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FIC COMUNITARIO (2)

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Mensaje por Títere el Lun Ago 10, 2015 2:28 pm

Todos saltaron a los caballos. Con un grito de guerra, Arditi espoleó a su montura y se lanzó de cabeza a la batalla, encabezando la marcha. Los demás la siguieron.
Los hombres rugían, y golpeaban los escudos y las hachas al correr. Pronto el valle se inundó con este sonido, y muchos tuvieron que sostener a sus caballos para que no huyesen espantados.
De improviso, un muro de piedra se alzó ante ellos, frenando la marcha de Arditi y la de todos sus compañeros. Cohërn cayó al suelo con un golpe seco, y su montura tras él. Se incorporó a duras penas, y vio que el pobre caballo se había roto una pata.
-¡Mierda! -gritó. Intentó levantarlo, pero fue inútil.
-¡Déjalo Cohërn! -le gritó Noire.- Aparta.
Con un chasquido, puso fin al sufrimiento del caballo.
Cohërn esperó a que Noire guardase de nuevo el arco, y saltó a su montura. Volvieron a emprender la marcha, pero un voz grave les paró.
-¡Alto! Volved.
Noire y Cohërn se miraron entre ellos. Arditi llegó a su lado, mirándoles extrañada.
-¿Quién ha dicho eso?
-Iax -Judas llegó a su lado.- No espera allí, en lo alto.
Miraron a la colina, y allí estaba, haciéndoles señas para que volvieran.
Los siete deshicieron sus pasos, y llegaron hasta su señor.
-El primer choque será duro -les dijo.- Sería estúpido que murieseis por una lanza perdida o una flecha extraviada.
-Pero Lanre está ahí -respondió Arditi, deseosa de entrar en batalla.
-Sí, allí está Lanre, y Lyra, y su guardia personal, y los setenta veteranos que siempre los acompañan, mas todo el maldito ejército aliado. Las tropas están frescas, y la batalla será dura y larga. No hay porqué precipitarse ahora -Iax observó sus caras serias, y añadió.- No os preocupéis. Lanre no morirá hoy.  
Se miraron entre ellos. Llevaban meses esperando la batalla. Era su misión, su cometido. Allí acabaría su empresa. Y cuando por fin llegaban, les decían que no participarían.
-Judas, acompáñame -Iax le hizo un gesto y se internó en la espesura.- Los demás, volved al campamento.


-¡Vaya mierda! -Filonegro estrelló sus dagas contra el suelo, produciendo un tintineo metálico.- ¡¿Qué se ha creído ese Iax?! Primero nos manda por medio mundo para llegar aquí, y luego nos dice que volvamos al campamento, como si no supiésemos ni sostener una lanza. Que hijodeputa -añadió propinándole una patada a una piedra.
-Filonegro, cálmate -dijo Cohërn. Le molestaba que montase tanto escándalo, todos estaban igual de ofendidos, se les notaba en la cara, pero podía hacer como Arditi, meterse en su tienda y guardar silencio.
-Tu te callas, maldito lameculos.
Cohërn frunció el entrecejo.
-¿Que pasa, que como no te atreves a desahogarte con Iax tienes que hacerlo conmigo?
-Yo insulto a quien me de la gana -Filonegro se sentó. Guardó silencio tres segundos, y luego miró a Cohërn con una sonrisa.- Y si te insulto a ti... -hizo una pausa dramática, observando su expresión.- ...es porque eres el mas débil del grupo.
Cohërn se levantó.
-Repite eso.
Vashiir se levantó a su vez, acercándose a Cohërn, dejando patente su superioridad. Le sacaba mas de una cabeza.
-Que eres... -replicó con una sonrisa.- ...el más... -saboreó la palabra.- ...débil.
Una ráfaga de viento inundó el campamento, mandando a Vashiir volando por los aires. Calló sobre una de las tiendas, echándola abajo.
Con un movimiento de brazo, las dagas que hacía un rato había tirado al suelo volvieron a sus manos. Filonegro se puso en pie, y las dagas morfaron en dos largas y afiladas Shuan Gou. Cohërn las odiaba. Filonegro lo sabía.
Vashiir se lanzó contra el, con la mirada enfurecida, y lanzándo un tajo con una de las espada. Cohërn se agachó y rodó, cogiendo  el escudo de su espalda y desenfundando la espada. Casi no tuvo tiempo de levantar la madera para parar el golpe de Vashiir, e impedir que le cercenase la cabeza. Una ráfaga de viento detuvo su segunda estocada, y le impulsó a si mismo varios metros para atrás, suficientes para poder recuperar el aliento y ponerse en guardia. Vashiir se situó a su lado en dos pasos, portando ahora un Kusarigama. La cadena se le enredó entre las piernas, haciéndole caer. Una vez en el suelo, la cadena desapareció, morfando de nuevo en dos Shuan Gou. Con un chasquido se clavaron en la madera del escudo, quedando atrapadas. Cohërn giró con un movimiento brusco, quitándole las armas a Vashiir. Luego, le mandó de nuevo a volar por los aires, y se impulsó hasta quedar a su lado. Con un movimiento rápido cortó hacia abajo, pero Vashiir fue rápido, y con un movimiento, la espada de Rodhan salió de su funda y llegó a sus manos en el último segundo, parando el golpe. Le empujó con una patada, y se puso en pie de un salto. Luego fintó a la derecha, para situarse a su izquierda. Las Shuan Gou volvieron a sus manos, y lanzó tres cortas y rápidas estocadas. Cohërn las detuvo con el escudo, y atacó con la espada.
Filonegro estaba esperando ese momento. Enganchó el arma de Cohërn con las dos espadas, y las giró en movimientos opuestos.
El metal se partió, y la espada de Cohërn cayó al suelo partida por la mitad.
Filonegro sonrió.
Solo le quedaba el escudo.
Vashiir atacó, y Cohërn no pudo hacer otra cosa que retroceder. Paró los golpes con el escudo, buscando frenéticamente con la mirada algo que le sirviera de arma. Vashiir encadenó cuatro golpes seguidos, y uno de ellos consiguió herir a Cohërn la rodilla. Pero en vez de retroceder, Cohërn usó el viento para girar en el aire, esquivando los filos de Vashiir, y golpeando con el escudo.
Le dió a Filonegro de llenó en la cara. Retrocedió un par de pasos tambaleantes, y se llevó la mano al labio. De allí descendía un fino hilillo de sangre.
Filonegro rió de repente, y en sus manos volvieron a aparecer las dagas. Enfundó, y se acercó a Cohërn, golpeándole en el hombro.
-Muy bien chaval -le dijo.- No pensé que fueras capaz de herirme -rió.- Ah, lo siento por lo de tu espada.
Cohërn creyó que la arreglaría, como varias veces había hecho ya con otras armas, pero en vez de eso, Filonegro se dirigió hacia una cubeta de agua, para lavarse la cara.
Aturdido, se agachó y cogió su arma rota. La miró estupefacto, y luego miró a los demás.
-¿Porque no habéis intervenido?
Noire se encogió de hombros. Cynthia miró para otro lado. Rodhan le ignoró.
Judas apareció de entre la espesura, y les llamó para que se reuniesen con él.
-Iax me ha contado sus planes -dijo.- Y yo os voy a contar los nuestros -Filonegro se acercó curioso, y Arditi salió de su tienda.- Lanre siempre está donde más se le necesita. Y ese lugar es el campo de batalla. Pero luchar allí es muy peligroso, siempre está rodeado de sus hombres, e incluso el mas inútil nos podría abatir por casualidad con una ballesta. Por eso debemos hacerle entrar a Tinusa. Mirad -dijo, extendiendo un mapa.- Estamos aquí. Este es el valle de Vessten Torr. Estan son las murallas de Tinusa. Y estas las montañas. Mirad -se levantó, para dejar sitio para que mirasen el mapa.- Nos dividiremos en tres grupos. El primero deberá infiltrarse por la puerta sureste -señaló un punto en el mapa.- Como su nombre indica, se sitúa en la parte sureste de la ciudad. Contará con un grupo de exploradores, que nos ayudará a infiltrarnos en la legión 6ª, que llegará mañana al alba desde Murilla para ayudar con las defensas de la ciudad. Una vez dentro, su misión será localizar el punto mas accesible a la Ciudadela -Judas la señaló. La Ciudadela era un recinto amurallado dentro de la ciudad, donde vivían los generales, los nobles, y la gente de alto rango en general.- y crear allí una brecha. Iax a conseguido sobornar al capitán de la tropa 12ª de los ejércitos Aliados, que nos ayudará con el ataque a la Ciudadela -respiró.- Este primer grupo será el que tenga menor probabilidad de éxito, pues estará constantemente rodeado de enemigos, y no podrá recibir ayuda en caso de necesitarla -los miró a todos.- Ahora, el segundo. Mirad aquí. Este pequeño valle -Judas señaló un punto al noroeste de la ciudad. Era un pequeño valle, rodeado por montañas, que lindaba por su lado oriental con el río Torr, y por el sur con la muralla de la ciudad.- El segundo grupo será el encargado de atacar este punto, ayudado por la tercera falange. El ataque será difícil, porque hay que atravesar las montañas, el cauce del río, que aunque ahora este seco en ese punto es bastante profundo, y, además de ello, derrotar a la quinta guardia, que es la encargada de defender la cara norte de la ciudad. La guarnición es pequeña, pues las montañas hacen de muralla natural y no son necesarios muchos hombres para defender ese punto, pero el terreno juega a su favor. Una vez limpiado el valle, tendrá que esperar a que el tercer grupo se les una. Y el cometido de este último grupo será el siguiente -Judas señaló la espesura.- Allí hay unos itinolitos. Iax me ha asegurado que comunicarán permanentemente con Fata durante lo que dure la batalla. El tercer grupo deberá entrar en Fata, y buscar unas bestias llamadas Tuarg-hes. Iax me ha dicho que Cynthia las conoce -la aludida sonrió, y movió la cabeza afirmativamente.- Deberán capturar ocho de estas bestias, y volver al campamento. Después, se unirán al grupo segundo, en el pequeño valle del norte, y, con la ayuda de estos seres, derribaran la muralla, que en ese punto comunica directamente con la Ciudadela -Judas les miró a todos, y recogió el mapa.- Si todo sale bien, la Ciudadela debe ser atacada al mismo tiempo por el lado sur y por el norte. Está llena de civiles, será fácil que cunda el pánico. Necesitarán a Lanre. Y Lanre siempre está donde más se le necesita. Allí estará atrapado, y no tendrá a su ejército para protegerlo.
Todos se levantaron, y miraron a Judas.
-El ataque deberá coordinarse bien. Pasado mañana, al atardecer, la muralla norte debe caer, igual que la puerta sur de la Ciudadela. Nos encontraremos todos en la plaza central.
-¿Quién estará en cada grupo?
-Cynthia y Noire irán a por los Tuarg-hes. Filonegro y Rodhan serán los encargados de la muralla norte. Arditi, tu vendrás conmigo, nos infiltraremos en la ciudad. Ahora preparad vuestros petates y vuestras armas. No debemos perder ni un instante más. Suerte.
-Judas, espera, ¿y yo? -dijo Cohërn.
-Ah Cohërn... -Judas se sorprendió, no había contado con él.- Bien, tu irás con las chicas, necesitaran alguien fuerte que sujete a las bestias.
Escuchó como Filonegro soltaba tres secas carcajadas. Cohërn le miró, pero Arditi se cruzó por delante, tendiéndole la mano, mientras le deseaba suerte.
Todos se despidieron, recogieron sus cosas, y se marcharon por diferentes caminos.
Cohërn fue con Cynthia hasta los itinolitos, donde les esperaba la arquera.
Suspiró.
Otra vez a Fata.


Última edición por Títere el Mar Ago 11, 2015 11:32 pm, editado 1 vez


-...el primer borrador lo escribes con el corazón, el segundo, con la mente.-
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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Sciacere el Mar Ago 11, 2015 2:20 pm

Festín de Sangre


– ¿Alguna duda con respecto a la labor de cada cual? –  Repitió Judas, mirando a cada uno del grupo.
Todos negaron con la cabeza, excepto Filonegro.
– ¿Sucede algo, Vashiir?
– Sí señor, tengo una duda con respecto a mi misión en el valle noroeste.
– ¿Pues acaba de escupirla, que no tenemos tiempo?
Vashiir se revolvió un poco en su lugar y miró a un lado, como si dudara en preguntarlo.
– ¡Venga hombre, acaba de decirlo!–  le espetó Judas
– Esta bién, lo diré–  le respondió medio enfurecido, y se tomó su tiempo…–  ¡es que no sé qué es la tercera falange!
Todos se miraron, con cejas enarcadas y labios curveados hacia abajo.
– Pues yo tampoco lo sé–  le respondió Judas, supongo que sea un grupo de apoyo que les va a estar esperando al amanecer de mañana. Y ahora que todo está aclarado–  continuó Judas, cerrando el mapa–  vayan prep…
– ¡Tengo otra duda!–  la mano de Filonegro estaba en alto, como pidiendo permiso.
– ¿¡Y ahora qué!?
– En realidad no es una duda, es una petición –  dijo Filonegro–  quisiera ir con Noire y Cynthia, y que mandes a Cohern con Rhodan.
Noire y Cynthia se miraron, y Cynthia le sonrió a la arquera. Noire ofendida desvió su mirada hacia el árbol más cercano en respuesta.
– Por supuesto que no, Vashiir–  le respondió cortante Judas–  si hago algo como eso la misión puede peligrar–  Judas caminó pacientemente hasta él, y lo tomó por el cuello de la camisa de cuero–  Escúchame bien, el juego de follar ya se acabó. Esto es la maldita guerra, y las vidas peligran ¿Entiendes eso, Vashiir?
– Lo entiendo–  y entonces, Judas soltó el cuero negro que aferraba con sus manos.


Era ya de noche y todos en el escuadrón élite de Iax pernoctaban, todos excepto Filonegro y Rodhan, que estaban alrededor de una hoguera.
– ¿Estás listo para la contienda de mañana?– Le interpeló Rhodan
– Lo estoy. Pero aún hay algo que no entiendo
Rhodan se llevó las manos a la cintura y soltó un bufido.
– ¿Que es esta vez?
– Verás, Judas es un poderoso modelador y tú también tienes ciertas habilidades ¿Realmente son necesarias las bestias de Fata? ¿No pueden ustedes simplemente reducir las murallas a polvo?
Rhodan negó con la cabeza.
– Podríamos, sí. Pero solo si fueran unas paredes comunes–  Rhodan tomó asiento –. Las murallas que resguardan la ciudad de Tinusa fueron esculpidas por la férrea palabra de Lyra, y no se pueden echar abajo ni con modelación, y mucho menos con nominación. Se necesita fuerza bruta, y esas bestias la tienen.
– Entiendo
– Bien, Ahora vámonos a dormir.

