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Mensaje por Old Medie el Sáb Sep 13, 2014 5:14 am

El sol se coronaba en el cielo, un sol frío de invierno en un cielo que vio mejores épocas. Haciendo de visera con la mano enguantada, Sven calculó que era pasado de la primera campanada. Cruzó el patio del castillo a grandes zancadas hacia los establos atravesando el hervidero de novatos que entrenaban con espadas de madera, el sonido de los gritos y el entrechocar de las espadas romas le recordaba otros días, en los que bebía sidra y reía junto a los amigos. Hombres fornidos y gordos, fuertes y débiles, jóvenes que recién tenían una pelusa sobre el labio y viejos salpicados de blancas canas compartían la lección de espada bajo aquel frío día. Había nevado hace pocos días y tuvieron que detener las lecciones así que ahora Frijol, el Maestro de Espadas, les estaba dando duro. Los pobres se veían exhaustos. «Comenzaron a reclutar campesinos y mocosos—pensó Sven mientras los veía flaquear—. Este reino está en las últimas».
Los mozos de cuadra tenían su caballo de guerra listo, un khershaen poderoso llamado Tormenta pues era del color de las nubes cuando descargaban sus relámpagos. Guardó en las alforjas las dos bolsas de dinero que le habían entregado, una llena de monedas hierro, cobre y plata de la mancomunidad y otra igual de llena pero con monedas ceáldicas, vínticas y atures, la que tenia el oro la llevaba oculta entre las ropas. También guardó bien en el fondo la espada que le había entregado el rey y el pergamino con los sellos reales, el que valía todo lo demás junto, incluido el caballo. Estaba listo para el peligroso viaje. Colgando al lado derecho de su cinto llevaba su espada, al otro costado la daga, y en la mano derecha siempre llevaba el guante de cuero curtido que le daba su apodo: Manonegra.

Salió del castillo al trote, tenía tres días para partir a Stormwall, tres días para juntar a su selecto grupo de personas que necesitaría para llevar a cabo la tarea que le pidió el rey. Cada miembro cumpliría una parte del plan y por ello debía lograr que todos aceptaran. Sabía donde debía encontrar a cada uno, y sabía como iba a comprarlos: a algunos con oro y tierras, a otros con amenazas, a otros con amistad, y a todos con promesas de gloria.
Picó espuelas y dejó atrás las murallas, bajó la colina donde estaba emplazado el castillo y siguió el serpenteante camino empedrado hasta el puerto.
   Su primera parada estaba cerca, aunque a quien buscaba hubiera preferido reclutarlo de los últimos. Sven recorrió con ojos muy abiertos la calle de las posadas, tuvo que bajar del caballo y caminar porque a esa hora estaba atestado de gente. La mayoría de las personas que recorrían el lugar eran pescadores, comerciantes, marineros y ladrones pero con el frío invierno la mayoría vestía capas y abrigos y era difícil reconocer sus caras bajo las capuchas. Pasó diez minutos recorriendo los muelles hasta que le vio salir de un callejón, doblar una esquina y entrar a una posada llamada El Tritón. Dejó a Tormenta a cargo del mozo de la posada y le pidió que dejara al caballo en el abrevadero y entró. La posada estaba poco habitada, con varios marineros en torno a la barra y un puñado de gente sentada en las mesas, todos se giraron a mirarlo. Como siempre iba con botas muy usadas y el pelo largo y suelto. Como siempre, llevaba aquella capa corta que apenas le cubría la espalda, se la ataba por sobre los hombros con broches de sencillo bronce. Era negra y se contaba que en realidad era la melena de un león, y en realidad era muy similar a la melena de un león, exceptuando que no existían los leones negros. Como siempre, llevaba aquel guante negro puesto en la mano derecha, y la mano izquierda desnuda, como dos lados de la misma moneda.
Llegó hasta la mesa, se desabrochó el escudo redondo de la espalda y lo dejó apoyado en una pata, pidió sidra a una camarera que iba pasando y sonrió al primero de sus seleccionados.
—Hola —dijo con una voz profunda—. Tanto tiempo sin vernos.


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Mensaje por Feren el Sáb Sep 13, 2014 11:58 am

-¿Sven?-Le preguntó muy sorprendido. Y al darse cuenta de que era él, le apuntó con la pistola.
-Veo que sigues siendo igual de rudo y maleducado. Por cierto, bonito juguete, aunque me temo que no está cargado.
Blazh lo miró a regañadientes y se guardó la pistola.
-¿Cómo quieres que reaccione? Ya mandaste caza contra mi antes. ¿Qué te impediría hacerlo ahora?
-Es verdad que mis hombres han intentado cazarte por todos los homicidios cometidos, aunque fueran a criminales-Blazh sonrío- siguen siendo homicidios.-Volvió a mirarle con indiferencia.-Lo que me trae hasta ti es una petición de ayuda.
-¿Ayudarte, yo? Debe de ser muy importante para que alguien como yo tenga que ayudarte.
-En efecto, el algo crítico.
-¿Y qué gano con ello?
-Se te limpiara el historial de delitos y serás como una persona normal.-Blazh no confiaba en él y le resultaba extraño todo eso.
-¿Y qué pasaría si me opongo?
-Aparte de que te detendría, desvelaría tu verdadera identidad a todo el mundo. Y no creo que quieras eso.
"Mierda" Exclamó para si Blazh. No tenía elección, tendría que ir con ese cabrón. Que rabia le daba. Si hubiera bebido un par de copas mas, ese gilipo... estaría muerto. En eso estaba seguro.
-Dejemos de jugar al gato y al ratón por un tiempo. ¿Y bien?


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Mensaje por Jacktash el Sáb Sep 13, 2014 12:50 pm

Ya era mediodía. El cazador se preguntaba cuántos días llevaría en ese maldito bosque, intentando cazar algo lo suficientemente grande como para saciar el apetito de su Rey y sus allegados. Necesitaba al menos dos cervatillos, o en su defecto, una buena cantidad de conejos de gran tamaño, más fáciles de encontrar, sí, pero mucho más difíciles de cazar, pero no para él, que desde que tenía consciencia ha llevado un arco y sus flechas con él.
- ¡TARK! ¡VEN AQUÍ AHORA MISMO!
El cazador suspiró, se acabó su tiempo de caza en solitario... ahora tenía que compartir caza y terreno con los incompetentes familiares de su Rey. Ninguno sabía como apuntar con el arco, pero... ¿qué les importaba? Para los nobles de alta cuna como ellos eso no era impedimento para joder una cacería que hacía tres días que empezó, internándose en  el interior del bosque como quién entra en palacio, al son de las trompetas, haciendo más ruido del que podría hacer un ceáldico si tiene problemas con su dinero... espantando a todos los animales que hubiera a diez kilómetros a la redonda.
- Genial - susurró al que llamaban Tark -, ahora tendré que estar por lo menos dos ciclos más para cazar aunque sea dos malditos conejos, y ni siquiera de un tamaño muy grande, tendré suerte si cazo al menos una cría.
- ¡TAAAARK! - gritó el hombre más corpulento que había. Era dos veces el cuerpo de Tark y una cabeza más alto.
- Estoy aquí.
- Falta algo en esa frase, me temo.
- Estoy aquí, señor...
- Genial. Y ahora, dejémonos de charla y vayamos a cazar.
Sus acompañantes le siguieron con un rugido y sacaron sus arcos, de la mejor madera de La Mancomunidad y sus flechas, de las que fardaban, diciendo que eran obra de un fata.

Dos ciclos más tarde...

- Por fin has llegado Tark. ¿Has cazado con mis hermanos y sus hijos?
- Lamentablemente sí, mi Rey...
El Rey Penitente soltó una carcajada, abriendo tanto la boca que hubiera cabido ahí un conejo entero.
- Sí... ninguno de ellos sabe cómo cazar.
- Fueron un impedimento, mi señor, pero encontré lo que buscaba.
- ¿Lo tienes ahí? Dámelo - Tark no se movió, y miraba al Rey con rostro severo -. ¿Qué...? Ah... bueno... Dámelo, por favor - esto último lo dijo poniendo énfasis en cada palabra, y acercando su cara a la del cazador.
- Así me gusta - de detrás de la capa, el cazador sacó una espada, la más afilada que había visto en su vida. Y se la dio al Rey, sonriente.
- Así que esta es la espada...
- Sí señor. Y ahora, si me disculpa, he de irme.
Tark se dio media vuelta y salió de la gran sala como lo habría hecho cualquier noble, con la cabeza bien alta. Fue andando, y se asomó por una de las almenas. A lo lejos vio la posada de su padre, y tras un rato pensando, decidió ir para allá. Lo que no sabía es que en la posada le esperaba alguien que le iba a meter en una aventura, peligrosa, sí, pero grandiosa.
Taydal Tark iba a dejar de ser el humilde cazador del Rey Penitente.
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Mensaje por Dinnaeh el Sáb Sep 13, 2014 4:58 pm

Emalee observaba estoica a los chiquillos jugar en la calle.
Necesitaba dinero, pero últimamente nadie necesitaba mercenarios, pues la mayor parte de los granjeros y pueblerinos luchaban en la guerra del Rey Penitente.
Se apoyó en la pared y cruzó los brazos.
-Eh, nena, ¿mañana a la misma hora?
Miró a Mía de arriba a abajo.
-Mañana a la misma hora. -concluyó.
Mía complacida por la respuesta se alejó, sonriendo.
Venga ya, tiene que haber por ahí alguien con sed de venganza, pensó, siempre hay gente que quiere matar a alguien.
Suspiró.
-¡Hey, Emalee! -le gritó uno de los niños- ¿nos puedes enseñar otra vez lo que haces con las manos y todo eso?
Se rió quedamente, recordando el día en el que les enseñó lo que era el Ketan.
-Mejor otro día, chicos. -les contestó sonriendo- Hoy no estoy de humor.
Los niños estallaron en réplicas, pero cuando ya estaba a punto de responderles la llamaron:
-¡Emalee, ALGUIEN TE BUSCA! -le gritó Linda, la dueña del burdel.
Se puso alerta.
-¡YA VOY!
Entró por la puerta de atrás, esquivando a las putas e intentando respirar lo menos posible.
-¿Quién?
Linda señaló a una mesa apartada, al otro lado de la estancia.
-Gracias.
Y caminó hacia su próximo cliente.
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Mensaje por Títere el Sáb Sep 13, 2014 6:04 pm

