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Mensaje por Feren el Mar Ago 05, 2014 1:00 pm

Habían pasado 10 años desde los acontecimientos que le habían llevado a conocer a la gente que consideraba como amigos. Había estado en la Universidad, pero esa es otra historia.
Había tardado 10 años en subir rango por rango hasta llegar a ser un arcanista de verdad. Sabía hacer vínculos múltiples, a la vez que estaba versado en historia y sigaldría, algo que le encantaba.
Las hojas se deslizaban hacia su mano con un aspecto débil y oscuro. Era otoño, una estación que odiaba. Le molestaba mucho que las hojas debilitadas cayeran al suelo, no lo soportaba.
Estaba sentado en una silla a las afueras de uno de los edificios de la Universidad, esperando. En unos días se iría de allí. ¿Pero adonde iría? ¿Qué haría cuando se fuese? Esas preguntas no tendrían sentido en poco tiempo.
No estaba del todo aislado, después de todo. De vez en cuando iba a ver a las chicas, a Dinnaeh y a Iraia, que habían madurado mejor que él. Desde luego. Feren no había cambiado casi nada, era una copia de su él en la adolescencia. El único cambio que se apreciaba era su estatura y voz.
Estaba sentado, pensando en sus posibilidades cuando de repente...
-Ha pasado mucho tiempo, Feren.-Sonrió mientras se lo decía, y una raja que ocupaba su pómulo derecho se marcó.
-¿Eh?¿Cómo?¿Yukane?
Silencio. El viento soplaba fuertemente.  Era Yukane.
-¿Acaso pensabas que había muerto, viejo amigo? No... Ni mucho menos.
-Entonces, mis sospechar eran ciertas, después de todo.-Se levantó- Estabas vivo.
-No morí, ni huí. Simplemente me fui. Espero que no os molestara mucho.
-Se ve que te divertiste.-Le dijo con dureza mirando la cicatriz.-Dejemos de comportarnos como unos interesantes y siéntate. Cuéntame lo que has hecho en estos DIEZ años.
-Nada muy interesante.
-Vamos, si has vuelto será para contarme algo,¿no es cierto?
-Cálmate, te veo un poco alterado.
-¿No me digas? Si te parece normal desaparecer diez años para...
-Sé donde se encuentra Ceniza.
A Feren se le aceleró el corazón, no había oído de hablar en él desde hacía 10 años. Solo le había contado su secreto a Yukane, solo él sabía quién dirigió la operación para matar a su padre. Quería venganza.
-En las sierras borrascosas. Le seguí la pista durante bastante tiempo, y digamos, que simplemente lo encontré.
-¿Cuál es tú plan?
-Bueno. He venido a hablar contigo y será por algo, necesito tu ayuda.
-Vayamos a hablar con Dinnaeh, se alegrará de verte...


Última edición por Feren el Mar Ago 05, 2014 3:19 pm, editado 1 vez


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Mensaje por Jacktash el Mar Ago 05, 2014 1:06 pm

