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Mensaje por Old Medie el Vie Jun 20, 2014 7:33 am

Coën avanzaba delante del grupo, con una mano sujetando las riendas de Sardinilla y con la otra sosteniendo la antorcha. El fuego ardía e iluminaba la cueva delante nuestro, a nuestras espaldas el sol de comienzos de invierno se escondía temprano. Avanzamos más decididos de lo que nos recordaba, cualquiera pensaría que no eramos niños, sino adultos que sabían perfectamente lo que hacían.
Cuando llegamos a los primeros pasillos Yukane comenzó a apuntar: por el pasillo de la izquierda llegaríamos a la armería, los baños y un pequeño establo; por la derecha estaban las salas principales, los comedores y la sala del tesoro; si seguíamos derecho encontraríamos la gran sala de reuniones, donde había ocurrido el incendio. Decidimos recorrer toda la cueva, recolectar todo lo que tuviera valor.
Cada uno cogió una de las tantas antorchas que adornaban las paredes, las encendimos y nos separamos en diferentes direcciones.

Aun se podía sentir el leve olor a humo dentro de los pasillos de la cueva, mis pasos producían eco dentro de la sala principal. En el piso yacían los cuerpos calcinados de varios hombres. El fuego había consumido a varios hasta los huesos, a los demás los había dejado con la carne carbonizada, las ropas de cuero así como las botas estaban hechas añicos y el metal de sus espadas, broches y cinturones sobresalía de sus cuerpos, brillaban con mi fuego. Traté de evitar mirarlos a la cara pero no pude. Me las dí de valiente ofreciéndome a revisar aquel lugar, era el mayor del grupo y debía serlo, pero no era así. Cuando miré las cuencas vacías de los ojos del hombre que había matado Feren un frío me recorrió la espalda erizandome la piel. El hombre yacía bajó los trozos negros que quedaban de una de las vigas de madera que había sucumbido por el fuego, el gran madero lo había cortado por la mitad, pasando por sobre su pecho, destruyéndole las costillas.
La gran mesa que ocupaba el centro de la sala aun seguía de pie, estaba negra y llena de hollín, aun tenía platos de latón con fruta y carne, pan y mermeladas, jarras de vino y botellas reventadas por el calor. Comencé a caminar al rededor de ella mirando los cuerpos quemados en busca de algo de valor, no fue difícil encontrar monedas, dagas y espadas. No titubeé al sacar de sus cuerpos todo lo que podría servirme algún día.

Había terminado mi circulo al rededor de la mesa, el último hombre a quien debía revisar sería aquel que Feren había matado a sangre fría y lleno de venganza. Puse una rodilla en el piso y comencé por los bolsillos de su pantalón, tenía un par de ardides, una navaja de afeitar y dos dados de marfil. Continué con los bolsillos de su camisa y chaqueta, ambas estaban calcinadas pero podía distinguirse el color que hace algunos días tuvieron. Cerré los ojos tratando de evitar su cara mientras le quitaba las cadenas que le recorrían el cuello, de un tirón arranqué las tres. Abrí lo ojos dispuesto a sacarle los anillos pero algo había cambiado en la habitación, me tomó un segundo notar que las llamas de mi antorcha resplandecían con un azul profundo y gélido, dando a la sala una oscuridad que me provocó un gemido de lo más profundo de mi garganta. Me puse de pie, de pronto tenía muchas ganas de salir de aquel lugar, puse un pie delante, pero luego recordé los anillos. Miré al hombre, cada dedo tenía un precioso anillo de oro que pagarían muchas cosas para Nuolet, mi hijo y para mí. Me agaché nuevamente. Le saqué cada anillo de cada dedo hasta que ya no quedó ninguno, una sonrisa se dibujó en mi rostro, era mucho oro, yo tenía mucha plata en talentos, pero el oro era diferente, era mejor. Me puse de pie y me metí los anillos en un bolsillo, no iba a compartir este botín con mis compañeros, aquellos anillos serían todos míos.

Ya no había nada más que robar. Barrí con la mirada la sala para ver si me faltaba algo que coger, fue entonces cuando se borró mi sonrisa.

-Así que tenemos a un saqueador -dijo aquella voz con tono jocoso.

Una figura estaba de pie al otro lado de la mesa, su sombra se proyectaba, larga por el piso y llegaba hasta la pared como una serpiente negra. La luz azul apenas me dejaba ver, pero no necesitaba más que saber que había alguien ahí para que se me detuviera el corazón de miedo. Me detuve como un conejo asustado, no podía mover los pies, quise gritar pero no lograba abrir la boca.

- ¿Tienes miedo? -dijo con preocupación fingida. Dio un paso y luego con un salto elegante se posó sobre la mesa. La luz le llegaba en el rostro, tenía el cabello blanco y rizado, sus ojos negros me recordaron inmediatamente a los del hombre que mató Feren: Eran como cuencas vacías, llenas de ansias de muerte -. Deberías -dijo y rió como un maníaco.




El grupo corrió hasta la sala principal llamados por aquella risa. Las flamas rojas de las antorchas iluminaron la habitación, Peti no se encontraba ahí. Dieron unos pasos temerosos por la sala, gritando su nombre, haciendo eco en la gran cueva.
Continuaron su búsqueda por un par de horas, hasta que Feren, preocupado porque aun no llegaban a la granja descabalgó en la entrada de la cueva.
El grupo volvió a la casa del granjero muy avanzada la noche, todos estaban tristes y preocupados. Nunca sabrían lo que había sucedido en esa sala.
Dinnaeh fue la última en dormir, las palabras de los chicos aun daban vueltas en su cabeza: -Conoce el camino a la granja, no nos preocupemos más, volverá durante la noche.

Despertó cuando despuntaban los primeros rayos de sol. Recorrió rauda el camino de su habitación hasta la de Peti, abrió la puerta seguro de que lo encontraría durmiendo, pero bajó la mirada, resignada, al ver la cama vacía.
Regresó a su habitación cabizbaja, cerró la puerta y se tendió sobre las sabanas. Decidió dormir un poco más, le hacía falta. Se tapó bien y trató de cerrar los ojos, pero mientras se acomodaba encontró algo duro y extraño bajo la almohada. Sacó el objeto frío, era un brillante anillo. Le dio unos giros en sus manos, tenía una piedra roja engarzada, como una lagrima de fuego. <<Un rubí, seguramente, aunque no estoy segura ¿Quién habrá sido?>> pensó.


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Mensaje por Jacktash el Sáb Jun 21, 2014 4:32 pm

Yukane se encontraba en su habitación, reflexionando sobre lo que había ocurrido en la cueva el día anterior. Según recordaba, fueron hasta la cueva para recoger cosas que pudiesen ser útiles en un futuro y mientras estaban en la cueva oyeron un risa donde se encontraba Peti y, cuando se acercaron para ver lo que ocurría, Peti había desaparecido y no había rastro de nadie. Yukane estuvo buscando alguna señal un tiempo, pero se hizo tarde y tuvieron que volver. Pero aún tenían esperanzas, conocía el camino a la granja y esperaban que volviese esa noche. Pero no ocurrió así. Yukane tenía pensado acercarse esa misma mañana a la habitación de Peti, para ver si encontraba algo con lo que empezar su búsqueda, pero había visto a Dinnaeh acercarse y no quería molestar, por lo que salió a dar una vuelta al bosque, siempre había encontrado lo perdido después de un paseo por el bosque. Salió de la casa, intentando que nadie le viese, no se molestó en coger el arco, no quería ir cargado. Cerró la puerta con cuidado y se encaminó al bosque.
Según un viejo arcanista que se encontró cerca del Mar de Centhe, después de una pérdida, nuestra mente pasa por cuatro puertas, la primera es la del sueño, la segunda es la del olvido, la tercera es la de la locura y la última es la de la muerte. Pero Yukane no soñaba desde hacía mucho, nunca había conseguido olvidar, se había mantenido cuerdo todo este tiempo y la muerte no le agradaba, por lo que cada vez que sufría una pérdida, era el que más sufría, aunque nunca en público.
Tras un tiempo caminando, Yukane encontró un claro, entonces ya era mediodía y el sol brillaba tanto como calentaba, pero eso no era problema para Yukane, que se quitó la camiseta y se fue al centro del claro. Con el sol, su piel brillaba, y se le marcaban todas sus cicatrices. Empezó a realizar posiciones del Ketan que le había enseñado un Adem con el que había compartido carromato. Aunque se sabía pocas, Yukane había logrado salir airoso en un par de ocasiones. Empezó haciendo Garza que Cae y, a mitad de Oso Dormido, oí una voz.
- No sabía que supieses realizar el Ketan - era Coën.
- Sé algunas posiciones, si quieres te las enseño, ya he visto que no eres muy diestro en el arte de la espada - le dijo Yukane en un tono de burla.
- Feren está intentando enseñarme, aunque agradecería que me enseñases un par de posiciones. Por si acaso.
Yukane le hizo un gesto para que se acercase. Realizó Tocar el Laúd e incitó a Coën para que hiciese lo mismo. Así estuvieron hasta la mitad de la tarde, que volvieron a la casa, los demás estarían preocupados. Por el camino ninguno dijo nada, todavía estaban afectados por la desaparición de Peti, y se negaban a pensar siquiera que pudiese haber muerto.
La casa apareció de entre los árboles y Dinnaeh salió corriendo para abrazarles.
- ¿Pero que os habéis pensado?¿A dónde habéis ido? - preguntó con cierto tono de preocupación. Poco a poco, este grupo se iba convirtiendo en una familia.
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Mensaje por Feren el Sáb Jun 21, 2014 9:12 pm

