta encontrar un buen punto de partida y una escritura que enganche; esto era más bien una prueba.

Aun así, no es un proyecto muerto, ni mucho menos.
avatar
Expo
El último Ciridae
El último Ciridae


Hoja de Personaje
Nombre: Judy Nostrow
Sexo: Mujer
Edad: 25

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


Publicar nuevo tema   Responder al tema
 
Permisos de este foro:
Puedes responder a temas en este foro.