Por fin había llegado a su destino.
 Llevaba varios ciclos viajando, hospedándose en las peores posadas que encontraba, quería reservarse sus quince talentos para lo que le esperaba. Había partido tres ciclos atrás, en Hepten, desde Ralien, en las tierras ceáldicas. Había viajado solo durante todo ese tiempo, caminando por los bosques, recorriendo tortuosos caminos y durmiendo donde podía. Pero no lo pasaba mal, comía bien, tenía suficiente ropa de abrigo para no pasar frío en las gélidas noches de otoño, en las que la temperatura bajaba y el agua se helaba.
Tampoco tenía mal equipo, el arco de madera que le había acompañado en sus primeros quince años de vida había pasado a mejor vida, ahora portaba un arco hecho un Faen que conoció en El Eld, dos espadas cortas forjadas en Ademre, dónde había mejorado su Ketan, de la mano de la mismísima Sheyn, el carcaj que portaba las flechas era el mismo, no había cambiado, le recordaba su infancia. También conservaba el colgante que le había hecho un viejo arcanista a cambio de comida, le recordaba que tenía que seguir, que no podía rendirse.
Volviendo al presente, Yukane estaba en el puente del río Omethi, que unía Imre con la Universidad. Había ido allí para encontrarse con Feren y Dinnaeh, tenía algo que contarles. Sabía que Feren estaba en La Universidad estudiando, y que había encontrado el nombre de algo, sabía que Dinnaeh estaba en Imre, y tocaba en alguna posada con su arpa, y que en la misma posada estaba Iraia, de camarera. Pero de Coën no sabía nada, suponía que se habría quedado en Imre, con Dinnaeh.
Aunque supiera dónde estaban todos, Yukane prefería hablar con Feren primero, al menos él  no iba a tomarle por loco, así que cruzó el puente en dirección a La Universidad. Cuando llegó se sorprendió con lo que vio, era una pequeña ciudad. Y había chicas, algunas preciosas, aunque el instinto mujeriego de Yukane estaba poco desarrollado, por lo que no prestó atención, pero él sabía que Feren se lo habría pasado genial, ¿diez años rodeado de chicas?, solo un necio, y Yukane, no lo habría intentado ni una vez.
De repente, de un gran edificio, salió un joven, de unos veinticinco años, moreno, y de tez clara. Por cómo iba vestido, parecía que tenía dinero, aunque no fuese nadie noble. Era Feren, Yukane no se acercó inmediatamente, sino que le siguió muy de cerca, observando cómo actuaba. Vio como se acercaba a un grupo de chicos y les dejaba unos libros y alguna pluma, y como luego les dejó dirigiéndose a un edificio cercano, que le llamaban la Principalía, donde se paró y se sentó, parecía estar pensando en algo, Yukane se acercó, y parece que Feren no se dio cuenta de quién era.
- Ha pasado mucho tiempo, Feren – sonrió mientras se lo decía, y una raja que ocupaba su pómulo derecho se 
- ¿Eh? ¿Cómo? ¿Yukane? – el joven Feren parecía sorprendido, y era para estarlo.
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Mensaje por Feren el Sáb Ago 09, 2014 2:33 pm

-Dime donde anda.-Le ordenó con una mirada penetrante.
-Yo-no-no sé nada. ¡Lo juro!
-Te lo repetiré por última vez, rata asquerosa. ¿Donde está él?
-No se de que me hablas.-Dijo con miedo. Su miedo era justificado. Que te agarren con una mano en un callejón por el cuello y con la otra tenga una espada no es demasiado agradable.
-Vamos, no seas aguafiestas. Tú lo sabes, y yo tengo una espada. ¿No es cierto? Me llaman espada de hielo por algo. Mis víctimas suelen quedarse con una expresión fría y de miedo. Me pregunto como quedarás tú.
-¡En el Eolio!¡Abajo! ¡No me mates!- En ese momento, lo soltó.
-¿Lo ves? Fácil. Ahora vete, huye.
-Gracias señor. ¡Muchas gracias!
Blazh se dirigió rápidamente hacia el Eolio. En toda la mañana no se había quitado la capucha. Era necesario que nadie conociese su identidad, obviamente. Blazh era conocido como un fugitivo por la justicia.
Entró por el Eolio a la fuerza y le disparó con su pístola experimental que le habían traido desde fuera de los 4 rincones a Pintha. Pintha era uno de los responsabes de la muerte de su familia y debía vengarse como fuese necesario.
La gente gritó al verlo y la actuación que estaba llevándose acabo se tuvo que interrumpir. Pintha acabo con un agujero en el pecho, en el suelo. La cara de terror que tenía era escalofriante.  Que manera más horrible de morir para esa época.
Blazh se retiró antes de que desaparecie el humo provocado por la pistola y subió a los tejados. Los guardias no llegaban hasta ahí, así que era un lugar muy bueno para desaparecer. Múltiples leyendas habían surgido por sus acciones. Había gente que decía que era un fantasma de hace decadas. Otros decían que era un experimento de la Universidad...
La verdad era que ha Blazh no le importaba. Tachó otro nombre y se dirigió hacia su siguiente víctima.


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Mensaje por Old Medie el Miér Ago 13, 2014 6:46 am

