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FIC COMUNITARIO (2)

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Mensaje por Feren el Lun Jun 01, 2015 9:17 pm

TRES HORAS ANTES

-¿Qué quieres?-le espetó con desprecio el hombre al otro lado de la puerta.- Te recuerdo que el jefe ya no te quiere ver.
-Por eso mismo me dejarás pasar.
Las voces le hablaron, y este repitió sus palabras. El hombre al otro lado abrió la puerta y le dejó pasar con algo que parecía indiferencia.
Aquella estancia era vieja, fea y pútrida. La madera que sujetaba la estructura parecía que iba a ceder en cualquier momento. Pero de todos modos, eso no les incumbía a los habitantes.
Aquel que llamaban el jefe estaba rodeado de mujeres, disfrutando los placeres que podrían ofrecerle estas.
-¡Eudes!-gritó al verle por la puerta.-Maldita sea, ¡GUARDIAS, A MÍ! ¡GUARDIAS!- Eudes pronunció otra palabra y se calló.
-Es inútil. Has dicho la palabra mágica.
Nunca se supo cómo murió aquel hombre. Lo único que se descubrió fue que había tenido una hemorragia interna que lo había matado. Esta hemorragia había afectado a todos los órganos vitales. Fue algo demasiado perfecto para ser algo natural.


DOS HORAS ANTES

Pensaba que sólo le quedaba un cabo suelto para poder largarse de allí. Las voces le habían dicho que podría haber algo que le interesara en un punto específico de aquel vasto mundo.
Aquella pequeña villa albergaba alrededor de sesenta habitantes, más los viajeros que eran la mitad de estos en número. Se encontraba en el norte de Temerant, pero al sur de Ceald. Era un enclave de viajeros por aquella razón.
-Toma este libro- le decía a un joven- guárdalo en la librería.
-¿Y si la quieren?
Le miró fijamente para luego sonreír.
-Pues eso, joven amigo, será una buena señal. Dime, ¿para qué son los libros?
-¿Para…leer?- le respondió confundido. Eudes aceptó esa respuesta:
-Pues ya sabes. Solo cuida de que no se estropeé o juro por todos los dioses que me plantaré en tu casa y te partiré en dos.
-¿¡En serio?!- aquella vez le preguntaba con entusiasmo. Casi nadie conocía aquel hombre.
El escritor se dio la vuelta y se dirigió hacia adelante, pero antes de que desapareciera de allí, gritó:
-¿Para qué sirve asesinar a alguien?
Y se fue de aquella villa de mala muerte.


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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Old Medie el Jue Jun 04, 2015 4:00 am


El desconcierto y la molestia no fueron fáciles de quitar del cuerpo de Arditi. La sensación de haber sido engañada, por todos esos días, le supieron a bilis. Qué tonta, qué ciega.
Aquellas criaturas de ojos saltones y papada prominente que pululaban por todo el castillo les llevaron a sus habitaciones. Subieron por una escalera de caracol y llegaron a un amplio pasillo adornado con una alfombra rica en grabados y de brillante rojo, de paredes llenas a rebosar de cuadros y candelabros, y con filas de puertas por ambos lados. Los hombrecillos dispusieron las habitaciones y se retiraron. La faen tocó el frío cobre y giró la perilla, su habitación olía a limón y cuero quemado, o quizá era la madera de la puerta. Dentro ardían varias velas y un candelabro en lo alto del techo. Todo era enorme, casi rallando en lo imposible ya que las puertas estaban bien cerca una de la otra pero el interior de la habitación era tan amplia como una taberna. Avanzó hasta la cama, que era tan grande como un carromato, hecha de madera negra y con un dosel más alto que ella. Tiró sobre las finas y exquisitas sábanas la espada broncínea y su shaed, desabrochó las correas de cuero que ajustaban la pechera y se sacó los cinturones de su espada y daga. Se deshizo la trenza mientras miraba con cierto desconcierto los cuadros, la chimenea y el mobiliario. Pronto tocaron la puerta y otro, o quizá el mismo hombrecillo, le avisó que el baño estaba listo, dejó varias toallas blancas como leche sobre la mesa cerca de la puerta y se retiró.

Los baños también eran grandes y esplendidos. La piedra blanca de la que estaba hecho casi todo era lisa y en ese momento estaba perlada por el vapor que salía de la gran piscina de agua burbujeante. Arditi se detuvo para admirar la gran pintura en medio de la sala en donde se podía ver a Iax con su ojo oscuro y cambiante modelar Fata.
Que cabrón más ególatra.
Se desvistió y dejó su sencilla vestimenta junto a la de los demás, cogió su toalla y cruzó el mosaico del piso hasta llegar a la fuente, tiró la toalla en la orilla y metió un pie, estaba caliente, bajó los peldaños hasta que sus caderas quedaron bajo el agua transparente y luego se sentó hasta que el agua llegó hasta sus hombros. Se hundió un poco más y se mojó el cabello y la cara, se quedó unos segundos hasta que le faltó el aire y sacó la cabeza del agua. Fue una sensación reparadora y placentera. Soltó un suspiro de satisfacción y sonrió.
—Se siente bien, ¿cierto?
Arditi abrió los ojos, en la piscina también estaban los demás. Vashiir le sonreía frente a ella, al otro extremo, a su lado derecha estaba Noire, Rich, y a su izquierda Judas y Cohërn. Ella nunca se había sentido cohibida, estaba acostumbrada a compartir todo en las campañas, el baño, la comida y la cama, pero hace muchos años de eso. Quizá por eso se sintió algo incomoda al ver que Vashiir le sonreía y miraba cuando pensaba que ella no lo notaba sus pechos que permanecían bajo el agua.
—Sí —se limitó a decir.
Noire le dijo que usara una toalla para recoger su cabello y ella lo hizo, tomó una toalla más pequeña, se puso de pie y el agua volvió a quedar hasta sus caderas, un poco más debajo de su ombligo y enrolló su negro cabello alrededor de la blanca toalla.
—Tienes el cabello muy largo —dijo Noire mientras ella aun trataba de recogerlo, pues la verdad nunca antes lo había hecho. Ella asintió con la cabeza, se soltó el cabello que cayó hasta los hoyuelos al final de su espalda para luego subir nuevamente hasta quedar bien recogidos. Una vez terminó con la toalla se metió nuevamente. Le ofrecieron vino de una botella que reposaba al borde de la piscina y tomó varias copas. Todos conversaban, de cómo había sucedido todo, de las pruebas y de cosas que a ella no le importaban. Sus ojos iban de la desnudez de sus compañeros a las paredes, los pilares y la gran ventaba por donde se colaba el sol que hacía brillar el agua con sus rayos. Qué raro, pensó, desde la ventana de mi habitación pude ver la noche cerrada, y acá hay un sol espléndido.
El grupo rio y la sacó de sus pensamientos. Trató de entablar una conversación con ellos, pero no sabía de hablar sobre otra cosa que no fueran estrategias de guerra, de sobrevivencia y de vida en el bosque, de cómo cazar, de cómo matar, de cómo emboscar, así que terminó asintiendo y soltando monosílabas.
Pasaron las horas y el vino se terminó, y las uvas y la demás fruta que habían dispuesto en plateadas bandejas. El sol ya no entraba, miró por el gran tragaluz y el cielo estaba perdiendo su azul, se hacía de noche. Había sido una buena tarde, había reído y conversado un poco. Sintió que había conocido un poco más a cada uno de los integrantes de su nueva compañía. Incluso se dio el tiempo de mirar sus cuerpos con miradas rápidas, notó la musculatura de Vashiir y su cabello y barba, las manos de Judas y el bello del pecho de Rich. Observó a Cohërn detenidamente y los ojos verdes de Noire, también cayó en cuenta de que tenía menos busto que ella, y que no se había quitado la pluma de la cabeza, la que sobresalía a través de la toalla.
Por fin llegaron varias mujeres, las mismas que habían servido la comida en la última prueba, les trajeron toallas gruesas y le avisaron que la cena estaba servida. Todos salieron de la piscina, se envolvieron en las toallas y se vistieron con ropas nuevas que habían traído también aquellas muchachas.
Cenaron en un comedor de alto techo, con banderas colgando a los costados del techo, la mesa era grande pero no ostentosa y estaba a rebosar de comida, desde las ventanas se veía una nevada que desconcertó al grupo, pero nadie mencionó nada al respecto. Comieron, pero Iax no estuvo con ellos. Los hombres rana servían vino y cerveza, las mujeres llegaban con platos nuevos y manjares. Arditi las contemplaba una a una, todas eran hermosas. Algunas tenían el cabello tomado y otras suelto, ondulado o liso, castaño o rojo, de todos colores. De caderas anchas y cintura pequeña, de poco busto o abundante. Una llegó a su lado y sacó el plato de la sopa que acababa de terminar y otra desde el otro lado puso un plato ovalado con salmón ahumado con limón y flores. La mujer le sonrió y ella le devolvió la sonrisa.
—Es mi favorito —le dijo Arditi.
—Lo sabemos —respondió la mujer con una voz casi sumisa.

Al tercer día Arditi despertó. Su cama era tan cómoda que era casi insoportable, se tuvo que acostumbrar a ella ya que lo normal para ella era dormir en el suelo raso. Salió de bajo las sábanas y miró a su izquierda donde dormía una de las muchachas del castillo. Su largo cabello rojo estaba esparcido por la almohada y Arditi tenía varios sueltos pegados en sus pechos y brazos. Pensó en lo molestoso que resultaba dormir con el cabello suelto, al menos para ella, y se llevó la mano a la trenza que se había hecho antes de dormir. Recordó poco a poco lo que había sucedido la noche pasada, el sabor de los labios de aquella sirvienta, de sus manos hábiles y de su cuerpo. Estiró su mano y le acarició el mentón, miró como rehuía en sueños y sus labios rosados. Ella abrió sus ojos almendrados y sonrió, era la misma sonrisa que le había ofrecido en la mesa aquella noche.
Tomaron un baño juntas y luego la mujer se fue, un hombrecillo apareció unos minutos después con el desayuno, manzanas rojas, carne, pan y zumo de fruta. Arditi comió con las manos, como solía hacer y se asomó a la ventana.
—Otra vez me asomo y no reconozco el paisaje. A veces hay estrellas que no he visto nunca, o es invierno o pleno verano.
Yo tampoco me lo explico, pero mejor será no preguntar. Qué importancia tiene.
—Sí, qué importancia tiene. Llegaremos a nuestro destino en menos de dos semanas, eso es lo importante.
Con respecto a eso, deberías practicar con la espada nueva.
Arditi se acercó a la chimenea, sobre ella reposaba la espada que le había dado Iax, la levantó con ambas manos e hizo algunos movimientos con ella. Tenía buen peso y estaba bien centrada.
Es un gran regalo, vale la pena por todo lo que tuvimos que pasar y más.
Arditi asintió. Narr tenía razón. Se le había pasado la molestia y se sentía mucho mejor que hace tres días atrás. Es más, se sentía mucho mejor que hace varios años, se preguntó si sus compañeros la estarían pasando tan bien como ella.


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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Sciacere el Jue Jun 04, 2015 10:45 pm

Los toques en la puerta despertaron a Filonegro.
En el castillo de Iax nunca se sabía que hora del día era exactamente, ni cual estación estaban viviendo. Filonegro miró por la ventana de cristal  y los rayos de sol perforaban el vidrio convirtiendo la luz en un resplandor tenue, dándole a la habitación un toque relajante y acogedor.
La estancia de Vashiir tenía una cama lo suficiente grande como para meter varias chicas y sentirse cómodo. Las paredes estaban repletas de espejos, los hombres sapos los habían llevado a petición de él, seguramente para sus lascivos juegos. El piso tenía una alfombra nívea y mullida. Y Las cómodas tenían velas aromáticas e incensarios afrodisiacos que inundaban la habitación con el olor del placer.
Entonces recordó que cuando se fue a dormir, ya extenuado, era de noche.
Volvió a mirar la ventana. Este parecía un día normal.

Vashiir acarició un pecho hermoso que se alzaba desnudo ante su rostro, y unos ojos color caramelo se abrieron adormecidos. La fata apretujó su cuerpo desnudo al de Vashiir y este la cubrió con sus fornidos brazos seguido de un beso a sus rojos labios. Otra se desperezó a su izquierda y con un gemido mañanero pasó la pierna por encima de la cintura del donjuán. Filonegro sintió el reconfortante tacto de unos senos apretados a su espalda y estirando un brazo hacia atrás se llevó unas pronunciadas nalgas a su enorme mano mientras besaba a la Fata de ojos acaramelados.

— ¿Vais a continuar sin mí?— unos ojos escarlatas lo miraban con coquetería.
La otra faen estaba de rodillas frente a ellos, en medio de la cama. Sus pelos negros y rizos se derramaban sobre sus enormes tetas, cubriéndolas por completo. Vashiir se inclinó hacia delante libérandose de los cuerpos desnudos que lo envolvían, apartó las cortinas negras que resguardaban los rosados pezones y besó su cuello suavemente mientras sus gruesos dedos descendían por la espalda que se arqueaba y se tensaba ante el gozo del roce.
Filonegro miró a un lado y en la esquina derecha de la afrodisiaca cama otra fata yacía dormida, su pelo dorado colgaba inerte hacia un lado del lecho. El seductor se sintió campeón, como siempre. Miró al techo y cerró los ojos mientras varios labios se deslizaban por su anatomía sin destino alguno, << menuda bacanal la que has montado>> pensó Vashiir sonriente.

Los toques en la puerta volvieron a sonar.
Filonegro se cubrió descuidadamente de cintura hacia abajo con una casi transparente sábana, y saltó de la cama dejando una estela de mujeres hambrientas tras sí.
Caminó hacia la puerta recogiéndose el enmarañado pelo en una coleta vertical, dándole un aspecto entre lo seductor, y lo peligroso.
Abrió la puerta y alcanzó a ver una pluma. Asomó la cabeza y una chica se marchaba, seguramente cansada de tanto tocar.
— ¿Tan pronto te vas, cariño?
Noire se giró haciendo haciendo flotar la pluma en su cabeza, y dejó escapar un gemido de sorpresa.
Apoyado de hombro a la moldura de la puerta estaba Vashiir, envuelto precariamente en una sábana translúcida. De su cuello colgaba el collar de perla negra hasta los pectorales desnudos, y su sonrisa matutina tenía todo lo necesario para embaucar a una mujer.

Filonegro pudo sentir como Noire le saboreó el cuerpo con la mirada durante unos largos segundos.
— ¿Y bien?— dijo Vashiir enseñando lo dientes blancos tras su sonrisa.
Noire pestañeó.
— El grupo tiene una reunión dentro de una hora— dijo Noire al salir de su ensimismamiento.
Tras la puerta se oyeron varias risitas entremezcladas, y un jugueteo sobre la cama. Vashiir acentuó aún más su sonrisa, y esta vez lució malévola. — ¿Te nos unes?
La timidez surco el rostró de Noire, y se marchó rauda.
Filonegro soltó una sonora carcajada varonil y se adentró en la habitación mandando a volar la sábana que llevaba por falda, que cayó como una nube en el pasillo al compás de las risas y los manoseos.


Dos horas más tarde Filonegro entró en una cámara pequeña y todos se le quedaron mirando con el ceño fruncido. Él les devolvió una sonrisa, y una señita con el ojo a Noire, imperceptible para todos, menos para ella.
— Llegas una hora tarde, Vashiir.
— Vamos Rhod — respondió Filonegro mirando el lugar — dame un respiro.
El lugar estaba iluminado con dos candelabros de hierro adheridos a la pared y una mesa gigante en el medio, con los demás a su alrededor. Sobre la mesa, maquetado en arcilla estaba modelado el inmenso mundo de Temerant. Todo había sido replicado a la perfección detalladamente. Las montañas y ciudades, los bosque y sus ríos, los riscos y valles. Sobre la mesa pendía del aire una esfera blanca grisácea de piedra, y Vashiir se preguntó que sería eso.
Acto seguido Rhodan tomó la esfera y la hizo girar sobre su eje. La arcilla empezó a cambiar de forma burbujeando, y entonces, lo que hace unos segundos era Temerant ahora era un lugar completamente distinto.
—Ahora estamos aquí— dijo Judas señalando un descomunal palacio. Y Filonegro halló la respuesta a su pregunta. La esfera era la luna y el nuevo lugar sobre la gran mesa, era Fata.
— Nos va a llevar un día llegar al itinolito más cercano al palacio — dijo Judas señalando otro lugar.
— ¿Y una vez que lo crucemos, en qué lugar de Temerant estaremos? — preguntó Arditi jugueteando son su trenza.
Rhodhan volvió a girar la esfera que levitaba, y en cuestión de segundos tras un burbujeo Temerant volvió a aparecer.
— Estaremos aquí— apuntó con un dedo Rich— ¡En Vaeret!
Todos miraron el mapa mientras cavilaban
— Para llegar a Tinusa el camino más corto es atravesar la zona norte del bosque que bordea a Vaeret— volvió a decir Rich.
— Eso solo nos va a llevar a Belén — dijo Cohern.
— Exacto, y Belén está a un paso de Tinusa.
— Estáis obviando algo— intervino Rhodan— en Belén la guerra se ha encrudecido, y eso puede significar un obstáculo para llegar a Lanre. — Concluyó
El silencio se volvió a alzar.
— Hay otra opción — dijo Noire finalmente.
La medio fata se inclinó sobre la mesa, y el escote que mostró arrancó una sonrisa a Vashiir.
— Podemos atravesar el bosque que bordea a Vaeret por la zona sur— dijo Noire describiendo un arco con el dedo sobre la mesa— sé que el camino es más largo, el doble de largo quizás. Pero es más seguro.
Noire se incorporó y casi pilla a Filonegro mirándole las tetas. Vashiir apartó la mirada rápidamente, y para su sorpresa vió a Rhodan en la misma faena que él, y eso le extrañó.
— Me parece buena idea— dijo finalmente Judas. — Entonces, atravesaremos la zona sur del bosque, caminaremos por las largas tierras neutrales, y después entraremos por la parte baja de Tinusa, sin tener que enfretar a Belén.
Todos asintieron y se marcharon de la habitación.
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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Rose Ushiromiya el Vie Jun 05, 2015 3:20 am

Noire

Al quinto día, Noire abrió los ojos con lentitud y se estiró, tirando un libro al suelo sin querer. Mientras se agachaba para recogerlo pensó lo irónico que era que Vashiir y Arditi durmieran rodeados de mujeres faen mientras que ella dormía rodeada de libros y de mapas.
Era curioso; la primera noche había dormido en el suelo de su habitación, pues la cama le parecía demasiada blanda para su gusto. La segunda noche se había quedado con Rich en uno de los salones principales, contándose anécdotas viejas de Bale, y habían terminado por quedarse dormidos juntos, ella con lágrimas en los ojos. La tercera noche la había pillado de improvisto en mitad del bosque cuando estaba probando el regalo de Iax, y la mañana la descubrió acurrucada contra un árbol, con el arco todavía sujeto entre sus manos. Y la cuarta noche, harta de escuchar los gritos que provenían de la habitación de Filonegro, se había ido hasta la inmensa biblioteca del palacio y se había quedado leyendo hasta que el sol había salido.
Esos cuatro días, mientras sus compañeros se relajaban y se pasaban las mañanas durmiendo, ella aprovechaba para explorar. Se levantaba en cuanto el sol acababa de salir y se dirigía al bosque, donde se pasaba el resto de la mañana entrenando su puntería. Así descubrió que el arco que le había regalado Iax no era uno cualquiera; ella solo tenía que disparar la flecha y esta se dirigía directamente hacia el objetivo.
Luego volvía al palacio y tras comer con los demás, o los que estuvieran despiertos a esa hora, se encerraba en la biblioteca. Entonces cogía papel y pluma, abría todos los mapas y se ponía en marcha. Durante toda la tarde y parte de la noche, Noire buscaba caminos, comparaba cuales eran más seguros o más cortos, calculaba cuanto tardarían en llegar a cada sitio y que atajos tendrían que tomar si los asaltaban. Le habría gustado poder usar la maqueta que les había mostrado Rodhan el día anterior, pero solo él podía hacerla funcionar, y apenas se pasaba por allí si no era para convocar alguna reunión. La medio fata supuso que el ex-Sithe estaría reunido con Iax, al que no habían visto de nuevo desde que habían llegado al palacio.

—Buenos días.
La voz de Judas la sorprendió desde la puerta y se acercó a ella, sujetando algo entre las manos.
—¿Leche? —preguntó ella, cogiendo la taza y disfrutando su aroma y su calor.
—Con miel, como a ti te gusta —respondió él mientras se sentaba a su lado. Giró la cabeza y miró la mesa llena de hojas y mapas, con el ceño fruncido—. ¿Sigues con esto?
Noire asintió y dio un trago a la leche, con cuidado de no quemarse.
—Sé que en la reunión dijimos que iríamos por la zona sur el bosque, pero todavía hay algo que no me convence. Es un camino seguro pero muy largo, no sé si llegaremos en un buen momento a la batalla.
—¿Y qué propones? —se escuchó una voz a sus espaldas, y cuando se giró Noire descubrió que se trataba de Cohërn.
—Ah, Cohërn, buenos días —lo saludó Judas, haciéndole un ademán para que se sentara a su lado—. No esperaba que estuvieras despierto a estas horas.
—La verdad es que acabo de levantarme, pensaba irme a entrenar un poco cuando os he escuchado —explicó él mientras tomaba asiento—. Bueno, contadme.
Noire se terminó de otro trago la bebida y dejó la taza a un lado, centrando toda su atención en el mapa.
—Estaba pensando en el primer camino, el que nos llevaba a Belén. Es cierto que es mucho más probable que nos ataquen por ahí, pero incluso teniendo en cuenta eso, es el camino más corto y directo y aun contando con las posibles escaramuzas, tardaremos menos tiempo que por el sur del bosque rodea Vaeret —explicó, señalando varios puntos en el mapa—. Además, una vez que hayamos rodeado el bosque y llegado a Belén, no tenemos por qué entrar en la ciudad, sino seguir el rodeo que estábamos haciendo. No somos un grupo muy grande, creo que podríamos pasar desapercibidos sin tener que separarnos.
—Entiendo —asintió Cohërn, observando fijamente el mapa—. Además, por el camino sur del bosque también puede haber problemas. La guerra se ha extendido a todas partes, no creo que ahora mismo ningún camino sea totalmente seguro.
Noire asintió ante eso último, y los tres se quedaron en silencio, mirando pensativamente en mapa.
—Bueno —dijo Judas finalmente, levantando la vista hacia la media fata—. Estoy seguro de que hay alguna manera, y de que tarde o temprano la encontrarás.
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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Títere el Sáb Jun 06, 2015 2:05 am

Cohërn

Iax les dijo que su presencia sería decisiva para inclinar la balanza hacia su favor. Los siete formarían un escuadrón, una especie de escolta personal, que le acompañaría en la última cruzada que tenía prevista, una cruzada que les otorgaría la victoria según lo planeado.
No les dijo más. Solo les pidió que entrenasen como grupo, y tan bien de manera individual. Que descansasen y se alimentasen bien, que se pusieran en forma, pues solo tendrían dos semanas sosiego, antes de que empezasen los que serían los últimos días de muchos.
Si uno de ellos preguntaba más acerca de cual sería su tarea, el modelador les respondía de manera esquiva. Muy pronto se cansaron, y se resignaron a cumplir lo que les iba encomendando.