Al despuntar el día cada grupo tomó su rumbo. Filonegro y Rhodan se internaron en las montañas que rodeaban el valle noroeste, en busca de la tercera falange.

– Alto –  dijo una voz–  ¿Quien vive?
– Somos el escuadrón élite de Iax– respondió Rhodan, mirando hacia la copa de un árbol.
Un hombre cayó del árbol, aterrizando con habilidad felina sobre el suelo. Tenía el pelo enmarañado y vestía completamente de rojo. Era un mercenario Adem, y llevaba una espada cruzada en la espalda.
– Los estábamos esperando. Nosotros somos la tercera falange.
– Muy bien, donde está el campamento.
–¿Campamento? Aquí no hay campamento, solo estamos nosotros. Hey chicos, salid.
Primero cayeron de los árboles dos Adem más, uno rubio de espalda ancha, y otro con pelo blanco, era un maldito anciano, quizás debería rondar los 60. Después de entre la maleza aparecieron dos hombretones de piel oscura coma la noche sin luna, uno llevaba un hacha y el otro una espada dentada por ambos lados, eran dos malditas moles oscuras. Finalmente detrás de ellos salieron tres calvos jodidamente idénticos, a los trillizos solo los diferenciaban sus cicatrices. Uno llevaba un corte que se abría paso a través de su cráneo como un río que desembocaba en su frente enjuta. Otro tenía una cicatriz en forma de cruz en el ojo izquierdo, el tuerto, le llamaban. Y el último tenía un corte en los labios, una muesca lograda por un tajo vertical de antaño.
– ¿Solo son ustedes?–  Preguntó Vashiir, con cara de burro.
– Solo nosotros–  respondió el adem anciano dando un paso al frente–  somos la tercera falange. Tenía entendido que el escuadrón élite de Iax eran más de dos.
– En realidad somos más de dos, pero el grupo se dividió. Aquí solo estamos nosotros–  dijo Rhodan.
Todos se quedaron mirándose embobecidos, cada grupo esperaba algo mejor en cuanto a números. Finalmente volvió a hablar el viejo adem.
– En ese valle de atrás hay una guarnición de doscientos hombres.
– ¿Doscientos? - Dijo Vashiir, rompiendo a reír estrepitosamente.
El viejo esperó que la carcajada terminara y continuó.
– Exacto. Doscientos hombres de Lanre bien armados. Y lo único que tenemos a nuestro favor es el factor sorpresa, nada más.
Rhodan se llevó la mano a la barbilla y caviló cinco largos segundos.
– Tiene que hacerse, es la voluntad de Iax, y nada más importa.
Todos en la tercera falange asintieron. Vashiir y Rhodan se unieron al grupo y se internaron en el bosque, en dirección al valle. Tres Adem, cinco de los personajes más cafres que se hayan visto en el mundo y dos del escuadrón élite. Diez contra Doscientos. Las posibilidades de éxito eran casi nulas, casi.

El campamento del valle estaba tranquilo, algunos hombres aún dormían dentro de sus tiendas y otros pasaban revista. Los calderos humeaban mientras algunos desayunaban. Otros afilaban sus espadas y pulían sus armaduras. Corría una brisa tranquila en el valle que, estaba tapizado por la verde hierba de la primavera. Al fondo estaba una inmensa muralla de granito, fuerte y colosal, a sus lados y frente las montañas miraban desde lo alto y montaban guardia al verde lugar. Uno de los guerreros fue a mear al bosque, y así fue como empezó.

– Hace más de 15 minutos que Hanks fue a mear, ve a ver que le sucede. – le dijo el que montaba guardia a otro. Y este accedió sin rechistar.
Cuando llegó al borde del bosque no encontró nada, se internó un poco más, después otro poco más. Miró detrás de un árbol y encontró el cuerpo sobre la hierba, decapitado.
– ¡Nos atac…..Ahgghhhhgg!
La espada dentada del moreno le atravesó la garganta de lado a lado.

– Ya han pasado más de treinta minutos y esos dos no aparecen, algo debe ir mal
El oficial de guardia se levantó y cuando miró hacia el bosque se encontró con que dos gigantones oscuros lo miraban a solo cinco metros. Este sí pudo gritar, y lo hizo bien alto.
– ¡NOS ATACAAAN! –  fue lo último que dijo antes de que la hoja adem se adentrara en su boca como una estaca.
Filonegro y Rhodan se lanzaron desde el flanco derecho al oír el grito. Los tres calvos desde la izquierda. Y los adem junto con los morenos se ocuparon del centro.
Mientras corrían Rhodan lanzó su escudo de piedra y en el vuelo arrancó la cabeza de un solado. Filonegro arrojó sus dagas y en su trayecto morfaron en varios diminutos cuchillos de hierro, los hombres que empezaba a salir de sus tiendas filo en mano cayeron al piso, llevándose las manos al cuello, a la frente y a los ojos. Filonegro alzó su mano derecha y el hierro sumiso volvió a él como un poderoso mandoble mientras Rhodan con un bramido encendía el campamento con el calor del fuego, sumiéndolo en un eterno infierno. La espada de hierro negro iba y venía frenéticamente, mutilando, perforando cráneos y rociando la hierba de rojo, a su lado, Rhodan tenía en su mano una espada que Filonegro nunca había visto, cuyo metal estaba envuelto en llamas. A lo lejos, pudo ver a los adem cargarse a más de diez de un pestañazo. Uno de los morenos cayó al piso y después no lo vió más. Cinco hombres rodearon a Rhodan, y se lanzaron al unísono con sus metales en alto, la hoja incandescente del exsithe hizo humear el aire con un tajo que cortó a tres por la mitad, pero los otros dos lograron clavarle el acero. Filonegro arrancó su espadón del tórax de su última víctima y lo lanzó, el hierro negro morfó en una cadena de gruesos eslabones que se enroscó en el cuerpo de los dos hombres como una serpiente. Filonegro apretó su puño y la cadena apretó más, y más, los huesos empezaron a crujir y los ojos se les desorbitaron, volvió a apretar y los cuerpos se doblaron hasta quedar finalmente destrozados. Rhodan se levantó, se miró las heridas y sonrió, después carcajeó, y lo hizo con un terror tal, que el fuego se avivó, y muchos hombres estallaron en llamas. Vashiir se adentró más en el campamento. Una hora después ya habían tomado la mitad del Valle, pero las huestes de Lanre cerraron filas. La tropa de Iax se unió, solo quedaban dos calvos y un moreno, el de la espada dentada. Los adem estaban intactos excepto el anciano, que le habían cercenado el brazo derecho hasta la altura del hombro.
El resto del ejército del valle se lanzó sobre la comitiva de Iax, como un ejambre. Filonegro miró su espada de hierro manchada de sangre- no me falles.
Los aceros recibieron a la jauría de Lanre con un cruel beso. Los calvos luchaban como verdaderos demonios del inframundo, haciendo volar por los aires vísceras y entrañas. Los tres Adem hicieron ceder a más de veinte hombres, su ketan era como una marea roja embravecida. El último moreno cayó, pero no sin antes mutilar a varios guerreros en pedazos como un carnicero. La espada llameante de Rhodan era lo peor, las ascuas incineraban con un solo toque y los hombres ardían propagando el fuego entre los suyos. Las tropas empezaron a ceder y disminuir en números, muchos corrieron hacia las montañas, y los otros quedaron arrinconados contra la muralla. Filonegro con el cuerpo teñido de rojo y varios cortes luchaba contra tres, uno de ellos se lanzó y las espadas entrechocaron soltando chispas, los otros dos lo rodearon, y en el momento justo pudo evitar los filos con un quite, pero no sin llevarse un corte en la pierna y en la espalda. Los tres guerreros se volvieron a lanzar, pero no llegaron a su objetivo, pues los adem se encargaron de eso. Vashiir cayó de rodillas mientras veía como el resto del ejército huía hacia los bosques. Rhodan se le acercó y le puso una mano en el hombro.
– ¿Estás bien?
Vashiir se miró las heridas y sonrió
– Sí, estoy bien. Hemos ganado
Volvió a mirar el valle completamente desolado, no quedaba nada del verde de hace unas horas atrás, muchas tiendas aún ardían y el viento paciente barría las cenizas. Era un mar de sangre con cadáveres flotando como diminutas islas
Volvió a sonreír y se recostó a la muralla. Miró a los adem, faltaba uno, el rubio yacía a dos metros de él, solo quedaban el del pelo enmarañado y el anciano con un solo brazo. Los morenos también habían muerto.
– ¿Cuántos calvos quedan?–  preguntó.
Rhodan señaló hacia su derecha. A unos cuantos metros, tras varios cadáveres, uno de ellos lloraba sobre los cuerpos de los otros dos.
– Solo uno, el tuerto.
– Una lástima, me caían bien. ¿Ahora qué?
Ahora a esperar por las bestias de Fata, espero que Cohern, Cynthia y Noire no tengan percances.
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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Old Medie el Vie Ago 14, 2015 3:49 am

Apoyada contra la sucia pared miraba el haz de luz que se colaba dentro de la oscura celda a través de la puerta. Observando con el ojo izquierdo, pues el derecho lo tenía tan hinchado que no lo podía abrir, notó que se producía el cambio de guardia, era el de la noche si no estaba equivocada, tenía la duda porque se había quedado dormida a pesar de luchar contra el sueño, pero estaba muy cansada y dolorida, luego de despertar se reprochó duramente pero ya no había nada qué hacer. No estaba segura de si habían pasado ya dos o tres días, pues estaba demasiado abajo dentro de aquel edificio donde la había metido como para ver algún atisbo del sol o de la luna, y todo lo que había recibido de desayuno, comida o cena había sido una jarra de agua. Pero tenía que agradecer de que al menos fuera agua limpia.
Se dejó caer arrastrando la espalda hasta el suelo de piedra y sintió frío en el trasero, hace mucho tiempo que no sentía frío, su shaed siempre la había mantenido abrigada pero ahora ellos lo tenían. Aparte del frío sentía otras molestias, las muñecas le ardían por el roce de las cadenas y le incomodaba tenerlas sujetas a la espalda, tenía un fuerte escozor en la cabeza donde alguien le había arrancado un mechón de cabello, tenía más de un cardenal en la espalda y costillas cuando la patearon en el suelo, su cara tampoco se había salvado y luego de que la hubieran apresado le dieron dos fuertes puñetazos que le dejaron sangrando la nariz y el pómulo hinchado como una manzana, además sentía como palpitaba el brazo que le habían doblado para que soltara la espada y temía que se lo hubieran roto, pero ella sabía como se sentía un hueso roto, y el sonido que producía al quebrarse y la manera en que asoma por la piel cuando esta fuera de lugar, se tranquilizó un poco al recordar aquello, no, no estaba roto. Pero dolía mucho y seguramente no podría sostener la espada, vaya ironía, Iax había sanado su brazo y los soldados de Tinusa le habían jodido el otro. Que tonta había sido, habían demasiadas variables, demasiado azar en aquella jugada, no debió prestarse para aquello. Si aún estaba viva era solo por la información que podrían sacarle torturándola, sólo esperaba que pudiesen salvarla antes de que aquello pasara. Pero había que ser realistas.


Última edición por Medieval el Sáb Ago 15, 2015 3:31 am, editado 1 vez


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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Old Medie el Sáb Ago 15, 2015 3:31 am

Los soldados iban de un lado a otro por el pasillo de arriba, el carcelero los oía pasar mientras movía lentamente la piedra de amolar por el filo de su hacha, la que ya estaba bastante afilada, pero a él le gustaba dedicarle unos minutos antes del cambio de turno. Ya había afilado también el práctico cuchillo que guardaba en su bota y el machete que colgaba de su cinturón, ambos aceros que entregaban junto con el uniforme.
Se oyeron los goznes de una puerta al abrir y cerrar, luego unas pisadas en la escalera de piedra, luego una respiración entrecortada y por último el saludo de un gordo soldado:
—Hola Faus.
Faus dio una cabezada a modo de saludo y dejó sobre la mesa, el único mueble aparte de la silla donde estaba sentado dentro de la pequeña sala, su hacha y la piedra de amolar.
—Tampoco estás muy conversador hoy, ¿cierto?
Faus alzó los hombros casi de manera imperceptible, se sacó el manojo se llaves del cinturón y lo dejó también en la mesa con un tintineo.
—¿Sabes a donde se llevaron al modelador? —preguntó con una voz monocorde.
—A la sala de interrogatorios —contestó su reemplazo con tono irónico. El rubicundo soldado miró a su compañero con extrañeza—. ¿Dónde más podría ser?
—¿Y dónde queda?
—¿Qué mierda te sucede? Hace tres días que te comportas como un retrasado. Primero no sabías donde estaba las habitaciones ni el comedor. Después comenzaste a hacer preguntas raras como esta —El gordo cruzó sus rollizos brazos sobre su pecho mientras miraba a Faus como el cuerdo mira a los locos.
Faus volvió a inclinar los hombros y se colgó el hacha.
—Es esta jodida guerra, me está afectando los nervios, ¿sabes? Ya no estoy muy seguro de querer seguir aquí —contestó el carcelero mirando un punto fijo en la pared. Su voz lastimera dejó perplejo a su compañero. Seguramente no estaba muy acostumbrado a oír cosas así de él. Ahora fue su turno de encogerse de hombros.
—Uhmm. Eso es entendible —se rascó la doble papada y mientras buscaba las palabras—. Se esta liando la grande en las calles. Todos están muy nerviosos. Si bien somos más que ellos, el solo nombre de Iax sirve para minar la valentía de muchos. Es una gran suerte tener a Lanre de nuestro lado —El gordo soltó un largo suspiro y trató de quitar una mancha de comida de su uniforme con una uña—. La sala de interrogatorios está en la segunda planta, el modelador esta tras la puerta roja. Ya sabes, la roja —dijo poniendo una cara de dolor, luego se recompuso—. O quizá no sepas. En fin. Vete ya, tu turno terminó.
Faus se puso de pie, guardó su piedra de amolar dentro de uno de los bolsillos de su pantalón y tomó las llaves, sopesando su peso en una mano.
—Ten —dijo y lanzó el manojo amigablemente.
El gordo soldado alzó las manos para atrapar las llaves, con el rabillo del ojo vio un destello de acero y en un pestañeo tuvo el machete de Faus enterrado en el pecho hasta la cruz. El manojo de llaves le dio en la cara pero pareció no notarlo. Cayó de culo contra el suelo y luego se fue de espalda. Faus sacó el machete y el sonido de succión al sacar el acero fue seguido por el tintineo al recoger las llaves. El carcelero limpió su arma en las ropas de su compañero y la enfundó. Su rostro seguía igual de inexpresivo que hace un momento, antes de que el gordo bajara.