—Encuéntralosss... —susurró la brisa. Petiot hubiera jurado oír una voz.
Abrió los ojos, ¿O ya los tenía abiertos?. Parpadeó unos instantes pero la oscuridad era completa. «Estoy ciego», pensó...
«Hace mucho tiempo que no pensaba» se dijo, «¿Al menos podré oír?» abrió la boca y aspiró el aire frío y lo sintió llenar sus pulmones, despidió el aire y susurró una débil palabra.
—¿Ho-Hola? —La brisa siseó nuevamente pero esta vez no distinguió ninguna palabra el ella. Entrecerró los ojos y al hacerlo sintió la cara dormida, «Esta no es mi voz —pensó—, no la recuerdo así». Se detuvo, cuando lo hizo notó que estaba caminando. «Recordar», sonó lejano en su cabeza. «¿Recuerdo?» En medio de la total oscuridad trató de recordar, algo, lo que fuera. «¿Cómo llegué aquí? ¿Qué es este lugar? ¿A dónde me dirijo?» No pudo recordar nada.
«Entonces debe ser un sueño», pensó. «En los sueños no recuerdas esas cosas, es eso, o estoy muerto». Reanudó su marcha, la brisa acariciaba su rostro, «¿Así se sentirá morir?». Pensó que debería sentirse triste, pero no recordaba haber vivido  ninguna vida, no sentía tristeza por haber perdido algo que no recordaba haber tenido. «¿Y si estoy vivo? —se dijo—, ¿Y si estoy a punto de vivir?» No podía tener recuerdos de una vida si no la había vivido todavía.
Detuvo su marcha al recordar como eran los recién nacidos. Pequeños y rosados y llorones, aunque no lo recordaba sabía que él no era así. Luego llegaron más recuerdos: el sol, una granja, el verdor de los prados, el olor del trigo maduro cuando se cortaba, la cebada en sus sacos y el las flores de lúpulo, la tierra removida y la lluvia, recordó los perros y las ardillas, los caballos y sus crines. Recordó a la gente, imágenes de hombres, mujeres y niños, no los conocía pero sus caras le traían cierta nostalgia. Avanzó y recordó, pero por más que intentó no pudo recordar quien era él ni que hacía ahí.
—Encuéntralossss —el viento, volvió a hablar.
—¿Quién eres? —preguntó Petiot, no temía, había olvidado cómo—. ¡Ayúdame!

Logró ver, por primera vez luego de tanto tiempo las paredes de una gran cueva. La piedra era fría y gris, siguió andando y pudo ver más luz iluminar su camino. «Me ayuda, él me ayudó». La luz se filtraba y pudo ver sus manos y sus pies avanzando. A lo lejos pudo ver un punto claro y brillante y corrió hacía él. «¡Es Tehlu! ¡Tehlu y sus ángeles me han salvado!».

La luz fue tal que cegó a Mío por varios segundos. Se tapó con las manos la cara y cayó de rodillas. El brillo fue decayendo y el mundo se fue revelando frente a él. Tierra, pasto, arbustos, árboles, piedras, brisa, sol.

Se sentía nuevo en un mundo viejo, había nacido gracias a Tehlu, pero por más que lo llamó no volvió a oírle. Se preguntó mucho tiempo si debía volver a la gran cueva de donde había salido quizá lo encontraría por algún recoveco. Pero sintió que había pasado demasiado tiempo dentro de ella y era tiempo de recorrer el mundo.
Deambuló por aquel bosque, pasó por un río y bebió hasta hartarse. Probó el agua y agradeció a Tehlu por ella, sintió el viento en su cara y agradeció a Tehlu por el, sintió la piedra y la tierra bajo sus pies descalzos y los agradeció también.
Caminó hasta caer la noche, persiguiendo un aroma a tierra removida y llegó hasta una granja. Allí vivía una mujer que le ofreció comida y abrigo. Tiró su ropa podrida y andrajosa y le regaló un par de prendas, él agradeció a Tehlu.

La mujer labraba la tierra y amasaba pan junto a su única hija. Su esposo se había ido mucho tiempo atrás para ir a buscar a una de sus hijas que fue raptada por bandidos. El cuerpo de su esposo le fue devuelto en un ataúd dos semanas después que lo asaltaran por el camino. Era un mujer triste que le enseñó a Mío que la vida era agría y triste. Mío juró que traería la justicia de Tehlu a esta tierra.
—¿Hace cuánto fue que perdiste a tu hija? —le preguntó a la mujer.
—Hace unos seis años —aun recuerdo al grupo que vino tan alegre. Sacaron de su guarida a los bandidos que una vez asaltaron estos lugares, pero no hicieron más que reemplazarlos. Se robaron a mi hija, y mataron a mi esposo. Aun recuerdo sus caras, incluso podría decir que tú te pareces a uno de ellos, uno que se perdió hace mucho tiempo dentro de la cueva, pero sé que no eres él, aquel chico tenía los ojos castaños como bellotas al sol, y tú hijo, los tienes como azules como el bravo mar.