Cohërn se agachó y esquivó la estocada que le propino el golem de arcilla. Después fintó por la izquierda y llamando al viento giró rápidamente a derechas para asestar un golpe mortal. El golem levantó el brazo y este fue cercenado. Inmediatamente, su compañero asestó un garrotazo contra Cohërn, que lo detuvo a duras penas con el escudo, regalo de Iax. De este no saltó ni una astilla, pues aunque el golpe había sido duro, el escudo estaba hecho de una extraña madera, liviana, pero muy resistente. Una tarde, Cohërn había ordenado a uno de los golems de arcilla que se arrodillase, y le golpeó con el escudo en la cabeza. Así hasta veinticuatro veces, hasta que la cabeza del golem explotó en mil pedazos. Cuando Cohërn miró el escudo, este no tenía ni un rasguño.
Se agachó y con una voltereta, pasó entre las piernas del gigante y se elevó con una ráfaga de viento. Y luego con otra, giró en el aire y le decapitó.
El último golem que quedaba en pie se acercó con paso lento. Era resistente, pero muy muy pesado, y se movía con lentitud. Además, estaba solo, y eso no le aportaba ninguna ventaja. Fue fácil. Cohërn se acercó a él rápidamente, y cuando este descargó toda su fuerza en un potente derechazo, Cohërn se elevó por encima de su cabeza, y, combinándola un impulso de viento, soltó una estocada brutal hacia su hombro, que le partió por la mitad.
Pero calculó mal la fuerza empleada, y la espada salió volando hasta estrellarse contra una de las blancas paredes de granito. Cohërn cayó desde lo alto del golem al suelo, sin poder reaccionar, y golpeándose la cabeza y el costado. Soltó un quejido de dolor y se frotó la coronilla, intentando aplacar el dolor.
Unos aplausos le llegaron desde el otro lado de la sala.
-Bravo, bravo, señor -le dijo el hombre-rana.- Una ejecución impresionante, ya le dije yo que trece golems no eran rival para usted. ¿Quiere que invoque otros trece, pero esta vez de piedra, en vez de arcilla? -croó.
Cohërn se levantó a duras penas, gruñendo cuando estiró la rodilla en la que se había golpeado.
-No, no, gracias Frog -dijo. Así había apodado a ese leal sirviente. Hacía dos noches, en la cena, había compartido un pedazo de pan con él, y este no se había separado de su lado desde entonces. Le puso nombre, y este, se encargó desde entonces de ordenar sus aposentos y prepararle personalmente las comidas.- Es suficiente por hoy. Mañana ya probaremos con piedra...
Frog se apresuró a quitarle el escudo y la espada de encima, y las cargó en su espalda. Después le tendió una toalla, y le ofreció agua para lavarse la cara y las manos y vino para saciar la sed.
-Dime Frog -dijo Cohërn.- ¿Como es que tú puedes invocar golems de piedra o arcilla? ¿Iax os ha enseñado a modelar?
-No, señor, yo soy un simple sirviente, no sé modelar.
-¿Entonces como lo haces?
-Verás -empezó Frog.- amo Iax creó Fata. Luego modeló su castillo. Y por último nos esculpió a nosotros.
-¿Y?
-¿Como que "y"?
-Digo que a que te refieres con que os modeló.
-Pues eso, que hizo así y flum, allí estábamos nosotros.
-¿Y entonces porque puedes modelar golems?
-Yo no modelo golems, ya se lo he dicho señor, no sé.
-¡Joder Frog! ¡Para! -el sirviente se quedó muy quieto.- A ver, hace menos de media hora hemos llegado aquí, entonces tú te has dirigido a una de las paredes, y al instante han aparecido trece golems de arcilla. ¿Como lo has hecho?
-Verás señor, eso es lo que le contaba antes. Iax nos modeló, pero no modeló nuestras conciencias, pues le pareció un trabajo demasiado arduo. El creó doce conciencias iguales, pero con ligeras variaciones, y las repartió entre todos nosotros. Si se fija usted bien, verá que no somos todos iguales, aunque seamos físicamente parecidos, entre nosotros está el trabajador, el parlanchín, el serio, el leal, el gracioso...
-¿Tu eres el parlanchín?
-No estoy seguro señor, yo creo que soy una mezcla entre amable, sincero, valiente y humilde.
-Ya veo. Pero tu conciencia no explica lo de los golems. Abrevia.
-Pues eso, Iax creó doce conciencias, pero no eran conciencias enteras, eran medias conciencias. Nuestra otra media conciencia la rellenó con su conciencia, para así prevenir cualquier traición, o aplacar cualquier intento de rebeldía.
-Me estás diciendo... -Cohërn se tomó unos instantes para digerir eso.- ¿Que en este momento Iax tiene dividida su mente en miles de sirvientes ranas?
-Oh, no señor, no somos tantos. Pero se podría decir, yo he podido nombrar a los golems porque medio yo es Iax. Si se diese el caso, podría llamar al fuego y al trueno, y modelar ríos y montañas, si el amo Iax quisiese que así fuera.
-Entonces, cada vez que interactúo contigo, es como si hablase con Iax.
-No exactamente, hablas conmigo, y esta conversación la guardo yo en mi memoria. Pero a la vez Iax puede acceder a mi memoria, y sería como si hablases con él. Y viceversa, yo puedo accerder en parte a la mente de Iax, y por eso puedo llamar golems.
Cohërn se sentó y se llevó las manos a la cabeza. Si eso era cierto, Iax debía controlar todo lo que pasaba dentro del palacio. Y no solo eso, lo mas aterrador era que mientras él tenía una conversación contigo, al apar controlaba varias centenas de sirvientes ranas. Cohërn se preguntó cuando dormiría.
De repente, una idea estremecedora se le pasó por la mente.
-¿Y entonces... las sirvientas?
-Mas de lo mismo señor, son como nosotros, pero a ellas Iax las modeló después, cuando era ya mas diestro. También tienen varios tipos de conciencia, está la tímida, la abierta, la risueña, la calentorr...
-¿Me estás diciendo que Iax también está en su mente?
-Sí señor, y mas que en su mente, Iax forma parte de nuestro cuerpo, el siente y padece todo lo que nos pasa.
Cohërn se acordó de la noche anterior. Había estado a punto de llevarse una estupenda pelirroja que cortaba la respiración a la cama, pero al final estuvo mas tiempo de lo esperado entrenando y luego no le quedaban fuerzas. Se alegraba de no haberlo hecho, no sabía si podría seguir viviendo con la sensación de haber hecho un trío con Iax. Le dieron escalofríos.
-Muy bien Frog, vayamos a dormir. Es tarde -los dos hecharon a caminar por los pasillos.- Y hoy date la vuelta mientras me cambio, no quiero que tu señor me vea desnudo.
Y a partir de hoy, nada de mujerzuelas, pensó.


-...el primer borrador lo escribes con el corazón, el segundo, con la mente.-
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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Old Medie el Vie Jun 12, 2015 1:57 pm

Arditi bailaba bajo la luz de la luna en el gran patio de entrenamiento. Maniobraba el regalo de Iax en una mano y su vieja espada en otra con un toque de elegancia y locura. La feroz espada de punta curva junto a su compañera trazaban figuras y vueltas que a simple vista carecían de coordinación o patrón, pero para un ojo experto aquellos movimientos sin sentido ofrecían un espectáculo sin medida. Y es que la faen había partido su mente en dos y había permitido a Narr usar una mitad, producto de esto el cuerpo de Arditi se movía en una dualidad excelsa, la que con los años de refinamiento se había vuelto perfecta.
Cuando dio muerte a la última copia de arcilla que Judas había hecho para ella bajó las espadas y volvió a unir su mente en una. Envainó su espada antigua, filosa y fina. La había recogido en un campo de batalla luego de que la suya se hubiera perdido en un río, aquel día, cuando salió empapada del cauce aquella fue la primer arma que se cruzó por su camino, no le preocupó su ancho ni su filo, menos aún el grabado que dictaba cual era su antiguo dueño, sólo necesitaba algo para matar y eso fue lo que encontró; y es que ella nunca se había preocupado mucho de las espadas que usaba, tanto por su forma como por su cuidado, a decir verdad, las armas faen son por lo lejos las más duraderas, y no es necesario ejercer mayores cuidados sobre ellas. Son muy difíciles de mellar por lo que no hace mucha falta afilarlas, por lo mismo, pocas veces se desarman y se aceitan. Sólo hay que limpiarles la sangre y no mojarlas, ya que la oxidación es la única forma de perderlas. Al menos las normales, porque aquella que le quedó en las manos estaba muy lejos de ser un arma normal. Su color era del atardecer y estaba veteada con líneas naranjas y rojas. Era lo mejor que hubiera tenido entre las manos jamás, todo el viaje había válido la pena solo por aquella espada broncínea.
Es un pedazo de muerte, dijo Narr al notar lo maravillada que estaba Arditi.
—¿Cuál será su nombre?
Habrá que preguntar a Iax. Aunque si no te lo dijo cuando te la entregó debe ser por algo.

Mientras Arditi hablaba entró al campo Inki. Llevaba atada a la espada su gran espadón del que sobresalía el mango por sobre su hombro izquierdo e iba dando tumbos a medida que avanzaba. El gran hombre había llegado cuando el grupo de ella llevaba tres días en el castillo, fue el único superviviente de su grupo en las pruebas y por eso vagaba solo por el castillo hasta que se encontró con la faen. Desde entones practicaron esgrima todas las noches.
A medida que se acercaba, la faen no supo distinguir si Inki estaba molesto o no ya que su rostro siempre parecía a punto de estallar en un ataque de ira, pero ahora parecía más agriado que de costumbre, sí, estaba enojado, eso era claro cuando llegó a su lado. La saludo con un movimiento de cabeza y ella le devolvió el saludo.
—Acabo de recibir el regalo de Iax —dijo el hombre con desdén.
Al ver que no seguía la faen tuvo que preguntar:
—¿Qué te dio?
—Esto —sacó del bolsillo de su guerrera una moneda y se la enseñó, la faen miró el el trozo redondo de metal, interrogante y se encogió de hombros.
—¿Para qué sirve?
El hombre apretó el puño hasta que los nudillos se le pusieron blancos.
—¡No sirve de nada! —rugió. Hizo amago de querer tirar la moneda lejos, pero se arrepintió—. Dijo que me protegería, yo le miré incrédulo, le dije que en tal caso me protegería más un escudo, o mejor aún, que me diera una espada, una así como la tuya —dijo, y miró la espada broncínea—. Pero me dijo que esto era lo que necesitaba.
Hizo una mueca de asco al ver nuevamente la moneda en su mano en cuanto la abrió, mostrando sus afilados dientes tras su barba negra y tupida. Arditi estiró la mano e Inki dejó caer la moneda sobre su palma, la faen inspeccionó el pedacito de metal pensando en cómo podría aquel amuleto proteger más que un buen escudo o ser más útil que una espada o un arco. La acercó a su rostro y apreció los grabados dorados, luego se la devolvió.
—Qué más da. A uno de mi grupo le dio una piedra negra. Creo que Iax ya se está quedando corto de armas.
—Vaya mierda, tendré que conformarme con esto —devolvió la moneda a su bolsillo y desenvainó—. Bien, a lo que vinimos.
Sus espadas se unieron de inmediato. Arditi no quiso decir nada pero tenía dormida la mano con que había cogido el amuleto hasta el codo, era una sensación molesta.


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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Old Medie el Sáb Jun 20, 2015 3:14 am

La lluvia caía incesante, el cielo estaba igual de gris que los gastados pantalones de Inki, los que seguramente hace mucho tiempo habían dejado de ser negros. Arditi, envuelta en su shaed impermeable, se preguntaba que es lo que llevaba a un hombre usar por tanto tiempo la misma ropa. Ella estaba totalmente cubierta por su capa y lo único que asomaba era la mano que sostenía su antigua espada, había tenido que optar por ella porque con la de bronce había roto la espada de su oponente, pero Inki no se había mostrado molesto por haberla perdido ya que tuvo la oportunidad de ir a la armería de Iax y escoger un mandoble tres veces mejor.
Los millares de gotitas caían como un ejército sobre el pecho desnudo de Inki y sobre su cara, pero a él parecía no importarle pues sonreía como un poseso mientras avanzaba hacia la faen con su nueva espada entre las manos. Aquella sonrisa era tan impropia en aquel rostro lleno de cicatrices que empezó a incomodar a Arditi, trató de fijar la mirada en sus ojos, pero le era imposible no escrutar la marca que iba desde bajo el ojo derecho hasta la mandíbula, la que justo en ese momento se estaba doblando por la mueca. Arditi afianzó los pies en la gravilla y se lanzó presta a borrar esa sonrisa, Inki predijo el movimiento y se puso en defensa por la izquierda pero la faen se ayudó del viento para esquivarlo y meter un golpe con el pomo de la espada en las costillas del hombre, Inki rugió haciendo girar la espada para alcanzar a Arditi, no le importaba herirla y lo dejó demostrado al agarrar con su mano su tobillo justo cuando ella escapada, la sujetó fuertemente y abanicó su espada que ahora era de un filo espeluznante por encima de su cabeza, Arditi usó su pierna libre para equilibrarar su peso y lanzó con su mano libre el shaed como si fuera un látigo para golpear  la cara de Inki, la capa le dio en la frente un capirotazo que lo hizo gruñir pero no soltarla, la espada del hombre siguió bajando para encontrarse con la de ella, quien, por la fuerza del golpe fue a dar al piso. Aún sujeta del tobillo trató de zafarse pero le resultó imposible, Inki puso la punta de su espada frente a su cara.
—¿Te rindes? —le preguntó.
—Ya quisieras.
El hombre la soltó y miró el cielo tapizado de nubes para recibir el beso de la lluvia. Por su torso subía el vapor producto del ejercicio y bajaba la lluvia limpiando los cortes que había recibido momentos atrás. Arditi se puso de pie de un salto y se preparó para el siguiente asalto, no le importaba perder de vez en cuando, prefería caer ahora practicando que luego en medio de la guerra, tenía cardenales en varias partes del cuerpo y uno que otro corte no tan grave que había sido bien cosido y cuidado por la gente del castillo, no le importaba quedar herida, Inki era mejor luchador que las figuras de arcilla y al ser más fuerte que la faen la obligaba a esforzarse hasta llegar a su límite.
Inki movió la espada y se puso en posición de lucha, un trueno retumbó en el cielo y la luz del relámpago ilumino una tercera figura en la zona de entrenamiento. El hombre rana se acercó casi saltando hasta los pies de Arditi, ella se sacó la capucha preguntó que pasaba.
—Es la hora —se limitó a decir el sirviente.

Dentro del castillo todo estaba agitado, los mercenarios se movían de un lugar para otro llenando todos los rincones, cargando armamento y provisiones, riendo, gritando, Arditi se sentía de nuevo en casa. Habían pasado muchos años desde la última vez que había sido parte de un ejército pero el efecto era el mismo, el olor de cuero endurecido y del pestilente hierro le golpeaban la nariz y la llenaban de recuerdos, el traqueteo de las armaduras, las espadas y los carros que las transportaban eran sonidos que había oído por tanto tiempo que para ella era como la música de fondo de una taberna. Muy pocas cosas habían cambiado, pero este ejército era diferente, tres de cada cinco personas era un modelador o nominador, túnicas negras y de colores, telas raídas y sedas tersas, mujeres y hombres, todos dispuestos a morir en nombre del mayor modelador de todos. Iax se abrió paso entre el gentío como lo hace el viento entre las hojas secas y se situó en medio de todos, haciendo uso de sus habilidades hizo formar del suelo una plataforma que lo elevó varios metros para que todos pudiesen verle. Poco a poco todo el lugar se llenó de silencio, Iax escrutó los rostros de lo que había reclutado y dijo:
—¡Ustedes han sido los elegidos! —su voz retumbó en cada pared y llenó los oídos de todos, como la voz de los actores cuando hablan en un gran teatro faen—. Son la elite, los mejores soldados existentes en la faz del mundo. Miren a su izquierda, miren a su derecha, cada uno de ustedes, cada hombre y mujer pasará a la historia como los ejecutadores del gran cambio. Cuando ganemos esta guerra todo cambiará para siempre, llenaré de gloria a Fata y ustedes la poblarán y se maravillarán día a día de mi hermosa creación, que será perfecta, en cuanto tenga a la luna —guardó silencio un momento—. Pero aún no la tengo, hay quienes me lo impiden, y entre ellos, él más fuerte es Lanre. Por eso es necesario que acaben con él. Porque en cuanto él haya muerto las puertas de mi victoria se abrirán de par en par —Todos gritaron y levantaron sus armas, se oyeron muchos «¡Salve Iax!» y varios otros «¡Muerte a Lanre!», hay algo especial en las multitudes, te inflaman y te llenan de adrenalina, te hacen sentir parte de algo más grande que tú, y Arditi quería ser parte de eso, por eso, llena de risa y hambre de guerra alzó su espada y gritó con todas sus fuerzas «¡Salve Iax!».

El grupo estaba listo. Seguirían la ruta trazada por Noire en el mapa, cada uno cabalgaba sobre grandes caballos de guerra los que podrían correr todo un día sin cansarse. Las alforjas estaban listas, llenas a rebosar de comida, armas y tiendas. Arditi oteó el horizonte, a donde alcanzara la vista se veían grupos como el de ella emprendiendo el rumbo por distintas direcciones. Mercenarios en busca de matar a Lanre, todos enviados por Iax, todos acompañados por al menos un guía y cuidador, ellos tenían a Judas y Rich, ambos muy cercanos a Iax, e incluso habían caminado con él mismísimo Modelador por todo el viaje de llegada al castillo sin saberlo, de pronto pensó que el grupo de ella era importante, que le tenían depositadas muchas esperanzas si no, no los hubieran salvado en la prueba del necromante o de la niña antropófaga, Arditi miró a cada uno, Noire parecía muy débil, Cohërn muy taciturno, Filonegro muy confiado, iba a ser una tarea muy difícil afianzar el grupo, la confianza no surgiría fácilmente.
Inki se acercó en un kershaern joven y vigoroso, el caballo dio un relincho cuando llegó al lado de ella y la saco de sus pensamientos. Cruzaron escuetas palabras, ninguno de los dos era bueno hablando.
—Me iré por el sendero de la montaña y pobre llegar un par de días antes que todos, como voy solo no me retrasaré mucho. Después me infiltraré en el ejército de Lanre por su retaguardia, lo demás lo dirá la suerte.
—Que tengas suerte entonces. Quizá nos encontremos allá, cuando todo esto termine.
—Quizá, quien sabe.
Judas anunció la partida y todos comenzaron a avanzar lentamente, Arditi no miró para atrás en ningún momento, seguramente sería la última vez que vería a Inki, debía ser realista, se estaban adentrando en la guerra, y de allí pocos salen vivos.


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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Jacktash el Vie Jun 26, 2015 12:57 pm

Los árboles le ralentizaban y era prácticamente imposible avanzar rápido. La música que le otorgaban el viento y las hojas amenizaba su paso. Llevaba ciclos vagando solo por estos bosques y nunca parecía repetir camino o árbol y aún así todo era igual. Cada rama parecía estar duplicada tantas veces como árboles había, cada tronco era una copia de su vecino más cercano, cada surco en la tierra y cada pájaro era un clon de otro que a su vez era clon de otro y así infinitamente.
No había nadie, el bosque estaba vacío en su abundancia.

- Maldito bosque… todo igual… todo distinto… - farfullaba Orphelin.

Siguió quejándose hasta que algo le alertó, cargó su arco y se agachó. Vio a un pequeño grupo de personas a lo lejos, iban armadas y seguían una especie de mapa. Lo que necesitaba. Eran dos chico y dos chicas, una de ellas tenía el mapa.

- Esta puede ser mi oportunidad… no creo que me hayan visto todavía – susurró el joven -. Además no puede ser muy difícil acabar con ellos…

Todavía no sabía cuán equivocado estaba. Primero decidió seguirles un rato, intentando ser sumamente sigiloso. Era capaz de oírles.

- No jodas Noire… ¿nos hemos vuelto a perder? – preguntaba uno de los chicos a la que llevaba el mapa.
- Deja de quejarte, es la décima vez ya desde que entramos en el bosque… yo sé lo que estoy haciendo.
- Es verdad, pobre mujer… - dijo el otro hombre, bastante más alto que los otros.
- Filonegro no te metas… - replicó el que antes se quejaba.

Era un buen grupo. O eso pensaba Orphelin, le había venido a la mente imágenes suyas de pequeño corriendo con sus amigos por el bosque cercano a su casa imitando a seres fata o grandes héroes. La nostalgia le embriagó y de repente quiso unirse al grupo, fuera lo que fuera lo que tuvieran que hacer. Pero rápidamente abandonó esa idea. Estaba muy bien solo, nadie ante el que tuvieras que responder a tus actos. Pero también necesitaba a alguien con quien compartir camino, no todo era soledad.

- Chicos, creo que nos siguen… - dijo al que llamaban Filonegro.

Orphelin se detuvo en seco. Le habían oído. Nunca le habían detectado mientras espiaba, este grupo era muy bueno, estaba muy preparado. Ahora que se fijó el grupo desprendía un aire fata… su mundo de ensueño.

- ¡Aquí esta! – dijo el otro chico mientras agarraba del cuello a Orphelin, que peleaba por su libertad.
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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Títere el Sáb Jun 27, 2015 2:08 am

Cohërn

Se habían separado del grupo para tomar un respiro. Filonegro, Noire, Arditi y él. Y se habían encontrado con ese tipo.
Vashiir tensó los enormes músculos de su brazo y convirtió su mano en una presa mortal, mientras que agarraba al forastero por el cuello.
-Mirad chicos -dijo.- Tenemos un espía.
-Probablemente estaba vigilando para avisar a sus compañeros. Estad atentos, la emboscada puede estar cerca, no sabemos cuantos son -dijo Noire.
-Esperad -dijo el chico, jadeando mientras intentaba articular palabra mientras el brazo de Vashiir lo estrangulaba.- No soy... un espía...
Vashiir le tiró al suelo y le pateó.
-¿Que eres, entonces?
El intruso tragó saliva.
-Un simple cazador. Un montaraz. Vivo en el monte. Es mi hogar, mi cama y mi almohada -les miró nervioso.- No voy con ningún bando. Simplemente me dedico a cazar para sobrevivir.
El grupo le miró serio.
Todos se quedaron en silencio, cavilando.
Finalmente, Vashiir soltó una carcajada.
-Chico -dijo Arditi.- Esa es la peor excusa que he oído en todos los años que llevo de guerra. Y créeme, son muchos.
Soltó una risa, y Filonegro volvió a reir.
-Mátalo -dijo Noire, seca.- Ya nos hemos entretenido demasiado.
-Hecho -Vashiir desenfundó, y sus cuchillos morfaron en dagas curvadas.
Se acercó al intruso agarrándole del pelo. Este se revolvió, pero Vashiir era fuerte, mucho, y no pudo hacer nada.
-Espera -dijo Cohërn.- No hace falta matarlo... Podemos atarlo... A un árbol.
Arditi le miró incrédula.
-Ya -dijo.- Y luego le damos una espada, y agua y comida, y le devolvemos el arco y las flechas para que nos dispare mientras nos alejamos. Buena idea.
-Tampoco es una tontería -dijo Noire.- Filonegro, átale.
Este pensó en replicar, pero obedeció. Hizo cuatro nudos, y le dió varias vueltas con la cuerda, para que no le fuese fácil escapar.
Después le pegó una patada de nuevo, y le dijo.
-Hoy ha sido tu día de suerte.
Después, se marcharon.