Al día siguiente, Feren se encontraba en su cama, como de costumbre. No tenía suelo y estaba incómodo, así que decidio salir fuera. Allí paseó ya con su espada y ropa habitual, ya que los puntos estaban fuera.
El chico se dirigió hacia el bosque y se sorprendió al ver a todos allí en el bosque. Feren era muy paranoico, así que se ocultó en un arbustó y se quedó oyendo lo que contaban.
- No sabía que supieses realizar el Ketan - era Coën.
- Sé algunas posiciones, si quieres te las enseño, ya he visto que no eres muy diestro en el arte de la espada - le dijo Yukane en un tono de burla.
- Feren está intentando enseñarme, aunque agradecería que me enseñases un par de posiciones. Por si acaso. -Feren sonrío, por fin Coën se tomaba eso en serio.
Yukane le hizo un gesto para que se acercase. Realizó Tocar el Laúd e incitó a Coën para que hiciese lo mismo. Feren se quedó impresionado con los movimientos de Yukane y pensó en retarle cuando estuviera en forma.
Un rato después volvio hacia la casa y se encontró con Dinnaeh.
-¿Qué haces aquí? Deberías estar en la cama...-Dijo Dinnaeh con un tono de preocupación.
-Te conozco y me estás mintiendo.
-Pero si no...
Feren le interrumpió.
-Están en el bosque,entrenando. Parece que Yukane sabe pelear como un hombre.
-Por fin hay un hombre en el grupo- Exclamó Dennah sin levantar mucho la voz.
-Por fin...-Susurró Feren con una sonrisa.-¿Sabe lo de Iraia?
-No.
-Bueno,-Feren sacudió las manos quitándole importancia- Cuando los veas, háblales con un tono preocupado.
-¿Qúe? ¿Por?-logró decir Dinnaeh antes de que Feren siguiese.
-No deben saber que les he espiado. Eres inteligente, comportate como tal.
-Claro,-dijo confundida- ¿y tú? ¿Te irás a la cama?
-No. Me irá a comer algo.
Feren se dirigió hacia la casa, pero antes de entrar gritó:
-¡Por fin una muchacha inteligente!


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Mensaje por Títere el Dom Jun 22, 2014 5:21 pm

Era un buen día. El gran señor-carpa nadaba tranquilamente por las calmadas y cristalinas aguas de su precioso río. Vió una posible presa, un zapatero flotando en la superficie. Se internó entre las algas del lecho, y lentamente se acercó a él. Un movimiento rápido. Ya no había zapatero.
Si los peces hubiesen podido suspirar satisfechos, el señor-carpa lo habría hecho. Vio otra presa.
Definitivamente, estaba siendo un buen día. Había presas en abundancia, tenía dos preciosos hijos-carpa y la más bella y resbaladiza esposa-carpa del mundo. ¿Qué más podía desear un señor-carpa?
Y pensando eso, se dirigió hacia su proxima presa... Un cacho de carne atado a un sedal...


-¡Lo tengo! -exclamó Yukane mientras sacaba una enorme carpa del río.- ¿Qué os dije? El conejo no será el mejor de los cebos, pero funciona.
Lanzó la carpa sobre el suelo. El pez empezó a retorcerse en el suelo, axfisiándose, pero Feren sacó la espada y le decapitó con un rápido tajo.
-Y ya llevamos tres...
-Sí, pero la hoguera sigue sin encenderse...
-Anda, déjame a mí, que te vas a quemar el pelo.
-Oye, que yo no soy idiota, como otros...
-¿Tambiés sabes encender fuego, Coën?
-Hay muchas cosas de mí que no sabéis... Se cazar, seguir un rastro, disparar con arco o ballesta, montar un campamento con solo una manta y una navaja...
-Cortarte el dedo mientras pelas patatas...
-Clavarte una flecha en el pie intentando derribar a un corzo...
-Tropezarte veintiocho veces con la misma piedra...
-Sí, sí, lo han pillado...
Estaban todos sentados sobre una enorme roca situada al lado de un riachuelo. Llevaban toda la tarde pescando. La señora Thompson había tenido que ir con la pequeña al pueblo y el señor Thompson se había marchado a Fenrrawell, por lo que habían decidido ir a pescar. Iraia había llamado a Malva, una amiga, que había venido con su hermano Haplo. Luego habían atado la carreta a Sardinilla y se habían marchado en dirección al riachuelo que había cerca de la granja. Allí se les ocurrió hacer una hoguera, para cocinar los peces que iban a pescar Haplo y Yukane, ya que Feren y Coën eran un poco patosos. Así que Feren se ofreció a ir a por leña, acompañado de Coën, por si se le habría la herida. Y Dinnaeh, estaba intentando encender la hoguera, sin resultados visibles.
-¡Yukane, ayuda, este tira mucho!
-Voy Haplo.
-¿Te cortaste el dedo con una patata?
-No, se cortó el dedo pelando una patata.
-Si, Feren sí... De paso cuéntales lo de la cabra, si te parece...
-¡Buena idea! Estabamos un día dando una vuelta, cuando Coën va y me dice...
-Dinnaeh, pásame ese troco, el finito...
-..."Voy un momento a los arbustos Feren, ahora vuelvo.."
-¿Cuál?
-¡Ese! ¡El que está al lado del grande!
-...Entonces yo, me quedo un rato esperándole y escucho un grito...
-¡Pero...! Bah, déjalo, toma este.
-¡No, ese es muy grande, el otro!
-...Voy corriendo y veo que detrás de los arbustos está Coën... ¡peleándose con una cabra, que tiene sus pantalones!
-¿Este?
-Nada, que al final se me apaga el fuego.
-Levántate y cójelo tu si eres tan listo.
-Oye Coën... Se te están quemando los zapatos...
-¡¿Qué?! No me jod...
-¡Lánzate al río, corre!
-¡Agh, quema!
-Jajaja.
-¡Apart...! -dijo Coën. Pero demasiado tarde. Se enganchó con el sedal y calló al agua, seguido de la caña, Yukane y Haplo.
Feren, Malva e Iraia empezaron a reírse. Dinnaeh masculló algo que sonó como "Imbéciles".
-Debería estar aquí Peti, el sabe encender...
De pronto, se hizo el silencio.
-Ya...
-Peti...
Todo el mundo estaba serio ahora. Incluso Coën dejó de escupir agua.
-¿Quién es Peti? -susurró Malva.


-...el primer borrador lo escribes con el corazón, el segundo, con la mente.-
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Mensaje por Dinnaeh el Dom Jun 22, 2014 5:40 pm

Después de un incómodo silencio en el que nadie se animó a hablar, le respondí yo, sin darme cuenta.
-Un viejo amigo de caminos, un joven que fue tan estúpido como para creerse capaz de hacer algo y al final resultó que no era así. Murió. -la voz se le quebró en la última palabra. Era la primera vez que lo decía en alto y sentía que un enorme peso se instala sobre ella. Aunque no pensaba llorar, no, delante de todos ni pensarlo.
-Bue-eno... deberíamos ir encendiendo la hoguera si queremos llegar a la granja antes de que oscurezca.
Coën salió del riachuelo y yo le pasé por fin el tronco correcto, y poco a poco el ambiente se fue relajando, dando paso a un murmullo de actividad. Cuando el fuego finalmente estuvo encendido y las carpas asándose, nos sentemos todos alrededor de la hoguera, formando un círculo. La tensión anterior era ya casi inexistente y las conversaciones comenzaban a ser cada vez más animadas.
-Oye, Coën, ¿qué pasó al final con tus pantalones y la cabra peleona? -preguntó Iraia muy interesada, que solo buscaba conversación con Coën.
Yo estallé en sonoras carcajadas.
-Eso, eso, ¿ganaste el difícil enfrentamiento contra la "cabra peleona"? -dije con sorna, volviendo a reír.
-Te juro, Feren, que esta me la pagas, y caro. -y después de amenazar con el dedo a su amigo, me miró- Muy graciosa, ya me gustaría verte a ti en esa situación, las cabras son bastantes fieras si quieren. -asintió, todo convencido de ello.
Todos nos reímos de él, y el pobre acabó agachando la cabeza.
-Seguro que lo son, debiste de pasarlo fatal. -dijo Iraia colocando una mano sobre el hombro, mostrándole su consuelo.
-¿Y yo? ¿Y mi trauma de verlo sin pantalones luchando con una cabra mejor que él? ¿Para mi no hay compasión? -dijo Feren haciendo pucheros.
Todos volvimos a reír.
-Bueno, -Yukane se levantó- creo que esto ya está. Si después alguien se queda con hambre, hay carpa de sobra.
-Seguro que Dinnaeh querrá más, que parece que no come, pero zampa que no es normal la tía. -contratacó Coën, esbozando una sonrisa malvada.
Bufé.
-Pues no se nota nada. -dijo Haplo sonriéndome desde el otro lado del círculo.
Le sonreí pícara.
-Gracias.
Y así, Yukane, con ayuda de Malva, fue repartiendo la cena. Y entre risas, pullas, un buen fuego y buena cena, la noche se acercaba.
Se miró el anillo que llevaba puesto: era de plata y tenía una piedra roja engarzada, como una lagrima de fuego. Quizá encuentre una mejor vida en Imre, pensó, con toda esta panda de idiotas una no se aburre viajando.
Aún habiendo pasado solo tres días desde la muerte de Peti, sonrió verdaderamente, y por un momento no sintió dolor, por fin había encontrado un destino al que ir, y unos buenos acompañantes.