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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Old Medie el Dom Ago 16, 2015 2:05 am

La puerta de la celda se abrió. Arditi cerró los ojos cegada por la luz de las antorchas. Sintió unas botas avanzar hasta ella y luego un manojo de llaves. De un momento a otro sus manos quedaron libres. Alguien la alzó y se puso de pie.
—¿Cómo estás?
—Peor de como me veo.
—Judas esta en la segunda planta, tras una puerta roja. Espero que no sea tarde cuando lleguemos.
Arditi abrió los ojos de a poco, avanzó hasta salir de la celda y vio un enorme cadáver en el suelo.
—¿Es el turno de la noche?
—¿Quién sino?
—No debiste hacerlo matado así. Ahora hay una enorme mancha de sangre que no podremos ocultar.
—Nadie baja en toda la noche, no lo descubrirán aquí tirado hasta mañana en el turno de la mañana. Mi turno. Nadie se dará cuenta de que escapamos hasta que alguien nos extrañe, cosa que dudo, o que huelan la peste de este cerdo que acaba de soltar sus esfínteres.
Arditi ya podía ver mejor. Pasó al lado del muerto sobando sus dolorosas muñecas y preguntó:
—¿Sabes dónde están mis cosas?
—Te llevaré, pero esta vez yo estaré a cargo. Tenemos toda la noche para huir de aquí, así que no hagas una carnicería de todo esto como la última vez. No podré salvarte el culo siempre.
Arditi sonrió, Faus paso a su lado y comenzó a subir la escalera delante de ella. Abrió la puerta y sintió la mano de la faen en el hombro.
—Gracias por salvarme Narr.
—Aún no te he salvado.


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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Old Medie el Lun Ago 17, 2015 12:59 pm

El carcelero salió de la armería con paso firme. Tras de él una soldado se pegaba a sus talones, la mujer, con la cabeza gacha, hombros caídos y el cabello tomado, avanzaba con una imperceptible cojera y un petate grande en su espalda. Se toparon con pocos soldados en los pasillos camino a la segunda planta, pocos se giraron a mirar, y ninguno resultó muerto por ello. Cuando llegaron a la escalera tres soldados bajaron haciendo repiquetear sus botas en la madera, pasaron rápido por su lado de suerte que no se fijaron en ellos. Faus subió con Arditi a su saga y llegaron hasta la puerta roja al final del pasillo. El carcelero abrió la puerta y la cerró tras de si, y ahí estaba Judas, parecía desmayado, desmadejado. Sentado en una silla basta de madera, con las manos extendidas sobre la mesa enfrente de él, atadas por grilletes de reluciente acero que estaban unidas a la mesa. Al otro extremo había dos hombres, uno sentado y el otro de pie, y en medio de la mesa había una larga caja de metal, pintada con un rojo chillón, la que se abría como una flor dejando ver dentro de ella los diversos instrumentos de tortura que Faus no quiso mirar. Y al lado de la caja y sobre un cuero curtido habían varios cuchillos de diversos largos, algunos curvos, otros serrados. Todos limpios, con su filo reluciente como la armadura bien pulida de un soldado orgulloso.
—¡¿Y usted qué demonios hace aquí carcelero Faus?!
Faus se quedó observando al alto hombre que le había gritado. No lo conocía. Su uniforme negro era un tanto diferente al de todos los demás y por ello era evidente que ostentaba un mayor cargo.
—Carcelero Faus, contéstele al Capitán Kroy —dijo el soldado que estaba sentado, hizo amago de pararse poniendo ambas manos sobre la mesa—. ¿No debería estar usted en su descanso? —preguntó.
—Si Señor. Lo siento, he venido porque me llegó la orden de venir a buscar al modelador para devolverlo a su celda.
—¿Y quien le ordenó eso? —preguntó Kroy dando pasos hacia Faus con intención de intimidarlo. El carcelero había tenido que tratar con hombres de poca paciencia y sabía el rol que debía tener.
—Fue Lorsen, Capitán. Él me dijo cuando llegó a reemplazarme que subiera. Que debía llevarme al modelador.
—Yo no he ordenado eso, incluso, acabo de mandar a buscar al otro prisionero —El Capitán dio un fuerte bufido y miró al soldado que estaba junto con él—. Quizá tengamos más suerte con ella.
Faus dirigió su mirada a Judas, su cabeza caída no le aportaba mayores detalles. Notó que la mesa estaba algo sucia, pero no era precisamente sangre.
—¿Ha muerto? —se aventuró a preguntar el carcelero.
—Peor aún —dijo el soldado. Se cuadró y cruzó la mesa hasta situarse al lado del modelador. Lo cogió del cabello y levantó su cabeza para que Faus pudiera verla. Estaba destrozada—. Nos han engañado.
—¡Hemos capturado un condenado muñeco de arcilla! —bramó Kroy.
—Oh —dijo Faus, no tan sorprendido como los otros dos esperaban que estuviese—. Esto complica un poco más las cosas.
—¿De qué habla? —preguntó el soldado. Su rostro denotó una interrogante al ver que Faus llevaba la mano derecha a su machete situado a la izquierda de su cinturón, luego fue de sorpresa al ver que revelaba su filo dentro de aquella sala, luego abrió aún más los ojos al sentir el acero en las entrañas.


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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Old Medie el Lun Ago 17, 2015 4:51 pm

La puerta roja se abrió y un hombre mayor, de mandíbula cuadrada y cabello corto salpicado de canas la miró con sus ojos duros, a su espalda Arditi pudo avistar por un momento la sala de tortura salpicada de sangre antes de que cerrase la puerta. Se llevó la mano instintivamente a la espada pero el hombre levantó la suya para calmarla.
—Soy yo —dijo con voz torva Narr—. Debemos salir del edificio cuanto antes —con paso militar avanzó hacia la escalera—. Judas no está aquí. Escapó y en su lugar dejó un hombre de arcilla. Puede que nunca haya sido capturado.
Arditi salió tras él por otro pasillo, esperando que esa fuera la salida. Ella no conocía a los contactos internos de Judas en Tinusa, ¿qué podría hacer?
—Mierda, sin él somos inútiles —Se detuvo—. Aunque para este momento quizá ya haya logrado abrir las puertas o encontrado un lugar dónde la defensa sea débil.
—Lo dudo. Ha tenido muy poco tiempo —Llegaron a una puerta al final del pasillo, pero resultó ser una sala amplía, llena de mesas y sillas. El comedor. Los hombres sentados ahí se pusieron de pie de inmediato y saludaron con un golpe de tacos al Capitán. Narr saludó con la cabeza, cerró la puerta y comenzaron a caminar hacía el otro extremo del edificio.
—¿Por qué dices que poco tiempo? ¿Cuánto tiempo llevo encerrada?
Doblaron en una esquina, dos soldados que conversaban en el pasillo se pusieron firmes.
—Mierda, me perdí. ¿Dónde está la jodida salida? —preguntó Narr sin siquiera mirar a los ojos a los soldados.
—Es por el otro lado, Capitán. Doblando la esquina del corredor norte encontrará la entrada principal —dijo uno de ellos. Narr giró en redondo y se fue, la faen trató de no levantar sospechas y se desapareció tan rápido como pudo.
—Estuviste encerrada par de horas, pero han pasado varias cosas desde entonces. Me pude enterar en el comedor que el ataque ha comenzado esta mañana por parte de las huestes de Iax en la cara norte. Luego de que nos coláramos dentro de la ciudad con la 6ª legión e intentamos abrir sin éxito la puerta sureste comenzaron a atacar con catapultas la cara noroeste de la ciudad, hasta ahora sin lograr hacer mucho, pero todos aquí están muy preocupados porque la muralla está comenzando a mostrar signos de deterioro. Ojalá aparezcan esos jodidos Tuarg-hes cuanto antes —doblaron por la siguiente esquina y encontraron la entrada principal franqueada por tan solo dos guardias.
—Oh. Yo pensaba que... —avanzaron sin problemas, los guardias se pusieron igualmente de tiesos que sus lanzas y saludaron al Capitán cuando pasó a su lado. Salieron a la calle, todo estaba oscuro, pero las luces del alba comenzaban a asomar, y por el noroeste de la ciudad podía apreciarse por sobre las murallas la luz amarilla de los miles de fuegos del ejército que tenían que hacer entrar—. ¿Qué hora es?
—Mi guardia terminaba a la medianoche. Deben ser pasadas unas horas. Todos duermen.
Arditi volvió la mirada hacía dentro del edificio. Era una enorme mole de piedra con un par de ventanas en algunos lados y una sola gran puerta doble. Los guardias seguían mirando al Capitán y a ella.
—¿Qué haremos? —preguntó la faen.
—Antes que nada ponte el shaed —Narr apuró el paso y la dejó atrás mientras ella sacaba sus cosas del petate—. Iremos a la puerta suroeste, dudo que al Capitán Kroy le nieguen abrir las puertas.


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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Sciacere el Lun Ago 17, 2015 7:20 pm

Entre Rhodan, Vashiir, y lo que quedó de la tercera falange cavaron una gran foso en el extremo oeste del  valle. Lo rellenaron con los cientos de cadáveres dejados en la masacre, y Rhodan nombró al fuego. Entonces, el foso empezó a arder levantando un denso humo negro que escaló hasta las nubes durante horas.

Empezaron a aparecer hombres de Lanre en la punta de la muralla. Arqueros, ballesteros y lanzeros se apilaron creando una fila a lo largo. Filonegro y los demás tuvieron que resguardarse en las montañas para no ser perforados. Entonces, ocultos entre los arbustos empezaron a esperar, y a esperar.

— ¿Donde están esas jodidas bestias?— gruñó el calvo tuerto, al caer la noche.
— Ya llevamos mucho tiempo aquí, donde se han metido sus amigos— le reprochó el anciano adem a Vashiir y a Rhodan, apuntándoles con un dedo del único brazo que le quedaba.
— Cohern y las chicas ya deben estar al llegar, no os preocupéis— intentó calmarlos Rhodan.
—¡¿Las chicas?!— preguntó el calvo— no, dime que no. Dime que es mentira.
Rhodan se encogió de hombros
El otro adem cayó de un árbol y con suerte cortó lo que pudo ser el inicio de una discusión. Hizo un vago intento de peinar con una mano su enmarañado pelo y se sacudió algunas hojas adheridas a su traje rojo.
— Las murallas siguen repletas de hombres dispuestos a agujerear al primero que asome un solo pelo— dijo el adem al caer.
Tras eso el anciano se levantó de su puesto y empezó a dar unos pasitos mientras cavilaba, con aire de jefe. Filonegro miró al calvo que llevaba su espada apoyada en las rodillas y este escupió al fuego. Seguramente cree que la muerte de sus hermanos es culpa de nosotros. Pensó Vashiir.
El anciano se volvió a sentar y se dirigió a Rhodan.
— Si no hacemos algo van a mandar hombres a por nosotros, y el valle volverá a estar infestado de guardias de Lanre. O haces algo— dijo el viejo abriendo las manos a ambos lados— o nos marchamos hacia la vanguardia del ejército de Iax.
Rhodan se cruzó de brazos y tras un segundo miró a Filonegro, buscando su opinión.
— No los necesitamos—le dijo finalmente Vashiir, con voz cortante.
— Muy bien— dijo Rhodan volviéndose hacia el anciano— pero que conste, fue decisión vuestra.
El viejo asintió con la cabeza— vamos chicos.

Los dos adem y el calvo se internaron más en la montaña, pero esta vez en dirección hacia el ejército de Iax. Antes de perderlos de vista Filonegro vió al calvo mirar por encima del hombro y soltar un gruñido.

Vashiir fue al encuentro de Rhodan que se encontraba en el linde de la montaña con el valle, mirando hacia la muralla.
— ¿Y ahora qué?— le interpeló Vashiir mirando hacia la muralla a su lado izquierdo— lo que dijo el anciano es cierto. Si no llegan las bestias volverán a tomar el valle.
— No te preocupes— dijo Rhodan tras una sonrisa— tengo un plan.

Una hora después un gran fuego ardía en el valle, parecía el fuego de un campamento, pero desde lo alto de la muralla no se podía saber a ciencia cierta.
— ¿Serán los hombres de Iax?— preguntó uno de los centinelas de la muralla.
— Es muy difícil de saber— dijo otro escrutando el fuego que ardía en el valle— esta maldita oscuridad no me deja ver bi…
Una enorme piedra se estrelló contra la muralla estremeciendo los cimientos y varios hombres cayeron al piso.
—¡Nos atacan!— gritó uno.
— ¡Tienen catapultas!— gritó otro.

Detrás del fuego eligiendo varios puntos al azar Rhodan lanzaba soberanos cantos de piedra mientras movía las manos y susurraba cosas.
—Vaya— le dijo Vashiir cruzado de manos y recostado a un árbol— no sabía que podías nombrar la piedra.
Rhodan eludió el comentario con otro más.
— Solo espero que esto nos dé el tiempo que necesitamos- dijo mientras lanzaba dos piedras del tamaño de la rueda de un carromato—. Si no llegan las bestias cuando amanezca sabrán que los hemos estado engañando toda la noche, y entonces si vamos a perder el valle.
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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Títere el Lun Ago 24, 2015 9:50 am

-Mierda mierda mierda, ¡cógelo!
Cohërn intentó sin éxito agarrar las riendas del Tuarg-heg, pero la bestia media el doble, y pesaba aún mas. Con un leve movimiento de cabeza, hizo balancear las riendas de un lado al otro, mandando a Cohërn volando por los aires.
Este llamó al viento para caer suavemente, y maldijo por lo bajo. Les había llevado un día, ¡un día! encontrar a las malditas bestias, y eso que Iax les había dejado relativamente cerca de ellas. Pero estas se encontraban en lo mas profundo de Noche, y al avistarlos huyeron en dirección a unas cuevas situadas cerca de una gran montaña. Tuvieron que hacerlos salir con humo, y luego guiarlos con piedras y estacas a un corralito improvisado hecho con troncos. Después resultaron bastante mansos, una vez vieron que Cohërn y las chicas no les atacaban.
Pero se les había escapado uno, y Cohërn sin querer le había agarrado de la cola (que era de gruesa tanto como su cabeza, y acababa en una bonita y adornada bola de pinchos), y este se cabreó.
-Déjalo Cohërn, el Tuarg-heg ha escapado -le dijo Noire.- no importa, tenemos ocho, será suficiente.
Noire le tendió la mano, y le ayudó a levantarse. Cohërn se sacudió las ropas, y miró hacia el bosque.
-¿Cuando volverá esta maldita niña? -dijo, refiriéndose a Cynthia. Había ido a por lo que según ella eran unas bayas milagrosas que les volvían locos a los Tuarg-heg, hacía ya medio día, y aún no había regresado.
-No lo sé, pero si sé que la batalla ha comenzado. Si no vuelve antes de tres horas, marcharemos sin ella.