-¿Porque le hemos dejado vivir? -dijo Cohërn.
-En cuanto consiga desatarse lo primero que hará es correr a esconderse en la guarida de sus amiguitos a contarles lo que ha pasado -dijo Noire.- Tardará un rato en soltarse, así que debemos alcanzar a la columna y ordenar a los dos modeladores mas sigilosos que le sigan. Cuando encuentren su escondrijo, que le peguen fuego, y que maten a todos los que se encuentren allí.
-Y así no hay mas emboscadas... Muy lista, Noire -dijo Arditi.
Noire sonrió, satisfecha, e irguió la espalda. Vashiir sonrió ante la vista, y Cohërn soltó una carcajada.
-Tu nunca descansas, ¿eh Vashiir?
Al menos ya no andaban todo el día discutiendo.


La columna era un grupo de doscientos hombres junto con carros y mulas, que cargaban con todo lo necesario para la guerra. Eran la élite de Iax, pero pronto Cohërn se dió cuenta de que a ellos les trataban de forma especial. Les dejaban los mejores caballos, les daban mas comida, y les dejaban dormir mas tiempo. Además, el capitán de la columna, Osgord, se preocupaba de procurarles escolta a todas horas, aunque ellos intentaban rechazarla de manera educada.
Frog, el sirviente rana se vino con él. Cohërn habló con Iax y a este no le parecío mala idea. Cohërn no se dió cuenta hasta unos días mas tarde, pero gracias a su idea Iax podía controlar en todo momento lo que pasaba en la columna, a través de Frog.
-¡Atención! -dijo uno de los exploradores que abrían paso a la columna.- Hay un desfiladero a medio día de marcha. Es el lugar ideal para la emboscada.
Los altos mandos se reunieron brevemente.
-Bien -dijo Osgord.- Levantad el campamento. Dormiremos aquí. Al amanecer, con la primera luz, cruzaremos el desfiladero. Preparad a los arqueros y a los modeladores.


-...el primer borrador lo escribes con el corazón, el segundo, con la mente.-
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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Títere el Miér Jul 01, 2015 8:10 pm

-A los caballos -dijo Osgord.
Toda la columna montó en el más completo silencio.
Cohërn subió en Trucha, que le había acompañado todo el viaje, y reviso todas las cinchas y cintos. No quería caerse por el camino, y menos aún que se le cayese alguna de sus armas.
Vio que Filonegro le miraba, y le saludo con un movimiento de cabeza. Este hizo lo mismo, y miró al frente. Estaba muy serio, algo raro en él. Miró a su espalda, y vió a Noire un par de puestos detrás suya. Esta miraba constantemente a los lados, al parecer esperando que la emboscada surgiera de improviso. Se la notaba nerviosa.
Arditi estaba a su lado. Esta estaba serena, como si hubiera vivido mas de mil batallas. Y era probable, Cohërn sabía que era un experimentada guerrera, aunque no llegase a las mil contiendas, seguro que se acercaba.
El también estaba nervioso, aunque lo negase.
Ya había participado en varias batallas, pero siempre contra campesinos y pueblerinos poco experimentados. Y como mucho contra un batallón mal organizado. Osgord les había advertido, había traidores entre las filas de Iax, y probablemente el enemigo ya conocía su posición. Debían prepararse para lo que fuera.
Incluyendo modeladores.
Cohërn tragó saliva, y tras el grito de "¡Avancen!", picó espuelas.
Era poco probable, pero deseó que el desfiladero estuviese desierto.


Frenó un poco a Trucha, para que Noire le alcanzase, y se acercó a ella.
-¿Porqué vamos por el desfiladero? -la preguntó.- ¿Porqué no lo rodeamos?
-Las montañas son demasiado abruptas para atravesarlas. El desfiladero es el único paso seguro en varios días de camino. Si diésemos un rodeo nos llevaría al menos un par de semanas esquivar las montañas, y eso es demasiado tiempo. Debemos darnos prisa, Iax ya nos lo dijo. -miró a las cumbres que se alzaban sobre ellos, como queriendo engullirlos.- Este ejército nos retrasa demasiado. Deberíamos haber ido solos, nos habría sido más fácil movernos y ocultar nuestra posición. -terminó como hablando para sí.
Cohërn asintió y volvió a su posición. Estaban llegando al desfiladero.

El desfiladero era un largo y abrupto camino a través de dos montañas. Era ancho, podían pasar en columnas de doce, y en algunos puntos se adivinaban losas bajo el musgo. Al parecer hubo un tiempo en el que estuvo muy transitado, al igual que el camino que llevaban siguiendo esos días. Los exploradores lo habían advertido desde lejos, y, como ahora todos podían comprobar, era el lugar perfecto para una emboscada.
Se podían lanzar piedras desde la cima, que les aplastarían, y podían dejarles encerrados entre las paredes, taponándo la entrada y la salida.

-¡Atención! -dijo Osgord.- Que todo el mundo se ciña al plan. Ya sabéis, primero los exploradores, los arqueros atrás para abatir a todo el que asome por la cima y el grueso de la columna cruzará al galope a mi señal. Tened cuidado con el musgo y las piedras sueltas. -se giró a Judas.- Que tu grupo se quede con los arqueros y una escolta de treinta hombres. No queremos que os pase nada. Cruzaréis cuando yo lo haga.
-Entendido.
Judas se acercó a ellos.
-Ya habéis oído. Cruzaremos los últimos.



Marcus azuzó a su caballo. Él, junto con diez de sus colegas exploradores, sería el encargado de abrir la marcha. De ellos dependía la seguridad de la columna.
Avanzaron lentamente, observando cada piedra y cada arbusto, atentos a cualquier señal que delatase la presencia de enemigos.
No encontraron nada.
El fin del musgo en las piedras señaló el fin del desfiladero. Al otro lado se abría un pequeño claro, y luego un bosque igual de tupido que el del otro lado.
Silbó, e hizo una seña a la columna, señalando que había pista libre, y que podían cruzar.
Luego se llevó la mano a las alforjas, y tocó con cuidado la pequeña bolsa repleta de talentos. Después, acarició el colgante que su mujer le regaló antes de marcharse al frente, y una lágrima le asomó en los ojos. Hacía dos semanas le habían llegado noticias de su muerte. Un pequeño contingente de soldados de su mismo bando había entrado en su casa y había robado toda la comida, oro, y víveres que allí tenían. Luego la mataron, después de violarla.
El ejército principal de Iax era un grupo de hombres bien entrenados, pero las milicias que utilizaba para combatir en los lugares mas alejados eran de la misma calaña que los bandidos. Eso se debía a que habían sido bandidos hasta antes de la guerra. Por mucho que su casa estuviera adornada con los colores de Iax, y de que su mujer sirviese en las cocinas del comandante encargado de esa zona, a ellos les daba igual. Solo querían comida y mujeres. Y les daba igual de que manera fueran vestidas.
Marcus agarró un pañuelo rojo que llevaba atado al cinto.
Lo ató a una flecha.
Y la disparó al cielo.
Al instante sus compañeros se giraron hacia el, y empezaron a gritarle.
Le dio igual.
Se empezó a escuchar el entrechocar del acero, proveniente del fondo del desfiladero, y el chasquido de las ballestas y arcos, mezclados con gritos de dolor, pánico y muerte.
Sus compañeros también cayeron abatidos por una lluvia de flechas. Unos cincuenta hombres salieron de la espesura, y el que parecía su capitán se acercó a él.
Metió una mano en sus alforjas y sacó el saquito cargado de talentos.
-No me gustan los traidores -dijo.
Y giró.
Marcus abrió mucho los ojos, y eso fue lo último que vio antes de que una flecha le atravesara el cráneo.


Cohërn rodó por el suelo y se metió entre los arbustos. Se escuchaba el zumbido de las flechas y el chasquido de los arcos. También el acero contra el acero, y el metal morder la carne. Era una batalla en toda regla. Mas bien, una masacre.
Los exploradores habían llegado al otro lado, y después la columna empezó a marchar. Pero en el mismo instante en el que el último de los hombres del grueso se internó en el desfiladero, todo cambió. El bosque que tenían a sus espaldas desapareció y se transformó en una fuerte empalizada. Al instante un montón de arqueros asomaron por entre las almenas y empezaron a disparar a su escolta, a los rezagados, y a ellos. Judas levantó un muro de piedra que les sirvió para reponerse de la sorpresa y esconderse, pero al instante explotó en mil pedazos. Al parecer tenían un modelador, y uno de los poderosos.
"Seguramente alguien les ha contado nuestro cometido" pensó, "nadie designa un modelador a un desfiladero perdido en un bosque".
Miró a su espalda y se le cayó el alma a los pies. En el desfiladero llovían rocas y saetas mortales. Y como habían abatido a los arqueros no había nadie que detuviese a los enemigos situados en la cima.
Cohërn se levantó y gritó.
-¡Rápido, a la montaña, tenemos que detener a los que están arriba!
Al instante una flecha se clavó en un árbol a escasos centímetros de su cara.
Noire le agarró del brazo y le tiró al suelo.
-¡Idiota, te van a matar!
-¡Hay que hacer algo!
-¡Sí, pero algo útil, no morir a la primera de cambio! -tragó saliva.- ¡Escuchadme todos! -al parecer los siete se habían escondido en los arbustos.- ¡Hay que ir a por el modelador! ¡Filonegro, Arditi, por la derecha! ¡Rich y Rodhan por el centro! ¡Judas, tu te encargas de cubrirnos! -se escuchó una explosión.- Cohërn, tu conmigo.
Cohërn asintió y cogió su escudo. Vio como Noire se levantaba y salía corriendo. El hizo lo mismo, se levantó y corrió, directo a la empalizada que había aparecido de la nada y estaba llena de arqueros. Estaba en llamas, al parecer esa había sido la explosión. Por el rabillo del ojo vio a Filonegro, Rodhan y Arditi. No había ni rastro de Rich. Judas estaba detrás, y con un gritó, levantó la tierra, justo a la altura de la empalizada.
Cohërn saltó.
Estaba llena de arqueros, que les miraban con ojos como platos.
Pegó un grito de batalla, y cayó entre los enemigos.


Última edición por Títere el Jue Jul 02, 2015 10:37 am, editado 1 vez


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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Old Medie el Miér Jul 01, 2015 11:27 pm

—¿Quién le dio a ella el mando? —Arditi pegaba su espalda a la escarpada pared de piedra, molesta porque Noire seguía con esas ínfulas de guerrera. Cruzó sus brazos y sacó sus espadas de las fundas, para luego correr a por los traidores.
—No le des importancia —dijo Filonegro tras de ella. Esquivó una flecha y lanzó una de sus dagas hacía el cielo, la que cayó luego de unos segundos junto con un arquero que reventó su cabeza el suelo de piedra.
—No es más que una muchacha —dijo Arditi, afianzó un pie en el suelo y lanzó un golpe con su espada a un hombre, partiéndole desde la ingle hasta el hombro con la espada broncínea—, no debe de tener más de un par de primaveras y cree que puede mandar en un grupo de curtidos guerreros.
—A decir verdad, no me molesta mucho lo que ella diga —Vashiir abrió en canal a otro soldado, y usó el escudo de un muerto para detener las flechas que llovían—. No tienes que ser un genio para notar que  el que de verdad manda es Judas. Ella solo opina, y bueno, tiene buenas ideas.
Arditi le cruzó la espada por el vientre a una mujer que se desprotegió cuando alzó con ambas manos su espada, esquivó una flecha y dejó pasar otra frente a ella en vez de avanzar. Se apegó nuevamente a la pared y saltó junto con Filonegro cuando una gran roca les iba a caer encima.
—Ni siquiera tiene alguna cicatriz, al menos no una que se le vea, ¿cómo quieres que crea que ha estado en alguna batalla? —comentó Arditi. Cubrió su boca para evitar la nube de polvo que elevaba y avanzó a través de ella.
—Quizá tenga alguna escondida, yo podría hallarle una si… —Filonegro comenzó a toser por el polvo, a Arditi le entró en los ojos y le escocieron. Ambos salieron de la nube para encontrarse con varios de los suyos. Filonegro terminó de toser y vio a los tres soldados—. ¿Amigos o enemigos?
—¿Estáis con Iax o en su contra? —preguntó uno de ellos.
—Con Iax —contestó Arditi.
—Entonces amigos —dijo con una sonrisa amistosa el soldado—. Venid por aquí, hay un recoveco en la piedra donde podremos ¡Agghh! —la espada de Arditi le cercenó el cuello al soldado, luego un brazo al segundo, antes de que éste pudiera levantarlo. Y al tercero lo mató con una estocada directa al corazón, aun cuando el pobre se hubo cubierto con su escudo, la espada broncínea era terrible.
Filonegro la miró horrorizado luego de que la faen limpiara la sangre de su espada en la capa del último.
—Su sonrisa era demasiado amplia, demasiado falsa, era obvio que mentía.
—¿Cómo mierda estás tan segura?
Arditi sonrió de la misma manera de que lo había hecho el soldado, una sonrisa tan cándida  que era por completo extraña en su rostro.
—¿Habías visto alguien sonreír así en medio de una matanza? —Vashiir guardó silencio.
—Disculpen —Arditi y Filonegro se giraron con las espadas bien en alto en dirección a la voz y Rodhan alzó las manos a la defensiva—. Creo que podríamos subir por ahí —apuntó con su mano una orilla por la que al parecer se podría subir, si se fuera un carnero.
—¿Hablas en serio? —preguntó Arditi. Rodhan enseguida comenzó a mover sus manos y creó una escalera en la piedra.
—Sí, en serio.
Los tres comenzaron a subir y rápidamente fueron el centro de atención de los arqueros en la cima. Rodhan iba primero con un gran y redondo escudo de piedra en donde las flechas repiqueteaban como avispas, Arditi iba en medio cuidando de no mirar abajo ni pisar en falso, y por último Vashiir iba preocupado entre matar a quienes intentaban seguirlos y mirarle el culo a Arditi.
Cuando estuvieron a punto de alcanzar la cima del desfiladero Rodhan alzó una nube de polvo con la que cubrió a los arqueros quieres estaban a un segundo de dispararles, y haciendo uso de su gran fuerza lanzó el escudo sobre alguien lanzándole al fondo. Arditi se envolvió en su shaed y junto a la nube de polvo causo tantas muertes como Vashiir por el otro lado con sus dagas. Rodhan mantuvo la nube hasta que un viento la dispersó, una túnica negra como una plaga subió por la pared de piedra como una araña gigante hasta llegar a la cima, el modelador levantó sus manos y el suelo donde pisaban de pronto se volvió lodoso y no pudieron despegar sus pies. Rodhan contrarrestó el ataque y levantó una lanza de roca del suelo y la lanzó hacia el modelador pero éste la detuvo como si se tratara de una espiga seca lanzada por la brisa. Arditi trataba de zafarse del lodo pero con cada movimiento quedaba más hundida. El modelador avanzó hacia Rodhan frenando cada ataque, creó una gran bola de fuego por sobre su cabeza y justo cuando la iba a dejar caer una lanza de hierro le atravesó el pecho, la lanza, cual serpiente se enroscó y se volvió a enterrar en el cuerpo del modelador para luego salir por su cuello, el pequeño sol que se había formado sobre su cabeza se extinguió y el cuerpo desmadejado calló al piso lodoso como una muñeca de trapo. Vashiir llamó a su hierro y este morfeó nuevamente en sus dagas y llegaron a sus manos.
—Eso estuvo cerca —dijo desde donde estaba, enterrado en el lodo hasta la cintura.
—Muy cerca —le dijo Rodhan con una sonrisa incrédula en su rostro.

Sucios de polvo, barro y sangre terminaron con las franjas de arqueros que restaban en la cima. Filonegro consiguió salir ileso solo por un pequeño corte de una flecha que pasó muy cerca de su pierna, Arditi aparte del barro en su shaed y ropas salvó sin un rasguño. Rodhan los miró a ambos y les señaló el fondo del desfiladero.
—Ahora hay que bajar, dejé atrás a Rich, sé que él puede solo pero no me gusta que nos separemos. Somos un grupo.
—Pues debiste haberle dicho algo a la niña de la pluma si no querías que nos separásemos —apostilló Arditi.
—En estas condiciones, con una lluvia de flechas lo mejor es separarse para no darle un gran blanco al enemigo —comentó Vashiir mientras comenzaba a bajar por la escalera de piedra.
Arditi lo maldijo para sus adentros mientras le sonreía igual que hace unos momentos.
Los tres bajaron nuevamente al caos del fondo donde todos se mataban, el fuego al final del largo pasillo indicaba que ya habían conseguido frenar el ataque desde la empalizada.
—Volvamos a ver si podemos reunirnos —dijo Rodhan, y los tres volvieron al punto de comienzo.


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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Títere el Jue Jul 02, 2015 11:15 am

Cohërn enterró la espada en el cuerpo de uno de los arqueros. Usó el escudo para detener una estocada y volvió a cortar. Notaba como las flechas se iban clavando en la madera, pero esta era mas resistente de lo que parecía, y ni una consiguió atravesar el escudo.
Noire disparaba desde su espalda, utilizándole como escudo. A cada chasquido del arco un arquero caía muerto, la chica podía parecer una blandengue, pero tenía buena puntería.
-¡Al suelo! -se escuchó gritar a Judas.
Una gran bola roja se dirigió a la empalizada. Noire se agachó, tirando de Cohërn.
Al instante, una explosión de astillas y maderas en llamas lo cubrió todo, junto con una nube de humo.
La empalizada empezó a crujir, el fuego estaba haciendo que se desmoronase.
Noire se levantó y volvió a disparar. Un par de arqueros fueron corriendo hacia ellos gritando de dolor, en llamas. Cohërn decapitó a uno y rajó al otro, que cayó al suelo entre espasmos.
Una flecha impactó a su lado, y volvieron a cubrirse con el escudo. Quedaban un par vivos.
Cohërn llamó al viento y los derribó, mientras Noire les clavaba una flecha a cada uno.
-Rápido, debemos cruzar al otro lado, esta parte se está derrumbando.
Y así era, a cada paso caían un par de tablones, y la estructura había empezado a tambalearse.
-Vamos.
Empezaron a correr entre las llamas, la empalizada era mas grande de lo que parecía a simple vista. Llegaron al punto en el que había impactado la bola de fuego de Judas. Aquí la empalizada se acababa para empezar cinco metros mas allá, y la tierra estaba destrozada, formando un hoyo de un varios pies de profundidad. Al parecer la explosión había sido grande.
-Cruzaremos con agua -dijo Noire.
-Espera, yo sé llamar al v...
Una gran ola le empujó por la espalda, lanzándolo al otro lado. Noire aterrizó grácilmente, como una bailarina, pero Cohërn rodó por las tablas un par de metros, hasta que estas se rompieron y cayó al suelo desde lo alto de la empalizada.
Se levantó mascullando y maldiciendo a Noire.
Dentro de la empalizada todo era humo. Creó una bola de viento para poder respirar, e intentó buscar la salida.
Pero una figura humana atravesó la empalizada, rompiendo las paredes, seguida de otra por pocos centímetros.
La figura, que Cohërn pudo identificar como Judas, se estrelló contra un árbol. El modelador enemigo le propinó un puñetazo, y le lanzó varios metros por el aire. Judas lanzó fuego, y después abrió varias grietas en la tierra para que este cayese. El modelador enemigo saltó hasta su posición, y le agarró de la pechera, para lanzarle de nuevo contra el suelo. Judas cayó entre piedras y restos de arbustos. Cohërn vió como levantaba un brazo, y al instante una capa de tierra le engulló, formando un escudo. El modelador enemigo se estrelló contra esta, quedándose con el brazo atrapado. Gritó, y con el otro brazo hizo un movimiento descendente. La tierra que cubría a Judas, en forma de cúpula, se aplastó quedando al mismo nivel que el suelo.
Cohërn reprimió un grito ahogado, y el modelador le vió. Empezó a andar hacia él, pero algo en la cima del desfiladero le llamó la atención, porque morfó en una especie de araña negra y gigante, y se lanzó hacia allí.
En cuanto se recuperó del susto, fue a por Judas.
Llegó al punto en el que la tierra estaba machacada, donde minutos antes había estado Judas con la tierra protegiéndole.
-¡Judas! -llamó.- ¡Judas!
Maldita sea, él era el miembro mas poderoso del equipo, sin contar a Rodhan, cuyos poderes no conocían. Si le perdían en una simple escaramuza iban apañados.
-¡Judas!
Cohërn arañó la tierra, pero estaba demasiada aprisionada para poder cavar en ella.
Escuchó como alguien tosía, y Judas apareció de entre la tierra a varios metros de él. Al parecer estaba intacto, solo tenía un par de rasguños y mucho barro encima.
-Hace falta algo mas que tierra para matarme.
Cohërn soltó un suspiro de alivio.
En ese momento, Noire, que estaba en lo alto de la empalizada dando cuenta de los arqueros que aún allí quedaban, bajó hasta ellos, surfeando encima de una ola.
-He llegado hasta el final de la empalizada. No hay ni rastro de Rodhan, Vashiir, y Arditi.
Judas contestó.
-Les he visto subir a la cima del desfiladero.
En efecto, allí arriba se podía distinguir la figura alta de Filonegro, junto con otra más. No había ni rastro del modelador.
-¿Que coño hacen hay arriba? -se enfadó Noire.- Ese no era el plan.
-Puede ser que no te escucharan bien Noire, y no supieran que hacer. Venga, vamos, aquí ya no quedan enemigos, y al parecer la batalla al final del desfiladero sigue siendo cruenta.
Los tres cruzaron la empalizada en llamas y se acercaron al desfiladero. En efecto, al fondo se veía como luchaban ambos bandos. Allí no había empalizada, pero al parecer el grueso de los enemigos se encontraba allí.
Rodhan, Arditi y Vashiir llegaron hasta ellos.
-¿El modelador? -preguntó Judas.
-Muerto -contestó Rodhan.
En ese momento, el viento empezó a soplar desde la entrada del desfiladero en dirección al final. Tomó fuerza, hasta convertirse en casi un huracán, y luego desapareció.
Los seis miraron hacia donde la batalla era mas dura.
-O hay otro modelador o allí está Rich -dijo Filonegro.
-Esperemos que sea lo segundo -contestó alguien.


-...el primer borrador lo escribes con el corazón, el segundo, con la mente.-
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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Sciacere el Jue Jul 02, 2015 8:54 pm

El fondo del desfiladero estaba a unos treinta metros de ellos, los árboles en el camino ardían en llamas, y otros solamente humeaban. El pasto se lo habían comido las ascuas y el suelo estaba alfombrado con cientos de cadáveres mutilados, chamuscados y empalados. Todos  descansando sobre lagunas de sangre. De los costados del desfiladero algunas rocas se desprendían aún, levantando cortinas de polvo.
Los seis se lanzaron raudos como un relámpago. Arditi y Noire se adelantaron a Filonegro y corrían a la par frente a él. Vashiir no pudo evitar sonreir, sendos culos a solo un palmo. Cohern estrelló su escudo contra el hombro de Filonegro cayendo ambos hacia un lado, y librándolos de una lluvia de flechas.
— ¡Esta es la última vez que te salvo la vida por estar mirando culos!— le gritó Cohern a Filonegro, en su cara.
Vashiir lo miró a los ojos, e hizo una señal de aprobación con la cabeza.
Juntos se levantaron y siguieron al grupo. Ya casi llegaban al final del desfiladero.