Última edición por Dinnaeh el Vie Jul 04, 2014 11:00 pm, editado 1 vez
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Mensaje por Feren el Mar Jun 24, 2014 9:12 pm

Esa noche, Feren fue el primero en irse a dormir. Estaba cansado. Aunque intentó aparentar felicidad ante sus amigos, el chico estaba deprimido. Se iba a pensar, se decía a sí mismo. La muerte de Peti, el reciente encuentro con Agarin y el recuerdo de su padre le había afectado mucho. Reflexionó sobre la muerte de Peti, no entendía que suceso podría acarrear la desaparición y casi segura muerte. Para alegrarse pensó en sus amigos. Esas semanas había pasado el mejor tiempo de toda su vida. Había vuelto con Coën, había conocido a Dinnaeh...
Empezó a llorar.
No podía aguantar mas todo eso. Estaba convencido de que la muerte lo perseguía a donde fuera y pensó en irse, en no volver, en alejarse de ellos. Pero otra parte de él mismo le impedía hacerlo. Después de mucho tiempo, tenía a seres queridos que les importaba Feren. Estaba confundido. No tenía ni idea de lo que quería hacer, así que se fue a dormir.
Para rematar su estado soñó con su padre. Este le enseñaba a luchar y a resistir el dolor. Recordó a Coën y a él jugando de pequeños en la plena infancia, cuando no tenían preocupaciones o pensamientos hacia el futuro. Recordó el dolor y el sufrimiento que tuvo que pasar a los 12 años cuando mataron a su padre. Cuando vagó solo durante dos años de pueblo en pueblo mendigando. Recordó su venganza y recordó la huida de Agarin.
Recordó a Ceniza.


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Mensaje por Títere el Sáb Jul 05, 2014 5:36 pm

Coën estaba recostado a la sombra de un alto fresno. A su lado, Sardinilla bebía de un sucio abrevadero.
Aparentemente dormía, pero estaba alerta, esperando escuchar como llegaban sus compañeros. Aburrido, arrancó una brizna de hierba y empezó a masticarla. Al rato se cansó y la escupió, su sabor no era muy agradable.
Notó como alguien se sentaba a su lado.
-Yukane.
-Sí.
-Lo sabía, Feren seguro que viene a caballo y Dinnaeh hace más ruido que una manada de bueyes cojos, viejo y gordos.
Yukane río y se tumbó sobre la hierba, al igual que Coën.
-Que poco has tardado en despedirte ¿no?
-Nunca se me han dado bien las despedidas. Además, tu te has largado esta mañana diciendo que tenías asuntos que atender. Ni siquiera te has despedido de los granjeros.
-Si me he despedido, pero ha solas.
Coën se había levantado temprano para recoger sus cosas. Había desayunado, preparado su macuto, cogido una pala y ensillado a Sardinilla. Después se había despedido de la señora Thompson, le había dado un broche de plata a su hija pequeña y le había entregado al granjero los treinta talentos que habían acordado entregarle. A Iraia la había dado otra cosa.
Luego, se dirigió al bosque, solo, hasta llegar a un itinolito que había encontrado en una de sus cacerías con Yukane. Irgió un extraño montículo con unas cuantas piedras y empezó a cavar. Cuando el hoyo tenía ya más de medio metro de profundidad, guardó la mitad de sus talentos en una pequeña caja con cerradura que había cogido de la cueva de los bandidos y la depositó en el fondo. Por último, tapó el hoyo, borró sus huellas y se dirigió al gran fresno, a esperar a sus compañeros.
-¿Quieres un poco de cordero?
-Vale.
Yukane le tendió un trozo y se comió el resto. Luego volvieron a tumbarse, esperando a Feren y Dinnaeh. Era un buen día. Eso ni un loco lo negaría.
Sardinilla relinchó como si hubiese leído sus pensamientos. O puede que la hubiera picado un tábano. Daba igual.


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Mensaje por Dinnaeh el Dom Jul 06, 2014 10:27 pm

-Pareces reflexivo. -comentó para llenar el silencio mientras iban de camino a encontrarse con Coën y Yukane.
Feren la miró por un momento y después sonrió, mirando hacia el horizonte, espoleando el caballo.
-Pensaba, -se encogió de hombros- en todo lo que hemos pasado, en los buenos amigos que he hecho, -le sonrió con complicidad- y... -se calló- en Peti.
Lo miró a los ojos para después apartar rápidamente la mirada.
-¿Qué con él? -respondió bruscamente.
No quería tocar el tema.
-Odio no entender las cosas, y la muerte de Peti es una de ellas, ¿qué le pasó exactamente?, ¿cómo es que desapareció, así sin más? ¿acaso está realmente muerto? Son much...
-Cállate. -lo dijo en un tono tan cortante y frío que Feren enmudeció y se la quedó mirando culpable.
-Lo siento, debía de haber hablado con más tacto, sé lo que sup...
Sacudió la cabeza.
-Yo también me pregunto todo eso, noche y día, pero hay que atenerse a los hechos. -esto último lo dijo más forzadamente- Desapareció. No volvió. Él habría vuelto, a si que murió. No sabemos cómo, todo eso ardió, y no se podía respirar bien, -suspiró- no lo sé. Lo único que sé que el agua pasada no mueve molinos y no tiene sentido ya preguntarse y preguntarse cuando no habrá manera de obtener respuesta. A si que por favor, -lo miró intentando transmitir con la mirada todo el dolor que le supuso la muerte de otro ser querido- déjalo estar.
-Mira, Dinnaeh, puede que tu creas eso y te respeto, pero...
-¿Recuerdas cuando te dije que todos tenemos nuestros propios traumas infantiles? Mis padres también están muertos. -sacudió la cabeza, mirando en otra dirección- Los mataron, y no sé por qué demonios lo hicieron. ¿Sabes por qué no intenté averiguarlo? Por que no soy una heroína sacada de un cuento de hadas, donde por fin la pobre huérfana venga la muerte de sus padres después de estar toda la vida buscando. Esto es el mundo real, y en el mundo real una niñata traumatizada de 12 años se limita a llorar y a querer alejarse lo máximo posible de los hombres malos que le hicieron eso a sus papás.
Feren permaneció callado.
-Y ahora hemos perdido también a Peti, y te rogaría que, al menos en mi presencia, no lo volvieras a mencionar. -y ahora si que lo miró, con la mirada endurecida- Los muertos están muertos, y nada puede cambiar eso.
-¡EH! ¡Menudo par de caracoles estáis hechos! -gritó Coën cuando los vio llegar desde lo lejos.
Ambos, después de desmontar, se acercaron a Yukane y a Coën sonriendo, como si nada. La conversación que habían mantenido quedaría entre ellos, eso lo supo nada más ver como Feren comenzaba a disimular.
-Dame un poco de ese cordero, que me muero de hambre. -le pidió a Yukane, ignorando el comentario de Coën.
-¡NO! ¡Se lo acabará entero! -exclamó teatrero.
Se acercó a él, a un par de centímentros de su cara, y le susurró amenazadoramente.
-Como sigas haciendo comentarios de ese tipo te ensartaré con una flecha cuando menos te lo esperas, -se alejó- he mejorado mucho con el arco. -dijo en voz alta para que todos la escucharan, sonriendo.
-Te he visto practicar y eres buena, aunque he visto un par de cosas que podrías mejorar, -le sonrió enseñándole todos los dientes- si quieres te puedo dar unos cuantos consejos.
-Claro.
-Bueno, cuando hayamos terminados de comer nos pondremos en marcha, hay que aprovechar toda la luz que nos queda.
Todos se mostraron de acuerdo, ansiosos por cambiar de aires.
Próxima parada: la universidad.


Última edición por Dinnaeh el Miér Jul 23, 2014 10:53 am, editado 1 vez
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Mensaje por Títere el Miér Jul 09, 2014 4:02 pm

Mes y medio más tarde...

Coën estaba tenso. No podía fallar, de él dependían todos. Saco la espada.
-Mal hecho criajo -dijo el calvo que tenía enfrente.
-¿De veras? ¡Toma esta!
Coën se levantó y sacó el basto. El calvo rió.
-Ves lo que te dije -lanzó su última carta a la mesa.- Gané. No deberías haber sacado ni el as de espadas ni el rey de bastos.
Coën se quedó estupefacto mirando las cartas. Pegó un pisotón en el suelo y maldijo a su dibujante y al carpintero que había construido la mesa. Mientras, el calvo ofreció una ronda general, para todos menos para los "cuatro enanos arrogantes".
-Mierda, mierda y mierda. Nos toca dormir en los establos.
-Ya te dije yo que no te apostases nuestras habitaciones a las cartas, nunca se nos han dado bien.
-Y eso que el cinquillo no es un juego que requiera mucho ingenio.
-Calla -dijo Coën enfurruñado.- Ese tipo me insultó, tuve que retarle.
-Solo te dijo "aparta mocoso".
-Ya bueno... Pero es que quería ganarle ese bolso de cuero tan chulo que lleva.
Dinnaeh bufó ruidosamente y se marchó en dirección a los establos.
-Anda Coën, vamos a preparar nuestras camas. Otra vez nos toca dormir apretujados.
-Si, vaya rollo -dijo. "Que me toque al lado de Dinna, que me toque al lado de Dinna" pensó.
-Además, dicen que las noches de Hallowfell son frías.
-Esperemos que se equivoquen...


