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El dragón de hielo.

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El dragón de hielo.

Mensaje por Celean99 el Jue Oct 04, 2012 5:16 pm

Esta es una historia que escribí el curso pasado para u certamen literario de mi instituto en el que participaba gente de incluso formación profesional, así que, ya os imagináis la cara de los profesores cuando vieron que lo ganaba una alumna de primero. Es muy muy fantasiosa, pero a ver si os gusta.

Dragón: Animal fabuloso al que se atribuye forma de serpiente muy corpulenta, con pies y alas, y de gran fiereza y voracidad.

Eso es lo que piensan los más ignorantes, o los que simplemente no quieren creer en ellos porque les da miedo que exista un animal cruel y escupa fuego que nos describen en algunos cuentos, o es lo que piensan los que han sido educados así. No los culpo, yo antes era como ellos, no quería verlos ni en pintura, y adoraba a los héroes de los libros que mataban al malvado dragón y rescataban a la princesa. Pero eso era antes de conocerle. Hola, soy Laura, y en esta historia os contaré cómo llegué a encontrarme con Dragón de Hielo.

Hacía un buen día, creo que eran principios de julio. Estaba malhumorada por una pelea que acababa de tener con mi hermana pequeña, Silvia, por lo mismo de siempre: los dragones. Siempre pasaba lo mismo, Silvia aseguraba que existían, en cambio, yo aseguraba que no; qué equivocada estaba, pero, qué le vamos a hacer, ¿no es en la adolescencia dónde más errores se cometen?

Creo recordar que me dirigía a un lugar más apartado de todos los demás que había en esa piscina, como siempre había hecho cuando surgían estos casos. Al llegar, vi a lo lejos algo que brillaba, y mi fuerte curiosidad me condujo a averiguarlo. Cuando llegué al lugar de donde salía el brillo, me quedé tan asombrada que casi me caigo al suelo, ¡había hielo en el suelo! ¡Un gran pedazo de hielo! A mí, por supuesto, me parecía algo imposible que, estando ya en verano, un trozo de hielo de ese tamaño no se hubiera derretido ni un poco.

Decidí dejar mi investigación sobre el trozo de hielo a un lado y abrí mi mochila para ver si mi madre había metido un bocadillo o algo de comer en ella. Por desgracia, no hubo suerte, a mi madre se le había olvidado, pero, qué le vamos a hacer, ¿no se cometen más errores cuando eres adulto?
Lo que sí encontré fue el libro de dragones de mi hermana Silvia. Era bonito, con una portada azul llena de dragones de todos los colores y, en el centro, letras doradas y grandes en las que ponía: “El libro de los dragones”. Me recordó a la pelea que acababa de tener con Silvia y me enfadé tanto porque mi hermana creyera cosas tan infantiles, que tiré el libro con todas mis fuerzas y por poco cae encima de un chicle.