Salió de la casa de la mujer con un objetivo, si había salido de aquel lugar por gracia de Tehlu, sería por él por quien viviría. Extirpar el veneno de los Cuatro Rincones.
La primera vez que mató terminó con una costilla rota y un brazo desguinzado. La costilla se le soldó y el brazo se le sanó y la segunda vez que mató no se le rompió ningún hueso (aunque si terminó con un labio roto y varios moratones). El viento le solía decir nombres, y vio muchos rostros en sus sueños, eran rostros y nombres de gente que tenía que morir, era gente mala y vil, cuando la tenía en frente a veces parecían buenos, con rostros cándidos, mujeres bellas y hombres nobles que guardaban secretos que le contaba el viento.
Con el pasar de los años aprendió a usar el hacha corta, un arma común entre los pobres, con el tiempo aprendió a usar la espada tan bien como cualquier caballero. Vistió de negro para diferenciarse de la gente, para diferenciarse de los tehlinos que siempre predicaban pero nunca practicaban. Vistió una capa negra desteñida que ocultaba su espada y su hacha, y se dejó el pelo crecer lo suficiente para tapar su ojo izquierdo pues había perdido la visión luego de haber matado a un soldado.

Pasaron cuatro largos años desde que nació nuevamente. Era fuerte y alto, flaco como una lanza. Se sentaba en los lugares altos y oía el viento, oía sus próximas victimas.

* * *

Una chica yacía inerte en el piso de la Factoría. Era de mañana y la luz se filtraba por las ventanas. Las fraguas estaban apagadas, y ningún alumno de la Universidad se había siquiera levantado. La chica había pasado la noche fabricando un pequeño artilugio, Peti siempre se quedaba con algo de las personas que mataba: una aguja de una costurera, una hogaza de pan de un pastelero, un carrete de seda de un comerciante yllico, la espada se la había quedado de un soldado y la hacha de un leñador. Recogió el pequeño artilugio de la mesa en que trabajaba la chica, le cerró los ojos y salió caminando como si hubiera andado paseando.

Por la tarde la noticia se había esparcido hasta Imre, en donde sentado cerca de una fuente Petiot comía un cínaro.


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Mensaje por Feren el Miér Ago 13, 2014 3:23 pm

Yukane y Feren se dirigían sin prisa hacia Imre.
-¿Y tú espada?-Le preguntó Yukane.
-Rota. Me la rompieron.
-¿Quiénes?
-Han pasado muchos años, y he combatido mucho. Ya ni me acuerdo.
-¿Y entonces, no tienes armas?
-Oh, sí que tengo. Otra espada.
-¿Le has puesto algún nombre?
-Sí.-Afirmó avergonzado.-Delicia.
-¿Delicia?-Dijo con un tono burlón.
-Sí. No entiendes su significado.
-Entonces ilústreme, oh, maestro.
-No. Da igual. El nombre de una espada es un nombre profundo. No creo que entenderías su significado.
-¿En qué consiste el nombre de una espada?
-El nombre de una espada no sirve simplemente para nombrarla. El nombre de una espada te tiene que ayudar a poder evitar usarla.
-¿Para qué tienes una espada que no vas a usar?
-No me has entendido. El nombre es un recordatoria de tus pecados.
-¿Y la delicia es un pecado?
-No y sí. En mi caso, no.
-¿Entonces, por qué ese nombre?
-Porque he arremetido contra ella.
-La delicia...
-Veo que lo has entendido.-Una sonrisa. O un intento de ella.- Veo que estás muy concentrado en Ceniza.
-Sí. Ese canalla ha matado mucha gente inocente. Es un peligro para todo el mundo. Debo vengarme.
-Claro... Te apoyo, pero en tu prisa por salvar el mundo, ten cuidado de no destruirlo. Mira, Imre está ahí. Dinnaeh se sorprenderá mucho de verte.
-¿E Iraia?
-No tanto.


