Tres días de Kvothe
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Mensaje por Títere el Dom Mayo 25, 2014 3:55 pm

Era una apacible tarde de otoño. Las hojas llovían desde el cielo y crujían al ser pisadas por las botas de cuero.

Recostado a la sombra de una haya, estaba Coën. A su lado, Sardinilla, una preciosa yegua mora, bebía de un perezoso riachuelo. Coën parecía dormir. Estaba tumbado sobre la alfombra de hojas con el macuto como almohada. Estaba esperando a Feren, que llegaba tarde. Aunque la frase había sido "quedamos mañana después del mediodía, debajo del gran haya. Trae comida y montura". Debía ser que cada uno interpretaba a su manera el "después del mediodía".

Escuchó cascos de caballo. Debía ser él. Que pereza le daba en ese momento levantarse a comprobarlo. Así que esperó a que el jinete se acercase.

El jinete detuvo a su caballo.


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Mensaje por Feren el Dom Mayo 25, 2014 4:02 pm

Apareció un jinete encapuchado que se acercaba lentamente a Coën. El jinete llevaba ropa oscura y simple para viajar.
De repente, el jinete se quitó la capucha y se vio un rostro joven, de no mas de 18 años, sonriendo.
-Hola Coën, que bonito día hace. ¿Tienes la comida?


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Mensaje por Títere el Dom Mayo 25, 2014 4:17 pm

-Sí -respondió.- ¿Y tú la montura? No hace falta que respondas, era un chiste...

Se levantó y ensilló a Sardinilla.

-Bueno, vámonos. Por cierto, ¿conoces el camino? Espero que sí, porque yo lo único que sé es que debemos ir al norte. Aunque podríamos viajar hacia la costa y allí coger un barco. A mí me da igual, tengo dinero y és tu viaje. El único problema serían los caballos.

Coën motó y miró a Feren, esperando una respuesta...


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Mensaje por Feren el Dom Mayo 25, 2014 4:23 pm

-Pensaba que tu ya tendrías un plan.
Feren miró incrédulo a Coën.
-¿Ir a caballo y subirlos a los barcos?
Feren miró a Coën con una sonrisita de disculpa


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Mensaje por Títere el Dom Mayo 25, 2014 4:32 pm

-Podría ser... Además, Sardinilla seguramente sepa nadar, de ahí su nombre -Coën rió.- Mira, vayamos hacia el noreste. Mientras, podemos ir decidiendo lo que vamos a hacer. La costa está a unos cuantos días de camino...

Cabalgaron en silencio. Los dos eran optimistas, pues no tenían problemas, tenían dinero y aún no habían tenido que dormir ninguna noche al raso. Por el momento.


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Mensaje por Dinnaeh el Dom Mayo 25, 2014 4:54 pm

Tenía hambre. Y estaba segura de que tendría que hacer un alto si no quería desplomarse sobre el camino.
Llevaba caminando más de seis horas seguidas  y de lo único que había probado bocado eran las sobras de anoche: pan duro y una manzana. Se había detenido a media mañana en un arroyo para refrescarse y tomar agua, pero a la media hora volvía a estar sedienta, eso era lo malo de viajar sin dinero, sin comida, sola y a pie.

Sus únicas pertenencias eran un cuchillo, que mantenía oculto, un macuto con la poca ropa que conservaba: otro par de sandalias, y dos vestidos. Y un collar de plata que perteneció a su madre,  y que no vendería por nada del mundo.

No tenía un plan de viajes, se atenía a su día a día, y a sus necesidades más básicas: comer, beber, y dormir en algún lugar al resguardo del frío de las noches. A veces ni eso conseguía.

Se estaba imaginando comer un buen plato de estofado con pan recién hecho cuando vio a lo lejos a un par de jinetes cabalgando en su dirección. No le hacía mucha gracia toparse con ellos, pero el encuentro parecía inevitable.

Cuando la vieron parada en el extremo del camino, como ella esperaba que hiciesen, se detuvieron y desmontaron.
-Hola, que calor ¿eh? No hace falta que te rías, se que estamos en invierno... -la saludó uno de ellos, de cabello negro.
Dinnaeh puso ojos en blanco internamente.
-Y tanto que sí, hoy los rayos del sol pegan fuerte. -esbozó una tranquila sonrisa, siguiendo su chiste.
-¿Podemos hacer algo por ayudarla? -ofreció el segundo joven, moreno y más alto. Este mantenía un semblante cordial pero permanecía serio.
-¿Hacía dónde os dirigís?

Quizá aquellos hombres viajaban por alguna razón en concreto y ella podría beneficiarse de ello, quizá no solo vivía para caminar y sobrevivir, quizá encontrara algo provechoso siguiendo el camino por el que se dirigían,  pues sus pies no le habían llevado a ningún sitio al que le gustara quedarse.

Seguiría un rumbo distinto al planeado, pero bueno, como ella había aprendido a no planear las cosas,  simplemente buscaría cómo sobrevivir en otro lugar.


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Mensaje por Feren el Dom Mayo 25, 2014 6:42 pm

-Vamos hacia la Universidad en Imre- Dijo uno de los hombres.
-¿A la Universidad? Preguntó la chica extrañada.
-Quiero ser arcanista...-Dijo el chico seriamente. Su mirada no expresaba sentimiento alguno.
La chica, entonces, decidió acompañarlos.Pero no dijo nada.
-¿Como os llamáis?-Preguntó la chica esbozando una amplia sonrisa.
Entonces, el bajito, el expresivo, respondió.
-Yo me llamo Coën y este de aquí es Feren.


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Mensaje por Títere el Lun Mayo 26, 2014 4:32 pm

Tres jinetes cabalgaban por el solitario camino. Tres jinetes con solo dos monturas.
Coën maldijo mentalmente. Se le había ocurrido decir: “Que pena que no tenga usted montura señorita, tendrá que montar con alguien”. Y ahí se había estropeado todo. El estúpido de Feren y sus malditos modales.
La “dama” cabalgaba cómodamente en Sardinilla, su querida yegua. Y él tenía que ir abrazado a Feren para no caerse de su maldito caballo. Parecían dos enamorados...
-Bueno señora... -dijo Coën con maldad, pues sabía que lo correcto era llamarla “señorita”-. Aún no sabemos su nombre.
“Que se fastidie” pensó, “que se fastidie Feren y su maldita etiqueta. Y tambien la “señorita” pues la he llamado vieja en toda la cara”.
-Dinnaeh -contestó secamente.
-Ajá, Dinnaeh... ¿Qué la ha parecido nuestra imitación de “valientes y aguerridos guerreros”, ya sabe, lo de bajarnos del caballo y todo ese rollo.
-Yo no imitaba...
-Lo sé, si llega a ser por mí pasamos de largo sin dirigirla la palabra... -respondió Coën en un susurro. Pero Dinnaeh debió oírle, pues ladeó la cabeza en su dirección-. Bueno, ¿qué le ha parecido? Es que pensamos ir a Imre a estudiar artes escénicas. Ya sé que mi amigo antes ha dicho que a la Universidad, pero es que es un poco despistadillo...
En ese momento, Coën vió con terror como Dinnaeh espoleaba a Sardinilla. No lo suficiente como para ponerse a galopar pero sí lo suficiente como para alejarse lentamente de ellos. Y llevaba en las alforjas todo el dinero, los mapas y la comida. Y la ropa, pero eso era secundario. “Maldita sea,” pensó, “que no se vaya con mis cosas por favor, que no se vaya... Si se pone a galopar en este momento, será imposible alcanzarla con un caballo montado por dos personas”


