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Mensaje por Dinnaeh el Vie Mayo 30, 2014 3:36 pm

Era la primera vez que le sucedía algo así, en otras ocasiones, antes de darse la oportunidad de que fuera a pasar se marchaba, huía, generalmente por la noche, y seguía caminando, en eso consistía su vida ahora. Vivía de otros, conseguía lo que quería, sobrevivía por un tiempo y después los abandonaba, y el proceso volvía a repetirse, como un bucle.
Cuando vio que nadie tenía las agallas de contradecirlo y arriesgarse, se sintió abandonada a su suerte, manipulada, usada. Desde la muerte de sus padres ella siempre había sido la que llevaba el control en su vida, en lo que hacía, y sobretodo sobre las personas a quien utilizaba. Se sintió inútil y tonta. Jamás se había sentido tan sola como en ese momento, rodeada de personas cobardes que no se atrevían a contradecir a una persona y con tal de procurar su bien estar agachaban la cabeza y guardaban silencio. Deseó morir. Al menos así volvería a ver a su familia y dejaría de ser tan difícil todo. Estaba harta.

Creía que el noble ya tenía ganada la jugada y que era inevitable que saliera con la suya, cuando apareció un joven con no más de 20 años que se atrevió a darle cara, si no fuera por él habría acabado en manos de ese malnacido cabrón hijo de su madre.
Le ofreció acompañarla hasta el siguiente pueblo, y como lo que menos deseaba era quedarse sola de nuevo, aceptó. Al menos tendría buena compañía.

Recogió sus cosas y las guardó en el macuto escondido bajo la cama, se acercó al noble y le robó su bolsa de dinero: 5 talentos de plata. Sonrió, al menos había valido la pena. Los escondió en el macuto, y preguntándose qué habría hecho con el cuchillo, bajó por las escaleras.

-¿Lista? -Peti le sonrió y ambos salieron de allí.


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Mensaje por Títere el Vie Mayo 30, 2014 6:05 pm

Habíamos encontrado la cueva. Y habíamos contratado al Adem.

Después de aquel "reencuentro" con Dinnaeh, los chicos habían partido alegres y optimistas. La chica le había pedido a aquél estúpido y espigado noble comida suficiente para un par de días. Después Coën se disculpó veintitrés veces por su comportamiento y la chica les entregó las provisiones.
Pero al cabo de dos días, después de contratar al silencioso Adem por cinco talentos y dos iotas, y gastarse el dinero restante en más comida, su humor cambió. Volvían a estar arruinados, no localizaban la maldita cueva y para colmo empezó a diluviar.
Pero tras cuatro días de infructuosa búsqueda, el fin la encontraron.
Era una cueva normal y corriente. Pero había un montón de huellas en la entrada. No estaban muy bien definidas, pero se notaba que esa zona estaba muy transitada. Además, había un barril colocado fuera que recogía el agua de lluvia. Y si te fijabas bien, si mirabas largo rato a la oscuridad, se podía observar un desvencijada puerta de madera semiescondida en una pared. Esa debía ser la entrada a sus galerías llenas de fabulosos tesoros. Así que mandaron al Adem.
El plan de Coën era sencillo: Entrar, buscar a Sardinilla, robar algo de dinero y salir.
Y el de Feren también: Entrar, matar a todo lo que se les pusiera por delante, buscar a Sardinilla, robar mucho dinero, cargarse al barbudo que les emborrachó, timó y robó y finalmente salir.

Mientras discutían sobre si liberar a las bellas prisioneras que, sin lugar a dudas, habría en la cueva, vieron al Adem hacerles una señal desde lejos.
- ¿Qué dice?
- No sé, no veo bien desde tan lejos. Creo que quiere que vayamos...
- ¿Está negando con la cabeza? Mierda, seguro que nos hemos equivocado de cueva...
- Espera, voy a acercarme...
- Voy contigo.
Fueron hacia el silencioso Adem. Caminaron agachados, mirando furtivamente a los lados. Al llegar hasta él, vieron que estaba muy relajado.
- ¿Hay alguien en la cueva?
El Adem hizo un gesto afirmativo.
- ¿Está Sardi...?
- ¿Cuantos son?
El Adem reflexionó. Al final extendió dos dedos:
- Tres.
Feren le imitó. Se señalo los dos dedos y dijo:
- Dos, esto es dos.
- Sí, dos. Dos -se miró los dos dedos extendidos mientras afirmaba con la cabeza.
- ¿Podemos entrar con seguridad? ¿Les has neutralizado?
El Adem volvió a quedarse callado mientras reflexionaba.
- Sí. Poder entrar. No peligro.
Feren y Coën corrieron hasta la cueva. Cuando llegaron hasta la vieja puerta, vieron que había luz dentro. Coën le dijo a Feren por señas que abriera él. Feren asintió y abrió.
Dentro había dos personas. Un hombre y una mujer.
El primero se estaba poniendo los pantalones. No tendría mas de veinte años. Y estaba muy cabreado.
La chica tendría la misma edad. Tenía el pelo revuelto y estaba muy sonrojada. Y estaba tapada con una capa, probablemente la del chico.
Feren y Coën se quedaron petrificados en la puerta. Se habían equivocado de cueva.


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Mensaje por Old Medie el Sáb Mayo 31, 2014 6:35 am

¿Qué mierda hago arriesgando el cuello por esta chica? En la posada habrá por lo menos siete personas que sabrán identificarme cuando me encuentren los guardias, si ese noble decide buscarme de seguro me tendrán un buen tiempo en la cárcel por haberlo golpeado —iba pensando mientras espoleaba a Estrella del Sur.

Al menos tomamos medidas para distanciarnos todo lo posible de él. Dinnaeh me había dicho que aquel noble tenía un caballo, un hermoso y vigoroso caballo. Lo recuerdo en los establos, seguro costaba más de lo que yo podría ganar trabajando de sol a sol por todo un año. Dinnaeh engatusó al mozo del establo y le pidió que le sacara las herraduras para tener tiempo de huir. El chico la miró sin entender, pero antes de que pudiera preguntar algo, ella desenvainó su mejor sonrisa y usó su voz más cadenciosa minando su voluntad. Para cuándo nos  íbamos el chico ya le había sacado la primera, para cuando se despertara el noble ya le habría sacado la cuarta. Y conociendo como son los nobles con los caballos, por ningún motivos en el mundo lo haría correr sin herraduras.

Apenas salimos de la posada espolee a Estrella del Sur. Cabalgamos rápido por el camino principal por un par de horas, Dinnaeh se aferraba fuerte a mi y yo fuerte al caballo. Le di un par de respiros luego de habernos alejado considerablemente, pero solo lo suficiente para que no desfalleciera, sabía que aquel noble perfectamente hubiera podido coger otro caballo y perseguirnos, solo confiaba en que tuviera la suficiente desconfianza para no dejar su bestia tirada en una posada a mitad del camino. Para cuando encontramos el siguiente pueblo apenas había avanzado el día.
Entramos por la puerta sur, aparentando serenidad. Seguro que en este pueblo la noticia de mi búsqueda aun no llegaba, pero no me quería arriesgar. Nos bajamos de Estrella del Sur y caminamos entre la masa de gente para mezclarnos.
Tienes un caballo muy rápido —dijo Dinnaeh para llenar el silencio mientras avanzábamos entre los campesinos y los carros hacía el mercado del pueblo —. ¿Cuál es su nombre?
Estrella del Sur —dije con cierto orgullo, era la primera vez que le daba nombre a alguien —. Te seré honesto, no sé mucho de caballos, pero me debí sacar la lotería con este.
Ya lo creo. Deberías llevarlo a ese abrevadero, debe tener sed.

Invité a Dinnaeh a tomar un café en una posada bastante sobria, la hubiera invitado a una jarra de sidra pero con ese vestido y porte estaba claro que no pertenecía a esos lugares. Hasta me pareció raro haberla encontrado en aquella posada a mitad de camino.

Era la primera vez que probaba el café, pero traté de disimularlo todo lo posible. Conversamos por un rato y en resumidas cuentas me pareció una chica bastante agradable pero reservada. Yo en cambio, ya llevaba casi un ciclo sin entablar conversación y sin proponérmelo terminé contándole prácticamente todo. Omití el robo a la alcaldía y también el jinete muerto, si bien no sentí vergüenza sobre los robos que cometí, recién la había conocido y no quería que pensara mal de mi. Le dije que me había encontrado a Estrella del Sur en mitad del camino, junto con el mapa y los guantes dentro de sus alforjas. Ella mostró especial interés en el mapa y me propuso lo siguiente
—: Ya que tu no puedes ir a presentar el mapa para reclamar la recompensa, yo podría hacerlo por ti —dijo —. Entregan veinte talentos por información fidedigna. Diecisiete para tu y tres para mi ¿Qué te parece?
Diecisiete talentos era una suma enorme, seguro estaban desesperados por encontrarlos.
Veinte talentos no es nada por dar su ubicación —dije —. Ellos robaron un cofre lleno de recaudaciones. En esos arcones reúnen el dinero de cuatro o cinco pueblos, y cada pueblo debe de recolectar unos setenta a ochenta talentos de plata de la mancomunidad.
Dinnaeh hizo los cálculos mentales mientras el espeso vapor del café impregnaba su olor en su cabello, me miró sorprendida.
Son más de doscientos ochenta talentos —dije.
Deberíamos pedir más por el mapa.
Deberíamos arrebatar ese dinero a los bandidos —dije con una sonrisa cansada — Que idea más loca, pero ¿No sería genial tener todo ese dinero para arreglarnos la vida?
Pues, no es tan loca si lo piensas. Solo necesitamos entrar cuando ellos no estén, vigilar el tiempo suficiente para conocer sus movimientos y listo.
Sonreí esperando a que ella riera, esperando a que fuera una broma. Pero su rostro estaba muy serio.
Necesitaríamos más gente —dije —. No podríamos hacerlo solos, ni siquiera podríamos cargar ese arcón entre los dos.
Pues... —sopesó Dinnaeh —. Yo conozco a unos guerreros. Bueno, no son los mejores guerreros que conozco, pero creo que nos servirían.
Vale —dije —. Entonces ¿Me hablas en serio? ¿Quieres hacerlo, robarle a los bandidos?
¿No te gustaría tener al menos una cuarta parte de todo ese dinero?
Me refregué la cara y miré el techo, la verdad es que no había que pensar mucho esa respuesta.
¿Y dónde podemos encontrar a esos guerreros?
Esa es una buena pregunta, en el camino, seguramente. Deben estar a unos días de aquí, buscaban información sobre los bandidos. Seguro que aceptaran ayudarnos.
¿Por el camino hacía el norte o hacia el sur? —pregunté.
Hacia el norte.
Está bien, no sigamos perdiendo el tiempo entonces, alcancemos a tus guerreros cuanto antes.