-...el primer borrador lo escribes con el corazón, el segundo, con la mente.-
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Mensaje por Jacktash el Jue Jul 10, 2014 12:27 pm

Esa noche Yukane no pudo dormirse, aunque habían dormido en lugares mucho peores, ese le recordaba al cazador vestigios de su pasado que hacía ya tiempo que había olvidado. Yukane recordaba a un niño sin preocupaciones que correteaba por las calles de Hallowfell a la edad de tres años acompañado de un joven, de unos quince años, que le cuidaba y le levantaba cada vez que se caía. Esa imagen se borró y apareció otra, la de una familia comiendo, en una acogedora casa. El más pequeño de los cuatro se quejaba de la comida, de sus ojos, color verde oscuro, caían lágrimas, que secaba su madre mientras intentaba calmarle. Las imágenes cambiaban constantemente, pero había un factor común, un niño con los ojos verde oscuro. Era Yukane, eran momentos de su infancia que había olvidado después de haber abandonado a su familia. En ese momento, el cazador pensó cómo había llegado hasta ahí, cómo había llegado a estar con Coën, Feren, Dinnaeh…
>>Todo empezó en un lago, en el que Yukane se estaba bañando, después de un día de caza. Por un momento, creía que tenía la vida hecha, tenía un sitio caliente al que poder volver cada día, tenía suficiente comida como para sobrevivir algunos ciclos. Pensando en esto volvió a la cueva. No era muy grande, pero era suficientemente espaciosa para una persona. Ninguna noche había sido tan tranquila como esa. Yukane durmió aquella noche como no había dormido desde hacía mucho tiempo. Se despertó ya entrada la mañana, pero no estaba en su cueva, sino encerrado en una prisión excavada en la montaña, rodeado de tres o cuatro bandidos.
- Parece que el joven lobezno se ha despertado.
- Ve a avisar a Lamis.
- Te queda poco en esta vida cazador.
Yukane levanta la mirada, y ve que se acerca un bandidos, más alto que los demás, parece ser el jefe, Lamis.
- El otro día mataste a uno de los nuestros, arquero – en su voz había un rastro de amargura. – Era mi hermano, y uno de los mejores asesinos que ha pisado La Mancomunidad. Y vas a pagar por el asesinato, y no seré yo quien acabe con tu vida, sino mis hombres, pero no creas que vas a morir rápido, te torturaremos, y desearás no haber tenido un arco en tu vida.
Tras decir esto, Lamis se da media vuelta y cierra la puerta, los demás bandidos miran a Yukane y sonríen. Es hora de torturar.
Así pasó la primera de las ocho noches Yukane. Poco a poco, toda esperanza de escapar se borraba de su mente. Pero el octavo día ocurrió algo.
Se oían gritos, y Yukane pudo oír como los bandidos gritaba, agonizando. De repente, dos jóvenes entraron a la estancia en la que se encontraba y le lanzaron las llaves para que pudiese escapar.
- Gracias.
- Te hemos liberado, nos debes un favor. ¿Sabes donde guardan los bandidos el botín?
Yukane se queda pensativo, podría decirles que no había tesoro alguno, y quedarse con él, pero le habían salvado, al menos, por honor, se lo diría.
- Venid.
Yukane les guió hasta el tesoro y luego les acompañó hasta la salida. ¿Podrían ser éstos unos nuevos amigos?<<
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Mensaje por Feren el Sáb Jul 12, 2014 1:06 pm

Feren miró con odio a Coën. No entendió como le dejó a su amigo apostar tanto en un simple juego de cartas. Olvidó esos sentimientos en un momento mientas lo miraba. Estaban durmiendo plácidamente, algunos más que otros. Coën estaba mirando a Dinnaeh mientras esta dormía. Feren se tentó en despertarla para que pillara a Coën in fraganti, pero descartó la idea en la velocidad en que se daba cuenta que él era su amigo. Nunca pondría en peligro su amistad por hacer ya el primer paso por él. Le irritaba que Coën no diera el paso y que no se diera cuenta de lo mal que disimulaba.
Dormió, al fin. Estaba acostumbrado al frío, así que no lo pasó muy mal.
A la mañana siguiente, Feren fue el primero en despertarse y se dirigió al bosque que había cerca a dar una vuelta. El bosque no era muy espeso pero a Feren, esto le daba igual. Paséo tranquilamente hasta que oyó algo y se paró en seco desenvainando la espada y mirando atrás.
-¿Quién anda ahí?
Oyó un grito ahogado de alguien al decir eso. De un árbol salió Iraia. Al instante, Feren desenvainó la espada y la miró perplejo.
-¿Iraia? ¿Qué haces aquí?
-Em- yo... Quería seguir con vosotros.
-¿No te das cuenta en lo peligroso que puede ser el camino. Por Tehlu. Te podría haber pasado de todo.
Feren se dió cuenta, una vez más, que detrás de esa chica, se escondía el alma de una niña pequeña e irresponsable.
-Ven conmigo, te llevaré con los demás...-Dijo Feren con un suspiro.
Cuando Feren llegó a la posada donde estaban todos, Feren llegó seriamente (como siempre).
-Mirad que animalillo silvestre me he encontrado.- Fue cuando entonces, todos la miraron.
-¿Iraia?- Le dijo Dinnaeh con una sonrisa.
-¿Iraia?- Le dijo Coën soprendido.
Yukane no dijo nada. Era incluso más imperturbable que Feren.


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Mensaje por Dinnaeh el Sáb Jul 12, 2014 3:16 pm

La llegada de Iraia los sorprendió bastante, ¿quién viviendo tan bien, en ese lugar tan bonito, se iría de allí? Deseamos lo que no tenemos, pensó sacudiendo la cabeza.
A pesar de eso la recibió con una cálida sonrisa y los chicos empezaron a contarle cuál era su plan. Feren la previno de seguir con nosotros, diciéndole que dejaba atrás a una familia y a un hogar seguro y que la realidad no era la aventura que ella se imaginaba, Iraia aunque escuchó atenta todo lo que él tuvo que decir, siguió en sus trece.
-Sé lo que me hago. -respondió convencida cuando Yukane le insistió.
*   *   *
-Ey, Coën, ¿estás bien? -le preguntó entre risas viendo la cara de amargado que tenía.
-Yo... no soporto que no me deje en paz, ¿cómo me libro de ella? -contestó mirando hacia Iraia, que estaba en la barra de la taberna pidiendo su cena.
Estalló en carcajadas.
-Antes lo adorabas.
-No te creas. -dijo mirándola fijamente a los ojos, parecía querer decirle algo con la mirada.
-Déjame, que yo me encargo.
-¿En serio? -la cara de alivio que puso fue épica, que volvió a hacerla reír.
-¡Iraia! -la llamó- ¡Acércate! -la chica, con el plato en las manos, se sentó en la misma mesa en la que estábamos Coën y yo.
-¿Qué pasa? -preguntó con una sonrisa.
-Coën quiere decirte algo. -solté aguantándome la risa y ocultándome tras mi casi acabado vaso de scouten.
-Eh... pues... mira, sé lo que sientes por mí, y eh yo... lo siento pero estoy enamorado de otra persona.
Quizá había bebido bastante pero ¿había escuchado a Coën decir realmente lo que había dicho?
Escupió el scouten que tenía en la boca y empezó a desternillarse de la risa. Casi se cae de la silla.
-Me parece que no vas a beber más, dame la botella, vamos. -dijo Coën, que se había levantado y extendía su mano hacía mí, muy serio.
-¿Quién eres tú para *hip* ordenarme nada? Déjame y venga, sigue con tu conversación. -señalé a la pobre Iraia que había dejado la cuchara en el plato y no sabía qué hacer- Mírala, que pobre.
-¿Puedes dejarnos solos, por favor? -le pidió a Iraia, que se marchó ofendida.
La seguí con la mirada hasta que me di cuenta de que Coën acercaba su silla a la mía.
-Estás invadiendo mi espacio *hip* personal. -le señalé mirándole a los ojos. Comenzaba a ver borroso.
-¿Y?
Prorrumpió en sonoras carcajadas, mirando el vaso que sostenía.
-Pues no sé.
Esbozó la primera sonrisa de la noche.
-¿Sabes? Eres más divertida borracha.
-Me adoras igualmente. -asentí y después paré porque me mareaba aún más.
-No te haces la idea de cuanto. -susurró.
-¿Has dicho algo?
Me ignoró y se levantó de la silla, cogió la botella y el vaso de mi mano y se los llevó a Feren y a Yukane, que en unas mesas más allá, conversaban tranquilamente.
Les susurró unas palabras y me señaló, después a las escaleras, y vino hacia mí.
-Vale, Yukane ha pedido dos habitaciones para pasar la noche, vamos, te acompañaré arriba, dormirás junto a Iraia.
Me ayudó a ponerme de pie, y a subir las escaleras.
-Creo que no has tenido mucho tacto *hip* con ella, mañana le pides perdón. -le ordené cuando ya estábamos en la habitación.
Me abrió la cama y me obligó a echarme.
-Ya veremos lo que pasa mañana, tendrás una resaca de cojones. -se rió de mi cara- Vamos, ahora duerme, hasta mañana.
Y tras apagar la luz, cerró la puerta.
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Mensaje por Feren el Sáb Jul 12, 2014 3:50 pm