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Mensaje por Feren el Miér Ago 13, 2014 10:14 pm

Blazh iba tejado por tejado, corriendo. Tenía la lista en su mano y ya había leído el siguiente nombre:
"Mio Petiot"
Algo le decía que le costaría mucho encontrarlo, y aún más, asesinarlo. Ese hombre se había ganado la fama de asesino y habían muchos rumores de él. El problema es que nadie le había visto la cara. Al menos, alguien vivo.
Daba igual eso, tenía que matarlo. Para eso vivía, era su trabajo. Cualquiera que hiciera algún acto malvado o injusto tenía que ser ajusticiado por él. La locura lo había poseído, era un justiciero extremista. En poco tiempo, él tendría la peor fama.
Pero le daba igual, su cerebro ignoraba eso y simplemente, hacía lo que su instinto le ordenaba.
De momento, se saltó ese nombre y fue al siguiente.
"Kalus Tetra"
Ese solía andar por el distrito rico. No solía salir mucho de su casa. Estaba rodeado de guardias, pero no sería un problema.
Él escogería el camino más elevado.
Subió, aun lejos, a los tejados y marchó corriendo hasta allí. Tardó 5 minutos al llegar al lugar donde estaba Kalus. Estaba en su placita privada. Solo, una suerte.
Blazh saltó a la plaza elegantemente.
-Ah... El justiciero. Una sorpresa tenerte aquí.
-Fanfarronea todo lo que quieras. Pronto te verás atravesado por mi acero.
-¿Y con qué motivo?
-Usas a niños huérfanos como esclavos en tus construcciones privadas.
-¿Y qué tiene eso de malo? Esos niños tienen un lugar para descansar y comida. ¿Acaso crees que el aguacil se encargaría de ellos? ¿Acaso piensas que no vivirían en la calle como perros?
-¡Pero esos niños son maltratados!
-No. Son "motivados".
-A base de latigazos.
-Los niños son más fáciles de adoctrinar. Un latigazo ahorra diez. Una muerte, ahorra cien.
-¿Y eso es justo?
-¿Te parece mejor que mueran en la calle o que los guardias los maten por intentar robar?
-No.
-¿Entonces piensas como yo?-Preguntó sonriendo.
-No.
Y le disparó.


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Mensaje por Old Medie el Jue Ago 14, 2014 2:48 am

El viento arrastraba las hojas secas por el techo de la posada. Petiot, sentando con las piernas cruzadas aspiraba el viento que traía consigo el aroma del otoño, tenía en su regazo su sable y con una pequeña piedra de amolar afilaba y afilaba. Sus movimientos eran lentos y repetitivos, pasaba la piedra desde la base hasta la punta con la lentitud que le habían enseñado. El techo estaba bañado por la luz de la luna y abajo se podía oír música alegre. Guardó a Súplica y metió la piedra dentro de un bolsillito en su pantalón, se puso de pie para ver mejor desde las alturas. Se colgó de la cornisa y se coló por una pequeña ventana a su habitación, había elegido esa posada por estar frente a un concurrido teatro y en ese justo momento estaba saliendo la gente del local.
Colgó la capa sobre sus hombros y la abrochó con un broche de plata con zafiros azules que le quitó a una vieja dama meses atrás, por lo demás vestía igual que siempre: botas negras, pantalones de tela basta y una armadura de cuero duro escondido bajo un chaleco de lana de oveja negra.
    Un bardo iba por el quinto estribillo de Calderero Curtidor cuando Petiot bajó la escalera de la posada, salió por la puerta trasera y apareció en un pasillo oscuro entre la posada y otra tienda. Se asomó a la salida del callejón, la luz de las farolas lo iluminó pero envuelto en su capa y puesta su capucha apenas era una silueta. Vio salir a los dos hombres del teatro, los dejó avanzar por la calle para dejar varias cuadras entre ellos. Cuando sintió que estaban a una distancia razonable comenzó a seguirlos.
Caminó dando pasos largos y se mezcló con la gente que salía en ese momento del teatro, llevaba a Rezo colgando en su cinturón, el hacha era buena opción para esa noche. Tenía clavado los ojos en el hombre cuando sin querer chocó con una mujer. La chica casi cae al piso y sus acompañantes gritaron, Mío simplemente siguió caminando, hasta que una mano cayó en su hombro y lo obligó a detenerse.
—¡Oye, creo que la dama se merece una disculpa! —Petiot nunca estuvo acostumbrado a que lo detuvieran, se giró y descubrió su rostro. El hombre lo miró horrorizado, y la chica, y los demás compañeros. No estaba acostumbrado a esas reacciones.