Salimos de la posada en busca de esos guerreros, sin la seguridad de encontrarlos.


Última edición por Medieval--- el Lun Jun 02, 2014 7:26 am, editado 2 veces


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Mensaje por Dinnaeh el Dom Jun 01, 2014 10:34 pm

Estallé en sonoras carcajadas rompiendo el silencio.
-¿De qué te ríes? -Peti giró todo lo que le permitía su posición para mirarme y detuvo el caballo.
-Resulta curioso, -pensé en voz alta- lo rápido que se confía la gente, lo ingenua que es. -lo miré fijamente- Por ejemplo tú, recién me conoces y en dos minutos te has relajado, estás cómodo y empiezas a relatar tu vida a alguien que no conoces y que no sabes cómo es y qué hará con esa información. ¿Qué pasa si te delato, si con tal de obtener algo a cambio testifico que me has intentado forzar, como dicen que hiciste con esa chica? Verdaderamente no lo entiendo, lo intento, pero no puedo. -bajé la vista- No sería capaz de actuar así, nunca se sabe con quién te puedes encontrar. Odiaría toparme con gente como yo. El mozo de cuadras, el que he convencido para que quitara las herraduras del caballo, ¿por qué es tan fácil de manipular? ¿Por qué no lo nota? -me restregué la cara y suspiré- Estoy harta.
Jamás se había sincerado así con nadie, pero llega un punto en el que o sueltas todo o acabas explotando, y ella no quería volar en pedazos.
-Sabes, -me contestó- no se puede vivir obsesionado con la idea de que todo el mundo tiene algo malo que dar y que todo el mundo puede utilizar cualquier cosa que sepa en su propio beneficio. La gente confía porque la otra opción es mirar al mundo con mala cara y desconfiar hasta de una mosca. Se prefiere tener primero una buena opinión de alguien hasta que te demuestre lo contrario a tener desde un principio prejuicios contra ella. -me sonrió y espoleó de nuevo a Estrella del Sur- Me arriesgué a contártelo todo porque confié en que me guardases el secreto, si después tú me delataras me habría equivocado y lo pagaría muy caro, -se encogió de hombros- pero al menos habría aprendido una nueva lección. Y por lo del chico, no te aflijas, es joven y tonto, y ante la sonrisa de una dama hermosa pocos se resisten y él no ha sido la excepción de esa regla.
Rió de nuevo, le gustaba ese chico, parecía tomarse la vida con mucha tranquilidad.
-Espero que sigamos yendo hacia el norte. -comentó.
-Vamos en la dirección correcta, confía en mí. -lo último lo dije con sorna, siguiendo con la conversación.
Giró, echándome una rápida mirada.
Me encogí de hombros y sonreí.
-Digamos que tengo un buen sentido de la orientación.


Última edición por Dinnaeh el Mar Jul 29, 2014 9:35 pm, editado 3 veces
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Historia de una ida, pues no hubo vuelta. - Página 2 Empty Re: Historia de una ida, pues no hubo vuelta.

Mensaje por Old Medie el Lun Jun 02, 2014 8:10 am

Pasó todo un día sin que pudiera dar con los guerreros de Dinnaeh. Avanzamos por el camino principal, y lo único que sacamos el limpio fue la creciente fama que ganaron los bandidos y los salteadores de caminos. No nos quedó más que unirnos a una Troupe Ruh para avanzar hasta el siguiente pueblo. Con la troupe también viajaban un mercenario Adem, una pareja de ceáldicos y un grupo de mercaderes. También con nosotros viajaba un calderero, el que iba siempre hasta el final de la caravana, con su pequeño carromato y un caballo de tiro que parecía algo viejo para ese trabajo.
Cuando llegó la noche pude disfrutar de la magia de la música Ruh, y de una comida maravillosa. Luego de casi cuatro años cacé sin problemas tres grandes conejos que con especias y verduras terminaron en el gran cazo del que nos servimos todos. Conocí un laúd y un violín por primera vez y hasta pude tener uno en mis manos.
El calderero era un hombre orondo y con la sonrisa a flor de piel, y a cambio de los guantes de cuero, un talento de plata y una adivinanza me dio una capa negra como la noche, cálida y perfecta para pasear por el bosque sin ser visto.
Dinnaeh también hizo tratos con él, no alcancé a ver que había conseguido, y como sabía que era un chica reservada, preferí esperar a que ella me lo contara.

Llegamos al día siguiente al pueblo más próximo: Fenrawel. Allí paseamos de posada en posada, Dinnaeh entraba y salía de ellas sin información relevante. Fue solo hasta medio día cuando, por casualidad nos encontramos con el mercenario Adem con quien habíamos viajado  , él buscaba a su compañero. El posadero le dijo que había salido con dos chicos con rumbo desconocido. -¿Dos chicos?- dijo Dinnaeh. El posadero los describió y Dinnaeh supo que eran los chicos a quien buscábamos. Salimos de la posada, yo estaba confundido.

-¿Buscamos a dos chicos o a dos guerreros? -dije.
-Te dije que no eran los mejores guerreros que había conocido.
-El posadero los describió como niños, sus espadas eran más grandes que ellos.
-Mira, cuando los veas notarás que no podrá haber mejores candidatos para este trabajo.
-Pues, creo qué él es mejor candidato -dije apuntando al mercenario Adem que ya había emprendido camino hacía el oeste.
Caminé tras él y le pregunté si iba a buscar a su compañero. Me dijo que sí, con su acento golpeado. Cuando oí su voz pude darme cuenta que era una mujer. Le pregunté si podíamos acompañarla, pues quienes buscábamos iban también juntos. Ella no tuvo problemas, mientras pudiéramos seguir su paso.

Quince minutos más tarde estábamos saliendo de Fenrawel sobre Estrella del Sur. La Adem iba caminando así que no tuvimos problema acompañarla.

-¿Notaste que era una mujer -le susurré a Dinnaeh.
-Sí, ¿Por qué?
-Pues, es una mujer. Una mujer mercenaria. ¿No sería mejor un hombre para eso? Quiero decir, los hombres son más fuertes.
-Las apariencias engañan Peti. Las mujeres Adem son mucho mejores que los hombres cuando de lucha se trata. Es lo mismo con los guerreros de que te hablo. Te llevaras una sorpresa cuando los conozcas, se ven como niños, sí, pero las apariencias engañan.[/color]


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Mensaje por Títere el Lun Jun 02, 2014 4:37 pm

Coën sumergió la cara en el agua helada. Feren decía que eso aliviaba la hinchazón. Pero le estaba dando dolor de cabeza.

Feren había tenido más reflejos, y se había agachado en el momento en el que el joven le propinaba un puñetazo. Yo estaba distraído esperando a ver si a la chica se le caía la capa, con lo cual, el que recibió fui yo.
Dspués salimos corriendo de la cueva, con el joven enarbolándo un hacha para madera a nuestras espaldas. La presencia del Adem enfrió sus ánimos, y pudimos escapar corriendo río arriba para no dejar huellas. Después de recorrer varios cientos de metros en la noche cerrada, llegamos hasta el nacimiento del riachuelo, donde paramos a descansar. También aprovechamos para explicarle al Adem que no se podía marchar, ya que esa no era la cueva que buscábamos, por lo que debería acompañarnos hasta que encontrasemos el escondrijo de los bandidos.

Así que volviamos a estar de nuevo en la misma situación, sin dinero, mojados, con hambre y sin saber aún donde estaban los malditos asaltadores.