Última edición por Títere el Mar Mayo 27, 2014 3:57 pm, editado 1 vez


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Mensaje por Feren el Lun Mayo 26, 2014 8:02 pm

Mientras Dinnaeh se alejaba lentamente, Feren paró de repente el caballo y se desmontó. Para lo inexpresivo que solía ser Feren normalmente, mostraba una expresión enfurecida. Lo primero que hizo, fue bajar a Coën y darle un puñetazo a  en la barriga. No lo suficientemente fuerte para hacerle daño, pero si para que le diera un buen susto. Coën estuvo a punto de caerse al suelo, pero se recuperó y miro furiosamente a Feren. Simplemente no se lo esperaba.
-¿Que haces?-Exclamó Coën furiosamente.
-No eres un niño, no debes ser un niño. Compórtate como un adulto o juro que te dejaré inconsciente y te despertarás en un árbol, por la noche y bagarás hasta morir.
Coën fue a decirle algo, pero recordó que su amigo iba para arcanista y recordó historias sobre artes oscuras y demonios. Pensó que lo mejor que podría hacer en ese momento era callarse.
En ese momento, Dinnaeh miró hacia atrás, extrañada de no oir pasos de caballo y se sobresaltó al ver a los dos chicos mirándose furiosamente, aunque le sorprendió más la expresión de Feren.


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Mensaje por Títere el Mar Mayo 27, 2014 3:16 pm

Coën se agarró el estómago con ambas manos. Maldijo y escupió en el suelo. Luego miró furiosamente a Feren mientras se sacudía el polvo y montó con un movimiento fluido.
En ese momento vió a Dinnaeh. Había detenido su caballo y se había girado para ver que pasaba.
"Si se pone a galopar en este momento para escaparse -pensó Coën- Juró que dejo a Feren aquí tirado y la persigo para recuperar mis cosas. Lo juró por Tehlu." Y a continuación pensó, "maldita tipa, lo ha estropeado todo".


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Mensaje por Dinnaeh el Mar Mayo 27, 2014 3:54 pm

"¿Me quedo o me largo de aquí?" Era la oportunidad perfecta, parecían estar discutiendo y ni se darían cuenta. Las alforjas pesaban, así que supuso que venderlas la llevaría a una buena posada, quizá hasta tendría tres comidas al día por un tiempo.
Giró de nuevo el caballo, dispuesta a marcharse, "los típicos hijos de nobles que corren a vivir aventuras"-negó con la cabeza- "Imre. Já. Y hasta creen que triunfarán."
-Ni te atrevas. -Feren la agarró por el antebrazo con fuerza.
Se giró disimulando que se había querido marchar con una confundida sonrisa.
-¿Qué ocurre?
-¿Qué es lo que pretendías, monada?
Borró su sonrisa, dejó de fingir.
-Solo diré tres cosas. Una: vosotros habéis sido los imbéciles que me habéis dejado el caballo, a si que no te hagas el sorprendido. Dos: deberías haber supuesto que intentaría marcharme, y más con el caballo que lleva todas vuestras posesiones. Tercero: suéltame o te juro que lo pagarás. -endureció la mirada.

La habían pillado. Quizá no fueran tan estúpidos como aparentaban.


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Mensaje por Títere el Mar Mayo 27, 2014 4:07 pm

-¡Te lo dije! -exclamó Coën triunfante.- Pensaba largarse, ¿ves Feren? Te lo dije, bueno, solo lo pensé, pero para que luego andes dándome puñetazos -se acercó a Dinnaeh y la quitó las riendas bruscamente.- Gracias. ¿Puede bajarse de mi Sardinilla?
Al instante se dió cuenta de lo que había dicho, y se sonrojó. Mientras Dinnaeh desmontaba, aprovechó para mirar impunemente. Sacó de las alforjas su desaliñado macuto, se lo lanzó, montó en Sardinilla y dijo:
-Adiós señorita -hizo como que se quitaba un sombrero imaginario.- Vamos Feren, larguémonos.
Se alejaron los dos al galope, dejándo a Dinnaeh sola en el camino. A Coën le pareció que Feren no quería dejarla atrás, pero no le dió importancia...


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Mensaje por Dinnaeh el Mar Mayo 27, 2014 4:49 pm

-¡Un segundo! -les gritó.
Ambos caballos se detuvieron y los jinetes miraron en su dirección. Cöen pareció dispuesto a decir algo, pero Feren lo acalló con una mirada.
-¿Qué pasa?
-Lo siento. Os juro por Telhu que no lo intentaré de nuevo, pero entendedme, vosotros habríais actuado de la misma forma en mi situación: llevo horas sin probar bocado, y tengo la garganta seca, estoy cansada de tanto caminar y harta de no saber hacia dónde voy. -compuso una triste sonrisa- Hasta esto he llegado, y para colmo no me sale bien y me pillan. -soltó una sonora carcajada.
Ambos se miraron.
-Danos un segundo. -le respondió Cöen, guiñándole un ojo.
"Espero que esto me haya salido bien y me dejen ir con ellos, así al menos me darán de comer y no dormiré sola. Podría haber añadido más dramatismo a la cosa, pero bueno, habría resultado demasiado forzado."-caviló para sí misma.
Se sacudió el polvo del vestido y se cerró bien el pobre abrigo que había encontrado, recogió su macuto del suelo y esperó el veredicto.
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Mensaje por Títere el Mar Mayo 27, 2014 6:03 pm

-Bien...-dijo Coën tiernamente.- Hemos decidido qué... ¡No! Vamos Feren, alejémonos de esta timadora...
Y así es como Coën y Feren partieron dejando a Dinnaeh sola. Lo que no sabían es que ese no sería su último encuentro...