Azkthel caminaba silenciosamente por las adoquinadas calles de la ciudad. Era de día, ya que al caer el sol el Maestre Bilbhurd redoblaba el número de guardias en torno a su pequeña mansión fortificada.
Además, caminar en pleno día por las calles para él no era problema, ya que no tenía pinta de bandolero, por lo que no llamaba la atención.
Y para colmo, las calles estaban desiertas.
Tanto mejor.
Llegó discretamente hasta la esquina de la mansión. Una alta tapia la separaba de la calle. La verja de entrada estaba custodiada por dos guardias. Detrás de la tapia no sabía que había.
Saltó el parapeto sin dificultad, con cuidado de no cortarse con los afilados cristales que había en lo alto del muro. Como estaba previsto, el guardia encargado de custodiar aquella parte de la finca del Maestre estaba derribado. Un dardo, presumiblemente disparado desde una cerbatana, sobresalía de su cuello, casi imperceptiblemente.
Azkthel sabía que tenía que darse prisa, pues el somnífero con el que estaba impregnado el dardo tenía un efecto limitado.
A partir de ahí, todo salió a pedir de boca. Entró sin dificultad por una ventana, sorteó silenciosamente a las criadas, durmió a unos cuantos guardias más y por fin llegó a la puerta del despacho del Maestre.
Empujó una de las pesadas hojas de madera de roah y entró en la estancia, con paso firme, seguro y altivo.
-Hola -saludó.
El Maestre se mantuvo en silencio, mirándole con rabia. No había miedo en sus ojos.
-Bonita estancia, sí -metió una mano debajo de su capa y sacó un bonito papel lacrado con cera roja.-Tome, esto es para usted, de un admirador.
El Maestre le fulminó con la miraba, mientras cogía el folio que le tendía Azkthel.
-Sé quién eres, e intuyo para que vienes -masculló.
-Léase el papel y así sale de dudas -le indicó con un gesto. El Maestre bajó la vista desconfiado.- No se preocupe, esperaré a que termine.
Azkthel vió como el Maestre empezaba a leer. Conforme avanzaba, en su rostro se adivinaba miedo e ira.
El Maestre era un hombre corpulento y en forma, pero ya tenía una edad. A sus 58 años, seguía aparentando fuerza y vigor, pero Azkthel sabía que solo era fachada. Tenía una barba larga y gris que le colgaba hasta la barriga, y era el Gran Maestre del Gremio de Comerciantes del Oeste. Al parecer, no se llevaba muy bien con el Gran Maestre del Gremio de Comerciantes del Este, ya que este había contratado a Azkthel para que le diese caza.
El Maestre terminó de leer.
-Supongo que a usted le habrán contratado para que me lleve hasta ellos y que podamos discutir esos "trámites", ¿verdad?
-Exacto.
-Y también supongo que usted no cambiará de idea, ¿verdad?
-No se equivoca.
-Bueno, en ese caso, dejaré que me lleve hasta ellos sin ofrecer resistencia, ¿qué le parece?
-Perfecto, se lo agradecería mucho. ¿Sabe? Hacía tiempo que no trataba con ninguna presa tan civilizada como ust..
En ese momento, el Maestre, pese a su edad, lanzó con inusitada agilidad el tintero contra Azkthel. Después, se lanzó contra una falsa pared, que giró en sus godnes y le dejó paso libre para huir por los pasillos secretos que ocultaba su mansión. Ah, también le dió tiempo a llamar a los guardias.
Azkthel saltó por la ventana, ya que era un segundo piso. Sabía a donde quería ir el Maestre, pues uno de los del servicio le había pasado los planos de los pasadizos secretos.
Saltó de nuevo la tapia, entre los gritos de los guardias, que ya empezaban a reaccionar. Luego se dirigió hacia una desangelada casona al final de la calle. Delante, sentado en un banco, había un hombre contemplando a los pájaros revolotear sobre la ciudad, con una espada al cinto. Azkthel le despachó rápidamente, ya que los hombres que contemplaban a los pájaros revolotear sobre la ciudad no llevaban espadas al cinto, y mucho menos, cotas de malla debajo del jubón. Pero no le mató, solo le dejó inconsciente. A Azkhtel le pareció un desperdicio usar el somnífero en él.
Derribó la puerta de una patada, al tiempo que desenvainaba la cimitarra, esperando encontrar a varios guardias armados defendiendo a su señor.
Pero no, allí dentro solo había una joven sentada de forma insinuante sobre el pecho del Maestre, que respiraba acaloradamente.
Al parecer la chica le había derribado de una patada, ya que tenía la suela marcada en el costoso traje de lino.
Los guardias estaban esparcidos por la estancia.
Azkthel enfundó el arma. Al parecer ya estaba todo el trabajo hecho.
-Sabía que había hecho bien en contratarte, Emalee-sonrió.
-Bien por tí, ahora dame mi dinero -respondió la chica secamente.
Azkhtel sonrió aún más.
-Ahora, antes vamos a entregarle. Átale, yo me encargo de los guardias.
-Voy.


Media hora después disfrutaban los dos de un excelente vino en una posada. El trabajo estaba terminado.
-En cuanto termine mi copa me voy -dijo Emalee.
-Lo sé, ya lo has dicho cuatro veces -respondió.
En una de las mesas cercanas, alguien dijo "¿Sven?".


-...el primer borrador lo escribes con el corazón, el segundo, con la mente.-
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Mensaje por Expo el Sáb Sep 13, 2014 10:16 pm

En sus pequeñas vacaciones, Judy no tenía mucho que hacer, así que esa tarde decidió pasarla con una de sus actividades favoritas para ganarse la vida cuando no tenía trabajo. Se posicionó cerca de una posada llamada El Tritón, y colocó en plena calle todo el material; lanzas de madera, espadas de madera, e incluso un arco y flechas de dicho material. Se lo hizo todo un amigo que conoció como soldado por un módico precio; en los viejos tiempos lo habría hecho ella, con un resultado mucho menos satisfactorio.
Después de colocar el cartel donde explicaba las normas, solo quedaba coger una de las lanzas, hacerla bailar durante un rato, y esperar.

Las reglas eran sencillas; se podía pagar o un drabín o una iota para luchar contra Judy. Antes de la batalla, el contrincante podía coger lo que quisiera del montón de armas de madera, pero sin poder usar ningún tipo de prenda o compartimento donde guardarlas y sacarlas en batalla. Literalmente, se usaba lo que se podía coger.
Después, era asombrosamente simple; el primero que tocase al adversario (ya fuera con la punta de la lanza, con la hoja de la espada, o con la punta de una flecha) ganaba. Si el contrincante lo conseguía, Judy le daba dinero en función de lo que le hubiese pagado; una iota por un drabin y un talento por una iota.

Al principio casi nadie la hizo caso, pero poco a poco comenzó a aglomerarse la gente y las luchas eran constantes. Todo drabines, ninguna iota, pero eso no importaba. Judy nunca perdía, y el dinero se acumulaba.
Y así pasaron las horas.
Uno tras otro, sus adversarios no podían hacer nada contra la agilidad de Judy. Cualquiera pensaría que habiendo ganado un par de batallas, nadie más la retaría, a sabiendas de que sería imposible ganar. Esto se intensificaba ahora que Judy tenía cierta popularidad, de la cual no podía esconderse porque jamás se desprendía de la lanza roja que llevaba en su espalda, Tánato.
Pero Judy tenía un plan; primero, sabía lo insignificante que resultaba un drabín y lo atractiva que era la idea de vencer a alguien como ella, o aunque fuera intentarlo una vez. Pero eso no era suficiente; necesitaba una razón para que la gente pensase que vencerla era posible incluso habiendo derrotado a cinco hombres antes. Hace ya muchos años que lo descubrió: el cansancio. Ella no hacía pausas. Si alguien le pedía combatir, lo hacía, aunque acabase de ganar un combate. Muchas veces, se conectaban cinco, seis o incluso siete combates seguidos. No era muy raro pasar de diez de vez en cuando si la zona era transitada y aparecía el típico grupo de testosterona andante del que Judy sabía aprovecharse a la perfección. Ella fingía cansarse con cada combate, y siempre alguno pensaba "esta es la mía".

Idiotas.

Así, pues, pasó la tarde. Luchando, venciendo, y consiguiendo dinero. Una vez perdió a propósito después de pelear seis veces seguidas; después de todo la gente es idiota, pero tampoco tanto.
Pero no esperaba que apareciese un rival de verdad; alguien que tomarse realmente en serio.

Tark se dirigía a la posada cuando se fijó en una de las batallas de Judy; ligeramente asombrado por su forma de luchar, se fijó en el arma que portaba a su espalda.
La batalla estaba siendo dura; una adem era su contrincante. Aun así, la lanza de madera acabó rozándole la mejilla antes de que la espada de aquella mujer llegase a tocarla. «Ésta ha sido dura».
El cazador aplaudió mientras la adem se marchaba de allí, sin hacer una sola mueca, pero moviendo la mano a toda velocidad en mil y un gestos.
-Parece que los rumores eran ciertos. Y yo pensando que solo eras una chica fuerte y agil llamando la atención con una lanza pintada y sin armadura.
Judy le miró, con cara divertida, pero una mirada analítica.
-¿Con quién hablo?
-Taydal Tark, cazador del rey al que sirves.
-Oh... -por alguna razón, Judy parecía decepcionada-. ¿Qué te trae por aquí?
-Debería preguntarte lo mismo -dirigió su mirada al montón de armas-. No creo que esta sea una de tus obligaciones.
La chica sonrió sin abrir los labios y entrecerró los ojos. Tardó unos segundos en responder.
-Se podría decir, si tantas ganas tienes de saberlo, que me he tomado unas pequeñas vacaciones -carraspeó forzosamente-. Pero creo que aún no has respondido a mi pregunta.
-Ni tengo por qué hacerlo.
-Pues aquí acaba nuestra conversación, me temo -dijo con aire burlesco, y empezó a pasar la mirada por el gentío, que comenzaba a dispersarse-. ¿Quién quiere ser el siguiente?
-Yo mismo -la sonrió con el mismo gesto que antes le había dedicado a él, y le lanzó una iota-. Si no hay inconveniente.
Judy se mostró consternada un segundo, pero poco después volvió a su semblante habitual y se guardó la moneda de cobre.
-Ninguno -movió el brazo abarcando todo el montón-. Coge lo que gustes, ya sabes las normas.

Un minuto después, se encontraban el uno frente al otro, a una distancia de un buen número de metros. Tanta como el gentío permitía.
Judy, a un lado, portaba su lanza de madera y se encontraba en posición ofensiva, lista para empezar a correr con su arma en mano. Tark, en cambio, poseía un arco tensado donde reposaba una flecha, y además, tenía otra flecha que agarraba con la mandíbula.
El combate ya había empezado, pero él sabía que el inicio real se daría en cuanto disparase. Hasta entonces, ella esperaría.
«Cuando le lance mi flecha, ella la esquivará. No debería ser posible, pero igualmente sé que es capaz. Después correrá hacia mí, desesperada por alcanzarme antes de que pueda disparar la segunda... y entonces yo ganaré».
La flecha se movió tan rápido que ninguno de los presentes pudo observar su movimiento; aun así, durante las centésimas de segundo que estuvo en el aire, directa al centro del torso de Judy, Tark comenzó a preparar la segunda. «Venga, esquívala; pierde tiempo».
Escupió su flecha y la dirigió a sus dedos índice y anual, que ya comenzaban a girar como debían hacerlo, mientras la mano se preparaba para tensar la cuerda.
Judy, por otra parte, no cambió su ruta. Una vez la flecha fue lanzada, comenzó a correr hacia delante, y desvió la flecha con su lanza sin cambiar un ápice su dirección de movimiento; sin cambiar un ápice el objetivo de su mirada: Tark. Él no podía creerlo; por un instante, a sus ojos, Judy dejó de parecer humana y se convirtió en un demonio. «Es... ¡como si el mismo Encanis me atacase!». Sintió terror, pero durante un periodo de tiempo tan corto que ni siquiera él se dio cuenta.
Mientras tanto, el delicado pero asombrosamente veloz movimiento de manos seguía su curso; al mismo tiempo que la cuerda se tensaba, los hábiles dedos de Tark colocaron la flecha en posición, permitiendo así posicionar todo correctamente en literalmente varias décimas de segundo.
Y entonces llegó el momento; justo cuando Judy se encontraba frente a él, disparó la flecha y sintió una pequeña punzada en su pecho.

Para los curiosos observadores, básicamente la situación había cambiado de la inicial a la final, sin transición alguna. La segunda flecha estaba en el suelo, pero era claro que había golpeado a Judy; por otra parte, la punta de la falsa lanza de la misma tocaba el punto del cuerpo de Tark donde se encontraba su corazón.
Hubo un silencio de varios segundos hasta que ambos se acomodaron.

-Te he dado primero.
-Sabes que no.

Otro silencio de varios segundos.

-Mira, te propongo esto, ¿qué tal sí...?
-¿Te devuelvo tu dinero y lo dejamos en empate? -Dijo Judy, sonriendo ampliamente.
-Sí, eso mismo.
-Perfecto.

Poco rato después, Judy se encontraba guardando sus cosas en su gigantesca mochila, y Tark la ayudaba.
No tardaron mucho en recogerlo todo.
-¿Dónde te hospedarás? Sé que no eres de por aquí.
-En esa misma posada de ahí; no tiene mala fama.
-Oh, justo es a donde me dirigía -le estrechó la mano, pero ella la apartó educadamente-. ¿Vamos juntos?
-Está a unos cuantos metros y solo hay que seguir esta calle para llegar, tendríamos que ir juntos aunque no quisiese -comenzó a andar hacia la posada, pero acabó girando su cabeza hacia atrás-. ¡Vamos! ¿Cuánto tiempo más piensas quedarte ahí?
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Mensaje por Feren el Sáb Sep 13, 2014 11:12 pm

-¿Y que se supone que debería hacer?-Preguntó a regañadientes, con dos copas en la mesa.
-Aquí no, es un tema delicado.
-Me encantan los temas delicados, te lo aseguro.
-No seas repelente.
-¿Yo? Que va, soy la persona más...
-Un momento-Le interrumpió a Blazh- Esos son...
-Y me dice que no sea repelente.
Sven vio entrar a dos de sus seleccionados por la puerta, vaya suerte la suya. Se tendría que ahorrar buscarlos. Se levantó de la mesa y le dijo a Blazh:
-Espérame aquí. Te voy a presentar dos personas.
-Me encantan las nuevas caras. Salvo que no sean malos, si son malos...
-Ya, claro. Tú intenta no matarte mientras los traigo.
-No te prometo nada.
Sven se dirigió hasta los dos jóvenes y con un gesto amable, pidió una ronda para los dos y les ofreció asiento, al lado de Blazh, que estaba en una postura entre estar sentado y tumbado.
-¿Taydal Tark y Judy Nostrow?
-Según quién lo pregunte.-Dijo Judy.
-¿Sven? Ya se quién eres. De vista, claro.
-Lo mismo digo, Tark.
-¿Y qué es lo que querías, "Sven"?-Preguntó Judy con indiferencia.
-Un encargo real. Me adjuntaron una lista de nombres de personas que serían buenas para este trabajo.
Taydal miró a un lado, para encontrarse a Blazh, medio dormido.
-¿Y ese quién es?
-Blazh. Y no debes saber más.- tanta gente desconocida le hacía desconfiar.
-Vaya. Que rudo.
-Blazh, se más respetuoso con esta gente. Se han librado su propia reputación.
-Si va a ser un encargo real, ¿qué hacemos con este panoli?
-Repite eso ahí fuera.-Amenazó con una mirada desafiante.
-¡Calma los dos! Si hubiera querido contratar dos críos, habría buscado en la calle, pero necesito adultos.
-Entonces ve al grano, no suelo tener mucha paciencia después de tomar alcohol, ¿sabes?
-En privado, Blazh, no seas pesado. Te voy a prohibir el alcohol. Eres insoportable.
-Y lo dice ese. ¿Donde me he metido?
-En realidad, no te has movido nada.