Feren y Yukane estaban sentados en una mesa apartada, ríendose. Estaban en un punto de la borrachera donde les daba risa todo.
-Y entonces, Coën se desgarró los pantalones. -Una carcajada doble inundó mesa.
-No pensaba que serías tan divertido, Feren.
-Lo mismo digo, compañero.-Una pausa para un trago- Fíjate en esos dos tortolitos. No entiendo como Coën está enamorado de una chica como ella. *Hip. No le pega naaaaaaaaaaaaada.
-¿Qué has dicho compañero? ¿Enamorad- *hip?
Feren salió del estado de risa por todo de repente.
-¿Qué? ¿Yo? No he dicho nada de eso. ¿He dicho eso?
-Lo has dicho y ahora lo sé. A veces pareeeces imbec*hip
-El Scoutten es muy fuerte, amigo mío.- En ese instante, Feren volvió a reírse.- ¿Sabes qué? Creo que podríamos a llegar a ser amigos.
-¿Como dos burras?
-Como dos burras.
-Las dos burras legendarias.-Volvió a beber un poco- Te apuesto a que soy mejor luchador que tú.
-Vamos, no baciles Yunake.
-Yukane.
-Eso. Sabes que soy mejor luchador que tú...- A Feren le estaba entrando el sueño.
-Ya lo veremos compadre.
En ese momento, Coën les señalo y se dirigió a Yukane.
-Pide dos habitaciones para pasar la noche.
-Claaaaaro.-Coën volvió con Dinnaeh que no estaba en mejor estado que esos dos.-Oíga, caballero. ¡Caballero!- El camarero se dió la vuelta.-Denos dos habitaciones para dormir. Claro.
-Serán seis iotas.
-Muy bien. Feren, ¡seis iotas!
-¿No tienes tú?
-Ups. Es verdad, tome caballero.
-Muy bien... Son las dos subiendo por la izquierda.
-Muuuuuuuchas gracias caballero.


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Mensaje por Jacktash el Dom Jul 13, 2014 4:49 pm

Feren y Yukane subían la habitación haciendo eses, después de unas cuantas rondas de scutten, metheglin y vino, que habían pagado con una bolsa que Yukane decía que era de procedencia desconocida. Cuando llegaron a la habitación, se encontraron con que ya estaba ocupada, en una de las camas se encontraba la joven hija de los granjeros, Iraia. Yukane y Feren se miraron, y pensaron lo mismo, ya que sus miradas relucían. Cerraron la puerta, y cuando Feren empezó a andar dirección a la cama en la que se encontraba la joven, Yukane tuvo un momento de lucidez y le paró.
- ¿Qué crees que vas a hacer? Estamos demasiado... *hip*... borrachos, podríamos hacer algo... *hip*... y arrepent... *hip*...rnos mañana, mejor vamos... *hip*... a dormir.
- Va... *hip*... mos...
Ambos, se fueron a las dos camas sobrantes, tropezándose con todo. Feren fue el que llegó más ileso, ya que se tropezó solo una vez, y con la cama. Por su parte, Yukane se tropezó con una tabla que estaba salida, con la cama y con la mesilla, en la que estaba una pulsera, quizá de Iraia, así que, cuando llegó a la cama, el cazador contaba con un rasguño en el brazo derecho y una herida en la sien.
A la mañana siguiente, Yukane y Feren se despertaron con la mayor resaca de sus vidas, nunca habían bebido tanto, y se prometieron que nunca más lo harían. Un rayo de luz iluminaba la habitación, que se encontraba impoluta. Los dos estaban solos, Iraia había bajado ya a desayunar, junto a Coën y Dinnaeh, que dormían en la habitación de al lado. Feren se asustó cuando vio a Yukane, y éste se levantó, creyendo que se estaba riendo de él, pero cuando se miró en el espejo le cambió la cara y reprimió su instinto asesino, aparte de que tenía un dolor de cabeza que no podía con él.
- Buenos días compañero. - le dijo a Feren.
- ¿Buenos? Recuérdame esta mañana cada vez que tenga una jarra de scutten en la mano.
- Lo haré, y ahora bajemos a desayunar.
Los dos bajaron lentamente las escaleras, no podían andar muy rápido por su dolor de cabeza.
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Mensaje por Títere el Dom Jul 13, 2014 5:39 pm

Coën despertó con la sensación de haber estado durmiendo toda la noche sobre un colchón de pinchos. "Me cago en Feren y Yukane", pensó, "Esta me la pagan."
Cuando la noche anterior había subido a dormir, se encontró con que habían cerrado una de las habitaciones con llave, y en la otra, en la que estaba Dinnaeh, se habían llevado la segunda cama.
Como ponerse a aporrear la puerta hasta que le abrieran no era una opción (porque despertaría a los demás huéspedes) y dormir en la misma cama de Dinnaeh tampoco servía (porque no se imaginaba que es lo que le podría hacer la chica si le encontraba durmiendo a su lado), cogió su capa y se tendió a dormir en el suelo. Además, como el también estaba un poco ebrio, se había tumbado sin querer sobre una de las botas de Dinnaeh, por lo que despertó con la espalda destrozada.
-Mierda -dijo en voz alta.- Que mal he dormido.
En ese instante, Dinnaeh se removió en la cama.
"Más me vale irme antes de que se despierte, se va a creer que la estoy espiando"
Pero Dinnaeh se despertó. Con un bostezo, se levantó de la cama sin ver a Coën, pisándole el estómago. El chico gritó de dolor. Dinnaeh, con un chillido, pegó un bote y empezó a darle patadas.
-¡Para! ¡Para! ¡Que soy Coën!
La chica se detuvo inmediatamente, le miró enfurecida y le dió una última patada. Coën rodó hasta alejarse de ella y se puso en pie con dificultad.
-¡¿Pero que haces?!
-¡¿Que qué hago yo?! ¡Eres tú la que se ha puesto a darme patadas!
-¡Porque te has puesto a gritar como una nena y me has asustado!
-¡Es que me has pisado la tripa, no sé si te has dado cuenta!
-¡Pero es que estabas tirado en el suelo al lado de mi cama! ¿Qué c* hacías ahí?
-¡No sé, a lo mejor es que me gusta ir tirado por el suelo! -Coën se sentó sobre su manta.- Ayer, a Feren y Yukane se les ocurrió la genial idea de llevarse la otra cama para dormir los dos en la otra habitación -dijo señalándo el hueco dejado por el mueble.
-Vale, vale, pero deja de gritar -la chica se llevó la mano a la cabeza.- Agh, que mal me encuentro.
-Eso te pasa por beber tanto.
-Sí, sí, abuelita, no lo volveré a hacer...
-Anda, bajemos a desayunar.
-Me cambio y voy.
-Te espero fuera.

Minutos después estaban bajando por las escaleras que daban al comedor.
-Mira Feren, ya bajan los enamorados -dijo Yukane dándole un codazo a su amigo.
-¿Habéis dormido bien, tortolitos?
Estaban los dos desayunando junto con Iraia, huevos fritos y media cuña de queso.
-Buenos días a vosotros también.
-Yo he dormido fatal. ¿Y vosotros? Ójala os haya pasado lo mismo, cabrones.
-Estupendamente -respondió Feren sonriendo.- Yo he dormido con Iraia.
-¿Eh? No, no, yo fui el que durmió con Iraia.
-¿Pero que dices? Sí que estabas borrac...
-Iraia durmió sola -respondió Iraia.- Dormísteis los dos abrazaditos en la misma cama.
Feren y Yukane se miraron el uno al otro con cara de asco. Mientras, Dinnaeh llamó al posadero para pedirle el desayuno.
-Ajá, con que he dormido toda la maldita noche en el suelo para que vosotros durmiéseis en la misma cama.
-A nosotros que nos cuentas, si no has querido dormir en tu cama es tu problema.
-Os la llevásteis.
-¿Nosotros?
-Que dices.
En ese momento, llegó el posadero bufando como un jabalí.
-Perdone, quería dos...
-¡¿ME PUEDEN DECIR QUE HACE UNA DE MIS CAMAS EN LOS ESTABLOS?! -dijo de corrido, con la cara roja y echando humo.
Feren y Yukane volvieron a mirarse, pero esta vez con cara de circunstancias.
-Ostras, pues sí que estábamos borrachos -dijo Yukane. Feren asintió.
-Dejad de gritar -gimió Dinnaeh.
-¡ME VAN A PAGAR EL PRECIO DE ESA CAMA! ¡Y SIN DISCUTIR!
Dinnaeh se tapó la cabeza con las manos. Yukane y Feren bajaron la vista. Coën levantó la mano.
-¿Pero puede traernos antes el desayuno? -preguntó con cautela.
Iraia empezó a reír. Al posadero no le hizo tanta gracia.


