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Mensaje por Rasec el Mar Oct 07, 2014 4:21 am

Reasec apenas si se podía mantener en pie, el sudor le corría a chorros y las piernas le flaqueaban, tenía golpes por todas partes, una rama salió de entre la maleza y le golpeo el hombro una vez más. ¿Quiénes serán estos hijos de p*ta? Pensó Reasec mientras maquinaba conclusiones. Es obvio que saben quien soy o que hago aquí. Los mercenarios no se llevan a las personas porque si. Estaba tan inmerso en sus pensamientos que no se dio cuenta de que una raíz se asomaba por encima de la tierra. Tropezó y calló de bruces.

-¿Qué acaso no te puedes fijar por donde caminas Errante?- Le dijo la persona de cabello azul.- ¿O es que eres idiota?

Reasec se incorporó y escupió un poco de sangre, mirando con desprecio a aquella persona. Casi estuvo a punto de escupir por segunda vez, pero ahora al rostro de Cabello Azul, pero se contuvo, no quería hacer ninguna idiotez, no era el momento.

El viaje no se extendió mucho más, llegaron a un campamento pequeño, Reasec estimó por el tamaño que al menos ahí había cinco personas habitando. Estaba ya oscureciendo, observo que habían prendido una fogata, el que parecía ser el líder le dijo algo en voz baja a  Cabello Azul, este movió la cabeza afirmativamente.

-Bien, pues aquí estamos, nuestra casa es tu casa, siempre y cuando cooperes un poco- Finalizo la frase guiñándole un ojo en tono burlón.

-Basta Tres Espadas, llévalo a donde te dije. En un momento voy, tengo que hablar con Paressi.- El jefe bajó su capucha. Por todos los ángeles de Thelu, es Relihar, Relihar el Ambidiestro  Relihar Era famoso por poder usar el arco con los dos brazos, dos brazos igual de mortíferos.

Tres Espadas lo llevo a empujones a una casa de campaña  grande, Reasec no dejó de mirar a Relihar, en ese momento este volteó y lo miro fríamente. Dio la vuelta y se fue en dirección opuesta.

Cuando entraron a la casa Reasec pudo oler el incienso y ver una cantidad enorme de mapas y pergaminos, entre ellos vio uno que le llamo especialmente la atención, tenía un sello rojo como la sangre y con un escudo que conocía muy bien. Si estaba en lo correcto al menos estas personas alguna vez fueron contratadas por una de las personas más poderosas de Temeria.  

Pasaron largo rato en silencio hasta que la persona de cabello azul decidió hablar. Tenía un aire extraño, Reasec jamás había percibido algo así desde que conoció por primera vez a un Adem, pero este era diferente, tenía algo más místico.

-Toma asiento Caballero ¿Cuál es tú nombre?- Le dijo Tres Espadas.- ¿Quieres un poco de vino?  Somos mercenarios pero no barbaros descorteces. ¿Qué dices?

-No quiero nada de ustedes, se quien es tu jefe, el Ambidiestro. ¿O me equivoco?- Le contesto Reasec.- Sé que es de los arqueros más mortíferos que hay y que…

-No soy de los más mortíferos, soy el más mortífero.- Le cortó Relihar.- Y ahora que te observo con más detenimiento creo que también te conozco, eres de Vint, de eso estoy seguro por tu acento, pero no solo eso, eres de los guardias personales del rey. Eres Reasec, el hombre con el honor más grande que puede haber. Basta de presentaciones caballero, es hora de ir al grano. ¿Dónde están tus compañeros?

-No sé de que me hablas- Reasec no esperaba que supieran de la compañía con la que estaba.

- Ah, eso es una lástima. Tres Espadas libera al caballero nos hemos llevado al equivocado.

-¿Le rebano el cuello o lo apuñalo en los riñones?- Tres Espadas tomo una daga curva.

-¿No te refresca la memoria esa daga?- Relihar lo miro sereno. Con los brazos cruzados.