Cuando Filonegro y Cohern llegaron ya el resto del grupo se había cargado a más de una docena de guerreros, y era muy difícil distinguir entre amigos y enemigos.
Filonegro vió al comandante Osgord combatiendo contra tres a la vez.
— Cohern impúlsame.
Las dagas morfaron en espadas cortas y curvas. Y saltó al aire. Ayudado por el viento de Cohern tomó altura y cayó como un trompo abanicando en hélice y decapitando de un tajo a dos hombres. El tercero que era un hombretón extrajo su espada del pecho de Osgord y este cayó de bruces al suelo. Filonegro lanzó dos estocadas poderosas y el gigantón las detuvo con su inmenso mandoble. Vashiir le enseñó los dientes como un lobo rabioso, y el espadón se derritió. Cayó caliente sobre los brazos del guerrero mientras este gritaba y Filonegro le clavaba el hierro curvo en su cavidad.
El resto del grupo llegó y horrorizados miraron el cadáver del comandante Osgord.
— ¿Alguna señal de Rich?— preguntó Judas
Se escuchó un estruendo y la tierra tembló.
— ¡Allí esta!— dijo Arditi que había trepado a un risco.— Está en el fondo de todo.
— ¿Y qué está haciendo?— le vociferó Rhodan, al tiempo que Cohern hacía retroceder a varios hombres con un soplo.
Arditi saltó del risco
— Está luchando— dijo, aterrizando en el suelo.— Contra dos modeladores.
Todos miraron intentando dar con Rich, pero fue inútil. Un mar de hombres y espadas se alzaba entre ellos a forma de muro.
— Tenemos que llegar a él lo más pronto posible, dos modeladores es demasiado. Puede morir— concluyó Rhodan.

Noire llamó al agua y Cohern al viento, y un potente torbellino oceánico surgió. Se abrió paso a través de la cruel batalla como un torrente marino y los hombres volaron por los aires impactando mortalmente contra las rocas a los lados del desfiladero. Después, un pequeño riachuelo empezó a correr desembocando justo donde Rich peleaba contra los modeladores.
Una vez despejado el camino no parecían estar tan lejos. Todos corrieron hacia Rich, salpicando agua como niños que saltan en un charco.
Pero demoraron demasiado.
Alcanzaron a ver como Rich era aprisionado contra las piedras de pies y manos. Rhodan intentó detenerlos con un rugido haciendo que las laderas del desfiladero empezaran a desprenderse, pero una vez más demasiado tarde. El cuerpo de Rich estalló en llamas y empezó a arder como un muñeco hecho de hierba seca, unos de los modeladores le dijo algo a rostro, mientras las ascuas lo consumían.
Judas y Noire dieron un grito de horror, y los modeladores se juntaron evadiendo los enormes cantos de piedra que caían de ambos lados.
Judas enterró las manos en el suelo y con el agua hasta las muñecas dijo unas palabras. El suelo se resquebrajó y se agrietó, y todos cayeron al suelo.
Alrededor de los modeladores se abrió un agujero que se los tragó. Rhodan se lanzó en picada sobre el hueco y este se cerró de un golpe.
Todos se quedaron mirando lo que había pasado. A un lado, el cuerpo de Rich humeaba incinerado, y justo delante de ellos la tierra se había tragado a los dos modeladores y a Rhodan.
Miraron a Judas y este tenía la mirada clavada en el suelo.
Al cabo de unos segundos la tierra donde había aparecido el hueco empezó a removerse. Primero apareció una cabeza, y luego otra. Ambas tenían una mano aferrada al pelo. Después apareció el rostro de Rhodan escupiendo polvo y tierra. Poco a poco fue saliendo del lodo como un muerto de la ultratumba que añora el aire fresco.
Finalmente tiró las cabezas de los modeladores y estas rodaron hasta el cadáver de Rich
— A tu salud viejo amigo— le dijo Rhodan al cuerpo inerte de Rich.

Filonegro miró el panorama. Lo que una vez  fue un desfiladero ahora era un lugar totalmente indescriptible. Cientos de cuerpos esparcidos por todos lados,y la sangre teñía el agua que se fundía con la tierra convirtiéndola en lodo rojo.
La desolación había arrasado con todo, incluso los corazones del grupo. Rich había sido un buen amigo, ahora solo quedaban seis de ocho que empezaron.
— Vamos chicos— dijo Rhodan, todavía queda un largo camino hasta Belen.
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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Rose Ushiromiya el Vie Jul 03, 2015 6:10 am

A pesar de estar tanto física como psicológicamente agotados por la cruenta batalla que acababa de tener lugar, el grupo decidió continuar un poco más.
Caminaron a través del desfiladero esquivando los cuerpos que se amontonaban en todos lados, sin importarles si se manchaban más de sangre. No habían dado sepultura a ninguno excepto a Rich y a Osgord pues los demás ya se confundían y no se sabía quién pertenecía a cada bando, y ellos tampoco estaban por la labor de averiguarlo. Lo único que tenían ganas de hacer era salir de ahí.
—Solo quedamos nosotros —comentó Arditi en un momento dado, mientras paseaba su vista por los restos de la batalla.
—Mejor así —gruñó Vashiir—. Por culpa de ser un grupo tan grande ha pasado esto. A partir de ahora podremos pasar mucho más desapercibidos.
Después de eso, nadie dijo nada más. Se limitaron a seguir caminando con la cabeza baja, pero todavía alertas por si quedaba alguien cerca.

Terminaron de atravesar el desfiladero, pasaron el pequeño claro y se adentraron en el bosque. Una vez que ya estuvieron lo suficientemente dentro de este, y cuando se terminaban de esconder los últimos rayos de sol, decidieron detenerse a descansar. Rápidamente reunieron algo de leña y Noire encendió un pequeño fuego, para acto seguido caer derrotada junto a Judas, que la consoló en silencio. Los demás empezaron a dejar las cosas y a intentar quitarse la sangre de la ropa y de las armas.
—Con suerte habrá algún riachuelo por aquí cerca donde podamos bañarnos en algún momento —dijo Rodhan mientras examinaba el mapa—. Hasta entonces, tendremos que conformarnos con el agua que podamos invocar, que no puede ser mucha. No debemos llamar la atención.
—¿A cuánto estamos de la ciudad? —preguntó Cohërn, sentándose frente a la hoguera.
—De Belen, a un par de semanas, tal vez un poco más —respondió Noire—. Pero cerca del bosque, a un par de días en la dirección que llevamos hay un pequeño pueblo. No es necesario pasar por él si no queremos, pero puede sernos útil si necesitamos provisiones.
—Además, así podríamos informarnos de cómo va la guerra. Estar incomunicados no nos ayuda —añadió Judas—. Esto, Vashiir, ¿se puede saber qué…
Filonegro le hizo un gesto para que se callara un momento. Con el crepitar de la hoguera no se oía muy bien, pero estaba seguro de que había escuchado algo… No, debían ser imaginaciones suyas por el cansancio.
Se volvió a relajar y empezó a sentarse, pero entonces una voz que le sonaba vagamente familiar lo alertó.
—¡Ah, gente, menos mal! Perdonad que os moleste, pero es que viajo solo y por la noche en un bosque nunca se sabe… —decía la persona mientras se acercaba al fuego, pero una vez que llegó y reconoció a las personas su rostro se volvió pálido—. ¡No, no! ¡Vosotros otra vez no!
—Vaya, vaya, pero mira quién ha logrado desatarse y seguirnos —dijo Vashiir mientras se levantaba y se acercaba con una sonrisa al hombre.
—¿Qué? No, no, os juro que no os seguía, ¡os lo juro! —murmuraba este, presa del pánico—. ¡Por favor, no me vuelvas a atar a un árbol!
—Que te lo has creído —y en un abrir y cerrar de ojos, Filonegro ya lo tenía apresado de nuevo—. Bien, ahora me vas a contar qué coño haces aquí, o esta vez no me limitaré solo a atarte.
El hombre asintió lentamente, sin atreverse a apartar la mirada del que lo había atrapado.
—M-me llamo Orphelin, y como os dije la vez anterior, soy cazador —empezó a explicar, nervioso—. Llevo mucho tiempo solo en el bosque, pero ya estaba harto, así que me quería dirigir a algún pueblo, pero este condenado bosque es todo igual, y os he encontrado por casualidad… para mi desgracia. Os juro que no tengo nada en contra vuestra.
Todos los miembros del grupo lo miraron con atención, sopesando si creerle o no.
—¿Cómo has llegado tan rápido hasta aquí? —le preguntó Noire, acercándose a él—. ¿Has atravesado el desfiladero?
—¿El desfiladero? —repitió Orphelin, extrañado—. No, qué va. Cuando llegué ahí encontré un montón de cuerpos que tenían pinta de estar recién muertos, y me dio miedo de que pudiera haber algunos bandidos por ahí, así que tomé el atajo.
—¿Qué atajo? —preguntó Judas con curiosidad.
—Uno que hay un poco más a la izquierda de la entrada al desfiladero. Está muy metido entre las rocas y es difícil de ver porque los árboles lo tapan, pero caben varias personas y es una forma segura de pasar, pues desde la montaña no se ve. Lo descubrí de pura casualidad.
—Un atajo. En serio, un jodido atajo —murmuró Noire—. Esto tiene que ser una broma de mal gusto.
Todos se quedaron en silencio unos segundos, hasta que finalmente Arditi comentó:
—Tal vez si hubiésemos ido por ahí Rich seguiría vivo.
Y eso fue lo que le faltaba a Noire para explotar.
—Vete a la mierda, Arditi, que todo esto es culpa tuya.
—¿Culpa mía? —replicó la otra, indignada—. ¿Qué haya muerto Rich es culpa mía?
—Tú y Vashiir eráis los que estabais más cerca, si no os hubieseis entretenido habrías llegado a tiempo de ayudarle con los modeladores.
—Perdona bonita, pero eso que tú llamas “distracciones” estaban intentando matarnos a nosotros, teníamos que defendernos de alguna manera.
—¡No os habrían atacado si me hubieseis hecho caso! —le gritó Noire—. ¿Tanto te cuesta seguir unas simples indicaciones?
—¿Pero quién coño te ha nombrado a ti líder del grupo para decidir qué hacemos? ¡Si veo que puedo con todos, me lanzo y punto, no espero a que tú des tu aprobación!
—¡Se trata de estrategia, estúpida fata, es-tra-te-gia! ¡Algo de lo que parece que tú no tienes ni idea!
Ninguno de los demás miembros del grupo se atrevían a decir nada, simplemente observaban a ambas mujeres con un poco de temor.
—¡Déjame, le pienso dar su merecido a esta cría! —gritó Arditi, seguramente a Narr. Entonces se acercó a ella y le cruzó la cara con un puñetazo, ante la estupefacción de todos y de la propia Noire—. ¡Ja, no sabes las ganas que tenía de hacer esto! Seguro que nunca te han dado una buena tunda, por eso has salido así.
Antes de que pudiera añadir nada más, Noire se limpió la sangre del labio y le devolvió el golpe. Si bien no destacaba por su fuerza, tenía la suficiente como para dar un par de puñetazos.
Arditi no tardó mucho en encajar el golpe y devolvérselo rápidamente. A partir de ahí, ambas mujeres empezaron a pelear cuerpo a cuerpo, gritándose de vez en cuando.
—Esto… ¿no las vais a separar? —preguntó Orphelin, que lo estaba observando todo sorprendido desde el árbol.
—¿Bromeas? No quiero acabar muerto —murmuró Vashiir—. Además, estoy esperando a ver si empiezan a arrancarse algo de ropa.
Al ver que ninguno hacía nada, Rodhan se cansó y se acercó a ellas.
—Bueno, ¡basta ya! Vashiir, tú te encargas de Arditi y yo de Noire.
—¿Qué? Ni loco voy a-
Pero antes de que pudiera continuar, Rodhan había cogido a la de la pluma y había empujado a la fata hacia él. Arditi gruñó y se removió, y Vashiir apenas tuvo tiempo de rodearla y apresarla.
—Suéltame, cabrón —le advirtió ella, pero entonces notó una de las dagas de él sobre su nuca y su cuerpo tembló ante el hierro.
—De verdad, no esperaba esto por parte de vosotras —dijo Judas, sacudiendo la cabeza—. Acabamos de perder a un miembro y parece que tenéis ganar de perder otro. Así no actúa un grupo. A este paso, jamás estaremos preparados para luchar contra Lanre.
Noire y Arditi seguían mirándose con rabia, ambas con heridas por toda la cara y golpes que le dejarían marcas durante un par de días. Poco a poco fueron calmándose, pero ninguna pidió perdón ni le dirigió la palabra a la otra.
—Ya estoy bien, Rodhan, suéltame —pidió la medio fata. Luego se apartó de ellos y volvió a sentarse delante de la hoguera.
—Filonegro, te juro que como no me sueltes ahora mismo te corto las manos y no podrás volver a manosear a ninguna tía —escuchó que decía Arditi—. Y deja ya de tocarme el culo o añadiré también los huevos.
Con un suspiro, Judas volvió a su lugar y se tumbó, dispuesto a descansar un poco antes de que hubiese otro altercado.
—Ah, chicos, ¿y qué hacemos con este? —preguntó Cohërn señalando a Orphelin.
Todos se giraron y lo miraron sorprendidos de verlo ahí. Ya se habían olvidado de él.
—Bueno, ¿qué deberíamos hacer con el pequeño cazador?
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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Old Medie el Sáb Jul 04, 2015 6:51 am

Judas decidió admitir a Orphelin en sus filas, el único requisito fue que acatara todas las órdenes de sus superiores (que en efectos prácticos eran todos), que no interfiriera de ninguna manera con la misión, que si entraban en batalla debía ayudar, que debía compartir todo lo que cazara y por último, y no menos importante, debía entregarle una gota de su sangre, sólo por si acaso decidía traicionarlos. Cohërn con una aguja le pinchó el dorso de la mano al montaraz por donde corrió la sangre hasta la punta de su meñique y cayó sobre un pañuelo blanco que guardó Judas en uno de los muchos bolsillos de su túnica. Nadie en el grupo estaba de acuerdo con aceptarlo, ¿Acaso no arriesgaron su vida en pruebas y pruebas para lograr ser la elite que lograría asesinar a Lanre?, ¿Cómo podría ser posible que aceptaran a aquel tipo sin saber nada de él? Espía, traidor, asesino a sueldo, podría ser cualquier cosa. Por supuesto que nadie objetó la decisión de Judas, pero varios consideraron que el montaraz estaría mejor bajo tierra que sobre ella, en especial Cohërn, que guardó muy bien la aguja usada con un pequeño resto de sangre. La suficiente.
Orphelin como agradecimiento por haber sido aceptado compartió su caza del día anterior, dos liebres, y cazó otras dos en lo que se demoraban Rodhan y Noire en condensar agua del aire para beber y asearse. Como nadie salvó ni un cazo no pudieron hervir ni guardar agua pues tampoco tenían ni un pellejo ni odre, y tuvieron que empapar la blusa que traía puesta Arditi para poder beber ya que era la pieza de ropa más limpia de todo el grupo. Está demás mencionar a quien le gustó más esta idea, pero Orphelin se llevó una decepción al ver que bajo la blusa la faen estaba envuelta en largas tiras de seda blanca que cubrían su busto, ah, y claro, también se decepcionó Filonegro de esto.

Las estrellas se asomaron por sobre las copas de los árboles y el grupo estaba medianamente mejor que hace algunas horas. De las liebres tan solo quedaban los restos y luego de que Orphelin les regalara una extraña historia sobre un oso y una doncella comenzaron las preguntas. ¿Qué harían ahora?
—Entonces, ¿qué haremos ahora? —preguntó Vashiir—. O nos desviamos al pueblo por provisiones o seguimos el plan trazado y continuamos por el bosque comiendo liebres al palo y esperando más emboscadas.
—Tendremos que ir a aquel pueblo. —resolvió Judas—. Ninguno de nosotros salvó algo de equipo, y perderemos un día entero si regresamos al fondo del desfiladero para recuperar nuestras cosas. Por no mencionar el peligro que conllevaría ello.
—Fue una estupidez irnos sin siquiera recuperar una de nuestras alforjas, hay que regresar —dijo Arditi a nadie en particular, pero Noire, al otro lado del fuego lo sintió personal.
—Había que escapar, salvamos de milagro nuestros cuellos. Quizá cuantos otros mercenarios hubieran llegado después. ¿Acaso no te bastó con ver morir a Rich, esperas a que muera alguien más ahora por querer recuperar tu manta?
—¡Mira so putilla si me vuelves a hablar con ese tono...
—¡Ya dejen de pelear, joder! —vociferó Cohërn—. ¡No estoy dispuesto a seguir en este condenado grupo si siguen arriesgando la misión con su estúpida lucha de egos!
Noire arqueó una ceja al oír gritar al pasivo nominador, Vashiir, que descansaba a su lado, sonrió, y tras la estoica mirada que Arditi le ofreció se podía distinguir fácilmente el asomó de una ira asesina.
Judas miró a ambas mujeres, seguía sentado frente al fuego con los brazos cruzados, pensando seguramente en la traición de los guerreros de Iax. Noire alzó los hombros y los bajó despreocupada, como queriendo decir, no soy yo la que necesita disciplina, o al menos eso entendió Arditi desde su lado de la fogata junto a Rodhan. Ella por su parte desvió la mirada, furiosa por tener que seguir soportando a la media faen.
¿Por qué no se calla y deja hablar a los que saben? ¡Cómo mierda Iax puede creer que ella puede serle útil!
Orphelin, que aún mordía un hueso, trato de no moverse, como si con eso pudiera evitar que se fijasen en él.
Al cabo de un segundo Judas soltó el aire por los carrillos como un padre fastidiado por tener que lidiar con sus hijas púber.
—Cohërn tiene razón. Ninguna de las dos seguirá en el grupo si siguen con esto.
—¿¡Y por qué tendría que irme yo!? ¡Ella es la que comenzó todo! —bramó Noire alzando un dedo acusatorio hacia la faen, Arditi desenvolvió una sonrisa discreta entre las sombras y su shaed solo para que Noire la viera. Crispada, Noire miró a Judas, pero éste permaneció tan serio como una roca.
—La una es tan culpable como la otra —dijo el modelador con una voz que hubiera podido partir en dos la tierra, y ninguna dijo nada—. Si para mañana no se han detenido las dejaré tiradas en este bosque y su aventura habrá acabado.
Las dos mujeres se miraron un instante que pareció ser eterno, luego desviaron la mirada y el asunto pareció quedar saldado.
—Ahora, a lo que nos compete: Iremos a ese pueblo, Orphelin nos guiará —El montaraz levantó la vista del hueso roído y asintió—. Conseguiremos lo necesario, caballos comida, lona para cubrirnos y ropa para abrigarnos, todo lo necesario para poder continuar.
—Si me permites hablar —dijo Arditi con voz calma—. Estamos en guerra, ese pobre lugar debió haber sido saqueado por lo menos unas diez veces desde que comenzó esto. Lo más seguro es que con suerte encontremos a alguien vivo —Judas la miró pensativo—. Por eso digo que lo mejor sería regresar a por nuestras cosas al desfiladero.
—No sabes en qué lugar dejamos nuestras cosas —apostillo Cohërn—. El terreno cambió y con el fuego los caballos se encabritaron, perderíamos mucho tiempo buscándoles.
—No es necesario que busquemos justamente nuestras cosas, el lugar debe estar lleno de petates, alforjas y equipamiento de los caídos —intervino Filonegro—. Siempre y cuando, claro está, no hayan llegado otros antes.
—Que es lo más probable —sentencio Noire sin ningún tono de voz en particular.
—No me agrada la idea de ir a trajinar muertos —dijo Cohërn, taciturno.
Vashiir usó uno de sus hierros con forma de varilla para atizar el fuego mientras silbaba una canción fata sobre los Sithe.
Judas se rasco la barba rala que comenzaba a aparecer en su mentón, soltó un suspiro y dijo:
—Iremos al pueblo.

Arditi tenía piernas fuertes, y era incansable si se trataba de correr o caminar. El bosque no tenía sendero y su paisaje abrupto obligaba al grupo a avanzar lentamente, cosa que la impacientaba profundamente; qué ganas tenía de quitarse ese lastre y salir corriendo. Además, las raíces sobresalientes, las madrigueras de las liebres y las rocas llenas de musgo eran un problema al momento de poner el pie, y sumado a esto estaba el hecho de que en cualquier momento podrían ser víctimas de otra emboscada, así que avanzaban aún más lento de lo esperado. Ahora que el grupo se había reducido era mucho menos probable que fueran encontrados, pero las chances de ser vencidos, si los encontraban, eran muchas, así que Judas se tomaba todo con mucha calma y determinación. Orphelin iba reconociendo terreno varios metros adelante, también preocupado por el posible ataque y pasaron varias horas hasta que encontraron el camino hacia el pueblo.
—Este camino no está en el mapa —dijo Noire mientras avanzaban por el camino de tierra hollado por los cascos de caballo, pisadas y surcos de carros—. Y tampoco el pueblo.
—Quizá tu mapa está desactualizado —comentó Orphelin, quien caminaba al frente del grupo. Noire guardó el mapa y apuró el paso.
—¿Y cómo se llama el pueblo? —preguntó cuando se puso a su lado.
—No lo sé —el montaraz alzó los hombros—. Nunca les he preguntado.
—¿Habías venido antes? —inquirió la medio fata.
—A vender mi caza, pagan bien por los venados. Otras veces a ofrecerme de mercenario. Es mejor que pasar el invierno en el bosque.
—Entonces tienen un mercado.
—Sí, uno grande.
—Un gran objetivo —apostilló Arditi.

El camino tomó un recodo y a medida que avanzaron, los árboles fueron revelando muros blancos y una gran puerta de madera negra tachonada con acero. Tenía en la entrada apostados tres guardias de pesada armadura que iban revisando los carros que en fila esperaban a entrar. Las puertas eran lo suficientemente amplias para dejar pasar dos carros unidos por sus ruedas, y dos de los guardias revisaban los carros entrantes y un tercero supervisaba todo. Fue ese el que los vio venir.
—¿Motivo de la visita? —preguntó con voz dura.
—Comida, techo y provisiones —contestó Judas con voz áspera.
El guardia vio de arriba a abajo el grupo. Arditi, Rodhan y Vashiir aún estaban un tanto sucios por haber quedado enterrados en el lodo, y todos estaban llenos de polvo del camino, tierra y hojas del bosque.
—No queremos problemas aquí. A la primera que monten jaleo los colgaremos de los pulgares —Dicho esto se hizo a un lado y los dejó pasar.
El pueblo no distaba mucho de Belén u otra de las preciosas ciudades de Temerant, seguramente se había visto beneficiada por la ruta del comercio entre Belén y las ciudades circundantes. Por eso el mercado era enorme, y no costó encontrar todo lo que necesitaban.
El grupo se separó para abastecerse, Arditi compró lo básico, un odre para el agua, tiras de carne seca, una piedra de amolar para su espada y de pedernal para encender fuego, y un macuto para echar la nueva manta y medias que compro para cambiarse, así como cera para sus botas. Le tuvo que prestar algunos peniques a Vashiir para que se comprase una petaca y otras cosas ya que no tenía un duro.
Almorzaron en una sobria taberna en donde se rodearon de otros mercenarios, soldados y otras personas que parecían tener algo que ver con las armas. Miradas hostiles, ambiente cargado y comida deliciosa.
De pronto entraron en la taberna dos hombres de barba y piel oscura.
—Buscamos siete mercenarios para una caravana a Belén.
—En Belén esta la guerra, ya no van caravanas para allá —le contestó un hombre curtido en batallas por como era su rostro.
—Somos una caravana de armas. ¿A alguien le interesa? —Nadie contestó, al parecer si en algo son buenos los mercenarios es para rehuir de las batallas.
Rodhan miró a Judas, y Judas miró a cada uno de las personas en el grupo.
—Hacernos pasar por mercenarios —dijo en voz baja Rodhan con una sonrisa—. ¿Qué mejor disfraz que el obvio?