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Mensaje por Dinnaeh el Lun Jun 02, 2014 8:07 pm

Solo había visto luchar a un Adem una vez en su vida. Fue en una taberna, unos estúpidos borrachos retaron al impasible Adem a un duelo, dos hombres y una mujer, los ganó en el tiempo en el que los espectadores contenían la respiración y observaban con ojos abiertos la pelea. Si hubieras pestañeado te lo hubieras perdido. Fue impresionante.
Y ahora ahí estaba la mujer Adem, a tres metros de ellos: al parecer había encontrado un rastro que seguir.
Se bajaron de Estrella del Sur y se detuvieron junto a ella.
-¿Qué has encontrado, Altha? -le pregunté.
-Huellas. Ramas rotas. -hizo un gesto de chocar una mano con otra- Hojas... aplastadas. -me miró fijamente- Rastro.
Peti y yo nos miramos, sonriendo.
-Vosotros, -señaló el suelo- aquí. Yo seguir rastro y después volver y seguir juntos.
Peti asintió.
-De acuerdo, esperaremos.
La vimos alejarse entre los árboles, espero que no tarde demasiado, pensó.
-¿Cómo sabes su nombre? -me preguntó Peti cuando estuvimos solos.
-Se lo pregunté. -contesté, encogiéndome de hombros.
Soltó una sonora carcajada.
-Claro, ¿cómo si no? -volvió a reír.
Saqué del macuto dos manzanas y le di una a Peti.
-Cuando hemos parado en la orilla del río, y andabas dando de beber al caballo, he visto unas cuantas y las he cogido. Últimamente es lo único que como, pero no me caso, están buenísimas. -contesté sonriendo ante su pregunta no formulada.
Rió de nuevo.
-Deberías ver tu cara de alegría, es increíble lo que uno disfruta de las pequeñas cosas cuando no tiene nada, gracias por la manzana. -me sonrió de vuelta.
Nos la comimos en silencio, esperando a que la Adem regresase.
No tardó más que un par de minutos más: vimos a Altha aparecer entre los árboles, y ambos suspiramos de alivio.
-Rastro claro. Fácil de seguir. Vamos.

*   *   *
Vimos a Coën y a Feren parados en el camino, sentados sobre unas rocas, descansando. Junto a ellos había otro Adem, el amigo supuso. Habían pasado al menos 3h desde que decidieron seguir el rastro. Volvía a tener hambre.
-¡Dinnaeh! -le gritó Feren, eufórico. Se levantó y caminó, más bien daba brincos, hacia nosotros, Coën siguió sentado.
Altha por su parte ignoró a todos y fue corriendo a encontrarse con el Adem y ambos se abrazaron. Después empezaron hacer gestos extraños con las manos y parecían mover los labios, aunque no se les escuchaba hablar.
-Me da la sensación de que te gusto, monada, por que no paras de seguirme. -me saludó Coën guiñándome el ojo y levantándose al fin.
Puse los ojos en blanco.
-Sigue soñando. -reí a carcajadas.
-¿Qué hacéis aquí?
-Dinnaeh me habló de vosotros. -los miró de arriba abajo- Y me dijo que seríais de ayuda, quizá os interese nuestra propuesta. Soy Peti, encantado. -se presentó ante ambos.
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Mensaje por Old Medie el Mar Jun 03, 2014 12:13 am

Por Tehlu. Si no hubiera sido porque nos acompañaban esos dos Adem hubiera dado vuelta apenas ver esos dos críos.
Los salude sin evitar mirarlos de arriba a abajo. Iban bien vestidos, peinados y de mejillas sonrosadas. No eran más que dos hijos de nobles con ganas de vivir una aventura. Pero, eran los amigos de Dinnaeh y tenían a su servicio a un Adem, y yo, a ninguno.
Mientras los Adem aun hablaban entre ellos, nos acercamos al río junto con los chicos y Dinnaeh para conversar. Se notaba que los chicos no habían comido bien y les ofrecí algo de lo que tenía en el macuto. Mientras comíamos les presenté mi plan:

-Al parecer buscan lo mismo que nosotros, con la diferencia que yo sé donde está. En este mapa aparece la ubicación del campamento en donde están escondidos los bandidos, los que han estado asaltando los caminos y a quienes yo mismo vi robar un cofre con más de docientos talentos. En primer lugar ¿Ese Adem es su compañero o su mercenario? si bien creo que podrá ser de mucha ayuda, está claro que lo más seguro sea que quiera devolver el dinero antes que quedárselo. Y ese es el segundo punto: ¿Qué piensan hacer si es que les robamos el dinero a los bandidos? ¿Piensan devolverlo, quedárselo?
-Hablo por mí y mi amigo al decir que no teníamos idea de que aquellos bandidos tenían dinero robado. Yo sólo quiero recuperar a Sardinilla.
-¿Sardinilla?
-Su caballo
-Yo voy por venganza. Mi intención no es robarles como si fuéramos otros bandidos, yo quiero pelear contra ellos. Medir nuestras espadas. -mientras hablaba, el chico se iba sonrojando de rabia. Dio un suspiro luego de un momento y siguió comiendo.
-¿Y piensan pelear sin saber siquiera qué cantidad son? -Los dos chicos se quedaron mirando.
-Pues claro.
-Obvio.
-Además tenemos con nosotros a nuestro mercenario ¿Qué podría salir mal?
-Lo más sensato sería vigilar al grupo de bandidos por un tiempo para averiguar qué cantidad son. Luego ver la posibilidad de atacar.
-Ya hemos perdido mucho tiempo ¿Y si ya se comieron a Sardinilla para cuando nos hayamos puesto de acuerdo en atacar?
-¡Sardinilla! ¡No digas eso Feren! -Le dijo molesto el chico mientras aun tenía comida en la boca.
-Debemos ser sensatos, arriesgamos la cabeza con esto.
-No hay tiempo para sensateces. Si fuera por mi saldríamos ahora mismo antes de que caiga la noche a ese campamento. Si los encontrásemos durmiendo sería excelente...
-¡No! tres veces, no. Te recuerdo que yo tengo el mapa, así que si no quieres deambular por el bosque hasta que te crezca la barba será mejor que me escuches. Honestamente pensaba encontrarme con unos hombres hechos y derechos, pero el destino ha querido que me embarque en esta empresa con dos niños. Ahora tengo que apañarme con lo que tengo. Les digo ahora mismo que no hay otra cosa que necesite más que ese dinero, aunque sea una cuarta parte, que es lo que pretendo obtener. Si les interesa ayudarme también tendrán su parte, pero les advierto: No quiero estupideces que arriesguen la misión.

Los chicos me quedaron mirando muy serios, habían dejado de comer. Dinnaeh también me miraba muy atenta. El silencio comenzó a hacerse incomodo. No sabía como reaccionarían estos chicos.


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Mensaje por Feren el Mar Jun 03, 2014 12:27 am

-Vuelve a repetir eso. Vamos.-dijó Feren con ira.
-¿Qué dices?-respondió Peti con fingida indiferencia.
-Repite lo de los niños.¡Asqueroso asno!-Feren se levantó de golpe y se puso cara a cara con Peti. Peti le sacaba unos centímetros, pero parecía que eso no le importaba mucho a Feren.
-Te voy a decir 2 cosas interesantes. Uno: acabaré con esos estúpidos bandidos antes de que pestañee. Dos: ¡No soy un condenado crío, maldito patán!
Peti lo miraba con una mezcla de temor y pena. ¿Que le habrá hecho la vida? Se preguntaba. ¿Por qué se ha convertido en un hombre tan pronto? Pensaba.
-¡Maldita sea Feren!-gritó Coën sorprendiendo a todos- Estamos en una misión de mucha importancia. La vida de Sardinilla y nuestras cosas están en juego. Si no quieres que te sigan llamando niño, deja de comportarte como tal.
-Coën, tu siempre has vivido cómodamente. No has tenido que pasar por muertes en tu familia-eso lo dijo con más énfasis- Me he visto obligado a crecer antes. Y ahora, ¿qué es lo que me queda? Una buena pregunta, ¿eh? Lo único que me queda ahora es mi espada y mi orgullo. Y no voy a dejar que me quiten nada de eso.
Feren se fue. Incluso los Adem se quedaron sorprendidos. Ya no veían a Feren.


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Mensaje por Dinnaeh el Mar Jun 03, 2014 1:09 am

-Menudos críos estáis hechos. Todos vosotros. -solté al aire.
Peti se me quedó mirando y Coën, que había seguido a Feren en su dramática salida del escenario, se detuvo y también me miró, hasta Feren se había detenido al escucharme.
Genial, ahora no podía quedarme callada, debía decir algo.
-Aquí lo único que entra en juego son los intereses puramente egoístas de cada uno, no tenemos por que caernos bien y ser amigos. -los miré detenidamente- Sabed de primeras una cosa: no me importáis ni medio penique, me da igual lo que hagáis o dejéis de hacer, y por qué queréis encontrar a esos bandidos. -gesticulé con las manos- Vuestro único deber es respetar al compañero pues de ese modo seréis respetados, y trabajar en equipo para llevar a cabo un objetivo común que nos beneficia, en mayor o menor medida, a cada uno. Ya sea cuestión de honor, dinero o simple supervivencia, todos y cada uno de nosotros queremos conseguir atraparlos cuanto antes, consiguiendo diferentes cosas, cuáles sea. En cuanto a ti, Feren, -lo miré- no te hagas la víctima. Todos tenemos nuestros propios traumas de la infancia y nuestros propios problemas del día a día, ¿acaso debemos mirarte de forma distinta por ello? Adoptar ese papel no hace si no buscar la compasión de los demás y no creo que eso sea lo que buscas.
>> Peti, -le devolví la mirada- te dije que las apariencias engañaban y que si yo creo que son más que unos simples críos es por que es así. Conozco a la gente. Estás juzgándolos por la simple apariencia y eso por tu parte no beneficia a la imagen de maduro e inteligente hombre que crees ser. Un libro no se juzga por su portada y créeme que la gente siempre termina sorprendiéndote, para bien bien o para mal. No des las cosas por hecho. Además, -miré hacia Coën- en mi opinión, la paciencia es la mejor de las virtudes. Las cosas a la ligera la mayoría de las veces suele acabar mal. A si que dejar de pelear como si fuerais niñas tontas y comportaros como alguien que pretende robar más de doscientos cincuenta talentos a unos asaltadores de caminos. Ahora organicémonos y pensemos cómo hacer lo que queremos hacer, no estamos aquí de tertulia. -finalicé mi discurso.
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Historia de una ida, pues no hubo vuelta. - Página 2 Empty Re: Historia de una ida, pues no hubo vuelta.