-No te diré nada, sucia rata asquerosa. – Estaba a punto de hablar de nuevo cuando Relihar lo golpeo en la cara. Sintió el duro impactó en la mejilla derecha y el sabor ferroso de la sangre en su boca. EL golpe lo tumbo y Relihar se puso de cuclillas para hablarle.

-Bien Reasec, podemos seguir así hasta que mueras, o hasta que te decidas a cantar. Tú decides.

-Te diré lo que se…- Reasec trago su saliva con sangre.- Sé que eres un maldito mercenario y bandido, que no eres más que escoria. Y también sé que de mi boca no saldrá una palabra sobre eso. Aunque mi vida esté en riesgo. Lealtad antes que oro, eso jamás lo entenderá una rata como tú.

-Como decidas, caballero.-Se incorporó- Pero recuerda que fue tu elección.
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Mensaje por Jacktash el Miér Oct 08, 2014 5:47 pm

La pelea contra los scrales les había hecho volver a la realidad. O eso es lo que pensaba Tark. Hubieran sido superiores contra doce mercenarios de poca monta que vagaran por los caminos, pero no ante doce demonios negros enviados por la mismísima Encanis para restablecer la obediencia y con ello la paz en el mundo.


Taydal tenía diversas heridas en los brazos, que no le permitían usar el arco, y sin él, se sentía desnudo. Vale que lo llevara en la espalda, pero para él no era suficiente. Es como ir con la mujer más guapa de los Cuatro Rincones a tu lado, pero no poder tocarla ni besarla. Es esa misma sensación de impotencia que sientes cuando la tentación te llama pero renuncias a ella por el hecho de que está mal socialmente. Así se sentía Tark, impotente y desnudo, quería tensar la cuerda, dirigir la punta de la flecha hacia un conejo en mitad del bosque, con la brisa golpeándole en el costado, quería volver a ser Tark el Cazador y dejar de ser Tark el Entumecido. Por muy bien que estuvieran en el carromato, seguía siendo un espacio limitado, y para alguien que se había criado en el bosque, eso no era mejor que ningún calabozo ni ninguna cárcel.


Desde el ataque de los scrales, el grupo había estado bajo los cuidados de Sven. Judy había perdido un ojo, y los demás habían perdido bastante sangre… Tark tenía los brazos destrozados y le costaba horrores usar el arco.
Pero las heridas no era lo que más le preocupaba al cazador… sino el hecho de que el Reasec le había visto usar la pistola a Blazh, y el sentimiento de justicia en los caballeros era superior a los lazos entre compañeros. Tark sabía que en cualquier momento podía saltar una chispa que hiciera que ambos saltaran como perros rabiosos. Por eso intentaba estar con Blazh el máximo tiempo posible, no quería que ninguno saliera malparado. Pero llegó un momento en el que el Justiciero y el Caballero coincidieron. Estaban hablando tranquilamente, con Tark mirándoles de cerca, por si acaso. Éste avisó a Sven, así les podrían separar mejor en caso de pelea…  El cazador vio como cada uno sacaba sus respectivas armas y se enzarzaban en una encarnizada lucha, “Esto puede ser peor que los scrales…” pensó Tark. Miró a Sven y éste le dijo que sacara el arco y lo cargase, a lo mejor necesitaba su ayuda. Y, efectivamente, Tark tuvo que efectuar un disparo, en contra de su voluntad, ya que no quería poner en peligro a sus compañeros, y usando el arco tal cómo estaba… bueno, no era la mejor idea.