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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Old Medie el Miér Jul 08, 2015 8:32 pm

Judas se puso de pie.
—Nosotros tomaremos el trabajo.
Las conversaciones cesaron, las cucharas dejaron de golpear los platos y hasta el laudista sobre la plataforma que hacía de escenario dejó de rasgar las cuerdas, el silencio se extendió por toda la taberna y todos se quedaron mirando al modelador. Uno de los dos hombres en el umbral de la entrada avanzó hasta la mesa mientras el otro miraba incrédulo a Judas, luego interrogante. El barbón llegó a lado de la mesa y escrutó a Judas desde la distancia como si fuera el caballo que iba a comprar en una feria.
—¿Y quiénes son tus seis?  —dijo al cabo de uno segundos.
Judas, que no había disfrutado para nada aquel silencio, extendió sus manos abarcando la mesa donde estaba su grupo.
El otro hombre en la entrada se rascó la barba y sonrió.
—Entro a una taberna de mercenarios esperando encontrar hombres de valor que quieran ir a Belén —dijo el hombre al frente del grupo mientras se acariciaba su barba—, ¿y el único candidato es un nominador con su familia?
Un corro de risas llenó la atmósfera del comedor mientras Filonegro, Arditi, Noire e incluso Cohërn iban endureciendo su mirada.
Las risas bajaron lo suficiente para que Judas pudiera ser oído por sobre el barullo.
—Oye, yo...
—Lo siento amigo —le cortó el hombre—, pero no me jodas, ¿cómo esperas a que contrate a tus hijos —dijo apuntando a Cohërn y a Noire—, a tu esposa —dijo apuntando a Arditi—, y a tus hermanos? —Dijo apuntando a Filonegro y a Rodhan—. Lo siento, pero no te haces mercenarios solo por almorzar en una taberna de mercenarios.
Las risas volvieron a estallar, y el rostro de Judas se debatía entre la vergüenza y la rabia. El laúd volvió a sonar, y el asunto pareció quedar cerrado. Un mercenario de brazos enormes y barriga aún más enorme, pasó riendo por el lado de la mesa mientras Judas tomaba asiento.
—Al menos lo intentaste, jeje —dijo mientras se carcajeaba, le palmeó la espalda a Filonegro mientras pasaba a su lado y le dijo—. Pero como dijo el hombre, ustedes no tienen ni puta pizca de hombres de armas. Ni aun con estas espadas —dijo mientras pasaba un dedo rollizo por el mango de una de las dagas de Vashiir que colgaba en el respaldo de su silla.
—Saca tus sucios dedos de mis dagas, cerdo —gruñó Filonegro, bajo su voz se podía atisbar la ira pero el gordo hizo caso omiso.
—Amigo, no comiences una pelea que no podrás terminar —le dijo tranquilamente el mercenario, y desenfundó una de las dagas—. Vaya, no sé cómo se puede permitir este tipo de acero un pordiosero como tú. Estas armas debería usarla un guerrero, no un niño bonito.
Vashiir se puso de pie tan fuerte que su silla salió disparada para atrás junto con las fundas y su otra daga aún en el respaldo. El gordo mercenario apenas le llegaba al pecho en altura, pero era el doble de ancho. Una sonrisa afilada apareció tras su barba descuidada mientras sus amigos en una mesa cercana se ponían de pie. Toda la taberna volvió a quedar en silencio, solo se oía la voz del dueño mientras gritaba <<¡Me cago en la barba de Dios! Drof, si vuelves a armar jaleo te vetaré para siempre de aquí>>
—Dame mi daga —Por la expresión en el rostro de Vashiir, bien podría haberle sacado la nariz de un mordisco en cualquier momento.
—Oblígame —el gordo sonrió, sus amigos avanzaron hacia él.  Vashiir apretó los puños, Judas miró a Rodhan y él le tranquilizó con un ademán. El hombre de piel oscura y su amigo aun no salían de la taberna, todos se quedaron quietos, esperando ver qué sucedía.
En un segundo el gordo comenzó a chillar como cerdo en matadero mientras se agarraba la manaza temblorosa con que sostenía la daga, el hierro había morfeado y del mango salieron agujas en todas direcciones, las que se clavaron a su mano impidiendo que la soltara. Los mercenarios a su alrededor se apartaron como el hombretón tuviera lepra y miraron asustados a Vashiir, sólo uno tuvo el valor de auxiliar a su amigo y se sirvió de su espada para encarar a Filonegro.
Vashiir puso un pie adelante y usó toda su fuerza para darle un puñetazo al gordo que le desencajó la mandíbula y lo lanzó contra los taburetes en la barra, el paso le quedó libre al amigo de la espada que alzándola por su cabeza intentó darle un tajo a Vashiir, éste esquivó la espada dando un paso al lado con la elegancia de una pantera y le plantó un gancho en el estómago al tipo, alzándole por el aire por la fuerza, luego vino otro de los amigos y otro, un cayó al piso de un golpe en la cara que de seguro le quitaría un par de dientes, el otro fue lanzado contra la barra, quitándole el almuerzo a varios comensales que furiosos se pusieron de pie con la ropa llena de sopa caliente. De pronto un tipo le dio un golpe a otro sin motivo aparente y todos los mercenarios que permanecían sentados almorzando comenzaron a gritar y a lanzarse en contra de otro o fueron en busca de Vashiir.
Filonegro se colgó de una viga en el techo y repartió patadas a diestra y siniestra, saltó a una mesa y reventó la jarra de cerveza que había en ella en la cabeza de un hombre que lo intentaba tumbar.
Por otro lado, Cohërn le dio un puñete a un tipo de rostro cuarteado por cicatrices cuando éste intentó tocar a Noire, el hombre no recibió con mucho agrado el golpe y estiró todo lo que alcanzó su puño para luego dejarlo caer sobre el muchacho, pero el viento infló sus ropas y lo levantó como si fuera una sábana que se escapa de un tendedero, el hombre se dio en la cabeza en el techo y cayó inconsciente. Varios mercenarios vieron como Cohërn había usado el viento y no les gustó para nada, Judas y Rodhan que hasta ese momento se habían mantenido al margen se pusieron de pie al ver que varios desenvainaban sus armas, las sacaban de los respaldos de las sillas, las levantaban del suelo y se las cargaban encima.
Arditi se puso de pie también y sacó de bajo la mesa a Orphelin quien había permanecido escondido luego de que estallara todo. De un certero golpe le rompió la clavícula al primer hombre que osó ponérsele por delante, hizo que le crujieran los huesos del brazo al segundo que alzó la espada a su espalda y le rompió varios dientes a un tercero con el pomo de su espada cuando la desenvainó para clavarla en el estómago a un feo mercenario que quiso golpearla. De pronto la estancia crujió y el viento sopló por todos lados, arrastrando platos, vasos, jarras y todo lo que no estuviera sujeto al piso. Las mesas vibraron y las sillas cayeron, los pocos mercenarios que aún estaban de pie comenzaron a huir como ratas de un barco que se hunde y sus gritos de pavor iban acompañados de sartas de maldiciones y rezos dependiendo de quien las dijera. La taberna se vació como un saco roto y solo quedaron dentro el grupo de Judas, los heridos e inconscientes y los dos hombres de piel oscura que habían entrado a reclutar.
Judas llegó al lado del que había hablado con él hace unos instantes y le tendió una mano, el barbudo la recibió y se limitó a mirar con rostro ausente todo el lugar. Un segundo después dijo:
—Q-quedan contratados.


—¡Te pedí mercenarios so idiota! —le gritó el dueño de la caravana a su empleado mientras este se deshacía en disculpas y explicaciones, la compañía de Judas estaba a tan solo unos pasos lista para partir en una de las salidas del pueblo, listos para partir a Belén con la caravana.
—Señor, son lo mejor que he visto en toda mi vida. Le repito, ¡acabaron con toda una taberna de mercenarios ellos solos! ¡Lo juro por todo el oro de Ceald!
Junto a ellos había un hombre alto y rubio con todas las pintas de ser un mercenario curtido. Tenía el torso desnudo excepto por un chaleco de cuero muy gastado el cual tenía manchas viejas de sudor en la espalda y bajo sus anchos brazos, su cintura estaba cruzada por varios cinturones de cuero endurecido de los cuales colgaban varias dagas y una feroz espada que aun envainada parecía peligrosa. Su cabello rubio ceniza y sus ojos grises le aportaban un aire taciturno, pero tenía la vista afilada y la boca era un rictus de desprecio.
—Tenemos que partir ahora o llegaremos tarde —dijo con una voz tersa y profunda. El jefe de la caravana parecía furioso.
—¡Kraemet brevetan Aerin! —Rugió y su empleado se encogió a su lado—. Está bien, partamos ya —hizo un movimiento con su mano y su empleado se retiró. El jefe de la caravana era un hombre de brazos fuertes, calvo y de una barba negra y espesa como la noche. Se la venía acariciando con la mano mientras avanzaba al grupo, observándolos a todos de la misma manera que se miran las mercancías antes de la compra.
—No sé qué grandes hazañas le dijeron a Mitos, pero yo no me creo una mierda. Créanme si les digo que a la menor duda que tenga que no son mercenarios, o que no están cumpliendo con su trabajo, los dejaré tirados en el camino. No me interesa si se los comen los lobos o los salteadores. ¿Ven esos tipos de allá? —preguntó apuntando con su oscuro dedo a un grupo de hombres de espadas largas, cabello grasiento y ropa sucia—. Esos son mercenarios… —el jefe se dejó de acariciar la barba y se rascó la calva con gesto contrariado—. En fin, es lo que tenemos. Gate, encárgate de ellos, que se queden en un carromato de los del centro, no puedo permitir que la retaguardia o la vanguardia queden descuidadas —Tras decir esto se dio media vuelta y se fue a gritar al carromato siguiente.
Gate se quedó mirando a todo el grupo mientras juntaba sus cejas rubias.
—Bien. Yo soy Gate, el jefe de seguridad de la caravana. Son siete carromatos, hay doce mercenarios por carromato, ustedes estarán en el cuarto, allí estarán con Warret, Loft y Van, no pregunten qué pasó con el resto del grupo de ellos. Estaban en la retaguardia antes de que llegásemos aquí —El mercenario se descruzó de brazos y comenzó a hacer sonar sus nudillos—. Se les pagará media soldada por tres días de viaje hasta Belén. Una soldada entera si entramos en batalla. Si sucede algo, no quiero temeridades, he visto demasiados héroes morir. Comerán lo que haya en el cazo y los turnos de noche se lanzarán a la suerte. Nada de emborracharse, nada de dados o cartas. ¿Podrán con ello?
—Sí —se oyó decir a todos al unísono.
—Bien. Se les pagará al final del camino. Si mueren se le dará al jefe de su compañía su pago. ¿Alguna pregunta? —Nadie dijo nada—. Bien. Larguémonos de aquí.


El primer día de viaje sucedió de manera totalmente normal. Los carros crujían bajo del peso de las cientos de arma que transportaban para el ejercito que estaba asediando Belén. Si el grupo tenía suerte llegarían al ejército como mercenarios y podrían seguir su camino sin el peligro de que los tacharan de enemigos. El cuarto carromato, al igual que todos los demás, era una pieza de madera negra de primera calidad, tachonado de acero negro y de madera aceitada y bien cuidada. Los caballos de tiro eran fuertes y estaban bien alimentados, y no perdían de vista el camino ni se distraían con los gritos, las canciones ni la flauta que solía tocar uno de los mercenarios de muy mala manera. La primera noche hicieron varios fuegos y comieron al margen del camino, no hubo historias y a decir verdad, todo eran bastante reservados. El silencio era algo importante de noche, pues ayudaba a oír  los pasos de quienes quisieran acercarse al amparo de la oscuridad. Como los carromatos apenas tenían espacio para dos personas, una a cada costado para poder lanzar flechas desde dentro, tuvieron que dormir todos afuera, bajo los carros y cerca del fuego. Los cuatro caballos por carromato rumiaban y comían avena para estar listos al día siguiente.
Al segundo día Noire logró entablar conversaciones desperdigadas con Warret y Loft, quiso saber cómo estaban los caminos y si habían estado cerca de Tinusa o Belén antes. Van en cambio permanecía bastante callado mientras tiraba de las riendas de los caballos y solo contestó con mohines y monosílabas.
Cuando cayó la segunda noche Arditi bajó del techo del carromato y se limpió el polvo del camino que iba levantando los tres carromatos delante de ellos. Vashiir le tendió la pequeña petaca que había comprado y entre los dos se calaron un par de tragos de Merovani que había birlado del carromato del jefe de la caravana.
Arditi miró el cielo el que ya perdía todo su azul y se mezclaba con el negro. Varias estrellas comenzaron a cuajar el sector más oriental cuando el sol ya se había escondido entre los árboles al margen del camino.
—Una noche sin luna —afirmó Vashiir al mirar al arriba.
—Mala cosa —dijo Arditi.
Van desató los caballos y comenzó a almohazarlos. Loft se adentró en el bosque para buscar madera y Worret, el más viejo de los tres se acercó a Rodhan.
—Enciendan ustedes el fuego hoy. Debo ir al bosque, llevo horas aguantando.
Judas apareció por el otro lado del carromato con varias piedras y las dispuso en círculo. Noire, que seguía sentada en la parte delantera del carromato le ofreció un odre de agua a Cohërn a su lado.
Todo parecía normal, pero Gate se acercó a ellos, algo raro, y le hizo un gesto con la cabeza a Judas.
—¿Dónde están los demás?
—Se metieron al bosque.
—Mierda —susurró—. Van —le hizo un gesto al hombre con la cabeza—, ve a buscar a tus amigos. Ahora —Van dejó caer el cepillo y se metió en la dirección por donde habían salido los otros.
—¿Pasa algo? —preguntó Judas.
—Nos están rodeando en este mismo momento —susurró Gate—. Son por lo menos veinte según mis exploradores. No te preocupes, los superamos en número, solo actúen normales y finjan que está todo bien. Cuando les haya la señal tomarán sus armas. Ahora metan a sus arqueros dentro del carromato, ¿Lhin?
—Lhinsatva —contestó Judas.
Gate siguió caminando para dar aviso al siguiente carromato.
—Ya oyeron —dijo Judas—nosotros estamos más que preparados, no se preocupen que…
Un grito interrumpió a Judas, todo el grupo se giró, era Van que corría en dirección al carromato agitando las manos como un poseso.
—¡Nos atacan! ¡Nos atacan!
De pronto, entre las ramas de los árboles salió disparado algo que parecía ser una bala de cañón, le dio de lleno en la espada a Van y lo calló. El hombre cayó de bruces al piso y se llevó las manos instintivamente a la espalda gimiendo y gritando de dolor.
Ya casi todos estaban alertados y miraban a Van dar giros de dolor en el suelo, Rodhan se acercó a él para levantarlo pero se quedó a medio camino al notar que era lo que le había golpeado a Van en la espalda.
—Es Warret —dijo Arditi.
—Es la jodida cabeza de Warret —dijo Filonegro.
—¡A las armas! —gritó Noire.
Todos comenzaron a moverse como hormigas, recogiendo sus armas y preparándose para la batalla, a lo lejos sonó casi imperceptible el sonido de docenas de cuerdas de arco del distenderse. Arditi agarró del hombro a Cohërn y lo lanzó bajo el carromato para luego lanzarse debajo ella también, Vashiir se escondió tras los caballos y Noire se metió dentro del carromato. Las flechas llovieron y se clavaron en el suelo por montones, atravesando a Van en varias partes y callando sus gemidos casi de inmediato. La segunda tanda de flechas cayó más cerca del carromato, clavándose en la madera aceitada y brillante. Varios gritos se oyeron entonces, y las flechas siguieron cayendo por varios segundos más hasta que Rodhan decidió llamar al viento y hacer que pasaran de largo por sobre la caravana. Judas entonces entró en acción, llamando a la tierra y levantando moles que destrozaron los árboles en la dirección donde venían las flechas, pero entonces comenzaron a caer desde el otro costado, y luego desde varias partes. Los gritos de guerra de los mercenarios que se lanzaban al bosque a buscar a los arqueros se perdían a lo lejos y solo eran devueltos gritos de miedo y muerte.
El cielo terminó de ennegrecerse y sin la luna apenas era posible ver más allá de un metro. El silencio reinó por algunos segundos cuando terminaron de caer las flechas y los gritos, y se fue retirando con el tintineo del metal contra el metal y los pasos de lo que parecía ser una multitud. Bajo la oscuridad de la noche Arditi salió debajo del carromato junto con Cohërn quien comenzó a tantear para buscar su escudo. Lentamente la faen desenfundó sus dos espadas, Judas a su lado apenas era visible por la luz de las estrellas y Rodhan un par de metros más allá era pura negrura.
Los pasos dejaron de oírse, a tan solo unos metros de ellos.
Entonces se oyó un grito. Judas dijo unas palabras inteligibles y el fuego comenzó a levantarse sobre los árboles caídos revelando con su luz a un ejército.
—Me cago en la barba de Dios —dijo claramente desde varios metros más allá el jefe de la caravana junto con Gate.
El fuego apenas consumía a los árboles circundantes pues la madera estaba muy verde aun, y no era más grande que una fogata extendiendo su luz y a su alrededor como una población fantasma varias docenas de soldados ataviados de metal sostenían espadas, hachas, escudos y mazas. Solo bastó con que uno diera un grito para que todos los demás lo imitaran como si todos fueran la misma persona, como una abominación con la voz de una tormenta a punto de devorarse al horrorizado grupo.
El ejército cargó, todos al mismo tiempo contra los mercenarios que aún quedaban aferrados a los carromatos, y sus aullidos, sonidos de espadas y gritos de batalla llenaron la noche.
Judas usó la tierra para lanzar a todos los que pudo hacia el bosque y Rodhan rugió como una bestia al incendiar a varios con algo que parecían ser látigos de fuego que provenían de sus manos. Noire dentro del carromato lanzó flechas a diestra y siniestra, y Cohërn usó el viento para cargar contra un grupo, aplastándolos al lanzarse con su escudo por delante.
Ardirti y Narr comenzaron a lanzar tajos, partiendo armaduras y llenándose de sangre y Vashiir usó sus dagas y la condenada suerte que tenía para salir de aprietos mortales para salir vivo de una lucha contra cuatro hombres al mismo tiempo.

—¡Son demasiados! —gritó Gate, que con su espada en una mano y su larga daga en otra se ponía por sobre varios soldados, la sangre corría por una de sus piernas pero hacia lo posible por mantener a salvo la entrada de un carromato donde parecía haberse escondido el jefe de la caravana.
Judas remitió su ataque cuando vio que las llamas que esparcía Rodhan tomaron el carromato que tenían atrás en la columna.
—¡Está funcionando! —Le gritó a su amigo—. ¡Hay que mantenerlos al margen!
Rodhan estaba rodeado por toda una docena que hombres que esquivaban su fuego y trataban de meterle un estoque, estaba tomando terreno pero algo llamó su atención, unas pisadas enromes, como de un gigante.
—¿¡Qué mierda es eso?! —gritó.
—¡No lo sé! —le gritó desde su lado Judas.
Arditi miró hacia el sonido y desde las sombras del bosque comenzó a distinguirse una figura alta como un árbol andante.
¿Es eso lo que creo que es?
—¡¿Qué coño es eso?! —gritó Gate, y su voz no era específicamente la de alguien valiente.
—Eso es un puto demonio —escupió Arditi.
La enorme figura entró en el círculo de luz y su visión era terrible. Era tan alto como dos carromatos, con piernas largas y robustas como troncos, de su pecho tachonado con una armadura negra salían dos brazos enormes y una espadón tan enorme y terrible que parecían ser el padre de las espadas. Un gigante en toda medida, con un cuerpo tachonado de acero y coronado por un casco que parecía ser más bien un cazo enorme del que asomaban dos ojos rojos que parecían echar candela y una boca como de león. Lanzó un rugido que acobardó hasta a los suyos que le abrieron el paso como las aguas lo hacen a la piedra. El demonio avanzó poco a poco hasta llegar cerca del fuego y luego se lanzó como un rayo hacia el grupo.
Todos corrieron tratando de evitar su carga, Noire salió como un ratón del carromato antes de que el demonio llegase a su lado y comenzó a lanzarle flechas mientras se giraba por el suelo y esquivaba golpes de los soldados.
Solo Arditi permaneció en su sitio, el demonio cargó contra ella con su espada sujeta con ambas manos, la alzó cuan alta era y la dejó caer sobre ella, la espada no dio en el blanco y fue a dar en el carromato, el cual se partió en dos como una si se tratara de una caja podrida, la espadas, armaduras y miles de flechas que cargaba dentro salieron disparadas en una lluvia metálica por todos lados. La faen, usando su shaed se perdió en la oscuridad de la noche para luego aparecer cerca de una de las piernas del demonio y agitando su espada broncínea lanzó un tajo para cortarle la pierna, pero el demonio abanicó uno de sus brazos y como si espantara una mosca golpeó a Arditi en el costado lanzándola varios metros.
El demonio volvió a cargar con el padre de las espadas en sus manos, ahora en busca de Rodhan, que había llamado su atención con el fuego. Trató de acercarse a él y encenderle fuego ya que era de todos los modeladores sabido que los demonios eran inmunes a la modelación, pero este esquivó el látigo poniendo un paso atrás y moviendo sus enormes brazos le clavó la espada a Rodhan, el modelador cayó al piso partido en dos desde el hombro hasta la ingle, bañando de sangre a todos los soldados a su alrededor. Entonces un látigo de fuego se enroscó en una de las piernas del demonio, el gigante se giró y vio a Rodhan tratando de prenderle fuego. El gigante lo atrapó en el acto y le trituró el pecho cuando lo cogió, la sangre comenzó a correr por todos lados pero pronto se convirtió en arcilla.
El grupo se reunió a un costado del carromato destrozado, uniendo sus espaldas y matando a los soldados, pero seguían apareciendo más y más.
Narr se puso de pie, Arditi seguía desmayada. Corrió a unirse  al grupo, pasando al lado del cuerpo muerto de Gate y en donde yacía Van en donde las flechas parecían haber brotado de la tierra. Llegó al lado del grupo, con el brazo derecho pegado al cuerpo, adolorido y rezongando por el golpe que había recibido Arditi en el costado.
—¿Alguna idea?