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Mensaje por Jacktash el Lun Jul 21, 2014 8:05 pm

Mientras Dinnaeh e Iraia se dirigían a sus respectivas habitaciones, Feren, Yukane y Coën fueron a por la cama que estaba en las caballerizas. Detrás de ellos iba el posadero, que hervía rojo de la ira.
- Se ha enfadado un poco, ¿no creéis? - susurró Feren a sus compañeros.
- Qué va... fijo que se le pasa - le respondió Yukane.
Coën no dijo nada, la risa no se lo permitía.
- ¡Maldito truhán! ¡Cuida de que no te pille, que desearás no haber nacido!
En ese momento, Coën salió corriendo, perseguido por el posadero, que, a pesar de su avanzada edad era muy ágil, y esquivaba a las personas más rápido incluso que Coën. Feren y Yukane se quedaron quietos, observando el espectáculo que había empezado su amigo.
La persecución era un caos, Coën, delante, iba tirando todo por donde pasaba, y el posadero, iba haciendo tanto ruido, que cualquiera que lo oyese lo confundiría con un rebaño, ya que llevaba ollas y espátulas colgadas del cinto. Cuando estuvieron fuera de la vista de Yukane y Feren, éstos decidieron acercarse a las caballerizas, a comprobar el estado de la cama.
Lo que se encontraron les hizo retorcerse, la cama ya no podía considerarse como tal, ya que era un amasijo de astillas y sábanas.
- Prometo no beber más metheglin...
- Yukane, no te pases.
- ...hasta que la cama quede pagada.
- Yukane, no tenemos dinero.
- ¿Qué?¿Y el botín de los bandidos que me tenían encerrado?
- Pues entre que ha pasado mucho tiempo, y anoche nos dimos un festín, solo nos quedan tres iotas de cobre.
- ¡¿TRES IOTAS?!
- Bebimos mucho...
- Bebiste...
- Bueno, bebí el doble que tú, y eso que bebiste una cantidad respetable...
- Ya verás cuando se entere Din...
- ¿Enterarme de qué? - Dinnaeh apareció detrás de ellos, recién bañada. A su lado, reluciente, Iraia.
- Ehmm, no, nada...
- ¿Feren?
Éste se había quedado embobado mirando a Iraia.
- Me llamo.
- ¿Qué me ocultáis?
- Nosotros nada.- el miedo anidó su rostro.
Dinnaeh apartó a Feren y a Yukane con tal fuerza que ambos cayeron al suelo. Se quedó mirando la cama, y luego dirigió su mirada a ambos, preparada para echarles una charla.
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Mensaje por Feren el Lun Jul 21, 2014 10:48 pm

En ese momento, Feren recordó la sensación de amenaza. En verdad, temía por su integridad física y psíquica. Cuando Dinna se enfada, corría como una liebre silvestre. Pocas cosas la hacían enfadar, en verdad. Pero cuando se enfadaba, su enfado e ira era descomunal.
-Decidme que ha pasado AHORA.-Se estaba calentando.
En ese momento, pensó en confesarle lo de Coën para despistarla y poder escaquearse. Pero no le pareció buena idea, Coën lo mataría a fuego lento con su sonrisita de diablillo.
-¿Te acuerdas del gran botín de la cueva?-Empezó a ceder al fin- El de decenas de talentos. Para la Universidad, gastos...
-No me jo...-Dinnaeh se quedó de piedra. Era el momento anterior a la tempestad. -¿OS LO HABÉIS LIMPIADO ENTERITO YA?
-En verdad aun nos queda algo.-Empezó a decir Yukane con esperanzas.
-Ah.-Dijo aliviada.-¿Cuanto os queda?
-Unas pocas...
-¿Unas?
-¡Corre por tu vida!- Exclamó Feren.
Los dos empezaron a correr en medio de gritos y maldiciones de Dinnaeh. Eran rápidos, pero Dinna estaba empujada por la ira. La ira es el empuje para la moral mas fuerte que existe y siempre existirá. No tardó en alcanzarles.
-¡Os voy a rebanar!-También dijo otras cosas, nada agradables ni de leer, recordar ni oír.
-¡Aparta!-Exclamó Feren mirando a Iraia. No quería empujarla y hacerla daño, por lo que cuando se encontró con ella, simplemente la cogió y se la llevó.
-¿A donde vamos?-Exclamó Iraia, confusa.
-Donde Dinnaeh nunca nos busque.-Dijo Yukane.
-Los baños.-Dijo nada convencido.


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Mensaje por Dinnaeh el Mar Jul 22, 2014 9:45 pm

No podía pensar, se movía con un solo pensamiento en mente: matar a esos jodidos imbéciles.
-¡¿Creéis acaso que no entraré en el baño de hombres?! -grité como una posesa.
Se iban a enterar de lo que es bueno. Malditos estúpidos.
-Os voy a dar una oportunidad, a la cuenta de tres os dejo salir, y no os haré tanto daño como os haría si seguís allí atrincherados. -exclamé con inusitada calma mientras daba golpes a la puerta. Casi me imaginaba el humo saliendo de mi cabeza.
-Uno, dos..., y... -escuché sus susurros, debatiendo si salir, o quedarse dentro- ¡TRES! -ya estaba preparada para abrir la puerta cuando me agarraron de la cintura y me giraban. Coën.
-¿Me puedes explicar qué está pasando? Después de lograr escapar del amable posadero vuelvo y me encuentro conque estás persiguiendo a Feren y a Yukane a grito pelao. -me pidió entre risas, parecía muy divertido con la situación, a saber qué pintas ofrecía.
Respiré hondo y le miré a los ojos.
-¡ESOS INBÉCILES DE ALLÍ ADENTRO SE HAN GASTADO TODO EL DINERO QUE TENÍAMOS! -le grité dándome la vuelta dispuesta a pegarles unos buenos puñetazos.
-¡¿CÓMO?!
Se puso delante de mi, hirviendo de ira. Abrió la puerta del baño y pidió a Iraia que saliera, y al intentar entrar me detuvo con el brazo.
-Yo me encargo, por si no te habías dado cuenta en este baño no entran las damas. -y cerró la puerta.
-¡¿Perdona, qué?!
-Por si te sirve de algo, que sepas que estaban los dos acojonados. -me dijo Iraia, esbozando una divertida sonrisa.
Dando de lado la puerta, me giré para mirarla y terminé sentándome en el suelo con las piernas cruzadas, apoyándome en la pared. Ella se sentó junto a mi.
-Siento que Coën te haya plantado, ¿tanto te gusta? -le pregunté, intentando calmarme hablando de otra cosa.
-En realidad ya no, solo me gustó porque vi en él supongo que a un aventurero. -me contestó encogiéndose de hombros- Si te crías en un pueblucho en el que ya estás harta de ver siempre a los mismos tíos, recluída en una granja, aburriéndote como una ostra, es normal que me alegrara tanto vuestra aparición. Algo interesante entre cientos de días monótonos. Y bueno, parecía tan divertido, siempre metido en algo, con algo que hacer... no sé. -terminó riéndose de sí misma y mirándome medio avergonzada.
-¿¡Pero cómo se os ocurre...?! ¡¿Y ahora me podéis... qué hacemos?! -se escuchó gritar a Coën a través de la puerta.
-¿Sabes que sospecho?
La interrogué alzando las cejas.
-Que ya sé de quién está enamorado Coën.
-Si lo dices por la zorra de la camarera se lo he preguntado y dice que no le gusta. -puse los ojos en blanco e imité la voz de Coën- "No me van las rubias".
-No, no me refería a ella. -me respondió esbozando una misteriosa sonrisa.
Le iba a pedir que me dijera a quién se refería cuando se abrió la puerta, finalmente.
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Mensaje por Feren el Mar Jul 22, 2014 11:12 pm

Cuando se abrió la puerta apareció Coën, andando hacia atrás lentamente. En su cuello tenía un cuchillo que era sujetado por un brazo. El brazo de Feren.
-Sigue, sigue...
-Feren, n-no...-Dijo Coën con miedo.
-¿Pero que narices haces imbécil de mierda?-Exclamó Dinnaeh levantándose de golpe.
-Soy el mejor luchador de nuestro grupo, maté a una docena de bandidos seguidos yo solo. No os aconsejo que os acerquéis.
-Serás habilidoso, eso seguro, pero eres un imbécil.-Dijo  Iraia.- No paras de cagarla y encima nos amenazas. Baja el cuchillo.
-Mierda.-Susurró él. Bajó el cuchillo.-Mierda mierda ¡MIERDA! Esto no es lo que tenía que pasar. La Universidad...
-Si quisieras ir a la maldita universidad, ya estaríamos todos ahí. Estúpido.-Expresó seriamente  Dinnaeh- Pero eres un crío inmaduro y solo sabes cagarla. No te mereces ir a la Universidad. Sigue matando gente sin remordimientos. Sigue emborrachándote rodeado de gente como tú, yo no voy a segur con esto.
-Tiene razón. Yo conocía al Feren valiente, asocial y ambicioso. No a uno borracho, patético e imbécil.

Fue cuando se le iluminó la mente y fue cuando, como si de un sueño se tratará, se despertó y se acordó de todo.
-Mierda... Es cierto. Vayámonos de este lugar. Sigámonos marchando hacia la Universidad. Lo siento chicos. Da igual el dinero, dormiré en el suelo, cazaré para comer, da igual. Me lo merezco.
-Eso ni hablar, eres mi hermano y paso de que lo pases como el culo.-Dijo Coën sonriendo.
-Entonces, ¿como en los viejos tiempos?
-Adelante. ¡Vamos!
Y marcharon sin prisa pero sin pausa. El objetivo de Imre y la  Universidad era toda una gran meta para ellos. No permitirían fallos, y no permitirían ningún retraso más. Llegarían a la Universidad cueste lo que cueste.