La revuelta terminó con Blazh y Tark con las heridas abiertas y Reasec fuera del grupo. Se había ido motu proprio, y el cazador respetaba su opinión, pero no la compartía. Después del ataque de las arañas no le parecía correcto abandonar al grupo… le parecía desleal, pero no era quién para juzgar las acciones de un caballero y prefirió guardarse su opinión, al fin y al cabo, era un simple cazador… o eso es lo que le habían hecho creer.
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Mensaje por Feren el Sáb Oct 11, 2014 9:37 pm

-¡Levanta!-Le gritó un guarda a Blazh. Estaba arrodillado y encadenado, con varios moratones por todo el cuerpo y sangre en la boca. Llevaba su ropa habitual, pero no habían tardado en quitarle todas sur armas, incluida la pistola.
Había sido demasiado rápido. El chico iba a asesinar a otro de sus objetivos por extorsión y corrupción, pero le habían tendido una trampa. 10 guardias le esperaban escondidos para llevarse a Espada de Hielo de una vez por todas. A Blazh le habían pillado de improvisto, y su habilidad poco servía en aquellas circunstancias.
Aun así, intentó encargarse de ellos, y aunque fuera muy bueno, solo pudo asesinar a dos guardias. Blazh no estaba a favor de asesinar a ese tipo de hombres, no es su mayoría. La mayor parte de la Guardia estaba compuesta por hombres sin dinero forzados a luchar.
-Con tu muerte conseguiré un ascenso, seguro.-Comentó otro, que parecía su líder. Blazh sabía que ese día iba a llegar, que no quedaría impune después de matar a tanta gente y cometer tantos pecados que incluso molestarían a Tehlu. Sabía que el momento había llegado, así que simplemente lo aceptó.
-¡Baja!-Gritó uno. Todos se dieron la vuelta, y vieron que uno estaba en el suelo, y que tenía clavado una flecha en el pecho.
Ante la confusión, Blazh aprovechó para coger al capitán de aquellos hombres con los grilletes puestos y empezó a rodearle el cuello. Más flechas llegaron y otros 3 guardias cayeron.  Blazh le robó la llave al capitán después de ahogarlo y se liberó. Cogió sus armas y disparó a los restantes.
El arquero bajó del tejado, encapuchado, y se acercó. Blazh vio su rostro, y sonrió.
-Relihar.
Entonces, Blazh se despertó y miró sus heridas.


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Mensaje por Feren el Lun Oct 13, 2014 10:02 pm

Blazh volvía a tener esos sueños. No entendía por qué, pero los quería evitar. En la mente del chico estaba Relihar, en su pasado.Recordó a Feren también, a Yukane y compañía. Recordó las aventuras que vivió con ellos y todo a lo que se tuvo que enfrentar. En comparación con su esa aventura, su actual misión era un paseo. Pero a simple vista se veía que el tiempo había pasado por Blazh, y que aunque fuera un hombre relativamente joven, parecía que tuviera 20 años más.
Todo el alcohol y las horas desperdiciadas le habían pasado factura, y recordaba con pena su pasado, lleno de amores y muerte...
-¿Qué haces?-Le gritó a Relihar después de que matara a una persona.-Era inocente, podrías haberlo evitado, ¡o dejarlo inconsciente, maldita sea!
-A veces hay que quitar alguna vida para poder salvar muchas, deberías saberlo.-Relihar no estaba para tonterías.
-¡Pero eso no implica tener que matar civiles!
-Sí. Eso está dentro. Si quieres seguir viviendo como un crío, ya sabrás. Pero debes distinguir en lo que hay que hacer y lo que no hay que hacer, y en este momento debía hacer algo.
-No, tú deberías aprender que habría que hacer. Eres mi "maestro", pero no tienes ni idea. No sé por qué te he aguantado tanto tiempo.
Relihar lo miró, furioso. Estaban escondidos en un tejado, a plena noche. Relihar había matado a un chico que pasaba por la zona, ya que este pensaba que si los veía, alertaría a la guardia.
-Eres un criajo. Aun piensas como tal, no entiendo como llevas esas armas, incluido el artefacto.-Dijo mirando la pistola.
-Lo llevo porque me lo gané, y por qué se utilizarlo.
-Calla.-En la plaza interior aparecieron dos guardias y examinaron el cadáver. Relihar, sin pensarlo, apuntó a un guardia. Justo cuando iba a disparar, Blazh intentó apartarlo y la flecha cayó al lado de los guardias. Estos lo vieron y dieron la alarma.
Empezaron a huir, pero habían empezado a subir por los tejados, y Relihar no servía demasiado a poca distancia, y Blazh en ese momento, no sabía casi luchar.
-Huye.-Le dijo Relihar-Yo los distraeré y me los llevaré.
Esa fue la última vez que vio a Relihar, y lo dio por muerto. Un error que le costaría un alto precio.