Última edición por Medieval el Jue Jul 09, 2015 4:38 pm, editado 1 vez


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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Sciacere el Jue Jul 09, 2015 2:11 pm

Un demonio, era un maldito demonio de la oscuridad exterior. Muchas veces Filonegro había escuchado sobre estos seres. Son los hijos de Encanis, había oído decir. Pero en realidad nunca creyó en ellos, más ahora la realidad se mostraba desnuda ante sus ojos, y era condenadamente difícil de tragar.
La bestia era enorme, sus brazos gruesos como el tronco de un roble blandían una espada que del tamaño de Vashiir, y su piel bajo el acero tachonado era dura como la piedra. Del inmenso casco que llevaba sobresalían dos cuernos terroríficos e infernales. De las ventanas de su nariz exhalaba un vapor que podía quemar la piel. Sus ojos ígneos eran una promesa a la desolación, la pesadilla de cualquier mortal. Su rugido era un trueno, y su furia; una tormenta en el mar.

— Me cago en la barba del mismísimo Tehlu— escupió Filonegro.
Cohern miró a Rhodan y después a Judas.
— ¿Pueden hacer algo contra ese monstruo?— preguntó, casi que implorando.
Judas negó con la cabeza, y el rostro de Rhodan denotaba pura preocupación.
— Ni la nominación, ni la modelación pueden contra semejantes seres.
— ¿Entonces?— preguntó Narr, bajo la piel de Arditi. Con el hombro aún apoyado a la pared del carromato partido.
Un largo lapsus de tiempo se alzó en el grupo, donde solo se alcanzó a oír los gritos y estruendos tanto cercanos como lejanos.

— El metal es la respuesta— dijo Rhodan finalmente.— Iax es sabio, y no les dió esos obsequios solo porque sí. Ustedes son su empresa y el intuyó este momento. Deben cargar sobre la bestia, ustedes cuatro, y señaló a Cohern, Filonegro, Arditi y Noire. Judas y yo estaremos combatiendo al ejército.
— ¿Qué hay de mí?— preguntó Orphelin.
Hasta el momento nadie había reparado en su presencia, y se le quedaron mirando como si jamás lo hubiesen visto.
— Ves esos arbustos de ahí— dijo Judas señalando hacia el este— ve y escóndete allí. Si nos matan, ve a donde Iax, y dile que hemos fracasado.
— ¿Y quien es Iax?— volvió a preguntar.
— ¡Tan solo escóndete de una puta vez!— le gritó Arditi, que ya parecía recuperada.
El susto y el mal humor de la fata hicieron que Orphelin se encabritara hacia los arbustos dando trompicones y zigzagueando.
Rhodan giró la vista hacia el grupo cuando Orphelin se lanzó sobre los arbustos, finalmente.
— ¿Están listos?— dijo, y su tono fue más una orden que una pregunta.

Arditi pasó la palma de la mano por la hoja broncínea y la miró como a una vieja amiga. Noire dió un pellizco a la cuerda de su arco níveo y el aire vibró. Cohern limpió el polvo de su escudo, que permanecía intacto, como si nunca lo hubiesen usado. Filonegro tomó la perla negra que pendía de su cuello y la supesó en su mano "para que servirá", reflexionó.
— ¡Si, lo estamos!— dijo Noire, con firmeza.

Filonegro asomó la cabeza por una esquina del carromato. El resto de la caravana ya luchaba contra el ejército que los esperaba en el bosque, y la bestia rugía mientras el padre de las espadas se cobraba centenas de vidas. Cada vez que abanicaba varios hombres eran despedidos por los aires y sus miembros caían sobre la tierra yesca.
Arditi pasó volando por encima de su cabeza y tras ella Noire y Cohern, todos en dirección al demonio. Filonegro corrió y unió sus dagas por lo mangos. Alzó sus manos con el hierro negro en forma de hacha de doble hoja y con un bramido le dió alcance a los otros.
El primero en lanzarse fue Cohern, que saltó sobre el montruo y este le asestó con un puño en el escudo, la madera era tal que el demonio retrocedió varios pasos y Cohern aterrizó intacto. Arditi apareció como una sombra arrojándose desde un árbol y se encaramó en el lomo, intentó clavarle su vieja espada donde no había armadura, pero el metal se rompió como el cristal al chocar con la piel demoniaca. La bestia abanicó su espadón por encima de su cabeza, y Arditi no fue decapitada gracias a las flechas de Noire que se clavaron como alfileres en la mano del demonio. La medio fata cargó dos flechas más al unísono, y susurró algo a las plumas. Dos segundos después los virotes se enterraban en los ojos rojos de la bestia. Arditi alzó el metal broncíneo y esta vez lo clavó en la piel grisácea hasta la empuñadura con la misma facilidad que entierras una estaca en el fango. El espadón cayó al piso y el rugido de aquel ser fue un vendaval que arrancó los árboles aferrados a la tierra y apagó los fuegos. Arditi se asió a uno de los cuernos como a un mástil para no salir volando por los aires. La bestia cayó de rodillas al suelo y Filonegro junto con Cohern encajaron espada y hacha en el cuello del demonio, justo su punto débil. Tres flechas más se clavaron en su yugular, y un líquido negro y espeso empezó a brotar de las heridas.
Pero aún no estaba vencido, abanicó y con su puño del tamaño de un cráneo le asestó un golpe a Filonegro en el abdomen, Cohern retrocedió varios metros y el monstruo aún de rodillas tomó su espadón. Vashiir había quedado tendido en el suelo, inconsciente. Aquel demonio engendrado en las fraguas del infierno levantó la espada gigante con ambas manos sobre su cabeza y Cohern llamó al viento para hacerlo retroceder, pero se burló de su huracán y no retrocedió ni un ápice. El espadón descendió en vertical, haciendo silbar el aire sobre Vashiir.

Cualquiera que hubiera visto aquello hubiese dicho que el cuerpo de Filonegro iba a ser abierto en canal desde su cráneo hasta su cintura, pero no fue así.
El metal del demonio impacto sobre el cráneo de Filonegro y un sonido sordo e inmenso lo abrazó todo, como si le dieras a una campa con una viga de acero de ramston con todas tus fuerzas. El sonido de metal contra el metal.
EL padre de las espadas cayó sobre la tierra y el cuerpo del monstruo se estremeció como un terremoto. Arditi saltó de su lomo y cayó cerca de Cohern.
Filonegro se levantó, y ya no era él. Su pelo se había erizado como puas de hierro y sus ojos eran negros, como dos cuencas vacías. El diamante en su cuello refulgía con pequeños destellos oscuros, más oscuros aún que la misma noche. Dijo unas palabras que nadie llegó a entender, estiró su brazo y el hierro de sus dagas volvió a su mano, como un vasallo a su amo. El hierro complaciente y sumiso morfó en una espada hosca y dentada. Se oyó un chasquido y una estela negra surcó el aire. Entonces del cuello del demonio empezó a brotar líquido negro como un manantial, cada vez más y más. La bestia cayó finalmete de bruces, muerto y vencido. De la espada dentada de Vashiir goteaba la sangre oscura, miró a Cohern y a Arditi, después se volvió hacia a Noire, y cayó de espaldas al suelo.

Filonegro abrió los ojos y sus tres compañeros lo miraban como a un retardado, como nunca antes.
— ¿Qué ha pasado?- les preguntó cuando volvió en sí, aún sobre la tierra.
— ¿Te sientes bien?- le dijo Noire.
Vashiir saboreó algo en su boca, e hizo una mueca.
— ¿Acaso he comido… hierro?
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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Old Medie el Sáb Jul 11, 2015 5:12 am

El sol, desprovisto de toda belleza, alzó sus lanzas doradas por sobre las colinas lejanas y las nubes brillaron como oro en el silencioso cielo matutino. No cantó ningún ave, no se habló, nadie tenía ganas de decir algo después de haber sido parte de la noche anterior. Un puñado de mercaderes sobrevivientes pasaban cuanto cabía entre sus manos a los dos carromatos en mejor estado, juntaron a los caballos que no escaparon o murieron y los ataron a las riendas, mientras otro puñado de mercenarios daba sepultura a los suyos, o al menos a aquellos quienes consideraban sus jefes, grandes guerreros, amigos cercanos o algún otro que no mereciera pudrirse al margen del camino junto a las decenas de soldados de la emboscada.
Con la llegada del sol la caravana cambió casi tanto como las armas de Vashiir al morfar. La noche había ocultado un montón de detalles que hasta ese momento habían permanecido ocultos para Arditi, como la sangre que cubría desde las botas hasta el pecho su cuerpo, su shaed que tampoco había salido indemne y por los bordes goteaba sangre negra y barro. Tenía magulladuras en las manos, las costillas y un fuerte dolor en todo el costado derecho, en donde recibió la pesada palma del demonio como la carga de un caballo, también tenía un humor de mierda que no ayudaba para nada a su estado corporal.
El desolador panorama no hacía más que bajarle el ánimo, aunque al menos apreciaba el hecho de estar viva, le molestaba un poco que Noire hubiera sobrevivido también; a decir verdad fue una suerte que hubiera sobrevivido todo su grupo, incluso Orphelin, quien pasó la noche sobre un árbol, escondido hasta la madrugada por temor a que volviera la parte del ejército que había huido en desbanda una vez que hubo muerto el demonio.
Judas, cuando la lucha acabó, abrió la tierra y junto con Rodhan se encargaron de cortar en pedazos al enorme ser usando la espada broncínea de Arditi, lo único en todo la caravana (o lo que quedaba de ella) que podía hacerlo, luego lanzaron las piezas del tamaño de ruedas de un carromato al profundo foso en donde yacía un fuego encendido con la madera adecuada para la tarea, fresno, olmo y serbal. Luego el modelador se encargó de revisar a todos los heridos, cuando tocó el turno de Arditi le puso un cabestrillo improvisado en su brazo por lo que la fata ahora no tenía más que su brazo izquierdo para usar la espada. Cambió la vaina de su espada broncínea al lado derecho de su cadera y decidió sacarse el cinturón y la vaina de su reciente espada destroza. Había sido una verdadera lástima haber roto aquella buena arma pero no había sospechado la dureza de la piel de aquella cosa. El miedo, como un eco, surgió en su interior al pensar en lo que habían asesinado hace tan solo unas horas, y pensó ¿quizá qué otras cosas merodeen por Temerant cuando las puertas se abren? Y la muerte del demonio la llevó a pensar en el otro asunto de anoche, la transformación de Filonegro. Vashiir dijo no recordar nada, sólo la caída y luego el despertar y el sabor del hierro en la boca, que asco, el hierro. Ahora Vashiir apestaba a hierro como un herrero después de haber pasado todo el día en su fragua y Arditi no tenía ninguna intención de acercarse a él para hacer preguntas. La tonta de Noire en cambio se mostró cercana y melosa, le obsequió agua de su odre y le cuidó como una monja tehlina luego de que despertara desorientado y cansado. Luego se dedicó a buscar sus flechas, cualquiera no sirve, dijo, deben ser las mías porque las hice yo misma.
Que idiota, pensó Arditi, el carromato destrozado a pasos nuestro tiene tantas flechas que llenarían los carjac de toda una cuadra de arqueros. Pero ella se obstina en recoger las suyas porque tienen las plumas de quien sabe qué pobre ave.

—¿Cómo te sientes? —preguntó Judas, quien apareció a su lado. Se sentó junto con ella frente al fuego de la hoguera que encendieron para esterilizar el serrucho de cirujano y calentar agua. El modelador le tendió una hogaza de pan—. Ya es hora de que comas algo. Necesitarás energías, estamos prontos a partir a Belén.
—No me molesta caminar —dijo Arditi, recibió la hogaza y le dio una mordida, luego de sentir su sabor recordó el hambre que sentía, la emboscada les había impedido cenar y con todo lo subsiguiente había olvidado probar bocado. Le dio otra mordida, era de centeno y le quedó una pequeña semilla atrapada en una muela y se la sacó con la lengua—. Está bueno. Gracias.
—De nada. Por cierto, no caminaremos. Iremos a caballo.
Judas le había dicho cuando le inmovilizó el brazo que no podría levantar la espada por lo menos en dos ciclos, en dos ciclos ya estarían de seguro sobre Tinusa, buscando a Lanre para cortante el cuello, ella no podría permitirse dos ciclos, necesitaba su brazo derecho, con el izquierdo era toda una maestra, pero con el derecho era tres veces mejor. Además, sin el brazo, ¿Cómo montaría?


Cuando la caravana partió el sol ya estaba directamente sobre ellos, Judas y el grupo se quedaron rezagados atrás con la excusa de que cerrarían la comitiva y protegerían la retaguardia. Los mercenarios, quienes les habían adquirido respeto a todos no pusieron objeción.
Judas caminaba lento junto a Rodhan y ambos conversaban silenciosamente. Noire estaba en un extremo del grupo, avanzando a buen paso junto con Vashiir y Cohërn, y Arditi estaba lo más alejada posible de ellos porque no soportaba el olor a hierro.
De pronto, la suspicaz Noire notó que Orphelin no estaba con ellos.
—¿Dónde se metió ese montaraz?
—Dejó el grupo antes de que partiéramos, hace al menos una hora —contestó Cohërn, el redondo escudo en su espalda le hacía parecer una tortuga con una caparazón de madera—. De seguro huyo después de haber visto la magnitud del enemigo a que nos enfrentamos.
Entonces, cuando la caravana se perdió en la distancia delante de ellos, por detrás se oyeron los relinchos característicos de los caballos.
—¡Viene alguien! —avisó Noire, como si ningún otro hubiera podido oír lo mismo que ella.
—Son varios —apostilló Cohërn, quien ya se preparaba para la pelea descolgando su escudo y cargándoselo en el brazo.
—No se preocupen —dijo Judas.
El sonido de los galopes se oyó más fuerte hasta que lograron ver a lo lejos un grupo de caballos sin jinete levantando polvo por el camino, y en frente y sujetando todas las riendas venía Orphelin.
—¿Qué mierda hace ese? —preguntó Filonegro, quien ya había recuperado el color de su piel y parecía más descansado que por la mañana.
—Le pedí que buscara a los caballos que habían escapado, como pudieron notar habían muy pocos muertos, casi todos lograron huir así que se me ocurrió que Orphelin, conocedor del bosque, encontrara siete caballos para nosotros.
El montaraz llegó saludando, agitado y sudoroso.
—Me costó mucho, siento haber tardado tanto.
—Está bien, hiciste un buen trabajo —le felicitó Rodhan.
Como los caballos eran de tiro eran perfectos para tomar un atajo por el bosque sin temer que pudieran romperse una pata, además podrían cargar con el peso de los petates del grupo sin problema. Todos montaron, algunos con más problemas que otros, Arditi hizo lo que pudo con una mano y Cohërn se ofreció para cargar sus cosas en el caballo.
Tomaron un sendero por el camino principal que había encontrado Orphelin que supuestamente iría directo al camino de Belén a Tinusa, por lo que no tendrían que pasar por la ciudad asediada.
—Ahora contamos con comida y lo necesario para armar un campamento —comentó Rodhan—
Solo me preocupa que nos puedan atacar, por eso dispondremos de todas las precauciones. Solo quemaremos madera de renelo para no producir mucho humo ni olor, nadie se separará, nadie hará ruido luego de que caiga el sol, y por supuesto, si llega a haber otra noche sin luna, esperemos contar con el señor Vashiir para sortear lo que sea que aparezca.


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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Sciacere el Mar Jul 21, 2015 2:01 pm

La tarde ya casi terminaba su jornada del día y empezaba a marcharse, invitando a la noche. Vashiir sentado en el techo del carromato miró al oeste y el bosque que bojeaba lo que quedó de caravana empezó a tragarse el sol. Era un bosque inmenso, tupido de árboles medianos de ramas largas que se entrelazaban unas con otras, y por mucho que estirases el cuello no podías ver donde acababa, un mar de hojas. El mismo bosque que la noche anterior escupió un ejército junto con un demonio. Filonegro pasó la palma de la mano por el estómago y el tacto evocó el recuerdo como si lo estuviera viviendo otra vez. Recordó el puño del tamaño de un cráneo hundiéndose en sus entrañas, extrayendo todo el aire que sus pulmones podrían albergar. Después de eso, los recuerdos le llegaban confusos. A ratos podía recordar algo, o mejor dicho, sentir. Recordó sentir el hierro fluyendo por sus venas como un río, recordó sentir su cuerpo frío y metálico por dentro, y también recordó sentirse poderoso, muy poderoso.
— ¿Has logrado recordar algo?— Las palabras de Noire lo sacaron de su ensimismamiento. Filonegro miró a la medio fata que estaba sentada a su lado. Llevaba una falda corta de verde color, como las hojas en primavera y el viento hacía bailar la pluma en su cabeza, un poco más abajo, de su chaqueta de cuero asomaba un escote juguetón, que iba de arriba abajo producto del terreno rocoso que transitaba el carromato. Desde la noche anterior Filonegro había disfrutado de los cuidados de la arquera, y vaya buena mano que tenía. Le había preparado un té de cardomo mezclado con sábila de árboles de Faen, la infusión sabía como un beso y su esencia le puso el cuerpo en un reposo absoluto. A menudo ponía la palma de su mano sobre su frente y cuello preguntándole sobre su estado. Sus manos eran tan suaves y sus labios tan voluptuosos. Y todo eso solo hacía que Filonegro sintiera más ganas de follársela. Esa es la verdad sobre él, no se enamora de ninguna femina, su interés solo es carnal, es como un cazador furtivo que para desgracia de sus presas tiene las mejores armas. Pero con Noire algo era diferente. No podía, no podía  arriesgar la unidad del grupo por un capricho suyo. Si algo salía mal entre ellos, podía peligrar la misión, y su propósito. Solo Dios con su barba de sabio sabe como obra la mente de una mujer.
— ¿Y bien?— Volvió a preguntar Noire.
Filonegro la volvió a mirar, y se llevó la mano a la frente.
— La cabeza aún me da vueltas Noi, creo que tengo mareo— Respondió Vashiir con la mentira inofensiva de un profesional.
La medio fata lo tomó por el cuello y recostó su cabeza sobre sus piernas. Filonegro estiró su enorme cuerpo y se acomodó sobre el techo del carruaje como si estuviese en una cama cuyo almohadón eran los mullidos muslos de Noire. La arquera se inclinó hacia delante para buscar algo en su macuto y sus pechos quedaron ligeramente apoyados sobre el rostro de Vashiir, que ya sonreía de satisfacción. Extrajo un paño húmedo y templado, se lo acomodó en la frente y luego apoyó sus brazos sobre el ancho tórax de Filonegro. La mirada de la medio fata estaba perdida en el horizonte y la de él en la de ella.
Su voz interior le habló como un susurro.
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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Rose Ushiromiya el Mar Jul 28, 2015 10:08 pm

Durante el día siguiente a la fatídica noche continuaron su camino sin parar apenas, a veces cabalgando y otras veces a pie, para dejar descansar a los caballos. Solo hicieron una parada cuando el sol estaba en su cenit para beber agua y aprovechar para refrescarse, después continuaron hasta que empezó a anochecer. Entonces se detuvieron, ataron a los caballos y montaron un pequeño campamento para pasar la noche.
—Ya sabéis, chicos, a partir de ahora nada de ruidos u otras señales que puedan indicar nuestra posición a enemigos —advirtió Rodhan—. Ya tuve suficiente con la noche de ayer.
Todos asintieron y empezaron a descargarse de armas y equipo, mientras Rodhan hacía una pequeña hoguera en el suelo, bien escondida y que no soltaba mucho humo.
—¿Cuánto queda para que salgamos de este bosque? —preguntó Noire en un momento dado, sentada junto al fuego y ayudando a Vashiir con lo que necesitara.
—Según Orphelin, tres días —contestó Judas.
—Ah, sí —asintió este, sobresaltándose porque lo mencionaran—. Tres días para llegar al borde del bosque y encontrar el camino que va de Belen a Tinusa.
—¿El borde del bosque? —repitió Cohërn, extrañado—. ¿Acaso no vamos a abandonarlo?
—Bueno, había pensado que sería buena idea mantenernos cerca del bosque durante el viaje… por si acaso.
Cohërn resopló y le echó una mirada fulminante a Orphelin, pero no dijo nada más.
—Es una buena idea —caviló Rodhan—. Si tenemos el bosque cerca, en caso de un asalto podemos refugiarnos en él y atacar desde ahí. En la ciudad no tendremos tanta defensa.
—Pero en un sendero somos un blanco más fácil que en una ciudad llena de gente, por muy mal que esté esta—apostilló Arditi. Se encontraba apoyada en un árbol un poco más alejada del grupo, pero lo suficientemente cerca para que le llegase el calor de la hoguera.
—Lo ideal sería poder llegar directamente a Tinusa sin problemas —comentó Vashiir desde el regazo de Noire, sin darse cuenta de la mirada asesina que le lanzaba Rodhan en ese momento.
—Lo ideal sería que no hubiera guerra.
Noire fue a reprocharle a Rodhan su sarcástico comentario cuando el sonido de una explosión llamó la atención de todos. La medio fata se levantó de golpe, estando a punto de tirar a Vashiir al suelo, Arditi se separó del árbol y se puso en posición de defensa, y Orphelin corrió hacia Judas y se escondió detrás de él, temeroso.
—¿Qué ha sido eso? —preguntó Judas, buscando señales de humo por encima de los árboles.
—Ha sonado bastante cerca —alertó Arditi.
—Como sea otro jodido demonio abandono —dijo Vashiir, recordando el sabor a hierro en la boca.
—¡Alguien se acerca! —exclamó Noire cogiendo su arco y apuntando a un punto indefinido en el bosque.
Todos los demás también cogieron sus armas y adoptaron posiciones de defensa, esperando a que lo que sea o quién fuera que se acercaba llegara de un momento a otro. Estuvieron esperando un largo minuto, hasta que una figura delgada fue distinguiéndose en la oscuridad, corriendo hacia ellos.
—¡Ayudadme, por favor!
Hasta ellos llegó una chica de aspecto joven, con algunas heridas leves repartidas por todo el cuerpo. Los demás no tuvieron mucho tiempo de fijarse en ella, pues en cuanto esta estuvo frente a ellos, se giró y señaló hacia el interior del bosque.
—¡Viene por mí! ¡Me quiere devorar!
Y antes de que nadie del grupo pudiera preguntar qué demonios era lo que la perseguía, por el mismo lugar de donde había aparecido la chica apareció volando un pequeño animal negro.
—¿Un… murciélago? —preguntó Arditi, estupefacta, todavía con la espada en alto.
—¡No sé lo que es, pero no dejen que se acerque a mí! —siguió exclamando la desconocida mientras hacía aspavientos con las manos—. ¡Antes se ha enganchado a mi pierna y ha tratado de morderme!
Los demás se miraron entre ellos, sorprendidos, mientras poco a poco bajaban las armas y se relajaban.
—Yo me encargo de este pequeñín —anunció Orphelin. Acto seguido, cogió al murciélago con las manos y se lo llevó un poco más lejos, dentro del bosque.
La chica soltó todo el aire que había estado aguantando y suspiró de alivio al ver cómo se llevaban el animal.
—Menuda criatura más salvaje… ¡Este bosque es aterrador!
Los demás miembros aprovecharon ese momento para observar con atención a la desconocida que no sabía qué era un murciélago.
Se trataba de una chica de aspecto joven, seguramente no mayor de veinte años, y de figura delgada y esbelta. Tenía el cabello de un extraño rosa claro, como el cielo cuando amanecía, que caía en cascada hasta debajo de su cintura, pero al contrario de ser pesado o molesto, este parecía ligero, como si flotase a su alrededor de forma sobrenatural. Sus ojos eran grandes, de largas pestañas y de color azul turquesa, que miraban a su alrededor frenéticos. La muchacha vestía un simple vestido blanco, ajustado por la parte de arriba hasta la cintura y suelto por abajo, que llegaba hasta sus rodillas. Además, llevaba un cinturón negro que caía alrededor de su cintura y llevaba dos cintas azules rodeando sus piernas, aunque estaba descalza. No llevaba ningún tipo de decoración salvo un extraño tatuaje de un símbolo en la clavícula, y una simple diadema con una curiosa gema roja que decoraba su cabeza.
—¿Quién eres y de dónde vienes? —preguntó Rodhan con precaución. Después de haber analizado su aspecto, no había podido sacar nada en claro.
—Me llamo Cynthia. Os agradezco que me hayáis ayudado con esa bestia —sonrió ella, relajándose un poco—. ¿Por casualidad no seréis el grupo dirigido por Rodhan?
—Yo soy Rodhan —respondió él—. ¿Cómo has oído hablar de nosotros?
Cynthia miró sorprendida al hombre frente a él, como si no pudiera creer en su suerte, y luego volvió a sonreír.
—¡Menos mal que os he encontrado! Creía que me había pasado y que tendría que atravesar este bosque yo sola…
—Oye, niña, date prisa y explícate. Y también a que venía esa explosión de antes —la apremió Arditi.
Sin ofenderse por el tono molesto de la fata, la joven asintió rápidamente.
—Ah, por supuesto. Veréis, ese ruido que habéis escuchado antes no ha sido exactamente una explosión. Lo he provocado yo al llegar aquí, pues he calculado mal las distancias y he aparecido varios metros sobre el suelo.
—¿Aparecido? Bueno, eso explica el ruido, pero todavía no sabemos ni quién eres ni qué haces aquí —replicó Judas.
—Cierto, pero si me permitís lo puedo aclarar rápidamente. Resulta que durante todo vuestro recorrido, padre os ha estado observando y vigilando para ver qué todo evolucionaba correctamente, mas no ha sido así. Os envía sus profundas condolencias por la pérdida de Rich —se detuvo un momento para respirar, pero no esperó a que nadie dijese nada—. Así que padre ha decidido que yo viniese y me uniese al grupo, pues si bien no tengo mucha experiencia luchando, mis poderes sanadores son excelentes, aunque quede mal que yo lo diga. Con esto padre quiere evitar futuras bajas en el resto del recorrido hasta llegar a la batalla.
—Un momento —la detuvo Rodhan, empezando a atisbar de qué iba todo eso—. ¿Quién es tu padre?
—Padre es el creador de todo —respondió Cynthia con una sonrisa inocente—. Vosotros lo conoceréis por el nombre de Iax.
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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Títere el Miér Jul 29, 2015 11:00 pm