Me tumbé en el suelo e intenté comprender a mi hermana. Vale, podía creer en lo que quisiera, yo no se lo prohibía, ¡pero eran dragones!, criaturas mitológicas que solo existían en los cuentos de hadas, príncipes y princesas, y campesinos en apuros. ¡Qué equivocada estaba!
-¡Eh!-me gritó un chico delante de mí, tapándome el sol que tanto relajaba-¿Cómo se te ha ocurrido tirar este libro al suelo?, ¡Ten un poquito más de cuidado con los libros de historia!
-¿Libros de historia?-dije, mientras pensaba que ya había encontrado el alma gemela de Silvia-¡si es un libro de dragones!
-Exacto, ¿y los libros de historia no hablan de las cosas que existieron y existen?
-Claro, pero son dragones, los dragones no existen-le contesté a ese chico tan raro del que cada vez estaba más segura que debería conocer a Silvia.
-¿Cómo que no existen?
-No, no existen, ¿no deberías saberlo ya?
-No-me contestó mientras negaba con la cabeza moviendo ligeramente su pelo de color azul-, no debería saber eso, dado que es mentira. Lo que pasa es que solo los niños son tan soñadores que en su cabeza cabe la idea de que existan, pero, a medida que crecen y son adolescentes, la idea de un ser volador que escupe fuego les parece muy tonta o les asusta demasiado, por lo que deciden creer que no existe. Pero, qué le vamos a hacer, ¿no es en la adolescencia dónde más errores se cometen?
-No -le contesté- mi abuelo dice que solo los soñadores cometen fallos.
El extraño chico de pelo azul empezó a reírse.
-No me extraña que no seas soñadora entonces –dijo con una gran sonrisa en la cara-, tu abuelo se equivoca. Los soñadores cometen fallos, pero igual que todos. Además, ellos son los únicos con derecho a soñar, pero, qué se le va a hacer, ¿no es en la vejez dónde más errores se cometen?
--¿Qué?, ¿no habías dicho en la adolescencia?
-Sí.
-¿Y ahora es la vejez?
-No-contestó serio-siempre ha sido la vejez.
-No te entiendo.
El chico volvió a reír. Tenía una risa muy bonita, pero dejaba un aire gélido en el ambiente. Se acercó al pedazo de hielo que había en el suelo y volvió a reírse, pero menos tiempo y con menos energía.
-¿Sabes de dónde viene? -le pregunté, volviendo a mi investigación.
-Sí -dijo mientras asentía- lo hice yo, a mis cuatro años, me sorprende que aun no lo haya derretido uno de fuego. Pero, qué le vamos a hacer, ¿no es en la niñez dónde más errores se cometen?
-¿Otra vez? -le pregunté- ¿no has dicho la vejez y la adolescencia?
El chico asintió.
-¿Y ahora es la niñez? ¿Y qué es eso de “uno de fuego”?
-No, siempre ha sido la niñez. Y me refería a un dragón de fuego.
Le miré durante un rato. No parecía ser más pequeño que yo, y aún así creía en dragones, igual que mi hermana de cuatro años.
-Eres muy raro - dije en un suspiro.
No me contestó, así que decidí tumbarme, no me apetecía seguir con ese juego estúpido.
El chico se encogió de hombros, recogió el libro de Silvia y empezó a ojearlo. Pasaron varios segundos de silencio hasta que el extraño de pelo azul, que era como había decidido llamarlo por el momento, dijo:
-¿Cómo te llamas?
-¿Yo?, Laura- dije pensando que al fin podríamos empezar una conversación normal-¿y tú?
-Dragón de Hielo.
Se me escapó la risita floja, lo que pareció ofenderle.
-¿Dragón de Hielo? -dije- Venga ya, los dragones no existen por mucho que te empeñes en que sí -le repetí- y menos de hielo, si tanto te gustan los dragones, ¿no deberías saber que escupen fuego?
Puso cara de enfado, y así sonó cuando me contestó:
-Eres una ignorante Laura, no sabes nada de dragones, así que no me critiques. No solo existen dragones de fuego, hay un montón de especies diferentes de dragones, la más común, los de fuego, y la más extraña, los de hielo. Yo soy de hielo, por eso me llamo Dragón de Hielo.
Empecé a pensar que estaba loco, ¿cómo iba a ser un dragón y, encima, de hielo? ¡Qué equivocada estaba!
-Mira, tú no eres un dragón-le dije-solo un chico extraño de aparentemente dieciséis años con el pelo azul que piensa que es un dragón.
Vi su cara de enfado, cada vez lo estaba más y más, pero, en vez de ponerse rojo, empezaba a ponerse azul. Pensé que me volvía loca, que estaba soñando o que me había dado una insolación, ¡qué equivocada estaba!, porque yo sería incapaz de soñar o imaginar siquiera un majestuoso dragón, de escamas azules y brillantes, como si estuviera hecho de cristal tintado.