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Mensaje por Rasec el Mar Oct 14, 2014 1:39 am

Reasec estaba atado a un árbol, había llovido toda la noche anterior, del cabello le escurrían frías gotas de agua, tenía un ojo amoratado y cortes en varias partes del cuerpo, sentía los hematomas en las piernas, estaba sentado, casi no podía quedarse en pie. Relihar y compañía eran mercenarios serios y se tomaban muy a fondo su trabajo. Reasec rió para si, estaba convencido de que ese no era el final que quería para él. Observo el cielo, apenas amanecía, alcanzaba a vislumbrar a la estrella del amanecer, siempre saliendo por el este.

Reasec siempre se sintió atraído por el firmamento, en su juventud soñó con alguna vez ir a la Universidad y estudiar el cielo, sabía las historias y se decía que en la Universidad tenía conocimiento sobre todo, lo poco que le podía contar su tío que estudió por medio año allí era solo eso, poco.

Vio como su custodio se movía en sueños. Escoria, si tan solo tuviera mi espada y las manos desatadas De pronto la ira entro de nuevo en Reasec y se apodero de él, pensó en mil formas librarse en solo unos segundos, pero no llevo a cabo ninguna de ellas, la ira sólo paso sobre el como un chorro de agua caliente, de nuevo sentía las gotas frías de la mañana.

Pasados unos minutos su custodio, al parecer llamado Koil, se levantó a orinar.

-Buenos días, mi lady.- Le dijo soñoliento Koil. Escucho como orinaba cerca de donde él estaba. No le dio importancia, hasta que escucho su grito. Koil salió corriendo a una velocidad impresionante apenas subiéndose los pantalones.

-¡Relihar!, ¡Bressen!, ¡Paressi!-Aullaba Koil-¡Scrales, vienen scrales!

Por el mismo sitió por el que Koil salió huyendo, aparecieron a toda velocidad cuatro scrales. De inmediato Reasec se incorporó, sintió calambres y sus huesos crujir. Mierda Relihar y Tres Espadas salieron primero, luego Paressi y Bressen, finalmente Verad y Ciari detrás del grupo. Son siete, nosotros pudimos con una docena, veamos que tan bien se defienden estos mercenarios.

Los scrales usaron la misma táctica de ataque, acorralar y atacar al mismo tiempo. Relihar saco dos dagas largas y Tres
Espadas saco una bastarda de su espalda, un arma muy pesada y letal. Los demás desenvainaron sus armas. Comenzó el ataque scral, Relihar logró esquivar a uno y Tres Espadas le dio un tajo preciso a otro, Paressi desvió el trayecto de un scral con su lanza.

Mientras Reasec observaba el encuentro escucho crujidos a su espalda. Vio salir unas patas de araña de entre la maleza. Joder

Spoiler:
ffcc00 es el color que le puse a Koil.
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Mensaje por Feren el Sáb Oct 18, 2014 11:32 pm