Verdel se incorporó tosiendo humo y rodeado de los cadáveres de sus compañeros. Algo le estaba zarandeando por el hombro, y le obligaba a levantarse.
Las piernas le fallaron y volvió a caer sobre el enlodado piso. Estaba lloviendo, y la sangre y el agua mezclada con la tierra creaban un terreno muy resbaladizo, casi un pantano. Se tumbó jadeando y descartando la idea de levantarse, y pudo ver una gran herida que descendía desde el muslo hasta su rodilla derecha. Ya se acordaba.
A continuación miró sus ropajes. En efecto, eran negros. Le producían un odio voraz, y unas ganas de ahorcarse a si mismo increíbles, pero el llevarlos era prueba de lo cobarde que era, o de lo aferrado a la vida que estaba, y eso hacía que fuese improbable la primera opción.
Por último se quitó el casco y se tocó la cabeza. Allí estaba la contusión que había provocado que se desmayase. Al mirar a la izquierda, a unos tres metros, vió la enorme piedra que le había hecho salir despedido del caballo. Debajo de ella estaba uno de sus compañeros. A su lado, el amigo de la infancia de Verdel, con el cuerpo apoyado contra una piedra y el cuello vuelto en una posición extraña. Sus otros cuatro compañeros también estaban allí. Uno había sido acribillado a flechazos. A otro se le había caído el caballo encima y había muerto desangrado. El tercero estaba un poco mas lejos, vuelto boca abajo en el barro. Al parecer se había desmayado al igual que él, pero se había asfixiado al caer de cara al lodo. El último estaba cerca suya, muy cerca, con media cara arrancada. E inexplicablemente estaba vivo.
Él era el que producía ese incesante sonido, entre alaridos de dolor y espasmos agónicos.
Una fuerza mayor le obligó a levantarse, y le ayudó a mantenerse en pie.
Se sintió un poco mareado al incorporarse, pero en cuanto se le pasó pudo mirar a su alrededor.
Fuego y humo.
Belén. Belén…
Belén había sido destruida.


El humo les había alertado. El plan inicial era bordear el bosque que rodeaba la ciudad de Belén para llegar a Tinusa sin tener que pasar por ella. Pero hubo un ligero contratiempo. Ya no había bosque. Ni había Belén.
Cohërn había estado hablando con Cynthia hasta ese momento, la que se autoproclamaba hija del lord. La preguntó por Frog, su sirviente, del que no sabía nada desde la batalla del desfiladero. Resulta que había conseguido llegar el solo de nuevo al palacio de Iax. Luego la preguntó por ella, por su familia, más concretamente sobre su madre.
Ella respondió que no tenía, Iax era su único padre, y no necesitaba más. Al parecer esta era una versión avanzada de las sirvientas, la favorita de Iax, pues este había llegado a llamarla hija.
Cuando estaba a punto de preguntarla que si Iax la utilizaba para, ejem, entretenerse por las noches, llegaron a donde ya no había bosque. Así, sin mas. Dabas un paso, y salías de un frondoso vergel para adentrarte en un desierto negro. Millas y millas de bosque habían sido quemadas, hasta llegar a la mismísima Belén. Y de esta quedaban solo unas pocas construcciones y tramos de muralla. Había sido completamente arrasada. Decidieron acercarse ahora que ya no había peligro de guerra. Un solo bando quedaba en la ciudad, y este era negro como la noche fata.

-Este sigue vivo –dijo Cohërn.
Se encontraban al pie de las murallas, buscando algún soldado que les llevase hasta el capitán de las huestes de Iax en esa zona.
Vashiir se acercó hasta él, y lo levantó como si fuese un pelele. Al instante volvió a caer.
-No.
Noire bajó del caballo.
-Maldita sea, haced que ese se calle ya. Cogedlo, tenemos que llevarlo a…
Arditi desenvainó la espada y le decapitó.
-Ya no gritará más –luego, levantó la cabeza y la observó.- Mierda, tenía media cara arrancada, no sé como seguía con vida.
Vashiir volvió a intentar levantar al que aún respiraba. Ya había abierto los ojos, y se apoyaba patéticamente en el hombro del gigantón. No le quedaban fuerzas, seguramente por la fea herida que tenía desde el muslo hasta la rodilla.
Cohërn le ayudó a sostenerle, y le dio un poco de agua para ver si hablaba.
-¿Me escuchas amigo? Ssoy Cohërn, y este es mi grupo. Somos una partida de exploradores del bando de Iax, escoltábamos un convoy de armas para el asedio cuando fuimos atacados. De eso ya hace tres días. ¿Qué ha pasado aquí?
El soldado herido escupió, y habló con voz pastosa.
-Los ejércitos de Iax entraron en la ciudad. Tomaron la plaza pequeña, y después la grande. No pudi… no pudieron contenernos. Les… les… arrasamos. No queda nadie con vida del ejército de Belén –miró al suelo al decir esto.- Mi nombre es Verdel… -tragó saliva.- Salve… salve Iax.


-...el primer borrador lo escribes con el corazón, el segundo, con la mente.-
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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Old Medie el Jue Jul 30, 2015 6:22 am

—Les presento la guerra.
Arditi abrió los brazos envueltos en su shaed, como alas negras, abarcando toda la escena. Por la derecha el bosque había desaparecido, dejando en su lugar decenas de troncos ennegrecidos alzándose entre la mezcla de barro, cenizas, sangre y muertos. Por aquí y allá entre sus retorcidas ramas se podían ver descansar a los cuervos que ya habían tenido suficiente festín, y abajo, entre las raíces, se podían ver a los que aún no. Por la izquierda, el lodazal se extendía hasta los restos del muro de Belén, las que hace solo unas semanas habían pasado del pulcro blanco al negro gracias al hollín de las hogueras, los incendios y el aceite hirviendo. Varias torres que se elevaban como agujas aún humeaban como chimeneas, uniéndose al humo que despedía la ciudad por varios otros sitios. Si de algo se habían encargado una vez tomaron la ciudad los hombres de Iax fue de quitarle todo lo bello que tuvo alguna vez, dejando solo un esqueleto calcinado por ciudad. Y en medio, en el campo de batalla, todo había acabado tan rápido que ni siquiera tuvieron tiempo de enterrar a sus propios soldados, los que se apiñaban junto al enemigo en un abrazo fraternal. Sus fríos ojos observaban el cielo torpemente, o se enterraban en el barro. Algunos observaban el carro pasar y parecían seguirlo con su mirada. En otros tiempos Arditi se hubiera detenido a buscar una espada que estuviera menos mellada que la de ella, o un par de botas o simplemente a revisar bolsillos en busca de algo que pudiera vender, pero sabía que de eso se encargaron hace días los sobrevivientes. Por eso habían varios hombres sin botas o sin parte de su armadura, solo Verdel se acercó a uno de sus compañeros para reclamar un nuevo casco porque el de él estaba abollado.
El carro pasó entre los muertos tratando sin mucho éxito aplastar algunos, pero nadie se quejó. Verdel abría la comitiva, con su cabeza envuelta en un paño sucio y su pierna cosida y vendada por la nueva integrante de la compañía, Cynthia, quien desentonaba en todo aquello como una bella flor en medio de un campo de muerte, sangre y podredumbre. Pero al menos había salvado la vida de aquel hombre, y decía que podría salvar la de cualquier otro mientras estuviera en sus manos, y por lo tanto en las de Iax. Al menos no será un lastre, pensó Arditi, y si no puede sanar una herida al menos podrá detener un par de flechas con su bello cuerpo, que también destacaba como una mancha rosa sobre aquel fondo negro.

Cuando lograron sortear los caídos, llegaron a un camino de adoquines embarrados, aquel por donde hace poco había avanzado el ejército de Iax con rumbo a Tinusa. El carro dejó atrás el lodazal para traquetear por la piedra, cada vez más cerca del destino, de Lanre y su cometido.


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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Old Medie el Vie Jul 31, 2015 6:25 am

El crepúsculo teñía de sangre las nubes por el oeste. El grupo había avanzado todo el día por el camino de piedra esperando encontrar el ejército de Iax pero éste les llevaba más tiempo de ventaja que lo esperado.
—Es extraño —dijo casi para si Verdel. Tiró de las riendas de su caballo para colocarse a la altura del carro y de Judas—. El ejército avanza lento, debe estar a medio día más de aquí, si avanzamos por la noche nos encontraremos con su retaguardia, estoy seguro.
Judas miró a Rodhan, quien llevaba las riendas del carro. El modelador dio un suspiro y dijo.
—No me gusta la idea, si nos hemos mantenido vivos después del ataque de la caravana ha sido porque nos hemos sabido esconder. Sin luz y avanzando por el camino principal podríamos incluso morir acribillados por flechas aliadas de algún grupo de exploradores. Al amparo de la oscuridad puede esconderse cualquier cosa, bien lo aprendimos hace unos días atrás, y no por las buenas.
—Pero si tenemos suerte podríamos alcanzar el ejército y quedar a salvo —dijo sin muchas esperanzas Judas—. Piénsalo, sería lo mejor que podría pasarnos.
—Yo opino que deberíamos seguir —apostilló Noi... Cynthia. Arditi alzó la vista de los adoquines, la muchacha tenía una sonrisa radiante que fue borrando poco a poco a medida que todos clavaban su mirada en ella—. Yo... Ehm, es sólo una sugerencia.
—¿Si tenemos suerte? —dijo irónico Rodhan, obviando a la muchacha—. ¿Desde cuando le dejamos las cosas al azar? Yo creo que deberíamos guarecernos esta noche, y mañana con las primeras luces tiremos todo el lastre, el carro, los petates y todo lo que pese, para poder cabalgar ligeros y alcanzar esa retaguardia. Pero me niego a avanzar en medio de la noche, no estamos en condiciones, somos muy pocos.
Verdel se rascó la nuca por debajo del paño que la envolvía.
—Entiendo, al parecer no han tenido mejor suerte que yo.
—Aprovecharemos hasta el último haz de luz, luego nos detendremos para levantar un campamento y mañana haremos lo que Rodhan mencionó —dijo Judas lo suficientemente alto para ser oído por todos.
—O podríamos pasar la noche en ese molino —Cohërn apuntó con su dedo un vetusto pedazo de piedra a unos dos kilómetros de donde se encontraban, y aunque pareciera insólito, sus enormes aspas estaban intactas, girando alegremente al son del viento.
Parecía sólido desde lejos y desde cerca aún más, la puerta no había sido derribada sino se permanecía abierta e intacta, su interior olía a humedad, a trigo podrido y madera vieja. La enorme piedra de amolar giraba con las gruesas vigas como única compañía, las ventanas estaban tapiadas y una escalera subía al segundo piso donde se accedía a la estructura interna del aspa. No había nadie, ni siquiera una rata. Escondieron el carro y los caballos del camino tras el molino, encendieron un fuego usando los últimos trozos de renelo. La yesca ardió entre las piedras dispuestas en círculo y el poco humo subió hasta el techo y salió despedido por los hoyos en la techumbre.

Un caldo hervía y en él varios trozos de carne en tiras, patatas y un par de cebollas silvestres, Cynthia revolvía aquella sopa a la que agregó algo de sal y pimienta que portaba en uno de los bolsillos de su capa. Verdel miraba con ojos lobunos aquel cazo, con las manos estiradas sobre el fuego.
—¿Le falta mucho? —preguntó tratando de sonar casual.
—Un par de minutos más Verdi —contestó la muchacha con voz maternal—. ¿Cómo están tus heridas? —Verdel se llevó una mano a su pierna vendada.
—Mejor, mucho mejor. A pesar de que monté no se me abrieron los puntos. Eres genial.
—¡Gracias! —Cynthia se llevó las manos a la cara sonrojada y cerró los ojos. Bajó la voz y se acercó a Verdel como si quisiera compartir un secreto con él—. Te ganaste porción doble.
Verdel sonrió y la muchacha le guiñó un ojo.
De pronto la ventana del techo se cerró de golpe. Filonegro bajó de un salto del segundo piso, inflando su capa gastada y manchada de verde y con los ojos abiertos como platos. Verdel, Cynthia y los demás lo observaron esperando que las palabras salieran por fin de su boca.
—Se nos acerca algo grande, ¡joder!
Arditi apoyó un pie en una saliente y de un salto llegó al segundo piso, luego se encaramó por las vigas y se asomó en la ventana que estaba sobre las enormes aspas. La luna era la única luz disponible y bañaba de gris y plata el camino de piedra y el bosque circundante, pero Arditi estaba acostumbrada a la oscuridad, sus ojos podían ver mucho más allá en la noche que Vashiir, y no le gustó para nada lo que vio venir.
—¿Qué ves? —inquirió Rodhan, que apareció a su lado junto con Judas y los demás.
—Veo una marea negra acercarse como si fuera una manta que cubre la tierra.
—No jodas con tus metáforas, ¿qué son?
—Son un mar de jodidos scrales.
Se hizo el silencio.

—Nos guareceremos lo mejor que podamos, este viejo molino podrá soportarlo es buena piedra, dura y gruesa —Judas sacó la puerta de sus goznes con una palabra e hizo lo mismo con las ventanas, modeló la piedra y ésta se cerró como una boca dejando a todo el grupo encerrado en una tumba pétrea.
El caldo hervía y Cynthia lo alejó del fuego pero no llegó a servir los platos, por fuera comenzó a sonar el traqueteo de las patas de los scrales, como el galope incesante de caballos de piedra. El ruido se oía por todo el rededor, los caballos piafaron dentro del molino cuando se oyó como pasaban por sobre el carro y luego el sonido de la madera al astillarse. Arditi se acercó a ellos y les acarició el cuello para que se calmaran. El sonido subió por las paredes, subió y subió.
—¡Mierda! ¿Creen que esas cosas puedan entrar por el techo? —preguntó Verdel, asustado.
Nadie contestó.
De pronto se oyó la madera del techo romperse y acto seguido cayó una teja de arcilla vieja y desgastada por el sol junto con un scral que al llegar al piso se rompió de la misma manera que la teja. Los caballos relincharon y el ambiente cerrado se llenó de un extraño olor a flores podridas y cabello quemado.
—¡Oh mierda! Esto no es nada bueno —chilló Verdel.
Todos desenvainaron.
—Eso no servirá de mucho —apostilló Judas—, las espadas resbalarán por su cuerpo liso. Son más útiles los garrotes y las mazas.
Vashiir unió sus dagas y el hierro se fusionó en una enorme gota que quedó rígida en la forma de una larga maza.
—¿Así?
—Ahora haz eso con las demás —le dijo Rodhan.
Vashiir llamó al hierro, y morfeó también las espadas de Verdel, Cohërn y Arditi.
—¿Esa también? —le preguntó Vashiir a Arditi apuntando a la espada broncínea.
—Con la otra es suficiente.
De pronto cayó otro scral del techo cerca del fuego y todos dieron un respingo, luego cayó otro y otro. Todos se partieron como platos al caer de la alacena. Pero algunos más avezados lograron bajar por las paredes los cuales fueron exterminados rápidamente con golpes precisos de las armas del grupo. Entonces el techo crujió y se vino abajo.
Se oyó un chillido agudo quizá proveniente de la garganta de Cohërn, grandes vigas cayeron junto con una lluvia de piedras, madera y scrales, los que fueron detenidos providencialmente por judas al moldear la piedra del molino para que se cerrase en torno a ellos como una cúpula. Quedaron totalmente aislados con el pequeño fuego como única luz, algunas piedras lograron atravesar la pared de Judas y habían levantado una polvareda que junto con el humo del fuego absorbieron pronto toda la visibilidad. Arditi se puso de rodillas para no quedar asfixiada mientras oía los gritos de sus compañeros. Cerró los ojos sin poder ver nada, el fuego se había apagado. Gritó a Judas para que abriese un boquete en la piedra, comenzó a toser luego de tomar una bocanada de humo. Oyó el traquetear de las patas filosas de los scrales al rededor de ella pero no supo identificar si estaban dentro o fuera de la cúpula. Al fin el aire se despejó y logró dar unas buenas bocanadas de aire nocturno. Abrió los ojos, el molino tenía grandes perforaciones ahí donde Judas había utilizado la piedra para cubrirse y los scrales avanzaban al rededor de ella. Cohërn llamó al viento nuevamente y barrió con los más próximos, pero habían demasiados. Judas cerró las piedras y volvió a armar un armazón al rededor del grupo para proteger al grupo, Rodhan lanzó bolas de fuego lejos, con dirección al bosque y las llamas que se alzaron cambiaron la dirección de los scrales quienes se dirigieron a las llamas. Un gritó hizo que Arditi se girase y vio como Orphelin hacía lo posible para quitarse uno de encima. Vashiir lo golpeó, una, dos veces y se lo quitó de encima. La pared se vio sobrepasada y los scrales comenzaron a pasar por encima como goteras negras, Judas moldeo la tierra y alzó más la pared, más y más hasta que alcanzó la altura de la pared de un castillo, y bajo la pared un foso se comenzó a llenar de scrales tan rápido como apareció. Ahora solo faltaba eliminar los demonios que aparecían por los costados, los que se mantenían a raya gracias a la ayuda de todo el grupo. Cynthia estaba de rodillas junto a Orphelin quien no tenía buena pinta, y la sangre se iba acumulando bajo él. La muchacha alzó la vista y vio como las docenas y docenas de scrales iban rodeando a todos.
—¡¿Qué podemos hacer?! —gritó a Judas.
Judas negaba con la cabeza.
—No sé.
Cynthia miró al rededor, angustiada. Su semblante pasó del miedo al horror, y luego a la determinación. Se puso de pie y avanzó entre el grupo.
—¡Acérquense a mi! ¡Los teletransportaré!
Varios se miraron entre ellos, Judas enarcó una ceja
—¿Puedes hacer eso?
—La voluntad de mi padre fluye en mis venas. Soy capaz de eso y más.
Vashiir alzó de un brazo a Orphelin y Arditi golpeó a un scral que se acercaba peligrosamente a la espalda de Noire, Rodhan corrió al lado de Judas y ambos se acercaron a Cynthia. Cohërn, con Verdel a su saga, tenía alzado el escudo para protegerse y golpeó a más de un scral casi sin aliento.
—¡¿Están listos?! —gritó la pseudo hija de Iax, alzó las manos sin esperar respuesta y espesas sombras se abrieron como una flor a su alrededor, los scrales avanzaron hacia el grupo como una estampida y recibieron los últimos golpes del grupo antes de desaparecer, de pronto ya no había ningún demonio. No había molino, ni fuego, ni bosque, solo estaba el camino de piedra, lleno de polvo e intacto.
—¿Dónde se fueron los scrales? —preguntó Cohërn.
—¿A dónde nos moviste? —preguntó Rodhan.
—¡Alto ahí! —gritó una voz profunda. A unos metros del grupo se encontraba un campamento levantado en medio de la noche, y más allá de él se podía apreciar varios más, muchos más. El hombre que había hablado tenía su lanza en ristre y se preparaba para usarla—. ¡Contesten!

—Es la vanguardia del ejército de Iax —respondió sonriente Cynthia. Judas la miró horrorizado, ella borró su sonrisa y siguió la mirada del modelador, sus ojos avanzaron por su brazo derecho y terminó en el muñón al final de su muñeca. La muchacha comenzó a gritar algo que estaba entre una maldición y un sollozo. Se agarró el muñón y comenzó a mirar el suelo en busca de su mano perdida. Un poco más allá Orphelin se debatía entre la vida y la muerte, con cortes profundos en los brazos y la espalda. Noire y Verdel estaban a sus costados, el soldado se había sacado el trapo de su cabeza y le envolvía un brazo, como si con aquello pudiera evitar que muriera.
—¡Mierda, se está desangrando! ¡Necesitamos ayuda!
Cohërn dejó caer su escudo y se miró el cuerpo en busca de alguna herida, Vashiir tenía varios cortes pero parecía no importarle pues se acercó a Noire para recogerle el cabello y revisarle un corte que subía por su brazo hasta el hombro. Rodhan fue a hablar con el guardia y Judas se acercó a Orphelin mientras la mancha de sangre se extendía y extendía.
—Te-tengo frío —susurró Orphelin, Arditi se acercó a él dando pasos lentos, le dolía la pierna, seguramente tenía un buen corte. Desde el golpe que había recibido del demonio, y el cabestrillo en su brazo derecho había perdido bastante movilidad. La faen no alcanzó a llegar al lado del montaraz cuando Verdel gritó:
—¡Mierda, ha muerto!