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Mensaje por Old Medie el Dom Sep 14, 2014 5:43 am

No fue difícil convencer a Blazh, ni siquiera fue necesario ofrecerle oro ni un título. A Sven le pareció hasta un poco sospechoso. En cuanto cumplieran la misión y regresaran al castillo con el bastardo, Sven le prometió que recibiría el perdón, escrito en un bello pergamino con todos los sellos y firmas necesarios. Pero había recibido la orden del mismo rey de que no se le perdonaría ningún crimen a Blazh el Pistolero, y se le cortaría la cabeza apenas la asomara por el castillo, pero no le pareció sensato contárselo al chico.
Escogió una mesa más apartada y todos pidieron un plato diferente. Tark, Blazh y Judy serían buenos para el comienzo, necesitaba buenos guerreros, discretos y eficaces. Cabía la posibilidad de que murieran, pero todos ellos eran prescindibles. Hasta Blazh. Sabía que sería muy útil aquel artilugio que utilizaba en cuanto se encontrara a los que no eran humanos; un disparo tres veces más veloz que el de una ballesta, sin necesidad de volver a armar y usaba diminutas gotas de hierro que Blazh llamaba balas. «Hierro, eso es todo lo que necesito para acabar con los que aparecen tras Stormwall». Incluso llegó a pensar que podría él mismo matar a Blazh. Ya sabía donde guardaba la pistola, el chico cometió la estupidez de sacarla apenas lo saludó. Si mostraba el arma que tanta fama le había dado en pleno día y en una posada de los muelles quizá podría cometer algún otro error que podría poner en peligro la misión.
Mientras comían les contó lo que debían hacer, sólo lo que necesitaban saber. Encontrar un soldado perdido en Stormwall, llevaba seis meses con parte del ejército y hace dos que no se sabía nada de él. ¿Su nombre? No tiene importancia. ¿Por qué es necesario encontrarlo? No es asunto suyo. Las respuestas no les gustaron mucho, pero entendieron que era un asunto privado e importante.

Blazh preguntaba tonterías y bromeaba, Tark se mostró motivado y Judy permanecía callada, hablaba cuando debía y asentía de vez en cuando. Sven masticaba tranquilo hasta que de pronto sintió que alguien le clavaba los ojos en la espalda, se volteó sin disimulo y se encontró con la mirada de una pareja en la mesa posterior. «¿Me habrá estado escuchando?», la mujer era una Adem, no cabía duda, pero no se vestía como una. El hombre tenía un rostro sombrío, con una cicatriz bajo el ojo izquierdo. «¿Hombres de Blazh?» Sven se volteó para mirar a su acompañante, no se mostró nervioso. Siguieron hablando pero Sven no puso más atención a las palabras, comenzó a mirar a toda la gente de la posada y decidió que era tiempo de partir.

Dejaron los platos a medio comer, sus acompañantes no entendían porqué era necesario partir tan pronto, la verdad apenas tenía tres días para juntar a su grupo y partir, no había tiempo. Por el momento tendría que contentarse con los que tenía junto con él, en Tarbean encontraría al siguiente. Salieron los cuatro de la posada, Sven con el escudo redondo en la espalda y tironeando de Tormenta, los demás tras él.
Buscó entre los barcos uno que partiera lo antes posible y por el dinero adecuado arrendó dos camarotes en una coca que zarparía por la tarde a Tarbean. Les dio tiempo a sus acompañante para que reunieran todo lo necesario para partir y para cuando cayó la tarde estaban dejando la ciudad con rumbo a La Rivera.

El barco se mecía y los marinos maldecían la lluvia que caía en medio de la noche. Sven había salido a cubierta para ver como iba todo, quizá la lluvia retrasaría el viaje. Terminó de hablar con el capitán y volvía a su camarote cuando se tropezó con la Adem. «Hombres de Blazh —no cabía duda—. ¿O puede que sean de Judy? ¿O Tark?» La mujer siguió su camino y entró en otro camarote. Sven se quedó en el pasillo y flexionó los dedos de la mano enguantada. Sería mejor arreglar el asunto ahora, o bien podría dejarlo dilatar hasta la llegada a Tarbean. Pensó que sería mejor dejarlos, no valía la pena arriesgar aun más el viaje, pero si volvía a verlos tras él tendría que tomar medidas.


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Mensaje por Dinnaeh el Dom Sep 14, 2014 1:27 pm

Miró su copa fijamente.
-En cuanto termine mi copa me voy. -advertí de nuevo.
-Lo sé, ya lo has dicho como cuatro veces. -dijo Azkthel.
Se quedaron en silencio de nuevo, escuchando el tintineo de las monedas, las conversaciones y las risas propias de una taberna a esas horas.
-Tarbean. -pronunció el nombre como una revelación, un eco de la conversación que mantenía un grupo dos mesas más allá.
Por un momento cruzó una mirada con uno de los hombres del grupo, que en seguida se giró y volvió a entablar conversación, pero ahora en un tono de voz más bajo.
-¿Qué pasa con eso? -le preguntó Azkthel- ¿Planeas ir en busca de pastos más verdes en La Ribera? Allí seguro que te salen muchos clientes.
-No es asunto tuyo.
Tarbean, pensó, quizá allí me va mejor, y no tengo que andar desesperada rezando por encontrar un maldito cliente, quizá...
-No, hombre, si lo digo porque esta misma tarde sale un barco hacia La Rivera.
-¿Esta tarde? -lo miró fijamente- Creo que debería irme.
Posó su vaso acabado en la mesa, y salió de allí con la cabeza llena de ideas.
*   *   *

-¿Qué tal con el cliente ese, Em? -le preguntó Linda cuando volvió al burdel.
-Como siempre: un revolcón rápido y mecánico, pero me ha pagado bien. -me encogí de hombros- Supongo que le ponen las Adems.
Linda estalló en sonoras carcajadas.
-Chica, no sé que tienes, pero te vienen clientes a montones. -la miró perpicaz- ¿Qué les haces?
-Nada en especial. -volví a encogerme de hombros- Oye, Linda, he decidido irme a Tarbean, para cambiar de aires, ya sabes.
Hubo un momento de silencio.
-¿No estás a gusto aquí? -preguntó- Podría...
No le dio tiempo a seguir.
-Me he aburrido, simplemente. -expliqué- Quiero viajar y respirar el tufo de otra ciudad. -le sonreí, intentando aplacarla.
-Bueno, que sepas que aquí siempre serás bienvenida. -se detuvo un momento, pensando- Tendré que pasarle tus clientes a Vanessa.
-¿Puedes despedirte de Mía por mí? Me voy por la tarde, y no creo que se vuelva a pasar hoy por aquí.
-Estás de suerte porque le salió un cliente de última hora, está en la salita. -señaló la puerta- La habitación tres está libre, por si queréis utilizarla. -le guiñó un ojo.
-Gracias.
Y corrió a encontrarse con ella.
*   *   *

No había vuelta atrás, ya lo había hecho. Podía oler el salado olor del mar y contemplar sus ondulantes olas desde su camarote.
Bueno, tampoco me ha costado mucho dinero, y quizá me vaya mejor, todo es probar, pensó mientras se asomaba por el ojo de buey.
Que casualidad, se dijo para sí misma.
Todo el grupito de personas, las que estaban en la taberna, también iban en el barco destino a Tarbean, como ella, incluso se había encontrado con el hombre con el que cruzó miradas al entrar en el camarote.

Rumbo La Rivera, allá vamos.


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Mensaje por Jacktash el Dom Sep 14, 2014 4:12 pm

El barco no era muy grande, por lo que no cabían más de diez o quince personas. Ahora mismo, en el barco, eran once personas. Estaban Blazh, Sven, Judy y Tark, aparte del capitán, el cocinero del barco y otras cinco personas. Había dos Adem, una mujer y un hombre, menudo, que asustaba verle, además había una pareja ceáldica que iba de camino a Imre, o eso les había oído decir Tark en un par de veces. Luego, en las sombras, había un joven niño de no más de diez años, con el rostro lleno de pecas que seguía muy de cerca al cocinero, por lo que podía ser su hijo.
- ¿Tú qué opinas de la misión de la que nos ha hablado Sven? - está pregunta pilló desprevenido a Tark.
- Eh… ¿qué me has preguntado?
Judy le miró severamente.
- Que la misión, ¿qué te parece?
- Pues como no sé mucho acerca de ella no puedo opinar.
- Tienes razón. Tanto secretismo, ¿a qué crees que se debe?
- Sven es así - Blazh apareció detrás de los dos, iba bastante pedo y se tenía que ir sujetando a lo que pillaba para no caerse por los lados.
- ¿Y tú cómo sabes cómo es Sven? - preguntó Tark, desconfiado.
- Lleva persiguiéndome un tiempo. Por si no lo sabéis estáis hablando con Blazh el Justiciero, el único hombre en La Mancomunidad que aplica justicia como debe ser.
- Entonces te crees un Amyr, ¿no? - Tark odiaba a los Amyr. Mejor, odiaba todo lo que tenía que ver con Tehlu. Adoraba a Encanis, aunque también le odiaba.
- Yo no me creo nadie. Nadie me dice cómo tengo que actuar, ni Tehlu ni el Rey.
- Bueno, entonces eres de los que creen que puedes cambiar el mundo tú solo.
Si Blazh sin beber se irritaba fácilmente, cuando bebía, saltaba a la mínima, por lo que sacó su pistola, apuntando a Judy primero, y después a Tark. En un movimiento demasiado rápido como para que el ojo humano pudiera distinguirlo, Tark sacó una flecha, la puso en el arco, que lo había sacado de su capa y apuntó a Blazh.
- ¡Joder! Se supone que vamos a trabajar juntos, ¿no? Dejad las armas y daos la mano. No quiero ningún roce, y menos en este barco que no puedo irme lejos.
Blazh y Tark se miraron, uno que solo confía en sí mismo y otro desconfiado. El primero en aflojar su arma fue el arquero, destensó la cuerda, se guardó la flecha y metió el arco donde estaba. Blazh tardó un poco más, pero fue bajando la pistola, hasta guardársela en la capa.
- Un día me tienes que decir cómo funciona ese arma - le dijo Judy a Blazh, intentando aplacarle.
- Sí... algún día...
En ese momento de silencio, por delante de los tres apareció la Adem, que les miró con mala cara. Parecía poco amigable.
- Curiosa pasajera... - le susurró Blazh a sus acompañantes.
- Sí, no querría volver a encontrármela... - Tark le siguió con la mirada, hasta que se metió en uno de los camarotes.
- Bueno, lo que decía, ¿qué os parecía la misión que nos ha encomendado Sven, por qué tanto secretismo?
- Yo creo que tiene que ver con el Rey.
- Seguro que tiene que ver con el Rey, si no, Sven no habría venido a avisarnos, y lo hubiera hecho cualquier soldado de poca monta.
- Sea lo que sea he de decir que no me gusta nada... ¿A Stormwall por un soldado? Allí no hay nada bueno.
- Bueno, dejemos el tema, ya vendrá Sven con los detalles. Y ahora, Blazh, ¿a quién ajusticias exactamente?


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Mensaje por Feren el Dom Sep 14, 2014 4:33 pm

-Muy buena pregunta. Aunque tengo que admitir que estoy fuera del negocio, solía "ajusticiar" a extorsionistas, esclavistas, corruptos y esa clase de chusma.
-¿Estás fuera?¿Qué pasó?
-Cosas personales.-Miró a la pared.-Una cosa que me pasó hace tiempo aun me sigue afectado. Un viejo amigo, aunque esté muerto, sigue persiguiéndome. No me lo puedo sacar de la cabeza.
-¿Y como puedes matar? Es decir, si alguien querido muere y no puedes asimilarlo, ¿como puedes asimilar todas las muertes cometidas por ti mismo?
-Esa fue la razón de por qué lo abandoné... El hombre se hacía llamar Feren, y fue el hombre más fuerte que conocí nunca. Tenía una mente muy dura, os lo aseguro. Nunca abandonaba la lucha, y esa fue la razón por la que murió. No era orgulloso, y aprendió a asimilar la realidad.-Señaló su espada y la desenvaino.- Esta espada era de Feren. Su nombre es "Delicia". Esta se ha llevado innumerables vidas.
-Te parecerá extraño, pero yo también he oído hablar de ese hombre.