Blazh se despertó y se fue a dar una vuelta. Cogió sus armas al levantarse, ya que no se fiaba ni de su propio grupo. Su indumentaria estaba compuesta por una ropa que un día fue un uniforme, una capa con capucha que usaba para ocultarse y botas de viaje. Pensó que para los terrenos que iba a frecuentar no tendría demasiado sentido que llevara botas para escalar.
Su pistola sin nombre tenía capacidad para disparar 5 proyectiles de una andanada, ya que era preciso recargar. Tenía bastante rango, pero era bastante ruidosa. Blazh había perfeccionado un estilo de combate que combinaba su espada y la pistola.
Después de un rato de andar, se fijó en que la yegua de Raesec no estaba, y eso le confundió bastante. Decidió investigar un poco y tampoco estaba Raesec. Pensó que no habría llegado demasiado lejos, ya que estaba como él.
De todos modos, decidió seguirle la pista. Fue por el bosque viendo el rastro que había dejado el hombre. Pero se equivocaba, y se dio cuenta de ello: los rastros apuntaban a un grupo de personas.
Un rato después, divisó la yegua de Reasec, muerta. Era obvio, había sido herida por flechas. La cosa cada vez se ponía más interesante.
La búsqueda fue concluida cuando se encontró, efectivamente, con un pequeño campamento. Pero la cosa se puso más interesante al ver a Reasec atado y herido. Una sonrisita  le asomó pero no duró mucho. Se puso serio y dio un rodeo al campamento, y justo cuando iba a por Reasec, scrales atacaron.
Vio a los residentes del campamento luchar, pero le llamó la atención uno de ellos, con un arco, que parecía ser su líder.
Vio como eliminaban a los scrales, uno por uno, sin casi daños colaterales. Entonces, vio como iban a atacar a Reasec y saltó de su escondite y los disparó. Los otros se percataron de su presencia y pararon. Ya no habían scrales.
-Mirad quién está aquí. Otro que quiere morir.
-Me suena de algo...-Estaba pensante, pero le vino a la cabeza-¡Claro!, ¡es el justiciero!
-Sí, he oído hablar de él. Es inconfundible con su "pistola" y su capucha.
-¿Qué haces aquí?-Preguntó Reasec asqueado.
Blazh, de espaldas a Reasec, no se molestó en darse la vuelta. Se limitó a desenvainar su espada y a decir:
-Yo soy el que te mataré.


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Mensaje por Old Medie el Jue Oct 23, 2014 5:26 pm

LA TROUPE FANTASMA
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Habían recorrido el Gran Camino por tres días y al no encontrar al grupo Relihar dio por hecho que se habían apartado de la vía principal. «Es imposible que con aquel carro que llevaban hubieran podido recorrer más tramo que nosotros con nuestros buenos caballos, ¿Sabrán que los seguimos o han tomado más precauciones de las que deberían? —pensó Koil— ¿Dónde mierda se metieron?»
Decidieron acampar en aquel bosque de pinos dispuestos a esperar al grupo del mercenario; se apartaron del camino lo suficiente para esconder el ruido del campamento y apostaron un guardia cerca del camino para esta siempre pendiente de quien pasaba, así fue como dieron con el caballero errante. El bosque era frondoso y los protegió de las lluvias, les ofreció suficiente madera para la hoguera y un buen escondrijo para ocultarlos hasta que llegara el momento de atacar. Pero no pudo protegerlos del ataque de los demonios.