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Mensaje por Dinnaeh el Mar Mayo 27, 2014 6:30 pm

-Genial. -susurró al silencio.
Suspiró y siguió adelante.
Siempre lo hacía.
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Mensaje por Feren el Mar Mayo 27, 2014 7:35 pm

-No te entiendo- dijo Feren con un susurro.
-¿Qué dices?
-La chica, ¿porque la hemos abandonado a su suerte?
-¿Es que no te has enterado de nada? Se quería llevar todas nuestras cosas y vivir cómodamente.-maldijo por lo bajo.
-Yo hubiera hecho lo mismo. Mi objetivo es la Universidad, haría cualquier cosa para llegar allí.
-Te entiendo, pero ella no tenía motivo alguno, cuando nos presentamos, ella no dijo nada. Está claro que quería aprovecharse de nosotros.
-O que ella no quería decirnos nada.
En ese instante se callaron. Compartir un momento de silencio puede ser agradable a veces.
-¿Cómo vas con la espada?-Preguntó Feren en ese instante.
-Ligeros avances, ya sabes...-el otro dejó la frase en el aire.
-Luchas como un niño, eso me gusta.Hace nada luchabas como un asno retrasado-esbozó una sonrisa.
-¿Aquí,ahora?-dijo Coën.
-No estaría mal, pero ten cuidado, quizá te pueda lastimar.
Entonces, los dos se desmontaron, ataron a los caballos a unos árboles gruesos y envainaron sus espadas.
La de Feren lucía vieja y gasta de tanto uso. En cambio, la de Coën, tenía el filo bastante nuevo y la empuñadura era simple pero resistente, no se gastaría en años de uso.
Se pusieron en guardia y Coën atacó el primero. Manejó su espada con cierta habilidad, pero Feren bloqueó sin esfuerzo mayor y empujó a Coën haciéndole retroceder. Se notaba que este llevaba entrenando apenas unos meses y Feren llevaba prácticamente toda su vida aprendiendo como usar su espada.
En ese momento, Feren movió su espada rápidamente hacia la cabeza de  Coën. Este, dirigió su espada nerviosamente hacia su cabeza para bloquear ese ataque, pero en ese instante, Feren bajó la espada. Coën tenía expuesto todo el tronco y antes de que Feren fuera a cortar, paró y sonrió.
-Cierto-dijo orgullosamente-has progresado mucho, eres rápido. Solo veo un pequeño problema.
-Dime
-Tus ojos y tus brazos pueden ser rápidos, pero tu mente,no. Tienes que acostumbrarte a pensar rápido. Bueno, prosigamos, calculo que quedan un par de horas para que empiece a anochecer.


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Mensaje por Títere el Mar Mayo 27, 2014 9:31 pm

-Bueno -dijo Coën.- Ya hemos llegado.
Estaban ante la posada La Arisca Aulaga. Era medianoche.
Se habían pasado toda la tarde entrenando, lo que parecía que iba a ser una parada corta se había convertido en un arduo entrenamiento. Al fin habían alcanzado la posada, aunque hacia tiempo que había anochecido, pero no les agradaba la idea de pasar una noche al raso.
Y con respecto a la chica, Coën no sentía remordimientos. Aunque le parecía que Feren sí, le había visto varias veces mirar de soslayo hacia el camino. Pero se lo tenía merecido.

Cenaron una excelente carne de corzo, poco hecha, tal y como le gustaba. Tambien comieron uvas, queso y pan moreno con mantequilla, todo ello regado por un vino de buena añada. Se habían permitido el lujo, ya que no estaban sus padres.
-Sabes -le dijo a Feren un achispado Coën.- Deberíamos esconder el dinero. Es decir, no llevarlo en las alforjas, ahí, al alcance de cualquiera. Por cierto, ¿lo has cogido?
-No sssé, a mí no me has dicho nada.
-Pues más nos vale ir a por él, sino no sé como vamos a pagar la cena y el alojamiento.
Un imponente hombre de negras barbas dejó una botella de scouten con un fuerte golpe sobre la mesa.
-Invita la casa -dijo.
-Graciasss, buen hombre...
El fortachón les sirvió el scouten en unas resistentes jarras de madera.
-He oído que lleváis el dinero en las alforjas. Mirad, como no os veo en estado de ir a buscarlo, os puedo hacer el favor de cogerlo yo.
-Sería muuy amable de ssu parte...
-Está en la alforja izquierda, debajo de la comida, dentro de un calcetínnn... Muchas graciass de todo corazzónn, en cuanto vuelva, le invitamos nosotros a una ronda.
-¡Eso!
El hombre se levantó sonriente. Nos dirigió una mirada burlona y se marchó en dirección a los establos...


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Mensaje por Feren el Mar Mayo 27, 2014 9:57 pm

Los dos chicos se despertaron a la mañana siguiente en el suelo de la posada, en un rincón, sin recordar mucho y incómodamente cerca. Se desperezaron lentamente, sin esfuerzo, pues sabían (creían) que habían pasado una noche de juerga en una fiesta. Estaban eufóricos, aunque era una extraña mezcla, dado que parecían mas un comatoso que unos chavales con una vida por delante. Pasaron unos minutos...
-¡MIERDA!-gritó Feren con una mezcla de ira y cansancio.
Coën se dio un susto y se sobresaltó. El corazón le iba a cien, no por ira sino por un miedo que le entró de repente. Él, desgraciadamente conocía ese estilo de miedo. Era el miedo a la ira de Feren.
-¡Quédate aquí, yo me encargaré de ese cabrón!
-¿Pero qué...?-logró pronunciar Coën.
Feren se fue rápidamente de esa sala y se dirigió con prisa a los establos. Al entrar vio a un hombre, con resaca también, medio dormido. Feren fue directo a él, lo agarró por la camisa y le dijo.
-No sé quién eres, ni que haces aquí, pero si no me ayudas ahora, te cortaré los dedos, ¿entendido?-lo último lo dijo en cealdico, dado que el hombre aparentaba serlo.
-¿Qué pasa chico?-susurró el hombre. La mezcla de la resaca y el miedo no le dejaba apenas hablar. Feren sería un chico, pero cuando se enfadaba de ese modo, era temible. Y juntando todas sus habilidades y experiencias, le confería un aro de superioridad y confianza. En esa época, Feren era un chico que no conocía el mundo.
-Ayer, un hombre aprovechó que estábamos borrachos para robarnos nuestras pertenencias y monturas.-Una corta pausa. Feren se serenó un poco- ¿Sabes quién fue?
El hombre empezó a reír de repente.
-Chicos, demostrad a este chaval de que estamos hechos nosotros.
De repente, 2 hombres se abalanzaron sobre Feren. Feren estaba preparadado, así que simplemente, los esquivó. Él pensó que no sería beneficioso que luchara cuerpo a cuerpo, a puños. Él tenía menos fuerza y no podría acabar con ellos para siempre. Suerte que los hombres sacaron dos cuchillos, esos típicos cuchillos de carnicero que todo el mundo tiene. Feren sonrío y sacó una navaja corta. No era una navaja cualquiera, era su navaja y la usaba para todo. Conocía mejor esa navaja que al propio Coën. Rápidamente, sin malgastar tiempo, con movimientos rápidos y gráciles, acabó la pelea.
-Y ahora dime-dijo Feren con una sonrisita-¿Donde está él?
-Al, al...norte...¡déjame ir! ¡Te lo ruego!
-Vete. Si vuelvo a verte de nuevo, invocaré al rayo y al trueno y te mataré-eso lo sacó de una historieta que le había contado Coën. Él siempre contaba buenas historias.-¿Entendido?

-¿Qué ha pasado?-Dijo Coën al llegar.
-La Universidad debe esperar.