Blazh lo miró confundido, pero enseguida volvió otra vez a la seriedad.
-Es normal, Feren ganó bastante fama.
-No. No me refiero a eso. Un amigo mío me habló de él. Este amigo mío era el mejor amigo de Feren. Se llama Yukane.
A Blazh se le paró el corazón. No daba crédito a lo que había oído. Yukane seguía vivo.
-¡Dime! ¿Donde está ahora mismo?-Le preguntó agarrándole.
-Tranquilo. Está con el Rey, es como una especie de consejero.
-Debo ir, debo advertirle de...
-¡No vas a ir a ningún lado, Blazh!-Sven entró en escena.-Ya que estamos aquí, no abandones la misión. Esto es más importante que ir a visitar a un amigo.
-No recibo ordenes de ti, Sven.
-Ahora si, Blazh. ¿Recuerdas el trato? No creo que quieras verte en esa situación.
-Joder. ¡Mierda! Haré este trabajo lo más rápido posible, te lo aseguro.-Blazh le miró con desprecio a Sven.- Me da igual los daños colaterales.  


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Mensaje por Old Medie el Lun Sep 15, 2014 5:46 pm

Era de noche y la lluvia volvía a caer. La coca mercante que surcaba el Mar de Centhe crujía y gemía en brazos de la tormenta invernal. Una de las grandes velas de lona se había rajado por la fuerza del viento y el mástil amenazaba con partirse en dos cada vez que las olas cruzaban el barco por estribor. En cubierta los marineros trataban de guardan las demás velas, exceptuando una que se había quedado atascada. Sven estaba clavado en la proa, sujeto de la gran soga que mantenía unos barriles en su sitio. Era la peor tormenta en los dos días que llevaban de viaje y Sven se preguntaba como estaría Tormenta en la bodega, «Piafando y coceando seguramente». Vio como los marinos subían a cortar las amarras que impedían guardar la vela y como una ola se elevaba metros y metros y pasaba por sobre la coca. Vio como uno de los marinos cayó a la mar y los intentos vanos en rescatarlo.
El capitán gritaba ordenes y amenazó a Sven si no se volvía a los camarotes junto con todos los demás viajeros. Pero Sven se quedó, ya había vivido suficientes aventuras como para morir tragado por el mar. El capitán trataba de poner el barco para recibir las olas por proa y todo el barco se tambaleaba por el giro, Sven corrió por la cubierta resbaladiza hasta la escalerilla con la daga en la boca para tener libres ambas manos ,«¡Vamos, vamos! —se gritaba a sí mismo— ¡El viento no me tirará, el mar no me tragara!». Llegó hasta donde un nudo impedía desamarrar la vela, se aferró a la escalerilla con la derecha para dejar libre a la izquierda, escupió la daga y comenzó a cortar.
Un relámpago iluminó el cielo nocturno casi frente a Sven y lo cegó, después el trueno sonó como si el mismo Tehlu hubiera usado un tambor celestial retumbando en su pecho como un puñetazo.
«¡¿Dónde mierda cayó ese relámpago?!»


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Mensaje por Rasec el Lun Sep 15, 2014 6:10 pm

Reasec Lacklessable, un caballero curtido de cientos de batallas estaba de camino a La Rivera, el Rey de Vint lo había mandado allí a buscar a alguien, el Rey no le dijo a quién buscar, pero afirmó que esa persona lo encontraría. Reasec estaba deseoso de comenzar su nuevo mandato, estaba comenzando a entrar a los años donde todos lo comenzaban a ver viejo y lento, una crisis que sufren muchos caballeros de edad mayor las veintenas.

Era de noche, solo se escuchaban los cascos de su caballo y el sonido de su espada, Honor, chocando a su costado. También podía escuchar el canto de los insectos y alguna rama partida a su costado. Era una noche tranquila, de esas que invitan a caminar por horas hasta el amanecer, lograba ver las luciérnagas resplandecer de vez en cuando, le encantaban.
Bonita noche, tanto que casi no me preocupa que no haya luna. Reasec era un hombre supersticioso, al fin y al cabo era de Vint, temía a noches sin luna, a arcanistas, y a los Siete.¿Qué tipo de misión será esta? El Rey siempre me dice que debo hacer con todo detalle. Me da mala espina. Mas por su actual situación con el Rey Penitente. Lacklessable no confiaba en el Rey Penitente, pero era más poderoso que el Rey al que él serbia y sobre todo, su Rey confiaban en el Penitente.

Era una noche bonita, muy bonita para un caballero veterano que añoraba con ser más joven. Para un veterano con espíritu de joven.

-¡Adelante, Justicia!- Le dijo a su yegua y se fue a galope.- ¡A La Rivera!

Se empezaba a ver el Sol en el horizonte.


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Mensaje por Jacktash el Lun Sep 15, 2014 6:29 pm

El estruendo de la tormenta hacía casi imposible la comunicación entre los pasajeros del barco. Y el vaivén del barco, provocado por las olas, tampoco la facilitaban.
En uno de los camarotes estaba encerrado Tark. Al inicio de la tormenta había ido allí para buscar su capa, ya que no quería mojarse, y en una sacudida del barco la puerta se había quedado detrás de un mueble lo suficientemente grande como para que a un hombre solo se le hiciera imposible moverlo. Tark lo había intentado de todas formas, había empujado desde la derecha, tirado desde la izquierda, había hecho palanca con la pata de una de las sillas de su camarote, pero ni con esas había logrado mover, al menos por unos milímetros el mueble. Estaba encerrado allí, y eso le agobiaba, ya que no le gustaban los espacios cerrados. En la habitación apenas tenía sitio para moverse, la cama ocupaba la mitad de la estancia, y la otra mitad estaba ocupada por el mueble caído y las pertenencias del arquero.
Después de desesperarse intentando encontrar una solución, Tark entró en razón y se sentó en la cama, intentando calmarse, para así poder buscar una salida. << La puerta queda descartada >> pensó. Y sonrió, ¿quién en su sano juicio se sentaría en una cama, en un camarote patas arriba, en un barco en mitad de una tormenta, descartando la puerta para salir? Pues el único que podía hacerlo porque no le preocupaba la muerte, Taydal Tark, un joven arquero del Rey.
De pronto el camarote se iluminó por todas las esquinas, como si el mismísimo Tehlu hubiera aparecido para llevársele, aunque no podía ser, en todo caso era ella. El semblante de Tark pasó de la calma y la despreocupación al temor por lo desconocido. Un nombre resonaba en la mente del hombre sentado en la cama.
Encanis... Encanis... Encanis...
En un ataque de ansiedad, Tark empezó a golpear a la pared, tan fuerte que de los nudillos ya brotaba sangre de las heridas. Y así, sin pensarlo, a golpes, en la pared se abrió un boquete, que daba a la cubierta, resbaladiza por la lluvia. Entre las gotas de agua que caían, Tark logró reconocer a Sven, el hombre que le había metido en el barco.
- ¡¡SVEN!!
- ¡¿Quién habla?!
- ¡Soy yo, Taydal Tark! ¿Te acuerdas? ¡Estoy en el barco con Blazh y Judy!
- ¡Ah, ya me acuerdo!¡Espera que voy, es imposible estar en la cubierta! - mientras gritaba esto, Sven subió la cabeza, para mirar más allá de donde se encontraba Tark, y señaló a donde miraba, gritando - ¡FUEGO!¡FUEGO!¡EL RAYO HA IMPACTADO EN EL MÁSTIL!¡EL BARCO SE HUNDE!
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Mensaje por Títere el Lun Sep 15, 2014 6:31 pm

Azkthel disfrutaba un sueño reparador en una posada que había encontrado en su cabalgada dirección a Tarbean.
Dos días antes se encontraba en un pequeño pueblo al norte de la isla de Junpui, situado en la costa. En él, después de entregar el Maestre a los altos cargos del Gremio de Comerciantes del Este, y después de haber disfrutado de una estupenda copa de vino en una posada junto con Emalee, la extraña Adem mercenaria que no vestía el rojo, había recibido otro encargo. Minutos después de que Emalee saliese por la puerta de aquella posada dirección a los puertos, otra Adem se sentó en su mesa. Esta no era tan habladora como Emalee, y sí vestía el rojo. Le explicó en que consistía el nuevo encargo con breves y escuetas palabras, y luego le pagó la mitad de lo acordado, que ya de por sí era una astronómica suma de dinero. Después, se marchó de allí sin dirigirle una sola mirada más a Azkthel.
Luego, él también había abandonado la posada, para marcharse a organizar los preparativos, pues era consciente de que le esperaban tres días extenuantes de cabalgadas sin fin.
Y ese mismo día, antes de que cayese el sol, cabalgaba sobre una yegua mora, junto con un bayo y un alazan que llevaba atados a las riendas, de refresco. Estaban recien adquiridos, le habían costado una pequeña fortuna, pero merecían la pena.
Había calculado que con ellos llegaría a Tarbean en tres días.
Y así había llegado hasta aquella posada, después de dos días de camino, exhausto y hambriento. Había parado varias veces, para comer y dormir, pero no más de tres horas seguidas. Necesitaba llegar antes que aquel barco.
Azkthel se removió en sueños. Estaba cansado, aún más cuando pensaba en la perspectiva de otro día más de cabalgadas. Pero tenía que hacerlo.
Para eso le pagaban.


-...el primer borrador lo escribes con el corazón, el segundo, con la mente.-
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Mensaje por Old Medie el Miér Sep 17, 2014 6:24 pm

La Ribera no había cambiado nada desde la última vez que Sven la visitó. Había llegado con su grupo aquella mañana en la coca mercante ilesos. En medio de la tormenta el mástil había terminado por ceder en un estallido de astillas y sogas llevándose con el a dos marinos hasta el fondo del Centhe, casi se lleva también a Tark si no se hubiera agarrado como un pulpo de la tela de la vela que Sven había logrado cortar. El fuego se apagó enseguida con la lluvia pero dejó una gran mancha negra junto con madera chamuscada en la proa del barco. Luego de que terminara la tormenta bajaron a ver a Blazh y Judy en sus respectivos camarotes, ambos estaban tan asustados que ni quisieron ni asomar la nariz para ver que sucedía arriba. Blazh amenazó torpemente al grupo si mencionaban que se había escondido y Judy simplemente dijo que no tenía nada que hacer arriba y que por eso se quedó ahí. El resto del viaje pasó sin problemas, se tuvieron que conformar con la vela del trinquete y mesana para impulsarse además de los remos. Llegaron con dos días de retraso, dos hombres menos y sin el mástil, «Mal comienzo» pensó Sven.
Un mar de gente recorría La Rivera en todas sus direcciones, la guerra había logrado llevarse a la mayoría de los hombres fuertes pero aún quedaban viejos, niños y tullidos para encargarse de poblar las calles. Los mendigos seguían pidiendo en las esquinas, los ladrones seguían rajando bolsas y metiendo las manos en bolsillos ajenos, «Incluso —pensó—, si digo las palabras necesarias hasta podría encontrar un traficante con un buen Denner». Iba pensando en el sabor de aquella sustancia pegajosa cuando llegó hasta una posada que rallaba en los limites de La Colina.
¿A qué sucucho nos has traído? —quiso saber Blazh.
—Este es un buen lugar, para ser de La Rivera, no le echan agua a la cerveza y no tiene pulgas en las camas. Aunque seguro que con el dinero que te pagan por asesinar has podido pagar lugares mejores.
¡¿Que dices?! Yo lo hago por la justicia, no por el dinero, pero si me pagan de vez en cuando por hacerlo no está demás un par de talentos.
Sven pidió una cerveza y sus acompañantes pidieron alguna bebida también. Bebió la mitad y luego la otra en dos largos sorbos. Echó una mirada por la estancia y enseguida reconoció a quien buscaba.
Caminó hasta la mesa, se desabrochó el escudo redondo de la espalta y lo apoyó en una pata. Se sentó mientras del otro lado de la mesa una mirada adusta le decía: «¿Quién carajo eres?»