—Pe-Peti... ¿Eres tú? —dijo uno de los hombres, su rostro se puso blanco—. Soy yo, Feren ¿Me recuerdas?
—No, no puede ser él —la chica que casi había caído se tapaba la boca y miraba a Petiot con ojos como platos —. Sus ojos, son azules.
Mío no sabía que decir, al parecer lo estaban confundiendo con alguien, nunca nadie le había hablado por iniciativa propia, nunca. No sabía como afrontar aquello así que se quedó en silencio.
—Es él, no puedo creerlo. ¡Es él! —dijo otro con una sonrisa de júbilo—Peti, míranos ¿Nos recuerdas, cierto? —dijo rodeando con un gran abrazo a Petiot—. Soy Feren, ella es Dinnaeh, mira que bien le han hecho los años. Ella es Iraia la hija de Thompson, está con nosotros, es una larga historia. ¡Ah! y él es Yukane, el chico que salvamos en la cueva. La cueva ¡Hierro y Bilis! han pasado demasiados años de eso.
Petiot abrió los ojos, la cueva, su renacimiento. Miró los rostros de aquellos hombres y mujeres ¿Los recordaba? A su cabeza fluyeron rostros de niños, chicos traviesos y con aires de poderío. Las espadas y el fuego, el frío y el rostro de un hombre con ojos como tinta.
Dio un paso hacia atrás, se caló la capucha y salió corriendo.

* * *

No pudo alcanzar al hombre. Llegó hasta la gran casona, la embajada de Vint, tenía sólo a Rezo así que tendría que hacer el menor ruido posible. Buscó una ventana abierta pero estaban todas cerradas, fue hasta la puerta trasera y la forzó con una ganzúa vieja que había obtenido de un ladrón en Tarbean. Dos minutos después estaba dentro, subiendo la escalera. Recorrió las habitaciones hasta que encontró al embajador. El hombre dormía tranquilo. Sacó su hacha corta, el mango era de roble endurecido al fuego y el acero bruñido reflejaba la luz de la vela. Caminó lentamente para que el piso de madera no suspirara. Puso una mano en el cabello del hombre, le levantó la cabeza con fuerza y le clavó el hacha en el cuello tapando un grito que sobresaltó la casona entera. La sangre salió como un surtidor del tajo enrojeciendo las sábanas, Petiot cogió una y limpió la sangre de su hacha. Miró la ventana, sacó el postigo y la abrió, saltar al primer piso no le supondría ningún problema pero antes se acercó al velador, abrió el cajón lo inspeccionó, no había nada interesante. Caminó hasta el gran mueble que ocupaba toda una pared y sacó de la licorera un vaso de piedra gris del tamaño de una manzana, era un vaso para beber Scutten. Lo escondió en los bolsillos de su capa a tiempo que abrían la puerta.

—Morten, ¿Estás bien? Oí un gr... —el hombre no alcanzó a terminar la frase. Vio a Petiot y luego al muerto sobre su cama luego volvió la vista a Petiot pero él ya tenía medio cuerpo fuera de ventana —¡Alto! —gritó con todas sus fuerzas—. ¡Guardias! ¡Guardias!
Con tres saltos limpios Mío llegó hasta el patio de la casona, corrió y saltó altas murallas mientras las luces se encendían y los gritos despertaban a todos.

Se fue de la posada donde se hospedaba esa misma noche. Varias personas le habían visto y si seguían las pistas podían llegar a él.
Pasó la noche en los alrededores de la ciudad y la mañana siguiente se fue en un carromato hacía Tarbean.


Última edición por Medieval--- el Jue Ago 14, 2014 6:25 pm, editado 1 vez


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Mensaje por Rasec Erriuga el Jue Ago 14, 2014 4:03 am

Introduccion de Reasec. EL guardia de honor

Reasec Lacklessable no podía creerlo, ¿quién y por qué querría matar al embajador de Vint? Se agacho un poco para ver al cadáver, estaba inmóvil, en una postura poco natural, de la herida seguía manando sangre, Lacklessable se incorporo, se dio la media vuelta y su capa carmesí onduleo,le picaba la barba, estaba furioso. ¿Qué cobardía era aquella de asesinar mientras duerme tu enemigo? Al salir se encontró con dos guardias, llevaban lanzas y una espada corta en el cinto, eran hombres del embajador.

-Esta dentro, tú, trae a los sanadores para que lo limpien- Dijo Lacklessable- Que sea rápido, y tú quédate aquí, alguien entro y asesino al embajador de un hachazo, explícale eso a cada uno de los que vengan a preguntar qué pasó, y diles también que sabemos quien lo hizo.