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Mensaje por Old Medie el Miér Mayo 28, 2014 6:54 am

— ¡¿Qué haremos por Tehlu?! —gritó Will.
— ¡Cálmate padre por favor! ¡Es todo un malentendido! —le grité de vuelta, yo también estaba exaltado.
— ¿Que me calme, que me calme? —dijo irónico —. ¡Te van a colgar! —gritó. Se sentó en la silla pegada a la mesa y se tapó la cara con las manos. Me acerqué a él para ponerle una mano en el hombro —. Estúpido, eres un estúpido Mío —dijo, y pude sentir sus sollozos tras sus manos.
—Padre, Nuolet aclarará todo, te juro que no la he violado, ella es mi novia... Lo siento si lo escondí, pero, ya sabes. Es la hija del alcalde y yo, yo soy tu hijo. Hijo de un campesino.

Mi padre siguió sollozando. Hace unas horas le habían dado la noticia de que me estaban buscando en el pueblo. El alcalde me había acusado de violar a su hija, pero yo y Nuolet ya llevábamos casi un año y medio. Por supuesto que ya la había desflorado, y hace tiempo, pero nunca por ningún motivo la hubiera violado.
El asunto era que, luego de haberla ofrecido en matrimonio a una familia de unos malditos herederos lejanisimos de un noble, la madre del novio revisó a Nuolet y descubrió que ya no era virgen y se negó a casar a su hijo con una "promiscua". Esa palabra me había hecho hervir la sangre, mugrosa vieja, ¿Quién se creía? Además la dijo frente a la alcaldía, frente a una docena de personas que se encargaron de esparcir sus dichos como el fuego en un campo de trigo seco. Eso destrozó al padre de Nuolet, a ella le provocó una mezcla rara de emociones, por un lado estaba feliz porque ya no tendría que casarse obligada y por otro, había quedado prácticamente como una p* frente a todo el pueblo.

Su padre la golpeó, y juro por Tehlu que lo haré pagar, pero me estoy desviando, el alcalde para tapar que Nuolet le había escondido nuestro noviazgo, salió con el disparate de que en vez de novio yo era un violador que la había atacado. Para salvar la honra de su hija el violador tendría que ser capturado y llevado a juicio. Y todos sabemos que les pasa a los violadores. Ni siquiera toman en cuenta la edad, aunque ya tengo 16 y hace rato sé que es bueno y malo.

El pueblo sólo tenía tres guardias, y Fredd era amigo mio y de mi padre, así que me avisó apenas lo supo. Nos dijo que avisaría que no estaba allí y les haría creer que arranqué hacía la costa sur. Eso me daría tiempo suficiente para arrancar, pero yo no quería eso.

Trataba de contener a Will y hacerle entender que Nuolet aclararía todo.

—Hijo —dijo luego de secarse las lágrimas —. No quiero que te maten ¿Me oyes? —me miró con sus ojos rojos, sus lagrimas habían llegado hasta su barba —. Quiero que te vayas ahora, entiéndelo: Esa chica no va a salvarte el cuello. Vete, vete a la ciudad hasta que toda esta estupidez haya pasado. No pasará ni un año y todos lo olvidarán.

—No tengo por qué huir padre, estoy seguro que Nuolet sacará la voz y dirá que yo no fui.
—Hijo, Thomas no dejará que su hija diga ni pío —se puso de pie y me puso las manos en los hombros —. Y yo no dejaré que te maten. Ya perdí a tu madre, no quiero que se vaya lo único que me queda.

Will me acarició la cabeza con cariño, era un buen padre pero pasaba siempre en el campo, o durmiendo o en la taberna, la verdad es que no pasaba mucho tiempo conmigo. Tomó el macuto que solía usar para traer los víveres desde el pueblo hasta la granja y comenzó a llenarlo con las cosas que llevábamos para cazar, cuando mi madre aun vivía. Le sacó el polvo a la daga y a la cuerda para hacer trampas de conejos. echó dentro también piedra y pedernal, aguja e hilo café, una de las dos hogazas de pan que quedaba. Cortó la mitad del queso que había y lo guardó junto con una carne seca que guardábamos para el invierno.

— ¿Guardarás toda la carne? Sabes, puedo cazar en el bosque, deberías quedártela.
—No cazas desde hace cuatro años. Mejor nos aseguramos de que no mueras de hambre.

Echó dentro el único chaleco que tenía y mis dos camisas, lo cerró y entregó.
Nos dimos un abrazo fuerte, y nos despedimos. Me dijo que volviera en un año, que evitara los próximos pueblos hasta llegar a un lugar en donde nadie conociera mi nombre ni mi apellido. Él sabía que yo era inocente, pero era necesario escapar. Salió de la casa ver si había alguien que pudiera verme, yo aproveché el momento para dejar la carne seca de nuevo en su lugar, el no merecía pasar hambre por mí, además ¿Qué tan difícil es atrapar un conejo?
Mi padre entró, nos despedimos rápido y prometí volver. Lloré un poco, y él también. Ahora que lo pienso, debí decirle que lo amaba y que era un buen padre, pero en ese momento tenía pájaros en la cabeza, no pensaba claro y solo tenía ganas de golpear al alcalde. Cada paso que me alejaba del pueblo y de Nuolet era un soplo a las llamas del odio inmenso que sentía por ese viejo inmundo. Hasta pensé en ir y aclarar todo, a pesar de saber que no serviría. Mi voz contra la del alcalde, de disparate. Pero si tenía la oportunidad de hablar con Nuolet, que ella aclarara todo ¿Podría hacerlo?

Salí con rumbo al norte, pensando en esas cosas, miré preocupado un par de veces hacía la granja, le dije adiós con la mano a Will, mi padre y miré más al sur, al pueblo a ver si me veía alguien escapar. Me metí por el bosque, al costado del camino y avancé.

Anduve por una o dos horas, el bosque no ofrecía mucha protección en Otoño, cuando los árboles tiran todas sus hojas y se quedan como esqueletos a la espera de que los cortemos para hacer leña para el invierno. Me escondí, hasta que se hizo de noche, nadie me descubrió.


Esperé un tiempo considerable, suficiente para que todo el pueblo durmiera. Salí hacía al camino, había dejado mi macuto escondido en unos matorrales bajo un árbol que marqué con la daga. Me puse el chaleco gris y un tanto deshilachado que tenía de hace un año y el sombrero de paja de ala grande que me servía para salvarme del sol en verano.
Decidí volver al pueblo, no podía dejar a Nuolet ahí. Si no podía aclarar el malentendido, al menos iba a escapar con ella.


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Mensaje por Dinnaeh el Miér Mayo 28, 2014 4:02 pm

Tras la marcha de Feren y Cöen ella siguió caminando, buscando un lugar donde parar. Quizá encontrara a algún noble a quien engatusar y sería su día de suerte. Con afianzadas esperanzas se detuvo a la sombra de un gran árbol a descansar y ahí fue cuando apareció. Su intuición nunca le fallaba.
Era el hijo modelo de un noble de poca monta, perfecto: con dinero, estúpido y arrogante. Fácil.
Costó poco hacerle creer que era él quien la conquistaba a ella, y como buen caballero, se ofreció a pagarle unas habitaciones en la posada en la que se hospedaba: "La Arisca Aulaga". Extraño nombre, pensó. Aunque no se esperaba una posada demasiado lujosa, le encantó, tenía un toque hogareño y cómodo. Vino en caballo, por lo que su "ángel de la guardia" se ausentó durante unos minutos por que dijo, literalmente, "no pienso dejar que un mozo inútil e inexperto toque a mi precioso caballo, costó más de lo que él ganará en un año."
Le habría gustado quedarse más tiempo, pero sabía que tendría que marcharse, no soportaría más la compañía del noble. Resultaba insoportable tener escucharle alabarse a sí mismo, contándole heroicidades que estaba segura de que eran falsas. Por lo menos le pagó la comida y bebió todo lo que quiso, y por la noche la acompañó a su habitación, que como no, estaba al lado de la suya.