Llegaron como una bandada de sombras rasgando el piso y clavando sus patas de aguja en las hojas muertas del sendero que llegaba al campamento. No era la primera vez que la Troupe Fantasma se enfrentaba a demonios, en Stormwall fueron testigos de su llegada. «Hierro y fuego, hierro y fuego» se repetía Koil cuando los scrales aparecieron. Con sus gritos había puesto en alerta al campamento, pero también había revelado su posición a uno de los integrantes del grupo que buscaban. «¡Relihar me colgará de los pulgares!» Koil vio aparecer al hombre con la capucha negra. Sus armas de hierro habían destruido a los scrales pero ahora se enfrentaban a otro personaje. Cuando se quitó la capucha era bastante obvio ver de quien se trataba, Relihar solía contar como había salvado el pellejo a su mejor discípulo y como había tenido que luchar contra la mitad de la guardia de la ciudad con sólo una daga y su arco roto. Que lo habían lanzado a un calabozo por dos largos ciclos y de como había escapado. Aun reía cuando contaba que para cubrir su escape los guardias tuvieron que colgar a otro prisionero.
Me suena de algo —dijo al verlo de lejos, pero luego cayó en cuenta— ¡Claro!, ¡Es el justiciero!
Toda la Troupe tenía arma en mano, el Justiciero cometió la locura de desenvainar la espada y alzarla en contra de su compañero. Relihar sin pensarlo dos veces tensó el arco y lanzó una flecha al capa negra cruzando la palma de la mano de la espada.
El Justiciero profirió un grito de dolor mientras toda la Troupe miraba impresionada.
¿Qué te hace creer que tienes derecho a matar a mi prisionero? —dijo Relihar con una voz llena de rabia.
¡Hijo de p*ta! —bramó el capa negra, rompió la flecha por la mitad y se sacó la saeta de la palma— ¡Mi mano! ¡Mi mano! —gritó mientras Relihar tensaba el arco nuevamente— ¡No!
La flecha silbó en el aire cuando saltó del arco en dirección al Justiciero, él se tapó la cara con ambas manos como si aquello evitara que la flecha se fuese a clavar hasta cruzar su cerebro. La flecha falló por metros, pasó por el lado del Justiciero y fue a dar justo en el centro de un scarl que se acercaba. El capa negra giró la cabeza y todos vieron como se acercaban más de dos docenas de scrales y junto con ellos soldados con espada y escudo en mano.
Desata al caballero errante —dijo Relihar a Tres Espadas, su orden sonó como un látigo— ¡Troupe esta pelea no la podremos ganar! ¡Todos al bosque! —la Troupe corrió a por sus monturas mientras los scrales avanzaban raudos por el húmedo reguero de hojas y piñas —Servirás más vivo que muerto —Relihar miró al Justiciero sin un ápice de confianza —. Ven.
El capa negra miró atrás y luego a la Troupe. Tres Espadas cortó las amarras del caballero errante y los cuatro comenzaron a correr por sus vidas.

¡¿Por qué van esos soldados junto con los scrales?! —las mujeres de la Troupe habían avanzado ya por el bosque dejando rezagados a los hombres. Tres Espadas y Relihar llevaban al Justiciero y al caballero errante cada uno, Koil iba a su saga, siempre mirando atrás. Algunos soldados corrían tras ellos incansables, sus escudos redondos y en forma de gota rebotaban en sus espaldas, y sus espadas tintineaban contra sus armaduras.
¿Aún no lo notas? Son bailarines de piel, demasiados para nosotros. Hay que saber cuando correr y cuando luchar —azuzaron a sus caballos y se adentraron en el bosque.
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Cabalgaron por el bosque hasta que Relihar los hizo detener. Los caballos de Relihar y Tres Espadas estaban reventados luego de haber soportado el peso de dos hombres así que mandó a Koil a que se adelantase a por las mujeres. «¡Genial! ¡Maldito Relihar! ¡Me mandan solo al bosque infestado de demonios!» Koil asintió sin chistar y siguió el rastro de los caballos de su Troupe.
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Los pinos cubrían los rayos del sol y las sombras eran densas en el bosque. Koil vio como los árboles empezaban a engrosar y ya no estaba seguro si eran pinos o no. Cabalgó por más de una hora hasta que supo que estaba perdido. Gritó los nombres de sus compañeros y avanzó entre los enormes árboles que cubrían con sus ramas el sol hasta encontrar un río que no había visto nunca. Tomó agua y dejó que el caballo descansara también. Grandes rocas en forma cuadrada adornaban el lugar, estaban tan enterradas que apenas se asomaban por aquí y allá, todas cubiertas de musgo y líquenes. Recorrió con la mirada por todo el lugar, el bosque ahí estaba tapizado de musgo. Todo era verde.  «Maldito bosque. Aquí nadie ha puesto un pie nunca.
¡Tres veces maldito! —gritó—. ¡No, no puedo estar perdido!