-Rodhan, Rodhan, para un segundo -le dijo Filonegro, poniéndole una mano en el hombro.
El exsithe dejó de lanzar piedras por un momento y le miró.
-¿Qué?
-Escucha.
Los dos quedaron en silencio.
Rodhan sonrió.
-Traen a las bestias.
-Por fin -bufó Filonegro.


-...el primer borrador lo escribes con el corazón, el segundo, con la mente.-
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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Rose Ushiromiya el Mar Ago 25, 2015 10:22 pm

Con lentitud, Noire recorrió el claro con la vista, volviendo a contar el número de bestias. Habían conseguido reunir nada menos que a ocho, y entre ella y Cohërn las habían conducido hasta allí, frente al itinolito, preparados para partir de un momento a otro.
—Deberíamos irnos ya.
No hizo falta que se girara para saber quién hablaba, pues eran los únicos que habían en el claro a parte de los animales.
—Lo sé —suspiró ella—. Pero Cynthia se fue hace más de un día, tiene que estar al caer…
—Ya han pasado más de dos horas desde que terminamos de juntar a los bichos estos —replicó Cohërn—. No quiero ni pensar en cómo estará la batalla ahí fuera. Tenemos que volver cuanto antes.
Noire se quedó callada unos minutos mientras acariciaba distraídamente el pelo a uno de los animales que tenía a su lado, hasta que finalmente asintió.
—Está bien, vámonos.
Y sin añadir nada más se acercó al árbol donde había dejado sus cosas, se colgó su arco a la espalda y se subió a un Tuarg-heg con las riendas en una mano. Cohërn esbozó una sonrisa a y se acercó a otra bestia para hacer lo mismo, cuando una voz llamó la atención de ambos.
—¡Cohërn! ¡Noire! ¡Esperadme!
Tras uno de los árboles apareció Cynthia con el rostro enrojecido de haber llegado corriendo. Se detuvo un momento para recuperar la respiración y luego se acercó a ambos.
—Por fin, princesa, creía que tendríamos que irnos sin ti —dijo Noire con una sonrisa, usando el apelativo cariñoso que le había puesto después de que la hubiera ayudado con la herida de la espalda.
—¿Se puede saber dónde y qué estabas haciendo para tardar tanto? —inquirió Cohërn.
—¡Lo lamento mucho! Había conseguido encontrar las bayas y estaba a punto de volver cuando padre me llamó. Renovó mis energías y estuvo contándome algo que según él era un punto clave para la batalla y…
—Un momento, ¿cómo que algo clave para la batalla? ¿A qué te refieres con eso?
—Me temo que no lo sé con exactitud. Padre solo me dijo que cuando llegase el momento adecuado yo lo sabría y podríamos usar ese poder para poner la balanza a nuestro favor.
Al escuchar eso Noire y Cohërn intercambiaron miradas, preguntándose qué sería eso que le había dado Iax y qué sería capaz de hacer.
—Admito que tengo mucha curiosidad, pero no tenemos más tiempo para seguir hablando. Debemos marcharnos de inmediato.
—Vamos, princesa —cogiéndole de la mano, Noire tiró de ella y la subió detrás suya—. Adelante.
Y, encabezados por ellos tres, una a una las bestias que habían en el claro cruzaron por el itinolito y abandonaron el mundo Fata, sin saber si volverían.



—¿Dónde estamos? ¿Y la ciudad? —preguntó Cohërn nada más llegar al otro lado mientras observaba a su alrededor.
—Allí está la muralla —respondió la arquera, señalando a un punto no muy lejano. Luego miró con más atención, sorprendida—. ¿Eso de ahí es fuego? ¿Se puede saber qué están haciendo estos locos?
Rápidamente llevaron a las bestias por el bosque hacia la muralla, intentando permanecer lo más ocultos que podían para no llamar la atención. Conforme se iban acercando fueron escuchando unos golpes en la muralla que los alertaron.
—¿Están atacando ya la muralla? —se preguntó Noire, sin entender lo que estaba pasando. ¿Acaso el plan no era usar las bestias?
Siguieron avanzando y empezaron a vislumbrar las llamas del fuego que habían visto antes desde lo lejos. Y frente al fuego, las figuras de dos personas que en ese momento se estaban girando hacia ellos.
La medio fata alargó una mano hacia el arco, preparándose para atacar si fuera necesario, pero entonces reconoció a los dos hombres y esbozó una sonrisa.
—¡Hola chicos! ¿Nos habéis echado de menos?
—¡A buenas horas llegáis! —se quejó Vashiir, pero sin poder evitar sonreír también. Se acercó a las chicas y ayudó a Cynthia a bajar del animal, mientras Noire se acercaba a Rodhan y se ponía al día de todo lo que había pasado.
—Así que… ¿esa era vuestra estrategia? —se rió la arquera, observando las piedras—. ¿Derrumbar la muralla a pedradas?
—Confiábamos en que llegarais pronto, y lo habéis hecho.
—¿Cuándo va a ser el ataque? —preguntó Cohërn.
—Los Tuarg-heg están preparados y no necesitan descansar, así que podríamos empezar ya mismo si queréis —explicó Noire—. Además, un ataque sorpresa por la noche siempre es mejor, aunque… supongo que ya los habréis puesto en alerta con las piedras.
Vashiir se giró hacia Rodhan y lo miró, jugueteando con sus dagas.
—¿Tú qué opinas?
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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Old Medie el Jue Ago 27, 2015 5:12 am

Segundo Día

Amanecer


Estaba sola. Las últimas estrellas comenzaban a perderse bajo el cielo a medida que clareaba por el este, pronto amanecería, pero ella sabía que el día solo era un suspiro de la eterna noche, y aunque esas no fueran las estrellas que ella oía cantar en Fata, las miró con esperanza de que le dijeran algo. Pero las estrellas de Temerant dormían.
Cuanta tristeza sentía, hace muchos años que deseaba encontrar algo por lo qué vivir, o como le dijo Narr aquel día en que comenzó su travesía, algo por lo qué morir. Pero ahora, con la muerte tan cerca de ella, temía despedir su último aliento sin haber oído a las estrellas cantar por última vez.
La puerta sureste de Tisuna estaba abierta de par en par. Unas calles antes de llegar oyó el vibrante chocar del metal y supo que había llegado tarde, que Judas se le había adelantado. Cuando llegó a la calle principal con la esperanza de encontrar al modelador vio un río de acero entrando a raudales por las puertas destrozadas. Los hombres de Iax anunciaron su llegada con cuernos y gritos de guerra, que le erizaron la piel a golpe de recuerdos de luchas pasadas. Los guerreros se esparcieron como la peste, devorando con fuego y acero el interior de la ciudad y sus habitantes más acaudalados.
El ejército de Tinusa cercano a la puerta sureste, sorprendido por aquella irrupción, fue masacrado sin ninguna piedad en menos de una hora, y la hueste, como un gran gusano dentro de una manzana, avanzó hasta el centro destruyendo todo a su paso.
Apenas amanecía, el sol destellaba a través de las pocas nubes en el alto cielo, y ya había muerto más gente que en cualquier guerra a las que Arditi había asistido.
Miró por última vez al cielo, amarró bien las correas de un escudo que había arrancado de un muerto a su brazo malherido. Apretó bien la mano que sostenía la espada broncínea, a su espalda, el shaed ondeaba por voluntad propia, y su armadura negra, ya mellada por algunas partes, se calentaba con los primeros rayos.
Miró a ambos lados, pero era la única con vida en aquella calle. Observó en silencio como una grieta en la derruida pared de Tinusa cada vez se hacía más y más grande. A medida que se acercaba dando pasos entre los sangrantes cuerpos, pudo apreciar todos sus detalles, la piedra blanca con la que se había construido había estado tan bien unida alguna vez que parecía ser una sola pieza, pero ahora las miles de grietas que la surcaban de arriba a abajo, además de la gran grieta que la coronaba, la habían dejado igual de parecida a una vieja pared de yeso de alguna taberna de mala muerte, obligando a las grandes moles que eran las piedras con que se había construido a combarse hacia dentro.
Sintió otro golpe en la piedra con el cual saltaron varios trozos del tamaño de manzanas hasta las casas al pie de la pared, luego otro golpe, que arrancó de la grieta un pedazo del tamaño de un carromato, el cual fue a dar sobre una tienda volviéndola escombros en un parpadeo. Pudo oír los quejidos de las bestias y el grito de el grueso del ejército de Iax por los espacios que daban afuera. La faen retrocedió a medida que veía caer más y más trozos de piedra, y decidió huir cuando la pared colapsó hacia dentro de Tinusa. Una nube de polvo se alzó como una cortina, impidiéndole la visión, se tapó la cara con el shaed y todo lo que pudo hacer fue oír como el ejército de Iax entraba a sus espaldas.


Mediodía


Kroy ya no era el de antes. Basta con decir que había matado a su segundo al mando cuando este lo amenazó con que lo colgarían por traición al ordenar que abrieran la puerta sureste. Aquel segundo al mando había sido toda una molestia desde que se lo encontró cerca de la calle principal así que fue todo un gusto haberle cruzado con la espada su cara.
Kroy limpió la sangre de su acero, no estaba para nada acostumbrado a usar espadas, a decir verdad, el hierro no le sentaba nada bien, pero no había nada mejor a mano y la empuñadura de cuero evitaba tener contacto directo con el, así que limpió la sangre en una de las cortinas de su tienda y salió del campamento ubicado en la orilla oeste de la ciudad.
Los reportes decían que el ejército de Iax se dirigía al centro de la ciudad, así que el general Poulder, como era tan común en él, decidió cargar con todo su contingente hacia el centro para interceptarlos. Kroy por su parte había enviado a sus cinco primeras compañías a proteger el sector sureste, con la mala suerte de que las masacraran sin ningún miramiento, pero su caballería estaba intacta, y se mantenía en el campamento pues aún no la había mandado a atacar.
A pesar de las órdenes que se acumularon en su mesa a lo largo de la mañana, no envió las seis compañías de caballería ya que consideró que los caballos no se desenvolverían de buena manera dentro de la ciudad. Fue al rededor de mediodía, cuando el sol se erguía en lo alto del cielo cuando llegó un grueso de varios comandantes de diferentes compañías junto con varios otros hombres que Kroy no reconoció, pero que de seguro que eran importantes por la cantidad de reconocimientos que pendían de sus armaduras. Lo llevaron dentro de su tienda y lo acusaron de alta traición, conspiración y terrorismo, entre otras cosas, además claro, de asesinato al encontrar al segundo al tirado en medio de la sala. El general Kroy aceptó los cargos y no puso ninguna objeción, los soldados, sorprendidos por la honestidad del general actuaron rápidamente, el que parecía tener más alto cargo mandó a los comandantes con la orden de atacar, la cual vociferaron a voz en cuello en cuanto salían de la tienda.
Cuando el ex-general Kroy salió de su ex-tienda con las manos amarradas fue testigo de la más grande estampía que había visto nunca, toneladas de carne de caballo avanzando con un único objetivo. Avanzó a buen paso con dos soldados a cada costado, los que se encargarían de llevarlo a las celdas de la fortaleza.


Tarde


El sabor de la sangre llenaba la boca de Arditi, su espada pendía de su mano como una guadaña y estaba bañada de sangre. El soldado que estaba frente a ella notó su respirar entrecortado y sintió que lo único que la separaba del suelo era un golpe de gracia. Se acercó sin mucho cuidado y bajó la guardia al abrir mucho su brazo para asestar un buen golpe. La faen, que se tambaleaba, de pronto cobró fuerzas de quién sabe dónde, lanzó un tajo con el que cortó desde bajo de la axila el brazo del soldado y lo remató con una puñalada que le atravesó el cuello. Es sencillo parecer débil si eres mujer, es sencillo aparentar que se está cansada y a punto de caer, lo difícil es hacer que tu enemigo lo crea, pero en aquella masacre nadie estaba muy preocupado en ser escéptico.

Continuará.


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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Sciacere el Jue Ago 27, 2015 10:15 pm

Segundo Día


Amanecer


Vashiir observaba  la ciudad de Tinusa desde la copa de un árbol, mientras el viento le peinaba el cabello. Era una lástima que fueran a reducirla a polvo. Porque era majestuosa, inmensa y colosal. Abarcaba lo mismo que el valle Torr, desde su interior se alzaban una veintena de torres y tenía al menos cuatro plazas enormes, eso sin contar la ciudadela, que abarca un espacio considerable, poblado por cientos de casas, establos, cuarteles y mercados. Y en el centro de la ciudadela un enorme palacio de un blanco inmaculado se erguía por encima de las torres y murallas. Sí, una verdadera lástima.
¡BUM!  ¡BUM!  ¡BUM!
Las bestias traídas de Fata impactaban contra la muralla noroeste como martillos enormes, mientras Cohern y Noire les daban órdenes a los animales domesticados. Ya el ejército de Iax había llegado. Cientos de hombres de todos los rincones de Temerant esperando a que la muralla sucumbiera, hombres con sed de sangre, curtidos en el arte de la guerra, y ansiosos por dar de comer a su metal. Estaba la guarnición de Faen, con su escuadrón de lanceros liderados por un tipo de carácter huraño que había saludado a Rhodan a su llegada. Habían mercenarios experimentados, con hachas, espadas y mazos terroríficos, comandados por el calvo tuerto de la tercera falange. Finalmente los adem, todos de rojo como un mar de sangre, con sus espadas esbeltas y filosas, y sus arcos elegantes. Filonegro pudo reconocer fácilmente al anciano adem al frente de todos ellos.
¡BUM!  ¡BUM!  ¡BUM!
Filonegro estaba junto a Rhodan y Cynthia cuando la muralla empezó a resquebrajarse. Rhodan nombró a la tierra y se hizo un gran cúmulo bajo sus pies que lo alzó hasta tomar una altura considerable. Desde ahí podía ver a todo el ejército de Iax. Un océano de metal.
Se aclaró la garganta.
— ¡ESCUCHADME BIEN! — dijo Rhodan, con una voz que se propagó a través del viento y resonó en los oídos que poblaban el valle. Invocando a un gran silencio. Solo se escuchó al viento batir.
— Cuando caiga la muralla quiero que se adentren en la ciudad como malditos demonios—dijo, con otro tono— quiero que pasen por la espada a cualquier ser vivo que se encuentren, no me importa si es un perro, o una cabra. Una parte del ejército ya debe haber entrado por el portón sureste— Rhodan levantó su brazo con la espada llameante que recién llevaba y con un grito atronador dijo: ¡HOY TINUSA CAERA, Y JUNTO CON ELLA CAERAN LANRE, Y SU FURCIA! —  Un estruendo. Todos los brazos armados del ejército se levantaron como uno solo acompañados de vítores y gritos de batalla, rugidos que estremecieron la muralla.
¡BUM!  ¡BUM!  ¡BUM!
Un enorme pedazo de piedra se desplomó, después otro, y otro. Finalmente la muralla se derrumbó por completa y una cortina de polvo se alzó. Cohern nombró el viento con un bramido y lo dispersó. Después, todo fue caos, la horda del valle noroeste se adentró en Tinusa sin tapujos. Quemaron cientos de casas, destruyeron los mercados, se unieron al resto del ejército y asesinaron a cientos, miles.