Mensaje por Títere el Mar Jun 03, 2014 4:02 pm

-Vale... -dijo Coën. Estaban los seis sentados alrededor de una hoguera, intentando ponerse de acuerdo.- Entonces, el plan. ¿En qué quedamos?
-Entramos, matámos y robamos. Fácil.
-No sabemos cuantos són.
-Lo mejor sería estar unos cuantos días vigilando la entrada, para...
-Ni de coña. Sardinilla está en peligro, Feren y yo no pensamos esperar más.
-Eso es un suicidio. Y os recuerdo que sigo teniendo el mapa, no pienso ir directo a la boca del lobo...
-¿Y si le quito el mapa a tu cadaver? ¿Eh? Esa es la mejor idea.
-Int...
-¡Silencio! Estoy harta... ¿Vais a volver a pelearos?
-No.
-Es posibl...
-No, no vamos a pelearnos.
-Bien. A ver, Coën decía que tenía un buen plan...
-Mirad -Coën empezó a hacer dibujitos sobre la arena.- Me parece que esta es la mejor opción. Los Adem entran primeros -mientras hablaba, iba señalando las distintas partes de su dibujo.- Que organizen mucho jaleo. Feren deberá ir con ellos y llevar un montón de ramas secas. Me parece recordar que sabías hacer fuego con un vínculo alegre o simpático, no me acuerdo como era. Entonces, yo me quedo fuera con el arco...
-No tenemos arco.
-Vale, pues... Yo entro junto con Peti y Dinnaeh, cojo un arco de la armería, me vuelvo a fuera y empiezo a disparar a todo el que salga de la cueva, que deberá estar llena de humo, pues tú, Feren, habrás encendido el fuego. Mientras, Peti y Dinna, encontráis a Sardinilla y al dinero y lo sacáis todo. Después nos reunimos... aquí... y huimos. ¿Eh, que os parece?
-¿Y los Adem y yo cuando salimos?
-Cuando hayas encendido ya el fuego.
-Un problema. No sabemos como es por dentro la cueva. ¿Y sí la armería no está donde tú la has dibujado?
-Bueno, ya nos las apañamos... La idea es sencilla, es como cuando recolectaba la miel con mi padre. El fuego hace salir a las abejas y mientras, las robas la miel. Solo que esta vez, las abejas caeran bajo mis flechas...
-Seguimos sin arco.
-¡Pues se lo robamos a un granjero!
-Los granjeros no tienen arcos.
-Bah, da igual, ya conseguiremos uno. Luego, repartimos el dinero en seis partes, y cada uno por su lado. Bueno, si estamos todos ya de acuerdo, veamos ese mapa...


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Mensaje por Feren el Mar Jun 03, 2014 9:28 pm

Todos se pusieron de acuerdo en que la idea de Coën era una buena idea y se pusieron a pensar.
-El problema es el arco.
-Hacer trampa- Uno de los Adem señaló un árbol- Pum. Muertos.
-¿Mover un tronco para cuando salgan y tirarlo?-preguntó Dinnaeh
-Si. Muertos.
-No estamos seguros de que vayan a salir todos a la vez- Añadió Peti.
-Feren,¿conoces algún pueblo cerca de aquí?-Preguntó Dinnaeh.
-Si... Ya veo lo que quieres.
-Vete al pueblo, toma estos talentos- le dio una bolsa a Feren- y compra un arco.
-Dos.-añadió Peti-Yo sé.
-Bien, necesitaré que Coën venga conmigo. No se me da bien negociar.
Los dos se dirigieron al pueblo y volvieron al cabo de una hora con dos arcos. Feren le entregó uno a Peti y Feren y los Adem se dirigieron a la cueva.


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Mensaje por Dinnaeh el Miér Jun 04, 2014 9:57 pm

-Espera, mira. -Peti se le acercó y le ayudó a colocar el arco correctamente- Apunta, por ejemplo, a ese árbol. -lo señaló- Manténlo tenso y respira. -me sonrió y se alejó dejándome espacio.
Respiró profundamente y contuvo el aliento, apuntando a su objetivo. Cuadró los hombros, y soltó la cuerda.
-Vaya, pensé que ni te acercarías. -susurró sorprendido.
-Joder, gracias por tu confianza en mí. -contesté con sarcasmo.
Estalló en carcajadas y fue hasta el árbol ha recoger la flecha, después se me quedó mirando.
-¿Puedo hacerte una pregunta?
-Por supuesto.
-¿De dónde... sacaste todo ese dinero para pagar los arcos?
Ahora fue a mí a quien le tocó reír.
-Cuando tumbaste a ese cabrón del noble y esperabas a que bajara, -me encogí de hombros- se me ocurrió robarle, y por cortesía hasta me detuve a ver si oponía resistencia, pero nada. -sonreí abiertamente- De todos modos creo que se gastó todo en mí, en las comidas, vestidos y las habitaciones en la taberna. No le quedaba mucho en la bolsa.
Me siguió mirando de forma extraña.
-¿Qué ocurre?
-Me recuerdas a alguien. -sacudió la cabeza, como si quisiera librarse de ese pensamiento.- ¿Quieres probar otra vez? Quizá solo fuera suerte de principiante.
Enarqué una ceja.
-Pásame esa flecha y dime a dónde apunto.
-Espera.
Fue hasta el mismo árbol y cogió una hoja del suelo, después sacando un cuchillo, la clavó en el tronco.
-Intenta que se clave en el centro.
Repetí la operación. Mierda.
Soltó una sonora carcajada.
-Casi.
La flecha se había clavado a un centímetro del borde de la hoja.
-Bueno, todo es cuestión de práctica. -contesté orgullosa, intentando no sonreír.
*   *   *
Ya estaba oscureciendo y mañana pasaríamos a la acción. Habían repasado y vuelto a repasar todo hasta que cada uno estaba completamente seguro de su papel en el plan.
Ojalá saliera todo bien. Si no, habría desperdiciado 5 talentos y volvería a estar como siempre.
Siempre, como odio esa palabra, pensó.
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Mensaje por Títere el Jue Jun 05, 2014 3:01 pm

-Me cago en su...
El hacha golpeó con fuerza el tronco, pero sin visibles resultados. Lo había traído Feren del pueblo, al parecer lo había pedido prestado.
-¿Qué haces?
-Intentar talar el árbol... ¿No dijo el Adem que les lanzasemos un tronco o algo así?
-Si, pero tiene que ser un gran tronco. Como ese que está allí tirado -Feren señaló un gran tronco de roble, que dormía sobre las hojas.
-Am -Coën tiró el hacha de mala gana al suelo.- Haberlo dicho antes, y me ahorro el esfuerzo. Bueno, ¿y los demás?
-Dinnaeh y Peti están practicando con el arco, y los Adem no tengo ni idea.
-Vale -Coën recogió el hacha del suelo.- Vamos a buscarles, que nos ayuden con el roble.

Ya era más de mediodía. Habían colocado el tronco en lo alto de la colina bajo la que estaba la cueva. Solo tendrían que empujarlo y caería solo desde una altura mayor que la de un chopo adulto. Habían afilado y revisado sus armas, ya estaban preparados. Hacía poco, tres hombres habían entrado en la cueva. No había vigías fuera. Estaban confiados.
Coën se agachó y cogió un poco de tierra del suelo. Luego, se la extendió por las mejillas, como si fuera pintura de guerra.
-Vamos allá -dijo.
-Eres gilip*llas -contestó Dinnaeh.
-Lo sé -terminó Coën.- ¿Preparados, todos sabéis lo que tenéis que hacer?
Los Adem hicieron un extraño gesto con las manos. Los demás asintieron con la cabeza.
-Pues a por ellos.
-Venga.


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Mensaje por Old Medie el Jue Jun 05, 2014 9:22 pm

El tiempo había llegado. Teníamos la trampa del tronco lista, el terreno estudiado, nuestras posiciones claras. Unas horas antes de salir de nuestro pequeño campamento por una extraña razón ambos mercenarios se fueron a lavar al río. Sin ningún pudor se desvistieron en la orilla y se metieron al agua.

