Tres días de Kvothe
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¿Qué personaje de la saga se ganó tu odio?

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Mensaje por Alraisen el Vie Ago 21, 2020 1:41 pm

Quería hacer una contribución que se pudiera considerar más o menos valiosa al foro lol.
Ehm, esto lo escribí mientras me encontraba viviendo en Wakayama, una de las zonas más sagradas de Japón. Ayy, es terriblemente imperfecto, pero lo seguirá siendo sin importar cuántos cambios haga. Esta vez me he contentado con solo un par de los mismos.
Algo de contexto: todos los personajes que surgen aquí pertenecen al "Vocaloid": un programa de voz japonés que se puede utilizar para componer canciones y que alguien las cante. Han surgido varias voces (todas a partir de personas reales), y por tanto varios personajes, ya sea creados por fans o por empresas. Que lo consideréis ridículo a primera vista o no en poco afecta el relato, porque apenas cojo algunos de los nombres.


Acto 1

Escenario de rojo cubierto por negro y silencio. Todo es todavía un secreto que espera ser revelado cuando se aclare la penumbra… súbitamente, se escuchan pasos torpes, improvisados, verdaderos acercándose… instantes después surge del telón una figura joven y frágil, cabello dorado, vestido que crea incierta simbiosis con el escenario y clara piel descubierta que se agita brumosa y descifra su nombre: 鏡音リン, o Kagamine Rin.
Los ojos, temblorosos, buscan a algo o a alguien por entre las filas de asientos vacías. La artificiosidad con que estira entonces la mano hacia estos sugiere los mecanismos de un karakuri oxidado. Eleva su voz, demasiado pequeña en tanto vacío.
R: ¡Miku… Miku!
Exclama. Es un nombre.
M: ¡Rin!
Este grito precede a la irrupción de un cuerpo grácil, cuyas sombras se mezclan con el azul marino de sus largas coletas, ondulantes como olas en tempestad, y con el blanco del vestido que es como un paroxismo. Su voz resuena clara y melódica. Es 初音ミク, o Hatsune Miku.
M: ¡Rin!, ¿qué rompe así tu voz?
R: ¡Oh, Miku, son preguntas, preguntas!
M: ¿De qué clase?
R: Asustan, porque no encuentro respuestas, Miku.
La joven verdiazul y pura se detiene delante de los escalones que salvan el desnivel del suelo, y en su gracilidad inmóvil asemeja un rayo que cayese sobre esa negrura y la iluminara, cegando los ojos.
M: No todas las preguntas han de tener respuesta, Rin. Acaso solo las preguntas existan, y sean las respuestas los espejos en que nos contemplamos… y seamos nosotros no más que problemas mal formulados… pero venga, enséñame esa herida de la que tanta sangre brota.
Miku sube los escalones hasta el escenario y se detiene frente a su compañera. En ese espacio vacío se engrandece algo su figura, aumenta de tamaño su nombre que reverbera con eco silencioso y duradero. Rin, absorta, estira la mano hacia el rostro como a un reflejo límpido de ella misma, y de nuevo la rigidez con que la extiende sugiere una oxidada marioneta, mantenida todavía por la nostalgia y la eternidad.
Detiene el brazo en el aire, así pues solo con la mirada roza la mejilla de Miku antes de hablar.
R: Oh, Miku, las palabras y la sangre caen al abismo que ha abierto hoy mi corazón, y sus profundidades se escapan a mi entendimiento. Hasta ahora había chapoteado a las orillas de un mar que creía río, y este juego había colmado mis ojos y con esto mi mente y corazón. Desconocía cuán hondas eran las aguas, y cuán oscuras se tornaban en el fondo. Pero ahora, de pie al borde del abismo me reclama, y cuando lo contemplo nace en mí el impulso de precipitarme a él, tan insignificante que ni siquiera mis gritos crean eco en esa enormidad. ¿Cuál es la causa de esta herida, Miku? ¿Cicatrizará?
M: Acabas de descubrir la semilla de ti misma, Rin, pues de ahí germinan todos tus deseos. Siempre te ha habitado, susurrando a veces como objeto de oscura y neblinosa atracción. Tan interna y profundamente hiere que debería pertenecerte, pero es en verdad propia y ajena a una. Hasta que se apague en tus ojos la luz del sol esta sombra te acompañará, y te convertirá en una mentirosa: probarás a dudar de ella, rechazar y negarla, a meditarla, comprenderla y desearla. Hagas lo que hagas, permanecerá una parte de ti de la que no eres ama. Quizá sea la parte más verdadera de ti misma.
R: ¿Es entonces mi voluntad una burla?
Miku arroja la mirada al suelo. Su vestido sufre un espasmo, el blanco se deshace ante la inusitada violencia del gesto, aun digno a pesar de eso, dignificando el cuerpo sobre el que planea.
Se desperdigan unos segundos de reloj de arena roto hasta que Miku recobra la voz.
M: Tu voluntad es una fabricación sine qua non para cargar con toda la irracionalidad. Es mentira, y verdad a una. Portándola, podrás convertir aquella en esta, esta en aquella. Tu voluntad sí te pertenece, Rin, y deberás blandirla contra tu vacío y tu noche, porque todavía no está todo perdido, ¡Rin!, porque todavía hay qué vencer. Pesan sobre ti tus victorias, ¡estas te llevarán a encender tu luz!, tenue, demasiado para alumbrar la oscuridad, pero te iluminará a ti. Enciende tu hoguera, Rin.
Tras estas palabras, Rin baja la mirada como apagada, la sube luego a su pecho. Algo relumbra, los mechones le ocultan el rostro. Miku espera.
R: Bien, que así sea, tus palabras me guiarán. Aunque me ensombrezcan las dudas, acepto la imperfección de mi voluntad. Que no se apague en la noche.
FIN DEL ACTO 1