Mediodía


La espada de Filonegro goteaba sangre y un charco rojo se empezó a formar bajo sus pies. Tenía la respiración entrecortada y había perdido la cuenta de la cantidad de hombres que había matado. Se había separado del ejército, claro, todo fue fácil al principio, pero cuando llegaron a la tercera plaza la resistencia fue mayor, fueron cogidos por sorpresa y tras una enorme revuelta tuvo que escapar. Ahora estaba solo, oculto en un establo. Se preguntaba si los otros habrían muerto, pues la masacre en la tercera plaza fue cruel y despiadada. Finalmente Rhodan tuvo que mandar a las tropas a replegarse para no perder la posición. De Arditi y Judas no había sabido nada desde que se separaron aquel día, puede que estén muertos— No— se dijo negando con la cabeza. Esa bastarda es dura, seguramente debe andar por ahí con el idiota de su Mael. Filonegro limpió la espada de hierro negra con una manta que encontró dentro del establo, después tomo agua del cubo de madera de los caballos y se llevó una pajilla seca a los dientes. Buscó algo de comer, y tuvo que conformarse con unas zanahorias que habían en un cesto. Después, miró hacia el cielo mientras comía una de las hortalizas y los caballos lo miraban con recelo. El humo de la guerra pintaba las paredes de la inmensa ciudad, y a lo lejos se oían algunos gritos. Sintió unos pasos apresurados, la espada morfó en dagas que se llevó a los puños mientras la zanahoria caía al suelo. Un hombre apareció corriendo al doblar del establo, un hombre de Lanre. Filonegro lo esperó.
Era un mercader de Tinusa, con las ropas hechas jirones, el rostro pintado de hollín y un gran corte en la frente. El tipejo sintió una mano que lo agarró por la solapa y lo lanzó contra la pared interior del establo, no tuvo tiempo de quejarse, sintió el frio tacto del hierro sobre su cuello, y una voz le habló.
—Que ha pasado con la batalla, donde están las tropas de Iax y Lanre— el mercader ni siquiera lo miró a la cara.
—Los hombres de Iax se escabulleron— dijo, temblando— los de Lanre los esperan en la tercera plaza por si vuelven, les tienen preparada una emboscada. Por favor, déjame vivir.
Las dagas se separaron de su cuello y el mercader cerró los ojos, aliviado.
—Lo siento— dijo Vashiir— pero las órdenes de Rhodan fueron claras, nadie debe vivir— Y enterró las dagas en su cráneo de un pestañazo, para que no sufriera.
Filonegro tomó la zanahoria del piso y prosiguió. Debo encontrar a Rhodan y avisarle. Extrajo las dagas de la cabeza del mercader y se adentró en la ciudad, dagas en manos, y zanahoria en boca.

Atardecer


Vashiir subió a lo alto de una de las torres de Tinusa, y para ello se tuvo que cargar a tres centinelas y manchar de rojo las escaleras con su sangre. Desde ahí vió a los hombres de Lanre y la emboscada que tenían preparada en la tercera plaza, y era que ese lugar daba acceso a la cuarta plaza y después a la majestuosa ciudadela. Era la única forma de que un ejército llegase a allí. Oteó la ciudad desde la punta de la torre y pudo ver más allá de las murallas, pudo ver el Valle Torr en las afueras de la ciudad, donde también se luchaba desde el primer día. Después de unos minutos localizó al ejército de Iax dentro de la ciudad, estaban cerca de la segunda plaza, seguramente ahí estaban Rhodan, Judas, y los demás. Filonegró asintió para sí.
Salió de la gran torre y se escabulló através de los tejados, hacia el ejército de Iax. Avanzaba rápidamente, no tenía tiempo que perder, la ciudad era inmensa y aún tardaría varios minutos para llegar a su objetivo. Iba veloz, los cadáveres corrían debajo de sí mientras saltaba de techo en techo. Sintió el entrechocar de los metales, se detuvo y se asomó con cuidado. Una chica faen peleaba con un soldado, parecían agotados y la pelea se detuvo un instante. Después,  se oyó un chasquido, y un brillo broncíneo acompañado de un puñal al cuello del soldado. Filonegro sonrió— maldita.
Saltó del tejado y cayó junto Arditi, que lo miró sin una gota de asombro.
Hola— le dijo Vashirr,  sonriente.
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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Old Medie el Vie Ago 28, 2015 3:42 am

Segunda Noche

Anochecer


Con la cara salpicada con pequeñas gotitas de sangre, Arditi avanzó junto con Filonegro, atravesando el campo de batalla que se habían convertido las calles de Tinusa como una máquina de guerra hasta el centro de la ciudad. Las lámparas de las calles no habían sido encendidas, pero las casas que habían sido saqueadas ardían como antorchas gigantes, iluminando la noche. Las calles bullían aún de soldados de ambas facciones luchando a muerte, avanzar por los techos parecía buena opción pero a medida que se avanzaba al centro las casas eran más grandes y se separaban más las unas de las otras. Caminaron por una ancha avenida y a la distancia pudieron ver como un pequeño pelotón de las huestes de Tinusa soportaba en una plazoleta el férreo ataque de los arcos enemigos, los soldados de Iax los tenían acorralados. A medida que se acercaban los sonidos de la batalla que se producía al final de la calle se hacían más fuertes y nítidos, era donde miles de soldados protegían el palacio, era donde estaba Lanre.
Varios hachazos llamaron la atención de Arditi, a su derecha pudo ver como una pareja de soldados intentaba ingresar a una casona. El marco fue destruido y la puerta fue echada abajo, los dos hombres rieron ante su hazaña pero uno fue despedido con un dardo en la cara cuando quiso ingresar, el otro rió o gritó, o ambas cosas, cuando pasó por sobre su compañero caído y entró al inmueble, mientras que desde dentro se podían oír los gritos desesperados de varias mujeres. Todas las casonas en aquella calle se encontraban cerradas a cal y canto, pero en aquella batalla tan enorme sobraban los oportunistas que esperaban saquear la ciudad antes de que otros lo hicieran. Por eso las mansiones de los nobles mas acaudalados en el sector sureste fueron las primeras en ser destruidas y saqueadas cuando la puerta cayó, pero a pesar de que la mayoría de los nobles fueron pasados por la espada, Lanre no apareció. El ejército de Iax avanzó entonces, con la intención de llegar hasta el palacio, se unió con las huestes que ingresaron por la pared caída y llegaron como una masa informe al centro de la ciudad dejando tras se sí un reguero de soldados que peleaban a su conveniencia. Robando y saqueando, asesinando a los rezagados de Tinusa y hasta a los civiles. Arditi y Vashiir se toparon con esa escoria en su camino y mataron a más de alguno en su paso.
Como un fantasma bajo al amparo de la noche, con el rostro sudoroso y manchado, envuelta en polvo del derrumbe de la pared blanca de Tinusa y pegajosa de sangre de sus enemigos, dejó atrás a los saqueadores, dejó atrás la plazoleta y a los acribillados, avanzó por la calle principal y se adentró en la batalla con la esperanza de hallar por fin a Lanre. Filonegro y la faen se separaron a la espera de abarcar más espacio, aún necesitaban encontrar a Judas o Rodhan para poder matar a Lanre, ambos sabían que no podían hacerlo ellos solos.

Las estrellas brillaban y la luna estaba completa, brillante y majestuosa, igual que en Fata. Bajo su luz, a través de las brillantes armaduras que parecían de plata, Arditi se lanzó a la vorágine.

El soldado la vio sin saber si pertenecía a su bando, y es que su armadura de láminas negra no decía nada, tampoco su shaed, ni su espada, mucho menos su cabello ondeante y el hecho de que fuera una mujer. Tan sólo el escudo pintarrajeado con las señas de Tinusa le provocó cierto cierto alivio. Pero el escudo le dio en el mentón con tanta fuerza que le abolló el casco y le rompió el labio inferior, el soldado cayó de espaldas y se dio en la cabeza quedando indefenso. Arditi iba a rematar la faena pero un hombre con un hacha ondeando sobre su cabeza le interrumpió, alzó el escudo no sin hacer un esfuerzo de su brazo herido y detuvo el seco golpe que dejó el hacha clavada en la orilla superior del escudo. El rostro del hombre quedó oculto en la oscuridad y a su espalda las llamas de una mansión ardía, haciendo brillar el perfil de su armadura de dorado, sus dientes chirriaron y soltó un bufido cuando tiró su hacha hacia su cuerpo, y ella sintió como las correas se tensaban en su brazo cuando tiró con todas sus fuerzas para separar el arma de su escudo, la faen gritó y lanzó un estoque con su espada obligando al soldado a soltar su hacha para esquivar la broncínea arma, acto seguido se agazapó en su escudo y se lanzó en una carga contra ella, Arditi lo esquivó girando y con su filosa espada atravesó sin problema alguno el yelmo de aquel hombre por su espalda, el cuerpo se desplomó como un muñeco de trapo al recibir el golpe y su armadura chirrió en los adoquines cuando fue a dar al suelo.
La espada, manchada de sangre al igual que ella, entró y salió de la cara de un soldado con la capa hecha jirones que se atravesó en su camino a medida que huía de otros soldados, la faen pegaba su brazo herido a su cuerpo y maldijo en silencio a los hombres que la habían atacado y se lo habían jodido. Avanzó y avanzó entre la multitud, sin tiempo para sacar el hacha clavada, la que ahora hacia pesar el escudo el doble. Una espada cayó con fuerza por su derecha y ella la bloqueó con la suya provocando una lluvia de pequeños trozos de acero cuando la espada oponente se partió ante la dureza de su arma, y es que la espada de bronce de Iax era dura como una roca y liviana como la cabeza vacía de Filonegro, algunas astillas metálicas le dieron en la cara y otras se enredaron en su cabello, la faen estornudó y saltó hacia atrás chocando contra alguien en su huida de aquella terrible lluvia. Se sintió mareada y débil pero se obligó a no desfallecer a como dé lugar, se pasó la mano por la cara para sacarse las astillas y algunas le hirieron, el rostro le quedó manchado y le entró una a la boca. Con una mueca de asco escupió y un hilo de saliva le quedó colgando del mentón. En su descuido una espada se acercó vertiginosamente dándole medio segundo para que se apartase, el arma le dio en el hombro y se resbaló por su armadura hasta chocar con su escudo, destrozando la orilla superior y sacando el hacha de su sitio. Arditi atacó pero su espada fue recibida por un escudo que reflejaba la luz de la luna, detuvo otro golpe con su espada y con sus movimientos el escudo en su brazo se comenzó a desbaratar, quedando sólo un par de tablas colgando de las correas. Su oponente fintó uno de sus ataques e hizo chocar sus espadas pero la faen fue más rápida y lo alcanzó en una pierna mientras él se alejaba. Aprovechó el instante para usar el filo de su espada para cortar las correas que la unían aún a los restos del escudo y con su brazo libre levantó el hacha del suelo.


Madrugada


Harding encerró al general Kroy en la misma celda en la que estuvo Arditi. El general no sabía qué ocurría y ordenó ser liberado, pero Harling no le oyó y tiró la llave sobre la mesa. La sangre del carcelero muerto estaba seca y manchaba gran parte del suelo y la escalera, el soldado pisó la sangre sin siquiera notarlo y sopeso dar muerte o no al general. La guerra bullía dentro y fuera de la ciudad y Harding ya tenía ganas de matar a alguien, pero Kroy estaba desarmado luego de que le quitaran su fastuosa espada y no sería entretenido. Harding subió, sonreía ante la expectativa, en el pasillo probó su espada y enrojeció su armadura con la sangre de uno de sus compañeros. Salió a la calle y montó uno de los tantos caballos que había en la caballeriza hacia el centro.
Los cascos traqueteaban sobre los adoquines y el soldado había rebanado ya un par de cabezas en su carrera al palacio, no se había fijado si eran del bando de Lanre o el de Iax, a él le daba igual. Cuando se encaminó por la calle principal oyó a lo lejos el sonido de la batalla, era admirable ver como podían luchar aquellos hombres a pesar de que era bien entrada la noche. Cargó contra la multitud con una risa demencial, cuánto había esperado por ello. Su montura cayó sobre los primeros hombres y arrolló a los incautos que no habían oído su cabalgata, la que había quedado ahogada por el sonido de la batalla. Alguien atravesó con una lanza en el pecho a su caballo y Harding cayó de pie como un gato cuando el pobre animal desfalleció chorreando sangre por donde había entrado la lanza, con espada en mano Harding atravesó el cuello del primer soldado en su camino, un pobre hombre que llevaba su misma armadura. Harding lanzó un corte y arrancó a la altura del codo el brazo de un soldado con la armadura de los hombres de Iax. Su risa era la misma que la de la muerte, solo que la de él era más fría y más inmisericorde.
Con espada y escudo en mano recibió a varios soldados de Iax, detuvo un golpe con su escudo y aporreó con la orilla de este a un hombre que apareció por su derecha. A su cabeza las estrellas dormían y el fuego de una mansión iluminaba la noche como una enorme hoguera. Alguien gritó y a su gritó se unieron varios más, era un llamado a los hombres de Lanre, giró la cabeza hacia el origen del ruido y notó como varios hombres caían bajo el brazo de un zarrapastroso montaraz, la espada en su mano de pronto tomaba forma de dagas o de hacha, incluso una lanza que se clavó en un soldado a varios metros de él. Era Vashiir. Harding sonrió, si él estaba allí Arditi estaría cerca. Abriendo paso con su espada trató de llegar al lado del montaraz, alguien chocó contra él e instintivamente le cortó la cabeza, levantó el escudo y bloqueó un golpe, un soldado intentó asestarle en el pecho con una maza y él lo apartó con su escudo para luego enterrarle la espada entre las láminas de la armadura hasta que sintió el chirriar del hueso. Sacó la espada con un sonido de succión, se giró y Vashiir ya estaba sobre él.
—Filone... —el montaraz, envuelto en sangre, tierra, y extrañamente un par de hojas, morfeó sus dagas en una larga espada y el cortó sin ningún miramiento la mano que portaba el escudo de un mandoble. Haring no tuvo tiempo de decir nada, pues a su lado apareció un soldado de Iax que le atravesó el pecho y el sabor de la sangre le llegó a la boca. El soldado cayó de rodillas con un dolor sordo, la mirada le falló, pero antes de desfallecer Narr abandonó su cuerpo.