Entonces oyó unos pasos y giró la cabeza. En lo alto de una gran raíz que asomaba por sobre la tierra un soldado, con espada y escudo lo miraba. Tenía la nariz rota y torcida y un reguero de sangre ahora seca le manchaba la barba y la pechera de la armadura. Su escudo estaba destrozado y astillado pero aun lo sujetaba con fuerza, su espada brillaba con el rayo del sol que lo bañaba en ese momento. Le faltaba un ojo y el color que tenía su piel era blanquecino y enfermo.
¡¿Quién mierda eres?! —Koil desenfundo sus dos espadas cortas. El soldado le contestó en un idioma que no supo identificar.
«No sé para qué pregunto. Es un bailarín de peil. Lo sé ¡Mierda! lo sé
Su caballo comenzó a piafar y encabritarse a su espalda pero Koil no quería voltearse y darle una oportunidad al soldado de que se lanzara contra él. Entonces oyó el silbar del viento y sus años como ladrón, soldado y mercenario hicieron que se apartara justo cuando una espada intentó partirlo por la mitad.
Otro bailarín, tenía una espada tan larga que Koil no sabía cómo la podía blandir con solo una mano. La otra estaba cortada a la altura del antebrazo de una manera tan brutal que aun asomaban los huesos entre blancos y rojos de él. Esquivó otro golpe y frenó el espadón con una de sus espadas. El soldado era lento y perdía el equilibro cada vez que golpeaba por el peso de su mandoble así que no fue difícil enterrarle una de sus espadas en el pecho. Aun portaba las espadas de hierro que habían forjado en Vintas para combatir a los demonios, no tenían tan buen filo ni eran tan resistentes como las de acero, pero provocaban un daño tres veces mejor a los Bailarines de Piel y todo los demás demonios que habían bajado de Stormwall.
El soldado chilló con una voz lejana a la humana y Koil le enterró su segunda espada en el cuello, silenciandolo. El cuerpo cayó de rodillas, Koil sacó sus espadas y miró directo a la raíz en donde estaba el soldado. Aun estaba ahí, como una estatua.
¡Ven por mi hijo de p*uta! ¡¿Qué acaso tienes miedo?!
Un crujido sonó a sus pies y de pronto el soldado se volvió a levantar. Saltó con todas sus fuerzas encima de Koil. Lo agarró con la única mano que tenía y le sujetó la cara por el mentón. El chico le clavó sus espadas en las costillas, una, dos, tres veces, atravesando la cota de malla tanto que era posible ver a través de la sangre y la carne las costillas rotas. El soldado gritaba con odio y dolor mientras de su boca surgía un liquido negro como la brea. Koil gritó de miedo y se meó encima cuando aquel veneno le entró por la boca y los ojos. El soldado chorreaba por el corte del cuello y la boca hasta que todo el liquido salió de su cuerpo y entró en el de Koil y falleció.
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El chico estuvo tirado ahí, con lo ojos cerrados y la boca muy abierta por unos minutos. De pronto sus ojos comenzaron a parpadear nuevamente, tenía al soldado caído con el rostro frente al suyo y lo tiró a un lado como si de una hoja se tratara. Se puso de pie y notó que su caballo había desaparecido. Desclavó sus dos espadas cortas de las costillas del muerto y comenzó a caminar.