Acto 2

Yace Rin sobre el escenario. Ya no clarea la luz de los focos su mediana figura: sería una insolencia para con esa flor invertida, cuyos pétalos se arrastran por el suelo y de tallo dirigido al cielo, iluminar los oscuros sentimientos confesados ahora en duelo a través de cortinas de sonidos marchitos.
R: Son diminutas las palabras, como gotas de lluvia cayendo sobre la tierra que es la maldita terquedad de la materia y de la verdad. Las tuyas, Miku, se extinguen, y me cuesta ya recordarlas. Al traicionarte me has abandonado, y he cometido así traición a mi propia persona. Perseveré aun cuando solo veía negrura, trastabillé, continué creyendo que al avanzar lograría la victoria: no he logrado más que el conocimiento de una debilidad inalienable. ¿Llama? No, no arde ninguna dentro de mí, yo no soy más que cenizas que escupo con palabras cenicientas. Es más, soy hija de la noche, ¡ahí está mi semilla! No hay sentido, pues, en acercarme a la luz cegadora a mis ojos y ardiente a mi piel, cuando dentro de mí anochece.
¡Lo he intentado, lo he intentado! Y fracasé. Hiere la luz… y hiere también la oscuridad, pero en la oscuridad el dolor me pertenece. ¡Así que me abocaré a ella antes que soportar una resistencia inútil! ¡Demostraré la verdad de mi propio ser hollando caminos insospechados, y seré absoluta por lograrme siguiendo mi corazón! Ahora debo levantarme, en pos de mi deseo.
Se yergue insegura, débil, apoyada la palma de una mano en el suelo. El rostro que se revela tras los mechones se ha vuelto de tono macilento, quizá a causa de la falta de luz.
Ten cuidado, Rin.
FIN DEL ACTO 2




Acto 3

Cubre ahora el escenario un manto de negro espeso, espeso. Tap, tap, tap, murmura un repiqueteo, le acompaña cierto rumor, pero carecen de forma y color en ese espacio sin certezas. Solo queda esperar.
Algo se crea en un rincón: ¡mágicamente, como salida de la nada, una luz! Ilumina tenue y caprichosa un perfil juvenil de tirabuzones carmesí y piel cual ceniza, la luna de esa noche se oculta en los contornos higanbana de su vestido. Según avanza, la estela que deja por esa sala falta de attrezzo muta gestos en esencia. Es, sin duda, 重音テト, o Kasane Teto.
Tap, tap, tap, murmura al subir los escalones. Apunta la pantalla del móvil desplegable al escenario, y capta entonces una sombra que resta en el centro tras huir todas las demás. De ella proviene el murmullo, y al ser bañada por la luz, se detiene. Retornan sus colores, dorado, negro, rojo y carne, y Rin alza el rostro marcado por la sangre invisible de su lamento. Otea el reaparecido escenario con los ojos heridos por la traición. Al poner su mirada sobre la joven delante de ella, no obstante, remite su enfado, y se abren sus pupilas como amaneciendo.
Por unos instantes, inspira con la boca las palabras a pronunciar.
R: ¡Teto! ¿Teto?
T: Sí, Rin, acudo todavía cuando ninguna luz puede delatarme, porto la mía propia en mi destierro. Y aun en este olvido puedo actuar inconsecuente. Pero tú, ¿qué haces aquí, cuando aún arde tu llama?
R: Esa luz que se refleja en tu mirada, la perseguí, fracasé, y me he rendido ya, Teto. No sentiré nunca la luz en mi piel. Como castigo, penetro ahora en la oscuridad, donde me extinguiré.
Teto contempla intensamente la peripatética figura que se postra en frente de ella, y chasquea la lengua antes de hablar.
T: Qué penoso ver tu cuerpo carcomido por las sombras, verte errar donde yo erré también, presenciar la misma tragedia que se repite… escucha, Rin, he caminado esta noche interminable, y me ha mostrado malintencionada muchas verdades que proyectan largas sombras. Es cierto que hay qué descubrir cuando nada se revela por sí mismo, pero no creas ser tú quien atraviesa la oscuridad, pues es la oscuridad que te atraviesa. Te otorgo esta verdad que es mía: ¡esta oscuridad que penetra lenta, hondamente, y confunde a tu corazón, existe! Anhela su propia muerte, y la muerte de todo, y te infecta porque debes ser suya… y lo serás, en alguna ocasión. Le pertenecerás, y serás una marioneta de sus deseos. Pero hay más en ti que eso, Rin. Te corresponde a ti buscarlo: yo no sé qué es. Me confunden los reflejos de esa plata refractante que eres tú y donde se oculta tu mayor secreto. ¿Qué será? No lo sé, Rin… mi luz se acaba, creo que el resto es silencio. ¡Suerte, Rin!
La luz se apaga gradualmente y se emborronan los perfiles de las dos jóvenes al tiempo que Rin alza una mano en dirección a esto. Unos instantes después, vuelve a triunfar la oscuridad.
Suerte, Rin.
FIN DEL ACTO 3