Fue al día siguiente, por la tarde, con tres vestidos nuevos y un precioso collar, cuando, sentados en una mesa escuchando como un músico interpretaba "Violeta, espera", los vio. A Feren y Cöen. Estaban muy acalorados conversando y gesticulando mucho. Se preguntó qué era la causa de que estuvieran hablando en un tono más alto de lo normal. Se deshizo fácilmente de su acompañante y se acercó con una deslumbrante sonrisa hacia su mesa.
-Hola de nuevo. -colocó los brazos en jarras, y esperó a que dijeran algo. Tenían una pinta horrible, todo hay que decirlo.
-¿Dinnaeh? ¿Qué haces aquí? -preguntó Feren, sonriendo.
-Bueno, lo conocí a él después de separarnos, y nos hospedamos aquí. -miré hacia mi noble sonriendo, haciendo gala de todo lo que manipularle conllevaba.- ¿Y vosotros, qué tal? ¿A pasado algo? Os veo un tanto acalorados.


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Mensaje por Títere el Miér Mayo 28, 2014 4:34 pm

-Que te jodan -dijo Coën sin pensar.
-¡Coën!
-¡¿Qué?!
Dinnaeh le dió una bofetada. Feren una colleja.
-Auh, perdón. Pero no te interesa. -se disculpó mientras se masajeaba la mejilla.
-Le han robado a Sardinilla.
-Sardinillaaaa...
Coën enterró la cabeza entre los brazos y se puso a sollozar. Y Dinnaeh se rió despectivamente. Coën la miró con odio.
-Hija de p...
-¡Coën! -le interrumpió Feren.- Perdónale, es que ha bebido un poco-dijo señalando con un gesto de la cabeza dos botellas de vino y una de scouten.
-Ya veo.-volvió a reir.
-Anoche nos robaron todas nuestras cosas. Incluidas los caballos.-dijo Feren apesadumbrado.
-Am... -respondió Dinnaeh. Por un instante pareció que iba a apiadarse de los muchachos, peró recordó la escena del camino.- Os lo merecíais. Sobre todo él -terminó, mirando venenosamente a Coën. El chico le respondió enseñándole uno de sus dedos.
-Coën, para. Además, hemos perdido las pocas iotas que nos quedaban. No se nos da bien jugar a esquinas bajo tanta presión. Estas son nuestras únicas posesiones -Feren señaló las botellas vacías. Y luego miró a Dinnaeh con su mejor mirada de perro apaleado.


-...el primer borrador lo escribes con el corazón, el segundo, con la mente.-
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Mensaje por Feren el Miér Mayo 28, 2014 6:29 pm

-Sería una pena que unos jóvenes apuestos como vosotros murierais de hambre...
Coën iba a decir algo, pero Feren lo detuvo con un gesto.
-Sardinilla estará pasando hambre, seguro y yo no es que esté lleno. Aceptamos todo lo que nos puedas dar.-Sonríe.
-Si fuera a tí solo, te daría algo encantada, pero a ese...-miró a Coën.
-No te preocupes, él es así, ¡jajajaja! No lo hace adrede, es que es la primera vez que hace todo esto, y además aun es un crío. No se lo tomes en cuenta.
-Mira, os pago una comida si me contáis lo que os ha pasado.
Feren le contó todo con sus partes buenas y las malas.
-Ya veo, y entonces, ¿vais a ir a por él?
-Si, y juro que lo mataré y no dejaré nada para los carroñeros.-le dio un puñetazo a la mesa, enfadado.
-¿Y cuando marcharéis?
-Lo más seguro es que marchemos esta noche.
-Pues pedir lo que queráis por esas bonitas bocas y lo tendréis. El noble tiene pasta y no tiene muchas luces
Esa noche, se despidieron de Dinnaeh y marcharon hacia el norte. Pasaron por varios pueblos en busca de noticias de bandidos. Obtuvieron noticias de un grupo de bandidos.


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Mensaje por Old Medie el Miér Mayo 28, 2014 6:54 pm

El camino de vuelta al pueblo estaba desierto como esperaba. Era un día de semana y no encontraría ni una taberna abierta, nadie me vería avanzar.
Caminé al margen del camino, por si acaso, pasé fuera de mi granja, por fuera de las demás y luego entré al pueblo.
De noche todo se veía muy distinto, la ausencia de los caballos, el grito de la gente, los vendedores, las discusiones. Sólo el silencio me acompañaba y el viento.
La plateada luz de luna iluminaba todo así que era muy fácil andar. Llegué en menos de diez minuto a la casa del alcalde.

Salté la verja de madera sin hacer un solo ruido, caminé por el costado de la casa hasta llegar al patio, luego subí el viejo arce hasta llegar a la rama que daba a la ventana de Nuolet, me moví al son del viento y mis movimientos por el árbol quedaban silenciados por el tenue ruido del viento meciendo las hojas.
Cuando estuve frente a la pieza de Nuolet, saqué la daga de su funda, me había parecido buena idea llevarla. La metí por entremedio de la ventana y subí el gancho que las mantenía cerradas, las abrí lentamente para que no chirriaran, el viento infló las cortinas y pude ver un instante el interior. Era igual como lo recordaba.
Metí la cabeza, miré las cuatro esquinas pues, por un segundo pensé que quizá estaría el padre de Nuolet esperándome. No había nadie más que ella.
Pude ver su cabello rubio asomar entre las sabanas, estaba mirando hacía la pared contraría. Entré silencioso como un ladrón, me paré dentro de la pieza y cerré las ventanas con cuidado. Caminé cuidando mis pasos hasta llegar frente a ella, me puse de rodillas en la alfombra que tenía como bajada de cama para que nuestros rostros quedaran a la misma altura. Le acaricié el cabello mientras le susurraba.

—: Nuo. Nuolet. Soy yo Mío —Nuolet abrió los ojos un poco, entrecerrandolos para enfocar mi cara. Una vez me vio ahogó un grito y se echó para atrás.
— ¡Por Tehlu y sus ángeles! ¡Peti! ¿Cómo te has..? ¿Qué haces aquí? —susurró lo más fuerte que pudo.
—Nuo, tienes que aclarar todo esto, me van a colgar del cuello —le dije enseguida —. Nuo, he tenido que arrancar de casa, los guardias me buscan, traerán a un juez.
—¡Lo sé, lo sé! —dijo restregándose los ojos —. Tengo miedo Peti, hablé con mi padre, pero no escucha. Se volvió loco después de saber lo nuestro.
Al hablar de su padre no pude evitar ver, a pesar de la poca luz que había en la pieza, el moratón que tenía en la mejilla.