El soldado abrió los ojos. Le faltaba una mano y en la otra sujetaba una espada ya sin fuerza. Un hombre de Lanre acababa de fallecer frente a él, el soldado soltó su espada y se llevó la mano al muñón. Tenía frío, estaba de rodillas sobre unos adoquines llenos de sangre y barro. El cielo nocturno estaba cuajado de estrella durmientes. El soldado se puso de pie con dificultad. Necesitaba encontrar a alguien más sano, a alguien que no se fuera a morir en los próximos minutos.
—Oh, estrellas durmientes —susurró—, ¿por por qué están tan tristes esta noche?
Se acercó al soldado más cercano mientras movía la boca casi en silencio. Levantando su mano sana y tratando parecer lo más lastimero posible llegó a su lado.
—Oh estrellas durmientes, brillen para mi esta noche —tarareó el soldado mientras veía desmayar un manco frente a él.
Corrió hacia las cercanías del palacio, su espada reflejaba el rojo de un incendio lejano.
El soldado de Iax iba sin capa y su escudo negro estaba manchado de sangre cuando le reventó la cara a un soldado de su mismo lado.
—¿Puedes oír aquellos ecos de las estrellas de Fata? —cantaba mientras asesinaba a un hombre que había perdido su casco—. ¿Puedes sentir su soledad? —dijo antes de caer muerto bajo una maza.
—El canto de las estrellas de Fata me llama —dijo el soldado de la enorme maza salpicada de sangre—. Mis ojos se sienten tan pesados, las estrellas me llaman —Dejó caer su maza sobre la cabeza de alguien y el casco del soldado perdió su forma bajo el arma—. Quieren que me una a ellas en la eternidad.


Arditi oyó el cantar de una nana, observó a un alto soldado de Lanre abanicar su maza como si fuera una rama de sauce.
—¿Narr?


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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Títere el Jue Sep 03, 2015 6:39 pm

Tercer Día
Amanecer

Cohërn golpeó la pesada puerta de roble con el escudo por decimocuarta vez. Los goznes chirriaron, y los dos superiores saltaron. Ya casi estaba.
Cogió carrerilla y le propinó un último y mortal golpe, derrumbándola hacia atrás, y provocando que cayese con un golpe seco.
Al instante, un soldado armado con una ballesta le disparó. Noire levantó un muro de agua y Cohërn llamó al viento, convirtiéndolo en hielo. Esto detuvo la flecha, a continuación Noire lanzó una llamarada que derritió el hielo y Cohërn una estocada que decapitó al soldado. Rápido y limpio.
Encontraron a su compañero escondido tras unos barriles, espada en mano. Este fue mas fácil que el anterior.
Con paso rápido, subieron los siete pisos de escaleras hasta llegar a lo alto del torreón. Era uno de los que guardaban el lado noreste de la ciudad, de los mas altos, y muy próximo a la grieta que habían abierto con las bestias. Desde allí se podía observar toda Tinusa, antaño blanca y esplendorosa, y ahora negra y envuelta en llamas. Los múltiples fuegos ocasionados por los saqueos que se estaban llevando a cabo en algunas partes de la ciudad habían provocado que los muros y paredes se llenasen de hollín y ceniza, dándole a la ciudad un aspecto lúgubre y horrendo. Dándole a la ciudad el aspecto de estar en guerra, al fin y al cabo.
El plan que habían ideado para atrapar a Lanre les había salido mal. Muy mal. La batalla estaba ya muy avanzada cuando llegaron con las bestias, y Lanre se había alejado demasiado de la ciudad. Y cuando cayeron las murallas, la mayoría de hombres de Iax se internaron en la ciudad, esperando encontrar el oro y las mujeres que les habían prometido. El resultado final fue irónico. El grueso de las tropas de Iax se concentró en las callejuelas y barrios bajos de la ciudad, mientras otro grueso luchaba en la ciudadela y otro defendía la muralla caída evitando así que entrasen las tropas de Lanre. Y estas se encontraban igual de divididas. una parte del ejército se encontraba combatiendo en frentes disgregados por las calles de la ciudad, mientras otra se afanaba en defender la ciudadela, y el grueso, que se encontraba con Lanre, luchaba en el valle de Vessten Torr por intentar volver a entrar en su ciudad, cuyas entradas se encontraban ahora en manos de Iax.
-Parece que ya llega -le dijo Noire. Y así era, desde lo alto pudieron observar como una figura se acercaba corriendo desde el bosque. Les saludó con la mano, y Noire movió los labios. Al instante, un enorme géiser levantó a la figura, mientras Cohërn llamaba al viento para depositarla suavemente junto a ellos.
-Vaya, que fácil ha sido trepar por la muralla -rió Cynthia. Pese a estar cubierta de sangre, fruto del pequeño escarceo que habían tenido con las tropas de Lanre cerca de la tercera plaza, la autodenominada hija de Iax no perdía el buen humor.- Muy bien, ya los tengo, ¿que hacemos ahora?
Cohërn miró a los cuatro pequeños pajaritos que había traído la muchacha. Y a continuación miró incrédulo lo que sostenía Noire en sus manos.
-Aquí tienes, un pelo de Arditi, otro de Judas, otro de Rodhan y por último un par de Filonegro. Que les busquen.
Cynthia asintió y trinó varias veces, mientras les enredaba uno a uno los pelos a las plumas de los pajarillos.
-¿Quieres que les lleven algún mensaje?
-¿También pueden hacer eso?
-Claro -Cynthia sacó papel y pluma del macuto, y garabateó un par de cosas. Al parecer no necesitaba tinta.
-Muy bien. Diles que nos veremos en la puerte este a mediodía. Me parece recordar que aún está en posesión de las tropas de Iax. Si no llegan, les daremos por muertos.
Cynthia transcribió el mensaje, y ató los papelillos en las patas de las aves.
Después, las cogió una a una entre sus manos, mientras las susurraba unas palabras. Luego, las echaba a volar.
-Ya está. No te preocupes, no se perderán, ni las abatirá ninguna flecha, dalo por seguro. Ahora, ¿que hacemos nosotros?
-Debemos encontrar unas monturas -dijo Noire.- La puerta este está lejos, debemos darnos prisa, pues probablemente lleguen antes que nosotros.


-...el primer borrador lo escribes con el corazón, el segundo, con la mente.-
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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Títere el Sáb Sep 12, 2015 1:50 pm

Tercer Día
Dos horas antes del mediodía

Cohërn espoleó a su montura por entre los estrechos pasadizos y callejuelas de la ciudad. Tiró de las riendas y la hizo saltar una pila de escombros y maderos en llamas. Luego dobló a la izquierda, y picó espuelas. El animal relinchó, mientras echaba espuma por la boca. Tenía una flecha clavada en el torso, y se estaba desangrando a cada paso. Cohërn sabía que los más humano en ese momento sería sacrificarlo, pero no podía arriesgarse a parar, y menos a ir andando, en esa parte de la ciudad sería un suicido, pues por todos lados había pequeños grupos de mercenarios de Iax y soldados de Lanre. Los segundos te disparaban si te veían. Los primeros también. La única forma de sobrevivr era que no te vieran, o ser más rápido que ellos cargando el arco.
Volvió a doblar una esquina y se encontró con uno de esos pequeños grupos. Eran siete, iban mal armados, y portaban ropas grises. Bien podrían ser las blancas de la ciudad de Tinusa sucias, o el negro de las tropas de Iax descolorido. Daba igual. La solución a ambos casos era correr.
Espoleó al caballo, y pasó por en medio del grupo. Le salpicó la sangre cuando uno de los cascos del animal aplastó el cráneo de uno de los soldados, pero no se molesto en limpiarse siquiera. A esas alturas de la batalla, todos estaban cubiertos ya en sangre. Suya o de alguien a quien habían matado.
Escuchó un chasquido e instantes después chocó contra el suelo con fueza. Habían dado al caballo y el pobre animal no había aguantado mas. Cohërn lo miró, echaba sangre y espuma por la boca a partes iguales, además de tener una muy fea herida en el costado y una flecha clavada en la pata. Tenía espasmos, y se escuchaba un silbido cada vez que intentaba respirar. Cohërn no lo remató. En la guerra no quedaba tiempo para la piedad.
Se lanzó contra los soldados que había arrollado momentos antes. El primero portaba una vieja espada. Solo eso. No armadura, ni casco, ni escudo. Lo partió por la mitad.
Ni se fijó en el segundo, solo giró con la espada en la mano y noto algo de presión, adornado con un grito de agonía. El tercero debía ser el jefe, este si llevaba armadura y escudo, además de un hacha. No llevaba casco. Cohërn le propinó un poderoso mandoble descendente, pero el soldado levantó el escudo en el momento justo, y solo le mandó volando hacia atrás. Tampoco se fijó en el cuarto, solo en el escudo azul que portaba. Con un golpe de viento se lo arrancó de la mano, con mano incluida, y lo mandó contra el quinto, que tenía un arco, al igual que el sexto. El escudo se le clavó en la cara, partiéndosela por la mitad, y salpicando sangre a todos lados. Después, con otra ráfaga de viento mandó al cuarto soldado contra el sexto soldado. Los dos cayeron al suelo, echos un manojo de extremidades. Cohërn los atravesó a los dos al mismo tiempo. Murieron uno encima del otro.
Cohërn envainó la espada. Ni se molestó en limpiarla. Tenía el semblante pálido. Y le temblaba el labio de arriba.
Escuchó un gritó, e instantes después notó como el acero mordía su piel. El que parecía ser el jefe se había levantado, y ahora se encontraba a su espalda. El cabrón le había clavado el hacha en el hombro.
Cohërn estaba desarmado, pero notó como la sangre hervía en su interior. Al instante, una ráfaga de viento inundó el callejón, y levantó al soldado. Luego, los aires cambiaron, y aplastaron el cráneo del que parecía ser el jefe. Calló al suelo como una madeja.
Cohërn se derrumbó contra una pared. Nunca había hecho eso. Nunca había sido tan cruel con un animal. Nunca había matado a siete hombres sin haber intercambiado una sola palabra con ellos, sin haberles dado la oportunidad de huir o rogar por sus vidas. Nunca había utilizado el viento para matar. Nunca.
Esta maldita guerra le estaba destrozando, no imaginó que sería tan dura. Y lo peor era que le echaba la culpa a Lanre, un hombre que no conocía de nada, solo de las habladurías de los soldados. Él tenía la culpa de todo. Él era el que lo había provocado. Si quería que acabase ya la guerra, tenía que matarlo. Pero el muy hijodeputa sabía como evitar eso. Cohërn no le había visto en ningún momento de la batalla. Solo sabía lo que le habían contado: Que estaba fuera, en el Valle de Vessten Torr, intentando entrar a la ciudad.
Cohërn notó un pinchazo en el hombro. Mierda, se le había olvidado la herida. Se giró para examinarla. Por suerte no era muy profunda, la cota de mallas había absorbido la mayor parte del impacto. Pero el cabrón le había dado bien, a pesar de las mallas había conseguido cortar varios centímetros de carne.
Desenvainó la espada. Joder, le dolía. No podría mantenerla mucho tiempo, y mucho menos lanzar estocadas. Soltó la espada y cogió el escudo. Le dolía aún más, pero al menos con el escudo si se podía permitir llevar el brazo inerte. Solo tendría que hacer un esfuerzo enorme cada vez que intentase parar un golpe. Y además tendría que luchar a zurdas.
Miró el cadáver del que parecía el jefe de los soldados y sintió tentaciones de escupirle. El cabrón le había jodido bien.
Pero en vez de hacer eso se dirigió a un soportal, y hechó la puerta abajo. En su estado no podía ir por la calle, y mucho menos caminando.
Subió al tercer piso, y después trepó a la azotea. Los tejados serían la mejor opción visto el caso.
En esa parte de la ciudad las casas estaban muy juntas. Eso era lo que había provocado que el fuego se propagase tan rápidamente, y lo que convertía las calles en un laberinto mortal. Pero también hacía que fuese mucho mas fácil correr por ellos. Cohërn miró hacia la puerta este. Aún le quedaban dos kilómetros para llegar, y quedaba muy poco para mediodía. Debía darse prisa.