Acto 4

Han renacido los colores en el escenario, de textura de terciopelo rasgado. Pero es cuando se escucha, y se atraviesa esa turbia superficie que se revelan los misterios de lo oculto. Sonoro en el silencio, el caminar de Rin por el corredor crea eco indeciso; lo espacia en el tiempo la intensidad con que parece hundirse en toda presencia, como intentando poseerla. Entretanto, crepitan unos pasos suaves a los que Rin permanece inconsciente. Aparece unos instantes después a su espalda, una mujer de ojos claros y vestido del color rosado de su cabello. Sus acciones esperan al instante adecuado y se dejan mecer por el ritmo del pensamiento. Es 巡音ルカ, o Megurine Luka. Una vez avista a la buscadora, se dirige a ella trazando una vigorosa línea.
No hay respuesta por parte de Rin. Solo cuando Luka superpone una sombra con otra, vuelve aquella la cabeza sorprendida.
L: ¿Qué haces?
R: Busco algo importante, Luka. Esta vez nos separa una distancia que puedo salvar, creo.
L: Vaya. ¿Qué es?
R: No lo sé, pero si veo de verdad la encontraré, y por ello atravieso esta oscuridad que soy yo, en busca de la luz que soy yo también. Recae en mí el éxito de esta búsqueda incierta, debo continuar pues.
Luka contempla las palabras de su compañera, y espera tras que estas son pronunciadas a que su fuego amaine, y se conviertan en rescoldos los sonidos, y entonces contesta.
L: Hablas escuchando en demasía tus palabras, Rin, y te pueden llevar muy lejos. Toda palabra resuena en un espacio… sí, sin duda has avanzado mucho por la luz de la que hablas, y estás congelada. Ha sido Miku quien te ha insuflado ese viento, ¿me equivoco? Es arrogante esa niña, el viento de su voz le ha vuelto orgullosa, y es digna de orgullo, pero habla demasiado consigo misma. Rin, no solo la luz despide tu llama, también calor, calor que es tuyo: no lo descuides. Este calor pertenece a los cuerpos: no lo enfríes tampoco con tus pensamientos. A veces lo otorgarás, y a veces alguien te lo regalará. ¿Puedes levantarte?
Aún débil, Rin asiente. Temblorosa al principio, apoyadas las dos manos en el suelo, va esculpiendo su propia efigie según alza el rostro. Frágil y grácil a una, y cuan alta es, dobla ligeramente la cabeza para reflejar su espejo en el de Luka.
Esta suspira, y sonríe tristemente.
L: Cierra los ojos.
Así lo hace. El relato de los sentimientos de Rin desde que la mano de Luka se entrelaza con la suya discurre así:
primero, nada. El contacto es frío.
Unos segundos después, nace la tibieza.
Comienza entonces la carrera: Rin se abandona a la guía de Luka por lugares desconocidos, como en un escondite en el que se le revelase algo. Ese juego de pasos fútiles e inconsecuentes le impulsa a mover sus piernas por una oscuridad que toma forma según la atraviesa. Sin embargo, teme cada paso: la conciencia quema y engaña a sus emociones, ejerce su control.
Aun con esto, sí, riela una chispa en el corazón de Rin. Hay fuerza en este destello, y ahí, quizá, está ella. ¿Alejada de su conciencia? Puede.
El tiempo avanza, retrocede y se detiene durante la confusión de Rin, Así pues, desconoce cuánto ha transcurrido y de qué manera al detenerse la huida y sentir la desunión de la mano que le había prestado su tibieza, Sobresaltada, abre los ojos.
Luka continúa de pie en frente de ella, y ríe.
L: ¿Ves como también es importante lo que ves?
R: Gracias, Luka. Les rodea una estampa distinta del mismo escenario. Es difícil saber si han avanzado o no.
L: No puedo acompañarte, nadie más que tú ha de recorrer esta senda. Cuídate, Rin, y suerte.
Se aleja sin esperar respuesta. Tras que desaparece, Rin dirige aun la mirada en su dirección por largo tiempo; al fin, vuelve la cabeza a ambos lados, hacia las luces y las sombras que le envuelven.
R: Oh, Luka, cuánto calor despides. ¿Te ha herido mi frialdad? Quizá… pero he de seguir mi propio camino, aunque sea alejado del tuyo, sin olvidar aquello que me has enseñado y que no conocía.
FIN DEL ACTO 4



