Tres días de Kvothe
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¿Qué personaje de la saga se ganó tu odio?

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Mensaje por Expo el Lun Nov 10, 2014 10:51 pm

Erase una vez un niño con un sueño.
Aquel niño, desde que pudo hacer uso de sus sentidos, había intentado comprender todo cuánto le rodeaba. ¡Y no le había sido nada fácil, porque todo cuánto le rodeaba era tan misterioso y había tanto, tanto...! Pero, aun así, no se rendía, porque él quería entender. Quería comprender de qué estaba hecho, quería comprender por qué puede moverse, quería comprender por qué, cuando saltaba, caía al suelo; quería comprender ese hermoso arcoíris que a veces observaba en el cielo, y quería comprender la lluvia que lo precede. Quería comprender a las estrellas del cielo, al suelo que pisaba, a las personas con las que hablaba y a sí mismo. ¡Quería comprender tantas cosas! ¡Tantos secretos celosamente guardados delante de sus ojos!

Y, por eso, empezó a tocar, a chupar y a morder todo lo que veía. Más tarde, empezó a atosigar a preguntas a todos cuantos veía, y, aún más tarde, partió al colegio. Entonces, empezó a comprenderlo todo un poco mejor. Solo un poquito.
Comenzó a aprender a expresarse, a leer y a escribir con propiedad, y de ahí pasó a debatir y discutir con otros y consigo mismo, a reflexionar y a razonar, y vio que aquel era el camino que debía seguir para encontrar lo que buscaba, fuese lo que fuese. Conoció las matemáticas, la historia, la biología, la psicología, la física, la química... y numerosas bifurcaciones aparecieron en ese camino que parecía tan claro. ¿Cual seguir? ¡El niño quería seguirlas todas! Por eso, así lo hizo, y comprendió que las bifurcaciones no paraban de unirse y de seguir un patrón unas con otras, como si formasen parte de un baile meticulosamente calculado. Seguía siendo un solo camino.
Pero cada vez era más difícil seguirlo sin dejar nada atrás.

Aun así, el niño seguía andando y nunca paraba; aunque diese tres mil vueltas en una misma zona, intentando explorar todos los rincones posibles, al final siempre seguía avanzando, poco a poco, pero con firmeza. Aun así, el niño, por desgracia, no tenía todo el tiempo del mundo, y una fuerza invisible e indestructible parecía obligarle a ir más y más rápido, dejando retazos de camino sin explorar, ignorando algunas bifurcaciones y, poco a poco, haciendo que se olvidase de aquel hermoso baile armónico. Así, el camino comenzó a desvanecerse; impulsado por la horrenda fuerza del destino y del tiempo, el niño gritaba, arañaba y luchaba, pero poco conseguía. El camino se transformaba en una llanura oscura de desconcierto por la que el niño vagaba según se le ordenaba.
Pero no todo estaba perdido, porque el niño no había perdido todo el control sobre sí mismo.
Por ello, el niño seguía gritando, seguía arañando y seguía luchando contra aquella fuerza, y, de vez en cuando, era capaz de volver a visionar el camino, sus bifurcaciones, y el deslumbrante baile que tanto añoraba, porque en el fondo, seguía avanzando hacia delante, y aquel baile era cada vez más indescriptible y extraño, pero liberador y, sobre todo, hermoso.

El niño se convirtió en joven, y el joven se prepara ahora para volverse adulto. Más fuerte, más capaz y con más ganas de gritar, arañar y luchar que nunca.
Porque tiene un sueño.
Quiere avanzar por aquel camino todo lo que sus pies le permitan, mirar atrás, y admirar en el futuro las vistas mientras se deleita por su propia existencia.
Quiere fundirse con el camino y formar parte de él, para que otros puedan avanzar más de lo que él lo hará.
Pero, sobre todo, desea observar la realidad desde los ojos de Dios, y la fuerza del destino y del tiempo poco puede hacer contra la fuerza de ese deseo.



Bienvenidos a mi mente; disfrutad la estancia.


Última edición por ExpoX7 el Lun Jul 25, 2016 1:05 am, editado 6 veces
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Mensaje por Jacktash el Mar Nov 11, 2014 3:37 pm

Wow... Expo, te has superado. El niño me recuerda a mí de pequeño...
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