-¿Ahora me crees? -dijo con una risita.
Su voz había cambiado, ahora sonaba muy grave y potente. Lo único que no había cambiado, había sido el viento gélido que sentí cuando dejó escapar su risa.
Acerqué la mano poco a poco hacia el dragón, se diría que tenía miedo, pero no, estaba aterrada. Porque normalmente las cosas que no conocemos nos asustan, y yo no sabía nada de dragones, simplemente que hacía tan solo unos segundos, no pensaba que existiesen.
Llegué a tocarlo y acaricié sus preciosas y brillantes escamas de color azul: tenían un tacto suave y estaban frías, lo que me reconfortó porque hacía mucho calor ese día.
-¿Ahora me crees? -volvió a repetir.
Seguía sorprendida por la aparición de un dragón, así que lo único que pude hacer fue asentir y seguir acariciando sus escamas. El dragón acercó su cabeza hacia mí y me dio unos pequeños y suaves golpecitos con ella para avisarme de que me subiera a su lomo. Y, despacio y torpemente, me subí. Por suerte, las escamas no eran resbaladizas como yo había imaginado cuando las estaba acariciando, así que no me caí cuando desplegó sus alas y comenzó a batirlas con fuerza. No negaré que, al empezar a sentir que volaba, me asusté, pero, a medida que pasaba el tiempo, me pareció la sensación más maravillosa que había experimentado. Era como si lo hubiera deseado toda mi vida pero sin saberlo, era… era una sensación que no se puede definir con palabras, simplemente tienes que sentirla para saber de qué os estoy hablando.
Subimos hasta poder ver alguna nube debajo de nosotros y viajamos tanto tiempo que creo que llegué a ver París bajo mis pies. Pero, igual que toda sensación que te gusta, terminó demasiado pronto. Llegamos otra vez al césped de la piscina, al lado del trozo de hielo que no se derretía nunca. Me pareció que Dragón de Hielo me sacaba una sonrisa, y yo le enseñé otra.
-Ha sido… -dije, intentando encontrar la palabra adecuada.
-¿Mágico? ¿Fascinante?
-No-dije mientras también expresaba mi negación con la cabeza-ha sido mejor que eso.
Volvió a sacarme otra sonrisa.
-Por favor-le supliqué-quiero volver a volar.
-No, no puedo, lo siento -me dijo- estoy muy cansado.
Estaba decepcionada, pero no me quejé y decidí tumbarme en el césped. Él me acompañó.
Pasaron segundos, minutos, incluso creo que una hora, hasta que me dijo:
-Dentro de un rato tendré que irme, ¿lo sabes, no?
-¿Te vas a marchar? –pregunté, algo desanimada- ¿a dónde?
-No lo sé-me respondió-nunca lo sé, pero siempre es al atardecer, voy en dirección al sol y paro en un lugar apetecible para mí. Después paso allí unos días, unas semanas… Hasta que me canso de estar en ese lugar, y vuelvo a esperar al atardecer para volver a marcharme.
-¿Por qué al atardecer?
Dragón de Hielo se encogió de hombros y dijo:
-No lo sé, supongo que es una costumbre.
Pasamos un rato en silencio, que yo rompí volviendo a preguntar:
-¿Volverás alguna vez?
-Lo dudo mucho, Laura -me dijo en un suspiro- normalmente no vuelvo a ningún sitio que ya haya visitado.
-Pues no lo entiendo.
-¿El qué?-le preguntó Dragón de Hielo.
-El por qué nunca vuelves, ¿nunca echas de menos los sitios que has visitado?
-Verás Laura-le explicó-cuando era pequeño, mis padres no me dejaban a penas salir de casa, y sigo sin saber por qué. Así que, más o menos a los 12 años, cuando todos los de mi especie dejan su casa y se van, decidí que nunca estaría siempre en un sitio, como de pequeño, que recorrería todo el mundo.
Suspiré y miré hacia el cielo, maravillada por su sueño de ver todo el mundo.
-Al menos -le dije -, podemos quedarnos aquí hasta que atardezca.
Él asintió y, lentamente, la criatura fantástica de escamas azules de antes, volvió a convertirse en aquel chico extraño de pelo azul que se me había acercado antes. Solo que ya no era un extraño, ahora era Dragón de Hielo, un dragón al que esperaría volver a ver toda mi vida.
Los dos nos tumbamos en la hierba y miramos al cielo, esperando juntos el atardecer. Por desgracia y sin quererlo, me quedé dormida antes de que llegara la hora de su partida.
Cuando desperté, el chico de pelo azul ya no estaba a mi lado, pero sí había dejado allí el libro de dragones de mi hermana Silvia y una nota encima.
Me levanté y cogí el libro del suelo. Empecé a leer la nota:

Si estás leyendo esto, será que te acabas de despertar. No me extraña que te durmieras, volar trae consigo mucho cansancio. Ésta nota es para avisarte de que no ha sido un sueño, porque ni la persona más soñadora puede imaginarse qué se siente al volar. También quiero volver a repetirte que no sé si volveré a verte algún día, lo que siento mucho porque me has caído bien y no dudo que te echaré de menos. Lo que sí puedo dejarte, es este colgante, para que siempre lleves encima un Dragón de Hielo.


Cogí el colgante que mencionaba en la carta. Estaba hecho de hielo, un hielo que sabía con todo el alma que jamás se derretiría, pues, al igual que el pedazo de hielo del suelo, estaba hecho de hielo de dragón.
Rápidamente me lo colgué en el cuello y sentí su tacto frío, pero no me importó.
Me di la vuelta y, con una mano sobre la frente como protección, dirigí mi mirada hacia la débil luz del sol al atardecer, y lo vi. Vi una extraña figura volando en dirección al sol, tal como había dicho. Y en ese momento deseé que Silvia estuviera conmigo, para poder ver lo que siempre había soñado, un dragón de verdad.

Y esta es la historia, podéis creerla o no, porque eso no va a cambiar mi opinión. Así que cada tarde, seguiré yendo a la piscina que visité ese día hace bastantes años, y me tumbaré en el césped, al lado del trozo de hielo, esperando el atardecer, para darme la vuelta y mirar hacia el sol, esperando a que en cualquier momento vea una figura voladora que se dirija hacia aquí, y juntos, poder volver a volar.
Los que me creáis, os estaréis preguntando por qué se acercó a mí, por qué me mostró parte del mundo de los dragones, y la verdad es que yo también me lo pregunto. Tal vez fue porque lo enfadé un poco al tirar el libro de Silvia, tal vez porque quiso demostrar que él tenía razón sobre los dragones, pero esto solo son suposiciones. Aunque seguramente no me creáis y me toméis por loca, pues es difícil dejar de creer que algo no existe, sobre todo tratándose de un dragón de hielo, así que no sé por qué me molesto en daros la explicación anterior, pero, qué le vamos a hacer, ¿pues no es en la vida dónde más errores se cometen?

FIN

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Re: El dragón de hielo.

Mensaje por Eztli el Jue Oct 04, 2012 7:16 pm

¡¡¡Me ha encantado, Celean!!! Very Happy Es preciosa. Y la frase final es sencillamente genial.
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Re: El dragón de hielo.

Mensaje por Rasec el Jue Oct 04, 2012 7:36 pm

!!G-U-A-U¡¡ En verdad que me has sorprendido, es tan maravillosa esa narrativa e historia que casi me sacas una lagrima. No piensas ser escritora?

Aunque no lo crean los chandrian también apreciamos buenas historias
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Re: El dragón de hielo.

Mensaje por Celean99 el Jue Oct 04, 2012 8:04 pm

Gracias, me alegro de que os guste Smile La verdad es que sí me gustaría ser escritora, y la frase final me costó sacarla, me alegro de que te guste Eztli.

Celean99
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Re: El dragón de hielo.

Mensaje por Admin el Jue Oct 04, 2012 8:40 pm

Es muy buena, está genial Very Happy
Pobre Sílvia... Pero me encanta el Dragón de Hielo.
Yo también te apoyo, Celean, puedes ser escritora si quieres. Razz


*Sólo los locos y los sacerdotes no le temen a nada. Y yo nunca me he llevado muy bien con Dios.*
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Re: El dragón de hielo.

Mensaje por Celean99 el Jue Oct 04, 2012 8:53 pm

Gracias Kvothe Smile

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Re: El dragón de hielo.

Mensaje por Amras el Jue Oct 04, 2012 9:17 pm

Buff!! impresionante, la historia es preciosa En serio me a encantado .
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Re: El dragón de hielo.

Mensaje por Tempi el Jue Oct 04, 2012 9:52 pm

Me ha encantado, original, bien narrado y el final memorable, incluso tiene algo que enseñar*admiración*.

Tempi
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Re: El dragón de hielo.

Mensaje por Celean99 el Jue Oct 04, 2012 11:25 pm

Gracias chicos : ) no pensé que gustara tanto jajajaja

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Re: El dragón de hielo.

Mensaje por Samuel Odem el Vie Oct 05, 2012 12:09 am

La historia es increíble Celean.
Me encantaria leer una continuacion, pero no se puede pedir que el mundo sea pérfecto.
Sige asi!!!

Samuel Odem
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