-Vaya, chicos. Cualquiera pensaría que nunca han visto una mujer desnuda -les dije a Coën y Feren que, con los ojos como platos observaban a la delgada Adem limpiar sus partes más intimas. Honestamente yo también la miré, pero mi experiencia con las mujeres, o más bien con Nuolet, me había ayudado a no poner cara de bobo.
-Aquí est.. ¿Se les perdió algo en el río? -dijo Dinnaeh con voz crispada cuando vio la cara de los chicos. Coën y Feren giraron mecánicamente la cabeza hacía otro lado, evitando el río -. Aquí está el resto de madera que encontré. Está seca, hará un buen fuego -dejó caer un montón de ramas y palos secos que se había dado el trabajo de juntar.
-Gracias, serán perfectas.
-Estamos listos ¿no? hay que partir.
-Claro, en cuanto Altha termine se termine de lavar. -dijo Coën con un rastro de libido en la voz. Dinnaeh juntó mucho las cejas y cruzó los brazos. Iba a decir algo pero intervine.
-Vamos chicos, pongamonos de pie. En cuanto los Adem estén listos nos avisaran, supongo. -todos nos pusimos de pie y comenzamos a arreglar nuestras cosas. Feren comenzó a recoger las ramas y con un cuero y algo de soga hizo un hatillo y se lo echó al hombro. Ya habíamos escondido todas nuestras cosas y estábamos listos para partir.
-Iré a esconderme en la trampa del tronco. Recuerden la señal, en cuanto la hagan lo lanzaré.
-Recuerda estar muy atenta, la trampa del tronco es la que va a determinar para donde se cargará la balanza. Si lo lanzas antes no alcanzará a matar a todos, si lo lanzas muy después puede que se los bandidos se propaguen por el bosque y no podamos darle caza.
-Claro que estaré atenta ¿Crees que soy fácil de distraer? -Era evidente que Dinnaeh estaba algo molesta, y se podía entender porqué, yo también me hubiera molestado si ese crío me hubiera dado lecciones -.Además, yo no soy la que necesita concentrarse. -Dinnaeh se acercó a Coën que había vuelto a mirar a Altha. Se puso tras él y le dio un capirotazo en la oreja.
Coën dio un grito y se agarró la oreja con la mano. Yo me largué a reir. Feren se molestó con su amigo, le puso una mano en el hombro y se lo llevó.
-¡¿Por qué hiciste eso Dinna?!
-Vamos Coën, es hora de tomar posiciones.

Minutos más tarde avanzábamos entre los árboles hacía la cueva de los salteadores. Los mercenarios estaban preparados y listos, con sus correas de cuero ajustadas, su roja ropa ceñida al cuerpo y avanzaban delante nuestro, Dinnaeh había tomado ya su posición en la trampa, era buena con el arco pero solo había dos y Coën y yo eramos los más capacitados para usarlos, además no la hubiera dejado participar en la pelea, hubiera podido resultar herida.

Coën ya se había escondido entre los arboles a una distancia prudente. Yo caminaba junto con Feren tras los mercenarios.
Estábamos a unos metros frente a la cueva, envueltos en silencio y listos para atacar. Me sentía tenso y se me revolvía el estomago, pero no podía dejar salir ni un rastro de mi nerviosismo, especialmente porque Feren estaba estoico como una roca, no podía verme más débil que ese crío, imposible.
Llegamos a la entrada de la cueva, los Adem se hicieron un par de señas con las manos y el chico entró. La Adem se quedó fuera y nos hizo una señal con la mano para que no entrásemos. Entonces, desde los arbustos más alejados saltó un hombre, vestía ropas de cuero y tenía un arco de madera aceitada y negra, era por lo menos tres palmos más largo que los nuestros. Tensó el arco todo lo que pudo y lanzó una flecha que salió disparada como un pájaro negro. Altha, que estaba de espaladas a él recibió la flecha en el cuello, la saeta entró por atrás y salió por delante, proyectándose bajo su mentón. Yo rápidamente tensé mi arco y lancé una flecha, pero él ya estaba cargando la segunda. Mi tiro fue certero, le di en el pecho, bajo el pulmón izquierdo, un poco más abajo del corazón. Feren corrió hasta donde el hombre con la espada en la mano, antes de llegar a su lado la levantó por sobre su cuerpo con ambas manos y la descargó en su cabeza.

Me puse a temblar involuntariamente, ya tenía otra flecha en la mano y el arco listo, los bajé para que Feren no lo notara. Llegó a mi lado y me pasó el carjac del hombre.

-Mierda, debimos haber visto a ese centinela. ¡Joder! ahora tenemos un mercenario menos, esto no es nada bueno. ¿El otro no lo ha notado cierto
-No, sigue adentro.
-Vale, sigamos entonces. Ten estas flechas te servirán.

Dejamos atrás el cuerpo de Altha, lo corrimos a un costado de la entrada de la cueva para que no se viera, pero no pudimos tapar toda la sangre que había salido de ella, y que ahora manchaba la entrada como una señal, una advertencia.


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Mensaje por Feren el Jue Jun 05, 2014 10:14 pm

Peti y Feren entraron a la cueva.
-¿Y el otro Adem?-preguntó Peti con nerviosismo.
-Le he dejado vigilando la entrada. No te preocupes. Él ha insistido. Además, esto será fácil, entrar, incendiar todo y salir.
-Cierto...
-Vete  detrás mío. Y si viene alguien, me agacharé y tu le dispararás desde la distancia.
-Vale. ¿Y si no le doy?
-Lo mataré.
Ellos siguieron adentro hasta que llegaron a una sala. Allí habían armas, armaduras... Equipo necesario para el combate, allí aprovecharon para romper todo lo que pudieran para que su capacidad de combate se viera reducida.
Siguieron avanzando por un pasillo y se sorprendieron, no encontraban a nadie. Peti pensó que estarían en alguna reunión o algo así y Feren le dio la razón, añadiendo que sería una buena oportunidad para tenderles una emboscada.
Peti estaba nervioso, nunca había hecho algo de esa magnitud. Feren, en cambio, estaba tranquilo. Aunque se le notaba, un atisbo de alegría. ¿Sería porque le gusta matar? ¿Había llegado el momento de algo importante? Mientras Feren pensaba en sus cosas, Peti le interrumpió.
-Mira allí.-Peti señaló una sala.-Ahí están todos.
-Has cogido todo, ¿no?-preguntó Feren.
-Claro.-Peti empezó a colocar ramas secas y piel de animales que habían encontrado en salas posteriores.
Cuando estaba todo colocado, esperaron. Querían oír de lo que hablaban.
-¿Cuántos hombres hemos perdido?-Preguntó un hombre.
-Dos señor, que sepamos.
-Maldito niñato... Cuando acabe está reunión, quiero que vayáis a buscar a ese chico y me lo traigáis. Vivo.
Entonces, Feren vio quien era: el barbudo. Feren de repente entró en la sala, bruscamente y a Peti se le aceleró el corazón.
-Ya no hace falta.-Dijo Feren al entrar a esa sala con una sonrisa.
Todos se levantaron bruscamente, menos el barbudo.
-Así que eras tú... Ha pasado mucho tiempo, pequeño liante. Sospechaba que eras tú, pero estabas muerto.
Feren se señaló el estómago con una sonrisa.
-Las heridas cicatrizan. Lo que te voy a hacer en cambio,no.
Feren tenía todo preparado, murmuró unas palabras y con la hoguera que había encendida en la sala incendió toda la sala. Todas las decoraciones de madera y pieles cayeron, quemando a todo el que estuviera cerca de las paredes.
-Admito que sabes hacer buenas entradas, veamos si también eres tan bueno con la espada.
-Te sorprenderá ver lo que he mejorado, Agarin.-Hacía años que no pronunciaba ese nombre.
-Veámoslo, Feren.
Los dos desenvainaron las espadas y se enzarzaron en un duelo a muerte de espadas, mientras todo ardía en llamas.
Peti, entonces, salio del Shock y miró a Feren con nerviosismo. Todo ardía en llamas, habían cadaveres ardiendo, gente gritando y gente corriendo. Peti empezó a disparar a algunos y planeó entrar a ayudarle, pero justo cuando iba, Feren murmuró otras palabras y usando el calor de aquel incendio, incendió la entrada con ramas y pieles. Peti no podía entrar y Feren, Agarin y unos pocos bandidos estaban atrapados.
-¡Yo me cobraré mi venganza!-gritó Feren enfurecido.
El barbudo retrocedió y Feren, mató a los tres bandidos restantes. Entonces, el barbudo, sorprendido, volvió donde Feren.
-Así que era verdad... No escaparás con vida esta vez, ¿lo sabes?
-Pienso lo mismo.
Empezó otra oleada de golpes con la espada. Esta vez, los golpes eran mejores.
-Veamos cuanto tiempo puedes aguantar.
Feren enpezó a sudar, y cada vez estaba mas nervioso. Entonces, con un descuido recibió un espadazo en el estomago.
-Jajaja-rió Agarin-Esta vez si morirás.
Entonces, justo cuando Feren empezó a sangrar, se miró la herida y se quedó en blanco. De repente, Feren se levantó con mucho esfuerzo y la mente se le quedó en blanco. Atisbó un nombre, lo saboreó y lo lanzó como si una flecha se tratara. El hombre entonces, salió empujado hacia atrás y se quedo muy cerca del fuego.
En ese instante, Feren cogió su espada de nuevo y se le acercó, haciendo que él se moviera para atrás.
-Clemencia, ¡Por favor! ¡Te lo suplico!-gritó el barbudo llorando.
-Todo lo que me has hecho y aún suplicas clemencia... oh, no... no sobrevivirás. Te cortaré todas las extremidades y te dejaré desangrándote, pero antes, claro, te cortaré la lengua. No lo consideres una venganza, considéralo, simplemente, algo personal.
Y lo cumplió,a sangre fría, lo dejó sangrando mientras, la sala ardía.
Peti apareció corriendo con un cubo de agua y apagó el fuego de la entrada.
-¡Vamos Feren!-Le gritó Peti.
Feren iba andando lentamente. Se veía claramente en que estado se encontraba.
Apareció, según la vista de Feren, un ángel. Dinnaeh apareció corriendo, con Coën  y el Adem detrás.
Entonces, Feren se desmayó.