—Maldigo a tu padre, él solo quiere venderte como ganado, pagará una dote y obtendrá a cambio una conexión con unos nobles que no les queda más que el apellido.
—Mi padre solo trata de hacer lo mejor para mí —respondió ella, con un deje de orgullo. Aunque eso implique venderme. Él sabe que tendré una mejor vida allá.
— ¿Él dijo eso o tú lo crees así? —dije, mientras me alejaba unos centímetros de ella, no podía creer lo que decía.
—Claro que lo dijo él. Yo sé que no seré feliz, sabes que te amo —dijo y estiró sus tibias manos para acariciarme —. Cuando te vayas me romperás el corazón, sin ti no hay una mejor vida que vivir.
Aquella tierna chica de manos endurecidas por el trabajo. Sentí su caricias en mi rostro, y me largué a llorar.
—Ven conmigo Nuolet, ven, escaparemos juntos y tendremos una mejor vida lejos de este pueblo —Nuolet me miraba con sus ojos vidriosos, ella también se puso a llorar.
—No digas tonterías Mío —Se enderezó y nos sentamos en la cama, ella me abrazó y comenzó a calentarme la espalda moviendo su mano de arriba hacía abajo, con otra me secaba las lagrimas.
— ¿Tonterías? —pregunté
—Sabes que no tenemos oportunidad de vivir en otro pueblo —contestó  —. Además no hay pueblo donde podamos escondernos de la Ley del Hierro, si me voy contigo mi padre te tachará de violador y secuestrador. Imagínate, tendremos a todo el pueblo buscándonos.
—Vayámonos lejos, muy, muy lejos para que nadie nos encuentre —le dije, tomando sus manos —. No me importa caminar cien kilómetros, no me importa trabajar de lo que sea, aunque terminemos viviendo en el bosque, seré feliz si estás conmigo.
— ¿Y qué harás si nos asaltan? ¿Si nos atacan los proscritos? ¿Si me violan y te matan? Tenemos apenas dieciséis años, no podemos enfrentarnos al mundo —dijo, lapidando mis esperanzas. Se puso a llorar silenciosamente, mientras me abrazaba —. Lo siento Mío, lo siento mucho, no puedo ir contigo.
—Moriré si no estás conmigo Nuolet. No me pidas que me vaya sólo. Prefiero quedarme y perder la vida, al final será lo mismo que irme sin ti.
—No digas tonterías Mío, vete, vete ahora mismo, mi padre nos oirá y te llevará a la cárcel.
—Nuolet Anwater, te lo digo, de verdad. Te lo digo tres veces: si no te vas conmigo me quedaré aquí y enfrentaré mi destino.
Nuolet lloró desconsolada, la abracé fuertemente y lloré junto a ella.
—Lo siento amor, pero no quiero irme sin ti —dije mientras mis lagrimas se pegaban a su rubio y largo cabello.
—Mío —me dijo y levantó la cabeza para que pudiera verla. Nos miramos a los ojos —. No quiero irme contigo. No por miedo a como viviremos, o a los peligros del camino ni a que podamos morir tú o yo. Sino que, temo irme contigo porque no sé si pueda soportar mi embarazo arrancando de aquí.
¡Un embarazo! Mi respiración se cortó, mis manos comenzaron a temblar —. ¿Seré padre? —dije con la voz entrecortada. Noulet se limitó a afirmar con la cabeza. No sé como explicar ese sentimiento tan hermoso, fue un júbilo tremendo mezclado con la pena y el llanto. Fue como si me pasara un desfile de carromatos de una troupe. Tenía razón, podría arriesgar mi vida, podría incluso poner en peligro la de Nuolet con tal de irme con ella, pero no podría arriesgar la vida de mi hijo.
— ¿Estás segura? —le pregunté.
—No he sangrado hace tres meses, en Abatida cumpliré tres meses y tres semanas.
Sonreí con una esperanza hermosa, sería padre. Le besé la frente, las mejillas y la boca. Le sequé las lagrimas y le dije
—: Escaparé, quiero tener vida para ver a mi hijo.
Nuo me sonrió, me secó las lagrimas y me dijo
—: Vete, vete lejos donde nadie te pueda encontrar, y mándame una carta para decirme que estás bien, nada más. Te esperaré junto a tu hija, hasta que vuelvas.
— ¿Será niña? ¿Como lo sabes? —le pregunté con una sonrisa.
Ella se puso las manos sobre el vientre, bajo el pijama —. Simplemente lo sé —contestó mientras se miraba las manos.
Puse mis manos sobre las de ella y nos besamos.


Media hora más tarde estaba saliendo del pueblo nuevamente. Sin rumbo fijo, pero con una meta clara. Sobrevivir y reunir todo el dinero que pueda para que cuando vuelva sea más rico que el alcalde y esa familia de nobles empobrecidos juntos. Sólo así tendría el favor del alcalde.

Cuando llegué al lado de mi macuto, bajo el árbol marcado, me sentía con fuerzas renovadas. Había pasado a la alcaldía, sabía que el alcalde guardaba su dinero junto con el del los impuestos en un arcón en su oficina. Me metí como un ratón, forcé la puerta trasera y rompí el candado del arcón con una pala que había encontrado junto con las herramientas de granja que guardaban para arrendar los días de siega. Saqué todo el dinero que pude cargar en mis bolsillos, unos doce talentos. No era demasiado para haber arriesgado la vida, así que usé el chaleco para cargar otros veinte. Dejé todo abierto y me fui sin más.
Desde el árbol marcado caminé veinte pasos y enterré los veinte talentos a los pies de un árbol. Cavé hasta dar con las raíces. Usé una de las dos camisas que me tenía guardadas para envolver el dinero. Lo enterré a un metro aproximadamente, había usado el cuchillo así que me había tardado bastante, quizá faltaban dos o tres horas para el amanecer. Tapé todo muy bien con hojas secas hasta que pareciera que no hubiera pasado nada. Me limpié las manos y las rodillas de tierra, volví por mi macuto y usé mi otra camisa para guardar los doce talentos que tenía, pues nunca había tenido la necesidad de tener una bolsa para el dinero hasta ese día.

Comencé a caminar rápido, siguiendo el camino principal. Si caminaba sin parar todo el día siguiente quizá llegara para el amanecer del tercero al siguiente pueblo.