-¿Es verdad eso, mi señor?- Dijo el guardia

-No, es para que no se expanda el pánico mas de lo que lo hará, y no soy ningún señor, soy guardia del rey- Reasec le dio la espalda al lancero y se fue en busca de Arim.

¿Por qué en mi guardia! ¿Por qué en mi guardia!El y Arim estaban de guardia en la casona del embajador, el rey quería que el embajador estuviera seguro ya que era parte importante de la economía de Vint y últimamente estaba muy paranoico, aunque todos lo tomaban por loco. Bajó los peldaños rechinando los dientes y blasfemando a cualquiera que hubiera hecho eso. Al bajar casi choca con Arim, quien subía a toda prisa, a el le tocaba el nivel inferior. Era lógico que subiera en cualquier momento.

-¿Qué a pasado?- Dijo sin preámbulos- ¡Estas que humeas, seguro fue grave!

-Asesinaron al embajador, vamos acompáñame, necesitamos ir con la guarnición y al palacio del Rey.

Arim era, en muchas palabras, mas que un amigo, era casi su hermano, técnicamente lo era ya que eran parte de la guardia del rey de Vint, pero eran mas que solo hermanos de armas. Con el había luchado en cientos de batallas, con el había aprendido a usar la lanza, y con el había tenido sus primeras borracheras. Antes de unirse a la guardia se dedicaban a desmembrar grupos de bandidos en Vint, el Eld y en los inicios de las sierras del norte, capturaron sin fin de cabecillas bandidos y traficantes de denner en Vint, pero su hazaña mas grande era haber salvado a un miembro de la familia Anso que estaba a punto de ser raptado por un grupo de forajidos que querían cobrar recompensa por el. Gracias a ello, Arim y Reasec fueron invitados a la guardia. A cada uno se les entregó una espada, Arim nombro a la suya como Cielo Gris debido a que las hojas de estas eran de un aspecto grisáceo opaco, amargo. Sin embargo él llamo Honor a la suya, tenia un mango hermoso con una L, no sabía si la mando poner por ser
Lacklessable o por su amada que nunca logró tener.

Llegaron a donde estaban los guardias del palacio del rey, Arim les ordeno a tres cuartas partes de ellos que salieran en busca del causante de aquella tragedia. Por su parte, Lacklessable fue a ver al rey a sus aposentos, al entrar vio al rey con su bata, sentado en su cama, al verlo se incorporo.

-Mi rey- Se arrodillo- Han asesinado al embajador Morten. Pido su permiso para partir en busca del responsable.- Esto ha manchado mi honor y necesito recuperarlo. Se dijo

-¿Morten? ¿Asesinado? ¿Cómo y por qué?- El rey se veía claramente sorprendido. Reasec se levanto.

-Se colaron en la habitación y le dieron un golpe de gracia con un hacha. Parece que el embajador Morten estaba algo ebrio así que fue presa fácil.- Mas fácil de lo que ya era Morten podría ser un libidinoso y algo ebrio pero no era una persona mala, al menos eso creía Lacklessable. Se llego a decir algunos rumores macabros sobre él, como con cualquier miembro de la nobleza, pero jamás había creído en alguno de ellos.

-Tienes mi permiso para partir, noto que no has solicitado que Arim vaya contigo- Observo el rey- Se que son muy unidos ustedes dos.

-Gracias por notarlo, mi rey, pero necesita a alguien de confianza que lo proteja hasta saber quien mato al embajador- Le dijo Reasec.

-Esta bien, puedes irte, Reasec.

-Su majestad- Dijo el guardia a modo de despedida.

..........................................................................

A la mañana siguiente, unas horas después del atentado, Reasec estaba listo para partir, unos lanceros le habían dicho a Arim que vieron a un sujeto sospechoso dirigirse a una posada pequeña en la ciudad, peero que cuando fueron a investigar  ya no había nadie. Iria a la posada, solo para investigar por su cuenta, no sin antes despedirse de su hermano de armas, y hacerle entender que no podía ir, le explico lo mismo que al rey.

-!Esas son tonterías, Reas¡ Deja a Galmer, o a Briom ¨sueño pesado¨- Le reprocho Arim

- Galmer apenas lleva dos años en la guardia, y no me jodas, no por nada le dicen sueño pesado a Briom- Reasec sonrío, aunque pareció no hacerle gracia a Arim- Te lo vuelvo a explicar- Puso su mano izquierda sobre el hombro de su amigo- Tú eres el único en el que me fió lo suficiente pare dejarle la guardia.