—Hola.
¿Hola?
—Supongo que no me recuerdas.
Por ese escudo, la espada y la armadura podría pensar que luchamos juntos o entre nosotros en algún lado. Tienes cara de mercenario, y yo no peleo con mercenarios, sólo con caballeros. Así que puedo decir que nunca peleado contigo. —Sven sonrió pero fue una sonrisa gélida, él hombre que tenía en frente bajó la mano a la espada— ¿Maté a algún bandido amigo tuyo?
—Soy Sven, Sven Manonegra —dijo mientras levantaba la mano derecha enguantada—. Serví al rey de Vint durante unos seis años, quizá me viste en la corte, yo si te recuerdo ahí. Como pudiste notar soy mercenario por lo que no me tocaban los mejores trabajos, pero siempre los llevé a cabo y con buen final. Ahora estoy trabajando para el Rey Penitente, tengo una misión y el mismísimo rey de Vint me mandó a su mejor hombre para que la pudiera cumplir.
¿Y qué te hace creer que la voy a aceptar?
—El honor de servir a tu rey, de cumplir con lo que te ha encomendado. No fallarle —el hombre lo miró duramente, pero luego de un segundo enganchó el anzuelo.
¿De qué se trata? —«Ya lo tengó» pensó Sven.

Minutos más tarde salieron de la posada. Reasec estaba bastante molesto por participar con tal pandilla pero se reservó sus disgustos, quizá se los haría saber más tarde.


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Mensaje por Old Medie el Vie Sep 26, 2014 5:15 am

Había pasado casi un ciclo desde que hubo encontrado al segundo de su lista. El Caballero del Silencio, como lo había apodado para sí, pues era igual de callado que los otros tres que había cogido antes de salir de la ciudad del reino. «Está obligado a seguirme por honor —pensó Sven—. ¿Será que esta tan molesto como deja ver su rostro? —Al menos aun no había descubierto quien era el crió de negro—. Mientras el chico mantenga la pistola en su funda.»
No quería imaginar lo que sucedería cuando el caballero supiera quien era de verdad Moretón. Blazh sólo tenía que mantener su arma guardada hasta que llegarán a Stormwall, cuando estuvieran allá Reasec estaría muy lejos para volver, y ya muy unido al grupo para pensar en traición. O al menos eso esperaba.
   Manonegra iba comiendo una manzana verde y amarga mientras se mecía con el andar del carro, junto a él iba sentado Blazh, su ojo derecho se había deshinchado, y ya se estaba coloreando de verde.
¡Me había insultado, el idiota se lo merecía! —se había excusado Blazh. Mientras Sven había ido a reclutar al caballero, el pistolero había abandonado el grupo para ir a una taberna, en donde se tranzó a golpes con una pandilla. Le rompió el brazo a un estibador y a otros dos los dejó inconscientes. Un ojo morado era poca consecuencia para haber peleado contra seis.

Detuvieron el carro en un pequeño claro al margen del camino, era un lugar bueno para montar el campamento. Hace cinco días que habían visto la última posada, y eso que las posadas abundaban en el camino real. Aun tenían bastante comida pero Tark gustaba de salir a cazar, y a los demás les gustaba comer carne. Sven tuvo que pedirle aquella noche que no cazara porque ya no tenían donde guardar más carne en salazón. El cazador asintió y se conformó con limpiar su arco meticulosamente.
Silencio encendió un fuego rápidamente con su piedra y pedernal. Blazh que en presencia del caballero debía ser llamado Moretón había reunido bastante madera seca para mantener el fuego encendido toda la noche. Judy se encargó de alimentar y cepillar a los cuatro caballos que habían comprado para recorrer el camino, dos para el carro, una montura para hacer de vigía que solía usar Tark, y la yegua pinta de Reasec.
Las tiendas estaban listas y la sopa en el cazo estaba en su punto.
—Joder, que buena comida, aunque no es correcto que lo diga quien la cocinó —dijo Sven, con la intención de entablar una conversación—. Hace cinco días que no probaba algo caliente —dejó la frase en el aire para ver si alguien contestaba, pero sus compañeros se limitaron a cucharear. Tark de pronto asintió y comentó lo buena que estaba, y luego Judy comenzó a hablar de una sopa que solía comer en el castillo. Luego Reasec habló de comidas vínticas que eran mucho mejores. Pasaron el resto de la cena conversado de recetas y platos que habían probado en su vida. Sven agradeció la charla, tenía la esperanza de que esas conversaciones banales comenzaran a aflorar a medida que avanzaran hacía su destino.
Sortearon los turnos de guardia y el primero le tocó a Judy. La chica sacó su lanza y comenzó a realizar una danza lenta y meticulosa que seguramente ya había practicado un millar de veces. Sven se metió a su pequeña tienda y se acomodó entre las pieles para dormir, le tocaría la última guardia así que dispondría de unas buenas horas para dormir.


Manonegra abrió los ojos, estaba acostumbrado a despertar con el menor ruido. Acercó su mano derecha a la empuñadura de su espada, afuera se oía el chisporroteo del fuego. La tienda estaba totalmente a oscuras, aun era de noche y era imposible calcular la hora, seguramente estaría por tocarle su turno de guardia. El sonido que lo había despertado volvió a sonar, Sven aguzó el oído y contuvo el aliento para poder oír mejor. Sonó otra vez.


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Mensaje por Rasec el Lun Sep 29, 2014 11:48 pm

El caballero de antaño, Reasec, estaba todavía asimilando a su grupo, eran más jóvenes que él, y no creía que duraran mucho como grupo, desconfiaba mucho de la persona a la que Sven llamaba Moretón, Reasec estaba seguro de conocerlo, esa mirada la había visto antes, de Sven Manonegra había escuchado poco, para el solo seguía siendo solo un vil mercenario.

Menudo grupo al que fui a parar. Se decía a si mismo Reasec. Ya uno se peleó en una taberna. ¿Qué puedo esperar de ellos? Reasec aún no comprendía por qué su Rey lo había mandado allí. Debía ser importante, pero el grupo hacia que la expedición perdiera prestigio. Para Reasec él era el único que no parecía bandido, mercenario o contrabandista.

Seguía las ordenes de Sven solo porque era el encargado, si tan solo el tomara el mando…pero no, su honor era inquebrantable, no podía fallar como en Cauce del Fresno, no podía salir de nuevo de su estándar de caballero, aquella vez lo hizo porque no le quedaba alternativa, o eso creía. Había matado a un joven que se iniciaba en el saqueo, un joven que no tenía arma con la cual defenderse, aquellos bandidos habían matado en una emboscada a su mejor amigo Arimnestos, eran como hermanos.

Pensó en ello mientras prendía la fogata, aunque ya no estaba acostumbrado a ello en sus tiempos como mozo lo había aprendido. Dudaba que su compañía supiera prender un fuego sin tardar más de una hora. A la hora de la cena charlaron de comida, les hablo del pato en salsa de Vint, la mejor carne que se puede saborear en los Cuatro Rincones.

Pasadas unas horas el grupo decidió dormir, le tocaba la tercera guardia, no estaba acostumbrado a dormir mucho así que duro un rato observando a la chica llamada Judy mientras practicaba con una lanza, realizaba movimiento suaves y densos, eran casi hipnóticos, precisos y realizados a la perfección. Miró al cielo y divisó a la Luciérnaga, una de las estrellas más brillantes, pensó que si algún día se hacía un estandarte su escudo sería una luciérnaga…

Lo despertó Moretón, ya era hora de su guardia. Se desperezo y se incorporó, se colgó a Honor en la cintura y se acomodó la capa. Se quedó un rato parado, mirando de nuevo al cielo, y de cuando en cuando bajando la mirada al frente y esculcar un poco en la oscuridad. Comenzaba a relajarse y a pensar en viejas aventuras cuando escucho un crack, una rama se rompía, luego otra, y otra y otra. Lacklessable toco la empuñadura de su espada, cada vez el sonido era más cercano.

Vio salir a Sven de su tienda, lo miro como diciéndole que él también lo escuchaba, Manonegra desenvaino con suavidad la espada, apenas haciendo ruido, Reasec lo imitó. Vieron salir de entre los arboles a un siervo a toda prisa, se relajó. Cuando estaba a punto de envainar la espada una docena o más de arañas gigantes salieron de la maleza…eran scrales.
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Mensaje por Jacktash el Mar Sep 30, 2014 5:05 pm

Scrales. Y no eran tres simples scrales que no iban a preocupar a ese grupo. Eran doce scrales. Negros como la noche y con las patas más afiladas que la chuchilla de un barbero.
- Compañeros, ha llegado el momento - dijo con una sonrisa de cómplice Sven. Alzó su espada, Fuego Verde, aunque mucho no iba a ayudar contra los scrales. Instó a los demás a que sacaran sus armas, al menos para defenderse -. ¿A qué esperáis? Sacad espadas, puñales, arcos, hachas… lo que tengáis escondido en esos cuerpos. Son enemigos temibles estos scrales…
Sus compañeros hicieron lo mismo, Reasec se colocó al lado de Sven, en primera fila, armado con su espada. Tark sacó su arco y se lo colocó en la mano derecha, con la izquierda sacó un puñal de la pechera. Blazh se armó con su espada y sacó una pistola, aunque no tenía pensado usarla todavía, no tan pronto. Judy cogió la lanza con la que había estado practicando y se colocó a la derecha de Sven. Los scrales empezaron a rodearlos, y los cinco hicieron un círculo, defendiendo cada uno un flanco.
Taydal nunca se había enfrentado a unos enemigos así, lo máximo a lo que se había enfrentado era a un ciervo enfurecido, cazando para su Rey. Sabía que iban a tener dificultades para ganar este combate, pero si de algo estaba seguro era de que si moría, iba a morir luchando.
- Ya tenía ganas de acción - dijo Blazh, y sin dejar de mirar a los scrales le preguntó a Tark - ¿Tú no?
- Bueno, no me hubiera importado saber cuando pretendían atacar…
El justiciero soltó una risotada y le dio un golpe al cazador.
- Ya verás como salimos de esta.
- Te veo muy seguro… - esta vez intervino Judy - Son scrales. Y no son pocos…
Justo cuando Blazh iba a responder se abalanzaron dos scrales a por él y Tark. Los repelieron con un golpe con sus respectivas armas. Ambos se callaron y tensaron cada músculo del cuerpo. Ya empezaban a sudar y todavía no habían atacado todos los scrales.
Saltaron seis scrales, cuatro fueron a por Blazh, Judy y Tark. Estos se defendieron como pudieron, Judy le cortó un par de patas a uno, Tark golpeó fuertemente a otro, que se alejó con un gritito y Blazh hirió a uno con la espada y disparó a otro, este se desplomó y empezó a gemir. Judy aprovechó para clavarle la lanza, lo que no le mató, pero casi, se quedó en el suelo, incapaz de moverse. Dos de los otros tres se retiraron, y el que quedó combatiendo hirió a Tark en la pierna, haciéndole un corte poco profundo.
Por otra parte estaban Sven y Reasec contra otros dos. Sven le cortó cinco patas a uno de los scrales, que se cayó al suelo e intento moverse. Golpearon sin éxito al otro.
Tras este primer asalto, Tark había recibido un corte en la pierna, lo que le dificultaba un poco el andar, pero no iba a dar señales de flaqueza, si sus compañeros iban a seguir luchando, él no se iba a quedar atrás, no le habían enseñado eso.
- ¡Bien! ¡Dos menos! - exclamó Judy. Luego miró a Tark y puso una cara de asco - ¿Estás bien, cazador?
- Sí, no te preocupes... - se volvió a colocar en el círculo, cojeando.
Los scrales siguieron dando vueltas en círculo, y volvieron a atacar. Esta vez fueron dos a por Sven y Reasec y uno a por los otros tres. Los primeros tuvieron dificultades para enfrentarse a ellos, dejaron a uno tendido en el suelo, agonizando, y al otro ni siquiera le dieron. En esta contienda, uno de los scrales había proporcionado un corte a Reasec en el brazo.
El otro scral estaba sufriendo, Tark le cortó tres patas, lo que le hizo caer, y entre Blazh y Judy le mataron, el primero le propinó un disparo y la segunda hincó la lanza en la herida, pero no fue una victoria completa, ya que a Blazh le hizo un corte profundo en el muslo.
Tras este segundo asalto, quedaban ocho scrales y el grupo había sufrido diversos daños, Tark y Blazh cortes en las piernas y Reasec un corte en el brazo izquierdo.
El cazador miró a su alrededor. Quedaban ocho scrales y el grupo había sufrido diversos daños, Blazh cortes en las piernas y Reasec un corte en el brazo izquierdo. Pero ninguno se rendía, después del segundo asalto, en el círculo que formaban los cinco había un silencio sepulcral, solo interrumpido por el goteo de sangre de los heridos. Cada uno tenía la mirada fijada en los scrales, y apretaban con fuerza sus armas. Tark soltó el puñal y cargó con fuerza la flecha, apuntando a los scrales. Blazh le miró y soltó su espada para sacar otra pistola. Judy se aferró a la lanza y crujió el cuello. Sven sacó un puñal e hizo un movimiento de muñeca con la espada. Reasec fue el único que no se movió ni cambió de armas. Solo miró al cielo, por donde empezaban a aparecer los primeros rayos de sol.
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No he cambiado el color de Feren, que nos diga cual quiere y lo cambio...
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Mensaje por Expo el Mar Sep 30, 2014 11:42 pm