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Mensaje por Feren el Jue Mayo 29, 2014 7:09 pm

(como nadie rolea, sigo yo)
Llegaron a un pueblo llamadaro Fenrawell. No tenía mas de 20 casas y su población rondaba los 300 o 400 habitantes. Feren y Coën entraron en una taberna. Estaban cansados pero aun no era muy tarde, así que pararon para tomar algo de comer y oír rumores.
-Una suerte lo de esos bandidos, ¿eh?-Comentó Coën.
Cuando Feren mató a esos dos bandidos en la posada, antes de irse de allí, comprobaron los bolsillos de ellos. En total, habían reunido 1 talento y medio, suficiente para pasar unos días caminando.
-Pues sí.-Fue a decir algo más, pero oyó a un grupo de hombres sentados al lado suyo comentando rumores.
-Esos malditos liantes... Anteayer intentaron atacarme en el camino, suerte que corrí.
-Como una nena-añadió el otro hombre.
-¿Que querías que hiciera? Ellos eran bastantes y yo no iba armado.
-Perdonad-interrumpió Feren-¿Hay bandidos en esta zona?
-Si, chico. Tienen un campamento al oeste, según lo que he oído. No te recomiendo acercarte.
-Gracias.
Feren volvió a sentarse con Coën.
-¿Vas a ir a por ellos? Estás lo...-Feren lo interrumpió.
-Coën, si acaso insinúas que voy a ir solo, te equivocas.-miró a Coën con picardía.
-Oh. No voy a ir contigo.
-No te he preguntado nada, eras bueno con el arco,¿no?
-Sí, ¿pero para que lo quieres saber? No vamos a conseguir nada con ello.
-Hermano,-de vez en cuando, Feren lo llamaba así. No mentía del todo, pues llevaban prácticamente toda la vida juntos.- ¿ves a ese Adem de ahí?
-Si. ¿No pensarás en contratarle? No tenemos dinero para esto.
-Resulta que llevaba un dinero extra...-se avergonzó un poco- por si acaso...
-¿¡QUÉ?! ¡No me has dicho nada antes! ¡Hemos pasado días durmiendo en el camino pero ya llevábamos dinero!
Feren no alzó nada la voz. Estaba calmado.
-Era para casos especiales. Entiéndelo.
-¿Cuánto llevas?-Coën intentaba calmarse.
-5 talentos con 4. Todos mis ahorros de cuando estuve con ese arcanista.
-¿Le ayudaste?
-Si, estaba viejo y necesitaba ayuda.
-¿Y tu crees que esto servirá? He oído que los Adem cobran caro.
-Si. Es solo un trabajo y un Adem cuenta, como poco, como 4 hombres.


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Mensaje por Old Medie el Vie Mayo 30, 2014 1:38 am

Seguí el camino principal, escondiéndome cada vez que iba o venia alguien por el. Pasé por fuera de dos o tres pueblos, tratando de evitar el contacto humano lo más posible. Para lo único que me acerqué fue para comprar un poco más de pan y un odre que llené en el pozo. Aun no cambiaba ninguno de mis talentos, sabía que sería muy sospechoso que un crío comprara pan y queso con un talento de plata.
Usé todo el cambio que tenía para comprar un trozo duro de queso y una manta de segunda mano para pasar la noche, pues la primera noche que pasé a la intemperie casi cojo un resfrío.

Para cuando iba llegando al cuarto pueblo mis piernas ya no podían más, tomad en cuenta que caminaba todo el día, y parte de la noche con tal de alejarme todo lo posible.
Era caída la tarde cuando me hice a un costado del camino porque se veía a lo lejos un carromato, estaba muy lejos aun, pero agradecí tener un motivo por el cual parar y me escondí entre los primeros árboles del costado del camino.
Estiré las piernas y comencé a abrir una mitad de pan para meterle un trozo de queso cuando sentí el galopar fuerte de los cascos de varios caballos. Inmediatamente metí la cabeza bajo las ramas de un arbusto y comencé a rezar a Tehlu, pidiendo que no sean los guardias de mi pueblo, en todo mi viaje había oído tantos caballos juntos.
El galope se hizo más fuerte, lo sentí en el piso. Me quedé muy quieto hasta que los tuve a unos diez metros, luego comencé a temblar como una oveja ante el matadero. Me cogí la cabeza con ambas manos y tiré el pan con queso al piso, esperando que por algún motivo no pudieran haberme visto.
No creerán el alivio que sentí cuando los oí pasar de largo. Cuando el galope estuvo ya lejos asomé la cabeza para verlos. Eran por lo menos cinco, iban en dirección al norte. Busqué mi pan entre las hojas del piso, lo limpié y le di una mordida mientras veía como los cinco jinetes llegaban hasta el carromato, a lo lejos los caballos se veían del porte de mi mano, pero pude ver perfectamente como se lanzaban encima de los caballos de tiro del carromato. Quedé impresionado al ver como los jinetes sacaban sus espadas y amenazaban a los hombres del carromato. Uno de ellos sacó una espada y se la clavó en el pecho a uno de los jinetes, haciendo que su caballo pifiara fuertemente. Se oyeron gritos y salieron dos hombres más del carromato, armados.

Desde donde yo estaba podía ver como salía la sangre de sus cuerpos, como brillaban sus espadas con el último sol de la tarde. Los jinetes lograron sacar del carromato un cofre y fue en ese momento que me di cuenta que estaban robando los impuestos del Barón Greyfallow. Eso era grave, muy grave. No eran jinetes cualquiera eran salteadores de caminos bien entrenados, o bien unos bandidos idiotas que no distinguieron a un carromato normal del de los recaudadores.
A mi me pareció que era la segunda opción, pues en el acto murieron dos jinetes. El primero apenas salió uno de los hombres del carromato, el segundo mientras arrancaban de varias flechas en la espalda. Aun así lograron robarle las recaudaciones, mucho dinero. Escaparon hacia el norte, uno de los recaudadores hizo el amago de seguirlos, pero con el caballo de tiro que tenía era obvio que no les daría caza.
—Que problema —dije en voz alta. Estaba atrapado en el camino, tendría que darme un rodeo enorme para pasar a los recaudadores. Y mejor ni pensar en ayudarles, con esos muertos tendría que compadecer frente a la Ley del Hierro como testigo. Le di una mordida a mi pan y me puse caminar. Que pena por ellos, pero no era mi asunto.

Caminé en paralelo al camino lo suficientemente lejos para que no me vieran los recaudadores, lo peor que podría pasarme sería que me confundieran con uno de los ladrones. Se hizo de noche en mi camino por el bosque, sin sendero me demoré el triple en caminar recto, pero fue mejor, con las estrellas podría guiarme mucho mejor. Ya pasado bastante rato desde el incidente, mi estomago comenzó a rugir. No podría hacer una fogata esa noche quizá los recaudadores ya estuvieran peinando la zona en busca de los bandidos. Saqué mi manta y me la eché encima mientras caminaba, sentí el ruido de un riachuelo y decidí que era una buena idea sacarme el sebo del camino y tomar algo de agua fresca.

A medida que me acercaba el sonido del agua se hizo más fuerte. Pasé por el lado de unos arbustos y noté algo pegajoso en mi mano, en medio de la noche solo pude distinguir una mancha negra como sabia, entonces alcé la vista y pude notar que un animal había hecho un sendero hasta el riachuelo. Ramas rotas y más manchas negras en las hojas, era bastante evidente: un animal herido. Saqué mi daga y caminé lentamente hasta llegar a verlo. Era un caballo, un caballo de los bandidos. Aun tenía a su jinete con un pie atrapado al estribo, el hombre tenía la capa rota y llena de ramas, la cabeza llena de sangre y un corte en el pecho, bajo el corazón.
Me acerqué lentamente, pues temía que el caballo saliera corriendo al oírme, pero no hizo nada, movió la cabeza en mi dirección y se quedó igual de quieto que antes. Hasta que no llegué a su lado no pude distinguir que estaba con su brida y su silla de montar. Me vio y se quedó muy quieto. Me acerqué más a él y dejé que me oliera, le hice cariño en el morro y pareció no molestarme. Revisé pecho pues tenía varios rasguños, mojé la punta de mi manta y se las limpié todas.