Arim suspiró.

-Maldición Reas, ¿por qué me haces esto?- Le sonrió- Cuando vuelvas me tendrás que invitar tres rondas del mejor vino que alla en La Doncella Dorada.

-No te invitare tres, serán cinco, Arim.

Cuando partió, le grito a Arimnestos que disfrutara su jefatura. El le respondió con una señal obscena. Nadie diría que eran guardias del rey, como nadie cuestionaría su amistad.
................................................

Al llegar a la posada vio aun pequeño grupo de personas.

-Buenas, desconocidos- Los saludo- Alguno de ustedes vio a un sujeto que les pareciera sospechoso, segun me han dicho llevaba capa con capucha y sus ojos pueden ser azules o verdes....
Rasec Erriuga
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Mensaje por Jacktash el Vie Ago 15, 2014 9:20 am

Haber visto a Peti había hecho recordar a Yukane, no su pasado, ya olvidado, sino el tiempo en el que estuvo con el grupo que le salvó del yugo de los bandidos. No era la primera vez que pensaba en ello, pero nunca como esa vez. Lo recordaba todo más nítidamente, recordaba la cara de cada uno la primera noche que los vio, las voces con las que le recibieron, el tacto de su piel, todo. Y la cara de Peti que aparecía en su cabeza no se parecía nada a la que acababa de ver. Yukane sabía que su antiguo compañero había cambiado, pero no como ellos, había madurado, pero no como lo hacían las personas normales. Tenía la marca de los siete en su cuerpo, al igual que él. 
- Yukane, ¿te pasa algo?
- ¿Eh? No me pasa nada, me sorprendido volver a ver a Peti.

Después de un rato, empezaron a hablar, primero era una conversación seria, hablaron de Peti, de los Chandrian y de las cosas oscuras que habitaban el mundo, pero la conversación fue alegrándose, y terminaros hablando de cosas sin importancia, como cabría esperar de un grupo de amigos, disfrutaban de cada ronda y reían cuando podían. Tras varias rondas del mejor sounten, el más caro metheglin y el scutten más lacrimógeno, empezaron a jugar a esquinas, las parejas eran Dinnaeh e Iraia y Feren con Yukane. Las primeras rondas las ganaron las chicas, obteniendo la cantidad de dos talentos y cuatro iotas, desplumando a sus contrincantes. Cuando Yukane se dio cuenta de que si seguían jugando no tendría dinero para sobrevivir más adelante, propuso que jugaran una partida de tak, un juego de mesa que conoció en uno de sus múltiples viajes de mano de un calderero, por los caminos de Ceald. 
- Ey, pues no era tan aburrido como pensaba - dijo Dinnaeh tras jugar la primera partida. Las parejas habían cambiado y Dinnaeh se había puesto con Yukane, y habían ganado.

Apareció la camarera, y el grupo empezó a pedir otra ronda.
- Yo tomaré un tinto de Greyfallows.

- A mi tráeme una jarra de metheglin, y luego ya, tú y yo podemos...

- Estoy aquí para ganar dinero, si quisiera acostarme con un estudiante esperaría a después de Admisiones, cualquiera me daría diez talentos por una noche.

- Mmmm, bueno... Yo...

- Yo tomaré lo mismo, metheglin - dijo Dinnaeh cortando a Feren, intentaba evitar que éste pudiera decir nada.

Cuando se fue la camarera todos se volvieron para mirar a Feren. Yukane intentaba reprimir la risa, aunque sin mucho éxito, Dinnaeh le miraba y sonreía, parecía estar a punto de estallar, Iraia era la única que no había dicho nada ni parecía aguantar la risa.
- Bueno, podéis parar ya, ¿no? - dijo Feren, mientras jugueteaba con un puñal que había fabricado en la Factoría.
Después de esta escena volvieron a jugar a esquinas, hasta que llegó la camarera y empezó a servir. 
- Ey - dijo mirando a Feren - si quieres esta noche puedes venir a mi cama, no me importaría disfrutar contigo.
- Ehh, bueno, vale - la cara de Feren era un poema, al igual que la de sus compañeros.
Cuando se fue la camarera empezaron a reír, primero Feren, luego Yukane y, finalmente Iraia y Dinnaeh.
- Buenas desconocidos - los saludó un hombre.
Aquí empezará la aventura...
Jacktash
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