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Mensaje por Jacktash el Mar Jul 22, 2014 11:50 pm

- ¡Atentos! ¡Feren y Coën vuelven de cazar! - entre dos árboles avanzaban los dos jóvenes, ambos con conejos atados y colgados del cinto. Iban armados con un arco de madera, hecho por ellos. Esa misma mañana habían salido a cazar, y no fue hasta que el sol estaba en su punto más alto cuando llegaron. Todos los que estaban en el campamento se acercaron a un tocón de madera, lo suficientemente grande como para servir de mesa. Allí fue donde los dos jóvenes depositaron los animales que habían logrado cazar.
- No es mucho, pero servirá para hoy - Yukane sabía mejor que ninguno que esa zona no era la más propicia para cazar.
- Últimamente no llegamos a los diez conejos... - dijo Dinnaeh. Ésto sorprendió a los demás del grupo, ya que no era una chica que se quejara mucho.
- Pero podemos comer, que ya es algo.
- Tienes razón Iraia, pero no nos vendría nada mal algo más de comida, lo que hemos cazado hoy ha sido gracias a la colaboración de unas trampas que nos hemos encontrado por casualidad.
- ¿Es cierto eso Coën? - le preguntó Yukane.
- Aunque sí que es cierto, Feren también ha ayudado bastante.
Habían pasado varios días desde el suceso en la posada de Hallowfell, y Feren se estaba mostrando más prudente, y eso a Yukane le gustaba, ya que el grupo contaba con un cazador más y no tenía que soportar las riñas entre éste y Dinna. A pesar de que llevaba bastante tiempo acompañado, Yukane aún añoraba la época en la que se sentía libre. Añoraba el salir de caza solo, sin nadie que le reprendiera nada, ni alguien con quien compartir su caza. Muchas veces había pasado por su cabeza la idea de abandonar el grupo, pero había algo, mejor dicho, alguien, que le retenía en el grupo. La hija de los campesinos que lo acogieron la noche que mataron a los bandidos, Iraia, había conseguido enamorar a Yukane, aunque éste todavía no quería aceptarlo, y a menudo se mostrara reacio a quedarse con ella. Siempre que su corazón empezaba a latir con más fuerza, y éste notaba que el amor se fundía con su corazón, recordaba la frase que le había dicho años atrás a un calderero que quiso acogerle cuando viajaba sin rumbo por los caminos, "No necesito a nadie, ya no, después de todo".
- Yukane, mientras cocinan Coën y Dinna los conejos, podríamos avanzar en mis lecciones con el arco y la felcha, ¿qué te parece? - tiempo atrás, el joven cazador había aceptado, a regañadientes, enseñar a usar el arco a Iraia.
- Ahora mismo no puedo, lo siento.
- Yukane, me preocupa que te aísles del grupo, la soledad no es buena.
- Iraia, la soledad no es algo malo. Simplemente es un periodo de refelxión. Y yo todavía no he terminado el mío.
- ¡YA ESTÁ LA COMIDA! - Coën estaba ya sentado en el suelo, comiendo del guiso que había preparado junto a Dinna. A su lado estaban Feren y la chica. Cuando oyó esto, Yukane se levantó, dando por finalizada su conversación con Iraia.
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Mensaje por Títere el Vie Ago 01, 2014 3:27 pm

Poco a poco fueron dejando atrás las borrascosas sierras de Hallowfell para acercarse al cálido clima del interior. El ambiente se iba animando, mientras avanzaban sin descanso hacia su destino. Dinnaeh y Feren se dirigirían al norte, hacia Imre y la Universidad. Y Jacktash y Coën al sur, a Tarbean. Iraia no sabía muy bien que hacer.
Coën se sentía un poco culpable. Cuando Feren le había comunicado a Dinnaeh que se habían gastado todo el dinero, la chica por poco les mató. Estuvo un par de semanas enfadada, mientras Yukane y Feren cabalgaban nerviosos mirando constantemente a su espalda para ver si la chica les atacaba. Coën podría haber aplacado un poco la situación si les hubiese comunicado que aún le quedaban diecisiete talentos en la bolsa, pero prefirió guardárlos para algún imprevisto, pues podría ser que se los quitasen para financiar sus borracheras. Así que se quedó callado, pero como le mataban los remordimientos, de vez en cuando aparecía con algún bollo o pastel que le compraba a las gentes del lugar. Aunque a sus compañeros, cada vez que preguntaban, solo les decía: "Lo he cogido antes. Además, robar está mal, pero solo si lo haces con maldad."
Y así sigueron avanzando, tranquilos y felices, sin problemas. Pero esa calma duró poco.


Había un río. Era demasiado ancho y profundo para cruzarlo a nado, por lo que tuvieron que recurrir al barquero. No les costó demasiado dinero, pero cruzar a los caballos fue difícil. Sardinilla coceaba constantemente, y el caballo de Iraia entró en pánico. Se rompió la pata, y destrozó varias cosas antes de que pudieran calmarle.
Pero eso no fue lo peor.


Coën le dio una zanahoria a Sardinilla. Ya habían cruzado, pero la yegua aún seguía un poco nerviosa. Yukane le entregó las ocho iotas al barquero, y miró triste su bolsa. Feren hizo lo mismo y ambos intercambiaron miradas significativas.
-Muchas gracias señor -le dijo Iraia al barquero.- No sé como habríamos cruzado si no llega a estar usted aquí.
-De na´ moza, si ese es mi trabajo. Desde chiquitito llevo yo aquí en el mesmo trabajo, ayudando a mi padre y a mi abuelo. Ya me ha pasado varias veces lo de su caballejo, una pena, pierden los estribos y la lían parda -el barquero escupió.- Llevo ya mis añejos aquí, cruzando gente de acá pa´ allá, y he visto de tod... -el barquero calló y se quedó mirando fijamente por encima del hombro de Iraia. El hombre era muy bajito, por lo que parecio que miraba otra cosa.- Santa madre de Tehlu, santa madre de Tehlu... ¡Ya vienen de nuevo, ya vienen!
A continuación, subió a su barcaza y cruzó el río como si el mismísimo demonio estuviese detrás suya.
-¿Que ha pasad...?
-Jinetes.
Los cinco miraron hacia el camino. Y vieron ocho jinetes. Que cabalgaban directos hacia ellos.
-Puede que solo quieran cruzar el río.
-Viendo la reacción del barquero, lo dudo.
-A lo mej...
-¡Corred! ¡Llevan arcos y las espadas desenfundadas!
Montaron apresuradamente en sus caballos. Pero la montura de Iraia tenía la pata rota, por lo que tuvo que abandonarla y montar junto con Dinnaeh.
-¡Por aquí! -gritó Coën, y les guió por una senda que discurria paralela al río.
Cabalgaron sin pausa durante quince minutos, con los jinetes pisándoles los talones. Pero el caballo de Dinnaeh empezó a reducir el ritmo, pues llevaba el doble de carga. Empezaron a escuchar el silbar de las flechas.
-¡Son solo ocho bandidos, podemos con ellos!
-¡Llevan armaduras y arcos, además de montantes, son profesionales!
-¡Los de la cueva estaban aturdidos, nosotros les cazábamos! ¡Ahora son ellos los que nos están cazando a nosotros!
Siguieron perdiendo terreno. Una flecha rebotó muy cerca de los cascos del caballo de Dinnaeh. No aguantaría mucho más.
Yukane frenó un poco a su montura.
-¡Iraia! ¡Salta!
-¡¿Qué?! ¡Me voy a matar!
-¡Si no saltas moriréis las dos!
Iraia se mordió el labio. Agarró la mano que le tendía Yukane y saltó a su caballo. Inmediatamente, el corcel de Dinnaeh aceleró, aliviado.
Pero fue el de Yukane el que perdió ritmo, así que le tendió las riendas a Iraia y saltó a Sardinilla.
Tensó el arco mientras Coën llevaba las riendas y se puso a disparar. Uno de los bandidos cayó.
Feren desenvainó, dispuesto a luchar. De nuevo un silbido y otro bandido mordió el polvo. Quedaban seis.
La flecha dió en el blanco. Pero esa no la había disparado Yukane.
Sardinilla cayó al suelo, junto son sus jinetes.
Feren, Iraia y Dinnaeh se alejaron rápidamente, no les dió tiempo a frenar.
Yukane y Coën se levantaron a duras penas, mientras eran rodeados por los bandidos.
Yukane tenía el arco cargado y tenso. Coën su espada corta desenfundada.
-Míralos. Son solo unos críos -dijo una curtida mujer, con un par de cimitarras a la espalda.
-Que suerte que llevémos armaduras, sino ahora mismo Ghurk y Narco serían un par de fiambres.
-Cabrones. Lo vais a pagar. Esperar a que lleguen, seguro que os divertís -el que parecía el jefe de la banda rió.- Pero si nos entretenemos demasiado, se nos escaparan vuestras compañeras. ¡A los caballos! Thalia, ejecútalos.
La chica de las cimitarras tensó un arco corto. Yukane tragó saliva, si la disparaba, la chica podía soltar la cuerda y dar a Coën.
Thalia sonrió tenebrosamente
-Adi...
-¡¡¡MORIIIIIIIID!!!
Feren llegó al galope gritando a pleno pulmón.
Y se lanzó de cabeza contra los bandidos.