Los scrales, en una tan extraña como desafortunada sincronía, acometieron casi al mismo tiempo contra el grupo, rompiendo en un instante el círculo que se había formado.
Uno atacó a Blazh, que se encontraba a la derecha de Sven, y obligó al mismo a alejarse para evadir a aquella especie de demonio, ignorando la punzada de dolor que acababa de sentir cerca de la rodilla. Justo en el momento de pararse de nuevo, otro scral saltó hacia él, pero se agachó y su oponente pasó por encima de su cuerpo. Agradeció la luz del amanecer, que le permitía seguir mejor los movimientos de aquellas bestias, y disparó a su enemigo, sin conseguir matarle.
Por otra parte, Tark no tuvo la misma suerte; un grito ahogado indicó a los que se encontraban a su alrededor que uno de esos seres se le había subido encima, y ya le comenzaba a causar numerosos cortes por todo el cuerpo, al mismo tiempo que subía por su torso. Judy, que en un principio, instintivamente, realizó el amago de ayudarle, se percató al momento de que no conseguiría nada. En unas décimas de segundo de lucidez, supo perfectamente lo que hacer; corrió a toda velocidad hacia uno de los cadáveres de los scrales ya muertos, esquivando a uno de los vivos en el camino, y agarró su lanza con las dos manos, apuntando con la punta al cuerpo inerte.
Intentando, con no muy efectivos resultados, seguir calmada, miró a la hoguera aún encendida con el rabillo del ojo, y seguidamente dirigió su vista al scral que Tark intentaba quitarse de encima en una espiral de vueltas, rebolotear de brazos e improperios, sin mucho éxito.
«Dos veces más duro que una roca. No. Más». Tragó saliva. «Puedo hacerlo».
Tensó sus músculos todo lo que pudo y profirió un inmenso grito mientras, con toda su furia, bajaba los brazos e intentaba clavar su lanza en el cuerpo. Cuando se produjo el choque, Judy bramó con aún más fuerza, y finalmente el acero logró atravesar al cadáver varios centímetros.
Al momento de ocurrir esto, el scral que Tark tenía trepando por su cuerpo cayó al suelo y comenzó a corretear de un lado para otro, aturdido. El cazador, antes siquiera de preguntarse qué había ocurrido, se fijó en la herida que por alguna razón acababa de aparecer en su enemigo, y no dudo en lanzar una potente flecha dirigida a ese mismo punto.
Ahora solo quedaban siete.

Justo cuando Judy se disponía a seguir batallando, el scral al que antes había evadido se lanzó contra ella y la tiró al suelo.
Por otro lado, Sven atacó con su espada al uno de sus oponentes, pero éste se movió a toda velocidad y lo esquivó, saltando a su brazo. Al momento de intentar clavarle sus patas, éstas rebotaron en su piel, sin causarle una mínima herida. El veterano mercenario, ignorando sus continuos ataques, le atacó con el puñal una, dos, tres, hasta cuatro veces, consiguiendo finalmente atravesarle y causarle daño. Finalmente, le apuñaló una quinta vez, acabando con su vida.
Reasec, que en ese momento luchaba contra dos de los scrales, se fijó también en la hoguera y corrió hacia ella, evitando a los enemigos que ya le habían causado diversos daños por todo el cuerpo e ignorando el dolor que la herida de su brazo, más profunda, le causaba. Al llegar al fuego, un scral saltó hacia él, pero lanzó un amplio tajo que primero pasaría por las llamas y después cortaría a su oponente. Justo después de efectuar el ataque, se fijó en la reacción de aquel ser y en los efectos que su espadazo había causado.
Como pensaba, resultaba mucho más efectivo así; el fuego se extendía con suma facilidad por todo su cuerpo y parecía hacerles sufrir un gran dolor.
Sven, que se fijó en lo que había ocurrido; no tardó en reaccionar.
-¡El fuego! -Exclamó, sin dar más explicaciones. Supuso que todos los que fuesen capaces de oirle lo entenderían, mientras poco a poco, apartando como podía a los scrales con su espada, se acercaba más a la hoguera.
Tark, que en ese momento corría (o, más bien, cojeaba a gran velocidad) en busca de una roca o algo que le permitiese poseer cierta defensa al disparar, captó a la perfección el mensaje, y sin parar de moverse, cambió su dirección.
A unos metros de allí, Blazh soportaba como podía al scral herido que le acosaba, pero su movimiento se veía cada vez más afectado por los numerosos cortes en sus piernas y la pérdida de sangre no le permitía apuntar bien, ya que no paraba de sufrir mareos. Al parecer había perdido mucha más sangre que los demás; quizá las heridas fuesen bastante más graves de lo que parecía. En todo caso, no era el momento de pensar en ello.
Cuando su enemigo intentó atacarle por la derecha, él giró en consecuencia y consiguió dispararle a varios centímetros de distancia, mientras se encontraba en el aire. Al observar el cadaver caer, exhaló aire, aliviado.
Parecía que las tornas estaban cambiando; aunque Judy seguía en el suelo, luchando sin grandes resultados contra aquella especie de araña gigante que no paraba de clavarle sus afiladas patas por todo el cuerpo.
Con su espada en llamas, Reasec acabó atravesando a su enemigo, pero otro scral saltó a su espada, causándole un inmenso dolor.
Tark, ya tensando su arco, no tardó en colocarse en una posición ventajosa y realizar unos cálculos que tenían más intuición en su naturaleza que cualquier otra cosa. Al dispararse la flecha, ésta atravesó el fuego de la hoguera e impactó de lleno en el scral que Reasec tenía encima de si, haciéndole caer. Justo en ese momento, Sven apareció a su lado y acabó con el monstruo en llamas, antes de que se recuperase. Reasec no pudo esconder su sorpresa al apreciar cómo luchaba el equipo.

Entonces, un intenso chillido de dolor inundó el lugar, y todos quedaron impactados al ver cómo un scral atravesaba el ojo izquierdo de Judy, aún tirada en el suelo e intentando con todas sus fuerzas quitárselo de encima.
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Mensaje por Old Medie el Sáb Oct 04, 2014 4:55 am

El sol había salido hace varias horas, pero a medida que avanzaba el carro un mar de nubes grises lo engulló hasta encapotar el cielo, «Esta noche lloverá —pensó Sven—. Debo hacer lo posible por llegar a algún pueblo.»
Había decidido quedarse hasta que el grupo se sintiera en condiciones de partir pero nadie estuvo dispuesto a pasar otra noche en aquel lugar, así que apenas pudieron mantenerse en pie comenzaron nuevamente su viaje por el Gran Camino de Piedra.
Sven miró a sus compañeros, a su lado iba Tark, tan pálido como los demás; todos habían perdido suficiente sangre como para caer desmayados pero soportaron bien, Tark sobre todos. Luego de la pelea Sven les había administrado nahlrout a todos para cesar el sangrado, también icillium pues no sabía si aquellas arañas podrían tener veneno en las patas. Limpió y cosió los cortes de todos con hilo de tripa y aguja de hueso, tomó dos buenas camisas que le ofreció Reasec, las hizo jirones y las usó para cubrir las heridas.
Acostados en la parte trasera del carro iban Blazh y Judy. Blazh había soportado hasta que el último scral hubo caído, luego se apoyó contra un árbol y se quedó mirando como su sangre le empapaba la ropa.
Manonegra se ocupó primero de Judy que gritaba descontrolada mientras se tapaba el ojo izquierdo, como no tenía tiempo de que el nahlrout hiciera efecto metió la mano izquierda al fuego de la hoguera y sacó un carbón al rojo. Tark y Reasec le quitaron los brazos de la cara y se los sujetaron mientras Sven le atizaba el ojo para que no muriera desangrada. La chica había proferido un grito desgarrador, y luego de que le sacara el carbón del ojo lloró desconsolada hasta que se desmayó. El amanecer encontró su rostro rojo, pegajoso y su ojo destruido. Tuvieron que despertarla enseguida para darle la medicina y volvió a llorar, estaba en shock.
Blazh estaba a punto de desmayarse, y miró a Sven con los ojos como huevos cocidos cuando se acercó también con un carbón— Lo siento, pero si no cierro de inmediato esa herida en tu muslo morirás en pocos minutos— Blazh también gritó, y lloró en silencio cuando creyó que los demás no miraban. Tark y Reasec perdieron sangre, pero el nahlrout y compresas fueron suficientes para ellos.
Ahora recorrían el Gran Camino en silencio. Sven sabía lo que vendría ahora, las preguntas de sí sabía que iban a encontrarse esas cosas, de por qué a él no le pudieron hacer daño, de por qué el fuego no le hirió. Pero las preguntas no llegaron, el grupo viajó en silencio el resto del día. Comieron carne en salazón y unas patatas que habían sobrado de la cena, pero no hubo conversaciones sobre comida. Los caballos volvieron a avanzar y llegó la tarde, rápida e inesperada. Era invierno y pronto oscurecería así que Sven decidió forzar un poco más a los caballos, no quería pasar otra noche a la intemperie. Le entregó las riendas a Tark y revisó el mapa

Al son de la guerra Mapa

«Pasamos Anilin hace cuatro días, al paso del carro nos tomará otros cuatro ver los primeros pueblos atures. Cuatro días es mucho tiempo, necesito guarecernos de la lluvia hoy.» Antes de tomar las riendas aprovechó de ver como se encontraba Judy. La chica era fuerte, era parte de los soldados del rey. Sven le tocó el cuello pero no tenía fiebre, le arregló las vendas de la cara y la dejó seguir durmiendo, estaba plácida luego de que le hubiera suministrado diversas drogas para el dolor. Por último le dedicó una mirada a Blazh y se volvió a sentar adelante para tomar las riendas.
—¿En que parte estamos? —preguntó Tark cuando el mercenario se sentó a su lado. Tenía la voz gastada y gracias a la capucha se veía aún más pálido que los demás, tenía jirones de camisa cubriendo las heridas en los brazos. Sven le había dado serias instrucciones de no tensar el arco por lo menos un ciclo completo. Manonegra volvió a desenrollar el mapa.
—Aquí —dijo Sven apuntando con el dedo—, recorrimos el Gran Camino justo entre Anilin y Atur. Faltan varios ciclos para nuestro destino.
—¿Y para el Eld?
—Atravesaremos ese bosque en dos ciclos, quizá un poco más si me demoro en Atur.
—Vaya, pensé que ya habíamos llegado al Eld.
—¿Por qué lo creías?
—Por ese bosque de ahí.
A lo lejos se veía una gran masa verde  oscura, cientos de arboles altos como una posada de tres pisos, un bosque.
—Eso no está en el mapa —dijo extrañado Sven.
Cabalgando junto al carro Reasec se adelantó en su yegua para ver qué les esperaba dentro del bosque que tenían por delante, no era el Eld pero el Camino lo atravesaba como una flecha y debían cruzarlo.
El principio del bosque se perdió tras ellos y pronto se encontraron entre abetos y alerces, pinos y robles. Avanzaron hasta llegar a un punto donde los pinos rodeaban el camino por ambos lados. En ese punto el bosque era denso y de un verde profundo, el aire estaba cargado como si hubieran miles de personas mirándolos, como si los árboles tuvieran ojos.
—Me gustan los pinos —dijo Tark, rompiendo el silencio.
—A mi también —le contestó Sven—. Mi escudo es de álamo, pero una vez tuve uno de pino.
—Las flechas de pino son las que menos se doblan.
Reasec volvió luego de un rato, tendrían que volver a dormir en el camino, adelante no había nada más que pinos.