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Mensaje por Old Medie el Vie Jun 06, 2014 1:33 am

A Feren le temblaron las rodillas y antes de salir de la cueva se desmayó. Coën y Dinnaeh lo sujetaron y lo tendieron en el piso, Dinnaeh aplicó presión en el corte que tenía en el estomago. Era difícil saber qué tan profundo podía ser.
Les dije con pocas palabras lo que había sucedido dentro... Sus rostros pasaron del miedo a la sorpresa, luego a la incredulidad. Dinnaeh pensaba que hablaba cuentos de niños. Coën estaba serio y confirmó lo que conté: Feren tenía poderes sobrenaturales.
El Adem en ese momento notó que no estaba Altha con nosotros. Me costó sacar la voz así que levanté la mano y apunté a donde terminaba la mancha de sangre del piso. El mercenario fue entonces hasta ella, sacó a Altha de los arbustos donde la habíamos dejado, le sacó la flecha del cuello y rompió en llanto. Agaché la cara y miré a Feren y su herida, la tibia sangre en mis manos me ayudaba a no pensar en la suerte de la mercenaria. El Adem se puso de pie y con rabia se acercó a nosotros, dijo que no se involucraría con magia. Se metió la mano al bolsillo y lanzó al piso los talentos que le habían pagado. Hizo varios signos con la mano izquierda y dijo claramente 'Arcanos sólo traen mal, muerte'.
Tomó a Altha en brazos y se fue. Ahora estábamos solos.

El humo salía en cantidades de la cueva, negro y espeso, pronto llamaría la atención de los pueblos cercanos, de los guardias, de todos. Había que actuar rápido, había que ir por el dinero.
-Debo volver a la cueva, hay que ir por el cofre -dije, la voz me tembló, aun no salía del shock totalmente.
-¡Hay que salvar a Feren! Hay que llevarlo al pueblo, tiene que verlo un médico.
-Pierde mucha sangre -dijo preocupada Dinnaeh -. Coën tiene razón, hay que trasladarlo cuanto antes.
-Sardinilla, iré por el caballo y volveré para que lo traslademos. Coën ¿Cómo es tu caballo, qué color tien? ¿Alguna mancha o calcetín que pueda diferenciar? Deben haber varios caballos ahí dentro.

Unos minutos más tarde salí con Sardinilla de la cueva. Coën le dio un fuerte abrazo y salió como alma que lleva el diablo en busca de un médico.


Última edición por Medieval--- el Sáb Jun 07, 2014 4:27 am, editado 1 vez


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Mensaje por Dinnaeh el Vie Jun 06, 2014 1:46 am

Cuando Callet encontró el cuerpo de Altha, fue la primera vez que oímos a un Adem gritar de dolor y pena, algo único, pero infinitamente desagradable.
Quiso apartar la vista, como los demás, pero le fue imposible. Es de esos momentos morbosos en que no quieres pero sigues haciéndolo, solo por que jamás has visto nada igual: un cadáver, un animal muerto o incluso agonizando, sangre, o heridas graves. Callet la cogió en brazos, acurrucándola en su cuello, y comenzó a mecerla de un lado a otro, y no estuvo segura, pero parecía entonar una débil canción.

No se había atrevido a mover a Feren del suelo por no empeorar las cosas, simplemente lo había recostado boca arriba con la mayor delicadeza posible sobre el suelo mientras Coën con un ataque de pánico y la adrenalina por las nubes esperaba a que Peti saliera de la cueva junto con Sardinilla, y así poder ir él al pueblo más cercano en busca de un médico.
Intentaron taponar la herida con unas cuantas camisetas, presionando para que no se desangrara más, en la medida de lo posible. Tenía muy mala pinta, era sabido que este tipo de cortes vaticinaba muerte segura, pero como era un amigo y ella también estaba un tanto crispada se decía continuamente que se pondría bien, es más, Peti no dejaba tampoco de repetirlo.
-Coën llegará en cualquier momento con un médico y salvaremos a este imbécil que pretendía hacerse el héroe. -lo miró con dureza.
-Maldito estúpido, ¿qué es lo que pretendías enfrentándote tú solo a todos esos hombres? Deberías haber avisado de esa fantástica salida triunfal. -cerró por un momento los ojos y luego los volvió abrir- ¿Sabes qué? -miré hacia Peti, delante de mí, ambos presionando la herida y manchados de sangre por todas partes- Depende de la profundidad y el ángulo de corte podría aguantar un par de minutos más, o horas, quizá haya llegado a algún órgano importante o quizá no. Sale mucha sangre, puede y recemos a Tehlu porque no, que se haya desgarrado alguna vena o arteria, si es así morirá por desangramiento. Te juro que si llega a sobrevivir lo mato. -estallé en desquiciadas carcajadas ante mi propia lógica.
-¿Cómo sabes tú todo eso? -me preguntó, sorprendido.
Esbocé una sonrisa triste.
-Solo recibí una buena educación, nada más.
Ambos permanecieron en silencio, escuchando la rasposa respiración del joven que yacía junto a ellos, atentos a cualquier atisbo de Cöen con el médico.
-A..gaa.r
-¿Has oído algo? -le preguntó a Peti, alarmada.
-...in.
Él la miró sin comprender y después se dio cuenta: Feren. Intentaba decir algo.
-Ey, tío, repítelo. ¿Qué pasa?
Feren soltó una espantosa tos, seguida de una dificultosa respiración.
-A...gar...
Y volvió a desmayarse.
-Presiona con más fuerza, ¡vamos!
Le comprobó el pulso con una mano y suspiro de alivio. Era débil, pero seguía latiendo. Volvió a presionar con ambas manos. Ante la mirada interrogativa de Peti bajó la mirada hacia el rostro de Feren.
-Sigue vivo, por ahora. -miró hacia su alrededor- ¿Cuánto tiempo crees que ha pasado?
-10, 15, 20 minutos como mucho. -suspiró- Vamos, demuestra el hombre que eres y sigue viviendo, vamos -susurró.
-¡CHICOS! ¡YA LLEGAMOS! -se escuchó gritar a pleno pulmón a unos metros.
Peti y yo nos miramos, y desde los 20 minutos más largos de su vida, pudimos respirar profundamente. Por fin llegó la ayuda.


Última edición por Dinnaeh el Mar Jul 29, 2014 9:41 pm, editado 2 veces
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Mensaje por Títere el Sáb Jun 07, 2014 10:52 am

Coën había encontrado una casa no muy lejos de la cueva de los bandidos. Era una bonita casa, de madera, con unos grandes establos y unos extensos campos de cereales rodeándola. También tenía varios frutales, y un precioso riachuelo que discurría ladera abajo. Era la antítesis de lo que era en esos momentos la cueva de los bandidos, todo fuego, sangre, humo y muerte.
En la preciosa casita de campo vivía el granjero Thompson, con su bella mujer y sus dos hijas. Un aturullado Coën les contó a toda prisa lo sucedido e inmediatamente, el amable granjero, se puso a preparar el carro, para llevar ahí todas las medicinas y ungüentos que tenía su mujer, que era curandera. Pero el carro era mucho más lento que Sardinilla, y todos coincidieron en que Feren estaría muerto antes de que llegaran. Así que la señora Thompson le dio a su hija Iraia, que tendría unos diecisiete años, un macuto con vendas y otros utensilios, suficientes para detener la hemorragia. En cuanto montó en Sardinilla se pusieron a galopar, pues ya habían perdido suficiente tiempo. Iraia iba montada detrás de Coën, agarrada a su cintura, pero el muchacho no lo pudo disfrutar mucho, pues Feren se moría y no podía dejar de pensar en eso.

Cuando llegaron al claro en el que agonizaba Feren, Coën exclamó:
-¡CHICOS! ¡YA LLEGAMOS!
Iraia desmontó de un salto, e inmediatamente se puso manos a la obra. Coën se apoyó en Sardinilla, mientras los dos intentaban recuperar el aliento.
-A... ahora... llegan... padres... de ella, con medicina... ¿Sigue vivo verdad?
-Sí, est...
-Aguantará una media hora, no creo que mis padres tarden mucho más...
-Bien...
En ese momento, Coën miró a Feren. Feren lo entendió, y asintió con la cabeza, casi imperceptiblemente.
Respiro hondo. Y montó en Sardinilla de un salto, la espoleó y se dirigió hacia las llamas, hacia la entrada de la cueva.
-¡¿Pero que haces?! -escuchó a lo lejos.
-¡Ahora vuelvo! -respondió.
-Venga, no te quedes ahí plantado, ves a ayudarle o ese imbécil se va a matar.
-Sí, vale, voy.
Peti se levantó, cogió la espada de Feren y corrió en pos de Coën.
Los dos se perdieron entre el humo.