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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Sciacere el Vie Jul 31, 2015 7:32 pm

El corte de Noire empezaba en su codo derecho  y subía como un fino camino labrado hasta su hombro, no sangraba mucho, pero la herida era profunda y debía ser tratada con urgencia.
— ¿Se ve muy mal?— Le preguntó Noire intentando girar la cabeza para ver el largo corte.
— Estate tranquila Noi, no te muevas. Lo bueno es que no vas a morir desangrada.
— ¿Y lo malo?
— Lo malo es que si no hacemos algo pronto, podrías perder el brazo.
Las últimas palabras de Filonegro arrancaron un ligero sollozo a Noire y su cuerpo dió un pequeño temblor. Perder el brazo es lo peor que puede pasar en la guerra, y mucho más si se es un arquero.
Filonegro la rodeó por la cintura con sus enormes brazos. Noire pudo sentir la ya poblada barba de Filonegro en su nuca y el aliento a hierro la sacudió de nuevo.
— No temas por tu brazo Noi, yo estoy aquí para tí— Le susurró Vashiir al oído, y después le besó el cuello.
La medio fata giró su cuerpo. Quizás fue para besarlo, o tal vez para abrazarlo. Pero fuese lo que fuese, no pudo hacerlo. Filonegro la había soltado y caminaba raudo en dirección a Cynthia.
Sobre el ancho camino de piedra estaban montados los campamentos del ejército y algunas tiendas y lonas se adentraban en el bosque. El ambiente empezó a cargarse, empezaron a aparecer guerreros y guardias del ejército de Iax, todos curiosos por la repentina llegada de los forasteros.
Vashiir llegó al lugar donde yacía Orphelin. Tenía muchos cortes y había perdido mucha sangre, su cuerpo inerte parecía flotar sobre un charco rojo. A su alrededor estaban Cohern, Verdel, Arditi y Judas. Más allá se encontraba Rhodan discutiendo con algún general del ejército de Iax, y a su derecha estaba Cynthia. La fata engendrada por Iax escrutaba su muñón con el semblante enmudecido. Su rostro ya no irradiaba luz, su pelo había perdido el rosa esplendoroso y se había vuelto opaco. Su sonrisa se había esfumado hacia un lugar del que jamás volverá, y sus ojos eran oscuros.
La tomó por el brazo y la atrajo hacia sí, con algo de brusquedad.
— Escucha bien princesita. Siento lo de tu mano, pero eso ya no tiene solución, ahora necesito que salves a alguien, y vuelvas a la realidad.
Cynthia lo miró, y una lágrima correteó por su mejilla. Asintió con un gesto de la cabeza y Vashiir la llevó donde Noire.
Más guerreros empezaron a llegar y se hizo un gentío alrededor de ellos. Filonegro escuchó el sonido de varias espadas desenvainarse— ¡seguro son espías!— escuchó decir a uno. Apretó las empuñaduras de las dagas mientras caminaba, y se preparó para lo peor. Judas y Rhodan bramaron unas palabras, y la hostilidad se aplacó.
Cuando llegaron a Noire se cruzaron con Arditi y Cohern llevaban el cadáver de Orphelin fuera del camino de piedra y empezaron a reunir troncos para hacer una pira.
Cynthia terminó de inspeccionar la herida de la arquera. Se acercó a Filonegro y se lo llevó aparte para que la medio fata no escuchase.
— Es peor de lo que pensé— dijo preocupada— la herida es profunda pero no sangra. Solo Tehlu sabe que tan grave puede ser un corte hecho por esos demonios con patas. Si no cerramos la herida empezará primero el pus, después vendrá la gangrena. El tejido se pudrirá y después le tocará al músculo. Finalmente tendremos que amputar.
— ¿Entonces, no se puede salvar su brazo?
— Si se puede, pero dejé todo mi equipamiento en el molino.
Vashiir advirtió que algo había cambiado en Cynthia, ya no parecía la niña mimada de Iax. Cynthia miró a Noire que tenía la mirada clavada en el inmenso cielo.
— Esto es lo que vamos a hacer. Necesito resina de abedul, corteza de espino y hojas de pasiflora, para cicatrizar. Yo puedo encontrar algo de hilo, pero no tengo aguja.
— Eso no es problema— Vashiir susurró algo y arrancó una esquirla en forma de aguja de una de sus dagas.
— Perfecto— le congratuló Cynthia— ahora ve.
Filonegro se adentró en el bosque mientras el cadáver de Orphelin ardía en la pira hecha por Arditi y Cohern. Seguro lo incineran por la heridas de los demonios— pensó Filonegro entrando en la maleza. Rebasó una docena de árboles y no encontró nada. Siguió una luz y dió con una hoguera rodeada por tres tiendas donde se encontraban pernoctando seguramente algunos guardias del ejército. Dos de ellos salieron de su tienda.
— Eh, tú— dijo uno desenvainando su espada— ¿Quién eres? El otro blandía un hacha y uno más salió de su tienda.
— Lo siento chicos, pero no tengo tiempo para explicaros— Filonegro arrojó una daga y la clavó como un dardo en la frente del que preguntó. El hacha del otro hizo silbar el aire con un tajo y Vashiir la detuvo con el hierro morfado en una larga lanza, hizo un movimiento con el hierro y se lo clavó en el vientre. La luz de la hoguera reveló la sombra del último que se lanzó desde la derecha. Filonegro lo recibió con el frío hierro atravesando su pecho.
Buscó algo dentro de dos tiendas y cuando salió cayó en la cuenta de que no tenía algo donde guardar los ingredientes requeridos por Cynthia. Volvió a buscar y finalmente salió de la última lona con un cuenco lleno de caldo y unas hojas en la otra mano. Se tomó el brebaje del caldo con tanta rapidez que derramó más de la mitad sobre su barba y ropas. Después, se subió a un árbol.

Noire estaba acostada de lado dentro de una tienda para no apoyarse sobre el brazo herido, a su lado estaba sentado Rhodan tomándole las manos. Dentro de la misma tienda Cynthia atendía las heridas de Cohern, Verdel y Arditi. No eran tan profundas, ni graves como las de Noire, pero igual tuvo que atenderlas. Arditi siempre huraña rehusó a ser tratada por la hija de Iax, pero finalmente accedió y le hizo un vendaje en la herida del pie.
Noire empezaba a delirar y su cuerpo temblaba sudoroso.
— ¿V-Voy a mo-morir Rhodan?— preguntó Noire, con voz agónica.
El exsithe apretó sus manos con fuerza, apretó los dientes y giró la vista para no verla sufrir.
— ¿D-Donde está Va-Vashiir, me d-dejó?— volvió a preguntar dentro de su delirio.
Cynthia le puso un paño húmedo en la frente.
— Shhh, no hables. Ahorra energías— Volvió a inspeccionar la herida en toda su longitud. El pus estaba empezando a aparecer.
Cohern se sentó sobre su escudo al lado de Arditi.
— ¿Crees que va a morir?— le preguntó en voz baja a la Faen que se encontraba envuelta en su shaed, como una capa.
Arditi miraba a Noire recostada frente a ella. Nunca le había caído bien la arquera, siempre pensó que no era una mujer de guerra, y que estorbaba. Pero esa vez, solo por esa vez quiso que se salvara.
— No va a morir— le respondió a Cohern, recostándose a un barril que estaba a su espalda— eso es seguro. Pero si Vashiir no se apura, tendrán que cortar.
— No me gustaría que pasara eso, si le cortan el brazo ya no podrá seguir en el grupo. Y entonces ¿Quién tirará las flechas?— dijo Cohern.
Judas apareció de repente y pateó a un lado un taburete que estaba en la entrada de la tienda.
— ¡Háganse a un lado, ya viene!
Todos se pararon al unísono y tres segundo después apareció Filonegro jadeando.
— ¡¿Lo tienes todo?!— Le preguntó Cynthia nada más hizo aparecer.
Vashiir alzó los brazos y casi tocó el techo de la tienda. Las hojas en su mano derecha bailaron y el cuenco en la izquierda se meneó
— No encontré la corteza de espino, lo siento.
— No importa— dijo Cynthia, tomando los ingredientes— debemos intentarlo con esto.
Empezó a preparar el ungüento, lo mezcló todo con un poco de agua de un odre que le dió Cohern y empezó a susurrarle unas palabras al cuenco en una lengua extraña. Finalmente la mezcla se volvió cremosa y de un color carmelita claro.
Para cuando empezó a limpiar la herida ya Noire se había desmayado, untó el preparado sobre el largo corte con sumo cuidado y después empezó a coser. Cinco minutos después la herida estaba completamente zurcida, y volvió a untarle la crema.
— Ya está—dijo, una vez terminado.
— ¿Entonces?— preguntó Filonegro— ¿se va a salvar su brazo?
— Hay que esperar— respondió Cynthia, poniéndose de pie— si al cabo de dos horas el tejido se empieza a poner negro, sabremos que las heridas de los escrales no sanan, y tendremos que amputar.
Dicho esto Arditi se llevó la mano a la herida de su pie. Y todos se miraron el cuerpo en busca de posibles cortes que nunca sanarán. Filonegro se tocó el abdomen, y salió de la Tienda.


Filonegro caminó y deambuló por el mismo bosque donde hace un rato buscó los ingredientes, caminó sin motivo alguno, sin rumbo trazado. Cruzó un arroyuelo y el bosque se volvió espeso, perdió la noción del tiempo y pasó una hora caminando. Finalmente llegó a un pequeño claro donde había algo parecido a un estanque bordeado por piedras grises. Sin darse cuenta había entrado en Fata.
Se paró sobre el borde del estanque y miró a su alrededor, el silencio era sepulcral, solo se sentía el batir del viento sobre el agua cristalina. Vashiir no pudo aguantar más, y calló de rodillas sobre la dura piedra con un quejido de dolor. Se llevó la mano al abdomen y contrajo el rostro por el dolor. Aún de rodillas se quitó su camisa negra de cuero y las disímiles heridas de su cuerpo desnudo brillaron a la luz de la luna. Tenía cortes pequeños y largos que empezaban por su tórax y terminaban en el abdomen, alguno inclusos llegaban hasta la espalda. Se quitó las botas lodosas, e intentó ponerse de pie luchando contra el dolor que lo ataba a la piedra. Cuando finalmente se mantuvo en pie, se desabrochó el pantalón y se lo sacó, dejando su cuerpo totalmente desnudo a la luz de la luna, y arrojó sus dagas sobre la hierba más allá de las rocas. Finalmente dejó caer su cuerpo sobre el estanque que entró en el agua como un pesado bloque. Estuvo un largo rato dentro del estanque dejando descansar los músculos y pensando en nada. Abrió los ojos y del otro lado una mujer lo observaba, nado hasta ella y la miró, era otra mujer. Su vestido blanco estaba todo socio y manchado de sangre y lodo, la tela estaba rasgada en muchos lugares y hecha jirones al llegar a la rodilla. Su pelo permanecía opaco y sus ojos negros. Su piel blanca contrastaba con el sucio vestido, y uno de sus brazos terminaba en un muñón.
— Quiero darte las gracias, Vashiir— dijo Cynthia.
— No tiene importancia— le respondió desnudo desde el agua.
— Veo que tienes muchas heridas y cortes ¿Por qué no lo dijiste?
— Tampoco tiene importancia — y agitó una mano sobre la superficie del agua— entra al agua, Cynthia.
La Fata engendrada por Iax sumergió primero un pie, después otro, y caminó hasta que el agua le llegó a la cintura. Después se sumergió por completo y volvió a subir hasta la cadera. La tela adherida a la piel reveló unos magníficos senos redondos que hasta ahora Filonegro no había podido advertir. Cynthia volvió a caminar hasta tener el nivel del agua por el cuello y quedar justo frente a Vashiir, el tórax lleno de heridas del hombretón le quedaba por la nariz. La fata apoyó sus labios sobre una de los cortes mientras lo abrazaba y le besó el pecho. Filonegro la tomó por el cuello y la besó de a lleno. Los cuerpos empezaron a enroscarse y tocarse. Vashiir le arrancó el vestido de un tirón mientras la tenía cargada frente a si, la tela rasgada flotó hasta una orilla del estanque, y se pegó al musgo tatuado en la piedra mientras los cuerpos desnudos azotaban el agua, creando mareas.
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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Títere el Miér Ago 05, 2015 2:20 pm

Las murallas de Tinusa se alzaban ante ellos. Verdel, Rodhan, Judas y Cohërn desmontaron del caballo.
-Según nuestros informadores Lanre y Lyra están ahí dentro -dijo Rodhan.
-¿Como de fiables son nuestros informadores? -preguntó Cohërn.
-No lo sé. La información me llegó de parte del capitán, nosotros debemos decidir que hacer con ella.
-Escuchadme los dos -dijo Judas. Cohërn y Rodhan se acercaron a él, al igual que Verdel.- Nuestro ejército es enorme. Viajamos en una columna de 38.000 hombres, sin contar a los civiles ni las bestias de tiro, mas los que están por llegar. En total, son 60.000 soldados experimentados, que han hecho caer Belén, y han conquistado ya medio continente. En ningún otro lugar del frente se acumulan ni la tercera parte de estos hombres. Lanre siempre ha estado donde más se le necesitaba, y no va a cambiar eso ahora. Diferentes columnas y unidades de apoyo han entrado en Tinusa estos días. Desconocemos el número, pero esa cifra puede fácilmente triplicar la nuestra.
-¿Qué? ¿Triplicar? Es imposible ganar esta batalla, ellos tienen sus murallas, sus catapultas, sus arqueros. No podremos ni acercarnos.
-El ejército de Iax está perdido -dijo Verdel.
-Eso deben pensar las fuerzas aliadas. Recordad que aquí somos 60 mil, pero aún queda Fata. Iax guarda allí a mas de la mitad de sus huestes.
-El capitán nos ha dicho que atacaremos mañana al alba. Da igual el número de hombres que tenga Iax en Fata, no están aquí, y si nos triplican en número, perderemos.
-Escuchadme. No sé cuáles serán los planes de Iax, pero si sé cuales son los nuestros. Recordad que nuestra misión es acabar con Lanre. Y si estáis de acuerdo con lo que he dicho, lo mas probable es que esté en esa maldita ciudad amurallada. Como bien ha dicho Cohërn, nos será imposible entrar por la fuerza. Así que debemos infiltrarnos, nos uniremos a alguna de las columnas que están entrando en la ciudad por el lado oeste, y nos haremos pasar por soldados aliados. Después solo tendremos que buscar a Lanre, y matarlo.
Todos se quedaron en silencio.
-Es un buen plan. Suena a suicidio, pero suena menos que la idea del capitán de atacar Tinusa de frente -dijo Cohërn.
-Tendremos que darnos prisa -replicó Rodhan.- El capitán piensa atacar mañana por la mañana. Es mejor que entremos antes de que la batalla haya comenzado.
-En ese caso, volvamos al campamento.
Los cuatro montaron en los caballos, y echaron un último vistazo al valle de Vessten Torr, una gran explanada llena de hierba verde como si el mismísimo Tehlu la hubiese copiado de un cuadro, con el río Torr cruzándolo de norte a sur, y la ciudad de Tinusa al oeste, blanca, con sus impolutas murallas, reflejando una paz y una tranquilidad que parecía que se había extinguido bajo el hacha y la espada.
Los cuatro subieron a sus monturas y se dieron la vuelta, dejando atrás aquel valle que jamás volvería a verse así.


-¿Ya habéis visitado el valle? -preguntó Filonegro.
-Sí -respondió Rodhan.- Es un mal lugar para una batalla, el Torr divide en dos los campos, y para llegar a Tinusa hay que subir un pequeño cerro, perfecto para ser acribillado a flechazos. Pero no podemos hacer nada, las piezas están dispuestas, solo falta que un bando las mueva para que todo comience.
-¿Y que vamos a hacer entonces? ¿Luchar? -preguntó Arditi que parecía ansiosa de entrar en batalla.
-No. Nos infiltraremos en la ciudad.
-¿Qué? -saltó Noire.- ¿Entrar en Tinusa? Eso es impensable... ¿Acaso sabéis los sistemas de vigilancia que tienen? ¿Habéis averiguado cuales son los turnos de...?
-Lo sabemos Noire, quizás mejor que tú. Pero no os preocupéis por eso, lo tengo todo pensado -Judas se sentó, y se dispuso a contarles su plan.
Cohërn se levantó y se despidió de todos. Tenía sueño, y si era cierto que iban a infiltrarse en una columna aliada, mañana sería un día duro. Tenía que descansar.
Entró en la tienda que le habían prestado unos soldados, y se tiró sobra la incómoda estera que cubría el suelo. Cuando Iax les habló de su cometido Cohërn se imaginó otra cosa, creía que sería solo llegar y luchar, para después matar o morir. Nunca imaginó todos esos días de largas caminatas, ni todo ese frío, esa humedad, ese sueño, que poco a poco se iba acumulando hasta hacer que se encontrase derrotado incluso antes de entrar en batalla.
Cohërn caviló sobre eso y sobre más, hasta que sin darse cuenta se quedó dormido.


Despertó con gritos de fondo, y con Filonegro tumbado a su lado. Les había tocado compartir tienda, pero pensaba que esa noche dormiría con Cynthia, como las anteriores.
-Maldita sea -Cohërn se incorporó.- ¡Filonegro despierta!
Le despertó de una patada, y este se recostó sobre la almohada, pestañeando aún.
-¿Que mierda haces?
-Escucha eso, se oyen gritos.
-Deben ser Arditi y Noi, que duermen juntas -rió.
-¡Calla joder!
Los dos enmudecieron, y ya lo escucharon. Eran gritos de miedo, el entrechocar del metal, y un centenar de hombres corriendo. Y al fondo, un claqueteo muy conocido.
-¡Mierda, nos atacan! -gritó Vashiir. Se levantó de un salto y cogió sus dagas, sin dignarse a ponerse la camisa, y mucho menos los pantalones. Al menos cuando dormía con él lo hacía en ropa interior.
Cohërn agarró el escudo y la espada, y salió detrás suya. Fuera les estaban esperando Judas y Rodhan, también despeinaados y a medio vestir, pero en guardia.
-Nos atacan.
-Ya veo.
-Maldita sea, se supone que teníamos centinelas.
-Callad y haced un círculo. Atacad al mínimo movimiento sospechoso.
Cynthia y Verdel salieron de su tienda y se unieron a ellos. Después Noire. Arditi no aparecía.
-Mierda, resulta que la guerrera se ha quedado dormida.
Noire negó con la cabeza.
-No... no estaba en la tienda.
Un caballo entró en el círculo de luz, y de él desmontó Arditi, con la armadura puesta y las dos espadas desenvainadas.
-Seguidme, coged vuestras armas y seguidme. Nos atacan, escrales.


Aún era de noche, solo la luz de las antorchas iluminaba el bosque. Estaban los ocho subidos a la empalizada que rodeaba el campamento, junto con varias decenas de arqueros.
El reflejo de la luz de las antorchas era lo único que los delataba. Eran miles. Cubrían el suelo como un manto de hojas negras, y no hacían el mínimo ruido. Estaban ahí, quietos, a las puertas de su campamento, como preludio de una masacre que pronto iba a comenzar.
-¿Son los que nos atacaron hace tres días? -preguntó Cohërn.
-¿Como mierda quieres que lo sepa? ¿Se lo pregunto? -Arditi respiró.- Si, si parecen, han tardado menos de lo que creía.
Cohërn asintió y volvió a mirarlos. No sabía porque no se movían, pero la verdad es que no quería averiguarlo.
-Vamos -dijo Judas.
-¿Atacamos? -preguntó Vashiir.
-No, nos vamos. Estamos perdiendo un tiempo precioso, mientras están ahí quietos podemos huir, son demasiados como para enfrentarlos.
-¿Qué? ¿Huimos como ratas? Esto si que no me lo esperaba de ti, Judas -gritó Arditi.
-Tu quédate si quieres fata. Yo me voy. Tengo una misión que cumplir -y dicho eso, Judas bajó de la empalizada.
Los siete le siguieron, algunos a regañadientes, otros aliviados.
Dejaron atrás a los inmóviles arqueros, y se internaron en el campamento.
Pero justo cuando iban a perder ya de vista la puerta de madera, escucharon como esta se abría.
-Mierda.
-¿Que coñ...?
-¡Rápido, a los caballos, van a entrar! -gritó alguien, pero nadie se movió.
Los escrales entraron por la puerta, en masa, miles y miles de ellos, pero ninguno de los arqueros lanzó una sola flecha.
Corretearon entre los hombres y las bestias, que se encabritaban a su paso. Atravesaron el campamento esquivando tiendas y hogueras, pero no dejaron marca alguna, ni atacaron a ningún ser.
Y tras ellos, entró un hombre. Vestía de negro, y llevaba el pelo peinado en una coleta. Todos se arrodillaron al unísono, y se escucho un único grito. "Salve Iax"
-Levantaos -dijo él.- Y seguidme.
La columna entera obedeció, y formó, lista para partir.
-Vosotros -dijo señalando a Judas.- Aquí.
Los ocho se acercaron.
-Veo que habéis perdido un hombre. Y que habéis ganado una mujer.
-Dos señor, Verdel también se ha unido al grupo.
-¿Ella? -Iax la miró, e hizo un ademán despectivo con la mano.- Es una espía.
Verdel gritó, e hizo intento de correr, pero su cabeza salió despedida, regándolos a todos de sangre, y su cuerpo cayó hecho un manojo de extremidades.
Cohërn miró horrorizado el cuerpo inerte que hacía segundos había sido de Verdel. Iax la había matado sin pestañear, sin mover un dedo, sin pronunciar una palabra. Sintió ganas de vomitar.
Este siguió hablando como si nada.
-Cynthia, me has servido bien. Aquí tienes tu mano.
Inmediatamente, el muñón de Cynthia se transformó en una mano, exactamente igual a la que tenía antes, blanca y perfecta.
-Noire, no te preocupes mas por tu herida del brazo -esta se curó.- y lo mismo os digo a los demás.
Todos se miraron entre ellos. No tenían ni un rasguño, y se sentían con fuerzas y energías renovadas.
-Y ahora mirad -terminó.
Sin darse cuenta habían llegado al valle de Vessten Torr. Allí, donde antes había hierba verde, solo se veían miles y miles de formas negras avanzar rápidas hasta la ciudad. Cruzaron el río Torr, y pisotearon la hierba, para después ascender como una marea negra por la blanca muralla. Se escuchó como allí daban la voz de alarma, y al instante gritos de dolor y muerte inundaron el valle.
Iax levantó sus brazos, y la tierra crujió. El río se secó dejando paso a un vado, y un escalofrío recorrió la tierra hasta llegar a las murallas.
Y en estas, apareció una grieta, que crujió, crujió, y las hizo derrumbarse. Un hueco de doscientos metros de longitud había aparecido en la blanca muralla, dejando la ciudad de Tinusa desprotegida.
Desde su posición pudieron ver vagamente una figura aparecer en el centro del hueco dejado. Luego, otra se situó a su lado, ataviada con un vestido.
Una grán ráfaga de viento inundó el valle, empujándoles y haciendo que algunos trastabillasen. Los miles y miles de escrales que habían entrado en la ciudad, salieron despedidos, y cayeron sobre el valle de Vessten Torr rompiéndose como huevos negros cuando impactaban contra el suelo.
Iax sonrió.
-Lyra, amiga mía -soltó una carcajada, y se giró hacia sus huestes.- ¡Escuchadme todos! ¡A las monturas! ¡La batalla ha comenzado!



-...el primer borrador lo escribes con el corazón, el segundo, con la mente.-
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