Acto 5

El telón abarca todo el escenario, infranqueable, pesado. La negrura de sus flecos se ha descorrido y su rojo es de un corazón de terciopelo quieto. Sola, sola, de espaldas a los asientos Rin lo contempla, su sombra larga en el suelo. Lentamente alza la mano, hecha un puño, y golpea entonces el impasible órgano.
R: No se abren… al final, las puertas. ¿A esto llevaba mi camino? Oíd, ¡he logrado mi nombre! ¡El verdadero, tanto como pueda serlo! Conozco los vientos que me llevan con su curso, y mi sol y mi luna, que juntos son mi día. En algún lugar de sus profundidades crecen flores venenosas, alimentadas solo por la luz del tiempo, que expelen su fragancia a través de mi aliento: las he olido ahora. Reconozco que mi piel adquiere distintos tonos según la ensombrezcan las nubes o la claree el sol, como el mismo cielo, y desconozco todavía cuántos son. ¡Pero estas puertas que se levantan al final del camino, ¡están cerradas! ¡He fracasado! ¿Tiene algún sentido esta derrota?
Miku contempla erguida en una de las esquinas el soliloquio de Rin. Su expresión es inolora, y guarda silencio como si temiese romper algo.
La voz vuelve a rasgar luz y sombra.
R: Sí, este corazón alberga mi luz y mi oscuridad. ¿No estaba predestinada a hendir mis manos en él? ¡Miku!, ¿acaso no avancé hacia la luz? ¡Teto!, ¡busqué lo que había de encontrar, y lo he encontrado!, ¡Luka!, ¿erro en rechazar un calor artificial?, ¿erro en aceptar el frío que me habita? ¡Cuan débil soy, he atravesado la noche. Y aun así, ni he logrado la luz ni la llama ni su calor… vagando por un camino vacío desde el principio…
El silencio se extiende ominoso como niebla en la noche.
R: …por fin, lo entiendo ahora. Me muevo con oxidados engranajes, impulsada a una derrota infinita. Una burla casi inacabable, repitiéndose. Involuntaria, inapelable, inevitablemente. No se me descubrirá ante mí mi corazón, no ha de descubrirse. Esta es una respuesta, este es un secreto, que he aprehendido al fin…
Silencio. Se dirige Rin con paso desganado hacia los interruptores a la derecha del escenario, su rostro una sombra de sí mismo.
R: Y aun así no me queda más que seguir, y perdonar mis fallos y mis defectos y este patético final…
Silencio. Se detiene en frente de los interruptores, pero vuelve la cabeza una vez más al telón, tras el escenario.
R: …pero conozco esta tonta esperanza que me sopla, y volverá a soplar. Algún día, y entonces por un camino distinto, me postraré aquí de nuevo, tan cerca de mi corazón. Me pregunto qué ocurrirá entonces.
Clic, clic, clic, chispean, y el negro va encajando en el escenario. Luego, quedan solo pasos que se alejan, y nada que contar por ahora.
FIN DEL ACTO 5


"El corazón va allá donde el corazón desea."
"¿Por qué todo el mundo dice que hay algo más bonito que no han visto?"
Baam, Torre de Dios

"Patrick Rothfuss, más guay que tú." Él mismo, diciendo la verdad, en el Ice Bucket Challenge.
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