Los tejados habían cambiado, al igual que la anchura de las calles. Para poder cruzar de tejado en tejado Cohërn debía usar el viento, y ni con esas en algunos casos. Por esa razón decidió volver a bajar a las calles. Ya le quedaba menos para llegar a la puerta, y en teoría esa parte de la ciudad era ya propiedad de las tropas de Iax. Los saqueos ya debían de haber empezado.
Saltó al tejado de una gran casa de madera. Tenía un cristal en el tejado, puesto a modo de ventana. Cohërn lo rompió de una patada, y bajó a la buhardilla. Era acogedora. Al parecer aún no la habían saqueado.
Buscó las escaleras, y descendió al segundo piso, era muy bonito, con las paredes de madera y tapices carmesís decorándola. Daban ganas de quedarse y esperar a que terminase la batalla durmiendo en una de las cómodas camas.
Algo le hizo girarse.
Y a tiempo, pues un pequeño soldado con una armadura entera de plata le atacó por la espalda. Detuvo su estocada con una ráfaga de viento, que luego cambió la intensidad y le empujó hacia atrás, dándole a Cohërn el tiempo suficiente como para desenvainar la espada. Se acercó a él antes de que recuperase el pie, pero el soldado, asustado, lanzó una estocada a zurdas, que rompió varios jarrones, el marco de madera de la puerta, y provocó que su acero se quedase atascado en la pared. Cohërn le lanzó un tajo a la cara, que no fue mortal gracias al yelmo, que salió despedido por los aires, y luego le atravesó el estómago, pese a la armadura. Cohërn había aprendido a hacer eso el día anterior. Si juntabas el tajo con viento, era mucho más cortante. Tanto, que cortaba incluso armaduras.
El soldado que le había atacado escupió sangre. Y Cohërn vio que no era un soldado. Era un niño. Con una armadura que le quedaba grande. No tendría más de once años.
Cohërn se quedó en shock. El chaval cayó al suelo, muerto, haciendo tintinear la armadura.
Un grito de dolor y agonía se escuchó por toda la casa. Volvieron a atacar a Cohërn por la espalda, y este cortó a lo alto como un autómata.
La madre, que era la que había gritado, cayó al suelo decapitada. Portaba un cuchillo en la mano.
Cohërn se quedó inmóvil. No sabía que hacer. Sintió ganas de vomitar, y lo hizo. Luego se callo al suelo. Estaba mareado. Todo le daba vueltas, y la visión se le nublaba.
Pudo ver como abrían la puerta de la habitación contigua a las escaleras por las que había bajado. De allí salió una niña. Al parecer estaban los tres ahí escondidos. Ahora solo quedaba ella.
La niña, mas pequeña aún que su hermano, se arrodilló junto al cuerpo de su madre, mientras lloraba en silencio. Apoyo la cabeza en su pecho, mientras sufría sollozos incontrolados.
Cohërn sintió ganas de suicidarse, viéndola allí, junto al cuerpo inerte de su madre, decapitado, gracias a él.
La niña permaneció allí, incluso cuando se escuchó un golpe en la puerta de abajo, incluso cuando se escuchó gente subiendo por las escaleras, incluso cuando Cohërn se levantó para esconderse.
Este, escondido en una de las habitaciones, pudo ver como subían dos soldados vestidos de negro por la escalera. Al parecer habían escuchado el grito de la madre, y habían ido a ver que pasaba. Rieron al ver la escena, y se miraron entre ellos, entre risas, cuando vieron los tapices. El más alto le dijo algo al otro, que Cohërn no pudo escuchar. Luego cogió del pelo a la niña y la zarandeó. Volvió a reir, y la tiró al suelo. La niña se quedó ahí, entre sollozos, mientras el soldado la propinaba una patada. El otro se acercó, y empujó a su compañero. Después levantó a la niña, y se la llevó a la habitación de enfrente. Luego, la quitó la ropa, y él se bajó los pantalones. Su compañero también entró en la habitación, mientras se desabrochaba también el cinto. La niña chilló. Cohërn se quedó inmóvil. Estaban los dos de espaldas, entretenidos, no se darían cuenta si el se acercaba espada en mano. Sería rápido.
Pero la niña estaba gritando mucho. Vendrían más soldados, no podía quedarse allí.
Cohërn dudó.
Instantes después saltaba por la ventana, mientras entraban más soldados en la casa, y la niña seguía llorando en le piso de arriba.



Corrió por las calles de la ciudad, apartando soldados a su paso. Ya le daba igual si le veían, si alguno de ellos le disparaba mientras Cohërn corría, le harían un favor. Solo quería morirse, quería que terminase ya aquella guerra.
Estaba destrozado. Tenía la tez pálida, y sentía mareos y ganas de vomitar. Además, las articulaciones le dolían, y el hombro le picaba muchísimo.
En ese momento deseó que Noire y Cynthia siguiesen vivas. La hija de Iax le habría curado las heridas, y habría salvado a la niña. Y Noire sabría que hacer, Aunque muchos la criticasen, aunque dijeran que Judas era el verdadero jefe, ella siempre sabía que hacer. Ella les habría guiado por los callejones, como estaba haciendo en el momento en el que murió. La madera y el fuego eran mala combinación. Mientras cabalgaban los tres por las calles, un enorme edificio de cuatro plantas se había derrumbado sobre ellos. Noire no se dió cuenta hasta que fue demasiado tarde. Cynthia igual.
Cohërn desmontó, e intentó buscarlas, pero unos soldados de Lanre le atacaron. Hirieron a su caballo en el hombro, y le hicieron huir. Cohërn corrió asustado y desorientado por las calles, hasta que recuperó el control. Recuperó a la montura, e intentó volver a donde el edificio derrumbado, pero las calles eran como un laberinto y se perdió. Si Noire hubiera estado allí, eso no habría pasado, nunca se habría perdido.
Al igual que ella le obligaría a levantarse ahora, y a seguir andando. Hacia tiempo que había pasado el mediodía. Ni siquiera había podido llegar a tiempo a la puerta Este, que estaba solo a tres kilómetros. No servía para nada. El grupo podía haber hecho lo mismo sin él, él era solo el número siete, el que iba detrás, el que ayudaba en las misiones sencillas y el que necesitaba protección en las batallas difíciles. Desde que entró en el grupo no había hecho nada, en la pelea con el Modelador en el bosque delante del castillo de Iax él no participó. Cuando tuvieron que luchar en el desfiladero se quedó atrás, luchando en la empalizada, mientras los demás abatían a los verdaderos enemigos. Filonegro se reía de él, y con razón. Había tardado dos malditos días en coger a unos putos toros pero en versión grande para derribar las murallas. Ni había podido luchar contra siete soldados mal armados sin recibir una herida.
Y Iax pretendía que matase a Lanre. Ja.
Cohërn soltó la espada y lloró.
Después se desmayó.



Tercer Día
Hora y media después del mediodía
Se despertó aturdido y con la boca seca. Estaba rodeado de gente. Estaban todos tumbados en camillas, y unos pocos iban y venían entre ellos. Era una enfermería.
Vió que estaba desnudo. Y que le había puesto un vendaje en el hombro, solo eso. No le habían sanado la herida.
-¿Estás vivo? Bien, no me esperaba que despertases, tenías un color muy raro... -un médico de campaña le estaba hablando.- ¡Eh Mike, este esta vivo, mete a otro en el carro!
-¿Donde estoy? ¿Qué ha pasado?
-Estás en una enfermería.
-Eso ya lo sé, quiero saber en cuál.
-En la tercera del campo este, dentro de las murallas de la ciudad.
-¿Y la batalla?
-¿La batalla qué?
-¿Ha terminado?
-Ni mucho menos, he oído decir, que los incendios han empezado en la Ciudadela, y que Lanre esta comiendo terreno a nuestras tropas en el valle. Está intentando entrar a la ciudad.
-¿Qué hora es?
-Hora y media después del mediodía.
-¿Y a cuanto estamos de la puerta Este?
-Esta aquí al lado, detrás de esos edificios de madera.
-Bien, gracias, debo irme.
Cohérn se levantó, pero el médico le detuvo.
-De eso nada, debes seguir en cama.
-¿Y mis cosas?
-Escúchame chico, en tu estado...
-¿Donde están mis cosas?
-Te estoy diciendo que...
-Donde.Están.Mis.Putas.Cosas.
Él médico suspiró.
-Las has perdido. A todo aquel que entra en la enfermería con síntomas de irse al otro barrio, le quitamos la armadura y las armas y se las entregamos a uno de los soldados que se ha recuperado, para que pueda combatir. Así funciona esto.
Cohërn maldijo, y miró en derredor.
-Deja de buscar chico, no las vas a encontrar...
Cohërn le ignoró.
-El soldado al que se las entregamos se fue hace rato.
-Me la suda.
-Si quieres te puedo dar otras armas, tenemos de...
Cohérn cruzó la tienda en dos zancadas largas, y salió fuera. Había visto pasar un escudo morado por delante de puerta.
-¡Eh tú! ¿Sales de la enfermería?
El soldado que llevaba su escudo se giró.
-Sí, me dirijo al campo de batalla. ¿Por?
-Yo también.
Cohërn le tiró al suelo con una ráfaga de viento y le quitó el escudo. Y la espada. También era la suya, al igual que las ropas.
-Desnúdate -le dijo.
El soldado vio el acero peligrar por encima de su cabeza, Obedeció.
-Los calzones te los puedes quedar -Cohërn terminó de atarse el cinto, y se dirigió a la puerta este.
Allí había varios guardias en la puerta, impidiendo que nadie entrase ni saliese sin pasar por el control. Debían evitar que pasasen espías.
Lo cual era una medida estúpida, pues lo único que hacían era preguntar a que batallón pertenecías. Cualquier espía podía decir uno que hubiese escuchado decir al soldado de delante.
Cohërn se dirigió al que parecía el jefe.
-¿Has visto pasar a un hombre alto con el pelo largo y que te saca dos cabezas? Esta muy mazado. ¿Y a una chica fata vestida con una armadura negra? ¿Y a un modelador bajito y escuálido? Se llama Judas. ¿Y a otro Fata, alto y con una armadura de plata?
El soldado le miró, extrañado.
-No, no les he visto, y si les he visto no te lo diría. ¿Quien eres? ¿Eres un espía? ¡¿Es eso?! ¡CHICOS VENID, HE ATRAPADO A UN ESPÍA! ¡RÁPIDO!
-Gilipollas.
Los soldados bajaron las lanzas y le rodearon.
-Escuchad, no estoy para bromas, dejadme ir, tengo que salir ahí fuer...
-¡Calla espía! Los espías no hablan, solo mueren.
-Buena ahí jefe.
-Gracias Jork, recuérdeme que te ascienda.
Cohërn suspiró, y sacó la espada. Al parecer tendría que solucionarlo por las malas.
-¡HA SACADO LA ESPADA! ¡ES UN ESPÍA DE VERDAD! ¡MATADLO! ¡MATAAAADLO!
Los soldados atacaron, y justo cuando Cohërn iba a llamar al viento para tirarlos a todos al suelo, se escuchó un grito que les heló la sangre a todos.
-¡Llega Lanre! ¡Lanre a roto nuestras defensas! ¡Viene hacia aquí! ¡Llega Lanre! ¡Llega Lanre!
Y en ese momento, un enorme pelotón de caballería armada entró por la puerta, con las lanzas en ristre, empalando a todo el que se les ponía a tiro, y pisando a los demás. Los hombres corrieron y murieron, mientras los caballos iban dejando tras de si una estela de cadáveres pisoteados. Cohërn se agarró a una de las paredes, quedando fuera del alcance de sus lanzas.
Después de que pasasen los caballos, Cohërn bajó. La puerta se había quedado desierta. No quedaba nadie,
Y vió como se acercaba un caballero blanco, con coraza blanca, montura blanca, y escudo blanco. Relucía en medio de aquel campo de batalla, todo negro y rojo por la sangre, sucio y quemado, maloliente debido a las heces de los soldados muertos. Él estaba impoluto. Ni una gota de sangre ensuciaba su pechera.
A su lado, la mujer mas bella que Cohërn hubiese contemplado nunca se alzaba poderosa, vestida de negro, en contraste con su marido. No llevaba armadura ni armas, pues ella solo necesitaba de su voz para hacer caer a los hombres.
Y allí estaba Cohërn, sucio, herido, solo. En la puerta este, sin nadie a su lado en el que apoyarse. Allí no estaban Rodhan ni Judas, ni Arditi ni Filonegro, y mucho menos Cynthia y Noire. Estaba solo él. Contra Lanre, Lyra, y sus doce caballeros de plata.
-¿Eres Lanre? -dijo Cohërn.
El caballero se situó delante suya.
-Sí, así me llaman, y así me nombró mi madre. ¿Y tu quién eres? No has sido arrollado por los caballos, ni has huido al escuchar mi nombre ni al ver mi sombra.
Cohërn se arrodilló.
-Mi nombre es Cohërn, hijo de Orhen -dijo.- Y he venido a matarte.


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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Títere el Mar Sep 15, 2015 2:53 am

Tercer Día
Hora y media después del mediodía

-...y he venido a matarte.
Cohërn se movió rápido. Aunó toda las fuerzas que le quedaban en un último golpe, medido y calculado. Dividió su mente en tres partes, y con las tres llamó al viento.
Con la primera se impulsó todo lo fuerte que pudo hacia Lanre. Con la segunda sujeto a este contra el suelo. Y con la tercera recubrió el filo de su espada, de la manera en la que le había enseñado Rodhan a hacerlo hacía ya lo que parecía una eternidad.
Fue mas rápido que un río embravecido en un día de tormenta. Más rápido que la rapaz que acecha a su presa. Más rápido que el propio viento.
Pero no fue suficiente.
El filo de su espada quedó a escasos centímetros de la parte inferior del peto de Lanre, allí donde era más débil, allí donde si penetraba la espada destrozaría un riñon y parte del estómago. Una herida mortal.
Cohërn había invocado al viento para lanzarse contra su oponente. Pero lo que invocó Lyra para defender a su amado fue un auténtico huracán.
Salió despedido hacia atrás a una velocidad siete veces superior a la que había atacado. Cuando el viento le impactó, pudo sentir como se le rompían varias costillas,  y como se quedaba sin respiración por el golpe. Después,mientras estaba en el aire, miles de pequeñas y afiladas ráfagas de viento le destrozaron. Pudo sentir como rasgaban su piel y le atravesaban. Era como lo que había intentado hacer él en la espada, pero sin acero debajo.
Y cuando cayó, consiguió ver la mirada poderosa de Lanre. Era aterradora, era como ver al mismísimo Tehlu encarnado y ataviado con armadura.
Pero más aterradora aún era la mirada de su prometida. Lyra. Ella era la que había invocado al viento. No había movido un músculo. No había pronunciado una palabra. y sin embargo le había derrotado con un rápido y contundente golpe.
Y en ese momento, tras todo lo pasado, tras todo lo oído, Cohërn pudo ver que el verdadero enemigo era Lyra. Ella era el verdadero poder tras la coraza de Lanre. Ella era quien debía morir para acabar con esta guerra.
Pues ella era quien podía matar a un hombre sin endurecer siquiera un poco la mirada.