Humo, un salto, un recodo, cadáveres, madera ardiendo, otro giro y después otro. Cae una viga del techo, Sardinilla tropieza, los dos caen. Aparecen dos bandidos, una lleva un hacha, el otro va desarmado. Coën esquiva el tajo, pero le derriban de una patada. El bandido levanta el hacha. El acero brilla por un momento en su pecho, luego cae desangrado. Peti le ve caer, y mata también al segundo.
-¿¡Los has matado!?
-S... sí... -responde un pálido Peti.
Coën se dobla por la mitad y vomita.
-¡Venga, vámonos!
-Los talentos...
-Es verdad, ven, me parece que es por aquí.
Peti agarra a Coën, y Coën agarra a Sardinilla.
-¿Para que has entrado con el caballo?
-No sé, no lo pensé mucho...
Llegan a una sala, hay tres puertas. Peti elige la de la izquierda, entran.
Allí no hay humo. Está vacía, a excepción de un joven tumbado en un camastro, detrás de unos barrotes. Un prisionero.
El joven se incorpora al verlos entrar. Mira hacia las llaves que están tiradas sobre una desvencijada mesa, fuera de su alcance. Sin pensárselo, Peti le abre.
-Gracias.
-Te hemos liberado, nos debes un favor. ¿Sabes donde guardan los bandidos el botín?
El joven les mira. Se queda callado, pensativo.
Al fin dice:
-Venid.


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Historia de una ida, pues no hubo vuelta. - Página 2 Empty Re: Historia de una ida, pues no hubo vuelta.

Mensaje por Old Medie el Lun Jun 09, 2014 1:17 am

Avanzamos por la cueva casi a oscuras. El chico iba marcando el paso, girando por recodos y avanzando en línea recta. Traté de recordar cuantas veces habíamos girado y hacia qué dirección, pero la cueva era enorme por dentro, perfecta para escóndese, perfecta para perderse.
El chico al fin nos llevó hasta la sala del tesoro, encendimos varias antorchas para que la sala se iluminará por completo. El techo de piedra estaba negro de humo, el que cada vez llenaba más la sala. Sacamos entre los tres el cofre de un rincón y lo dejamos al medio de la sala. Con el mango de la espada de Feren golpeé el candado hasta romperlo. Cuando lo abrí nuestros rostros de desencajaron de la sorpresa: tenía cientos de talentos.
El chico fue a la pequeña armería con espadas y otros objetos y sacó un arco largo y también un carjac con una flama azul dibujada. Coën también sacó cosas de la cueva y se las echo a los bolsillos. Yo saqué también algo y lo guardé entre mis ropas.
Cargamos a Sardinilla con el cofre y salimos de la sala.
El camino de vuelta fue dificultoso, el humo había llenado algunos pasillos y apenas distinguíamos el camino.
Me escocían los ojos y los tres tosíamos demasiado, pensé que no lo ligaríamos pero el instinto de Sardinilla nos salvó, guiándonos por la salida justo a tiempo. Un poco más y hubiéramos muerto asfixiados.

Aparecimos en la entrada de cueva como fantasmas a través del humo, y los tres caímos al piso tomando grandes bocanadas de aire.
Dinnaeh y la chica aún estaban con Feren, el parecía haber despertado. Había un hombre con ellas, era el padre de la chica.


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Mensaje por Títere el Mar Jun 10, 2014 4:28 pm

Coën mordió el jugoso pan untado con mantequilla. Estaban en la idílica casita de campo. Después de salir de la cueva, habían montado a Feren en el carro del granjero y el cofre lleno de talentos en Sardinilla. Después se habían dirigido a su casa, la señora Thompson dijo que Feren sobreviviría, pero que necesitaba reposo. Así que el amable granjero les ofreció alojamiento para un par de días, ya que los bandidos le habían robado varias veces, además de haber puesto en peligro la virtud de sus hijas, por lo que les estaba agradecido.
Y ellos aceptaron encantados. Estaban cansados, sucios, traumatizados y heridos, no lo pensaron mucho, pues a pesar de haber acabado con una banda de maleantes, aún eran unos críos.
El joven prisionero que habían encontrado en la cueva fue con ellos. Llevaba un excelente arco, junto con un carcaj con una llama azul y diez flechas.
Coën y Peti también habían cogido más cosas aparte del cofre. Coën cogió unos brazales de cuero con tachuelas y una cimitarra con empuñadura de piel de serpiente. También cogió para Feren una funda de espada de cuero negro con dibujos plateados, pero aún no sabía si le había gustado. Y a Dinnaeh, bueno, para ella había cogido:
-¿Se puede saber que es esto? -dijo la chica enfurecida. Al parecer a ella no la había hecho tanta gracia.- Vamos, que a Feren le regalas una funda preciosa y a mí me das esta... ...cosa.
La chica sostenía un vestido que Coën había encontrado en una de las salas por las que habían pasado. Era ese tipo de vestidos que se ponen las “amiguitas” de los bandidos, de esas que viven en los burdeles...
-Me pareció que sería gracioso...-murmuró el chico arrepentido.
-¿Gracioso? ¡¿Gracioso?! -la chica echó el brazo hacia atrás, para darle una bofetada.
Rápidamente, Coën dijo:
-También cogí esto -levantó una pulsera, de oro. Tenía la forma de una serpiente y cuando te la ponías daba la sensación de estar enrollándose por el brazo.
Dinnaeh la cogió y la observó con interés.
-Bueno. Te libras...
-Ufff... -dijo Coën. Y se dirigió a por más pan con mantequilla.


Al rato, estaban todos reunidos alrededor de la mesa. Habían puesto allí el cofre, y después de contar durante un largo rato, por fin sabían la cifra exacta de talentos que contenía.
-No me lo puedo creer...
-Doscientos cuarenta talentos...
-Y todos para nosotros...
Coën empezó a hacer montones.
-Doce más para ti, doce más para ti y doce más para ti. Ahora tres, tres...
Habían decidido darle una parte al prisionero. Pues sin él, probablemente habrían muerto asfixiados antes de encontrar el dinero.
-¿Como te llamas?
-Yukane.
-Pues aquí está tu parte Yukane, cuarenta y dos talentos.
-¿No tendrían que ser cuarenta y ocho? -preguntó Dinnaeh recelosa.
-Sí, pero si nos quitamos seis talentos cada uno, tenemos treinta que sobran, que le podemos dar al granjero en agradecimiento por su ayuda. Seguro que no le vienen mal.
-Buena idea, yo si se los doy.
-Y yo.
-Venga vale...
-¿Tú estás de acuerdo Feren?
-S... sí...
-Bien. Pues ya está, todo repartido.
Y cogieron cada uno su parte, con una sonrisa en el rostro.


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Mensaje por Dinnaeh el Miér Jun 11, 2014 3:51 pm

Ahora, con dinero en los bolsillos y con la primavera asomando sus primeros vestigios, desde hace mucho tiempo, se sintió realmente feliz. Puede que no conociera concienzudamente a las personas de las que se rodeaba, pero se sentía a gusto. Cómoda.
Había estado dando vueltas a la posibilidad de irse, de seguir con ellos, de invertir su dinero, de guardarlo bajo tierra en un baúl de tres candados, tal avariciosa, de hacer esto, de hacer lo otro, y estaba echa un lío.
Después de todo lo que habían pasado cada uno se había tomado una especie de receso, una paréntesis en el que se dedicaron a descansar, a vaguear y a disfrutar de la sensación de estabilidad económica, de saber que no dormirás a la intemperie por un tiempo y que la tripa de hambre seguro que no les dolerá.
-¿Quieres un buen plato de estofado caliente? -Iraia se me acercó con lo prometido y con una deslumbrante sonrisa pintada en el rostro. Le gustaba esa chica, era como un buen fuego en una noche de invierno.
-Gracias. -susurré- ¿Sabes qué creo? Que estáis siendo demasiado amables con nosotros, incluso nos acogéis, hace falta más gente como vosotros en el mundo.
-No es para tanto. -respondió enfatizándolo con un movimiento de mano- Bueno, te dejo comer tranquila, si necesitas algo, estoy por aquí.
Le sonreí verdaderamente agradecida, y empecé a comer. Ojalá podría quedarme en este lugar para siempre, pensó, se sentía bien.
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Mensaje por Jacktash el Miér Jun 11, 2014 4:34 pm