El bosque volvió a estar en calma. El soldado sobre la raíz tenía el blasón Atur en su pecho y en su rostro casi humano no había ni sonrisa ni pena.
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Mensaje por Jacktash el Mar Oct 28, 2014 6:00 pm

El cazador se sentó en un grueso tronco caído. Sobresalían algunas ramas, perfectas para tumbarse en ellas y descansar. Y Tark lo necesitaba. Ya había dado cinco vueltas a los alrededores del pequeño campamento improvisado en el que estaban en busca de Blazh y Reasec. Ya habían pasado algunos días del ataque de los scrales y Tark se sentía mucho mejor, las heridas, ya cicatrizadas, no le impedía tensar la cuerda del arco a la hora de cazar. Aunque últimamente no cazara él, sino Judy, que, con su lanza, le costaba menos, y asía comían más y, en muchas ocasiones, mejor.
Sentado en el tronco, vio como Sven y Judy charlaban amigablemente, quizá sobre temas sin importancia, como el día en el que estaba o cómo ensillar bien un caballo, o quizá hablaran de temas trascendentes como la desaparición de sus compañeros. Fuera lo que fuera de lo que hablaran, el cazador no quiso interrumpir y se quedó en el tronco, jugueteando con una flecha y el arco apoyado en el lado derecho del tronco.
Pasado un rato, decidió salir a dar una vuelta por el bosque. Hacía mucho que no se alejaba tanto del campamento, y en sus años al servicio del rey, había aprendido que los mejores momentos se viven a solas. 
Cogió el arco, colocó una flecha, y se levantó. Entonces se preguntó quién era. "Nadie", eso se decía siempre. "No eres nadie". Pero nada más lejos de la realidad...
- ¡Taydal! - gritó Judy - Hoy no puedo ir a cazar, ¿podrías ir tú?
- Vale, no aseguro nada para comer, llevo demasiado tiempo sin cazar...
Judy le miró seria, dando a entender que no dudaba de las capacidades del arquero. Taydal le sonrió y se encaminó hacia el bosque, dispuesto a cazar algo, al menos un triste conejo...
El bosque emanaba seguridad. En sumo silencio, el sonido de una rama partida recorría los troncos de los árboles como la melodía de un músico recorre la taberna una noche de Abatida. Los animales observaban detenidamente al arquero que ese día caminaba, acechante, entre los altos árboles. Alrededor del cazador, las hojas se movían al son del viento, que, lentamente, mecía las ramas, que golpeando unas con otras, producían una armonía que se mezclaba con la quietud del bosque. Tark sonreía. Ese era su sitio. Había nacido para estar ahí. Y ahí quería quedarse...
Pero un sonido alertó al joven. A lo lejos, enfrente de él, se acercaba un enorme bicho negro, con patas afiladas como navajas, que estaba dispuesto a atacarle. Se trataba de un scral.
Lo que antes era quietud en el bosque se había vuelto un caos. Los animales huían despavoridos ante el demonio que amenazaba el bosque y las bajas ramas caían al suelo, cortadas por las patas del scral. Casi se podían oír los lamentos de los árboles. También la actitud de Tark cambió. Su rostro era serenidad, y ahora se había tornado en una mezcla de pavor y seguridad contra su atacante. Antes tenía la cuerda del arco destensada y tenía el cuerpo relajado, ahora todo en él estaba tenso y a pesar de que el arco ocupaba sus dos manos, Tark podía sacar su puñal de un momento a otro para defenderse.
Pero a pesar de la llegada del scral, aún había un silencio que se mantenía en pie y que producía una agonía impactante. Tark, aún estando en posición defensiva y tenso, mostraba una parte de él que nunca había llegado a la luz. Sus ojos, ahora negros, quizá por la luz, o quizá no, se centraban en el scral, pero su mente iba más allá. Reflexionaba a una velocidad increíble sobre todo. Sobre Tehlu y los Amyr, sobre Encanis y los Chandrian, pero sobre todo pensaba en los demonios. Les adoraba y les temía al igual que adoraba y temía a Encanis. Les respetaba y les mataba con la misma facilidad con la que un niño le roba una muñeca a su hermana pequeña.
Y ese era el silencio que predominaba en la agónica escena que se presentaba en el bosque. El silencio del rostro de Tark, el silencio de todos sus años de vida.

Y ese silencio era la calma. La calma que precede a la tempestad...
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