—¿Me ayudarás a huir de aquí? —le pregunté amablemente. Al oír mi voz alzó la cabeza y me olió la cara. Le volví a hacer cariño en el morro.

Le saqué el pie atrapado al bandido, tenía seguramente el talón roto y la pierna en varias partes. Hice el amago de vomitar cuando distinguí su cara a al luz de las estrellas.
Le robé todo lo que pude, incluyendo un mapa de la zona, un cuchillo, un paquete de manzanas secas, varios drabines y monedas que supe distinguir en la noche, también sus guantes pues tenía frío. Le hubiera robado las botas si no me hubieran venido grandes y la capa si no la hubiera tenido toda rota. Lo arrastré hasta dejarlo escondido entre los arbustos, luego de taparlo con algunas hojas noté lo inútil que sería esconderlo, pues había un largo sendero hecho por el caballo directo hacia él.
Sin más arreglé la silla y achiqué los estribos para mí, me subí al caballo y recorrimos el camino siguiendo el riachuelo lo suficiente para alejarnos del jinete muerto.

Casi al amanecer amarré el caballo a las ramas bajas de un árbol y dormí un par de horas. Para cuando desperté el sol ya estaba en la mitad del cielo, era mediodía. El caballo se había comido todo el pasto que tenía a su disposición, le dí varios trozos de manzana seca y lo dejé tomar algo de agua del riachuelo. Llené mi odre y partimos.

Tenía serias intenciones de andar hasta el siguiente pueblo para comprar algo de avena para Estrella del Sur, mi nuevo caballo, pero tuve la suerte de encontrar una posada de paso.

Le entregué mi caballo al mozo, le pagué uno de mis drabines y le pedí que cuidara bien de Estrella del Sur. Le había puesto así mientras caminaba en medio de la noche, era ese nombre, o Luna, o Riachuelo.

Entré en la posada, luego de haber guardado los guantes en el macuto, me calé el sombrero de paja y me serené, lo peor que podría pasarme es parecer un chico preocupado o inseguro, son a los primeros que timan. Además tenía que recordar que quizá me estaban buscando ya.

Pedí lo que había en el cazo y pan recién hecho. Comí en silencio mientras oía lo que se hablaba. Así pude averiguar que la noticia de los bandidos y los recaudadores se había extendido rápidamente. Inclusive ofrecían una recompensa por cualquier información sobre ellos. Pensé entonces en el bandido muerto ¿Cuando me pagarían por decirles? Descarté la idea de inmediato, cualquier roce con la justicia me pondría en peligro, además del hecho que le había robado a un muerto. Entonces caí en cuenta que tenía un mapa ¿Aparecería ahí la ubicación de su guarida? Una voz aguda me sacó de mis pensamientos.
¡Que alguien me ayude! ¡Ayuda!
Toda la posada se exaltó, una chica bajó corriendo las escaleras, tan rápido que dejó una de sus sandalias en el camino. Tras ella venía un tipo con todas las pintas de ser un noble.  
No haga un escándalo Mi Lady, por favor. Volvamos arriba ¿Sí?
— ¿Me podrían explicar que pasa aquí? —dijo el dueño del local.
¡A intentado violarme! —gritó la chica. Su voz sonó a pena y vergüenza.
Por favor Mi Lady No diga eso. —dijo el noble con su mejor cara de disculpa —.Subamos, solucionaremos todo arriba. —le ofreció su mano, pero ella lo rechazó con asco, como si tuviera un ratón muerto en ella.
Ni por todo el oro del mundo, sucio abusador, pensé que me ayudaría pero solo me ha hecho regalos para obligarme a ir a su cama.
El noble puso entonces mala cara, se cruzó de brazos y le pidió nuevamente que subiera, la chica volvió a negarse. Miré a todos en la posada, nadie hizo nada. El dueño del local bajó la mirada, y así también todos en la posada, estaba claro que por ser noble nadie haría nada.
El noble entonces agarró del brazo a la chica.
Venga, subamos. No debió haber hecho ese espectáculo —dijo molesto el noble.
¡Sueltame sucio animal! —dijo la chica mientras forcejeaba. Se puso a buscar algo entremedio de sus ropas pero al parecer no lo encontró. Volvió a gritar ayuda, pero nadie movió ni un pelo.

—Mierda —pensé —.Vaya mundo el que nos toca vivir. Si tan solo hubiera más héroes y menos peleles —Bajé la mirada, al final no era asunto mío. La chica y el noble ya llevaban media escalera subida cuando decidí hacer algo.
—Doble mierda, ahora tendré que dejar esta comida y mi anonimato por culpa de esa chica. Pero si esa chica fuera Nuolet... Hubiera dado todo el oro del mundo porque hubiera habido alguien que se hubiera puesto de pie y la hubiera ayudado.

Dejé mi sombrero de paja en la mesa y subí hasta ellos. El noble ya tenía a la chica dentro de la pieza, había dejado la puerta abierta. Tiró a la chica a la cama y venía a cerrarla cuando lo sorprendí con mi mejor golpe. Le rompí la nariz pero él no se dejó vencer rápidamente, me devolvió los golpes y nos pusimos a pelear.
Haré que te cuelguen idiota —dijo el noble mientras me daba un certero golpe en el estomago que me dejó sin aliento —. Es más, yo mismo seré quien te mate. Nadie se interpone entre mí y mi... —el noble cayó al piso inconsciente. Tras él, la chica estaba de pie sosteniendo una botella de piedra de Rabón.
Buen golpe. —dije —. Al parecer no necesitabas mi ayuda. —me puse de pie, y me toqué la cara, seguro tendría unos buenos cardenales para mañana.
No, no digas eso. Gracias por ayudarme. Por un momento pensé que nadie haría nada.
Claro que no lo harían. —dije —. Nadie se mete con los nobles. —Me puse de pie y le ofrecí la mano —. Me llamo Peti
Dinnaeh —dijo ella y sonrió.
¿Era tu novio?
No, lo conocí cerca de esta posada, la verdad ni siquiera soy de aquí.
Pues yo tampoco. —miré el techo y traté de pensar lo que estaba a punto de decir —.Si quieres puedo llevarte hasta el siguiente pueblo. Alejarte un poco de este idiota  —no sé en qué estaba pensando cuando se lo ofrecí, supongo que vi en ella una pizca de Nuo.
Esta bien, hasta el siguiente pueblo —dijo ella.
Te esperaré abajo —dije y bajé. Ninguna persona de la posada pareció notar lo que sucedió arriba. Recogí la sandalia que había quedado en la escalera, fui a mi mesa y terminé mi plato a medio enfriar. Me calé mi sombrero de paja, pedí avena y algo de comida para el viaje que me esperaría, y esperé a que bajara Dinnaeh.


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