Las calles de la ciudad apestaban, olían a sangre, a heces, y a humo. Cohërn estaba hastiado ya de andar por ellas. Le parecía que llevaba una eternidad haciéndolo.
-¿Acaso no lo llevas?
Cohërn se giró. Allí, detrás suya, sentada en el suelo con las piernas cruzadas y la espalda pegada a la pared, había una muchacha,
-¿Noire? ¿Eres tú? -se acercó a ella confuso.- ¿Qué haces aquí?
-¿No es obvio? -preguntó ella.- Como higos -dijo mientras masticaba.
-Pe... pero... yo... os... Te vi. Se os cayó una casa encima. ¿Cómo es posi...?
La chica rió.
-¿Se te ha olvidado ya que soy nominadora del fuego y el agua? Por favor, un simple edificio en llamas no puede acabar conmigo -dijo despectivamente.
-¿Entonces? ¿Has estado aquí todo este tiempo? -Cohërn no salía de su asombro.
-Sí -la chica cogió otro fruto de la cesta.- Comiendo higos. ¿Quieres?
-Sí, digo, no, no quiero higos. Joder Noire estamos en guerra. Filonegro y Arditi pueden estar muriendo en este momento, al igual que Rodhan y Judas. Tenemos que ayudarles.
-Eh, eh, tranquilo, no vengas aquí a meter prisa. Anda, siéntate y come un higo. Verás como te relajas.
Cohërn la miró incrédulo.
-Noire, no te reconozco. Siempre has sido la jefa. Siempre has sido la que pensaba en los demás antes que en ti. ¿Como puedes estar comiendo higos?
-¿A lo mejor puede ser porque soy solo un producto de tu imaginación en vez de un ser completo, racional y sensato?
-¿Qué? Eso no tiene sentido,,,
-Aquí nada tiene sentido.
Cohërn pateó el suelo, furioso.
-Mierda, mierda, ¡mierda! ¡Joder, no me entero de nada!
Noire cogió otro higo.
-Mira a tu espalda.
-¿Eh?
-Tu espalda.
-¿Que pasa? Solo hay una pared.
-No, esa no es tu espalda, eso es lo que está detrás tuya.
-¿El escudo? -Noire le ignoró.- ¿Es eso, el escudo? Lo llevo colgado a la espalda.
-No sé. Yo solo te repito lo que me dijeron que dijera.
-¿Quién te lo dijo?
-Tú. Hace un rato.
-¿Yo? Pero que mierda dices, Noire maldita sea, háblame claro.
Noire le miró fijamente.
-Siéntate. Come un higo. Reflexiona sobre lo que te he dicho -la chica volvió a mirar al cielo.- No puedo hablar más claro.


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Re: FIC COMUNITARIO (2)

Mensaje por Old Medie el Jue Sep 17, 2015 5:44 pm

El viento recorrió las calles como un sifón, trayendo consigo todos los restos de la batalla. El redondo escudo de Narr cubrió a Arditi y se protegieron lo mejor posible de la tormenta de espadas, cuerpos y sangre que sopló. Como si fueran arrastrados por una gran ola de metal, los dos faen fueron arrastrados varios metros al igual que todos los soldados que aún estaban vivos, y los muertos los siguieron, con sus caras blancas y tristes. El viento amainó, y se detuvo, sepultada, Arditi sacó su cuerpo maltrecho de entre los caídos. Estaba bastante jodida, cansada y hambrienta, pero se pudo poner de pie. La fuente que había detenido su avance estaba llena de hombres, ya daba igual si eran de Iax o Lanre porque ya estaban muertos. Su sangre había manchado el agua, la que ahora brotaba rosa, la faen aun así la observó mientras caía sobre las armaduras y hacia repiquetear el metal. Necesitaba un sorbo.
—¡¿Qué mierda ha sido eso?! —preguntó Vashiir, acercándose a ella sin ningún problema por entre y sobre los cadáveres. Sus dagas colgaban de sus manos, tenía un ojo hinchado y un gran cardenal en el pómulo, pero aún conservaba fuerzas para luchar—. No deberías beber de esa agua.
—Alguien ha llamado al viento —contestó Narr sin prestar atención a Arditi—. Sin duda debió ser alguien poderoso. Espero que Judas.
Arditi se secó el mentón, ahora se sentía más satisfecha. Filonegro y Narr estaban juntos un par de pasos más allá observando el cielo y ella se les acercó. Los cuerpos eran miles, los sobrevivientes cientos. La guerra aún continuaba y estaba a punto de caer cansada al lago de sangre que le cubría las botas. Se apoyó en su espada como si se tratase de un bastón y llegó a su lado.
—Ha venido de allá.
A pocas calles de donde estaban se podía ver claramente como la ceniza llovía negra y como los pilares de humo de varios incendios estaban revueltos como si la gran mano de Dios les hubiera dado un manotazo. Si allí estaba Judas o Rodhan, o por último Cohërn, valdría la pena ir.
El camino estaba libre gracias al viento, los cuerpos inertes rebosaban por las casas y las calles, se apiñaban en grupos ahí donde se habían puesto a luchar y habían muerto. Varios soldados estaban tirados conteniendo la sangre que se escapaba de sus heridas o simplemente esperando morir. Los más cobardes cerraban los ojos al ver pasar al pequeño grupo, fingiendo estar muertos para evitar estarlo. Pocos fueron los que no corrieron al verlos, pero todos murieron luego de cruzarse con ellos.
Cuando llegaron a la calle del incendio lo vieron. Un soldado con impoluto blanco, espada envainada y con una mirada tan poderosa que con solo ella bastaba para vencer a alguien. A su lado estaba ella, era lo más cercano a una diosa, con ella a su lado sería imposible matarlo.
—Ahí está ese hijo de puta. Por el que tanto hemos pasado. A un tiro de flecha de nosotros —Vashiir apretó sus puños—. Nadie es tan loco o tiene tan poco amor por la vida como para lanzarse de cara contra él, pero no puedo frenar las ganas que tengo de clavar mi hierro en su bonita armadura.
—No eres el único —le contestó Arditi blandiendo su espada broncínea.
—Es hora de que demostremos el poder que llevamos dentro —dijo Narr—. No hay tiempo para esperar a Judas o Rodhan. Yo llegaré por su retaguardia, Arditi, tu espada es lo único que no puede nombrar Lyra, así que no dejes que logre nombrar tu nombre aquella bruja y mátala. Vashiir, cuando Lyra caiga, Lanre perderá el escudo, pero ten cuidado con su espada. ¿Crees que podrás contra él?
Vashirr río y desenvainó sus dagas.
—Lanre solo habla el lenguaje de las espadas —deslizó una daga sobre la otra y sonrió al oír su metálico susurro—¬, pero yo hablo el lenguaje del hierro.
Arditi sonrió ante su seguridad.
—¿Listos? —sus compañeros asintieron, Narr se colgó el escudo a la espalda—. Haré una señal, y cuando pasen sobre sus monturas por aquí nos lanzaremos.
Narr corrió a un extremo de la calle y se perdió dentro de un edificio, Vashiir se perdió dentro del de enfrente. Arditi se quedó mirando a la pareja unos instantes antes de entrar a una tercera casa.
Afianzó sus correas, y la hebilla de su cinturón y capa, se trenzó el cabello para evitar que le quitara visión o se le enredara en algún lado. Respiró entrecortado y espero tranquilamente, observando por una ventana. La pareja comenzó a avanzar al trote. Solo estaban a unos cien metros, luego a setenta, luego a cincuenta. Pasaron la casa donde se escondía Narr, avanzaron, Arditi apretó fuerte la empuñadura de su espada, pasaron por fuera del edificio en donde estaba.
Corrió.
El viento surgió como un monstruo, como una pared, como una tormenta. Arditi lo nombró y con su espada partió en dos esa pared, Lyra estaba a menos de tres metros con sus manos alzadas, Narr apareció a su espalda, Lanre volteó su montura y lo descubrió. Todo alrededor de Arditi fue escupido por el viento, el edificio a su espalda se desmoronó como si un gigante molesto la hubiera pateado. Arditi no dejó del cortar la ventisca, y sus botas se clavaron a la tierra. El viento comenzó a caer sobre ella, la aplastaba como si fuera una hormiga bajo un zapato. Nombró al viento nuevamente y lanzó el huracán en contra de Lyra. Sus caballos piafaron y sus crines restallaron contra el viento. La montura de Lyra se encabritó y ella cayó al suelo y por un instante mínimo el viento cesó.
Arditi gritó, alzó su espada y se la clavó en el pecho a Lyra. Sonrió como una posesa, pero no, Lyra usaba una armadura, una malla tan dura como la voluntad de Iax. Su sonrisa se borró, su trenza ondeó ante el viento que comenzaba a asomar. Lyra llamó nuevamente al viento y una tormenta la reclamó su cuerpo y la lanzó hacia atrás como el puño de Dios. Cayó dolorida sobre escombros, se puso de pie como pudo. ¿Aún podía luchar? Se llevó la mano a la cabeza, todo le daba vueltas. Se levantó con un mareo y sintió como varios nuevos dolores se sumaban a los que ya sentía desde el día de que comenzó la batalla. Lyra seguía viva. Recogió su espada que había caído unos metros más allá y volvió.

Lanre y Vashiir hacían tañir sus espadas como si fueran campanas, Lyra se sujetaba el hombro y la sangre brotaba bajo su mano, miraba el suelo. Arditi corrió, y siguió su mirada. Narr estaba desmadejado igual que un muñeco en el suelo, a tan solo un metro de Lyra, su brazo aun sostenía la espada, pero se retorcía tanto que había quedado bajo su espada y salía por el otro lado de su cuello. Su rostro inexpresivo miraba el oscuro cielo.
Arditi gritó como una loba y volvió al ataque. El viento volvió a caer sobre ella como un tornado que la alzó e hizo girar como un trompo. Ella llamó el viento y cayó como una hoja seca. Lyra comenzaba a cabrearse, la faen lo pudo descubrir por como la miraba. Lyra trató de llamarla, buscó su nombre a través de sus ojos pero ella lo esquivó. Lyra llamó a la piedra y Arditi saltó esquivando el suelo y la grieta que se abría bajo ella. Llamó a una ráfaga para que la impulsara a su oponente, pero la mujer de Lanre se escudó con una gran mole y la espada de la faen quedó clavada en la piedra.
Se oyó un grito, la piedra cedió y Arditi pudo ver que Vashiir había logrado asestar un golpe bajo la pernera de Lanre, pero el montaraz tenía también un corte en su pecho, y otro en su brazo, y un tercero en la pierna. Lyra abrió la boca, pero Arditi se lanzó rápida sobre ella, la mujer la esquivó y se volvió hacia ella, la faen trató de matarla, estaban cerca la una de la otra, lo suficiente para volver a clavar su espada, esta vez en un lugar donde pudiera herirla, el cuello, el vientre. Lyra nombró a la piedra, está vez para apartar a Arditi, la tierra se abrió tanto que la faen tuvo que retroceder para no caer, llamó al viento y se apartó tanto como pudo. Llegó al suelo, este temblaba, el edificio que estaba incendiándose comenzó a colapsar. Se apartó del derrumbe, volvió a llamar al viento, se lanzó como un pájaro en picada en contra de Lyra, pero ella ya había sido atacada de esa manera, sabía qué hacer. El viento cambió su curso y Arditi subió y subió, tanto que Lanre y Vashiir se veían pequeños, tanto que los edificios se vieron pequeños, tanto que la ciudad quedó pequeña.
Comenzó a caer. El viento le golpeaba en la cara. Pensó que qué habría sido de todos sus compañeros. El suelo se acercaba vertiginosamente. Se preguntó que sucedería si no llamaba al viento para que la recibiera. Llegó al piso, tranquila y relajada. Estaba a unos cuantos metros de Lanre y Lyra, se preguntó si Filonegro seguiría vivo. Vio el trío a lo lejos.
El cielo gris rugió, lleno de cenizas y humo parecía el preludio de una tormenta, pero aquel trueno que había sonado no provenía de él.
Arditi abrió los ojos como platos, Vashiir humeaba como una pira. Corrió hasta él. Lyra había llamado a un rayo.
—¡Vashiiiiir! —se oyó gritar Arditi, sintió dolor, tenía la garganta seca por el humo de los incendios de la ciudad, no era un dolor físico.
Llegó hasta él, Lanre tenía su espada apuntando al suelo. Lyra miró con desprecio a la faen.
—Has llegado tarde —le dijo—. Pero descuida, pronto te unirás a él.
Lyra alzó la mano, pronunció una palabra, pero se detuvo. Lanre miró, Lyra miró, Arditi se separó del cuerpo de Vashiir que estaba de rodillas en el suelo. Su risa escapaba de su boca como una música infernal. Filonegro reía nuevamente, estaba vivo. De su carbonizado cuerpo cayeron pedazos de ropa chamuscada mientras se ponía de pie. Su risa era metálica y atronadora. Su ropa de cayó a pedazos, los restos de su piel quemada dejaron entrever el metal que lo componía.
Había vuelto a hacer lo mismo que aquella vez que fueron atacados por ese demonio en la caravana.
—¿Qué clase de magia es esta? —preguntó una atónita Lyra.
Lanre alzó su espada y le lanzó un tajo, fue más rápido que su propia sombra, pero no hizo falta, Vashiir no esquivó nada, la espada de Lanre le dio de lleno en el pecho y ahí mismo estalló en pedazos su metal. Lanre dio un salto hacia atrás para luego mirar a Vashiir y a su empuñadura rota alternadamente.
Vashiir alzó las manos, sus dagas subieron a ellas como atraídas por un imán. El metal alrededor de él comenzó a traquetear, Vashiir empuñó sus dagas, pero el hierro se deshizo en sus manos y se unieron a él, sus manos y sus dagas ahora eran una sola arma larga y afilada. Arditi se sintió atraída hacía él, Su armadura era atraída. Lanre y Lyra sintieron lo mismo. Se apartaron, asustados, mientras todo el hierro alrededor de Vashiir era atraído hacia él. Filonegro era una gran roca imán que engullía las espadas, los escudos y las armaduras aún unidas a sus dueños, el hierro, el acero y todo lo metálico se derretía y se unía a su cuerpo informe, que crecía y crecía como una masa humeante de hierro al rojo.
La risa de Vashiir era estridente y le traspasaba los oídos, Arditi entró en un edificio y se abrazó a una gran viga de madera para no ser arrastrada, fuera podía oír aquella risa maldita, y el miedo subió por sus costillas hasta su garganta. Decidió sacarse la armadura como pudo, el arrastre era enorme. Cuando se sacó la última pieza del hombro, aquella risa sonaba más a un rugido, ya no era humana, nunca había sido humana.
Aún conservando su espada broncínea. La empuñó como si fuera su mejor amigo, recordó por un instante que Narr estaba muerto, apartó ese recuerdo y salió del edificio.
En donde estaba Vashiir ahora había una enorme mole de hierro. El hierro seguía al rojo por varias partes y en otras tantas se había enfriado lo suficiente para que un negro carbónico lo reemplazara, Filonegro se había transformado en un enorme monstruo.
A cuatro patas sobre la tierra llena de cadáveres humeantes, tan grande como un carromato, con una cabeza larga y tan enorme que de seguro hubiera podido engullir una persona entera, una bestia negra, con dientes de metal, escamas de acero, sangre hirviente y ojos de hierro fundido miró a Lanre y a Lyra.


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