Se prepararon para recibir la lluvia cruzando largas varas de pino en el carro y luego pasado la lona de una de las carpas para emular un techo. Sven recolecto piñas y trozos de madera seca para mantener un fuego encendido tres días. Le esperaría una larga noche, ninguno de sus compañeros estaba en condiciones de montar guardia.
La lluvia caía fina y chisporroteaba en contacto con el fuego. Los cinco se sentaron al rededor del fuego, con barriles de cerveza y carne en salazón a modo de asientos y gruesas capas de cuero impermeable para mantenerse secos. Manonegra cocinó un caldo y lo sirvió mientras aún estaba caliente. Judy comió y pudieron cruzar un par de palabras con la chica. Sven le revisó el ojo y los cortes, las heridas sanaban bien y ni ella ni los demás tenían signos de fiebre o enfermedad.
Poco a poco cada uno se fue a dormir, primero Judy, luego Tark, Blazh se quedó hasta que se acabó el pellejo de vino. Luego Reasec y Sven pasaron casi una hora en silencio, sólo se oía el repiqueteo de la lluvia en el Camino de Piedra y sobre el techo de lona. Sven sacó un segundo pellejo de vino y se lo tendió al caballero, el hombre sacó la mano debajo de la capa y le dio un largo sorbo.
Vino amargo para una noche amarga —dijo mientras le tendía el pellejo a Sven—. Antes de la guerra habían bandidos en los caminos, ahora hay de esas... cosas. No podré cerrar un ojo esta noche... ¿Estaría bien llamarlos demonios?
—Supongo que sí. —Sven también se empinó el vino, cuando bajó la cabeza Reasec le miraba fijamente.
¿Y a ti? ¿Cómo os debería llamar?
«Al fin llegó la pregunta. La llevaba esperando todo el día.»
—Humano —contestó Sven, tratando de parecer tranquilo.
Cuando a un humano lo besa el fuego se quema. Cuando una de esas ... demonios se encarama sobre un humano pasa esto —dijo asomando su brazo izquierdo, donde una fina línea de sangre manchaba las vendas hechas de camisa. Reasec se quedó mirando la reacción de Sven con el brazo izquierdo asomando fuera de su capa.
—Es una larga historia. Simplemente digamos que por eso me eligieron para liderar esta misión —dijo al final Sven, corriendo la cara a un lado. «Porque soy el único que sobreviviría pasara lo que pasara.» Había olvidado la ultima vez que había sufrido una herida. Flexionó los dedos de su mano derecha y lo recordó.
Reasec volvió a esconder el brazo bajo la capa y por la cara que puso parecía que hubiera recordado la noche anterior.
¿Sabías que existían esos demonios? —preguntó mientras cogía el pellejo, daba un sorbo y se lo devolvía.
—Sí. Pero nunca había visto uno antes.
¿Sabías que nos iban a atacar?
—No —Dio un sorbo—. Ni siquiera sabía que habían logrado cruzar Stormwall, no me explico como pudieron haber llegado tan lejos. —Dio otro sorbo y le tendió el vino al caballero.
¿Qué más hay allá, en Stormwall?
—No querrás saberlo.
¿Existe todo lo demás? —Preguntó entre sorbo y sorbo, esperando que la pregunta sonara casual.
—¿Lo demás?
Ya sabes, los ojáncanos, engendros, diablillos, dragones, Draugar. —Dio otro sorbo.
—Sí, sí, no, sí, no lo sé, sí. —Contestó rápidamente Sven mientras estiraba la mano para pedir el vino.
¿Y los Fata?
—Sí. —Reasec se quedó mirando a Sven, esperando quizá que se tratara de una broma. Al final dio un resoplido. Sven dio un largo sorbo y luego le tendió el pellejo. Reasec bebió hasta acabarlo.
Al menos esto tiene un lado bueno —dijo mientras se secaba la boca con la capa.
—¿Cual? —Quiso saber Manonegra.
Que si existen los demonios significa que también existe Tehlu.
—¿Tienes problemas de fe? —preguntó Sven, risueño.
No. Pero ahora sé que mis plegarias llegarán a alguna parte —Reasec se puso de pie con un leve dolor en las piernas y entró al carro.
Sven sacó más madera para el fuego debajo del carro donde se mantenía seca y avivo la hoguera, dio un gran bostezo y volvió a su asiento.
Con un palo escarbó en los carbones, el fuego fue soltando chispas y Sven no pudo evitar comenzar a mirar el bosque. Los sonidos, a pesar del vino, se volvieron más claros y las sombras que proyectaba el fuego más lúgubres. El viento silbaba pesaroso entre las ramas y todas las sombras tenían formas de demonios, dragones y duendes. Sven volvió la mirada al fuego, pero no pudo evitar pensar en el ataque de la noche anterior. «Debí saberlo, ¿Por qué no actué antes? El hierro y el fuego matan a los demonios. Tenía el fuego ahí, ¿Cómo no se me ocurrió antes usarlo? —Se apoyó con cansancio sobre las piernas y se lamentó por el daño que habían sufrido sus compañeros—. La chica perdió un ojo, Tehlu, ¿Vale las vidas que estoy arriesgando esta misión? —Recordó como crujieron bajo las espadas los scrales—. Están hechos de piedra lisa y negra, será mucho más útil una barra de hierrro que una espada.»
Los últimos dos demonios cayeron de un disparo de Blazh y un golpe certero de espada de Reasec con el que lanzó al fuego al scral. El tercero crujió bajo la mano derecha de Sven, que lo agarró de un costado y apretó la mano hasta destruir la piedra que era su cuerpo y sentir su fungoso interior. Más tarde se sacó el guante para limpiarlo, y lavó su mano, o más bien lo que era ahora su mano.

La lluvia cesó antes del amanecer y fue precedida por un frío propio del invierno. Sven se puso de pie dificultosamente y fue a ver como se encontraban los caballos que habían dormido bajo el techo natural que eran los pinos, al margen del camino. Los animales se habían salvado de milagro, aunque la yegua pinta de Reasec se escapó por más de dos kilómetros luego de que comenzara todo. Le acarició las crines y a los caballos de tiro que los habían traído hasta ahí, les dio de beber y luego volvió a la hoguera para alimentar el fuego.
El amanecer entre los pinos fue digno de ver. Los rayos dorados calaron entre las ramas verde oscuras hasta llegar al piso tapizado de piñas y hojas muertas. El aire era fresco y logró quitarle el sueño a Sven. El fuego seguía encendido así que colocó agua para preparar café y algunas infusiones para dar de beber a Judy y Blazh. Cuando se acercó con las tazas de arcilla en las manos al carro vio sin querer como Reasec manejaba entre las manos una de las pistolas de Blazh. Sven se quedó tan quieto como si hubiera estado hecho de piedra, pensó por un segundo tirar una taza y desenvainar la espada que colgaba de su lado derecho, pero Reasec no le dio tiempo de nada. El caballero dejó la pistola entre las cosas de Blazh y se acomodó entre los sacos y pieles que componían su cama, entre Blazh y Tark.

Luego de una hora el grupo volvía estar en marcha. Levantaron la lona sin teñir de Sven y dejaron entrar el aire para Judy, Tark se dedicó a crear flechas de pino y Blazh a limpiar sus armas. Reasec cabalgó al costado del carro y Judy, dentro del carro se dedicó a conocer su nuevo rostro, recorriendo las vendas con sus manos.

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Mensaje por Feren el Sáb Oct 04, 2014 2:52 pm

El estado del grupo era evidente. Blazh se sentía como si se hubieran enfrentado a docenas de hombres. Se había fijado en Reasec, le recordaba a alguien, pero no tenía claro a quién. Estaba curioso, mejor dicho, estaba curioso desde que apareció Manonegra en la taberna. No se esperaba su llegada, aunque tampoco le parecio raro. En un principio pensó que iría a arrestarle, o a algo peor. Fue un justiciero, si, pero a vista de la ley era un delincuente loco que asesinaba en serie, y ahora un borracho que aprobechaba su tiempo libre en una tarbe alejada de todo.
El Honor que impulsaba a ese hombre le causaba grima, ya que recordó a quien le recordaba. Reasec era una viva imagen de él mismo algunos años atrás, cuando era un joven justiciero que limpiaba calles y ciudades. Él se guiaba por un código de honor a él, a sus víctimas y a su espada. Era gracioso lo rápido que había olvidado todo aquello.
Mientras estaba pensando eso, Reasec le miró y después apartó su mirada, asqueado.
-¿Algún problema?-Blazh no estaba para tonterías. Reasec aprovechó para evaluarle, ya que no le resultaba cómodo lo que veía.
-Muchacho, ¿para qué luchas?
Esa pregunta le sorprendió a Blazh, pero intentó disimularlo.
-Para sobrevivir.
-¿Para algo más?-Siguió cabalgando.
-¿Este interrogatorio a qué viene, Lacklessable?
Reasec lo miró, furioso.
-Eres muy vacilón para ser una rata, Espada de Hielo...
-Veo que nos conocemos bien.
Blazh sabía que algo malo iba a pasar, así que sujetó la vaina de su espada y con la otra mano, su pistola. Había hecho enfadar a un noble, y ya se había cruzado con ellos antes.


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Mensaje por Rasec el Sáb Oct 04, 2014 5:38 pm

-Eres muy vaciolón para ser una rata, Espada de Hielo...-Reasec pronuncio ese nombre con todo el desprecio que fue capaz. Espada de Hielo era un nombre que tenía marcado a fuego, en Cauce del Fresno el intervino en la búsqueda de los bandidos, lo cual provocó indirectamente la muerte de su amigo Arim, Blazh intervino en la expedición después de que por el estruendo de su arma al asesinar al líder bandido, la cual Reasec no sabia como debía llamar, avisara a medio bosque de su llegada. Poco después fue la emboscada que asesino a Arimnestos.

-Veo que nos conocemos bien- Dijo aquel asesino a ojos de Reasec. Miró como tomaba su empuñadura, Reasec hizo lo mismo. Sentía como le hervía la sangre y como se apoderaban de el los recuerdos, la sangre de Arim, el sonido de aquella arma de demonios, su espada atravesando carne.

-Yo solo veo a un asesino desquiciado frente a mi.-

-Y yo a un lame pies de la ley que ampara a cerdos.- En ese punto los dos estaban al borde de la desesperación, cada quien recordandoce que lo que hacían era por la justicia, uno confiando en que las leyes de los hombres eran lo unico que mantenían a las personas a raya y el otro creyendo que esas leyes solo servían para proteger a los que de verdad rompían la paz y justicia.

-Muchacho, desenvaina esa hoja que llevas colgando. Hoy pagarás por todos tus crímenes..-

-No lo creo, anciano. Yo no he cometido ningún crimen, tu cometes un crimen al resguardar a ese rey tuyo. ¿o a caso no sabes todo lo que ha hecho?-

Ambos sacaron sus espadas, el sonido que produjeron al desenvainarlas fue como cortar al propio aire, Reasec espero a que el muchacho atacara, era un luchados muy curtido y sabía que primero tenía que cansar a su oponente. Blazh se acerco rápidamente, dió dos tajos de lado a lado, tenía un golpe fuerte, era hábil pero aún llevaba consigo la arrogancia de un joven, dió un nuevo tajo hacia su cabeza, Lacklessable logró apartarse, aprovechó ese momento para lanzarle un tajo horizontal, Espada de Hielo lo gro bloquearlo y volvió al ataque, recordó que Reasec estaba herido en su brazo izquierdo así que cargo contra ese lado.

El noble sentía como los duros golpes de Blazh le lastimaban el corte que tenía. Perro cobarde, pelea como todos los sanganos a los que asesina. Reasec volvió a tener la oportunidad de atacar, asi que aremetió contra el Justiciero, primero a las piernas, sin exitó, luego al costado derecho, al izquierdo  a la cabeza, de nuevo a la izquierda. Todos sus ataques bloqueados.

Cuando el sonido del arecero besando al acero fue evidente el grupo pensó que los estaban atacando, su sorpresa fue tal al ver que sus dos compañeros peleaban. Tark miró a Sven.

-¿Qué hacemos?- Dijo con notable preocupación.

-Toma una flecha y tensa el arco.-Sven no sabía si estar preocupado o enojado.

Reasec vio como Blazh intentaba tomar su arma estruendosa. Te tengo Entonces lanzó un tajo y le hizo un corte a Blazh en un costado. Descuido su flanco izquierdo y Blazh cortó de nuevo su herida en el brazo. Cuando ambos se disponían a tacar de nuevo una flecha se clavó en medio de los dos. Ambos se sorprendieron, lo cual aprovecho Sven para tomar a Reasec y arrojarlo al lado derecho, por su parte Tark tumbo a Blazh.

-Bien, ahora que terminaron su numerito es hora de dejar claras algunas cosas.

Reasec seguía furioso.
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Mensaje por Old Medie el Dom Oct 05, 2014 4:25 am

Reasec seguía furioso. Se tomó el embiste como una afrenta— ¡Tú me lo ocultaste! —bramó—. ¡Me habéis hecho compartir la comida y el techo con el asesino de Arim! —Sostenía la espada sin notar que su brazo izquierdo tenía un nuevo corte del que manaba sangre.
—¡Cálm...! —No alcanzó a terminar la palabra cuando Reasec se lanzó con la espada en alto, Sven no hizo ademán de esquivar el golpe sino que cogió la punta de la espada con la mano desnuda. Pese de haber visto como subían los scrales por sus brazos, haber metido la mano al fuego y sostener un carbón entre los dedos, todo el grupo contuvo el aliento cuando Sven cogió la punta de la espada. Manonegra tiró de la punta y trató de quitársela de las manos al caballero, Reasec masculló unas palabras con su acento víntico y trató de sostenerla por el puño mientras la sangre seguía cayendo de su brazo. El mercenario estaba en mejores condiciones anímicas y logró quitarle la espada de las manos sin mucho trabajo, por un momento pensó en empuñarla pero decidió tirarla al piso tan lejos del caballero como le fue posible. Reasec se había puesto rojo por el esfuerzo y respiraba con dificultad, Sven se acercó a él.
—Cálmate —dijo alzando los brazos en gesto defensivo—. Ven al carro y te curaré el brazo, conversaremos como personas civilizadas.
Reasec caminó hacía Sven dando zancadas largas, sacó un puñal del cinto y lo enterró en el vientre de Manonegra. El cuchillo cruzó la armadura de cuero endurecido y la gruesas ropas de lana y algodón, finalmente llegó a la piel pero no la logró traspasar—. ¿Humano? —le susurró. Sus narices casi se tocaban— Eres un monstruo. —Sacó el puñal del vientre del mercenario, escupió el piso frente a él y fue a coger su espada.