La casa estaba llena de gente, y Yukane se sentía incómodo en esa situación. Llevaba demasiado tiempo solo en el bosque como para que ahora, en cuestión de poco tiempo, estuviese compartiendo techo con otras personas. Necesitaba salir, pero no encontraba ninguna excusa lo suficientemente creíble, todas las que se le ocurrían eran, o demasiado disparatadas o demasiado directas. Necesitaba algo sutil.
- Ehmmm, bueno, creo que voy a salir a cazar algo - dijo Yukane titubeando.
- ¡Genial! Te acompaño - contestó inmediatamente Coën, parecía que el también quería irse.
- Vale, voy a por mi arco y mi carcaj, espérame en la puerta.
Yukane salió de la habitación en la que se encontraban y se dirigió a la puerta. Su arco estaba apoyado en la pared, junto al carcaj, lo cogió y se lo colgó a la espalda, Coën se acercaba, pero no iba solo, le acompañaba Peti.
- ¿Preparados? - pregunta el joven cazador.
- ¡Sí! - responde Coën.
Los tres salieron por la puerta, Yukane sonríe, una ráfaga de viento le dio en la cara, siempre le había gustado, una vez, hacía mucho tiempo, le había llamado. No sabía cómo lo hizo, pero en ese momento se sintió libre.
- ¿Qué tienes pensado cazar? - le pregunta Peti a Yukane.
- No sé, quizá un conejo, pero si nos encontramos con un ciervo, mejor.
Los tres se adentraron en el bosque, Yukane tensó la cuerda y colocó una flecha. Coën desenvainó su espada y Peti se colocó entre ambos. Salir de caza era peligroso, no solo por los otros animales, sino por los bandidos que habitaban los bosques.
Yukane parecía un gato, andaba de tal forma que no se le oía nada, iba encorvado, fijando la vista en cada árbol. Yukane se detuvo, levantó la mano para avisar a sus compañeros y les dijo que se callasen. Parecía haber oído un animal. De repente de entre unos arbustos salió un conejo corriendo, Yukane disparó y mató al pobre animal. Parecía imposible lo que ha hecho, había disparado, casi sin apuntar, a un objetivo que estaba en movimiento.
- Mu... muy... bi... bien... - le felicitó Coën.
- Gracias, y no estés tan sorprendido, era un conejo grande, cualquiera lo hubiese cazado.
Coën titubeó, pero decidió no decir nada. Los tres estuvieron cazando unas dos horas más, y terminaron con cinco conejos (de los cuales Coën había cazado dos), tres pájaros (obra de Peti) y Yukane fue capaz de matar a un cervatillo que se había encontrado mientras volvían. Cuando llegaron a la casa del médico, todos les recibieron con ilusión.
Yukane sonrió, nunca más tendría que volver a vivir solo, aunque fuese algo a lo que estuviese acostumbrado. Pero no solo sonrío por eso, además estaba orgulloso de sí mismo, cuando salió a cazar, iba con la idea en mente de huir lo suficientemente lejos como para que no fueran a buscarle, pero recapacitó, pensó en su familia, después de tanto tiempo, volvía a tener otra.
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Mensaje por Old Medie el Sáb Jun 14, 2014 4:11 am

Tuvieron que pasar tres días para que Feren pudiera hablar fluidamente. Luego de pasar unas horas decidió que ya podía ponerse de pie, y luego de andar un rato por la pieza para estirar las piernas decidió que sería buena idea partir. El granjero le pidió que permaneciera en cama toda una semana para que no se le abriera la herida pero Feren tenía muchas ganas de salir de ahí y partir al norte. Dinnaeh y Coën se demostraron lo suficientemente preocupados por él, le pidieron que descansara un poco más, que no se precipitara. Yukane, el chico que sacamos de la cárcel de los bandidos no quiso dar su opinión, pero mencionó que una vez había visto en Tarbean a un marinero que se le abrió una herida en el estomago mientras peleaba, mencionó las tripas arrancando de su vientre hasta tocar el piso entre la sangre y un olor asqueroso. El marinero trató de volver a ponerlas dentro de él -dijo, mientras con las manos se metía unas tripas invisibles bajo la camisa- pero cayó desangrado en menos de un minuto.
Todos lo miramos impresionados, una de las hijas del granjero que estaba descuerando los conejos dejó el cuchillo en la mesa y se lavó las manos de sangre, le pidió a su madre que terminara y salió al patio, a vomitar seguro.

Luego de oír la historia Feren tomó asiento y dijo que se lo pensaría un poco más.

La tarde pasó tranquila, comimos conejo y miramos los animales del la granja pastar. Yo pasaba la mayoría de las tardes con Dinnaeh, hablando de cosas sin importancia, ella me contaba un poco sobre ella y yo de mí. Ella me hablaba de otros pueblos, otras ciudades y otros lugares, tan lejanos que yo jamás conocería. Yo le hablaba de historias que me contaban mis padres: Taborlin El Grande, Oren Velciter, de Illiem y muchos más.
Aquella tarde le mencioné que regresaría a la cueva. El incendió ya había terminado y el humo se había disipado. Sería una buena oportunidad para registrarla de cabo a rabo. Ella se ofreció a ir conmigo, yo la miré y por un momento pensé en decirle que ella era una dama y que esos lugares no eran adecuados para ella, pero recordé que ella no era de esas damas que se pasan bordando y preparando el té.
Quedamos de ir al día siguiente para aprovechar la mañana porque siempre estábamos ociosos a esa hora.

Caminé con Dinnaeh hasta la habitación donde descansaba Feren. Era la habitación de la más pequeña de las hijas del granjero, la habían acondicionado para que descansara el crío aquí. Cuando entramos estaba Coën a los pies de la cama y Feren descansando en ella, con un vaso de agua en la mano. Le pedí a Yukane que se acercase a la habitación y les conté a todos mi intención de ir a la cueva con Dinnaeh.

-Yo también quiero ir -dijo Coën cuando finalicé -. -Es más ¿Por qué no vamos de inmediato?
-Porque oscurecerá pronto -dije.
-Como en una o dos horas -dijo Feren mirando el sol por la ventana.
-Dentro de la cueva estará oscuro, sea de noche o sea de día, además, conozco el camino a la granja, no tendría problemas en volver de noche. -Coën sacó de bajo la cama su espada y comenzó a atarla a su cinturón.
-No veo porqué haya que precipitarse. Podemos esperar hasta mañana. -dije, me asomé por la ventana sintiendo la brisa de la tarde, el sol caía tranquilo a través del bosque ¿Y si nos encontráramos a algún bandido cerca en medio de la noche?
-A decir verdad, mañana nos iremos. Ya lo hemos decidido con Feren.
-¿De verdad? ¿Y a donde piensan ir? -preguntó Dinnaeh
-A la Universidad.
-¿Y qué piensan hacer allá?
-Feren entrará a estudiar.
-¿De verdad?
-Sí. Por eso necesito que saquen de la cueva todo el dinero junto con todo lo que se pueda vender. Lo necesitaré para pagar mi matricula por el tiempo que esté ahí.
-¿Acaso es muy caro estudiar en La Universidad?
-Usan un sistema: Entre más sepas menos tienes que pagar, entre menos sepas más tendrás que pagar.
-Entonces necesitarás un dineral.
-Yo también quiero acompañarles, si no les molesta.

Unos minutos más tarde Feren nos despedía desde la ventana de su habitación, Coën le dijo adiós con la mano y espoleó a Sardinilla rumbo a la cueva.
Estrella polar soportó muy bien mi peso y el de Dinnaeh, hace días que no cabalgaba sobre mi caballo. Hablamos con Dinnaeh y quedamos de acuerdo en seguir a los chicos en su viaje.

-La Universidad e Imre nos ofrecerán buenas oportunidades -dijo Dinnaeh
-No lo sé. La Universidad queda muy lejos, sé que tengo que alejarme de mi pueblo por un tiempo, pero no estoy seguro.
-Vamos Peti. No dudo de la valía de Coën y Feren, pero no será lo mismo viajar sin ti. Me sentiré más segura si nos acompañas. -Din me abrazó, el calor de su pecho se sentía muy bien en mi espalda y su respiración en mi cuello me recordó días pasados con Nuolet.
-Lo pensaré en lo que queda del día y mañana os diré.

Cuando llegamos a la cueva sólo quedaba una hora de luz solar. Coën se bajó de Sardinilla y comenzó a encender una lámpara que había traído de la granja. Yukane armó su arco y mantuvo una flecha lista. Me bajé de Estrella Polar y entré junto con Dinnaeh a la cueva.
Recorrimos el camino hacía el tesoro de los bandidos. El grupo avanzaba calmado, como si no les preocupase nada. Yo tenía el estomago revuelto, me urgía el encontrarnos con algún bandido, algún sobreviviente, alguien que haya llegado atraído por el humo.
No encontramos a nadie, solo el resto del tesoro.


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Mensaje por Feren el Sáb Jun 14, 2014 12:33 pm

Feren se quedó solo en la casa. Bueno, se podría decir que se quedó con la familia. Pero Feren se quedó todo la tarde dentro de su habitación pensando. Había organizado todas sus posesiones en un macuto, el dinero en una bolsa en una zona en la que no podrían meter la mano los ladrones y su espada muy gastada en su funda. La funda era bonita, aunque Feren no estaba de acuerdo con tirar la vieja. Pensó en guardarla, pero no sabía donde.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos por Iraia, la hija de los granjeros.
-¿Qué tal va la herida?
Feren le devolvió una sonrisa.
-Bien, ya casi no me duele.
Iraia se sentó en la cama, al lado de Feren. Feren ni la miró, estaba concentrado en organizar todo para cuando marcharan.
-¿Como pasó?
Feren entonces, le miró con un tono pícaro y le dijo:
-¿La versión larga o la corta?
-De momento me bastará con la corta, espero.
-Muy bien. Me vengué, pero con daños colaterales.
-¡Maldición! La próxima vez pediré la versión larga.
Entonces, Feren soltó una carcajada y se quedó mirando a Iraia un segundo. Entonces, casi como si fuera un reflejo, volvió al trabajo.
Ellos se quedaron unos minutos en sus cosas, en silencio. Un silencio maravilloso.
-Bueno, creo que ya he acabado.
-Bien.
-...¿Querías algo, Iraia?
-Bueno... esto...sí.-Se sonrojó mucho.
Feren se sonrojó aun más.
-Me gustaría pedirte...qué-había una tensión gigantesca. Estaban los dos sonrojados.
-¿Me puedes presentar a ese amigo tuyo?-casi gritó.
-¿Coën?-iraia asintió-Coën... ¡Coën! ¿Estás segura?
-Sí, creo que me gusta.
-Por Tehlu, ¿estás segura?
-Si.
-Llamaré a alguien que te mire la cabeza-dijo Feren sonriendo.
Entonces, Iraia le dio una bofetada impresionante a un Feren sonriente y vacilante.
-Claro.


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