Thalia soltó la cuerda.


-...el primer borrador lo escribes con el corazón, el segundo, con la mente.-
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Mensaje por Dinnaeh el Sáb Ago 02, 2014 1:43 pm

Detuvo el caballo cuando se dio cuenta de que esos cabrones habían acorralado a Coën y a Yukane, y cuando ya estaba dispuesta a marchar contra ellos, una voz la detuvo.
-Yo iré, vosotras poneros a salvo. -las miró por un segundo- Dudo que se queden satisfechos y terminarán yendo tras vosotras, a ellos puede que no los salve, pero no permitiré que os pongan la mano encima.
-Ni de coña voy a dej... -empezó a decir, pero ya se había ido.
Lo observaron galopar hacia el círculo formado en silencio, con el aliento contenido.
-¡NO!
Miró frenética buscando el por qué de ese grito y vio como una mujer pelirroja, con un par de cimitarras a la espalda tensaba el arco y apuntaba a Coën, se fijó en que Feren estaba a un par de metros de ellos, y deseó con todas sus fuerzas que llegara a tiempo.
-¡ZORRA! -Feren había podido cargar contra ella, pero solo había logrado desviar la flecha, le había dado en el hombro.
No se lo pensó ni un momento, amarró con fuerza las riendas, no pensaba esconderse.
-¿Qué haces? ¿Acaso piensas qué podrás con alguno de ellos? ¡Pongámonos a salvo, vamos!
-¿Y tú acaso me has visto alguna vez pelear? -le dijo con sorna, y se alejó con el caballo.
Feren ya había logrado noquear a dos con ayuda de Yukane, y se liaban a golpes con los otros tres, la mujer seguía en el suelo. Coën, mareado, intentaba reunir fuerzas para sacarse la flecha del hombro, sin mucho éxito.
Con el ruido de la pelea nadie se había percatado de su llegada, así que escondió el caballo entre unos matorrales a unos metros de distancia y empuñando una gruesa rama corrió hacia un tipo de rubias greñas que iba directo hacia Coën, que había conseguido levantarse del suelo y tenía la flecha en la mano. Le dio con todas sus fuerzas en la cabeza y el tipo calló desplomado. Tardaría en volver a levantarse, eso seguro.
-Había olvidado lo excitante que era. -dijo a nadie en particular esbozando una abierta sonrisa.
-¡Dinn, cuidado! -le gritó Coën con los ojos muy abiertos.
Se agachó y arrancándole el cuchillo de la mano al que acababa de hacer morder el polvo, se libró de una acertada flecha que terminó perdiéndose entre los árboles, la mujer se había levantado, la muy zorra.
-Valiente forma de atacar a alguien: por la espalda y a distancia. -le espetó mientras caminaba lentamente hacia atrás. Si se daba la oportunidad, no le importaría utilizar al greñudo como escudo humano.
-Cállate, niñata, tu no sabes nada. -agarró con más fuerza el arco- Dudo que hayas hecho daño a siquiera un mosca. -rió socarrona- Supongo que el niñejo de ahí es tu novio, ¿no? Harías cualquier cosa por él. -rió con más fuerza- El amor, no hay cosa más estúpida.
-Dinna, vete, te matará.
-Al menos él es realista. -tensó el arco- Vas a morir, monada.
-Eso si yo lo permito, y como que no me hace gracia que mates a la chica de la que estoy enamorado. -soltó Coën que se había colocado delante de mí, protegiéndome.
Eso ni se lo esperaba.
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Mensaje por Feren el Dom Ago 03, 2014 11:02 pm

Eso fue como un golpe hacia Dinnaeh. Ahora lo entendía todo: las risitas, las miradas, entendía de lo que hablaba Iraia...
Pero, ¿cómo? No podía ser...  No estaba pasando. Y encima el muy cabrón se lo había dicho en ese momento, dejándola en shock. Momento perfecto para recibir un golpe en la cabeza y para quedarse en el suelo.
-¡NO!-Grito Coën, asustado.
La mujer, entonces, se dirigió otra vez hacia Dinnaeh, dispuesta a rematarla, cuando entró Feren en el escenario con una carrera frenética. En su mano derecha llevaba su espada y en la izquierda, llevaba su daga.
Primero le clavó la espada a la mujer por la espalda y justo, cuando parecía que había cesado, usó su daga para rebanarle el cuello a la mujer.
-El juego sucio se sanciona, encanto.-Miró a Dinnaeh, levantándola- ¡Vamos! Entra en tu ser otra vez. No te voy a dejar aquí. Vamos princesa.
Coën se acerco para ayudar, cuando de repente, uno de los restantes apareció después de un grito de Yukane diciendo que se le había escapado uno.
-¡Aaaah!-Gritó Coën haciéndole un movimiento de espada al bandido. Era un movimiento que le enseñó Feren, y la sonrisa de este era como el de un niño cuando le regalan a un juguete.
En ese momento, despertó Dinnaeh. Se despertó rodeado de los brazos de Feren, sujetándola y viendo a Coën matando a aquel tipo. Recordó la confesión de él, y entró en ira, quitándole la espada a Feren y corriendo para matar al último. La sangre de este le salpicó mucho a Yukane, petrificado. Unos movimientos muy precisos y certeros.
Dinnaeh sabía luchar.
Las reacciones fueron épicas: miedo para Coën, admiración para Feren y asco para Yukane.


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Mensaje por Jacktash el Lun Ago 04, 2014 3:57 pm

Después del ataque de los bandidos, Yukane se internó al bosque, buscaba algo que le había abandonado en los últimos ciclos, soledad. Necesitaba estar solo, pensar en lo que había ocurrido, y no solo en lo que había ocurrido ese día, sino en todo el tiempo que había estado con Coën, Feren, Dinnaeh e Iraia, en todas las aventuras que habían vivido juntos y en todas las riñas que habían tenido. También tenía que pensar en Peti, él le salvó de la prisión de los bandidos y luego murió, y Yukane no podía evitar pensar en que era su culpa. 
Cuanto más se internaba en el bosque, los gritos de Coën y Feren, que decían su nombre, se iban haciendo más suaves, hasta que llegó un momento en el que se encontraba en el más remoto silencio, cosa que agradecía. Había vivido casi toda su vida solo, junto a los animales que habitaban en el bosque, y nunca hacía ni oía más ruido del que consideraba oportuno.
Yukane intentaba no pensar en Peti, pero no había olvidado, ni había perdonado a su asesino. Ceniza. Un Chandrian y, si algo había aprendido Yukane en todo el tiempo que había pasado solo era que la venganza es algo muy satisfactorio para uno mismo. Pero no era lo mismo vengarse de un cazador que de uno de los siete. Y, aunque el miedo embriagara los sentidos de Yukane, éste no tenía pensado rendirse. Era Yukane, había vivido solo durante ocho años y había sobrevivido a las inclemencias del tiempo y los ataques de animales y personas.
Decidió ir en busca de los Chandrian, pero no a través de libros y sabios, se colocó el carcaj en la espalda, cogió una flecha y armó el arco, se puso la capucha que tenía su capa y avanzó por el bosque, lentamente, intentando no hacer ruido.
- Lo siento chicos - susurró mirando en la dirección donde estaban sus compañeros -Es por Peti.
Dicho esto, Yukane se aventuró en el bosque, le daba igual si estaba un año, cinco o diez, iba a encontrar a Ceniza e iba a matarlo. Lo juró.
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Mensaje por Feren el Lun Ago 04, 2014 4:16 pm

-¡Yukane!-Gritó por última vez Feren.- Me cago en... No puede ser.
-¿Y qué vamos a hacer ahora?-Preguntó Coën con lágrimas en la cara.
-Seguir.
-Pero, ¡tenemos que buscarle! ¡Encontrarle!-Gritó Coën.
-No. Ha sido su decisión. No debemos intervenir.
-Otra vez lo mismo. Primero Peti y ahora...
-¡Deja en paz a ese alma, Coën!
-Pero, Feren, estabas como yo tras la perdida de Peti.
-Ya no. Peti ya no está, se ha ido. ¡Pero aún sigue aquí!-Dijo golpeándose el pecho con el puño.-¡Y seguirá en el de todos! ¡Porque el alma de Peti es inmortal y lo hemos demostrado!
-Sigue en nuestros pensamientos, es como si no estuviera muerto.-Añadió Dinnaeh mirando al suelo.
-Apenas lo conocí, pero gracias a vosotros, es como si lo conociera.
-Las almas son inmortales gracias a los mortales que seguimos aquí. ¡No podemos rendirnos! ¡Pensad!
-Si lloráramos cada pérdida malgastaríamos nuestro tiempo y nuestra mente. Tenemos mejores cosas que hacer en vez de llorar la perdida de Yukane.
-¿Lo has entendido, Coën? Ahora sécate las lágrimas y sigamos. Este lugar me está matando...
Y continuaron, a pesar de la pérdida de Yukane. Las pérdidas son como la comida, son amargas si se les hace así. Ya habían aprendido a superar las pérdidas.
Había cometido un error al llevarse a Coën con él, aun era un niño.


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