Tres días de Kvothe


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Mensaje por Xaiet Jue Abr 01, 2021 9:33 pm

Hola! Abro este tema porque aquí iré poniendo traducidos algunos fanfics de la comunidad inglesa de la Crónica del Asesino de Reyes. 

Iré poniendo nuevos de vez en cuando, por el momento empiezo con esta versión del prólogo con la que me sentí muy identificado y que me ha gustado bastante:


Las Puertas de Piedra es un silencio triple:


Volvía a ser de noche. Entre las noticias sobre “Las Puertas de Piedra” reinaba el silencio, un silencio triple.
El silencio más obvio era una calma hueca y resonante, constituida por las cosas que faltaban. Si hubiera habido alguna noticia nueva, esta habría suspirado entre las ramas, habría hecho susurrar a todos los fans como hojas otoñales a punto de caer y habría arrastrado el silencio calle abajo algunos años más. Si hubiera habido gente, aunque solo fuera un puñado de hombres y mujeres que aún creyeran en su publicación, habrían llenado el silencio con su conversación y sus risas, y con el barullo y el tintineo propios de un fandom a altas horas de la noche. Si hubiera habido un primer borrador... pero no, claro que no había un primer borrador. De hecho, no había ninguna de esas cosas, y por eso persistía el silencio.
En DAW, un par de editores, apiñados en una esquina de la oficina, bebían con tranquila determinación, evitando las discusiones serias sobre “nada escrito” en diez años. Su presencia añadía otro silencio, pequeño y sombrío, al otro silencio, hueco y mayor. Era una especie de aleación, un contrapunto.
El tercer silencio no era fácil reconocerlo. Si pasabas una hora escuchando, quizá empezaras a notarlo en el trabajo caritativo y en los proyectos secundarios, y en las bastas y breves reprimendas de un fan reclamando novedades. Estaba en el peso de las expectativas construidas por la pasión de un fandom grande e impaciente. Estaba en el lento ir y venir de una mentira, una cadena densa y fría hecha enlace a enlace. La cadena sujetaba las manos del hombre allí de pie, sacándole brillo al final de una historia que ya brillaba bajo la luz de la lámpara.
El hombre tenía el pelo castaño-gris, largo y rizado. Sus ojos eran oscuros y distantes, y se movía con la sutil certeza de quienes saben muchas cosas.
La Crónica del Asesino de Reyes era suya, y también era suyo el tercer silencio. Así debía ser, pues ese era el mayor de los tres silencios, y envolvía a los otros dos. Era profundo y ancho como el final del otoño. Era grande y pesado como una gran roca alisada por la erosión de las aguas de un río. Era un sonido paciente e impasible como el de las flores cortadas; el silencio de un hombre que está sufriendo pero que no aceptará ayuda.
----------------------------
A modo de resumen, me gustaría decir que veo sorprendentes similitudes entre la parte de la historia de Kote y Patrick con Las Puertas de Piedra. Después de la noticias de DAW en Facebook de esta semana, sentí que las propias palabras de Patrick eran las que mejor explicaban la verdad sobre Las Puertas de Piedra, más que cualquier otra cosa que a día de hoy haya leído.
Posdata: No me esperaba todo el revuelo que ha tenido este post. Casi esperaba que fuera malentendido e ignorado como si fuera un meme o un ataque hacia Pat, pero me alegro que la intención se entendiera y tuviera un impacto en todos vosotros. Gracias.


Escrito por el usuario PLangdon84 aquí 


Actualizo el recopilatorio con otro relato, esta vez más humorístico y centrado en la figura de Cronista, pero con el mismo tono de desesperación por el tercer libro que el otro:


Cronista y el tercer día:


A la mañana siguiente, Cronista se levantó descansado y se dirigió hacia la barra de la posada Roca de Guía, esperando a que Kvothe bajara y terminara de contar la historia que había empezado hacía dos días. Pero la mañana dio paso al mediodía, y esta a la noche. El día pasó, y Kvothe no hizo acto de presencia.
Cuando el sol ya se estaba poniendo apareció Bast, y Cronista le preguntó dónde estaba su maestro.
—Necesita dormir­ —dijo Bast­— ¿Cómo le puedes culpar por eso?
—Por supuesto —dijo Cronista— ¿Sabes cuándo se va a levantar?
—No es tu esclavo —contestó Bast.
Esa noche, mientras se retiraba hacia sus aposentos, Cronista dio una ojeada a la habitación de Kvothe para asegurarse de que estaba bien. Kvothe estaba despierto, jugando al solitario.
—¡Cronista! —dijo Kvothe sonriendo— ¡Mira qué cartas tan chulas! ¿No son geniales?
—Bueno, sí, supongo que sí —dijo— Sin embargo, me ha sorprendido que hoy no hayas bajado para terminar tu historia.
—Pronto la terminaré —dijo Kvothe— Y como Aslan, puedo llamar pronto a cualquier cosa.
Cronista no sabía quién era Aslan, pero no quiso molestar. Al fin y al cabo, Kvothe no era su esclavo. Ni un poquito.
A la mañana siguiente, Cronista se levantó antes de que amaneciera, y mientras se dirigía hacia la sala común de la posada vio a Kvothe atendiendo a un puñado de clientes que habían venido a desayunar.
  —¡Mirad, es Cronista! —gritó Kvothe— ¡Saludad todos a Cronista!
Tres personas le saludaron. Una intentó sin éxito silenciar un pedo tan fétido que no habría tenido problemas para matar a un rey.
Cronista les devolvió el saludo y se giró hacia Kvothe: —¿Quieres que empezemos?
—Me he adelantado —dijo Kvothe. Le mostró un manojo de papeles que incluía ocho páginas de dibujos rudimentarios sobre una chica haciendo jabón.
Cronista miró los papeles y meneó la cabeza: —No lo entiendo.
—¡Es jabón! —dijo Kvothe— ¡Todo el mundo necesita jabón!
—Sí, pero no es una historia —dijo Cronista— Y desde luego no es tu historia.
—¿Y?
—Pues que la gente espera ciertas cosas de una historia. Si la gente leyera este cuento esperándolas, no las encontraría y no estaría satisfecha.
—Que le den a esa gente —dijo Kvothe. El público murmuró su asentimiento ante tal opinión, y alguien empezó a hablar en un idioma estraño, lo que hizo pensar a Bast que podía tratarse de un Bailarín de Piel. Resultó que sólo era un pentecostal.
Cronista miró a Bast, quien, animándole, le lanzó un cuchillo. Cronista se agachó, y la hoja acabó clavada en la oreja del tipo del pedo.
Cuando ya estuvo claro que no obtendría más información, Cronista volvió a su habitación, donde Bast le siguió al poco tiempo.
—¿Me puedes ayudar a entender lo que está pasando? —le preguntó Cronista.
Bast lo miró con desdén y dijo desdeñosamente: —No te debe nada.
—Bueno, lo cierto es que no, pero estaría bien que acabara su historia.
—¿Qué parte de “él no es tu esclavo” es la que no entiendes? —le preguntó desdeñosamente Bast, mirándolo con un desdén superior a su última mirada desdeñosa, que ya fue, de por sí, bastante maligna.
—Pues la mayoría—dijo Cronista— En realidad, todo. Nunca he dicho que fuera mi esclavo. Él dijo simplemente que iba a terminar su historia, y ahora que no la va a terminar, y...
En ese momento, Kvothe irrumpió en la sala. —¡Buenas noticias! ¡Tengo algo muy importante que anunciar!
Cronista sonrió. —¿Vas a terminar la historia?
Kvothe sonrió con picardía. —¿Qué? ¡No! —entonces les mostró dos pequeñas bolsitas con piedras— ¡Mirad! ¡He hecho lotes de juego! ¿Quién quiere uno?
Cronista alargó su mano para coger uno, pero Kvothe apartó las bolsitas. —Compra una, llévate otra gratis. —frunció el ceño— ¡No soy tu esclavo! —entonces sonrió y salió de la habitación, lanzando naipes por encima de sus espaldas mientras correteaba escaleras abajo.
—¿Qué quieres decir con que no lo entiendes? —dijo Bast con gran desdén— ¿Has visto lo contento que está? ¿No quieres que sea feliz?
—Bueno, sí, yo...
—¡¿NO LE HAS VISTO CORRETEAR?!
—Le he visto corretear, ciertamente, pero...
—Repite conmigo: NO. ES. TU. ESCLAVO.
—Si lo único que tengo que decir es esa frase, preferiría no hacerlo.
A Bast se le desorbitaron los ojos, y luego hubo una ráfaga de humo sulfúrico y desapareció.
Y a la mañana siguiente, Cronista se levantó y descubrió que Kvothe se había ido de gira para vender sus naipes y sus lotes de juego. Cronista suspiró, y empezó a llorar, dándose cuenta de que Kvothe no era su esclavo; para ser exactos, él, Cronista, era el esclavo de KVOTHE.
Llegados a este punto, Cronista se quedó a vivir en la posada Roca de Guía, esperando el regreso de Kvothe. Los días se convirtieron en semanas, y los meses, en años. De vez en cuando recibía cartas en las que Kvothe se quejaba de los políticos, o intentaba venderle cosas, o una en la que había una historia sobre un gato, pero nunca decía nada sobre si o cuándo iba Kvothe a terminar su historia. Cronista le respondía, y le preguntaba, amablemente, si Kvothe tenía alguna intención de terminar el cuento que había empezado hacía tanto tiempo.
Seis años y medio después, Kvothe volvió finalmente a casa. Cronista estaba encantado de verle: —¿Qué tal el viaje?
—Estuvo bien, excepto por tus cartas —dijo Kvothe con un sarcástico sarcasmo.
—¿Cómo? —dijo Cronista— ¿A qué te refieres?
—Cuando preguntas por el tercer día —hizo un sonido quejumbroso— “¿Cuáaaando explicarás el tercer día?” Así es como os veo cuando vosotros… —hizo otro sonido quejumbroso— Ya sabes, como… como el sonido de una uña siendo arrastrada entre mis dientes combinado con el olor de alguien que acaba de… cagarse encima. Ese es el sonido que oigo en mi cabeza cuando empezáis a decirme “¿Cuándo explicarás el tercer día? Hace años que dijiste que lo terminarías”.
Justo en ese momento, un meteorito cayó en Temerant y todo el mundo fue aniquilado sucediéndose un acontecimiento de un grado de extinción absoluta. Además, Denna siempre fue un tío. Fin.

Escrito por el usuario Creaver William aquí
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