Blazh y Tark seguían en el piso. El Justiciero tenía su pistola en la mano pero no había hecho el disparo, algo lo había detenido. Sven lo miró y tras un segundo la guardó. Taydal se puso de pie y ayudó a levantarse a su compañero.
Sven fue hasta el carro donde Judy se asomaba envuelta en su capa y miraba toda la escena con un solo ojo.
¿Dejarás que se vaya? —preguntó cuando tuvo al mercenario a su altura. Sven se dio vuelta y vio como el caballero ya estaba junto a su yegua y le desataba las riendas de la rama de un pino.
—Si lo dejo ir ¿a donde irá? Además no creo que existan palabras que lo hagan volver.
Blazh llegó a su lado con la mano manchada con un poco de sangre.
Me ha hecho un corte, pero es superficial. —dijo molesto, mirando hacia el caballero.
Creo que a mi se me abrieron un par de puntos al tensar el arco —dijo Tark mientras se tocaba los músculos tras el brazo.
—Está bien. Subamos al carro, les revisaré las heridas.
Los tres hombres subieron al carro, cuando el último estaba poniendo los pies dentro se oyeron los cascos de Justicia contra el camino de piedra. Reasec espoleó a su yegua y su figura se perdió delante de ellos. «Ha ido hacía Atur.»

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Cambie el color de Blazh por este ->#0099ff Es un poco más oscuro que el que suele usar, contrasta mejor con este fondo claro.


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Mensaje por Old Medie el Dom Oct 05, 2014 6:52 am

LA TROUPE FANTASMA
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—Estuvieron aquí hace dos días. Tomaron unas bebidas en la barra, recogieron a un caballero y se fueron. Eso fue todo lo que vi —la mesera de cabello caoba había sido la que los había atendido pero tenia el día libre, Relihar tuvo que conformarse con el relato de la mesera rubia que tenía en frente. Era la tercera vez que le preguntaba a la mujer y ya se estaba empezando a hartar, el mercenario vio como comenzaba a apretar los labios en una delgada linea y supo que ya era momento de desistir, tamborileo la barra con los dedos, había preguntado mucho, pero era primera vez en dos días que obtenía información sobre ellos. La miró por un largo segundo y se convenció que decía la verdad. Le entregó el cobre que le había prometido y uno más por las molestias lo que logró que la rubia suavizara un poco su rostro. El mercenario le dio las gracias, terminó lo que le quedaba de cerveza en un largo trago, se secó la barba con el dorso de la mano y salió de la posada.
   Deambuló por el muelle mientras pensaba, debía conectar aquella nueva información con la que ya manejaba, aunque sirviera de poco. Él quería saber qué habían hablado y hacia donde se habían dirigido. Ya llevaba cinco largos y fríos días buscándolos. Por un tripulante de una coca mercante supo cuantos eran, por un escriba que había viajado con ellos, como vestían. Ahora, a la lancera, al arquero, al mercenario del escudo redondo y al espadachín de negro había que sumarle un caballero errante. «Es el cuarto reclutado
Se paseó por los barcos de tres muelles más aquel día hasta caer la noche, ahora preguntando también por un caballero errante. Fue inútil. Odiaba perder un día, sabía que  Tarbean era tan grande que podría estar todo un año buscándolos y no los encontraría, y entre más días pasaban más y más difícil sería seguir su rastro.
Al día siguiente mandó a Verard a ver si estaba la mesera de cabello caoba en la posada, El Bardo tenía la lengua melosa y bellas facciones, de seguro iba a lograr sonsacarle algo. El resto de la Troupe siguió buscando en la salida más occidental de Tarbean, tanto por muelle y por las salidas hacia Imre, la ciudad más cercana. Cada uno salió por su cuenta a preguntar, a esas alturas cualquier información sería valiosa. Ciari preguntó si habían visto a su hermano a todos los canteros que molían la cara de una ladera. Koil pasó a preguntar por sus padres en las casas de postas, donde de seguro habían conseguido caballos para todos si hubieran comenzado el largo trayecto por el Gran Camino. Ninguno de los guardias de la puerta recordaron haber visto al esposo de Bressan. También perdieron aquel día.
La mañana que le siguió a esa fueron a la puerta siguiente.  El sol subió lento hacia su cenit, «Si tan solo supiera en qué dirección se han ido. Porque de seguro ya se han ido.» Comía una salchicha ahumada sentado en un tocón cerca de la puerta del mercado mientras veía como los carros entraban llenos y salían vacíos cuando Tres Espadas llegó con el rastro.
Mi señor, compraron un carro y caballos de tiro, partieron hace dos días. El vendedor vio como lo cargaron con comida para un largo viaje, tiendas de lona, y varias cosas más que no supo distinguir. También vio como escondían entre todo aquello largas lanzas y espadas... y un escudo redondo, con el dibujo de un puño negro dibujado en él —Al oír aquello Rehilar se puso de pie como si hubiera tenido un resorte en el culo.
¿Vio hacia donde iban?
Emprendieron marcha hacia el noreste. Hacia Imre. Irán a Stormwall por el Camino de Piedra, no por mar.
Eso es bueno. Si van en carro no importa cuanto nos lleven de ventaja será fácil alcanzarles —Rehilar felicitó al soldado, nunca estuvo tan contento de ver aquella sonrisa.

La Troupe Fantasma era un grupo selecto de hombres y mujeres. Se hacían llamar mercenarios pero eran algo más allá de eso. Habían sido recogidos de distintos campos de batalla, escogidos entre miles para componer un escuadrón de elite. Cuando supieron que la guerra se había apoderado de Temeria llegaron del otro lado del mar para llenarse los bolsillos de oro, aunque Rehilar buscaba algo más que eso, necesitaba un nuevo comienzo.

Cabalgaron hasta que Tarbean fue tan pequeño que se podía tapar con un dedo. Llegaron a Imre al día siguiente y estuvieron ahí sólo una tarde, Verard tocó en una plaza y junto mucha gente a su alrededor. Ciari, Bressan y Praressi eran bellas y lograron descubrir que un mercenario de redondo escudo colgando en la espalda había pasado hace menos de un ciclo por el lugar, compró en una botica y desapareció tan rápido como apareció.
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El Gran Camino era llano y tranquilo, al menos hasta Anilin, luego de eso la guerra comenzaba a aparecer como peste, hendiendo los aires del olor de la muerte, la sangre y a veces de flores podridas y pelo quemado. La Troupe Fantasma ya había lidiado con todo eso, lo que hacían no era un viaje de ida, sino de regreso.
   Habían llegado por el norte. En las bahías del Imperio Atur aún no llegaba la guerra, pero los soldados controlaban todo. No fue difícil encontrar trabajo. Colgaron a varios soldados por haberse aprovechado de la gente del puerto y de los pueblos cercanos. Colgaron a un soldado violador y también a uno que asesinó al padre de una moza que había intentado defender. Por esos actos los rebeldes los encontraron y reclutaron. Lucharon en dos batallas y luego se pasaron al bando del ejército. Lucharon bajo los estandartes del Rey Penitente y recorrieron el Camino de Piedra hasta los lindes del Eld, recorrieron Modeg y disfrutaron del oro y del vino del país. El problema comenzó cuando llegaron a Stormwall.
Un danzarín de piel mató a toda una escuadra frente a los ojos de los demás soldados, esparciendo el miedo como el fuego en un campo de trigo maduro. Vieron scrales y Draguars, y lucharon contra ellos. Volvieron al reino con los huesos y el uniforme del capitán y recibieron una bolsa de oro por ello. Pasaron un día en la mejor posada de la ciudad, fue ahí donde un emisario de un noble los encontró.
—Ustedes ya han estado ahí, no existe alguien mejor para llevar a cabo esto.
Si lo quieres ver muerto, ¿Por qué simplemente no dejarlo ahí? Créeme, no hay mejor lugar.
—No. Ya han ido a por él, no puedo esperar que el azar cumpla mi cometido. Lo necesito muerto, debes traerme su cabeza.
¿Y cuanto oro me darás por arriesgar mi cuello en ese infierno?
—Tanto que necesitarás tres vidas para contarlo. Tanto que no te alcanzará la vida para gastarlo, ni tú, ni tu gente.
Necesito verlo.
—No te daré mi oro para que partas y no vuelvas más.
¿Entonces como piensas convencerme?
El emisario llevó a Rehilar hasta la mansión del noble. Allí el mercenario vio el oro y recibió un pago suficientemente grande para poder vivir holgadamente el resto de su vida— Eso es para comenzar. Tráeme la cabeza del chico y te daré el resto —le dijo el noble. Era un barón y Ciari se encargó de averiguar que trabajaba para la corona —También necesito que te encargues alguien más. No sé a cuantos haya reclutado ya, pero debes detenerlo antes de que llegue a Stormwall, él quiere traer al chico y eso no deberá pasar nunca, sino no verás ni una moneda— Partieron a Tarbean al día siguiente.
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Los cascos de un caballo sacaron de sus pensamientos a Ciari. La niña se había alejado a descubrir el bosque y justo en ese momento orinaba bajo un pino, terminó lo que estaba haciendo y caminó sigilosa entre los árboles hasta mirar la yegua pinta y a un caballero recorrer el camino.
«¿Será posible que sea...? No importa si no lo es, Relihar siempre dice que es mejor matar y después preguntar.» Corrió sin pensar hasta el campamento, se había alejado casi medio kilómetro y cuando llegó estaba sin aliento. Le contó a Rehilar lo que había visto, el mercenario cogió su carjac y salió con su caballo con Tres Espadas tras él.
El caballero tenía su yegua al trote mientras se arreglaba las vendas del brazo para poder cubrir la nueva herida de su brazo cuando sintió los cascos entre los árboles. Había dejado atrás la gran telaraña de pinos y por ese momento a su alrededor no había más que olmos y fresnos de troncos blancos. Pensó por un instante que podrían ser sus ex compañeros, que lo intentaban cazar desprevenido por los costados en vez de por la espalda. Encendido por el odio desenvainó su espada y se preparó para cargar en contra de ellos, pero al ver en realidad quienes eran los que se acercaban no supo si atacar o huir. Tras un breve momento decidió que era mejor morir peleando que morir huyendo y cargó en contra de ellos. Relihar disparó una, dos, tres flechas certeras al cuello de la yegua y la montura cayó unos metros antes de que se encontraran cuerpo a cuerpo. Tres Espadas saltó del caballo y antes de que Reasec pudiera levantar la espada le puso la suya al cuello.
Saludos al Caballero Errante. —dijo a tiempo que apartaba unos mechones azules del rostro.
¿¡Quién mierda son ustedes!? —gritó con dificultad, el casco que llevaba se le había abollado en en un costado y su armadura se había combado por el pecho. Giró la cabeza para ver a su yegua tirada con las flechas surgiendo de su cuello y la sangre empapando el Gran Camino —. ¡Mataron a Justicia! ¡Hijos de p*ta! ¡Hijos de p*ta!
Cállate. No te está permitido hacer preguntas. —dijo con una voz fría como el hielo el mercenario— Coish lo necesito vivo, pero si se hace el valiente rebana su cuello. Si vuelve a hablar tienes mi permiso para cortar su lengua. Tres Espadas asintió y sin quitar la espada lo hizo ponerse de pie. Relihar le unió las manos y se las amarró por delante del cuerpo, luego amarró la otra punta a su montura. Reasec vio en silencio como montaban y se ponían en marcha hacia su campamento. Los caballos comenzaron a trotar entre los árboles, la cuerda se tensó y el caballero comenzó a correr tras ellos, dando tropiezos contra las raíces que se asomaban entre las hojas muertas.

LA TROUPE FANTASMA
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La Troupe Fantasma es un grupo selecto de hombres y mujeres. Se hacen llamar mercenarios pero son algo más allá de eso. Fueron recogidos de distintos campos de batalla, escogidos entre miles para componer un escuadrón de elite. Cuando supieron que la guerra se había apoderado de Temeria llegaron del otro lado del mar para llenarse los bolsillos de oro, aunque Rehilar buscaba algo más que eso, necesitaba un nuevo comienzo.

Relihar
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Tres Espadas
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Verard
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Ciari
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Bressen
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